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Un paseo por la historia
tema
1. EGIPTO Y LA LACTANCIA
En la sociedad egipcia, tan alta y estimada era la consideración en la que se
encontraba la figura de la madre o, tal vez, de la propia mujer, que no se ha encontrado
una deferencia más alta. Empezaremos este libro recordando cómo era la relación materno-
infantil en tan desarrollada cultura.
Para los egipcios la leche materna aportaba el alimento básico y el líquido del niño
en condiciones de esterilidad natural. Las madres egipcias eran muy conscientes de ello por
la experiencia, considerando que sus conocimientos de puericultura no tenían parangón
con los actuales; aún así, resulta muy difícil encontrar esqueletos infantiles con lesiones
de raquitismo, lo que pone de manifiesto que la dieta infantil estaba bien equilibrada.
Era bien conocido que en condiciones favorables la crianza prolongada podía
dar lugar a períodos entre partos de tres, cuatro o más años, todo ello con un grado de
fiabilidad comparable al de los modernos métodos anticonceptivos químicos y mecánicos.
Era muy frecuente, y el arte de la época nos lo muestra, ver a la mujer ofreciendo su
pecho al niño sin que hubiera falsos remilgos, siendo un acto en el que el pudor se pasaba
por alto. La imagen de la mujer sentada sobre los talones, en actitud de genuflexión o
sentada sobre un taburete, cuajó con fuerza en la sociedad, convirtiéndose en el emblema
de la fertilidad.
Los papiros médicos exigentes con la importancia de la calidad y cantidad de la
leche materna como fuente de vida no se cansaban de alabar estas características:
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- “Examen de una leche mala: tú deberás examinar su olor semejante a la
peste del pescado”. (Papiro de Ebers 788; 97, 17-18).
- “Examen de una leche buena: su olor es semejante al de la harina de la
algarroba”. (Eb 796; 94, 8-10).
También hacen referencia a la cantidad:
“Para hacer subir la leche a una nodriza que amamanta a un niño: espina dorsal
de la Perca Nilótica. A cocer con aceite. Se untará su espalda”. (Eb 836).
El pequeño infante estaba permanentemente al lado de la madre quien lo llevaba a
todas partes en una especie de bolsa que le pendía del cuello, dejándole las manos libres
en las labores del hogar y en las faenas cotidianas, y, a su vez, el niño podía satisfacer su
frecuente apetito con cierta despreocupación y tranquilidad por parte de ella. De esta guisa
gozamos de múltiples representaciones populares. Las más representativas son:
- Tumba de Mara.
- Tumba de Menna.
- Tumba de Mentuemhat.
En ocasiones, cuando el niño era remiso, como siempre ha ocurrido, una fórmula
mágica dictaba:
“Horus engullirá y Seth masticará (...)”. (Ramesseum III B, 10-11).
Otras de las preocupaciones eran que no se produjeran gastroenteritis responsables
de muchas bajas en la población infantil. El National Institute of Child Health and Human
Development de Bethesda en Maryland (EE.UU.), observó en un estudio reciente en el
entorno rural de Egipto, que la iniciación precoz de la lactancia se asociaba a una reducción
importante de diarreas durante los seis primeros meses de la vida del niño y, por ende, de
la mortalidad infantil, posiblemente a causa de los efectos protectores y promotores de la
inmunidad de las primeras secreciones del pecho materno.
Es curioso encontrar figuras-recipientes que provistas de poderes mágicos
fomentaban ciertamente, según su creencia, la producción de leche en momentos en los
que su cantidad fuera escasa, o para que de forma profiláctica su producción no decayera
o también para conceder al precioso líquido poderes mágicos.
Tenemos célebres ejemplos en el propio Museo del Louvre de una vasija de terracota
vidriada (AF 1660), entre otras, representando a imágenes de mujeres amamantando.
Hallamos otra figura de similares características en el Rijksmuseum Van Oudheden
(Leyde) de diosas como Tueris, implicadas por el mito en el amparo o patrocinio de la
maternidad. Una de las figuritas de esta diosa tenía en sus mamas un pequeño tapón-
pezón que impediría la detención de la producción de leche, auténtica “agua de vida”. Se
comenta que dentro de ella se acostumbraba a guardar un pedazo de vestido de la mujer
embarazada cuando se sospechaba un parto difícil.
