100% encontró este documento útil (2 votos)
3K vistas79 páginas

123

El documento presenta una sinopsis de la historia de amor entre Nic, el propietario de una tienda de juguetes artesanales en un pequeño pueblo, y Candy, una ejecutiva de marketing de Nueva York que llega para ayudar a modernizar la tienda. Nic inicialmente se muestra escéptico hacia Candy, pero también siente atracción por ella. Candy acepta comenzar a trabajar el lunes muy temprano a pesar de las reservas de Nic.

Cargado por

kujaautumn
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (2 votos)
3K vistas79 páginas

123

El documento presenta una sinopsis de la historia de amor entre Nic, el propietario de una tienda de juguetes artesanales en un pequeño pueblo, y Candy, una ejecutiva de marketing de Nueva York que llega para ayudar a modernizar la tienda. Nic inicialmente se muestra escéptico hacia Candy, pero también siente atracción por ella. Candy acepta comenzar a trabajar el lunes muy temprano a pesar de las reservas de Nic.

Cargado por

kujaautumn
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Nics Candy

Aria Cole & Mila Crawford

(Mistletoe Montana 14)

Traducción de Fans para Fans, sin fines de lucro


Traducción no oficial, puede presentar errores
Apoya a los autores adquiriendo sus libros

1
Sinopsis

Nic Rudolf
He vivido toda mi vida en Mistletoe, Montana, y nunca he
querido ni necesitado salir de esta pequeña ciudad perfecta.
Estaba al frente de la única juguetería, con artículos
artesanales y únicos que mi familia había creado durante tres
generaciones.
Estaba feliz y contento, pero siempre me faltaba algo. No
supe qué era hasta que una importante ejecutiva de marketing
de Nueva York entró en mi vida con un jersey navideño feo.
Supe que tenía que hacerla mía.
Candy Kain
Se suponía que era un trabajo fácil que sólo duraría unas
semanas. Volar a Mistletoe, Montana, y ayudar a llevar Nic's
Toys, una tienda de juguetes artesanales de un pequeño
pueblo, al siglo XXI.
Lo que no esperaba era enamorarme, no sólo del
pintoresco pueblo, sino del dulce carpintero. Un hombre
posesivo que me conquistó, haciéndome desear más de lo que
jamás había soñado.
Un para siempre junto a él.
Pero, ¿podré dejar atrás mi pasado para poder tener un
futuro feliz?
Advertencia: Toma tu cacao y pon los pies en alto
mientras te enamoras una vez más en Mistletoe Montana

2
con una chica de ciudad con curvas y un fabricante de
juguetes de un pueblo pequeño

3
Capítulo 1

Nic

—¡Tío Nico! —Unos fuertes gritos me bombardean. Levanto


la vista para ver a las dos chicas más bonitas del mundo
mientras se abalanzan sobre mí, derribándome y obligándonos
a aterrizar en un montón en el suelo, casi derribando uno de
los cursis árboles de Navidad.
—Princesas. —Las agarro en un abrazo de oso antes de
levantarme, con una chica colgando de cada brazo, y mi
mirada se fija en mi hermana, tan grande como una casa,
caminando hacia nosotros.
—Hola, hermanita. ¿El bebé aún no ha salido del horno?
—pregunto, dándole un beso en la mejilla, las niñas
pataleando y gritando, sus risas resonando en la habitación.
—Bájanos, tío Nico —exige Penélope, con su pie apenas
rozando mis partes en sus salvajes intentos por liberarse.
—Sí, tío Nico, bájanos —grita Leena mientras me lanza un
puñetazo en la espalda.
Temiendo un daño físico, los apoyo en el suelo, con el ceño
fruncido mientras las miro fijamente. —Saben, compré
algunas golosinas, pero ustedes dos son demasiado
desagradables para recibir alguna.
—No lo somos —gimotea Penny, sacando el labio inferior.

