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Encontrando El Camino Cap 09

Este documento habla sobre pasar de lo ordinario a lo extraordinario en la vida cristiana. Explica que antes de conocer a Dios vivíamos enfocados en cosas mundanas que nos cegaban, pero que al ser salvos podemos enfocarnos en lo eterno. También menciona que aunque todos los cristianos tienen el llamado de predicar el evangelio, cada uno lo vive de manera única según el propósito de Dios.

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Encontrando El Camino Cap 09

Este documento habla sobre pasar de lo ordinario a lo extraordinario en la vida cristiana. Explica que antes de conocer a Dios vivíamos enfocados en cosas mundanas que nos cegaban, pero que al ser salvos podemos enfocarnos en lo eterno. También menciona que aunque todos los cristianos tienen el llamado de predicar el evangelio, cada uno lo vive de manera única según el propósito de Dios.

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09 | DE LO ORDINARIO A LO

EXTRAORDINARIO
“CLAMA A MÍ, Y YO TE RESPONDERÉ, Y TE ENSEÑARÉ COSAS GRANDES

Y OCULTAS QUE TÚ NO CONOCES”

JEREMÍAS 33:3
09 | DE LO ORDINARIO A LO
EXTRAORDINARIO

Nuestras vidas cambian radicalmente después de que somos


salvos. Llega un día que marca nuestra historia, un encuentro
sobrenatural que transforma nuestro rumbo —se hace evidente un
“antes de Cristo” y un “después de Cristo”. Es posible que el tuyo
haya ocurrido hace poco o tal vez aún no ha sucedido. Sin embargo,
sin importar en qué parte de tu jornada te encuentres, hay una
verdad que aplica para todos: las distracciones siempre llegarán
para tratar de desenfocarnos y hacernos olvidar las cosas que
realmente importan.

No sé si recuerdas que al comienzo del libro usé la historia de el


patito feo para explicar la importancia de la identidad. Ahora quiero
tomar el mismo ejemplo como referencia para explicar las dos
versiones de vida que existen en la historia de cada persona. El
patito, al no saber quién era realmente, no conocía su verdadera
identidad. En consecuencia, él vivía frustrado; su principal
preocupación era pertenecer y ser aceptado por los de su alrededor,
incluso su propia familia. Esa era una versión de su vida, esa fue su
realidad por muchos años, pero todo cambió el día que encontró a
su verdadera familia. A partir de ahí comenzó una jornada que lo
llevó a entender su propósito. La vida que empezó a vivir no se
comparaba en lo absoluto con la que llevaba antes de conocer su
identidad, pero para que eso ocurriera él tuvo que descubrir la
verdad y reenfocar su perspectiva.
Antes de conocer a Dios, tú y yo vivimos una parte de nuestra
historia en la que el enemigo nos mantenía enredados y
preocupados por las cosas comunes y ordinarias; no podíamos ver
lo extraordinario que el Señor tenía para nosotros. Sin la luz de Dios
en nuestras vidas somos consumidos por todo lo temporal y
estamos cegados; no podemos ver más allá. Juan 10:10 dice: “El
ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; yo [Cristo] he
venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.
En este texto vemos lo que Satanás hace, pero también vemos que
Jesús vino a darnos vida.
Cuando el Señor nos salva aprendemos a ver lo que está más allá
de nuestros ojos; sin embargo, nuestro pecado hace que esta sea
una labor difícil, incluso después de que conocemos a Cristo. A
veces sentimos que Dios nos llama a hacer algo de forma
específica, pero nos atoramos en pensamientos destructivos que
nos recuerdan nuestros pecados, a pesar de que Jesús ya murió por
ellos. Nos intimidamos por estándares y comentarios insignificantes,
y no le damos el valor suficiente a lo que Dios ya ha dicho acerca de
nosotros.
En Mateo 16 leemos que Jesús estaba discutiendo con los
fariseos mientras los apóstoles escuchaban, y en los versículos 5 al
7 leemos: “Los discípulos llegaron al otro lado, pero se olvidaron de
llevar pan. En eso, Jesús les dijo: ‘Abran los ojos y cuídense de la
levadura de los fariseos y de los saduceos’. Ellos comentaban entre
sí: ‘Dice esto porque no trajimos pan’”. Jesús usó una metáfora para
enseñarles algo, pero debido a que ellos tenían su mirada en lo
ordinario no lograban entender lo extraordinario. “Pero Jesús se dio
cuenta y les dijo: «Hombres de poca fe. ¿Por qué discuten entre
ustedes que no tienen pan? ¿Todavía no entienden, ni se acuerdan
de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas
recogieron? ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas
canastas recogieron? ¿Cómo es que no entienden? Si les dije que
se cuidaran de la levadura de los fariseos y de los saduceos, no fue
por el pan». Entonces ellos entendieron que no les había dicho que
se cuidaran de la levadura del pan, sino de las enseñanzas de los
fariseos y de los saduceos” (vs. 8-12). ¿Cuántas veces Dios nos ha
dicho algo pero nuestro enfoque en lo ordinario no permite que lo
comprendamos?
Una de las razones por las que batallé tanto tiempo para rendir mis
sueños a Dios era porque mi mirada estaba en la fama, la
aceptación, el éxito y muchas cosas más que no tienen valor alguno.
Eso me cegaba y no me permitía ver que Dios quería usar mi vida
de una manera extraordinaria, dándome un propósito centrado en
Su reino y en la eternidad. En el momento en que dejé mis afanes
terrenales pude poner mi mirada en el Señor, y de esa forma
entendí que Él tenía planes inimaginables.

