Retos Urbanos y Cambio Global
Retos Urbanos y Cambio Global
PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global es una revista trimestral publicada desde 1985
por FUHEM. Con una mirada transdisciplinar, la revista aborda temas relacionados con la sosteni-
bilidad, la cohesión social y la democracia, con la paz como eje transversal del análisis.
La revista está recogida sistemáticamente por las bases de datos: LATINDEX, DIALNET, DICE,
ISOC-Ciencias Sociales y Humanidades, RESH, ARCE
I.S.S.N. - 1888-0576
Depósito legal - M-30281-1993
Esta revista recibió una ayuda a la edición del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en 2015.
Para solicitar autorización para la reproducción de artículos publicados, escribir a FUHEM Ecosocial.
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son responsabilidad de los autores.
ENSAYO
¿Reproducción o contrahegemonía? ¿Puede contribuir
la Universidad al cambio ecosocial? 13
Rafael Díaz-Salazar
ESPECIAL
PROBLEMAS Y DESAFÍOS
DEL MUNDO URBANO
La invisibilización urbana de las clases populares 29
Jean Pierre Garnier
Financiación local. Apuntes para un cambio
en el modelo 47
Bernardino Sanz y David Bustos
Endeudamiento urbano. La insostenibilidad social
de la deuda municipal de Madrid 63
Carlos Sánchez Mato
Inmigrantes en ciudades globales. El caso de Madrid
Colectivo Ioé
75 SUMARIO
La trascripción espacial del empobrecimiento general.
Los barrios como el sumidero de los desechos
de la crisis 89
Víctor Renes Ayala
La ciudad por la que merece la pena luchar 103
Vicente Pérez Quintana
PANORAMA
El hambre como producto de las políticas
de ajuste en los países del Sur de Europa 115
José Ramón González Parada y Carlos Gómez Gil
Reformas fiscales y pérdida
de progresividad del sistema tributario 125
Víctor A. Luque De Haro y Miguel Ángel Luque Mateo
3
Sumario
PERISCOPIO
Un mundo nuevo en el corazón de las ciudades.
Iniciativas comunitarias que anticipan nuevas
formas de habitar lo urbano 143
José Luis Fernández Casadevante
ENTREVISTA
Entrevista a Jon E. Illescas sobre industria
cultural y videoclips 155
Salvador López Arnal
DIÁLOGO
Controversias en torno a la pobreza energética.
Diálogo entre el centro de investigación
Economics for Energy (EfE) y el Observatorio
Crítico de la Energía (OCE) 169
José Bellver
INÉDITO
Prólogo para la traducción catalana de
El Capital (1983) 181
Manuel Sacristán Luzón
LIBROS
Economía, poder y política. Crisis y cambio
de paradigma, José Manuel Naredo 189
Agustín Pedrazzoli
Autoconstrucción. La transformación cultural que
necesitamos, Jorge Riechmann 190
José Sebastián Carrión García
La sociedad de coste marginal cero. El internet de
las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse
del capitalismo, Jeremy Rifkin 192
Carmen Madorrán
Raíces en el asfalto. Pasado, presente y futuro de
la agricultura urbana, José Luis Fernández Casadevante y
Nerea Morán Alonso 195
Luis González Reyes
4
INTRODUCCIÓN
Hacer frente al proyecto
urbanizador del capital
motivo dedicamos dos números consecutivos de la revista PAPELES a los desafíos y pro-
blemas presentes en estos ámbitos, empezando por lo que acontece en el espacio urbano.
En este modelo de ciudad desaparecen muchos de los elementos que identificaba Jane
Jacobs como indispensables en la vitalidad de las ciudades y que contribuyen a que la gente
se sienta parte de la comunidad y más feliz con su entorno. Frente a un tejido urbano que
parece hilado de numerosos “espacios de anonimato” (o “no lugares”, como los denomina
3 PAPELES ha abordado la cuestión urbana desde diferentes prismas en el núm 106: «La ciudad, una cuestión de derechos»,
en el núm. 111: «Tendencias y alternativas urbanas» y, más recientemente, poniendo el foco en la apuesta municipalista, en
el núm. 129 dedicado a «Municipios y participación ciudadana».
Introducción 7
Introducción
Marc Augé)4 poco propicios para los contactos continuados, Jacobs resalta el papel funda-
mental del encuentro habitual entre vecinos y conocidos con el tendero local y las familias
del barrio, así como la importancia de la existencia de mercados callejeros, plazas y parques
públicos que se puedan frecuentar con seguridad y comodidad, por ser estos ámbitos los
que proporcionan un sentimiento de continuidad y responsabilidad entre los residentes: «La
suma de esos contactos ocasionales y públicos en el plano local –la mayoría de ellos for-
tuitos y asociados a los recados, determinados todos ellos por la persona interesada y no
impuestos por nadie– equivale a un sentimiento de identidad pública de la gente, una red de
respeto y confianza y un recurso para tiempos de necesidad de las personas y el barrio».5
El deterioro de la confianza resulta mortal para la vida de las ciudades, pues son siem-
pre un proyecto colectivo y, como señalaba Tony Judt, no hay empresa colectiva que no
requiera confianza: «La falta de confianza es incompatible con el buen funcionamiento de
una sociedad […][Además] la confianza no se puede institucionalizar. Una vez que se des-
gasta es prácticamente imposible restablecerla. Y ha de ser alimentada por la comunidad
–la colectividad–, pues ninguna persona puede imponer a los demás, ni siquiera con las
mejores intenciones, una confianza recíproca».6 La desconfianza es el mejor caldo de culti-
vo del miedo, y el miedo, como señala Bernardo Sechhi, desarrolla la intolerancia rompien-
do la solidaridad, que a su vez retroalimenta a la propia política urbana segregadora neoli-
beral: «gran parte de la heterogeneidad y fragmentación espacial de la ciudad contemporá-
nea hunde sus propias raíces en sucesivos movimientos de rotura del sistema de solidari-
dad y en el correspondiente emerger de sistemas de intolerancia, ya sean de carácter sani-
tario, religioso, étnico o cultural, o tengan que ver con diferentes modos de vida o niveles de
renta, hábitos de consumo o cuestiones relativas a las características del espacio habitable
[…] hoy la cuestión urbana se manifiesta cada vez más como explosión de nuevos sistemas
de intolerancia».7
4 M. Augé, Los “no lugares”. Espacios del anonimato, editorial Gedisa, Barcelona, 1993. Con “no lugares” el autor se refiere a
esos espacios descontextualizados e indiferenciados donde no es posible leer la identidad, la relación y la historia, ámbitos
cada día más numerosos en los que pasamos un tiempo creciente de nuestras vidas (aeropuertos, estaciones, intercambia-
dores de trasporte, centros comerciales, hoteles, complejos resort, pantallas y tabletas digitales, etc.).
5 J. Jacobs, The Death and Life of Great Cities, Vintage Books, Nueva York, 1961, p. 56.
6 T. Judt, Algo va mal, Taurus minor, Madrid, 2013, p. 73.
7 B. Secchi, La ciudad de los ricos y la ciudad de los pobres, Catarata, Madrid, 2015, p.36.
Otras expresiones de la mercantilización del espacio público, revestidas esta vez de for-
mas de colaboración con el sector privado con la supuesta intención de revitalizar determi-
nados espacios urbanos, son las fórmulas de asociación que dan lugar a los «centros
comerciales abiertos» en los cascos históricos de las ciudades o las áreas de dinamización
8 Ibidem, pp. 50-51.
9 J. Rifkin, La era del acceso, Paidós, Barcelona, 2000, p. 170. En el capítulo 7, «El acceso como estilo de vida», Rifkin des-
cribe y analiza de manera particular el papel de las comunidades exclusivas, conocidas en los EEUU como ‘common-interest
developments’.
Introducción 9
Introducción
Afortunadamente hay quien ha decidido hacer frente al proyecto urbanizador del capital.
La nueva política que encarnan las agrupaciones electorales municipalistas que han acce-
dido recientemente al gobierno de muchos ayuntamientos de nuestro país abre una puerta
a la esperanza de que se pueda recuperar la ciudad como espacio común para los ciuda-
danos.
10 Un interesante análisis de las razones de la proliferación de estas fórmulas y de las consecuencias de su implantación, se
puede consultar en el artículo publicado en la primavera del 2008 en esta misma revista: H. Villarejo, «Espacios públicos
gobernados privadamente», PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 101, pp. 101-116. (Descarga libre en:
[Link]
11
RAFAEL DÍAZ-SALAZAR
¿Reproducción o contrahegemonía?
¿Puede contribuir la Universidad
al cambio ecosocial?
siguen estando desposeídos del capital cultural universitario. Sobre esta cuestión, Thomas
Piketty ha afirmado lo siguiente en El capital en el siglo XXI:
«La desigualdad de acceso a la enseñanza superior es una de las cuestiones más importantes
que debe afrontar el Estado social en el siglo XXI […] Sería ingenuo imaginar que basta la gra-
tuidad (de acceso) para resolver todos los problemas. A menudo la selección financiera es susti-
tuida por mecanismos de selección sociocultural más sutiles, como los analizados por Pierre
Bourdieu y Jean-Claude Passeron en Les Héritiers».1
«[…] ¿la masificación de la educación permitió una renovación más rápida de los ganadores y de
los perdedores en la jerarquía de las calificaciones con respecto a una desigualdad inicial? Según
los datos disponibles, la respuesta parece ser negativa: la correlación intergeneracional de los
diplomas y de los ingresos del trabajo, que calcula la reproducción en el tiempo de las jerarquías,
no parece manifestar una tendencia a la baja a largo plazo, e incluso habría tenido una predis-
posición a aumentar durante el período reciente».2
1 Th. Piketty, El capital en el siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2014, p.537.
2 Th. Piketty, op. cit., 2014, pp. 534-535.
postgrado en instituciones de élite que son las que verdaderamente forman a quienes van
a dirigir social, política, ideológica y económicamente a los países. El capital cultural y el
capital económico necesario para acceder a estas universidades es una barrera importantí-
sima que sólo los héritiers, según la terminología de Bourdieu y Passeron, pueden franquear
salvo excepciones, claro está, que requieren apoyos públicos institucionales.3 Por estas
razones, Piketty afirma que el poder de la oligarquía busca su legitimación en la meritocra-
cia que se obtiene a través del éxito escolar en universidades exclusivas que reproducen las
élites y capacitan para seguir formando parte de la clase dominante y dirigente o incorpo-
rarse a ella.4
3 P. Bourdieu y J. Passeron, La reproduction: èlements pour une theorie du système d’enseignement, Èditions de Minuit, Paris,
2007; P. Bourdieu y J. Passeron, Los herederos: los estudiantes y la cultura, Siglo XXI, Buenos Aires, 2009.
4 Véase el apartado dedicado a Meritocracia y oligarquía en la Universidad, en Th. Piketty, op. cit. 2014, pp.536-539.
Especial 15
Ensayo
En segundo lugar, nos encontramos con el modelo humanista y liberal social surgido de
las mejores tradiciones europeas y estadounidenses. Este modelo ha sido desplazado, e
incluso, marginalizado por el modelo anterior. Este tipo de Universidad persigue tres fines:
ofrecer conocimientos profesionales, dar una alta cultura humanística independientemente
de la vinculación específica de los estudios con una determinada profesión, y formar a
quienes por su preparación han de dirigir los destinos de un país desde la dirección de las
principales instituciones de la sociedad civil y del Estado. Su reto principal es lograr crear
élites profesionales cultas y filantrópicas. Este modelo se afana por liberar al quehacer uni-
5 F. Fernández Buey, «Crisis de civilización», PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 105, 2009, pp. 41-51.
6 Sobre este modelo, ver E. Tenti (comp.), Universidad y Empresa, Miño y Dávila, Buenos Aires, 2003; Fundación Banco
Santander (coord.), La Universidad en la sociedad del siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2011.
En tercer lugar, existe un modelo liberador y transformador que desea contribuir al cam-
bio ecosocial y a la construcción de contrahegemonía para transformar la estratificación
social y para orientar la producción, el consumo y las formas de vida desde el ecologismo.
Las universidades de este tipo tienen como finalidad la formación de humanistas y profe-
sionales al servicio de la construcción de Estados de justicia y sociedades civiles articula-
das en torno a los bienes comunes y a la regulación ecológica de la vida. Esto implica dar
más centralidad en la docencia e investigación a las cuestiones relacionadas con la libera-
ción, emancipación y capacitación de las clases sociales y de los grupos más precarizados
y empobrecidos, así como a pensar la transición ecologista. Estas clases y grupos ya no
constituyen un sector excluido y marginal, pues son la expresión de una nueva reconfigura-
ción de la estructura social. Ésta se caracteriza por el crecimiento de profundas desigual-
dades de riqueza, poder, cultura y condiciones de vida, así como por el surgimiento del pre-
cariado y un nuevo sector de familias empobrecidas.9 La crisis ecológica no es una crisis
7 J. Ortega y Gasset, Misión de la Universidad, Edición de Jacobo Muñoz, Biblioteca Nueva, Madrid, 2001 [v.o. 1930], p. 59.
8 Véase M. Nussbaum, El cultivo de la humanidad, Paidós, Barcelona, 2012 y M. Nussbaum, Sin fines de lucro. Por qué la
democracia necesita de las humanidades, Katz, Madrid, 2010. La defensa de una Universidad humanista también es pro-
pugnada por intelectuales de gran valía como Edgar Morin y Zigmunt Bauman, aunque desde posiciones ideológicas que van
más allá del liberalismo clásico. De la abundante obra de Edgar Morin recomiendo: «Universidad», en E. Morin, La mente
bien ordenada: repensar la reforma, reformar el pensamiento, Seix Barral, Barcelona, 2000; Los siete saberes necesarios
para la educación del futuro, Paidós, Barcelona, 2001; Educar en la era planetaria, Universidad de Valladolid, 2002; El méto-
do. La humanidad de la humanidad. La identidad humana, Cátedra, Madrid, 2003; «Reformas del pensamiento y de la edu-
cación», en E. Morin, La vía. Para el futuro de la humanidad, Paidós, Barcelona, 2011 y Para un pensamiento del Sur, 2010
[disponible en: [Link] Acceso el 2 de febrero de 2015]. De la obra de
Zigmaun Bauman son muy recomendables Los retos de la educación en la modernidad líquida, Gedisa, Barcelona, 2008 y
Sobre la educación en un mundo líquido, Paidós, Barcelona, 2013.
9 R. Díaz-Salazar (ed.), Trabajadores precarios. El proletariado del siglo XXI, Ediciones HOAC, Madrid, 2003; R. Díaz-Salazar,
Desigualdades internacionales, Icaria, Barcelona, 2012; G. Standing, El precariado, Pasado & Presente, Barcelona, 2013; G.
Standing, Precariado. Una carta de derechos, Capitan Swing, Madrid, 2014; J. Tezanos, La sociedad dividida: estructura de
clases y desigualdades en las sociedades tecnológicas, Biblioteca Nueva, Madrid, 2009 y J. Tezanos, E. Sotomayor, R.
Sánchez Morales y V. Díaz, En los bordes de la pobreza: las familias vulnerables en contextos de crisis, Biblioteca Nueva,
Madrid, 2013.
Especial 17
Ensayo
10 U. Bardi, Los límites del crecimiento retomados, Catarata, Madrid, 2014; A. Gorz, Capitalismo, Socialismo, Ecología,
Ediciones HOAC, Madrid, 1995; H. Kempf, Cómo los ricos destruyen el planeta, Clave Intelectual, Madrid, 2013; M. Löwy,
Ecosocialismo, Biblioteca Nueva, Madrid, 2012; Papa Francisco, Laudato si’, Mensajero, Bilbao, 2015 y J. Riechmann, Todo
tiene un límite: ecología y transformación social, Debate, Madrid, 2001.
11I. Ellacuría, Escritos Universitarios, UCA Editores, San Salvador, 1999; M. Sacristán, «La Universidad y la división del traba-
jo», en Intervenciones políticas. Panfletos y Materiales III, Icaria, Barcelona, 1985, pp. 95-152 y F. Fernández Buey, Por una
Universidad democrática, El Viejo Topo, Barcelona, 2009. De la amplia obra de Boaventura de Sousa Santos, lo más valio-
so para el tema que estoy abordando son sus libros Crítica de la Razón Indolente, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2003;
Conocer desde el Sur: para una cultura política emancipatoria, Universidad Mayor de San Marcos, Lima, 2006; «De la idea
de Universidad a la Universidad de las ideas», en De la mano de Alicia. Lo social y lo político en la posmodernidad, Siglo del
Hombre, Bogotá, 1998, La Universidad en el siglo XXI. Para una reforma democrática y emancipatoria de la Universidad,
Plural Editores, La Paz, 2007 y Epistemologías del sur, Akal, Madrid, 2014.
12 I. Wallerstein, Análisis de sistema-mundo, Siglo XXI, México, 2005, pp. 13-23; N. Chomsky, Sobre democracia y educación.
Vol. 1. Escritos sobre ciencia y antropología del entorno cultural, Paidós, Barcelona, 2005 y N. Chomsky, Sobre democracia
y educación. Vol. 2. Escritos sobre las instituciones educativas y el lenguaje en las aulas, Paidós, Barcelona, 2005. Ver tam-
bién D. Orr, «¿Para qué sirve ahora la educación superior?», en The Worldwatch Institute, La situación del mundo 2010.
Cambio cultural. Del consumismo hacia la sostenibilidad, Icaria, Barcelona, 2010.
Pienso que el cambio ecosocial tiene tres dimensiones interconectadas: a) una cultura
antropológica basada en la ética ecológica; b) la máxima redistribución de la riqueza, el
poder y el estatus (identificado ahora con el capital profesional y cultural universitario); y c)
una organización de la producción, del consumo y de la organización de la vida cotidiana
regulada por la ecología.13 El cambio cambio ecosocial avanza cuando aumenta la igualdad,
la libertad (entendida como “no dominación”) y la fraternidad y cuando la ecología regula
nuestra forma de producir, consumir y relacionarnos con los demás y con la naturaleza. La
clave de toda esta concepción es la idea de fraternidad que tiene raíces en diversas religio-
nes y en filosofías agnósticas y ateas que en la antigüedad y en la actualidad van más allá
de la idea de justicia distributiva. En este sentido, son muy interesantes las aportaciones que
provienen de diversas corrientes de la nueva filosofía republicana, de la filosofía latinoame-
ricana de la liberación y de la ética ecológica.
Especial 19
Ensayo
Los análisis de la realidad local, autonómica, nacional e internacional deberían estar pre-
sentes en todos los tipos de estudios universitarios de forma específica y transversal.
Además la Universidad ha de crear Observatorios de la realidad. Esta propuesta tiene cua-
tro finalidades: a) la Universidad ha de generar opinión pública crítica; b) el análisis prove-
niente de la Universidad ha de ser un contrapeso cívico-institucional de los proyectos del
poder político, del poder mediático y del poder económico que cada vez están más interre-
lacionados; c) el ofrecimiento desde la Universidad de análisis de calidad puede favorecer
que la ciudadanía tenga elementos argumentados de juicio de la realidad; y d) la
Universidad puede contribuir a la formación y expansión de una cultura cívica que exige al
poder un elemento básico de la democracia como es la rendición de cuentas.
Pensar el cómo del cambio ecosocial ha de ser una competencia de la Universidad, espe-
cialmente de su área de investigación. En modo alguno puede dejarse esta tarea en exclu-
siva a partidos políticos, organizaciones empresariales y fundaciones privadas.
a los medios de comunicación social. ¿Dónde hay espacio para pensar con profundidad el
cómo del cambio ecosocial desde la perspectiva de las periferias de la sociedad, de los sec-
tores empobrecidos y excluidos, de los movimientos ecologistas? La Universidad es un
ámbito institucional central para esta tarea.
Actualmente estamos ante algo más grave que una crisis económica con dimensión glo-
bal. Nos hallamos ante una crisis de civilización. El actual modelo capitalista que impera en
el sistema-mundo es ecocida, explotador, opresivo y alienante. Hay suficientes investigacio-
nes empíricas, realizadas por los organismos de Naciones Unidas y otras instituciones cien-
tíficas, para sostener que la anterior afirmación se basa en datos cuantificables y, en modo
alguno, es una tesis ideológica demagógica. Pues bien, las universidades, salvo excepcio-
nes, son instituciones responsables del mantenimiento y la reproducción de este modelo. En
ella se forman los ejecutores de este modo de producción económico y cultural. Sus master,
sus MBA, sus doctorados, sus planes de investigación se centran, por lo general, en la obten-
ción de la excelencia por quienes van a formar parte de las élites y de los ejecutivos de los
capitalismos nacionales y transnacionales. La gran concentración de producción del conoci-
miento en las universidades permite que estas instituciones cumplan esta función. Y es en
este ámbito donde hay que realizar un ingente esfuerzo para reorientar la docencia y la inves-
tigación en las universidades con el fin de construir las alternativas y las propuestas concre-
tas para que la utopía de “otro mundo es posible” se convierta en una realidad práctica.
Pensar y crear otro modelo de desarrollo ecosocial es imposible sin universidades alter-
nativas, sin universidades autocríticas que tomen conciencia de su desorientación y tengan
el valor de adoptar decisiones firmes para reorientarse. El potencial del conocimiento huma-
no es inmenso y lo esencial es saber orientar la dirección y los objetivos del mismo.
Si la economía del conocimiento es, guste o disguste, un desiderátum de los nuevos tiem-
pos, engendra también peligros para la Universidad si ella renuncia a la universalidad de su
misión y no sabe establecer prioridades. La mayor parte de los planes nacionales de I+D+i
tienen un claro sesgo economicista y capitalista, no tienen en cuenta los desafíos de la crisis
de civilización y, por supuesto, marginan o no dan centralidad a la investigación relacionada
con la emancipación de los empobrecidos y la regulación ecológica de toda la vida humana.
Especial 21
Ensayo
Considero que las universidades deben instaurar planes de I+D+i para pensar a diver-
sas escalas (local, nacional, global) la transición civilizadora15 y la transformación ecosocial
de cada país y del sistema-mundo a través del establecimiento de redes globales de uni-
versidades que persigan los mismos fines y compartan una cultura de fondo.
Concretamente voy a formular una propuesta de cuatro planes de I+D+i para un mode-
lo de Universidad comprometida con la transformación social y cultural. No puedo desarro-
llar los contenidos precisos de cada uno de ellos, sino enumerar los temas que podrían ser
abordados y formar parte de una agenda de investigación que tenga como eje el cambio
ecosocial. Lo importante son las cuatro áreas y el enfoque: a) investigar de manera innova-
dora para la transformación social y ecológica; b) hacerlo con diálogo y conexión con los
sectores de la sociedad civil que intervienen en estos procesos, lo cual requiere un modelo
de investigación participativa; y c) transferir el conocimiento y los resultados de las investi-
gaciones aplicadas a los sectores de la sociedad civil para impulsar un determinado mode-
lo de desarrollo ecosocial.
15 Las obras de Edgar Morin, citadas en la nota número 7, son esenciales para profundizar en esta temática. Véase también
su obra Para una política de la civilización, Paidós, Barcelona, 2009. La revista PAPELES de relaciones ecosociales y cam-
bio global está realizando una importante aportación a este trabajo de pensar la transición hacia otro tipo de economía, polí-
tica y cultura. Destacan los números 117, 118 y 119 dedicados a las Alternativas. Ver también J. Riechmann, O. Carpintero
y A. Matarán (coords.), Los inciertos pasos desde aquí hasta allá: alternativas socioecológicas y transiciones poscapitalis-
tas, Editorial Universidad de Granada, 2014.
Especial 23
Ensayo
– Las propuestas de los movimientos de la sociedad civil y las formas de su traducción polí-
tica e institucional.17
– Modelos y funcionamiento de la democracia participativa.
– La democracia fiscal y la redistribución de la riqueza.
– Control democrático de los grupos de presión.
– Democracia y medios de comunicación social.
– Democracia y crimen organizado.
– Soberanía nacional, soberanía ecológica y empresas transnacionales.
– La reproducción del empobrecimiento y el aumento de las desigualdades como fracaso de
la democracia. La reorientación de las políticas públicas contra la pobreza y la desigualdad.
– Los debates internacionales sobre nuevas políticas migratorias.
– La implantación de los derechos humanos sociales, económicos y ecológicos.
– Políticas contra la violencia de género.
– Formas de capacitación cívico-política de los sectores empobrecidos.
– Democracia laboral. Un nuevo derecho del trabajo contra el crecimiento del precariado y
los trabajadores pobres.
Especial 25
Ensayo
práctica. Los extramuros de la Universidad son muy importantes para ella. Actualmente es impo-
sible conseguir determinados objetivos educativos desde espacios escolares cerrados por más
creativos que puedan ser. La apertura de la Universidad a la sociedad civil más activa constitu-
ye un requisito para generar redes educativas con las organizaciones y movimientos sociales.
Me parece que es conveniente crear un espacio universitario regulado para que exista
una relación institucionalizada, fluida y constante entre la Universidad y aquellas organiza-
ciones y movimientos sociales implicados en el cambio ecosocial.
La lucha por la superación del neoliberalismo que todavía rige el destino de los pueblos
conlleva también salvar la Universidad de su creciente colonización por los requerimientos
capitalistas del Estado, los bancos y las empresas y convertirla en un gran laboratorio para
pensar la transición ecosocial. Desde Gramsci y con Gramsci hemos de llevar la “guerra
de posiciones” a la Universidad para construir dentro de ella y desde ella una nueva hege-
monía.
27
JEAN PIERRE GARNIER
La invisibilización urbana de
las clases populares
de las clases populares que, hasta entonces, las más de las veces, habían quedado en la
sombra. Al contrario de los enfoques superficiales teñidos de miserabilismo que aún preva-
lecen, se hacía evidente que su descomposición (aspecto sobre el que se pone el acento
habitualmente) iba a la par de recomposiciones que contradecían las conclusiones precipi-
tadas –y a veces interesadas– de una desaparición anunciada.
Hablar de clases populares en Francia hoy día –no sólo en los medios políticos y mediá-
ticos sino también en el medio académico– conlleva el riesgo de ser calificado de marxista o,
como está de moda desde hace algún tiempo, populista. Y aún es peor hablar de “lucha de
clases”: llueven entonces las acusaciones de extremismo, estalinismo, simplismo, arcaísmo.
Acepto pasar por marxista o marxiano ya que así me reivindico. Sobre la acusación de
populismo, volveré más tarde. En cuanto a la simpleza, mi punto de partida es efectivamente
simple, lo que no quiere decir simplista. Vivimos en una sociedad capitalista y, por lo tanto,
de clases, digan lo que digan los sociólogos que se apresuran a entonar un réquiem por las
clases sociales, como si la “sociedad salarial” que ensalzan como concepto de remplazo
fuese capaz de poner fin a la existencia de aquéllas.2 Pero las clases sociales existen sólo
a través de la relaciones de clase: relaciones de explotación económica, de dominación polí-
tica y de sujeción ideológica que son hoy, sin duda alguna, más preceptibles que nunca,
aunque sus formas hayan cambiado desde que Marx, Engels y algunos teóricos anarquis-
tas emprendiesen la tarea de describirlas para denunciarlas. No reconocer o no admitir la
existencia de estas relaciones de clase, como hacen los partidarios políticos y soportes ide-
ológicos de dicha sociedad, equivale a negar la realidad social. El problema es que preci-
samente estos están ganando desde los años 80 en Francia la batalla de las ideas parale-
lamente a la victoria de neoliberalismo en el campo económico. Se puede hablar en este
sentido de una verdadera “reconquista” ideológica. Ciertas palabras o conceptos, conside-
rados como no científicos, han sido erradicados. Me refiero, por ejemplo, a «burguesía»,
«proletariado», «explotación», «plusvalía» –excepto si se trata de la Bolsa–, «dominación»,
«enajenación» y, desde luego, «capitalismo» –sustituido por «economía de mercado»– o
«clase» -sustituida por «categoría» o «grupo social». Desde finales de los años 70, todos
ellos fueron eliminados del vocabulario de las ciencias sociales mayoritarias. Incluso la
buena y vieja categoría de «trabajador» –como ironiza un sociólogo integracionista–3 ha
sido abandonada y reemplazada por la de «ciudadano».
2 M. Kokoreff y J. Rodrigez, Une France en mutation Globalisation, État, Individus, Petite bibiothèque Payot, 2013.
3 D. Merklen, Quartiers populaires, quartiers politiques, La Dispute, Paris, 2009.
4 La sociología integracionista se basa en la negación de las contradiciones de clases. El enfoque integracionista plantea que
los problemas de las clases populares estriban en una “falta de integración” dentro de un modelo de sociedad que no se
puede cuestionar, la sociedad capitalista.
Especial 31
Especial
investigadores que estudian la evolución de las clases populares: por haber «abandonado
el tema de la revolución para comprometerse en favor de la democracia, les cuesta mucho
trabajar con la expresión “clases sociales”, y aún más adjetivarla con una palabra tan vulgar
como “populares”».
Estos escrúpulos de los investigadores frente a conceptos que suelen tachar de anticua-
dos pueden resultar cómicos, sobre todo si se tiene en cuenta la vigencia efectiva de los mis-
mos de la que da fe la famosa declaración hecha en la cadena CNN, en 2005, por uno de los
hombres más ricos del mundo, el businessman estadounidense Warren Buffet (y que reiteró
por escrito en el New York Times un año después): «La guerra de clases existe, es un hecho,
y mi clase, la de los ricos, que es la que está haciendo esta guerra, la está ganando».
