Desarrollo Psicomotor Infantil
Desarrollo Psicomotor Infantil
UNIDAD Nº II
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SEMANA 3
Introducción
El crecimiento y el desarrollo, el cambio y la progresión constantes, tanto en sus
características físicas como en las aptitudes y habilidades psíquicas, es la característica
fundamental que diferencia al niño del adulto. El niño es un ser en continua
transformación, mientras que el adulto, por definición, ha dejado de crecer físicamente,
aunque puede seguir mejorando sus capacidades intelectuales y psíquicas a lo largo de
toda su vida.
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Ideas Fuerza
Desarrollo psicomotor significa la adquisición progresiva por parte del niño
de cada vez más habilidades, tanto físicas como psíquicas, emocionales y de
relación con los demás.
El desarrollo motor es el proceso a través del cual el individuo va adquiriendo todas
las capacidades relacionadas con el movimiento y la postura. Se trata de un proceso
continuo, progresivo y complejo, que está muy relacionado con el desarrollo cognitivo,
con el desarrollo social y con el crecimiento, en el que todos los niños sanos siguen la
misma secuencia de madurez, pero cada uno a su propio ritmo. Aunque el orden de
adquisición de los hitos motores es el mismo para todos los niños, cada cual tendrá su
propia cadencia particular.
Hay una serie de factores que van a influir en el desarrollo motor del niño. Podemos
clasificarlos en dos grandes grupos: factores endógenos y factores exógenos.
Además la motricidad está relacionada con el funcionamiento del neocórtex y todas
las estructuras nerviosas encargadas de los movimientos voluntarios.
El desarrollo motriz posee temáticas que requieren de comprensión, como: los
factores del desarrollo, bases neurofisiológicas, leyes y teorías del desarrollo como la de
Wallon y Esther Thelen. Además tenemos tipos de movimientos que hay que comprender
al igual que la evolución del desarrollo motriz.
El esquema corporal constituye, pues, un patrón al cual se refieren las percepciones
de posición y colocación (información espacial del propio cuerpo) y las intenciones
motrices (realización del gesto), poniéndolas en correspondencia. En otras palabras,
teniendo una adecuada representación de la situación del propio cuerpo se puede
emplear de manera apropiada sus elementos para la realización de una acción ajustada
al objetivo que se pretende. La conciencia del cuerpo es lo que nos permite elaborar
voluntariamente el gesto antes de su ejecución, pudiendo controlar y corregir los
movimientos.
La importancia de un adecuado desarrollo del esquema corporal estriba en
que éste, además de ser una necesidad del propio desarrollo por la interacción
que permite con el medio, es un elemento de extraordinaria relevancia para el
desarrollo de una personalidad armónica y para acceder más fácilmente a los
aprendizajes escolares.
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Desarrollo
1. Generalidades del desarrollo psicomotor.
El siguiente texto corresponde al libro “El desarrollo Psicomotor: desde la infancia
hasta la adolescencia” de Cabezuelo y Frontera (2016. P. 15-18).
El desarrollo psicomotor del bebé y del niño implica de manera global a un ser en
crecimiento y, de momento, totalmente incapaz de sobrevivir ni de avanzar sin los
cuidados de los adultos. Son sobre todo los padres, o bien sus sustitutos, los que no solo
cuidan al niño y le proporcionan su sustento físico sino que al mismo tiempo son su apoyo
emocional y psíquico, la base indispensable para que se desarrolle todo el potencial de
su personalidad que tiene impreso y programado en sus genes.
Desde la época de recién nacido, cuya vida de relación está reducida al llanto y a
solo unos reflejos primitivos o elementales, hasta la complejidad física y psíquica del
adolescente, hay una larga evolución, una progresión constante en la adquisición de
habilidades, de hitos físicos y psíquicos que configurarán poco a poco la personalidad
adulta. El desarrollo psicomotor es un proceso unitario, pero sin embargo compuesto de
la imbricación concomitante y paralela de dos tipos de desarrollo que los propios padres
y educadores perciben como claramente diferentes:
• El desarrollo motor, de las habilidades ligadas al sistema formado sobre todo por
huesos y músculos, capaz de efectuar movimientos cada vez más complejos y
precisos. La actividad muscular está siempre ordenada y coordinada por el
sistema nervioso (cerebro, médula espinal y nervios periféricos).
• El potencial genético. Los genes heredados de los padres, quienes a su vez los
heredaron de los suyos, están situados dentro de todas las células del cuerpo y
contienen una programación de lo que puede ser el futuro adulto. Esta
programación, similar a la habitual en informática, es una especie de «hoja de
ruta», un esbozo expresado por marcadores bioquímicos, que deben
desarrollarse a lo largo de toda la niñez y de la adolescencia. En los genes están
marcados, como ejemplo muy demostrativo, todas las posibilidades de
crecimiento del niño. Los hijos de padres altos heredan genes que permitirán y
programarán que ellos mismos sean altos, salvo que sufran un problema externo
muy importante que lo impida. Los hijos de talla baja como los pigmeos, nunca
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serán altos aunque las condiciones en las que crezcan y se desarrollen sean las
más favorables.
