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Retos Urbanos y Cambio Global

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nº 130

DE RELACIONES ECOSOCIALES Y CAMBIO GLOBAL


Verano 2015

Director - Santiago Álvarez Cantalapiedra


Jefa de redacción - Lucía Vicent Valverde

Consejo de redacción Comité asesor


Luis Enrique Alonso (Universidad Autónoma de Madrid) Daniele Archibugi (Universidad de Londres)
Tanja Bastia (Universidad de Manchester) Pedro Ibarra (Universidad del País Vasco)
Óscar Carpintero (Universidad de Valladolid) Isabell Kempf (Oficina del Alto Comisionado
José Luis Fernández Casadevante (Cooperativa Garua) para los Derechos Humanos)
Javier Gutiérrez Hurtado (Universidad de Valladolid) Bichara Khader (Universidad de Lovaina)
Yayo Herrero (FUHEM) Michael T. Klare (Hampshire College)
Jordi Mir (Universitat Pompeu Fabra) Saul Landau (California State University)
José Manuel Naredo (Cuerpo Superior de Estadísticos Maxine Molyneux (Universidad de Londres)
del Estado) Gaby Oré (Centro por los Derechos Económicos
María E. Rodríguez Palop (Universidad Carlos III) y Sociales)
Helena Villarejo (Universidad de Valladolid) Nieves Zúñiga (Universidad de Essex)
Olga Abasolo (Socióloga)

PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global es una revista trimestral publicada desde 1985
por FUHEM. Con una mirada transdisciplinar, la revista aborda temas relacionados con la sosteni-
bilidad, la cohesión social y la democracia, con la paz como eje transversal del análisis.

La revista está recogida sistemáticamente por las bases de datos: LATINDEX, DIALNET, DICE,
ISOC-Ciencias Sociales y Humanidades, RESH, ARCE

© FUHEM. Todos los derechos reservados


FUHEM - Ecosocial
Duque de Sesto 40, 28009 Madrid
Teléf.: (+34) 91 431 02 80 – Fax: (+34) 91 577 47 26
fuhem@[Link]
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I.S.S.N. - 1888-0576
Depósito legal - M-30281-1993

© de las ilustraciones: Javier Muñoz y Jon G. Balenciaga


Imagen de portada: “Planeta urbano, satélite rural”, Jon G. Balenciaga

Esta revista recibió una ayuda a la edición del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en 2015.

Para solicitar autorización para la reproducción de artículos publicados, escribir a FUHEM Ecosocial.
Las opiniones de los artículos publicados no reflejan necesariamente las de FUHEM Ecosocial y
son responsabilidad de los autores.

Impreso en papel ecológico como parte de la política de buenas


prácticas en materia de sostenibilidad de FUHEM.
INTRODUCCIÓN
Hacer frente al proyecto urbanizador del capital 5
Santiago Álvarez Cantalapiedra

ENSAYO
¿Reproducción o contrahegemonía? ¿Puede contribuir
la Universidad al cambio ecosocial? 13
Rafael Díaz-Salazar

ESPECIAL
PROBLEMAS Y DESAFÍOS
DEL MUNDO URBANO
La invisibilización urbana de las clases populares 29
Jean Pierre Garnier
Financiación local. Apuntes para un cambio
en el modelo 47
Bernardino Sanz y David Bustos
Endeudamiento urbano. La insostenibilidad social
de la deuda municipal de Madrid 63
Carlos Sánchez Mato
Inmigrantes en ciudades globales. El caso de Madrid
Colectivo Ioé
75 SUMARIO
La trascripción espacial del empobrecimiento general.
Los barrios como el sumidero de los desechos
de la crisis 89
Víctor Renes Ayala
La ciudad por la que merece la pena luchar 103
Vicente Pérez Quintana

PANORAMA
El hambre como producto de las políticas
de ajuste en los países del Sur de Europa 115
José Ramón González Parada y Carlos Gómez Gil
Reformas fiscales y pérdida
de progresividad del sistema tributario 125
Víctor A. Luque De Haro y Miguel Ángel Luque Mateo

3
Sumario

PERISCOPIO
Un mundo nuevo en el corazón de las ciudades.
Iniciativas comunitarias que anticipan nuevas
formas de habitar lo urbano 143
José Luis Fernández Casadevante

ENTREVISTA
Entrevista a Jon E. Illescas sobre industria
cultural y videoclips 155
Salvador López Arnal

DIÁLOGO
Controversias en torno a la pobreza energética.
Diálogo entre el centro de investigación
Economics for Energy (EfE) y el Observatorio
Crítico de la Energía (OCE) 169
José Bellver

INÉDITO
Prólogo para la traducción catalana de
El Capital (1983) 181
Manuel Sacristán Luzón

LIBROS
Economía, poder y política. Crisis y cambio
de paradigma, José Manuel Naredo 189
Agustín Pedrazzoli
Autoconstrucción. La transformación cultural que
necesitamos, Jorge Riechmann 190
José Sebastián Carrión García
La sociedad de coste marginal cero. El internet de
las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse
del capitalismo, Jeremy Rifkin 192
Carmen Madorrán
Raíces en el asfalto. Pasado, presente y futuro de
la agricultura urbana, José Luis Fernández Casadevante y
Nerea Morán Alonso 195
Luis González Reyes

4
INTRODUCCIÓN
Hacer frente al proyecto
urbanizador del capital

L a relación entre el mundo urbano y el rural se está transformando


radicalmente. El campo se está urbanizando y, entre sus pobladores,
cada vez hay menos campesinos. Se integra en la oferta consumista
urbana convirtiéndose en un lugar para el disfrute de los fines de sema-
na y días de ocio de una población confinada el resto del tiempo en la
ciudad. Las demandas de la vida urbanizada marcan los ritmos y las acti-
vidades del mundo rural, como muestran los cambios en su papel, toda-
vía central, de suministrador de mercancías agrícolas a los mercados
urbanos, ahora plenamente integrado en un esquema globalizado de
industrialización alimentaria muy alejado del de las economías campesi-
nas que antaño contaban con relativa autonomía para determinar qué,
cómo y para quién producir. La colonización del espacio rural es conse-
cuencia de un proceso metropolitano cuyos impulsos van más allá de los
que despliega en la propia ciudad.

Contemplar el mundo rural y urbano por separado es un error en el


momento en que se difuminan las diferencias entre ambos. Por este

de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 5-10
5
Introducción

motivo dedicamos dos números consecutivos de la revista PAPELES a los desafíos y pro-
blemas presentes en estos ámbitos, empezando por lo que acontece en el espacio urbano.

La organización capitalista del espacio


Ambos mundos son el resultado de cómo organiza el espacio el capitalismo. Este se ha des-
arrollado históricamente en las ciudades. En ellas se encontraba la mano de obra necesa-
ria y los potenciales consumidores que anticipaban la formación de un mercado interior que
la instauración de los Estados-nación se encargaría de ensanchar antes de dar el salto, a
través de sucesivas fases de internacionalización, al espacio mundial. La globalización ha
dado lugar a un mar de urbanidad con islotes rurales en continuo retroceso. El desarrollo
capitalista desenfrenado, señala David Harvey, promueve un proceso que da salida al «capi-
tal sobreacumulado ávido de inversión en un crecimiento urbano raudo e ilimitado sin impor-
tarle cuáles sean las posibles consecuencias sociales, medioambientales o políticas».1 De
este modo, el resto del territorio no urbanizado queda redefinido de forma subalterna, como
mero proveedor de recursos y sumidero de desechos, desprovisto de identidad y cultura
propia, desposeído radicalmente, no sólo de lo que tiene, sino también de lo que es.

La evolución de las ciudades


Pero más allá de lo que pueda significar el proceso urbanizador en la absorción del capital
excedente, también las diferentes fases por las que ha transcurrido el capitalismo han hecho
evolucionar el papel de las ciudades: «En un primer estadio, en el capitalismo de produc-
ción, la urbe hizo las veces de un campamento donde habitaba el ejército laboral de reser-
va. Más tarde, en el capitalismo de consumo, la ciudad fue el lugar donde brillaban los obje-
tos de deseo. Ahora, en el capitalismo de ficción, la ciudad deja de ser contenedor para ser
ella misma, en cuanto objeto, la que ingresa en el proceso de producción».2 Sin eludir atri-
butos de otras épocas, las ciudades en la fase del capitalismo cultural (o de “ficción” como
lo denomina Vicente Verdú) aspiran a ser “ciudades globales” que funcionan como platafor-
mas organizativas y nodos principales de una red de interconexiones desarrolladas a esca-
la planetaria o, si acaso no lo logran, meros destinos turísticos una vez reconstruidas como
escenario teatral al servicio del show business. En uno u otro caso, la ciudad, además de
espacio mercantilizador, queda convertida en espacio mercantilizado (bien como mercancía
para la producción de otras mercancías, bien como mercancía final ofrecida para ser degus-
tada en la sociedad del entretenimiento).

1 D. Harvey, Ciudades rebeldes, Akal, Madrid, 2013, p. 13.


2 V. Verdú, El estilo del mundo, Anagrama, Barcelona, 2003, p. 40.

6 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 5-10
Sometida a estas tendencias se hace difícil concebir la ciudad como un espacio común
de relación y convivencia centrada en las necesidades de las personas que la habitan. Más
bien, al contrario, bajo el dominio del capital urbanizador se va imponiendo –como se ha
señalado ya en otras ocasiones en esta revista–3 un modelo metropolitano segregado, pri-
vatizado y securitizado que obstaculiza la participación ciudadana y la cohesión social y
hace imposible la sostenibilidad ambiental, pudiéndose observar todo ello con mayor clari-
dad a través de algunos fenómenos que emergen, si bien con fuerza desigual, en las ciu-
dades contemporáneas.

Ciudad dispersa: deterioro de la confianza y


segregación social
El primero de estos fenómenos tiene que ver con la forma en que se despliega sobre el terri-
torio la moderna metrópoli como urbe apaisada y sin confines que crece como antítesis de
la idea tradicional de ciudad acotada, abarcable y ordenada. Aunque con un mayor grado
de desarrollo en Norteamérica que en Europa, la fórmula de ciudad extensa ha modificado
los perfiles urbanos de nuestro país de la mano de la reciente burbuja financiero-inmobilia-
ria. Siendo esta la principal causa de su desarrollo, también se ha visto impulsada por fac-
tores de orden cultural, como el modelo de movilidad basado en el automóvil privado y las
preferencias hacia viviendas más amplias y con nuevos estándares derivadas de la moda
del adosado entre las clases medias. Ha significado, por otra parte, un aumento de las dis-
tancias entre los lugares de trabajo, ocio, compra y residencia, contribuyendo con ello a que
una parte significativa de la vida de muchas personas se dedique a recorrer, aislados en el
interior de su vehículo, los itinerarios que unen esos lugares. Pero, sobre todo, ha incidido
en la modificación de la estructura monocéntrica, radial, heterogénea y conectada en sus
elementos a través del carácter extrovertido de los barrios, que caracterizaba hasta hace
poco a la ciudad. En su lugar, está surgiendo una realidad urbana policéntrica con numero-
sos espacios diseminados hacia donde se desplazan los ciudadanos de acuerdo con la acti-
vidad que en cada momento les toca desempeñar, originando aglomeraciones puntuales en
grandes centros comerciales y de ocio o en parques administrativos y empresariales que
congestionan el viario que los conecta con las zonas residenciales.

En este modelo de ciudad desaparecen muchos de los elementos que identificaba Jane
Jacobs como indispensables en la vitalidad de las ciudades y que contribuyen a que la gente
se sienta parte de la comunidad y más feliz con su entorno. Frente a un tejido urbano que
parece hilado de numerosos “espacios de anonimato” (o “no lugares”, como los denomina
3 PAPELES ha abordado la cuestión urbana desde diferentes prismas en el núm 106: «La ciudad, una cuestión de derechos»,
en el núm. 111: «Tendencias y alternativas urbanas» y, más recientemente, poniendo el foco en la apuesta municipalista, en
el núm. 129 dedicado a «Municipios y participación ciudadana».

Introducción 7
Introducción

Marc Augé)4 poco propicios para los contactos continuados, Jacobs resalta el papel funda-
mental del encuentro habitual entre vecinos y conocidos con el tendero local y las familias
del barrio, así como la importancia de la existencia de mercados callejeros, plazas y parques
públicos que se puedan frecuentar con seguridad y comodidad, por ser estos ámbitos los
que proporcionan un sentimiento de continuidad y responsabilidad entre los residentes: «La
suma de esos contactos ocasionales y públicos en el plano local –la mayoría de ellos for-
tuitos y asociados a los recados, determinados todos ellos por la persona interesada y no
impuestos por nadie– equivale a un sentimiento de identidad pública de la gente, una red de
respeto y confianza y un recurso para tiempos de necesidad de las personas y el barrio».5

El deterioro de la confianza resulta mortal para la vida de las ciudades, pues son siem-
pre un proyecto colectivo y, como señalaba Tony Judt, no hay empresa colectiva que no
requiera confianza: «La falta de confianza es incompatible con el buen funcionamiento de
una sociedad […][Además] la confianza no se puede institucionalizar. Una vez que se des-
gasta es prácticamente imposible restablecerla. Y ha de ser alimentada por la comunidad
–la colectividad–, pues ninguna persona puede imponer a los demás, ni siquiera con las
mejores intenciones, una confianza recíproca».6 La desconfianza es el mejor caldo de culti-
vo del miedo, y el miedo, como señala Bernardo Sechhi, desarrolla la intolerancia rompien-
do la solidaridad, que a su vez retroalimenta a la propia política urbana segregadora neoli-
beral: «gran parte de la heterogeneidad y fragmentación espacial de la ciudad contemporá-
nea hunde sus propias raíces en sucesivos movimientos de rotura del sistema de solidari-
dad y en el correspondiente emerger de sistemas de intolerancia, ya sean de carácter sani-
tario, religioso, étnico o cultural, o tengan que ver con diferentes modos de vida o niveles de
renta, hábitos de consumo o cuestiones relativas a las características del espacio habitable
[…] hoy la cuestión urbana se manifiesta cada vez más como explosión de nuevos sistemas
de intolerancia».7

Privatización de espacios urbanos


Así, pues, no resulta extraño que proliferen tantos ejemplos extremos del nuevo urbanismo
segregador. Cada vez son más frecuentes las comunidades residenciales rodeadas de
muros que limitan la libre circulación de los no residentes. Son la manifestación más clara

4 M. Augé, Los “no lugares”. Espacios del anonimato, editorial Gedisa, Barcelona, 1993. Con “no lugares” el autor se refiere a
esos espacios descontextualizados e indiferenciados donde no es posible leer la identidad, la relación y la historia, ámbitos
cada día más numerosos en los que pasamos un tiempo creciente de nuestras vidas (aeropuertos, estaciones, intercambia-
dores de trasporte, centros comerciales, hoteles, complejos resort, pantallas y tabletas digitales, etc.).
5 J. Jacobs, The Death and Life of Great Cities, Vintage Books, Nueva York, 1961, p. 56.
6 T. Judt, Algo va mal, Taurus minor, Madrid, 2013, p. 73.
7 B. Secchi, La ciudad de los ricos y la ciudad de los pobres, Catarata, Madrid, 2015, p.36.

8 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 5-10
de cómo la desconfianza ha logrado plasmarse en el ámbito urbano. Las gated communi-
ties norteamericanas, los condominios latinoamericanos o las urbanizaciones residenciales
privadas europeas, vigiladas las veinticuatro horas, son espacios en los que se busca una
seguridad y una calidad ambiental que el resto de la ciudad no ofrece. En el fondo no repre-
sentan más que una vía de autoexclusión de los sectores sociales más prósperos en forma
de solución particular a los problemas generales. Vienen a ser la otra cara de los procesos
de expulsión de la ciudad: si los pobres y las clases sociales populares quedan confinados
en espacios degradados e inseguros, los ricos se retiran voluntariamente a reductos donde
poder vivir de espalda a los problemas generales. El particular estatus jurídico de estas
urbanizaciones así lo revela. En dichas comunidades se redactan ordenanzas propias para
regular los acuerdos, las condiciones y las restricciones a la convivencia al margen de las
que rigen en el resto del espacio urbano. Constituye «un estado de suspensión del orden
jurídico-institucional del Estado al que pertenece; es lugar de nuevas y específicas formas
de gobernanza construida ad hoc y aceptada en un pacto de mutuo acuerdo por sus habi-
tantes; es Estado dentro del Estado. Los aspectos jurídicos-institucionales de la gated com-
munity son tan importantes como los físico-espaciales».8

Mercantilización de la vida urbana


Pero, en todo caso, lo que surge no es más que un modo de Estado privatizado a resultas
de la inhibición ante el contrato social público que queda desplazado por la adhesión a un
contrato mercantil privado. Porque como ha señalado oportunamente Jeremy Rifkin, lo que
expresan estas fórmulas de aislamiento en comunidades compuestas de personas con esta-
tus socioeconómico parecido y con las mismas ideas acerca de la vida urbana es la mer-
cantilización de las relaciones y experiencias humanas. El fenómeno creciente de estas for-
mas de residencia «dice mucho del cambio en una forma de pensar que ha colocado en su
centro los valores comerciales y ha arrojado a la periferia de la vida humana los valores cívi-
cos. Para un número creciente […] el hecho de que ahora la comunidad sea un producto
que podemos comprar, en vez de algo que creamos nosotros mismos, es una muestra de
cuán profundamente han penetrado los valores del mercado en la vida personal».9

Otras expresiones de la mercantilización del espacio público, revestidas esta vez de for-
mas de colaboración con el sector privado con la supuesta intención de revitalizar determi-
nados espacios urbanos, son las fórmulas de asociación que dan lugar a los «centros
comerciales abiertos» en los cascos históricos de las ciudades o las áreas de dinamización
8 Ibidem, pp. 50-51.
9 J. Rifkin, La era del acceso, Paidós, Barcelona, 2000, p. 170. En el capítulo 7, «El acceso como estilo de vida», Rifkin des-
cribe y analiza de manera particular el papel de las comunidades exclusivas, conocidas en los EEUU como ‘common-interest
developments’.

Introducción 9
Introducción

empresarial asemejadas a las iniciativas anglosajonas denominadas Business Improvement


Districts (BID).10 Son estrategias que reflejan los cambios que en el gobierno local y la ges-
tión urbana ha provocado la aplicación de las políticas neoliberales, concebidas para el con-
sumidor en vez de para el ciudadano desvirtuando el carácter público de calles y plazas al
reconvertirlas en lugares mercantilizados.

Afortunadamente hay quien ha decidido hacer frente al proyecto urbanizador del capital.
La nueva política que encarnan las agrupaciones electorales municipalistas que han acce-
dido recientemente al gobierno de muchos ayuntamientos de nuestro país abre una puerta
a la esperanza de que se pueda recuperar la ciudad como espacio común para los ciuda-
danos.

Santiago Álvarez Cantalapiedra

10 Un interesante análisis de las razones de la proliferación de estas fórmulas y de las consecuencias de su implantación, se
puede consultar en el artículo publicado en la primavera del 2008 en esta misma revista: H. Villarejo, «Espacios públicos
gobernados privadamente», PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 101, pp. 101-116. (Descarga libre en:
[Link]

10 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 5-10
Ensayo

¿Reproducción o contrahegemonía? ¿Puede contribuir


la Universidad al cambio ecosocial? 13
Rafael Díaz-Salazar

11
RAFAEL DÍAZ-SALAZAR

¿Reproducción o contrahegemonía?
¿Puede contribuir la Universidad
al cambio ecosocial?

En este texto se analizan las contribuciones que la Universidad puede realizar


a la transformación social mediante un conjunto de propuestas formuladas
desde una perspectiva ecológica. Propiciar la creación de un espacio universi-
tario que promueva una relación institucionalizada, fluida y constante con
aquellas organizaciones y movimientos sociales implicados en el cambio eco-
social resulta fundamental para llevar a cabo la transición necesaria y desli-
garse de su colonización por los requerimientos capitalistas del Estado, los
bancos y las empresas.

E l análisis de los roles de la Universidad en los procesos de dominación y


transformación social requiere plantear el tema de la relación del conocimien-
Rafael Díaz-Salazar
es profesor de
to con los intereses y las necesidades de las diversas clases sociales, grupos Sociología en
la Universidad
e instituciones que forman una sociedad determinada. Debemos preguntar- Complutense de
nos a quiénes sirve el conocimiento producido y difundido por la Universidad, Madrid
qué intereses sociales son satisfechos, qué necesidades son cubiertas, qué
capacidades son generadas, qué problemas sociales son investigados. En
definitiva, a qué clases sociales, grupos e instituciones empodera la
Universidad y a quiénes no llega el capital cultural, científico y tecnológico que
ella crea.

Desigualdades y reproducción social a través de


la Universidad
La Universidad, a pesar de su crisis institucional, sigue siendo un potente apa-
rato de hegemonía que fortalece a unas determinadas clases sociales y con-
tribuye a la dominación de otras. Numerosos sectores sociales han estado y

de relaciones ecosociales y cambio global 13


Nº 130 2015, pp. 13-26
Ensayo

siguen estando desposeídos del capital cultural universitario. Sobre esta cuestión, Thomas
Piketty ha afirmado lo siguiente en El capital en el siglo XXI:

«La desigualdad de acceso a la enseñanza superior es una de las cuestiones más importantes
que debe afrontar el Estado social en el siglo XXI […] Sería ingenuo imaginar que basta la gra-
tuidad (de acceso) para resolver todos los problemas. A menudo la selección financiera es susti-
tuida por mecanismos de selección sociocultural más sutiles, como los analizados por Pierre
Bourdieu y Jean-Claude Passeron en Les Héritiers».1

Tradicionalmente, la Universidad ha estado al servicio de la creación y reproducción de


las élites dominantes y dirigentes. Es cierto que, en los últimos decenios, la base social de
bastantes universidades se ha ampliado gracias a políticas educativas que han hecho posi-
ble el acceso de un porcentaje de jóvenes provenientes de la clase obrera, del campesina-
do y de las nuevas clases medias. Sin embargo, todavía las desigualdades educativas son
muy fuertes y el origen de clase es determinante a la hora de acceder a los estudios uni-
versitarios. Thomas Piketty muestra con múltiples datos empíricos que las desigualdades
económicas y las desigualdades educativas se retroalimentan. El aumento de la matricula-
ción de hijos de la clase obrera, del campesinado y de la clase media baja en los diversos
niveles de enseñanza no ha roto el sistema de reproducción social que permite mantener
las formas de dominación capitalista:

«[…] ¿la masificación de la educación permitió una renovación más rápida de los ganadores y de
los perdedores en la jerarquía de las calificaciones con respecto a una desigualdad inicial? Según
los datos disponibles, la respuesta parece ser negativa: la correlación intergeneracional de los
diplomas y de los ingresos del trabajo, que calcula la reproducción en el tiempo de las jerarquías,
no parece manifestar una tendencia a la baja a largo plazo, e incluso habría tenido una predis-
posición a aumentar durante el período reciente».2

Desde que el neoliberalismo se convirtió en el paradigma dominante en economía, polí-


tica y educación, asistimos a nuevas formas de segregación escolar que se inician en la
enseñanza primaria y llegan hasta la Universidad. Salvo excepciones notables en algunos
países, se impone una doble red. La primera se caracteriza por una enseñanza universita-
ria de escasa calidad determinada por causas diversas, entre las que destacan la baja inver-
sión pública, la masificación de las aulas, el déficit educativo de la enseñanza secundaria y
las carencias del profesorado. Evidentemente, no se puede generalizar y siempre hay dis-
ciplinas académicas y profesores con gran calidad, pero son excepciones que confirman la
regla general. La segunda red se caracteriza, sobre todo, por los estudios universitarios de

1 Th. Piketty, El capital en el siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2014, p.537.
2 Th. Piketty, op. cit., 2014, pp. 534-535.

14 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 13-26
¿Reproducción o contrahegemonía?

postgrado en instituciones de élite que son las que verdaderamente forman a quienes van
a dirigir social, política, ideológica y económicamente a los países. El capital cultural y el
capital económico necesario para acceder a estas universidades es una barrera importantí-
sima que sólo los héritiers, según la terminología de Bourdieu y Passeron, pueden franquear
salvo excepciones, claro está, que requieren apoyos públicos institucionales.3 Por estas
razones, Piketty afirma que el poder de la oligarquía busca su legitimación en la meritocra-
cia que se obtiene a través del éxito escolar en universidades exclusivas que reproducen las
élites y capacitan para seguir formando parte de la clase dominante y dirigente o incorpo-
rarse a ella.4

La Universidad no puede ejercer sus roles de enseñanza e investigación


al margen de esa estructura de clases y de los grupos de
poder económico, político e ideológico que la configuran

El innegable aumento de la matriculación universitaria en los países de capitalismo


avanzado ha servido para aumentar el nivel de instrucción escolar y para cualificar a emple-
ados, aunque en muchas ocasiones desempeñen trabajos no relacionados con sus estudios
universitarios o estén en el paro. En algunos países esto ha favorecido cierta movilidad
social y en otros el impacto del aumento de este tipo de matriculación no ha tenido gran inci-
dencia en el cambio de la estructura de clases sociales.

La Universidad está dentro de una estructura social y económica determinada y no


puede ejercer sus roles de enseñanza e investigación al margen de esa estructura de cla-
ses y de los grupos de poder económico, político e ideológico que la configuran. Es más,
esos grupos desean un tipo específico de Universidad que sea útil para la reproducción de
su hegemonía y de su poder de clase. Un nuevo modelo de Universidad, alternativa a la
dominante en la mayor parte de los países, sólo es posible con un cambio en las relaciones
de poder entre clases y grupos sociales divididos en bloques de dominantes y dominados.
Ese cambio estructural requiere crear un nuevo tipo de Estado y de sociedad civil regulados
ecológicamente.

Mientras esas transformaciones sociales tienen lugar, la Universidad puede contribuir


desde su especificidad al cambio ecosocial y configurarse como un aparato institucional de
contrahegemonía. Esta opción exige tomar decisiones y transformaciones profundas para

3 P. Bourdieu y J. Passeron, La reproduction: èlements pour une theorie du système d’enseignement, Èditions de Minuit, Paris,
2007; P. Bourdieu y J. Passeron, Los herederos: los estudiantes y la cultura, Siglo XXI, Buenos Aires, 2009.
4 Véase el apartado dedicado a Meritocracia y oligarquía en la Universidad, en Th. Piketty, op. cit. 2014, pp.536-539.

Especial 15
Ensayo

romper el statu quo establecido. La mayoría de las universidades no se plantean la cuestión


de si favorecen la reproducción del sistema socioeconómico dominante o contribuyen a la
transformación del mismo y al cambio ecosocial. Es más, su deriva hacia la aceptación de
los requerimientos del mercado y de las empresas como orientadores de la misión y el que-
hacer universitario las está llevando a expulsar en la práctica uno de sus fines más genui-
nos como es pensar en profundidad la orientación y el rumbo de las sociedades. Esta tarea
es especialmente necesaria en un tiempo marcado por la crisis de civilización.5

Entre la reproducción y la emancipación contrahegemónica:


tres modelos de Universidad
Los roles de las universidades son diversos, e incluso, antagónicos; por eso, tenemos que
afrontar los modelos de Universidad imperantes en nuestro sistema-mundo globalizado.
Siguiendo la metodología weberiana de los “modelos tipo”, considero que los dominantes
son tres.

En primer lugar, tenemos el modelo tecnocrático y neoliberal que es el mayoritario. Su


finalidad es preparar profesionales para la organización y funcionamiento de un modelo pro-
ductivo capitalista que necesita personas con alta cualificación. El reto central que se plan-
tean las universidades afines a este modelo es lograr una adecuación de su docencia e
investigación a los requerimientos de la nueva sociedad del conocimiento y de la tecnología
de vanguardia, así como incrementar su relación con las empresas y los gestores del mer-
cado laboral.6 Este tipo de Universidad es muy funcional para la reproducción de la hege-
monía de la clase social dominante y dirigente. Su modelo de investigación y de formación
de profesionales contribuye poderosamente a la reproducción antiecológica del modo de
producción y de organización social imperante en el sistema-mundo.

En segundo lugar, nos encontramos con el modelo humanista y liberal social surgido de
las mejores tradiciones europeas y estadounidenses. Este modelo ha sido desplazado, e
incluso, marginalizado por el modelo anterior. Este tipo de Universidad persigue tres fines:
ofrecer conocimientos profesionales, dar una alta cultura humanística independientemente
de la vinculación específica de los estudios con una determinada profesión, y formar a
quienes por su preparación han de dirigir los destinos de un país desde la dirección de las
principales instituciones de la sociedad civil y del Estado. Su reto principal es lograr crear
élites profesionales cultas y filantrópicas. Este modelo se afana por liberar al quehacer uni-

5 F. Fernández Buey, «Crisis de civilización», PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 105, 2009, pp. 41-51.
6 Sobre este modelo, ver E. Tenti (comp.), Universidad y Empresa, Miño y Dávila, Buenos Aires, 2003; Fundación Banco
Santander (coord.), La Universidad en la sociedad del siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2011.

16 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 13-26
¿Reproducción o contrahegemonía?

versitario de los requerimientos del economicismo y del tecnocratismo. Pone en el centro


de la acción de la Universidad la socialización de los estudiantes en el humanismo culto y
filantrópico, especialmente entre aquellos que cursan carreras relacionadas con la econo-
mía, las ciencias y la tecnología. Su crítica al tipo de profesionales que producen las uni-
versidades tecnocráticas y neoliberales es muy fuerte. De ahí que este modelo universita-
rio humanista liberal haya redescubierto el pensamiento de José Ortega y Gasset, quien ya
en 1930 escribió lo siguiente en su obra Misión de la Universidad: «Este nuevo bárbaro es
principalmente el profesional, más preparado que nunca, pero más inculto también: el inge-
niero, el médico, el abogado, el científico».7 Actualmente, Martha Nussbaum es la más inte-
ligente defensora de un modelo de Universidad humanista arraigada en la mejor tradición
del pensamiento liberal que, por cierto, está alejado y es crítico del neoliberalismo conser-
vador y tecnocrático.8

En tercer lugar, existe un modelo liberador y transformador que desea contribuir al cam-
bio ecosocial y a la construcción de contrahegemonía para transformar la estratificación
social y para orientar la producción, el consumo y las formas de vida desde el ecologismo.
Las universidades de este tipo tienen como finalidad la formación de humanistas y profe-
sionales al servicio de la construcción de Estados de justicia y sociedades civiles articula-
das en torno a los bienes comunes y a la regulación ecológica de la vida. Esto implica dar
más centralidad en la docencia e investigación a las cuestiones relacionadas con la libera-
ción, emancipación y capacitación de las clases sociales y de los grupos más precarizados
y empobrecidos, así como a pensar la transición ecologista. Estas clases y grupos ya no
constituyen un sector excluido y marginal, pues son la expresión de una nueva reconfigura-
ción de la estructura social. Ésta se caracteriza por el crecimiento de profundas desigual-
dades de riqueza, poder, cultura y condiciones de vida, así como por el surgimiento del pre-
cariado y un nuevo sector de familias empobrecidas.9 La crisis ecológica no es una crisis

7 J. Ortega y Gasset, Misión de la Universidad, Edición de Jacobo Muñoz, Biblioteca Nueva, Madrid, 2001 [v.o. 1930], p. 59.
8 Véase M. Nussbaum, El cultivo de la humanidad, Paidós, Barcelona, 2012 y M. Nussbaum, Sin fines de lucro. Por qué la
democracia necesita de las humanidades, Katz, Madrid, 2010. La defensa de una Universidad humanista también es pro-
pugnada por intelectuales de gran valía como Edgar Morin y Zigmunt Bauman, aunque desde posiciones ideológicas que van
más allá del liberalismo clásico. De la abundante obra de Edgar Morin recomiendo: «Universidad», en E. Morin, La mente
bien ordenada: repensar la reforma, reformar el pensamiento, Seix Barral, Barcelona, 2000; Los siete saberes necesarios
para la educación del futuro, Paidós, Barcelona, 2001; Educar en la era planetaria, Universidad de Valladolid, 2002; El méto-
do. La humanidad de la humanidad. La identidad humana, Cátedra, Madrid, 2003; «Reformas del pensamiento y de la edu-
cación», en E. Morin, La vía. Para el futuro de la humanidad, Paidós, Barcelona, 2011 y Para un pensamiento del Sur, 2010
[disponible en: [Link] Acceso el 2 de febrero de 2015]. De la obra de
Zigmaun Bauman son muy recomendables Los retos de la educación en la modernidad líquida, Gedisa, Barcelona, 2008 y
Sobre la educación en un mundo líquido, Paidós, Barcelona, 2013.
9 R. Díaz-Salazar (ed.), Trabajadores precarios. El proletariado del siglo XXI, Ediciones HOAC, Madrid, 2003; R. Díaz-Salazar,
Desigualdades internacionales, Icaria, Barcelona, 2012; G. Standing, El precariado, Pasado & Presente, Barcelona, 2013; G.
Standing, Precariado. Una carta de derechos, Capitan Swing, Madrid, 2014; J. Tezanos, La sociedad dividida: estructura de
clases y desigualdades en las sociedades tecnológicas, Biblioteca Nueva, Madrid, 2009 y J. Tezanos, E. Sotomayor, R.
Sánchez Morales y V. Díaz, En los bordes de la pobreza: las familias vulnerables en contextos de crisis, Biblioteca Nueva,
Madrid, 2013.

Especial 17
Ensayo

más, sino el centro de la quiebra progresiva de la económica, la política y la antropología


propias del capitalismo ecocida.10 Si a estas realidades, le añadidos los problemas relacio-
nados con la pobreza absoluta en los países del Sur y las desigualdades internacionales en
el sistema-mundo, podemos comprender la relevancia de un modelo de Universidad que
ponga en el centro de su identidad, misión y quehacer cotidiano estos problemas sociales
nacionales e internacionales.

La Universidad es un aparato institucional de hegemonía


que por sus acciones u omisiones favorece la reproducción
del sistema o el cambio ecosocial

La meta educativa de este modelo universitario es lograr que la docencia y la investiga-


ción en la Universidad estén dirigidas a “Hacerse cargo de la realidad”, “Cargar con la rea-
lidad, y “Encargarse de la realidad” con el fin de transformar las relaciones de dominación,
explotación y exclusión social. Ignacio Ellacuría, que acuñó estas categorías desde el pen-
samiento de Xavier Zubiri, Manuel Sacristán, Francisco Fernández Buey y, especialmente,
Boaventura Sousa Santos, catedrático de la Universidad de Coimbra, son quienes mejor
han pensado este tercer modelo de Universidad.11 Noam Chomsky e Inmanuel Wallerstein
también han realizado importantes contribuciones.12

La posible contribución de la Universidad al cambio Ecosocial


La Universidad, lo quiera o no, es un aparato institucional de hegemonía que por sus accio-
nes u omisiones favorece la reproducción del sistema o el cambio ecosocial. Por este moti-

10 U. Bardi, Los límites del crecimiento retomados, Catarata, Madrid, 2014; A. Gorz, Capitalismo, Socialismo, Ecología,
Ediciones HOAC, Madrid, 1995; H. Kempf, Cómo los ricos destruyen el planeta, Clave Intelectual, Madrid, 2013; M. Löwy,
Ecosocialismo, Biblioteca Nueva, Madrid, 2012; Papa Francisco, Laudato si’, Mensajero, Bilbao, 2015 y J. Riechmann, Todo
tiene un límite: ecología y transformación social, Debate, Madrid, 2001.
11I. Ellacuría, Escritos Universitarios, UCA Editores, San Salvador, 1999; M. Sacristán, «La Universidad y la división del traba-
jo», en Intervenciones políticas. Panfletos y Materiales III, Icaria, Barcelona, 1985, pp. 95-152 y F. Fernández Buey, Por una
Universidad democrática, El Viejo Topo, Barcelona, 2009. De la amplia obra de Boaventura de Sousa Santos, lo más valio-
so para el tema que estoy abordando son sus libros Crítica de la Razón Indolente, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2003;
Conocer desde el Sur: para una cultura política emancipatoria, Universidad Mayor de San Marcos, Lima, 2006; «De la idea
de Universidad a la Universidad de las ideas», en De la mano de Alicia. Lo social y lo político en la posmodernidad, Siglo del
Hombre, Bogotá, 1998, La Universidad en el siglo XXI. Para una reforma democrática y emancipatoria de la Universidad,
Plural Editores, La Paz, 2007 y Epistemologías del sur, Akal, Madrid, 2014.
12 I. Wallerstein, Análisis de sistema-mundo, Siglo XXI, México, 2005, pp. 13-23; N. Chomsky, Sobre democracia y educación.
Vol. 1. Escritos sobre ciencia y antropología del entorno cultural, Paidós, Barcelona, 2005 y N. Chomsky, Sobre democracia
y educación. Vol. 2. Escritos sobre las instituciones educativas y el lenguaje en las aulas, Paidós, Barcelona, 2005. Ver tam-
bién D. Orr, «¿Para qué sirve ahora la educación superior?», en The Worldwatch Institute, La situación del mundo 2010.
Cambio cultural. Del consumismo hacia la sostenibilidad, Icaria, Barcelona, 2010.

18 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 13-26
¿Reproducción o contrahegemonía?

vo es muy importante tener mecanismos internos de autocontrol y evaluación para evitar


convertirse en una institución al servicio de la reproducción de las élites de las clases domi-
nantes. Además, y esto es lo más importante, una Universidad alternativa ha de dotarse de
una cultura ecologista de fondo que la oriente como actor institucional de transformación
social. Esta cultura de fondo sólo será real si logra que sea sinceramente interiorizada por
profesores y estudiantes hasta el punto que la nueva identidad institucional contrahegemó-
nica se convierta en parte importante de la ética profesional de los profesores y de la cul-
tura de los estudiantes.

Pienso que el cambio ecosocial tiene tres dimensiones interconectadas: a) una cultura
antropológica basada en la ética ecológica; b) la máxima redistribución de la riqueza, el
poder y el estatus (identificado ahora con el capital profesional y cultural universitario); y c)
una organización de la producción, del consumo y de la organización de la vida cotidiana
regulada por la ecología.13 El cambio cambio ecosocial avanza cuando aumenta la igualdad,
la libertad (entendida como “no dominación”) y la fraternidad y cuando la ecología regula
nuestra forma de producir, consumir y relacionarnos con los demás y con la naturaleza. La
clave de toda esta concepción es la idea de fraternidad que tiene raíces en diversas religio-
nes y en filosofías agnósticas y ateas que en la antigüedad y en la actualidad van más allá
de la idea de justicia distributiva. En este sentido, son muy interesantes las aportaciones que
provienen de diversas corrientes de la nueva filosofía republicana, de la filosofía latinoame-
ricana de la liberación y de la ética ecológica.

La antropología de la fraternidad, el predominio del bien común en un Estado de


Derecho, y la redistribución de la riqueza, el poder y el estatus requieren un intenso tra-
bajo de educación cívica para instaurar una infraestructura moral en el país. Una profun-
da transformación de la realidad social sólo será posible si hay instituciones y personali-
dades capaces de engendrar un proyecto de «reforma intelectual y moral» como diría
Gramsci, que aglutine en el seno de la sociedad civil a amplias mayorías en un ámbito
prepolítico.

La Universidad tiene un papel fundamental e imprescindible en esta tarea y para ejer-


cerlo tiene que repensarse a sí misma y evitar su colonización por el modelo tecnocrático y
neoliberal. La Universidad tiene que aspirar a ser un ámbito de educación del país y sus ciu-
dadanos. De lo contrario, se irá reforzando un modelo de sociedad fracturado y escindido
sometido a la ley de la selva social y a la cultura del individualismo posesivo. Para hacer
operativa la contribución contrahegemónica de una Universidad a la transformación de la
realidad y al cambio social voy a formular diversas propuestas.
13 Para profundizar en el contenido de estas tres dimensiones remito a la amplia y profunda obra de Jorge Riechmann.
Especialmente quiero destacar dos libros suyos: Un mundo vulnerable, Catarata, Madrid, 2000 e Interdependientes y eco-
dependientes, Proteus, Barcelona, 2012.

Especial 19
Ensayo

Formar a los sujetos constructores del cambio Ecosocial

La transformación de la sociedad no se realiza de forma espontánea, requiere personas


comprometidas con esta tarea. Los seres humanos por el mero hecho de serlo no somos
activistas sociales de un modo automático. Se necesita toda una paciente y tenaz labor edu-
cativa para transformar al individuo en persona.14 Este estatuto antropológico sólo se logra
cuando la lucha contra el empobrecimiento y la explotación de la naturaleza se convierte en
un deseo y una pasión personal sin la cual la vida carece de sentido. Desde esta perspec-
tiva, la Universidad ha de ser concebida como una fábrica de ciudadanía comprometida con
el cambio ecosocial, como un taller donde se forjan y forman personalidades y profesiona-
les dedicados a esta tarea, como un ámbito de iniciación al activismo social.

Crear Observatorios de la realidad

Los análisis de la realidad local, autonómica, nacional e internacional deberían estar pre-
sentes en todos los tipos de estudios universitarios de forma específica y transversal.
Además la Universidad ha de crear Observatorios de la realidad. Esta propuesta tiene cua-
tro finalidades: a) la Universidad ha de generar opinión pública crítica; b) el análisis prove-
niente de la Universidad ha de ser un contrapeso cívico-institucional de los proyectos del
poder político, del poder mediático y del poder económico que cada vez están más interre-
lacionados; c) el ofrecimiento desde la Universidad de análisis de calidad puede favorecer
que la ciudadanía tenga elementos argumentados de juicio de la realidad; y d) la
Universidad puede contribuir a la formación y expansión de una cultura cívica que exige al
poder un elemento básico de la democracia como es la rendición de cuentas.

Instaurar Laboratorios de Propuestas y Alternativas con planes de I+D+i de


cambio Ecosocial

Pensar el cómo del cambio ecosocial ha de ser una competencia de la Universidad, espe-
cialmente de su área de investigación. En modo alguno puede dejarse esta tarea en exclu-
siva a partidos políticos, organizaciones empresariales y fundaciones privadas.

En muchos países la relación entre la Universidad y la sociedad se reduce a la relación


entre la Universidad, las necesidades de las empresas y los requerimientos profesionales
del mercado de trabajo. Esto supone una colonización de la Universidad por el sector
empresarial que, a su vez, coloniza y domina, salvo excepciones, a los partidos políticos y
14 Para este trabajo recomiendo la lectura de Comisión de Educación de Ecologistas en Acción, «Educar en el Antropoceno», en
S. Álvarez Cantalapiedra (coord.), Convivir para perdurar. Conflictos ecosociales y sabidurías ecológicas, Icaria, Barcelona,
2011, pp. 225-245 y J. Riechmann, Autoconstrucción. La transformación cultural que necesitamos, Catarata, Madrid, 2015.

20 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 13-26
¿Reproducción o contrahegemonía?

a los medios de comunicación social. ¿Dónde hay espacio para pensar con profundidad el
cómo del cambio ecosocial desde la perspectiva de las periferias de la sociedad, de los sec-
tores empobrecidos y excluidos, de los movimientos ecologistas? La Universidad es un
ámbito institucional central para esta tarea.

Actualmente estamos ante algo más grave que una crisis económica con dimensión glo-
bal. Nos hallamos ante una crisis de civilización. El actual modelo capitalista que impera en
el sistema-mundo es ecocida, explotador, opresivo y alienante. Hay suficientes investigacio-
nes empíricas, realizadas por los organismos de Naciones Unidas y otras instituciones cien-
tíficas, para sostener que la anterior afirmación se basa en datos cuantificables y, en modo
alguno, es una tesis ideológica demagógica. Pues bien, las universidades, salvo excepcio-
nes, son instituciones responsables del mantenimiento y la reproducción de este modelo. En
ella se forman los ejecutores de este modo de producción económico y cultural. Sus master,
sus MBA, sus doctorados, sus planes de investigación se centran, por lo general, en la obten-
ción de la excelencia por quienes van a formar parte de las élites y de los ejecutivos de los
capitalismos nacionales y transnacionales. La gran concentración de producción del conoci-
miento en las universidades permite que estas instituciones cumplan esta función. Y es en
este ámbito donde hay que realizar un ingente esfuerzo para reorientar la docencia y la inves-
tigación en las universidades con el fin de construir las alternativas y las propuestas concre-
tas para que la utopía de “otro mundo es posible” se convierta en una realidad práctica.

Pensar y crear otro modelo de desarrollo ecosocial es imposible sin universidades alter-
nativas, sin universidades autocríticas que tomen conciencia de su desorientación y tengan
el valor de adoptar decisiones firmes para reorientarse. El potencial del conocimiento huma-
no es inmenso y lo esencial es saber orientar la dirección y los objetivos del mismo.

En los países de capitalismo avanzado y en algunas potencias emergentes (China,


India) los planes de I+D+i constituyen el motor de su progreso y la preocupación central de
quienes diseñan el futuro de las naciones. Por este motivo, desde el Estado y desde la
sociedad civil se urge a las universidades para que sean capaces de innovarse y hacer apor-
taciones sustanciales en el ámbito de I+D+i. Por lo general, este ámbito está muy concen-
trado en nuevas formas de producción de bienes y servicios para lograr mayor competitivi-
dad en el comercio internacional.

Si la economía del conocimiento es, guste o disguste, un desiderátum de los nuevos tiem-
pos, engendra también peligros para la Universidad si ella renuncia a la universalidad de su
misión y no sabe establecer prioridades. La mayor parte de los planes nacionales de I+D+i
tienen un claro sesgo economicista y capitalista, no tienen en cuenta los desafíos de la crisis
de civilización y, por supuesto, marginan o no dan centralidad a la investigación relacionada
con la emancipación de los empobrecidos y la regulación ecológica de toda la vida humana.

Especial 21
Ensayo

Considero que las universidades deben instaurar planes de I+D+i para pensar a diver-
sas escalas (local, nacional, global) la transición civilizadora15 y la transformación ecosocial
de cada país y del sistema-mundo a través del establecimiento de redes globales de uni-
versidades que persigan los mismos fines y compartan una cultura de fondo.

Concretamente voy a formular una propuesta de cuatro planes de I+D+i para un mode-
lo de Universidad comprometida con la transformación social y cultural. No puedo desarro-
llar los contenidos precisos de cada uno de ellos, sino enumerar los temas que podrían ser
abordados y formar parte de una agenda de investigación que tenga como eje el cambio
ecosocial. Lo importante son las cuatro áreas y el enfoque: a) investigar de manera innova-
dora para la transformación social y ecológica; b) hacerlo con diálogo y conexión con los
sectores de la sociedad civil que intervienen en estos procesos, lo cual requiere un modelo
de investigación participativa; y c) transferir el conocimiento y los resultados de las investi-
gaciones aplicadas a los sectores de la sociedad civil para impulsar un determinado mode-
lo de desarrollo ecosocial.

La Universidad ha de incrementar la relación entre su investigación y las políticas


públicas relacionadas con la economía del conocimiento y la tecnología. Las relaciones
entre las universidades y las empresas no tienen que suprimirse, pues éstas son agentes
económicos fundamentales para el desarrollo y la creación de empleo. Ahora bien, en el
enfoque que propongo no son ni el único ni el principal actor de la sociedad civil con el
que las universidades han de mantener relación. Además, la relación Universidad-empre-
sa tiene que estar regulada por la cultura de fondo de un modelo universitario centrado en
formar a personas que den prioridad a la construcción de cambio ecosocial y a la trans-
formación de las relaciones de poder y riqueza en las sociedades.

I+D+i cultural para la formación de un sujeto antropológico ecosolidario

El objetivo general es repensar desde la filosofía, la psicología y la pedagogía los modelos


antropológicos vigentes, los sistemas de socialización primaria y secundaria que los repro-
ducen y la relación de las formas de ser humano con el modelo de sociedad imperante. La
perspectiva es pensar el marco de valores y virtudes privadas y públicas para la educación
de un ser humano que contemple la solidaridad y la ecología como rasgos centrales de la
personalidad. En este marco los posibles temas a investigar podrían ser:

15 Las obras de Edgar Morin, citadas en la nota número 7, son esenciales para profundizar en esta temática. Véase también
su obra Para una política de la civilización, Paidós, Barcelona, 2009. La revista PAPELES de relaciones ecosociales y cam-
bio global está realizando una importante aportación a este trabajo de pensar la transición hacia otro tipo de economía, polí-
tica y cultura. Destacan los números 117, 118 y 119 dedicados a las Alternativas. Ver también J. Riechmann, O. Carpintero
y A. Matarán (coords.), Los inciertos pasos desde aquí hasta allá: alternativas socioecológicas y transiciones poscapitalis-
tas, Editorial Universidad de Granada, 2014.

22 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 13-26
¿Reproducción o contrahegemonía?

– El sujeto humano y el modelo antropológico generados por la cultura de la sociedad capi-


talista. Culturas antropológicas dominantes y contraculturas antropológicas emergentes.
– La crisis de civilización y las antropologías ecológicas.
– La aportación de los ecofeminismos a la configuración de una nueva antropología.
Ecofeminismos y culturas de los cuidados.
– La socialización en la cultura de la ecosolidaridad en la familia y en los centros de ense-
ñanza primaria y secundaria.
– La “cultura samaritana” como núcleo antropológico de hacerse prójimo.16
– La pedagogía de la acción. La iniciación de niños, adolescentes y jóvenes al activismo
social. La creación de redes educativas entre familias, centros de enseñanza y movi-
mientos sociales.
– La socialización en la cultura de la solidaridad en la Universidad. Las nuevas formas de
hacer política, los movimientos sociales y los universitarios. Servicios civiles de estudian-
tes universitarios.
– El horizonte ético de la ciudadanía activa: educación de la conciencia moral, discerni-
mientos en éticas aplicadas, marco de valores y de virtudes públicas y privadas, y éticas
de las profesiones.

I+D+i política para otra democracia

El objetivo general es investigar la crisis de la democracia, el déficit democrático del Estado


y las nuevas formas emergentes de hacer política. La perspectiva es pensar los requisitos
necesarios para la existencia de una democracia real y la transición a un modelo de demo-
cracia participativa, en la que exista una nueva interacción entre sociedad civil y Estado y
sean viables nuevas formas de participación política que superen la partitocracia. Los temas
a investigar podrían ser los siguientes:

– Las causas de la crisis de la democracia.


– La crisis del Estado.
– Formas de control institucional y ciudadano de la corrupción política.
– Sistemas de evaluación de políticas públicas desde las periferias y los sectores sociales
empobrecidos y excluidos.
– El ecosocialismo como paradigma político.
– La emergencia de otras formas de hacer política y la refundación de la democracia y del
Estado.
– De los viejos modelos de partidos políticos a los nuevos modelos.
– Los antagonismos y posibles interacciones entre partidos políticos y movimientos sociales.

16 He abordado este tema en R. Díaz-Salazar, La izquierda y el cristianismo, Taurus, Madrid, 1998.

Especial 23
Ensayo

– Las propuestas de los movimientos de la sociedad civil y las formas de su traducción polí-
tica e institucional.17
– Modelos y funcionamiento de la democracia participativa.
– La democracia fiscal y la redistribución de la riqueza.
– Control democrático de los grupos de presión.
– Democracia y medios de comunicación social.
– Democracia y crimen organizado.
– Soberanía nacional, soberanía ecológica y empresas transnacionales.
– La reproducción del empobrecimiento y el aumento de las desigualdades como fracaso de
la democracia. La reorientación de las políticas públicas contra la pobreza y la desigualdad.
– Los debates internacionales sobre nuevas políticas migratorias.
– La implantación de los derechos humanos sociales, económicos y ecológicos.
– Políticas contra la violencia de género.
– Formas de capacitación cívico-política de los sectores empobrecidos.
– Democracia laboral. Un nuevo derecho del trabajo contra el crecimiento del precariado y
los trabajadores pobres.

I+D+i económica para otra forma de producir y consumir

El objetivo general es investigar la crisis social (pobreza y desempleo) y ecológica (destruc-


ción medioambiental) generada por el modo de producción capitalista y las posibles alter-
nativas a este modelo a corto, medio y largo plazo. La perspectiva de fondo es pensar los
medios para la instauración de formas de democracia económica y la transición a un mode-
lo ecológico de producción y consumo. Los temas a investigar podrían ser:

– La democracia económica en la empresa y en las relaciones sociales.


– La crisis de legitimidad popular de las empresas capitalistas.
– El filantrocapitalismo y el capitalismo verde.
– La coherencia de la Responsabilidad Social Corporativa y las auditorías sociales y ecológicas.
– Empresas públicas: problemas y alternativas.
– Las nuevas empresas no capitalistas.
– La gestión empresarial en la economía social y solidaria.18
– La banca ética y la reorientación del ahorro de los ciudadanos.
– Agricultura ecológica en zonas urbanas.
– Necesidades energéticas y producción ecológica de energía.
– Economía verde: qué producir y cómo.
17 He tratado esta cuestión en R. Díaz-Salazar (ed.), Justicia global. Las alternativas de los movimientos del Foro de Porto
Alegre, Barcelona, Icaria, 2005, [Segunda edición].
18 Este es un sector muy importante para la emancipación de los empobrecidos. En Octubre de 2013 se celebró en Manila
(Filipinas) el V Foro Mundial de Economía Social Solidaria.

24 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 13-26
¿Reproducción o contrahegemonía?

– Del consumo irresponsable al consumo ecológico.


– Crecimiento y decrecimiento: en qué crecer y en qué decrecer.
– Políticas de empleo en clave ecológica y procesos de reconversión de industrias antieco-
lógicas.
– La organización de los tiempos laborales y no laborales.
– La regulación de las empresas transnacionales desde la deuda ecológica.
– La organización ecológica del transporte y de las infraestructuras terrestres.
– Usos ecológicos del agua.
– Políticas ecológicas de vivienda.

I+D+i científica y tecnológica para el buen vivir y la calidad de vida de


los empobrecidos

El objetivo es investigar en las áreas de ciencias y tecnologías los problemas relacionados


con el bajo nivel de vida de los sectores más empobrecidos. La perspectiva es convertir la
investigación científico-tecnológica en una herramienta para dotar de calidad de vida, según
señala Amartya Sen, a estos sectores y hacer posible que el “buen vivir” sea una realidad.19
Esta agenda de I+D+i, como las anteriores, requiere una investigación participativa prelimi-
nar para detectar los problemas de los sectores sociales empobrecidos que competen a la
investigación de científicos y tecnólogos. Los posibles temas a investigar podrían ser:

– Los pobres energéticos y el poder de las empresas suministradoras de energía.


– Energías renovables en contextos de pobreza y exclusión social.
– La agroecología y el nuevo desarrollo rural.
– Problemas de salud de la población en situación de exclusión social.
– Desmedicalización, medicina alternativa y medicina tradicional.
– Infraestructuras y arquitectura en zonas suburbiales.
– Transporte público y población trabajadora.
– La reordenación del territorio para un desarrollo más armónico.

Establecer un ámbito universitario para la interacción con las OSSC


(Organizaciones Sociales de la Sociedad Civil) y, especialmente, con los
movimientos sociales

En el discurso universitario hay un gran consenso sobre la importancia de las relaciones de la


Universidad con la sociedad. Existen diversas formas de concebir esta relación y llevarla a la
19 A. Sen, El nivel de vida, Editorial Complutense, Madrid, 2001; M. Nussbaum y A. Sen (ed.), La calidad de vida, FCE, México,
2000 y R. Skidelsky, ¿Cuánto es suficiente?, Crítica, Barcelona, 2012.

Especial 25
Ensayo

práctica. Los extramuros de la Universidad son muy importantes para ella. Actualmente es impo-
sible conseguir determinados objetivos educativos desde espacios escolares cerrados por más
creativos que puedan ser. La apertura de la Universidad a la sociedad civil más activa constitu-
ye un requisito para generar redes educativas con las organizaciones y movimientos sociales.

Una Universidad transformadora debe convertirse en un espacio de conocimiento de las


diversas organizaciones y movimientos de la sociedad civil, de sus formas de actuar, sus
reivindicaciones y finalidades, pues considero que uno de los objetivos educativos de una
buena Universidad ha de ser conseguir la máxima incorporación de sus estudiantes a orga-
nizaciones y movimientos sociales.

Me parece que es conveniente crear un espacio universitario regulado para que exista
una relación institucionalizada, fluida y constante entre la Universidad y aquellas organiza-
ciones y movimientos sociales implicados en el cambio ecosocial.

Además la Universidad ha de convertirse en un espacio académico para pensar con pro-


fundidad los problemas sociales a los que se enfrentan las organizaciones y movimientos
sociales, las propuestas y alternativas que formulan, sus formas de acción colectiva. Estas
organizaciones y movimientos pueden vitalizar la Universidad, transferirle energía, favore-
cer un modelo de docencia e investigación más conectado con la realidad. A su vez, la
Universidad puede otorgar a las personas comprometidas con el cambio ecosocial una
aportación valiosísima por ser un ámbito donde pueden pensar su orientación y la comple-
jidad que conllevan ciertas propuestas que formulan sin las urgencias del activismo. En este
sentido, creo que sería conveniente establecer agendas y programas de encuentro, diálogo
y reflexión a través de seminarios y talleres. Creo que uno de los dramas de España y de
Europa es el desencuentro entre la juventud socialmente más innovadora y movilizada y las
instituciones universitarias. La inexistencia de una relación de este tipo entre el mundo de
la Universidad y las redes sociales de los indignados empobrece a estas instituciones y no
favorece que esas redes puedan profundizar en sus propuestas y formas de acción.