La clase en sí misma queda definida objetivamente por su lugar en las relaciones de pro-
ducción. Así, la pertenencia a la clase obrera está basada en el hecho de que lo único que
posee el obrero para vender es su fuerza de trabajo, que compra el burgués, poseedor de
los medios de producción, lo que le permite explotar al obrero. Eso vale también para los
empleados que ejecutan las tareas últimas en el sector “servicios” (transporte, comercio,
información, etc.) –los “nuevos proletarios”–, ya que estas actividades están también en
manos de capitalistas. Así pues, la clase en sí misma agrupa a los agentes que tienen obje-
tivamente los mismos intereses, con independencia de lo que ellos piensen de su posición
social.
vaga y confusa. Sienten intensamente el peso de las desigualdades percibidas como injus-
ticias y saben bien que su vida tanto en el trabajo como en el tiempo libre es muy diferente
de la de los ricos y las elites –ya sean económicas, políticas, intelectuales o artísticas–, pero
no tienen una visión del mundo propia, no viven y no definen su condición laboral por medio
de prácticas, valores y significaciones compartidas, forjadas en la separación y la autono-
mía cultural con respecto a las clases medias y superiores. En pocas palabras, no tienen
conciencia de constituir una clase. Tienen tendencia a pensar según la ideología dominan-
te, que no es tanto la de la misma burguesía como la que se difunde por sus instituciones
(la escuela, en primer lugar, y, sobre todo, los medios de comunicación); una ideología que
tiene como rasgos más sobresalientes el individualismo y el consumismo. Sin embargo, esta
dominación ideológica no es absoluta y conlleva algunas fragilidades que se manifiestan en
tiempos de crisis. Un ejemplo entre otros: pese a la intensa propaganda política y mediáti-
ca a favor, una inmensa mayoría de las clases populares francesas (casi el 80% de los obre-
ros y más del 70% de los empleados) votaron en el 2005 contra el Tratado Constitucional
Europeo. Obreros y empleados saben, a través de su experiencia cotidiana, resumida en las
palabras austeridad y precarización que Europa es la Europa neoliberal del capital –y no la
del programa Erasmus reservado a una juventud privilegiada (menos que antes, sin embar-
go, con la proletarización incipiente de ésta)– que se burla de la supuesta soberanía popu-
lar que caracterizaría “nuestras democracias”.
¿Recomposición o descomposición?
Necesitaría mucho más espacio del disponible aquí para explicar con todo detalle las razo-
nes del decaimiento, cuando no la desaparición, de la conciencia en las clases populares.
Especial 33
Especial
Me limitaré a enumerar varios factores que han sido puestos de relieve por estudios reali-
zados en Francia cuyos autores, si bien raramente mantienen posiciones anticapitalistas, al
menos tienen el mérito de ser antiliberales:5
– primero, las transformaciones del modo de producción capitalista o, para que quede claro,
del modo de explotación: disminución del porcentaje de obreros en la población activa
debido a la desindustrialización y las deslocalizaciones y, por consiguiente, la minoración
de su peso y su influencia en la sociedad;
– el carácter cada vez más abstracto del enemigo de clase como consecuencia de la trans-
nacionalización y la financiarización del capital;
– el alejamiento entre los establecimientos industriales o comerciales y los centros de deci-
sión, lo que fragiliza la eficiencia de los movimientos sociales en las unidades locales;
– la desaparición de los lugares de trabajo con mayor concentración de trabajadores (gran-
des fábricas, astilleros, minas, etc.) y el aumento de la proporción de obreros que traba-
jan en el sector servicios (transporte, mantenimiento…), ahora mayoritario;
– la flexibilización del mercado laboral con la extensión de formas de empleo temporal o a
tiempo parcial, y el aumento del desempleo, es decir, la generalización de la precariedad,
que tiene como efecto desestabilizar a los colectivos de trabajadores y obstaculizar la soli-
daridad y la resistencia;
– la reorganización del funcionamiento de las empresas (new management) con la indivi-
dualización de las tareas y la acentuación de la división del trabajo, en particular entre
obreros cualificados y no cualificados, obreros estables y precarios, trabadores de “cuello
blanco” y trabajadores de “cuello azul”;
– las innovaciones tecnológicas que separan a los trabajadores en base a su especialización;
– la difusión generalizada de los valores empresariales (participación, autonomía, mérito,
competición para subir en la jerarquía).
5 Y. Siblot, M. Cartier, I. Couant, O. Masclet y N. Renahy, Sociologie des classes populaires contemporaines, Armand Colin,
Paris, 2015. Este libro colectivo propone una visión de conjunto de la evolución de las clases populares en Francia, sinteti-
zando las investigaciones realizadas sobre este tema y acompañándolas de una rica bibliografía.
como compañeros sino como “colegas”, una evolución lingüística que refleja, y al mismo
tiempo acentúa, la invisibilización de las clases populares.
6 J. P. Garnier y L. Janover, La deuxième droite, Agone, Marsella, 2013 [Primera edición 1986].
7 Neologismo creado para designar la evolución de las costumbres, algo que interesa mucho a los “neo-pequeños burgueses”,
pero que son diferentes de las cuestiones sociales que se plantean las clases populares, esto es, inestabilidad del empleo,
rebaja del nivel de vida, desmantelamiento del Estado de bienestar, etc.
Especial 35
Especial
rización, parte de la PBI ha empezado a tomar también en cuenta estas cuestiones, pero
esto no basta para poder seguir afirmando la ausencia de las clases populares en las insti-
tuciones políticas. En cuanto al Partido Comunista Francés, sus dirigentes y cuadros perte-
necen también hoy mayoritariamente a la PBI del sector público, en particular, personal
docente y socioeducativo, representantes, cuadros y expertos municipales, lo que explica
que este partido haya abandonado su ambición de representar prioritariamente a las clases
populares, excepto en los periodos electorales.8
Las clases populares, ausentes del campo político, tampoco están muy presentes en el
campo sindical. La burocratización de los sindicatos, las divisiones y rivalidades entre ellos,
sus arreglos con la izquierda oficial en el poder, el abandono de una «lógica de oposición»
en provecho de una «lógica de proposición» –que es, de hecho, una lógica de colaboración
de clases– y las derrotas sucesivas en la lucha contra el neoliberalismo han contribuido a la
deserción de la base militante. Resultado: la tasa de sindicalización de los obreros y emplea-
dos (7%) no ha dejado de reducirse en el transcurso de los años.
Como concluyen a propósito de esta situación los sociólogos y politólogos que se pre-
tenden críticos, las clases populares padecen una crisis de representación. Dicho de otro
modo, las clases populares son políticamente invisibles. Esto no preocuparía mucho a la
burguesía y a la PBI si no fuese porque esta crisis de representación popular pone en crisis
la propia democracia representativa, y esto por dos vías:
– El “partido de los abstencionistas” (siempre más del 50%, salvo cuando se puede votar
contra la Europa de Bruselas) es el “primer partido” en Francia, al que habría que
sumar la gente que ni siquiera se inscribe en el censo electoral (y que somos el 12%
de los ciudadanos en edad de votar). Pues bien, todas las investigaciones y los estu-
dios muestran que la abstención es mucho mayor en el caso de las clases populares.
Este desafecto deslegitima a un régimen que supuestamente encarna el reino de la
soberanía popular pero que, sin embargo, se evidencia como una “democracia sin el
pueblo”.
– Un porcentaje cada vez más importante de estas clases vota al Frente Nacional –la
extrema derecha- no porque se hayan convertido en fascistas, sino porque detestan los
partidos que se suceden en el poder para proseguir con la misma política al servicio del
capitalismo. Dejando a un lado el debate sobre si esto representa un peligro para la
democracia, sí hay un aspecto de este voto extremista que tiene que ver directamente
con la invisibilización de las clases populares: el carácter populista de la propaganda del
Frente Nacional a la que François Hollande acaba de reprochar que «habla, a través de
los discursos de Marine Le Pen, como una octavilla de los años setenta del Partido
8 J. Mischi, Le communisme désarmé. Le PCF et les classes populaires depuis les années 1970, Agone, Marsella, 2014.
Comunista». Con este tipo de argumentos que sirven al mismo tiempo de pretexto y de
coartada, los dirigentes, periodistas e intelectuales de la izquierda socioliberal buscan
tanto excusarse de haber olvidado a las clases populares como desacreditar los esfuer-
zos realizados por lo poco que queda de la izquierda socialdemócrata antiliberal y de la
izquierda anticapitalista para volver a conectar con el antiguo lenguaje militante progre-
sista y, de este modo, con las clases populares. Y todo ello, no por miserabilismo o pater-
nalismo, sino para situar a las clases populares en el lado de la emancipación colectiva
cuando éstas se conviertan en un pueblo consciente y organizado para un cambio social
real. Desgraciadamente, hasta la fecha, estos esfuerzos no han estado coronados con
éxito en Francia. Y de hecho, es aquí donde se hace más nítida la intervención de los
factores específicamente ideológicos que obran a favor de la despolitización del pueblo
y, con ello, a su invisibilización.
De la despolitización a la invisibilización
A nivel internacional, no se puede eludir el desastroso impacto del doble fracaso del socia-
lismo (o del comunismo) supuestamente “real” y la pérdida consecutiva de los ideales de
transformación social que habían movilizado a las clases trabajadoras desde el siglo XIX.
No solamente los regímenes considerados como la encarnación de estos ideales se reve-
laron como sus propias caricaturas –a menudo dictatoriales y sangrientas–, sino que, ade-
más, tampoco llegaron a sobrevivir frente a sus rivales capitalistas. Hoy día, el proletaria-
do ya no puede encontrar un régimen que concrete y simbolice un modelo positivo con el
que poder identificarse, un modelo alternativo a la llamada “democracia de mercado”, y
tampoco puede, por tanto, figurar ante los ojos de las otras clases ni ante los suyos pro-
pios como una fuerza social capaz de llevar a la humanidad hacia un futuro mejor o inclu-
so “radiante”.
A nivel nacional, los defensores del orden establecido aprovecharon esta quiebra de los
ideales socialistas o comunistas y el desánimo que provocó en las clases populares para
desarmarlas intelectualmente. En Francia, desde mediados de los años setenta y acompa-
ñando la ofensiva económica neoliberal, se desató también una embestida ideológica de
gran amplitud. Politiqueros, periodistas e intelectuales de salón se coaligaron para imponer
un “pensamiento único” conformista que convenciese a las clases populares de que el par-
lamentarismo del capital, rebautizado como “democracia de mercado”, era el horizonte insu-
perable de nuestros tiempos y de los tiempos venideros.
Especial 37
Especial
plasma sin identidad de clase, definido por su adhesión y participación gregarias –las más
de las veces como figurantes y nunca como actores– en las instituciones representativas
estatales o paraestatales, como es el caso de algunas asociaciones subvencionadas por el
Estado. En cuanto al calificativo «popular», sirve hoy para designar lo que cuenta con la pre-
ferencia de la población, o más bien del público, ya que, en nuestra «sociedad del espectá-
culo», la popularidad depende principalmente del favor de los mass media. Se trata de la
población que las clases dominantes, burguesas y neo-pequeño-burguesas, identifican con
la parte menos educada y menos culta, cuyos gustos son considerados vulgares.
Consecuencia: lo que es relativo al pueblo, propio del pueblo, lo que procede del pueblo
como medio social es ignorado, despreciado o estigmatizado, y la gente que no comparte
esta actitud resulta sospechosa y acusada de populista.
No se puede analizar este fenómeno sin acudir a un concepto fraguado por el sociólogo
Pierre Bourdieu para describir un aspecto fundamental de la dominación de clase: la vio-
lencia simbólica. A diferencia de la violencia física directa (la represión, la coerción abierta),
la violencia simbólica se caracteriza por ser indirecta, invisible, soterrada, implícita o subte-
rránea, por esconder la matriz basal de las relaciones de fuerza subyacente al orden social.
Esto hace difícil cualquier contestación o revuelta, y sirve para pacificar las relaciones en el
seno de la sociedad. La clase dominante tiene el poder de imponer subrepticiamente su pro-
pia visión del mundo –a la vez idealista y materialista (en el sentido común del término),
moralista y utilitarista– como objetiva y universal (por ejemplo, a través de las nociones de
«interés general» o de «bien común») de tal forma que los dominados no disponen de otro
modo de pensamiento que el de los dominantes y, al interiorizarlo, no evidencian la violen-
cia simbólica o son inconscientes de la presión que ella ejerce sobre ellos y contra ellos. La
mayoría de los miembros de las clases populares, por ejemplo, no se percatan de que la
información y la comunicación no son otra cosa que propaganda o publicidad.
Un urbanismo antipopular
Sin embargo, la invisibilización de las clases populares no se limita a su existencia como cla-
ses laborales. También se ha prolongado y acentuado por las transformaciones de su ins-
cripción territorial como habitantes. Hasta los años de las décadas cincuenta y sesenta, el
barrio popular se identificaba con el barrio obrero. Éste era el terreno de una sociabilidad y
una solidaridad específicas que consolidaban los lazos creados en la vida profesional. La
presencia obrera era tan fuerte que influía en los habitantes de otras clases, no sólo a los
empleados sino también a los artesanos y pequeños comerciantes. La proximidad entre los
lugares de trabajo y las viviendas dotaba a la identidad obrera de dos bases territoriales
estrechamente conectadas que favorecían movilizaciones masivas de clase. El barrio podía
constituir un bastión para la resistencia política e incluso, a veces, para la contraofensiva,
ya fuera violenta (como ocurrió en París en el siglo XIX) o electoral (como pasó después en
algunos suburbios obreros o a escala de municipios enteros en regiones industriales), hasta
tal punto que representantes políticos surgidos de grupos estables de obreros cualificados
pudieron acceder al poder municipal antes de que los partidos de izquierda se empezaran
a “pequeño-aburguesar”.
Claro está que, de una manera general, por motivos económicos, políticos e ideológicos,
las clases dominantes no podían aceptar que el predominio de las clases populares se per-
petuase en ciertos espacios urbanos, ya fuese a nivel de un municipio entero o de los
barrios céntricos. De ahí que uno de los objetivos fundamentales de la política urbanística
fuera acabar con este tipo de situaciones siguiendo dos ejes, a saber, expulsar a las clases
populares hacia la periferia y organizar su dispersión espacial. Esto se llevó a cabo a través
de un urbanismo que se puede calificar de antipopular, conjugado con las facilidades otor-
gadas por los poderes públicos a la especulación inmobiliaria. A la marginación socioeco-
nómica de las clases populares se añadió así su marginación socioespacial.
Antes de pasar revista a los distintos modos de alojamiento de las clases populares y
ponerlos en relación con su visibilidad urbana, diré algunas palabras acerca de los ciuda-
danos que se pueden calificar de invisibles. Dejando de lado aquellos que lo son ya de facto,
es decir los 67.000 encarcelados y alojados de forma provisional o prolongada por el Estado
(cuya mayoría proviene de las clases populares), hay actualmente en Francia alrededor de
120.000 personas sin vivienda que sobreviven en la calle. Hombres y mujeres sin trabajo,
franceses o inmigrantes, encuentran su lugar en el espacio público haciendo de él su
“hogar”, si es que se puede decir así. A primera vista, no se les puede clasificar como “invi-
sibles”, ya que están física y visualmente muy presentes en los espacios públicos céntricos,
donde llegan a ser considerados como indeseables. Con procedencias diversas y por moti-
vos diferentes, han ido ocupando plazas, parques y paseos, y han creado sus propios luga-
Especial 39
Especial
res de estancia, encuentro y convivencia. Como es sabido, son objeto de frecuentes medi-
das de “limpieza” orientadas a erradicarlos de los espacios públicos más visibles, donde
pueden crear problemas o desentonar con el maquillaje de unas urbes perfectas, ordena-
das y pacíficas. A los individuos sin hogar se suman 45.000 personas que viven en aloja-
mientos improvisados (garajes, sótanos, casetas de jardín, coches abandonados) y 110.000
más que habitan en campings, caravanas o mobile homes. Otros logran un techo alquilan-
do precarias habitaciones de hostales o pisos amueblados (700.000) o alojándose con
parientes o amigos (más de un millón, de los cuales 200.000 viven en condiciones muy difí-
ciles). Entre los que tienen techo pero no vivienda, la casuística laboral es variada: unos
están sin empleo y otros trabajan más o menos habitualmente y de forma legal. De hecho,
cerca del 30% tiene un empleo y el 90% son obreros o empleados. No obstante, la caren-
cia de alojamiento propio priva a todos ellos de un elemento esencial para constituir su iden-
tidad personal y social, y, por tanto, también ciudadana.
En el frente urbano, se está llevando a cabo en las grandes ciudades una guerra de baja
intensidad y de larga duración. Ocurre en Francia como en otros países. ¿Quién es el ene-
migo? En principio, la pobreza, la insalubridad y la inseguridad; en realidad, las clases popu-
lares con ingresos bajos y hábitos contraproductivos que ocupan un sitio indebido en luga-
res que deben ser “revalorizados”, es decir, a los que hay que dar valor en el sentido sim-
bólico y, sobre todo, financiero del término, más todavía si se toma en cuenta el papel clave
de la especulación inmobiliaria en este proceso que es a la vez “espontáneo” (es decir,
según las leyes del mercado de la vivienda) y programado (por la política urbanística). En
este último caso, la “problemática del proyecto”, como se dice en las escuelas de arquitec-
tura a propósito de la transformación de los barrios populares bien ubicados, es hacerlos
lisos y asépticos, elevar su standing, mejorar su imagen. Evidentemente, esta mejora física
9 Esta definición del derecho a la ciudad es muy restrictiva. Tanto para el sociólogo Henri Lefebvre como para el geógrafo David
Harvey (los teóricos más reconocidos en esta materia), no se trata solamente de un derecho de acceso y uso, sino del dere-
cho del pueblo a intervenir directa y activamente en la concepción y la configuración del espacio urbano.
implica una “mejora” social. Los viejos inmuebles deteriorados que se alquilaban a personas
poco solventes dejan sitio a nuevos edificios residenciales o a casas renovadas donde ya
no habrá sitio para ellas. Los bares y pequeñas tiendas tradicionales desaparecen en favor
de cafés de moda, boutiques de tendencia y galerías de arte. Se trata de atraer a una clien-
tela de clase media adinerada y culta, que busca proximidad a la amenidad de los centros
urbanos pero sin la mezcolanza social con las clases inferiores. La diversidad social del
barrio donde se establecen es más un decorado que estos neopequeños burgueses valo-
ran a posteriori para hacer alarde de progresismo y de anticonformismo. En realidad, al esta-
blecerse en los barrios populares, no obran de manera militante o humanitaria sino princi-
palmente por obligación económica. Poco les importa que su presencia contribuya al alza
los precios de venta o alquiler en la vecindad, y que esto acelere la salida de la gente del
pueblo a quienes, además, hacen sentir su inferioridad por la exhibición de prácticas cultu-
rales diferenciadas y formas de vida elitista. El concepto de «gentrificación» define esta
colonización de los barrios populares, pero se podría inventar el neologismo “despopulari-
zación”, tomándolo en un sentido figurado para designar este proceso que, si bien no tiene
como fin echar al pueblo fuera de sus barrios, es precisamente esto lo que está provocan-
do de facto.
Entonces, ¿dónde vive la mayoría de los habitantes de las clases populares francesas,
de origen inmigrante o no, una vez que sabemos de las dificultades cada vez mayores que
tienen para permanecer en los barrios céntricos? Durante los años de prosperidad de la pos-
tguerra, llamados en Francia «los treinta gloriosos», empezó la separación entre empleo y
residencia, con la construcción, primero, de los grandes polígonos de vivienda social y,
luego, con el desarrollo de urbanizaciones de casas unifamiliares, unos y otras alejados de
los lugares de trabajo que, al mismo tiempo, se diversificaban. Ninguno de los casos favo-
rece la visibilidad urbana. Estas políticas urbanísticas contribuyeron a la desagregación de
la clase obrera, cuyos miembros tendieron a replegarse en los nuevos hogares, más con-
fortables que las viviendas antiguas, donde, en adelante, pasarían una buen parte de su
tiempo libre en detrimento de la sociabilidad de barrio, por no hablar del compromiso mili-
tante. Sumado a ello, la desindustrialización y la transformación del mercado laboral termi-
narían por romper el lazo entre trabajo y alojamiento en un contexto de aumento del paro y
de la precariedad.
Especial 41
Especial
constituyen una de las preocupaciones mayores de los sucesivos gobiernos franceses y uno
de los temas preferidos de los medios de comunicación. La presencia de una juventud mas-
culina poco escolarizada y sin porvenir, más o menos rebelde y a veces delincuente, ha
hecho que estas zonas residenciales adquieran mala fama. Nadie, ni las autoridades, los
periodistas, ni siquiera la propia población que allí reside, las considera barrios populares en
el sentido tradicional y positivo del término. Tienen la reputación de ser barrios “difíciles”,
pero no por las dificultades de todo tipo que sufren sus habitantes (afectados por la preca-
rización, la pobreza y, en el caso de la población árabe o negra, también por el racismo y la
discriminación), sino por lo difícil que resulta mantener el orden público en esas zonas urba-
nas. Debido al uso de la violencia u otras formas de acción ilícitas, como los disturbios que
siguieron a la muerte de un joven a manos de la policía, las movilizaciones que surgen en
estas zonas son siempre rápidamente descalificadas por el poder mediático, olvidando el
hecho de que a menudo están vinculadas a un sentimiento de pertenencia a un territorio pro-
pio y al rechazo de las desigualdaldes y las injusticias. Lo tuvieron que reconocer finalmen-
te los propios dirigentes políticos que dieron la orden de implantar el Estado de emergencia
en el año 2005 ante la generalización de la revuelta juvenil que prendió en decenas de cités:
los enfrentamientos con la policía y la quema de edificios públicos y coches fueron una
forma de protesta social contra las inicuas condiciones de existencia impuestas a la juven-
tud y a sus padres.
Las clasificadas oficialmente como zonas urbanas sensibles –más de 700–, reciente-
mente rebautizadas como barrios prioritarios –incluidos en su mayoría en las «zonas de
seguridad prioritarias»–, son el blanco de lo que se llama en Francia la «política de la ciu-
dad» (con esta u otra denominación), y que resulta ser, en realidad, una “policía” de la ciu-
dad en la que se conjuga la prevención y la represión, es decir, medidas suaves y duras que
constituyen en conjunto lo que un sociólogo crítico ha llamado y denunciado como «socio-
apartheid».10 El propio primer ministro, Manuel Valls, al intentar explicar los atentados de
enero 2015 llevados a cabo en París por yihadistas salidos de las cités francesas, recono-
ció públicamente el efecto negativo de la relegación urbana de los guetos y de la discrimi-
nación, y llegó incluso a declarar que en Francia existía «un apartheid territorial, social, étni-
co». ¡Eso, después de 40 años de «política de la ciudad»!
Cuando se trata de estos barrios, los discursos autorizados (es decir políticos o poli-
ciales que son en general muy parecidos, mediáticos o académicos), aunque usan de vez
en cuando la expresión «barrios populares», no se refieren al pueblo para designar a sus
habitantes. En general, se habla de “pobres”, de “sectores desfavorecidos”, de “poblacio-
nes frágiles o vulnerables” o simplemente de “excluidos”. Sin embargo, la tradición popular
de ayuda mutua y autorganización de la vida colectiva sigue viva entre las familias, como
Esta ambigüedad de la labor de las asociaciones y de los poderes públicos que las sub-
vencionan resulta especialmente evidente en relación con la cultura popular juvenil, princi-
palmente la musical, que se ha desarrollado en estos barrios en mestizaje con las aporta-
ciones del otro lado del Mediterráneo (raï) o con las importaciones de los guetos estadouni-
denses (rap, hip-hop, etc.). Dado que sus creadores y su público forman parte de una juven-
tud que pasa por ser una “chusma” perturbadora de la tranquilidad pública, esta cultura, que
es considerada despectivamente “cultura de calle”, se asimila a prácticas fuera de las nor-
mas o incluso delictivas, y es sospechosa de incitar a la rebelión. Sin embargo, también
puede ser recuperada, instrumentalizada y finalmente neutralizada como cultura urbana,
antes de ser mercantilizada e integrada en la cultura de masas, puesto que los poderes
públicos ven en ella un medio para satisfacer pacíficamente el deseo de reconocimiento de
los jóvenes rebeldes y esperan que, por esta vía, dejen de manifestarlo en el espacio públi-
co de una manera violenta.
Las clases populares con empleo estable e ingresos suficientes tratan de evitar esos
barrios –vistos como lugares estigmatizantes de desorden, promiscuidad y violencia– y pre-
fieren alojarse en las urbanizaciones de casas unifamiliares ubicadas en la periferia de las
ciudades o incluso en espacios semirrurales. En estas zonas residenciales “lejos de todo”,
como anuncian los carteles promocionales, las familias de las clases populares se someten
a la dominación cultural de los representantes de la pequeña burguesía asalariada (cuadros,
técnicos, ingenieros, docentes, trabajadores sociales). Y, al mismo tiempo que opera la iden-
tificación con los sectores pequeño burgueses, los obreros y empleados convertidos en pro-
pietarios tienden también a diferenciarse de los habitantes de menor status social que han
Especial 43
Especial
tenido que quedarse en los polígonos de viviendas sociales, acelerando así la desagrega-
ción de las solidaridades de clase.
Ocurre, sin embargo, que el porcentaje de las clases populares puede llegar a ser en oca-
siones tan importante que permite a sus representantes dominar el tejido asociativo y acceder
al poder municipal. En ese caso, pueden organizar el tiempo libre de los habitantes a través
de actividades deportivas, juegos para niños, reuniones recreativas para ancianos, kermesse,
bailes y otras fiestas colectivas. Pero, aunque esta supremacía numérica permita consagrar la
hegemonía de una élite local procedente de las fracciones superiores de las clases populares,
también contribuye al mismo tiempo a apartar a las franjas más débiles de aquellas que logra-
ron alojarse en casas unifamiliares. De todos modos, considerando la ciudad en su conjunto,
la visibilidad urbana de estas clases populares suburbanas, dispersas en urbanizaciones ale-
jadas unas de otras, es muy limitada y políticamente casi inexistente. Cuando se habla de
suburbios residenciales en Francia, se alude casi exclusivamente a aquellos donde reside la
burguesía o las franjas superiores de la pequeña burguesía intelectual.
Por último, están también los barrios populares antiguos en el centro de las ciudades
donde todavía no ha llegado la renovación y la gentrificación porque son –provisionalmen-
te– considerados poco “interesantes” por los promotores y las autoridades. Sin embargo,
una gran parte de las clases populares francesas no desea seguir viviendo en los inmuebles
y viviendas degradadas de estos barrios, y ha sido poco a poco sustituida por una población
venida en su mayoría –o exclusivamente–de las antiguas colonias francesas o de otros paí-
ses del Sur (India, Pakistán y, ahora, China). En estos barrios, la visibilidad de estos nuevos
habitantes es fuerte y, a menudo, dependiendo de su origen geográfico y categoría social,
el resto de los ciudadanos perciben estos espacios como exóticos pero también, a veces,
como insidiosos. En París, por ejemplo, una parte del distrito 13, poblado mayoritariamente
por habitantes cuyos antepasados inmigraron desde Vietnam, Camboya o Laos, y que per-
tenecen a la clase media, gozan una reputación positiva entre el resto de parisinos y las
autoridades de la ciudad. En cambio, barrios de los distritos 18 y 19 de París, poblados por
emigrantes venidos de África subsahariana, a menudo sin cualificación reconocida en
Europa, a veces sin papeles o incluso clandestinos, son considerados problemáticos. Las
prácticas y las relaciones colectivas de sus habitantes son presentadas y percibidas como
persistencias de un modo de vida inadaptado, cuando en realidad, estando basadas en la
solidaridad de vecindad y frecuentemente en “apaños” más o menos ilegales (trabajo negro,
tráfico, prostitución), resultan totalmente contemporáneas de un mundo urbano donde la
precariedad y la pobreza no dejan de desarrollarse. En todo caso, unos y otros no son vis-
tos como barrios populares sino como “barrios étnicos”.
experimentan como clases trabajadoras. Una evolución que viene acentuándose con el
aumento de la precariedad laboral. La inscripción de las clases populares en el espacio
social a través del empleo y del salario está siendo sustituida de forma creciente por una
adscripción de base territorial. Sin embargo, al contrario de lo que plantea la sociología inte-
gracionista, no se puede concluir que tal sustitución esté contribuyendo a reafirmar su visi-
bilidad urbana. De hecho, mientras que la aristocracia obrera y los empleados cualificados
tienden a copiar el modo de vida de la pequeña burguesía, los trabajadores desempleados
o con empleos intermitentes se repliegan al interior de su hogar reduciendo el contacto con
el mundo exterior al que les proporciona la televisión.
La invisibilización urbana de las clases populares tiene mucho que ver con la huella cre-
ciente que ejerce sobre la ciudad la clase dominante y sus servidores; un poder paradójica-
mente poco visible, incluso ahora que el espectáculo de las costosísimas sedes sociales y
equipamientos culturales de alta gama que se erigen para realzar la imagen de marca de las
capitales del capital no debería dejar lugar a dudas sobre la identidad social de sus destina-
tarios. Desde esta perspectiva, cabe pensar que el paso de la ciudad productiva a la ciudad
creativa, por retomar una de las temáticas preferidas del marketing urbano, terminará dejan-
do fuera del juego a las clases sociales ligadas al estadio precedente. Por eso, el derecho a
la ciudad –es decir, a la apropiación colectiva del espacio urbano por las clases populares,
ya sea para usarlo o para reconfigurarlo– sigue siendo hoy día una utopía. Para que pueda
hacerse realidad, habría que poner fin a la reconquista burguesa y neo-pequeño-burguesa
de la ciudad, esto es, haría falta una revolución que no fuera solamente urbana sino también
social, por no decir socialista. Ello implicaría que una parte de la pequeña burguesía intelec-
tual –incluidos, por supuesto, arquitectos, urbanistas e investigadores de las ciencias socia-
les–rompiera la alianza objetiva, y a menudo subjetiva, que mantiene con la clase dirigente y
se solidarizara con las clases populares. De esta forma sería posible pasar de un régimen
oligárquico a otro realmente democrático en el sentido propio de la palabra; un régimen que
otorgaría a las clases populares una visibilidad permanente en el espacio urbano.