• El amor de los padres. Se ha dicho que el amor de los padres es «la vitamina del
crecimiento y del desarrollo». A cualquier edad, no solo el bebé y el niño, sino
también el adolescente necesitan un clima afectivo positivo para desarrollarse y
crecer como personas. El niño no solo necesita que lo quieran, sino además que
ese amor sea explícito, evidente y se manifieste de forma continua y repetitiva con
abrazos, caricias y besos. Por supuesto, el afecto se debe extender al cuidado y
a la atención constante de sus necesidades. La carencia de cariño durante la
infancia, la llamada «deprivación afectiva», no solo puede ser el origen de un
retraso en el desarrollo sino también de problemas psíquicos y afectivos durante
la vida adulta.
El desarrollo psicomotor tiene su sustrato fisiológico indispensable en la maduración
de todo el sistema nervioso. Este comprende sobre todo su órgano más importante, el
cerebro, además del cerebelo y el tronco cerebral, situados detrás del cerebro, la médula
espinal (que está físicamente dentro de la espina ósea de las vértebras), así como los
nervios periféricos, incluidos los de los sentidos (oído, vista, tacto, etc.).
El sistema nervioso constituye un verdadero conglomerado de neuronas y de células
auxiliares. Va creciendo en tamaño y madurando de manera lenta y progresiva,
estableciendo conexiones entre sí, «circuitos» similares a los de un ordenador, que son
la base, el sustrato físico, de la adquisición de funciones motoras y cognitivas. Cualquier
daño o lesión en el cerebro, o en el resto del sistema nervioso, puede ocasionar una
alteración en este proceso madurativo. Aunque el progreso en el desarrollo del sistema
nervioso y de las funciones psicomotoras sea unitario, para mayor claridad se suele
dividir en tres áreas diferentes:
1. Postura y movimientos (desarrollo motor o de las habilidades corporales).
2. Órganos de los sentidos, sobre todo visión y audición que son los básicos.
3. Lenguaje, que incluye la conducta social ya que es el más importante vehículo de
relación.
2. El desarrollo motriz.
El punto 2. El desarrollo motriz y los subtemas. Están basados principalmente del texto
Desarrollo cognitivo y motor de Ovejero Hernández, M. (2013). Se recomienda ver el
texto original por su riqueza y claridad.
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El desarrollo motor es el proceso a través del cual el individuo va adquiriendo todas
las capacidades relacionadas con el movimiento y la postura.
Se trata de un proceso continuo, progresivo y complejo, que está muy relacionado
con el desarrollo cognitivo, con el desarrollo social y con el crecimiento, en el que todos
los niños sanos siguen la misma secuencia de madurez, pero cada uno a su propio ritmo.
Aunque el orden de adquisición de los hitos motores es el mismo para todos los niños,
cada cual tendrá su propia cadencia particular.
Por ejemplo, para que un niño pueda andar, primero tiene que ser capaz de
mantenerse en pie sin ayuda; después, deberá caminar con apoyos y posteriormente de
forma independiente, pero cada niño lo hace a su propio ritmo, cuando madurativamente
está preparado: unos comenzaran a los 9 meses; otros, a los 12 meses.
Para que ocurra toda esta secuencia de madurez, se tiene que producir, entre otras
cosas, un proceso de mielinización del sistema nervioso, y algunos de los movimientos
reflejos con los que nacemos deben desaparecer para dejar paso a los movimientos
voluntarios y automáticos.
A continuación se presenta un mapa conceptual con las temáticas más importantes
y que se desarrollarán (Mapa conceptual 1).
2.1. Factores que determinan el desarrollo motor.
Hay una serie de factores que van a influir en el desarrollo motor del niño. Podemos
clasificarlos en dos grandes grupos:
— Factores endógenos: son aquellos que están relacionados con la genética y con la
maduración. Incluyen características y trastornos que pueda haber heredado el niño,
predisposición genética para la realización de ciertas actividades motrices, etc.
— Factores exógenos: son aquellos que influyen en el desarrollo, pero que provienen del
exterior. Dentro de este grupo podemos encontrar:
Factores físicos: la alimentación, la higiene y las condiciones sanitarias,
entre otros.
Factores sociales: tienen que ver con el contexto que rodea al niño. El
entorno debe proporcionar al niño seguridad y afecto. Tiene que haber un
ambiente estimulante que le ofrezca múltiples experiencias y que refuerce sus
capacidades motrices.
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Mapa conceptual 1: Desarrollo motriz generalidades. (Ovejero, 2013. P 88)
2.2. Bases neurofisiológicas del desarrollo motriz.
Podemos afirmar que la motricidad está relacionada con el funcionamiento del
neocórtex y todas las estructuras nerviosas encargadas de los movimientos voluntarios.
Para que se produzca un acto motor, lo primero que debe ocurrir es un deseo o voluntad
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de que dicho acto ocurra y después la activación del componente motor. El estímulo
sigue este recorrido para activar el movimiento:
— Áreas motoras cerebrales.
— Vías motoras centrales.
— Fibras nerviosas de los nervios periféricos.
— Elementos del sistema muscular.
Para más detalles del recorrido dirigirse al texto original Ovejero Hernández, M.
(2013, p. 68).
2.3. Leyes y principios del desarrollo motriz.
Gesell (1953) considera que la organización del control de los actos motores sigue
unas tendencias generales denominadas leyes o gradientes del desarrollo (Justo
Martínez, E. 2014. P. 36)
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2.4.1. Teoría del desarrollo motor de Wallon.