La lucha por la superación del neoliberalismo que todavía rige el destino de los pueblos
conlleva también salvar la Universidad de su creciente colonización por los requerimientos
capitalistas del Estado, los bancos y las empresas y convertirla en un gran laboratorio para
pensar la transición ecosocial. Desde Gramsci y con Gramsci hemos de llevar la “guerra
de posiciones” a la Universidad para construir dentro de ella y desde ella una nueva hege-
monía.

26 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 13-26
PROBLEMAS Y DESAFÍOS DEL MUNDO URBANO

La invisibilización urbana de las clases populares 29


Jean Pierre Garnier

Financiación local. Apuntes para un cambio


en el modelo 47
Bernardino Sanz y David Bustos

Endeudamiento urbano. La insostenibilidad social


de la deuda municipal de Madrid 63
Carlos Sánchez Mato
Especial
Inmigrantes en ciudades globales. El caso de Madrid 75
Colectivo Ioé

La trascripción espacial del empobrecimiento general.


Los barrios como el sumidero de los desechos
de la crisis 89
Víctor Renes Ayala

La ciudad por la que merece la pena luchar 103


Vicente Pérez Quintana

27
JEAN PIERRE GARNIER

La invisibilización urbana de
las clases populares

La invisibilización de las clases populares es un fenómeno social tan amplio


que transciende a lo que acontece en la ciudad. No obstante, adquiere una
dimensión propiamente urbana de gran relevancia. Tiene mucho que ver con
el tipo de intervenciones sobre el mundo urbano que despliega el poder eco-
nómico y político, expulsando a las clases populares hacia la periferia y orga-
nizando su dispersión espacial. El derecho a la ciudad sigue siendo hoy en día
una aspiración que, para ser satisfecha, requiere la construcción de un régi-
men realmente democrático que permita a las clases populares un reconoci-
miento y una presencia en el espacio urbano.

«¿D ónde se ha metido el pueblo?» Este es el título un tanto provoca-


dor de un monográfico de la revista Espaces et sociétés que tiene por objeto
Jean Pierre Garnier
es sociólogo urbano
contribuir a poner fin a una aberración a la vez científica y política: la oculta- y autor de La
deuxième droite
ción de la presencia de una porción significativa de la población francesa en (Agone, Marsella,
la sociedad y, en consecuencia, también en el espacio.1 Desde hace ya algu- 2013), Una violence
nas décadas, da la impresión que las clases trabajadoras han ido perdiéndo- éminemment
se de vista tanto en el discurso político como en los medios de comunicación contemporaine:
e incluso en la producción científica, a pesar de las incursiones de algunos essais sur la ville, la
investigadores en el medio obrero. Es como si hubieran desaparecido del petite bourgeoisie
intellectuelle et
campo de visión de los que, de una forma u otra, se precian de escrutar el l’effacement des
estado de Francia. Es cierto que de vez en cuando se dignan a interesarse classes populaires
por ellas cuando constituyen el tema central de una crónica policial o electo- (Agone, Marsella,
ral. Pero siempre lo hacen de forma negativa, bien para condenar las “violen- 2010) y Contra los
cias urbanas” a cargo de ciertos sectores de la juventud, bien para fustigar territorios del
ritualmente a los adultos por no votar correctamente o simplemente por abs- poder: por un
espacio público de
tenerse de votar.
debates y… de
combates (Virus,
Sin pretender agotar el tema, los artículos reunidos en aquel monográfico Barcelona, 2006)
de Espaces et sociétés desvelaron diversas facetas de la “condición urbana”
1 A. Clerval y J. P. Garnier (dir.), «Où est passé le peuple?», Espaces et sociétés, núm. 156-157, 2014.

de relaciones ecosociales y cambio global 29


Nº 130 2015, pp. 29-45
Especial

de las clases populares que, hasta entonces, las más de las veces, habían quedado en la
sombra. Al contrario de los enfoques superficiales teñidos de miserabilismo que aún preva-
lecen, se hacía evidente que su descomposición (aspecto sobre el que se pone el acento
habitualmente) iba a la par de recomposiciones que contradecían las conclusiones precipi-
tadas –y a veces interesadas– de una desaparición anunciada.

Sin embargo, al querer orientar la interpretación en un sentido contrario para invalidar la


tesis de la desintegración irremediable de las clases llamadas “subalternas” y destacar las
nuevas formas de resistencia, de solidaridad y de creatividad populares aparecidas en espa-
cios urbanos donde habitan, se corre el riesgo de subestimar (o incluso obviar) un proceso
que lleva la marca, por así decirlo, de la urbanización capitalista contemporánea y que tiene
importantes consecuencias antropológicas y políticas: la invisibilización urbana de las cla-
ses populares que habitan la ciudad. Porque una cosa es que hayan sido borradas de la ide-
ología dominante y otra bien distinta que estos habitantes “de segunda” hayan acabado,
finalmente, por no contar como ciudadanos efectivos en la escena urbana.

En busca de una clase perdida


Dado que, salvo para los cientificistas, la neutralidad axiológica no existe en las ciencias
sociales, conviene precisar desde el principio con qué corriente de la sociología urbana se
relacionan las herramientas teóricas elegidas para describir y analizar el proceso que nos
ocupa. Por supuesto se trata de una corriente crítica, pues de no ser así resultaría difícil
comprender por qué la invisibilización de las clases populares urbanas podría constituir
objeto de preocupación (aunque, claro, también podría ser para alegrarse, como pasa con
los defensores de la “ciudad creativa” o de la smart city). Pero ¿de qué sociología crítica se
trata? Añadir el adjetivo “radical” importado de los campus universitarios estadounidenses
es de poca utilidad de tanto como se ha usado y abusado del término. Por ello, digamos que,
a falta de otra mejor, se trata de una sociología de inspiración “marxiano-bourdieusiana”.

Lo anterior se va a poder apreciar en seguida en la problemática escogida para abordar


el tema de la invisibilización urbana de las clases populares. Pero antes de preguntar en qué
consiste esa invisibilización, es preciso plantear qué se entiende por eso que está a punto
de volverse menos visible (si es que no es ya invisible), es decir, las clases populares. Las
dos cuestiones están relacionadas, como vamos a ver. A continuación, trataré la dimensión
propiamente urbana de esta invisibilización, ya que, antes que urbano, se trata de un féno-
meno social general.

Hablar de clases populares en Francia hoy día –no sólo en los medios políticos y mediá-
ticos sino también en el medio académico– conlleva el riesgo de ser calificado de marxista o,

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La invisibilización urbana de las clases populares

como está de moda desde hace algún tiempo, populista. Y aún es peor hablar de “lucha de
clases”: llueven entonces las acusaciones de extremismo, estalinismo, simplismo, arcaísmo.

Las clases sociales existen sólo a través de la relaciones de clase:


relaciones de explotación económica, de dominación política y de sujeción
ideológica que son hoy, sin duda alguna, más preceptibles que nunca

Acepto pasar por marxista o marxiano ya que así me reivindico. Sobre la acusación de
populismo, volveré más tarde. En cuanto a la simpleza, mi punto de partida es efectivamente
simple, lo que no quiere decir simplista. Vivimos en una sociedad capitalista y, por lo tanto,
de clases, digan lo que digan los sociólogos que se apresuran a entonar un réquiem por las
clases sociales, como si la “sociedad salarial” que ensalzan como concepto de remplazo
fuese capaz de poner fin a la existencia de aquéllas.2 Pero las clases sociales existen sólo
a través de la relaciones de clase: relaciones de explotación económica, de dominación polí-
tica y de sujeción ideológica que son hoy, sin duda alguna, más preceptibles que nunca,
aunque sus formas hayan cambiado desde que Marx, Engels y algunos teóricos anarquis-
tas emprendiesen la tarea de describirlas para denunciarlas. No reconocer o no admitir la
existencia de estas relaciones de clase, como hacen los partidarios políticos y soportes ide-
ológicos de dicha sociedad, equivale a negar la realidad social. El problema es que preci-
samente estos están ganando desde los años 80 en Francia la batalla de las ideas parale-
lamente a la victoria de neoliberalismo en el campo económico. Se puede hablar en este
sentido de una verdadera “reconquista” ideológica. Ciertas palabras o conceptos, conside-
rados como no científicos, han sido erradicados. Me refiero, por ejemplo, a «burguesía»,
«proletariado», «explotación», «plusvalía» –excepto si se trata de la Bolsa–, «dominación»,
«enajenación» y, desde luego, «capitalismo» –sustituido por «economía de mercado»– o
«clase» -sustituida por «categoría» o «grupo social». Desde finales de los años 70, todos
ellos fueron eliminados del vocabulario de las ciencias sociales mayoritarias. Incluso la
buena y vieja categoría de «trabajador» –como ironiza un sociólogo integracionista–3 ha
sido abandonada y reemplazada por la de «ciudadano».

Este sociólogo, muy representativo de la corriente sociológica conformista que es ahora


dominante en Francia y que ha reemplazado la explotación por la «exclusión» para redefi-
nir la «cuestión social»,4 reconoce que, de todo ello, resulta un problema “difícil” para los

2 M. Kokoreff y J. Rodrigez, Une France en mutation Globalisation, État, Individus, Petite bibiothèque Payot, 2013.
3 D. Merklen, Quartiers populaires, quartiers politiques, La Dispute, Paris, 2009.
4 La sociología integracionista se basa en la negación de las contradiciones de clases. El enfoque integracionista plantea que
los problemas de las clases populares estriban en una “falta de integración” dentro de un modelo de sociedad que no se
puede cuestionar, la sociedad capitalista.

Especial 31
Especial

investigadores que estudian la evolución de las clases populares: por haber «abandonado
el tema de la revolución para comprometerse en favor de la democracia, les cuesta mucho
trabajar con la expresión “clases sociales”, y aún más adjetivarla con una palabra tan vulgar
como “populares”».

Estos escrúpulos de los investigadores frente a conceptos que suelen tachar de anticua-
dos pueden resultar cómicos, sobre todo si se tiene en cuenta la vigencia efectiva de los mis-
mos de la que da fe la famosa declaración hecha en la cadena CNN, en 2005, por uno de los
hombres más ricos del mundo, el businessman estadounidense Warren Buffet (y que reiteró
por escrito en el New York Times un año después): «La guerra de clases existe, es un hecho,
y mi clase, la de los ricos, que es la que está haciendo esta guerra, la está ganando».

Esta declaración ilustra perfectamente la paradoja de que es la burguesía la que tiene


hoy una fuerte conciencia de clase, mientras que no ocurre lo mismo con la clase obrera ni
con las clases populares en general. Y aquí empieza su invisibilización: no sólo opera en los
discursos que hacen las clases dominantes, sino también en aquellos que las clases popu-
lares hacen sobre ellas mismas. A este respecto, resulta conveniente recordar la distinción
que hizó Marx entre «clase en sí misma» y «clase para sí misma».

La clase en sí misma queda definida objetivamente por su lugar en las relaciones de pro-
ducción. Así, la pertenencia a la clase obrera está basada en el hecho de que lo único que
posee el obrero para vender es su fuerza de trabajo, que compra el burgués, poseedor de
los medios de producción, lo que le permite explotar al obrero. Eso vale también para los
empleados que ejecutan las tareas últimas en el sector “servicios” (transporte, comercio,
información, etc.) –los “nuevos proletarios”–, ya que estas actividades están también en
manos de capitalistas. Así pues, la clase en sí misma agrupa a los agentes que tienen obje-
tivamente los mismos intereses, con independencia de lo que ellos piensen de su posición
social.

En cambio, surge como clase para sí misma cuando es consciente de la convergencia


de sus intereses y se moviliza para defenderlos, cuando se dota de representantes y de ins-
tituciones, de objetivos y programas para organizarse. Ahora bien, numerosos estudios
sociológicos han mostrado que la burguesía es la última clase realmente consciente de sus
intereses y totalmente implicada en perpetuarlos. Y, de hecho, desde el principio de la crisis
(me refiero al periodo que se abrió a finales de los años 60 del siglo pasado en los Estados
Unidos y en Inglaterra, y en la década siguiente en el resto de los países europeos), esta
clase es la que triunfa más o menos discretamente.

Por el contrario, las clases populares contemporáneas no adquieren de forma espontá-


nea la conciencia de tener una condición e identidad social común, si no es de una manera

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vaga y confusa. Sienten intensamente el peso de las desigualdades percibidas como injus-
ticias y saben bien que su vida tanto en el trabajo como en el tiempo libre es muy diferente
de la de los ricos y las elites –ya sean económicas, políticas, intelectuales o artísticas–, pero
no tienen una visión del mundo propia, no viven y no definen su condición laboral por medio
de prácticas, valores y significaciones compartidas, forjadas en la separación y la autono-
mía cultural con respecto a las clases medias y superiores. En pocas palabras, no tienen
conciencia de constituir una clase. Tienen tendencia a pensar según la ideología dominan-
te, que no es tanto la de la misma burguesía como la que se difunde por sus instituciones
(la escuela, en primer lugar, y, sobre todo, los medios de comunicación); una ideología que
tiene como rasgos más sobresalientes el individualismo y el consumismo. Sin embargo, esta
dominación ideológica no es absoluta y conlleva algunas fragilidades que se manifiestan en
tiempos de crisis. Un ejemplo entre otros: pese a la intensa propaganda política y mediáti-
ca a favor, una inmensa mayoría de las clases populares francesas (casi el 80% de los obre-
ros y más del 70% de los empleados) votaron en el 2005 contra el Tratado Constitucional
Europeo. Obreros y empleados saben, a través de su experiencia cotidiana, resumida en las
palabras austeridad y precarización que Europa es la Europa neoliberal del capital –y no la
del programa Erasmus reservado a una juventud privilegiada (menos que antes, sin embar-
go, con la proletarización incipiente de ésta)– que se burla de la supuesta soberanía popu-
lar que caracterizaría “nuestras democracias”.

La burguesía tiene una fuerte conciencia de clase,


mientras que no ocurre lo mismo con la clase obrera
ni con las clases populares en general

Pero, dejando de lado algunos contraejemplos, puede afirmarse que la conciencia de


clase de las clases dominadas se ha vuelto muy débil y a menudo inexistente. En general,
la actitud que predomina frente a la adversidad social no es la revuelta sino la resignación
y la pasividad. Cuando los trabajadores salen hoy a la calle lo hacen para “defender sus
empleos” –según el eslogan sindical que reivindica así inconscientemente el derecho a
seguir siendo explotados– y no para exigir un aumento de los salarios y, aún menos, para
luchar contra el capitalismo. En resumen, la lucha de clases sigue existiendo pero se de-
sarrolla en el terreno institucional e ideológico del adversario burgués y se ha vuelto pura-
mente defensiva en lo que a las clases populares se refiere.

¿Recomposición o descomposición?
Necesitaría mucho más espacio del disponible aquí para explicar con todo detalle las razo-
nes del decaimiento, cuando no la desaparición, de la conciencia en las clases populares.

Especial 33
Especial

Me limitaré a enumerar varios factores que han sido puestos de relieve por estudios reali-
zados en Francia cuyos autores, si bien raramente mantienen posiciones anticapitalistas, al
menos tienen el mérito de ser antiliberales:5

– primero, las transformaciones del modo de producción capitalista o, para que quede claro,
del modo de explotación: disminución del porcentaje de obreros en la población activa
debido a la desindustrialización y las deslocalizaciones y, por consiguiente, la minoración
de su peso y su influencia en la sociedad;
– el carácter cada vez más abstracto del enemigo de clase como consecuencia de la trans-
nacionalización y la financiarización del capital;
– el alejamiento entre los establecimientos industriales o comerciales y los centros de deci-
sión, lo que fragiliza la eficiencia de los movimientos sociales en las unidades locales;
– la desaparición de los lugares de trabajo con mayor concentración de trabajadores (gran-
des fábricas, astilleros, minas, etc.) y el aumento de la proporción de obreros que traba-
jan en el sector servicios (transporte, mantenimiento…), ahora mayoritario;
– la flexibilización del mercado laboral con la extensión de formas de empleo temporal o a
tiempo parcial, y el aumento del desempleo, es decir, la generalización de la precariedad,
que tiene como efecto desestabilizar a los colectivos de trabajadores y obstaculizar la soli-
daridad y la resistencia;
– la reorganización del funcionamiento de las empresas (new management) con la indivi-
dualización de las tareas y la acentuación de la división del trabajo, en particular entre
obreros cualificados y no cualificados, obreros estables y precarios, trabadores de “cuello
blanco” y trabajadores de “cuello azul”;
– las innovaciones tecnológicas que separan a los trabajadores en base a su especialización;
– la difusión generalizada de los valores empresariales (participación, autonomía, mérito,
competición para subir en la jerarquía).

La disminución cuantitativa, la diversificación y la atomización de las masas trabajado-


ras, como se decía antaño, van en contra de la permanencia de una cultura de clase común
y de la acción colectiva. La flexibilidad y la segmentación del mercado del trabajo imponen
una pluralidad de condiciones de trabajo, de ingresos y de relaciones profesionales que des-
truye la antigua solidaridad de clase obrera. Cabe apuntar a este respecto que la noción de
clases populares es más adecuada que la de clase obrera: el plural hace resaltar el carác-
ter cada vez más heterogéneo de las categorías populares en el período reciente. Así, éstas
han perdido su cohesión social hasta el punto de volver incierta su identidad social. Y esto
se traduce en el lenguaje: mientras que la denominación oficial de “operario” en las empre-
sas industriales desclasifica y rebaja la de obrero, los trabajadores ya no se tratan entre sí

5 Y. Siblot, M. Cartier, I. Couant, O. Masclet y N. Renahy, Sociologie des classes populaires contemporaines, Armand Colin,
Paris, 2015. Este libro colectivo propone una visión de conjunto de la evolución de las clases populares en Francia, sinteti-
zando las investigaciones realizadas sobre este tema y acompañándolas de una rica bibliografía.

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La invisibilización urbana de las clases populares

como compañeros sino como “colegas”, una evolución lingüística que refleja, y al mismo
tiempo acentúa, la invisibilización de las clases populares.

La invisibilización de las clases populares es, en gran parte,


una construcción social en el que el factor ideológico
desempeña un papel relevante

No obstante, los factores socioeconómicos no bastan para explicar este fenómeno. No


hay que olvidar que estas clases están todavía masivamente presentes en Francia. A pesar
del carácter discutible de las estadísticas oficiales y, en particular, de los criterios de clasifi-
cación socio-profesional, se puede afirmar que los obreros representan todavía el 22,5% de
la población activa y que alcanzan más del 25% si se incluye a los parados y jubilados. Si
además sumamos los empleados poco cualificados del sector servicios –sobre todo emple-
adas, el 80% son mujeres–, cuya condición social es bastante semejante en varios aspec-
tos a la de los obreros y cuyo número va en aumento, el proletariado constituiría hoy el 58%
de la población francesa. En otras palabras, invisibilización no significa desaparición. Así
pues, no es tanto la evolución de las clases populares en sí mismas lo que está en el ori-
gen de su invisibilización como la evolución de las clases populares para sí mismas. Esto
significa que la invisibilización es, en gran parte, una construcción social en el que el factor
ideológico desempeña un papel relevante, aunque también habría que considerar otros fac-
tores de tipo político y espacial.

A las lógicas objetivas de desestructuración y de dislocación de la clase obrera, así como


de recomposición de las clases populares, se les suman las lógicas subjetivas de desvalo-
rización y desmoralización del mundo del trabajo. En el plano político se puede decir que las
clases populares están cada vez menos representadas en la escena política oficial. Como
es notorio, los partidos de izquierdas han ido “aburguesando” su composición sociológica en
las décadas de finales del siglo XX, lo que ha conllevado la desconexión con su base popu-
lar. Ya sea en referencia a sus líderes, a sus militantes o a su electorado, bien puede afir-
marse que el Partido Socialista se ha vuelto fundamentalmente el partido de las clases
medias educadas, es decir, de la «pequeña burguesía intelectual» (PBI).6 Aunque no quie-
ran reconocerlo, el desprecio de la clases populares se ha convertido en moneda corriente
entre sus filas, y su política, cuando está en el poder, no se distingue de la que desarrolla la
derecha, salvo por las «cuestiones societales».7 Claro está que, amenazada por la proleta-

6 J. P. Garnier y L. Janover, La deuxième droite, Agone, Marsella, 2013 [Primera edición 1986].
7 Neologismo creado para designar la evolución de las costumbres, algo que interesa mucho a los “neo-pequeños burgueses”,
pero que son diferentes de las cuestiones sociales que se plantean las clases populares, esto es, inestabilidad del empleo,
rebaja del nivel de vida, desmantelamiento del Estado de bienestar, etc.

Especial 35
Especial

rización, parte de la PBI ha empezado a tomar también en cuenta estas cuestiones, pero
esto no basta para poder seguir afirmando la ausencia de las clases populares en las insti-
tuciones políticas. En cuanto al Partido Comunista Francés, sus dirigentes y cuadros perte-
necen también hoy mayoritariamente a la PBI del sector público, en particular, personal
docente y socioeducativo, representantes, cuadros y expertos municipales, lo que explica
que este partido haya abandonado su ambición de representar prioritariamente a las clases
populares, excepto en los periodos electorales.8

Las clases populares, ausentes del campo político, tampoco están muy presentes en el
campo sindical. La burocratización de los sindicatos, las divisiones y rivalidades entre ellos,
sus arreglos con la izquierda oficial en el poder, el abandono de una «lógica de oposición»
en provecho de una «lógica de proposición» –que es, de hecho, una lógica de colaboración
de clases– y las derrotas sucesivas en la lucha contra el neoliberalismo han contribuido a la
deserción de la base militante. Resultado: la tasa de sindicalización de los obreros y emplea-
dos (7%) no ha dejado de reducirse en el transcurso de los años.

Como concluyen a propósito de esta situación los sociólogos y politólogos que se pre-
tenden críticos, las clases populares padecen una crisis de representación. Dicho de otro
modo, las clases populares son políticamente invisibles. Esto no preocuparía mucho a la
burguesía y a la PBI si no fuese porque esta crisis de representación popular pone en crisis
la propia democracia representativa, y esto por dos vías:

– El “partido de los abstencionistas” (siempre más del 50%, salvo cuando se puede votar
contra la Europa de Bruselas) es el “primer partido” en Francia, al que habría que
sumar la gente que ni siquiera se inscribe en el censo electoral (y que somos el 12%
de los ciudadanos en edad de votar). Pues bien, todas las investigaciones y los estu-
dios muestran que la abstención es mucho mayor en el caso de las clases populares.
Este desafecto deslegitima a un régimen que supuestamente encarna el reino de la
soberanía popular pero que, sin embargo, se evidencia como una “democracia sin el
pueblo”.
– Un porcentaje cada vez más importante de estas clases vota al Frente Nacional –la
extrema derecha- no porque se hayan convertido en fascistas, sino porque detestan los
partidos que se suceden en el poder para proseguir con la misma política al servicio del
capitalismo. Dejando a un lado el debate sobre si esto representa un peligro para la
democracia, sí hay un aspecto de este voto extremista que tiene que ver directamente
con la invisibilización de las clases populares: el carácter populista de la propaganda del
Frente Nacional a la que François Hollande acaba de reprochar que «habla, a través de
los discursos de Marine Le Pen, como una octavilla de los años setenta del Partido

8 J. Mischi, Le communisme désarmé. Le PCF et les classes populaires depuis les années 1970, Agone, Marsella, 2014.

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La invisibilización urbana de las clases populares

Comunista». Con este tipo de argumentos que sirven al mismo tiempo de pretexto y de
coartada, los dirigentes, periodistas e intelectuales de la izquierda socioliberal buscan
tanto excusarse de haber olvidado a las clases populares como desacreditar los esfuer-
zos realizados por lo poco que queda de la izquierda socialdemócrata antiliberal y de la
izquierda anticapitalista para volver a conectar con el antiguo lenguaje militante progre-
sista y, de este modo, con las clases populares. Y todo ello, no por miserabilismo o pater-
nalismo, sino para situar a las clases populares en el lado de la emancipación colectiva
cuando éstas se conviertan en un pueblo consciente y organizado para un cambio social
real. Desgraciadamente, hasta la fecha, estos esfuerzos no han estado coronados con
éxito en Francia. Y de hecho, es aquí donde se hace más nítida la intervención de los
factores específicamente ideológicos que obran a favor de la despolitización del pueblo
y, con ello, a su invisibilización.

De la despolitización a la invisibilización
A nivel internacional, no se puede eludir el desastroso impacto del doble fracaso del socia-
lismo (o del comunismo) supuestamente “real” y la pérdida consecutiva de los ideales de
transformación social que habían movilizado a las clases trabajadoras desde el siglo XIX.
No solamente los regímenes considerados como la encarnación de estos ideales se reve-
laron como sus propias caricaturas –a menudo dictatoriales y sangrientas–, sino que, ade-
más, tampoco llegaron a sobrevivir frente a sus rivales capitalistas. Hoy día, el proletaria-
do ya no puede encontrar un régimen que concrete y simbolice un modelo positivo con el
que poder identificarse, un modelo alternativo a la llamada “democracia de mercado”, y
tampoco puede, por tanto, figurar ante los ojos de las otras clases ni ante los suyos pro-
pios como una fuerza social capaz de llevar a la humanidad hacia un futuro mejor o inclu-
so “radiante”.

A nivel nacional, los defensores del orden establecido aprovecharon esta quiebra de los
ideales socialistas o comunistas y el desánimo que provocó en las clases populares para
desarmarlas intelectualmente. En Francia, desde mediados de los años setenta y acompa-
ñando la ofensiva económica neoliberal, se desató también una embestida ideológica de
gran amplitud. Politiqueros, periodistas e intelectuales de salón se coaligaron para imponer
un “pensamiento único” conformista que convenciese a las clases populares de que el par-
lamentarismo del capital, rebautizado como “democracia de mercado”, era el horizonte insu-
perable de nuestros tiempos y de los tiempos venideros.

En este contexto, la referencia progresista al «pueblo» desapareció del lenguaje políti-


co. Han sido sustituidas por dos categorías tranquilizadoras para los poderosos y y sus ser-
vidores con poder político: la alienante referencia al «consumidor» o al «ciudadano», ecto-

Especial 37
Especial

plasma sin identidad de clase, definido por su adhesión y participación gregarias –las más
de las veces como figurantes y nunca como actores– en las instituciones representativas
estatales o paraestatales, como es el caso de algunas asociaciones subvencionadas por el
Estado. En cuanto al calificativo «popular», sirve hoy para designar lo que cuenta con la pre-
ferencia de la población, o más bien del público, ya que, en nuestra «sociedad del espectá-
culo», la popularidad depende principalmente del favor de los mass media. Se trata de la
población que las clases dominantes, burguesas y neo-pequeño-burguesas, identifican con
la parte menos educada y menos culta, cuyos gustos son considerados vulgares.
Consecuencia: lo que es relativo al pueblo, propio del pueblo, lo que procede del pueblo
como medio social es ignorado, despreciado o estigmatizado, y la gente que no comparte
esta actitud resulta sospechosa y acusada de populista.

No se puede analizar este fenómeno sin acudir a un concepto fraguado por el sociólogo
Pierre Bourdieu para describir un aspecto fundamental de la dominación de clase: la vio-
lencia simbólica. A diferencia de la violencia física directa (la represión, la coerción abierta),
la violencia simbólica se caracteriza por ser indirecta, invisible, soterrada, implícita o subte-
rránea, por esconder la matriz basal de las relaciones de fuerza subyacente al orden social.
Esto hace difícil cualquier contestación o revuelta, y sirve para pacificar las relaciones en el
seno de la sociedad. La clase dominante tiene el poder de imponer subrepticiamente su pro-
pia visión del mundo –a la vez idealista y materialista (en el sentido común del término),
moralista y utilitarista– como objetiva y universal (por ejemplo, a través de las nociones de
«interés general» o de «bien común») de tal forma que los dominados no disponen de otro
modo de pensamiento que el de los dominantes y, al interiorizarlo, no evidencian la violen-
cia simbólica o son inconscientes de la presión que ella ejerce sobre ellos y contra ellos. La
mayoría de los miembros de las clases populares, por ejemplo, no se percatan de que la
información y la comunicación no son otra cosa que propaganda o publicidad.

Las prácticas de la violencia simbólica forman parte de estrategias elaboradas en el con-


texto de las relaciones de dominación capitalistas que participan en la reproducción de los
roles sociales, el estatus, el género, la posición social, las categorías cognitivas o las estruc-
turas mentales. Son puestas en juego –por separado o conjuntamente– como parte de una
reproducción encubierta y sistemática. A través de este proceso de sometimiento, los domi-
nados perciben la jerarquía social como legítima y natural, y hacen suya la visión que los
dominantes tienen del mundo o, más bien, la visión que, a través de los medios de comuni-
cación, quieren difundir hacia las clases populares. Esto conlleva que estas tengan una
representación negativa, desvalorizante de sí mismas. La violencia simbólica está, de este
modo, en el origen de un sentimiento de inferioridad o de insignificancia entre los domina-
dos. De ahí el desaliento, la resignación y el repliegue que se puede observar entre las cla-
ses populares y que contribuye a ser ignoradas por las otras y a hacerse ellas mismas, por
su propia cuenta, invisibles.

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La invisibilización urbana de las clases populares

Un urbanismo antipopular

Sin embargo, la invisibilización de las clases populares no se limita a su existencia como cla-
ses laborales. También se ha prolongado y acentuado por las transformaciones de su ins-
cripción territorial como habitantes. Hasta los años de las décadas cincuenta y sesenta, el
barrio popular se identificaba con el barrio obrero. Éste era el terreno de una sociabilidad y
una solidaridad específicas que consolidaban los lazos creados en la vida profesional. La
presencia obrera era tan fuerte que influía en los habitantes de otras clases, no sólo a los
empleados sino también a los artesanos y pequeños comerciantes. La proximidad entre los
lugares de trabajo y las viviendas dotaba a la identidad obrera de dos bases territoriales
estrechamente conectadas que favorecían movilizaciones masivas de clase. El barrio podía
constituir un bastión para la resistencia política e incluso, a veces, para la contraofensiva,
ya fuera violenta (como ocurrió en París en el siglo XIX) o electoral (como pasó después en
algunos suburbios obreros o a escala de municipios enteros en regiones industriales), hasta
tal punto que representantes políticos surgidos de grupos estables de obreros cualificados
pudieron acceder al poder municipal antes de que los partidos de izquierda se empezaran
a “pequeño-aburguesar”.

Claro está que, de una manera general, por motivos económicos, políticos e ideológicos,
las clases dominantes no podían aceptar que el predominio de las clases populares se per-
petuase en ciertos espacios urbanos, ya fuese a nivel de un municipio entero o de los
barrios céntricos. De ahí que uno de los objetivos fundamentales de la política urbanística
fuera acabar con este tipo de situaciones siguiendo dos ejes, a saber, expulsar a las clases
populares hacia la periferia y organizar su dispersión espacial. Esto se llevó a cabo a través
de un urbanismo que se puede calificar de antipopular, conjugado con las facilidades otor-
gadas por los poderes públicos a la especulación inmobiliaria. A la marginación socioeco-
nómica de las clases populares se añadió así su marginación socioespacial.

Antes de pasar revista a los distintos modos de alojamiento de las clases populares y
ponerlos en relación con su visibilidad urbana, diré algunas palabras acerca de los ciuda-
danos que se pueden calificar de invisibles. Dejando de lado aquellos que lo son ya de facto,
es decir los 67.000 encarcelados y alojados de forma provisional o prolongada por el Estado
(cuya mayoría proviene de las clases populares), hay actualmente en Francia alrededor de
120.000 personas sin vivienda que sobreviven en la calle. Hombres y mujeres sin trabajo,
franceses o inmigrantes, encuentran su lugar en el espacio público haciendo de él su
“hogar”, si es que se puede decir así. A primera vista, no se les puede clasificar como “invi-
sibles”, ya que están física y visualmente muy presentes en los espacios públicos céntricos,
donde llegan a ser considerados como indeseables. Con procedencias diversas y por moti-
vos diferentes, han ido ocupando plazas, parques y paseos, y han creado sus propios luga-

Especial 39
Especial

res de estancia, encuentro y convivencia. Como es sabido, son objeto de frecuentes medi-
das de “limpieza” orientadas a erradicarlos de los espacios públicos más visibles, donde
pueden crear problemas o desentonar con el maquillaje de unas urbes perfectas, ordena-
das y pacíficas. A los individuos sin hogar se suman 45.000 personas que viven en aloja-
mientos improvisados (garajes, sótanos, casetas de jardín, coches abandonados) y 110.000
más que habitan en campings, caravanas o mobile homes. Otros logran un techo alquilan-
do precarias habitaciones de hostales o pisos amueblados (700.000) o alojándose con
parientes o amigos (más de un millón, de los cuales 200.000 viven en condiciones muy difí-
ciles). Entre los que tienen techo pero no vivienda, la casuística laboral es variada: unos
están sin empleo y otros trabajan más o menos habitualmente y de forma legal. De hecho,
cerca del 30% tiene un empleo y el 90% son obreros o empleados. No obstante, la caren-
cia de alojamiento propio priva a todos ellos de un elemento esencial para constituir su iden-
tidad personal y social, y, por tanto, también ciudadana.

Innumerables estudios urbanos han tratado de la desposesión de las clases populares


de su derecho a la ciudad y, más concretamente, a la centralidad urbana.9 Por eso, no creo
que valga la pena pararse a dicutir sobre las políticas urbanas, ya sean urbanísticas o de
vivienda, orientadas a la recualificación, renovación, rehabilitación, revitalización, redinami-
zación, renacimiento urbano, etc., a las que se podría añadir el término «regeneración», tan
en boga en España y con connotaciones biológicas y naturalistas. Todo el mundo adivina –a
pesar de que muchos fingen ignorarlo por prudencia oportunista– la lógica de clase de la
política urbana que encubre este vocabulario habitual, consensuado y euforizante de los
urbanistas, arquitectos y “comunicadores” (o sea, propagandistas) de los ayuntamientos.
Esta lógica se resume muy bien con dos palabras, utilizadas siempre con cautela porque
podrían revelar lo que importa tapar: «reconquista urbana».

En el frente urbano, se está llevando a cabo en las grandes ciudades una guerra de baja
intensidad y de larga duración. Ocurre en Francia como en otros países. ¿Quién es el ene-
migo? En principio, la pobreza, la insalubridad y la inseguridad; en realidad, las clases popu-
lares con ingresos bajos y hábitos contraproductivos que ocupan un sitio indebido en luga-
res que deben ser “revalorizados”, es decir, a los que hay que dar valor en el sentido sim-
bólico y, sobre todo, financiero del término, más todavía si se toma en cuenta el papel clave
de la especulación inmobiliaria en este proceso que es a la vez “espontáneo” (es decir,
según las leyes del mercado de la vivienda) y programado (por la política urbanística). En
este último caso, la “problemática del proyecto”, como se dice en las escuelas de arquitec-
tura a propósito de la transformación de los barrios populares bien ubicados, es hacerlos
lisos y asépticos, elevar su standing, mejorar su imagen. Evidentemente, esta mejora física

9 Esta definición del derecho a la ciudad es muy restrictiva. Tanto para el sociólogo Henri Lefebvre como para el geógrafo David
Harvey (los teóricos más reconocidos en esta materia), no se trata solamente de un derecho de acceso y uso, sino del dere-
cho del pueblo a intervenir directa y activamente en la concepción y la configuración del espacio urbano.

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La invisibilización urbana de las clases populares

implica una “mejora” social. Los viejos inmuebles deteriorados que se alquilaban a personas
poco solventes dejan sitio a nuevos edificios residenciales o a casas renovadas donde ya
no habrá sitio para ellas. Los bares y pequeñas tiendas tradicionales desaparecen en favor
de cafés de moda, boutiques de tendencia y galerías de arte. Se trata de atraer a una clien-
tela de clase media adinerada y culta, que busca proximidad a la amenidad de los centros
urbanos pero sin la mezcolanza social con las clases inferiores. La diversidad social del
barrio donde se establecen es más un decorado que estos neopequeños burgueses valo-
ran a posteriori para hacer alarde de progresismo y de anticonformismo. En realidad, al esta-
blecerse en los barrios populares, no obran de manera militante o humanitaria sino princi-
palmente por obligación económica. Poco les importa que su presencia contribuya al alza
los precios de venta o alquiler en la vecindad, y que esto acelere la salida de la gente del
pueblo a quienes, además, hacen sentir su inferioridad por la exhibición de prácticas cultu-
rales diferenciadas y formas de vida elitista. El concepto de «gentrificación» define esta
colonización de los barrios populares, pero se podría inventar el neologismo “despopulari-
zación”, tomándolo en un sentido figurado para designar este proceso que, si bien no tiene
como fin echar al pueblo fuera de sus barrios, es precisamente esto lo que está provocan-
do de facto.

Entonces, ¿dónde vive la mayoría de los habitantes de las clases populares francesas,
de origen inmigrante o no, una vez que sabemos de las dificultades cada vez mayores que
tienen para permanecer en los barrios céntricos? Durante los años de prosperidad de la pos-
tguerra, llamados en Francia «los treinta gloriosos», empezó la separación entre empleo y
residencia, con la construcción, primero, de los grandes polígonos de vivienda social y,
luego, con el desarrollo de urbanizaciones de casas unifamiliares, unos y otras alejados de
los lugares de trabajo que, al mismo tiempo, se diversificaban. Ninguno de los casos favo-
rece la visibilidad urbana. Estas políticas urbanísticas contribuyeron a la desagregación de
la clase obrera, cuyos miembros tendieron a replegarse en los nuevos hogares, más con-
fortables que las viviendas antiguas, donde, en adelante, pasarían una buen parte de su
tiempo libre en detrimento de la sociabilidad de barrio, por no hablar del compromiso mili-
tante. Sumado a ello, la desindustrialización y la transformación del mercado laboral termi-
narían por romper el lazo entre trabajo y alojamiento en un contexto de aumento del paro y
de la precariedad.

En los polígonos de vivienda social, hoy se encuentran relegados los trabajadores


menos cualificados y más precarios, con una fuerte proporción de familias de origen extran-
jero (magrebíes, subsaharianos, etc.). Alrededor de 4,2 millones de habitantes viven en
estos barrios, o sea el 7% de la población francesa. A primera vista, parecería poco acerta-
do hablar en términos de invisibilización urbana de las clases populares. De hecho, hace
casi 40 años que estos conjuntos de viviendas sociales –las cités en lenguaje periodístico
francés– llaman la atención por ser escenarios de las llamadas “violencias urbanas”, que

Especial 41
Especial

constituyen una de las preocupaciones mayores de los sucesivos gobiernos franceses y uno
de los temas preferidos de los medios de comunicación. La presencia de una juventud mas-
culina poco escolarizada y sin porvenir, más o menos rebelde y a veces delincuente, ha
hecho que estas zonas residenciales adquieran mala fama. Nadie, ni las autoridades, los
periodistas, ni siquiera la propia población que allí reside, las considera barrios populares en
el sentido tradicional y positivo del término. Tienen la reputación de ser barrios “difíciles”,
pero no por las dificultades de todo tipo que sufren sus habitantes (afectados por la preca-
rización, la pobreza y, en el caso de la población árabe o negra, también por el racismo y la
discriminación), sino por lo difícil que resulta mantener el orden público en esas zonas urba-
nas. Debido al uso de la violencia u otras formas de acción ilícitas, como los disturbios que
siguieron a la muerte de un joven a manos de la policía, las movilizaciones que surgen en
estas zonas son siempre rápidamente descalificadas por el poder mediático, olvidando el
hecho de que a menudo están vinculadas a un sentimiento de pertenencia a un territorio pro-
pio y al rechazo de las desigualdaldes y las injusticias. Lo tuvieron que reconocer finalmen-
te los propios dirigentes políticos que dieron la orden de implantar el Estado de emergencia
en el año 2005 ante la generalización de la revuelta juvenil que prendió en decenas de cités:
los enfrentamientos con la policía y la quema de edificios públicos y coches fueron una
forma de protesta social contra las inicuas condiciones de existencia impuestas a la juven-
tud y a sus padres.

Las clasificadas oficialmente como zonas urbanas sensibles –más de 700–, reciente-
mente rebautizadas como barrios prioritarios –incluidos en su mayoría en las «zonas de
seguridad prioritarias»–, son el blanco de lo que se llama en Francia la «política de la ciu-
dad» (con esta u otra denominación), y que resulta ser, en realidad, una “policía” de la ciu-
dad en la que se conjuga la prevención y la represión, es decir, medidas suaves y duras que
constituyen en conjunto lo que un sociólogo crítico ha llamado y denunciado como «socio-
apartheid».10 El propio primer ministro, Manuel Valls, al intentar explicar los atentados de
enero 2015 llevados a cabo en París por yihadistas salidos de las cités francesas, recono-
ció públicamente el efecto negativo de la relegación urbana de los guetos y de la discrimi-
nación, y llegó incluso a declarar que en Francia existía «un apartheid territorial, social, étni-
co». ¡Eso, después de 40 años de «política de la ciudad»!

Cuando se trata de estos barrios, los discursos autorizados (es decir políticos o poli-
ciales que son en general muy parecidos, mediáticos o académicos), aunque usan de vez
en cuando la expresión «barrios populares», no se refieren al pueblo para designar a sus
habitantes. En general, se habla de “pobres”, de “sectores desfavorecidos”, de “poblacio-
nes frágiles o vulnerables” o simplemente de “excluidos”. Sin embargo, la tradición popular
de ayuda mutua y autorganización de la vida colectiva sigue viva entre las familias, como

10 M. Rigouste, La domination policière. Une violence industrielle, La Fabrique, Paris, 2012.

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La invisibilización urbana de las clases populares

lo demuestran las numerosas asociaciones de vecinos, aunque su papel pueda parecer un


poco ambiguo. Por un lado, a iniciativa de colectivos nacidos en su seno, las clases popu-
lares suelen hacerse presentes en el espacio público a través de manifestaciones reivindi-
cativas de nuevos derechos o para protestar contra determinadas políticas que acentúan
su marginación (en particular, la «renovación urbana», sinónimo de expulsión). Por otro,
están la mayoría de asociaciones, cuya vocación es la gestión local de las políticas socia-
les. Son las encargadas de la distribución de recursos entre los beneficiarios de las ayu-
das del Estado, lo que las pone en una situación de dependencia con respecto a las auto-
ridades. Así, sustentadas y financiadas por éstas, suplen las carencias del Estado de bien-
estar a través de la llamada “democracia participativa” y buscan resolver ciertos problemas
de los habitantes sin jamás remontarse a las causas estructurales que están en su origen,
pues en el caso de hacerlo correrían el riesgo de ser acusadas de “politización” o de ejer-
cer una militancia poco acorde con la condición de ciudadanos responsables. Así pasa, por
ejemplo, con la educación –se podría hablar de “reeducación”– y la políticas de tiempo libre
destinadas a los jóvenes, cuya finalidad principal parece que no es otra que la de mante-
nerlos ocupados.

Esta ambigüedad de la labor de las asociaciones y de los poderes públicos que las sub-
vencionan resulta especialmente evidente en relación con la cultura popular juvenil, princi-
palmente la musical, que se ha desarrollado en estos barrios en mestizaje con las aporta-
ciones del otro lado del Mediterráneo (raï) o con las importaciones de los guetos estadouni-
denses (rap, hip-hop, etc.). Dado que sus creadores y su público forman parte de una juven-
tud que pasa por ser una “chusma” perturbadora de la tranquilidad pública, esta cultura, que
es considerada despectivamente “cultura de calle”, se asimila a prácticas fuera de las nor-
mas o incluso delictivas, y es sospechosa de incitar a la rebelión. Sin embargo, también
puede ser recuperada, instrumentalizada y finalmente neutralizada como cultura urbana,
antes de ser mercantilizada e integrada en la cultura de masas, puesto que los poderes
públicos ven en ella un medio para satisfacer pacíficamente el deseo de reconocimiento de
los jóvenes rebeldes y esperan que, por esta vía, dejen de manifestarlo en el espacio públi-
co de una manera violenta.

Las clases populares con empleo estable e ingresos suficientes tratan de evitar esos
barrios –vistos como lugares estigmatizantes de desorden, promiscuidad y violencia– y pre-
fieren alojarse en las urbanizaciones de casas unifamiliares ubicadas en la periferia de las
ciudades o incluso en espacios semirrurales. En estas zonas residenciales “lejos de todo”,
como anuncian los carteles promocionales, las familias de las clases populares se someten
a la dominación cultural de los representantes de la pequeña burguesía asalariada (cuadros,
técnicos, ingenieros, docentes, trabajadores sociales). Y, al mismo tiempo que opera la iden-
tificación con los sectores pequeño burgueses, los obreros y empleados convertidos en pro-
pietarios tienden también a diferenciarse de los habitantes de menor status social que han

Especial 43
Especial

tenido que quedarse en los polígonos de viviendas sociales, acelerando así la desagrega-
ción de las solidaridades de clase.

Ocurre, sin embargo, que el porcentaje de las clases populares puede llegar a ser en oca-
siones tan importante que permite a sus representantes dominar el tejido asociativo y acceder
al poder municipal. En ese caso, pueden organizar el tiempo libre de los habitantes a través
de actividades deportivas, juegos para niños, reuniones recreativas para ancianos, kermesse,
bailes y otras fiestas colectivas. Pero, aunque esta supremacía numérica permita consagrar la
hegemonía de una élite local procedente de las fracciones superiores de las clases populares,
también contribuye al mismo tiempo a apartar a las franjas más débiles de aquellas que logra-
ron alojarse en casas unifamiliares. De todos modos, considerando la ciudad en su conjunto,
la visibilidad urbana de estas clases populares suburbanas, dispersas en urbanizaciones ale-
jadas unas de otras, es muy limitada y políticamente casi inexistente. Cuando se habla de
suburbios residenciales en Francia, se alude casi exclusivamente a aquellos donde reside la
burguesía o las franjas superiores de la pequeña burguesía intelectual.

Por último, están también los barrios populares antiguos en el centro de las ciudades
donde todavía no ha llegado la renovación y la gentrificación porque son –provisionalmen-
te– considerados poco “interesantes” por los promotores y las autoridades. Sin embargo,
una gran parte de las clases populares francesas no desea seguir viviendo en los inmuebles
y viviendas degradadas de estos barrios, y ha sido poco a poco sustituida por una población
venida en su mayoría –o exclusivamente–de las antiguas colonias francesas o de otros paí-
ses del Sur (India, Pakistán y, ahora, China). En estos barrios, la visibilidad de estos nuevos
habitantes es fuerte y, a menudo, dependiendo de su origen geográfico y categoría social,
el resto de los ciudadanos perciben estos espacios como exóticos pero también, a veces,
como insidiosos. En París, por ejemplo, una parte del distrito 13, poblado mayoritariamente
por habitantes cuyos antepasados inmigraron desde Vietnam, Camboya o Laos, y que per-
tenecen a la clase media, gozan una reputación positiva entre el resto de parisinos y las
autoridades de la ciudad. En cambio, barrios de los distritos 18 y 19 de París, poblados por
emigrantes venidos de África subsahariana, a menudo sin cualificación reconocida en
Europa, a veces sin papeles o incluso clandestinos, son considerados problemáticos. Las
prácticas y las relaciones colectivas de sus habitantes son presentadas y percibidas como
persistencias de un modo de vida inadaptado, cuando en realidad, estando basadas en la
solidaridad de vecindad y frecuentemente en “apaños” más o menos ilegales (trabajo negro,
tráfico, prostitución), resultan totalmente contemporáneas de un mundo urbano donde la
precariedad y la pobreza no dejan de desarrollarse. En todo caso, unos y otros no son vis-
tos como barrios populares sino como “barrios étnicos”.

En resumen, la visibilidad urbana de las clases populares ha disminuido intensamente


en Francia en los últimos tiempos, confirmando y reforzando la invisibilización que también

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La invisibilización urbana de las clases populares

experimentan como clases trabajadoras. Una evolución que viene acentuándose con el
aumento de la precariedad laboral. La inscripción de las clases populares en el espacio
social a través del empleo y del salario está siendo sustituida de forma creciente por una
adscripción de base territorial. Sin embargo, al contrario de lo que plantea la sociología inte-
gracionista, no se puede concluir que tal sustitución esté contribuyendo a reafirmar su visi-
bilidad urbana. De hecho, mientras que la aristocracia obrera y los empleados cualificados
tienden a copiar el modo de vida de la pequeña burguesía, los trabajadores desempleados
o con empleos intermitentes se repliegan al interior de su hogar reduciendo el contacto con
el mundo exterior al que les proporciona la televisión.

La invisibilización urbana de las clases populares tiene mucho que ver con la huella cre-
ciente que ejerce sobre la ciudad la clase dominante y sus servidores; un poder paradójica-
mente poco visible, incluso ahora que el espectáculo de las costosísimas sedes sociales y
equipamientos culturales de alta gama que se erigen para realzar la imagen de marca de las
capitales del capital no debería dejar lugar a dudas sobre la identidad social de sus destina-
tarios. Desde esta perspectiva, cabe pensar que el paso de la ciudad productiva a la ciudad
creativa, por retomar una de las temáticas preferidas del marketing urbano, terminará dejan-
do fuera del juego a las clases sociales ligadas al estadio precedente. Por eso, el derecho a
la ciudad –es decir, a la apropiación colectiva del espacio urbano por las clases populares,
ya sea para usarlo o para reconfigurarlo– sigue siendo hoy día una utopía. Para que pueda
hacerse realidad, habría que poner fin a la reconquista burguesa y neo-pequeño-burguesa
de la ciudad, esto es, haría falta una revolución que no fuera solamente urbana sino también
social, por no decir socialista. Ello implicaría que una parte de la pequeña burguesía intelec-
tual –incluidos, por supuesto, arquitectos, urbanistas e investigadores de las ciencias socia-
les–rompiera la alianza objetiva, y a menudo subjetiva, que mantiene con la clase dirigente y
se solidarizara con las clases populares. De esta forma sería posible pasar de un régimen
oligárquico a otro realmente democrático en el sentido propio de la palabra; un régimen que
otorgaría a las clases populares una visibilidad permanente en el espacio urbano.

Especial 45
PAPELES: Revista de relaciones ecosociales y cambio global
[Link]

FUHEM Ecosocial: análisis y debates para


una sociedad justa en un mundo habitable
[Link]/ecosocial
BERNARDINO SANZ Y DAVID BUSTOS

Financiación local. Apuntes para


un cambio en el modelo

Con el argumento de la crisis de las Administraciones locales, se está asistien-


do a procesos centralizadores en toda Europa, con el riesgo de perder la pro-
ximidad al ciudadano. Pero la génesis del problema no parece estar en una
diferencial ineficiencia en la prestación de los servicios, sino en la inadecua-
ción de las fuentes de financiación. Atendiendo a éstas, se pueden esbozar
cuatro diferentes modelos en Europa; los más dependientes de los ingresos
inmobiliarios y con mayor autonomía respecto a los del Estado, parecen pre-
sentar más riesgos. España es un ejemplo claro, con ingresos muy dependien-
tes del Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI), poca transparencia en el recu-
rrente recurso a la venta de suelo y mejorable rigor en los procesos de elabo-
ración de los presupuestos de ingresos.

L as múltiples crisis por las que se ha transitado en los últimos años, inmo-
biliaria, financiera, económica, de deuda y social, están sirviendo en Europa
Bernardino Sanz,
economista y
subdirector
para cuestionar, si no ya la estructura de las autoridades locales, sí su dimen-
general de
sionamiento y alcance de su actuación e, indudablemente, está teniendo con- análisis
secuencias sobre la prestación de los servicios que desempeñan y sobre su socioeconómicos
financiación. No en vano, la merma general de recursos que conlleva cual- en el
quier recesión, se ha visto especialmente agravada en numerosos municipios Ayuntamiento
por su mayor dependencia de los ingresos procedentes, directa o indirecta- de Madrid
mente, de la actividad inmobiliaria.
David Bustos es
geógrafo y
En este contexto, las tendencias a la recentralización, con el consiguiente consejero
riesgo de pérdida de la proximidad que ofrecen los gobiernos locales, están técnico de
muy presentes, no sólo en el debate político, sino también en su concreción análisis
en algunos países. Si, durante las décadas precedentes, la descentralización socioeconómicos
en el
administrativa a nivel regional y local fue un proceso continuo, en los últimos
Ayuntamiento
años la reorganización local está siendo ampliamente cuestionada. Es un de Madrid
fenómeno que se apoya tanto en la propuesta de centralizar funciones en

de relaciones ecosociales y cambio global 47


Nº 130 2015, pp. 47-61
Especial

organizaciones territoriales superiores, como en las significativas restricciones presupues-


tarias y operativas que se aprecian.

En el caso español esto se ha traducido en la aprobación de una nueva legislación en


materia de estabilidad financiera,1 que obliga a presentar presupuestos equilibrados, pla-
nes de reducción de la deuda y vincular posibles ahorros a esa misma reducción; numero-
sos programas de reducción de costes en muchos municipios; modificaciones de las retri-
buciones de alcaldes y concejales, e intensificación de los controles administrativos y finan-
cieros. Igualmente está abierto el debate sobre la distribución de competencias entre los
diferentes niveles de gobierno, forzando la transferencia de determinados servicios pres-
tados por los municipios, en favor de las diputaciones provinciales o las Comunidades
Autónomas.

En cualquier caso, la cuestión de la suficiencia de la financiación local, su composición


y las derivas que la misma tiene, es el elemento determinante de estos procesos, por lo que
es de enorme interés una aproximación al tema.

En lo que sigue se hará un breve repaso a las múltiples formas en que se financian las
entidades locales europeas, tratando de detectar las pautas que puedan existir, a partir de
las cuales acercarnos, con mayor criterio, al peculiar sistema de obtención de recursos de
los municipios españoles y, con ello, poder arrojar luz hacia una mayor racionalización.

Modelos de financiación local en Europa


Las particularidades de cada sistema de financiación local en los diferentes países de la
Unión Europea vienen determinadas por los múltiples factores que lo definen, entre los que
pueden ser considerados como más importantes las competencias de cada Administración
local, la forma de prestar los servicios y la de proveerse de los recursos necesarios para lle-
var a cabo su cometido. Lógicamente su combinación genera una completa miscelánea de
casos que hace compleja una agrupación significativa en unos pocos modelos.

Además, en los últimos años se vienen sucediendo continuos cambios de diferente cala-
do,2 que dificultan más aún la tarea. Esto hace que las clasificaciones con que se venía tra-
bajando para su análisis se hayan visto sensiblemente trastocadas.

1 Ley Orgánica 2/2012, del 27 de abril, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera, para su entrada en vigor a
partir del 1 de mayo del mismo año, y actualmente vigente.
2 Un análisis detallado de los cambios acaecidos en cada uno de los países de la Unión Europea se puede encontrar en La
décentralisation à la croisée des chemins. Réformes territoriales en Europe en période de crise, editado por el Consejo de
Ciudades y Regiones de Europa en octubre de 2013 y que también se ha editado en inglés.

48 de relaciones ecosociales y cambio global


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Financiación local

Una de esas clasificaciones, referencia obligada en la materia, es la que hace apenas


nueve años realizaran Bosch y Espasa,3 sobre la situación previa a la entrada en vigor de
la actual legislación local en España,4 si bien la misma no conllevó cambios que modifica-
sen su posición dentro del modelo al que entonces le agregaron.

Las vías más comúnmente utilizadas se han agrupado en cuatro bloques


básicos: las derivadas de la renta, las que provienen de la propiedad
inmobiliaria, las ligadas al consumo y la actividad económica, y las
procedentes de las transferencias y subvenciones

Concluían, a partir del análisis de los ingresos propios de los municipios, en la existen-
cia de cuatro modelos claros, según sus ingresos procediesen, en mayor o menor grado, de
la propiedad inmobiliaria, cuyo caso extremo era el llamado modelo insular; o de la renta de
los ciudadanos, con el modelo nórdico como mayor exponente. Entre ambos se situaban
dos modelos intermedios; el latino, más próximo al primero, y en el que se situaba a España;
y el de los países federales, más próximo al segundo.

La dinámica desde entonces, unida a la necesidad de contemplar todos los ingresos, no


sólo aquellos cuya recaudación gestiona el propio municipio, sino también los que son fruto
de transferencias desde otras administraciones, hace imprescindible, para poder obtener
conclusiones fiables, un repaso a la cuestión.

Como puede apreciarse en el cuadro que se adjunta sobre las fuentes de financia-
ción local en diferentes países europeos, elaborado a partir del último informe Gold II,5
las vías más comúnmente utilizadas se han agrupado en cuatro bloques básicos: las
derivadas de la renta, las que provienen de la propiedad inmobiliaria, las ligadas al con-
sumo y la actividad económica, y las procedentes de las transferencias y subvenciones.
También se completa un “otros”, que agrupa honorarios, ingresos de activos físicos y
financieros y, sólo en el caso de Francia y Austria, impuestos sobre salarios y contribu-
ciones sociales.

3 N. Bosch y M. Espasa, La hisenda local a la Unión Europea (UE-15), Diputació de Barcelona, Barcelona, 2006.
4 Real Decreto Legislativo 2/2004, del 5 de marzo, que aprueba el texto refundido de la Ley Reguladora de las Haciendas
Locales, publicado en BOE núm. 59, del 9 de marzo de 2004, y cuya vigencia estaba prevista desde el día siguiente hasta
el 15 de julio de 2015.
5 L. de Melo, «Europa» en La Financiación de los gobiernos locales: desafíos del siglo XXI : segundo informe mundial sobre
la descentralización y la democracia local: GOLD II 2011, Civitas, Madrid, 2011, pp. 237-276.