4
—Somos las mejores —afirma Leena, dando un pisotón.
Me agacho para estar a la altura de ellas, los tres
mirándonos fijamente como en un viejo enfrentamiento del
oeste. Penélope empieza a entrecerrar los ojos para mantener
su postura, pero veo que Leena empieza a esbozar una
pequeña sonrisa.
—Vayan a mi oficina —digo una vez que la sonrisa se
convierte en un estallido de risa en toda regla.
—¿Pasteles de Beau's? —preguntaba Penélope, con sus
pequeñas manos en la cintura y una cadera ladeada.
—¿Me atrevería a pedir algo más? —bromeo antes de que
ambas chicas corran hacia el fondo de la tienda,
desapareciendo de la vista.
—Así que, ¿dónde está ese marido tuyo ahora? —pregunto,
levantándome y mirando a mi hermana. Su marido es un buen
tipo, un gran proveedor, pero nunca está en casa, lo que
convierte a Sarah en una esclava de dos criaturas, que pronto
serán tres.
—Está en Cleveland. La empresa lo necesitaba —dijo ella,
tratando de maniobrar para sentarse.
—Deberías haber hecho que lo solucionara —murmuro,
ayudándola a acomodarse en una silla de madera. Me quedo
mirando su gigantesca barriga. —¿Qué posibilidades hay de
que alguien tenga dos pares de gemelos seguidos?
—Y dicen que un rayo no cae dos veces —dice, esbozando
una leve sonrisa, tan pequeña que tengo que comprobarla dos
veces para asegurarme de que está ahí. Sé que está agotada;
tiene que estar con esos dos demonios.
—¿Quieres que me las lleve el fin de semana?

5
—No, puedo manejarlo —dice ella, frotando su enorme
barriga.
—Esos niños van a pesar una tonelada.
—¿Quieres parar? —dice Sarah, intentando golpearme.
—Es una mierda tener a esos gigantes en tu camino —
bromeo, apartándome antes de que haga contacto.
—Eres horrible —dice Sarah entre risas.
—Pero, en serio, me las llevaré durante unos días.
Necesitas descansar un poco.
—¿No tienes al delegado de marketing viniendo de Nueva
York?
—Esos imbéciles no reconocerían los juguetes de calidad
ni aunque les mordieran el culo. Creen que pueden enviar a
un imbécil amante de Mattel para que intente decirme cómo
dirigir una juguetería. Llevamos 100 años en el negocio. No hay
nada que puedan decirme que cambie nada.
—Nic, creo que deberías callarte y saludar a la joven que
está esperando pacientemente detrás de ti —dice Sarah,
señalando por encima de mi hombro.
Me doy la vuelta, y allí está la mujer más sexy que he visto
en toda mi vida. Es imposible que sea legal que alguien tenga
tan buen aspecto. Es alta, más alta que la media, con unas
curvas que hacen que mis dedos se crispen por tocarlas... y
ese pelo. Su pelo es largo y castaño oscuro, y lo único en lo que
puedo pensar es en apretarlo con mis manos. Tiene cada parte
de mí en atención.
—¿Nico Rudolf? —preguntaba la mujer. Su jersey de lana
verde tiene un diseño de Santa Claus y un reno con una gran
bola de fieltro asomando por la nariz. En su hombro cuelga un
gran bolso negro que arrastra de un lado a otro.

6
—¿En qué puedo ayudarte, preciosa? —pregunto,
mostrando una sonrisa. Siempre me han dicho que tengo una
sonrisa amable. Ella no parece divertida, lo cual es muy
extraño para una chica que lleva un jersey de niño. Se
acomoda las gafas de montura gruesa en la nariz y me mira
fijamente a los ojos.
—Soy Candance Kain. Encantada de conocerte —dice,
extendiendo su mano, que yo tomo en la mía. No puedo creer
lo suave que se siente.
—Estás bromeando, ¿verdad?
—¿Perdón? —pregunta, inclinando ligeramente la cabeza
hacia un lado. —¿Por qué tendría que estar bromeando?
—Tu nombre —le digo, riendo.
—Realmente no creo que tengas derecho a burlarte del
nombre de alguien. El tuyo es una mezcla de un reno con una
bombilla como nariz y un gordo alegre que va por ahí llevando
regalos a los niños.
—Más o menos como tu jersey... Me alegra ver que eres fan
—digo, sonriéndole.
Es entonces cuando mi hermana lanza un aullido de risa.
—Oh Señor, la risa es horrible cuando se está embarazada
—dice antes de contonearse de la silla para ponerse de pie. —
Por favor, discúlpenme. Necesito el aseo de señoras.
—Está embarazada; aparentemente todo la hace orinar —
le digo, devolviendo mi atención a la bonita morena que está
frente a mí. —Entonces, ¿en qué puedo ayudarte?
—Soy de la compañía. Me encargo de las estrategias de
marketing.
—¿Compañía? Quieres decir que trabajas para Luc
Dupont, mi aparentemente no tan silencioso socio.