El psicólogo francés Henry Wallon (1879-1962) determinó cuatro factores que explican
el desarrollo del niño: la emoción, el medio externo, las personas que nos rodean y el
movimiento. Para este autor, el desarrollo motor es una combinación entre factores
biológicos y factores sociales, de modo que interactúan constantemente, estableciendo
varios estadios de evolución desde el nacimiento hasta la adolescencia. La evolución del
desarrollo humano de Wallon en edades comprendidas de O a 6 años, se describen en
los estadios de esta tabla (Ovejero, 2013. P.72):
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Así mismo, Thelen, (1989) expone que las actividades motoras se rigen por cinco
principios (Justo Martínez, E. 2014. P. 37):
a) El desarrollo motor sólo puede entenderse en términos del sistema en desarrollo,
ya que el movimiento viene a ser el resultado de la interacción de muchos
subsistemas (motivaciones, emociones, percepciones,...) con el sistema
mecánico de los huesos, músculos y articulaciones.
b) Lo que determina cómo se unen estos componentes es la tarea y no las
instrucciones genéticas preexistentes. Las tareas que requieren de las habilidades
motoras dependen del contexto, y los niños recurren a cualquier componente
disponible que se adapte mejor a la tarea.
c) Los procesos del desarrollo no son lineales. A medida que se van produciendo
pequeños cambios en uno o dos componentes disponibles, el niño reorganiza el
sistema. Cuando sucede esto, la habilidad puede mostrar un desarrollo espiral
desigual. Esto implica que, en vez de aumentar a ritmo constante en precisión, la
habilidad atraviesa un período en el que vuelve a ser torpe o incluso desaparece.
d) La acción y la percepción forman un circuito inseparable. Esto lleva consigo el que
los niños pueden modificar sus acciones para ajustarse a sus percepciones.
e) La variación es un aspecto importante del desarrollo. Los niños van a ir
modificando el modo en que abordan tareas específicas, en parte porque pueden
recurrir a distintos componentes.
2.5. Tipos de movimientos.
Para que se produzcan los movimientos, es imprescindible que el niño adquiera tono
muscular. Gracias a la adquisición del tono, sus movimientos serán mucho más precisos
y variados. En el momento del nacimiento, el bebe no tiene prácticamente control sobre
sus movimientos, pero a medida que crezca lo ira adquiriendo.
Los niños nacen con una serie de actos o movimientos reflejos, que les protegerán
del medio y les permitirán desarrollar la tonicidad de sus mús- culos, para la posterior
adquisición de los movimientos voluntarios y los automáticos.
Hay tres tipos de movimientos que explicaremos a continuación:
— Movimientos reflejos.
— Movimientos voluntarios.
— Movimientos automáticos.
2.5.1. Movimientos reflejos.
Los movimientos reflejos son respuestas automáticas e involuntarias que ocurren
cuando se produce un determinado estímulo.
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Algunos movimientos reflejos desempeñan un papel importante en la adquisición de
la motricidad voluntaria y desaparecen posteriormente, dando paso a movimientos
voluntarios. Otros movimientos reflejos simplemente permiten la supervivencia del bebe,
pudiendo permanecer con nosotros toda la vida o desaparecer con el paso del tiempo.
Se pueden agrupar los movimientos reflejos en cuatro tipos diferentes, que son los
que se enuncian en el siguiente esquema (Ovejero, 2013. P. 74):
•Reflejo de succión.
Reflejos que se transforman en
•Reflejo de presión palmar.
conductas voluntarias
•Reflejos de presión plantar.
•Reflejo de deglución.
Reflejos que perduran toda la
•Reflejo de estornudo.
vida
•Reflejo de bostezo.
Reflejo de Al estimular la base de los dedos del pie, el bebé cerrará los
presión plantar dedos como si inten- tara agarrar el objeto que lo estimula.
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- Reflejos que desaparecen en los primeros meses de vida: estos reflejos van
desapareciendo durante el primer año de vida, aunque es posible que alguno de
ellos perdure posteriormente.
Tipo de reflejo Característica
Reflejo de Al realizar un estímulo desde la planta del pie hasta los dedos,
Babinski el bebé abre los dedos en forma de abanico. Desaparece entre los 8 y
los 1Z meses, aunque puede perdurar hasta los Z años.
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2.6. Movimientos voluntarios
Estos movimientos se ejecutan de forma voluntaria y consciente. Implican que el niño
interprete un estímulo y dé una respuesta intencionada que produzca el movimiento.
La realización de los movimientos voluntarios, al principio, requiere mucho
esfuerzo. Para poder controlar adecuadamente un movimiento voluntario y conseguir los
objetivos que se pretenden con él, hay que ejercitarlo suficiente y adecuadamente.
Los movimientos voluntarios aparecen como consecuencia de la maduración
neurológica y se debe esperar hasta que aparezca de forma espontánea el hito motriz,
para después repetir el acto en diferentes situaciones y así conseguir perfeccionarlo.
2.7. Movimientos automáticos
Los movimientos automáticos son voluntarios y conscientes; se han ido integrado
hasta convertirlos en hábitos, para así realizarlos de forma automática, como por ejemplo
andar, montar en bici, conducir, etc.
Al principio, estos movimientos requieren de una gran concentración y coordinación,
pero con el paso del tiempo y la repetición, son movimientos que se efectúan sin esfuerzo
y sin prestar atención. Suponen la última parte de nuestro aprendizaje motor.
2.8. Evolución del desarrollo motriz.
A lo largo de los dos primeros años de vida del niño es cuando se adquieren los logros
más importantes del desarrollo motor. A partir de esta edad y hasta los 6 años, irán
perfeccionando esos movimientos y afianzando los automatismos aprendidos.