La Gran Comisión
Cuando creemos en Cristo y nos arrepentimos, Él nos ayuda a
mover nuestra mirada de lo terrenal a lo eterno. Por esa razón uno
de mis versículos favoritos es Mateo 6:33: “Mas buscad
primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os
serán añadidas”. Esta es una verdad que aplica en todas las áreas
de la vida.
Muchas veces buscamos nuestro propósito con el fin de ser
promovidos, satisfacer nuestro orgullo o tener influencia, pero si esa
es nuestra motivación Dios no nos revelará Su plan. Vivir con
propósito significa vivir bajo Su voluntad. Santiago 4:3 dice: “y
cuando piden algo, no lo reciben porque lo piden con malas
intenciones, para gastarlo en sus propios placeres”. Tu propósito
no es tuyo, es el propósito de Dios en tu vida. En ningún
momento se trata de lo que nosotros obtendremos, sino del
privilegio de ser parte de la gran historia de Dios y Su reino.
Propósito no significa que tienes que estar en una plataforma, ser
millonario o ser exitoso en términos humanos. El propósito se vive
de maneras diferentes.
Como puedes ver, es necesario pasar por procesos y ajustar la
manera en la que vemos y entendemos nuestra realidad. La palabra
“propósito” ha causado aflicción en la vida de muchas personas
porque ellas han puesto su valor e identidad en un “llamado
maravilloso” que cambiará el resto de su historia. Pero precisamente
lo opuesto es lo que es verdad: tu propósito no es lo que revela tu
identidad, sino que en tu identidad encuentras tu propósito. Todo
fluye cuando comprendemos que el acto maravilloso que cambió la
historia fue la muerte, y la resurrección, de Jesús, y al confesarlo a
Él como Dios somos salvos y nos convertimos en hijos adoptivos de
Dios. Entender esa identidad es lo que nos llevará a encontrar
nuestro propósito.
Anteriormente mencioné que somos atacados con las cosas
ordinarias, las cuales ciegan nuestra visión. En la palabra de Dios
dice que el primer y más grande mandamiento es amar al Señor con
todo nuestro ser y sobre todas las cosas (Mateo 22:36-37), y cuando
eso ocurre, cuando le buscamos a Él primero tal como leímos en
Mateo 6:33, todo lo demás nos será añadido. Si ponemos a Dios
como prioridad en nuestras vidas quitaremos las barreras de lo
ordinario y podremos avanzar. En mi propia historia esto es algo
muy evidente. Mi mente estaba cegada por luchas, errores y
expectativas equivocadas, pero cuando el Señor me salvó y me
ayudó a priorizar las cosas eternas sobre las terrenales, entonces
logré entender el llamado que Él nos hace como creyentes.
Jesús vino a esta tierra para morir por los pecados de Su pueblo y
darnos vida eterna. Lo único que debemos hacer para recibir la
salvación es arrepentirnos de nuestros pecados, creer en Él y
confesarlo como Rey, tal como lo explica Romanos 10:9-10: “Si
confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón
que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el
corazón se cree para alcanzar la justicia, pero con la boca se
confiesa para alcanzar la salvación”. Estas son las buenas nuevas.
No tenemos que ser condenados por nuestro pecado; Alguien más
tomó nuestro lugar y en Él hay redención y esperanza.
Dios desea que todos en el mundo conozcan esta gran noticia, no
solamente tú y yo. Él quiere restaurar a su forma original aquello
que se corrompió por la desobediencia del hombre en Edén.
Romanos 10:13-15 dice: “porque todo el que invoque el nombre del
Señor será salvo. Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en el cual
no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y
cómo oirán si no hay quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no
son enviados? Como está escrito: ‘¡Cuán hermosa es la llegada de
los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!’”.
¿Quieres un propósito? ¿Quieres hacer algo que marque la
eternidad? Predica el evangelio. Esto es lo que la Biblia llama “la
Gran Comisión”. Mateo 28:18-20 dice: “Jesús se acercó y les dijo [a
los apóstoles]: ‘Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la
tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, y
bautícenlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Enséñenles a cumplir todas las cosas que les he mandado. Y yo
estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo’. Amén”.
No solo se trata de que nosotros seamos salvos, sino que después
de creer en Cristo debemos llevar las buenas nuevas a todas las
naciones. Ese es tu gran llamado.
Aunque el llamado es el mismo para todos los creyentes, la
manera en la que cada uno de nosotros lo vive es totalmente
distinta. Esto es algo que debemos entender para no sentirnos
frustrados. Tenemos un Dios que es extremadamente creativo y que
no se limita a nuestros estereotipos o reglas. Él no usa el mismo
molde para establecer los propósitos de cada uno de Sus hijos, sino
que obra diferente en ellos según Su voluntad.