7
—Sr. Rudolf, Luc sólo quiere asegurarse de que la
naturaleza especial de su negocio se comercializa en toda su
extensión. No estoy aquí para cambiar sus prácticas. Sólo
busco encontrar cualquier área que podamos maximizar. Ni
siquiera notará mi presencia aquí —dice, sacando una tarjeta
de su bolso y entregándomela.
—Lo dudo —susurro en voz baja, aceptando la tarjeta de
ella.
—¿Perdón? —vuelve a preguntar, con los ojos clavados en
mí.
—Acabo de decir que dudo que no te note —digo con más
claridad y noto que su piel blanca y cremosa se torna de un
tono rosado claro. Bueno, por lo visto la pequeña señorita
estirada si que estaba nerviosa a pesar de lo que yo creía.
—Me gustaría empezar el lunes, si te parece bien —dice,
recuperándose finalmente de su nerviosismo de hace un
momento.
—¿Y si no me parece bien? —escupo, sintiendo que la
rabia crece en mi interior. Nunca debí haber firmado con ese
imbécil de Dupont. Cada maldito hueso de mi cuerpo me
gritaba que no, pero lo hice. Pensé que si firmaba con un gran
comerciante neoyorquino, el negocio crecería. Ni en un millón
de años pensé que su dinero tenía estas pequeñas lagunas
jurídicas. En realidad, no hay nada que pueda hacer para
cambiar el modelo de negocio, ya que yo poseo el setenta y
cinco por ciento del mismo. Aun así, el maldito podría vender,
y eso sería toda una nueva lata de gusanos.
Rebusca en su bolso, sus manos se mueven furiosamente
en busca de algo antes de sacar un cuaderno rosa y brillante.
Parece algo de las chicas, no de una mujer que trabaja para

8
Luc Dupont. Lo abre y hojea las páginas y luego marca un
punto con el bolígrafo que lleva adjunto antes de dármelo. Es
un calendario, y en el lunes ha puesto una gran X y luego ha
señalado el martes con el bolígrafo.
—Como puedes ver, mi calendario está limpio. No voy a
arriesgar mi trabajo por ti, así que te pido amablemente que le
eches un vistazo y elijas cualquier día de la semana que viene
que consideres apropiado para que ambos podamos terminar
con esto.
Definitivamente, no es una persona débil. Eso lo respeto.
También me irrita la idea de tener que lidiar con una fiera, ya
que esta situación no va a desaparecer tan rápida y
tranquilamente como esperaba. Pero otra parte de mí se siente
atraída por la idea de pasar tiempo a solas con ella. No es
realmente tan difícil, ya que ella es muy agradable a la vista.
—El lunes está bien. La tienda abre a las nueve en punto,
así que te necesitaré aquí a las siete a.m.
—A las siete de la mañana —puntualiza, y sus ojos color
chocolate se clavan en mí casi como para comprobar si hablo
en serio o le estoy tomando el pelo.
—Sí. No me gusta quedarme hasta tarde —digo, con una
sonrisa formándose en la comisura de mis labios. —¿Qué
pasa? ¿A la gente de la ciudad no le gustan las reuniones
matutinas?
Ella endereza los hombros, sus ojos no se apartan de los
míos mientras coloca el cuaderno de nuevo en su bolso. —
Estaré aquí —me dice antes de marcharse. Se detiene en la
puerta y se gira para observarme, y luego asiente con la cabeza
antes de marcharse.