Al llevar a cabo un seguimiento del desarrollo motor de un niño, es imprescindible
estudiar por separado la obtención de la motricidad fina y de la motricidad gruesa. Los
logros motrices relacionados con la motricidad gruesa son los que permiten al niño
adquirir un control sobre la musculatura de su cuerpo para coordinar sus movimientos y
adquirir fuerza y equilibrio.
Los movimientos de motricidad gruesa incluyen actividades como el control de la
cabeza, sentarse, girar sobre sí mismo, gatear, mantenerse de pie, caminar, saltar o
lanzar una pelota.
Los hitos motrices relacionados con la motricidad fina son los que permiten al niño
ejecutar acciones de prensión y agarre cada vez más precisos y coordinados. Se
desarrolla un poco más tarde que la motricidad gruesa y necesita una mayor maduración
neurológica.
La grafomotrícidad es la psicomotricidad aplicada a la escritura. El acto grafomotor
es una prolongación psicomotriz de la motricidad fina donde no solo interviene la mano.
El grafismo precisa de un conjunto de coordinaciones más complejas: es la
combinación del movimiento del codo, la rotación del puño y la rotación, flexión y
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extensión de los dedos. A medida que se va practicando se desarrolla la coordinación
viso-manual, que se va haciendo más precisa.
2.8.1. Hitos del desarrollo motriz
A continuación se describirán por edades los logros motrices más importantes
diferenciando en cada tabla los que pertenecen a la motricidad gruesa, motricidad fina o,
en su caso, motricidad gráfica (Ovejero, 2013. P. 78):
Hitos motrices de 0 a 3 meses.
En este primer semestre el niño comienza a adoptar nuevas posturas
y a realizar movimientos con las manos y los pies.
⎯ En posición ventral o prona es capaz de levantar la cabeza y mirar
alrededor.
⎯ En decúbito supino mueve las piernas pataleando.
Motricidad
⎯ Permanece con los puños cerrados por el reflejo palmar.
gruesa
⎯ Al final de este periodo abre las manos y las mira.
⎯ Es capaz de sostener un objeto en las manos y acercárselo a la
boca. Este logro aparece a finales de esta etapa o principios de la
siguiente.
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Hitos motrices de 6 a 9 meses.
A partir de los 6 meses adopta diferentes posturas, lo que le permite
una mayor interacción con el medio externo. Comienza a rodar, reptar
y al final del periodo aparece el gateo, hito motriz muy importante para
la adquisición de la marcha.
⎯ Se mantiene sentado sin apoyo. Al principio del periodo se apoya
Motricidad sobre las manos y se inclina un poco hacia delante.
gruesa
⎯ Inicia el gateo, repta.
⎯ Pasa de sentado a tumbado y viceversa solo. ,
⎯ Agita, golpea, toca, mira los juguetes y objetos.
⎯ Al final del periodo, con ayuda de un adulto, es capaz de
permanecer de pie.
Las destrezas manipulativas del niño a partir de los seis meses
comienzan a mejorar gracias a la adquisición a los 7 u 8 meses de la
pinza inferior, que le permite coger objetos utilizando el apoyo de la
Motricidad palma de la mano con el pulgar y el meñique.
fina ⎯ Se intercambia los objetos de una mano a la otra.
⎯ Es capaz de sostener un objeto en cada mano y trata
constantemente de sujetarlos.
⎯ Coge objetos con los dedos realizando la pinza inferior.
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⎯ Se mantiene de pie con apoyo.
⎯ Da sus primeros pasos sin ayuda.
⎯ Comienza a subir escaleras gateando.
⎯ Se agacha a coger un objeto sin perder el equilibrio.
Las destrezas manipulativas van a ir aumentando gracias al
perfeccionamiento de la pinza superior, lo que le permitirá meter
Motricidad objetos en un bote, pasar páginas gruesas de un libro, dar palmas, etc.
fina ⎯ Es capaz de meter en una botella objetos pequeños.
⎯ Puede pasar páginas gruesas de un libro.
⎯ Da palmas.
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⎯ Hace torres con seis cubos.
⎯ Abre y cierra puertas.
Los movimientos son cada vez más precisos ya que hay un control
mayor de la muñeca y de la pinza. Ya son capaces de realizar trazos
Grafomotricidad independientes y les gusta observar sus movimientos mientras
dibujan. Podemos apreciar diferentes grafismos: líneas horizontales,
verticales, inclinadas, círculos y líneas que se cruzan.
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Con respecto a las destrezas manuales, ya es capaz de abrocharse
los cordones de los zapatos, maneja el lapicero con destreza, lo que
le permitirá hacer dibujos más precisos y será capaz de manejar el
cuchillo con 5 o 6 años.
Motricidad fina ⎯ Construye torres con más de seis elementos.
⎯ Lanza y recoge la pelota.
⎯ Puede abrocharse los zapatos, botones, etc.
⎯ Realiza una figura en tres partes.
⎯ Corta papel con tijeras.
Ya hay intencionalidad en los dibujos; antes de comenzar a dibujar
dice lo que va a representar, aunque la representación no se
corresponda mucho con la realidad. Entre los 4 años y medio y los 5
empiezan a realizar grecas, cenefas y trazos en una dirección o un
sentido.
Sus dibujos son temáticos y son representaciones de sus
Grafomotricidad
experiencias, su realidad o sus fantasías.
En la primera parte de la etapa aparecen las primeras
representaciones de huma- nos, que son una línea cerrada con unos
trazos lineales que representan los brazos y las piernas.