Especial 45
PAPELES: Revista de relaciones ecosociales y cambio global
[Link]
L as múltiples crisis por las que se ha transitado en los últimos años, inmo-
biliaria, financiera, económica, de deuda y social, están sirviendo en Europa
Bernardino Sanz,
economista y
subdirector
para cuestionar, si no ya la estructura de las autoridades locales, sí su dimen-
general de
sionamiento y alcance de su actuación e, indudablemente, está teniendo con- análisis
secuencias sobre la prestación de los servicios que desempeñan y sobre su socioeconómicos
financiación. No en vano, la merma general de recursos que conlleva cual- en el
quier recesión, se ha visto especialmente agravada en numerosos municipios Ayuntamiento
por su mayor dependencia de los ingresos procedentes, directa o indirecta- de Madrid
mente, de la actividad inmobiliaria.
David Bustos es
geógrafo y
En este contexto, las tendencias a la recentralización, con el consiguiente consejero
riesgo de pérdida de la proximidad que ofrecen los gobiernos locales, están técnico de
muy presentes, no sólo en el debate político, sino también en su concreción análisis
en algunos países. Si, durante las décadas precedentes, la descentralización socioeconómicos
en el
administrativa a nivel regional y local fue un proceso continuo, en los últimos
Ayuntamiento
años la reorganización local está siendo ampliamente cuestionada. Es un de Madrid
fenómeno que se apoya tanto en la propuesta de centralizar funciones en
En lo que sigue se hará un breve repaso a las múltiples formas en que se financian las
entidades locales europeas, tratando de detectar las pautas que puedan existir, a partir de
las cuales acercarnos, con mayor criterio, al peculiar sistema de obtención de recursos de
los municipios españoles y, con ello, poder arrojar luz hacia una mayor racionalización.
Además, en los últimos años se vienen sucediendo continuos cambios de diferente cala-
do,2 que dificultan más aún la tarea. Esto hace que las clasificaciones con que se venía tra-
bajando para su análisis se hayan visto sensiblemente trastocadas.
1 Ley Orgánica 2/2012, del 27 de abril, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera, para su entrada en vigor a
partir del 1 de mayo del mismo año, y actualmente vigente.
2 Un análisis detallado de los cambios acaecidos en cada uno de los países de la Unión Europea se puede encontrar en La
décentralisation à la croisée des chemins. Réformes territoriales en Europe en période de crise, editado por el Consejo de
Ciudades y Regiones de Europa en octubre de 2013 y que también se ha editado en inglés.
Concluían, a partir del análisis de los ingresos propios de los municipios, en la existen-
cia de cuatro modelos claros, según sus ingresos procediesen, en mayor o menor grado, de
la propiedad inmobiliaria, cuyo caso extremo era el llamado modelo insular; o de la renta de
los ciudadanos, con el modelo nórdico como mayor exponente. Entre ambos se situaban
dos modelos intermedios; el latino, más próximo al primero, y en el que se situaba a España;
y el de los países federales, más próximo al segundo.
Como puede apreciarse en el cuadro que se adjunta sobre las fuentes de financia-
ción local en diferentes países europeos, elaborado a partir del último informe Gold II,5
las vías más comúnmente utilizadas se han agrupado en cuatro bloques básicos: las
derivadas de la renta, las que provienen de la propiedad inmobiliaria, las ligadas al con-
sumo y la actividad económica, y las procedentes de las transferencias y subvenciones.
También se completa un “otros”, que agrupa honorarios, ingresos de activos físicos y
financieros y, sólo en el caso de Francia y Austria, impuestos sobre salarios y contribu-
ciones sociales.
3 N. Bosch y M. Espasa, La hisenda local a la Unión Europea (UE-15), Diputació de Barcelona, Barcelona, 2006.
4 Real Decreto Legislativo 2/2004, del 5 de marzo, que aprueba el texto refundido de la Ley Reguladora de las Haciendas
Locales, publicado en BOE núm. 59, del 9 de marzo de 2004, y cuya vigencia estaba prevista desde el día siguiente hasta
el 15 de julio de 2015.
5 L. de Melo, «Europa» en La Financiación de los gobiernos locales: desafíos del siglo XXI : segundo informe mundial sobre
la descentralización y la democracia local: GOLD II 2011, Civitas, Madrid, 2011, pp. 237-276.
Especial 49
Especial
Impuestos propios
Renta y Propiedad de Bienes y Subvenciones Otros (1)
sociedades inmuebles servicios
Alemania 16,9 5,3 20,6 38,9 18,3
Austria 22,1 3,9 24,4 20,0 29,6
Bélgica 9,3 17,6 2,7 53,7 16,7
Bulgaria 0,4 12,0 1,2 74,3 12,1
Dinamarca 32,3 3,7 0,0 55,5 8,5
Eslovaquia 48,3 6,9 4,4 27,9 12,5
Eslovenia 29,7 5,3 4,3 46,1 14,6
España 10,9 15,3 22,7 40,5 10,6
Estonia 43,9 2,9 0,7 42,8 9,7
Finlandia 44,9 2,5 0,0 28,8 23,8
Francia 0,0 27,9 14,3 37,0 20,8
Grecia 0,0 5,1 4,5 64,2 26,2
Hungria 0,0 3,0 19,3 65,8 11,9
Irlanda 0,0 9,8 0,0 70,4 19,8
Islandia 54,8 17,9 0,0 10,3 17,0
Italia 11,1 4,3 27,5 48,5 8,6
Letonia 47,2 4,1 0,6 37,2 10,9
Lituania 33,4 3,0 1,0 58,1 4,5
Noruega 36,6 4,5 0,7 39,5 18,7
Países Bajos 0,0 6,6 1,8 69,6 22,0
Polonia 20,6 10,3 2,4 53,3 13,4
Portugal 11,2 11,1 17,1 40,3 20,3
Reino Unido 0,0 13,0 0,0 70,0 17,0
República Checa 25,2 1,5 19,4 36,9 17,0
Rumanía 0,1 6,9 3,4 84,7 4,9
Suecia 63,2 1,6 0,0 19,6 15,6
cuanto menos, una cuarta parte de todos sus ingresos, por lo que para ver el origen último
de esos ingresos hay que remitirse a los modelos tributarios nacionales, que vienen deter-
minados por los grandes impuestos de renta, sociedades y consumo. Este aspecto ya nos
permitiría hacer una primera discriminación en función de lo que podríamos denominar
grado de autonomía de los municipios.
A la cabeza de los países con mayor autonomía financiera municipal estarían los países
nórdicos, donde el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) es local, por lo
que, de un lado, requieren menos financiación adicional, no siendo necesario acudir a impo-
siciones más peculiares; y de otro, la financiación propia se carga más sobre la renta,
teniendo sus ingresos el deseado comportamiento anti-cíclico, pues al verse reducidos
durante la recesión detraen menos capacidad adquisitiva de las familias y su incidencia en
la caída de valor añadido agregado se ve atenuada.
Dentro de los países con menor autonomía se encuentran los que Bosch y Espasa inclu-
ían en el modelo insular, al que caracterizaban por su total dependencia de los ingresos pro-
cedentes de la propiedad inmobiliaria. Y es cierto que en su tributación propia es así, de
hecho, en Reino Unido e Irlanda prácticamente es el único ingreso local propio, pero su
enorme dependencia de los ingresos estatales hace que el conjunto de su financiación sea,
vía Estado, mucho más dependiente de la renta personal, los beneficios empresariales y el
consumo.
En mayor o menor grado, todos los países recurren a ella, con Francia, Bélgica e
Islandia encabezando la lista de los que más lo hacen, inmediatamente seguido por España,
que, como se verá más adelante, incluso ha ampliado en los últimos años la importancia de
esta vía para contrarrestar el endeudamiento y la caída de otros ingresos, entre ellos los
derivados de la venta de suelo ante la intensidad de la crisis de la construcción.
El primero de ellos está compuesto por países de amplia autonomía fiscal y con un
importante sesgo hacia la tributación sobre la renta en sus ingresos propios. Lo componen,
entre otros, los dos grupos que Bosch y Espasa denominaban como modelo nórdico y
modelo de países federales. Se apoyan más en los ingresos derivados de la renta de los
Especial 51
Especial
ciudadanos, y su recurso a los tributos inmobiliarios es bastante escaso, por lo que contri-
buyen poco a las tensiones en ese mercado.
También los del tipo II inciden poco sobre la actividad inmobiliaria, pues se apoyan bási-
camente en las transferencias que reciben y, en menor grado, en los ingresos derivados de
la renta, caso de Dinamarca y Lituania; o de consumo y producción, casos de Italia y Grecia.
El tipo III es en el que se inscribe España, y junto a ella también Francia y Portugal, los
tres países que, junto a Italia y Grecia, eran catalogados como modelo latino por Bosch y
Espasa, pero entre los que son más las diferencias que las similitudes. Disponen de una alta
autonomía en sus fuentes de ingresos, o lo que es lo mismo, la participación en las grandes
figuras impositivas, la aportación de fondos por parte de las otras administraciones, no es lo
necesariamente adecuada a sus necesidades, por lo que se ven obligados a recurrir a fuen-
tes de ingresos peculiares, entre las que las derivadas de activos inmobiliarios cobra una
importancia esencial. Esto lo hace un modelo procíclico, al tiempo que ha contribuido a ali-
mentar la burbuja inmobiliaria que tan nefastas derivadas está teniendo en sus economías.
El último de los tipos, el IV, también recurre con intensidad a la imposición sobre inmue-
bles, pero su mayor dependencia de los ingresos del Estado hace, como ya se ha dicho, que
el conjunto de su financiación sea, indirectamente, más dependiente de la renta personal,
los beneficios empresariales y el consumo. Más anticíclico y, por tanto, menos perverso en
su incidencia sobre la economía.
Marco competencial
Las actuaciones que deben desarrollar los ayuntamientos vienen definidas por la legisla-
ción,6 que establece que los municipios tendrán las competencias necesarias para promo-
6 Para más detalle puede consultarse la Ley 7/1985, del 2 de abril, Reguladora de las Bases del Régimen Local [accesible en
[Link]
ver toda clase de actividades y prestar cuantos servicios públicos satisfagan las necesida-
des y aspiraciones de la comunidad vecinal. De esta forma, estas competencias pueden ser
propias o atribuidas por delegación del Estado o las Comunidades Autónomas. Pero ade-
más, las entidades locales pueden ejercer competencias distintas de estas dos cuando no
se ponga en riesgo la sostenibilidad financiera del conjunto de la hacienda municipal y no
se incurra en ejecución simultánea del mismo servicio público con otra Administración.
Grado de autonomía
Alto Bajo
Tipo I Tipo II
Alemania
Austria Dinamarca
Eslovenia Grecia
Grado de imposición a los inmuebles
Eslovaquia Hungría
Bajo
Finlandia Italia
Letonia Lituania
Noruega Países Bajos
República Checa Rumanía
Suecia
Tipo III Tipo IV
España Bélgica
Francia Bulgaria
Alto
Islandia Irlanda
Portugal Polonia
Reino Unido
Esta legislación, determina un listado mínimo de servicios que deberán prestar, aten-
diendo a su tamaño poblacional y que, en el caso de los grandes municipios, determina una
muy amplia lista de materias en las que puede intervenir, entre las que están las de seguri-
dad y protección civil, ordenación del tráfico, urbanismo, vivienda, medio ambiente y espa-
cios verdes, patrimonio histórico-artístico, abastos y mercados, defensa de usuarios, salu-
bridad pública, atención primaria de la salud, servicios funerarios, servicios y reinserción
social, suministro de agua y alumbrado público, limpieza viaria y tratamiento de residuos,
alcantarillado y tratamiento de aguas residuales, transporte público, actividades culturales y
deportivas, tiempo libre y turismo y cooperar con la administración educativa.
Especial 53
Especial
La actual normativa permite dos formas de gestión de los servicios públicos de carácter
municipal: directa o indirecta.
Dentro de la primera se incluyen las actuaciones ejecutadas por los propios ayunta-
mientos, sus organismos autónomos, las sociedades mercantiles cien por cien locales y de
las entidades públicas empresariales. Por su parte, en la gestión indirecta se incluyen la
concesión, la gestión interesada, el concierto y la sociedad mixta. En ningún caso pueden
prestarse por esta vía los servicios públicos que impliquen el ejercicio de la autoridad.
Tras estas premisas nos adentramos, con algo más de detenimiento, en el sistema de finan-
ciación de los municipios españoles. Un sistema que, lógicamente, persigue la suficiencia
para cubrir los gastos asociados a las competencias que han de desarrollar, pero el resul-
tado, bien conocido, queda lejos de alcanzar ese objetivo. Y no sólo porque los recursos
siempre son limitados, y la demanda de los servicios infinita. La realidad del desequilibrio
está en un modelo inadecuadamente articulado en el sistema global de los ingresos públi-
cos, que lo hace muy dependiente de fuentes locales sin relación directa con la situación
concreta de la sociedad en que se desarrolla. Esto configura un sistema un tanto complejo
y, en no menor grado, origen de algunos efectos perversos sobre la vida urbana.
Estas transferencia, junto con la participación en el IVA y el IRPF reconocida a los muni-
cipios mayores de 75.000 habitantes, son el total de financiación estatal que llamábamos
subvenciones en el apartado comparativo con Europa.
Por efecto de la crisis, y pese a las subidas de tipos en las dos grandes figuras estata-
les, el IRPF y el IVA, su volumen, se ha visto reducido más de un 15%, por lo que su peso
en la financiación local ha bajado, habiéndose tenido que compensar con otras fuentes.
7 En su artículo 142 enuncia cómo se nutrirán fundamentalmente de tributos propios y de participación en los del Estado y las
Comunidades Autónomas.
Especial 55
Especial
Tras estas dos grandes partidas, la tercera por importancia, es la correspondiente a las
numerosas y diversas tasas, cuya participación ronda el 18% del total, y que es una misce-
lánea que, por su elevado volumen recaudatorio, pone en evidencia la necesidad de los
ayuntamientos de buscar vías de ingresos adicionales.
Con los datos de los últimos presupuestos completamente liquidados, los de 2013, esta
partida parece residual, pues apenas si supuso el 0,6% del total de los derechos efectiva-
mente reconocidos por los ayuntamientos. Sin embargo es esencial para entender la situa-
ción de las arcas municipales, las dinámicas del mercado inmobiliario, y muchos de los
numerosos casos de corrupción que han salido a la luz en los últimos años.
En pleno boom inmobiliario, con una creciente y desorbitada demanda de suelo para
viviendas, esta partida llegó a suponer casi un 6% de los ingresos totales en 2006, año en
que mayor valor registró, con un record de 8.810 millones de euros.
Este importante papel como fuente de financiación generó un evidente interés de los pro-
pios ayuntamientos por favorecer ventas y recalificaciones, como medio de financiación, más
allá de su mayor o menor adecuación a las necesidades previstas en el desarrollo municipal.
Y si bien sería injusto atribuir a este proceso toda la responsabilidad de la burbuja inmobilia-
ria, tampoco se puede cuestionar que supuso un poderoso impulso que retroalimentó un
modelo económico pervertido por el enorme peso que llegó a alcanzar la construcción.
Y ello al margen de las dinámicas que, en el mismo sentido, hayan podido ocasionar los
casos de corrupción derivados de retribuciones ilícitas posibilitadas por los desorbitados márge-
nes de beneficio que persistían aun tras los aprovechamientos entregados a los ayuntamientos.
5.000.000
4.500.000
4.000.000
Ejecutado
3.500.000
Previsiones
3.000.000
2.500.000
2.000.000
1.500.000
1.000.000
500.000
0
2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013
Especial 57
Especial
Estos ingresos crecieron de forma acelerada hasta 2006, para descender después brus-
camente hasta situarse en los residuales valores actuales.
Cerramos el análisis de estos ingresos por ventas, señalando cómo, el importe que se
concretaba cada año era, como mucho, dos tercios de lo presupuestado al inicio del perío-
do. Y esta disparidad presupuestaria entre lo inicialmente previsto y lo realmente ejecutado
después, es uno de los motivos de la situación de enorme endeudamiento actual de las
Administraciones locales. Y esto es así porque, ya en la elaboración de presupuestos de
cada año, la partida de ingresos era presupuestada en exceso, de manera que se podían
presentar y aprobar presupuestos aparentemente equilibrados, pese a que, realmente, se
previesen déficits.
Entre 2003 y 2013, el déficit acumulado en los municipios españoles achacable única-
mente a este desajuste entre presupuesto inicial y ejecutado en la partida de venta de terre-
nos, superó los 10.400 millones, pero más de 6.700 de ellos se acumularon entre 2003 y
2007, el período anterior al estallido de la burbuja. Cuando más ingresos había.
Esta conversión de la deuda comercial en deuda financiera abrió, además, una nueva
vía de gasto, pues había que hacer frente al pago de los correspondientes intereses.
Paralelamente, entre los acreedores comerciales se generalizó la petición de intereses de
demora por los abultados retrasos.
450
400
350
300
250
200
150
100
50
0
2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013
Especial 59
Especial
España, inscrita en este grupo, con un amplio abanico competencial local y poca parti-
cipación en los grandes tributos, presenta un sistema desequilibrado que fuerza a los muni-
cipios a depender de fuentes locales sin relación directa con la situación de su población,
configurando un sistema complejo y perverso. Habría de plantearse una participación más
directa en las grandes figuras tributarias, especialmente en el IRPF, donde podría ser efi-
ciente una distribución más equilibrada entre Estado, Comunidades Autónomas y munici-
pios.
En la misma línea, habría de hacerse una revisión integral de los tributos cedidos a las
Comunidades Autónomas, tanto en cuanto a los límites de reducción de los mismos como,
y en lo que al contenido de este artículo se refiere, a institucionalizar la participación en ellos
de los municipios, de forma que se redujese aún más el peso de los impuestos directos des-
vinculados de la renta de la población.
Igualmente, parece necesaria una revisión de los tributos propios de los ayuntamientos
en pro de una mayor progresividad, mediante el juego entre tipos de gravamen y bonifica-
ciones.
Todo ello ha de complementarse con una elaboración del presupuesto de gasto más
rigurosa, realista, y basada en indicadores que puedan ser medianamente contrastados.
Especial 61
CARLOS SÁNCHEZ MATO
Endeudamiento urbano.
La insostenibilidad social
de la deuda municipal de Madrid
E uropa sigue sumida en una profunda crisis que va mucho más allá de
aspectos meramente económicos. Aprovechando la actual fase de la misma,
Carlos Sánchez
Mato es
economista y
se intenta generalizar la idea de que “no podemos permitirnos el actual nivel
concejal electo en
de gasto público” y que las prestaciones actuales del llamado Estado de bien- el Ayuntamiento
estar están “más allá de nuestras posibilidades”. En definitiva, se plantea que de Madrid por
la solución a la actual crisis es el equilibrio presupuestario por la vía de la Ahora Madrid
reducción del gasto: el triunfo de las mal llamadas “políticas de austeridad”.
Cuando ocurre eso, creer que las recetas aplicadas que han empobrecido a millones de
europeos solucionarán el problema, es una gigantesca utopía.
Pero las enormes dificultades a las que se enfrentan las economías de la periferia euro-
pea no empiezan con el sobreendeudamiento y tampoco finalizarán aunque éste sea resuel-
to. Sin embargo, a estas alturas de la crisis, no se puede poner en duda el papel fundamen-
tal que la deuda tiene como herramienta financiera de dominación de los pueblos. Ejemplo
claro de la subordinación de los intereses generales ha sido la modificación del artículo 135
de la Constitución que blinda a los acreedores frente a las necesidades sociales de la gente.
Esta realidad es claramente visible en las políticas generales y en las actuaciones que,
socializando quebrantos y pérdidas privadas, han dado lugar a un incremento brutal de la
deuda del Estado.
concreto, a finales de 2014 el total de los pasivos ascendía a 55.709 millones de euros.
Desde los niveles máximos alcanzados en 2011 y que dispararon el apalancamiento hasta
los 64.890 millones de euros, se ha producido una reducción del 14,1% en términos nomi-
nales.
70.000
60.000
50.000
Millones €
40.000
30.000
20.000
10.000
0 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014
Series1 28.554 29.196 31.397 33.147 34.965 39.125 42.535 46.321 50.769 55.075 59.781 64.890 62.776 59.677 55.709
Fuente: Elaboración propia a partir de las Cuentas Financieras del Banco de España.
pasivos. Este dato se diferencia de la deuda medida en términos del Protocolo de Déficit Excesivo (PDE) que incluye los
«otros pasivos». Técnicamente consideramos fundamental su inclusión dada la importancia que ha tenido ese rubro en la
deuda de las corporaciones locales y que ha permitido disimular la verdadera carga de la deuda en el pasado, dado que, a
efectos de los niveles homologados a nivel europeo, la deuda comercial (otros pasivos) es como si no existiera.
2 La reducción en términos absolutos de los pasivos en circulación ha sido del 14,1% mientras que la disminución en términos
de porcentaje sobre el PIB ha sido únicamente del 12,9%.
Especial 65
Especial
7,00%
6,00%
% Pasivos en circulación/PIB
5,00%
4,00%
3,00%
2,00%
1,00%
0,00% 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014
% 4,42% 4,17% 4,19% 4,13% 4,06% 4,20% 4,22% 4,29% 4,55% 5,10% 5,53% 6,04% 5,95% 5,69% 5,26%
Fuente: Elaboración propia a partir de las Cuentas Financieras del Banco de España.
Y eso ha ocurrido no por azar sino como resultado de una determinada gestión política. El
balance que Ana Botella ha presentado de su gestión en el Ayuntamiento de Madrid ha des-
crito una ciudad idílica que reduce a marchas forzadas una descomunal deuda cuyo origen
no ha sido aclarado a los ciudadanos pero que está ligado a operaciones urbanísticas que
no respondían a las necesidades generales sino, más bien, a los intereses de las grandes
corporaciones que ejecutarían y gestionarían las infraestructuras a construir, y a los de las
entidades bancarias que las financiarían.
Las enormes desviaciones económicas no han sido investigadas ante la mirada incré-
dula de los ciudadanos que ven cómo las mayorías políticas en el ámbito municipal vetaban
cualquier tipo de aclaración o depuración de responsabilidades.
La M-30, autovía de que rodea Madrid, es el principal de los elementos que explica el
enorme crecimiento de la deuda municipal. Cuando Alberto Ruiz Gallardón presentó la obra
a realizar en 2004, ésta fue valorada en 1.700 millones de euros. Incluyendo los intereses
que se pagarán durante toda la vida del préstamo, las estimaciones suponen que los madri-
leños terminaremos pagando 10.406 millones de euros por una infraestructura que nos dije-
ron que costaría seis veces menos.3 Si sumamos a este dislate la construcción de infraes-
tructuras olímpicas y una sede municipal faraónica,4 parece claro que más del 80% de la
deuda del Ayuntamiento de la capital del Estado tiene suficientes elementos para ser decla-
rada ilegítima.
Especial 67
Especial
tratos con grandes empresas privadas. En definitiva, más de un tercio del gasto total muni-
cipal está comprometido con estas corporaciones en el marco de grandes contratos inte-
grales que suponen elevados beneficios para las mismas. Limpieza y conservación de espa-
cios públicos y zonas verdes, movilidad, estacionamiento regulado y señalización de calles,
infraestructuras viarias, pavimentos, obra civil, mantenimiento carreteras y aceras, parques
y viveros municipales, instalaciones y suministros de energía, alumbrado, semáforos, túne-
les y fuentes, recogida de basuras y Selur (servicio de limpieza urgente) han pasado a ser
prestados por ACS, FCC, Ferrovial, OHL, Dragados o Sacyr.
Es evidente para cualquier analista independiente que, el mismo servicio prestado por
una empresa privada con legítimo ánimo de lucro o por una administración pública que no
precisa de la obtención de beneficio económico, deja en evidencia este mantra.6 La
demostración palpable de la falacia se puede corroborar en el informe del Tribunal de
Cuentas de 2011 que indica con todo lujo de detalles que los servicios públicos munici-
pales prestados de forma directa son sensiblemente más baratos que los realizados de
forma externa.7
5 Un ejemplo claro ha sido el contrato de limpieza viaria y jardines de Madrid que fue adjudicado en el mes de agosto de 2014
a las empresas Ferrovial, Sacyr, OHL y FCC por 1.943 millones de euros. Las empresas redujeron un 33% el precio de la
oferta para asegurarse la adjudicación. La consecuencia sólo podía ser una limpieza mucho peor y una reducción de planti-
lla, a fin de mantener la rentabilidad. Así propusieron 1.400 despidos de los 6.000 que constituía la plantilla original. Como se
puede colegir, el aparente efecto de rebaja de coste para el Ayuntamiento queda sobradamente superado por el que causa
en los trabajadores. No olvidemos que el coste de los expedientes de regulación de empleo recaen también sobre los madri-
leños ¿Quién creéis que sufraga las prestaciones por desempleo?
6 Ayuntamientos como el de León, gobernado por el PP, han tenido que elaborar un plan de ajuste, en el que las medidas que
producían más ahorro (50% con respecto al coste del servicio privatizado) consistían en devolver a la gestión pública servi-
cios como el de limpieza de edificios públicos o la limpieza urbana.
7 Según el informe del Tribunal de Cuentas de 2011, los servicios de gestión directa son mucho más baratos que los de ges-
tión privada, sobre todo en grandes Ayuntamientos. En el caso de la limpieza urbana, la diferencia llega a superar el 70%
mientras que en la recogida de residuos urbanos la brecha alcanza el 27%. Los hechos demuestran lo contrario respecto a
la idea de la que nos han intentado convencer.
60,00
53,90
50,00
Coste por habitante
42,50
40,00
30,00 27,83
20,00
16,23
10,00
0,00
Limpieza viaria Recogida residuos sólidos
Coste por habitante gestión pública Coste por habitante gestión externalizada
Fuente: Elaboración propia a partir de datos del informe de Tribunal de Cuentas 2011.
Detrás del interés en promover la gestión privada está el enriquecimiento de las empresas
pero también la corrupción de los que desde el ámbito municipal la han promovido. Ha que-
dado en evidencia que la eficiencia de los mercados a la hora de la provisión de determinados
servicios en los que, si hay algo que no existe es la competencia real,8 es pura entelequia.
8 La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha impuesto una multa de 98,2 millones de euros a 39
empresas y tres asociaciones sectoriales del sector de la gestión de residuos –tanto peligrosos como no–, recuperación de
papel y cartón y demás actividades de saneamiento urbano como limpieza, gestión de zonas verdes y tratamiento de aguas
entre 2000 y 2013. Según la CNMC, quedan acreditados «múltiples contactos bilaterales entre las empresas del sector, des-
arrolladas en ámbitos geográficos y temporales distintos, todos referidos a clientes, condiciones contractuales y precios ofer-
tados, así como a acuerdos y pactos de no agresión entre las empresas implicadas en los contactos.» Véase en:
[Link]
[Link] También se señala que
el 75% de la multa, que corresponde al 3% del volumen de las ventas de cada entidad en el periodo mencionado, recae en
los grandes grupos constructores (Urbaser y Sertego, de ACS, con 23,3 millones; FCC, 16,8; Valoriza, de Sacyr, 15,3; Cespa,
de Ferrovial, 13,6, y Saica, 13,6, son las cinco más grandes), que han anunciado que piensan recurrir la sanción impuesta
antes los tribunales.
Especial 69
Especial
yectos faraónicos a la vez que se destruye empleo municipal,9 se abandonan las necesida-
des de los barrios y se recorta el gasto social con el argumento de que “no hay dinero”.
Cierto es que no hay dinero ya que, aunque se recauda en cantidades crecientes,10 el des-
tino de esta presión fiscal creciente va destinada a pagar gastos financieros y amortizar
deuda. El servicio de la deuda (amortización y pago de intereses) ha pasado de 401 millo-
nes de euros en 2009 a 1.498 millones de euros en 2014. Los pagos de intereses y princi-
pal en 2014 han superado lo presupuestado y han supuesto casi el triple de los pagos rea-
lizados en 2012. Uno de cada tres euros se destina a los acreedores.
1.600
1.498
1.410
1.400
1.200
996
1.000
800
600 523
401 394
400
200
0
2009 2010 2011 2012 2013 2014
9 En 2014, la plantilla municipal se ha reducido en 281 personas. Si comparamos con la existente en 2009, la disminución ha
supuesto 2.445 empleos.
10 Se ha triplicado el Impuesto de Bienes Inmuebles.
40,00%
33,98%
35,00%
30,51%
30,00%
25,00% 23,26%
20,00%
15,00% 12,55%
9,48% 9,89%
10,00%
5,00%
0,00%
2009 2010 2011 2012 2013 2014
De hecho, en la legislatura que acaba de concluir, por cada euro destinado a actuacio-
nes de protección y promoción social, se han dedicado cuatro a gastos financieros y a amor-
tizar la deuda. En definitiva, se agrava el auténtico subdesarrollo del gasto social en Madrid
en un momento en el que sería más necesario que nunca dado que el número de trabaja-
dores en paro, y el consiguiente aumento de la pobreza y de los desahucios, alcanza cifras
espeluznantes.
Al mismo tiempo, las inversiones en nuevas dotaciones realmente necesarias para los
ciudadanos, están aparcadas sine die y las consecuencias de esta situación la pagan, como
siempre, los barrios obreros y populares de Madrid.
Especial 71
Especial
5.000
4.427
4.500
4.000
3.500
Millones €
3.000
2.500
2.000
1.500 1.106
1.00
500
0
Total servicio de la deuda Actuaciones protección y pormoción social
2011-2014
1.600
1.498
1.410
1.400
1.200
996
1.000
Millones €
800
598
600 540
523 523 501
480
393
400
200
0
2010 2011 2012 2013 2014
La evolución comparativa anual de los fondos destinados a los barrios con respecto al
servicio de la deuda deja claro para qué tipo de partidas “no hay dinero” y para las que sí.