Especial 49
Especial

Tabla 1. Fuentes de la financiación local en Europa.


Porcentaje según principales grupos de fuentes de ingresos

Impuestos propios
Renta y Propiedad de Bienes y Subvenciones Otros (1)
sociedades inmuebles servicios
Alemania 16,9 5,3 20,6 38,9 18,3
Austria 22,1 3,9 24,4 20,0 29,6
Bélgica 9,3 17,6 2,7 53,7 16,7
Bulgaria 0,4 12,0 1,2 74,3 12,1
Dinamarca 32,3 3,7 0,0 55,5 8,5
Eslovaquia 48,3 6,9 4,4 27,9 12,5
Eslovenia 29,7 5,3 4,3 46,1 14,6
España 10,9 15,3 22,7 40,5 10,6
Estonia 43,9 2,9 0,7 42,8 9,7
Finlandia 44,9 2,5 0,0 28,8 23,8
Francia 0,0 27,9 14,3 37,0 20,8
Grecia 0,0 5,1 4,5 64,2 26,2
Hungria 0,0 3,0 19,3 65,8 11,9
Irlanda 0,0 9,8 0,0 70,4 19,8
Islandia 54,8 17,9 0,0 10,3 17,0
Italia 11,1 4,3 27,5 48,5 8,6
Letonia 47,2 4,1 0,6 37,2 10,9
Lituania 33,4 3,0 1,0 58,1 4,5
Noruega 36,6 4,5 0,7 39,5 18,7
Países Bajos 0,0 6,6 1,8 69,6 22,0
Polonia 20,6 10,3 2,4 53,3 13,4
Portugal 11,2 11,1 17,1 40,3 20,3
Reino Unido 0,0 13,0 0,0 70,0 17,0
República Checa 25,2 1,5 19,4 36,9 17,0
Rumanía 0,1 6,9 3,4 84,7 4,9
Suecia 63,2 1,6 0,0 19,6 15,6

Fuente: L. de Melo (2011) y elaboración propia.


(1) Incluye contribuciones sociales, honorarios, ingresos de activos físicos y financieros e impuestos sobre salarios.

Dentro de la heterogeneidad, hay un par de elementos que pueden ayudar a catalogar


unos y otros, y en función de ellos poder atisbar una nueva clasificación.

El primero es la diferente, pero siempre importante, relevancia de las subvenciones,


pues salvo Austria y Suecia, y, muy especialmente, Islandia, en todos los demás supone,

50 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 47-61
Financiación local

cuanto menos, una cuarta parte de todos sus ingresos, por lo que para ver el origen último
de esos ingresos hay que remitirse a los modelos tributarios nacionales, que vienen deter-
minados por los grandes impuestos de renta, sociedades y consumo. Este aspecto ya nos
permitiría hacer una primera discriminación en función de lo que podríamos denominar
grado de autonomía de los municipios.

A la cabeza de los países con mayor autonomía financiera municipal estarían los países
nórdicos, donde el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) es local, por lo
que, de un lado, requieren menos financiación adicional, no siendo necesario acudir a impo-
siciones más peculiares; y de otro, la financiación propia se carga más sobre la renta,
teniendo sus ingresos el deseado comportamiento anti-cíclico, pues al verse reducidos
durante la recesión detraen menos capacidad adquisitiva de las familias y su incidencia en
la caída de valor añadido agregado se ve atenuada.

Dentro de los países con menor autonomía se encuentran los que Bosch y Espasa inclu-
ían en el modelo insular, al que caracterizaban por su total dependencia de los ingresos pro-
cedentes de la propiedad inmobiliaria. Y es cierto que en su tributación propia es así, de
hecho, en Reino Unido e Irlanda prácticamente es el único ingreso local propio, pero su
enorme dependencia de los ingresos estatales hace que el conjunto de su financiación sea,
vía Estado, mucho más dependiente de la renta personal, los beneficios empresariales y el
consumo.

El otro de los elementos para la clasificación, siguiendo a Bosch y Espasa, es la tributa-


ción que recae sobre la propiedad de edificios, suelo y capital. Una imposición poco flexible
a la coyuntura, pues su cuantía es independiente de la misma, al estar configurada a partir
de valores patrimoniales diferentes a los de mercado.

En mayor o menor grado, todos los países recurren a ella, con Francia, Bélgica e
Islandia encabezando la lista de los que más lo hacen, inmediatamente seguido por España,
que, como se verá más adelante, incluso ha ampliado en los últimos años la importancia de
esta vía para contrarrestar el endeudamiento y la caída de otros ingresos, entre ellos los
derivados de la venta de suelo ante la intensidad de la crisis de la construcción.

Partiendo de estos dos elementos, se propone la modelización en cuatro tipos que se


presenta en el siguiente recuadro, a partir de cada uno de los tipos que lo configuran.

El primero de ellos está compuesto por países de amplia autonomía fiscal y con un
importante sesgo hacia la tributación sobre la renta en sus ingresos propios. Lo componen,
entre otros, los dos grupos que Bosch y Espasa denominaban como modelo nórdico y
modelo de países federales. Se apoyan más en los ingresos derivados de la renta de los

Especial 51
Especial

ciudadanos, y su recurso a los tributos inmobiliarios es bastante escaso, por lo que contri-
buyen poco a las tensiones en ese mercado.

También los del tipo II inciden poco sobre la actividad inmobiliaria, pues se apoyan bási-
camente en las transferencias que reciben y, en menor grado, en los ingresos derivados de
la renta, caso de Dinamarca y Lituania; o de consumo y producción, casos de Italia y Grecia.

El tipo III es en el que se inscribe España, y junto a ella también Francia y Portugal, los
tres países que, junto a Italia y Grecia, eran catalogados como modelo latino por Bosch y
Espasa, pero entre los que son más las diferencias que las similitudes. Disponen de una alta
autonomía en sus fuentes de ingresos, o lo que es lo mismo, la participación en las grandes
figuras impositivas, la aportación de fondos por parte de las otras administraciones, no es lo
necesariamente adecuada a sus necesidades, por lo que se ven obligados a recurrir a fuen-
tes de ingresos peculiares, entre las que las derivadas de activos inmobiliarios cobra una
importancia esencial. Esto lo hace un modelo procíclico, al tiempo que ha contribuido a ali-
mentar la burbuja inmobiliaria que tan nefastas derivadas está teniendo en sus economías.

El último de los tipos, el IV, también recurre con intensidad a la imposición sobre inmue-
bles, pero su mayor dependencia de los ingresos del Estado hace, como ya se ha dicho, que
el conjunto de su financiación sea, indirectamente, más dependiente de la renta personal,
los beneficios empresariales y el consumo. Más anticíclico y, por tanto, menos perverso en
su incidencia sobre la economía.

La financiación local en España


Adentrándonos ya en el caso español, conviene introducir unas consideraciones prelimina-
res sobre las funciones que desempeñan, pues como se ha dicho ya, la financiación local
viene determinada por las competencias de cada Administración local, que marcan en
buena medida la mayor o menor necesidad de financiación global. También es relevante
hacer un mínimo apunte sobre la forma de proveer los servicios, directa o indirecta, que con-
lleva una diferente estructura interna de los costes en los que se incurre; y, por supuesto, la
forma de proveerse de los recursos necesarios para llevar a cabo su cometido.

Marco competencial

Las actuaciones que deben desarrollar los ayuntamientos vienen definidas por la legisla-
ción,6 que establece que los municipios tendrán las competencias necesarias para promo-

6 Para más detalle puede consultarse la Ley 7/1985, del 2 de abril, Reguladora de las Bases del Régimen Local [accesible en
[Link]

52 de relaciones ecosociales y cambio global


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Financiación local

ver toda clase de actividades y prestar cuantos servicios públicos satisfagan las necesida-
des y aspiraciones de la comunidad vecinal. De esta forma, estas competencias pueden ser
propias o atribuidas por delegación del Estado o las Comunidades Autónomas. Pero ade-
más, las entidades locales pueden ejercer competencias distintas de estas dos cuando no
se ponga en riesgo la sostenibilidad financiera del conjunto de la hacienda municipal y no
se incurra en ejecución simultánea del mismo servicio público con otra Administración.

Tabla 2. Modelos de financiación local en Europa según


su autonomía financiera e imposición a los inmuebles

Grado de autonomía
Alto Bajo
Tipo I Tipo II
Alemania
Austria Dinamarca
Eslovenia Grecia
Grado de imposición a los inmuebles

Eslovaquia Hungría
Bajo

Finlandia Italia
Letonia Lituania
Noruega Países Bajos
República Checa Rumanía
Suecia
Tipo III Tipo IV
España Bélgica
Francia Bulgaria
Alto

Islandia Irlanda
Portugal Polonia
Reino Unido

Fuente: Elaboración propia.

Esta legislación, determina un listado mínimo de servicios que deberán prestar, aten-
diendo a su tamaño poblacional y que, en el caso de los grandes municipios, determina una
muy amplia lista de materias en las que puede intervenir, entre las que están las de seguri-
dad y protección civil, ordenación del tráfico, urbanismo, vivienda, medio ambiente y espa-
cios verdes, patrimonio histórico-artístico, abastos y mercados, defensa de usuarios, salu-
bridad pública, atención primaria de la salud, servicios funerarios, servicios y reinserción
social, suministro de agua y alumbrado público, limpieza viaria y tratamiento de residuos,
alcantarillado y tratamiento de aguas residuales, transporte público, actividades culturales y
deportivas, tiempo libre y turismo y cooperar con la administración educativa.

Especial 53
Especial

Forma de provisión de los servicios

La actual normativa permite dos formas de gestión de los servicios públicos de carácter
municipal: directa o indirecta.

Dentro de la primera se incluyen las actuaciones ejecutadas por los propios ayunta-
mientos, sus organismos autónomos, las sociedades mercantiles cien por cien locales y de
las entidades públicas empresariales. Por su parte, en la gestión indirecta se incluyen la
concesión, la gestión interesada, el concierto y la sociedad mixta. En ningún caso pueden
prestarse por esta vía los servicios públicos que impliquen el ejercicio de la autoridad.

La realidad del desequilibrio está en un modelo inadecuadamente


articulado en el sistema global de los ingresos públicos, que lo hace muy
dependiente de fuentes locales sin relación directa con la situación
concreta de la sociedad en que se desarrolla

En la gestión indirecta, posiblemente pensada para servicios muy específicos y especiali-


zados, el papel del gobierno local no es prestar los servicios, sino decidir e impulsar dichos
servicios, dejando a terceros su gestión. Suele estar vinculada a servicios que requieren gran-
des inversiones, deben desarrollarse por especialistas, tienen modelos de trabajo fluctuantes
o están sometidos a un mercado cambiante. La gestión de los servicios públicos a través de
la participación del sector privado está pensada para desarrollarse en mercados competitivos
entre distintos proveedores, por lo que no está indicada para mercados en los que, por uno u
otro motivo, estén configurados como oligopolios o monopolios, pues para su desarrollo deben
establecerse procedimientos de licitación abiertos que aseguren la competencia.

Las fuentes de financiación local

Tras estas premisas nos adentramos, con algo más de detenimiento, en el sistema de finan-
ciación de los municipios españoles. Un sistema que, lógicamente, persigue la suficiencia
para cubrir los gastos asociados a las competencias que han de desarrollar, pero el resul-
tado, bien conocido, queda lejos de alcanzar ese objetivo. Y no sólo porque los recursos
siempre son limitados, y la demanda de los servicios infinita. La realidad del desequilibrio
está en un modelo inadecuadamente articulado en el sistema global de los ingresos públi-
cos, que lo hace muy dependiente de fuentes locales sin relación directa con la situación
concreta de la sociedad en que se desarrolla. Esto configura un sistema un tanto complejo
y, en no menor grado, origen de algunos efectos perversos sobre la vida urbana.

54 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 47-61
Financiación local

De hecho, su financiación se fundamenta en una serie de tributos muy específicos de los


municipios y, en menor grado, en las transferencias corrientes, básicamente de la
Participación en los Ingresos del Estado (PIE), pues la Participación en los Ingresos de las
Comunidades Autónomas (PICA) no se ha desarrollado en ningún momento, pese a que
está expresamente recogida en la Constitución.7

Para el conjunto de los ayuntamientos españoles, la principal partida de financiación es la


correspondiente a las trasferencias corrientes, que representan en torno a un tercio de sus recur-
sos no financieros. Su principal concepto, el esencial, es el correspondiente a la PIE. Su importe
se actualiza anualmente en función de la tasa de variación de los Ingresos Tributarios del Estado
a partir de un año base dado, por tanto, presenta una altísima correlación con el ciclo económico.

Estas transferencia, junto con la participación en el IVA y el IRPF reconocida a los muni-
cipios mayores de 75.000 habitantes, son el total de financiación estatal que llamábamos
subvenciones en el apartado comparativo con Europa.

Por efecto de la crisis, y pese a las subidas de tipos en las dos grandes figuras estata-
les, el IRPF y el IVA, su volumen, se ha visto reducido más de un 15%, por lo que su peso
en la financiación local ha bajado, habiéndose tenido que compensar con otras fuentes.

Tabla 3. Ingresos de los municipios españoles.


Derechos Reconocidos Netos en miles de euros
2003 2008 2013
Cap. Ingresos
Total %s/no Fin. Total %s/no Fin. Total %s/no Fin.
1 Impuestos directos 9.524.741 28,3 14.682.808 29,9 18.873.292 42,4
2 Impuestos indirectos 1.566.770 4,7 2.214.899 4,5 1.019.814 2,3
3 Tasas, precios públicos y otros ingresos 6.063.557 18,0 9.015.494 18,3 7.901.241 17,8
4 Transferencias corrientes 11.097.851 33,0 16.321.088 33,2 14.061.944 31,6
5 Ingresos patrimoniales 781.074 2,3 1.570.286 3,2 998.741 2,2
Operaciones Corrientes 29.033.993 43.804.575 42.855.032
6 Enajenación de inversiones reales 1.503.789 4,5 1.306.228 2,7 249.389 0,6
7 Transferencias de capital 3.096.438 9,2 4.067.467 8,3 1.390.916 3,1
Operaciones de Capital 4.600.227 5.373.695 1.640.305
Operaciones no Financieras 33.634.220 49.178.270 44.495.336
8 Activos financieros 107.541 172.277 129.911
9 Pasivos financieros 2.573.209 3.534.802 2.059.522
Operaciones Financieras 2.680.750 3.707.079 2.189.433
Total ingresos 36.314.970 52.885.349 46.684.769
Fuente: Ministerio de Hacienda.

7 En su artículo 142 enuncia cómo se nutrirán fundamentalmente de tributos propios y de participación en los del Estado y las
Comunidades Autónomas.

Especial 55
Especial

Como se ha dicho, los ayuntamientos apenas reciben transferencias de las


Comunidades Autónomas, pese a que cuentan con una alta capacidad recaudatoria, pues
comparten con el Estado el IRPF, el IVA y los impuestos especiales. De los dos primeros
reciben el 50%, y de los últimos, el 58. Además tienen cedidos por el Estado cuatro impues-
tos en exclusividad sobre los que disponen de cierta capacidad normativa que, en ocasio-
nes, emplean con una peculiar discrecionalidad. Son los de Patrimonio, Sucesiones y
Donaciones, Actos Jurídicos Documentados y Transmisiones Patrimoniales. La Comunidad
de Madrid eximió a sus ciudadanos del Impuesto de Patrimonio y redujo sobremanera
Sucesiones y Donaciones entre familiares directos.

El residual peso de la PICA, contra lo establecido por la Constitución, apunta a uno de


los aspectos sobre los que habrá de trabajar cualquier reestructuración de la financiación
local en España.

Tradicionalmente, la segunda de las partidas de financiación local, venían siendo los


impuestos directos, si bien desde 2010 han pasado a ser la primera. En cada uno de los
impuestos, los ayuntamientos establecen el tipo de gravamen dentro de los intervalos de
valores fijados por la normativa.

En la última década, no superaban el 30% de sus ingresos no financieros, pero su peso


fue creciendo, primero moderadamente durante la fase expansiva del ciclo económico, para
dispararse después hasta llegar al 42,4% como respuesta, en primer lugar, a la disminución
de la PIE y, en segundo lugar, a los derivados del desplome del mercado inmobiliario.

Este incremento se apoyó en el IBI, y el de plusvalía (Impuesto sobre Incremento del


Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana). En el primero el Estado aprobó subidas de
gravámenes y nuevas valoraciones de los inmuebles. En el segundo, y pese a haberse
visto muy afectado por el menor negocio inmobiliario, algunos ayuntamientos lo han incre-
mentado notablemente, mediante la supresión de importantes bonificaciones antes con-
templadas.

Tras estas dos grandes partidas, la tercera por importancia, es la correspondiente a las
numerosas y diversas tasas, cuya participación ronda el 18% del total, y que es una misce-
lánea que, por su elevado volumen recaudatorio, pone en evidencia la necesidad de los
ayuntamientos de buscar vías de ingresos adicionales.

Casi un tercio de lo recaudado por esta partida es resultado de infracciones y recargos.


Una partida que, estando orientada a penalizar actuaciones no deseadas, se convierte en
esencial para el equilibrio presupuestario, por lo que los ayuntamientos tratan de incremen-
tarlas, poniendo en riesgo su objetivo final.

56 de relaciones ecosociales y cambio global


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Financiación local

La última de las partidas sobre las que es obligado detenerse es la correspondiente a la


enajenación de inversiones reales. Esencialmente terrenos.

Con los datos de los últimos presupuestos completamente liquidados, los de 2013, esta
partida parece residual, pues apenas si supuso el 0,6% del total de los derechos efectiva-
mente reconocidos por los ayuntamientos. Sin embargo es esencial para entender la situa-
ción de las arcas municipales, las dinámicas del mercado inmobiliario, y muchos de los
numerosos casos de corrupción que han salido a la luz en los últimos años.

En pleno boom inmobiliario, con una creciente y desorbitada demanda de suelo para
viviendas, esta partida llegó a suponer casi un 6% de los ingresos totales en 2006, año en
que mayor valor registró, con un record de 8.810 millones de euros.

Este importante papel como fuente de financiación generó un evidente interés de los pro-
pios ayuntamientos por favorecer ventas y recalificaciones, como medio de financiación, más
allá de su mayor o menor adecuación a las necesidades previstas en el desarrollo municipal.
Y si bien sería injusto atribuir a este proceso toda la responsabilidad de la burbuja inmobilia-
ria, tampoco se puede cuestionar que supuso un poderoso impulso que retroalimentó un
modelo económico pervertido por el enorme peso que llegó a alcanzar la construcción.

Y ello al margen de las dinámicas que, en el mismo sentido, hayan podido ocasionar los
casos de corrupción derivados de retribuciones ilícitas posibilitadas por los desorbitados márge-
nes de beneficio que persistían aun tras los aprovechamientos entregados a los ayuntamientos.

Gráfico 1. Ingresos por enajenaciones de terrenos.


Total municipios de España, en miles de euros

5.000.000

4.500.000

4.000.000
Ejecutado
3.500.000
Previsiones
3.000.000

2.500.000

2.000.000

1.500.000

1.000.000

500.000

0
2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Ministerio de Hacienda.

Especial 57
Especial

Estos ingresos crecieron de forma acelerada hasta 2006, para descender después brus-
camente hasta situarse en los residuales valores actuales.

Cerramos el análisis de estos ingresos por ventas, señalando cómo, el importe que se
concretaba cada año era, como mucho, dos tercios de lo presupuestado al inicio del perío-
do. Y esta disparidad presupuestaria entre lo inicialmente previsto y lo realmente ejecutado
después, es uno de los motivos de la situación de enorme endeudamiento actual de las
Administraciones locales. Y esto es así porque, ya en la elaboración de presupuestos de
cada año, la partida de ingresos era presupuestada en exceso, de manera que se podían
presentar y aprobar presupuestos aparentemente equilibrados, pese a que, realmente, se
previesen déficits.

Entre 2003 y 2013, el déficit acumulado en los municipios españoles achacable única-
mente a este desajuste entre presupuesto inicial y ejecutado en la partida de venta de terre-
nos, superó los 10.400 millones, pero más de 6.700 de ellos se acumularon entre 2003 y
2007, el período anterior al estallido de la burbuja. Cuando más ingresos había.

La crisis económica y la precaria situación de numerosos ayuntamientos


está generando una inercia recentralizadora que, en el caso
de España, se manifiesta en un debate abierto sobre la distribución
de competencias entre los diferentes niveles de gobierno

Por tanto los déficits se generaron básicamente durante la expansión inmobiliaria, y


no después. Muchas de esas deudas permanecieron ocultas al generalizarse la demora
en los pagos de los ayuntamientos a sus proveedores, que llegaron a alcanzar los 18
meses, lo que permitía que la partida de préstamos no se disparase y no saltasen las
alarmas.

Cuando la situación se hizo evidente, el Estado aprobó un sistema especial de financia-


ción para los ayuntamientos mediante el Plan de Pago a Proveedores, lo que hizo que fuese
en 2012 cuando la partida de préstamos se disparase. Pero se había generado antes, en
plena expansión inmobiliaria, como consecuencia no deseada de un sistema de financiación
muy poco eficiente.

Esta conversión de la deuda comercial en deuda financiera abrió, además, una nueva
vía de gasto, pues había que hacer frente al pago de los correspondientes intereses.
Paralelamente, entre los acreedores comerciales se generalizó la petición de intereses de
demora por los abultados retrasos.

58 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 47-61
Financiación local

Gráfico 2. Principales ingresos y endeudamiento del total de municipios españoles


(2014=100)

450

400

350 
        
300
 
250

200

150

100

50

0
2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Ministerio de Hacienda.

Afrontar esta deuda se ha convertido en una obligación derivada de la política de auste-


ridad exigida por la Unión Europea. En plena recesión, con constantes pérdidas de empleo,
caídas de la producción y la renta, y junto a continuados ajustes en los presupuestos de gas-
tos, a los ayuntamientos se les ha exigido incrementar sus ingresos. Como se ha dicho, el
instrumento básico empleado está siendo el IBI.

De esta forma, el sistema de financiación local, ya bastante complejo y procíclico, se vio


intensamente afectado en ese mismo sentido, agudizando una inadecuación que, en algún
momento, habrá de ser abordada.

Síntesis para una nueva propuesta


Tras muchos años de tendencia a la descentralización en Europa, la crisis económica y la
precaria situación de numerosos ayuntamientos está generando una inercia recentralizado-
ra que, en el caso de España, se manifiesta en un debate abierto sobre la distribución de
competencias entre los diferentes niveles de gobierno.

En algún grado se obvia, de un lado, el riesgo que supondría la pérdida de la proximi-


dad que ofrecen los gobiernos locales frente a instancias superiores, y de otro, que la géne-

Especial 59
Especial

sis de la situación no se halla en una diferencial incapacidad de las instituciones municipa-


les, sino en un sistema de financiación poco eficiente, unido a praxis perniciosas que se han
generalizado en todos los niveles de la Administración. No parecería, por tanto, que aquella
sea la óptica adecuada para enfrentar la cuestión.

Se ha visto, en los modelos europeos analizados, la relevancia de las aportaciones del


Estado para dar solvencia y coherencia al modelo, pues en los que ésta era menor, esa sol-
vencia sólo la garantizaban aquellos que la compensaban con tributos propios sobre la renta
personal. Los modelos que no cuentan con uno de estos dos elementos, se ven forzados a
hacer recaer la imposición en la propiedad de edificios, suelo y capital. Una imposición poco
flexible a la coyuntura económica, por su poca sensibilidad al mismo.

España, inscrita en este grupo, con un amplio abanico competencial local y poca parti-
cipación en los grandes tributos, presenta un sistema desequilibrado que fuerza a los muni-
cipios a depender de fuentes locales sin relación directa con la situación de su población,
configurando un sistema complejo y perverso. Habría de plantearse una participación más
directa en las grandes figuras tributarias, especialmente en el IRPF, donde podría ser efi-
ciente una distribución más equilibrada entre Estado, Comunidades Autónomas y munici-
pios.

En la misma línea, habría de hacerse una revisión integral de los tributos cedidos a las
Comunidades Autónomas, tanto en cuanto a los límites de reducción de los mismos como,
y en lo que al contenido de este artículo se refiere, a institucionalizar la participación en ellos
de los municipios, de forma que se redujese aún más el peso de los impuestos directos des-
vinculados de la renta de la población.

Igualmente, parece necesaria una revisión de los tributos propios de los ayuntamientos
en pro de una mayor progresividad, mediante el juego entre tipos de gravamen y bonifica-
ciones.

Mención especial merecen los ingresos derivados de la acción punitiva de la


Administración, a fin de evitar la perversión de su intensificación por motivos meramente
presupuestarios, distorsionando así la función disuasoria en la gestión de los procesos
sociales para los que fue contemplada.

Y esto, junto a la introducción de procesos de transparencia integrales, ha de permitir


revisar profundamente la financiación vía enajenación de suelo. Una partida que debería
tener un carácter excepcional en cualquier sistema de financiación sostenible, no sólo por
lo finito del recurso, sino por las perversiones que genera y traslada a la economía y a la
sociedad, como con tanta evidencia se ha manifestado en España.

60 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 47-61
Financiación local

Todo ello ha de complementarse con una elaboración del presupuesto de gasto más
rigurosa, realista, y basada en indicadores que puedan ser medianamente contrastados.

El momento actual, con la inmensa mayoría de ayuntamientos y Comunidades


Autónomas con sus presupuestos comprometidos, parece adecuado tomarse un tiempo de
reflexión y debate con el objetivo de articular un sistema más racional, eficiente y sosteni-
ble, capaz de garantizar una adecuada prestación de servicios públicos.

Especial 61
CARLOS SÁNCHEZ MATO

Endeudamiento urbano.
La insostenibilidad social
de la deuda municipal de Madrid

Los problemas de sobreendeudamiento no son sino un síntoma de la incapa-


cidad del sistema capitalista de proporcionar un crecimiento económico sano
que satisfaga las necesidades básicas de la población. Por eso, el tratamiento
de los efectos del problema no debiera ocultar que la enfermedad es mucho
más seria y que la solución estructural requiere de medidas que van más allá
de lo que este documento propone. Aun así, los procesos de participación ciu-
dadana que permitan auditar el desmesurado crecimiento de la deuda de
urbes como Madrid, son imprescindibles para depurar las responsabilidades
políticas y legales en las que hayan incurrido los responsables y también para
orientar los recursos públicos hacia las necesidades sociales. En definitiva,
acabar con la subordinación de las administraciones públicas a los acreedores
para poner por delante a los ciudadanos.

E uropa sigue sumida en una profunda crisis que va mucho más allá de
aspectos meramente económicos. Aprovechando la actual fase de la misma,
Carlos Sánchez
Mato es
economista y
se intenta generalizar la idea de que “no podemos permitirnos el actual nivel
concejal electo en
de gasto público” y que las prestaciones actuales del llamado Estado de bien- el Ayuntamiento
estar están “más allá de nuestras posibilidades”. En definitiva, se plantea que de Madrid por
la solución a la actual crisis es el equilibrio presupuestario por la vía de la Ahora Madrid
reducción del gasto: el triunfo de las mal llamadas “políticas de austeridad”.

En Europa y, en concreto en España, hay un grave problema de sobreen-


deudamiento. Pero los datos muestran de forma clara que su origen es priva-
do y no público. El actual nivel de deuda es insostenible para instituciones
financieras, empresas, administraciones públicas y familias. Los préstamos
contraídos no han sido eficientes desde el punto de vista económico, es decir,
no han producido un resultado positivo que permita el pago de los intereses
asociados a los mismos y la devolución del principal.

de relaciones ecosociales y cambio global 63


Nº 130 2015, pp. 63-74
Especial

Cuando ocurre eso, creer que las recetas aplicadas que han empobrecido a millones de
europeos solucionarán el problema, es una gigantesca utopía.

La deuda como herramienta financiera de dominación


de los pueblos
No podemos circunscribir los problemas de sobreendeudamiento a los países de la deno-
minada “periferia europea”. Se trata de un problema global que requerirá actuaciones mul-
tilaterales pero eso no debe de provocar ni escepticismo ni desánimo. No hay obstáculos
técnicos cuya superación sea imposible si la voluntad política varía y corresponsabiliza a
deudores y acreedores para alcanzar soluciones justas al desafío al que nos enfrentamos.

Las enormes dificultades a las que se enfrentan las economías


de la periferia europea no empiezan con el sobreendeudamiento y
tampoco finalizarán aunque éste sea resuelto

Pero las enormes dificultades a las que se enfrentan las economías de la periferia euro-
pea no empiezan con el sobreendeudamiento y tampoco finalizarán aunque éste sea resuel-
to. Sin embargo, a estas alturas de la crisis, no se puede poner en duda el papel fundamen-
tal que la deuda tiene como herramienta financiera de dominación de los pueblos. Ejemplo
claro de la subordinación de los intereses generales ha sido la modificación del artículo 135
de la Constitución que blinda a los acreedores frente a las necesidades sociales de la gente.

Esta realidad es claramente visible en las políticas generales y en las actuaciones que,
socializando quebrantos y pérdidas privadas, han dado lugar a un incremento brutal de la
deuda del Estado.

La deuda de las corporaciones locales en el estado español


A nivel municipal y autonómico, el proceso, aunque nominalmente más reducido, alcanza
también cotas escandalosas de expolio a las arcas públicas.

La deuda1 del conjunto de las corporaciones locales españolas (ayuntamientos, diputa-


ciones y ciudades autónomas) se ha multiplicado por dos en los últimos catorce años. En
1 Los datos de la deuda de las corporaciones locales son los extraídos de las Cuentas Financieras de la economía española
publicados por el Banco de España. Los pasivos en circulación incluyen los valores distintos de acciones, préstamos y otros

64 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 63-74
Endeudamiento urbano

concreto, a finales de 2014 el total de los pasivos ascendía a 55.709 millones de euros.
Desde los niveles máximos alcanzados en 2011 y que dispararon el apalancamiento hasta
los 64.890 millones de euros, se ha producido una reducción del 14,1% en términos nomi-
nales.

Gráfico 1. Evolución de la deuda de las corporaciones locales

70.000

60.000

50.000
Millones €

40.000

30.000

20.000

10.000

0 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014
Series1 28.554 29.196 31.397 33.147 34.965 39.125 42.535 46.321 50.769 55.075 59.781 64.890 62.776 59.677 55.709

Fuente: Elaboración propia a partir de las Cuentas Financieras del Banco de España.

El incremento de los pasivos en circulación de corporaciones locales ha sido consi-


derable durante todo el período pero la evolución no ha sido la misma desde el año 2007
en adelante. Hasta 2007 aunque la deuda nominal creció, el peso de la misma con res-
pecto al PIB se redujo ligeramente (del 4,42 al 4,29%). A partir de 2008 y hasta 2011 se
dispara tanto en términos de endeudamiento bruto como en porcentaje sobre la riqueza
nacional. A partir de 2011 y hasta 2014, las corporaciones locales han reducido su deuda
en términos nominales y, en menor medida, la relación que existe entre la misma y el
PIB.2

pasivos. Este dato se diferencia de la deuda medida en términos del Protocolo de Déficit Excesivo (PDE) que incluye los
«otros pasivos». Técnicamente consideramos fundamental su inclusión dada la importancia que ha tenido ese rubro en la
deuda de las corporaciones locales y que ha permitido disimular la verdadera carga de la deuda en el pasado, dado que, a
efectos de los niveles homologados a nivel europeo, la deuda comercial (otros pasivos) es como si no existiera.
2 La reducción en términos absolutos de los pasivos en circulación ha sido del 14,1% mientras que la disminución en términos
de porcentaje sobre el PIB ha sido únicamente del 12,9%.

Especial 65
Especial

Gráfico 2. Porcentaje de pasivos en circulación de las corporaciones locales


respecto al PIB

7,00%

6,00%
% Pasivos en circulación/PIB

5,00%

4,00%

3,00%

2,00%

1,00%

0,00% 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014
% 4,42% 4,17% 4,19% 4,13% 4,06% 4,20% 4,22% 4,29% 4,55% 5,10% 5,53% 6,04% 5,95% 5,69% 5,26%

Fuente: Elaboración propia a partir de las Cuentas Financieras del Banco de España.

Madrid, el tránsito hacia un endeudamiento extremo


Si analizamos lo ocurrido en el Ayuntamiento de Madrid, veremos que las actuaciones de
los dirigentes públicos, han cargado sobre las espaldas de todos, una deuda odiosa e
impagable. La deuda municipal de Madrid medida en términos de Protocolo de Déficit
Excesivo o PDE (que no incluye la deuda comercial) ha llegado a suponer en el punto más
álgido el 17% del total que soportaban las corporaciones locales. Evidentemente supone
una brutal sobredimensión ya que duplicaba la repercusión que por su población debería
tener Madrid.

Un modelo de desarrollo enfocado a las grandes infraestructuras

Y eso ha ocurrido no por azar sino como resultado de una determinada gestión política. El
balance que Ana Botella ha presentado de su gestión en el Ayuntamiento de Madrid ha des-
crito una ciudad idílica que reduce a marchas forzadas una descomunal deuda cuyo origen
no ha sido aclarado a los ciudadanos pero que está ligado a operaciones urbanísticas que
no respondían a las necesidades generales sino, más bien, a los intereses de las grandes
corporaciones que ejecutarían y gestionarían las infraestructuras a construir, y a los de las
entidades bancarias que las financiarían.

66 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 63-74
Endeudamiento urbano

Las enormes desviaciones económicas no han sido investigadas ante la mirada incré-
dula de los ciudadanos que ven cómo las mayorías políticas en el ámbito municipal vetaban
cualquier tipo de aclaración o depuración de responsabilidades.

La M-30, autovía de que rodea Madrid, es el principal de los elementos que explica el
enorme crecimiento de la deuda municipal. Cuando Alberto Ruiz Gallardón presentó la obra
a realizar en 2004, ésta fue valorada en 1.700 millones de euros. Incluyendo los intereses
que se pagarán durante toda la vida del préstamo, las estimaciones suponen que los madri-
leños terminaremos pagando 10.406 millones de euros por una infraestructura que nos dije-
ron que costaría seis veces menos.3 Si sumamos a este dislate la construcción de infraes-
tructuras olímpicas y una sede municipal faraónica,4 parece claro que más del 80% de la
deuda del Ayuntamiento de la capital del Estado tiene suficientes elementos para ser decla-
rada ilegítima.

Cuadro 1. Valoración del coste incurrido por parte del Ayuntamiento


de Madrid en infraestructuras principales

Presupuesto Coste final Desviación Desviación%


M-30 1.700 6.300 4.600 270,59%
Remodelación Palacio Cibeles 40 530 490 125,00%
Caja Mágica 120 294 174 145,00%
Centro acuático 37 193 156 421,62%
SUBTOTAL INFRAESTRUCTURAS 1.897 7.317 5.420 285,71%

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Ayuntamiento de Madrid.

La externalización de los servicios públicos y su relación con la deuda


de Madrid

Cada vez en mayor medida, y en un proceso que se va agudizando año a año, el


Ayuntamiento de Madrid externaliza la prestación de servicios públicos que tiene que reali-
zar. El resultado es que, cada vez en mayor medida, los presupuestos municipales están al
servicio de las grandes empresas privadas que es a quienes se encomienda la realización
de múltiples y variados contratos de servicios. Prácticamente un 80% del capítulo 2 de los
mismos, que recoge el gasto en bienes corrientes y servicios, se destina al pago de los con-
3 [Link]
DS_722_PO_25_10_11.pdf
4 Más de 440 millones de euros se han invertido en la reforma del palacio de Cibeles al mismo tiempo que se siguen alqui-
lando edificios y otras dependencias propiedad del Ayuntamiento están infrautilizadas.

Especial 67
Especial

tratos con grandes empresas privadas. En definitiva, más de un tercio del gasto total muni-
cipal está comprometido con estas corporaciones en el marco de grandes contratos inte-
grales que suponen elevados beneficios para las mismas. Limpieza y conservación de espa-
cios públicos y zonas verdes, movilidad, estacionamiento regulado y señalización de calles,
infraestructuras viarias, pavimentos, obra civil, mantenimiento carreteras y aceras, parques
y viveros municipales, instalaciones y suministros de energía, alumbrado, semáforos, túne-
les y fuentes, recogida de basuras y Selur (servicio de limpieza urgente) han pasado a ser
prestados por ACS, FCC, Ferrovial, OHL, Dragados o Sacyr.

El resultado de los sucesivos gobiernos de la ciudad de Madrid


ha disparado los compromisos financieros para enterrar fondos
en proyectos faraónicos a la vez que se destruye empleo municipal,
se abandonan las necesidades de los barrios y se recorta el gasto social

El mecanismo utilizado ha consistido en convencer a la ciudadanía de que los servicios


prestados por empresas privadas eran más baratos para el erario público. Los hechos
demuestran lo contrario y que las únicas reducciones de coste son realizadas a costa de la
prestación del propio servicio y de las condiciones de trabajo de quienes lo realizan.5

Es evidente para cualquier analista independiente que, el mismo servicio prestado por
una empresa privada con legítimo ánimo de lucro o por una administración pública que no
precisa de la obtención de beneficio económico, deja en evidencia este mantra.6 La
demostración palpable de la falacia se puede corroborar en el informe del Tribunal de
Cuentas de 2011 que indica con todo lujo de detalles que los servicios públicos munici-
pales prestados de forma directa son sensiblemente más baratos que los realizados de
forma externa.7

5 Un ejemplo claro ha sido el contrato de limpieza viaria y jardines de Madrid que fue adjudicado en el mes de agosto de 2014
a las empresas Ferrovial, Sacyr, OHL y FCC por 1.943 millones de euros. Las empresas redujeron un 33% el precio de la
oferta para asegurarse la adjudicación. La consecuencia sólo podía ser una limpieza mucho peor y una reducción de planti-
lla, a fin de mantener la rentabilidad. Así propusieron 1.400 despidos de los 6.000 que constituía la plantilla original. Como se
puede colegir, el aparente efecto de rebaja de coste para el Ayuntamiento queda sobradamente superado por el que causa
en los trabajadores. No olvidemos que el coste de los expedientes de regulación de empleo recaen también sobre los madri-
leños ¿Quién creéis que sufraga las prestaciones por desempleo?
6 Ayuntamientos como el de León, gobernado por el PP, han tenido que elaborar un plan de ajuste, en el que las medidas que
producían más ahorro (50% con respecto al coste del servicio privatizado) consistían en devolver a la gestión pública servi-
cios como el de limpieza de edificios públicos o la limpieza urbana.
7 Según el informe del Tribunal de Cuentas de 2011, los servicios de gestión directa son mucho más baratos que los de ges-
tión privada, sobre todo en grandes Ayuntamientos. En el caso de la limpieza urbana, la diferencia llega a superar el 70%
mientras que en la recogida de residuos urbanos la brecha alcanza el 27%. Los hechos demuestran lo contrario respecto a
la idea de la que nos han intentado convencer.

68 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 63-74
Endeudamiento urbano

Gráfico 3. Coste por habitante de la limpieza viaria y la recogida de residuos sólidos

60,00
53,90

50,00
Coste por habitante

42,50
40,00

30,00 27,83

20,00
16,23

10,00

0,00
Limpieza viaria Recogida residuos sólidos

Coste por habitante gestión pública Coste por habitante gestión externalizada

Fuente: Elaboración propia a partir de datos del informe de Tribunal de Cuentas 2011.

Detrás del interés en promover la gestión privada está el enriquecimiento de las empresas
pero también la corrupción de los que desde el ámbito municipal la han promovido. Ha que-
dado en evidencia que la eficiencia de los mercados a la hora de la provisión de determinados
servicios en los que, si hay algo que no existe es la competencia real,8 es pura entelequia.

Deuda insostenible socialmente y gestión subordinada


a los intereses de los acreedores
El resultado de la deriva de los sucesivos gobiernos de la ciudad de Madrid durante las últi-
mas dos décadas ha disparado los compromisos financieros para enterrar fondos en pro-

8 La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha impuesto una multa de 98,2 millones de euros a 39
empresas y tres asociaciones sectoriales del sector de la gestión de residuos –tanto peligrosos como no–, recuperación de
papel y cartón y demás actividades de saneamiento urbano como limpieza, gestión de zonas verdes y tratamiento de aguas
entre 2000 y 2013. Según la CNMC, quedan acreditados «múltiples contactos bilaterales entre las empresas del sector, des-
arrolladas en ámbitos geográficos y temporales distintos, todos referidos a clientes, condiciones contractuales y precios ofer-
tados, así como a acuerdos y pactos de no agresión entre las empresas implicadas en los contactos.» Véase en:
[Link]
[Link] También se señala que
el 75% de la multa, que corresponde al 3% del volumen de las ventas de cada entidad en el periodo mencionado, recae en
los grandes grupos constructores (Urbaser y Sertego, de ACS, con 23,3 millones; FCC, 16,8; Valoriza, de Sacyr, 15,3; Cespa,
de Ferrovial, 13,6, y Saica, 13,6, son las cinco más grandes), que han anunciado que piensan recurrir la sanción impuesta
antes los tribunales.

Especial 69
Especial

yectos faraónicos a la vez que se destruye empleo municipal,9 se abandonan las necesida-
des de los barrios y se recorta el gasto social con el argumento de que “no hay dinero”.
Cierto es que no hay dinero ya que, aunque se recauda en cantidades crecientes,10 el des-
tino de esta presión fiscal creciente va destinada a pagar gastos financieros y amortizar
deuda. El servicio de la deuda (amortización y pago de intereses) ha pasado de 401 millo-
nes de euros en 2009 a 1.498 millones de euros en 2014. Los pagos de intereses y princi-
pal en 2014 han superado lo presupuestado y han supuesto casi el triple de los pagos rea-
lizados en 2012. Uno de cada tres euros se destina a los acreedores.

Gráfico 4. Servicio de la deuda (amortización y gasto financiero) en millones de euros

1.600
1.498
1.410
1.400

1.200
996
1.000

800

600 523

401 394
400

200

0
2009 2010 2011 2012 2013 2014

Total servicio deuda

Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Ayuntamiento de Madrid.

Teniendo en cuenta los datos de presupuestos liquidados y de la previsión que el con-


sistorio hace para los próximos ejercicios en el plan de ajuste, hemos cerrado el año 2014
con un endeudamiento en torno a los 6.000 millones de euros y por encima del 140% de
deuda con respecto a ingresos corrientes. Se alcanzaría una deuda de 4.729 millones de
euros a finales de 2016 y eso supondría todavía una cantidad desproporcionada que ron-
daría el nivel de endeudamiento máximo del 110% de los ingresos corrientes del
Ayuntamiento.

9 En 2014, la plantilla municipal se ha reducido en 281 personas. Si comparamos con la existente en 2009, la disminución ha
supuesto 2.445 empleos.
10 Se ha triplicado el Impuesto de Bienes Inmuebles.

70 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 63-74
Endeudamiento urbano

Gráfico 5. Porcentaje de la importancia del servicio de la deuda


sobre los ingresos corrientes

40,00%
33,98%
35,00%
30,51%
30,00%

25,00% 23,26%

20,00%

15,00% 12,55%

9,48% 9,89%
10,00%

5,00%

0,00%
2009 2010 2011 2012 2013 2014

% Servicio deuda/Ingresos corrientes

Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Ayuntamiento de Madrid.

Sin embargo, a pesar de su magnitud, la deuda municipal es técnicamente sostenible


desde el punto de vista económico. La gran capacidad recaudatoria que posee el
Ayuntamiento está permitiendo generar ahorro financiero bruto para amortizar los pasivos
adeudados. La cuestión que hay que poner encima de la mesa es la insostenibilidad social
de esa deuda ya que atender a su pago en las actuales condiciones y plazos, solo puede
hacerse a costa del deterioro de los servicios públicos esenciales. El Ayuntamiento de Madrid
puede presumir del pago de la deuda a costa de la población más vulnerable, que no fue la
que se benefició de los macroproyectos que causaron el sobreendeudamiento municipal.

De hecho, en la legislatura que acaba de concluir, por cada euro destinado a actuacio-
nes de protección y promoción social, se han dedicado cuatro a gastos financieros y a amor-
tizar la deuda. En definitiva, se agrava el auténtico subdesarrollo del gasto social en Madrid
en un momento en el que sería más necesario que nunca dado que el número de trabaja-
dores en paro, y el consiguiente aumento de la pobreza y de los desahucios, alcanza cifras
espeluznantes.

Al mismo tiempo, las inversiones en nuevas dotaciones realmente necesarias para los
ciudadanos, están aparcadas sine die y las consecuencias de esta situación la pagan, como
siempre, los barrios obreros y populares de Madrid.

Especial 71
Especial

Gráfico 6. Comparación entre las actuaciones de protección y promoción social y


el servicio de la deuda del Ayuntamiento de Madrid entre 2011 y 2014

5.000
4.427
4.500
4.000
3.500
Millones €

3.000
2.500
2.000
1.500 1.106
1.00
500
0
Total servicio de la deuda Actuaciones protección y pormoción social

2011-2014

Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Ayuntamiento de Madrid.

Gráfico 7. Ayuntamiento de Madrid.


Evolución comparativa servicio de la deuda y gasto realizado en distritos

1.600
1.498
1.410
1.400

1.200

996
1.000
Millones €

800

598
600 540
523 523 501
480
393
400

200

0
2010 2011 2012 2013 2014

Total servicio de la deuda Gasto realizado en distritos

Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Ayuntamiento de Madrid.

72 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 63-74
Endeudamiento urbano

Mientras que el gasto realizado en los distritos se ha reducido en 98 millones de euros


si comparamos lo destinado en 2014 con respecto a 2010, en el mismo período, el servicio
de la deuda (intereses y amortización de préstamos) se ha incrementado en 1.106 millones
de euros.

La evolución comparativa anual de los fondos destinados a los barrios con respecto al
servicio de la deuda deja claro para qué tipo de partidas “no hay dinero” y para las que sí.
En los cinco ejercicios últimos se han dedicado 2.643 millones de euros a los distritos mien-
tras que el servicio de la deuda ha consumido 4.820 millones de euros.

Alternativas
No existe otra opción para que se produzca un cambio sustancial que la realización de una
auditoría ciudadana de la deuda bajo control técnico y social con la intención de proveer de
argumentos y herramientas al gobierno municipal para la suspensión o anulación de la
deuda identificada como ilegal y/o ilegítima, en una eventual negociación con los acreedo-
res, así como para la exigencia de responsabilidades administrativas, civiles y penales a las
personas participantes en su gestación.11 También debe ser una herramienta de informa-
ción, sensibilización, formación y participación de los ciudadanos y ciudadanas en relación
al control de la gestión de los recursos públicos y el impacto de la deuda del Ayuntamiento
de Madrid. Por último, y no por ello menos importante, el proceso permitirá mejorar la trans-
parencia en la gestión de los recursos públicos, procesos de rendición de cuentas, así como
el aumento en la eficiencia y eficacia de la gestión del Ayuntamiento de Madrid. Asistirá a
los gobiernos municipales para que opten por la puesta en marcha de estos procesos el
derecho de los poderes públicos a actuar y a decidir legalmente. Según el derecho interna-
cional, la evaluación del interés general y la determinación de la legitimidad o ilegitimidad de
sus deudas son competencia de los poderes públicos. Así, todo gobierno tiene el derecho y
la obligación de ejercer sus competencias internas en cuanto a la evaluación de las deudas
públicas, mediante la realización de auditorías públicas y una instrucción fiscal que permita
el establecimiento de responsabilidades y la persecución a los responsables.12 Pero tam-
bién es ineludible abordar el derecho de la ciudadanía a saber y conocer lo que ha ocurri-
11 Programa de Ahora Madrid para las elecciones municipales del 24 de mayo de 2015. Línea de acción 2.1.1 Auditoría y res-
tructuración de la deuda, p. 20. (disponible en: [Link]
DRID_Programa_Municipales_2015.pdf):
a) Llevar a cabo una auditoría ciudadana de la deuda municipal bajo control técnico y social incidiendo sobre: sobrecostes
de las obras públicas, contratos de mantenimiento, contratos de servicios (como servicios informáticos y otros), alquile-
res injustificados e intereses de la propia financiación.
b) Reestructurar la deuda e implementar las medidas necesarias para la renegociación de los tipos de interés, el alarga-
miento de los plazos de vencimiento y amortización y los periodos de carencia, la implementación de moratorias, quitas
selectivas y el establecimiento de responsabilidades políticas y penales.
12 M. L. Fattorelli (org.), Auditoría Ciudadana de la Deuda Pública: Experiencias y Métodos, Inove Editora, Brasilia, 2013.

Especial 73
Especial

do. El acceso a la información en manos de las entidades públicas, es un derecho funda-


mental que forma parte del derecho a la libertad de expresión, reconocido por la Resolución
59 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobada en 1946, y por el artículo 19
de la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948). Asimismo, es reconocido en el
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966) y en la Convención Americana
sobre los Derechos Humanos (1969).13 Contribuye a la apertura y la rendición de cuentas
de los gobiernos y representa un importante instrumento para prevenir y combatir la corrup-
ción. También puede ayudar a que aumente en un tiempo la eficiencia y capacidad de res-
puesta del Gobierno y la confianza cívica. De hecho, una de las maneras más eficaces de
poner remedio a una gobernanza deficiente consiste en entablar un debate abierto e infor-
mado. Aunque el derecho a la información no puede sustituir a la buena gobernanza, apoya
y ayuda a su puesta en práctica.

El resultado de un proceso de auditoría ciudadana, con la realización de consultas vin-


culantes, auspiciado desde las instituciones públicas y realizado con su apoyo y colabora-
ción, sería un primer paso para plantear líneas de acción que aborden otro tipo de actua-
ciones y otras políticas presupuestarias que subordinen la deuda a los intereses de la pobla-
ción. Un proceso ordenado de actuación sobre la deuda municipal de Madrid debería, tras
una auditoría, establecer por el conjunto de los ciudadanos los criterios de ilegitimidad de la
deuda existente, y realizar a continuación la revisión técnica para cuantificar la deuda ilegí-
tima y proceder a su reducción con una propuesta a los acreedores con la adecuada argu-
mentación y el respaldo democrático de la misma. Evidentemente hay que dejar claro que
el problema para adoptar este tipo de salidas es únicamente político y no existe ningún obs-
táculo técnico que impida su realización.

Hay otra forma de hacer las cosas y pasa por la construcción de los equipamientos
sociales necesarios, por la remunicipalización de los servicios públicos y por el fomento de
una participación real democrática en unas Juntas Municipales de Distrito que sean verda-
deros ayuntamientos, elegidas directamente por los vecinos y vecinas. Pero para ello, es
imprescindible que cambiemos radicalmente el eje de las prioridades a fin de poner a los
madrileños por delante de la deuda, no a la deuda por delante de los madrileños.

13 [Link]

74 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 63-74
COLECTIVO IOÉ

Inmigrantes en ciudades globales.


El caso de Madrid

Se describen las representaciones de la población autóctona de Madrid res-


pecto al modelo de desarrollo de la capital, para situar en ese marco el papel
que se otorga al millón largo de inmigrantes que se han instalado en la ciudad
en los últimos años. Las formas de entender la convivencia cotidiana, el traba-
jo y en general las relaciones sociales remiten a diversos modelos de sociedad
y de ciudadanía que van desde el rechazo xenófobo a la integración formal, y
de la inserción subalterna a la aceptación inclusiva. Las distintas posibilidades
de articulación entre distintos puntos de vista dibujan los probables escena-
rios de futuro.

L a inmigración y la diversidad cultural son dos rasgos que distinguen a las


nuevas ciudades globales del sistema capitalista, que compiten como encla-
Colectivo Ioé
(Carlos Pereda,
Walter Actis y
ves para la gerencia de la economía transnacional. Un modelo de desarrollo,
Miguel Ángel de
al estilo de Nueva York, Londres, Tokio… o Madrid, que acelera todos los flu- Prada) forma parte
jos cuantitativos (económicos, demográficos, de expansión territorial, infraes- del grupo
tructuras y servicios) pero también el estrés de sus habitantes, la polarización cooperativo
social y la contaminación ambiental.1 Tangente y es
autor del
La transformación de las relaciones interpersonales en el paso de la vida Barómetro Social
de España
rural a la urbana fue un tema recurrente en la historia de las ciencias sociales
y del comportamiento, desde las primeras aportaciones de la sociología rela-
cional alemana (Tönnies, Simmel y Von Wiese) a la contribución de otros
autores clásicos como Weber, Durkheim o Marx. La relevancia de los prime-
ros citados reside en su capacidad para describir las formas de sociabilidad
de la gran ciudad moderna occidental; sin embargo, sus penetrantes análisis
deben relativizarse en el marco de una orientación ideológica liberal-burgue-
sa que tendía a reducir la sociedad a comportamientos individuales y no con-
sideraba una teoría del conflicto y de las relaciones de poder, aspectos tra-
bajados desde distintos puntos de vista por el segundo grupo de autores.
1 S. Sassen, La ciudad global: Nueva York, Londres, Tokio, Eudeba, Buenos Aires, 1999.

de relaciones ecosociales y cambio global 75


Nº 129 2015, pp. 75-87
Especial

La tensión entre comunitarismo y societarismo sigue presente en las grandes ciudades del
siglo XXI y las relaciones societarias que prevalecen en las grandes metrópolis se encuentran
internamente cuestionadas por las quiebras que produce ese modelo relacional en amplios
sectores sociales; quiebras percibidas como procesos de masificación y deterioro de la convi-
vencia que acompañan a la pérdida de los valores comunitarios, ya sea en referencia al pasa-
do (comunitarismo regresivo) o como propuesta a construir (comunitarismo progresivo). En
este marco podemos analizar el caso de Madrid y la recepción de la inmigración, a partir de
diversos materiales de investigación2 realizados en los últimos años con la colaboración espe-
cial de Alfonso Ortí, maestro de varias generaciones de la metodología cualitativa.3

En general, el vecindario madrileño autóctono coincide en señalar que el crecimiento de


la ciudad y de su área metropolitana en el último ciclo de expansión económica, hasta 2007,
fue acelerado, desigual y con grandes tensiones internas,4 siendo la llegada de población
extranjera uno de los ingredientes más significativos. La inmigración en la comunidad de
Madrid se multiplicó por seis entre 1998 y 2011, pasando de 200.000 a 1,3 millones (gráfi-
co 1), a un ritmo muy superior a la media española. Desde entonces la inmigración residente
en el área metropolitana se ha reducido en más de cien mil personas, a consecuencia de la
pérdida de empleo y de prestaciones sociales, por lo que su peso demográfico ha bajado
del 19,6 al 17,9%.

La aproximación que hacemos a continuación trata de recoger cómo percibe la pobla-


ción autóctona la evolución de la ciudad y, en ese contexto, el papel jugado por la inmigra-
ción de origen extranjero. Entendemos esta presentación como el complemento de la que
hicimos para PAPELES en el texto «La condición migrante en España. Posiciones básicas
en torno a la ciudadana»,5 en la que se abordó el panorama desde el punto de vista de la
población migrante, y a la que remitimos al lector. Se trata de una exploración cualitativa que
permite acceder a las actitudes, valores y expectativas de diversos grupos sociales autóc-
tonos. Como veremos, las opiniones sobre la inmigración no surgen aisladamente, sino for-
mando parte de cosmovisiones más amplias que tienen que ver con la posición de clase de
los sujetos y con la evolución del modelo de desarrollo de Madrid y su proceso de conver-
sión en “ciudad global”.

2 Colectivo Ioé y A. Ortí, La convivencia en Madrid. Discursos ante el modelo de desarrollo de la ciudad y la instalación de
población inmigrante, Ayuntamiento de Madrid, 2008 [disponible en: [Link]]; Colectivo Ioé y M. Ortí, Discursos
de la población migrante en torno a su instalación en España, CIS, Madrid, 2010; y Colectivo Ioé, La juventud ante su inser-
ción en la sociedad, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Madrid, 2013. En el conjunto de estos tres estudios se apli-
caron 43 grupos de discusión, bastantes de ellos en la Comunidad de Madrid.
3 Ver el monográfico «El cualitativismo crítico español: una teoría práctica y una práctica teórica del conocimiento sociológico
y la investigación social», Arxius, núm. 31, Valencia, 2014, pp. 57-68.
4 Una síntesis de este proceso se recoge en Observatorio Metropolitano, Manifiesto por Madrid, Crítica y crisis del modelo
metropolitano, Traficantes de Sueños, Madrid, 2009.
5 En PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 104, 2009, pp. 23-37.

76 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 75-87
Inmigrantes en ciudades globales

Gráfico 1. Población inmigrante en la Comunidad de Madrid (1998-2015)

25

20 19,6

17,9
Tasa de población inmigrante

15

10

5 4,0

0
1998 2000 2002 2004 2006 2008 2010 2012 2014

Fuente: Instituto Nacional de Estadística, Padrón de Población.

Distintas percepciones de Madrid


Las imágenes de la ciudad de Madrid y del lugar que ocupan en ella los inmigrantes extran-
jeros se pueden agrupar y reinterpretar de forma esquemática a partir de los dos polos de
las relaciones de clase existentes en la ciudad: los sectores burgueses o supraordinados,
donde incluimos la pequeña burguesía patrimonial y las clases medias funcionales,6 y los
sectores populares-trabajadores o subordinados.

