Quiere decir que los operadores jurídicos pueden tener distintas percepciones de
una manifestación, y que todas ellas pueden ser correctas, prevaleciendo,
evidentemente, aquellas que tengan el respaldo mayoritario del grupo lin- güístico
o la fuerza normativa necesaria para imponerse.
La frase encierra también el fundamento de la tesis que sirvió de origen a la obra:
el derecho es interpretado, y cada operador jurídico, de conformidad con su
horizonte hermenéutico, esto es, con su bagaje cultural acrecentado por el paso de
las vivencias, obtiene diferentes conclusiones en torno a un mismo asunto.
En el centro de este debate en torno a la importancia de las vivencias personales
en la concepción del fenómeno jurídico, la interpretación y la argumentación
jurídicas juegan un papel prioritario.
En este juego del len- guaje, la interpretación se asoma como el mecanismo ideal
para comprender el significado de un texto jurídico y de determinados hechos que
confor- man un asunto.
Ahora bien, las distintas inter- pretaciones en torno al fenómeno jurídico deben
encontrarse respaldadas por argumentos racionales que hagan posible la convicción
del auditorio al cual van dirigidas.
Por tal motivo, la idea de la presente obra es pretender esbozar la forma de pensar
de los operadores jurídicos en materia electoral a nivel federal en nuestro país.
Esto, a la luz de la teoría garantista de Luigi Ferrajoli, y preci- XXV XXVI
INTRODUCCIÓN samente siguiendo la posición de dicho autor, quien sostiene que la
tarea del juez y del estudiante o estudioso del derecho contemporáneo consiste en
la crítica interna al derecho vigente, actividad cuyo objetivo es hacer patentes
los vicios del ordenamiento jurídico, a fin de invalidar aquellos que sean
contrarios al texto constitucional, y particularmente a los dere- chos
fundamentales.
La hipótesis es que la ilegitimidad del órgano electoral se produce por- que se
considera que la forma de conseguir la legitimidad de los órganos electorales
proviene de una interpretación y una argumentación que privi- legien los derechos y
el texto constitucional.
Por supuesto que esto no quiere decir que el órgano jurisdiccional deba buscar las
posiciones más “populares” para resolver las controversias.
Al contrario, tiene que resolver conforme al marco jurídico; pero sus resoluciones
pueden aplicar friamente la letra de la ley, o pueden interpretar las disposiciones
a la luz del marco de los derechos fundamenta- les para garantizar el ejercicio de
las libertades básicas.
Por otra parte, el órgano jurisdiccional puede prever las consecuencias de sus
resoluciones, por lo que deberá buscar aquellas que logren la cohesión social
plasmada por los textos constitucionales.
Creo que es factible construir una predecibilidad de las resoluciones con base en
estos elementos y que es preferible seguir un camino en esta índole, y no buscar
las inconsistencias procedimentales para desechar los asuntos, nada más ajeno al
derecho de acceso a la justicia.
Para tal fin, se pasa revista a los fenómenos de las transiciones jurídicas,
entendiendo por éstas, los proce- sos de consolidación de una determinada
concepción del Estado y el dere- cho, primero con la conformación de los Estados
absolutistas a través de la integración de los componentes de soberanía, unidad
territorial y uniformi- dad jurídica.
Para fines de esta tesis, el Estado constitucional de derecho se asume como
INTRODUCCIÓN XXVII la máxima evolución del Estado, en el cual la Constitución se
convierte en el centro unificador de las distintas formas de pensar.
Así pues, se analiza el concepto de interpretación, desde las posiciones que lo
entienden como el procedimiento para “desentrañar el sentido de la norma” hasta las
que consideran a la interpretación como parte de un proceso lingüístico de com-
prensión de los textos y hechos, en este caso, jurídicos.
En este capítulo también se estudia el concepto de derecho electoral, a partir de
una serie de definiciones que se clasifican en formalistas, bipolares e
integradora.