0% encontró este documento útil (0 votos)
62 vistas20 páginas

Misión de Luther y el Misterio de Cinco

El documento narra una conversación entre varios miembros de una familia disfuncional que están investigando la muerte de su madre y la desaparición de su hermano Cinco. Luther y Diego discuten sobre cómo lidiar con la situación mientras Allison le informa a Vanya sobre la muerte de su madre.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
62 vistas20 páginas

Misión de Luther y el Misterio de Cinco

El documento narra una conversación entre varios miembros de una familia disfuncional que están investigando la muerte de su madre y la desaparición de su hermano Cinco. Luther y Diego discuten sobre cómo lidiar con la situación mientras Allison le informa a Vanya sobre la muerte de su madre.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Siete años atrás…

—Atención, Sr. Luther. Alerta de misión. Repito, alerta de misión.

—Hay una sustancia bioquímica, desconocida pero peligrosa, sobre todo en las
manos equivocadas. Como mi Número Uno, debes encargarte de la amenaza.

—Estoy listo. Pero…

— ¿Sí?

—Ya no tienes que llamarme por mi número.

— ¿Por qué no?

—Porque soy el único que queda.

— ¡Rápido! Llevémoslo adentro. Quítale el equipo. Resucitador. ¡Rápido! De nuevo.


¡Maldita sea! Tráeme el suero. Pogo.

—Hay algo que debes ver. ¿Los dos tipos de anoche? ¿Los de las máscaras? Le
hicieron esto a mamá. Tiene que ver con Cinco de algún modo. Lo estaban buscando.

—Sé que propuse apagar a Grace, pero aun así es difícil verla así.

—Pobre Diego. Esto será tan difícil para él.

—Lo es para todos nosotros.

—Luther…

— ¿Sí?

— ¿Estás bien? Puedes hablar conmigo.

—Evitemos el tema.

—Oye, no. No hagas eso. No me dejes fuera. Cuando me fui, aun eras… ¿Qué…?
¿Qué pasó?

—Papá me mandó a una misión. Y salió… muy mal. Casi muero. Él salvó mi vida.

— ¿Por qué no me lo dijiste? Pude ayudarte a superarlo.


—Estaba bien. ¿Sí? Estoy bien. No necesito ayuda.

—Hay personas atacando a la familia. Habla conmigo.

—No puedo. Por favor. Déjame solo.

—Espero no haber hecho mucho ruido.

—Perdón. Me quedé dormida anoche.

—Está bien. Estás cansada. Te habría dejado dormir todo el día, pero…

—El ensayo…

— ¿El ensayo?

—Mierda.

— ¿Qué?

—Dejé mis pastillas porque pensé que iría a casa anoche. Qué tonta.

—Pasa antes de ir.

—No hay tiempo. Es que… Las necesito para mis nervios. Las he tomado desde niña.

—Por un día creo que estarás bien.

—Sí, tienes razón. Perdón.

—Oye, hagamos un trato. Conmigo no debes pedir perdón por existir. El día está
lindo. Vamos. Te acompaño al ensayo.

— ¿Te queda de camino?

—Para nada.

—Gracias por escucharme. Perdón por desvelarte.

—Lo estás haciendo de nuevo.

—Es la costumbre. De niña sentía que debía pedir perdón hasta por respirar.
—Dímelo a mí. Creo que mi papá nunca me perdonó el haber nacido.

— ¿Qué hay de tu mamá?

Teatro Icarus.

—Ella no estaba.

—Hola, Helen.

— ¿Una amiga?

—El primer violín.

— ¿Primer…? ¿Y eso es…? ¿Qué es eso?

—Es como el mariscal de campo de la sección de violines.

—Sé de fútbol.

—Tendrá el solo en el concierto la próxima semana. Nadie la ha sacado del puesto


por… cinco años. Es algo importante.

— ¿Quieres que lo intente? Podría intentarlo. He estado practicando. Voy mejorando.

—Gracias por todo.

— ¿Por qué no me agradeces mientras cenamos? Anoche no fue cena.

—Sí, me encantaría.

—Perfecto. Pues, buena suerte.

Puerta del escenario.

—Número Cinco, ¿dónde está?

—No… te detengas… ya casi llego.

— ¿Acaso es una…?

—Sí.
—No hay nada como un poco… de estrangulamiento para hacer fluir la sangre,
¿cierto?

— ¿Qué es tan gracioso, imbécil?