Posteriormente dibujará el tronco, para, a los 6 años, realizar una
representación bastante lograda de la figura humana.
Tuve una planta a la que quería mucho, en mi afán de cuidarla y que creciera rápido
le colocaba gran cantidad de agua cada día, para mi sorpresa, la planta de tener un
verde radiante se coló de color amarillo y al cabo de un tiempo murió. El exceso de
agua la perjudicó.
3. Esquema Corporal.
El siguiente aparado está basado en el libro Desarrollo psicomotor en educación
infantil: bases para la intervención en psicomotricidad de Justo Martínez, E. (2014. P.
88- ).
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La noción de esquema corporal procede de la neurología y la fisiología. Surge de
los trastornos de la percepción que el enfermo tiene de su cuerpo y que difiere
completamente de su realidad objetiva. De estos trastornos se ha inferido la
existencia de un sistema perceptivo normal referente a la vez a las partes del cuerpo,
a sus posiciones respectivas y a la imagen del cuerpo. A esto se ha llamado el
esquema corporal.
Le Boulch (1966,p.87) llegó a definir el esquema corporal o imagen del cuerpo
como «una intuición global o conocimiento inmediato de nuestro cuerpo, sea en
estado de reposo o en movimiento, en función de la interrelación de sus partes y,
sobre todo, de su relación con el espacio y los objetos que nos rodean». Esta
definición es la que más se cita en la bibliografía psicomotriz cuando se hace
referencia al esquema corporal, y quizás sea la que mejor recoge de una manera
global las diferentes aportaciones realizadas hasta entonces, sin embargo, al no
diferenciar entre esquema corporal e imagen corporal, se debilita un tanto la riqueza
conceptual que poseen por separado ambos términos.
También desde una perspectiva psicomotriz, Vayer (1972, p.18) define el
esquema corporal como «la organización de las sensaciones relativas a su propio
cuerpo en relación con los datos del mundo exterior». Esta definición recoge las dos
vertientes de la actividad motriz resaltadas por Wallon: a) una de ellas orientada hacia
sí mismo, es la actividad tónica fuente de actitudes y posturas; y b) la otra orientada
hacia el mundo exterior, es la actividad cinética o de los movimientos. Al resultado
complejo de toda la actividad cinética Vayer (1972) le da el nombre de imagen del
cuerpo, por lo tanto para él la imagen del cuerpo junto con el tono constituyen los dos
aspectos indisociables del esquema corporal.
El hecho de mezclar los dos términos más utilizados, esquema e imagen corporal,
llevó a Corraze (1973) a proponer descomponer la noción de esquema corporal en
nociones más reducidas, más específicas. Estas nociones son:
a) Esquema perceptivo–motor El cuerpo trabaja con multitud de percepciones
(informaciones) de su propia acción que posibilita la corrección de los errores que se
vayan produciendo en esa acción.
b) Cuerpo percibido Se refiere al cuerpo tomado como objeto de percepción. Es
la dimensión a la que se reduce, en la mayoría de los casos, la noción de esquema
corporal. Es el cuerpo que se percibe por la visión, el sentido cutáneo y la
propiocepción.
c) Cuerpo reconocido Traduce la experiencia de la imagen del cuerpo, y se refiere
al problema del reconocimiento de sí mismo, de su identidad delante de su cuerpo.
d) Cuerpo conocido Da cuenta de la posibilidad que tenemos de nombrar las
diferentes partes de nuestro cuerpo.
e) Cuerpo reconstruido Viene expresado por la construcción figurativa (dibujo,
puzzle, pasta de modelar) de la figura humana.
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Con una intención parecida a la de Corraze, M. Frostig (Frostig y Maslow, 1970)
sostiene que el adecuado conocimiento del cuerpo consta de tres elementos: la imagen
corporal, el esquema corporal y el concepto corporal.
- Imagen corporal
Frostig (Frostig y Maslow, 1970, p.38) define la imagen corporal como «la suma de
todas las sensaciones y sentimientos que conciernen al cuerpo», es decir, la experiencia
subjetiva del propio cuerpo y la sensación con respecto a él. Es el cuerpo como se lo
siente, que diría Ajuriaguerra (1969). Se forma y es influida por la totalidad de las
experiencias vitales y los procesos mentales por cuyo intermedio se reconoce al mundo
y el individuo se reconoce a sí mismo, y también por todos los sentimientos y emociones
por los que el ser humano se relaciona con el medio que le rodea. Está, así mismo, muy
influida por las características físicas de la persona, lo que ésta siente acerca de sí
misma, su percepción de lo que otros sienten por y sobre ella, sus estados de ánimo,
etc. La autora considera que esta imagen no se expresa con claridad en los movimientos
que una persona hace, pero es posible deducirla de los dibujos que realiza.
- Esquema corporal
Esta expresión hace referencia a «la adaptación automática de las partes
esqueléticas del cuerpo y a la tensión y relajación de los músculos necesarios para
mantener una posición, para moverse sin caerse y para mover objetos con eficacia»
(Frostig y Maslow, 1970, p.40). Tiene relación, pues, con las habilidades básicas
(estabilidad del cuerpo, locomoción y manipulación) que los niños tienen que aprender
para controlar sus cuerpos (Hoffman, Paris y Hall, 1995).
El esquema corporal regula la posición de los músculos y partes del cuerpo en
relación la una con las otras en cualquier momento determinado, y varía según la
posición del cuerpo. El equilibrio de una persona depende de su esquema corporal. Sin
él, no podría caminar, sentarse, inclinarse, ni hacer cualquier otro movimiento sin caer.
