Atahualpa
Soberano del Imperio inca (1525-1533)
Considerado un símbolo de la ecuatorianidad, Atahualpa es un personaje substancial para entender los destinos de su
tierra. Fue el último soberano del imperio inca, y su trágico final ha sido convertido en leyenda, sobre todo desde la
perspectiva indigenista.
Atahualpa era el hijo menor del emperador Huayna Capac y de la princesa Paccha Duchicela. Los estudiosos sitúan su
nacimiento en torno a 1497, en el Reino de Quito, y más en concreto en Caranqui, lugar donde aún se recuerda con
orgullo la figura del inca. Al decir de las crónicas, se curtió guerreando junto a su padre, quien puso especial cuidado en
su formación física e intelectual. Todo el territorio conquistado por Huayna Capac —de más está aclararlo— componía
un imperio tan vasto que desafíaba la mayor de las ambiciones. Sin embargo, al perecer su progenitor en torno a 1525,
Atahualpa heredó el reino Quito, a la par que su hermano Huáscar dominaba el reino de Cuzco. Tal división territorial
propició una disputa sucesoria que aún hoy despierta pasiones.
La guerra fratricida comenzó en 1527. Tres años después, Huáscar era vencido en la batalla de Huancavelica, y en 1532
Atahualpa se declaraba victorioso en Quipaypan, proclamándose Inca en el ambicionado Cuzco. Por una fatal
coincidencia, ese triunfo militar coincidió con la llegada al Tahuantinsuyu de las fuerzas expedicionarias de Francisco
Pizarro, quien se vio favorecido por los seguidores de Huáscar.
El enfrentamiento con los conquistadores fue del todo desfavorable para Atahualpa, quien fue prendido en Cajamarca
tras ser diezmadas sus fuerzas. El dramático episodio que sigue a su encarcelamiento es bien conocido: el Inca ofreció un
gran rescate a cambio de su liberación, pero Pizarro, influido por Almagro, no respetó el trato y optó por juzgar a
Atahualpa. Su condena a muerte favorecía el dominio español y evitaba el riesgo de una sublevación.
En 1533, después de recibir el bautismo, fue estrangulado el último Inca. Poco antes, dejó dicho que sus mujeres e hijos,
entre ellos Francisco Atahualpa, quedasen al cuidado de Pizarro, nuevo gobernador del Perú.