9
—¿Dónde ha ido ese disfraz? —pregunta Sarah cuando por
fin aparece del baño, con una botella de agua en la mano.
—Pensé que te habías caído ahí —le digo, sonriéndole
mientras acerco una silla hacia ella.
—Hardy har har, chico gracioso. —Se frota la barriga
mientras sus ojos adquieren una mirada fría como el acero. —
Intenta caminar con una pelota de playa alojada dentro de ti.
Además, me dio sed, así que tuve que hacer una parada para
refrescarme. De nuevo, ¿dónde está esa señora?
—Se fue. ¿Ya has comprobado cómo están tus demonios?
—Señalo hacia la habitación de atrás.
Sarah se ríe, levantando las manos. —Oye, hombre. Si no
están gritando como locas, estoy bien. ¿Estás evitando mi
pregunta?
—Se ha ido por ahora, pero volverá el lunes.
—Era bonita —comenta Sarah, mirándome mientras
inclina la botella hacia atrás.
—¿Deberías beber eso tan rápido teniendo en cuenta que
no puedes orinar en este momento? —bromeo, haciendo que
la comisura de la boca de mi hermana se levante en una
sonrisa irónica.
—Deberías limpiar tu ropa —me comenta, ignorando
totalmente mis indirectas como es típico de Sarah.
—¿Por qué? —Miro mis vaqueros y mi camiseta.
—Tu ropa siempre está arrugada y sucia.
—¿Y qué? Trabajo con madera haciendo productos para
niños.
—No creo que ella esté acostumbrada a todo esto —dice
Sarah, agitando la mano de arriba abajo.
—¿Todo esto?

10
—La robustez. Parece que le va el asunto de la elegancia.
—No la voy a invitar a salir. Además, ¿has visto esa ropa
de payaso que llevaba?
—Mmhmm. De momento, su jersey era bonito. Es de
temporada y todo eso —afirma Sarah mientras sigue
sonriéndome, haciéndome hervir la sangre.
—Deja de hacer eso —digo, entrecerrando los ojos.
—Nic, eres un gran tipo. Eres tan bueno con los niños y
tienes tanto para dar. Sólo me gustaría verte en una cita, tal
vez casado, con hijos propios. ¿Es tan horrible que tu hermana
quiera verte feliz?
—Soy feliz.
—Mentiroso.

11
Capítulo 2

Candy

—¿Era tan apuesto como en su foto? —pregunta Abby, mi


mejor amiga desde que nací, riéndose de forma odiosa
mientras le cuento mi encuentro con Nic Rudolf. He comprado
una botella de vino y la he llamado después de llegar a la
habitación del hotel. Solemos hablar una vez a la semana y
ponernos al día, algo que todavía conseguimos hacer años
después de haber terminado la universidad.
—Sí, es apuesto. Probablemente mejor que en la foto —
digo, tomando otro sorbo de mi vino.
—Es tu tercera copa —me regaña Abby. —Puede que
quieras tomártelo con calma, borrachina.
—No tengo que trabajar hasta el lunes. He pensado en
dormir hasta mañana y luego dar una vuelta por la ciudad. Sin
prisas.
—Si tan sólo Nic pudiera verte ahora.
—Ya me ha visto en mi peor momento. Llevaba puesto el
jersey de Navidad de este año —me quejo.
—¡No! ¿El que tu madre los obliga a usar todos los años?
—El único —digo, dejándome caer sobre las almohadas y
queriendo enterrarme bajo todas ellas. —Fue mortificante.

12
—¿Por qué te lo pusiste tan pronto? Faltan semanas para
la Navidad.
—Colton está siendo desplegado, y mis padres querían una
cena tradicional antes de que se fuera. Ya sabes, una última
comida. Quién sabe cuándo volverá.
—No puedo creer que esté en el ejército. ¿Quién iba a saber
que Colton tenía esa clase de disciplina? ¿Recuerdas cuando
nos aterrorizaba? —pregunta Abby, recordándome los años de
tortura que sufrimos gracias a mi hermano mayor.
—Ahora está tan estirado que es irreal —digo.
—Estirado y caliente —señala Abby, riendo.
—Abby Matthews, ¿estás interesada en Colt?
—No —grita Abby. Veo que sus ojos se abren de par en
par. Estallo en una carcajada. Me encantaría que mi hermano
se enamorara de ella. Ya es mi hermana en todos los demás
aspectos. —Volvamos a ese jersey. ¿No pensaste en cambiarte
antes de ir a ver a este hombre?
—No pensé en ello. De hecho, me olvidé de que lo llevaba
puesto hasta que él empezó a mirarlo. Es imposible que el
hombre me tome en serio después de verme vestida de payaso.
—Hace juguetes. ¿Qué tan serio puede ser?
—Estos no son los juguetes normales, Abs. Deja que te los
muestre. —Me acerco al escritorio de la esquina y levantó un
Santa Claus de madera tallada. —¿Ves? —digo, sosteniendo el
juguete hacia ella.
—Wow, mira ese trabajo de pintura. Ese tipo es un artista
—dice Abby, mirando atentamente al Santa Claus. Miro la
pieza, tallada con una gran barriga, un gorro rojo con una
campanilla, el ribete blanco delicadamente delineado sobre las
botas. Es realmente hermoso.