—Bueno, para comenzar… pasaron las últimas diez horas golpeándome hasta perder
el sentido y no han aprendido absolutamente nada. Digo, nadie me dice nada. La
verdad es… Soy la única persona en esa casa que nadie notará que falta. Secuestraron
al tipo equivocado.

—Por favor, haz que pare de hablar.

—Vamos a torturarlo con agua.

—Necesitaba eso. Estaba… tan sediento. Gracias. Gracias.

—Dios, esto es brutal. ¿Qué diablos le pasa a ese tipo?

—Es un fenómeno como su hermano.

—Y como todos los demás en esa casa. Otro ejemplo de la administración jodiendo al
trabajador.

—No empieces otra vez.

—Debieron advertirnos que no era una misión normal. ¿Y un bono por el peligro?

—Vamos. Hacemos este y vamos al siguiente. Como siempre hacemos. ¿Recuerdas


Trinidad? ¿Trabajamos por cuánto tiempo? ¿Dos días y dos noches?

— ¿Cómo podría olvidarlo?

—Buen chico. Vamos.

—Bueno. ¡Vamos, Hazel!

— ¿Qué demonios? ¿A quién hiciste enojar ahora?

—Di lo mismo que recibí.

—No respondiste mi pregunta.


—Sí. ¿Cómo va todo el papeleo?

—Es muy interesante. Dos tipos en mascaras para niños, casquillos de bala extraños,
una huella dactilar de un caso sin resolver de 1930 y… Acabo de enterarme de que el
chofer de grúa de la tienda de donuts no tenía familia.

—El chico.

—Al parecer no es su hijo. El chico es nuestro único testigo posible y es un completo


misterio. Dime qué pasa.

— ¿Qué?

—Pudiste llamarme para que te diga eso. ¿Qué haces aquí?

—Nada, solo… Mi mamá. Murió anoche.

—Mierda. Diego, lo lamento mucho. Recuerdo lo cercanos que eran. ¿Hay algo que
pueda hacer?

—Es solo que… No sé cómo…

— ¿De eso se trata esto? Dime qué pasa. ¿Quién lo hizo?

—Solo digamos que no pude ver bien sus caras.

—Fuiste tras los tipos de las máscaras.

—No fui tras ellos. Y uno es una mujer, por cierto, así que deja de ser sexista.

—Te dije que no los siguieras.

—Vinieron a mi casa. Buscando a mí hermano. Intentaron matar a mi familia.

— ¿Por qué?

—No sé. Ha estado perdido desde ayer. Debo encontrarlo.

—Diego, debes dejarme a cargo. No puedes…

—Te encanta decirme lo que puedo o no puedo hacer. Quizás para variar podrías
intentarlo a mi modo.
—No puedo.

—Con razón no duramos.

—Claro. Lamento lo de tu mamá, Diego. De verdad.

— ¿Vanya?

— ¡Allison! ¡Espera!

— ¡Leonard! Perdón. Pensé que eras un… ¿Dónde está Vanya?

—Está en el ensayo. Dejó sus llaves en mi casa anoche. Estaba devolviéndolas.


Perdón si te asusté.

— ¿Por qué estás dentro de su apartamento?

—Es algo vergonzoso. Tenía que usar el baño. Si no te importa que pregunte, ¿qué
haces tú aquí?

— ¿Perdón?

—No, es solo… por lo que oí, ayer no querías tener nada que ver con Vanya. Así que
solo preguntaba.

—Eso no es de tu incumbencia.

—Tienes razón. Quizás no. Gusto de verte. Supongo que… se las llevaré al ensayo.

— ¿Sabes qué? Yo se las llevo.

—Bueno. Lo que sea más fácil, ¿cierto? Gusto de verte.

— ¡Jesús!

—Una oportunidad. Es todo lo que tienes. Una oportunidad de decirme exactamente


lo que ocurre en ese laboratorio.

—Fabrico dispositivo protésicos para pacientes falsos. Cobro a las compañías de


seguros y luego los vendo en el mercado negro.

— ¿Y los ojos?
—Son los más vendidos. Digo… se venden como pan caliente. Tengo una lista de
espera. Al menos 20 compradores.

—El numero serial que te dije…

—Pudo haber sido comprado. Sí, fuera de los registros.

—Necesito esa lista, Lance. Con nombres y números, ¡la necesito ahora!

—No la tengo. La única copia está en mi caja fuerte del laboratorio.

—Pues, enciende el auto. Nos vamos de paseo.

—Bueno.

—Ahora mismo.