Por eso, el esquema corporal se va desarrollando a medida que el niño aprende a
mantener una posición a voluntad y a moverse, gatear, ponerse de pie, caminar y adaptar
sus partes esqueléticas en forma automática y continua para no perder el equilibrio. Esta
interrelación entre la actividad motriz y la formación del esquema corporal fue ya descrita
con claridad por Wallon (1934), al considerarlo como la adaptación motriz al espacio
exterior.
El esquema corporal constituye, pues, un patrón al cual se refieren las percepciones
de posición y colocación (información espacial del propio cuerpo) y las intenciones
motrices (realización del gesto), poniéndolas en correspondencia. En otras palabras,
teniendo una adecuada representación de la situación del propio cuerpo se puede
emplear de manera apropiada sus elementos para la realización de una acción ajustada
al objetivo que se pretende. La conciencia del cuerpo es lo que nos permite elaborar
voluntariamente el gesto antes de su ejecución, pudiendo controlar y corregir los
movimientos. Es la misma idea que recogen Soubiran y Coste (1975, p.23) al definir el
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esquema corporal como «la cualidad de una adaptación motora a la realidad, teniendo
como motivación más o menos consciente una voluntad de ajuste al espacio».
Frostig (F.y Maslow, 1970) considera que es muy difícil diferenciar entre imagen
corporal y esquema corporal en la persona sana. Sin embargo, la separación entre
imagen y esquema corporal se puede observar en ciertos estados como: situaciones de
privación sensorial, la psicosis, ciertos casos de lesión encefálica y algunos estados de
intoxicación. En estos casos se producen distorsiones de la imagen corporal, sin que
éstas vayan acompañadas de perturbaciones del esquema corporal.
Si el esquema corporal está alterado, el individuo tendrá serias dificultades para
ejecutar movimientos coordinados y para mantener el equilibrio. Se indica, además, que
los trastornos del esquema corporal incluyen también perturbaciones de lateralidad y
direccionalidad.
- Concepto corporal.
Se refiere al conocimiento que tenemos de nuestro cuerpo, y significa que se es
capaz de reconocer, identificar y nombrar las partes del cuerpo: mano, ojo, pie, etc. El
concepto corporal incluye todos los conocimientos conscientes sobre el cuerpo y se
adquiere por medio del aprendizaje cuando el niño descubre, por ejemplo, que tiene dos
piernas, dos manos, pelo en la cabeza y una nariz en el centro de la cara.
A diferencia de la imagen corporal y del esquema corporal, dondehabía que apelar a
estados patológicos o situaciones problemáticas para observar su diferenciación, en el
caso del concepto corporal nos podemos encontrar a niños sin ningún tipo de problemas
con una imagen corporal y un esquema corporal adecuados y un pobre conocimiento de
su cuerpo.
Imagen corporal, esquema corporal y concepto corporal son, para Frostig (F.y
Maslow,1970), la entidad tripartita, aunque en cierto grado artificial, que constituye la
conciencia corporal. Conciencia corporal que es esencial para un desarrollo psicológico
y físico normal, pues sin ella el niño no puede comprender que es un ser independiente
separado del mundo que le rodea.
Observamos, sin embargo, un problema en todo esto, y es que el término
propuesto de conciencia corporal apenas es utilizado en los ambientes científicos y sobre
todo educativos en el sentido que propone M. Frostig, siendo más usual el término
esquema corporal. Pensamos que no debe ser problema seguir utilizando este último
término cuando no se desee hacer distinción entre los tres elementos antes indicados
(esquema, imagen y concepto corporal), siempre y cuando recoja las características de
esos elementos y las englobe en un concepto general como lo hacen De Lièvre y Staes
(1992, p.17) cuando afirman que «el esquema corporal es el conocimiento y conciencia
que uno tiene de sí mismo en tanto que ser corporal, es decir:
- Nuestros límites en el espacio (morfología)
- Nuestras posibilidades motrices (rapidez, equilibrio..)
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- Nuestras posibilidades de expresión a través del cuerpo (actitudes, mímica)
- Las percepciones de las diferentes partes de nuestro cuerpo
- El conocimiento verbal de los diferentes elementos corporales
- Las posibilidades de representación que tenemos de nuestro cuerpo (desde el
punto de vista mental o desde el punto de vista gráfico)».
3.1. Desarrollo del esquema corporal
La conciencia del propio cuerpo, de las partes y de los movimientos corporales, de
las posturas y de las actitudes, se desarrolla en el niño con mucha lentitud. Este conjunto
que forma el esquema corporal se va elaborando a partir de la maduración nerviosa y de
las propias experiencias motrices, en función del medio que le rodea y de las demás
personas con las que el niño se va a relacionar, y en función de la representación que
se hace el niño de sí mismo y de los objetos o de su mundo por relación a él
(Ballesteros,1982). El esquema corporal sigue la misma evolución que el desarrollo
psicomotor ya que en él se produce la diferenciación progresiva de las funciones
(Wallon,1942), y no está completo hasta los 11–12 años (Muchielli y Bourcier,1979).
La base sobre la que se asienta el esquema corporal es la progresiva integración
de los datos sensoriales y de los desplazamientos del cuerpo globales y segmentarios.