En los cinco ejercicios últimos se han dedicado 2.643 millones de euros a los distritos mien-
tras que el servicio de la deuda ha consumido 4.820 millones de euros.
Alternativas
No existe otra opción para que se produzca un cambio sustancial que la realización de una
auditoría ciudadana de la deuda bajo control técnico y social con la intención de proveer de
argumentos y herramientas al gobierno municipal para la suspensión o anulación de la
deuda identificada como ilegal y/o ilegítima, en una eventual negociación con los acreedo-
res, así como para la exigencia de responsabilidades administrativas, civiles y penales a las
personas participantes en su gestación.11 También debe ser una herramienta de informa-
ción, sensibilización, formación y participación de los ciudadanos y ciudadanas en relación
al control de la gestión de los recursos públicos y el impacto de la deuda del Ayuntamiento
de Madrid. Por último, y no por ello menos importante, el proceso permitirá mejorar la trans-
parencia en la gestión de los recursos públicos, procesos de rendición de cuentas, así como
el aumento en la eficiencia y eficacia de la gestión del Ayuntamiento de Madrid. Asistirá a
los gobiernos municipales para que opten por la puesta en marcha de estos procesos el
derecho de los poderes públicos a actuar y a decidir legalmente. Según el derecho interna-
cional, la evaluación del interés general y la determinación de la legitimidad o ilegitimidad de
sus deudas son competencia de los poderes públicos. Así, todo gobierno tiene el derecho y
la obligación de ejercer sus competencias internas en cuanto a la evaluación de las deudas
públicas, mediante la realización de auditorías públicas y una instrucción fiscal que permita
el establecimiento de responsabilidades y la persecución a los responsables.12 Pero tam-
bién es ineludible abordar el derecho de la ciudadanía a saber y conocer lo que ha ocurri-
11 Programa de Ahora Madrid para las elecciones municipales del 24 de mayo de 2015. Línea de acción 2.1.1 Auditoría y res-
tructuración de la deuda, p. 20. (disponible en: [Link]
DRID_Programa_Municipales_2015.pdf):
a) Llevar a cabo una auditoría ciudadana de la deuda municipal bajo control técnico y social incidiendo sobre: sobrecostes
de las obras públicas, contratos de mantenimiento, contratos de servicios (como servicios informáticos y otros), alquile-
res injustificados e intereses de la propia financiación.
b) Reestructurar la deuda e implementar las medidas necesarias para la renegociación de los tipos de interés, el alarga-
miento de los plazos de vencimiento y amortización y los periodos de carencia, la implementación de moratorias, quitas
selectivas y el establecimiento de responsabilidades políticas y penales.
12 M. L. Fattorelli (org.), Auditoría Ciudadana de la Deuda Pública: Experiencias y Métodos, Inove Editora, Brasilia, 2013.
Especial 73
Especial
Hay otra forma de hacer las cosas y pasa por la construcción de los equipamientos
sociales necesarios, por la remunicipalización de los servicios públicos y por el fomento de
una participación real democrática en unas Juntas Municipales de Distrito que sean verda-
deros ayuntamientos, elegidas directamente por los vecinos y vecinas. Pero para ello, es
imprescindible que cambiemos radicalmente el eje de las prioridades a fin de poner a los
madrileños por delante de la deuda, no a la deuda por delante de los madrileños.
13 [Link]
La tensión entre comunitarismo y societarismo sigue presente en las grandes ciudades del
siglo XXI y las relaciones societarias que prevalecen en las grandes metrópolis se encuentran
internamente cuestionadas por las quiebras que produce ese modelo relacional en amplios
sectores sociales; quiebras percibidas como procesos de masificación y deterioro de la convi-
vencia que acompañan a la pérdida de los valores comunitarios, ya sea en referencia al pasa-
do (comunitarismo regresivo) o como propuesta a construir (comunitarismo progresivo). En
este marco podemos analizar el caso de Madrid y la recepción de la inmigración, a partir de
diversos materiales de investigación2 realizados en los últimos años con la colaboración espe-
cial de Alfonso Ortí, maestro de varias generaciones de la metodología cualitativa.3
2 Colectivo Ioé y A. Ortí, La convivencia en Madrid. Discursos ante el modelo de desarrollo de la ciudad y la instalación de
población inmigrante, Ayuntamiento de Madrid, 2008 [disponible en: [Link]]; Colectivo Ioé y M. Ortí, Discursos
de la población migrante en torno a su instalación en España, CIS, Madrid, 2010; y Colectivo Ioé, La juventud ante su inser-
ción en la sociedad, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Madrid, 2013. En el conjunto de estos tres estudios se apli-
caron 43 grupos de discusión, bastantes de ellos en la Comunidad de Madrid.
3 Ver el monográfico «El cualitativismo crítico español: una teoría práctica y una práctica teórica del conocimiento sociológico
y la investigación social», Arxius, núm. 31, Valencia, 2014, pp. 57-68.
4 Una síntesis de este proceso se recoge en Observatorio Metropolitano, Manifiesto por Madrid, Crítica y crisis del modelo
metropolitano, Traficantes de Sueños, Madrid, 2009.
5 En PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 104, 2009, pp. 23-37.
25
20 19,6
17,9
Tasa de población inmigrante
15
10
5 4,0
0
1998 2000 2002 2004 2006 2008 2010 2012 2014
Desde la perspectiva burguesa, Madrid es una ciudad dinámica, con oportunidades para los
negocios y la promoción personal, lo que se refuerza debido a su objetivo político de con-
vertirse en “ciudad global”. En general permite un buen género de vida, pese a encontrarse
6 Las clases medias funcionales «ocupan aquellas posiciones jerárquicas de control, poder organizativo, liderazgo y asesora-
miento (como directivos o gerentes, cuadros superiores o técnicos y profesionales altamente cualificados) que convierten en
estratégica su histórica función de mediación (a veces políticamente decisiva) en las luchas entre capital y trabajo, y en gene-
ral en todos los conflictos sociales e ideológicos», en A. Ortí, «Para una teoría de la sociedad de las clases medias funcio-
nales de los 80», Documentación Social, núm. 88, 1992, p. 215.
Especial 77
Especial
sometida a tensiones de crecimiento, con efectos negativos diversos que deterioran la vida
cotidiana y aumentan la incertidumbre ante el futuro, pero ello no impide que Madrid siga
siendo la “plaza mayor de las Españas”, lugar central de un modelo de crecimiento dual y
espacio por excelencia para obtener beneficios a corto plazo. En este sentido, la necesidad
de aprovechar las oportunidades de negocio exige, entre otras cosas, contar con una mano
de obra abundante y disponible que, en las últimas décadas, ha encontrado sus principales
filones en la inmigración extranjera y en las mujeres autóctonas, antes no empleadas fuera
del hogar. Ambos flujos han sustituido a la inmigración interior de décadas anteriores y han
sido indispensables para asegurar dicho modelo de crecimiento.
cos universales y la discriminación positiva a favor de los socialmente más débiles, entre
ellos los inmigrantes extranjeros.
Los diversos sectores del bloque popular presentan significativas diferencias en función
del sexo y la edad. Por una parte, están las diferencias ligadas a la tradicional división
sexual del trabajo; por otra, las distintas perspectivas generacionales, sobre todo acusadas
entre los jóvenes en proceso de inserción laboral precaria. Mientras los padres de familia
con empleo eventual o baja cualificación tienen como contexto común el declive de las con-
diciones laborales, las amas de casa de un estatus social equivalente observan el deterioro
del proyecto de vida familiar en el que fueron socializadas, cuyo referente ideal estaba cons-
tituido por el modelo de la pequeña burguesía patrimonialista. La incorporación al trabajo
extradoméstico les exige un esfuerzo titánico y estresante (“estamos como locas”) para con-
ciliar la doble jornada (la casa, los hijos y los abuelos dependientes, además de mantener
Especial 79
Especial
un empleo para percibir un salario), una situación que da lugar a una nueva especie de
mujeres que se definen a sí mismas como “supervivientes… desde que nos levantamos
somos máquinas de no vivir”.
en la evolución de las relaciones sociales durante los últimos años, tanto en el plano de la
convivencia cotidiana del vecindario como en la configuración del mercado de trabajo y el
modelo de sociedad. El punto de partida está constituido por un amplio mapa de fracciones
discursivas en torno a la instalación8 de las familias migrantes –más de veinte– que hemos
agrupado en un cuadro global de posiciones básicas. El cuadro 1 recoge cuatro formas de
instalación en la ciudad que implican diversas maneras de entender la convivencia cotidia-
na, la incardinación laboral y los derechos ciudadanos de los migrantes.
Individualización meritocrática
Individualización normatizada
8 Preferimos utilizar el concepto genérico de “instalación” a fin de eludir las connotaciones significativamente cargadas de otros
términos al uso, como «inserción» (del latín insertare: meter una cosa en otra) o «integración» (también del latín: hacer un
todo o conjunto con partes). Según María Moliner, el concepto de «instalación» (del latín installare) remite más neutramente
al fenómeno de «poner a alguien en un sitio para que viva o esté en él», lo que puede dar lugar a múltiples formas de insta-
lación o establecimiento. M. Moliner, Diccionario de uso del español, Gredos, vol. 2, Madrid, 1983, p. 146.
Especial 81
Especial
Rechazo xenófobo
Esta posición parte de una profunda desconfianza hacia quienes no comparten la cultura
española, su historia, sus tradiciones y sus valores propios. La consecuencia es el temor o
rechazo xenófobo hacia los llegados de fuera, pues pueden poner en peligro la identidad y
costumbres locales, sobre todo si su número es importante y están “fuera de control”. En los
casos extremos esta posición reactiva se traduce en un rechazo violento de la población
extranjera, que parece haberse incrementado en la etapa de crisis actual (“que los cojan y
a su puto país”); en los más suaves se propone restringir su movilidad a espacios separa-
dos y nichos laborales. Como los inmigrantes no tienen en esta perspectiva ninguna legiti-
midad ciudadana, se justifica que los empleadores les exploten sin tener en cuenta la regu-
lación laboral española (“¡que les den!”).
Inserción subalterna
Esta posición defiende el principio de la preferencia nacional sobre los extranjeros. Aquí la
norma estatal se concibe como el lugar de establecimiento de la uniformidad u homogenei-
9 U. Martínez Veiga, «Raza y racismo: aclaraciones conceptuales», OFRIM Suplementos, Madrid, 2001, pp. 91-105.
El eje central de esta posición es la defensa de los intereses del Estado español, de su
identidad cultural y de sus ciudadanos, en el contexto de un mundo articulado desde la con-
frontación internacional. La expresión “que cada palo aguante su vela” refleja bien esta posi-
ción que, en relación a la convivencia de los extranjeros, plantea que deben “acoplarse” a las
normas, usos y costumbres vigentes en España (“¡se tienen que adaptar!”). Del mismo modo,
el número de inmigrantes no debe sobrepasar aquella escala que sea asimilable sin produ-
cir saturación o conflictos en el acceso a los servicios públicos (sanidad, educación, etc.).
Para los defensores de la inserción subalterna, el Estado debe proteger ante todo los
derechos y necesidades de los nacionales, mientras los extranjeros deben ocupar una posi-
ción subordinada o complementaria. Se trata de un discurso nacional-proteccionista, que
está más presente en los sectores sociales populares-precarios, que se sienten abandona-
dos por las instituciones públicas en las que, por otra parte, han depositado su confianza y
de la que reclaman soluciones.10
Integración formal
Esta posición defiende la equiparación jurídica de todos los ciudadanos, sean nativos o
extranjeros, para desenvolverse en la vida de acuerdo a sus propios méritos, “no gente de
10 Es el discurso racista del «pobre blanco», en expresión de M. Wieviorka (dir.), Racisme et modernité, La Découverte, Paris,
1993.
Especial 83
Especial
• Personas con alto nivel económico defienden la pluralidad cultural de la ciudad y el nuevo
aire cosmopolita que le proporciona la inmigración. Sin embargo, deben evitarse los “des-
bordamientos”, así como el encerramiento de los colectivos inmigrantes en sí mismos
(comunitarismo cerrado). Es preciso respetar las culturas de los demás y estar abiertos a
la comunicación y enriquecimiento mutuo, superando los prejuicios y las actitudes segre-
gacionistas. La integración se plantea como un proceso a medio y largo plazo, que
requiere educar a todas las partes en el pluralismo y el respeto a las diversas culturas. La
sociedad avanza desde la intolerancia del pasado (“gris”) hacia el mestizaje intercultural
(“de colores”).
• Un sector de capas sociales populares que se identifica con los valores de la moderniza-
ción liberal cree también que hay que acoger a los recién llegados, como se acogió en otro
tiempo a los inmigrantes de provincias llegados a Madrid (con “cariño”, pero no tratándo-
los de “pobrecitos” sino como “iguales”). La ciudad se construye con la cooperación de
todos pero ello exige “saber convivir”, respetar “unas reglas mínimas de convivencia”. Por
tanto, ante la numerosa llegada de extranjeros, hay que facilitar la integración de la mayo-
ría, que viene “con buenas intenciones”, pero ser duros con los vagos y delincuentes, que
no saben convivir.
tor privado o público, medianos y grandes empresarios, etc.), justamente las élites sociales
que salen más beneficiadas del actual modelo societario, son las que sostienen más habi-
tualmente esta posición ideológica.
Aceptación inclusiva
Esta posición considera las recientes migraciones de mano de obra llegadas a la comuni-
dad de Madrid como un efecto de las desigualdades inherentes al proceso de globalización
capitalista. En el ámbito nacional se defiende una democracia participativa (grupalidad pro-
yectiva), con la expresa inclusión de todas las culturas y minorías nacionales y extranjeras
presentes en el territorio (“entenderse unos con otros y convivir juntos”) y se cuestiona el
predominio de las élites políticas y económicas sobre los ciudadanos de a pie. Se pone énfa-
sis en los problemas derivados de la desigualdad económica y la precariedad laboral, y se
responsabiliza de ello al poder político y a los empresarios, que “abusan y se aprovechan
de la inmigración”.
En primer lugar, sectores populares que hacen agudas críticas a “una sociedad fría,
estresante, individualista”, que habría perdido los valores comunitarios a favor de un “des-
control consumista” privado y que apuestan por una sociedad participativa donde prime el
valor de la grupalidad intercultural, como principio activo de una democracia no manipulada
por los poderosos y basada en el aporte de todas las sensibilidades. Para ello, es preciso
revalorizar las culturas inferiorizadas y establecer redes horizontales de intercambio y trans-
formación social a escala local y global.
Especial 85
Especial
Desde un sector de las clases medias y medias altas, se defiende también la posibilidad
de una convivencia enriquecedora entre inmigrantes y autóctonos a nivel local, para lo que
es preciso superar las actuales tendencias centralizadoras en los planos administrativo y
comercial. Frente a la incomunicación burocrática (políticos “usurpadores”) y el consumo pri-
vatizado, hay que caminar hacia una recreación universalista de la convivencia, basada en
la confianza mutua, la solidaridad y el diálogo constructivo.
Escenarios de futuro
El campo discursivo en torno a la inmigración se encuentra fragmentado y con frecuencia
poco consolidado, debido a la relativa novedad del fenómeno y a las múltiples circunstan-
cias que lo condicionan, la más reciente la coyuntura de crisis que ha provocado la ralenti-
zación de los flujos y un incipiente retorno. No obstante, parece claro que los escenarios de
futuro de la convivencia en Madrid entre nativos y foráneos dependerán estrechamente de
cómo evolucionen las posiciones antes descritas. En el actual estado de cosas, la alianza
más probable parece inclinarse por una confluencia entre quienes postulan la inserción sub-
alterna de los inmigrantes (desde el principio de la preferencia nacional) y aquellos que pro-
pugnan su integración formal (desde el principio de la igualdad jurídica de todos los ciuda-
danos). En ambos casos el plano individual prevalece sobre el grupal, como articulador de
la incardinación de las personas en la sociedad.
La creciente emergencia social derivada del paro y los recortes sociales ha dado paso a
una importante movilización social y a un nuevo escenario político y electoral a partir de
2015, cuyo efecto puede ser una mejora de las condiciones del conjunto de la población tra-
bajadora y un desarrollo de políticas de inserción más inclusivas y respetuosas de las mino-
rías. En esta perspectiva se podría reforzar el frente común que ha servido de colchón ante
la xenofobia, tan presente en otros países europeos (Francia, Reino Unido, Holanda, etc.),
sobre todo si los propios inmigrantes se implican activamente como sujeto político de una
sociedad intercultural. Sin embargo, esta perspectiva deberá abrirse paso confrontando con
quienes sólo conciben a la población de origen inmigrante como sujeto peligroso u objeto de
control y explotación.
Especial 87
VÍCTOR RENES AYALA
La trascripción espacial
del empobrecimiento general.
Los barrios como el sumidero
de los desechos de la crisis
La pobreza y la exclusión social, como todos los efectos de la crisis, cumplen
al pie de la letra el axioma de que “la risa va por barrios”. Y aunque la infor-
mación disponible no suele contemplar la dimensión espacial de los fenóme-
nos sociales, estas reflexiones quieren ofrecer a modo de un aguafuerte,
siguiendo más un estilo narrativo que puramente estadístico, los rasgos más
determinantes de la trascripción espacial de la pobreza y la desigualdad.
«La crisis económica se ha convertido en un contexto que presiona sobre la vida Víctor Renes
diaria de muchos ciudadanos y sobre el futuro de la sociedad española en su con- Ayala, miembro
junto. Pero la actual crisis –como todas las anteriores del capitalismo– tiene una del Comité
Técnico de la
dimensión espacial aún poco explorada, uno de cuyos aspectos más relevantes
Fundación Foessa
es, sin duda, el análisis de su desigual impacto sobre los territorios, visible a diver-
sas escalas, junto a las claves interpretativas de esa diferente sensibilidad»
R. Méndez y J. Prada-Trigo1
1 R. Méndez y J. Prada-Trigo, «Crisis, desempleo y vulnerabilidad en Madrid», Scripta Nova. Revista elec-
trónica de Geografía y Ciencias Sociales, vol. 18, núm. 474, 20 de abril de 2014 [disponible en:
[Link]
letra el axioma de que “la risa va por barrios”. Aunque no es de lo que mayor información se
dispone, se puede concluir que la trascripción espacial de la desigualdad social es una rea-
lidad.2 Por ello, estas reflexiones tienen más un carácter narrativo a modo de un aguafuer-
te que destaca los rasgos más determinantes de su realidad, percibida y perceptible cuan-
do se la reconoce en su cotidianidad.
2 Los estudios disponibles nos confirman que es en los barrios más desfavorecidos donde se concentra en mayor medida la
desigualdad y los efectos de la crisis. Por ello, aun no disponiendo de un análisis específico desde los territorios urbanos, los
datos disponibles, incluso siendo generales, se cumplen en su mayor resonancia en los barrios y son los exponentes de lo
que la crisis hace en las ciudades. Véase R. Flores, M. Trujillo y Th. Ubrich, «Dimensión territorial del impacto de la crisis»
en M. Laparra y B. Pérez Eransus (coord.), El primer impacto de la crisis en la cohesión social en España, Colección Estudios
e Investigaciones. Fundación FOESSA y Cáritas Española, Madrid, 2010. También estos dos estudios: R. Méndez y J. Prada,
«Crisis, desempleo y vulnerabilidad en Madrid», Scripta Nova. Revista electrónica de geografía y ciencias sociales, núm. 18,
pp. 463-499, 2014 [disponible en: [Link] y el Proyecto sobre dinámicas de segregación
urbana e innovación social ante la crisis (Barcelona) ([Link]
3 Según datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) de 2014, la Encuesta de Presupuestos familiares (EPF) de 2013
y la última Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de 2015.
producido una intensificación de la carencia material severa, alcanzando a más de 1,2 millo-
nes de familia.
– el 37,3% de los hogares se encuentran con dificultades o muchas dificultades para llegar
a fin de mes;
– 4 de cada 10 familias viven la vulnerabilidad que genera la incapacidad de poder afrontar
gastos imprevistos;
– 1 de cada 10 familias ha tenido retrasos en el pago de los gastos relacionados con la
vivienda en el último año, no ha podido hacer frente al alquiler o hipoteca de la vivienda,
o no ha podido satisfacer alguno de los recibos de los suministros;
– el 11% de las familias tienen dificultades para mantener su vivienda a una temperatura
adecuada.
Ciertamente con estos datos se puede afirmar que “el país se nos va por abajo”. Pero
esa realidad donde realmente produce un impacto y un choque brutal es en los barrios, por
eso decimos que los barrios son el sumidero, pues es por donde se va el país de las manos.
Así nos lo confirma el estudio espacial del desempleo en Madrid:
«Salvo casos anómalos, relacionados con una muy escasa población residente, puede observarse
una asociación de sentido positivo entre los niveles más elevados de desempleo en relación a sus
residentes en edad activa y las mayores proporciones de incremento desde el inicio de la crisis. El
barrio de San Cristóbal, en Villaverde, se sitúa en posición destacada, pero también padecen tra-
yectorias similares otros del mismo distrito como San Andrés o Los Rosales, el Casco Histórico de
Vallecas en el distrito de Villa de Vallecas y los de San Diego, Entrevías o Portazgo en el de Puente
de Vallecas, Hellín, Amposta o Rejas en el de San Blas, etc., todos ellos en el cuadrante sureste.
Por el contrario, aquellos otros que tradicionalmente se encontraban por debajo de la media son
también en bastantes ocasiones los que registraron un menor incremento, como es el caso de El
Viso, Nueva España o Hispanoamérica, en el distrito de Chamartín, Almagro, Jerónimos, Castellana
y Recoletos en los de Chamberí, Retiro y Salamanca –todos ellos en las proximidades del eje cen-
tral de negocios de la ciudad– o Mirasierra y Fuentelarreina en la periferia septentrional».4
Especial 91
Especial
5 El Altas está basado en los trabajos realizados en el convenio de colaboración entre la Sección de Urbanismo del Instituto
Juan de Herrera de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y el Ministerio de Fomento. Véase A. Hernández, A. Matesanz
y C. García, Atlas de Barrios Vulnerables de España: 12 Ciudades 1991/2001/2006, Instituto Juan de Herrera, Madrid, 2015
[disponible en: [Link]
6 Hay 40 organizaciones sociales que han firmado la Carta Contra el Hambre en Madrid ([Link]
y calculan que destinando el 1,8% del presupuesto municipal de Madrid se garantizaría el derecho a la alimentación de la
población de la capital. Se necesitan 78.500.000€ para erradicar el hambre en Madrid.
Hoy todos los datos indican que la pobreza infantil, la que afectan al sector poblacional
hasta 18 años, alcanza ya el 30% de este grupo, casi un tercio del mismo tanto en la infan-
cia como en la adolescencia y primera juventud (por aquello de que la juventud llega hasta
los 29 años, al menos). Pero, aun siendo muy grave esta situación, adquiere sus máximas
dimensiones cuando nos hacemos preguntas sobre su futuro, o sea, sobre la transmisión
intergeneracional de la pobreza. Y, aunque sea de modo sólo indicativo, esta situación se
confirma por los datos del INE de los que hay dos especialmente significativos: el efecto
renta y la educación (a la que nos referimos en el siguiente epígrafe). En cuanto a la renta,
valga destacar un aspecto del dato referido a la dificultad para llegar a fin de mes del adul-
to según la dificultad para llegar a fin de mes cuando era adolescente.
La dificultad para llegar a fin de mes del hogar cuando el adulto era adolescente influye
en la dificultad para llegar a fin de mes actual del adulto. De los adultos que vivían en hoga-
res que llegaban a fin de mes con dificultad o mucha dificultad, el 49,0% sigue llegando en
la actualidad a fin de mes con dificultad o mucha dificultad, mientras que un 7,3% llega a fin
de mes con facilidad o mucha facilidad.
¡Esto es una bomba de relojería! Esta sociedad ha fabricado un producto cuya presen-
cia social se anuncia en este presente para hacer un “no-futuro”, pues es un futuro que se
está negando en este presente. Y aquí hay que situar el contexto de algo tremendamente
importante. Se habla de los jóvenes que deben emigrar para buscarse su futuro, y es ver-
Especial 93
Especial
dad, una verdad de muy decisivas consecuencias. Pero no se suele hablar de los que no
tienen más remedio que quedarse. ¿Cuáles son sus perspectivas? Porque en ellos se pro-
duce un impacto y un proceso de-socializador que afecta a los que viven este “presente sin
futuro”, y todas las repercusiones ya conocidas de los menores y jóvenes en estas situa-
ciones en el propio entorno en el que viven. Repercusiones que generan violencia social,
cierto, pero ante lo que se actúa solo con medidas represivas, ¡como si eso fuera a hacer
algo que no sea agravarlo!
Según el estudio de Save the Children7 en las familias en las que los padres no han
alcanzado la educación secundaria, más de la mitad de los niños están en situación de
pobreza.
Fuente: Extraído del informe Iluminando el futuro. Invertir en educación es luchar contra la pobreza infantil.
Se observa que los tres grupos de edad tienen un alto riesgo de pobreza o exclusión
social de acuerdo al nivel de estudios de sus progenitores. De modo que en las familias en
7 A. Sastre (coord.), Iluminando el futuro. Invertir en educación es luchar contra la pobreza infantil, Save The Children España,
Madrid, 2015.
que los padres no han alcanzado la educación secundaria, más de la mitad de los menores
están en situación de pobreza
Pues bien, en estas condiciones lo que está ocurriendo con la educación en los barrios
más desfavorecidos es todo un símbolo del cierre de puertas en los barios. Ya antes de la
crisis la educación no pasaba de ser una puerta solo entreabierta, pues era insuficiente y
mantenía la desigualdad; pero ahora es ya claramente una puerta que se cierra. Como la
experiencia constata, y el estudio de Save the Children confirma, «cuando la pobreza
aumenta también lo hace la brecha educativa y los niños de familias con un nivel socioeco-
nómico más bajo tienen más probabilidades de asistir con menor regularidad a la escuela o
hacerlo en condiciones de precariedad».8 Por lo que se produce un círculo vicioso entre
pobreza socioeconómica y pobreza educativa que hace referencia al proceso de aprendi-
zaje y obstaculiza su vida adulta.
Dada esta situación, no es necesario recordar las cifras de abandono temprano, fracaso
o absentismo escolar pues es el resultado concomitante. Lo que sí se debe enfatizar es el
efecto de retroalimentación que todo ello está produciendo en las condiciones de vida no
sólo de los adolescentes y jóvenes, sino también en los hábitats y en los territorios. En los
propios alumnos en primer lugar, especialmente adolescentes y jóvenes, pues se encuen-
8 Ibidem, p. 35.
9 Ibidem.
Especial 95
Especial
tran en la educación secundaria con aulas cuya ratio es enorme y excesiva, sin recursos
muchas veces básicos de material para su formación, en cursos de formación especial-
mente ocupacional que incluso no habían demandado (ya que el curso que demandaban
había sido suprimido sin alternativa), sin disponer de los correspondientes profesores, orien-
tadores, Profesorado Técnico de Servicios a la Comunidad (PTSC), trabajadores sociales.
Y en contextos de presión social los propios grupos de alumnado combinan la problemáti-
ca con situaciones y factores de acoso escolar, como el sufrido por el IES Ciudad de Jaén
de Madrid, tristemente conocido porque una adolescente tomó la decisión más grave sobre
su vida. Era un caso denunciado por el IES, se siguió el protocolo establecido, pero la
correspondiente Consejería no dio el apoyo exigible. El IES no disponía de los recursos que
largamente habían sido denunciados y reclamados por la comunidad educativa.10
Todo ello retroalimenta la situación de los propios barrios en que se encuentran estos
centros y sus alumnos, pues la educación es probablemente la variable que más hace por
la cohesión social del propio tejido social de los barrios. Evidentemente la cohesión social
de los barrios depende básicamente de reducir y hacer cambiar de signo la gran desigual-
dad que les atraviesa. Pero el propio tejido social existente en estas condiciones de des-
igualdad queda expuesto a su propia fractura interna cuando sus centros educativos, es
decir, la educación de su propia población estudiantil queda expuesta a la quiebra que se
está produciendo en esta variable. Esta quiebra contribuye a la fractura del propio tejido
social pues acaba recelando de los alumnos “diferentes” a los que culpabiliza de los fraca-
sos, y acaba rompiendo su relación con los “distintos”, con los pobres y con los que menos
recursos tienen. Y sin esta cohesión social los barrios pierden su carácter de hábitat, y
pasan a ser “no lugares” afectados por el resultado del descalabro educativo que los barrios
están sufriendo. Y si no se producen aún peores consecuencias es debido a los profesores,
padres y asociaciones, que batallan contra este déficit estructural, aguantando ser conside-
rados como los culpables, así como quedar señalados ellos y su centro bajo estigmas de
rechazo; injustos, pero reales.
Pareciera que estos barrios tienen como rol ser “sub”: súbditos, subordinados, subalter-
nos, servidores, que es el rol asignado para el que estos barrios “tienen que valer” (preca-
riedad, no cualificación, dependencia); es como si fuera su destino, pues parece que son
considerados que es para lo que valen y “lo que se han ganado”.
10 Merece la pena tomar en consideración la reflexión «Cuando la violencia estructural se llama acoso» de la prestigiosa Revista
CONVIVES publicada el 26 de mayo de 2015 y que señala: «Ahora estamos abordando los problemas de acoso a través de
las redes sociales o cyberbullying. Pero estos árboles nos siguen impidiendo ver otro bosque cuando suceden casos como
el ocurrido en el IES Ciudad de Jaén de Madrid. El bosque de la desigualdad, la desesperanza, la distribución por guetos, la
exclusión y la discriminación y el olvido, que son otras situaciones que, externas a la comunidad educativa, favorecen el acoso
y la violencia. Porque la violencia estructural se llama acoso. Y esa forma de acoso se combate con apoyo, recursos, aseso-
ramiento, racionalización, integración, alternativas, compensación, diálogo, inversión y cuidados. En muchos casos de acoso
es más fácil de señalar con el dedo que mirar detrás de los árboles» [disponible en [Link]
La crisis ha sido una invasora; ha invadido múltiples dimensiones de la vida de las per-
sonas, de las familias, de los grupos; ha tenido manifestaciones en aspectos que se han
agravado. Sólo es cuestión de dejar que el ojo lo vea; es cuestión de querer verlo. Por ejem-
plo, cuando alguna asociación promueve actividades con población menor, no resulta extra-
ño que la demanda de las familias las desborde generando incluso listas de espera.