—Como dije, Sr. Luther, Cinco no ha vivido aquí desde que era niño.

—Sí, pero debemos advertirle. No sabe del ataque. No sabe que lo buscamos. No
sabe de…

— ¿Qué haces aquí?

— ¿Sabes lo de mamá?

—Parece que obtuviste lo que querías, de un modo u otro, ¿no?

— ¿Me dirás lo que haces aquí?

—Busco a Cinco.

—Déjame adivinar, lo vas a salvar.

—Es lo que hago. Imbécil.

— ¿Sí? La última vez que vi, limpiabas pisos.

— ¿Tú qué haces? Sentado en la luna por cuatro años, esperando órdenes.

—Chicos, esto no ayudará a Cinco.

—Siendo un soldado leal, después de todo lo que te hizo papá.


— ¿Cómo salvarme la vida?

—No, me refiero a… convertirte en un monstruo. Ya no lo puedes ocultar, campeón.

—Fue una decisión difícil y la tomó.

—Madura, Luther. Ya no tenemos 13 años.

—Eso es lo que hacen los líderes.

—Te mandó solo a esa misión. Y casi mueres.

—Al menos estuvo ahí. ¿Dónde estabas tú? ¿Tú y los demás de esta familia? Se
marcharon.

—Y gracias a Dios que lo hice o habría terminado como tú. Déjame hacerte una
pregunta. Cuando ves esos programas de la naturaleza…

—Diego, por favor.

— ¿Te excita?

— ¿Qué? ¿Él también es una animal para ti, Diego?

— ¡Suficiente! Esta casa fue atacada. Apenas salimos vivos. Grace… no tuvo esa
suerte. Su hermano está perdido, ¿y así es cómo reaccionan? Lleven sus tonterías a
otra parte. Ahora.

—Perdón, Pogo.

—Sí. Perdón, Pogo.

—Quizás no lo golpeas lo suficientemente fuerte.

— ¿Yo? Tú eres el del brazalete ortopédico.

—Ya te lo he dicho, es un soporte.

—La abstinencia… está comenzado, ¿no? Debe estar. Si no, ¿quién es la abuela
muerta?

—No sé. Me está volviendo loco. ¡La perra no se calla!


— ¡Oye! No digas palabrotas. ¿Qué dije sobre mirar al frente?

—Calma, Klaus. Mantente en calma.

—Tal vez lo estamos haciendo mal. ¿Recuerdas la sección 76 sub A del manual de
entrenamiento?

—Apenas recuerdo lo que desayunamos.

—Parafraseando, torturar funciona mejor cuando sabes a quién torturas. Pásame su


abrigo.

—Espera. Espera. Espera.

—Veamos.

— ¿Qué haces? Eso es mío. Son cosas personales.

— ¿Qué tenemos aquí?

—Déjame ver eso.

— ¡No, no, no! Ten cuidado con eso. Es mi… medicina para el asma.

—Ya estamos llegando a algo.

—Oye. No, ¡Oye! ¡No, espera! ¡Espera! Podemos tener una conversación. Somos
adultos.

— ¿Quieres más?

— ¡No, no! ¡No, no, no! ¡Paren, por favor! Por favor, escuchen. Puedo darles dinero.
Prostitutas amputadas, lo que sea. Solo, por favor, escuchen… No… Por favor…

—Chocolate. ¿Quieres un trozo?

— ¿Les vas a decir que es chocolate especial?

—No hasta que estén drogados.

—Klaus, sé fuerte.
—Esto podría ser tuyo por el módico precio de decirnos todo.

—Bueno, está bien. Bueno… No sé dónde está Cinco. No mentía sobre eso, pero
puedo decirles que no ha estado muy cuerdo desde que volvió.

—Explícate.

—Ha estado actuando como un lunático. Ha estado sentado en una furgoneta frente a
un laboratorio o algo así, buscando al dueño de un ojo. Uno de esos falsos.

—Eso no tiene sentido.

—Espera, espera. Dinos más sobre el ojo y por qué es tan importante.

—Dijo que tenía algo que ver con el fin del mundo o algo así.

—Esta es la furgoneta de Cinco. Vamos.

—Yo soy Uno.

Extra Ordinaria.

—Creo que sé dónde está Cinco.

Teatro Icarus.

¡Estamos bien!

—Oye, ¿qué haces aquí?

—Hola. Te estaba buscando. Yo… Quiero ser la que te diga sobre mamá.

— ¿Qué?

—Vanya, ella… murió.

—Pensé que esperaríamos un poco.