Los sistemas sensoriales que nos informan son:
a) Sistema Propioceptivo: sus datos provienen de las sensaciones recibidas desde los
órganos terminales sensitivos situados en los músculos, tendones y articulaciones, y nos
informan sobre el estado de contracción–extensión de los músculos, posición de los
huesos, etc., dándonos una impresión del estado de movimiento, relajación o equilibrio
de nuestro cuerpo.
b) Sistema interoceptivo: nos proporciona impresiones recibidas desde la superficie
interna del cuerpo y de las visceras, informándonos del estado general del organismo.
c) Sistema exteroceptivo: aporta datos sobre el exterior o superficie del cuerpo. Son
impresiones cutáneas, visuales, auditivas, etc.
Estos tres sistemas de información funcionan de forma separada hasta el cuarto
o quinto mes, época en que comienzan a articularse y organizarse informando de lo que
pertenece al propio cuerpo y al exterior, siendo entonces posible la diferenciación yo–
mundo o yo–no yo. De forma progresiva el sistema exteroceptivo se va a ir convirtiendo
en privilegiado y unido al propioceptivo serán las fuentes de datos más importantes para
la toma de conciencia del propio cuerpo.
Al principio, el niño no distingue su propio cuerpo del mundo exterior y poco a poco
va a ir descubriendo su cuerpo, parte por parte, a través de su propia acción.
Posiblemente, la percepción de las partes del cuerpo comience a partir de que el niño
hace pasar sus manos por el campo visual o cuando las manipulaciones de la madre
[Link].cl22
despiertan zonas de sensibilidad. El importante desarrollo motor que se produce al final
del primer año (sentarse, reptar, ponerse de pie y caminar) permitirá determinadas
experiencias de asociación de la sensación visual, motriz y de la distancia, que vendrá a
constituir una primera espacialidad, es decir el yo–no yo de estas edades. Estas
experiencias van a contribuir al progreso de la conciencia del cuerpo.
Posteriormente, la aparición del lenguaje, que va a permitir dar nombres a las
partes del cuerpo, la toma de conciencia de otros elementos corporales favorecida por
el control de esfínteres (3 años) y el descubrimiento de las diferencias sexuales (4 años),
facilitan un nuevo progreso en la diferenciación del yo–no yo. Así, el primer esquema
corporal se alcanzará hacia el quinto año. Esta es la época en la que el dibujo espontáneo
del niño adquiere una forma humana dotada de cabeza, ojos, orejas, nariz, boca y un
tronco con piernas y brazos terminados en muchos dedos.
Ajuriaguerra (1969,p.96) propone tres niveles de integración del esquema
corporal, que corresponden a los estadios de organización de las funciones cognitivas:
a) Nivel del cuerpo vivido. Hace referencia a una noción sensoriomotora del
cuerpo que actúa en un espacio práctico en el que se desenvuelve, gracias a la
organización progresiva de la acción del niño sobre el mundo exterior. El niño empieza
a tomar enriquecimiento progresivo de información a través de sus sentidos y de los
movimientos de su cuerpo. Hacia los dos años toma conciencia del cuerpo como
totalidad, siendo la relación de las partes entre sí más tardía.
b) Nivel del cuerpo percibido. Se trata de una noción preoperatoria del cuerpo,
condicionada a la percepción que se encuadra en un espacio aún centrado en el cuerpo
y basada en una actividad simbólica. La motricidad global del niño se va perfeccionando,
reflejándose en un tono mejor regulado y en unas posturas y un equilibrio más
armoniosos. La percepción del cuerpo evoluciona de forma que ya puede utilizar el
lenguaje para nombrar las partes del cuerpo y hacia los seis años se aprecia una buena
representación topográfica del mismo. El niño accede al espacio orientado a partir de la
orientación de su propio cuerpo y del dominio de las nociones espaciales (cerca, lejos,
dentro, fuera, delante, detrás, etc.), mediante el lenguaje. Al final de este nivel al niño
afirma su lateralidad.
c) Nivel del cuerpo representado. Es una noción operatoria del cuerpo que se
encuadra tanto en el espacio objetivo representado, como en el espacio euclidiano, y se
halla directamente relacionada con la operatividad en general y en particular con la
operatividad en el terreno espacial. El niño logra representar mentalmente su cuerpo,
pero sólo al final pasa de una imagen reproductora o estática a otra anticipadora o
dinámica. Esto se puede percibir en sus dibujos que dejan de ser estáticos y rígidos en
sus formas y se hacen dinámicos y flexibles.
Ajuriaguerra (1973) también subraya el importante papel que, en el desarrollo del
esquema corporal, desempeña el otro como co-formador.
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Para Vayer (1972), la elaboración del esquema corporal sigue las leyes de la
maduración nerviosa:
• Ley cefalocaudal: el desarrollo se extiende a través del cuerpo, desde la cabeza
hasta las extremidades.
• Ley próximodistal: el desarrollo procede desde el centro hacia la periferia a partir
del eje central del cuerpo.
La elaboración progresiva de este esquema se concreta en las siguientes etapas:
1. Período maternal (desde el nacimiento hasta los 2 años) El niño pasa de los
primeros reflejos a la marcha, logrando los primeros movimientos coordinados y la
primera toma de conciencia de su cuerpo, y esto a través de un diálogo tónico madre–
hijo, muy cerrado al principio y luego cada vez más suelto, pero siempre presente.