Igualmente se ha observado que se ha modificado el tipo de familias demandantes de las
actividades promovidas desde el tejido social pues aparecen personas que no eran usuales
de las mismas pues tenían otras posibilidades, aspiraciones, etc. Además, el grupo inmi-
grante ha dejado de ser mayoritario como grupo de demandantes de ayuda social.
Más allá de estos hechos, que sólo pretenden desvelar la soledad de los barrios que
deben cargar con esas situaciones, hay que destacar que todo ello se ha producido en
medio de un desplome simultáneo de medios, centros, supresión de recursos laborales, for-
mativos, de profesionales, que actuaban en los barrios. Mientras tanto, la situación social en
estos barrios está en caída libre, los recursos sociales “vuelan”, como si “huyeran de la
quema”. Aparte de los recursos educativos, cuyos efectos ya hemos mencionado, hemos
perdido incluso profesionales de la intervención social, se ha limitado su participación en el
medio comunitario, se han distanciado de los barrios recursos destinados a la prevención
de drogas, de salud mental, de educación de calle. Es muy significativo cómo centros de
atención a la infancia y la familia se han reducido y concentrado.
Especial 97
Especial
ron, las dinamizaron, y con ellas devolvían a los barrios no solo un servicio necesario, sino
una dinamización del tejido y de la vida vecinal, cuando ahora quedan estrictamente bajo el
paradigma del beneficio de la empresa adjudicataria. O cómo se han abandonado espacios
públicos, o su viario, su limpieza, o cómo su mantenimiento se ha ido deteriorando durante
años, en franco declive y sin previsión.
Pudiera ser tachado todo ello como un mal sueño de un mal agorero. Pero hay dos
cosas que se deben señalar. Una primera es que aun no dándose todo ello en todos los
barrios, sí muestra la realidad de lo ocurrido, o sea, el abandono de los barrios en esta situa-
ción de crisis, dejados a su sola realidad,… y luego tildados de incívicos por los múltiples
problemas que el abandono causa. De todo tipo, especialmente de tipo cívico, social y de
convivencia. “Han sembrado vientos, ¿por qué ahora se quejan de las tempestades?”. Es
obligatorio revisar el impacto sufrido y poner encima de la mesa la violencia estructural que
sufren los barrios para poder entender la violencia, o al menos, la agresividad social y de
convivencia que en ellos se pueda dar.
Y una segunda es que las situaciones mencionadas no son sino la traducción a lo micro
de lo que está pasando en lo macro según los resultados del Índice de desarrollo de los ser-
vicios sociales (Derecho/Economía/Cobertura) o DEC.11 El gasto por habitante en materia
de servicios sociales que realizaron las Administraciones Públicas, ha pasado de 383,9
euros en el año 2010 a 323,4 euros en 2013; es decir, 60,5 euros menos por habitante y
año, lo que representa una reducción del 15,8%. En términos absolutos, las
Administraciones Públicas han gastado 2.810 millones de euros menos en servicios socia-
les en el año 2013 que lo que gastaron en 2010. De esta manera, el recorte acumulado en
servicios sociales en sólo tres años asciende a 4.970 millones de euros.
Esto pone de manifiesto que el mayor deterioro de los servicios sociales se está produ-
ciendo en los servicios básicos y de proximidad, que gestionan en su mayor parte las enti-
dades locales y que constituyen la aportación a la cohesión e integración social del sistema
de servicios sociales y una de sus principales fortalezas. Fortaleza que lo es en tanto recur-
so que se hace efectivo en la proximidad de las personas y familias a las que van destina-
11 El informe que recoge el IDEC del 2014 de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales puede consultar-
se en [Link].
dos. Por lo que su fortaleza/debilidad se traslada a los propios espacios, contextos y hábi-
tats. Su disminución es una triste confirmación de que los barrios se quedan solos ante este
vuelo de los recursos.
No hace falta señalar ya, por especialmente conocido, el problema de los desahucios de
viviendas en propiedad. Pero es menos conocido que se han efectuado desahucios en
viviendas en alquiler, incluso en viviendas de protección oficial en régimen de alquiler, inclu-
so del alquiler público realizado a familias que obtuvieron las adjudicaciones en un momen-
to en que disponían de un mayor poder adquisitivo que en la actualidad. Al cambiar la situa-
ción económica y no adaptarse la renta de la vivienda a esta nueva situación, se ha produ-
cido un desfase entre ingresos y gastos que ha impedido afrontar el pago de las rentas de
alquiler. Y esto se agravado cuando la Administración Pública ha vendido este patrimonio
inmobiliario a fondos privados (llamados “buitre”).
Especial 99
Especial
La crisis y el empobrecimiento afectan gravemente a los barrios. Dados los ajustes pre-
supuestarios, conocidos por el común de los mortales como recortes, se está haciendo muy
difícil la vida a las familias afectadas por la crisis. Hay familias que acuden a consultar a las
asociaciones de sus barrios incluso para recibir información de dónde gestionar algún recur-
so social, porque los servicios sociales no disponen de personal ni de los recursos que serí-
an necesarios para poder llegar a todas las personas que requieren este asesoramiento tan
necesario para salir adelante. Sin olvidarnos de todas aquellas asociaciones que llevaban
trabajando muchos años –y con mucho reconocimiento por parte de las Administraciones–
que también se han visto obligadas a echar el cierre.
Y entre esas familias, se observa en los barrios con menos recursos, que predominan
las personas que llevan muchos años trabajando, que no tienen recursos para buscar
empleo, que son muy jóvenes y también mayores de 45 años. Y se ha modificado la pro-
porción inmigrantes/autóctonos, pasando de un 70/30, a un 50/50. Estas personas vienen
incluso a las asociaciones a ver si encuentran algún tipo de solución a una situación con ras-
gos de desesperación. Han perdido todo tipo de ingresos, de prestaciones, de ayudas socia-
les, nadie les da solución alguna, amenaza el hambre, y vienen “a ver qué”, “a lo que sea”.
El desempleo no genera ya urgencia, sino lo siguiente; o sea, inmediatez para comer.
Y ante todo ello, se constata cómo los planes, como el Plan Prepara, no son sino una
frustración dadas las condiciones de dichos planes. Exigen, entre otras cosas estar en una
agencia de colocación autorizada. Pero sus exigencias no contemplan las condiciones de
estos demandantes, pues son puras consultoras de empresas, o empresas, que ni acom-
pañan ni contemplan las condiciones para el encuentro de un empleo de este tipo de per-
sonas, etc. El Servicio Público de Empleo, por ejemplo, les exige un certificado de servicios
sociales, que éstos no pueden dar, pues los servicios sociales dan ayudas puntuales, y si
dan un certificado acaban colaborando en que les quiten el subsidio. Hay una gran confu-
sión, además, porque los demandantes van con lo que pueden, les faltan requisitos, y salen
sin tener claro por qué. Les exigen estar inscritos en un portal de Internet, en una web, en
una bolsa de empleo, a personas cuyo primer problema es “qué es eso de la Internet”. Este
Plan no solo no “Prepara” sino que acaba en frustración.
¿Y las RMI? Se ha elevado al máximo la cantidad de requisitos cada vez más difíciles
de obtener, por ejemplo, un certificado del Servicio de Empleo de que no cobras nada, no
porque el Servicio no lo puedan dar, sino porque la propia solicitud, la forma de poder pedir-
lo, se ha convertido en una barrera casi infranqueable. Por otra parte, las Comunidades
Autónomas tardan como 8 meses en contestar (alguna llega a los 18 meses). Y en ese pro-
ceso, miran y remiran los requisitos encontrando de modo habitual requerimientos y más
requerimientos que retrasan y retrasan. Tal parece que lo hacen para retrasar todo lo posi-
ble. Y cada vez que aparece un requisito, se reinicia el proceso como si fuera desde cero.
Además, se cita a los perceptores RMI en centros que no tienen nada que ver con la
RMI, por lo que los perceptores ni entienden ni comprenden de qué va lo que tienen que
presentar, además de ser desconocidos y estar lejos, por lo que no es raro que pierdan el
día de la cita, y si no van el día y hora prefijado les quitan la RMI (llegando a situaciones en
que estar enfermo es un problema, pues incluso en ese caso se debe ir personalmente). Lo
que hace que esta enredada burocracia tenga efectos perversos, se deniegan y retiran un
buen porcentaje de RMI. Pareciera ser una burocracia hecha adrede para quitarse de enci-
ma a los de la RMI.
Y ya por último, no se puede dejar de remarcar que se está trasmutando el carácter per-
sonal y social de estas personas mediante:
No es exagerado decir que los barrios están desbordados, pues se carga en las propias
personas, en el tejido social de los propios barrios una solución de la que no pueden dispo-
ner, y se les culpabiliza por “no ser emprendedores”, o algo parecido. ¿Ironías de la histo-
ria? Pero ironías de gravísimas consecuencias. “La risa va por barrios”, pero no hace nin-
guna gracia. Las personas no saben dónde ir, y llegan a los lugares asociativos de los
barrios y a los servicios de ayuda social que en ellos existen con una exigencia concreta:
búscame un empleo y/o una solución, eso de entrada. Ni saben dónde ir, ni es fácil saber
dónde enviarlos; echan en cara que el tejido asociativo no tenga recursos, porque es el
único con el que se pueden encarar. Ante la ausencia de respuesta de los servicios públi-
cos, el tejido asociativo ha tenido que asumir nuevos roles. Por ejemplo: “mediadores eco-
nómicos”, o sea, negociadores con empresas suministradoras; y “educadores económicos”
que ayuden a entender qué tipo de contrato de suministro están haciéndoles o les han
hecho pues hay mucho engaño detrás; o a ver qué prioridades de pago conviene tener cada
mes en función de las repercusiones de los impagos, etc. O cómo se rellenan las instancias
para pedir la RMI, o la beca del comedor. Incluso en los propios colegios se deben ocupar
de eso.
Especial 101
Especial
Todo ello produce unos impactos de muy diverso tipo: culpabilización de las propias per-
sonas y de los propios barrios, desmovilización, caldo de cultivo para los que se ofrezcan
como “salvapatrias”, etc. Pero también puede producir una reacción de cambio y de trasfor-
mación. ¿No es necesario revisar, y cambiar de raíz, la política punitiva y de control social
como única política, si realmente se quiere una solución justa? Porque la realidad de
muchas acciones, iniciativas, proyectos, etc. en los barrios demuestra que sí es factible el
cambio. Los barrios tienen capacidades, habilidades, talentos y aspiraciones con los cuales
contribuir a hacer frente a sus limitaciones. Lo que no pueden es quedar con toda la carga
sin que los responsables públicos asuman el abandono en que están.
N o hay algo así como el mejor modelo de ciudad, indiscutible, la foto que
fija el ideal; menos aun haciendo abstracción de los condicionantes de tiem-
Vicente Pérez
Quintana es
sociólogo y
po, lugar, tamaño o estructura de actividades. Sí podemos, en cambio, iden-
miembro de la
tificar caracteres, grandes rasgos, sobre los que consensuar una cierta fiso- Junta Directiva de la
nomía de la ciudad a la que aspiramos aquí y ahora. Federación Regional
de Asociaciones de
La cuestión, por tanto, tiene un manifiesto aspecto normativo, que con- Vecinos de Madrid
trasta con la pretendida neutralidad axiológica del discurso tecnócrata. La ciu- (FRAVM)
dad es un producto social, una síntesis dinámica del conflicto de intereses,
valores, visiones, etc., en el que participan las distintas clases y colectivos
sociales. No es el fruto del juego de la oferta y la demanda en el mercado que
dicen los neoliberales; sino la configuración, siempre cambiante, que resulta
de la disputa, entre otros aspectos, por la formación y la distribución del ingre-
so social y de las rentas del suelo.
Tenemos aquí la antítesis del modelo de las llamadas grandes operaciones urbanísticas
sobre las que se montó la burbuja inmobiliaria entre finales de los noventa y 2007 y sobre
las que se pretende hacer cabalgar la recuperación económica. No podemos pararnos en el
2 Estos términos y el enfoque que aquí seguimos deben mucho a los trabajos de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona.
Véase [Link]
3 B. de Sousa Santos (coord.), Democratizar la democracia. Los caminos de la democracia participativa, Fondo de Cultura
Económica, México, 2004.
examen de las mismas, pero permítasenos entresacar algunas notas ilustrativas.4 La mayor
parte entraña la enajenación de terrenos y/o edificios públicos, con localizaciones privile-
giadas, que se justifica gracias al objetivo de reducción de la deuda de las administraciones.
En general se permiten edificabilidades lucrativas altas e incluso sucesivas revisiones del
planeamiento para elevarlas hasta satisfacer las demandas de rentabilidad de los promoto-
res privados. Los usos ricos del suelo (viviendas de lujo, hoteles, grandes superficies comer-
ciales, oficinas, etc.) son claramente favorecidos frente a la vivienda protegida, las dotacio-
nes… y haciendo caso omiso de los daños que tales actuaciones acarrean sobre los entor-
nos y en manifiesta contradicción con estrategias como el impulso de la movilidad sosteni-
ble, la protección del pequeño y mediano comercio local, la preservación del patrimonio his-
tórico y arquitectónico, etc. En fin, tales operaciones conforman una yuxtaposición de actua-
ciones, incoherentes entre sí, de tal modo que no es el plan urbanístico el que las integra,
sino, a la inversa, son ellas a posteriori las que confirman el plan. Todo ello deriva en la rela-
tivización de la herramienta del planeamiento, sea negando directamente su eficacia y nece-
sidad, sea apelando al concepto de la flexibilidad interpretada como una desregulación
urbanística en toda la regla.
Ciudades compactas
De manera paradójica, en nuestras ciudades, la huella urbana crece más aprisa que la
población y la actividad económica. Según el discurso neoliberal todo el suelo debe estar
urbanizado o ser urbanizable, excepción hecha de los espacios protegidos. Sin embargo, el
suelo es un bien escaso, por lo que debe ser preservado de la artificialización superflua.
La moda de la ciudad difusa, los nuevos ensanches ejecutados en Madrid y otras gran-
des ciudades en los últimos lustros, la cultura del adosado, la dependencia del automóvil,
etc., son otros tantos ejemplos de fuerzas que actúan como trituradoras del terreno virgen.
No sólo suscitan la expansión horizontal, sino que disuaden la promoción de dotaciones
locales y el funcionamiento del transporte colectivo, que requieren unos mínimos de cerca-
nía y de densidad. Es preciso, en consecuencia, que el planeamiento urbanístico frene la
proliferación de estas fórmulas.
4 Véase una amplia relación de ejemplos en el Mapa de los Horrores Urbanísticos de Madrid ([Link]
[Link]/mapa-de-los-horrores/).
Especial 105
Especial
En el interior de las grandes urbes, por otra parte, se extienden enormes bolsas de terre-
nos sin uso o infrautilizados, desde descampados y solares hasta naves industriales sin acti-
vidad y comercios en planta baja con el cierre echado, pasando por cuarteles, cocheras,
suelos de Adif, instalaciones obsoletas al aire libre, antiguos edificios administrativos, etc.
Todas ellas constituyen áreas privilegiadas que brindan la oportunidad de ser reutilizadas,
quitando presión sobre los terrenos no urbanizados. Con frecuencia, estos vacíos urbanos,
por así llamarlos, generan degradación paisajística, ambiental y social, e incluso, son focos
de una acusada inseguridad ciudadana. La reutilización, en consecuencia, permite la recua-
lificación y recuperación de amplios trozos de la ciudad y la densificación y articulación del
tejido de actividades económicas y de otro tipo. Las opciones son múltiples. En barrios
sobresaturados, por ejemplo, estas localizaciones son idóneas para encauzar operaciones
de esponjamiento y apertura de espacios libres; otras veces, su puesta en valor permite
cubrir los déficit dotacionales o impulsar la creación de áreas de centralidad o localizar moto-
res del desarrollo endógeno; cada vez más sirven para desarrollar iniciativas ciudadanas
como los huertos urbanos o los centros sociales autogestionados.
Cuando de espacios sin uso se trata, hoy, tal vez el más relevante lo forma el parque de
viviendas vacías. Según el INE (Censo de 2011), en España hay 3,4 millones, si bien otras
estimaciones elevan la cifra a unos 4 millones. La lucha contra los desahucios hipotecarios
y de alquiler ha quitado el velo a una situación sangrante: “casas sin gente y gentes sin
casa”. La movilización de ese segmento del parque residencial debería ser una prioridad de
las diferentes Administraciones Públicas. Cuentan para ello, por ejemplo, con la posibilidad
de recargar el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) de las viviendas desocupadas perte-
necientes a las entidades financieras. También cabe animar a los propietarios a sacar las
viviendas al mercado a través de las sociedades públicas de alquiler. Propugnamos, asi-
mismo, regular una figura del tipo de la expropiación temporal en la línea del decreto anti-
desahucios de la Junta de Andalucía, sorteando los obstáculos que ha puesto el Tribunal
Constitucional en su sentencia sobre el mismo.
hicieron de estas herramientas en los años de la burbuja inmobiliaria o, antes bien, el cómo
cebaron la economía de casino aprovechando la espiral de precios.5
5 Esta cuestión trae a colación otras como la relativa al necesario rearme de las Administraciones frente a la corrupción y como
la referida a corregir la excesiva dependencia del ladrillo de la financiación de las haciendas locales.
Especial 107
Especial
Por otro lado, tenemos que un componente estructural del tejido de actividades de los
barrios lo forma la red de equipamientos y servicios. Éstos son parte esencial del salario
Hoy, una meta innegociable de las ciudades debe ser mejorar la ecuación de la sosteni-
bilidad, definida por la relación entre el volumen de recursos energéticos y materiales que
se consume y el grado de complejidad urbana:6 si el uno disminuye y el otro aumenta, res-
6 Véase S. Rueda, «Un modelo urbano para el desarrollo de ecobarrios», Agencia de Ecología Urbana de Barcelona, 2008,
pp. 1-12, disponible en [Link]
Especial 109
Especial
pectivamente, el cociente tiende a cero. Pues bien, a ese resultado contribuye de manera
decisiva la desmaterialización de los procesos urbanos. Pensamos en la extensión de las
TIC, la arquitectura bioclimática, la vivienda domótica, el mobiliario “inteligente”, el teletra-
bajo, el uso compartido del coche, la e-Administración, etc.
Un elemento crucial en este apartado lo forman las zonas verdes urbanas, desde las
numerosas pequeñas piezas adosadas a los edificios hasta los grandes parques, más los
suelos periféricos no urbanizados, idóneos para el desarrollo de áreas forestales y la pro-
7 W. Rees, «Indicadores territoriales de sustentabilidad», Ecología Política, núm. 12, 1996, pp. 27-41.
En cuanto al consumo sostenible de recursos está casi todo por hacer. Tres ejemplos
concretos valen más que mil palabras. Es el caso del agua, respecto de la que el margen
de mejora es hoy inmenso: reducción del consumo, regeneración de aguas grises en las
viviendas, aprovechamiento del agua de lluvia, aminorar el volumen que se pierde en las
conducciones… Más nítido quizá es el caso de la energía: ahorro y eficiencia de los edifi-
cios y espacios públicos, generación doméstica de electricidad y calor,8 arquitectura biocli-
mática, orientación de las construcciones, regulación de los elementos que tienen inciden-
cia en el microclima de los barrios (islas de calor), tales como la pavimentación, vegetación,
interacción entre los edificios, aparatos de refrigeración, soleamiento y sombras en el espa-
cio público, el establecimiento de valores mínimos de suelo permeable, pavimentos con bajo
poder de irradiación de los rayos solares… Un tercer caso, especialmente relevante en la
intervención sobre la ciudad realmente existente, lo encontramos en el consumo de mate-
riales de construcción: fijación de porcentajes de empleo de materiales reciclados, impulso
del uso de elementos de derribo in situ, regulación estricta del destino de los productos de
demolición, movimiento de tierras, etc.
Especial 111
Especial
Sin duda, uno de los vectores sobresalientes en los que se la juega la sostenibilidad
urbana es en el de la movilidad. El coche y el mundo que lo rodea son la fuente de multitud
de daños al medio ambiente, desde la extensión de la huella de la ciudad debida a la crea-
ción del viario y las plazas de aparcamiento hasta las emisiones responsables en buena
medida de la contaminación del aire y acústica. La construcción de una ciudad compacta,
compleja y equilibrada teje la implantación de un modelo no congestivo y viceversa. El
aspecto central aquí es la creación de proximidad y, por tanto, la formación de las condicio-
nes de posibilidad de la disminución del número de viajes obligados y, sobre todo, del núme-
ro de desplazamientos en medios mecánicos, transvasándolos a los movimientos a pie y en
bici. Tenemos aquí la realización de una especie de metapolítica de la movilidad. Otra pata
central es el fomento del transporte público, cuestión sobre la que no es preciso abundar
ahora.
dentes en los edificios y los alrededores puedan oponerse. Además, no será necesaria licencia municipal de obras y activi-
dades ni declaración de impacto ambiental. Por si fuera poco, el artículo 34 dice taxativamente que las administraciones públi-
cas «deberán colaborar […], a fin de hacer efectivo el derecho de los operadores de comunicaciones electrónicas de ocupar
la propiedad pública y privada para realizar el despliegue de las redes públicas de comunicaciones electrónicas». La mano
del lobby de las operadoras hace valer su peso.
113
JOSÉ RAMÓN GONZÁLEZ PARADA Y CARLOS GÓMEZ GIL
Para demostrar que el hambre está estrechamente ligada con las prácticas depredadoras
del capitalismo salvaje, sirva como evidencia empírica cómo, a medida que la crisis sisté-
mica que vivimos ha ido avanzando con especial dureza sobre los países sobreendeudados
del Sur de Europa, la falta de alimentos ha alcanzado cifras nunca vistas desde el final de
la segunda guerra mundial. Y con ello, el efecto más visible de la crisis es el hambre, en
forma de comedores sociales, bancos de alimentos, albergues, bolsas de recogida de comi-
da, rebuscadores en contenedores y delitos famélicos. De esta forma, las colas ante los
comedores sociales en países europeos, especialmente del Sur, sometidos a duros planes
de ajuste emanados de la troika, son el mejor indicador de la grave situación económica y
social que atravesamos, recordándonos estampas vividas tras el crack del 29 y la posgue-
rra. Resulta llamativo que antes, las hambrunas venían dadas por catástrofes y guerras,
pero ahora, son las crisis económicas y financieras las que determinan el número de per-
sonas hambrientas, haciendo que este fenómeno que parecía algo limitado a los países
empobrecidos y a etapas históricas pasadas, cobre máxima vigencia.
comida a países donde estas cuestiones estaban en el primer plano de la actualidad y son una
realidad visible en las calles. Es por ello por lo que desde RIOS se emprendió un trabajo sobre
pobreza, hambre, soberanía e insolvencia alimentaria en países del Sur de Europa sometidos
a fuertes programas de ajuste económico, entre los que destacan Grecia, Portugal y España.
Avanzamos algunas conclusiones y análisis relevantes de este estudio.
Panorama 117
Panorama
Por tanto, estamos hablando de que en España hay más de dos millones de personas
en situación de insolvencia alimentaria que no tienen recursos para hacer frente a su ali-
mentación básica diaria, y esta realidad parece querer ignorarse dejando que sean la cari-
dad y la beneficencia las que se encarguen de ellas. Y con los datos que manejamos y al
ritmo de crecimiento registrado, nuestra estimación es que en España, el volumen de
población en situación de insolvencia alimentaria pueda crecer hasta los 2,2 o 2,3 millo-
nes de personas con rapidez, es decir, que podría incrementarse hasta el 5% del total de
la población en pocos años. Por tanto, surge la pregunta de cómo todo este ejército de
personas es capaz de satisfacer su alimentación diaria al encontrarse en esta situación
de insolvencia alimentaria cuando instituciones y poderes públicos se han desentendido
de ellos.
Toneladas Porcentaje
Fondo Español de Garantía Agrícola (FEGA). 67.407 43,3%
Fondo europeo
Empresas donantes 65.000 41,9%
Particulares 23.000 14,8%
TOTAL 155.407 100%
Panorama 119
Panorama
Según nuestros cálculos, realistas y coherentes con los datos que proporcionan las insti-
tuciones benéficas a escala local, todos los informantes consultados aportan una horquilla de
entre 78 y 82 kilos al año por persona facilitados, esto es, entre 210 y 225 gramos diarios.
El estudio llevado a cabo aporta algunas evidencias empíricas nada despreciables, entre
las que destacamos dos:
– La segunda es que existe una amplia cobertura gracias a la existencia de sólidas institucio-
nes sociales. Esta amplia cobertura cuantitativamente considerada, sin embargo, apenas si
cubre las necesidades mínimas de subsistencia, estando sometida a fuertes oscilaciones en
función de la llegada de alimentos, lo que hace que el reparto a las familias sea inseguro y
poco predecible. Como hemos visto, la sociedad civil mediante donaciones, recogidas perió-
dicas, campañas y aportaciones, está siendo capaz de proporcionar más de la mitad de los
alimentos que la población en situación de insolvencia alimentaria necesita, lo que habla
muy bien de las redes de solidaridad social y muy mal de un Gobierno que se ha desenten-
dido por completo de algo tan esencial como es la alimentación de sus ciudadanos.
1 Un amplio grupo de organizaciones preparan en Madrid una Conferencia contra el hambre. El texto en cursiva está tomado
de esa propuesta (disponible en: [Link]
en-madrid-10-de-abril-de-2015/).
Panorama 121
Panorama
economía de la pobreza que se rebela contra toda miseria para centrarse en una nueva cre-
ación de riqueza cuyo objetivo es el bien común y la satisfacción de necesidades humanas
elementales. En ausencia de un mercado de trabajo que cree empleo y de una política eco-
nómica orientada a la vida de las personas de carne y hueso, no queda más remedio que
la distribución de alimentos; pero hay que entender y organizar el reparto como una fracción
de la renta básica que a modo de anticipo se abona a las familias. Y ésta se abona, no se
dona. Y en este matiz arranca la diferencia entre el asistencialismo filantrópico y la justicia
social. Porque como se trata de un abono, mejor hacerlo mediante algún medio de pago
–llámese vale o cheque alimento– que directamente en especie.
Por ello, tenemos que entender que el reparto de alimentos es un problema de naturale-
za política: el poder público deja abandonados a los desahuciados del mercado de trabajo al
vaivén de la solidaridad comunitaria; y también es de naturaleza política la dejación del
Estado que convierte los tratados internacionales en puro verbalismo declarativo. Pocos fun-
cionarios del Ministerio de Exteriores sabrán o recordarán la ratificación por España del Pacto
Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que recoge expresamente el
derecho a la alimentación y la responsabilidad del Estado en ella sobre sus ciudadanos.
Más allá de los datos cabe plantearse algunas preguntas. Como decía Pedro Casaldáliga,
el hambre no espera, de ahí la oportunidad de las instituciones asistenciales de ofrecer un
alivio inmediato a la necesidad; pero también sostenía que hay que promover la conciencia
de que lo que los necesitados reciben, ya era suyo antes de que llegara a sus manos. Esta
segunda parte de la ecuación queda pendiente en nuestro sistema de solidaridad popular:
unos, los asistidos, se cronifican como perdedores, al tiempo que la relación entre el volun-
tariado y los asistidos plantea una cuestión nueva en la estratificación social, que merece un
debate a fondo. Lo que nos lleva a los problemas de la solidaridad vital como forma de con-
ciencia colectiva y al derecho a la alimentación, como demanda social fundamental.
la perspectiva laboral mejorara en el corto plazo, las enormes bolsas de parados de larga
duración, mayores de 45 años y sin recursos persistirán durante años. Al mismo tiempo,
el avance de la ultraprecarización laboral no garantiza tampoco la satisfacción de nece-
sidades básicas a quien tiene un trabajo, por lo que están apareciendo importantes bol-
sas de pobreza ligadas a los nuevos contratos que se firman en estos países.
2) De esta forma, la demanda de alimentos va a mantenerse en el futuro en un escenario
de próximos recortes en el Plan Europeo de Ayuda Alimentaria, con unas organizaciones
de ayuda y bancos de alimentos sobrepasados por una situación que supera con mucho
sus capacidades.
3) No hay estudios precisos sobre las demandas efectivas de población en situación de
insolvencia alimentaria como consecuencia de la dejación que han hecho los poderes
públicos de sus obligaciones hacia organizaciones caritativas y de beneficencia carentes
de medios. El reto de estas organizaciones de solidaridad es dar alimentos a familias en
situaciones límite, no conocer la situación real de las familias y vincular esas necesida-
des alimentarias con otras intervenciones sociales imprescindibles, para lo que carecen
de medios.
4) Hay una peligrosa tendencia que pasa por no responsabilizar al sector público y a los res-
ponsables políticos del suministro de alimentos a la población, transfiriendo esa respon-
sabilidad a la sociedad civil y el sector privado, que en el caso de las empresas, hacen
donaciones masivas. Sin embargo, la sociedad ignora que alrededor del 47% de todos
los alimentos distribuidos proceden del sector público a través de los fondos europeos.
5) De la misma forma que existe una situación de emergencia alimentaria en los países del
sur de Europa, también se da un problema de desperdicio de comida, lo que debe lle-
varnos a plantear un debate sobre la recuperación de alimentos, algo que se ha debati-
do a fondo en Portugal. Sin embargo, no parece que el buen uso y la recuperación de ali-
mentos sean una solución al problema de la insuficiencia alimentaria.