Un Cuerpo
Leer las instrucciones es importante; si lo hiciéramos más a menudo
aprovecharíamos mucho más las cosas que compramos. Yo soy el
tipo de persona que lee las instrucciones, pero tengo un grave
problema —que también cometo al momento de hacer exámenes—,
escaneo las instrucciones sin leerlas con cuidado, y después me
confió y pienso que ya sé todo lo que necesito sin leer el documento
completo. Eso me lleva a hacer o contestar algo que no tiene nada
que ver con las instrucciones. Los resultados, por supuesto, no son
nada buenos. Cuando regreso y leo todo, me doy cuenta de que las
cosas pudieron haber salido mucho mejor si me hubiera tomado el
tiempo de leer correctamente.
Por otro lado, también existen personas que ni siquiera miran las
instrucciones, y luego se dan golpes en la cabeza porque no saben
qué hacer o por dónde empezar. Tal vez te puedas identificar con
alguno de estos dos tipos de personas, o posiblemente sí lees todas
las instrucciones, el punto con este ejemplo es que a veces vamos
por la vida dándonos golpes y volviéndonos locos porque no
sabemos qué hacer o no entendemos para qué fuimos creados.
¿Qué hacemos entonces? Copiamos lo que vemos a nuestro
alrededor. El problema con esto, como ya mencionamos, es que no
todas las personas son iguales; sí existen similitudes entre nosotros,
pero no hay dos individuos que sean idénticos en cada aspecto.
En el momento en que decidí creer que Dios tenía planes y
propósitos para mi vida comencé a orar por ellos. Una de las ideas
que vino a mi mente fue crear un canal de YouTube para hablar de
lo que aprendía. Después apareció la oportunidad de la radio y el
Facebook Live. En un abrir y cerrar de ojos me volví una “influencer”
que usaba las redes sociales para predicar la palabra de Dios. Esto
causó distintos comentarios, tanto buenos como malos. Algunas
personas creían que Dios no me había llamado a esto y pensaban
que debería estar haciendo otra cosa que realmente fuese un
servicio a Él. Sin embargo, había una convicción dentro de mí, y aun
la hay, de que estoy exactamente donde Dios quiere que esté.
La razón por la que menciono esto es porque nosotros también
podemos caer en este tipo de comentarios hacia otras personas,
como lo que ha ocurrido recientemente con el rapero Kanye West —
incluso es posible que hayamos pensado eso con referencia a
nuestra propia vida. A veces nos volvemos jueces de lo que Dios
puede o no hacer, y sin darnos cuenta tratamos de frenar lo que Él
sí quiere hacer. La Gran Comisión puede ser expresada en muchas
maneras, y ésta puede llevarse a cabo por atletas, cantantes,
empresarios, pastores, pintores, amas de casa, voluntarios,
misioneros, etc. Solo debemos predicar fielmente el evangelio en la
posición en la que Dios no ha puesto.
Te recomiendo que leas 1 Corintios 12, pero mientras lo haces
déjame citar algunos versículos que pueden ayudarte a entender
mejor el texto. 1 Corintios 12:12-18 dice: “Porque así como el cuerpo
es uno solo, y tiene muchos miembros, pero todos ellos, siendo
muchos, conforman un solo cuerpo, así también Cristo es uno solo.
Por un solo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo,
tanto los judíos como los no judíos, lo mismo los esclavos que los
libres, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Además,
el cuerpo no está constituido por un solo miembro, sino por muchos
(…) Pero Dios ha colocado a cada miembro del cuerpo donde mejor
le pareció”. La diversidad de ministerios viene de parte de Dios, y Él
mismo es quien ha repartido dones y talentos a cada persona
según le ha placido.
No me mires a mí o a alguien más para saber cómo cumplir el
propósito de tu vida, busca a Dios y pídele que te muestre la manera
particular en la que puedes llevar las buenas nuevas al mundo.
Todos los creyentes somos parte del cuerpo de Cristo y tenemos
funciones únicas. Ninguna es más importante que la otra. Todos nos
necesitamos y Él en Su sabiduría nos usa según Su voluntad;
nosotros le pertenecemos a Él. Pídele que te ayude a ser creativo al
momento de llevar el evangelio a otros en el lugar en el que te ha
puesto.