Madrid en clave burguesa

Desde la perspectiva burguesa, Madrid es una ciudad dinámica, con oportunidades para los
negocios y la promoción personal, lo que se refuerza debido a su objetivo político de con-
vertirse en “ciudad global”. En general permite un buen género de vida, pese a encontrarse

6 Las clases medias funcionales «ocupan aquellas posiciones jerárquicas de control, poder organizativo, liderazgo y asesora-
miento (como directivos o gerentes, cuadros superiores o técnicos y profesionales altamente cualificados) que convierten en
estratégica su histórica función de mediación (a veces políticamente decisiva) en las luchas entre capital y trabajo, y en gene-
ral en todos los conflictos sociales e ideológicos», en A. Ortí, «Para una teoría de la sociedad de las clases medias funcio-
nales de los 80», Documentación Social, núm. 88, 1992, p. 215.

Especial 77
Especial

sometida a tensiones de crecimiento, con efectos negativos diversos que deterioran la vida
cotidiana y aumentan la incertidumbre ante el futuro, pero ello no impide que Madrid siga
siendo la “plaza mayor de las Españas”, lugar central de un modelo de crecimiento dual y
espacio por excelencia para obtener beneficios a corto plazo. En este sentido, la necesidad
de aprovechar las oportunidades de negocio exige, entre otras cosas, contar con una mano
de obra abundante y disponible que, en las últimas décadas, ha encontrado sus principales
filones en la inmigración extranjera y en las mujeres autóctonas, antes no empleadas fuera
del hogar. Ambos flujos han sustituido a la inmigración interior de décadas anteriores y han
sido indispensables para asegurar dicho modelo de crecimiento.

El vecindario madrileño autóctono coincide en que el crecimiento de


la ciudad y de su área metropolitana en el último ciclo fue acelerado,
desigual y con grandes tensiones internas, siendo la llegada de población
extranjera uno de los ingredientes más significativos

No obstante, la expansión de Madrid está sometida a una permanente tensión por su


carácter inestable, tal como se ha encargado de recordar la reciente recesión económica.
Al constituir un modelo amenazado siempre por la crisis, necesita constantemente –para
mantenerse– de su reproducción ampliada por lo que, en el largo plazo, semejante dina-
mismo no hace más que intensificar la dureza de la competitividad y la saturación espacial
y existencial de la vida social madrileña. La profundización de la crisis de los últimos años,
que ha afectado también a una parte de la burguesía, se siente principalmente como temor
a perder un género o estilo de vida basado en la distinción: tipo de vivienda y de barrio
(“vivo en un chalet en el noroeste de Madrid”), nivel educativo (“tengo tres masters…”) y
otros múltiples signos de patrimonio y excelencia social. En este sentido, la forma concre-
ta de abordar la cuestión de la inseguridad (en especial ante los inmigrantes y los estratos
inferiores) entraña, en último término, la autoafirmación de una posición de poder como
propia y característica de una determinada situación de clase (“aquí decidimos nosotros,
¡se acabó!”), lo que da lugar a un reforzamiento regresivo de la autoridad y la represión,
incluso violenta hacia las clases subordinadas (“al primero que me ataque, ¡le vuelo la
cabeza!”), mayor control policial y judicial, dotación de recursos sociales, sanitarios y edu-
cativos diferenciados (“que les pongan la beneficencia…”), intensificación de la segrega-
ción espacial, etc.

De manera menos dominante, aparece también un segmento de la burguesía partidario


de la movilización reformista en pro de una reestructuración social comunitaria que respete
la igualdad ciudadana (“la maldad no tiene denominación de origen”) y la pluralidad cultural,
y que facilite la integración de todos desde el reforzamiento de los servicios públicos bási-

78 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 75-87
Inmigrantes en ciudades globales

cos universales y la discriminación positiva a favor de los socialmente más débiles, entre
ellos los inmigrantes extranjeros.

Madrid en clave popular

Desde la perspectiva de las clases populares, el modelo de crecimiento de Madrid está


suponiendo un endurecimiento de sus condiciones de vida y de trabajo, lo que se ha recru-
decido en la actual etapa de crisis: los recursos salariales resultan cada vez más escasos y
menos seguros para cubrir unas necesidades de consumo que no dejan de crecer, en espe-
cial los gastos de vivienda que hipotecan de por vida a muchas familias. En el mejor de los
casos, la presión para obtener dinero les lleva a una situación de sobreexplotación en el tra-
bajo, a un ritmo acelerado y agobiante (“Madrid es un matapersonas”), en un espacio con-
gestionado y desestructurado (“dos horas para ir a trabajar”), con saturación creciente de
todos sus procesos sociales (“¡no tienes vida!”); y en el peor de los casos, cuando se pier-
de el empleo o éste es precario (la cuarta parte de los salarios de Madrid no alcanzan el
salario mínimo interprofesional, según la Agencia Tributaria), el riesgo de pobreza y exclu-
sión social acecha o se impone a las familias.

El sistema público de políticas sociales mantiene funciones básicas e insustituibles, que


aseguran unos mínimos de bienestar social, pero tales recursos se encuentran sometidos a
recortes continuos y están en competencia creciente con el sector privado que trata de apro-
piarse de ellos. Como causa más general se alude al modelo de crecimiento de Madrid,
orientado a la concentración y rentabilización empresarial, y sin los suficientes controles nor-
mativos e institucionales por parte de una clase política que no cumple con su función de
atender las necesidades de los sectores populares. La llegada numerosa de inmigrantes,
con los que se comparten los espacios de residencia y de trabajo, contribuye a saturar la
demanda laboral, los servicios públicos y los lugares de recreo, deteriorando aún más la
vida cotidiana en los barrios populares.

Los diversos sectores del bloque popular presentan significativas diferencias en función
del sexo y la edad. Por una parte, están las diferencias ligadas a la tradicional división
sexual del trabajo; por otra, las distintas perspectivas generacionales, sobre todo acusadas
entre los jóvenes en proceso de inserción laboral precaria. Mientras los padres de familia
con empleo eventual o baja cualificación tienen como contexto común el declive de las con-
diciones laborales, las amas de casa de un estatus social equivalente observan el deterioro
del proyecto de vida familiar en el que fueron socializadas, cuyo referente ideal estaba cons-
tituido por el modelo de la pequeña burguesía patrimonialista. La incorporación al trabajo
extradoméstico les exige un esfuerzo titánico y estresante (“estamos como locas”) para con-
ciliar la doble jornada (la casa, los hijos y los abuelos dependientes, además de mantener

Especial 79
Especial

un empleo para percibir un salario), una situación que da lugar a una nueva especie de
mujeres que se definen a sí mismas como “supervivientes… desde que nos levantamos
somos máquinas de no vivir”.

En Madrid, la necesidad de aprovechar las oportunidades de negocio exige


contar con una mano de obra abundante y disponible que, en las últimas
décadas, ha encontrado sus principales filones en la inmigración extranjera
y en las mujeres autóctonas, antes no empleadas fuera del hogar

Para los jóvenes de ambos sexos en proceso de inserción en el mercado de trabajo, la


situación básica de clase está marcada por el desempleo (entre 2009 y 2015 se ha destrui-
do en Madrid el 36,4% del empleo entre los menores de 35 años, más de 400.000 puestos
de trabajo), la precariedad laboral y la dificultad para emanciparse de la casa paterna, en
medio de un contexto social agresivo y competitivo (“en Madrid está muy jodida la vida”).
Aunque se suele reconocer el papel regulador del Estado, se quejan de él y le critican por
su falta de cumplimiento. Sin embargo, la actitud de la juventud se escinde entre quienes
aceptan resignadamente su situación y quienes se rebelan contra ella: los primeros se con-
tentan con sobrevivir/consumir (“vivir la vida”) en el plano individual-familiar, con una mez-
cla de impotencia y fatalismo; los segundos plantean la necesidad de buscar alternativas
globales ya que las salidas que se plantean desde la óptica social-clientelar o neoliberal no
dan respuesta a los sectores sociales excluidos. Desde esta perspectiva, que hemos lla-
mado “indignada-instituyente”, se cuestiona tanto el modelo de “desarrollo” generado por el
sistema capitalista, sin fines sociales y destructor de la naturaleza, como la estrategia de las
intervenciones sociales del Estado y del tercer sector, que se limitan a paliar los problemas
mediante ayudas y prestaciones que no resuelven las cuestiones de fondo y, sin embargo,
legitiman el sistema social y desmovilizan a la población. Puntos de vista que tienen sus
referentes teóricos en autores de orientación crítica7 y están presentes en diversos movi-
mientos sociales de nuestra época, desde el movimiento antiglobalización en el plano inter-
nacional al 15M en el caso de España y otras movilizaciones similares.

Formas de instalación de la población inmigrante


Una vez establecidas las posiciones básicas de la población autóctona ante el modelo de
desarrollo de la ciudad, recogemos a continuación el papel que se asigna a la inmigración
7 Entre otros, I. Wallerstein, Geopolítica y geocultura: ensayos sobre el moderno sistema mundial, Kairos, Barcelona, 2007; y
R. Fernández Durán y L. González, En la espiral de la energía. Volúmen II: Colapso del capitalismo global y civilizatorio,
Libros en acción y Baladre, Madrid, 2014.

80 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 75-87
Inmigrantes en ciudades globales

en la evolución de las relaciones sociales durante los últimos años, tanto en el plano de la
convivencia cotidiana del vecindario como en la configuración del mercado de trabajo y el
modelo de sociedad. El punto de partida está constituido por un amplio mapa de fracciones
discursivas en torno a la instalación8 de las familias migrantes –más de veinte– que hemos
agrupado en un cuadro global de posiciones básicas. El cuadro 1 recoge cuatro formas de
instalación en la ciudad que implican diversas maneras de entender la convivencia cotidia-
na, la incardinación laboral y los derechos ciudadanos de los migrantes.

Cuadro 1. Formas de entender la instalación de los inmigrantes en la ciudad de Madrid

Control orden estatal Desarrollo autónomo

Individualización meritocrática
Individualización normatizada

INSERCIÓN SUBALTERNA INTEGRACIÓN FORMAL

Aceptación funcional Igualdad jurídica

Mano de obra complementaria Mano de obra competitiva

Ciudadanía subordinada Ciudadanía equiparada

Sociedad monocultural Sociedad pluricultural

RECHAZO XENÓFOBO ACEPTACIÓN INCLUSIVA


Grupalidad proyectiva
Grupalidad regresiva

Expulsión/segregación inmigrantes Reconocimiento participativo

Mano de obra explotable (sin derechos) Mano de obra crítica de la explotación

Ciudadanía denegada Ciudadanía instituyente

Sociedad multicultural Sociedad intercultural

Autocentramiento comunitario Proyección transcomunitaria

Fuente: Elaboración de Colectivo Ioé y Alfonso Ortí.

8 Preferimos utilizar el concepto genérico de “instalación” a fin de eludir las connotaciones significativamente cargadas de otros
términos al uso, como «inserción» (del latín insertare: meter una cosa en otra) o «integración» (también del latín: hacer un
todo o conjunto con partes). Según María Moliner, el concepto de «instalación» (del latín installare) remite más neutramente
al fenómeno de «poner a alguien en un sitio para que viva o esté en él», lo que puede dar lugar a múltiples formas de insta-
lación o establecimiento. M. Moliner, Diccionario de uso del español, Gredos, vol. 2, Madrid, 1983, p. 146.

Especial 81
Especial

Rechazo xenófobo

Esta posición parte de una profunda desconfianza hacia quienes no comparten la cultura
española, su historia, sus tradiciones y sus valores propios. La consecuencia es el temor o
rechazo xenófobo hacia los llegados de fuera, pues pueden poner en peligro la identidad y
costumbres locales, sobre todo si su número es importante y están “fuera de control”. En los
casos extremos esta posición reactiva se traduce en un rechazo violento de la población
extranjera, que parece haberse incrementado en la etapa de crisis actual (“que los cojan y
a su puto país”); en los más suaves se propone restringir su movilidad a espacios separa-
dos y nichos laborales. Como los inmigrantes no tienen en esta perspectiva ninguna legiti-
midad ciudadana, se justifica que los empleadores les exploten sin tener en cuenta la regu-
lación laboral española (“¡que les den!”).

Ante la diversidad cultural, se plantea como salida más coherente el multiculturalismo o


la separación territorial de los diferentes sujetos nacionales: “cada uno en su país” o cada
cual en su lugar (residir en barrios separados, ser atendidos en hospitales o escuelas para
extranjeros, etc.). Por tanto, la respuesta espontánea del discurso xenófobo es que se sellen
las fronteras y se expulse a los “invasores”. La convivencia resultaría perjudicial y conflicti-
va para ambos grupos, dada la imposibilidad de compaginar culturas que son “inasimilables
por esencia”, tal como lo demostraría la tensión social generada en Madrid con ocasión de
la llegada “masiva” de extranjeros o, en el caso francés, el fracaso de la integración de “los
moros” después de tres o cuatro generaciones.

La xenofobia de los nativos en relación a los inmigrantes procedentes de países menos


desarrollados (latinos, africanos, asiáticos) tiene sus raíces remotas en el pasado colonial,
entre los siglos XVI-XIX, cuando los europeos se concebían como “naturalmente” superio-
res a los pueblos colonizados, fuera con una justificación directamente racista (biológica) o
cultural.9 En la sociedad contemporánea el racismo ya no puede encontrar justificación en
el plano biológico o en la dominación colonial; de ahí que la posición xenófoba aparezca rara
vez en estado puro y, cuando ello ocurre, sea minusvalorada por las otras posiciones, que
la acusan de racista y retrógrada. Lo más habitual es que el discurso de la segregación se
sitúe a la defensiva o se camufle tras otras posiciones, más políticamente correctas.

Inserción subalterna

Esta posición defiende el principio de la preferencia nacional sobre los extranjeros. Aquí la
norma estatal se concibe como el lugar de establecimiento de la uniformidad u homogenei-

9 U. Martínez Veiga, «Raza y racismo: aclaraciones conceptuales», OFRIM Suplementos, Madrid, 2001, pp. 91-105.

82 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 75-87
Inmigrantes en ciudades globales

dad normativa: parámetros culturales y de comportamiento que rigen obligatoriamente para


todos, incluidos los inmigrantes (“o te asimilas o te marchas”). Desde esta lógica los intere-
ses de los ciudadanos nacionales priman sobre los intereses de los extranjeros; la presen-
cia de éstos se justifica sólo de acuerdo a las necesidades de aquellos (“primero los espa-
ñoles”) y siempre que ocupen una posición subalterna o complementaria (por ejemplo,
aceptando los empleos menos apreciados y peor pagados). Desde esta posición no cabe
hablar propiamente de integración de los inmigrantes sino, en todo caso, de “ciudadanía
subordinada”, o de segunda clase, en el marco de una sociedad normativamente homoge-
neizada en la que la diferencia se encuentra subordinada o acallada; las diferencias segui-
rán existiendo y supondrán un peligro de disgregación (“por tanto, si no se acomodan, ¡qué
se vayan!”).

El campo discursivo en torno a la inmigración se encuentra fragmentado


y con frecuencia poco consolidado, debido a la relativa novedad
del fenómeno y a las múltiples circunstancias que lo condicionan

El eje central de esta posición es la defensa de los intereses del Estado español, de su
identidad cultural y de sus ciudadanos, en el contexto de un mundo articulado desde la con-
frontación internacional. La expresión “que cada palo aguante su vela” refleja bien esta posi-
ción que, en relación a la convivencia de los extranjeros, plantea que deben “acoplarse” a las
normas, usos y costumbres vigentes en España (“¡se tienen que adaptar!”). Del mismo modo,
el número de inmigrantes no debe sobrepasar aquella escala que sea asimilable sin produ-
cir saturación o conflictos en el acceso a los servicios públicos (sanidad, educación, etc.).

Para los defensores de la inserción subalterna, el Estado debe proteger ante todo los
derechos y necesidades de los nacionales, mientras los extranjeros deben ocupar una posi-
ción subordinada o complementaria. Se trata de un discurso nacional-proteccionista, que
está más presente en los sectores sociales populares-precarios, que se sienten abandona-
dos por las instituciones públicas en las que, por otra parte, han depositado su confianza y
de la que reclaman soluciones.10

Integración formal

Esta posición defiende la equiparación jurídica de todos los ciudadanos, sean nativos o
extranjeros, para desenvolverse en la vida de acuerdo a sus propios méritos, “no gente de
10 Es el discurso racista del «pobre blanco», en expresión de M. Wieviorka (dir.), Racisme et modernité, La Découverte, Paris,
1993.

Especial 83
Especial

primera categoría y gente de segunda categoría”. La sociedad pluricultural sería la nueva


forma de expresión de la “España plural”, que no sólo tiene diferentes nacionalidades auto-
nómicas sino, también, una población inmigrante con múltiples expresiones culturales, reli-
giosas, etc. Se afirma que el desarrollo de la economía española debe mucho al aporte de
los inmigrantes y que éstos tienen derecho a competir en igualdad de trato con los españo-
les (en el marco de una economía “abierta”).

Las migraciones internacionales son percibidas como un mecanismo que contribuye a


equilibrar los mercados mundiales de mano de obra en el marco del proceso de globaliza-
ción. Los Estados deben asegurar el control racional de los flujos (“sin desbordamientos”),
facilitar la igualdad de oportunidades en el mercado de trabajo y promover la convivencia
ciudadana en espacios comunes interétnicos (pluralismo liberal cosmopolita). Cabe hablar
en este caso de integración “igualitaria” de los inmigrantes en el marco de una sociedad plu-
ricultural de la que se valoran positivamente sus pautas de funcionamiento socioeconómico
e institucional. En las investigaciones realizadas hemos detectado la presencia de esta posi-
ción en bastantes sectores:

• Personas con alto nivel económico defienden la pluralidad cultural de la ciudad y el nuevo
aire cosmopolita que le proporciona la inmigración. Sin embargo, deben evitarse los “des-
bordamientos”, así como el encerramiento de los colectivos inmigrantes en sí mismos
(comunitarismo cerrado). Es preciso respetar las culturas de los demás y estar abiertos a
la comunicación y enriquecimiento mutuo, superando los prejuicios y las actitudes segre-
gacionistas. La integración se plantea como un proceso a medio y largo plazo, que
requiere educar a todas las partes en el pluralismo y el respeto a las diversas culturas. La
sociedad avanza desde la intolerancia del pasado (“gris”) hacia el mestizaje intercultural
(“de colores”).

• Un sector de capas sociales populares que se identifica con los valores de la moderniza-
ción liberal cree también que hay que acoger a los recién llegados, como se acogió en otro
tiempo a los inmigrantes de provincias llegados a Madrid (con “cariño”, pero no tratándo-
los de “pobrecitos” sino como “iguales”). La ciudad se construye con la cooperación de
todos pero ello exige “saber convivir”, respetar “unas reglas mínimas de convivencia”. Por
tanto, ante la numerosa llegada de extranjeros, hay que facilitar la integración de la mayo-
ría, que viene “con buenas intenciones”, pero ser duros con los vagos y delincuentes, que
no saben convivir.

Los partidarios de la integración formal de los inmigrantes reclaman la autonomía indivi-


dual, sin discriminaciones (individualización meritocrática). Las culturas son diversas y
deben respetarse como un derecho de la libertad de las personas (pues “España no es el
centro del mundo”). Las clases medias altas (dirigentes y profesionales cualificados del sec-

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Inmigrantes en ciudades globales

tor privado o público, medianos y grandes empresarios, etc.), justamente las élites sociales
que salen más beneficiadas del actual modelo societario, son las que sostienen más habi-
tualmente esta posición ideológica.

La creciente emergencia social ha dado paso a una importante


movilización social y a un nuevo escenario político y electoral,
cuyo efecto puede ser una mejora de las condiciones del conjunto
de la población trabajadora y un desarrollo de políticas de inserción
más inclusivas y respetuosas de las minorías

Aceptación inclusiva

Esta posición considera las recientes migraciones de mano de obra llegadas a la comuni-
dad de Madrid como un efecto de las desigualdades inherentes al proceso de globalización
capitalista. En el ámbito nacional se defiende una democracia participativa (grupalidad pro-
yectiva), con la expresa inclusión de todas las culturas y minorías nacionales y extranjeras
presentes en el territorio (“entenderse unos con otros y convivir juntos”) y se cuestiona el
predominio de las élites políticas y económicas sobre los ciudadanos de a pie. Se pone énfa-
sis en los problemas derivados de la desigualdad económica y la precariedad laboral, y se
responsabiliza de ello al poder político y a los empresarios, que “abusan y se aprovechan
de la inmigración”.

Su propuesta consiste en superar el individualismo actualmente predominante (“cada


uno a lo suyo”) a favor de una ciudadanía instituyente, activa, intercultural y proyectiva
(“hacer las cosas para vivir la democracia”). Una ciudadanía basada en el reconocimiento
de las diversas comunidades étnicas-culturales-nacionales y de su capacidad para convivir,
entenderse y actuar como sujetos activos de lo social a escala local, nacional e incluso mun-
dial. Un conjunto de características que están bastante presentes en movimientos sociales
como el 15M y que también hemos observado en varias investigaciones:

En primer lugar, sectores populares que hacen agudas críticas a “una sociedad fría,
estresante, individualista”, que habría perdido los valores comunitarios a favor de un “des-
control consumista” privado y que apuestan por una sociedad participativa donde prime el
valor de la grupalidad intercultural, como principio activo de una democracia no manipulada
por los poderosos y basada en el aporte de todas las sensibilidades. Para ello, es preciso
revalorizar las culturas inferiorizadas y establecer redes horizontales de intercambio y trans-
formación social a escala local y global.

Especial 85
Especial

Desde un sector de las clases medias y medias altas, se defiende también la posibilidad
de una convivencia enriquecedora entre inmigrantes y autóctonos a nivel local, para lo que
es preciso superar las actuales tendencias centralizadoras en los planos administrativo y
comercial. Frente a la incomunicación burocrática (políticos “usurpadores”) y el consumo pri-
vatizado, hay que caminar hacia una recreación universalista de la convivencia, basada en
la confianza mutua, la solidaridad y el diálogo constructivo.

La ciudadanía inclusiva no es dominante en los discursos analizados aunque aparece


puntualmente con notable fuerza, en confrontación con los otros discursos, sobre todo en su
vertiente de crítica hacia el modelo político y económico vigente. Contiene una perspectiva
utópica, como anticipación imaginaria de un mundo sin injusticias que, en las condiciones
actuales, no encuentra asidero para formular un discurso muy elaborado.

Escenarios de futuro
El campo discursivo en torno a la inmigración se encuentra fragmentado y con frecuencia
poco consolidado, debido a la relativa novedad del fenómeno y a las múltiples circunstan-
cias que lo condicionan, la más reciente la coyuntura de crisis que ha provocado la ralenti-
zación de los flujos y un incipiente retorno. No obstante, parece claro que los escenarios de
futuro de la convivencia en Madrid entre nativos y foráneos dependerán estrechamente de
cómo evolucionen las posiciones antes descritas. En el actual estado de cosas, la alianza
más probable parece inclinarse por una confluencia entre quienes postulan la inserción sub-
alterna de los inmigrantes (desde el principio de la preferencia nacional) y aquellos que pro-
pugnan su integración formal (desde el principio de la igualdad jurídica de todos los ciuda-
danos). En ambos casos el plano individual prevalece sobre el grupal, como articulador de
la incardinación de las personas en la sociedad.

El rechazo xenófobo de los inmigrantes (ciudadanía denegada), que propugna su expul-


sión o su reclusión en guetos, es defendido con distinta intensidad por diversos sectores
sociales y puede llegar a causar graves problemas al colectivo inmigrante, pero no es pre-
visible que alcance la suficiente fuerza como para imponerse en el plano colectivo. Del
mismo modo, la propuesta de ciudadanía instituyente, partidaria de un reconocimiento acti-
vo de todas las comunidades y minorías étnico-culturales, tampoco alcanza el umbral sufi-
ciente como para erigirse en discurso social dominante, aunque pueda tener una influencia
importante y muy positiva para quienes esperan una integración activa de los inmigrantes
como ciudadanos plenos de una España intercultural.

La creciente emergencia social derivada del paro y los recortes sociales ha dado paso a
una importante movilización social y a un nuevo escenario político y electoral a partir de

86 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 75-87
Inmigrantes en ciudades globales

2015, cuyo efecto puede ser una mejora de las condiciones del conjunto de la población tra-
bajadora y un desarrollo de políticas de inserción más inclusivas y respetuosas de las mino-
rías. En esta perspectiva se podría reforzar el frente común que ha servido de colchón ante
la xenofobia, tan presente en otros países europeos (Francia, Reino Unido, Holanda, etc.),
sobre todo si los propios inmigrantes se implican activamente como sujeto político de una
sociedad intercultural. Sin embargo, esta perspectiva deberá abrirse paso confrontando con
quienes sólo conciben a la población de origen inmigrante como sujeto peligroso u objeto de
control y explotación.

Especial 87
VÍCTOR RENES AYALA

La trascripción espacial
del empobrecimiento general.
Los barrios como el sumidero
de los desechos de la crisis
La pobreza y la exclusión social, como todos los efectos de la crisis, cumplen
al pie de la letra el axioma de que “la risa va por barrios”. Y aunque la infor-
mación disponible no suele contemplar la dimensión espacial de los fenóme-
nos sociales, estas reflexiones quieren ofrecer a modo de un aguafuerte,
siguiendo más un estilo narrativo que puramente estadístico, los rasgos más
determinantes de la trascripción espacial de la pobreza y la desigualdad.

«La crisis económica se ha convertido en un contexto que presiona sobre la vida Víctor Renes
diaria de muchos ciudadanos y sobre el futuro de la sociedad española en su con- Ayala, miembro
junto. Pero la actual crisis –como todas las anteriores del capitalismo– tiene una del Comité
Técnico de la
dimensión espacial aún poco explorada, uno de cuyos aspectos más relevantes
Fundación Foessa
es, sin duda, el análisis de su desigual impacto sobre los territorios, visible a diver-
sas escalas, junto a las claves interpretativas de esa diferente sensibilidad»

R. Méndez y J. Prada-Trigo1

E sta consideración acerca de la problemática urbana atravesada por la cri-


sis no pretende resolver este dilema, sino dar mayor fundamento a la necesi-
dad de urgir ese análisis espacial. Con estas notas deseamos destacar lo que
se suele denominar la dimensión territorial de la pobreza, o, quizá mejor, lo
que Mayor Zaragoza en su libro Los nudos gordianos denomina la «trascrip-
ción espacial de la pobreza». Porque de lo que se trata es de que la pobreza
y la exclusión social, como todos los efectos de la crisis, cumple al pie de la

1 R. Méndez y J. Prada-Trigo, «Crisis, desempleo y vulnerabilidad en Madrid», Scripta Nova. Revista elec-
trónica de Geografía y Ciencias Sociales, vol. 18, núm. 474, 20 de abril de 2014 [disponible en:
[Link]

de relaciones ecosociales y cambio global 89


Nº 130 2015, pp. 89-102
Especial

letra el axioma de que “la risa va por barrios”. Aunque no es de lo que mayor información se
dispone, se puede concluir que la trascripción espacial de la desigualdad social es una rea-
lidad.2 Por ello, estas reflexiones tienen más un carácter narrativo a modo de un aguafuer-
te que destaca los rasgos más determinantes de su realidad, percibida y perceptible cuan-
do se la reconoce en su cotidianidad.

No pretendiendo, pues, recorrer todos los aspectos de esta problemática, se ha sinteti-


zado este complejo análisis identificando los cinco rasgos más destacados que recorren la
problemática social de los espacios urbanos.

Los barrios son el “sumidero” de la crisis


Con la crisis hay una sensación, confirmada por los datos, de que “el país se nos va por
abajo”. Hoy ya es sabido, las últimas informaciones del INE –y de la propia OCDE– lo corro-
boran, que la crisis ha puesto encima de la mesa como una grave cuestión el aumento de
la pobreza, de la exclusión, de la desigualdad. Es ya una conclusión asumida, que supone
una mayor complejidad social con la disminución de la renta de las familias, el incremento
del desempleo especialmente de larga duración, el aumento del número de hogares con
todos sus activos en paro, así como de los hogares sin ingresos.3

En los barrios es donde más explota el desempleo, la falta de ingresos, el abandono de


los “empleables” que pasan a “inempleables”, la privación material, ... Según los datos de la
Encuesta de Condiciones de Vida de 2014 que ofrece el INE, referidos a este último indica-
dor, la privación material severa afecta ya al 7,1% de los hogares en España, o sea a los
hogares que viven en condiciones de falta de acceso a determinados recursos: pagar el
alquiler o una letra; mantener la casa adecuadamente caliente; afrontar gastos imprevistos;
una comida de carne, pollo o pescado –o sus equivalentes vegetarianos– al menos tres
veces por semana; pagar unas vacaciones al menos una semana al año; un coche; una
lavadora; un televisor en color; un teléfono, fijo o móvil. Y este dato es el más alto de los últi-
mos seis años pues ha pasado del 4,5% de los hogares en 2009 al 7,1% en 2014. Se ha

2 Los estudios disponibles nos confirman que es en los barrios más desfavorecidos donde se concentra en mayor medida la
desigualdad y los efectos de la crisis. Por ello, aun no disponiendo de un análisis específico desde los territorios urbanos, los
datos disponibles, incluso siendo generales, se cumplen en su mayor resonancia en los barrios y son los exponentes de lo
que la crisis hace en las ciudades. Véase R. Flores, M. Trujillo y Th. Ubrich, «Dimensión territorial del impacto de la crisis»
en M. Laparra y B. Pérez Eransus (coord.), El primer impacto de la crisis en la cohesión social en España, Colección Estudios
e Investigaciones. Fundación FOESSA y Cáritas Española, Madrid, 2010. También estos dos estudios: R. Méndez y J. Prada,
«Crisis, desempleo y vulnerabilidad en Madrid», Scripta Nova. Revista electrónica de geografía y ciencias sociales, núm. 18,
pp. 463-499, 2014 [disponible en: [Link] y el Proyecto sobre dinámicas de segregación
urbana e innovación social ante la crisis (Barcelona) ([Link]
3 Según datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) de 2014, la Encuesta de Presupuestos familiares (EPF) de 2013
y la última Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de 2015.

90 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 89-102
La trascripción espacial del empobrecimiento general

producido una intensificación de la carencia material severa, alcanzando a más de 1,2 millo-
nes de familia.

La pobreza y la exclusión social, como todos los efectos de la crisis,


cumple al pie de la letra el axioma de que “la risa va por barrios”

La pérdida de capacidad adquisitiva por la caída de la renta y pérdida de ingresos pro-


duce efectos muy graves. La misma ECV 2014 confirma que:

– el 37,3% de los hogares se encuentran con dificultades o muchas dificultades para llegar
a fin de mes;
– 4 de cada 10 familias viven la vulnerabilidad que genera la incapacidad de poder afrontar
gastos imprevistos;
– 1 de cada 10 familias ha tenido retrasos en el pago de los gastos relacionados con la
vivienda en el último año, no ha podido hacer frente al alquiler o hipoteca de la vivienda,
o no ha podido satisfacer alguno de los recibos de los suministros;
– el 11% de las familias tienen dificultades para mantener su vivienda a una temperatura
adecuada.

Ciertamente con estos datos se puede afirmar que “el país se nos va por abajo”. Pero
esa realidad donde realmente produce un impacto y un choque brutal es en los barrios, por
eso decimos que los barrios son el sumidero, pues es por donde se va el país de las manos.
Así nos lo confirma el estudio espacial del desempleo en Madrid:

«Salvo casos anómalos, relacionados con una muy escasa población residente, puede observarse
una asociación de sentido positivo entre los niveles más elevados de desempleo en relación a sus
residentes en edad activa y las mayores proporciones de incremento desde el inicio de la crisis. El
barrio de San Cristóbal, en Villaverde, se sitúa en posición destacada, pero también padecen tra-
yectorias similares otros del mismo distrito como San Andrés o Los Rosales, el Casco Histórico de
Vallecas en el distrito de Villa de Vallecas y los de San Diego, Entrevías o Portazgo en el de Puente
de Vallecas, Hellín, Amposta o Rejas en el de San Blas, etc., todos ellos en el cuadrante sureste.
Por el contrario, aquellos otros que tradicionalmente se encontraban por debajo de la media son
también en bastantes ocasiones los que registraron un menor incremento, como es el caso de El
Viso, Nueva España o Hispanoamérica, en el distrito de Chamartín, Almagro, Jerónimos, Castellana
y Recoletos en los de Chamberí, Retiro y Salamanca –todos ellos en las proximidades del eje cen-
tral de negocios de la ciudad– o Mirasierra y Fuentelarreina en la periferia septentrional».4

4 R. Méndez y J. Prada-Trigo, op. cit, 2014.

Especial 91
Especial

Esta situación no es únicamente producto de la crisis, pero es evidente que la crisis la ha


agravado. Ya con los datos del censo de 1991, se hizo el estudio de la distribución espacial
de los riesgos sociales, que dio como resultado el Atlas de Barrios Vulnerables de España.5
Es, pues, una situación que viene consolidada desde su propia historia puesto que, según
este Atlas, los barrios que en 1991 ya superaban el 50% del valor nacional de los indicado-
res de baja educación, de viviendas de baja calidad y de alta taso de paro, seguían están-
dolo en 2001 dado que esos indicadores no habían mejorado. Con un elemento añadido de
gran importancia, y es que el Atlas calificó en 2001 la intensidad en que afectaba a cada
barrio. Y en un ranking de 1 a 5 (1 = los vulnerables en menor rango y 5 = los de mayor
rango), los barrios que superaban ese 50% manifestaban que su vulnerabilidad era de mucha
intensidad. La situación de vulnerabilidad no ha cambiado y sigue figurando como tal en el
análisis de este Atlas referido a 2006, en el que toma un valor muy significativo la variable
inmigración. Por lo que se completan de forma muy intensa las variables de tipo laboral y edu-
cativa con la variable inmigración. Y trazan una imagen de multicausalidad de los problemas
que afectan a la población, dadas las condiciones de los hogares en que habitan.

Los barrios concentran el grupo cuyo abandono es


una “bomba de relojería”
Hay un sector de población en el que están recayendo, no de modo exclusivo, pero sí de
forma más grave, estos impactos y que están sufriendo estos efectos. Son el grupo de
menores, de niños y jóvenes. Forman lo que, quizá de forma un tanto alegórica, se podría
denominar “reos sin causa”. Y no se trata solo de cifras. Son situaciones reales de abando-
no de los barrios. De hecho los datos de los servicios de atención social ante estas graves
carencias nos indican que los tres problemas más graves que las familias demandan son
alimentación, vivienda y empleo. Buena muestra de ello son las demandas, incluso las
denuncias, de desnutrición infantil ligadas a los déficits de recursos y de becas para come-
dores escolares que deben atender incluso situaciones de desayuno y merienda,6 deman-
das ligadas prácticamente a los colegios de los barrios con menores recursos. Se cumple
en estos barrios, y con creces, el dato del INE referido a la generalidad de la población de
que hay un 3,3% de las familias que no puede permitirse una comida de carne, pollo o pes-
cado al menos cada dos días.

5 El Altas está basado en los trabajos realizados en el convenio de colaboración entre la Sección de Urbanismo del Instituto
Juan de Herrera de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y el Ministerio de Fomento. Véase A. Hernández, A. Matesanz
y C. García, Atlas de Barrios Vulnerables de España: 12 Ciudades 1991/2001/2006, Instituto Juan de Herrera, Madrid, 2015
[disponible en: [Link]
6 Hay 40 organizaciones sociales que han firmado la Carta Contra el Hambre en Madrid ([Link]
y calculan que destinando el 1,8% del presupuesto municipal de Madrid se garantizaría el derecho a la alimentación de la
población de la capital. Se necesitan 78.500.000€ para erradicar el hambre en Madrid.

92 de relaciones ecosociales y cambio global


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La trascripción espacial del empobrecimiento general

Hoy todos los datos indican que la pobreza infantil, la que afectan al sector poblacional
hasta 18 años, alcanza ya el 30% de este grupo, casi un tercio del mismo tanto en la infan-
cia como en la adolescencia y primera juventud (por aquello de que la juventud llega hasta
los 29 años, al menos). Pero, aun siendo muy grave esta situación, adquiere sus máximas
dimensiones cuando nos hacemos preguntas sobre su futuro, o sea, sobre la transmisión
intergeneracional de la pobreza. Y, aunque sea de modo sólo indicativo, esta situación se
confirma por los datos del INE de los que hay dos especialmente significativos: el efecto
renta y la educación (a la que nos referimos en el siguiente epígrafe). En cuanto a la renta,
valga destacar un aspecto del dato referido a la dificultad para llegar a fin de mes del adul-
to según la dificultad para llegar a fin de mes cuando era adolescente.

Los datos de los servicios de atención social nos indican


que los tres problemas más graves que las familias
demandan son alimentación, vivienda y empleo

Tabla 1. Transmisión intergeneracional de pobreza y bienestar para el año 2011


(porcentajes)

Dificultad para llegar a fin Con dificultad Con facilidad o


Con cierta Con cierta
de mes del hogar cuando o mucha mucha Total
dificultad facilidad
el adulto era adolescente dificultad facilidad

Con dificultad o mucha


dificultad cuando era 49,0 26,6 17,1 7,3 100,0
adolescente

Fuente: ECV, INE, 2011. Módulo de Transmisión intergeneracional de la pobreza y el bienestar.

La dificultad para llegar a fin de mes del hogar cuando el adulto era adolescente influye
en la dificultad para llegar a fin de mes actual del adulto. De los adultos que vivían en hoga-
res que llegaban a fin de mes con dificultad o mucha dificultad, el 49,0% sigue llegando en
la actualidad a fin de mes con dificultad o mucha dificultad, mientras que un 7,3% llega a fin
de mes con facilidad o mucha facilidad.

¡Esto es una bomba de relojería! Esta sociedad ha fabricado un producto cuya presen-
cia social se anuncia en este presente para hacer un “no-futuro”, pues es un futuro que se
está negando en este presente. Y aquí hay que situar el contexto de algo tremendamente
importante. Se habla de los jóvenes que deben emigrar para buscarse su futuro, y es ver-

Especial 93
Especial

dad, una verdad de muy decisivas consecuencias. Pero no se suele hablar de los que no
tienen más remedio que quedarse. ¿Cuáles son sus perspectivas? Porque en ellos se pro-
duce un impacto y un proceso de-socializador que afecta a los que viven este “presente sin
futuro”, y todas las repercusiones ya conocidas de los menores y jóvenes en estas situa-
ciones en el propio entorno en el que viven. Repercusiones que generan violencia social,
cierto, pero ante lo que se actúa solo con medidas represivas, ¡como si eso fuera a hacer
algo que no sea agravarlo!

En los barrios se está cerrando una puerta que estaba


entreabierta y se abre la oscuridad
Así pues, se produce una combinación de desempleo, baja formación y población menor de
edad. En esta complejidad de interacciones destaca la variable educación, en la que hay un
alto porcentaje de hogares de muy bajo nivel, como la variable que se suele estimar como
la más influyente en la generación de pobreza y, especialmente, en la trasmisión de la
pobreza infantil. Por lo que la cuestión no es sólo que existe una importante población infan-
til bajo el umbral de la pobreza que se encuentra en clara desventaja social correspondien-
te a las condiciones que afectan a los hogares en que viven, sino que esto la coloca en un
lugar social de riesgo y en claras y evidentes condiciones para que sea efectiva la trasmi-
sión intergeneracional de la pobreza.

Según el estudio de Save the Children7 en las familias en las que los padres no han
alcanzado la educación secundaria, más de la mitad de los niños están en situación de
pobreza.

Tabla 2. Situación de pobreza de las familias donde los progenitores


no han alcanzado la educación secundaria

Menores de 6 años De 6 a 11 años De 12 a 17 años

Progenitores con estudios


59,2 58,3 53,5
básicos

Fuente: Extraído del informe Iluminando el futuro. Invertir en educación es luchar contra la pobreza infantil.

Se observa que los tres grupos de edad tienen un alto riesgo de pobreza o exclusión
social de acuerdo al nivel de estudios de sus progenitores. De modo que en las familias en

7 A. Sastre (coord.), Iluminando el futuro. Invertir en educación es luchar contra la pobreza infantil, Save The Children España,
Madrid, 2015.

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La trascripción espacial del empobrecimiento general

que los padres no han alcanzado la educación secundaria, más de la mitad de los menores
están en situación de pobreza

Pues bien, en estas condiciones lo que está ocurriendo con la educación en los barrios
más desfavorecidos es todo un símbolo del cierre de puertas en los barios. Ya antes de la
crisis la educación no pasaba de ser una puerta solo entreabierta, pues era insuficiente y
mantenía la desigualdad; pero ahora es ya claramente una puerta que se cierra. Como la
experiencia constata, y el estudio de Save the Children confirma, «cuando la pobreza
aumenta también lo hace la brecha educativa y los niños de familias con un nivel socioeco-
nómico más bajo tienen más probabilidades de asistir con menor regularidad a la escuela o
hacerlo en condiciones de precariedad».8 Por lo que se produce un círculo vicioso entre
pobreza socioeconómica y pobreza educativa que hace referencia al proceso de aprendi-
zaje y obstaculiza su vida adulta.

La cuestión es que existe una importante población infantil


bajo el umbral de la pobreza que se encuentra en desventaja social
y en claras y evidentes condiciones para que sea efectiva
la trasmisión intergeneracional de la pobreza

Con la crisis se ha producido un agravamiento mayor de las condiciones que afectan a


este grupo. El gasto público en educación, medido en porcentaje del PIB, ha disminuido en
torno a 6.000 millones de euros y queda muy por debajo de las cifras de la OCDE y de la
UE. Por ello este estudio titula muy acertadamente: «Las cuentas no salen si al multiplicar-
se la pobreza se resta la inversión».9 Esto ha hecho que los menores de hogares con nece-
sidades hayan perdido becas y ayudas tanto de comedor como de libros y material escolar,
que las actividades extraescolares que son determinantes para potenciar y mejorar el des-
arrollo escolar hayan descendido notablemente, y que todo ello haya encarecido el gasto
medio de las familias en educación, en el caso de las familias que tengan posibilidades, por-
que muchas simplemente han perdido esos recursos educativos.

Dada esta situación, no es necesario recordar las cifras de abandono temprano, fracaso
o absentismo escolar pues es el resultado concomitante. Lo que sí se debe enfatizar es el
efecto de retroalimentación que todo ello está produciendo en las condiciones de vida no
sólo de los adolescentes y jóvenes, sino también en los hábitats y en los territorios. En los
propios alumnos en primer lugar, especialmente adolescentes y jóvenes, pues se encuen-

8 Ibidem, p. 35.
9 Ibidem.

Especial 95
Especial

tran en la educación secundaria con aulas cuya ratio es enorme y excesiva, sin recursos
muchas veces básicos de material para su formación, en cursos de formación especial-
mente ocupacional que incluso no habían demandado (ya que el curso que demandaban
había sido suprimido sin alternativa), sin disponer de los correspondientes profesores, orien-
tadores, Profesorado Técnico de Servicios a la Comunidad (PTSC), trabajadores sociales.
Y en contextos de presión social los propios grupos de alumnado combinan la problemáti-
ca con situaciones y factores de acoso escolar, como el sufrido por el IES Ciudad de Jaén
de Madrid, tristemente conocido porque una adolescente tomó la decisión más grave sobre
su vida. Era un caso denunciado por el IES, se siguió el protocolo establecido, pero la
correspondiente Consejería no dio el apoyo exigible. El IES no disponía de los recursos que
largamente habían sido denunciados y reclamados por la comunidad educativa.10

Todo ello retroalimenta la situación de los propios barrios en que se encuentran estos
centros y sus alumnos, pues la educación es probablemente la variable que más hace por
la cohesión social del propio tejido social de los barrios. Evidentemente la cohesión social
de los barrios depende básicamente de reducir y hacer cambiar de signo la gran desigual-
dad que les atraviesa. Pero el propio tejido social existente en estas condiciones de des-
igualdad queda expuesto a su propia fractura interna cuando sus centros educativos, es
decir, la educación de su propia población estudiantil queda expuesta a la quiebra que se
está produciendo en esta variable. Esta quiebra contribuye a la fractura del propio tejido
social pues acaba recelando de los alumnos “diferentes” a los que culpabiliza de los fraca-
sos, y acaba rompiendo su relación con los “distintos”, con los pobres y con los que menos
recursos tienen. Y sin esta cohesión social los barrios pierden su carácter de hábitat, y
pasan a ser “no lugares” afectados por el resultado del descalabro educativo que los barrios
están sufriendo. Y si no se producen aún peores consecuencias es debido a los profesores,
padres y asociaciones, que batallan contra este déficit estructural, aguantando ser conside-
rados como los culpables, así como quedar señalados ellos y su centro bajo estigmas de
rechazo; injustos, pero reales.

Pareciera que estos barrios tienen como rol ser “sub”: súbditos, subordinados, subalter-
nos, servidores, que es el rol asignado para el que estos barrios “tienen que valer” (preca-
riedad, no cualificación, dependencia); es como si fuera su destino, pues parece que son
considerados que es para lo que valen y “lo que se han ganado”.

10 Merece la pena tomar en consideración la reflexión «Cuando la violencia estructural se llama acoso» de la prestigiosa Revista
CONVIVES publicada el 26 de mayo de 2015 y que señala: «Ahora estamos abordando los problemas de acoso a través de
las redes sociales o cyberbullying. Pero estos árboles nos siguen impidiendo ver otro bosque cuando suceden casos como
el ocurrido en el IES Ciudad de Jaén de Madrid. El bosque de la desigualdad, la desesperanza, la distribución por guetos, la
exclusión y la discriminación y el olvido, que son otras situaciones que, externas a la comunidad educativa, favorecen el acoso
y la violencia. Porque la violencia estructural se llama acoso. Y esa forma de acoso se combate con apoyo, recursos, aseso-
ramiento, racionalización, integración, alternativas, compensación, diálogo, inversión y cuidados. En muchos casos de acoso
es más fácil de señalar con el dedo que mirar detrás de los árboles» [disponible en [Link]

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La trascripción espacial del empobrecimiento general

Los barrios van camino de la “estepa solitaria”


Los barrios se quedan solos; o mejor, a los barrios se les ha dejado solos. Se puede obser-
var cómo han ido sufriendo una diversidad de situaciones, de subidas y bajadas a la hora
de disponer de elementos tremendamente importantes: actividades formativas, ocupacio-
nales y prelaborales; actividades extraescolares; actividades de promoción; disponibilidad,
de centros, de bienes básicos, de recursos, etc.

La crisis ha sido una invasora; ha invadido múltiples dimensiones de la vida de las per-
sonas, de las familias, de los grupos; ha tenido manifestaciones en aspectos que se han
agravado. Sólo es cuestión de dejar que el ojo lo vea; es cuestión de querer verlo. Por ejem-
plo, cuando alguna asociación promueve actividades con población menor, no resulta extra-
ño que la demanda de las familias las desborde generando incluso listas de espera.
Igualmente se ha observado que se ha modificado el tipo de familias demandantes de las
actividades promovidas desde el tejido social pues aparecen personas que no eran usuales
de las mismas pues tenían otras posibilidades, aspiraciones, etc. Además, el grupo inmi-
grante ha dejado de ser mayoritario como grupo de demandantes de ayuda social.

Aparecen lógicamente hechos manifestativos de escasez de medios en las familias,


cada vez más claros: no hay ingresos, menos aún para buscar estas actividades en lo pri-
vado; las familias perceptoras de la Renta Mínima de Inserción (RMI), cuyos hijos han pedi-
do beca de comedor, tienen que abonar un cantidad simbólica, y muchas han dejado de
asistir al comedor, y no vuelven a la actividad extraescolar a la que antes acudían. Se ha
notado cómo se asiste menos a los sitios del barrio: bares, comercios, y los establecimien-
tos que dependen del propio barrio.

Más allá de estos hechos, que sólo pretenden desvelar la soledad de los barrios que
deben cargar con esas situaciones, hay que destacar que todo ello se ha producido en
medio de un desplome simultáneo de medios, centros, supresión de recursos laborales, for-
mativos, de profesionales, que actuaban en los barrios. Mientras tanto, la situación social en
estos barrios está en caída libre, los recursos sociales “vuelan”, como si “huyeran de la
quema”. Aparte de los recursos educativos, cuyos efectos ya hemos mencionado, hemos
perdido incluso profesionales de la intervención social, se ha limitado su participación en el
medio comunitario, se han distanciado de los barrios recursos destinados a la prevención
de drogas, de salud mental, de educación de calle. Es muy significativo cómo centros de
atención a la infancia y la familia se han reducido y concentrado.

Se han paralizado las inversiones en dotaciones de los barrios, de escuelas infantiles,


de equipamientos culturales, de instalaciones deportivas, a las que además se ha privatiza-
do detrayéndolas de la gestión pública asociada con las entidades vecinales que las crea-

Especial 97
Especial

ron, las dinamizaron, y con ellas devolvían a los barrios no solo un servicio necesario, sino
una dinamización del tejido y de la vida vecinal, cuando ahora quedan estrictamente bajo el
paradigma del beneficio de la empresa adjudicataria. O cómo se han abandonado espacios
públicos, o su viario, su limpieza, o cómo su mantenimiento se ha ido deteriorando durante
años, en franco declive y sin previsión.

No es exagerado decir que los barrios están desbordados,


pues se carga en el tejido social de los propios barrios
una solución de la que no pueden disponer

Pudiera ser tachado todo ello como un mal sueño de un mal agorero. Pero hay dos
cosas que se deben señalar. Una primera es que aun no dándose todo ello en todos los
barrios, sí muestra la realidad de lo ocurrido, o sea, el abandono de los barrios en esta situa-
ción de crisis, dejados a su sola realidad,… y luego tildados de incívicos por los múltiples
problemas que el abandono causa. De todo tipo, especialmente de tipo cívico, social y de
convivencia. “Han sembrado vientos, ¿por qué ahora se quejan de las tempestades?”. Es
obligatorio revisar el impacto sufrido y poner encima de la mesa la violencia estructural que
sufren los barrios para poder entender la violencia, o al menos, la agresividad social y de
convivencia que en ellos se pueda dar.

Y una segunda es que las situaciones mencionadas no son sino la traducción a lo micro
de lo que está pasando en lo macro según los resultados del Índice de desarrollo de los ser-
vicios sociales (Derecho/Economía/Cobertura) o DEC.11 El gasto por habitante en materia
de servicios sociales que realizaron las Administraciones Públicas, ha pasado de 383,9
euros en el año 2010 a 323,4 euros en 2013; es decir, 60,5 euros menos por habitante y
año, lo que representa una reducción del 15,8%. En términos absolutos, las
Administraciones Públicas han gastado 2.810 millones de euros menos en servicios socia-
les en el año 2013 que lo que gastaron en 2010. De esta manera, el recorte acumulado en
servicios sociales en sólo tres años asciende a 4.970 millones de euros.

Esto pone de manifiesto que el mayor deterioro de los servicios sociales se está produ-
ciendo en los servicios básicos y de proximidad, que gestionan en su mayor parte las enti-
dades locales y que constituyen la aportación a la cohesión e integración social del sistema
de servicios sociales y una de sus principales fortalezas. Fortaleza que lo es en tanto recur-
so que se hace efectivo en la proximidad de las personas y familias a las que van destina-

11 El informe que recoge el IDEC del 2014 de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales puede consultar-
se en [Link].

98 de relaciones ecosociales y cambio global


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La trascripción espacial del empobrecimiento general

dos. Por lo que su fortaleza/debilidad se traslada a los propios espacios, contextos y hábi-
tats. Su disminución es una triste confirmación de que los barrios se quedan solos ante este
vuelo de los recursos.

En los barrios “se cargan” las soluciones “donde no hay”


Los barrios han sido y siguen siendo no solo el lugar donde se concreta el proceso de empo-
brecimiento general, sino el lugar donde se visibiliza lo que significa salir de una crisis car-
gando los costes sobre aquellos que no la han producido y en los que menos recursos tie-
nen; o sea, manifiestan cómo se están cargando las soluciones “donde no hay”. Y eso, junto
al empobrecimiento general produce auténticas lacras.

Podemos señalar, por ejemplo, el empeoramiento de las condiciones higiénico-sanitarias


de las viviendas. Ante la difícil situación socioeconómica que muchas familias atraviesan se
ha detectado que, por salvar la propia vivienda ante las dificultades de hacer frente a las
hipotecas o porque se produce un desahucio o porque pueda suponer un pequeño ingreso
para las economías escasas de las personas, se están produciendo situaciones de hacina-
miento en viviendas tanto de población autóctona como inmigrante que en los años ante-
riores habían comenzado a tener una vivienda por cada núcleo familiar. Todo eso afecta a
la propia convivencia de excesivas personas dentro de una vivienda y que, en ocasiones,
sólo comparten la necesidad de salir adelante, produciendo problemas de convivencia, afec-
tivos, emocionales que se intentan contener por no existir ninguna otra posibilidad que con-
tinuar de la misma manera.

No hace falta señalar ya, por especialmente conocido, el problema de los desahucios de
viviendas en propiedad. Pero es menos conocido que se han efectuado desahucios en
viviendas en alquiler, incluso en viviendas de protección oficial en régimen de alquiler, inclu-
so del alquiler público realizado a familias que obtuvieron las adjudicaciones en un momen-
to en que disponían de un mayor poder adquisitivo que en la actualidad. Al cambiar la situa-
ción económica y no adaptarse la renta de la vivienda a esta nueva situación, se ha produ-
cido un desfase entre ingresos y gastos que ha impedido afrontar el pago de las rentas de
alquiler. Y esto se agravado cuando la Administración Pública ha vendido este patrimonio
inmobiliario a fondos privados (llamados “buitre”).

Especialmente grave es el caso de familias monoparentales, donde se ha producido


separación y/o divorcio, violencia de género o fallecimiento de un componente de la pareja
sin reconocimiento de pensión por no existir vínculo matrimonial. Los ingresos mensuales
de estas familias se han reducido considerablemente llegando incluso a tener que afrontar
pagos mensuales por alquiler semejantes a las cantidades que perciben por rendimientos
de trabajo o por RMI, Rentas Activas de Inserción (RAI) o subsidios de desempleo.

Especial 99
Especial

La crisis y el empobrecimiento afectan gravemente a los barrios. Dados los ajustes pre-
supuestarios, conocidos por el común de los mortales como recortes, se está haciendo muy
difícil la vida a las familias afectadas por la crisis. Hay familias que acuden a consultar a las
asociaciones de sus barrios incluso para recibir información de dónde gestionar algún recur-
so social, porque los servicios sociales no disponen de personal ni de los recursos que serí-
an necesarios para poder llegar a todas las personas que requieren este asesoramiento tan
necesario para salir adelante. Sin olvidarnos de todas aquellas asociaciones que llevaban
trabajando muchos años –y con mucho reconocimiento por parte de las Administraciones–
que también se han visto obligadas a echar el cierre.

Y entre esas familias, se observa en los barrios con menos recursos, que predominan
las personas que llevan muchos años trabajando, que no tienen recursos para buscar
empleo, que son muy jóvenes y también mayores de 45 años. Y se ha modificado la pro-
porción inmigrantes/autóctonos, pasando de un 70/30, a un 50/50. Estas personas vienen
incluso a las asociaciones a ver si encuentran algún tipo de solución a una situación con ras-
gos de desesperación. Han perdido todo tipo de ingresos, de prestaciones, de ayudas socia-
les, nadie les da solución alguna, amenaza el hambre, y vienen “a ver qué”, “a lo que sea”.
El desempleo no genera ya urgencia, sino lo siguiente; o sea, inmediatez para comer.

Y ante todo ello, se constata cómo los planes, como el Plan Prepara, no son sino una
frustración dadas las condiciones de dichos planes. Exigen, entre otras cosas estar en una
agencia de colocación autorizada. Pero sus exigencias no contemplan las condiciones de
estos demandantes, pues son puras consultoras de empresas, o empresas, que ni acom-
pañan ni contemplan las condiciones para el encuentro de un empleo de este tipo de per-
sonas, etc. El Servicio Público de Empleo, por ejemplo, les exige un certificado de servicios
sociales, que éstos no pueden dar, pues los servicios sociales dan ayudas puntuales, y si
dan un certificado acaban colaborando en que les quiten el subsidio. Hay una gran confu-
sión, además, porque los demandantes van con lo que pueden, les faltan requisitos, y salen
sin tener claro por qué. Les exigen estar inscritos en un portal de Internet, en una web, en
una bolsa de empleo, a personas cuyo primer problema es “qué es eso de la Internet”. Este
Plan no solo no “Prepara” sino que acaba en frustración.

¿Y las RMI? Se ha elevado al máximo la cantidad de requisitos cada vez más difíciles
de obtener, por ejemplo, un certificado del Servicio de Empleo de que no cobras nada, no
porque el Servicio no lo puedan dar, sino porque la propia solicitud, la forma de poder pedir-
lo, se ha convertido en una barrera casi infranqueable. Por otra parte, las Comunidades
Autónomas tardan como 8 meses en contestar (alguna llega a los 18 meses). Y en ese pro-
ceso, miran y remiran los requisitos encontrando de modo habitual requerimientos y más
requerimientos que retrasan y retrasan. Tal parece que lo hacen para retrasar todo lo posi-
ble. Y cada vez que aparece un requisito, se reinicia el proceso como si fuera desde cero.