—Fueron esos psicópatas de anoche. La mataron. La vimos esta mañana. Y


escucha… Lo que dije anoche…

—No te preocupes por eso.


—Tengo tus llaves.

— ¿Por qué tienes mis llaves?

—Es una larga historia. ¿Quieres ir por un trago?

—Sí.

—Odio las chispas. Quizás solo odio las donuts. ¿Qué hacemos aquí?

— ¿Otro vaso?

—Dios, sí. Por favor. Gracias. El mundo se acaba. Todo esto, toda esta… gente va a
morir y no tienen… ni idea.

—No se trata de un contrato incumplido.

— ¿Qué?

—El hijo de perra intenta cambiar el futuro.

—Así que no solo vamos a matarlo.

—Acabaremos con la guerra. Vamos, regresemos con cómo-se-llame.

—Klaus. Klaus. ¡Klaus! ¡Klaus!

— ¡Vete! ¡Papá, déjame salir! ¡Papá!

—Klaus. Klaus. Respira. Estás en la peor parte ahora. Intenta mantenerte en calma.
No puede escucharte. ¿Sabes cuál es la peor parte de estar muerto? Estás atrapado.
No tienes adónde ir. Como cambiar. Eso sí que es una tortura. Ver cómo tu hermano
no valora todo lo que perdiste, y lo desperdicia.

—Aterrador, ¿no?

—Definitivamente. ¿Encontraste algo?

—El inspector de incendios dice que la velocidad del fuego indica que usaron agentes
flamables. Y… Encontramos esto.

—Lleva eso al laboratorio de inmediato. Volveré enseguida.


Motel Luna.

—Tu hermano te manda saludos.

—Ha estado perdido desde ayer. Debo encontrarlo.

—Hijos de perra.

Biblioteca pública de Argyle.

— ¿Encontraste algo?

—No. ¿Quieres saber por qué me fui?

— ¿Qué? ¿De qué hablas?

—Por qué me fui de la academia.

—Porque no aguantabas que fuera el Numero Uno.

—No. Porque eso haces cuando tienes 17 años. Te mudas, creces, tomas el control de
tu vida.

—Por supuesto. Eres todo un adulto.

—Al menos tomo mis propias decisiones. Nunca has tenido que buscar trabajo. Pagar
cuentas. ¿Has estado con una chica?

—No sé de qué hablas…

—Mira, quieres culparme, culparnos… por irnos, hazlo. Pero quizás te haces la
pregunta equivocada. Quizás no es por qué me fui. Quizás es por qué te quedaste.

—Me quedé porque el mundo me necesitaba.

—Te quedaste porque te aferraste al pasado. A la academia. A papá. A Allison. Papá


está muerto. Ahora mamá también. Somos huérfanos de nuevo. Y las cosas nunca
volverán a ser como eran antes.

— ¿Alguna vez dejas de hablar?

— ¿Dónde están sus padres?


—Vaya, eso fue fácil.

—Llamaré a seguridad.

— ¿Está…?

—Está muy borracho.

—Leonard no lo haría. Ni lo puedo imaginar.

—Lo entiendo. Tampoco yo, pero ¿por qué te diría que iba a trabajar y en lugar de
eso se mete a tu casa?

—Para usar el baño, como dijo.

—O para husmear.

—No lo haría.

— ¿Hurgar entre tus cosas? ¿Quizás robar algo? Digo… ¿Masturbarse sobre tu osito
de peluche?

—No, para.

—Mira, siento ser la que te diga esto, pero a veces los hombres son una mierda.

—Bueno, quizás. Pero… me gusta este. Sé que es raro porque solo nos hemos
conocido por pocos días, pero… Sentí que él era sincero. Como que vio algo en mí
que nadie más ve.

—Sé cómo se siente eso. Dios, no me he sentido así desde que era niña.

— ¿Luther?

— ¿Alguien más lo sabe?

—Soy la última persona que debería hablar por todos, pero… Siempre lo sospeché.
Ustedes eran tan cercanos.

—Sí, pues él no me habla tampoco. Aquí estamos.

— ¿Por ser hermanas?


—Por ser hermanas.

— ¡Idiota!

— ¿Qué?

— ¡No pusiste el aviso de “No molestar” en la puerta!

— ¡Lo hice! Sé que… ¡Mierda!

No molestar.

—Dios mío. Sigue aquí. Hola. ¿Qué está diciendo?

— ¿Qué estás diciendo?