Plan de Acción
Una vez entendemos que todos somos diferentes y que nuestro
propósito se llevará a cabo de una manera distinta, aunque el fin
sea el mismo, es necesario hacer algo al respecto. He notado en
varias ocasiones que algunas personas, tanto jóvenes como
mayores, viven en confusión y le preguntan al Señor
constantemente: “¿Para qué soy bueno? ¿Cuál es mi llamado o
propósito? ¿Qué debo hago?”. Sin embargo, ellos no hacen nada
después de eso.
Con el paso del tiempo he aprendido que además de orar, lo cual
es vital, también debo actuar, y Dios usa mis acciones para
enderezar y dirigir mis pasos. Tú puedes decirle a un capitán de
barco que te ayude a navegar por el mar para llegar a tu destino,
pero solo hasta que el barco zarpe podrás darle dirección. Si te
quedas en tu zona de confort y miedo no podrás vivir tu propósito.
Es necesario tomar pasos de fe hacia lo desconocido.
Recuerdo que cuando me comprometí verdaderamente con Dios
llegué a un punto en el que dije: “¿ahora qué?”. No obstante, como
conté anteriormente, no me quedé sentada, sino que en oración
tuve la idea de crear un nuevo canal de YouTube. No sabía con
certeza si eso era lo que Dios quería hacer en mi vida, pero tomé un
paso de fe confiando en que Él abriría y cerraría las puertas según
Su voluntad. Después de algunos meses sentí la necesidad de estar
más comprometida con la Palabra de Dios, porque veía que el canal
estaba creciendo; tuve entonces la idea, en oración, de estudiar
Teología. Tampoco sabía con certeza si esa era la decisión correcta,
pero oré y lo puse en manos de Dios. Él en Su misericordia permitió
que me aceptaran sin problema, y luego se dio todo lo necesario
para cursar mi carrera.
Todo lo que te mueve y te apasiona es una pequeña muestra de tu
llamado. Dios ya ha puesto pistas en tu corazón para marcar el
camino por donde te quiere llevar, confía en que Él te dirigirá cuando
comiences a caminar. Frederick Buechner lo describe con las
siguientes palabras: “El lugar a donde Dios nos llama es el lugar
donde el gran hambre del mundo y nuestro gran deseo se
encuentran”. Comienza a orar y pídele a Dios que te ayude a ser
sensible, solo así podrás ver más allá de tus deberes terrenales.
No tengas miedo de fracasar, créeme que aun en medio del
fracaso podemos aprender y, por lo tanto, madurar. Llevo algunos
años en este camino y aunque sigo aprendiendo siempre me aferro
a lo que dice Proverbios 3:5-6: “Confía en el Señor de todo corazón,
y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus
caminos, y él enderezará tus sendas”. Empieza a crear un plan de
acción, rindiendo a Dios tus planes completamente, y confía en que
Él enderezará tus pasos y no te dejará tropezar.
Luz en la Oscuridad
En el momento en que decidimos darle un nuevo rumbo a nuestras
vidas las cosas que están alrededor comienzan a cambiar. Un fuego
que estaba apagado dentro de nosotros empieza a arder poco a
poco. Esa llama nos incomoda porque ahora ya no estamos
conformes con lo que hacíamos antes; queremos hacer cambios
notables, cambios que comiencen a hacer la diferencia.
En mi caso, recuerdo que sentía un gran amor por Dios; quería
conocer más de Él y pasaba horas leyendo la Biblia y orando. Tenía
un gran deseo de obedecerlo y esperaba que Él me mostrara el