100 de relaciones ecosociales y cambio global


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La trascripción espacial del empobrecimiento general

Además, se cita a los perceptores RMI en centros que no tienen nada que ver con la
RMI, por lo que los perceptores ni entienden ni comprenden de qué va lo que tienen que
presentar, además de ser desconocidos y estar lejos, por lo que no es raro que pierdan el
día de la cita, y si no van el día y hora prefijado les quitan la RMI (llegando a situaciones en
que estar enfermo es un problema, pues incluso en ese caso se debe ir personalmente). Lo
que hace que esta enredada burocracia tenga efectos perversos, se deniegan y retiran un
buen porcentaje de RMI. Pareciera ser una burocracia hecha adrede para quitarse de enci-
ma a los de la RMI.

Y ya por último, no se puede dejar de remarcar que se está trasmutando el carácter per-
sonal y social de estas personas mediante:

– la desesperanza, más de cuatro años sin empleo, y desesperación;


– los de más de 45 años ya saben que ni trabajan ni van a trabajar (cuando hay algún atis-
bo de empleo y les piden la edad, a los de 45 y más les dicen que ni manden el currícu-
lo);
– se genera ira, frustración, sin posibilidad de explicación (ni de explicarles ni de explicar-
nos);
– se produce ansiedad, descentramiento, problemas de aprendizaje y de comprensión, que-
dan bloqueados. Y eso que eran trabajadores durante muchos años en puestos de traba-
jo normales, incluso con responsabilidades;
– y se llega a depresión, y aparecen problemas mentales, que merecerían ser diagnostica-
dos pues apuntan hacia obsesiones, paranoias, …

No es exagerado decir que los barrios están desbordados, pues se carga en las propias
personas, en el tejido social de los propios barrios una solución de la que no pueden dispo-
ner, y se les culpabiliza por “no ser emprendedores”, o algo parecido. ¿Ironías de la histo-
ria? Pero ironías de gravísimas consecuencias. “La risa va por barrios”, pero no hace nin-
guna gracia. Las personas no saben dónde ir, y llegan a los lugares asociativos de los
barrios y a los servicios de ayuda social que en ellos existen con una exigencia concreta:
búscame un empleo y/o una solución, eso de entrada. Ni saben dónde ir, ni es fácil saber
dónde enviarlos; echan en cara que el tejido asociativo no tenga recursos, porque es el
único con el que se pueden encarar. Ante la ausencia de respuesta de los servicios públi-
cos, el tejido asociativo ha tenido que asumir nuevos roles. Por ejemplo: “mediadores eco-
nómicos”, o sea, negociadores con empresas suministradoras; y “educadores económicos”
que ayuden a entender qué tipo de contrato de suministro están haciéndoles o les han
hecho pues hay mucho engaño detrás; o a ver qué prioridades de pago conviene tener cada
mes en función de las repercusiones de los impagos, etc. O cómo se rellenan las instancias
para pedir la RMI, o la beca del comedor. Incluso en los propios colegios se deben ocupar
de eso.

Especial 101
Especial

Todo ello produce unos impactos de muy diverso tipo: culpabilización de las propias per-
sonas y de los propios barrios, desmovilización, caldo de cultivo para los que se ofrezcan
como “salvapatrias”, etc. Pero también puede producir una reacción de cambio y de trasfor-
mación. ¿No es necesario revisar, y cambiar de raíz, la política punitiva y de control social
como única política, si realmente se quiere una solución justa? Porque la realidad de
muchas acciones, iniciativas, proyectos, etc. en los barrios demuestra que sí es factible el
cambio. Los barrios tienen capacidades, habilidades, talentos y aspiraciones con los cuales
contribuir a hacer frente a sus limitaciones. Lo que no pueden es quedar con toda la carga
sin que los responsables públicos asuman el abandono en que están.

102 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 89-102
VICENTE PÉREZ QUINTANA

La ciudad por la que merece


la pena luchar

El cambio de modelo productivo, alejado de la estacionalidad y la economía


de burbuja que caracteriza el actual, orientado hacia la sostenibilidad ecoló-
gica y en el que la participación ciudadana sea preservada como uno de los
objetivos fundamentales suponen cuestiones necesarias para cualquier
modelo de ciudad que se plantee. Desde los movimientos sociales se ha inci-
dido en ello mientras las decisiones institucionales iban por otro lado, aposta-
ban por el beneficio obviando la complejidad, el equilibrio y la eficiencia que
requiere un verdadero desarrollo urbano.

N o hay algo así como el mejor modelo de ciudad, indiscutible, la foto que
fija el ideal; menos aun haciendo abstracción de los condicionantes de tiem-
Vicente Pérez
Quintana es
sociólogo y
po, lugar, tamaño o estructura de actividades. Sí podemos, en cambio, iden-
miembro de la
tificar caracteres, grandes rasgos, sobre los que consensuar una cierta fiso- Junta Directiva de la
nomía de la ciudad a la que aspiramos aquí y ahora. Federación Regional
de Asociaciones de
La cuestión, por tanto, tiene un manifiesto aspecto normativo, que con- Vecinos de Madrid
trasta con la pretendida neutralidad axiológica del discurso tecnócrata. La ciu- (FRAVM)
dad es un producto social, una síntesis dinámica del conflicto de intereses,
valores, visiones, etc., en el que participan las distintas clases y colectivos
sociales. No es el fruto del juego de la oferta y la demanda en el mercado que
dicen los neoliberales; sino la configuración, siempre cambiante, que resulta
de la disputa, entre otros aspectos, por la formación y la distribución del ingre-
so social y de las rentas del suelo.

Es en tal sentido que decimos que los movimientos sociales urbanos


(vecinales, ecologistas, etc.) son artífices de la ciudad. Compartimos la idea
de que los mismos «y no las instituciones de planificación, son los verdade-
ros impulsores del cambio y de la innovación social.»1 Sea desde la crítica,
1 M. Castells, Movimientos sociales urbanos, Siglo XXI, Madrid, 1977, p. 8.

de relaciones ecosociales y cambio global 103


Nº 130 2015, pp. 103-112
Especial

sea desde la propuesta, contribuyen a la socialización de la ciudad grabando de manera


indeleble en la agenda política los intereses, deseos y expectativas de las clases y colecti-
vos sociales no privilegiados en las relaciones de poder y de propiedad y legitimando sus
discursos y prácticas. Representan en suma la alteridad, el otro, la oposición al complejo
inmobiliario, formado por la vasta conjunción de actores e intereses que se articulan alre-
dedor de la propiedad del suelo y la promoción inmobiliaria.

Los movimientos sociales hacen ciudad


La práctica pasada y presente del movimiento vecinal, tomando como referente de observa-
ción la experiencia del madrileño, permite enfatizar cuatro elementos que a modo de ejes
apuntan la ciudad que queremos. Son la compacidad, la complejidad, la eficiencia y el equili-
brio territorial.2 Antes de detenernos en ellos en los siguientes apartados, incidimos en esta-
blecer algunos objetivos que sirvan para contextualizar aquellos elementos en el aquí y ahora.
La mención es tanto más oportuna cuanto tales objetivos adquieren la máxima actualidad en
la coyuntura de cambio abierta tras las elecciones municipales y autonómicas últimas.

Subrayamos, en primer lugar, la prioridad de las políticas activas de empleo en el marco


de la creación de un nuevo modelo productivo. Una economía basada en el ladrillo y el turis-
mo ha demostrado sus debilidades, insuficiencias y peligros. No será fácil, llevará tiempo,
pero urge promover las condiciones de posibilidad de otras actividades como las energías
renovables, la I+D, la gestión del conocimiento, la economía verde, la vuelta de la industria,
los servicios sociales, etc. En segundo lugar, la sostenibilidad ecológica marca otra priori-
dad para disciplinar el funcionamiento de un medio urbano que se basa en la importación
de materiales y energía y la exportación de contaminación y residuos. Sin duda, en tercer
lugar, la participación ciudadana configura otro de los objetivos fundamentales. Por utilizar
sendas expresiones de Boaventura de Sousa Santos, estamos viviendo en todo el mundo
una explosión de «demodiversidad» o, cuando menos, un florecimiento de la «experimen-
tación democrática».3 Los vecinos y vecinas, el tejido social organizado, han de poder tomar
parte en el “hacer ciudad” dando la opinión, debatiendo; también codecidiendo; y asimismo
llevando a cabo las más diversas iniciativas ciudadanas.

Tenemos aquí la antítesis del modelo de las llamadas grandes operaciones urbanísticas
sobre las que se montó la burbuja inmobiliaria entre finales de los noventa y 2007 y sobre
las que se pretende hacer cabalgar la recuperación económica. No podemos pararnos en el
2 Estos términos y el enfoque que aquí seguimos deben mucho a los trabajos de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona.
Véase [Link]
3 B. de Sousa Santos (coord.), Democratizar la democracia. Los caminos de la democracia participativa, Fondo de Cultura
Económica, México, 2004.

104 de relaciones ecosociales y cambio global


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La ciudad por la que merece la pena luchar

examen de las mismas, pero permítasenos entresacar algunas notas ilustrativas.4 La mayor
parte entraña la enajenación de terrenos y/o edificios públicos, con localizaciones privile-
giadas, que se justifica gracias al objetivo de reducción de la deuda de las administraciones.
En general se permiten edificabilidades lucrativas altas e incluso sucesivas revisiones del
planeamiento para elevarlas hasta satisfacer las demandas de rentabilidad de los promoto-
res privados. Los usos ricos del suelo (viviendas de lujo, hoteles, grandes superficies comer-
ciales, oficinas, etc.) son claramente favorecidos frente a la vivienda protegida, las dotacio-
nes… y haciendo caso omiso de los daños que tales actuaciones acarrean sobre los entor-
nos y en manifiesta contradicción con estrategias como el impulso de la movilidad sosteni-
ble, la protección del pequeño y mediano comercio local, la preservación del patrimonio his-
tórico y arquitectónico, etc. En fin, tales operaciones conforman una yuxtaposición de actua-
ciones, incoherentes entre sí, de tal modo que no es el plan urbanístico el que las integra,
sino, a la inversa, son ellas a posteriori las que confirman el plan. Todo ello deriva en la rela-
tivización de la herramienta del planeamiento, sea negando directamente su eficacia y nece-
sidad, sea apelando al concepto de la flexibilidad interpretada como una desregulación
urbanística en toda la regla.

Ciudades compactas
De manera paradójica, en nuestras ciudades, la huella urbana crece más aprisa que la
población y la actividad económica. Según el discurso neoliberal todo el suelo debe estar
urbanizado o ser urbanizable, excepción hecha de los espacios protegidos. Sin embargo, el
suelo es un bien escaso, por lo que debe ser preservado de la artificialización superflua.

De manera paradójica, en nuestras ciudades, la huella urbana


crece más aprisa que la población y la actividad económica

La moda de la ciudad difusa, los nuevos ensanches ejecutados en Madrid y otras gran-
des ciudades en los últimos lustros, la cultura del adosado, la dependencia del automóvil,
etc., son otros tantos ejemplos de fuerzas que actúan como trituradoras del terreno virgen.
No sólo suscitan la expansión horizontal, sino que disuaden la promoción de dotaciones
locales y el funcionamiento del transporte colectivo, que requieren unos mínimos de cerca-
nía y de densidad. Es preciso, en consecuencia, que el planeamiento urbanístico frene la
proliferación de estas fórmulas.

4 Véase una amplia relación de ejemplos en el Mapa de los Horrores Urbanísticos de Madrid ([Link]
[Link]/mapa-de-los-horrores/).

Especial 105
Especial

En el interior de las grandes urbes, por otra parte, se extienden enormes bolsas de terre-
nos sin uso o infrautilizados, desde descampados y solares hasta naves industriales sin acti-
vidad y comercios en planta baja con el cierre echado, pasando por cuarteles, cocheras,
suelos de Adif, instalaciones obsoletas al aire libre, antiguos edificios administrativos, etc.
Todas ellas constituyen áreas privilegiadas que brindan la oportunidad de ser reutilizadas,
quitando presión sobre los terrenos no urbanizados. Con frecuencia, estos vacíos urbanos,
por así llamarlos, generan degradación paisajística, ambiental y social, e incluso, son focos
de una acusada inseguridad ciudadana. La reutilización, en consecuencia, permite la recua-
lificación y recuperación de amplios trozos de la ciudad y la densificación y articulación del
tejido de actividades económicas y de otro tipo. Las opciones son múltiples. En barrios
sobresaturados, por ejemplo, estas localizaciones son idóneas para encauzar operaciones
de esponjamiento y apertura de espacios libres; otras veces, su puesta en valor permite
cubrir los déficit dotacionales o impulsar la creación de áreas de centralidad o localizar moto-
res del desarrollo endógeno; cada vez más sirven para desarrollar iniciativas ciudadanas
como los huertos urbanos o los centros sociales autogestionados.

Cuando de espacios sin uso se trata, hoy, tal vez el más relevante lo forma el parque de
viviendas vacías. Según el INE (Censo de 2011), en España hay 3,4 millones, si bien otras
estimaciones elevan la cifra a unos 4 millones. La lucha contra los desahucios hipotecarios
y de alquiler ha quitado el velo a una situación sangrante: “casas sin gente y gentes sin
casa”. La movilización de ese segmento del parque residencial debería ser una prioridad de
las diferentes Administraciones Públicas. Cuentan para ello, por ejemplo, con la posibilidad
de recargar el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) de las viviendas desocupadas perte-
necientes a las entidades financieras. También cabe animar a los propietarios a sacar las
viviendas al mercado a través de las sociedades públicas de alquiler. Propugnamos, asi-
mismo, regular una figura del tipo de la expropiación temporal en la línea del decreto anti-
desahucios de la Junta de Andalucía, sorteando los obstáculos que ha puesto el Tribunal
Constitucional en su sentencia sobre el mismo.

El freno de la colonización de los terrenos no urbanizados que entraña la propuesta de


la ciudad compacta, puede originar –por múltiples vías que no podemos detallar aquí– pro-
cesos inflacionarios en los precios de los productos inmobiliarios de determinadas regiones,
municipios, ciudades, con el consiguiente impacto negativo sobre, por ejemplo, la emanci-
pación de la población joven. Las administraciones públicas disponen de instrumentos muy
poderosos para intervenir en los mercados de suelo, vivienda, etc., en orden a evitar dichas
elevaciones de los precios. Entre ellos sobresalen el ejercicio del derecho de tanteo y retrac-
to sobre las transmisiones de bienes inmuebles, la constitución de bancos públicos de suelo,
la expropiación por razones urbanísticas y, en su caso, la expropiación como sanción con-
tra la práctica de la retención especulativa de terrenos edificables, la creación de parques
públicos de vivienda en alquiler, etc. Llama la atención el poco uso que los ayuntamientos

106 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 103-112
La ciudad por la que merece la pena luchar

hicieron de estas herramientas en los años de la burbuja inmobiliaria o, antes bien, el cómo
cebaron la economía de casino aprovechando la espiral de precios.5

Ciudad compleja y equilibrada


En tanto que una construcción social, la ciudad es compleja por definición. Si nos quedára-
mos aquí, apenas estaríamos diciendo una obviedad. Para ahondar en el concepto, por
complejidad entendemos, de un lado, la mezcla de usos y funciones y de personas y acto-
res y, de otro lado, la aplicación de la tecnología a los procesos urbanos. Diversidad y cono-
cimiento, pues, son los pilares de la ciudad mediterránea.

En el interior de las grandes urbes, por otra parte,


se extienden enormes bolsas de terrenos sin uso o infrautilizados,
constituyen áreas privilegiadas que brindan la oportunidad de ser
reutilizadas, quitando presión sobre los terrenos no urbanizados

El dibujo es contradictorio con el modelo más extendido que se resuelve en la división


del plano en áreas homogéneas tanto desde el punto de vista funcional como desde el de
la segregación espacial de la población según las características socioeconómicas o el
estatus social. De ahí el zoning y de ahí la dualización y fragmentación de las grandes
urbes bajo el juego de las fuerzas de la gentrificación de unos ámbitos y la “guetización”
de otros.

La mezcla social constituye la primera dimensión relevante de la complejidad. El objeti-


vo principal es evitar (o, en su caso, desmontar) la formación de guetos o de áreas resi-
denciales uniformes sobre alguno de los tres vectores que siguen: estructura social (barrios
desfavorecidos o barrios pobres), edad (barrios con pirámides de edad muy envejecidas) y
origen/nacionalidad (barrios de inmigrantes extranjeros). Sin duda, las políticas, en su acep-
ción más amplia, contra la exclusión social juegan un papel primordial en este punto.
También las políticas que inciden sobre el mercado de la vivienda tienen una elevada efica-
cia para lo uno y su contrario. Los precios y las rentas de alquiler, junto con el perfil de la
estructura social, operan como filtros, que habrá que remover. En tal sentido, por ejemplo,
son cruciales cuestiones como la defensa y promoción del derecho al lugar, el realojo in situ,
la mezcla de vivienda libre y protegida en los supuestos de nueva edificación, etc.

5 Esta cuestión trae a colación otras como la relativa al necesario rearme de las Administraciones frente a la corrupción y como
la referida a corregir la excesiva dependencia del ladrillo de la financiación de las haciendas locales.

Especial 107
Especial

La mezcla funcional ofrece la segunda dimensión. Salvando los casos de manifiesta


incompatibilidad (industrias tóxicas, peligrosas o molestas), se trata de fomentar la convi-
vencia de los diferentes usos urbanos en los mismos espacios e incluso en los mismos edi-
ficios. A este respecto adquiere toda su relevancia la estrategia genérica de la defensa de
la permanencia de los llamados usos pobres. Entre ellos merece la pena subrayar la priori-
dad de mantener las actividades industriales en las ciudades contra el casi imparable pro-
ceso de invasión-sustitución que han sufrido en las últimas décadas.

Excepción hecha de los ámbitos céntricos tradicionales, el tejido económico de los


barrios de las grandes ciudades en general es muy sucinto. Lo es tanto por su escaso peso
cuantitativo, medido en cifras absolutas o en indicadores de densidad, como porque adole-
ce de una acusada redundancia, al concretarse en el estricto terciario de proximidad (venta
minorista, restauración y oficinas de atención). La crisis económica, por lo demás, ha arra-
sado un buen número de negocios, profundizando así la agonía que el pequeño y mediano
comercio sufre por la competencia de las grandes superficies y de las potentes cadenas de
distribución. La revitalización del tejido local exige políticas muy distintas a las que se vie-
nen impulsando: en particular, pasan por apoyar su competitividad.

En esa estrategia, un aspecto nuclear es el fomento de las fórmulas de agrupación entre


las unidades de negocio, tales como la creación de centrales de compra, el impulso de los
llamados «centros comerciales abiertos», etc. El camino consiste en generar economías de
escala y aglomeración, explotar las sinergias de la cercanía, aprovechar las ventajas de la
intercooperación, explorar las potencialidades de la integración “hacia atrás-hacia adelante”
en las cadenas proveedor-cliente, etc. La estrategia nada tiene que ver, pues, con la preten-
dida importación del modelo de los barrios premium. Éstos logran el clímax del credo neoli-
beral: desregulación y privatización. En efecto, los distritos de mejora de negocios (Business
Improviment Districts, BID) estadounidenses son entidades privadas, aunque de pertenencia
obligatoria, a las que los comerciantes de una zona determinada pagan (directa o indirecta-
mente) un plus de impuestos a cambio de que el BID correspondiente preste servicios extra
de seguridad y vigilancia, marketing, mercadotecnia, limpieza viaria, recogida de basuras, jar-
dinería, aparcamiento, etc. Cada entidad establece las normas que se aplican en su espacio,
que se extienden a asuntos tales como la prohibición de la mendicidad, de la prostitución y
de la venta ambulante, así como las relativas a la imagen comercial y otros aspectos de la
gestión empresarial. Los ayuntamientos ceden parte de sus prerrogativas y competencias a
estas reproducciones en pequeño de Disneylandia, que son una suerte de sociedades anó-
nimas en las que las decisiones se adoptan, no según el principio democrático de una per-
sona un voto, sino en proporción a la aportación económica que cada cual hace.

Por otro lado, tenemos que un componente estructural del tejido de actividades de los
barrios lo forma la red de equipamientos y servicios. Éstos son parte esencial del salario

108 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 103-112
La ciudad por la que merece la pena luchar

indirecto, así como un elemento estratégico en la aportación de diversidad y animación.


Junto con la vivienda y el transporte, completa la triada de temas que centralizan la plata-
forma reivindicativa de las movilizaciones vecinales. En términos de la complejidad de los
barrios, asimismo, hemos de considerar a las organizaciones sin ánimo de lucro y la suma
de entidades u otras expresiones asociativas sin personalidad jurídica. Ambas conforman el
tejido social de la ciudad.

Una meta innegociable de las ciudades debe


ser mejorar la ecuación de la sostenibilidad

La combinación de usos, actores y personas que acabamos de plantear lleva implícita la


noción de justicia. La meta es elevar los espacios degradados y desfavorecidos a los encla-
ves privilegiados. En perspectiva, dicho en lenguaje estadístico, si existiera (que no existe)
algo así como un índice de la calidad de la complejidad, el objetivo sería que las diversas
zonas de la ciudad se situaran alrededor, cerca, de la media, de forma que la dispersión, se
midiera como se midiera, fuera mínima. Tal es el cometido de las políticas de (re)equilibrio
territorial. Éstas tal vez consisten no tanto en actuaciones concretas a favor de las áreas más
vulnerables como, ante todo, en que la cuestión del reequilibrio informe las políticas públicas
en general. Se trata, por tanto, de una estrategia transversal. Lo habitual, antes bien, es apli-
car medidas de compensación, remedios más o menos eficaces, pero que no corrigen la
situación desigual de partida. Sin poner en duda la necesidad y la urgencia de éstos, por así
llamarlo, el Sur de las ciudades requiere inversiones y actividades que generen centralidad y
que ésta se difunda. Solo así se asentarán en él dinámicas de transformación.

La otra dimensión de la complejidad es la aplicación de la tecnología a los procesos


urbanos. En cierto modo, la segunda es una consecuencia de la primera. Los actores, las
personas físicas y jurídicas, que se dan cita en la mezcla social y funcional son depositarios
de una ingente masa de conocimiento y, sobre todo, el hecho mismo de la convivencia des-
pliega enormes potencialidades de formación de nuevo conocimiento. Las ciudades son
quizá los medios de innovación con más capacidad de cuantos dispositivos ha creado la cul-
tura humana.

Hoy, una meta innegociable de las ciudades debe ser mejorar la ecuación de la sosteni-
bilidad, definida por la relación entre el volumen de recursos energéticos y materiales que
se consume y el grado de complejidad urbana:6 si el uno disminuye y el otro aumenta, res-

6 Véase S. Rueda, «Un modelo urbano para el desarrollo de ecobarrios», Agencia de Ecología Urbana de Barcelona, 2008,
pp. 1-12, disponible en [Link]

Especial 109
Especial

pectivamente, el cociente tiende a cero. Pues bien, a ese resultado contribuye de manera
decisiva la desmaterialización de los procesos urbanos. Pensamos en la extensión de las
TIC, la arquitectura bioclimática, la vivienda domótica, el mobiliario “inteligente”, el teletra-
bajo, el uso compartido del coche, la e-Administración, etc.

Por último, los progresos de la complejidad no están exentos de riesgos y, en particular,


de desgarros. La realización de un modelo que responda –más o menos– al perfil que veni-
mos trazando exige una acción intensa y extensa sobre la, como se la suele llamar, ciudad
realmente existente o la ciudad consolidada. El sentido de la intervención es la transforma-
ción de lo que hay, que va mucho más allá de lo que algunas voces pretenden designándo-
la como un reciclado. Este término da una perspectiva parcial, pues enfatiza los aspectos
de la puesta al día y de la reutilización. Pero la transformación también significa desmontar
patrones y crear otros alternativos. Esos procesos, que tienen mucho de barrido, producen
(o pueden hacerlo) colectivos perdedores, desde familias que no logran hacer frente a las
derramas de la rehabilitación de los edificios y se ven abocadas a expedientes de embargo
hasta grupos de personas que se ven excluidos del mundo de conexiones que forman las
TIC, sin olvidar los estratos sociales que paulatinamente son expulsados de barrios objeto
de renovación de la población residente. Nunca se insistirá lo suficiente en la urgencia de
que las estrategias que se desarrollen deben prevenir y, en su caso, corregir el juego de las
fuerzas de exclusión.

Ciudad sostenible: eficiente


En el apartado anterior hablamos del (re)equilibrio territorial. Más importante es la búsque-
da del equilibrio con la naturaleza. Ello se traduce en intervenir en el metabolismo urbano
para mejorar el indicador de la huella ecológica de las ciudades, definida como la extensión
de terreno productivo necesaria para generar los recursos utilizados y para absorber los
residuos producidos por aquéllas, supuesto un nivel de vida específico.7 La meta se plas-
ma, por una parte, en la reducción de las entradas de materiales y energía, para lo cual es
preciso conseguir avances radicales en ahorro y eficiencia en el empleo de los recursos y,
por otra parte, en la disminución de las salidas de residuos y emisiones contaminantes, lo
cual requiere cerrar los ciclos de empleo de modo que se logren, asimismo, avances radi-
cales en la reutilización y el reciclaje.

Un elemento crucial en este apartado lo forman las zonas verdes urbanas, desde las
numerosas pequeñas piezas adosadas a los edificios hasta los grandes parques, más los
suelos periféricos no urbanizados, idóneos para el desarrollo de áreas forestales y la pro-

7 W. Rees, «Indicadores territoriales de sustentabilidad», Ecología Política, núm. 12, 1996, pp. 27-41.

110 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 103-112
La ciudad por la que merece la pena luchar

moción de la agricultura periurbana. Esta última plantea, además, la necesidad de poner


límite a la expansión del suelo artificializado y la recuperación –hasta donde sea viable– del
concepto de «anillos verdes». Se debe ir más allá, valorizando iniciativas ciudadanas como
las de la vegetación de descampados y solares o el reverdecimiento de las cubiertas y azo-
teas, haciendo verdad el lema de “bajo el asfalto está el huerto”.

En cuanto al consumo sostenible de recursos está casi todo por hacer. Tres ejemplos
concretos valen más que mil palabras. Es el caso del agua, respecto de la que el margen
de mejora es hoy inmenso: reducción del consumo, regeneración de aguas grises en las
viviendas, aprovechamiento del agua de lluvia, aminorar el volumen que se pierde en las
conducciones… Más nítido quizá es el caso de la energía: ahorro y eficiencia de los edifi-
cios y espacios públicos, generación doméstica de electricidad y calor,8 arquitectura biocli-
mática, orientación de las construcciones, regulación de los elementos que tienen inciden-
cia en el microclima de los barrios (islas de calor), tales como la pavimentación, vegetación,
interacción entre los edificios, aparatos de refrigeración, soleamiento y sombras en el espa-
cio público, el establecimiento de valores mínimos de suelo permeable, pavimentos con bajo
poder de irradiación de los rayos solares… Un tercer caso, especialmente relevante en la
intervención sobre la ciudad realmente existente, lo encontramos en el consumo de mate-
riales de construcción: fijación de porcentajes de empleo de materiales reciclados, impulso
del uso de elementos de derribo in situ, regulación estricta del destino de los productos de
demolición, movimiento de tierras, etc.

También en la gestión sostenible de los residuos urbanos estamos en mantillas. La llama-


da estrategia de las tres erres ofrece un campo apenas explorado. De un lado, las oportuni-
dades de mejora en cuestiones como el aprovechamiento doméstico y local de las basuras
(generación de energía, elaboración de compost, etc.) y, de otro, las oportunidades de mejo-
ra en la gestión de los vertederos (incluyendo el pronto desmantelamiento de la incineración,
contra la tendencia dominante en la actualidad) ofrecen sendos vectores de avance sin paran-
gón. Parecidas consideraciones caben a propósito del tema de la contaminación. Para no
pecar de prolijos, permítasenos solo subrayar la urgencia de enfrentar el problema de la con-
taminación electromagnética y, en particular, de las emisiones de las antenas de la telefonía
móvil. Pocas ocasiones tan propicias para aplicar el principio de precaución y establecer el ale-
jamiento de las mismas de las viviendas y de las dotaciones escolares y sanitarias.9
8 En su lugar, en España asistimos a la estrategia de disuasión del autoconsumo energético: no se implanta el balance neto
(de manera que se vierta a la red el exceso energético y luego recuperarlo en las horas sin sol), sino que el Gobierno recien-
temente ha publicado un borrador de Real Decreto (véase [Link]
ES/Participacion/Paginas/[Link]) según el cual, se gravará a quienes produzcan ener-
gía (se contempla tanto un peaje fijo por el uso de acumuladores y baterías –por ejemplo, la batería recientemente lanzada
por la empresa Tesla, muy barata y potente– como un peaje variable) y se dejará de retribuir a los particulares que viertan
el excedente en la red . La mano del lobby de las compañías eléctricas es alargada y nunca descansa.
9 Bien al contrario, la Ley de telecomunicaciones 9/2014 establece, en el artículo 29, que las operadoras podrán expropiar las
azoteas de las comunidades vecinales para instalar las antenas de telefonía móvil, sin que ni los ayuntamientos ni los resi-

Especial 111
Especial

Sin duda, uno de los vectores sobresalientes en los que se la juega la sostenibilidad
urbana es en el de la movilidad. El coche y el mundo que lo rodea son la fuente de multitud
de daños al medio ambiente, desde la extensión de la huella de la ciudad debida a la crea-
ción del viario y las plazas de aparcamiento hasta las emisiones responsables en buena
medida de la contaminación del aire y acústica. La construcción de una ciudad compacta,
compleja y equilibrada teje la implantación de un modelo no congestivo y viceversa. El
aspecto central aquí es la creación de proximidad y, por tanto, la formación de las condicio-
nes de posibilidad de la disminución del número de viajes obligados y, sobre todo, del núme-
ro de desplazamientos en medios mecánicos, transvasándolos a los movimientos a pie y en
bici. Tenemos aquí la realización de una especie de metapolítica de la movilidad. Otra pata
central es el fomento del transporte público, cuestión sobre la que no es preciso abundar
ahora.

La reordenación y reconfiguración de la malla viaria de las ciudades ofrecen una terce-


ra vertiente sobre la que alzar el modelo no congestivo. Se trataría de canalizar la mayor
carga de coches (tráficos de paso, los accesos y el enlace con el resto de la ciudad, el trans-
porte colectivo de superficie, etc.) sobre las vías con rango de básicas y principales.
Mientras, de manera paulatina, las vías secundarias en el interior de las manzanas y colo-
nias se irían transformando en áreas de prioridad residencial y áreas de coexistencia, en las
que conviven el coche, la bici y los desplazamientos a pie.

Parejo a la estrategia anterior, el espacio público habría de ser rediseñado. El peatón se


convierte en el actor privilegiado. Hoy las calles y las aceras son espacios hoscos. Para
hacer de ellas lugares funcionales y amables, a la par, es prioritario tratarlas: anchura míni-
ma, supresión de barreras arquitectónicas, pavimentos antideslizantes, arbolado de alinea-
ción… Por lo que se refiere a la circulación en bici, el objetivo fundamental es lograr su com-
pleta normalización como un medio más de transporte, aparte su estatus, ya bien aceptado
por la ciudadanía, como actividad de ocio y como actividad deportiva.

dentes en los edificios y los alrededores puedan oponerse. Además, no será necesaria licencia municipal de obras y activi-
dades ni declaración de impacto ambiental. Por si fuera poco, el artículo 34 dice taxativamente que las administraciones públi-
cas «deberán colaborar […], a fin de hacer efectivo el derecho de los operadores de comunicaciones electrónicas de ocupar
la propiedad pública y privada para realizar el despliegue de las redes públicas de comunicaciones electrónicas». La mano
del lobby de las operadoras hace valer su peso.

112 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 103-112
Panorama
El hambre como producto de las políticas
de ajuste en los países del Sur de Europa 115
José Ramón González Parada y Carlos Gómez Gil

Reformas fiscales y pérdida


de progresividad del sistema tributario 125
Víctor A. Luque De Haro y Miguel Ángel Luque Mateo

113
JOSÉ RAMÓN GONZÁLEZ PARADA Y CARLOS GÓMEZ GIL

El hambre como producto de


las políticas de ajuste en los países
del Sur de Europa

El avance de la crisis y la aplicación de las políticas de ajuste en los países del


Sur de Europa han llevado a un avance del hambre hasta niveles nunca antes
conocidos después de la segunda guerra mundial. Sin embargo, la necesidad
de dar respuesta a esta demanda de comida por grupos muy amplios de
población en sociedades prósperas ha roto algunos esquemas del pensamien-
to, obligando a improvisar acciones paliativas que a menudo carecen de una
adecuada comprensión del fenómeno y de sus implicaciones. En el marco de
una investigación realizada por RIOS (Red de Investigadores y Observatorio
de la Solidaridad), los autores han analizado el impacto y las consecuencias
del hambre en los países más golpeados por la crisis económica y por las polí-
ticas austericidas impuestas por la troika e impulsadas por sus respectivos
gobiernos.

L a persistencia y el crecimiento del hambre en el mundo es un factor pal-


pable e inequívoco de pobreza extrema, pero también es el resultado de deci-
José Ramón
González-Parada
y Carlos Gómez
siones y cálculos humanos deliberados, y no una maldición divina a la que
Gil son
tengamos que resignarnos, como con frecuencia se nos presenta. En el sociólogos e
mundo disponemos de una sobreabundancia de alimentos sometidos a un investigadores de
control monopolístico cada vez mayor por parte de un reducido número de RIOS (Red de
multinacionales, constituyendo a su vez un factor de acumulación, especula- Investigadores y
ción y riqueza, en línea con las prácticas de un capitalismo global codicioso y Observatorio de
la Solidaridad)
sin normas, cuyas actuaciones le llevan incluso a matar de hambre a millones
de personas en todo el planeta mediante un modelo agroalimentario depre-
dador convertido en puro negocio. ¿Cómo entender el diabólico axioma
mediante el cual, a mayores beneficios para las multinacionales de la alimen-
tación, mayor número de hambrientos y de crisis alimentarias?

de relaciones ecosociales y cambio global 115


Nº 130 2015, pp. 115-124
Panorama

El hambre como consecuencia de las políticas neoliberales


de ajuste

Para demostrar que el hambre está estrechamente ligada con las prácticas depredadoras
del capitalismo salvaje, sirva como evidencia empírica cómo, a medida que la crisis sisté-
mica que vivimos ha ido avanzando con especial dureza sobre los países sobreendeudados
del Sur de Europa, la falta de alimentos ha alcanzado cifras nunca vistas desde el final de
la segunda guerra mundial. Y con ello, el efecto más visible de la crisis es el hambre, en
forma de comedores sociales, bancos de alimentos, albergues, bolsas de recogida de comi-
da, rebuscadores en contenedores y delitos famélicos. De esta forma, las colas ante los
comedores sociales en países europeos, especialmente del Sur, sometidos a duros planes
de ajuste emanados de la troika, son el mejor indicador de la grave situación económica y
social que atravesamos, recordándonos estampas vividas tras el crack del 29 y la posgue-
rra. Resulta llamativo que antes, las hambrunas venían dadas por catástrofes y guerras,
pero ahora, son las crisis económicas y financieras las que determinan el número de per-
sonas hambrientas, haciendo que este fenómeno que parecía algo limitado a los países
empobrecidos y a etapas históricas pasadas, cobre máxima vigencia.

Podríamos definir la insolvencia alimentaria como la situación


vivida por aquellas personas que son incapaces de dar respuesta
a su alimentación básica y diaria

Anteponer los beneficios económicos y financieros de empresas y bancos a las necesi-


dades de alimentación de la población es una de las barbaridades contemporáneas que se
nos muestran con normalidad, como un mal necesario para que la sociedad funcione, algo
en línea con lo que Hannah Arendt denominó la «banalidad del mal». Todo ello, además,
incrementado por el hecho de someter los procesos y cadenas agroalimentarias de las
necesidades humanas, a los modelos estructurales impuestos por la Organización Mundial
del Comercio (OMC), el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) que
alimentan un libre comercio tramposo.

En el campo de las intervenciones y trabajos de los componentes de RIOS, esta red de


investigadores ha venido trabajando desde hace tiempo sobre cuestiones relacionadas con la
soberanía alimentaria, desde perspectivas, enfoques y ópticas muy heterogéneas. Pero pron-
to vimos que no se podían limitar estos análisis exclusivamente a los países del Sur, ni mucho
menos, sino que con el avance de la crisis, cada vez era más necesario extender estudios e
investigaciones sobre cuestiones relacionadas con el hambre, la producción y distribución de
alimentos, las industrias agroalimentarias, la insolvencia alimentaria y las necesidades de

116 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 115-124
El hambre como producto de las políticas de ajuste en los países del Sur de Europa

comida a países donde estas cuestiones estaban en el primer plano de la actualidad y son una
realidad visible en las calles. Es por ello por lo que desde RIOS se emprendió un trabajo sobre
pobreza, hambre, soberanía e insolvencia alimentaria en países del Sur de Europa sometidos
a fuertes programas de ajuste económico, entre los que destacan Grecia, Portugal y España.
Avanzamos algunas conclusiones y análisis relevantes de este estudio.

El aumento de la pobreza en los países del Sur de Europa


Si analizamos los datos referidos a la evolución de la pobreza desde que surgió la crisis sis-
témica y establecemos una correlación con los índices de paro, podemos observar que las
tasas de pobreza relativa han crecido una media de siete puntos en toda Europa. Sin embar-
go, en España el aumento ha sido ligeramente menor, si bien, partíamos de tasas muy ele-
vadas en el inicio de la crisis. Sin embargo, en los países del Sur vemos que este creci-
miento de la pobreza se ha trasladado de forma inmediata a las tasas de desempleo, de
forma que los niveles de ambas tasas son similares, mientras que en el resto de Europa esto
no ha ocurrido. Es evidente que ello tiene que ver con el hecho de que buena parte del
aumento del desempleo lo protagonizan parados que pierden también cobertura asistencial
y con ello, se sitúan rápidamente como población en riesgo de pobreza. Dicho de otra forma,
mientras que en Europa el desempleo no significa automáticamente pobreza, en Grecia y
España, estar en el paro supone para muchas personas que lo sufren pasar a estar en ries-
go de pobreza, un dato que se olvida cuando se analiza el desempleo.

Cuadro 1. Relación entre las tasas de riesgo de pobreza y tasas de desempleo en la


unión Europea (UE27) y países del Sur de Europa

Tasa de riesgo pobreza Tasa de desempleo


PAÍSES Año 2013 Año 2014
EU27 24,4 10,5
Grecia 35,7 27,2
Portugal 27,4 15,1
España 27,3 25,5

Fuente: Eurostat y Encuestas de Población Activa.

El concepto de insolvencia alimentaria y su impacto


Podríamos definir la insolvencia alimentaria como la situación vivida por aquellas personas
que son incapaces de dar respuesta a su alimentación básica y diaria. No hablamos ya úni-

Panorama 117
Panorama

camente de pobreza efectiva, sino de la incapacidad de hacer frente a su alimentación más


esencial mediante la ingesta diaria de las calorías necesarias para ello. Este concepto es
notablemente distinto del de «pobreza efectiva», en la medida en que mientras que en
España tendríamos un 13,5% de personas en situación de pobreza efectiva, alcanzado los
6,34 millones, sin embargo, un tercio de ellas serían quienes se encontrarían en situación
de insolvencia alimentaria, representando en torno a los dos millones de personas.
Tengamos en cuenta que estamos hablando del 4,4% del total de la población española, una
cifra nada despreciable. Para hacernos una idea de lo que representa, tenemos que pensar
en una población similar a la suma de todos los habitantes de las ciudades de Valencia,
Sevilla y Zaragoza, juntas.

Las necesidades de alimentación de la población


en situación de insolvencia alimentaria son mucho mayores
que las que proporciona la UE

Por tanto, estamos hablando de que en España hay más de dos millones de personas
en situación de insolvencia alimentaria que no tienen recursos para hacer frente a su ali-
mentación básica diaria, y esta realidad parece querer ignorarse dejando que sean la cari-
dad y la beneficencia las que se encarguen de ellas. Y con los datos que manejamos y al
ritmo de crecimiento registrado, nuestra estimación es que en España, el volumen de
población en situación de insolvencia alimentaria pueda crecer hasta los 2,2 o 2,3 millo-
nes de personas con rapidez, es decir, que podría incrementarse hasta el 5% del total de
la población en pocos años. Por tanto, surge la pregunta de cómo todo este ejército de
personas es capaz de satisfacer su alimentación diaria al encontrarse en esta situación
de insolvencia alimentaria cuando instituciones y poderes públicos se han desentendido
de ellos.

Cuadro 2. Relación entre tasas de pobreza efectiva y población


en situación de insolvencia alimentaria

Pobreza efectiva Insolvencia Pobres con insolvencia


alimentaria alimentaria
Estimación % sobre la población total Estimación % sobre la población pobre
Grecia 2.200.000 20,0 % 1.000.000 45 %
Portugal 1.890.000 18,0 % 525.000 28 %
España 6.345.000 13,5 % 1.950.000 31 %

Fuente: Elaboración propia a partir de Eurostat y Encuestas de Población Activa, 2013.

118 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 115-124
El hambre como producto de las políticas de ajuste en los países del Sur de Europa

El suministro de alimentos a la población en insolvencia


alimentaria
En la medida en que hay un volumen muy grande de población incapaz de satisfacer su ali-
mentación diaria, existen distintos canales para el suministro de emergencia de alimentos
básicos, como si de refugiados se tratara y de una situación de calamidad habláramos. Y
entre las primeras instituciones suministradoras de alimentos se encontraría la propia UE a
través de su Plan de Ayuda Alimentaria, que se ha convertido en la principal abastecedora
de alimentos básicos a los países del Sur de Europa. Claro que muchos nos preguntamos
si no sería mucho más efectivo que Europa no generara los pobres en situación de insol-
vencia alimentaria a los que, posteriormente, tiene que socorrer, con sus políticas fracasa-
das de ajuste y consolidación fiscal austericidas.

Cuadro 3. Plan de ayuda alimentaria de la UE

Año 2012 Año 2013 % sobre el total Gasto


(euros) (euros) de Europa habitante / año
Grecia 21.651.199 22.017.677 4,4 % 1,95 %
Portugal 19.332.607 19.517.541 3,9 % 1,86 %
España 80.401.345 85.618.342 17,2 % 1,86 %

Fuente: Fondo Europeo de Garantía Alimentaria (FEGA).

Ahora bien, las necesidades de alimentación de la población en situación de insolvencia


alimentaria son mucho mayores que las que proporciona la UE a través de su Plan de Ayuda
Alimentaria. De hecho, del total de 155.407 toneladas de alimentos distribuidos en España
en el año 2012, 67.407 procedían de Europa, frente a otras 65.000 que han donado dife-
rentes empresas y 23.000 toneladas proporcionadas por particulares. Así las cosas, ente el
56,7% de alimentos que en España proporcionan empresas privadas y particulares, la UE
facilita el 43,4%, de manera que Europa no cubre ni siquiera la mitad de las necesidades de
la población en situación de insolvencia alimentaria.

Cuadro 4. Volumen total de alimentos distribuidos en el año 2012 por España

Toneladas Porcentaje
Fondo Español de Garantía Agrícola (FEGA). 67.407 43,3%
Fondo europeo
Empresas donantes 65.000 41,9%
Particulares 23.000 14,8%
TOTAL 155.407 100%

Fuentes: FEGA, FESBAL (Federación Española de Bancos de Alimentos) y estimación propia.

Panorama 119
Panorama

Las personas atendidas cada año en su alimentación


Diariamente, asistimos a informaciones relacionadas con comedores sociales, bancos de
alimentos, albergues y otros muchos lugares que se han convertido en esenciales para
mantener con vida a bolsas cada vez más amplias de población al proporcionar su alimen-
tación diaria. Sin embargo, nos hemos encontrado con que no es fácil conocer de forma
exacta y precisa la población atendida al año. Y ello, porque los registros se duplican, los
alimentos se dan en muchas ocasiones de forma múltiple, sin olvidar que hay otras muchas
organizaciones sin registros o no especializadas en atender a población en situación de
insolvencia alimentaria. Es evidente que las organizaciones sociales hacen lo que pueden
ofreciendo una ayuda valiosa, pero en muchos casos, sin medios y sin criterios técnicos, con
mejor voluntad que recursos para algo tan importante como es la alimentación de esos casi
dos millones de personas, como hemos visto. Pero es el resultado deliberado de que nues-
tro Gobierno y sus instituciones hayan hecho una dejación de sus responsabilidades,
cediendo a la caridad y a la beneficencia el suministro de comida a los habitantes en situa-
ción más vulnerable.

Cuadro 5. Estimación de personas atendidas al año en situación


de insolvencia alimentaria

Personas/año atendidas Gramos persona/día


Cálculo realista 1.850.000 225 gramos / día
Suma de alimentos totales
(Bancos Alimentos + Cruz Roja + Cáritas) 2.470.000 170 gramos / día

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de las entidades.

Según nuestros cálculos, realistas y coherentes con los datos que proporcionan las insti-
tuciones benéficas a escala local, todos los informantes consultados aportan una horquilla de
entre 78 y 82 kilos al año por persona facilitados, esto es, entre 210 y 225 gramos diarios.

El estudio llevado a cabo aporta algunas evidencias empíricas nada despreciables, entre
las que destacamos dos:

– La primera es el aumento constante de la demanda de alimentos desde finales del 2012,


sin que parezca por el momento haber tocado techo. Es evidente que el avance de la cri-
sis y las políticas de recortes y desmantelamiento de servicios públicos aplicadas, junto
con la imparable destrucción de empleos en España, una creciente “ultraprecarización”
del mercado de trabajo y los nuevos empleos que aparecen alimentando un gigantesco
precariado, todo esto, lleva a que las personas agoten sus ahorros y no encuentren otra
salida para alimentarse que acudir a las organizaciones sociales que los proporcionan.

120 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 115-124
El hambre como producto de las políticas de ajuste en los países del Sur de Europa

– La segunda es que existe una amplia cobertura gracias a la existencia de sólidas institucio-
nes sociales. Esta amplia cobertura cuantitativamente considerada, sin embargo, apenas si
cubre las necesidades mínimas de subsistencia, estando sometida a fuertes oscilaciones en
función de la llegada de alimentos, lo que hace que el reparto a las familias sea inseguro y
poco predecible. Como hemos visto, la sociedad civil mediante donaciones, recogidas perió-
dicas, campañas y aportaciones, está siendo capaz de proporcionar más de la mitad de los
alimentos que la población en situación de insolvencia alimentaria necesita, lo que habla
muy bien de las redes de solidaridad social y muy mal de un Gobierno que se ha desenten-
dido por completo de algo tan esencial como es la alimentación de sus ciudadanos.

La emergencia alimentaria y su soberanía reclaman una armadura


institucional firme que hoy no existe, pero a la que no se puede renunciar

Sin embargo, partiendo del reconocimiento de la solidaridad popular como punto de


apoyo, no cabe confiar la solución a la exclusiva iniciativa ciudadana, pues la emergencia
alimentaria y su soberanía reclaman una armadura institucional firme que hoy no existe,
pero a la que no se puede renunciar como derecho esencial que es. Pues el problema con-
siste en dar respuesta a más de dos millones de personas –la mitad son niños– que no pue-
den alcanzar una nutrición suficiente. Y hacerlo con los más directamente interesados, que
no son ni beneficiarios ni asistidos; son simplemente el futuro de una sociedad que se res-
peta a sí misma como tal.

Ahora bien, el derecho a la alimentación no está en la agenda política, y mucho menos


la relación entre el abastecimiento (reparto de alimentos) la producción campesina y el
empleo; por ello la primera tarea será «incorporar el derecho a la alimentación en la agen-
da política y social con urgencia, con la misma legitimidad y coherencia que la defensa del
conjunto de derechos que están siendo sistemáticamente recortados».1

Pero tan alarmante como el avance de la pobreza es el auge de la miseria moral de la


que hacen gala nuestros dirigentes políticos; la posición negacionista contra toda evidencia
de este gigantesco problema solo busca réditos electorales, pues nada contradice más la
propaganda de la salida de la crisis que el reparto de alimentos y la persistencia de los des-
ahucios. Hoy en día, la disyuntiva pasa por elegir entre la pobreza de la economía, o la eco-
nomía de la pobreza; pobreza de una economía que acepta la miseria moral, o bien una

1 Un amplio grupo de organizaciones preparan en Madrid una Conferencia contra el hambre. El texto en cursiva está tomado
de esa propuesta (disponible en: [Link]
en-madrid-10-de-abril-de-2015/).

Panorama 121
Panorama

economía de la pobreza que se rebela contra toda miseria para centrarse en una nueva cre-
ación de riqueza cuyo objetivo es el bien común y la satisfacción de necesidades humanas
elementales. En ausencia de un mercado de trabajo que cree empleo y de una política eco-
nómica orientada a la vida de las personas de carne y hueso, no queda más remedio que
la distribución de alimentos; pero hay que entender y organizar el reparto como una fracción
de la renta básica que a modo de anticipo se abona a las familias. Y ésta se abona, no se
dona. Y en este matiz arranca la diferencia entre el asistencialismo filantrópico y la justicia
social. Porque como se trata de un abono, mejor hacerlo mediante algún medio de pago
–llámese vale o cheque alimento– que directamente en especie.

Por ello, tenemos que entender que el reparto de alimentos es un problema de naturale-
za política: el poder público deja abandonados a los desahuciados del mercado de trabajo al
vaivén de la solidaridad comunitaria; y también es de naturaleza política la dejación del
Estado que convierte los tratados internacionales en puro verbalismo declarativo. Pocos fun-
cionarios del Ministerio de Exteriores sabrán o recordarán la ratificación por España del Pacto
Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que recoge expresamente el
derecho a la alimentación y la responsabilidad del Estado en ella sobre sus ciudadanos.

Más allá de los datos cabe plantearse algunas preguntas. Como decía Pedro Casaldáliga,
el hambre no espera, de ahí la oportunidad de las instituciones asistenciales de ofrecer un
alivio inmediato a la necesidad; pero también sostenía que hay que promover la conciencia
de que lo que los necesitados reciben, ya era suyo antes de que llegara a sus manos. Esta
segunda parte de la ecuación queda pendiente en nuestro sistema de solidaridad popular:
unos, los asistidos, se cronifican como perdedores, al tiempo que la relación entre el volun-
tariado y los asistidos plantea una cuestión nueva en la estratificación social, que merece un
debate a fondo. Lo que nos lleva a los problemas de la solidaridad vital como forma de con-
ciencia colectiva y al derecho a la alimentación, como demanda social fundamental.

Otra pregunta hace referencia a nuestro sistema de producción y distribución de ali-


mentos, por cuanto que ofrecer alimentación a dos millones de personas crea un cuasi mer-
cado paralelo que debería relacionarse con la producción, evitando con ello que el sistema
de compra de alimentos refuerce el agronegocio, en detrimento de la producción local cam-
pesina así como las redes de producción y distribución que benefician a los agricultores.

Algunas evidencias sobre el hambre en los países del Sur de


Europa:
1) En los tres países analizados (España, Grecia y Portugal) el reparto de alimentos se ha
cronificado, como una consecuencia directa de las políticas de ajuste aplicadas. Aunque

122 de relaciones ecosociales y cambio global


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El hambre como producto de las políticas de ajuste en los países del Sur de Europa

la perspectiva laboral mejorara en el corto plazo, las enormes bolsas de parados de larga
duración, mayores de 45 años y sin recursos persistirán durante años. Al mismo tiempo,
el avance de la ultraprecarización laboral no garantiza tampoco la satisfacción de nece-
sidades básicas a quien tiene un trabajo, por lo que están apareciendo importantes bol-
sas de pobreza ligadas a los nuevos contratos que se firman en estos países.
2) De esta forma, la demanda de alimentos va a mantenerse en el futuro en un escenario
de próximos recortes en el Plan Europeo de Ayuda Alimentaria, con unas organizaciones
de ayuda y bancos de alimentos sobrepasados por una situación que supera con mucho
sus capacidades.
3) No hay estudios precisos sobre las demandas efectivas de población en situación de
insolvencia alimentaria como consecuencia de la dejación que han hecho los poderes
públicos de sus obligaciones hacia organizaciones caritativas y de beneficencia carentes
de medios. El reto de estas organizaciones de solidaridad es dar alimentos a familias en
situaciones límite, no conocer la situación real de las familias y vincular esas necesida-
des alimentarias con otras intervenciones sociales imprescindibles, para lo que carecen
de medios.
4) Hay una peligrosa tendencia que pasa por no responsabilizar al sector público y a los res-
ponsables políticos del suministro de alimentos a la población, transfiriendo esa respon-
sabilidad a la sociedad civil y el sector privado, que en el caso de las empresas, hacen
donaciones masivas. Sin embargo, la sociedad ignora que alrededor del 47% de todos
los alimentos distribuidos proceden del sector público a través de los fondos europeos.
5) De la misma forma que existe una situación de emergencia alimentaria en los países del
sur de Europa, también se da un problema de desperdicio de comida, lo que debe lle-
varnos a plantear un debate sobre la recuperación de alimentos, algo que se ha debati-
do a fondo en Portugal. Sin embargo, no parece que el buen uso y la recuperación de ali-
mentos sean una solución al problema de la insuficiencia alimentaria.
6) En cambio, la recuperación de alimentos desechados por el mercado en fase de cosecha
y poscosecha, así como la que se tira a la basura por los centros comerciales, ha de ser
tenida en cuenta en la planificación del acopio de alimentos para su distribución gratuita.
Un ejemplo de ello es la entrega de naranjas sobrantes de la recogida a los bancos de
alimentos en España.
7) La política agraria comunitaria y las imposiciones de las grandes empresas agroalimen-
tarias están llevando a una progresiva reconversión del sector agrario en los países del
Sur de Europa, con una entrada creciente de las grandes multinacionales de la alimen-
tación mundial que marcan las pautas productivas y de comercialización, distribución y
venta. Ello está generando un aumento de las importaciones así como el abandono de
tierras de cultivo y de productos tradicionales menos rentables. La recuperación de las
economías campesinas, que ha sido uno de los sectores menos dañados por la crisis
financiera, se contempla como una posibilidad real de empleo, de abastecimiento alter-
nativo y de nuevas de formas de vida alternativas.

Panorama 123
Panorama

8) Una de las tareas pendientes es la participación de los afectados en los sistemas de


reparto y distribución de alimentos, algo de lo que tenemos solo alguna experiencia pun-
tual. Los receptores y beneficiarios deben dejar de ser simples destinatarios de los ali-
mentos, para asumir parcelas más importantes en la gestión de todo el ciclo y en la iden-
tificación de sus necesidades, alejándose así de la perspectiva meramente asistencial
que se ofrece en la actualidad.
9) Las respuestas que se están dando al problema del hambre, la falta de alimentos y la
insolvencia alimentaria en los países del Sur de Europa carecen de una visión basada
en el derecho a la alimentación y a la soberanía alimentaria, algo ausente en las políti-
cas de todas las instituciones públicas, y ajeno a los discursos y programas políticos. Se
da por tanto una gigantesca paradoja, en la medida en que en España se tiene que pro-
porcionar alimentación a 2 millones de personas para que puedan sobrevivir, pero nin-
gún partido ni ninguna institución quiere debatir el cómo ni de qué forma.
10) Precisamente por ello, es necesario introducir el derecho a la alimentación y a la sobe-
ranía alimentaria en la agenda política, como una obligación fundamental del Estado
que debiera incorporarse en las intervenciones públicas e institucionales.

En la defensa del derecho básico a la alimentación y de una estrategia de soberanía ali-


mentaria efectiva es donde se sitúa la diferencia entre el asistencialismo filantrópico y la
beneficencia que practican los gobiernos, y una justicia social imprescindible, de la que tam-
bién tenemos hambre.