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A parte de estas funciones, como curiosidad, se hace mención a dos figuritas
contenidas en una misma pieza , en la que una madre en el trance de amamantar a su
hijo, es peinada por una sirvienta que está situada a su espalda (The Metropolitan Museum
of Art, New York, nº 22.235).
2. LAS SOCIEDADES CLÁSICAS
La lactancia era la norma en la Grecia clásica; sin embargo el destete aparecía antes
que en la sociedad egipcia. La lactancia natural se daba durante seis meses seguidos de
un mes con leche de vaca, esto se supone ya que se han encontrado contratos de amas
de cría que comprendían esos períodos de tiempo. De esta época se conservan numerosos
recipientes para el alimento del niño que hacen pensar que el destete ocurría antes de
que el niño pudiera comer los alimentos del adulto.
A Aristóteles se le atribuyen unas declaraciones que relacionan la lactancia con la
menstruación:
“Mientras que haya flujo de leche la menstruación no ocurre”.
El amor maternal y la fertilidad eran altamente valorados en la Roma Antigua, donde
las diosas eran presentadas como mujeres amamantando. Dos médicos romanos, Soranus
y Galeno, escribieron las bases de lo que luego se impondría como norma en Occidente
para el cuidado de los recién nacidos hasta bien entrado el siglo XVIII.
El primero pensaba que el destete no debería ocurrir hasta que el niño no completara
la dentadura, y el segundo, hasta cumplidos los tres años de edad.
“Así como la tierra está exhausta de la producción de semillas luego de la cosecha,
y por lo tanto se vuelve árida si se le exige más, lo mismo sucede con la mujer que
amamanta a su hijo; o ella envejece en forma prematura habiendo alimentado a un hijo o
el desgaste de la nutrición de su cría necesariamente hace que su cuerpo se enflaquezca.
Consecuentemente, la madre se recuperará más rápido del parto y podrá más pronto
tener más hijos si se le brinda el alivio de no amamantar” (Solanus).
Entre otras aportaciones de Solanus están la de favorecer el llanto del lactante,
contribuyendo así a la expansión de sus pulmones y que el amamantamiento frecuente,
especialmente por la noche, puede enfermar al bebé, ya que toma la leche nueva antes
de digerir la antigua, pudiéndose agriar y lastimar el sistema nervioso.
El pueblo de Esparta también ponía especial interés en la alimentación de sus
hijos para su buena formación en el arte de la guerra, así recomendaban no abusar de las
sesiones de lactancia para evitar la sobrealimentación.
“Porque cuando un niño está completamente satisfecho, duerme demasiado y se
torna letárgico y su estómago se distiende y se llena de gases y su orina se vuelve aguada”.
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3. EL MEDIEVO
En la Época Medieval el destete ocurría entre el primer y tercer cumpleaños. Aunque
la mayoría de mujeres amamantaban sin restricciones y la ropa permitía un fácil acceso al
pecho, muchas mujeres nobles y ricas contrataban amas de leche. Esta práctica se volvería
la norma después del siglo XI.
Se trata de una época muy influenciada por la creencias religiosas por lo que
determinadas prácticas eran consideradas impuras o, incluso, herejías. Así encontramos
que la lactancia no estaba bien vista por las clases altas y pasa a ser “cuestión de pobres”.
4. SIGLOS XVI-XVII
Los curas y los médicos de este período se van a oponer radicalmente a la
contratación de nodrizas alegando que un lactante alimentado por un ama de cría pasan
todos sus vicios a través de la succión del pezón.
Las mujeres pobres no tenían otra opción que la de amamantar a sus pequeños,
pero las adineradas creían que la práctica de la lactancia las haría envejecer y retrasaría
la menstruación, no pudiendo dar al marido todos los herederos que se merecía.
A todo esto se unen otros problemas distintos a estos como van a ser el uso de
prendas muy ajustadas que provocaban la deformación de los pezones e, incluso, la inversión
de los mismos, así que, a pesar de las advertencias de los médicos, las mujeres adineradas
escogían la opción de las nodrizas, ya que, aunque estuviera dispuesta a dar el pecho a
su hijo, su marido se lo prohibiría rotundamente.
Los escritores médicos de estos siglos, continuando con el legado romano,
aconsejaban lactar durante los primeros dos años de la vida del niño. Pero no todos los
niños podían hacerlo durante tanto tiempo. Heronymus Mercuralis (médico italiano) cuenta
que en 1583 la mayoría de las mujeres destetaba antes del crecimiento del décimotercer
mes y un médico alemán del siglo XVI confirmó que las mujeres amamantaban durante
sólo un año.
