Las bases del Derecho Romano
Los más de mil años de legislación y formas de entender la ley del Imperio romano abarcan
desde el primer código de leyes de la Antigüedad, la Ley de las XII Tablas, hasta la compilación
jurídica que realizó el emperador Justiniano en el siglo VI d.C., conocida como Corpus Iuris
Civilis.
Para construir el ordenamiento jurídico que forma el Derecho Romano se tomó como base la
costumbre, es decir, los actos socialmente aceptados y que a través de la repetición quedaban
validados como una forma de actuar legítima para responder a una necesidad jurídica.
Por tanto, los romanos regulaban tanto la esfera pública del ciudadano—su relación con el
Estado—como la privada—entre los propios ciudadanos—apoyándose en las soluciones
similares que habían resuelto de forma exitosa: conflictos de propiedad, compraventas
viciadas, adquisición por posesión continuada en el tiempo, hurtos, delitos violentos…
Situaciones que hoy en día han quedado reflejadas en nuestro ordenamiento en el Código Civil,
Código Penal y en el Código de Comercio, entre otras normas que constituyen la base del
sistema jurídico.
Otras fuentes del Derecho Romano
Pero además de la costumbre, el Derecho Romano tenía otras fuentes como las decisiones que
tomaba el Senado —como representante del pueblo— sobre las normas que debían regir a los
ciudadanos; los pronunciamientos de los magistrados romanos o las leyes aprobadas por los
ciudadanos en los comicios.
También los plebiscitos, que es la denominación de las decisiones que tomaba la plebe romana
en sus asambleas; los iura u opiniones de los jurisconsultos; y, a partir del Principado, las
‘constituciones imperiales’ o normas que emanaban de los propios emperadores.
Estas decisiones, tomadas por los distintos órganos en que se organizaba la sociedad romana,
sirvieron para dar forma a un cuerpo legal escrito que complementaba las normas no escritas,
un ordenamiento que establecía los derechos y libertades de los ciudadanos y la forma de
resolver los conflictos o de castigar los incumplimientos.
Su influencia en el tiempo
A pesar de ser una legislación tan antigua, su influencia en diferentes factores sociales,
políticos y económicos ha trascendido en el tiempo. Esto se debe a que los romanos supieron
elaborar un cuerpo legislativo sencillo, capaz de dar respuesta a los conflictos que surgían entre
los ciudadanos de la manera más simple.
Una de las diferencias con la concepción actual del Derecho, es que en el antiguo
ordenamiento romano no todo ser humano era sujeto de derechos y, por tanto, no reconocía
derechos a toda la sociedad
No buscaban grandes formulaciones teóricas, pero sí tenían un espíritu formalista muy sólido,
tanto en la interpretación de su derecho como en su aplicación, buscando la solución más justa
a cada caso concreto y con una enorme capacidad de adaptación a los cambios y necesidades
imperantes en cada momento en la sociedad.
De forma simplificada, el Derecho Romano distinguía entre varias formas de comprender lo
que era justo conforme a derecho:
Ius: normas creadas por el hombre
Iniuria: lo contrario a esas normas
Fas: voluntad divina
Nefas: lo contrario a la voluntad divina
Su ordenamiento distinguía también entre:
Derecho público, que era la parte del ordenamiento jurídico que regulaba la acción del Estado
en áreas del interés general y velaba por su relación con el ciudadano u otras comunidades
independientes.
Derecho privado, que era la esfera jurídica que regulaba las relaciones entre los ciudadanos y
sus intereses particulares.
Los preceptos del Derecho Romano
Según el jurista Celso, el “derecho” era el arte de lo bueno y lo equitativo. Y de acuerdo con
Ulpiano, la justicia era definida como la voluntad constante de dar a cada uno su derecho,
apoyándose el Derecho Romano en tres preceptos:
Honeste vivere o ‘vivir honestamente’.
Alterum non laedere o ‘no dañar al otro’, porque quien ocasiona un daño a otra persona
lesiona sus derechos y queda expuesto a sanción.
Suum cuique tribuere o ‘dar a cada cual lo suyo’, es decir, cumplir con las leyes, los contratos,
pactos y reconocer el derecho ajeno.
Sin embargo, una de las diferencias con la concepción actual del Derecho, es que en el antiguo
ordenamiento romano no todo ser humano era sujeto de derechos y, por tanto, no reconocía
derechos a toda la sociedad, dejando fuera a los esclavos, que eran considerados cosas.
Por su parte, se concedió a los latinos una especie de semiciudadanía, pudiendo algunos de
ellos llegar a convertirse en ciudadanos romanos. En cambio, los derechos del resto de
extranjeros o peregrinos dependían del tratado que su comunidad hubiera firmado con Roma.
Se concedió a algunos la posibilidad de realizar actos jurídicos válidos regulados por el derecho
de gentes. Pero se podía dar muerte a los que se rendían sin condiciones.