6) En cambio, la recuperación de alimentos desechados por el mercado en fase de cosecha
y poscosecha, así como la que se tira a la basura por los centros comerciales, ha de ser
tenida en cuenta en la planificación del acopio de alimentos para su distribución gratuita.
Un ejemplo de ello es la entrega de naranjas sobrantes de la recogida a los bancos de
alimentos en España.
7) La política agraria comunitaria y las imposiciones de las grandes empresas agroalimen-
tarias están llevando a una progresiva reconversión del sector agrario en los países del
Sur de Europa, con una entrada creciente de las grandes multinacionales de la alimen-
tación mundial que marcan las pautas productivas y de comercialización, distribución y
venta. Ello está generando un aumento de las importaciones así como el abandono de
tierras de cultivo y de productos tradicionales menos rentables. La recuperación de las
economías campesinas, que ha sido uno de los sectores menos dañados por la crisis
financiera, se contempla como una posibilidad real de empleo, de abastecimiento alter-
nativo y de nuevas de formas de vida alternativas.
Panorama 123
Panorama
En virtud de este artículo, no solo deberían pagar más aquellas personas con mayor
capacidad económica sino que, además, deberían hacerlo en mayor proporción respecto de
aquellos con menor capacidad económica. De esta forma, se coadyuva a la consecución de
los objetivos de redistribución de la renta (artículo 40.1 de la CE) e igualdad material que
deben fomentar los poderes públicos (artículo 9.2 de la CE). Si bien es cierto que no puede
exigirse la progresividad de cada una de las figuras tributarias individualmente sino al siste-
ma tributario en su conjunto, según ha matizado el Tribunal Constitucional,1 no lo es menos
que la progresividad del sistema tributario se tiene que articular técnicamente mediante tipos
de gravamen progresivos, exenciones y beneficios fiscales que permitan la consecución de
la distribución de la renta y la riqueza anteriormente citadas. Del mismo modo, en aras del
respeto de tal principio, así como el de capacidad económica, no carece de importancia el
predominio de los impuestos directos (aquellos que gravan directamente la renta o la rique-
za) sobre los indirectos (aquellos que gravan una manifestación de capacidad económica
como puede ser el consumo).
El hecho de que existan tratamientos fiscales diversos en función del tipo de renta no es
neutral en relación con la mayor o menor progresividad del sistema tributario. De forma simi-
lar sucede con los impuestos que gravan la riqueza: un tratamiento diferencial sobre los dis-
tintos activos patrimoniales tendrá consecuencias sobre la mayor o menor progresividad del
sistema, en función de la composición típica de los patrimonios de cada uno de los segmen-
tos o cuantiles poblacionales. También la estructura de los impuestos que gravan las distintas
manifestaciones de la capacidad económica –consumo o ahorro– afectará a la progresividad
en las cargas tributarias en la medida en que la propensión media al consumo y al ahorro es
diferente por cuantiles poblacionales de renta y de riqueza.2 Finalmente, los múltiples tipos de
gravamen que se aplican a los diversos bienes y servicios consumidos, en el IVA o en los
impuestos especiales, tienen su implicación sobre nuestro objeto de estudio en la medida en
que las cestas típicas de la compra varían por cuantiles de ingresos o riqueza, además de por
otras circunstancias, como pueden ser la edad, el género, el tipo de familia, etc.
1 Véase España, Tribunal Constitucional, sentencia núm. 27/1981, de 20 de julio; sentencia núm. 37/1987, de 26 de marzo;
sentencia núm. 76/1990, de 26 de abril; sentencia núm. 150/1990, de 4 de octubre; sentencia núm. 173/1996, de 31 de octu-
bre; 14/1998, de 22 de enero; y sentencia núm. 327/2006, de 20 de noviembre.
2 Véase «Comisión de Expertos para la Reforma del Sistema Tributario Español», Informe, Madrid, 2014. En él la Comisión
reconoce esta diferente propensión al afirmar que «las personas que más ahorran y más podrían beneficiarse del referido
incentivo serían las de mayores ingresos, incluso en el caso de que sus consumos fuesen excesivos», p. 136.
Seguidamente se muestra la composición de las rentas del decil diez, el que incluye a
aquellas personas con ingresos más altos. Posteriormente se presenta la composición de
los patrimonios del último percentil, aquel que agrupa al 1% con mayores cantidades.
Finalmente se analiza el impacto diferencial que tendría la aplicación de algunas de las pro-
puestas de reforma del sistema tributario y de las modificaciones que finalmente se han
implementado, sobre la justicia tributaria y la progresividad en las cargas fiscales.
3 Como la que hace Sala i Martín: «No se entienden las quejas del PSOE y de IU sobre la falta de progresividad de la reforma
fiscal de Montoro ya que el nuevo sistema fiscal será mucho más progresivo de lo que era cuando mandaban las izquierdas
en España», en X. Sala i Martín, «Verdades y Mentiras de la Reforma Fiscal de Montoro», blog XSM, disponible en:
[Link] Acceso el 8 de
junio de 2015.
4 Los cuantiles son aquellos valores de la variable, que ordenados de menor a mayor, dividen a la distribución en partes, de
tal manera que cada una de ellas contiene el mismo número de frecuencias. Los cuantiles que se utilizarán en este artículo
son los deciles (que dividen la distribución en diez partes) y percentiles (que dividen la distribución en cien partes).
Panorama 127
Panorama
ra el 88% del total, en los individuos que se integran en el 0,01% con mayores ingresos, los
salarios y las pensiones dejan de ser la fuente principal de renta y su lugar lo ocupan aque-
llos derivados de la revalorización del capital. Si nos fuésemos más atrás, veríamos cómo
los ingresos empresariales, aquellos procedentes del capital y aquellos de las ganancias de
capital apenas tienen peso significativo. Esta situación viene explicada tanto por el mayor
peso medio de los capitales en la composición de la riqueza de los individuos que más
ganan en comparación con el resto de individuos,5 como por la mayor rentabilidad media
que suelen obtener los citados capitales.6 Piketty explica esto último con dos argumentos: i)
por la existencia de economías de escala en la gestión de la cartera de inversión y, ii) por-
que es más fácil para un inversor tomar riesgos y ser paciente si tiene reservas sustancia-
les.7 A estas razones se podrían añadir otras como la existencia de imperfecciones en los
mercados financieros8 y la de rentas de monopolio.9
A este respecto, es significativo que, en todos los países y en todos los períodos para
los que se dispone de este tipo de datos, el porcentaje de ingresos derivados del trabajo dis-
minuye rápidamente conforme nos desplazamos a la parte superior del último decil, mien-
tras que la participación de los ingresos derivados del capital aumenta de forma pronuncia-
5 Pese a que no tienen que coincidir los individuos con mayores ingresos de aquellos con mayor riqueza, sí que existe, en las
sociedades modernas, una correlación positiva entre la posición relativa en la distribución de una de estas variables con la
otra. Además, según exponen Alvaredo, Atkinson, Piketty y Saez, esta correlación ha aumentado en EEUU durante las últi-
mas décadas, lo cual nos hace suponer que en España se ha podido dar un movimiento en la misma dirección. Véase F.
Alvaredo, A. B. Atkinson, Th. Piketty y E. Saez, «The top 1 percent in international and historical perspective», National Bureau
of Economic Research, 2013, pp. 3-20. En la mayoría de las sociedades europeas y en EEUU la mitad de la población no
posee virtualmente nada: el 50% más pobre posee menos del 10% de la riqueza nacional, generalmente menos del 5%.
Véase Th. Piketty, Capital in the twenty-first century, [traducción de A. Goldhammer], Belknap Press, Cambridge, 2014, p. 257.
Según las estadísticas, en el año 2007 en España más del 25% de la riqueza financiera era propiedad del 1% más rico. Véase
F. Alvaredo y E. Saez, «Income and wealth concentration in Spain from a historical and fiscal perspective», Journal of the
European Economic Association, vol. 7 (5), 2009, pp. 1140-1167.
6 Este aspecto es duramente criticado por Juan Ramón Rallo, al señalar que los rendimientos superiores que Piketty destaca
de los más ricos no son tales. Para el citado autor el hecho de que la riqueza del 1 % haya aumentado a un ritmo notable-
mente superior al del resto de la población no implica que se hayan mantenido dentro de cada cuantil los mismos individuos
debido a la existencia de convergencia beta (movimiento de los individuos dentro de la distribución). Véase J. R. Rallo, «¿Qué
pasó con los superricos de 1987?», Vozpópuli, 3 de abril de 2014, disponible en: [Link]
que-paso-con-los-superricos-de-1987
7 Th. Piketty, op. cit., 2014, p. 430.
8 J. Stiglitz, El precio de la desigualdad: el 1% de población tiene lo que el 99% necesita, Taurus, Madrid, 2012, p. 161.
9 Ibidem, p. 90.
da.10 Como consecuencia de todo lo anterior, la desigualdad en los ingresos del capital
suele ser mayor, incluso, que la desigualdad en la propiedad del mismo.11
Se debe tener en cuenta, además, que los ingresos procedentes del capital se encuen-
tran subestimados, debido tanto a la evasión fiscal como a la existencia de diferentes exen-
ciones fiscales.13 Por tanto, el peso de éstos es presumiblemente mayor que el que reflejan
los datos anteriormente expuestos. Un reciente estudio de Gabriel Zucman sugiere que el
porcentaje de riqueza europea oculta en paraísos fiscales es superior a la de EEUU. Según
él, ello se debe al mayor incentivo que existe en Europa a la ocultación de capitales por los
mayores niveles de gravamen.14 Otra causa de esta diferencia puede encontrarse en la
menor coordinación de las agencias tributarias y en la ausencia de transmisión automática
de información bancaria entre los diferentes países que forman la Unión Europea (UE) a la
que alude Piketty.15
Panorama 129
Panorama
Como afirma Bauman (2014), «para comprender la mutación que está actualmente en mar-
cha, que es distinta de una mera fase de ciclo, tenemos que centrarnos en el 1% más rico,
quizás, incluso en el 0,1% más rico. Si no lo hacemos, no conseguiremos apreciar el ver-
dadero impacto del cambio que se está produciendo, en forma de degradación de la clase
media al nivel del precariado».16
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de Income and Wealth Concentration in Spain from a Historical
and Fiscal Perspective.
16 Z. Bauman, ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?, Paidós, Barcelona, 2014, pp. 22.
17 Las “acciones” incluyen aquellas comercializadas en mercados abiertos como aquellas que lo hacen en mercados cerrados,
en la categoría de “otros” están incluidos los seguros, anualidades y otros activos de menor importancia. Para más infor-
mación ver el apéndice del documento de Alvaredo y Saez, op. cit., 2009.
cómo los activos inmobiliarios dejan de ser el principal componente y su lugar lo ocupan las
acciones bursátiles.
A partir de estos datos es fácil deducir a quién benefician regulaciones fiscales que con-
tienen un tratamiento diferenciado y privilegiado de los rendimientos y las ganancias del
capital respecto de las rentas del trabajo, en detrimento de las segundas18 o a quién favo-
rece la existencia de instrumentos como las SICAV19 para la gestión de patrimonios.
– Mantener el sistema de imposición dual, conservando una tarifa progresiva sobre la base
general (principalmente rentas del trabajo) y un tipo único proporcional, similar al mínimo
de la tarifa progresiva sobre las rentas del trabajo, para las rentas del capital.
18 Como ocurre actualmente en el IRPF. Véase Ley 35/2006, del 28 de noviembre, del IRPF y de modificación parcial de las
leyes del IS, sobre la Renta de no Residentes (IRNR) e IP.
19 Las Sociedades de Inversión en Capital Variable (SICAV) son una de las modalidades que, de acuerdo con la Ley 35/2003,
del 4 de noviembre, de Instituciones de Inversión Colectiva (en adelante, LIIC) tienen como objeto la adquisición, tenencia,
disfrute, armonización y enajenación de valores mobiliarios y de otros activos financieros. Están sometidas a distintos requi-
sitos legales y disfrutan de un régimen de tributación privilegiado, con un tipo de gravamen del 1%. Ver M. A. Luque y V. A.
Luque, «A vueltas con las SICAV. Reflexiones críticas desde el punto de vista económico-tributario», Revista Papeles de
Europa, vol. 27, núm. 2, 2014, pp. 1-17.
Panorama 131
Panorama
La justificación de un tratamiento más favorable para los rendimientos del capital se rea-
liza, en primer lugar, bajo el argumento de que ya ha existido un gravamen previo sobre las
rentas de las que procede y, en segundo lugar, por sus mayores facilidades de deslocaliza-
ción. Sin embargo, no se usa el argumento de la doble imposición cuando se recomienda
un reforzamiento de los impuestos indirectos que, recordemos, gravan el consumo, el cual,
generalmente, se hace con rentas que anteriormente fueron gravadas. Además, las rentas
de las que proceden los rendimientos han podido originarse a través de instrumentos, nego-
cios o mecanismos con un régimen fiscal privilegiado: fondos de inversión, SOCIMI,20
SICAV, amnistías fiscales, herencias o paraísos fiscales. Quizás la verdadera razón de man-
tener esta situación sea la de no crear «serios conflictos con los mercados, que han asimi-
lado y se encuentran cómodos con la fórmula impositiva actual y que vigilan muy de cerca
nuestra política fiscal», como se lee en el propio informe. Pero esto equivale a reconocer
que vivimos en una democracia tutelada por las élites minoritarias que gobiernan esos mer-
cados financieros.
– Reducir el tipo nominal del impuesto de manera significativa, desde el 30% que estaba
vigente hasta el 20%. Aunque matizan que recomiendan hacerlo por etapas, sugiriendo
una primera al 25%.
20 Las Sociedades Anónimas Cotizadas de Inversión Inmobiliaria (SOCIMI) son sociedades anónimas cotizadas cuya activi-
dad principal es la adquisición, promoción y rehabilitación de activos de naturaleza urbana para su arrendamiento, bien
directamente o bien a través de participaciones en el capital de otras SOCIMI. Deben cumplir unos requisitos específicos
entre los que destacan la cotización en un mercado regulado, otros referentes al tipo de inversiones y la duración mínima y
aspectos relativos a la distribución de beneficios. Están reguladas en la Ley 11/2009, del 26 de octubre, modificada por la
Ley 16/2012, con un tipo impositivo del 0%. Ver E. Rivas Nieto, «Un nuevo vehículo de optimización fiscal: las SOCIMIS»,
Crónica Tributaria, núm. 154, 2015, pp. 139-162.
En cuanto al IVA, el Comité se decanta por la subida de los tipos de los bienes superre-
ducidos y los reducidos, aunque matiza que el incremento de los primeros debería ir acom-
pañado de mecanismos de compensación a las rentas más bajas. Esto supondría un
aumento de la carga impositiva principalmente sobre aquellos ciudadanos con ingresos infe-
riores, en cuya cesta de la compra típica tienen mayor peso relativo los productos respecto
de los que se propone incrementar el tipo (pan, leche, huevos, etc.). Poco se sugiere en
relación con los productos de lujo y algunos servicios que predominan en las cestas de la
compra típicas de los segmentos de población con mayores ingresos y riqueza.
Panorama 133
Panorama
23 Principalmente a través de la Ley 18/2014 del 15 de octubre, la Ley 26/2014 del 27 de noviembre, la Ley 27/2014 del 27 de
noviembre y la Ley 28/2014, del 27 de noviembre.
24 Artículo 57 de la Ley 35/2006, del 28 de noviembre, del IRPF de 2006 modificado por el artículo 1.33 de la Ley 26/2014, del
27 de noviembre (RCL\2014\1580).
25 Real Decreto-ley 20/2011, del 30 de diciembre, de Medidas urgentes en materia presupuestaria, tributaria y financiera para
la corrección del déficit público.
26 El tramo de rentas medias con bases imponibles entre 18.000,00 y 20.000,00 euros, por ejemplo, (es decir, el inmediata-
mente superior al más bajo de la escala) es el que menos se beneficia de la reforma de los tipos impositivos ya que la reduc-
ción de tipos es sólo de tres puntos si tomamos como referencia el recargo antes indicado.
27 Artículo 7 de la Ley 35/2006, del 28 de noviembre, Ley del IRPF de 2006 modificada con entrada en vigor el día 29 noviem-
bre de 2014 por el artículo 1.1 de la Ley 26/2014, del 27 de noviembre.
– En cuanto a las rentas del capital o del ahorro, mantiene la imposición dual frente a las de
la base general, integrada principalmente por las del trabajo. Además, los tipos que gra-
van el ahorro bajan en todos los tramos, situándose en una horquilla del 20 al 24% en
2015 y del 19 al 23% en 2016.
– Se elimina la deducción estatal en el IRPF a los inquilinos por el alquiler de la vivienda
habitual. Hasta ahora, esta deducción se la podían aplicar los contribuyentes con rentas
inferiores a 24.107 euros.28
– Se produce una supresión de la exención por dividendos por los primeros 1.500 euros. Por
lo que a partir de ahora se tributará desde el primer euro.29
– Se elimina la distinción que existía entre las plusvalías realizadas en menos de un año y
las realizadas a más largo plazo, igualando los tipos a la baja. Así las plusvalías a corto
plazo dejarán de tributar al tipo marginal, es decir, al tipo más alto que pagaba el contri-
buyente, y pasan a hacerlo a los tipos del ahorro,30 significativamente inferiores.
– Se declaran exentos los rendimientos de cuentas bancarias, seguros de vida y planes de
ahorro sistemático mantenidos durante un mínimo de cinco años, con el límite de 5.000
euros anuales para la aportación de la que proceden.31
– Además, se establece una exención para las plusvalías generadas por mayores de 65
años si se transforman en renta vitalicia.32 Esta medida supone un incentivo al refuerzo de
los balances de las entidades financieras. Además, introduce una asimetría fiscal al no
limitar las rentas vitalicias, ni el tope exento de tributación, puesto que nos podemos
encontrar con una persona que venda acciones obteniendo millones de euros de plusva-
lías y al tener 65 años o más, no tenga que tributar por un solo euro.33
– Se aumentan las cuantías deducibles de la cuota íntegra correspondientes al conjunto de
donaciones y aportaciones con derecho a deducción.34
– Se elimina la aplicación de los coeficientes de abatimiento35 a las ganancias patrimonia-
les por transmisión de inmuebles y otros bienes cuando la suma alcance 400.000 euros
28 Disposición Transitoria Decimoquinta. Ley 35/2006, del 28 de noviembre, Ley del IRPF de 2006 modificada por el artículo
1.89 de la Ley 26/2014, del 27 de noviembre.
29 Ex Art. 7. Y) Suprimido por Letra y) suprimido por artículo 1.4 de Ley 26/2014, del 27 de noviembre.
30 Artículo 46 de la Ley 35/2006, del 28 de noviembre, Ley del IRPF de 2006 modificado por el artículo 1.27 de la Ley 26/2014,
del 27 de noviembre.
31 Disposición Transitoria Trigésima Primera Ley 35/2006, del 28 de noviembre, Ley del IRPF de 2006. Añadida por el artícu-
lo 1.97 de la Ley 26/2014, del 27 de noviembre.
32 Artículo 38 de la Ley 35/2006, del 28 de noviembre, Ley del IRPF de 2006. Modificado rúbrica por el artículo 1.24 de la Ley
26/2014, del 27 de noviembre.
33 Estos y otros aspectos críticos de esta medida pueden encontrarse en [Link]
los-beneficios-de-activos-en-renta-para-mayores-de-65-anos-medida-polemica Acceso el 8 de junio de 2015.
34 Se ha establecido un tipo de deducción en el IRPF del 75% para los primeros 150 euros y del 30 % para el resto, con el
límite de la base liquidable del período impositivo, artículo 19 de la LEY 49/2002, del 23 de diciembre, de Régimen fiscal de
las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al mecenazgo (BOE del 24 de diciembre), modificado con efec-
tos desde 1 enero 2015 por disp. final 5.1.1 de Ley núm. 27/2014, del 27 de noviembre.
35 Los coeficientes de abatimiento aparecen en la disposición transitoria novena de la Ley del IRPF de 2007 (Ley 35/2006, del
28 de noviembre) y de la modificación parcial de las leyes de IS, IRNR e IP, modificada por el Art. 1.16 de Ley núm. 26/2014,
Panorama 135
Panorama
Expuesto lo anterior, se observa que, pese a que se han reducido los tipos para prácti-
camente todos los tramos, el tipo de modificaciones en algunas deducciones y la introduc-
ción de otras perjudica principalmente a las personas de clase media y baja (como la deduc-
ción de los gastos alquiler de la vivienda principal) y pequeños ahorradores (supresión de
la exención de dividendos para los primeros 1.500 euros), mientras que benefician espe-
cialmente a las personas con ingresos más altos (como la reducción del tipo a las plusvalí-
as a corto plazo igualándolas con las obtenidas a largo plazo), principalmente a aquellas
procedentes de los rendimientos del capital. Además, se mantiene el trato discriminatorio de
la base general (constituida esencialmente) por las rentas del trabajo respecto de las rentas
del ahorro, con el mantenimiento de la dualidad de bases imponibles que se estableció
durante el primer gobierno de Aznar.37 Con la actual reforma las plusvalías conseguidas en
menos de un año vuelven a incluirse en este tipo de rentas privilegiadas.
Respecto al ISD, que recordemos está cedido a las CCAA, se ha modificado de forma
que se elimina la discriminación entre residentes y no residentes.38 Hasta la citada modifi-
cación, a las sucesiones o donaciones de carácter internacional se les aplicaba la normati-
va estatal, no pudiendo acogerse a los diversos beneficios fiscales que establecen las nor-
mativas de muchas CCAA.
Cambios significativos también se han producido en el IS pues se rebaja para las gran-
des empresas los tipos del 30 al 28% en 2015 y al 25% en 2016. Quedando, por tanto, igua-
ladas a los tipos de las pequeñas y medianas empresas (pymes). Se prevé una excepción
para las entidades de crédito que seguirán tributando al 30% sobre sus beneficios. Sin
del 27 de noviembre. Dichos coeficientes de abatimiento permitían aplicar una reducción a las ganancias patrimoniales deri-
vadas de la venta de elementos patrimoniales no afectos a actividades económicas adquiridos con anterioridad al 31 de
diciembre de 1994
36 Art. 27 Ley 35/2006, de 28 de noviembre. Ley del IRPF de 2006.
37 Mediante el RDL núm. 7/1996, del 7 de junio sobre Medidas urgentes de carácter fiscal y de fomento y liberalización de la
actividad económica.
38 Como consecuencia de la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE del 3 de septiembre de 2014 respecto de la tributa-
ción en España por el ISD.
embargo, esto que aparentemente puede parecer un trato discriminatorio para las financie-
ras no es sino todo lo contrario, puesto que el hecho de seguir tributando al 30% les permi-
te seguir contabilizando los créditos fiscales con el tipo del 30% en lugar de hacerlo con los
nuevos tipos más bajos.
En cuanto al IP, que es otro tributo cedido a las CCAA, la Ley 36/2014, del 26 de diciem-
bre, de Presupuestos Generales del Estado para el año 2015 prevé su supresión de facto a
partir de 2016, puesto que se ha establecido una bonificación del 100%.
En el IVA, los cambios más importantes40 se han hecho en cumplimiento de Sentencia del
Tribunal de Justicia de la UE del 17 de enero de 2013, por la cual se ha modificado la tributa-
ción de algunos productos sanitarios, produciéndose un cambio en la consideración de algu-
nos productos que pasan de tributar de un tipo del 10 al 21%41 y de otros que lo hacen de un
4 a un 21%.42 También se incluyen algunos productos en el tipo reducido.43 Sin embargo, lo
más significativo no son las modificaciones introducidas, sino que no se reviertan las subidas
de tipos que se produjeron en los últimos años44 como sí ha pasado con otros impuestos como
el IRPF. Esto, presumiblemente, producirá un aumento del peso del IVA (que recordemos es
un impuesto indirecto) respecto de otros impuestos directos (como por ejemplo el IRPF, el IS
o el IP), repercutiendo de forma negativa sobre la progresividad del sistema.
Panorama 137
Panorama
Pese a todas las modificaciones que hemos comentado y a los previsibles efectos adver-
sos que tendrán sobre la progresividad del sistema tributario, parece que para instituciones
46 Artículo 19, apartado 8 de la Ley 16/2012, del 27 de diciembre, por la que se adoptan diversas medidas tributarias dirigidas
a la consolidación de las finanzas públicas y al impulso de la actividad económica. Modificado por la Ley 18/2014, del 15 de
octubre.
47 La sentencia del TC de 28 de mayo de 2015 ha estimado dos recursos de inconstitucionalidad formulados por el Gobierno
contra el Decreto-Ley de Cataluña 5/2012, del 18 de diciembre, y contra la Ley del Parlamento de Cataluña 4/2014, del 4
de abril, relativos ambos al IDEC.
48 M. A. Luque Mateo y V. L. Luque de Haro, «El PP establece impuestos a tipo 0 para las entidades de crédito y los grandes
patrimonios», Rebelión, 19 de marzo de 2013, disponible en [Link] y R. Falcón Y
Tella, «El Impuesto sobre los Depósitos de las Entidades de Crédito: sobre la necesidad de un nuevo modelo para articular
la potestad tributaria estatal y autonómica», Quincena Fiscal, núm. 1, 2013, pp. 11-20.
49 La Sentencia del TC de 26 de mayo de 2015 ha desestimado el recurso de inconstitucionalidad 275-2015 interpuesto por el
Gobierno del Principado de Asturias contra el art. 124 de la Ley 18/2014, concluyendo que el IDEC no vulnera la compe-
tencia para crear impuestos ni la autonomía financiera de las CCAA.
50 «La única razón que justifica este impuesto estatal moderado y alejado de los tipos nominales de las CCAA, es crear una
alternativa jurídica viable que no existía y así evitar la proliferación de cargas autonómicas que impiden el adecuado fun-
cionamiento del sistema financiero y de la economía en general», apuntó la Asociación Española de Banca (AEB). Recogido
en J. S. González, «Montoro prevé ingresar 375 millones por el impuesto sobre depósitos bancarios», El País [edición digi-
tal], 4 de julio de 2014, disponible en:
[Link]
51 J. F. Martín Seco, «Las Mentiras de la Reforma Fiscal», El confidencial, 6 de octubre del 2014, disponible en:
[Link]
Conclusiones
Por regla general, a medida que los individuos tienen más ingresos, existe un mayor peso
de las rentas procedentes del capital o el ahorro, en detrimento de las que provienen del tra-
bajo. Y por el contrario, en aquellos individuos con menores ingresos el porcentaje de ren-
tas procedentes del trabajo es superior. Algo parecido ocurre con los patrimonios: en la com-
posición de la riqueza de aquellos individuos más ricos existe, de media, un mayor peso de
los activos financieros respecto de los inmobiliarios mientras que, a nivel general, predomi-
nan los activos inmobiliarios.
Por la razón anterior, no solo la existencia de tipos progresivos en cada impuesto deter-
minará la mayor o menor progresividad del sistema sino que también, el hecho de que los
tributos y las bonificaciones y exenciones se concentren en un tipo de rentas o de activos
será determinante en el reparto de la carga entre los distintos ciudadanos.
Esta línea es la que ha seguido la reforma impositiva de Montoro disminuyendo los tipos
impositivos del IRPF de la base general y también las de la base del ahorro pero realizan-
do modificaciones en algunas deducciones e introduciendo otras que benefician principal-
mente a aquellos que concentran sus rentas en las del capital. Por otra parte, también prevé
supresión de facto del IP para el año 2016, mediante la aplicación de una bonificación del
100%. De esta forma, se ha reducido el peso de los impuestos directos y se han manteni-
do los tipos que se habían elevado en los años anteriores respecto del IVA.
52 FMI, España: Declaración Final de la Misión De la Consulta del Artículo IV de 2015, FMI, 8 de Junio de 2015. Disponible
en: [Link] Acceso el 9 de junio de 2015.
Panorama 139
Panorama
En otro orden de cosas, el hecho de que aumenten las deducciones, tanto en el IS, en
el IRPF e incluso en el IRNR con motivo de donaciones, además de una merma en los ingre-
sos públicos supone una limitación en el mecanismo democrático de elección del destino de
los gastos públicos. Con este tipo de bonificaciones, se fomenta que sean los individuos, en
función de su riqueza, los que decidan los fines a los que destinar sus donaciones, con efec-
tos deducibles. Por otra parte, este tipo de beneficios fiscales podrían estar promoviendo la
beneficencia o el asistencialismo, en lugar del ejercicio de los derechos y la consecución de
la igualdad real, que se promueve, o debe promoverse, mediante el gasto público. De optar
por el mantenimiento de las deducciones a las donaciones, se podría implementar el requi-
sito de su incorporación a un fondo único, cuyo destino fuera decidido por la Administración
Pública o por los ciudadanos en general, mediante presupuestos participativos sin influen-
cia del tipo de renta.
«Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos mediante un sistema tributario basa-
do preferentemente en los impuestos indirectos y en las tasas. Se regirá por el principio de
fomento de competitividad fiscal a la baja, para atraer a España empresas y capitales, benefi-
ciando las inversiones, los productos y las instituciones financieras y los mercados. Sólo se ten-
drán en cuenta los principios de capacidad económica y progresividad en la tributación de las ren-
tas del trabajo en el IRPF. Además, la comprobación e investigación desarrollada en la aplicación
de este sistema se centrará en los contribuyentes personas físicas y en las pequeñas y media-
nas empresas, en lugar de en las entidades financieras, las grandes corporaciones y las rele-
vantes fortunas, para evitar la deslocalización empresarial y la huida de capitales».