Parte de la culpa de este destete temprano también la tuvo la alimentación mixta.
Se sabe que los infantes eran alimentados con pan mojado desde los tres meses y caldo de
carne aún antes para saciarlos durante los largos períodos de tiempo en que sus madres
dejaban el hogar para ir a trabajar.
Las técnicas de destete abarcaban desde llevarse al niño de la casa del ama de cría
simplemente, hasta aplicar sustancias amargas en el pezón para conseguir la aversión del
niño al pecho, pasando por asustar al niño con gritos y esparabanes.
En algunas áreas de Europa, incluyendo partes de Alemania, Rusia y Escandinavia,
las mujeres de todas las clases confiaban completamente en la alimentación artificial.
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Si esta costumbre surgió de la necesidad de independencia de la madre a la hora de
ir a trabajar se desconoce. De todos modos la gente de estos países, tanto hombres como
mujeres consideraban estas prácticas como “algo inmundo y propio de bestias” en Islandia
y Rusia los bebés eran dejados en el suelo bebiendo leche a través de un tubo cada vez
que tenían hambre. A pesar de todo, el clima frío y seco de estas zonas permitía que un
número importante de niños criados con alimentación artificial sobreviviera.
5. EL COMIENZO DE LAS LECHES ARTIFICIALES
Algunos hombres ricos en Inglaterra decidieron experimentar con la alimentación
al final del siglo XVII y durante el XVIII. Algunos pudieron haber sido testigos de esta
costumbre de alimentación artificial durante sus viajes o, tal vez, estuvieron influenciados
por los escritos de gente como el químico belga Johann Van Helmont que condenaban el
uso de cualquier leche, especialmente la materna, y aconsejaban la papilla de pan, cerveza
liviana y miel o azúcar. Un ejemplo de este tipo de dietas fue el hijo del rey James II que,
alimentado con este tipo de dietas, estaba casi muerto cuando su padre cambió de idea y
contrató un ama de cría. Menos suerte tuvo el Duque de Buckingham que estaba demasiado
cerca de la inhanición cuando su padre dio marcha atrás y contrató una nodriza.
Las mujeres ricas se declinaban más a favor de la contrata de estas amas y en el
siglo XVIII empezaron a preferir amamantarlos ellas mismas. Se cree que pudieron estar
influenciadas por los escritos de Jean-Jacques Rosseau, quien en su “Emilio” (1762)
condenaba el uso de amas de leche como algo no natural.
Pero no hacían caso de todo lo que se decía en “Emilio” y, a finales del siglo XVIII,
la media del destete se situaba en siete meses. Esto era recomendado por la mayoría de
los médicos de este tiempo, ya que recomendaban sólo siete u ocho meses de lactancia.
Se basaba en que existía la creencia de que la leche materna se deterioraba después de
unos meses y se volvía dañina para el niño, además se creía que “el miedo, la ansiedad,
la pérdida del apetito, la menstruación, el embarazo, la enfermedad, el alcoholismo y la
glotonería” en una mujer que amamantaba podía afectar su leche.
Los fallidos experimentos sobre alimentación artificial de los ingleses ricos crearon
numerosas discusiones médicas sobre alimentación sustituta y el desarrollo de la industria
de numerosos elementos para alimentar a bebés (botes de papilla, biberones...). Estos
inventos beneficiaban a las mujeres ricas, que a pesar de estar a favor de la lactancia,
preferían limitar su frecuencia y duración total.
En una época en la que no existía la refrigeración, alimentar a los bebés con leche
animal o con mezclas que contenían leche animal era muy peligroso, a menos, que se
tratará de una leche muy fresca (hervir la leche destruye las bacterias dañinas, pero los
padres del siglo XVIII aparentemente entendían que hervir la leche también suponía destruir
las propiedades de la misma, como vitaminas, y por eso preferían usar leche sin hervir.
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Los utensilios sucios también podían contaminar los alimentos artificiales. El tradicional
“cuerno alimentador”, un cuerno de vaca cubierto por un parche, era difícil de limpiar
como así lo era los nuevos tipos de biberones. Cuanto más pequeño era el bebé destetado,
más se usaban todo este tipo de aparatos. Las enfermedades gastrointestinales en los
infantes, por lo tanto, se transformaban en la gran preocupación de padres y médicos.