124 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 115-124
VÍCTOR A. LUQUE DE HARO Y MIGUEL ÁNGEL LUQUE MATEO

Reformas fiscales y pérdida


de progresividad del sistema
tributario
El trabajo analiza las consecuencias que los diferentes tratamientos fiscales tie-
nen sobre el principio constitucional de progresividad del sistema de tributa-
ción, en función del tipo de rentas y de la composición de la riqueza de los obli-
gados tributarios. Para ello, se estudia la composición de los ingresos corres-
pondientes, principalmente al último decil poblacional, atendiendo a la impor-
tancia que reflejan las rentas provenientes del capital y del trabajo. Igualmente,
se analiza la estructura de los patrimonios de dicho segmento de población y la
variación sustancial del peso de los activos mobiliarios a medida que nos acer-
camos a los individuos más ricos. A partir de los datos analizados, se abordan las
implicaciones que tienen sobre dicha estructura de riqueza y renta, tanto las
propuestas de reforma tributaria planteadas hace más de un año por la
Comisión de expertos designada ad hoc¸ como las reformas finalmente imple-
mentadas en los tributos más esenciales: Impuesto sobre la Renta de las
Personas Físicas (IRPF), Impuesto sobre el valor añadido (IVA), Impuesto de
Sociedades (IS), Impuesto sobre el Patrimonio (IP), Impuesto sobre Depósitos Víctor A. Luque,
en Entidades de Crédito (IDEC), e Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones licenciado en
(ISD) . Expuesto lo anterior, se comprueba que, en los últimos años, ha ido dis- Administración y
minuyendo la carga impositiva sobre el capital, las fortunas familiares, el siste- Dirección de
ma financiero y las grandes corporaciones, mientras que se mantenido o incre- Empresas y en
mentado a las rentas del trabajo y a la ciudadanía en general. Derecho por la
Universidad de
Granada
E n numerosas ocasiones las reformas tributarias o las recomendaciones
de reforma se plantean como neutras o simplemente se alude a su funciona-
Miguel Ángel
Luque es profesor
lidad como dinamizadoras del crecimiento o del empleo, sin mencionar el de Derecho
impacto que tendrán sobre la progresividad del conjunto del sistema tributa- Financiero y
rio, incluido como un principio constitucional en el artículo 31.1 de la Tributario de la
Universidad de
Constitución española (CE), que textualmente dice:
Almería

«Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capa-


cidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de
igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio.»

de relaciones ecosociales y cambio global 125


Nº 130 2015, pp. 125-140
Panorama

En virtud de este artículo, no solo deberían pagar más aquellas personas con mayor
capacidad económica sino que, además, deberían hacerlo en mayor proporción respecto de
aquellos con menor capacidad económica. De esta forma, se coadyuva a la consecución de
los objetivos de redistribución de la renta (artículo 40.1 de la CE) e igualdad material que
deben fomentar los poderes públicos (artículo 9.2 de la CE). Si bien es cierto que no puede
exigirse la progresividad de cada una de las figuras tributarias individualmente sino al siste-
ma tributario en su conjunto, según ha matizado el Tribunal Constitucional,1 no lo es menos
que la progresividad del sistema tributario se tiene que articular técnicamente mediante tipos
de gravamen progresivos, exenciones y beneficios fiscales que permitan la consecución de
la distribución de la renta y la riqueza anteriormente citadas. Del mismo modo, en aras del
respeto de tal principio, así como el de capacidad económica, no carece de importancia el
predominio de los impuestos directos (aquellos que gravan directamente la renta o la rique-
za) sobre los indirectos (aquellos que gravan una manifestación de capacidad económica
como puede ser el consumo).

El hecho de que existan tratamientos fiscales diversos


en función del tipo de renta no es neutral en relación con la mayor o
menor progresividad del sistema tributario

El hecho de que existan tratamientos fiscales diversos en función del tipo de renta no es
neutral en relación con la mayor o menor progresividad del sistema tributario. De forma simi-
lar sucede con los impuestos que gravan la riqueza: un tratamiento diferencial sobre los dis-
tintos activos patrimoniales tendrá consecuencias sobre la mayor o menor progresividad del
sistema, en función de la composición típica de los patrimonios de cada uno de los segmen-
tos o cuantiles poblacionales. También la estructura de los impuestos que gravan las distintas
manifestaciones de la capacidad económica –consumo o ahorro– afectará a la progresividad
en las cargas tributarias en la medida en que la propensión media al consumo y al ahorro es
diferente por cuantiles poblacionales de renta y de riqueza.2 Finalmente, los múltiples tipos de
gravamen que se aplican a los diversos bienes y servicios consumidos, en el IVA o en los
impuestos especiales, tienen su implicación sobre nuestro objeto de estudio en la medida en
que las cestas típicas de la compra varían por cuantiles de ingresos o riqueza, además de por
otras circunstancias, como pueden ser la edad, el género, el tipo de familia, etc.

1 Véase España, Tribunal Constitucional, sentencia núm. 27/1981, de 20 de julio; sentencia núm. 37/1987, de 26 de marzo;
sentencia núm. 76/1990, de 26 de abril; sentencia núm. 150/1990, de 4 de octubre; sentencia núm. 173/1996, de 31 de octu-
bre; 14/1998, de 22 de enero; y sentencia núm. 327/2006, de 20 de noviembre.
2 Véase «Comisión de Expertos para la Reforma del Sistema Tributario Español», Informe, Madrid, 2014. En él la Comisión
reconoce esta diferente propensión al afirmar que «las personas que más ahorran y más podrían beneficiarse del referido
incentivo serían las de mayores ingresos, incluso en el caso de que sus consumos fuesen excesivos», p. 136.

126 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 125-140
Reformas fiscales y pérdida de progresividad del sistema tributario

Expuesto lo anterior, no compartimos las conclusiones que se presentan sobre la pro-


gresividad,3 basadas exclusivamente en los tipos medios del IRPF de las rentas del trabajo
sin tener en cuenta las modificaciones en las exenciones, reducciones, deducciones, demás
bonificaciones, así como el resto de medidas introducidas en una determinada reforma fis-
cal.

Como consecuencia de esto, es necesario conocer la composición típica, tanto de los


ingresos, como de la riqueza a lo largo de los distintos cuantiles4 de la distribución para ver
las implicaciones sobre la carga fiscal que efectivamente soportarán los diferentes segmen-
tos poblacionales. También haría falta analizar la cesta típica y las propensiones al consu-
mo, aunque estos dos últimos aspectos no se abordarán en profundidad en este artículo.

Seguidamente se muestra la composición de las rentas del decil diez, el que incluye a
aquellas personas con ingresos más altos. Posteriormente se presenta la composición de
los patrimonios del último percentil, aquel que agrupa al 1% con mayores cantidades.
Finalmente se analiza el impacto diferencial que tendría la aplicación de algunas de las pro-
puestas de reforma del sistema tributario y de las modificaciones que finalmente se han
implementado, sobre la justicia tributaria y la progresividad en las cargas fiscales.

Estudio de la composición de los ingresos


En la composición de los ingresos se ha optado por analizar principalmente los que perte-
necen al último decil, puesto que es a lo largo de él donde se producen variaciones en la
composición típica más significativas.

Dentro de este decil se observa que la proporción de rentas provenientes de la propie-


dad del capital se incrementa significativamente en los sujetos que se encuentran más arri-
ba en la distribución (cuadro 1). Puede verse cómo los ingresos procedentes de los salarios
y las pensiones van perdiendo peso, mientras que los relativos a la actividad empresarial,
los ingresos del capital y aquellos derivados de la revalorización del capital ganan impor-
tancia. Así, mientras que en los individuos que se sitúan en la franja entre el 10 y el 5% de
ese decil diez, el porcentaje de las rentas que corresponden a la categoría de salarios supe-

3 Como la que hace Sala i Martín: «No se entienden las quejas del PSOE y de IU sobre la falta de progresividad de la reforma
fiscal de Montoro ya que el nuevo sistema fiscal será mucho más progresivo de lo que era cuando mandaban las izquierdas
en España», en X. Sala i Martín, «Verdades y Mentiras de la Reforma Fiscal de Montoro», blog XSM, disponible en:
[Link] Acceso el 8 de
junio de 2015.
4 Los cuantiles son aquellos valores de la variable, que ordenados de menor a mayor, dividen a la distribución en partes, de
tal manera que cada una de ellas contiene el mismo número de frecuencias. Los cuantiles que se utilizarán en este artículo
son los deciles (que dividen la distribución en diez partes) y percentiles (que dividen la distribución en cien partes).

Panorama 127
Panorama

ra el 88% del total, en los individuos que se integran en el 0,01% con mayores ingresos, los
salarios y las pensiones dejan de ser la fuente principal de renta y su lugar lo ocupan aque-
llos derivados de la revalorización del capital. Si nos fuésemos más atrás, veríamos cómo
los ingresos empresariales, aquellos procedentes del capital y aquellos de las ganancias de
capital apenas tienen peso significativo. Esta situación viene explicada tanto por el mayor
peso medio de los capitales en la composición de la riqueza de los individuos que más
ganan en comparación con el resto de individuos,5 como por la mayor rentabilidad media
que suelen obtener los citados capitales.6 Piketty explica esto último con dos argumentos: i)
por la existencia de economías de escala en la gestión de la cartera de inversión y, ii) por-
que es más fácil para un inversor tomar riesgos y ser paciente si tiene reservas sustancia-
les.7 A estas razones se podrían añadir otras como la existencia de imperfecciones en los
mercados financieros8 y la de rentas de monopolio.9

Es necesario conocer la composición típica, tanto de los ingresos,


como de la riqueza a lo largo de los distintos cuantiles de la distribución
para ver las implicaciones sobre la carga fiscal que efectivamente
soportarán los diferentes segmentos poblacionales

A este respecto, es significativo que, en todos los países y en todos los períodos para
los que se dispone de este tipo de datos, el porcentaje de ingresos derivados del trabajo dis-
minuye rápidamente conforme nos desplazamos a la parte superior del último decil, mien-
tras que la participación de los ingresos derivados del capital aumenta de forma pronuncia-

5 Pese a que no tienen que coincidir los individuos con mayores ingresos de aquellos con mayor riqueza, sí que existe, en las
sociedades modernas, una correlación positiva entre la posición relativa en la distribución de una de estas variables con la
otra. Además, según exponen Alvaredo, Atkinson, Piketty y Saez, esta correlación ha aumentado en EEUU durante las últi-
mas décadas, lo cual nos hace suponer que en España se ha podido dar un movimiento en la misma dirección. Véase F.
Alvaredo, A. B. Atkinson, Th. Piketty y E. Saez, «The top 1 percent in international and historical perspective», National Bureau
of Economic Research, 2013, pp. 3-20. En la mayoría de las sociedades europeas y en EEUU la mitad de la población no
posee virtualmente nada: el 50% más pobre posee menos del 10% de la riqueza nacional, generalmente menos del 5%.
Véase Th. Piketty, Capital in the twenty-first century, [traducción de A. Goldhammer], Belknap Press, Cambridge, 2014, p. 257.
Según las estadísticas, en el año 2007 en España más del 25% de la riqueza financiera era propiedad del 1% más rico. Véase
F. Alvaredo y E. Saez, «Income and wealth concentration in Spain from a historical and fiscal perspective», Journal of the
European Economic Association, vol. 7 (5), 2009, pp. 1140-1167.
6 Este aspecto es duramente criticado por Juan Ramón Rallo, al señalar que los rendimientos superiores que Piketty destaca
de los más ricos no son tales. Para el citado autor el hecho de que la riqueza del 1 % haya aumentado a un ritmo notable-
mente superior al del resto de la población no implica que se hayan mantenido dentro de cada cuantil los mismos individuos
debido a la existencia de convergencia beta (movimiento de los individuos dentro de la distribución). Véase J. R. Rallo, «¿Qué
pasó con los superricos de 1987?», Vozpópuli, 3 de abril de 2014, disponible en: [Link]
que-paso-con-los-superricos-de-1987
7 Th. Piketty, op. cit., 2014, p. 430.
8 J. Stiglitz, El precio de la desigualdad: el 1% de población tiene lo que el 99% necesita, Taurus, Madrid, 2012, p. 161.
9 Ibidem, p. 90.

128 de relaciones ecosociales y cambio global


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Reformas fiscales y pérdida de progresividad del sistema tributario

da.10 Como consecuencia de todo lo anterior, la desigualdad en los ingresos del capital
suele ser mayor, incluso, que la desigualdad en la propiedad del mismo.11

Cuadro 1. Composición media de los ingresos12 del primer decil durante


el período 1981-2012 en España. Porcentajes

Salarios Empresariales Capital Ganancias de capital


Top 10-5% 88,61 7,26 5,88 1,47
Top 5-1% 82,66 9,72 7,77 3,08
Top 1-0.5% 72,21 14,45 10,68 5,88
Top 0.5-0.1% 60,57 18,60 14,50 9,56
Top 0.1-0.01% 39,61 24,40 20,44 18,77
Top 0.01% 24,24 23,29 23,05 32,64

Fuente: Elaboración propia a partir de The World Top Incomes Database.

Se debe tener en cuenta, además, que los ingresos procedentes del capital se encuen-
tran subestimados, debido tanto a la evasión fiscal como a la existencia de diferentes exen-
ciones fiscales.13 Por tanto, el peso de éstos es presumiblemente mayor que el que reflejan
los datos anteriormente expuestos. Un reciente estudio de Gabriel Zucman sugiere que el
porcentaje de riqueza europea oculta en paraísos fiscales es superior a la de EEUU. Según
él, ello se debe al mayor incentivo que existe en Europa a la ocultación de capitales por los
mayores niveles de gravamen.14 Otra causa de esta diferencia puede encontrarse en la
menor coordinación de las agencias tributarias y en la ausencia de transmisión automática
de información bancaria entre los diferentes países que forman la Unión Europea (UE) a la
que alude Piketty.15

Análisis de la composición típica de los patrimonios


El análisis de la composición de los patrimonios se ha realizado teniendo en cuenta la con-
figuración de los diferentes cuantiles que conforman el último percentil (Top 1% riqueza).
10 Th. Piketty, op. cit., 2014, p. 279.
11 Ibidem, p. 243.
12 Los ingresos salariales incluyen salarios, pensiones y otros ingresos derivados del trabajo. Los ingresos empresariales inclu-
yen los ingresos del trabajo por cuenta propia, los ingresos de las explotaciones agrarias y los ingresos de los pequeños
negocios. Los ingresos del capital están formados por dividendos, intereses, rentas e ingresos de inversiones extranjeras y
otras inversiones. Las ganancias de capital son las revalorizaciones en el precio de los distintos tipos de capital y riqueza.
13 Th. Piketty, op. cit., 2014, p. 281 y ss.
14 G. Zucman, «The Missing Wealth of Nations: Are Europe and the US net Debtors or net Creditors?», The Quarterly Journal
of Economics, vól. 128, núm. 3, 2013, pp. 1321-1364.
15 Th. Piketty, op. cit., 2014, pp. 521 y ss.

Panorama 129
Panorama

Como afirma Bauman (2014), «para comprender la mutación que está actualmente en mar-
cha, que es distinta de una mera fase de ciclo, tenemos que centrarnos en el 1% más rico,
quizás, incluso en el 0,1% más rico. Si no lo hacemos, no conseguiremos apreciar el ver-
dadero impacto del cambio que se está produciendo, en forma de degradación de la clase
media al nivel del precariado».16

Cuadro 2. Composición de la riqueza de los segmentos de población más ricos en


España: Participación relativa en el total17
Efectivo,
Activos
Negocios depósitos y Acciones Otros Deuda
Inmobiliarios
bonos
1982 75,3 4,9 13,6 6,5 3,6 -3,9
Top 1-0.5%
2007 78,8 0,8 6,4 14,7 0,9 -1,5
1982 67,6 5,6 12,7 12,2 4,5 -2,6
Top 0.5-0.1%
2007 71,2 0,9 6,5 21,7 1,3 -1,7
1982 55,8 5,2 11,3 24,7 5,6 -2,5
Top 0.1%-0.01%
2007 58,0 0,8 6,9 34,3 2,0 -2,0
1982 36,8 2,9 10,7 46,2 5,6 -2,2
Top 0.01%
2007 27,4 0,5 5,8 65,9 3,6 -3,2

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de Income and Wealth Concentration in Spain from a Historical
and Fiscal Perspective.

Desde 1982 hasta 2007 se produjeron modificaciones sustanciales en los componentes


de cada uno de los cuantiles poblacionales. Analizando la evolución de la composición
durante este período en la riqueza del 1% más rico, observamos los siguientes elementos
característicos: 1) Los activos inmobiliarios ganan participación en todos los segmentos
poblacionales menos en el 0,01% más rico. 2) Se produce una disminución generalizada del
peso de los negocios en el total (caídas de alrededor del 80%). 3) El peso del efectivo, los
depósitos y los bonos se reduce alrededor de un 50% para todos los segmentos analizados.
4) El componente que más participación gana son las acciones bursátiles.

La composición de la riqueza (cuadro 2) varía de forma sustancial conforme nos acer-


camos a los individuos más ricos. Mientras que, en el conjunto de la población, el peso de
los activos inmobiliarios es notablemente superior al resto de los componentes, conforme
nos acercamos a los individuos con mayor riqueza (del 1% más rico) este tipo de bienes va
perdiendo progresivamente importancia. De hecho, al analizar el 0,01% más rico, vemos

16 Z. Bauman, ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?, Paidós, Barcelona, 2014, pp. 22.
17 Las “acciones” incluyen aquellas comercializadas en mercados abiertos como aquellas que lo hacen en mercados cerrados,
en la categoría de “otros” están incluidos los seguros, anualidades y otros activos de menor importancia. Para más infor-
mación ver el apéndice del documento de Alvaredo y Saez, op. cit., 2009.

130 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 125-140
Reformas fiscales y pérdida de progresividad del sistema tributario

cómo los activos inmobiliarios dejan de ser el principal componente y su lugar lo ocupan las
acciones bursátiles.

A partir de estos datos es fácil deducir a quién benefician regulaciones fiscales que con-
tienen un tratamiento diferenciado y privilegiado de los rendimientos y las ganancias del
capital respecto de las rentas del trabajo, en detrimento de las segundas18 o a quién favo-
rece la existencia de instrumentos como las SICAV19 para la gestión de patrimonios.

Propuestas de la Comisión de expertos para la reforma del


sistema tributario español
En febrero de 2014 la Comisión de expertos nombrada por el Gobierno para la elaboración
de una propuesta de reforma sobre el sistema tributario presentó sus recomendaciones. Las
mismas se justifican sobre la base de «una mayor eficiencia económica, el impulso de la
producción y el empleo». El informe elaborado señala que la reforma propuesta es «neutral
ex ante desde el punto de vista recaudatorio». En nuestra opinión, sin embargo, el docu-
mento omite mencionar que las propuestas supondrían, en la mayoría de los casos, una
reducción de la progresividad del sistema tributario e incluso, en algunos tramos de la rique-
za o de la renta tomada en su conjunto, un aumento de la regresividad. Esto se debe, entre
otras cosas, al hecho de que, como vimos anteriormente, ni las rentas ni los patrimonios tie-
nen una composición típica homogénea. Recuérdese que, conforme nos desplazamos por
los diferentes cuantiles de la estructura distributiva, las composiciones típicas van cambian-
do. A medida que nos acercamos hacia los individuos con mayores patrimonios e ingresos
más altos, aumenta la importancia de las acciones y de los activos financieros así como de
las rentas procedentes de la propiedad del capital, respectivamente.

En cuanto al IRPF las principales propuestas fueron:

– Mantener el sistema de imposición dual, conservando una tarifa progresiva sobre la base
general (principalmente rentas del trabajo) y un tipo único proporcional, similar al mínimo
de la tarifa progresiva sobre las rentas del trabajo, para las rentas del capital.

18 Como ocurre actualmente en el IRPF. Véase Ley 35/2006, del 28 de noviembre, del IRPF y de modificación parcial de las
leyes del IS, sobre la Renta de no Residentes (IRNR) e IP.
19 Las Sociedades de Inversión en Capital Variable (SICAV) son una de las modalidades que, de acuerdo con la Ley 35/2003,
del 4 de noviembre, de Instituciones de Inversión Colectiva (en adelante, LIIC) tienen como objeto la adquisición, tenencia,
disfrute, armonización y enajenación de valores mobiliarios y de otros activos financieros. Están sometidas a distintos requi-
sitos legales y disfrutan de un régimen de tributación privilegiado, con un tipo de gravamen del 1%. Ver M. A. Luque y V. A.
Luque, «A vueltas con las SICAV. Reflexiones críticas desde el punto de vista económico-tributario», Revista Papeles de
Europa, vol. 27, núm. 2, 2014, pp. 1-17.

Panorama 131
Panorama

– Limitar las exenciones y deducciones existentes y ampliar la definición de la base del


impuesto, permitiendo una reducción de los tipos de la tarifa, así como una simplificación
de la misma.
– Reducir el número de tramos de la tarifa progresiva de la base general, de 7 a 5.

Es fácil deducir a quién benefician regulaciones fiscales que


contienen un tratamiento diferenciado y privilegiado de
los rendimientos y las ganancias del capital respecto de las rentas
del trabajo, en detrimento de las segundas o a quién favorece la existencia
de instrumentos como las SICAV para la gestión de patrimonios

La justificación de un tratamiento más favorable para los rendimientos del capital se rea-
liza, en primer lugar, bajo el argumento de que ya ha existido un gravamen previo sobre las
rentas de las que procede y, en segundo lugar, por sus mayores facilidades de deslocaliza-
ción. Sin embargo, no se usa el argumento de la doble imposición cuando se recomienda
un reforzamiento de los impuestos indirectos que, recordemos, gravan el consumo, el cual,
generalmente, se hace con rentas que anteriormente fueron gravadas. Además, las rentas
de las que proceden los rendimientos han podido originarse a través de instrumentos, nego-
cios o mecanismos con un régimen fiscal privilegiado: fondos de inversión, SOCIMI,20
SICAV, amnistías fiscales, herencias o paraísos fiscales. Quizás la verdadera razón de man-
tener esta situación sea la de no crear «serios conflictos con los mercados, que han asimi-
lado y se encuentran cómodos con la fórmula impositiva actual y que vigilan muy de cerca
nuestra política fiscal», como se lee en el propio informe. Pero esto equivale a reconocer
que vivimos en una democracia tutelada por las élites minoritarias que gobiernan esos mer-
cados financieros.

En cuanto al IS las propuestas más destacables eran las siguientes:

– Reducir el tipo nominal del impuesto de manera significativa, desde el 30% que estaba
vigente hasta el 20%. Aunque matizan que recomiendan hacerlo por etapas, sugiriendo
una primera al 25%.

20 Las Sociedades Anónimas Cotizadas de Inversión Inmobiliaria (SOCIMI) son sociedades anónimas cotizadas cuya activi-
dad principal es la adquisición, promoción y rehabilitación de activos de naturaleza urbana para su arrendamiento, bien
directamente o bien a través de participaciones en el capital de otras SOCIMI. Deben cumplir unos requisitos específicos
entre los que destacan la cotización en un mercado regulado, otros referentes al tipo de inversiones y la duración mínima y
aspectos relativos a la distribución de beneficios. Están reguladas en la Ley 11/2009, del 26 de octubre, modificada por la
Ley 16/2012, con un tipo impositivo del 0%. Ver E. Rivas Nieto, «Un nuevo vehículo de optimización fiscal: las SOCIMIS»,
Crónica Tributaria, núm. 154, 2015, pp. 139-162.

132 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 125-140
Reformas fiscales y pérdida de progresividad del sistema tributario

– Suprimir el régimen especial de las empresas de reducida dimensión existente, argumen-


tando que tiene efectos negativos sobre la productividad, al no incentivar la mayor escala
empresarial.
– Limitar la multitud de deducciones existentes, como la relativa a la innovación tecnológi-
ca, reinversión de beneficios, creación de empleo, o las fundamentadas en razones
medioambientales, entre otras.

Respecto al IP, la Comisión de expertos propuso su eliminación definitiva, argumentan-


do que tiene efectos negativos sobre el ahorro, que la cuantía recaudada es mínima y que
las posibilidades de planificación fiscal desvirtúan su posible contribución a la equidad del
sistema tributario.

En referencia al ISD, recomendaba que se estableciera un tipo impositivo reducido (entre


el 10 y el 4%) común en todo el territorio nacional, con un mínimo exento. Por otra parte, según
el informe, la tarifa impositiva solo debería discriminar en función del grado de parentesco y no
de la base liquidable. Se propone, por tanto, un tipo proporcional y no uno progresivo. Además,
no se tiene en cuenta el patrimonio del heredero, por lo que la aplicación de estas recomen-
daciones implicaría una reducción de la progresividad en este tributo por ambos lados.

En cuanto al IVA, el Comité se decanta por la subida de los tipos de los bienes superre-
ducidos y los reducidos, aunque matiza que el incremento de los primeros debería ir acom-
pañado de mecanismos de compensación a las rentas más bajas. Esto supondría un
aumento de la carga impositiva principalmente sobre aquellos ciudadanos con ingresos infe-
riores, en cuya cesta de la compra típica tienen mayor peso relativo los productos respecto
de los que se propone incrementar el tipo (pan, leche, huevos, etc.). Poco se sugiere en
relación con los productos de lujo y algunos servicios que predominan en las cestas de la
compra típicas de los segmentos de población con mayores ingresos y riqueza.

Otras propuestas de reforma fueron:

– Suprimir el impuesto sobre depósitos bancarios o, en todo caso, considerar indelegable


este impuesto a las Comunidades Autónomas (CCAA).
– Desplazar la carga de las cotizaciones sociales del empleador al empleado. Se sugiere
«aproximar el actual sistema de cotizaciones a un auténtico impuesto sobre las nóminas
salariales», para que quede «aún más de manifiesto su carácter de impuesto directo sobre
el trabajo».21 Es significativo que respecto a este presupuesto de hecho sean partidarios
de reforzar su carácter directo cuando en líneas generales proponen «desplazar la carga
tributaria desde la imposición directa hacia la indirecta».22
21 Informe de la Comisión de expertos, op. cit, 2014, p. 14.
22 Ibidem, p. 3.

Panorama 133
Panorama

En nuestra opinión, la mayoría de las propuestas favorecen un menor gravamen sobre


las rentas de capital que, como vimos, predominan en los ingresos de los que más ganan y
una menor carga fiscal sobre los activos típicos de los patrimonios más grandes.
Consideramos que su posible aplicación conllevaría una reducción de la progresividad del
sistema tributario tomado en su conjunto.

Modificaciones tributarias finalmente implementadas


La reforma fiscal que finalmente se ha llevado a cabo mediante la aprobación de diversas y
sucesivas normas,23 aunque no implementa la totalidad de propuestas realizadas por la
Comisión de expertos, sí que sigue la tendencia anticipada por su Informe respecto al des-
plazamiento de las cargas de los impuestos directos a los indirectos y a la introducción de
mayores incentivos al ahorro en relación con el consumo. Algunos ejemplos significativos de
medidas que se han implantado son los siguientes:

Respecto del IRPF:

– Se aumenta levemente el mínimo personal situándose en 5.500 euros anuales (anterior-


mente estaba en 5.151 euros), 6.150 euros para mayores de 65 años y 7.550 euros para
mayores de 75 años.24
– En lo que respecta a las rentas de la base general, aplicadas principalmente a las rentas
del trabajo, se produce una reducción en el número de tramos: pasando de 7 a 5. Esta
modificación se ve acompañada por una reducción de los tipos marginales aplicables a
cada tramo de la base imponible respecto a los existentes previamente, consecuencia del
gravamen complementario temporal establecido como una de las primeras medidas del
actual Gobierno.25 Sin embargo, por lo general, serán las rentas más bajas y las más altas
las que se vean más favorecidas por esta reforma.26
– Respecto a las indemnizaciones por despido, después de varias modificaciones, se esta-
blece una exención con el límite de 180.000 euros.27

23 Principalmente a través de la Ley 18/2014 del 15 de octubre, la Ley 26/2014 del 27 de noviembre, la Ley 27/2014 del 27 de
noviembre y la Ley 28/2014, del 27 de noviembre.
24 Artículo 57 de la Ley 35/2006, del 28 de noviembre, del IRPF de 2006 modificado por el artículo 1.33 de la Ley 26/2014, del
27 de noviembre (RCL\2014\1580).
25 Real Decreto-ley 20/2011, del 30 de diciembre, de Medidas urgentes en materia presupuestaria, tributaria y financiera para
la corrección del déficit público.
26 El tramo de rentas medias con bases imponibles entre 18.000,00 y 20.000,00 euros, por ejemplo, (es decir, el inmediata-
mente superior al más bajo de la escala) es el que menos se beneficia de la reforma de los tipos impositivos ya que la reduc-
ción de tipos es sólo de tres puntos si tomamos como referencia el recargo antes indicado.
27 Artículo 7 de la Ley 35/2006, del 28 de noviembre, Ley del IRPF de 2006 modificada con entrada en vigor el día 29 noviem-
bre de 2014 por el artículo 1.1 de la Ley 26/2014, del 27 de noviembre.

134 de relaciones ecosociales y cambio global


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Reformas fiscales y pérdida de progresividad del sistema tributario

– En cuanto a las rentas del capital o del ahorro, mantiene la imposición dual frente a las de
la base general, integrada principalmente por las del trabajo. Además, los tipos que gra-
van el ahorro bajan en todos los tramos, situándose en una horquilla del 20 al 24% en
2015 y del 19 al 23% en 2016.
– Se elimina la deducción estatal en el IRPF a los inquilinos por el alquiler de la vivienda
habitual. Hasta ahora, esta deducción se la podían aplicar los contribuyentes con rentas
inferiores a 24.107 euros.28
– Se produce una supresión de la exención por dividendos por los primeros 1.500 euros. Por
lo que a partir de ahora se tributará desde el primer euro.29
– Se elimina la distinción que existía entre las plusvalías realizadas en menos de un año y
las realizadas a más largo plazo, igualando los tipos a la baja. Así las plusvalías a corto
plazo dejarán de tributar al tipo marginal, es decir, al tipo más alto que pagaba el contri-
buyente, y pasan a hacerlo a los tipos del ahorro,30 significativamente inferiores.
– Se declaran exentos los rendimientos de cuentas bancarias, seguros de vida y planes de
ahorro sistemático mantenidos durante un mínimo de cinco años, con el límite de 5.000
euros anuales para la aportación de la que proceden.31
– Además, se establece una exención para las plusvalías generadas por mayores de 65
años si se transforman en renta vitalicia.32 Esta medida supone un incentivo al refuerzo de
los balances de las entidades financieras. Además, introduce una asimetría fiscal al no
limitar las rentas vitalicias, ni el tope exento de tributación, puesto que nos podemos
encontrar con una persona que venda acciones obteniendo millones de euros de plusva-
lías y al tener 65 años o más, no tenga que tributar por un solo euro.33
– Se aumentan las cuantías deducibles de la cuota íntegra correspondientes al conjunto de
donaciones y aportaciones con derecho a deducción.34
– Se elimina la aplicación de los coeficientes de abatimiento35 a las ganancias patrimonia-
les por transmisión de inmuebles y otros bienes cuando la suma alcance 400.000 euros
28 Disposición Transitoria Decimoquinta. Ley 35/2006, del 28 de noviembre, Ley del IRPF de 2006 modificada por el artículo
1.89 de la Ley 26/2014, del 27 de noviembre.
29 Ex Art. 7. Y) Suprimido por Letra y) suprimido por artículo 1.4 de Ley 26/2014, del 27 de noviembre.
30 Artículo 46 de la Ley 35/2006, del 28 de noviembre, Ley del IRPF de 2006 modificado por el artículo 1.27 de la Ley 26/2014,
del 27 de noviembre.
31 Disposición Transitoria Trigésima Primera Ley 35/2006, del 28 de noviembre, Ley del IRPF de 2006. Añadida por el artícu-
lo 1.97 de la Ley 26/2014, del 27 de noviembre.
32 Artículo 38 de la Ley 35/2006, del 28 de noviembre, Ley del IRPF de 2006. Modificado rúbrica por el artículo 1.24 de la Ley
26/2014, del 27 de noviembre.
33 Estos y otros aspectos críticos de esta medida pueden encontrarse en [Link]
los-beneficios-de-activos-en-renta-para-mayores-de-65-anos-medida-polemica Acceso el 8 de junio de 2015.
34 Se ha establecido un tipo de deducción en el IRPF del 75% para los primeros 150 euros y del 30 % para el resto, con el
límite de la base liquidable del período impositivo, artículo 19 de la LEY 49/2002, del 23 de diciembre, de Régimen fiscal de
las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al mecenazgo (BOE del 24 de diciembre), modificado con efec-
tos desde 1 enero 2015 por disp. final 5.1.1 de Ley núm. 27/2014, del 27 de noviembre.
35 Los coeficientes de abatimiento aparecen en la disposición transitoria novena de la Ley del IRPF de 2007 (Ley 35/2006, del
28 de noviembre) y de la modificación parcial de las leyes de IS, IRNR e IP, modificada por el Art. 1.16 de Ley núm. 26/2014,

Panorama 135
Panorama

para cada contribuyente. Se aplica no al valor de transmisión de cada elemento patri-


monial de forma individual, sino al conjunto de los valores de transmisión de todos los ele-
mentos patrimoniales a los que hayan resultado de aplicación los coeficientes de abati-
miento desde 1 de enero de 2015 hasta el momento de la imputación temporal de la
ganancia patrimonial. Es decir, se trata de un límite conjunto con independencia de que la
venta de cada uno de ellos se produzca en distintos momentos.
– Respecto de las rentas de las actividades profesionales, con carácter general, las reten-
ciones pasan del 21 al 19% en 2015, y al 18% en 2016.36 Se mantiene el tipo de grava-
men reducido del 15% para empresas de nueva creación.

Expuesto lo anterior, se observa que, pese a que se han reducido los tipos para prácti-
camente todos los tramos, el tipo de modificaciones en algunas deducciones y la introduc-
ción de otras perjudica principalmente a las personas de clase media y baja (como la deduc-
ción de los gastos alquiler de la vivienda principal) y pequeños ahorradores (supresión de
la exención de dividendos para los primeros 1.500 euros), mientras que benefician espe-
cialmente a las personas con ingresos más altos (como la reducción del tipo a las plusvalí-
as a corto plazo igualándolas con las obtenidas a largo plazo), principalmente a aquellas
procedentes de los rendimientos del capital. Además, se mantiene el trato discriminatorio de
la base general (constituida esencialmente) por las rentas del trabajo respecto de las rentas
del ahorro, con el mantenimiento de la dualidad de bases imponibles que se estableció
durante el primer gobierno de Aznar.37 Con la actual reforma las plusvalías conseguidas en
menos de un año vuelven a incluirse en este tipo de rentas privilegiadas.

Respecto al ISD, que recordemos está cedido a las CCAA, se ha modificado de forma
que se elimina la discriminación entre residentes y no residentes.38 Hasta la citada modifi-
cación, a las sucesiones o donaciones de carácter internacional se les aplicaba la normati-
va estatal, no pudiendo acogerse a los diversos beneficios fiscales que establecen las nor-
mativas de muchas CCAA.

Cambios significativos también se han producido en el IS pues se rebaja para las gran-
des empresas los tipos del 30 al 28% en 2015 y al 25% en 2016. Quedando, por tanto, igua-
ladas a los tipos de las pequeñas y medianas empresas (pymes). Se prevé una excepción
para las entidades de crédito que seguirán tributando al 30% sobre sus beneficios. Sin

del 27 de noviembre. Dichos coeficientes de abatimiento permitían aplicar una reducción a las ganancias patrimoniales deri-
vadas de la venta de elementos patrimoniales no afectos a actividades económicas adquiridos con anterioridad al 31 de
diciembre de 1994
36 Art. 27 Ley 35/2006, de 28 de noviembre. Ley del IRPF de 2006.
37 Mediante el RDL núm. 7/1996, del 7 de junio sobre Medidas urgentes de carácter fiscal y de fomento y liberalización de la
actividad económica.
38 Como consecuencia de la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE del 3 de septiembre de 2014 respecto de la tributa-
ción en España por el ISD.

136 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 125-140
Reformas fiscales y pérdida de progresividad del sistema tributario

embargo, esto que aparentemente puede parecer un trato discriminatorio para las financie-
ras no es sino todo lo contrario, puesto que el hecho de seguir tributando al 30% les permi-
te seguir contabilizando los créditos fiscales con el tipo del 30% en lugar de hacerlo con los
nuevos tipos más bajos.

Entre otras modificaciones realizadas en este impuesto se puede destacar el incremen-


to de los porcentajes deducibles cuando se hayan realizado donativos, donaciones o apor-
taciones a favor de una misma entidad cuando se hubieran realizado también en los dos
periodos impositivos anteriores.39

En cuanto al IP, que es otro tributo cedido a las CCAA, la Ley 36/2014, del 26 de diciem-
bre, de Presupuestos Generales del Estado para el año 2015 prevé su supresión de facto a
partir de 2016, puesto que se ha establecido una bonificación del 100%.

En el IVA, los cambios más importantes40 se han hecho en cumplimiento de Sentencia del
Tribunal de Justicia de la UE del 17 de enero de 2013, por la cual se ha modificado la tributa-
ción de algunos productos sanitarios, produciéndose un cambio en la consideración de algu-
nos productos que pasan de tributar de un tipo del 10 al 21%41 y de otros que lo hacen de un
4 a un 21%.42 También se incluyen algunos productos en el tipo reducido.43 Sin embargo, lo
más significativo no son las modificaciones introducidas, sino que no se reviertan las subidas
de tipos que se produjeron en los últimos años44 como sí ha pasado con otros impuestos como
el IRPF. Esto, presumiblemente, producirá un aumento del peso del IVA (que recordemos es
un impuesto indirecto) respecto de otros impuestos directos (como por ejemplo el IRPF, el IS
o el IP), repercutiendo de forma negativa sobre la progresividad del sistema.

Se introducen nuevos incentivos fiscales a actividades industriales, con una exención


parcial (85%) del impuesto de electricidad a todos los procesos en los que el coste de la
electricidad supere el 50% del coste de producción del producto.45
39 Artículo 20 de la Ley 49/2002, del 23 de diciembre, del Régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incenti-
vos fiscales al mecenazgo (BOE de 24 de diciembre). Añadido con efecto para los períodos impositivos que se inicien a par-
tir de 1 enero 2015 por disp. final 5.2 de Ley núm. 27/2014, del 27 de noviembre.
40 Modificados por la Ley núm. 28/2014, de 27 de noviembre.
41 Equipos médicos, aparatos, productos sanitarios y demás instrumental de uso médico y hospitalario, así como aquellos de
uso veterinario.
42 Las sustancias medicinales y los principios activos de los medicamentos para uso humano, así como los productos inter-
medios para la fabricación de dichos medicamentos.
43 A los productos detallados en el citado nuevo apartado octavo del anexo de la Ley, entre los que se encuentran: las gafas
y lentes de contacto graduadas, órtesis, prótesis y ortoprótesis (salvo para personas con discapacidad, que tributan al 4%),
sillas, muletas y dispositivos para tratamientos de diálisis y respiratorios.
44 En los últimos años el tipo reducido pasó del 7 al 8% y de este al 10%. La misma reducción ha experimentado el tipo nor-
mal, después de haber pasado del 16 al 18% y de este al 21% actual.
45 Artículo 98 de la Ley 38/1992, del 28 de diciembre, de impuestos especiales. Añadido por artículo 3.8 de la Ley núm.
28/2014, del 27 de noviembre.

Panorama 137
Panorama

Respecto al IDEC, se ha modificado el tipo de gravamen, pasando este del 0 al 0,03%.46


Recordemos que, en nuestra opinión, el establecimiento de este tributo estatal al tipo del 0%
sólo podía calificarse como un fraude de ley, articulado para evitar que los bancos tuvieran
que pagar este simbólico tributo a las CCAA que ya lo habían establecido (Andalucía,
Extremadura o Canarias), las que lo establecieron más tarde (Cataluña47 y Asturias) y las
que, previsiblemente pudieran hacerlo en el futuro.48 En nuestra opinión, aunque el Tribunal
Constitucional ha avalado su implantación estatal,49 el tipo del 0,03% no hace sino camuflar
la estrategia tendente a evitar que las entidades financieras tuvieran que sufragar los corres-
pondientes tributos autonómicos, al implementarse un tipo 10 veces inferior al mínimo esta-
blecido por éstas. Es sintomático que la Asociación de Banca Española, que inicialmente se
oponía al establecimiento de este tributo, haya acogido con satisfacción el tipo estatal final-
mente aprobado, “como alternativa viable” a los tipos nominales de las CCAA.50

El hecho de que se incentive el ahorro en momentos en los que la economía no presenta


tasas de crecimiento sólidas y existen elevadas tasas de desigualad no tiene demasiada
lógica a no ser que lo que se pretenda sea favorecer a las clases más altas. Como argu-
menta Martín Seco, «en primer lugar, porque con la libre circulación de capitales no hay nin-
guna garantía de que el ahorro permanezca en el propio país. […] En segundo lugar, no hay
ninguna garantía de que el ahorro se transforme en inversión. Los empresarios no estarán
dispuestos a invertir en ausencia de demanda, por lo que habrá que incentivar prioritaria-
mente será el consumo».51

Pese a todas las modificaciones que hemos comentado y a los previsibles efectos adver-
sos que tendrán sobre la progresividad del sistema tributario, parece que para instituciones
46 Artículo 19, apartado 8 de la Ley 16/2012, del 27 de diciembre, por la que se adoptan diversas medidas tributarias dirigidas
a la consolidación de las finanzas públicas y al impulso de la actividad económica. Modificado por la Ley 18/2014, del 15 de
octubre.
47 La sentencia del TC de 28 de mayo de 2015 ha estimado dos recursos de inconstitucionalidad formulados por el Gobierno
contra el Decreto-Ley de Cataluña 5/2012, del 18 de diciembre, y contra la Ley del Parlamento de Cataluña 4/2014, del 4
de abril, relativos ambos al IDEC.
48 M. A. Luque Mateo y V. L. Luque de Haro, «El PP establece impuestos a tipo 0 para las entidades de crédito y los grandes
patrimonios», Rebelión, 19 de marzo de 2013, disponible en [Link] y R. Falcón Y
Tella, «El Impuesto sobre los Depósitos de las Entidades de Crédito: sobre la necesidad de un nuevo modelo para articular
la potestad tributaria estatal y autonómica», Quincena Fiscal, núm. 1, 2013, pp. 11-20.
49 La Sentencia del TC de 26 de mayo de 2015 ha desestimado el recurso de inconstitucionalidad 275-2015 interpuesto por el
Gobierno del Principado de Asturias contra el art. 124 de la Ley 18/2014, concluyendo que el IDEC no vulnera la compe-
tencia para crear impuestos ni la autonomía financiera de las CCAA.
50 «La única razón que justifica este impuesto estatal moderado y alejado de los tipos nominales de las CCAA, es crear una
alternativa jurídica viable que no existía y así evitar la proliferación de cargas autonómicas que impiden el adecuado fun-
cionamiento del sistema financiero y de la economía en general», apuntó la Asociación Española de Banca (AEB). Recogido
en J. S. González, «Montoro prevé ingresar 375 millones por el impuesto sobre depósitos bancarios», El País [edición digi-
tal], 4 de julio de 2014, disponible en:
[Link]
51 J. F. Martín Seco, «Las Mentiras de la Reforma Fiscal», El confidencial, 6 de octubre del 2014, disponible en:
[Link]

138 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 125-140
Reformas fiscales y pérdida de progresividad del sistema tributario

como el Fondo Monetario Internacional (FMI) no es suficiente. En su último informe,52 donde


presenta las conclusiones preliminares de la revisión anual de la economía española, reco-
mienda aumentar los impuestos especiales y los ambientales, a la vez que sugiere reducir
el tratamiento preferencial de algunos bienes en el IVA. De forma paralela se propone a nivel
regional la disminución de los gastos en las partidas de sanidad y educación y la introduc-
ción del copago por estos servicios.

Conclusiones
Por regla general, a medida que los individuos tienen más ingresos, existe un mayor peso
de las rentas procedentes del capital o el ahorro, en detrimento de las que provienen del tra-
bajo. Y por el contrario, en aquellos individuos con menores ingresos el porcentaje de ren-
tas procedentes del trabajo es superior. Algo parecido ocurre con los patrimonios: en la com-
posición de la riqueza de aquellos individuos más ricos existe, de media, un mayor peso de
los activos financieros respecto de los inmobiliarios mientras que, a nivel general, predomi-
nan los activos inmobiliarios.

Por la razón anterior, no solo la existencia de tipos progresivos en cada impuesto deter-
minará la mayor o menor progresividad del sistema sino que también, el hecho de que los
tributos y las bonificaciones y exenciones se concentren en un tipo de rentas o de activos
será determinante en el reparto de la carga entre los distintos ciudadanos.

El conjunto de propuestas elaboradas por la Comisión de expertos para la reforma del


sistema tributario español suponían en la práctica un trato más favorable sobre los ingresos
del capital, concentrándose las cargas sobre los ingresos del trabajo. También implicaban
una reducción de las cargas por la titularidad de los patrimonios, favoreciendo especial-
mente a los activos financieros. Además se planteaba aumentar el peso de los impuestos
indirectos respecto de los directos.

Esta línea es la que ha seguido la reforma impositiva de Montoro disminuyendo los tipos
impositivos del IRPF de la base general y también las de la base del ahorro pero realizan-
do modificaciones en algunas deducciones e introduciendo otras que benefician principal-
mente a aquellos que concentran sus rentas en las del capital. Por otra parte, también prevé
supresión de facto del IP para el año 2016, mediante la aplicación de una bonificación del
100%. De esta forma, se ha reducido el peso de los impuestos directos y se han manteni-
do los tipos que se habían elevado en los años anteriores respecto del IVA.

52 FMI, España: Declaración Final de la Misión De la Consulta del Artículo IV de 2015, FMI, 8 de Junio de 2015. Disponible
en: [Link] Acceso el 9 de junio de 2015.

Panorama 139
Panorama

En otro orden de cosas, el hecho de que aumenten las deducciones, tanto en el IS, en
el IRPF e incluso en el IRNR con motivo de donaciones, además de una merma en los ingre-
sos públicos supone una limitación en el mecanismo democrático de elección del destino de
los gastos públicos. Con este tipo de bonificaciones, se fomenta que sean los individuos, en
función de su riqueza, los que decidan los fines a los que destinar sus donaciones, con efec-
tos deducibles. Por otra parte, este tipo de beneficios fiscales podrían estar promoviendo la
beneficencia o el asistencialismo, en lugar del ejercicio de los derechos y la consecución de
la igualdad real, que se promueve, o debe promoverse, mediante el gasto público. De optar
por el mantenimiento de las deducciones a las donaciones, se podría implementar el requi-
sito de su incorporación a un fondo único, cuyo destino fuera decidido por la Administración
Pública o por los ciudadanos en general, mediante presupuestos participativos sin influen-
cia del tipo de renta.

Lo expuesto anteriormente representa un claro ejemplo de la política fiscal que se viene


articulando en España desde hace años y que, precisamente, no se caracteriza por hacer
tributar más y en mayor proporción a las personas y operadores económicos que ostentan
mayor capacidad económica, como requiere el artículo 31.1 de la CE. Antes al contrario,
salvo algunas excepciones, se podría decir que, en los últimos años ha ido disminuyendo la
carga impositiva al capital, las fortunas familiares, el sistema financiero y las grandes cor-
poraciones, mientras que se ha mantenido o aumentando a las rentas del trabajo y a la ciu-
dadanía en general. En nuestra opinión, si no existe voluntad para adecuar la política tribu-
taria a las exigencias constitucionales, debería exigirse, al menos, por razones de honesti-
dad con la población, una modificación del citado precepto constitucional en los siguientes
términos, para adaptarlo a la verdadera realidad:

«Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos mediante un sistema tributario basa-
do preferentemente en los impuestos indirectos y en las tasas. Se regirá por el principio de
fomento de competitividad fiscal a la baja, para atraer a España empresas y capitales, benefi-
ciando las inversiones, los productos y las instituciones financieras y los mercados. Sólo se ten-
drán en cuenta los principios de capacidad económica y progresividad en la tributación de las ren-
tas del trabajo en el IRPF. Además, la comprobación e investigación desarrollada en la aplicación
de este sistema se centrará en los contribuyentes personas físicas y en las pequeñas y media-
nas empresas, en lugar de en las entidades financieras, las grandes corporaciones y las rele-
vantes fortunas, para evitar la deslocalización empresarial y la huida de capitales».

140 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 125-140
Periscopio

Un mundo nuevo en el corazón de las ciudades.


Iniciativas comunitarias que anticipan nuevas
formas de habitar lo urbano 143
José Luis Fernández Casadevante

141
JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ CASADEVANTE

Un mundo nuevo en el corazón de


las ciudades. Iniciativas
comunitarias que anticipan nuevas
formas de habitar lo urbano
«El futuro es una infinita sucesión de presentes, y vivir ahora como pensamos que
los seres humanos deben vivir, desafiando el mal que nos rodea, es en sí una
maravillosa victoria»
H. Zinn

«Plantearse el problema de una nueva sociedad equivale a plantearse el proble-


ma de una creación cultural extraordinaria. La pregunta que yo os hago es si tene-
mos ante nosotros algún signo precursor y premonitorio de esa creación cultural»
C. Castoriadis

Profundas movilizaciones sociales manifestaron el descontento y la indigna-


ción de la ciudadanía ante un escenario marcado por una aguda crisis socioe-
conómica.

Las acampadas del 15M anticiparon nuevas formas de concebir el espacio


público que desbordaron las plazas y calles, resignificando viejas prácticas e
impulsando otras nuevas. Durante los últimos años han germinado iniciativas
que simultáneamente satisfacen necesidades de los grupos sociales más vul-
nerables y esbozan nuevos modelos de pensar y habitar la ciudad: centros
sociales autogestionados, PAH, despensas comunitarias, huertos urbanos,
grupos de acompañamiento sanitario a personas migrantes...

E l derrumbe financiero iniciado en 2008 ha supuesto el final del espejismo


de un modelo de crecimiento económico progresivamente desvinculado de la
José Luis Fernández
Casadevante
es miembro de S.
satisfacción de las necesidades sociales, que en el Estado español se ha
Coop. Mad. Garúa
particularizado por un modelo de ordenación del territorio subordinado a la
especulación y a la acumulación de riqueza. Las ciudades han concentrado
los dramáticos impactos socioeconómicos (endeudamiento familiar, desahu-

de relaciones ecosociales y cambio global 143


Nº 130 2015, pp. 143-152
Periscopio

cios, elevadas tasas de desempleo, pobreza energética, deterioro y privatización de servi-


cios públicos, etc.), dando lugar a una pérdida de cohesión social agudizada por las políti-
cas del urbanismo de la austeridad: la falta de inversión pública y la responsabilización de
las comunidades locales en el mantenimiento de sus barrios frente a la responsabilidad del
gobierno local, la mercantilización del espacio, equipamientos y servicios públicos, la gen-
trificación de los barrios populares, el abandono de las periferias y la entrega a los gran-
des inversores económicos del protagonismo a la hora de definir las estrategias de trans-
formación de la ciudad.

El 15M, las plazas y el urbanismo de la austeridad


La palabra crisis etimológicamente nos remite a la medicina griega, y hace referencia al
momento decisivo en el que un enfermo salvaba la vida o moría. El ideograma chino para
crisis se realiza pintando dos caracteres, amenaza y oportunidad. Metáforas de cómo las
macropolíticas puestas en marcha durante estos largos años de crisis han terminado por
generar sus propios anticuerpos y provocar el despliegue de múltiples proyectos alternati-
vos. La narrativa oficial de la crisis comienza a ser cuestionada en la esfera pública de la
mano del 15M, inaugurando el ciclo de acción colectiva más intenso de nuestra historia
reciente. Una protesta cuya radicalidad ha consistido en resignificar la noción de democra-
cia, autoconvocando a la sociedad para reinventar lo común, reconocerse en el espacio
público, recuperar la sociabilidad perdida y desobedecer el mandato de disolverse en la
resignación individualista.

La imagen icónica de estas revueltas son las acampadas en la Puerta del Sol y Plaza
Catalunya, pues entre las tiendas de campaña y bajo los toldos de lona se configuraron
microciudades a escala en el corazón de la gran ciudad, una suerte de anteproyectos de
otras ciudades posibles. Como si de un relato de Italo Calvino se tratara, frágiles arquitec-
turas colectivas se levantaron con materiales reciclados, dando lugar a un improvisado urba-
nismo de la amabilidad y el cuidado, reservando espacios para zonas infantiles, bibliotecas,
ordenadores, comedores, placas solares y huertos. Estas acampadas y asambleas en las
que convivieron miles de personas, más que nuevas organizaciones políticas, generaron
nuevas formas de relación y una nueva atmósfera más proclive al cambio social.

Las acampadas fueron una metáfora de otra forma de concebir y habitar la ciudad que
se desplegaría por todo el territorio, resignificando viejas prácticas e impulsando otras nue-
vas. Entre las diversas y heterogéneas dinámicas que fueron surgiendo nos vamos a cen-
trar en aquellas que han supuesto mecanismos de autodefensa social, que simultáneamen-
te están ayudando a satisfacer necesidades básicas y recuperar los maltrechos lazos socia-
les de los entornos urbanos.

144 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 143-152
Un mundo nuevo en el corazón de las ciudades

Luchas contra los desahucios y por la recuperación de viviendas llevadas a cabo por la
Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), despensas comunitarias para familias en
situación de vulnerabilidad, redes de solidaridad vecinal contra la exclusión sanitaria de las
personas inmigrantes, recuperación de edificios para construir centros sociales o solares
donde cultivar huertos comunitarios. Un diverso ecosistema de iniciativas impulsadas por
entidades vecinales, asambleas barriales, plataformas ciudadanas o partidos políticos como
Izquierda Unida, promotor de la Red de Solidaridad Popular (RSP) que tiene mucha pre-
sencia en ciudades medianas y pequeñas. Respuestas que han sido activamente ignoradas
e infravaloradas desde las grandes instituciones, pero que desde la penumbra están cons-
truyendo cimientos y raíces para modelos de ciudad alternativos.

Un archipiélago de resistencias urbanas


Los esclavos fugados en Brasil fundaban ciudades en medio de la selva que en portugués eran
conocidos como quilombos, en nuestras junglas de asfalto también existe un amplio abanico de
espacios orientados simultáneamente a resistir la opresión desde la cotidianeidad y a apuntar
nuevas formas de construir la ciudad. Alternativas que satisfacen necesidades para colectivos
sociales en situaciones de emergencia y prácticas que esbozan nuevos modelos de sociedad.

Las acampadas fueron una metáfora de otra forma de concebir y


habitar la ciudad que se desplegaría por todo el territorio, resignificando
viejas prácticas e impulsando otras nuevas

Iniciativas capaces de construir situaciones que transformen a través de la experiencia


la vida de las personas y que simultáneamente promuevan cambios radicales a pequeña
escala. Igual que las utopías reales investigadas en medio mundo por Erik Olin Wright,1
donde lo pragmáticamente posible no es independiente de nuestra imaginación, sino que,
al contrario, toma forma a partir de nuestras visiones sobre la realidad y nuestras formas de
habitarla de forma diferente.

Centros sociales: recuperar espacios para la convivencia, la organización y


la solidaridad

El movimiento okupa lleva décadas apropiándose de edificios abandonados y reconvirtiéndo-


los en espacios culturales y de socialización alternativos. Los centros sociales han sido acu-
1 E. Olin Wright, Contruyendo utopías reales, Akal, Madrid, 2014.

Periscopio 145
Periscopio

muladores y cajas de resonancia de las distintas protestas juveniles, dinamos con capacidad
de provocar sinergias entre distintos colectivos e iniciativas. Las subculturas juveniles ligadas
a estos espacios han ido viviendo un progresivo proceso de apertura e inclusión, que les ha
llevado durante los últimos años a romper determinadas lógicas de autorreferencialidad.

Los centros sociales han pasado de ser refugio para subculturas resistentes
a residencia permanente de una creativa ciudadanía autoorganizada

El 15M ha supuesto tanto el refuerzo para muchos de estos proyectos preexistentes,


como el impulso para una nueva oleada de ocupaciones de edificios destinados a construir
centros sociales. Lugares donde continuar los encuentros que se habían producido en las
plazas, espacios encargados de acoger la multitud de proyectos que una ciudadanía recién
activada tenía ganas de desarrollar. Son estos unos centros sociales más plurales e inclu-
sivos, apegados a problemáticas locales y heterogéneas redes asociativas, que han sido
capaces de construir amplios consensos y fuertes apoyos ciudadanos, gracias a los cuales
han logrado su continuidad o han forzado procesos de regularización.

Entre las decenas de nuevas ocupaciones surgidas tras el 15M y de procesos preexis-
tentes que se han visto fortalecidos de forma significativa podríamos destacar algunas. En
Madrid la cesión de una planta de un centro cultural municipal al centro social Seco tras 22
años de historia, la ocupación de un antiguo mercado en San Blas que desemboca en la
rehabilitación y cesión del espacio al movimiento vecinal constituyéndose el Espacio
Vecinal Montamarta, la ocupación del Eko en Carabanchel o la continuidad de espacios
como el Patio Maravillas. En Barcelona destacan la presión vecinal que logra la cesión de
las naves industriales de Can Batlló en el barrio de Sants para un centro social y otros equi-
pamientos autogestionados (biblioteca, escuela, parque, huerto, vivero de cooperativas,
etc.) o especialmente el episodio de lucha vecinal que logra paralizar el intento de desalo-
jo de Can Vies y promueve la reconstrucción colectiva del espacio. En Sevilla se consoli-
da y fortalece el apoyo a la Casa del Pumarejo que lleva años combinando la lucha por la
conservación del patrimonio histórico de esta antigua casa palacio con la puesta en mar-
cha de un activo centro social. En Córdoba, la ocupación de un antiguo colegio da lugar al
centro social Rey Heredia, que con un amplio apoyo vecinal, se han desarrollado activida-
des socioculturales y disponen de un comedor popular donde diariamente comían más de
80 personas, hasta que les cortaron el agua. Han resistido la ofensiva municipal, se ha
paralizado su desalojo en los juzgados y están a punto de lograr una cesión de uso. La ocu-
pación de otro instituto abandonado en Zaragoza ha permitido constituir el Centro
Sociocultural Luis Buñuel que, con unas dinámicas similares, también anda reivindicando
la cesión municipal del espacio.