Asimismo, no todos los ciudadanos romanos tuvieron los mismos derechos sufriendo algunas
importantes limitaciones por razón de sexo, condición social, profesión o religión, entre otras
causas. Por ejemplo, las mujeres no pudieron formar parte del ejército o de las asambleas,
careciendo de derechos políticos y para actuar en el tráfico jurídico necesitaron durante
muchos siglos la asistencia de un tutor.
El Derecho Romano en la actualidad
Ni la caída del Imperio romano de Occidente, a finales del siglo V, ni del de Oriente, en el siglo
XV, supuso la pérdida de vigencia del Derecho Romano. Los Estados europeos, a lo largo de los
siglos posteriores, siguieron aplicando sus preceptos y recuperaron su estudio e interpretación
para adaptarlo a sus circunstancias contemporáneas.
No es hasta los siglos XVIII y XIX cuando países como Francia, Alemania o España impulsan el
movimiento codificador de sus propios ordenamientos y dan forma a nuevos cuerpos
legislativos.
A principio del siglo VI el emperador Justiniano I recopiló los textos legales de la época en un
solo texto jurídico llamado Corpus iuris civilis que significa “Cuerpo de derecho civil”. Consistió
en el documento jurídico más influyente de la historia que estableció un parámetro de lo que
estaba permitido y lo que estaba prohibido.
Además, el emperador convocó a un comité para que seleccionara a los abogados romanos.
Desde entonces hasta la actualidad, el orden jurídico se mantiene y se actualiza a medida que
las sociedades evolucionan.
El derecho romano resultó la base del orden jurídico moderno a nivel mundial, con excepción
de las naciones en las que se aplica el derecho musulmán, hindú y chino, además de las
costumbres que no están escritas pero se cumplen por tradición o ética social y difieren de una
cultura a otra.
Impartición de la justicia de España
La Constitución de 1978 configuró a España como un Estado de Derecho, por lo que en los
últimos 30 años se han producido importantes transformaciones en el sistema judicial español.
El presente texto tiene dos objetivos: mostrar cómo se configura la justicia en España y
describir las actuaciones modernizadoras que se están produciendo en materia de justicia. Para
ello en los primeros epígrafes se muestra la estructura del Poder Judicial, el papel de la Fiscalía
así como las profesiones jurídicas. A continuación se muestran las iniciativas modernizadoras.
La Constitución española de 1978 declara que la justicia emana del pueblo y se administra en
nombre del Rey por jueces y magistrados integrantes del poder judicial, independientes,
inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley. La Constitución
establece el principio de unidad jurisdiccional como la base de la organización y
funcionamiento de los tribunales.
La regulación básica sobre la organización judicial está contenida en la Ley Orgánica 6/1985, de
1 de julio, del Poder Judicial, que regula, entre otras materias, la extensión y límites de la
jurisdicción, la organización territorial, la composición y atribuciones de los órganos judiciales,
los órganos de gobierno del Poder Judicial, la carrera, independencia y responsabilidad de los
jueces, el régimen de organización y funcionamiento de la Administración de Justicia y el
Ministerio Fiscal.
La Audiencia Nacional, con jurisdicción en toda España, es un tribunal especializado para el
conocimiento de determinadas materias que le vienen atribuidas por ley. Así, en materia penal
conoce de determinados delitos contra la Corona o miembros del Gobierno, delitos de crimen
organizado como terrorismo, narcotráfico, falsificación de moneda, y de delitos cometidos
fuera del territorio nacional cuando, conforme a las leyes o a los tratados, corresponda su
enjuiciamiento a los tribunales españoles.
Los Tribunales Superiores de Justicia de las Comunidades Autónomas extienden su jurisdicción
al ámbito territorial de éstas. Se organizan en salas: Civil y Penal, Contencioso Administrativo y
Social.
Las Audiencias Provinciales tienen su sede en la capital de la provincia sobre la que extienden
su jurisdicción. Conocen de los órdenes civil y penal, pudiendo existir secciones con la misma
composición.
Los Juzgados de Primera Instancia e Instrucción, de lo Mercantil, de Violencia sobre la Mujer,
de lo Penal, de lo Contencioso-Administrativo, de lo Social, de Menores y de Vigilancia
Penitenciaria, son órganos unipersonales integrados por un solo juez que conocen de aquellas
materias que les atribuya la ley en su ámbito competencial.
Los Juzgados de Paz existen en aquellos municipios donde no hay Juzgado de Primera Instancia
e Instrucción.
El Ministerio Fiscal es un órgano integrado con autonomía funcional en el Poder Judicial. Ejerce
su misión por medio de órganos propios, conforme a los principios de unidad de actuación,
dependencia jerárquica y con sujeción, en todo caso, a los de legalidad e imparcialidad.
Tiene como misión promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad, de los derechos
de los ciudadanos y del interés público tutelado por la ley, de oficio o a petición de los
interesados, así como velar por la independencia de los tribunales y procurar ante éstos la
satisfacción del interés social.