Con varios nombres como la afección estival, la diarrea estival, cólicos acuosos, cólera
infantil, las enfermedades gastrointestinales causadas por alimentos contaminados se
volvieron epidemias, especialmente durante los meses cálidos, cuando las bacterias dañinas
se multiplicaban más rápidamente. Como la mayoría de los bebés amamantados recibían
alguna dosis de suplementos, también se podían ver afectados.
Ignorantes de la causa verdadera de este tipo de afecciones, muchos médicos
culpaban al exceso de alimento como origen de todos esos problemas. El exceso de alimento
causaba vómitos, abdomen distendido, dolor abdominal, indigestión y diarrea, así como
también casi todas las enfermedades infantiles como fiebre, convulsiones, dificultades
respiratorias e, incluso, la muerte. La solución de los médicos era restringir la alimentación
de manera tal que el hambre de los bebés nunca era satisfecho. La alimentación pobre de
los bebés era la norma en la Francia del siglo XVIII.
William Codoga fue el primer médico inglés que propuso horarios de alimentación,
aconsejando cuatro tomas de alimento cada 24 horas.
Aunque algunos bebés destetados en familias pobres, cuyas dietas incluían queso,
legumbres, huevos, frutas y, a veces, leche, podrían haber estado bien nutridos, los bebés
destetados de las clases altas se alimentaban principalmente de carne y pan (la leche sólo
se usaba para los muy ancianos o enfermos). Aunque estos bebés pudieran digerir carnes,
con esta dieta probablemente sufrían escorbuto, raquitismo, piedras en la vejiga, algo de
ceguera nocturna y una menor resistencia a las infecciones.
Un niño del siglo XVIII que se quejaba o estaba muy ansioso ante el destete era
drogado. Laxantes, opiáceos y el alcohol eran usados para ayudar a que los pequeños
pudieran superar su tristeza.
6. LA ERA MODERNA
A lo largo del siglo XIV, la edad recomendada para el destete era los nueve meses,
pero antes de 1915 había declinado a 7 u 8 meses. Varias tendencias coincidían, más aún,
a hacer que muchas mujeres destetaran aún más temprano que lo recomendado y otras
fracasaban en la lactancia o ni siquiera lo intentaban. Primero, las mujeres pasaban mucho
tiempo fuera de casa; mientras la revolución industrial enviaba a las mujeres pobres a
las fábricas, algunas mujeres ricas se incorporaban a las profesiones, otras se unían a
organizaciones voluntarias como la “Unión de mujeres” o las “Hijas de la Revolución
Americana”. Al mismo tiempo, la extrema paquetería de la cultura victoriana hacía que el
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amamantamiento público fuera inconcebible, por lo tanto, alguien que no fuera la madre
tenía que quedarse en casa y amamantar al bebé.
Amas de leche eran contratadas a lo largo del siglo XVII, pero su popularidad declinó
en los Estados Unidos a través del siglo. Sin un monitoreo constante de su dieta, ejercicio,
salud, temperamento y moral, su leche era consideraba peligrosa para los infantes a su
cargo. El alimento artificial le ganaba la partida a la lactancia natural.
Aunque la leche de cabra había sido considerada por siglos superior a la leche
de vaca para la alimentación de los lactantes, la leche de vaca estaba disponible con
más facilidad. Debido a una migración en masa a las ciudades, sin embargo, una mucho
menor proporción de la población tenía acceso a la leche de vaca pura recién ordeñada
como en los siglos anteriores. En 1895 en Londres, el 80 % de la leche evaluada había
sido “sofisticada”, removiéndose la crema, diluyéndose en agua o agregando ácido bórico
como preservante. También a menudo se le agregaba tiza para disfrazar el hecho que la
leche había sido alivianada, frecuentemente con agua contaminada. Con o sin el agregado
de agua, la leche entregada en las casas de la ciudad muy probablemente contenía altos
porcentajes de bacterias.
Muchos médicos, como las madres, no podían ignorar la relación entre el destete
temprano y la muerte entre lactantes. Las tasas de mortalidad infantil eran paralelas a la
incidencia de la alimentación al biberón entre varias comunidades y 2/3 de las muertes
infantiles eran debidas al cólera infantil. Como los alimentos artificiales contenían leche
calentada y almidón, no contenían vitamina C, y el escorbuto se convirtió en una epidemia
entre los lactantes, así como el raquitismo.