—Ustedes dan más miedo sin las máscaras.

—Así no se saluda a los viejos amigos, ¿cierto?

— ¿No podemos terminar la noche? Ya les di lo que querían. Solo, por favor… Por
favor, déjenme ir. Por favor.

—Técnicamente queremos a tu hermano. ¿Está aquí?

—Tienes que ser más específica respecto a eso. Ya les dije. No vendrá. Nadie lo hará.

—Número Cinco ya lo sabe. Le dejamos un mensaje. Y cuando venga por ti,


estaremos listos.

—Bienvenido de vuelta a la tierra de los vivos, Número Cuatro.

— ¿Ya me puedo ir?

— ¿Has superado tu miedo a los muertos? Debes tomar el control de tu vida, Número
Cuatro. O ella tomará el control de ti.

—Por favor, quiero ir a casa.

—Tres horas más.

— ¡No! ¡No me dejes! ¡Váyanse! ¡Papá!


—Estabas ahí otra vez, ¿no?

—No, no, no…

—Tengo razón para creer que dos criminales están en este motel.

— ¿Solo dos?

—Necesitaré echar un vistazo.

—Este es un lugar de pago por hora. No ofrecemos servicio de cuatro estrellas,


pero… sí la privacidad total en cuanto a mí… y del hombre. Perdón. Mujer.

—Es una mierda.

—Son tus reglas. No mías. ¿Crees que no he leído la constitución?

—No creo que puedas leer.

—Regresa con una orden.

— ¡Golpéalo! ¡Vamos! ¡Vamos! Línea de Boxeo. Habla Al.

—Busco a Diego Hargreeves.

—No está.

—Dígale que llamó la detective Eudora Patch. Creo que encontré a su hermano.
Dígale que me encuentre en 4535 Callhoun lo más pronto posible.

—Espera, espere.

—Necesito de su ayuda.

—Bueno, señora. Le diré que llamó.

—No podemos volver a casa. No es seguro. Los psicópatas podrían volver.

—Yo vivo más cerca. Nadie lo buscará ahí.

—Si me vomitas encima…


— ¿Sabes qué es gracioso? Paso por la pubertad. Dos veces. Bebí la botella entera,
¿no es así? Eso es lo que haces cuando el mundo que amas desaparece. ¿De qué están
hablando?

—Dos tipos con máscaras atacaron la academia anoche.

—Vinieron a buscarte. Así que concéntrate. ¿Qué quieren?

—Hazel y Cha-Cha.

— ¿Quiénes?

—Odio los nombres clave.

—Lo mejor de lo mejor. A excepción de mí, claro.

— ¿Lo mejor de qué?

—Sabes, Dolores dice que odia cuando bebo. Debí llamarla Shirley.

— ¡Oye! Concéntrate. ¿Qué quieren Hazel y Cha-Cha? Solo queremos protegerte.

— ¿Protegerme? No necesito tu protección, Diego. ¿Sabes a cuántas personas he


matado? No. Soy el cuarto jinete del apocalipsis. El apocalipsis se acerca.

—Jesús.

—Mírala. Mira cómo los ve. Es una de sus víctimas. Podemos usar esto. Vamos. No
has estado tan sobrio desde que eras adolescente y decidiste alejarte de los espíritus.
Es tu oportunidad, Klaus. De controlarlos, aprender sus secretos. Intenta hablar con
ella.

—Hola. Hola… ¿Cómo te llamas?

—Zoya Popova.

—Es un bonito nombre. ¿Puedes decirme qué pasa?

—Lo que pasa es que si no te callas, te cortaré la lengua con una cucharilla.

—Zoya Popova.

— ¿Qué dijo?
—Zoya Popova.

—Una vieja rusa, pequeña, con cojera. Está muy molesta con ustedes.

—Me encanta tu apartamento.

—Estoy segura que es más pequeño que uno de tus armarios, pero…

—No, en serio. Me encanta.

—Voy a revisar las cosas, asegurarme de que todo está en su lugar.

— ¿Tienes pants? Vamos a necesitar… pants. Pasas cubiertas de chocolate.

—Dios mío.

— ¿Qué son esas?

—Son de Leonard.

—“Me gustas y no pediré perdón”. No lo entiendo.

—Es un chiste privado.

— ¿Hola?

—Hola, recibí las flores. Muchas gracias.

—Qué bien. Para ser honesto, estaba preocupado.

— ¿Por qué?

—No supe nada de ti. Pasó algo incómodo hoy temprano con tu hermana.