El fiscal general del Estado, nombrado por el Rey a propuesta del Gobierno oído el Consejo
General del Poder Judicial, ostenta la jefatura superior del Ministerio Fiscal y su representación
en todo el territorio español. A él le corresponde impartir las órdenes e instrucciones y, en
general, la dirección e inspección del ministerio fiscal.
Impartición de la justicia de Nueva España
La impartición de justicia en Nueva España, que comprende el territorio que hoy es México, se
basaba en un sistema legal influenciado por el derecho español y las leyes de la Iglesia católica.
Aquí hay un resumen:
Real Audiencia : Era el tribunal más importante y estaba encargado de administrar justicia en
nombre del rey de España. Estaba compuesto por jueces letrados y tenía jurisdicción civil y
penal. También actuaba como asesor del virrey en asuntos legales.
Cabildos y Alcaldes : Los cabildos eran gobiernos locales encargados de administrar la justicia a
nivel municipal. Los alcaldes eran los encargados de impartirla.
Tribunales Eclesiásticos : Estos tribunales eran responsables de asuntos eclesiásticos y tenían
autoridad sobre cuestiones como matrimonio, divorcio, herejía, etc.
Tribunales Especiales : Existían tribunales especiales para tratar casos específicos, como el
Tribunal del Consulado para asuntos comerciales.
Leyes y Reglamentos : Se aplicaron las leyes españolas y también se promulgaron leyes
específicas para la colonia. Uno de los códigos más importantes fue la “Recopilación de las
Leyes de Indias”.
Jurisdicción Indígena : Se respetaba la jurisdicción de los líderes indígenas en asuntos internos
de sus comunidades.
Esclavitud y Justicia : Las leyes en Nueva España permitían la esclavitud, y había reglas
específicas relacionadas con los esclavos y sus derechos.
Es importante tener en cuenta que a pesar de la existencia de este sistema legal, la justicia en
la colonia no siempre era imparcial y se veía influenciada por factores sociales, políticos y
económicos. Además, existían desafíos significativos en la aplicación efectiva de las leyes,
especialmente en regiones remotas y entre poblaciones indígenas.
¿Qué es la justicia?
La justicia tiene varias acepciones en el Diccionario de la lengua española. Nació de la
necesidad de mantener la armonía y resolver los conflictos entre los integrantes de una
sociedad.
¿Que es la violencia de género?
Las amenazas, la coerción, la manipulación, la violencia de pareja, la violencia sexual, el
matrimonio infantil, la mutilación genital femenina y los supuestos “crímenes de honor” son
también formas de violencia de género.
¿Cuáles son las consecuencias de la injusticia?
Las consecuencias más inmediatas son el desempleo de larga duración, mayor precariedad en
el empleo, peores condiciones de trabajo (por ejemplo, contratos de cero horas), la reducción
de la protección social y la educación, y otras políticas que afectan las condiciones sociales.
¿Cómo evitar una injusticia?
Mejorar las condiciones de los entornos laborales, erradicar la explotación, dignificar los
salarios, regular los horarios de trabajo, ofrecer contratos justos, y la protección de niños,
jóvenes, y mujeres como sectores más vulnerados.
¿Por qué es necesario combatir las injusticias?
Promueve la igualdad, protege el planeta y pone fin a la pobreza. Favorece la cohesión social e
impulsa el empoderamiento económico de mujeres y grupos marginados.
¿Cuáles son las causas de la injusticia?
La injusticia se produce a partir de que los criterios para distribuir la riqueza -de ser hechos
públicos- no podrían ser aceptados por todos, especialmente por aquellos que reciben menos.
¿Cómo se genera la injusticia?
Una situación injusta ocurre cuando a las personas no se les trata con respeto o cuando las
tareas y actividades en la escuela o la casa no se reparten por igual.
¿Qué son los actos de justicia?
Es el acto jurídico realizado por el tribunal o algunas de las partes en el ámbito de un proceso,
con la intención de causar efectos jurídicos en el mismo.
¿Cuál es el principio de la justicia?
El principio de justicia comprende el uso racional de recursos disponibles que permita el
ejercicio pleno del derecho a la salud, lo que apunta no sólo a los ciudadanos, salvaguardando
su dignidad de personas, sino a las obligaciones del Estado de asegurar, responsablemente, el
mínimo de los mínimos.
¿Cuál es la importancia de la injusticia?
La justicia es una de las instituciones clave para el desarrollo de las sociedades humanas. Las
que mejores modelos de justicia han alcanzado, pueden ofrecer a sus ciudadanos la calidad de
vida necesaria para sostener luego el avance económico y en otras áreas.
Conclusión
En conclusión, la impartición de justicia en Roma, España y Nueva España reflejó las
complejidades y evoluciones sociales, políticas y culturales de sus respectivas épocas y
contextos históricos. Cada una tuvo sus particularidades, pero también compartieron
similitudes en términos de influencias legales y administrativas.