13
—Esta ni siquiera es su pieza más bonita. Hay muebles
para muñecas, casas artesanales, animales. Deberías ver los
animales. El elefante con sus colmillos. Tan bonito. El
problema es que el precio es alto, y no genera el tipo de
ingresos a los que está acostumbrado mi jefe.
—Sí, seguramente debe tener un segmento de mercado.
—Curiosamente, hay un gran mercado para ello. Solo
tenemos que llegar a esas familias. Tengo toneladas de ideas
para las redes sociales y una vigorosa campaña publicitaria.
Sólo que no sé si este tipo lo aceptará.
—¿Por qué no lo haría? Eres brillante —dice Abby, dando
un sorbo a su taza.
—No creo que sea alguien que le dé importancia a Internet.
—Es el camino del futuro. O te unes a él o te mueres —
dice Abby, encogiéndose de hombros.
—Creo que él es del tipo que estaría bien con morir. Ya
sabes, el tipo purista.
—¿No ha existido siempre algo así? —pregunta Abby.
Puedo ver que su cabeza comienza a caer mientras la apoya en
su mano. Me siento mal por haberla mantenido despierta tanto
tiempo. Ella trabaja mucho y tiene un trabajo exigente.
—Sí, así es. Abby, lo siento mucho. Me he dado cuenta de
la hora. Debes estar agotada.
—Oh, no, chica, me encanta esto. Mi vida gira en torno a
la sangre y la enfermedad. Cualquier excusa para pasar el rato
con mi mejor amiga.
—Bueno, cuando por fin termines y abras tu propia
consulta, todo merecerá la pena —digo, sonriendo a mi mejor
amiga. Es extraordinaria. Trabajando hasta el cansancio para
terminar su residencia y hacer realidad todos sus sueños.

14
—Un año más. Es agotador. La mayoría de los días me
desmayo diez minutos después de llegar a casa. Pero vivo para
estas charlas. ¿Qué ropa te vas a poner el lunes para rematar
ese jersey?
—Un traje. Un aburrido traje pantalón azul marino —digo,
frunciendo el ceño.
—Estaba pensando en algo un poco menos formal, pero sé
tú, chica. Sé tú misma.
—¿Cómo qué? ¿Un vestidito negro? —pregunto, poniendo
los ojos en blanco.
—Estaba pensando en unos vaqueros y una camiseta. Pero
si quieres ir a lo loco, ¿quién soy yo para detenerte?
—Nunca me he puesto unos vaqueros para ir a trabajar en
toda mi vida —digo, pero la idea me está gustando bastante.
—No me imagino a un carpintero siendo formal.
Seguramente llevaba vaqueros, ¿no?
—Eso es un estereotipo —digo, sonriendo al pensar en los
vaqueros oscuros y la camiseta negra de Nic que acentuaban
cada músculo marcado. No puedo evitar pensar en sus
enormes bíceps y en el tacto de su mano grande y callosa
cuando sostenía la mía.
—Oh, oh —dice Abby. Me giro para mirarla en la pantalla
mientras mueve las pestañas en un aleteo exagerado. —Estás
enganchada.
—No. Lo. Estoy!
—Sabes que te conozco de toda la vida, ¿verdad? —
pregunta Abby. —No puedes mentirme.
—De acuerdo, está bien. Admito que era muy fácil de ver.
—Bueno, nadie dice que no puedas mezclar un poco de
placer con tus negocios —dice Abby, moviendo las cejas.

15
—Basta —digo, riendo descontroladamente. —Además, tú
no deberías hablar. Todo lo que haces es trabajar.
—Eso terminará en algún momento. Un año más, cariño.
—Bueno, Abs, creo que tenemos que irnos las dos a la
cama. Te quiero.
—Yo también te quiero, nena. Hablamos la semana que
viene.
Pongo mi portátil en el escritorio y luego me meto en la
cama, dejando que el sueño se apodere de mí.