141
JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ CASADEVANTE
La imagen icónica de estas revueltas son las acampadas en la Puerta del Sol y Plaza
Catalunya, pues entre las tiendas de campaña y bajo los toldos de lona se configuraron
microciudades a escala en el corazón de la gran ciudad, una suerte de anteproyectos de
otras ciudades posibles. Como si de un relato de Italo Calvino se tratara, frágiles arquitec-
turas colectivas se levantaron con materiales reciclados, dando lugar a un improvisado urba-
nismo de la amabilidad y el cuidado, reservando espacios para zonas infantiles, bibliotecas,
ordenadores, comedores, placas solares y huertos. Estas acampadas y asambleas en las
que convivieron miles de personas, más que nuevas organizaciones políticas, generaron
nuevas formas de relación y una nueva atmósfera más proclive al cambio social.
Las acampadas fueron una metáfora de otra forma de concebir y habitar la ciudad que
se desplegaría por todo el territorio, resignificando viejas prácticas e impulsando otras nue-
vas. Entre las diversas y heterogéneas dinámicas que fueron surgiendo nos vamos a cen-
trar en aquellas que han supuesto mecanismos de autodefensa social, que simultáneamen-
te están ayudando a satisfacer necesidades básicas y recuperar los maltrechos lazos socia-
les de los entornos urbanos.
Luchas contra los desahucios y por la recuperación de viviendas llevadas a cabo por la
Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), despensas comunitarias para familias en
situación de vulnerabilidad, redes de solidaridad vecinal contra la exclusión sanitaria de las
personas inmigrantes, recuperación de edificios para construir centros sociales o solares
donde cultivar huertos comunitarios. Un diverso ecosistema de iniciativas impulsadas por
entidades vecinales, asambleas barriales, plataformas ciudadanas o partidos políticos como
Izquierda Unida, promotor de la Red de Solidaridad Popular (RSP) que tiene mucha pre-
sencia en ciudades medianas y pequeñas. Respuestas que han sido activamente ignoradas
e infravaloradas desde las grandes instituciones, pero que desde la penumbra están cons-
truyendo cimientos y raíces para modelos de ciudad alternativos.
Periscopio 145
Periscopio
muladores y cajas de resonancia de las distintas protestas juveniles, dinamos con capacidad
de provocar sinergias entre distintos colectivos e iniciativas. Las subculturas juveniles ligadas
a estos espacios han ido viviendo un progresivo proceso de apertura e inclusión, que les ha
llevado durante los últimos años a romper determinadas lógicas de autorreferencialidad.
Los centros sociales han pasado de ser refugio para subculturas resistentes
a residencia permanente de una creativa ciudadanía autoorganizada
Entre las decenas de nuevas ocupaciones surgidas tras el 15M y de procesos preexis-
tentes que se han visto fortalecidos de forma significativa podríamos destacar algunas. En
Madrid la cesión de una planta de un centro cultural municipal al centro social Seco tras 22
años de historia, la ocupación de un antiguo mercado en San Blas que desemboca en la
rehabilitación y cesión del espacio al movimiento vecinal constituyéndose el Espacio
Vecinal Montamarta, la ocupación del Eko en Carabanchel o la continuidad de espacios
como el Patio Maravillas. En Barcelona destacan la presión vecinal que logra la cesión de
las naves industriales de Can Batlló en el barrio de Sants para un centro social y otros equi-
pamientos autogestionados (biblioteca, escuela, parque, huerto, vivero de cooperativas,
etc.) o especialmente el episodio de lucha vecinal que logra paralizar el intento de desalo-
jo de Can Vies y promueve la reconstrucción colectiva del espacio. En Sevilla se consoli-
da y fortalece el apoyo a la Casa del Pumarejo que lleva años combinando la lucha por la
conservación del patrimonio histórico de esta antigua casa palacio con la puesta en mar-
cha de un activo centro social. En Córdoba, la ocupación de un antiguo colegio da lugar al
centro social Rey Heredia, que con un amplio apoyo vecinal, se han desarrollado activida-
des socioculturales y disponen de un comedor popular donde diariamente comían más de
80 personas, hasta que les cortaron el agua. Han resistido la ofensiva municipal, se ha
paralizado su desalojo en los juzgados y están a punto de lograr una cesión de uso. La ocu-
pación de otro instituto abandonado en Zaragoza ha permitido constituir el Centro
Sociocultural Luis Buñuel que, con unas dinámicas similares, también anda reivindicando
la cesión municipal del espacio.
Lugares que se han integrado en la vida de los barrios y de la ciudad, sirviendo como
espacios de organización para las dinámicas comunitarias y de solidaridad activa con las
personas más golpeadas por la crisis. Medios de comunicación, locales de reunión para
afectados por desahucios, despensas comunitarias, iniciativas de economía solidaria,
comedores populares, grupos de apoyo al estudio o de trabajo con jóvenes, proyectos cul-
turales, etc. Los centros sociales han pasado de ser refugio para subculturas resistentes a
residencia permanente de una creativa ciudadanía autoorganizada.
Lucha contra los desahucios: ni casas sin gente, ni gentes sin casa
Uno de los principales dramas que ha traído esta crisis es la pérdida de la vivienda habitual
para decenas de miles de personas, víctimas de una despiadada legislación hipotecaria. La
estafa inmobiliaria ha desatado uno de los movimientos más novedosos e interesantes de las
últimas décadas, la PAH. Esta plataforma es un espacio de encuentro para la solidaridad acti-
va y el protagonismo de las personas afectadas que, con el apoyo del 15M y las entidades
sociales y vecinales, ha movilizado a la sociedad para tratar de impedir los desahucios.
Periscopio 147
Periscopio
En la Comunidad de Madrid se estima que de las 106.000 personas que dependen de los
bancos de alimentos para alimentarse, en torno a 4.000 de ellas lo hacen en estas despensas
comunitarias, como muestra la Carta contra el hambre.3 En Barcelona se ha publicado un inte-
resante informe titulado Queremos el pan entero,4 presupongo que porque ha pasado el tiem-
po de conformarse con las migajas, donde se presenta un mapeo de iniciativas sociales, ade-
más de las despensas comunitarias, donde se trabaja la pobreza desde la óptica de la sobe-
ranía alimentaria: recuperación de los excedentes de comedores escolares para familias con
problemas, un comedor social aprovisionado por un proyecto de huertos sociales en Mollet del
Vallés, un restaurante donde clientes convencionales pagan sus menús pero donde personas
con dificultades trabajan un día a la semana y comen gratis toda la semana, etc.
Proyectos autoorganizados que implican a las personas afectadas como fórmula para
huir del asistencialismo: quien no colabora no recibe. Dinámicas que requieren de mucha
constancia y empatía para vencer las dificultades que tiene el trabajo con colectivos socia-
les en situación de vulnerabilidad. Nueva y vieja pobreza combatidas desde una solidaridad
de proximidad, cara a cara, capaz de romper el estigma y la culpabilización mediante la acti-
vación de redes sociales formales (asociaciones, comercios locales, plataformas, etc.) e
informales (vecinales, amistad, etc.).
La reforma sanitaria impulsada por el Gobierno en 2012 niega la tarjeta sanitaria a las per-
sonas inmigrantes en situación irregular, por lo que quedan excluidas del sistema público de
3 Carta contra el hambre, disponible en: [Link]
20Conferencia%20contra%20el%[Link]
4 A. Pomar y G. Tendero, Ja volem el pa vencer. Aliança per la Sobirania Alimentaria de Catalunya (ASAC), Barcelona, 2015.
salud. Yo sí, sanidad universal es una red que nace como respuesta de profesionales y per-
sonas solidarias para denunciar las consecuencias de esta ley y especialmente para soste-
ner la campaña de desobediencia civil de profesionales y usuarias para mantener la aten-
ción sanitaria universal.
Aunque había experiencias aisladas desde mediados de los años ochenta, el verdadero arrai-
go de la agricultura urbana se ha dado en los últimos años, adquiriendo especial presencia en
la esfera pública y en la agenda política tras el 15M. El auge de la agricultura en nuestras ciu-
dades es un símbolo incuestionable del cambio de ciclo económico, además de ser una de las
muchas formas en las que se está expresando la efervescencia social de los movimientos de
protesta y las iniciativas de autoorganización ciudadana. Las cifras son contundentes y mues-
tran cómo la agricultura urbana está dejando de ser algo testimonial: entre 2006 y 2014 el
número de ciudades o municipios que disponía de huertos urbanos ha pasado de 14 a 210, y
las zonas de huertos han ascendido de 21 a 400 durante el mismo periodo.5
5 G. Ballesteros, «Iniciativas de agricultura urbana y periurbana ecológica en España», ponencia Actas II Congreso Estatal de
Agricultura Urbana y Periurbana: Huertos Urbanos, autoconsumo y participación social, Sevilla, 2014.
Periscopio 149
Periscopio
La principal innovación son los huertos comunitarios que han surgido en las grandes ciu-
dades. Iniciativas nacidas de la recuperación por parte de la ciudadanía y los movimientos
sociales urbanos de solares abandonados o zonas verdes infrautilizadas, que se transfor-
man en espacios públicos destinados a la agricultura y la jardinería. Una herramienta de
apoyo comunitario que relaciona la calidad ambiental, el embellecimiento urbano, la cohe-
sión social y la educación. Las comunidades locales que dinamizan huertos comunitarios se
organizan para regenerar, a pequeña escala, espacios urbanos degradados conjugando una
modesta reconstrucción del lugar, que enfatiza el valor de uso del espacio urbano, con una
rehabilitación relacional que busca reestablecer la calidad de los espacios mediante la inten-
sificación de las relaciones sociales (celebrando fiestas populares, comidas, iniciativas cul-
turales o poniendo en marcha redes informales de apoyo mutuo).
Partiendo del impulso dado por los movimientos sociales para situar este tema en la
esfera pública, asistimos recientemente al arranque de una nueva generación de políticas
urbanas que han comenzado a innovar en la relación entre agricultura y ciudad: procesos
de regularización de huertos comunitarios, aumento de los huertos escolares y de ocio, ges-
tión participativa de vacíos urbanos, parques agrarios periurbanos, diseño de estrategias ali-
mentarias locales, etc.
Decía Hannah Arendt que la ciudad es una «memoria organizada», ahora que las can-
didaturas ciudadanas han ganado alcaldías o se han convertido en fuerzas relevantes en
muchos ayuntamientos, entre sus muchas tareas estará no dejar caer en el olvido estos pro-
yectos, pensando que son cosas del pasado o anomalías ligadas a una coyuntura excep-
cional. La memoria solo es útil si nos aleja de la nostalgia y nos proyecta hacia el futuro, el
municipalismo debe buscar la forma en que desde el plano institucional y las políticas públi-
cas se puedan prolongar, relanzar y fortalecer todas estas innovaciones sociales.
Esto que hace unos años parecía política ficción puede convertirse en una realidad, es
hora de poner en marcha la política fricción: el encuentro entre las lógicas institucionales y
las de los movimientos sociales. Si muchas de estas iniciativas han sido capaces de con-
solidarse enfrentándose a leyes y normativas, a obstáculos e inercias institucionales, ¿de
qué serán capaces con un mayor apoyo y reconocimiento?, ¿qué potencialidades y recur-
sos se han estado desperdiciando todo este tiempo?
6 L. A. Bredlow, «Las asambleístas», en VVAA, Días Rebeldes. Crónicas de insumisión, Octaedro, Barcelona, 2009, pp. 19-21.
Especial 151
Periscopio
En estos días, en el marco de una amplia plataforma vecinal madrileña que lucha por la
cesión de un antiguo mercado de frutas y verduras para construir un centro social autoges-
tionado,7 se inventaba la inspiradora idea de la compliciudad. La necesidad de recuperar la
confianza entre las personas de un barrio para poner en marcha proyectos comunes, y de
recomponer la complicidad entre esta ciudadanía organizada y las instituciones locales para
garantizar su viabilidad. Hacer compliciudad supone un ejercicio de imaginación política, de
apostar por reconocer y maximizar la creatividad y la inteligencia colectiva presente en
nuestras ciudades a la hora de poner en marcha iniciativas comunitarias o políticas urbanas.
153
SALVADOR LÓPEZ ARNAL
R: Se hizo una mención a que los gobiernos utilizaban el formato videoclip para objeti-
vos propagandísticos, pero no se especificó qué gobiernos ni qué artistas. Por ejemplo, no
se dijo, aunque sí salieron algunas imágenes del vídeo, cómo el Pentágono colaboró con la
popular Katy Perry (ahora, por cierto, de gira en Barcelona) en la producción de un video-
clip para fomentar el alistamiento femenino de jóvenes estadounidenses en el cuerpo de los
marines. Tampoco se dijo nada del Gobierno surcoreano y su colaboración con la industria
cultural del famoso K-Pop o cómo, tanto ese gobierno como su rival norcoreano, utilizan el
pop de masas como arma de propaganda.
Tampoco se comentó que al menos la mitad de los jóvenes que entrevistamos y con los
que realizamos grupos de discusión estaban francamente cansados de las temáticas de los
videoclips dominantes. Deseaban otro tipo de videoclips que no hallaban en los flujos prin-
cipales del mercado. Demandaban vídeos que hicieran referencia a su realidad, donde no
todo fueran fiestas en mansiones y evasión etílica, que hablaran de la amistad, del amor,
que en sus contenidos respetaran a las mujeres y a los niños. También querían que trata-
ran sobre el trabajo, los recortes, los desahucios, el hambre, la crisis ecológica y las gue-
rras del mundo. Son cuestiones para las que el flujo del mainstream capitalista no tiene res-
puesta posible más allá de un silencio ensordecedor. Al contrario de lo que opinan muchos
autores posmodernos influidos por la teoría económica neoclásica, no hay correspondencia
entre la oferta y la demanda. Existe una parte sustancial de la demanda que podríamos lla-
mar “realista” e “inconformista” claramente huérfana.
En este sentido, en el telediario tampoco se dijo nada de cómo, pese a que la crisis capi-
talista está golpeando a muchos jóvenes de clases populares, no hay ningún videoclip domi-
nante que hable sobre ella o sus efectos. No mencionaron cómo los artistas más comprome-
tidos no sólo no obtienen ningún apoyo de parte de las grandes discográficas sino que si ya
son conocidos, se les silencia o se les disuade para que no publiquen esta obra comercial-
mente “problemática”. Los posmodernistas “de izquierda” creen que el capitalismo integra y
subsume cualquier discurso contrahegemónico mercantilizándolo, pero la realidad es que
cuando se llega a mercantilizar, la publicidad que obtiene es nula por lo que se consigue que
su consumo y seguimiento sean ínfimos y permanezcan en nichos que no representan un peli-
gro político a tener en cuenta por las élites. Al contrario, su infraexistencia les sirve para legi-
timar sus Estados como “sociedades democráticas”. Es la nueva censura cultural, mucho más
sutil que la de los regímenes estalinistas, y por eso mismo, tremendamente más efectiva.
R: Insistiré una vez más porque lo quiero dejar bien claro: a los empresarios de la indus-
tria cultural no “les da igual” el contenido contrahegemónico de sus mercancías culturales
mientras les den beneficios. Hay censura política de facto debido a su conciencia y solida-
ridad de clase. Al respecto, existe una ley que afecta a las industrias culturales en el capi-
talismo y es ésta: cuanto más capital requiera una industria cultural menor será el porcen-
taje de sus producciones que contenga mensajes contrahegemónicos. Por eso es más fácil
encontrarse en los circuitos comerciales con libros anticapitalistas o de izquierda (aunque
sean minoría respecto a los prosistema) que películas o estrellas de la música de izquier-
das (y ya no te digo anticapitalistas).
Acuérdate de una de las últimas estrellas de la música que habló contra el sistema.
Por último, otra cuestión muy importante que no mencionaron en el Telediario fue la
necesidad que expresé de que hubiera una financiación pública para ese tipo de produc-
ciones alternativas y contrahegemónicas que demandan más de la mitad de los jóvenes. Sin
Entrevista 157
Entrevista
financiación pública y democrática, el flujo del videoclip mainstream será tan pobre musical,
política y cinematográficamente hablando como el que diariamente nos sirve el gran capital
transnacional.
Disculpa Salvador, me pediste una síntesis y… ¡te di la respuesta más larga! Pero es
que como te comenté al principio, la entrevista de TVE fue muy extensa. Seguro que inclu-
so me olvido de varias cuestiones…
P: No hay problema. Hay respuestas largas que se hacen muy cortas. ¿Nos pue-
des dar la referencia del video emitido por La 1 TVE?
P: También, si no me han informado mal, transita por ahí una entrevista con mayor
profundidad que te hizo Radio Euskadi.
R: Esta entrevista fue muy interesante porque compartí coloquio con el estupendo rea-
lizador de videoclips alternativos Karlos Trijueque. Este director vasco, además de tener
excelentes trabajos con diversos grupos de rock del Estado, ha sabido utilizar en algunos el
formato videoclip como artefacto cultural contrahegemónico a favor de las luchas obreras.
Este fue el caso del vídeo Cierre por pelotas en el que los trabajadores de la multinacional
suiza ABB, situada en Galindo (País Vasco), grabaron un provocativo videoclip para denun-
ciar su situación, en la cual la empresa, pese a batir récords de beneficios, se disponía a
ejecutar un ERE y deslocalizar la producción a Turquía.
P: Porcentaje del PIB: en el caso español, ¿de qué porcentaje estaríamos hablan-
do?
R: Según el propio gobierno español, de 2000 al 2007 en torno al 4%. En países más
desarrollados como Francia, Reino Unido o EEUU puede superar el 8% del PIB.
P: Cuando hablas de juventud en tu tesis, ¿de qué juventud hablas? ¿De la espa-
ñola?
2 Th. Adorno y M. Horkheimer, Dialéctica de la Ilustración. Fragmentos filosóficos, Trotta, Madrid, 1994 [1947].
Entrevista 159
Entrevista
R: Es aquel videoclip comercial producido y difundido por las industrias culturales hege-
mónicas con la intención de conquistar un público mayoritario dentro de una o varias fran-
jas de edad en un territorio determinado, habitualmente, de amplitud transnacional. Son los
videoclips de estrellas diseñadas y producidas industrialmente, como son los casos, entre
otros, de Rihanna, Katy Perry, One Direction, Justin Bieber, Taylor Swift o Jennifer Lopez.
P: Mercancía, dices. Perdona la provocación: ¿y qué podría ser sino? ¿Una obra
de arte inmaculada?
R: Son tan “inocuos” como aquella metralleta de juguete que un padre estadounidense
regala a su hijo para celebrar el 4 de julio. O tanto como el hecho de que la popular serie de
animación Los Simpsons esté colocada en la parrilla horaria justo antes de los Informativos
de Antena 3, para que de esa manera muchos jóvenes españoles se “coman” todos los
mediodías su reaccionario telediario. Hace tiempo que Armand Mattelart y Ariel Dorfman nos
enseñaron lo poco neutrales que son ideológicamente las mercancías culturales, desde su
popular estudio de los cómics del Pato Donald en el Chile de Allende.3
3 A. Dorfman y A. Mattelart, Para leer al Pato Donald, Siglo XXI, Buenos Aires, 1972.
Entrevista 161
Entrevista
de fama, éxito y/o dinero. Tanto unas mujeres como otras deben ser sexualmente, como
mínimo, “apetecibles”. Deben mostrarse, si me permites la palabra, como “follables” que es
justo el término que se emplea en algunas escuelas de interpretación para transmitir a las
futuras actrices jóvenes su necesidad de verse como permanentemente seductoras en pan-
talla. El sexo vende, no es ninguna novedad. Pero en el videoclip mainstream es imperati-
vo sumo.
Relacionado con tu pregunta, una tendencia que observé en los videoclips dominantes es
la cosificación y fragmentación que muestran del cuerpo humano como objeto de fruición
sexual, alienado de la propia personalidad del sujeto. Esto es una tendencia preocupante. Por
supuesto, hasta ahora y ya que venimos de una tradición artística patriarcal debido al relega-
do papel de la mujer en el pasado, todavía es bastante mayor el grado de objetualización y
fragmentación que sufren las representaciones del cuerpo femenino que las del masculino.
Sin embargo, la tendencia a la cosificación del cuerpo del hombre es un hecho incon-
testable. Cada vez más, los cantantes, también deben ser visualmente guapos, tener un
cuerpo atlético o de fitness y mostrarlo a su público femenino a la menor ocasión. De lo con-
trario, sepa o no cantar, el intérprete será apartado del flujo del mainstream por los gesto-
res de la industria cultural. Esta tendencia a la cosificación por igual de ambos sexos fue lo
que denominé la Ley de la Tendencia Decreciente del Patriarcado Visual (LTDPV). Esta ley
da nombre a un proceso social por el cual, a medida que se feminice la fuerza de trabajo en
el sistema-mundo capitalista, crecerán las representaciones objetualizadas del cuerpo del
hombre en las producciones de la industria cultural. Lo que hará que el todavía actual mayor
grado de objetualización que sufre el cuerpo de la mujer disminuya relativamente, que no
absolutamente, hasta virtualmente empatarse con el del hombre.
R: Uno que proviene del materialismo histórico. Hunde sus raíces epistemológicas en
Marx, Engels, Vygotsky y Gramsci (además de, en menor medida, por semiólogos materia-
listas como Voloshinov o Rossi-Landi) pero que ha sido, en mi opinión, brillantemente aco-
tada y puntualizada por un gran marxista inglés: el experto en estudios literarios Terry
Eagleton. Partiendo de las observaciones de Terry produje una delimitación y ampliación del
denostado modelo de base/superestructura, que defendemos pese a las múltiples ridiculi-
zaciones maniqueas a las que ha sido expuesto, en gran parte, por marxistas que querían
huir de ser relacionados con la tradición mecanicista de cierto marxismo soviético.
Para esta renovación utilicé dos modelos de base/superestructura, uno que llamé socio-
lógico (o clásico) y otro llamado ecológico. El primero tiene dos niveles: la base (compues-
ta por las fuerzas productivas y las relaciones de producción, influidas por el medio ambien-
te), y la superestructura (todas aquellas instituciones, dispositivos e ideas que promueven
un determinado tipo de orden político). Hasta aquí nada nuevo, excepto que basándome en
originales de Marx y Engels quité ciertas tendencias hipertotalizadoras del concepto para
hacerlo más funcional. El segundo modelo, el ecológico, es más novedoso y se compone de
tres niveles. Además del marxismo se nutre también de los tiempos históricos de Fernand
Braudel. Sus niveles son los siguientes: la infraestructura ecológica (compuesta por la natu-
raleza tanto geológica como biológica y caracterizada por los tiempos largos de cambio), la
base (compuesta por las relaciones de producción y caracterizada por los tiempos medios)
y la superestructura (que incluye la totalidad de la cultura humana objetivada consciente-
mente y se caracteriza por la posibilidad de tiempos cortos de reacción).
Aunque son bastante más complejos, podríamos resumir diciendo que para el modelo
sociológico, no toda la cultura humana es superestructura ni ideología como erróneamente
pensaba Althusser, sino sólo aquella parte que tiene una expresión directamente política.
Terry lo ilustraba con un ejemplo muy divertido. Decía algo así como que si en lugar de morir
asesinado en Bolivia, al Che Guevara lo hubieran atropellado con una furgoneta, eso no
hubiera sido ideológico, a menos que hubiera sido conducida por agentes de la CIA. Pero
el atropello, aunque fuera accidental, sí sería cultural porque el ser humano es la única
especie (que sepamos) que ha creado mediante su cultura homínida, furgonetas. Aquí tene-
mos el modelo de base/superestructura clásico delimitado o sociológico.
En nuestro caso, que en los videoclips aparezcan atractivas personas bailando ligeras
de ropa no tiene por qué ser automáticamente superestructural/ideológico, porque es parte
de la cultura del homo sapiens admirar la belleza del cuerpo humano en relación con la
música (piensa en el milenario arte del baile). Esto no fomenta el capitalismo ni el socialis-
mo de por sí. En cambio sí es superestructural/ideológico (dependiendo de la escala) si esta
sensualidad se utiliza como medio para colarnos una ideología procapitalista en nuestra
cosmovisión.
Entrevista 163
Entrevista
considerada como superestructura. Toda la cultura humana desde un punto de vista antro-
pológico: desde el Concierto Nº 1 en Re Mayor de Paganini hasta una hamburguesa doble
del McDonalds. Ambos son parte de la superestructura en el modelo ecológico. Son parte
de la naturaleza conscientemente modificada por el ser humano, contrariamente a aquella
parte de la naturaleza (exógena o endógena a nuestro cuerpo) que ha sido reproducida
automáticamente, sin intervención consciente de nuestra especie (lo que llamé infraestruc-
tura ecológica). Como, por ejemplo, la cantidad media genéticamente programada de tes-
tosterona y progesterona que puede segregar un chico o una chica cuando llega a la ado-
lescencia. La cual los hace, por cierto, muy vulnerables a la seducción sexual del videoclip.
Esta diferenciación nos dotó de dos perspectivas de análisis que nos permitieron afron-
tar un estudio poliédrico del videoclip. Por una parte, tanto el análisis de la ideología del
videoclip entendida como una porción de su contenido cultural, y al mismo tiempo, com-
prender los efectos de la seducción del vídeo musical en el cuerpo de los jóvenes.
A partir de los autores que te comenté y, sobre todo, de Antonio Gramsci, produje nue-
vos conceptos que explican fenómenos de la reproducción ideológica y cultural que antes
pienso que no podían ser correctamente detectados, gracias al empleo del modelo amplia-
do de base/superestructura y a su diálogo con el cuerpo humano del espectador, entre ellos:
el punto medio de hegemonía, la citada infraestructura ecológica, la zona de transición, la
zona de desarrollo ideológico, la zona de desarrollo cultural, etc.
P: ¿Nos pones algún ejemplo de alguna letra que hayas analizado y que te llama
especialmente la atención? ¿Alguna imagen que puedas y quieras contarnos?
R: Pues hay muchos ejemplos, pero se me ocurre uno bien ilustrativo del culto a la rique-
za, el fomento de la jerarquía y el maltrato a los subordinados que existe en una parte impor-
tante de estos videoclips dominantes. Se trata de un vídeo visto por más de 140 millones de
personas, de la cantante norteamericana Britney Spears, que es, por cierto, una de las diez
personalidades más seguidas de Twitter en todo el mundo. Ella tiene un videoclip llamado
Work B**ch («Trabaja zorra») donde se dirige al público con una letra que dice así:
Al acabar el último verso se ve una escena donde aparece Spears propinando un fuer-
te latigazo en los glúteos de una subordinada que gatea en el borde de una piscina en ropa
interior. ¿Te parece inocuo que esto lo haga una mujer a la que siguen decenas de millones
de jóvenes en todo el mundo?
P: No, no, en absoluto. De inocuo nada. En una filmación que he visto, creo que tú
me la enviaste hace unos meses, aparece Shakira. ¿Y qué pinta la cantante colom-
biana, buena amiga de Santos si no estoy mal informado, en esta historia?
R: Shakira es parte de la élite capitalista mundial. No sólo es una famosa cantante y bai-
larina casada con un famoso jugador del Barça, sino una rentista y empresaria con cone-
xiones políticas del más alto nivel. Como curiosidad te contaré que aparece varias veces
citada por funcionarios estadounidenses en los cables de Wikileaks. No sólo apoyó a Uribe
y luego a Santos en Colombia, sino que fue designada por Barak Obama para participar en
su gabinete como miembro de la Comisión Asesora de la Presidencia para la Excelencia
Educativa de los Hispanos en EEUU. Además, es buena amiga del multimillonario hijo de
Warren Buffet, Howard, magnate con conexiones en Coca-Cola y el agronegocio, con el que
comparte proyectos en Latinoamérica. También tiene múltiples contactos entre antiguos
ministros del PP de la era Aznar y es militante declarada del llamado “filantrocapitalismo”.
En un tema del principio de su carrera (No creo) Shakira fue muy sincera cuando nos decla-
ró parte de su ideología cuando cantó aquello de «No creo en Carlos Marx» [sic]. Y así es.
R: Ella cree en una versión caricaturizada y derechizada de Adam Smith, del cual pro-
dujo un corto de dibujos animados para explicarles a los niños de sus fundaciones “filantró-
picas” la teoría económica por la que aboga. Shakira, como Obama, es una de las mejores
marionetas de la élite occidental. La primera interpreta su papel en el teatro del entreteni-
miento cultural y la otra en el teatro político, pero ambas sirven a los intereses capitalistas
occidentales que financian ambas funciones.
R: Habría mucho que añadir. Pero por ahora me limitaré a resaltar que es importante que
la izquierda (política, sindical y social) atienda en serio a la lucha de clases en el terreno cul-
tural. Es un área donde muchos activistas ingenuamente creen que no se cuece nada, que
es puro entretenimiento. Sin embargo, ese es precisamente su poder (que va seductora-
mente camuflado), junto al hecho de que las estrellas de la industria cultural son las perso-
nalidades más seguidas de todas las que se encuentran en nuestra icosonosfera-mundo.
Entrevista 165
Entrevista
Muy por encima de políticos o líderes religiosos. Algunas de las instituciones más podero-
sas del planeta como el Pentágono son muy conscientes de ello. Por esa razón participan
en la producción de películas, series de televisión, videojuegos y, por supuesto, videoclips.
Es hora de que desde la izquierda le demos a la cultura popular la importancia que tiene y
vayamos pensando en pasar a la ofensiva construyendo unas industrias culturales contra-
hegemónicas, internacionalistas y socialistas, que ayuden a crear conciencia para la supe-
ración del modo de producción capitalista.
167
JOSÉ BELLVER
Controversias en torno a la
pobreza energética
Diálogo entre el centro de investigación
Economics for Energy (EfE) y el Observatorio
Crítico de la Energía (OCE)
1 S. Tirado et al., Pobreza energética en España. Potencial de generación de empleo derivado de la reha-
bilitación energética de viviendas, Asociación de Ciencias Ambientales, Madrid, 2012.