La mayoría de los doctores reconocían la superioridad de la lactancia materna sobre
la alimentación artificial, pero encontraban más y más mujeres que sentían que debían
destetar en las primeras semanas por su empleo o enfermedad o, a veces, por haber seguido
las instrucciones de su médico, su leche se retiraba.
Los médicos empezaron a ver la lactancia materna como muy demandante y
difícil para la mayoría de las mujeres. La leche materna sólo era saludable en condiciones
apropiadas. El embarazo requería destete así como la vuelta de la menstruación. Un
bebé que mamara después de que la madre recobrara sus ciclos, supuestamente tendría
materia fecal verde e irritabilidad. El niño se tornaría delicado y débil y cada día que fuera
amamantado estaría perdiendo en lugar de ir ganando peso.
Amamantar después del noveno mes causaría tendencia a enfermedades mentales y,
a menudo, raquitismo. Nerviosismo extremo, miedo, fatiga mental o dolor eran el resultado
del amamantamiento prolongado según un popular manual de cuidados del niño de la
época. Varios manuales de crianza contaban la historia de una mujer que había intervenido
para separar en una pelea a su marido y otro hombre. Inmediatamente después de la
pelea, tomó a su bebé en sus brazos y lo amamantó. En unos pocos minutos el bebé dejó
de mamar, se volvió inquieto, jadeó y expiró sobre la falda de su madre.
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Amamantar también era peligroso para las mujeres, sostenían los médicos. El
amamantamiento hacía que la madre sufriera cansancio general y fatiga, un deseo de
dormir y dolor de cabeza y vértigo. Si ella amamantaba más allá del noveno mes, tendría
riesgo de sordera, ceguera y locura.
Aunque la madre cumpliera con las reglas, su leche probablemente no era suficiente,
insistían los doctores “la leche materna ideal es una rareza” escribía un médico.
A partir de fines del siglo XIX, se pensaba que los bebés amamantados y los
alimentados con biberón necesitaban dosis diarias de jugo de naranja o tomate para
prevenir el escorbuto y aceite de hígado de bacalao para prevenir el raquitismo.
Aunque la pérdida de peso en los recién nacidos es normal, los médicos creían que
no era natural y, por lo tanto, recomendaban suplementos desde el día del nacimiento. Los
médicos también creían que la leche de las madres podía secarse en cualquier momento y
aconsejaban combinar pecho y biberón durante todo el período de lactancia para que el
destete fuera más fácil cuando fuese necesario. La solución para los problemas de cantidad
de leche era en realidad la primera causa de este problema.
Los médicos también promovían el destete temprano por el miedo a la
sobrealimentación, un miedo que llegó a su cumbre a finales del siglo XIX. Pierre Budín,
un obstetra francés, describía la sobrealimentación como la “desgracia del lactante”; era
mejor subalimentar que sobrealimentar a un bebé.
Es difícil entender esta obsesión por la sobrealimentación, ya que los descubrimientos
de Pasteur sobre las verdaderas causas del cólera infantil eran ya conocidas en 1880. La
influencia de Pasteur, en realidad, llevó a Budín a insistir en la esterilización de la leche
artificial.
En la segunda mitad del siglo XIX, los médicos descubrieron que podían lucrarse
convirtiéndose en autoridades de la lactancia natural. Debatían sobre los relativos méritos
de la leche de vaca, fresca o calentada, preparaban fórmulas para modificar leche en casa
o en laboratorio y analizaban y evaluaban el nuevo comercio de comidas para bebés que
proliferaba rápidamente. Haciendo esto, se promovía, deliberadamente o no, el uso de
alimentos artificiales sobre la lactancia natural.
Los químicos, farmacéuticos y empresarios que diseñaron y lanzaron al mercado
estas comidas artificiales a menudo también comenzaban con motivaciones benévolas.
El primero de estos fue Justus von Liebig, un químico alemán que en 1860 creó “el más
perfecto sustituto de la leche de la madre”, como lo describía un aviso. Compuesto de leche
de vaca con harina de trigo y malta (la malta convertía el almidón de trigo a glucosa y
dextrina que son más fáciles de digerir), Liebig´s Food, se vendían en los Estados Unidos a
partir de 1869 y fue un modelo a seguir por otros fabricantes. Gustav Mellin, un químico
inglés, diseñó un producto similar que era más simple de preparar, diluyendo la mezcla
en leche y agua. Henri Nestlé, un mercader suizo creó una mezcla de “buena leche suiza”,
azúcar, y harina cocinada con malta a la que sólo debía agregarse agua.