16
Capítulo 3

Nic

Estaciono el coche, quejándome al salir. Me duelen todos


los músculos del cuerpo. Durante el fin de semana liberé a
Sarah de las niñas y ahora entiendo mejor lo que tiene que
pasar mi hermana. La crianza de los hijos es dura. Esos
pequeños seres humanos necesitan una estimulación
constante. Me maldigo por haberle dicho a Candy que
estuviera en la tienda a las siete de la mañana, deseando tener
esa hora extra de sueño.
Te lo mereces por ser un imbécil.
Cuando levanto la vista, veo a Candy sentada en el banco
de madera, con una caja de Beau y dos tazas de café de It's
Beginning to Look a Latte like Christmas, la cafetería local del
pueblo.
—Llegas temprano —digo, pasando a su lado y abriendo la
puerta principal.
—Más vale pronto que tarde, dice siempre mi padre —dice
ella con una dulce sonrisa. Hoy llama la atención, más que
cuando nos conocimos. Tal vez sea el cambio de atuendo lo que
me hace notar su presencia y no esa cosa llamativa que llevaba
puesta. Es caliente. Hermosa, en realidad. Caliente no es la
palabra correcta para ella. Lleva unos vaqueros en sus largas

17
y curvilíneas piernas y unas botas, de esas feas que parecen
zapatillas. Normalmente me burlaría de ellas, pero en esta
chica, simplemente me siento celoso porque están tocando su
piel bronceada y yo no.
—¿De dónde es el bronceado? —pregunto, empujando la
puerta y dejándola pasar a mi lado para entrar en la tienda y
salir del frío.
—De Florida. Estuve allí visitando a mis padres.
—Ah, una chica del Estado del Sol. —Sonrío, tomando la
caja y el café de ella y colocándolos en una mesa cercana.
—Gracias. —Se frota las manos y las sopla.
—Estás lejos del sol, cariño. Deberías invertir en unos
buenos guantes.
—Tenía un par. Los perdí en algún lugar esta mañana.
Pensé que los había dejado en esa bonita panadería, pero
cuando llamé me dijeron que no estaban allí —dice,
acercándose a la mesa. —Ese lugar es fantástico. No pensé que
tuvieran algo así. Me recordó a las panaderías de Nueva York.
—¿Qué has comprado? —Señalo la caja.
—Sólo un surtido. —Abre la caja y me la tiende. —Por
favor, sírvete.
Saco una magdalena de chocolate y le doy un mordisco.
—Si hubiera sabido que te gustaban tanto los productos
de pastelería, habría traído algunos el viernes —dice,
mirándome fijamente. —Tal vez hubieras sido más amable.
—Soy muy amable, para que lo sepas —comento, —Si esa
segunda taza de café es para mí, estaré absolutamente alegre.
Me entrega una taza antes de meterse la mano en el
bolsillo y presentarme paquetes de azúcar, crema y leche. —

18
También he traído esto porque no estaba segura de cómo te
gustaba el café.
Acepto la taza, retiro el precinto y bebo un sorbo. —Negro,
siempre negro. No hay necesidad de arruinar un buen café con
esa basura extra.
—Qué asco —dice ella, arrugando la nariz.
—El café negro no tiene nada de asqueroso. Es como se
debe disfrutar. No entiendo todos esos sabores y la crema
batida.
—La nata montada en el café es deliciosa —dice ella,
tomando un sorbo del suyo.
—Déjame adivinar... Tienes uno de esos brebajes de
capuchino —bromeo.
—¿Y qué si lo tengo? —pregunta mientras empieza a jugar
con la taza de café. Observo cómo sus delicados dedos se
deslizan en movimientos circulares.
—Digamos que no me sorprende —digo, observando cómo
se queda con la boca abierta. —Tal vez quieras cerrarla. No
quisiera que entren moscas —digo, sonriéndole. Ella cierra la
boca bruscamente y empieza a morderse el labio inferior. —
¿Cómo te las has arreglado para conseguir esto y estar aquí a
tiempo?
—Me gustan las mañanas. Suelo levantarme antes que el
sol. Hay algo relajante en la tranquilidad justo antes de que
empiece todo el ajetreo de la vida.
—Completamente opuestos —murmuro.
—¿Perdón?
—He dicho que somos completamente opuestos. Yo soy un
búho nocturno. Es cuando más trabajo hago.