146 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 143-152
Un mundo nuevo en el corazón de las ciudades

Lugares que se han integrado en la vida de los barrios y de la ciudad, sirviendo como
espacios de organización para las dinámicas comunitarias y de solidaridad activa con las
personas más golpeadas por la crisis. Medios de comunicación, locales de reunión para
afectados por desahucios, despensas comunitarias, iniciativas de economía solidaria,
comedores populares, grupos de apoyo al estudio o de trabajo con jóvenes, proyectos cul-
turales, etc. Los centros sociales han pasado de ser refugio para subculturas resistentes a
residencia permanente de una creativa ciudadanía autoorganizada.

Lucha contra los desahucios: ni casas sin gente, ni gentes sin casa
Uno de los principales dramas que ha traído esta crisis es la pérdida de la vivienda habitual
para decenas de miles de personas, víctimas de una despiadada legislación hipotecaria. La
estafa inmobiliaria ha desatado uno de los movimientos más novedosos e interesantes de las
últimas décadas, la PAH. Esta plataforma es un espacio de encuentro para la solidaridad acti-
va y el protagonismo de las personas afectadas que, con el apoyo del 15M y las entidades
sociales y vecinales, ha movilizado a la sociedad para tratar de impedir los desahucios.

La PAH combina desobediencia civil, mediación jurídica, formación, dinámicas de cui-


dado y apoyo mutuo, movilizaciones, iniciativas legislativas populares, etc., un conjunto de
prácticas que han permitido convencer a la opinión pública y mantener la lucha por el dere-
cho a la vivienda en la agenda política. Además de evitar 1.663 desahucios, en muchas ciu-
dades se ha procedido a organizar la ocupación por parte de las familias desahuciadas de
edificios vacíos en manos de los bancos. La llamada Obra Social de la PAH es una herra-
mienta de presión que permite satisfacer necesidades de alojamiento inmediatas, a la vez
que ofrecer un lugar desde el que reclamar y negociar con los bancos la concesión de alqui-
leres sociales. Durante estos años 2.500 personas han sido realojadas en este tipo de
inmuebles que se reparten por toda nuestra geografía.2

La PAH ha generado un amplísimo consenso social en torno a sus demandas y movili-


zaciones, siendo uno de los principales motores de la movilización social durante estos
años. La lucha cotidiana contra la emergencia habitacional ha mostrado que las prioridades
de las leyes del suelo, de la regulación del mercado inmobiliario y de las políticas de vivien-
da nunca fueron garantizar el alojamiento de la población.

Despensas comunitarias: alimentar la solidaridad

Ante el proceso de empobrecimiento que se ha vivido en nuestras ciudades se han gene-


ralizado muchos mecanismos de solidaridad vecinal orientados a conseguir que la gente
2 Los datos se han obtenido de la web de la PAH: [Link] Acceso el 22 de mayo de 2015.

Periscopio 147
Periscopio

cubra necesidades básicas. Trueques y donativos de material escolar, colectas de juguetes


para los Reyes Magos durante la Navidad, roperos solidarios, etc., y de forma más conti-
nuada las despensas comunitarias.

La gestión política de la crisis ha privatizado e invisibilizado los riesgos y dramas que se


están produciendo en los hogares, frente a lo que centenares de iniciativas por toda nuestra
geografía se han encargado de ir organizando todo este malestar y todas estas necesidades
en el espacio público. Movimientos vecinales y entidades como la RSP llevan años apoyan-
do procesos comunitarios por los que las familias afectadas se organizan para recoger ali-
mentos semanalmente o quincenalmente en supermercados o comercios, transportarlos y
repartirlos. En alguno de los casos más asentados se está colaborando con redes de comer-
cios locales y mercados de abastos que participan con el suministro de alimentos frescos.

En la Comunidad de Madrid se estima que de las 106.000 personas que dependen de los
bancos de alimentos para alimentarse, en torno a 4.000 de ellas lo hacen en estas despensas
comunitarias, como muestra la Carta contra el hambre.3 En Barcelona se ha publicado un inte-
resante informe titulado Queremos el pan entero,4 presupongo que porque ha pasado el tiem-
po de conformarse con las migajas, donde se presenta un mapeo de iniciativas sociales, ade-
más de las despensas comunitarias, donde se trabaja la pobreza desde la óptica de la sobe-
ranía alimentaria: recuperación de los excedentes de comedores escolares para familias con
problemas, un comedor social aprovisionado por un proyecto de huertos sociales en Mollet del
Vallés, un restaurante donde clientes convencionales pagan sus menús pero donde personas
con dificultades trabajan un día a la semana y comen gratis toda la semana, etc.

Proyectos autoorganizados que implican a las personas afectadas como fórmula para
huir del asistencialismo: quien no colabora no recibe. Dinámicas que requieren de mucha
constancia y empatía para vencer las dificultades que tiene el trabajo con colectivos socia-
les en situación de vulnerabilidad. Nueva y vieja pobreza combatidas desde una solidaridad
de proximidad, cara a cara, capaz de romper el estigma y la culpabilización mediante la acti-
vación de redes sociales formales (asociaciones, comercios locales, plataformas, etc.) e
informales (vecinales, amistad, etc.).

Cuidar de los habitantes invisibles: Yo sí, sanidad universal

La reforma sanitaria impulsada por el Gobierno en 2012 niega la tarjeta sanitaria a las per-
sonas inmigrantes en situación irregular, por lo que quedan excluidas del sistema público de
3 Carta contra el hambre, disponible en: [Link]
20Conferencia%20contra%20el%[Link]
4 A. Pomar y G. Tendero, Ja volem el pa vencer. Aliança per la Sobirania Alimentaria de Catalunya (ASAC), Barcelona, 2015.

148 de relaciones ecosociales y cambio global


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Un mundo nuevo en el corazón de las ciudades

salud. Yo sí, sanidad universal es una red que nace como respuesta de profesionales y per-
sonas solidarias para denunciar las consecuencias de esta ley y especialmente para soste-
ner la campaña de desobediencia civil de profesionales y usuarias para mantener la aten-
ción sanitaria universal.

Ahora que las candidaturas ciudadanas han ganado alcaldías o se han


convertido en fuerzas relevantes en muchos ayuntamientos, entre sus
muchas tareas estará no dejar caer en el olvido estos proyectos

Además de la red de profesionales que se niega a cumplir la ley y sigue atendiendo a


los colectivos afectados, es destacable la fórmula de los grupos de acompañamiento, que
son colectivos de personas con y sin tarjeta sanitaria que se acompañan a los centros sani-
tarios de los distintos barrios para intentar garantizar la asistencia a todo el mundo, informar
a los profesionales y servir de enlace entre diferentes niveles de atención. Existen 47 gru-
pos en todo el Estado español, más de la mitad se encuentran en la Comunidad de Madrid,
una de las más beligerantes a la hora de hacer cumplir esta excluyente ley.

Acompañar al médico a personas desconocidas, aguantar las colas de espera en urgen-


cias, conseguir que les receten los medicamentos, volver a una revisión, etc., es una de las
movilizaciones de solidaridad más ejemplares que se están dando en nuestros barrios y ciu-
dades. Relaciones sociales que nos devuelven el optimismo, la fe en la gente y su capaci-
dad para enfrentar las injusticias con empatía y corrección, es decir, con urbanidad.

Huertos urbanos: alimentando otros modelos

Aunque había experiencias aisladas desde mediados de los años ochenta, el verdadero arrai-
go de la agricultura urbana se ha dado en los últimos años, adquiriendo especial presencia en
la esfera pública y en la agenda política tras el 15M. El auge de la agricultura en nuestras ciu-
dades es un símbolo incuestionable del cambio de ciclo económico, además de ser una de las
muchas formas en las que se está expresando la efervescencia social de los movimientos de
protesta y las iniciativas de autoorganización ciudadana. Las cifras son contundentes y mues-
tran cómo la agricultura urbana está dejando de ser algo testimonial: entre 2006 y 2014 el
número de ciudades o municipios que disponía de huertos urbanos ha pasado de 14 a 210, y
las zonas de huertos han ascendido de 21 a 400 durante el mismo periodo.5

5 G. Ballesteros, «Iniciativas de agricultura urbana y periurbana ecológica en España», ponencia Actas II Congreso Estatal de
Agricultura Urbana y Periurbana: Huertos Urbanos, autoconsumo y participación social, Sevilla, 2014.

Periscopio 149
Periscopio

La principal innovación son los huertos comunitarios que han surgido en las grandes ciu-
dades. Iniciativas nacidas de la recuperación por parte de la ciudadanía y los movimientos
sociales urbanos de solares abandonados o zonas verdes infrautilizadas, que se transfor-
man en espacios públicos destinados a la agricultura y la jardinería. Una herramienta de
apoyo comunitario que relaciona la calidad ambiental, el embellecimiento urbano, la cohe-
sión social y la educación. Las comunidades locales que dinamizan huertos comunitarios se
organizan para regenerar, a pequeña escala, espacios urbanos degradados conjugando una
modesta reconstrucción del lugar, que enfatiza el valor de uso del espacio urbano, con una
rehabilitación relacional que busca reestablecer la calidad de los espacios mediante la inten-
sificación de las relaciones sociales (celebrando fiestas populares, comidas, iniciativas cul-
turales o poniendo en marcha redes informales de apoyo mutuo).

Los huertos comunitarios se han ido organizando en diversas ciudades mediante la


puesta en marcha de redes locales que sirven para coordinar iniciativas (actividades forma-
tivas, acciones de denuncia, compras colectivas, intercambio de recursos y experiencias,
etc.), dotándoles de una visibilidad conjunta y facilitando la mediación con las instituciones
locales. Ejemplos de ello los encontramos en Madrid (con más de 40 huertos), Valladolid,
Málaga, Alicante, etc. Estas redes de huertos urbanos son más relevantes por la cantidad
de gente que ponen en contacto con la agricultura y sus problemáticas (funcionamiento del
sistema alimentario, dependencia y vulnerabilidad del abastecimiento urbano a medio plazo,
transgénicos, etc.), que por su capacidad actual para dar de comer.

También conviene destacar cómo en muchas ciudades medianas y pequeñas la puesta


en marcha de huertos sociales (parcelas individuales para personas o familias), destinados
a familias en paro, ofreciéndoles una forma de ahorrar recursos económicos mediante el
complemento de la cesta familiar a través de la autoproducción de verduras, han sido fruto
de la movilización social. Ente estas encontramos las ocupaciones de asambleas de para-
dos en el área metropolitana de Granada o Barcelona (Arbucies, Vilafranca, etc.) o los huer-
tos solidarios ligados a despensas comunitarias, como algunos de los huertos montados por
la RSP (Valencia, Paterna, San Pedro de Alcántara, Écija, Alcalá de Henares, etc.). Incluso
se ve cómo ante la agudización de la crisis se están desarrollado huertos urbanos por enti-
dades asistenciales como Cáritas (Almería, Vitoria-Gasteiz, Alicante, Castellón, Montblanc,
etc.) o Cruz Roja (Granada, Navarra, Zafra, Colmenar Viejo, etc.) para garantizar el acceso
a alimentos a la población en situaciones de vulnerabilidad y como mecanismo de inclusión
social y laboral.

Partiendo del impulso dado por los movimientos sociales para situar este tema en la
esfera pública, asistimos recientemente al arranque de una nueva generación de políticas
urbanas que han comenzado a innovar en la relación entre agricultura y ciudad: procesos
de regularización de huertos comunitarios, aumento de los huertos escolares y de ocio, ges-

150 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 143-152
Un mundo nuevo en el corazón de las ciudades

tión participativa de vacíos urbanos, parques agrarios periurbanos, diseño de estrategias ali-
mentarias locales, etc.

Heliopolitas, la ciudad del sol y las potencialidades del


urbanismo cooperativo
En el año 133 a.C. un grupo de esclavos se levantaron contra Roma bajo el nombre de
heliopolitas, ciudadanos de Helio, que era el dios de la justicia, del Sol que brilla para todos
por igual, el libertador de los esclavos en los ritos griegos.6 Una revuelta que se enfrentó con
éxito a las legiones romanas, provocando una oleada de rebeliones en el Mediterráneo.
Siglos después una de las primeras utopías modernas, escrita por el clérigo Tommaso
Campanella, se denominará La ciudad del sol. Un modelo urbano inspirado en el sistema
heliocéntrico de Copérnico que servía de contexto para un proyecto de sociedad proto-
comunista ideal, basada en la educación y la igualdad como pilares.

La rebeldía ciudadana de aquellos heliopolitas y los experimentalismos utópicos, de


Campanella y tantos otros, encuentran sus resonancias en la microciudad construida duran-
te la acampada del 15M en la Puerta del Sol. Metáforas solares para una insurrección cívi-
ca que ha dado lugar a una constelación de iniciativas comunitarias que han vivido en la
penumbra de las ciudades neoliberales. Ha llegado el momento de iluminar y poner en valor
estas prácticas capaces de tejer la solidaridad, construir convivencialidad y anticipar ele-
mentos que deben formar parte estratégica de cualquier proyecto de futuro para la ciudad.

Decía Hannah Arendt que la ciudad es una «memoria organizada», ahora que las can-
didaturas ciudadanas han ganado alcaldías o se han convertido en fuerzas relevantes en
muchos ayuntamientos, entre sus muchas tareas estará no dejar caer en el olvido estos pro-
yectos, pensando que son cosas del pasado o anomalías ligadas a una coyuntura excep-
cional. La memoria solo es útil si nos aleja de la nostalgia y nos proyecta hacia el futuro, el
municipalismo debe buscar la forma en que desde el plano institucional y las políticas públi-
cas se puedan prolongar, relanzar y fortalecer todas estas innovaciones sociales.

Esto que hace unos años parecía política ficción puede convertirse en una realidad, es
hora de poner en marcha la política fricción: el encuentro entre las lógicas institucionales y
las de los movimientos sociales. Si muchas de estas iniciativas han sido capaces de con-
solidarse enfrentándose a leyes y normativas, a obstáculos e inercias institucionales, ¿de
qué serán capaces con un mayor apoyo y reconocimiento?, ¿qué potencialidades y recur-
sos se han estado desperdiciando todo este tiempo?

6 L. A. Bredlow, «Las asambleístas», en VVAA, Días Rebeldes. Crónicas de insumisión, Octaedro, Barcelona, 2009, pp. 19-21.

Especial 151
Periscopio

Todas estas prácticas prefiguran un urbanismo cooperativo, muy intensivo en protago-


nismo ciudadano, capaz de desplegar otras formas de entender lo público y de gestionar lo
común. Una manera de hacer ciudad que promueva la corresponsabilidad y la participación
de las comunidades locales, que fomente el manejo de una pluralidad de saberes técnicos
y profanos, que asuma la diversidad de actores y la necesidad de gestionar los conflictos
de intereses de la forma más creativa posible.

En estos días, en el marco de una amplia plataforma vecinal madrileña que lucha por la
cesión de un antiguo mercado de frutas y verduras para construir un centro social autoges-
tionado,7 se inventaba la inspiradora idea de la compliciudad. La necesidad de recuperar la
confianza entre las personas de un barrio para poner en marcha proyectos comunes, y de
recomponer la complicidad entre esta ciudadanía organizada y las instituciones locales para
garantizar su viabilidad. Hacer compliciudad supone un ejercicio de imaginación política, de
apostar por reconocer y maximizar la creatividad y la inteligencia colectiva presente en
nuestras ciudades a la hora de poner en marcha iniciativas comunitarias o políticas urbanas.

El urbanismo cooperativo es un proyecto antagónico al urbanismo de la austeridad, pues


estas iniciativas colaborativas se orientan a que la calidad de vida urbana se plantee en tér-
minos de interdependencia entre las personas y de ecodependencia con la naturaleza
(recursos, agua, energía, aire, alimentos…). Una apuesta por cambiar lo urbano desde lo
humano, de promover urbanidad sin urbanizar y de restar poder e influencia a los mercados
mediante la desmercantilización de fragmentos del espacio urbano.

7 Espacio Vecinal Arganzuela (EVA) ([Link]

152 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 143-152
Entrevista

Entrevista a Jon E. Illescas sobre industria


cultural y videoclips 155
Salvador López Arnal

153
SALVADOR LÓPEZ ARNAL

Entrevista a Jon E. Illescas sobre


industria cultural y videoclips

Conocido bajo el seudónimo de Jon Juanma, podemos decir del entrevistado


que es un gran conocedor de la influencia que ejerce la industria cultural
sobre la juventud de todo el mundo mediante la reproducción ideológica del
videoclip mainstream. Temática central que abordó en su tesis doctoral en
Sociología y Comunicación en la Universidad de Alicante. Jon E. trabaja como
investigador, escritor y artista plástico además de ser es autor del libro Nepal,
la revolución desconocida. Crisis permanente en la tierra de Buda (Ediciones
La Caída, Madrid, 2012).

Pregunta: Un reportaje en el telediario de la noche de La 1 de Salvador López


Televisión Española (TVE) sobre tu tesis doctoral. ¿Me han gastado una Arnal es miembro
broma o ha sido así? ¿Cuándo fue? ¿Qué explicaron? del CEMS (Centro
de Estudios de los
Movimientos
Respuesta: No te han gastado ninguna broma Salvador, aunque lo parez- Sociales) de la
ca. Todo tiene su explicación si atendemos a lo que dije y lo que luego expli- UPF
caron. Me llamaron desde los estudios de TVE en Madrid con intención de
hacer un reportaje sobre mi tesis, supongo que dado el gancho mediático de
los protagonistas de los videoclips. También parece que quien contactó con-
migo, además de periodista y trabajadora, era una madre preocupada por la
influencia de los videoclips en los jóvenes, la cual percibía en su propio hijo
adolescente. Así, en pocas horas mandaron un equipo a casa y me realizaron
una entrevista que duró más de una hora y de la cual aparecieron en antena
apenas dos minutos de información. Lo importante no es salir en los medios
masivos sino qué fragmento eligen/emiten de todo aquello que dijiste. De esa
forma se produce un nuevo mensaje que puede compartir o no el espíritu del
original. En el caso del reportaje en TVE, aunque en general estoy contento
con la síntesis que realizaron ya que no deformaron aquella parte que emitie-
ron y sirvió para llamar la atención sobre el tema, otra parte, más contrahe-
gemónica, ni siquiera se mencionó. Algo que estoy seguro no será ninguna
sorpresa para los lectores de los medios alternativos.

de relaciones ecosociales y cambio global 155


Nº 130 2015, pp. 155-166
Entrevista

P: ¿Qué parte no se mencionó? Nos haces una síntesis.

R: Se hizo una mención a que los gobiernos utilizaban el formato videoclip para objeti-
vos propagandísticos, pero no se especificó qué gobiernos ni qué artistas. Por ejemplo, no
se dijo, aunque sí salieron algunas imágenes del vídeo, cómo el Pentágono colaboró con la
popular Katy Perry (ahora, por cierto, de gira en Barcelona) en la producción de un video-
clip para fomentar el alistamiento femenino de jóvenes estadounidenses en el cuerpo de los
marines. Tampoco se dijo nada del Gobierno surcoreano y su colaboración con la industria
cultural del famoso K-Pop o cómo, tanto ese gobierno como su rival norcoreano, utilizan el
pop de masas como arma de propaganda.

Tampoco se comentó que al menos la mitad de los jóvenes que entrevistamos y con los
que realizamos grupos de discusión estaban francamente cansados de las temáticas de los
videoclips dominantes. Deseaban otro tipo de videoclips que no hallaban en los flujos prin-
cipales del mercado. Demandaban vídeos que hicieran referencia a su realidad, donde no
todo fueran fiestas en mansiones y evasión etílica, que hablaran de la amistad, del amor,
que en sus contenidos respetaran a las mujeres y a los niños. También querían que trata-
ran sobre el trabajo, los recortes, los desahucios, el hambre, la crisis ecológica y las gue-
rras del mundo. Son cuestiones para las que el flujo del mainstream capitalista no tiene res-
puesta posible más allá de un silencio ensordecedor. Al contrario de lo que opinan muchos
autores posmodernos influidos por la teoría económica neoclásica, no hay correspondencia
entre la oferta y la demanda. Existe una parte sustancial de la demanda que podríamos lla-
mar “realista” e “inconformista” claramente huérfana.

En este sentido, en el telediario tampoco se dijo nada de cómo, pese a que la crisis capi-
talista está golpeando a muchos jóvenes de clases populares, no hay ningún videoclip domi-
nante que hable sobre ella o sus efectos. No mencionaron cómo los artistas más comprome-
tidos no sólo no obtienen ningún apoyo de parte de las grandes discográficas sino que si ya
son conocidos, se les silencia o se les disuade para que no publiquen esta obra comercial-
mente “problemática”. Los posmodernistas “de izquierda” creen que el capitalismo integra y
subsume cualquier discurso contrahegemónico mercantilizándolo, pero la realidad es que
cuando se llega a mercantilizar, la publicidad que obtiene es nula por lo que se consigue que
su consumo y seguimiento sean ínfimos y permanezcan en nichos que no representan un peli-
gro político a tener en cuenta por las élites. Al contrario, su infraexistencia les sirve para legi-
timar sus Estados como “sociedades democráticas”. Es la nueva censura cultural, mucho más
sutil que la de los regímenes estalinistas, y por eso mismo, tremendamente más efectiva.

P: Pero a los empresarios no les da igual el contenido de los productos culturales


si obtienen beneficios...

156 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 155-166
Entrevista a Jon E. Illescas sobre industria cultural y videoclips

R: Insistiré una vez más porque lo quiero dejar bien claro: a los empresarios de la indus-
tria cultural no “les da igual” el contenido contrahegemónico de sus mercancías culturales
mientras les den beneficios. Hay censura política de facto debido a su conciencia y solida-
ridad de clase. Al respecto, existe una ley que afecta a las industrias culturales en el capi-
talismo y es ésta: cuanto más capital requiera una industria cultural menor será el porcen-
taje de sus producciones que contenga mensajes contrahegemónicos. Por eso es más fácil
encontrarse en los circuitos comerciales con libros anticapitalistas o de izquierda (aunque
sean minoría respecto a los prosistema) que películas o estrellas de la música de izquier-
das (y ya no te digo anticapitalistas).

Si no fuera como digo, y sólo se atendiera a la rentabilidad económica, desde el inicio de


la crisis la industria cultural hubiera creado una estrella social de la música. Un ídolo de
masas con conciencia. Hubieran puesto a un chico o una chica bien atractivos, con voces de
calidad y cantando letras con contenido social anticapitalista. Esta “estrella social”, por
supuesto, también cantaría temas de amor adolescente para forjarse una base fiel de fans
pero también cantaría éxitos contra los bancos, las políticas de derechas, la privatización de
la sanidad y la educación, etc. ¡Serían himnos en las manifestaciones que se celebran todos
los días por todo el país! El potencial de mercado sería impresionante si sólo se buscara el
beneficio económico. Individualmente algunos empresarios se hubieran forrado con el inven-
to porque hubieran conectado con la necesidad de mucha gente que hubiera comprado las
mercancías de la “estrella social” (discos, entradas de conciertos, merchandising, etc.), pero
la oligarquía que controla la industria cultural no lo ha hecho ni lo permitirá jamás. El poder
del videoclip, que mezcla el poder de la música con la seducción sexual, es tan grande para
la juventud, que jamás se arriesgarían con algo tan explosivo por miedo a que les estallase
entre las manos. Ya les pasó con la música contra la guerra de Vietnam y aprendieron.

Acuérdate de una de las últimas estrellas de la música que habló contra el sistema.

P: ¿De quién quieres que me acuerde?

R: De Lennon. Cuando John Lennon comenzó a defender a la clase obrera y compro-


meterse seriamente en la lucha política, Nixon quiso deportarle y el FBI comenzó a vigilar-
lo entre otros “hitos” del Estado burgués y policial estadounidense. Y ahora en nuestros
días, la concentración empresarial y el control sobre el flujo de la música de masas es
muchísimo más férreo que en 1980, cuando el ex Beatle murió asesinado.

Por último, otra cuestión muy importante que no mencionaron en el Telediario fue la
necesidad que expresé de que hubiera una financiación pública para ese tipo de produc-
ciones alternativas y contrahegemónicas que demandan más de la mitad de los jóvenes. Sin

Entrevista 157
Entrevista

financiación pública y democrática, el flujo del videoclip mainstream será tan pobre musical,
política y cinematográficamente hablando como el que diariamente nos sirve el gran capital
transnacional.

Disculpa Salvador, me pediste una síntesis y… ¡te di la respuesta más larga! Pero es
que como te comenté al principio, la entrevista de TVE fue muy extensa. Seguro que inclu-
so me olvido de varias cuestiones…

P: No hay problema. Hay respuestas largas que se hacen muy cortas. ¿Nos pue-
des dar la referencia del video emitido por La 1 TVE?

R: El reportaje se emitió el pasado 20 de enero en el telediario de la noche de La 1. Es


el que presenta Ana Blanco. Se puede encontrar en YouTube bajo el título de «El videoclip
dominante como deseducador».1

P: También, si no me han informado mal, transita por ahí una entrevista con mayor
profundidad que te hizo Radio Euskadi.

R: Esta entrevista fue muy interesante porque compartí coloquio con el estupendo rea-
lizador de videoclips alternativos Karlos Trijueque. Este director vasco, además de tener
excelentes trabajos con diversos grupos de rock del Estado, ha sabido utilizar en algunos el
formato videoclip como artefacto cultural contrahegemónico a favor de las luchas obreras.
Este fue el caso del vídeo Cierre por pelotas en el que los trabajadores de la multinacional
suiza ABB, situada en Galindo (País Vasco), grabaron un provocativo videoclip para denun-
ciar su situación, en la cual la empresa, pese a batir récords de beneficios, se disponía a
ejecutar un ERE y deslocalizar la producción a Turquía.

P: De nuevo te doy trabajo. ¿Tienes la referencia?

R: Si no me equivoco fue el 22 de enero en el programa Boulevard.

P: Tu tesis va de industrias culturales y juventud en el sistema-mundo. Hablamos


otro día con más calma sobre tu investigación pero permíteme ahora unas breves pre-
guntas sobre sus alrededores. ¿Qué es una industria cultural?

1 Disponible en: [Link]

158 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 155-166
Entrevista a Jon E. Illescas sobre industria cultural y videoclips

R: El término industria cultural procede de la Escuela de Frankfurt, en concreto de


Adorno y Horkheimer recogido en un capítulo de su clásico Dialéctica de la ilustración.2
Posteriormente fue adoptado por diferentes escuelas críticas de la teoría de la comunica-
ción, entre ellas la de la Economía política de la comunicación que ampliaron el término
para hablar de cada una de las industrias culturales (en plural) que componían el conjunto
de la industria cultural (en singular). La industria cultural hace referencia al conjunto de
industrias que acumulan capital mediante la producción de mercancías que son, principal-
mente, culturales. Entre ellas tenemos a la industria del cine, de la música, de los video-
juegos, la publicitaria, la literaria, del espectáculo, etc. Incluso los medios de comunicación
masivos se podrían entender como parte de la industria cultural. Estas industrias se con-
centran en los países más desarrollados, donde su negocio representa un mayor porcen-
taje en el PIB. Son industrias que requieren de fuerza de trabajo muy cualificada y que, gra-
cias a los derechos de autor que protegen sus mercancías (que son en gran parte garan-
tías jurídicas de explotación capitalista que nada tiene que ver con los derechos de los pro-
ductores directos), pueden apropiarse de importantes masas de plusvalor en el mercado
mundial.

P: Porcentaje del PIB: en el caso español, ¿de qué porcentaje estaríamos hablan-
do?

R: Según el propio gobierno español, de 2000 al 2007 en torno al 4%. En países más
desarrollados como Francia, Reino Unido o EEUU puede superar el 8% del PIB.

P: Cuando hablas de juventud en tu tesis, ¿de qué juventud hablas? ¿De la espa-
ñola?

R: Para nada. Aunque pueda parecer provocador, hablo de la juventud mundial o


juventud-mundo. Hablo de los jóvenes españoles y estadounidenses, pero también de
los griegos. Hablo de los colombianos pero también de los venezolanos, me refiero a
una adolescente china fan de Justin Bieber pero también a un joven indio fan de Shakira
en el Estado de Kerala. Incluso hablo de jóvenes de zonas tan periféricas como Nepal
o asediadas como Palestina. Todo ellos comparten su pasión por la música y su expo-
sición a un flujo semiótico y trasnacional de cultura audiovisual, lo que forma lo que he
llamado la icosonosfera-mundo. Mapa mental compartido por gran parte de la humani-
dad donde artistas como los citados son conocidos allende las fronteras, e incluso, las
guerras.

2 Th. Adorno y M. Horkheimer, Dialéctica de la Ilustración. Fragmentos filosóficos, Trotta, Madrid, 1994 [1947].

Entrevista 159
Entrevista

P: ¿Y cómo consiguen esa enorme y masiva penetración entre ciudadanos de cul-


turas tan diversas?

R: Utilizan una estrategia llamada glocalización que consiste en regionalizar contenidos


manteniendo el formato universal. Por ejemplo, cogen cantantes que hablan el idioma del
país pero con formatos intercambiables en otros países, formatos como el pop electrónico
o la música dance. Por ejemplo, las discográficas del pop asiático, cogen a los cantantes
desde púberes y les enseñan varios idiomas o prefabrican grupos de pop adolescente
donde cada uno de los miembros se orienta a un mercado dependiendo de las lenguas que
hablen: uno para el mercado mandarín, otro para el coreano, otro para el japonés y así suce-
sivamente. Pero las partituras y las producciones musicales son las mismas. Sólo les dan
un toque regional para introducirse más fácilmente en esos mercados “nacionales”, obte-
niendo ganancias internacionales.

P: Hablas, en el subtítulo de tu investigación, del videoclip mainstream como mer-


cancía y como reproductor de ideología. Y eso del videoclip mainstream, ¿qué es
exactamente?

R: Es aquel videoclip comercial producido y difundido por las industrias culturales hege-
mónicas con la intención de conquistar un público mayoritario dentro de una o varias fran-
jas de edad en un territorio determinado, habitualmente, de amplitud transnacional. Son los
videoclips de estrellas diseñadas y producidas industrialmente, como son los casos, entre
otros, de Rihanna, Katy Perry, One Direction, Justin Bieber, Taylor Swift o Jennifer Lopez.

P: Mercancía, dices. Perdona la provocación: ¿y qué podría ser sino? ¿Una obra
de arte inmaculada?

R: Bueno, lamentablemente mucha gente y, en especial, muchos jóvenes, debido al fra-


caso, la inexistencia o la poca existencia de una educación contrahegemónica de las orga-
nizaciones obreras o del movimiento socialista, desconocen por completo los fundamentos
socioeconómicos de la sociedad donde viven. ¿Qué te quiero decir con esto? Que no pocos
jóvenes de los que entrevistamos, ni siquiera eran conscientes de los objetivos pecuniarios
de los videoclips. O sea, consumían decenas de ellos a la semana sin saber los motivos por
los que estaban frente a sus ojos. Cuando los chicos ven un tráiler de una película saben
que les quieren vender la entrada para verla en el cine. Pero como el videoclip, en principio,
parece que se puede consumir “gratis” por la Red, se presenta casi como si fuera un rega-
lo del artista a sus seguidores. Así que, volviendo a tu pregunta, desgraciadamente, muchos
adolescentes tenían una idea del videoclip más cercana a la obra de arte inmaculada que
al concepto de mercancía.

160 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 155-166
Entrevista a Jon E. Illescas sobre industria cultural y videoclips

P: ¿Qué ideología reproducen esos videoclips? Yo no conozco apenas el tema


pero me da que algunos parecen divertidos o incluso disparatados. ¿No son inocuos
y ya está, no hay problema y adelante con ellos?

R: Son tan “inocuos” como aquella metralleta de juguete que un padre estadounidense
regala a su hijo para celebrar el 4 de julio. O tanto como el hecho de que la popular serie de
animación Los Simpsons esté colocada en la parrilla horaria justo antes de los Informativos
de Antena 3, para que de esa manera muchos jóvenes españoles se “coman” todos los
mediodías su reaccionario telediario. Hace tiempo que Armand Mattelart y Ariel Dorfman nos
enseñaron lo poco neutrales que son ideológicamente las mercancías culturales, desde su
popular estudio de los cómics del Pato Donald en el Chile de Allende.3

P: Tienes razón, lo tenía olvidado.

R: La ideología que promueven los videoclips dominantes es fuertemente procapitalista


y ultraliberal basada en valores como: el individualismo posesivo, el culto al fetiche del dine-
ro y la riqueza material entendidas como fin supremo de la vida humana, un trato jerárqui-
co y clasista respecto a los subordinados, el fomento del consumismo, la hipersexualización
de las relaciones entre los jóvenes, el fomento del escapismo mediante el consumo de dro-
gas (legales e ilegales), la agresividad y la violencia. Además, en sus textos audiovisuales
no hay un mínimo de conciencia de las desigualdades sociales, de las crisis económica y
ecológica que azotan a la humanidad, etc. No nos hablarán, por supuesto, ni de desahucios,
ni de faltas de oportunidades ni de la imposibilidad de tener una vida digna en este sistema
que, precisamente, apuntalan como el mejor de los posibles en muchas de sus imágenes y
letras.

P: ¿Qué imagen se da de las mujeres en esos videoclips?

R: Depende. Si son bailarinas o figurantes, en general se da la imagen de una mujer


atractiva (e incluso no pocas veces inteligente) pero dependiente de la atención del cantan-
te masculino. Una mujer que al final (e incluso desde el principio) estará dispuesta a entre-
garse sexualmente al cantante por su irresistible carisma. En cambio, cuando la intérprete
es mujer, como es el caso de Rihanna o Jennifer Lopez, su imagen es la de una mujer
sexual y económicamente poderosa e independiente la cual tiene una oferta de hombres
sexualmente atractivos que la desborda y que sólo probará si le apetece y cuando le ape-
tezca (sin vinculación sentimental prolongada). Eso sí, siempre por detrás de la búsqueda

3 A. Dorfman y A. Mattelart, Para leer al Pato Donald, Siglo XXI, Buenos Aires, 1972.

Entrevista 161
Entrevista

de fama, éxito y/o dinero. Tanto unas mujeres como otras deben ser sexualmente, como
mínimo, “apetecibles”. Deben mostrarse, si me permites la palabra, como “follables” que es
justo el término que se emplea en algunas escuelas de interpretación para transmitir a las
futuras actrices jóvenes su necesidad de verse como permanentemente seductoras en pan-
talla. El sexo vende, no es ninguna novedad. Pero en el videoclip mainstream es imperati-
vo sumo.

Relacionado con tu pregunta, una tendencia que observé en los videoclips dominantes es
la cosificación y fragmentación que muestran del cuerpo humano como objeto de fruición
sexual, alienado de la propia personalidad del sujeto. Esto es una tendencia preocupante. Por
supuesto, hasta ahora y ya que venimos de una tradición artística patriarcal debido al relega-
do papel de la mujer en el pasado, todavía es bastante mayor el grado de objetualización y
fragmentación que sufren las representaciones del cuerpo femenino que las del masculino.

Sin embargo, la tendencia a la cosificación del cuerpo del hombre es un hecho incon-
testable. Cada vez más, los cantantes, también deben ser visualmente guapos, tener un
cuerpo atlético o de fitness y mostrarlo a su público femenino a la menor ocasión. De lo con-
trario, sepa o no cantar, el intérprete será apartado del flujo del mainstream por los gesto-
res de la industria cultural. Esta tendencia a la cosificación por igual de ambos sexos fue lo
que denominé la Ley de la Tendencia Decreciente del Patriarcado Visual (LTDPV). Esta ley
da nombre a un proceso social por el cual, a medida que se feminice la fuerza de trabajo en
el sistema-mundo capitalista, crecerán las representaciones objetualizadas del cuerpo del
hombre en las producciones de la industria cultural. Lo que hará que el todavía actual mayor
grado de objetualización que sufre el cuerpo de la mujer disminuya relativamente, que no
absolutamente, hasta virtualmente empatarse con el del hombre.

Un ejemplo lo tenemos en Justin Bieber. En cuanto superó la adolescencia tuvo que


entrenarse duramente en el gimnasio y seguir dietas estrictas para contentar a su público
femenino internacional. De lo contrario sus jóvenes fans no continuarían comprando sus
mercancías asociadas. Otro curioso indicativo es que en los videoclips de los ochenta y los
noventa todavía podías encontrar cantantes comerciales con vello en el cuerpo, mientras
que hoy en día es algo sencillamente inconcebible.

P: ¿Qué concepto de ideología tomas o usas en tu investigación? Sé que te hago


una pregunta que va a exigirte una respuesta no muy breve.

R: Uno que proviene del materialismo histórico. Hunde sus raíces epistemológicas en
Marx, Engels, Vygotsky y Gramsci (además de, en menor medida, por semiólogos materia-
listas como Voloshinov o Rossi-Landi) pero que ha sido, en mi opinión, brillantemente aco-

162 de relaciones ecosociales y cambio global


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Entrevista a Jon E. Illescas sobre industria cultural y videoclips

tada y puntualizada por un gran marxista inglés: el experto en estudios literarios Terry
Eagleton. Partiendo de las observaciones de Terry produje una delimitación y ampliación del
denostado modelo de base/superestructura, que defendemos pese a las múltiples ridiculi-
zaciones maniqueas a las que ha sido expuesto, en gran parte, por marxistas que querían
huir de ser relacionados con la tradición mecanicista de cierto marxismo soviético.

Para esta renovación utilicé dos modelos de base/superestructura, uno que llamé socio-
lógico (o clásico) y otro llamado ecológico. El primero tiene dos niveles: la base (compues-
ta por las fuerzas productivas y las relaciones de producción, influidas por el medio ambien-
te), y la superestructura (todas aquellas instituciones, dispositivos e ideas que promueven
un determinado tipo de orden político). Hasta aquí nada nuevo, excepto que basándome en
originales de Marx y Engels quité ciertas tendencias hipertotalizadoras del concepto para
hacerlo más funcional. El segundo modelo, el ecológico, es más novedoso y se compone de
tres niveles. Además del marxismo se nutre también de los tiempos históricos de Fernand
Braudel. Sus niveles son los siguientes: la infraestructura ecológica (compuesta por la natu-
raleza tanto geológica como biológica y caracterizada por los tiempos largos de cambio), la
base (compuesta por las relaciones de producción y caracterizada por los tiempos medios)
y la superestructura (que incluye la totalidad de la cultura humana objetivada consciente-
mente y se caracteriza por la posibilidad de tiempos cortos de reacción).

Aunque son bastante más complejos, podríamos resumir diciendo que para el modelo
sociológico, no toda la cultura humana es superestructura ni ideología como erróneamente
pensaba Althusser, sino sólo aquella parte que tiene una expresión directamente política.
Terry lo ilustraba con un ejemplo muy divertido. Decía algo así como que si en lugar de morir
asesinado en Bolivia, al Che Guevara lo hubieran atropellado con una furgoneta, eso no
hubiera sido ideológico, a menos que hubiera sido conducida por agentes de la CIA. Pero
el atropello, aunque fuera accidental, sí sería cultural porque el ser humano es la única
especie (que sepamos) que ha creado mediante su cultura homínida, furgonetas. Aquí tene-
mos el modelo de base/superestructura clásico delimitado o sociológico.

En nuestro caso, que en los videoclips aparezcan atractivas personas bailando ligeras
de ropa no tiene por qué ser automáticamente superestructural/ideológico, porque es parte
de la cultura del homo sapiens admirar la belleza del cuerpo humano en relación con la
música (piensa en el milenario arte del baile). Esto no fomenta el capitalismo ni el socialis-
mo de por sí. En cambio sí es superestructural/ideológico (dependiendo de la escala) si esta
sensualidad se utiliza como medio para colarnos una ideología procapitalista en nuestra
cosmovisión.

Complementariamente al modelo sociológico o clásico, utilizamos el modelo ecológico


donde a diferencia del primero toda la cultura humana, en dialéctica con la naturaleza, es

Entrevista 163
Entrevista

considerada como superestructura. Toda la cultura humana desde un punto de vista antro-
pológico: desde el Concierto Nº 1 en Re Mayor de Paganini hasta una hamburguesa doble
del McDonalds. Ambos son parte de la superestructura en el modelo ecológico. Son parte
de la naturaleza conscientemente modificada por el ser humano, contrariamente a aquella
parte de la naturaleza (exógena o endógena a nuestro cuerpo) que ha sido reproducida
automáticamente, sin intervención consciente de nuestra especie (lo que llamé infraestruc-
tura ecológica). Como, por ejemplo, la cantidad media genéticamente programada de tes-
tosterona y progesterona que puede segregar un chico o una chica cuando llega a la ado-
lescencia. La cual los hace, por cierto, muy vulnerables a la seducción sexual del videoclip.

Esta diferenciación nos dotó de dos perspectivas de análisis que nos permitieron afron-
tar un estudio poliédrico del videoclip. Por una parte, tanto el análisis de la ideología del
videoclip entendida como una porción de su contenido cultural, y al mismo tiempo, com-
prender los efectos de la seducción del vídeo musical en el cuerpo de los jóvenes.

A partir de los autores que te comenté y, sobre todo, de Antonio Gramsci, produje nue-
vos conceptos que explican fenómenos de la reproducción ideológica y cultural que antes
pienso que no podían ser correctamente detectados, gracias al empleo del modelo amplia-
do de base/superestructura y a su diálogo con el cuerpo humano del espectador, entre ellos:
el punto medio de hegemonía, la citada infraestructura ecológica, la zona de transición, la
zona de desarrollo ideológico, la zona de desarrollo cultural, etc.

P: ¿Nos pones algún ejemplo de alguna letra que hayas analizado y que te llama
especialmente la atención? ¿Alguna imagen que puedas y quieras contarnos?

R: Pues hay muchos ejemplos, pero se me ocurre uno bien ilustrativo del culto a la rique-
za, el fomento de la jerarquía y el maltrato a los subordinados que existe en una parte impor-
tante de estos videoclips dominantes. Se trata de un vídeo visto por más de 140 millones de
personas, de la cantante norteamericana Britney Spears, que es, por cierto, una de las diez
personalidades más seguidas de Twitter en todo el mundo. Ella tiene un videoclip llamado
Work B**ch («Trabaja zorra») donde se dirige al público con una letra que dice así:

«¿Quieres un cuerpo sexy?/¿Quieres un Bugatti?/¿Quieres un Maserati?/¡Más vale que


trabajes zorra!/¿Quieres un Lamborghini?/¿Bebiendo Martinis?/¿Lucir sexy en bikini?/¡Más
vale que trabajes zorra!/¿Quieres vivir una vida de lujos?/¿Vivir en una gran
mansión?/¿Celebrar fiestas en Francia?/¡Más vale que trabajes zorra!»

Al acabar el último verso se ve una escena donde aparece Spears propinando un fuer-
te latigazo en los glúteos de una subordinada que gatea en el borde de una piscina en ropa

164 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 155-166
Entrevista a Jon E. Illescas sobre industria cultural y videoclips

interior. ¿Te parece inocuo que esto lo haga una mujer a la que siguen decenas de millones
de jóvenes en todo el mundo?

P: No, no, en absoluto. De inocuo nada. En una filmación que he visto, creo que tú
me la enviaste hace unos meses, aparece Shakira. ¿Y qué pinta la cantante colom-
biana, buena amiga de Santos si no estoy mal informado, en esta historia?

R: Shakira es parte de la élite capitalista mundial. No sólo es una famosa cantante y bai-
larina casada con un famoso jugador del Barça, sino una rentista y empresaria con cone-
xiones políticas del más alto nivel. Como curiosidad te contaré que aparece varias veces
citada por funcionarios estadounidenses en los cables de Wikileaks. No sólo apoyó a Uribe
y luego a Santos en Colombia, sino que fue designada por Barak Obama para participar en
su gabinete como miembro de la Comisión Asesora de la Presidencia para la Excelencia
Educativa de los Hispanos en EEUU. Además, es buena amiga del multimillonario hijo de
Warren Buffet, Howard, magnate con conexiones en Coca-Cola y el agronegocio, con el que
comparte proyectos en Latinoamérica. También tiene múltiples contactos entre antiguos
ministros del PP de la era Aznar y es militante declarada del llamado “filantrocapitalismo”.
En un tema del principio de su carrera (No creo) Shakira fue muy sincera cuando nos decla-
ró parte de su ideología cuando cantó aquello de «No creo en Carlos Marx» [sic]. Y así es.

P: ¿En qué cree entonces?

R: Ella cree en una versión caricaturizada y derechizada de Adam Smith, del cual pro-
dujo un corto de dibujos animados para explicarles a los niños de sus fundaciones “filantró-
picas” la teoría económica por la que aboga. Shakira, como Obama, es una de las mejores
marionetas de la élite occidental. La primera interpreta su papel en el teatro del entreteni-
miento cultural y la otra en el teatro político, pero ambas sirven a los intereses capitalistas
occidentales que financian ambas funciones.

P: ¿Quieres añadir algo más?

R: Habría mucho que añadir. Pero por ahora me limitaré a resaltar que es importante que
la izquierda (política, sindical y social) atienda en serio a la lucha de clases en el terreno cul-
tural. Es un área donde muchos activistas ingenuamente creen que no se cuece nada, que
es puro entretenimiento. Sin embargo, ese es precisamente su poder (que va seductora-
mente camuflado), junto al hecho de que las estrellas de la industria cultural son las perso-
nalidades más seguidas de todas las que se encuentran en nuestra icosonosfera-mundo.

Entrevista 165
Entrevista

Muy por encima de políticos o líderes religiosos. Algunas de las instituciones más podero-
sas del planeta como el Pentágono son muy conscientes de ello. Por esa razón participan
en la producción de películas, series de televisión, videojuegos y, por supuesto, videoclips.
Es hora de que desde la izquierda le demos a la cultura popular la importancia que tiene y
vayamos pensando en pasar a la ofensiva construyendo unas industrias culturales contra-
hegemónicas, internacionalistas y socialistas, que ayuden a crear conciencia para la supe-
ración del modo de producción capitalista.

Gracias. Tienes toda la razón: la tarea es más necesaria que nunca.

166 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 155-166
Diálogo

Controversias en torno a la pobreza energética.


Diálogo entre el centro de investigación
Economics for Energy (EfE) y el Observatorio
Crítico de la Energía (OCE) 169
José Bellver

167
JOSÉ BELLVER

Controversias en torno a la
pobreza energética
Diálogo entre el centro de investigación
Economics for Energy (EfE) y el Observatorio
Crítico de la Energía (OCE)

En poco más de un lustro, desde el inicio de la crisis económica en España,


hemos podido comprobar cómo la evolución de múltiples indicadores socioe-
conómicos –paro, desigualdades, pobreza, etc.– ha dado muestra de un cre-
ciente y notable deterioro social que afecta de lleno al bienestar de la socie-
dad española. En este contexto de quiebra social, han aflorado nuevos facto-
res que incrementan los riesgos de exclusión, especialmente para la parte más
vulnerable de la población. Uno de estos factores tiene que ver con la dimen-
sión energética de la ya de por sí multidimensional pobreza.

En España, el concepto de pobreza energética ha aparecido en el debate José Bellver,


público de forma relativamente reciente, especialmente a partir de la publi- FUHEM Ecosocial
cación del primer informe sobre la cuestión realizado por la Asociación de
Ciencias Ambientales (ACA) en 2012.1 No obstante, dicho concepto viene de
lejos, concretamente de principios de la década de los noventa cuando fue
definido y utilizado por vez primera en el Reino Unido. Sin embargo, ello no ha
sido óbice para que no siga existiendo, a día de hoy, una cierta falta de con-
senso en torno a su definición o, sobre todo, en cuanto a cómo debería de
medirse la pobreza energética. Una controversia que se ha materializado
recientemente con la publicación del último informe del centro de investiga-
ción EfE,2 y la interesante discusión abierta a partir de la misma con otros
expertos, particularmente con miembros del OCE.

Para conocer sus distintas perspectivas sobre la pobreza energética hemos


invitado a dialogar a Pedro Linares y José Carlos Romero de EfE, y Marta
Victoria, José Luis Velasco e Iván Calvo del OCE.

1 S. Tirado et al., Pobreza energética en España. Potencial de generación de empleo derivado de la reha-
bilitación energética de viviendas, Asociación de Ciencias Ambientales, Madrid, 2012.
2 Economics for Energy, Pobreza energética en España. Análisis económico y propuestas de actuación,
Madrid, 2015 (disponible en: [Link]/docpublicaciones/informes/Informe_2014_web.pdf)

de relaciones ecosociales y cambio global 169


Nº 130 2015, pp. 169-177
Diálogo

José Bellver (JB): En los últimos años viene hablándose cada vez más en España
del problema de la creciente pobreza energética, un concepto cuya medición parece
haber suscitado ciertas controversias últimamente. Pero, ¿qué se entiende exacta-
mente por pobreza energética? ¿Qué implicaciones sociales tiene? ¿Podría llegarse
a un acuerdo en torno a su definición?

EfE: Nosotros entendemos como pobreza energética la dificultad de afrontar el gasto


necesario para cubrir unas necesidades energéticas esenciales. Esto es muy similar a la
definición que propone el Consejo Económico y Social Europeo (CESE), que lo define como
«la dificultad o la incapacidad de mantener la vivienda en unas condiciones adecuadas de
temperatura, así como de disponer de otros servicios energéticos esenciales a un precio
razonable.»3

Las necesidades esenciales a las que nos referimos incluyen la climatización, la ilu-
minación, y el uso de equipos que consumen energía y que permiten estar integrados en
la sociedad. La movilidad, en cuanto que utiliza energía, podría también incluirse, pero
es más difícil identificar un nivel esencial para ella (o para el consumo energético aso-
ciado).

Y por supuesto, estas necesidades variarán según el contexto económico y social. En


los países en desarrollo el problema es, en primer lugar, de acceso a las formas de energía
modernas, y luego de capacidad de gasto en ellas. En países desarrollados generalmente
no existen problemas de acceso pero sí la dificultad de afrontar el gasto, que variará según
las condiciones climáticas y también la eficiencia energética de la vivienda, además de, por
supuesto, la renta familiar.

Hay dos consecuencias fundamentales de la pobreza energética: por un lado, los pro-
blemas de salud; y, por otro, los de exclusión social. De nuevo, su manifestación varía según
hablemos de países en desarrollo o desarrollados. En los primeros hablamos de contami-
nación por el uso de cocinas de leña, o de falta de acceso a la educación o a la comunica-
ción. En los segundos nos referimos a la incidencia de enfermedades debido a temperatu-
ras no adecuadas en las viviendas, y de la presencia de barreras en los procesos educati-
vos y de convivencia en el hogar.

Creemos que la definición del CESE es muy razonable. El problema no es tanto la defi-
nición, sino la cuantificación de la misma, en el sentido de cuál es el nivel de servicio ener-
gético que consideramos esencial.

3 S. Santillán, «La pobreza energética en el contexto de la liberalización y de la crisis económica», Dictamen exploratorio del
CESE, 2010, p.1 (disponible en: [Link]

170 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 169-177
Controversias en torno a la pobreza energética

OCE: Hay en efecto diversos criterios para medir la incidencia de la pobreza energética.
El más extendido, por motivos históricos (se usó en los estudios pioneros realizados en el
Reino Unido), considera que un hogar está en situación de pobreza energética cuando ha
de destinar más del 10% de sus ingresos a pagar la factura energética. Otro, menos utiliza-
do por su relativa subjetividad, define la pobreza energética como la incapacidad de mante-
ner el hogar a una temperatura adecuada. En todo caso, la definición general es clara: una
familia se encuentra en situación de pobreza energética cuando sus ingresos no son sufi-
cientes para satisfacer las necesidades básicas de energía de su hogar (principalmente de
electricidad, calefacción y agua caliente). Se trata de una situación límite, a un paso de la
exclusión social. La simple amenaza de quedarse sin suministro por impago la fuerza ade-
más a ahorrar por encima de lo recomendable en electricidad y calefacción, lo cual tiene
enormes consecuencias negativas, físicas y psicológicas en su calidad de vida: se estima
que la pobreza energética está detrás de miles de muertes al año en nuestro país.

En todo caso, más allá de las escasas y muy recientes controversias en los números,
creemos que hay consenso absoluto en que el problema existe y que no es tan sólo una
manifestación más de la pobreza, sino que en parte tiene que ver con elementos estructu-
rales específicos del sistema energético. Uno de esos elementos sería la baja eficiencia
energética de las viviendas españolas; otro tendría que ver con el enorme poder de las
empresas energéticas, que se traduce en altos precios y en legislaciones que les permiten
cortar el suministro a los ciudadanos. Siendo así, se debería poder llegar a un acuerdo sobre
lo importante: en qué dirección han de ir las medidas que ataquen el problema.

JB: La polémica actual ha surgido con la publicación de un informe, por parte de


EfE, en el que se trata de corregir errores de medición del indicador utilizado hasta
ahora cuyo resultado ha desembocado en una rebaja sustancial del porcentaje de
población en situación de pobreza. ¿Se ha conseguido con ello eliminar los falsos
positivos?

EfE: Nosotros no lo llamaríamos polémica, lo interpretamos más bien como la apertura


de una discusión muy pertinente acerca de los diferentes indicadores, sus potencialidades
y sus límites, algo que entendemos muy beneficioso de cara a un mejor diagnóstico y solu-
ción del problema. En este sentido, creemos que el ejercicio realizado ha permitido avanzar
nuestro conocimiento del problema en dos sentidos:

En primer lugar, al hacernos reflexionar sobre la diferencia entre desigualdad y pobreza.


Los indicadores anteriores, al utilizar medidas relativas de renta o consumo, lo que medían
era consumos o rentas desiguales. Pensamos que, aunque algunos elementos de la pobre-
za pueden ser relativos, este es un problema fundamentalmente de acceso a derechos y

Diálogo 171
Diálogo

niveles de consumo esenciales. Y por tanto, un problema que se mide mejor utilizando nive-
les absolutos (aunque puedan ser distintos por país o región).

En segundo lugar, también nos ha permitido identificar un buen número de falsos positi-
vos, es decir, hogares cuya inclusión en los índices de pobreza energética (según los indi-
cadores relativos) era más que cuestionable al ser hogares, indiscutiblemente, con buena
posición económica, y a los que el gasto energético, aun siendo alto, no hace cambiar su
posición.

Dicho lo anterior, también es cierto que todavía puede haber falsos negativos y falsos
positivos, es decir, hogares en situación de pobreza energética que no son identificados con
los indicadores propuestos. En primer lugar, es crítico definir tanto el nivel de consumo ener-
gético básico como la renta mínima requerida. En nuestro estudio hemos utilizado como tal
la media ponderada por población de las rentas mínimas de inserción de las Comunidades
Autónomas. Pero si se utiliza el salario mínimo interprofesional los índices aumentan. Por otro
lado, hemos utilizado como consumo energético básico el consumo medio, a falta de un dato
mejor. Si este consumo medio está por encima o por debajo del básico, de nuevo cambiaría
el indicador. Nuestro equipo sigue trabajando en esta línea para mejorar las estimaciones y
tratar de hacerlas más certeras. Pero, al final, es difícil confiar al cien por cien en las frías
estadísticas. Por esto nuestro informe también recomienda siempre la intervención de los ser-
vicios sociales para terminar de identificar a los hogares en situación de riesgo.

OCE: En nuestra opinión, el procedimiento de cálculo propuesto por EfE no sólo elimina
los falsos positivos sino que también deja de contabilizar demasiados verdaderos positivos,
subestimando así el número de hogares en pobreza energética en España y la importancia
de este problema. Y, puesto que el objetivo es, o debería ser, garantizar el acceso de todos
a un servicio básico, evitar esta subestimación nos parece infinitamente más importante que
evitar falsos positivos que puedan darse.

Los investigadores de EfE proponen un indicador que utiliza la renta mínima aceptable o
MIS (las siglas del término inglés Minimum Income Standard) como indicador de control para
verificar que los hogares son realmente pobres. El problema está en que para definir el MIS
utilizan una media ponderada de las rentas mínimas de inserción de las diferentes
Comunidades Autónomas. Por ejemplo, para un hogar ocupado por dos adultos y dos niños
menores de 14 años, la renta mínima aceptable o MIS según EfE sería de 872 euros/mes. Si
el valor escogido para el MIS fuese demasiado bajo, se traduciría en que el método no con-
tabilizaría una fracción de los hogares que realmente se encuentran en pobreza energética.

Daremos dos argumentos que sugieren que, efectivamente, el MIS escogido es dema-
siado bajo. En primer lugar, si se utiliza este mismo criterio para estimar la pobreza gene-

172 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 169-177
Controversias en torno a la pobreza energética

ral, se obtiene que “sólo” el 10,1% de los hogares en España son pobres, mientras que
otros indicadores más habituales indican que los hogares en situación de pobreza en
nuestro país son el 19%. En segundo lugar, cuando el procedimiento utilizado por EfE se
empleó por primera vez en Reino Unido, se propuso un proceso deliberativo con repre-
sentantes de diversos colectivos sociales para determinar la renta mínima aceptable. En
ese caso se determinó para el hogar de cuatro miembros –descrito anteriormente– un
valor para el MIS de 2200 euros/mes, 2,5 veces superior al valor utilizado por EfE para
España.

JB: A pesar de la diferente proporción calculada entre unos indicadores y otros de


pobreza energética parece que la evolución a lo largo de los últimos años no ha sido
tan distinta. ¿Cuál ha sido esta evolución y cuáles son sus causas de fondo?