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Mientras que muchos médicos experimentaban con alimentos artificiales para bebés
y los elogiaban, otros eran más críticos. Ninguna fórmula podría ser completa sin el agregado
de leche fresca u otro suplemento que previniera el escorbuto. La mayoría de doctores
sostenía que cada bebé necesitaba distintas fórmulas, y que cada bebé necesitaba cambiar
de fórmula a medida que crecía. La dieta de cada bebé necesitaba así el control médico.
Así transcurrió la última mitad del siglo XIX y prosiguió hasta bien entrado el siglo XX.
7. LA LACTANCIA EN NUESTROS DÍAS
Actualmente existe una tendencia a favor de la lactancia materna natural. Ésta
está promovida por diversas asociaciones que promueven los beneficios de este tipo de
alimentación y se encargan de informar a madres y familiares sobre la lactancia.
Entre estas asociaciones encontramos:
- La liga de la leche.
- Comité de lactancia materna de la Asociación Española de Pediatría.
- Colectivo de la leche.
- Ñuñu.
7.1. Declaración de Innocenti.
El punto de partida de actividades de protección, fomento y apoyo de la lactancia
materna se puede establecer en la Declaración de Innocenti aprobada por la OMS/UNICEF
en la década de los 90.
Se aprobó en la 45º Asamblea de Salud Mundial en 1992, reconociéndose:
- La lactancia materna proporciona la alimentación ideal al lactante y
contribuye a su crecimiento y desarrollo saludables.
- Reduce la incidencia y gravedad de las enfermedades infecciosas,
disminuyendo la morbi-mortalidad infantil.
- Promueve la salud de la mujer al reducir el riesgo de cáncer de mama y de
ovario y al aumentar el intervalo entre embarazos.
- Proporciona beneficios sociales y económicos a la familia y a la comunidad.
- Proporciona a la mayoría de las mujeres un sentimiento de satisfacción
cuando se lleva a cabo con éxito y que estos beneficios aumentan cuando
el lactante es amamantado exclusivamente durante los seis primeros
meses de vida y, posteriormente, se procede, junto con la alimentación
complementaria a un período prolongado de lactancia.
- La intervención mediante programas puede dar como resultado cambios
positivos en las prácticas de amamantamiento.
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En la Declaración de Innocenti se establecieron una serie de metas:
- Reforzar la “cultura del amamantamiento” y defenderla enérgicamente de
las incursiones de la “cultura del biberón”.
- Aumentar la confianza de las mujeres en su capacidad de amamantar.
- Eliminar los obstáculos al amamantamiento que se alzan en el sistema de
salud, el lugar de trabajo y la propia comunidad.
7.2. Diez pasos hacia una lactancia feliz.
Para finalizar este breve recuerdo histórico de lo que ha sido la lactancia, exponemos
la Iniciativa del Hospital Amigo de los Niños (IHAN) por la Organización Mundial de la
Salud (OMS), que resume las prácticas de maternidad necesarias para el soporte de la
alimentación al pecho.
Todos los servicios de maternidad deberán:
- Disponer de una política por escrito relativa a la lactancia natural que se
ponga en conocimiento de todo el personal de atención a la salud.
- Capacitar a todo el personal de salud de forma que esté en condiciones de
poner en práctica esa política.
- Informar a todas las embarazadas de los beneficios que ofrece la lactancia
natural y la forma de ponerla en práctica.
- Ayudar a las madres a iniciar la lactancia durante la media hora siguiente
al parto.
- Mostrar a las madres cómo se debe de dar de mamar al niño y cómo
mantener la lactancia incluso si han de separarse de sus hijos.
- No dar a los recién nacidos más que leche materna, sin ningún otro alimento
o bebida, a no ser que esté médicamente indicado.
- Facilitar el alojamiento conjunto madre-hijo durante las 24 horas del día.
- Facilitar la lactancia materna a demanda.
- No dar a los niños alimentados al pecho tetinas o chupetes artificiales.
- Fomentar el establecimiento de grupos de apoyo a la lactancia natural y
procurar que las madres se pongan en contacto con ellos a su salida del
hospital.
BIBLIOGRAFÍA
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