2 Economics for Energy, Pobreza energética en España. Análisis económico y propuestas de actuación,
Madrid, 2015 (disponible en: [Link]/docpublicaciones/informes/Informe_2014_web.pdf)
José Bellver (JB): En los últimos años viene hablándose cada vez más en España
del problema de la creciente pobreza energética, un concepto cuya medición parece
haber suscitado ciertas controversias últimamente. Pero, ¿qué se entiende exacta-
mente por pobreza energética? ¿Qué implicaciones sociales tiene? ¿Podría llegarse
a un acuerdo en torno a su definición?
Las necesidades esenciales a las que nos referimos incluyen la climatización, la ilu-
minación, y el uso de equipos que consumen energía y que permiten estar integrados en
la sociedad. La movilidad, en cuanto que utiliza energía, podría también incluirse, pero
es más difícil identificar un nivel esencial para ella (o para el consumo energético aso-
ciado).
Hay dos consecuencias fundamentales de la pobreza energética: por un lado, los pro-
blemas de salud; y, por otro, los de exclusión social. De nuevo, su manifestación varía según
hablemos de países en desarrollo o desarrollados. En los primeros hablamos de contami-
nación por el uso de cocinas de leña, o de falta de acceso a la educación o a la comunica-
ción. En los segundos nos referimos a la incidencia de enfermedades debido a temperatu-
ras no adecuadas en las viviendas, y de la presencia de barreras en los procesos educati-
vos y de convivencia en el hogar.
Creemos que la definición del CESE es muy razonable. El problema no es tanto la defi-
nición, sino la cuantificación de la misma, en el sentido de cuál es el nivel de servicio ener-
gético que consideramos esencial.
3 S. Santillán, «La pobreza energética en el contexto de la liberalización y de la crisis económica», Dictamen exploratorio del
CESE, 2010, p.1 (disponible en: [Link]
OCE: Hay en efecto diversos criterios para medir la incidencia de la pobreza energética.
El más extendido, por motivos históricos (se usó en los estudios pioneros realizados en el
Reino Unido), considera que un hogar está en situación de pobreza energética cuando ha
de destinar más del 10% de sus ingresos a pagar la factura energética. Otro, menos utiliza-
do por su relativa subjetividad, define la pobreza energética como la incapacidad de mante-
ner el hogar a una temperatura adecuada. En todo caso, la definición general es clara: una
familia se encuentra en situación de pobreza energética cuando sus ingresos no son sufi-
cientes para satisfacer las necesidades básicas de energía de su hogar (principalmente de
electricidad, calefacción y agua caliente). Se trata de una situación límite, a un paso de la
exclusión social. La simple amenaza de quedarse sin suministro por impago la fuerza ade-
más a ahorrar por encima de lo recomendable en electricidad y calefacción, lo cual tiene
enormes consecuencias negativas, físicas y psicológicas en su calidad de vida: se estima
que la pobreza energética está detrás de miles de muertes al año en nuestro país.
En todo caso, más allá de las escasas y muy recientes controversias en los números,
creemos que hay consenso absoluto en que el problema existe y que no es tan sólo una
manifestación más de la pobreza, sino que en parte tiene que ver con elementos estructu-
rales específicos del sistema energético. Uno de esos elementos sería la baja eficiencia
energética de las viviendas españolas; otro tendría que ver con el enorme poder de las
empresas energéticas, que se traduce en altos precios y en legislaciones que les permiten
cortar el suministro a los ciudadanos. Siendo así, se debería poder llegar a un acuerdo sobre
lo importante: en qué dirección han de ir las medidas que ataquen el problema.
Diálogo 171
Diálogo
niveles de consumo esenciales. Y por tanto, un problema que se mide mejor utilizando nive-
les absolutos (aunque puedan ser distintos por país o región).
En segundo lugar, también nos ha permitido identificar un buen número de falsos positi-
vos, es decir, hogares cuya inclusión en los índices de pobreza energética (según los indi-
cadores relativos) era más que cuestionable al ser hogares, indiscutiblemente, con buena
posición económica, y a los que el gasto energético, aun siendo alto, no hace cambiar su
posición.
Dicho lo anterior, también es cierto que todavía puede haber falsos negativos y falsos
positivos, es decir, hogares en situación de pobreza energética que no son identificados con
los indicadores propuestos. En primer lugar, es crítico definir tanto el nivel de consumo ener-
gético básico como la renta mínima requerida. En nuestro estudio hemos utilizado como tal
la media ponderada por población de las rentas mínimas de inserción de las Comunidades
Autónomas. Pero si se utiliza el salario mínimo interprofesional los índices aumentan. Por otro
lado, hemos utilizado como consumo energético básico el consumo medio, a falta de un dato
mejor. Si este consumo medio está por encima o por debajo del básico, de nuevo cambiaría
el indicador. Nuestro equipo sigue trabajando en esta línea para mejorar las estimaciones y
tratar de hacerlas más certeras. Pero, al final, es difícil confiar al cien por cien en las frías
estadísticas. Por esto nuestro informe también recomienda siempre la intervención de los ser-
vicios sociales para terminar de identificar a los hogares en situación de riesgo.
OCE: En nuestra opinión, el procedimiento de cálculo propuesto por EfE no sólo elimina
los falsos positivos sino que también deja de contabilizar demasiados verdaderos positivos,
subestimando así el número de hogares en pobreza energética en España y la importancia
de este problema. Y, puesto que el objetivo es, o debería ser, garantizar el acceso de todos
a un servicio básico, evitar esta subestimación nos parece infinitamente más importante que
evitar falsos positivos que puedan darse.
Los investigadores de EfE proponen un indicador que utiliza la renta mínima aceptable o
MIS (las siglas del término inglés Minimum Income Standard) como indicador de control para
verificar que los hogares son realmente pobres. El problema está en que para definir el MIS
utilizan una media ponderada de las rentas mínimas de inserción de las diferentes
Comunidades Autónomas. Por ejemplo, para un hogar ocupado por dos adultos y dos niños
menores de 14 años, la renta mínima aceptable o MIS según EfE sería de 872 euros/mes. Si
el valor escogido para el MIS fuese demasiado bajo, se traduciría en que el método no con-
tabilizaría una fracción de los hogares que realmente se encuentran en pobreza energética.
Daremos dos argumentos que sugieren que, efectivamente, el MIS escogido es dema-
siado bajo. En primer lugar, si se utiliza este mismo criterio para estimar la pobreza gene-
ral, se obtiene que “sólo” el 10,1% de los hogares en España son pobres, mientras que
otros indicadores más habituales indican que los hogares en situación de pobreza en
nuestro país son el 19%. En segundo lugar, cuando el procedimiento utilizado por EfE se
empleó por primera vez en Reino Unido, se propuso un proceso deliberativo con repre-
sentantes de diversos colectivos sociales para determinar la renta mínima aceptable. En
ese caso se determinó para el hogar de cuatro miembros –descrito anteriormente– un
valor para el MIS de 2200 euros/mes, 2,5 veces superior al valor utilizado por EfE para
España.
OCE: Utilizando el indicador basado en MIS propuesto por EfE se observa que entre
2007 y 2013 los hogares en pobreza energética se han multiplicado por tres (pasando del
3,6 al 9,9%). Uno de los motivos de este aumento es el incremento de pobreza ocasionado
por la crisis pero esta no es la única causa. En el mismo periodo de tiempo, y de nuevo uti-
lizando el indicador basado en el MIS, la pobreza general se ha multiplicado por dos (del 5
al 10,1%).
Resulta obvio que existen otras causas que hacen que la pobreza energética aumente
a un ritmo mayor que la pobreza general. Una de ellas es, sin duda, el aumento del precio
de los servicios energéticos. En particular, la factura de electricidad ha aumentado un 76%
entre 2007 y 2013. Además, la Ley del sector eléctrico de 1997 supuso la liberalización del
sector eléctrico y el fin de la consideración de la electricidad como un servicio público. En
consecuencia, los consumidores no solo hemos sufrido aumentos de nuestra factura sino
que, en la práctica, no existen mecanismos eficaces que garanticen el acceso de todos los
ciudadanos a este servicio básico.
Diálogo 173
Diálogo
También puede resultar muy efectivo el dirigir las actuaciones de eficiencia energética
hacia las familias vulnerables. Por ese lado, también hay muchas posibles medidas a adop-
tar. La primera, que ya planteábamos en un informe anterior de EfE,4 es la información. Hay
que hacer conscientes a los consumidores de las grandes oportunidades que hay para aho-
rrar energía, algunas de ellas además rentables. Para esto, y refiriéndonos al ámbito domés-
tico, puede ser conveniente realizar auditorías y certificaciones energéticas. En segundo
lugar, y sobre todo para aquellas familias con menos ingresos y peor acceso al mercado
financiero, puede ser conveniente apoyar (a veces con subvenciones, a veces con créditos
en condiciones preferentes) actuaciones de mejora de la eficiencia en las viviendas: equi-
pos de climatización más eficiente, mejora del aislamiento, etc.
Además de esto habría que tener en cuenta la propia eficiencia de conversión energéti-
ca de los sistemas. Por ejemplo, una microturbina de gas es menos eficiente que una cen-
tral de gas de ciclo combinado.
4 Economics for Energy, Potencial Económico de Reducción de la Demanda de Energía en España, Madrid, 2011.
Otro elemento de eficiencia energética relacionado con el autoconsumo tiene que ver
con las pérdidas de red. Por un lado, el que la generación se sitúe mucho más cerca de la
demanda reduce las pérdidas de red (que como media se sitúan en el 9% en España, pero
que en algunos casos pueden ser superiores). Por otro lado, las redes están diseñadas para
flujos unidireccionales, y cuando la generación distribuida vierte a la red la gestión puede
hacerse más compleja, y por tanto aumentar el coste.
En resumen, si la tarifa eléctrica (o de gas, donde también se podría plantear esto, aun-
que en menor medida) estuviera bien calculada y enviara las señales correctas al consumi-
dor, entonces sería mucho más fácil saber si el autoconsumo mejora la eficiencia en los tér-
minos expresados en los tres primeros puntos. En estas condiciones, si es más barato para
el consumidor es que es más barato para el sistema, y por tanto aumenta la eficiencia. El
problema, como decimos, es que esto ahora mismo no se puede saber.
OCE: Como hemos dicho antes, nosotros creemos que la incapacidad para acceder a
un suministro básico de energía sitúa a los afectados en una situación cercana a la exclu-
sión social, y que por lo tanto las administraciones deberían garantizar por ley tal suminis-
tro. En particular, las administraciones deberían poner en marcha los mecanismos de eva-
luación necesarios para que cada hogar pague por el suministro básico un precio razonable
de acuerdo con sus ingresos. Desde luego, el actual diseño del bono social no cumple con
Diálogo 175
Diálogo
esta función. Además, mientras no se aborden al menos algunos de los problemas estruc-
turales de la economía española, nos parece razonable que las empresas encargadas del
suministro asuman el coste de estas medidas.
Y sin duda, el autoconsumo puede jugar un papel importante en la lucha contra la pobre-
za energética, así de hecho lo está haciendo en algunos otros países. Sin embargo, para
que esto ocurra en España será necesario dotarnos de una regulación que no lo obstaculi-
ce. Esta no es la situación a día de hoy y los planes del Gobierno van justamente en direc-
ción contraria. En los últimos días ha sido publicado un proyecto de Real Decreto de regu-
lación del autoconsumo que no solo lo desincentiva económicamente, sino que lo hace
incompatible con la percepción del bono social. Es decir, el actual Gobierno considera que
una persona no puede ser energéticamente pobre y autoconsumidor al mismo tiempo.
JB: ¿En qué medida pueden quedar limitadas las medidas puramente paliativas
por problemáticas de carácter más estructural?
Además, la pobreza también se ve afectada por la estructura de precios del sector. Pero
aquí es más difícil saber si la estructura actual es beneficiosa o no para atajar el problema
de la pobreza, por la cantidad de subsidios cruzados (incluso entre generaciones, léase défi-
cit) que existen. No entramos en las cuestiones estructurales que afectan a la pobreza en
general, que en el fondo son las más importantes de todas, más que nada porque darían
para un libro.
OCE: Es indudable que no tiene sentido plantear medidas “de choque” o “paliativas”
(como la garantía de un suministro energético básico) y olvidarse de las causas fundamen-
tales de la pobreza energética. Entre otros motivos, porque de ser así la tasa de pobreza
energética podría seguir creciendo o estabilizarse en niveles difícilmente asumibles.
Ya hemos dicho que, independientemente del indicador utilizado, está claro que la tasa
de pobreza energética ha crecido más rápidamente que la tasa de pobreza general, y esto
solo puede deberse al enorme incremento del precio del suministro de energía registrado en
los últimos años, muy especialmente el de la electricidad. Durante ese mismo periodo de
tiempo, coincidente con la crisis de la economía española, los beneficios de las grandes
empresas eléctricas del país no se han visto prácticamente modificados. Algo funciona mal
en el mecanismo de fijación de precios de la electricidad y la consiguiente retribución de las
eléctricas cuando estos y la realidad social de los ingresos de las familias dibujan trayecto-
rias tan divergentes. Más allá de la muy necesaria reforma de las leyes que regulan el sis-
tema eléctrico, el autoconsumo entra aquí como elemento que puede cambiarlo todo radi-
calmente: no solo ayuda a reducir la factura energética de las familias sino que, cuando se
generalice, cambiará las reglas del juego y reducirá drásticamente el poder del oligopolio.
Diálogo 177
Inéditos
179
MANUEL SACRISTÁN LUZÓN
Es obvio que la primera circunstancia tiene mucho que ver con los obstáculos con que
ha tropezado la cultura superior catalana durante estos cien años, desde los de lejana raíz
histórica hasta los particularmente difíciles que levantó el franquismo. Desde el punto de
vista de esta consideración, la publicación de El Capital en catalán, como la de cualquier
otro libro clásico, es una buena noticia para todos los que se alegran de que los pueblos y
sus lenguas vivan y florezcan.
La segunda circunstancia –el hecho de que este libro aparezca en catalán en un momen-
to que no es de los más favorables para él– puede facilitar una buena lectura. Esto no tiene
mucho de paradójico: cualquier libro y cualquier autor pagan el hecho de estar muy de moda
con una simplificación más o menos burda de su contenido o con versiones apologéticas
demasiado estilizadas. Es posible que sólo a este precio la obra influya extensamente: por
eso nadie es dueño de sus propias influencias. En el caso de El Capital todo esto adquiere
proporciones grandes y reales. Y, puesto que «gris es toda teoría y verde el árbol de la
vida», seguramente es más jugoso el caos de la influencia práctica de las lecturas dudosas
propias de las épocas de éxito de una obra que el fruto de una lectura tranquila, relativa-
mente fácil en una situación de escasa acción social de las ideas leídas.
Pero quizá no haya que hacerse ilusiones acerca de la superación definitiva de polémi-
cas causadas por lecturas unilaterales de Marx impregnadas de intereses ideológicos o polí-
ticos. Tal vez ni siquiera se haya acallado para siempre la disputa acerca de la relación entre
el «Marx joven» y el «Marx maduro», que presidió la literatura marxológica de los últimos
decenios y en cuyo marco se inscribieron las tomas de posición de Althusser y Rubel. La
verdad es que toda persona hecha a criterios académicos de discusión tiene motivos para
considerar resuelta esta vexatam quaestionem. Pero no se puede decir lo mismo de los que
leen a Marx con el deseo de encontrar en él argumentos, o, por lo menos, palabras en que
apoyar tesis políticas propias. Así, por ejemplo, bajo el betselleriano título de Adiós al pro-
letariado,1 André Gorz ha publicado recientemente unos escritos que, en lo que tienen de
exégesis de Marx, utilizan líneas de pensamiento del autor procedentes de épocas diferen-
1 Entre la documentación de Manuel Sacristán depositada actualmente en la biblioteca de la Facultad de Economía y Empresa
de la Universidad de Barcelona, pueden consultarse sus anotaciones críticas sobre esta obra de A. Gorz.
Sin embargo, a pesar de la aparente inmortalidad de este asunto de los dos Marx –el
joven y el maduro, el filosófico y el científico–, es razonable pensar que se trata de un asun-
to mucho menos importante para el futuro de lo que ha sido en el pasado reciente. Pues las
reconstrucciones del pensamiento marxiano unilateralmente basadas en uno u otro de los
“dos” Marx están en peligro de no oír siquiera los interrogantes nuevos que una nueva época
del «desarrollo de las fuerzas productivas» va a dirigir a la lectura de Marx.2
2 Sobre este punto y su noción de fuerzas productivo-destructivas, véase uno de sus artículos más celebrados: M. Sacristán,
«¿Qué Marx se leerá en el siglo XXI?», Pacifismo, ecologismo y política alternativa, Icaria, Barcelona, pp. 123-129.
3 El entrecomillado de “contradicción” señala un uso no lógico-formal, equivalente a contraposición, oposición, choque, enfren-
tamiento. Véase M. Sacristán, Sobre dialéctica, El Viejo Topo, Barcelona, 2009.
4 En una entrevista de 1983 con la revista mexicana Dialéctica (ahora en De la Primavera de Praga al marxismo ecologista.
Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, Los libros de la Catarata, Madrid, 2004, pp. 147-178, edición de F. Fernández Buey
y S. López Arnal), señalaba: «Reconozco que reflexiones análogas del viejo Marx –la carta a Vera Sassulich o la carta a
Engels sobre los ferrocarriles– me han abierto el camino para pensar que no hay contradicción referente a la acción del des-
arrollo de las fuerzas productivo-destructivas, y una concepción política socialista que no confíe ciega e indiscriminadamen-
Inéditos 183
Inéditos
más demoledoramente para la predicción marxiana, porque las fuerzas productivas cuyo
desarrollo caracteriza nuestra presente civilización no han sido ni soñadas por Marx, pero,
a pesar de ello, la predicción del inminente «paso al socialismo» no es más verosímil que
en 1848. Esta consideración quita mucho atractivo al marxismo teoricista, objetivista y cien-
tificista, basado en el «Marx maduro», que predominó en el marxismo de los países capita-
listas durante los años sesenta y setenta. Aquella lectura de Marx tenía graves defectos
internos –principalmente la incoherencia entre su cientificismo y la inspiración hegeliana,
presumiblemente ignorada por sus protagonistas, de su infalibilismo y objetivismo histórico–,
pero sin duda es la evolución política y económica ocurrida desde entonces lo que más la
desacredita. Por lo demás, ese teoricismo marxista se veía obligado a despreciar no solo la
obra del «Marx joven», del que tanto se discutía, sino también la del menos leído «Marx
viejo», el cual había escrito categóricamente, en una carta hoy célebre a la revolucionaria
rusa Vera Sassulich, que sus tesis de El Capital se referían exclusivamente a las socieda-
des europeas occidentales.5
te en el desarrollo de las fuerzas productivo-destructivas, sino que conciba la función de una gestión socialista –y no diga-
mos ya de la comuna– como administración de esas fuerzas, no como simple levantamiento de las trabas que les opongan
las actuales relaciones de producción. Me parece que una vez formulado así, esto resulta muy obviamente coherente con la
idea de sociedad socialista, de sociedad regulada» [la cursiva es mía].
5 Véase M. Sacristán, Escritos sobre El Capital (y textos afines), El Viejo Topo, Barcelona, 2004.
6 Entre otras aproximaciones a esta categoría filosófica, M. Sacristán: «Alienación», Papeles de filosofía, Icaria, Barcelona,
1984, pp. 411- 413. Igualmente, uno de sus primeros escritos marxistas: «Humanismo marxista en la “Ora marítima” de Rafael
Alberti», Nuestras Ideas, núm. 1, mayo-junio de 1957, pp. 85-90.
Pero una visión científica adecuada, ni cientificista ni apologética, tiene que partir de la
revisabilidad de todo producto científico empírico. Lukács hizo una vez el experimento men-
tal de preguntarse si quedaría algo del marxismo una vez que todas sus tesis particulares
hubieran sido falsadas o vaciadas por la evolución social.7 Pensó que sí, que quedaría algo,
a saber, el estilo de pensamiento muy abarcante y dinámico, histórico, que él llamó «méto-
do dialéctico». Admitiendo que esta idea de Lukács es muy convincente, habría que añadir-
le o precisarle algo: el programa dialéctico de Marx –que engloba economía, sociología y
política, para totalizarse en la historia– incluye un núcleo de teoría en sentido estricto que,
sin ser todo El Capital, se encuentra en esta obra. El programa mismo era ya entonces
inabarcable para un hombre solo; seguramente esto explica muchos de los padecimientos
psíquicos y físicos de Karl Marx; y también da su estilo de época a una empresa intelectual
que hoy consideraríamos propia de un colectivo, y no de un investigador solo. Por eso El
Capital quedó en muñón, y por esto es inconsistente todo intento de convertir su letra en
texto sagrado. Pero lo que sí parece imperecedero es su mensaje de realismo de la inteli-
gencia: un programa revolucionario tiene que incluir conocimiento, poseer ciencia. Por su
propia naturaleza, la ciencia real es caduca. Pero sin ella no puede llegar a ser aquello que
no es ciencia. Por esta convicción ha dedicado Marx su vida y ha sacrificado mucho de su
felicidad –con el turbio resultado que eso suele arrojar–8 en la redacción de estas miles de
páginas que al final le producían tan escaso entusiasmo que se limitó a sugerir que Engels
“hiciera algo” con ellas.
7 G. Lukács, «¿Qué es el marxismo ortodoxo?», en Historia y consciencia de clase, Grijalbo, Barcelona, 1969 (traducción de
Manuel Sacristán).
8 Sobre el difícil, laborioso, largo y complejo proceso de creación, información y escritura de El Capital, véase Mary Gabriel,
Amor y Capital, El Viejo Topo, Barcelona, 2004, un libro que probablemente hubiera conmovido e interesado fuertemente a
Manuel Sacristán y a su compañero y amigo Francisco Fernández Buey.
Inéditos 185
Economía, poder y política. Crisis y cambio
de paradigma, José Manuel Naredo 189
Agustín Pedrazzoli
187
Libros
ción de la sociedad, posibilitada por cierta lectu- pleja red de relaciones locales e internacionales
ra del valor intrínseco del individuo, surge una y las instituciones que generan– desde el punto
respuesta comunitarista enarbolada principal- de visto de la concepción del individuo que las
mente por las izquierdas. Se crea así una dico- sostiene es una forma muy potente de aprehen-
tomía que ha reinado en el marco político con- der la realidad social, y posiblemente la única
temporáneo: la falsa opción entre individuo y capaz de ofrecer alternativas reales –aunque no
sociedad, como si decidir a favor de los dere- necesariamente fáciles– al actual orden social.
chos y libertades individuales inevitablemente Un verdadero cambio de paradigma, como él lo
fuera en perjuicio del bienestar colectivo, y vice- llama, es decir, un cambio que no se quede en
versa. un maquillaje superficial de los problemas que
El resultado de dicho enfrentamiento ya lo existen en nuestro mundo, debe partir necesa-
conocemos: un punto muerto ideológico donde, riamente de una nueva forma de comprender-
ante la falta de opciones convincentes entre la nos en tanto que individuos y en tanto que seres
depredación sin escrúpulos del mercado o el que se relacionan con su entorno. Sólo esto
autoritarismo del Estado, triunfan la pasividad y podrá abrir paso a un nuevo orden político y
la resignación entre la población. Está claro que económico, y en consecuencia, a un mundo en
si pretendemos construir un futuro satisfactorio, el que se pueda trabajar efectivamente por los
que permita volver a ilusionarnos y pensar con derechos y libertades de todas las personas.
vitalidad y entusiasmo, es necesario superar
esta falsa dicotomía. La propuesta interpretativa Agustín Pedrazzoli
que nos hace el profesor Naredo en este libro Facultad de Filosofía y Letras
resulta de una claridad extraordinaria y a la vez de la Universidad Autónoma de Madrid
de una gran lucidez. Él considera que es preci-
samente la noción de individuo que se desarro-
lló en la modernidad, ese individuo racional,
autónomo y soberano, la responsable de esta
falsa elección, puesto que esta noción de indivi- AUTOCONSTRUCCIÓN. LA
duo reniega del alto grado de interdependencia TRANSFORMACIÓN CULTURAL QUE
que toda persona experimenta con su entorno NECESITAMOS
social y biológico. Sin desacreditar el valor que Jorge Riechmann
ha tenido la moderna noción de individuo para Los Libros de la Catarata, Madrid, 2015
subrayar y defender las libertades y los dere- 301 págs.
chos de las personas, la incapacidad de las ins-
tituciones contemporáneas para proteger efecti-
vamente estas mismas libertades y derechos se Las contradicciones esenciales del capitalismo,
debe principalmente a que dicha noción no ha sus automatismos explotadores, están conducien-
tenido en cuenta la dimensión relacional del do a una crisis del sistema social a escala plane-
individuo. taria. Lo que introduce el ecosocialismo es el
Este libro lleva a cabo una revisión profunda entendimiento de que la crisis actual no se debe
del tipo de individualidad dominante en nuestra tanto a un quebranto de lo financiero como a la
sociedad capitalista, poniéndolo en dialogo con explotación desmesurada de los recursos natura-
problemáticas tan importantes como la crisis les. Nuestra inflexibilidad, pues, nos estaría
medioambiental, la competitividad social y labo- poniendo en peligro de extinción como especie.
ral, la violencia de género o la exclusión social y Autoconstrucción aterriza en este escenario
el deterioro de la esfera pública. Entender nues- como un ensayo de complicada catalogación
tra sociedad y nuestro mundo –es decir, la com- temática, en el que se abordan algunos tópicos
Libros 191
Libros
Libros 193
Libros
Uno de los principales motivos por los que dejando al margen en todo momento la huella
es posible afirmar que el autor no asume la gra- nada desdeñable del consumismo tecnológico.
vedad de la crisis ecológico-social en que nos Considero que su propuesta es irreal y describe
encontramos o es capaz de disociarla de las un mundo y una generación que no conozco,
medidas radicales que habría que tomar para como si existiese masivamente un rechazo al
amortiguar el batacazo, es su constante apela- automóvil y otros bienes de consumo, o como si
ción a la abundancia y su fe ciega en las nuevas hubiésemos reducido drásticamente nuestro
tecnologías. «Hemos estado tan convencidos uso de los combustibles fósiles (y como si el
de que la escasez es la base de la economía, éxito de algunas iniciativas de la economía cola-
que nos cuesta creer que sea posible una eco- borativa no tuviera que ver con la crisis econó-
nomía de la abundancia» (p. 189). Su propues- mica sino con la esencia de los jóvenes de hoy
ta da por sentado que las necesidades mate- en día). Por el camino quedan muchas cuestio-
riales de todos van a ser cubiertas de forma nes por resolver, cabos sueltos de bastante rele-
prácticamente gratuita –por aquello del coste vancia. En ocasiones vaticina el fin del capitalis-
marginal cero– y en un mundo así, las distincio- mo, que además considera un sinónimo de eco-
nes materiales y el afán de posesión perderían nomía de mercado, mientras que en otras
importancia. Eso sí, «para poder disfrutar de la aboga por un cambio que haga posible la coe-
abundancia del planeta no sólo deberíamos xistencia de la Edad Colaborativa con el viejo
reducir la huella ecológica de los ricos, sino tam- capitalismo. Este modelo se propone vagamen-
bién contener la explosión demográfica de los te como un sistema económico nuevo sin des-
más desfavorecidos» (p. 351). Mantiene que cribir siquiera someramente cuál sería su fun-
sustituir la economía de la escasez por otra de cionamiento. Por un lado defiende que el traba-
la abundancia es probablemente la única vía efi- jo como tal se está acabando por los procesos
caz para garantizarnos un futuro sostenible, y lo de tecnificación (sustitución de obreros de la
juega todo a la carta de la Generación Y (apro- construcción por impresoras de tres dimensio-
ximadamente los nacidos entre finales de los nes que construyen casas, por ejemplo), mien-
setenta y principios de los noventa). Y es que tras que otras veces dice que en los largos años
dice que los miembros de la Generación Y son de transición energética hará falta mucha mano
menos materialistas y apoyan mucho más la de obra. Ante una crisis ecológico-social como
protección del medio ambiente que las genera- la que atravesamos, con la miseria también a la
ciones anteriores. Rifkin remarca el nuevo espí- vuelta de la esquina, conviviendo con el aumen-
ritu del compartir de mi generación y su desape- to de la desigualdad, el paro y los beneficios de
go de la posesión material como el último ele- las grandes empresas (especialmente las dedi-
mento necesario para la revolución colaboracio- cadas a bienes de lujo), creo que las propuestas
nista. simplificadoras y redentoras son un obstáculo
No puedo compartir el análisis general que que tenemos que sortear.
presenta la obra porque considero que fantasea
con la capacidad de producción de energía a Carmen Madorrán,
coste prácticamente cero de las energías reno- licenciada y master en Filosofía
vables, además de no contemplar que, salvo
honrosas excepciones, no se están impulsando
lo suficiente por parte de la mayoría de los
gobiernos. Creo además que hace un análisis
que amplifica las posibilidades de algunas ini-
ciativas como las MOOC, la impresión en tres
dimensiones, o la dependencia de Internet;
Libros 195
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Ej.: [...] la transformación del capitalismo.1
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M. Kranzberg y W. H. Davenport, Tecnología y cultura, Gustavo Gili, Barcelona, 1979, pp. 196.
– Capítulos de libros
J. Riechmann, «Para una teoría de la racionalidad ecológica» en S. Álvarez Cantalpiedra y Ó. Carpintero (eds.),
Economía ecológica: reflexiones y perspectivas, CBA, Madrid, 2009.
– Artículos en prensa o revistas
M. Vázquez Montalbán, «De cómo Mariano Rajoy se convirtió en un ovni», El País, 3 de octubre de 2003, p. 14.
– Páginas web
T. J. Pritzker, «An early fragment from Central Nepal», Ingress Communications [disponible en: [Link]
Acceso el 8 de junio de 1998].
– Para una referencia utilizada con anterioridad, usar la fórmula:
M. Vázquez Montalbán, op. cit., 2003.
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