2. Período global de aprendizaje y del uso de sí (de 2 a 5 años) A través de la
acción la manipulación y la prensión se hacen cada vez más precisas, estando asociadas
a los gestos y a una locomoción cada vez más coordinada de su cuerpo. En esta
evolución, la relación con el adulto es siempre un factor esencial que permite al niño
desprenderse del mundo exterior y reconocerse en tanto que individuo.
3. Período de transición (de 5 a 7 años) El niño pasa del estadio global y sincrético
al de la diferenciación y análisis. La asociación de las sensaciones motrices y
cinestésicas a los otros datos sensoriales, especialmente visuales, permiten pasar
progresivamente de la acción del cuerpo a la representación. Entonces se consigue:
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• La transposición del conocimiento de sí al conocimiento de los demás.
Esto tiene como consecuencia el desarrollo de las diversas capacidades de
aprendizaje, así como de la relación con el mundo exterior. El niño tiene ahora los medios
para conquistar su autonomía. La relación con el adulto, que sigue siempre presente, irá
haciéndose cada vez más distanciada, hasta llegar a la cooperación y a compartir las
responsabilidades.
El desarrollo del esquema corporal supone, pues, pasar progresivamente de una
situación en la que el niño se experimenta a sí mismo y a su cuerpo como una matriz
cuerpo–mundo más o menos continua, a una posterior en la que se establecen los límites
entre ambos. Como indica Witkin (1969,p.37) «la noción relativamente global que al
principio el niño tiene de su cuerpo se hace luego más articulada, o sea que existe la
impresión de que el cuerpo posee límites definidos y que sus partes están
interrelacionadas y unidas en una estructura definida». Por tanto, un concepto de cuerpo
articulado es índice de una diferenciación desarrollada, y como expresa el propio Witkin
(1969,p.50) «si se considera que el grado de articulación...representa un amplio estilo
cognitivo, se puede afirmar que la naturaleza del esquema corporal, desde el punto de
vista de la articulación, es parte de su estilo cognitivo», por lo que participa con éste de
las posibilidades de cambio que le brinda la educación, ya que la modificación del estilo
cognitivo en función del aprendizaje parece como inherente al proceso educativo.
3.2. El esquema corporal y los aprendizajes escolares.
La importancia de un adecuado desarrollo del esquema corporal estriba en que éste,
además de ser una necesidad del propio desarrollo por la interacción que permite con el
medio, es un elemento de extraordinaria relevancia para el desarrollo de una
personalidad armónica y para acceder más fácilmente a los aprendizajes escolares. Esta
importancia es tal que, para Le Boulch (1966), el corolario de un esquema corporal mal
estructurado es un déficit en la relación exterior, y se traduce sobre tres planos:
perceptivo, motriz y relacional.
a) En el plano perceptivo, los problemas se manifiestan con déficit de las habilidades
viso–perceptivas y de la estructuración espacio–temporal, en cuanto que el sujeto, antes
de adaptar su actividad motora a la necesidad de la acción, debe saber interpretar los
diversos estímulos provenientes de su cuerpo y del exterior. Si el niño no está en
condiciones de interpretar y utilizar, de modo correcto, todas las sensaciones visuales,
acústicas, representar el propio cuerpo, sino que será incapaz de percibir los objetos de
forma adecuada y establecer relaciones entre sí y el mundo, encontrará dificultades para
situarse en el tiempo y en el espacio, y en ordenar estos elementos diferentes en relación
a sí mismo. Estas dificultades se evidenciarán, sobre todo, en los aprendizajes escolares.
La lectura y escritura representan dos elementos típicos del universo espaciotemporal,
cuya codificación y decodificación exige, además de una capacidad de comprensión y
una correcta organización visomotora, también una orientación espaciotemporal precisa:
la distribución de las letras sobre la línea, el reagrupamiento de sílabas y de palabras se
realizan en sucesión y con orientación izquierda–derecha, alto–bajo, antes– después....
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Es fundamental, por tanto, el reconocimiento de dirección y de posición que se estructura
tras un adecuado desarrollo del esquema corporal.
b) En el plano motor, los problemas se manifestarán mediante torpeza, descoordinación
y lentitud en los movimientos. El esquema corporal es importante para la acción en
general y más específicamente para la iniciativa motriz y para la ejecución de un acto
cualquiera. Para nuestro propósito, interesa que quede claro, como indican Muchielli y
Bourcier (1979), que los esquemas motores no pueden organizarse sino a partir del
esquema corporal y apoyándose en él. De ahí que un niño con un trastorno del esquema
corporal - esto es, de la conciencia de su propio cuerpo y de sus posibilidades motrices-
no logrará construir determinadas regiones corporales, la diferencia de algunos
movimientos, y la coordinación o disociación de gestos simultáneamente o sucesivos. La
torpeza que esto conlleva se traducirá en dificultades de la escritura, en las que las letras
resultan deformadas, confusas, fuera de las líneas, etc. Este hecho ya fue resaltado por
Ajuriaguerra (1964) al considerar el esquema corporal como uno de los factores
importantes para el desarrollo del grafismo.
c) En el plano relacional, los problemas se expresan mediante inseguridad en las
relaciones con los demás, lo que origina perturbaciones afectivas.
Le Boulch (1966) concluye que de un buen desarrollo del esquema corporal depende el
éxito de los primeros aprendizajes escolares.
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Conclusión
Comprender el desarrollo psicomotriz tiene gran complejidad ya que compone las
habilidades motriz, psíquicas, emocionales y de relación con los demás.
Por supuesto que este Material de estudio no posee todos los temas relevantes,
por ello te invitamos a revisar el material de estudio complementario.
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