—Está bien. Ella sabe que fue un malentendido. ¿Desayunamos juntos mañana?

—Sí. Sí, me gustaría.

—Bueno, te llamaré en la mañana.

—Bueno. Adiós.
Hargreeves, Vanya. Dos tabletas diarias.

—Ella me cortó las manos y me dejó desangrándome en la bañera.

—Me llevó a un templo, me cortó la garganta, vio cómo me desangraba.

—Se escabulló en mi habitación, puso una almohada sobre mi rostro y me dijo que no
me moleste en rezar.

—Conectaron cables a mis pezones y me electrocutaron por horas.

—Fingió tener problemas con su auto y cuando me detuve a ayudar, me atropelló.


Hacia adelante, en reversa. Luego vio a mi esposa esperándome en el auto. Ella huyó.

—Cállense, cállense. Todos cállense, por favor. Cállense. Jesús, ustedes son peor que
las drogas.

— ¿Cómo es posible que sepa lo de Zoya Popova?

—Quizás lo adivinó. No sé. ¿A quién le importa? Murió. Concéntrate. El pequeño


psicópata podría aparecer. ¿Quieres que nos reduzcan el sueldo otra vez, decirles que
no lo matamos y enfrentar las consecuencias? ¡Cálmate, ya!

— ¿Los Alpes Suizos? ¿Cuál eres tú? ¿Cha-Cha o Hazel?

—Hazel.

—Jan Mueller. ¿Lo recuerdan? Alpes Suizos. El y su esposa regresaban de un viaje


de esquí.

—Lo recuerdo. Hacia adelante, en reversa.

— ¡Sí, ese es! ¡Sí! Y su esposa… se escapó por el callejón. Dice que gracias.

— ¿De qué está hablando?

—No sé.

—Está tan agradecido contigo, Hazel, por haber perdonado la vida de su esposa. Tal
vez todavía hay esperanza para él. ¿No lo creen?

— ¡Al baño, ahora!


—Bien hecho.

—Gracias.

—Siéntate. Dijiste que la mataste en el callejón. ¿Cómo que la dejaste ir?

—Vamos, no seas ridícula. ¿Crees que haría algo así? Yo solo… Estaba aburrido.
Pensé que le daría ventaja para hacerlo más emocionante.

— ¿Emocionante? Espera, entonces… ¿el niño de Tokio de verdad se perdió? ¡Por


Dios, Hazel!

—Jan dice que eres un verdadero mensch, Hazel. Dice que fuiste un gran… No. ¡No!
¡No!

—Al diablo.

—Cállate.

— ¿Qué diablos está pasando contigo? No estás… Especialmente en este trabajo.


Estás distraído. Pensé que estábamos juntos en esto. Hasta el final.

—Lo estamos. Lo siento.

— ¿Eres el hermano de Diego? Soy la detective Patch. ¡Policía! ¡Suelta el arma o


disparo!

—Estoy saliendo. No dispares.

—Manos detrás de la cabeza.

—Sí. Solo no dispares.

—Hazel.

—No pudo haber ido lejos.

—Eso no es el único problema.

—El maletín.

— ¡Mierda!
—Ojalá que sea dinero. Solo dinero. O… un tesoro. Diamantes.

—Qué gracioso. Si no supiera que es un imbécil, diría que se ve lindo cuando


duerme.

—Tranquilo. Volverá a estar sobrio eventualmente. De vuelta a su estado


desagradable.

—No puedo esperar tanto. Debo saber cuál es su conexión con esos locos antes de
que muera alguien más.

—Todo lo que dijo antes… ¿A qué crees que se refería?

—Me lanzas otro de esos malditos cuchillos y levantaré cargos.

— ¿Qué quieres, Al?

—No soy tu secretario. Una chica te llamó, dijo que necesita tu ayuda.

— ¿Qué chica?

—No sé. Una detective. Creo que dijo que su nombre era Blotch o algo así.

— ¿Patch? Necesita mi ayuda.

—Necesita que te encuentre con ella en ese motel, un basurero en Callhoun.

— ¿Cuándo?

—Hace media hora. Dijo que encontró a tu hermano.

—Eso no tiene sentido. Klaus.

—Klaus. Ve. Yo esperaré con… él.

— ¿Klaus? ¡No, no, no! ¡Eudora! ¡Eudora! ¡No, no, no! Estaba en camino. ¿Por qué
no esperaste? Debo irme, ¿sí? No puedo quedarme aquí, ¿sí?

También podría gustarte