EfE: Efectivamente, la evolución de todos los indicadores es similar, se han triplicado


desde 2007. Y algo que es también muy importante: esta evolución ha sido muy parecida a
la del resto de indicadores de pobreza general. Esto es lo que nos lleva a pensar que la prin-
cipal causa de la pobreza energética en España es el aumento de la desigualdad de rentas,
y en especial de la caída en los ingresos de las familias más desfavorecidas. Además, la
evolución negativa se ha acentuado en los últimos años como consecuencia del aumento
de los precios de la energía. Pero este no es el componente fundamental, en nuestra opi-
nión, por lo que pensamos que las soluciones deben ir más a solucionar el primer compo-
nente.

OCE: Utilizando el indicador basado en MIS propuesto por EfE se observa que entre
2007 y 2013 los hogares en pobreza energética se han multiplicado por tres (pasando del
3,6 al 9,9%). Uno de los motivos de este aumento es el incremento de pobreza ocasionado
por la crisis pero esta no es la única causa. En el mismo periodo de tiempo, y de nuevo uti-
lizando el indicador basado en el MIS, la pobreza general se ha multiplicado por dos (del 5
al 10,1%).

Resulta obvio que existen otras causas que hacen que la pobreza energética aumente
a un ritmo mayor que la pobreza general. Una de ellas es, sin duda, el aumento del precio
de los servicios energéticos. En particular, la factura de electricidad ha aumentado un 76%
entre 2007 y 2013. Además, la Ley del sector eléctrico de 1997 supuso la liberalización del
sector eléctrico y el fin de la consideración de la electricidad como un servicio público. En
consecuencia, los consumidores no solo hemos sufrido aumentos de nuestra factura sino
que, en la práctica, no existen mecanismos eficaces que garanticen el acceso de todos los
ciudadanos a este servicio básico.

Diálogo 173
Diálogo

JB: ¿Qué respuestas o soluciones posibles existen para atajar el problema de la


pobreza energética? ¿Podría el autoconsumo ser una de ellas?

EfE: Respuestas hay varias y de diversos ámbitos. En nuestro Informe presentábamos


algunas que estaban especialmente centradas en la modificación de los instrumentos ya
existentes, como el bono social, y en el establecimiento de una garantía de suministro bási-
co en el caso de que el bono social no fuera correctamente planteado. Ambas medidas ata-
can el problema desde la perspectiva de la renta, pero no es la única manera de afrontarlo.

También puede resultar muy efectivo el dirigir las actuaciones de eficiencia energética
hacia las familias vulnerables. Por ese lado, también hay muchas posibles medidas a adop-
tar. La primera, que ya planteábamos en un informe anterior de EfE,4 es la información. Hay
que hacer conscientes a los consumidores de las grandes oportunidades que hay para aho-
rrar energía, algunas de ellas además rentables. Para esto, y refiriéndonos al ámbito domés-
tico, puede ser conveniente realizar auditorías y certificaciones energéticas. En segundo
lugar, y sobre todo para aquellas familias con menos ingresos y peor acceso al mercado
financiero, puede ser conveniente apoyar (a veces con subvenciones, a veces con créditos
en condiciones preferentes) actuaciones de mejora de la eficiencia en las viviendas: equi-
pos de climatización más eficiente, mejora del aislamiento, etc.

En cuanto al autoconsumo, su relación con el problema y sus posibles soluciones vendría


dada por su contribución a la eficiencia energética y económica. En este sentido, el autocon-
sumo no supone necesariamente una mejora de ninguna de ellas. Vamos a tratar de explicar-
lo por partes, porque hay varias cuestiones relacionadas. Partimos de la base de que el auto-
consumo es básicamente una sustitución de energía generada con carácter centralizado (y
que puede ser de origen renovable o fósil) por otra generada detrás del contador del consu-
midor (y que también se puede llamar generación distribuida). Además, suponemos que el
autoconsumo, tal como se entiende generalmente, implica también que el consumidor com-
pensa su consumo de red, es decir, que sólo paga por la energía neta que consume de la red.

El autoconsumo puede realizarse con energías renovables o fósiles. Si es con renova-


bles y sustituye la energía fósil centralizada, la eficiencia energética mejora en términos de
energía primaria. Si es con fósiles y sustituye a renovables centralizadas, la eficiencia en
estos términos disminuye.

Además de esto habría que tener en cuenta la propia eficiencia de conversión energéti-
ca de los sistemas. Por ejemplo, una microturbina de gas es menos eficiente que una cen-
tral de gas de ciclo combinado.

4 Economics for Energy, Potencial Económico de Reducción de la Demanda de Energía en España, Madrid, 2011.

174 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 169-177
Controversias en torno a la pobreza energética

Otro elemento de eficiencia energética relacionado con el autoconsumo tiene que ver
con las pérdidas de red. Por un lado, el que la generación se sitúe mucho más cerca de la
demanda reduce las pérdidas de red (que como media se sitúan en el 9% en España, pero
que en algunos casos pueden ser superiores). Por otro lado, las redes están diseñadas para
flujos unidireccionales, y cuando la generación distribuida vierte a la red la gestión puede
hacerse más compleja, y por tanto aumentar el coste.

Finalmente, también hay que considerar la posibilidad (o mayor facilidad) de introducir la


cogeneración (de frío o calor) en sistemas distribuidos. Si un sistema así facilita la introduc-
ción de la cogeneración la eficiencia mejoraría.

Toda la discusión anterior es en términos energéticos. El problema es que muchas veces


la discusión se complica en términos económicos, porque, desgraciadamente, la estructura
de precios no necesariamente recoge los costes reales del sistema. Ahora mismo en España
(y en muchos otros países) las tarifas eléctricas incluyen conceptos fijos (coste de la red, cos-
tes del sistema como primas a renovables o carbón) en su término variable. Y esto hace que,
cuando alguien autoconsume, deje de pagar estos costes fijos del sistema. En términos eco-
nómicos esto lo que supone es una ineficiencia, porque se dejan de pagar costes en los que
incurren todos los consumidores independientemente de su nivel de consumo, porque al fin
y al cabo son costes fijos y difíciles de repartir; desde luego no hay ninguna razón para repar-
tirlos en función del consumo de la red. Por ejemplo, la cuota de renovables se expresa como
porcentaje sobre energía final, y por tanto todos los consumidores, independientemente de
que consuman electricidad, gas, petróleo, o autoconsumo, deberían contribuir a ella. Pero
para el consumidor que autoconsume es lo contrario: recibe la señal de que autoconsumir es
más eficiente de lo que realmente es, por culpa de este subsidio cruzado entre costes fijos y
variables en la tarifa.

En resumen, si la tarifa eléctrica (o de gas, donde también se podría plantear esto, aun-
que en menor medida) estuviera bien calculada y enviara las señales correctas al consumi-
dor, entonces sería mucho más fácil saber si el autoconsumo mejora la eficiencia en los tér-
minos expresados en los tres primeros puntos. En estas condiciones, si es más barato para
el consumidor es que es más barato para el sistema, y por tanto aumenta la eficiencia. El
problema, como decimos, es que esto ahora mismo no se puede saber.

OCE: Como hemos dicho antes, nosotros creemos que la incapacidad para acceder a
un suministro básico de energía sitúa a los afectados en una situación cercana a la exclu-
sión social, y que por lo tanto las administraciones deberían garantizar por ley tal suminis-
tro. En particular, las administraciones deberían poner en marcha los mecanismos de eva-
luación necesarios para que cada hogar pague por el suministro básico un precio razonable
de acuerdo con sus ingresos. Desde luego, el actual diseño del bono social no cumple con

Diálogo 175
Diálogo

esta función. Además, mientras no se aborden al menos algunos de los problemas estruc-
turales de la economía española, nos parece razonable que las empresas encargadas del
suministro asuman el coste de estas medidas.

Y sin duda, el autoconsumo puede jugar un papel importante en la lucha contra la pobre-
za energética, así de hecho lo está haciendo en algunos otros países. Sin embargo, para
que esto ocurra en España será necesario dotarnos de una regulación que no lo obstaculi-
ce. Esta no es la situación a día de hoy y los planes del Gobierno van justamente en direc-
ción contraria. En los últimos días ha sido publicado un proyecto de Real Decreto de regu-
lación del autoconsumo que no solo lo desincentiva económicamente, sino que lo hace
incompatible con la percepción del bono social. Es decir, el actual Gobierno considera que
una persona no puede ser energéticamente pobre y autoconsumidor al mismo tiempo.

JB: ¿En qué medida pueden quedar limitadas las medidas puramente paliativas
por problemáticas de carácter más estructural?

EfE: Evidentemente, las problemáticas estructurales afectan al problema de la pobreza


y de la eficiencia, así como a sus soluciones. En este sentido, si la estructura del sector
energético fuera la correcta –un mercado eficiente, donde los precios reflejaran los costes y
se trasladaran las señales correctas al consumidor–, sería lo mejor para resolver el proble-
ma de la eficiencia. Y como parte del problema de pobreza es de eficiencia, la pobreza se
ve afectada, claro. Si esto no es así hay que poner más medidas para contrarrestar los pro-
blemas estructurales. Pero la pobreza no es sólo un problema de eficiencia, es también un
problema de equidad. Un mercado eficiente no garantiza la equidad.

Además, la pobreza también se ve afectada por la estructura de precios del sector. Pero
aquí es más difícil saber si la estructura actual es beneficiosa o no para atajar el problema
de la pobreza, por la cantidad de subsidios cruzados (incluso entre generaciones, léase défi-
cit) que existen. No entramos en las cuestiones estructurales que afectan a la pobreza en
general, que en el fondo son las más importantes de todas, más que nada porque darían
para un libro.

OCE: Es indudable que no tiene sentido plantear medidas “de choque” o “paliativas”
(como la garantía de un suministro energético básico) y olvidarse de las causas fundamen-
tales de la pobreza energética. Entre otros motivos, porque de ser así la tasa de pobreza
energética podría seguir creciendo o estabilizarse en niveles difícilmente asumibles.

Ya hemos dicho que, independientemente del indicador utilizado, está claro que la tasa
de pobreza energética ha crecido más rápidamente que la tasa de pobreza general, y esto

176 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 169-177
Controversias en torno a la pobreza energética

solo puede deberse al enorme incremento del precio del suministro de energía registrado en
los últimos años, muy especialmente el de la electricidad. Durante ese mismo periodo de
tiempo, coincidente con la crisis de la economía española, los beneficios de las grandes
empresas eléctricas del país no se han visto prácticamente modificados. Algo funciona mal
en el mecanismo de fijación de precios de la electricidad y la consiguiente retribución de las
eléctricas cuando estos y la realidad social de los ingresos de las familias dibujan trayecto-
rias tan divergentes. Más allá de la muy necesaria reforma de las leyes que regulan el sis-
tema eléctrico, el autoconsumo entra aquí como elemento que puede cambiarlo todo radi-
calmente: no solo ayuda a reducir la factura energética de las familias sino que, cuando se
generalice, cambiará las reglas del juego y reducirá drásticamente el poder del oligopolio.

Finalmente, y sin contradicción con lo anterior, perderíamos la perspectiva si intentáse-


mos atajar el problema de la pobreza energética (ya sea mediante medidas paliativas o
estructurales) olvidando que en parte es una consecuencia del problema de la pobreza
general (aunque, repetimos, ha crecido a un ritmo mayor que esta última). Una medida
estructural imprescindible para terminar con la pobreza energética consiste en la construc-
ción de una sociedad donde los niveles de desempleo se reduzcan drásticamente y los sala-
rios de los trabajadores sean dignos.

Diálogo 177
Inéditos

Prólogo para la traducción catalana de


El Capital (1983) 181
Manuel Sacristán Luzón

179
MANUEL SACRISTÁN LUZÓN

Prólogo para la traducción


catalana de El Capital (1983)
Nota de edición a cargo de Salvador López Arnal

Tras finalizar sus estudios de posgrado en el Instituto de Lógica y Fundamentos de


la Ciencia de la Universidad de Münster (Westfalia), Manuel Sacristán Luzón
(1925-1985) inició su militancia en el PCE-PSUC en la primavera de 1956.
Probablemente sería entonces cuando se adentraría por vez primera en las páginas
del gran clásico marxiano. Pero fue a principios de los años setenta, al iniciar sus
trabajos de dirección de la traducción castellana de la MEW con el título de OME
(Obras de Marx y Engels) para Crítica-Grijalbo, cuando estudió en profundidad la
gran obra de madurez de Marx. Sacristán tradujo, anotó y presentó los libros I y II
de El Capital y dejó a medias la traducción del tercero. La edición de las OME se
interrumpió por “dificultades editoriales”, ausencia de ventas. Las huellas de este
minucioso estudio del clásico son manifiestas en tres de sus grandes escritos: «El
trabajo científico de Marx y su noción de ciencia» (Sobre Marx y marxismo, Icaria,
Barcelona, 1983, pp. 317-369), «Karl Marx como sociólogo de la ciencia»
(Lecturas de filosofía moderna y contemporánea, Trotta, Madrid, 2007, pp. 217-
265, edición, presentación y anotación de Albert Domingo Curto) y «Algunos atis-
bos político-ecológicos de Marx» (Pacifismo, ecologismo y política alternativa,
Icaria, Barcelona, 1987, pp. 139-150, edición al cuidado de Juan Ramón Capella,
reeditado por Público en 2009). Reincorporado a la Facultad de Económicas de la
Universidad de Barcelona en el curso 1976-77 tras la muerte del dictador golpista
como profesor de Metodología de las Ciencias Sociales, fallecida su primera espo-
sa-compañera Giulia Adinolfi en febrero de 1980, Sacristán impartió dos cursos de
posgrado en la UNAM en el curso 1982-83. Fue entonces, en México DF, cuando
escribió este prólogo a la edición catalana de El Capital, en publicación conjunta
de Edicions 62 y la Diputación de Barcelona y con traducción de Jordi Moners. El
texto está fechado el 1º de mayo de 1983. No fue la única vez que utilizó esta refe-
rencia a la jornada de lucha, fiesta fraternal y recuerdo de los trabajadores y traba-
jadoras de todo el mundo. Las notas a pie de página del texto pertenecen al editor.

L a aparición de esta traducción catalana de El Capital puede parecer intem-


pestiva. El libro sale, en efecto, alrededor de un siglo después de que empeza-
ra a estar presente en la vida social y cultural de Cataluña; y, además, en un
momento que no se puede considerar de mucho predicamento de la obra de su
autor, sobre todo en comparación con lo que ocurría hace quince o veinte años.

de relaciones ecosociales y cambio global 181


Nº 130 2015, pp. 181-185
Inéditos

Es obvio que la primera circunstancia tiene mucho que ver con los obstáculos con que
ha tropezado la cultura superior catalana durante estos cien años, desde los de lejana raíz
histórica hasta los particularmente difíciles que levantó el franquismo. Desde el punto de
vista de esta consideración, la publicación de El Capital en catalán, como la de cualquier
otro libro clásico, es una buena noticia para todos los que se alegran de que los pueblos y
sus lenguas vivan y florezcan.

La segunda circunstancia –el hecho de que este libro aparezca en catalán en un momen-
to que no es de los más favorables para él– puede facilitar una buena lectura. Esto no tiene
mucho de paradójico: cualquier libro y cualquier autor pagan el hecho de estar muy de moda
con una simplificación más o menos burda de su contenido o con versiones apologéticas
demasiado estilizadas. Es posible que sólo a este precio la obra influya extensamente: por
eso nadie es dueño de sus propias influencias. En el caso de El Capital todo esto adquiere
proporciones grandes y reales. Y, puesto que «gris es toda teoría y verde el árbol de la
vida», seguramente es más jugoso el caos de la influencia práctica de las lecturas dudosas
propias de las épocas de éxito de una obra que el fruto de una lectura tranquila, relativa-
mente fácil en una situación de escasa acción social de las ideas leídas.

En cualquier caso, el lector de El Capital puede beneficiarse hoy de la conclusión de las


polémicas de los años sesenta y setenta acerca de la posición y la importancia de este libro
en la obra de su autor. Hoy debería estar salomónicamente claro, por una parte, que El
Capital es la obra máxima de la madurez de Marx (como, tal vez innecesariamente, lo pro-
clamó con gran énfasis Louis Althusser) y, por otra parte, que El Capital no es toda la
“Economía” planeada por su autor, ni lo habría sido aunque Marx lo hubiera terminado
(como no menos insistentemente lo enseñó Maximilien Rubel en las polémicas aludidas).

Pero quizá no haya que hacerse ilusiones acerca de la superación definitiva de polémi-
cas causadas por lecturas unilaterales de Marx impregnadas de intereses ideológicos o polí-
ticos. Tal vez ni siquiera se haya acallado para siempre la disputa acerca de la relación entre
el «Marx joven» y el «Marx maduro», que presidió la literatura marxológica de los últimos
decenios y en cuyo marco se inscribieron las tomas de posición de Althusser y Rubel. La
verdad es que toda persona hecha a criterios académicos de discusión tiene motivos para
considerar resuelta esta vexatam quaestionem. Pero no se puede decir lo mismo de los que
leen a Marx con el deseo de encontrar en él argumentos, o, por lo menos, palabras en que
apoyar tesis políticas propias. Así, por ejemplo, bajo el betselleriano título de Adiós al pro-
letariado,1 André Gorz ha publicado recientemente unos escritos que, en lo que tienen de
exégesis de Marx, utilizan líneas de pensamiento del autor procedentes de épocas diferen-

1 Entre la documentación de Manuel Sacristán depositada actualmente en la biblioteca de la Facultad de Economía y Empresa
de la Universidad de Barcelona, pueden consultarse sus anotaciones críticas sobre esta obra de A. Gorz.

182 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 181-185
Prólogo para la traducción catalana de El Capital (1983)

tes de su desarrollo y aparentemente discordes, sin trabajar el problema histórico y textual


que plantea esta situación. Parecería que esto no fuera posible en Francia después del Pour
Marx [La revolución teórica de Marx] y el Lire le Capital [Para leer El Capital] de Althusser,
pero lo es.

Sin embargo, a pesar de la aparente inmortalidad de este asunto de los dos Marx –el
joven y el maduro, el filosófico y el científico–, es razonable pensar que se trata de un asun-
to mucho menos importante para el futuro de lo que ha sido en el pasado reciente. Pues las
reconstrucciones del pensamiento marxiano unilateralmente basadas en uno u otro de los
“dos” Marx están en peligro de no oír siquiera los interrogantes nuevos que una nueva época
del «desarrollo de las fuerzas productivas» va a dirigir a la lectura de Marx.2

En efecto, prescindiendo de la caducidad de tesis particulares de Marx, la historia recien-


te y las anticipaciones hipotéticas del futuro próximo coinciden en quitar verosimilitud a la
hipótesis marxiana acerca de la función del desarrollo de las fuerzas productivas materiales
e intelectuales en su modelo de revolución socialista.

La acentuación unilateral de la importancia del Marx maduro –el Marx de El Capital y de


sus borradores, de la fase de su vida que empieza en 1857 y dura hasta sus años últimos–,
con desprecio de la obra anterior a esa fase, se apoya decisivamente en la objetividad de
las leyes históricas, centradas en última instancia en torno a la creciente “contradicción”
entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción de una época de crisis. Ahora
bien, ciertas consideraciones bastante obvias tienden a desbaratar este modelo por lo que
hace a la crisis de nuestros días, o, por lo menos, a la predicción que a este respecto enun-
cia la vulgata marxista. Los textos de Marx sugieren desde 1848 que su autor creía que las
fuerzas productivas entonces operantes estaban entrando en “contradicción” con las rela-
ciones de producción capitalistas y que la resolución de esa “contradicción”3 sólo podía ser
el socialismo. Una lectura lo más literal posible de esos textos permite salvar el modelo teó-
rico general marxiano (pues sin duda se puede entender el florecimiento de las sociedades
anónimas industriales y financieras como la revolución de las relaciones de producción reso-
lutoria de la “contradicción” con el desarrollo de las fuerzas productivas señalada por Marx
en aquellos años), pero no su predicción socialista.4 Esto mismo ocurre hoy, pero todavía

2 Sobre este punto y su noción de fuerzas productivo-destructivas, véase uno de sus artículos más celebrados: M. Sacristán,
«¿Qué Marx se leerá en el siglo XXI?», Pacifismo, ecologismo y política alternativa, Icaria, Barcelona, pp. 123-129.
3 El entrecomillado de “contradicción” señala un uso no lógico-formal, equivalente a contraposición, oposición, choque, enfren-
tamiento. Véase M. Sacristán, Sobre dialéctica, El Viejo Topo, Barcelona, 2009.
4 En una entrevista de 1983 con la revista mexicana Dialéctica (ahora en De la Primavera de Praga al marxismo ecologista.
Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, Los libros de la Catarata, Madrid, 2004, pp. 147-178, edición de F. Fernández Buey
y S. López Arnal), señalaba: «Reconozco que reflexiones análogas del viejo Marx –la carta a Vera Sassulich o la carta a
Engels sobre los ferrocarriles– me han abierto el camino para pensar que no hay contradicción referente a la acción del des-
arrollo de las fuerzas productivo-destructivas, y una concepción política socialista que no confíe ciega e indiscriminadamen-

Inéditos 183
Inéditos

más demoledoramente para la predicción marxiana, porque las fuerzas productivas cuyo
desarrollo caracteriza nuestra presente civilización no han sido ni soñadas por Marx, pero,
a pesar de ello, la predicción del inminente «paso al socialismo» no es más verosímil que
en 1848. Esta consideración quita mucho atractivo al marxismo teoricista, objetivista y cien-
tificista, basado en el «Marx maduro», que predominó en el marxismo de los países capita-
listas durante los años sesenta y setenta. Aquella lectura de Marx tenía graves defectos
internos –principalmente la incoherencia entre su cientificismo y la inspiración hegeliana,
presumiblemente ignorada por sus protagonistas, de su infalibilismo y objetivismo histórico–,
pero sin duda es la evolución política y económica ocurrida desde entonces lo que más la
desacredita. Por lo demás, ese teoricismo marxista se veía obligado a despreciar no solo la
obra del «Marx joven», del que tanto se discutía, sino también la del menos leído «Marx
viejo», el cual había escrito categóricamente, en una carta hoy célebre a la revolucionaria
rusa Vera Sassulich, que sus tesis de El Capital se referían exclusivamente a las socieda-
des europeas occidentales.5

Pero no es probable que la reconocida implausibilidad de la imagen de un Marx teórico


puro, o autor de ciencia pura, tal como tendió a verlo el estructuralismo, haga hoy más con-
vincente la vuelta a una interpretación de la obra marxiana desde el «Marx joven», desde
los manuscritos de 1844 principalmente, como la cultivada por varias escuelas marxistas o
marxológicas en los años cincuenta, con desprecio más o menos acentuado del “positivis-
mo” de El Capital. También en este punto lo decisivo ha de ser la práctica, esto es, un cri-
terio de coherencia con las necesidades sociales. No parece que los conceptos fundamen-
tales del Marx filósofo (que así es como habría que llamarle, más que «Marx joven») –huma-
nidad genérica, alienación,6 retrocaptación de la alienación, etc.–, por interesantes que sean
y por adecuadamente que expresen las motivaciones y las valoraciones comunistas mar-
xianas, sean por sí solos suficientemente operativos para permitir un manejo eficaz del
intrincado complejo de problemas tecnológicos, sociales y culturales con que se ha de
enfrentar hoy un proyecto socialista. Para eso hace falta ciencia, positivista conocimiento de
lo que hay, de lo dado, cuyo estudio es tan antipático para el revolucionario romántico cuan-
to imprescindible para toda práctica no fantasmagórica. Esto hará siempre de El Capital una
pieza imprescindible de cualquier lectura sensata de Marx, pues esas dos mil páginas y pico
contienen el esfuerzo más continuado y sistemático de su autor para conseguir una com-
prensión científica de lo que hay y de sus potencias y tendencias de cambio.

te en el desarrollo de las fuerzas productivo-destructivas, sino que conciba la función de una gestión socialista –y no diga-
mos ya de la comuna– como administración de esas fuerzas, no como simple levantamiento de las trabas que les opongan
las actuales relaciones de producción. Me parece que una vez formulado así, esto resulta muy obviamente coherente con la
idea de sociedad socialista, de sociedad regulada» [la cursiva es mía].
5 Véase M. Sacristán, Escritos sobre El Capital (y textos afines), El Viejo Topo, Barcelona, 2004.
6 Entre otras aproximaciones a esta categoría filosófica, M. Sacristán: «Alienación», Papeles de filosofía, Icaria, Barcelona,
1984, pp. 411- 413. Igualmente, uno de sus primeros escritos marxistas: «Humanismo marxista en la “Ora marítima” de Rafael
Alberti», Nuestras Ideas, núm. 1, mayo-junio de 1957, pp. 85-90.

184 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 181-185
Prólogo para la traducción catalana de El Capital (1983)

Pero una visión científica adecuada, ni cientificista ni apologética, tiene que partir de la
revisabilidad de todo producto científico empírico. Lukács hizo una vez el experimento men-
tal de preguntarse si quedaría algo del marxismo una vez que todas sus tesis particulares
hubieran sido falsadas o vaciadas por la evolución social.7 Pensó que sí, que quedaría algo,
a saber, el estilo de pensamiento muy abarcante y dinámico, histórico, que él llamó «méto-
do dialéctico». Admitiendo que esta idea de Lukács es muy convincente, habría que añadir-
le o precisarle algo: el programa dialéctico de Marx –que engloba economía, sociología y
política, para totalizarse en la historia– incluye un núcleo de teoría en sentido estricto que,
sin ser todo El Capital, se encuentra en esta obra. El programa mismo era ya entonces
inabarcable para un hombre solo; seguramente esto explica muchos de los padecimientos
psíquicos y físicos de Karl Marx; y también da su estilo de época a una empresa intelectual
que hoy consideraríamos propia de un colectivo, y no de un investigador solo. Por eso El
Capital quedó en muñón, y por esto es inconsistente todo intento de convertir su letra en
texto sagrado. Pero lo que sí parece imperecedero es su mensaje de realismo de la inteli-
gencia: un programa revolucionario tiene que incluir conocimiento, poseer ciencia. Por su
propia naturaleza, la ciencia real es caduca. Pero sin ella no puede llegar a ser aquello que
no es ciencia. Por esta convicción ha dedicado Marx su vida y ha sacrificado mucho de su
felicidad –con el turbio resultado que eso suele arrojar–8 en la redacción de estas miles de
páginas que al final le producían tan escaso entusiasmo que se limitó a sugerir que Engels
“hiciera algo” con ellas.

7 G. Lukács, «¿Qué es el marxismo ortodoxo?», en Historia y consciencia de clase, Grijalbo, Barcelona, 1969 (traducción de
Manuel Sacristán).
8 Sobre el difícil, laborioso, largo y complejo proceso de creación, información y escritura de El Capital, véase Mary Gabriel,
Amor y Capital, El Viejo Topo, Barcelona, 2004, un libro que probablemente hubiera conmovido e interesado fuertemente a
Manuel Sacristán y a su compañero y amigo Francisco Fernández Buey.

Inéditos 185
Economía, poder y política. Crisis y cambio
de paradigma, José Manuel Naredo 189
Agustín Pedrazzoli

Autoconstrucción. La transformación cultural que


necesitamos, Jorge Riechmann 190
José Sebastián Carrión García

La sociedad de coste marginal cero. El internet de


Libros
las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse
del capitalismo, Jeremy Rifkin 192
Carmen Madorrán

Raíces en el asfalto. Pasado, presente y futuro de la


agricultura urbana, José Luis Fernández Casadevante
y Nerea Morán Alonso 195
Luis González Reyes

187
Libros

ECONOMÍA, PODER Y POLÍTICA. nas democracias capitalistas, por un lado, pro-


CRISIS Y CAMBIO DE PARADIGMA claman la defensa de la libertad y los derechos
individuales, mientras que por otro, reproducen
José Manuel Naredo instituciones que actúan, más o menos directa-
Díaz & Pons mente, en contra de estos mismos principios
Madrid, 2015 sobre los que se constituyen. Si uno observa el
160 págs. contexto de inconformidad ciudadana, se pue-
den apreciar claramente dos grandes objetos de
crítica y descontento: los partidos políticos y las
Es de sobra conocido que atravesamos un empresas privadas (especialmente los grandes
momento de revuelta social. Prueba de ello son bancos y las multinacionales). Estos dos ámbi-
las alteraciones que se han producido en los tos son, según Naredo, los exponentes institu-
últimos años a nivel nacional y global, en dife- cionales de los ejes centrales sobre los que se
rentes esferas (políticas, económicas y sociales) ha construido nuestra sociedad “occidental”
y que en nuestro contexto nacional parecen desde la Edad Moderna: el sistema económico
condensarse en el difícil año electoral que y el sistema político. Una distinción considera-
enfrentamos, barómetro del calado que han da, en gran medida, falsa, puesto que la econo-
tenido estas mismas alteraciones en el grueso mía no es independiente de los influjos de la
de la población. Sería fácil aproximarse a este política, ni viceversa, lo que nos ha llevado a
momento histórico con una perspectiva coyun- esta situación sorprendente, y a la vez previsi-
tural, leyendo en los hechos solo la inmediatez ble, de rapto de la soberanía por parte del poder
de los acontecimientos, la deshonestidad con económico y de complicidad del poder político a
nombre y apellidos de políticos corruptos y ban- la hora de proteger las grandes fortunas y per-
queros despiadados o el pánico ante el desmo- petuar las injusticias sociales y redistributivas.
ronamiento de las ayudas sociales. Resulta ten- Siguiendo el recorrido histórico que el autor
tador, asimismo, buscar sólo medidas urgentes nos sugiere, encontramos que la modernidad
para tratar de poner remedio a los problemas supuso, para nuestra sociedad, el descubri-
que enfrentamos y así salir del paso, y quizá vol- miento del valor del individuo. Anclado previa-
ver a la supuesta normalidad del business as mente en sociedades de marcado carácter tra-
usual. Sin embargo, dicha posición no permite dicional y jerárquico, la razón elevó al sujeto
enfrentar con la suficiente profundidad los pro- moderno por encima de la autoridad; y el valor
blemas de raíz que este momento histórico está del individuo autónomo y soberano se irguió
poniendo de relieve y para lo cual se necesita un como principio máximo sobre el que asentar
análisis lúcido, crítico y solvente –incluso podrí- nuestra organización social, política y económi-
amos decir visionario. Un enfoque como éste es ca. Esta idea del individuo independiente estaba
el que afortunadamente encontramos en este fuertemente vinculada a la de la propiedad, lo
libro de José Manuel Naredo (la nueva edición que condujo a que enseguida la economía
actualiza la primera, publicada en 2013), en un moderna o liberal se articulara en torno a la pro-
momento en que, como sociedad, quizás más lo tección de la propiedad privada y la libertad de
necesitemos. industria y comercio. Por otro lado, más tarde la
En esta obra, titulada Economía, poder y organización política tomó la forma de una
política, Naredo es capaz de ofrecer una pers- maquinaria de agregación de voluntades indivi-
pectiva histórica de nuestro presente en la que duales que se condensa en los partidos políti-
pone de manifiesto las evoluciones conceptua- cos, que acaban siendo los verdaderos agentes
les e institucionales que nos han llevado a esta de la actividad política en las democracias con-
situación de paradoja social. Nuestras moder- temporáneas. Frente a la progresiva atomiza-

de relaciones ecosociales y cambio global 189


Nº 130 2015, pp. 189-196
Libros

ción de la sociedad, posibilitada por cierta lectu- pleja red de relaciones locales e internacionales
ra del valor intrínseco del individuo, surge una y las instituciones que generan– desde el punto
respuesta comunitarista enarbolada principal- de visto de la concepción del individuo que las
mente por las izquierdas. Se crea así una dico- sostiene es una forma muy potente de aprehen-
tomía que ha reinado en el marco político con- der la realidad social, y posiblemente la única
temporáneo: la falsa opción entre individuo y capaz de ofrecer alternativas reales –aunque no
sociedad, como si decidir a favor de los dere- necesariamente fáciles– al actual orden social.
chos y libertades individuales inevitablemente Un verdadero cambio de paradigma, como él lo
fuera en perjuicio del bienestar colectivo, y vice- llama, es decir, un cambio que no se quede en
versa. un maquillaje superficial de los problemas que
El resultado de dicho enfrentamiento ya lo existen en nuestro mundo, debe partir necesa-
conocemos: un punto muerto ideológico donde, riamente de una nueva forma de comprender-
ante la falta de opciones convincentes entre la nos en tanto que individuos y en tanto que seres
depredación sin escrúpulos del mercado o el que se relacionan con su entorno. Sólo esto
autoritarismo del Estado, triunfan la pasividad y podrá abrir paso a un nuevo orden político y
la resignación entre la población. Está claro que económico, y en consecuencia, a un mundo en
si pretendemos construir un futuro satisfactorio, el que se pueda trabajar efectivamente por los
que permita volver a ilusionarnos y pensar con derechos y libertades de todas las personas.
vitalidad y entusiasmo, es necesario superar
esta falsa dicotomía. La propuesta interpretativa Agustín Pedrazzoli
que nos hace el profesor Naredo en este libro Facultad de Filosofía y Letras
resulta de una claridad extraordinaria y a la vez de la Universidad Autónoma de Madrid
de una gran lucidez. Él considera que es preci-
samente la noción de individuo que se desarro-
lló en la modernidad, ese individuo racional,
autónomo y soberano, la responsable de esta
falsa elección, puesto que esta noción de indivi- AUTOCONSTRUCCIÓN. LA
duo reniega del alto grado de interdependencia TRANSFORMACIÓN CULTURAL QUE
que toda persona experimenta con su entorno NECESITAMOS
social y biológico. Sin desacreditar el valor que Jorge Riechmann
ha tenido la moderna noción de individuo para Los Libros de la Catarata, Madrid, 2015
subrayar y defender las libertades y los dere- 301 págs.
chos de las personas, la incapacidad de las ins-
tituciones contemporáneas para proteger efecti-
vamente estas mismas libertades y derechos se Las contradicciones esenciales del capitalismo,
debe principalmente a que dicha noción no ha sus automatismos explotadores, están conducien-
tenido en cuenta la dimensión relacional del do a una crisis del sistema social a escala plane-
individuo. taria. Lo que introduce el ecosocialismo es el
Este libro lleva a cabo una revisión profunda entendimiento de que la crisis actual no se debe
del tipo de individualidad dominante en nuestra tanto a un quebranto de lo financiero como a la
sociedad capitalista, poniéndolo en dialogo con explotación desmesurada de los recursos natura-
problemáticas tan importantes como la crisis les. Nuestra inflexibilidad, pues, nos estaría
medioambiental, la competitividad social y labo- poniendo en peligro de extinción como especie.
ral, la violencia de género o la exclusión social y Autoconstrucción aterriza en este escenario
el deterioro de la esfera pública. Entender nues- como un ensayo de complicada catalogación
tra sociedad y nuestro mundo –es decir, la com- temática, en el que se abordan algunos tópicos

190 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 189-196
Libros

reiterados en la obra ensayística de Jorge real en un mundo en el que lo virtual ha ganado


Riechmann, si bien ahora el planteamiento es, si terreno dentro de la consciencia. Somos vícti-
cabe, más holístico, también más granado mas también de una especie de tecnociencia
desde el punto de vista filosófico y de su sopor- burocratizada. Narcisismo, negacionismo y anti-
te empírico. Sabemos más sobre el paradigma catastrofismo que a su vez son alimentados por
medioambientalista y hemos sido capaces de el sistema económico dominante, que prefiere
perfilar mejor sus causas y efectos. Estamos individuos fragmentados en su personalidad y
ante un tratado monumental sobre los humanos disociados en su forma de concebir el mundo
y su relación con el planeta, que partiendo catár- exterior. Entretenidos, “multiatareados”, agota-
ticamente de la inevitabilidad del colapso dos, en suma. Un contexto de inercia estructural
socioecológico global, alcanza su clímax en el en el que Riechmann introduce la idea de
último capítulo («Sabidurías Ecológicas») afir- “aprender a fracasar mejor”, presentando el pro-
mando que «no se trata de que vuelva a funcio- ceso de autoconstrucción como bricolaje políti-
nar el ascensor social supuestamente merito- co-moral para minimizar alguna de las taras
crático: se trata de trenzar vínculos de solidari- consecuentes con nuestra naturaleza paradóji-
dad ante la barbarie que avanza. […] Has de ca de “simios averiados”.
vivir de otra manera. He de vivir de otra manera. La obra observa la complejidad del proble-
Hemos de vivir de otra manera». Simplemente, ma socioecológico global y, por lo tanto, se pre-
no es posible el crecimiento económico indefini- senta jerarquizada en su armazón epistémico,
do en una biosfera finita. facilitando la lectura a una audiencia no espe-
Autoconstrucción revela el fracaso del movi- cializada. Se proponen aquí saltos significativos
miento ecologista para hacer las paces con el en aquello que importa, desde la escala del
planeta y detalla cómo el capitalismo ha deveni- manejo de la función psíquica individual hasta la
do antitético del ecosocialismo y de la justicia, de la toma de decisiones en las organizaciones
siendo capaz de extraer lo peor de la condición transnacionales. Riechmann va desde la catar-
humana. El capitalismo como miasma parasita- sis del pesimismo antropológico comunal hasta
rio cuyos seudópodos avanzan desestructuran- la esperanza de un gran pensador y poeta que,
do la sociedad cívica, familiar y aquello que de más que obsesionado con la teorización, atien-
lo social persiste dentro de cada individuo, de a la fenomenología del caso de estudio.
moviéndonos masivamente desde la condición Lo anterior hace que resulte imposible abu-
de ciudadanos a la de consumidores. Hablamos rrirse con esta lectura. Pero el lector no podrá
de un ecocidio en curso, una plaga que culmina salir ileso de la misma pues está preñado de
en genocidio ofreciendo una perspectiva a corto poesía y de verdad, también de grandes ideas,
y medio plazo de tintes malthusianos y hobbe- e incluye algunas que, sin duda, nos permitirían
sianos en la que no resulta ya posible la adap- sobrevivirnos como especie: trenzar vínculos de
tación a un planeta que puede llegar a ser entre solidaridad, debilitar nuestro componente com-
4 y 6° C más cálido para una población que petitivo, construir comunidad aun en situaciones
podría alcanzar los 9.000 millones. Un panora- de minoría, reducir los niveles de producción
ma intimidatorio si tenemos en cuenta que el industrial con tecnologías de alcance intermedio
impacto social de la crisis ha hecho retroceder compatibles con economías homeostáticas
aún más los retos medioambientales en la agen- diseñadas para operar con menor flujo metabó-
da de las prioridades políticas. lico, lanzarnos a la búsqueda de una democra-
Nos enseña Cicerón que aceptar las limita- cia cognitiva en la que sea factible una relación
ciones libera. Pero Riechmann insiste igualmen- fractal entre persona y cultura,…. Para
te en que existen serias cortapisas psicológicas Riechmann se hace precisa y urgente una
para concebir la crisis socioecológica como algo apuesta por la equidad y la solidaridad, la eco-

Libros 191
Libros

dependencia, la interdependencia, la proximi- mista norteamericano que además ha sido ase-


dad, la biomímesis (imitación del funcionamien- sor político de pesos tan pesados como Angela
to de la biosfera), en suma, la prevalencia del Merkel (y pluma, como Zapatero). Podemos
capital social frente a la riqueza. encontrar, hilvanadas en este libro, algunas de
Puede también que el fracaso de la educa- las tesis desarrolladas en sus anteriores publi-
ción haya sido una gran tragedia para los que caciones: La Tercera Revolución Industrial
vivimos en estos tiempos. La inercia institucio- (2011), El fin del trabajo (1995), La civilización
nal, sin exclusión, de todos los modelos educa- empática (2010) y La era del acceso (2000).
tivos, representa un tumor silente y poderoso, La obra está dividida en cinco partes, prece-
consustancial a la crisis de la que habla didas de un extenso capítulo en el que se espe-
Riechmann. Es igualmente la adicción a nuestro cifican los puntos de partida, algunas considera-
componente egoico, a nuestra continuidad tóxi- ciones incuestionables para el autor, y se pre-
ca planetaria, a nuestra personalidad neoténica- sentan los términos fundamentales que se repe-
mente infantil, la que hace urgente la necesidad tirán a lo largo de todo el libro. En la primera
de alzarnos por encima de nuestras circunstan- parte, Rifkin repasa el origen de la economía de
cias, plantarle cara a los ataques de la realidad mercado y las razones que posibilitaron las dos
y olvidar la consabida letanía de quejas de todos primeras revoluciones industriales. El autor pro-
los experimentos frustrados de las últimas déca- pone entender los cambios cualitativos que
das. Riechmann proporciona claves valiosas y supusieron ambas revoluciones, y los aumentos
abundantes para esta tarea. A solas y en com- de productividad que llevaron aparejados, en
pañía de otros. una matriz compuesta por un medio de comuni-
cación, una fuente de energía y un mecanismo
José Sebastián Carrión García, de logística. Así, de la máquina de vapor, el
profesor de Biología Evolutiva, ferrocarril y la imprenta habríamos pasado al
Universidad de Murcia petróleo, la invención del motor de combustión
interna y el teléfono.
Uno de los puntos de partida del libro es la
aparición de un sistema económico nuevo, el
procomún colaborativo, que estaría transfor-
LA SOCIEDAD DE COSTE MARGINAL mando la organización de la vida económica y
CERO. EL INTERNET DE LAS haciendo posible reducir las diferencias de
COSAS, EL PROCOMÚN ingresos, democratizar la economía mundial a la
COLABORATIVO Y EL ECLIPSE DEL par que creando una sociedad ecológicamente
CAPITALISMO sustentable. No es poco decir. Además, este
nuevo paradigma vendría a sustituir al capitalis-
Jeremy Rifkin
mo, encontrándonos hoy, insospechadamente,
Paidós, Madrid, 2014 en una economía híbrida entre ambas. El vatici-
464 págs. nio con que se abre el libro es que alrededor del
año 2050, el procomún colaborativo será el sis-
tema principal, habiendo ganado un terreno pre-
La imagen de portada de La sociedad de coste cioso al paradigma capitalista, defenestrado por
marginal cero es un eclipse de sol. El sol no está méritos propios. Este viejo sistema, resquebra-
tapado por completo sino que vemos una por- jado a ojos de nuestro autor, estaría siendo ata-
ción mínima que irradia una luz anaranjada cado a nivel teórico por el auge de la economía
como las mujeres de Gauguin. Se trata del últi- basada en las leyes de la termodinámica, que
mo libro de Jeremy Rifkin, el sociólogo y econo- introduce el concepto de entropía como límite

192 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 189-196
Libros

fundamental del consumo de energía y materia- obtienen beneficios comerciales de la conectivi-


les, frente a la idea de crecimiento continuo del dad son las grandes empresas y administracio-
capitalismo; y en la práctica, por el Internet de nes con intereses comerciales o de control
las cosas (expresión acuñada por Kevin Ashton mucho más preocupantes que liberadores.
en los noventa), que estaría convirtiendo cada La tesis fundamental de Rifkin es que nos
actividad en un acto de colaboración y a cada acercamos a una sociedad de coste marginal
consumidor en un prosumidor (en sentido cero. Los beneficios en una economía de mer-
amplio, aquel que consume los productos que cado capitalista proceden de los márgenes, y a
genera, o aquel que además de consumidor, es través del proceso tecnológico se ha ido redu-
productor). Asimismo, el Internet de las cosas ciendo cada vez más el coste marginal de la
explicaría parte del aumento de la productividad producción y la distribución. Gracias al Internet
y estaría formado, siguiendo el esquema men- de las cosas, que está asociado al aumento de
cionado, por un Internet de las comunicaciones; la productividad y a la energía renovable, efi-
un Internet de la logística; y un Internet de la ciente y prácticamente gratuita, nos estaríamos
energía (calcula que el 80% de la energía gene- acercando vertiginosamente al momento en que
rada a partir de 2040 procederá de las renova- el coste marginal de la producción y distribución
bles, cuyo coste marginal se estaría aproximan- será prácticamente nulo, por lo que en un cer-
do ya a cero). cano futuro los bienes y servicios serán (casi)
gratuitos. El valor de intercambio que habitual-
«Esta infraestructura inteligente ofrecerá a las mente tienen las mercancías irá siendo sustitui-
empresas conectadas a la red un flujo continuo de do por el valor de compartición en el procomún
grandes datos que las empresas podrán procesar colaborativo al que nos acercamos a pasos agi-
mediante análisis avanzados con el objetivo de gantados. Los mercados tal y como los conoce-
crear algoritmos predictivos y sistemas automati- mos estarían cediendo terreno a las redes y a la
zados que les permitan mejorar su rendimiento economía del compartir.
termodinámico, aumentar drásticamente su pro- No cabe duda de que uno de los aspectos
ductividad y reducir casi a cero los costes margi- positivos de este libro es la gran cantidad de
nales en toda la cadena de valor», p. 98. información bien organizada sobre los avances
que se están produciendo en distintos ámbitos.
A día de hoy, como sabemos, estos grandes En este sentido, encontramos una detallada
datos ya están en funcionamiento. No deja de descripción del funcionamiento y el alcance de
ser curioso que el autor del libro llame la aten- la impresión en tres dimensiones o de la conse-
ción sobre el crecimiento exponencial que se ha cución de coste marginal cero a través de cur-
producido en este sector (en el año 2007 había sos masivos en Internet (MOOC por sus siglas
diez millones de sensores que conectaban al en inglés: Massive Open Online Course), o de
Internet de las cosas muy distintos aparatos; en las iniciativas de software libre, entre otras.
2013, ya eran más de 3.500 millones, y se cal- También contempla la perspectiva de colapso
cula que para el año 2030, habrá cien billones ecológico y el problema del cambio climático,
de sensores conectados), y sin embargo no aunque no asume todas las implicaciones que
señale los usos prioritarios para los que está sir- conllevaría tomar en serio ambos problemas.
viendo este flujo de grandes datos. Muy al con- Pero más allá de afanarse en presentar un catá-
trario de lo que parece señalar, es decir, que logo de las iniciativas colaborativas que estarían
gracias al desarrollo de esta infraestructura de dando un silencioso vuelco al sistema y de ape-
información podremos pasar desde la era capi- lar a nuestra empatía y responsabilidad para
talista a la Edad Colaborativa; hemos de tener desarrollar una conciencia de la biosfera, las
en cuenta que quienes recolectan, estudian y aportaciones de Rifkin son más bien escasas.

Libros 193
Libros

Uno de los principales motivos por los que dejando al margen en todo momento la huella
es posible afirmar que el autor no asume la gra- nada desdeñable del consumismo tecnológico.
vedad de la crisis ecológico-social en que nos Considero que su propuesta es irreal y describe
encontramos o es capaz de disociarla de las un mundo y una generación que no conozco,
medidas radicales que habría que tomar para como si existiese masivamente un rechazo al
amortiguar el batacazo, es su constante apela- automóvil y otros bienes de consumo, o como si
ción a la abundancia y su fe ciega en las nuevas hubiésemos reducido drásticamente nuestro
tecnologías. «Hemos estado tan convencidos uso de los combustibles fósiles (y como si el
de que la escasez es la base de la economía, éxito de algunas iniciativas de la economía cola-
que nos cuesta creer que sea posible una eco- borativa no tuviera que ver con la crisis econó-
nomía de la abundancia» (p. 189). Su propues- mica sino con la esencia de los jóvenes de hoy
ta da por sentado que las necesidades mate- en día). Por el camino quedan muchas cuestio-
riales de todos van a ser cubiertas de forma nes por resolver, cabos sueltos de bastante rele-
prácticamente gratuita –por aquello del coste vancia. En ocasiones vaticina el fin del capitalis-
marginal cero– y en un mundo así, las distincio- mo, que además considera un sinónimo de eco-
nes materiales y el afán de posesión perderían nomía de mercado, mientras que en otras
importancia. Eso sí, «para poder disfrutar de la aboga por un cambio que haga posible la coe-
abundancia del planeta no sólo deberíamos xistencia de la Edad Colaborativa con el viejo
reducir la huella ecológica de los ricos, sino tam- capitalismo. Este modelo se propone vagamen-
bién contener la explosión demográfica de los te como un sistema económico nuevo sin des-
más desfavorecidos» (p. 351). Mantiene que cribir siquiera someramente cuál sería su fun-
sustituir la economía de la escasez por otra de cionamiento. Por un lado defiende que el traba-
la abundancia es probablemente la única vía efi- jo como tal se está acabando por los procesos
caz para garantizarnos un futuro sostenible, y lo de tecnificación (sustitución de obreros de la
juega todo a la carta de la Generación Y (apro- construcción por impresoras de tres dimensio-
ximadamente los nacidos entre finales de los nes que construyen casas, por ejemplo), mien-
setenta y principios de los noventa). Y es que tras que otras veces dice que en los largos años
dice que los miembros de la Generación Y son de transición energética hará falta mucha mano
menos materialistas y apoyan mucho más la de obra. Ante una crisis ecológico-social como
protección del medio ambiente que las genera- la que atravesamos, con la miseria también a la
ciones anteriores. Rifkin remarca el nuevo espí- vuelta de la esquina, conviviendo con el aumen-
ritu del compartir de mi generación y su desape- to de la desigualdad, el paro y los beneficios de
go de la posesión material como el último ele- las grandes empresas (especialmente las dedi-
mento necesario para la revolución colaboracio- cadas a bienes de lujo), creo que las propuestas
nista. simplificadoras y redentoras son un obstáculo
No puedo compartir el análisis general que que tenemos que sortear.
presenta la obra porque considero que fantasea
con la capacidad de producción de energía a Carmen Madorrán,
coste prácticamente cero de las energías reno- licenciada y master en Filosofía
vables, además de no contemplar que, salvo
honrosas excepciones, no se están impulsando
lo suficiente por parte de la mayoría de los
gobiernos. Creo además que hace un análisis
que amplifica las posibilidades de algunas ini-
ciativas como las MOOC, la impresión en tres
dimensiones, o la dependencia de Internet;

194 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 189-196
Libros

RAÍCES EN EL ASFALTO. PASADO, ción, en muchas ocasiones de forma bastante


PRESENTE Y FUTURO DE LA individualista, quien los ha montado. En deter-
minados momentos, han sido iniciativas de los
AGRICULTURA URBANA movimientos sociales emancipadores (obrero,
José Luis Fernández Casadevante y feminista, ecologista, vecinal) y de los de reno-
Nerea Morán Alonso vación pedagógica. En otras ocasiones, han
Libros en Acción, 2015 sido herramientas que perseguían el control
344 págs. social, por ejemplo a través del fomento de la
iniciativa privada frente a las “ideas socialistas”.
También han sido impulsados con fines asisten-
Un libro sobre la historia de los huertos urbanos ciales. Por último, crecieron, asimismo, empuja-
puede parecer demasiado específico, pero este dos desde las administraciones como respuesta
libro es eso y mucho más. a situaciones de fuertes carencias, como duran-
Raíces en el asfalto es un esfuerzo grande, te las guerras. Con un abanico tan amplio, se
y con pocos precedentes, de recoger la historia podría pensar que la agricultura urbana es “neu-
de la agricultura urbana en EE UU y Europa, con tral”. Sin embargo, el libro muestra cómo, en
algunas pinceladas del resto del mundo. Pero, todos los casos, «la solidaridad y la ayuda
sobre todo, es el trabajo inédito de hacer eso mutua son rasgos naturales de la socialidad hor-
mismo en España. Este recorrido no se pierde telana» (p. 88).
en los datos, que también los da, sino que es Pero el libro es más que “solo” historia agrí-
capaz de identificar periodos y patrones. cola, porque es capaz de analizar el devenir de
Aunque empieza su análisis con las despo- la agricultura urbana dentro de otros cambios
sesiones que dieron origen al capitalismo, su históricos y, lo que es más complejo, de mostrar
centro de análisis arranca a principios de siglo las influencias del cultivo en las ciudades sobre
XX. Muestra el auge y declive de la agricultura la evolución cultural, sociológica o económica.
urbana acoplado a las situaciones de crisis y Esto lo hace sin maximizar artificialmente estas
crecimiento económico, pero también a la influencias. Por ejemplo, «los huertos urbanos
apuesta de los movimientos sociales por esta jugaron simultáneamente un doble papel, culti-
herramienta. Es una historia que, en la geogra- var verduras y hortalizas para el autoabasteci-
fía española, empezó más tarde a cobrar fuerza miento, y convertirse en espacios privilegiados
pero que, paradógicamente, ahora está más de socialización, cooperación y ayuda mutua en
viva que en muchos lugares de Europa. contexto de crisis» (p. 15) o durante la segunda
También entrelaza lo que ocurrió con lo que guerra mundial «llegaron a producir […] el equi-
se pretendió que ocurriese, es decir, el papel de valente a la mitad de alimentos […] producidos
los huertos urbanos en las utopías y luchas en Gran Bretaña» (p. 132).
sociales desde distintos planteamientos ideológi- También es más porque entrelaza los proce-
cos. Así, se recorre el papel que cumplió la agri- sos urbanos y rurales, descubriendo que las
cultura urbana en el socialismo utópico, el anar- líneas de separación muchas veces no son níti-
quismo, el comunismo o el ecologismo, pero das. Muestra la fuerte interrelación entre estos
también en el fascismo. Se analizan propuestas dos mundos y, en concreto, «la ficticia indepen-
como la ciudad jardín, la ciudad lineal o las ciu- dencia de los entornos urbanos de la naturale-
dades en transición. Todo esto lo hace mostran- za» (p. 30) que se muestra en el desarrollo urba-
do sus aciertos, ingenuidades y sombras. nístico radicalmente insostenible del siglo XX.
Bajo esta mirada, los huertos urbanos han Por último, también es más que eso porque
sido iniciativas que han partido de distintos finaliza con un sugerente capítulo en el que la
agentes. En algunos casos, ha sido la pobla- historia sirve para interpretar el presente y pro-

Libros 195
Libros

yectar el futuro partiendo de ejemplos concretos


que están siendo premonitorios del porvenir.
Son los casos de La Habana, Detroit, Rosario y
Grecia. Otra mirada hacia el pasado hubiera
tenido poco sentido. De este modo, el texto
reflexiona sobre los huertos urbanos como bien-
es comunes, también como elementos en los
que se plasma el derecho a la ciudad. Se los
muestra como espacios de «acupuntura urba-
na» (p. 323) donde crece de forma preferente la
«topofilia» (p. 321). En una transformación
emancipadora de la ciudad, los huertos son
imprescindibles. Por ello, el libro hace una lla-
mada a la «huertopía» (p. 319), en la que las
narrativas y los imaginarios de ciudades que
integren la agricultura son fundamentales para
que crezcan alimentos y comunidad, para que
«el campo colonice la ciudad convirtiéndola en
una realidad física nueva» (p. 327).

Luis González Reyes,


miembro de FUHEM

196 de relaciones ecosociales y cambio global


Nº 130 2015, pp. 189-196
Guía para la Educación Inclusiva
Desarrollando el aprendizaje y
la participación en los centros escolares
■ Este libro es la traducción del Index for Inclusion, de Tony Booth y Mel
Ainscow, en su tercera edición corregida y ampliada.
■ Una herramienta de uso práctico e inmediato que facilita el compromiso de
los equipos docentes y el progreso hacia una educación inclusiva de calidad.
■ Como aportación novedosa incorpora la sostenibilidad al análisis del currícu-
lo escolar, porque solo un futuro sostenible posibilita la equidad y la inclusión
educativa.
Editado por FUHEM Educación y la OEI
■ Ofrece un conjunto de indicadores, orientaciones y cuestionarios que favorecen Páginas: 198
la reflexión individual y colectiva de los educadores, para que pongan en prác- Precio: 22 euros
ISBN: 84-95801-34-0
tica los principios y valores de una educación verdaderamente inclusiva.
■ Este libro está dividido en seis grandes bloques:
AUTORES:
– Una visión general Tony Booth y Mel Ainscow
– Un enfoque integrado para mejorar cada centro escolar: valores, currículo, TRADUCCIÓN Y ADAPTACIÓN A
alianzas, barreras y materiales CARGO DE:
– Cómo usar el libro para pasar a la acción: las pistas, el plan y la evaluación Gerardo Echeita, Yolanda Muñoz,
– Indicadores y preguntas: culturas, políticas y prácticas inclusivas Cecilia Simón y Marta Sandoval
(miembros del Consorcio para la
– Planificación y cuestionarios: indicadores para evaluar Educación Inclusiva).
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de puntuación:
Ej.: [...] la transformación del capitalismo.1
– Libros
M. Kranzberg y W. H. Davenport, Tecnología y cultura, Gustavo Gili, Barcelona, 1979, pp. 196.
– Capítulos de libros
J. Riechmann, «Para una teoría de la racionalidad ecológica» en S. Álvarez Cantalpiedra y Ó. Carpintero (eds.),
Economía ecológica: reflexiones y perspectivas, CBA, Madrid, 2009.
– Artículos en prensa o revistas
M. Vázquez Montalbán, «De cómo Mariano Rajoy se convirtió en un ovni», El País, 3 de octubre de 2003, p. 14.
– Páginas web
T. J. Pritzker, «An early fragment from Central Nepal», Ingress Communications [disponible en: [Link]
Acceso el 8 de junio de 1998].
– Para una referencia utilizada con anterioridad, usar la fórmula:
M. Vázquez Montalbán, op. cit., 2003.
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DE RELACIONES ECOSOCIALES Y CAMBIO GLOBAL

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