19
—Hablando de trabajo, ¿qué tal una visita guiada? —
pregunta.
—Claro, vamos a la parte de atrás. —Me doy la vuelta y
empiezo a caminar, escuchando el arrastre de sus pies
mientras ella se apresura a seguirme.
Entramos en mi taller. Toda la habitación está
desordenada, como a mí me gusta, pero en este momento
siento que alguien que mire desde fuera pensará que soy un
desastre. No entenderían el método de mi locura ni cómo el
caos ayuda en mi proceso creativo. El espacio está lleno de
diferentes estados del proceso.
—Esto es interesante —dice, su dedo se desliza sobre el
escritorio de repuesto cubierto de polvo. —¿Alguna vez limpias
este lugar?
—La limpieza no es realmente mi fuerte. Me gusta trabajar
así. Es como lo hacía mi padre. Escucha, si el espacio te
molesta tanto, tu bonito culo puede volver a Florida o a Nueva
York.
—Oh, no, puedo soportar casi todo —dice, quitándose la
parka gigante y dejando al descubierto su figura con una
camiseta ajustada. Mis ojos no pueden evitar fijarse en cómo
el algodón abraza sus senos.
—¿Qué estás mirando? —pregunta, con los brazos
cruzados sobre el pecho, acentuando sus generosos senos.
—Sólo extraño ver ese feo suéter, eso es todo —digo,
tomando un trago del café caliente para aliviar mi garganta
reseca y luego escupiendo el líquido hirviente inmediatamente.
—¡Oh, Dios mío! —jadea, sacando un pequeño paquete de
pañuelos del bolsillo de su abrigo y corriendo hacia mí. —
¿Estás bien?

20
—¿Es eso como el bolsillo interminable? —pregunto,
tomando el pañuelo de ella y limpiando mi camisa y luego el
escritorio frente a mí.
—Un agradecimiento habría sido suficiente —dice,
alejándose de mí. Al instante me siento como un imbécil.
—Lo siento, ha sido muy grosero por mi parte.
—Sí, lo ha sido. Escucha, lo entiendo. No me quieres aquí.
Para ti, soy una intrusa, pero si me das una oportunidad, verás
que soy buena en lo que hago. No estoy aquí para hacerte la
vida más difícil. Estoy aquí para ayudar.
—Lo siento. No estoy tratando de ser un imbécil. Me
gustan las cosas como me gustan. Supongo que se puede decir
que estoy chapado a la antigua. Hago juguetes artesanales. Es
un trabajo de amor. No soy un productor en masa, ni quiero
serlo. Los juguetes son especiales, cada uno es único. Algo que
puede pasar de persona a persona. No son un pedazo de
chatarra.
—Oye, eso me ofende. Mi muñeca Cabbage Patch Kid es
muy importante para mí, y todavía la tengo —dice, haciendo
un mohín y haciéndome sonreír.
—Lo siento. Seguro que tu muñeca es muy amada.
—Mucho. Dolly es extraordinaria.
—¿Dolly?
—Tenía cuatro años. La originalidad no era mi fuerte en
ese momento —dice encogiéndose de hombros. —Sólo tienes
que estar abierto a mis ideas. No estoy tratando de cambiar lo
que haces aquí. Es bastante especial. Sólo quiero que puedas
llegar a un público más amplio. ¿No crees que todo el mundo
debería tener un juguete de Rudolf?

21
Se acerca a los juguetes que están pintados y secos y que
esperan ser catalogados y colocados en una estantería.
Levanta un San Bernardo. —Quiero decir, mira esto. No es sólo
un juguete. Es arte. Todos los niños deberían tener uno, y
deberían pasárselo a su hijo y a los hijos de éste. Déjame
ayudar a que más familias posean tu arte. —Suavemente
coloca el perro de nuevo en la estantería y se gira para mirarme
fijamente, y en ese momento, mirando la calidez de sus ojos
marrones chocolate, habría accedido a cualquier cosa que me
pidiera.
—De acuerdo —susurro.
—¿De verdad? —pregunta.
—Sí, de verdad. No hagas que me arrepienta.