gran propósito por el cual estoy con vida. Ese fuego se convirtió en
pasión y después en determinación; todo eso me condujo a hacer
un plan de acción y, en consecuencia, me llevó a salirme
progresivamente de los parámetros que yo había creado para mí
misma.
Recuerdo el día en el que decidí dejar mis sueños atrás y seguir a
Dios con devoción; empecé a hacer videos sobre Él, a hablar sobre
Cristo en la radio y, literalmente, cambié mi vida por completo.
Encontré dos tipos de reacciones. Por un lado, hubo personas que
me felicitaron y se alegraron por mí. Por el otro, hubo algunos que
me decían que lo que estaba haciendo era un error, que no lograría
nada, que me habían lavado el cerebro y que me moriría de hambre
porque de eso no se podía vivir. Creo que lo que realmente le
molesta a la gente no es que cambiemos, sino la incomodidad que
provoca nuestro cambio.
Cuando una luz empieza a brillar en la oscuridad el pecado se
vuelve visible. No siempre es fácil ser luz dentro de tanta oscuridad,
pero en Mateo 5:1416 leemos esta promesa: “Ustedes son la luz del
mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede
esconder. Tampoco se enciende una lámpara y se pone debajo de
un cajón, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que
están en casa. De la misma manera, que la luz de ustedes alumbre
delante de todos, para que todos vean sus buenas obras y
glorifiquen a su Padre, que está en los cielos”. Jesús nos dice que
somos la luz del mundo, y la luz no se puede esconder.
Hay muchas personas que se sienten cómodas —incluso
cristianos— viviendo de una manera conformista y tibia, pero
cuando encontramos verdaderamente nuestra identidad en Cristo,
las cosas deben cambiar. Es posible que en algunas ocasiones
generes molestia en las personas porque no solo pondrás en
evidencia lo que ellos están haciendo mal —su pecado—, sino lo
que ellos no están haciendo. Muchos podrán criticarte, ponerte
etiquetas y decirte que eres un radical religioso y loco, entre muchas
otras cosas, pero nada de eso te debe detener. No estamos
llamados a quedarnos sentados y callados para no incomodar, sino
a brillar con la luz de Jesús para glorificarlo a Él y hacer que todas
las miradas se centren en Dios.
Imagínate un mundo sin luz; no podríamos ver las calles y las
casas en medio de la oscuridad. Lo mismo ocurre en el mundo
espiritual cuando no está la luz de Dios. Ahora imagina cómo
cambiaría esa oscuridad si tan solo una pequeña luz se encendiera.
Obviamente no alumbraría todo, pero su presencia se haría muy
notoria entre tanta oscuridad, ¿no es así? Cuando nuestra luz se
enciende nos hacemos notorios en el ámbito espiritual, y eso
significa que nos convertimos en blancos que pueden ser atacados.
Llegar a vivir con propósito e identidad no es la meta, sino el
comienzo de una jornada eterna. Recuerda cuán importante es
aprender a permanecer en el camino una vez lo hemos encontrado;
solo allí pasaremos de lo ordinario, las cosas de este mundo, a lo
extraordinario, las cosas de Dios.
10 | PERMANECIENDO EN EL
CAMINO
“POR LA MISERICORDIA DEL SEÑOR NO HEMOS SIDO CONSUMIDOS; ¡NUNCA SU
MISERICORDIA SE HA AGOTADO! ¡GRANDE ES SU FIDELIDAD, Y CADA MAÑANA SE
RENUEVA!”.

LAMENTACIONES 3: 22-23

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