22
Capítulo 4

Candy

—No puedo creer que hayas convencido a mi hermano


para que te deje hacer todo esto —dice Sarah, la hermana de
Nic, mirando por encima de mi hombro a mi portátil.
—No puedo creer que la tienda no tuviera un sitio web
hasta ahora —digo mientras me desplazo por la página,
permitiéndole ver todo lo que he preparado.
—Esto es tan fácil de usar. Tienes mucho talento. Ahora
dime, ¿qué tuviste que prometerle para que considerara esto?
Nico es muy antitecnológico. ¿Has visto su teléfono? Sigue
siendo uno de esos viejos plegables —dice Sarah, sonriéndome.
Su sonrisa es cálida y parece genuinamente amable. He
descubierto que me gusta mucho tenerla cerca. Nunca hace
mucho, pero se deja caer regularmente con sus adorables hijas
y le hace pasar un mal rato a su hermano.
—Prometí tomar una clase de carpintería. —Trago saliva,
el temor de esa inminente lección aún se cierne sobre mi
cabeza.
—Pobre de ti.
—No puede ser tan malo.
—No, seguro que no lo es. A Nico y a mi padre les encanta.
También a mi abuelo —dice Sarah, señalando la tienda. —Si

23
no lo hicieran, nada de esto estaría aquí. Sólo que nunca pensé
que pasar la noche del viernes cortando y serruchando cosas
fuera la mejor manera de pasarla bien.
—¿Nic solía pasar las noches de los viernes aprendiendo a
hacer juguetes? —pregunto.
—Claro que sí. Los sábados por la noche también. Cuando
la mayoría de los chicos de su edad estaban fuera persiguiendo
faldas y metiéndose en líos, Nic estaba prestando una atención
desaforada a nuestro padre. —Levanta un hermoso caballo,
sus ojos se fijaron en la artesanía de la pieza. —Probablemente
es por eso que es mejor en la fabricación de estos que
cualquiera de los hombres de los que aprendió. Mi padre y mi
abuelo nunca salieron en las portadas de las revistas más
vendidas ni de los periódicos nacionales. Nic le dedica mucho
tiempo a esto. Es probablemente el amor de su vida. Sin duda
le ha impedido encontrar a alguna mujer. —Su último
comentario me impacta. Me alegra saber que Nic no tiene una
vida de pareja activa. No sé por qué me alegra tanto, pero lo
hace.
—Es difícil de creer que Nic no esté rodeado de mujeres
todo el tiempo —digo, expresando en voz alta lo que he estado
pensando, deseando al instante poder retractarme. Cuando
miro a Sarah, me doy cuenta de la lenta sonrisa que empieza
a formarse en sus labios.
—Es atractivo, ¿verdad? —pregunta mientras choca su
codo con el mío.
Sonrío y asiento con la cabeza, sin querer admitir nada
más. Como que su hermano no es doloroso a la vista. Las
últimas semanas con Nic me han demostrado que es un
hombre extraordinario, que se preocupa de verdad y que, una

24
vez que se derrite la escarcha, es fácil estar con él. —No es un
ogro —digo mientras guardo mi portátil, lista para irme por la
noche.
—Ogro no es como yo describiría a Nic. Si no fuera por él,
sería un completo desastre. Es un tío muy práctico. Con mi
marido viajando constantemente por su trabajo, estaría
perdida sin él.
—¿Realmente ayuda tanto?
—Oh, sí. No sé cómo lo habría conseguido sin su ayuda.
Mi marido viaja mucho, y Nic se encarga de todo cuando
puede. Nuestra madre murió cuando yo tenía doce años. Nic
tenía dieciséis.
—Oh, Sarah, eso debe haber sido muy duro para ti. No
puedo imaginarme ser tan joven y perder a mi madre.
—No voy a mentir. No fue fácil, pero tenía a Nico. No era
sólo un hermano. Era una madre y un padre también. Se
aseguraba de que tuviera ropa, comida para comer, y
normalmente era él quien me ayudaba con los deberes.
—¿Y tu padre? —pregunto, sin saber por qué Nic tenía que
ser el cuidador cuando aún les quedaba un padre.
—Mi padre se apagó por completo. Se volvió melancólico.
Nos quería, lo sé, pero era como si mi padre hubiera perdido la
esperanza sin mi madre. Verás, mis padres realmente se
amaban. Me refiero al tipo de amor sobre el que se escriben los
libros, material de las estrellas. Ese tipo de amor no se
encuentra fácilmente. Perder a mi madre significó que mi
padre perdió su corazón. Lo único que quería era sentarse en
ese viejo taller y tallar. Pasaba horas, a veces días, tallando
una imagen tras otra del rostro de mi madre. Ahí es cuando
Nic realmente aprendió a tallar. Entraba allí para asegurarse

25
de que mi padre estaba bien y se sentaba a tallar con él en
silencio para que el viejo supiera que seguía allí.
Me siento a escuchar a Sarah mientras habla de su
hermano y de todo lo que ha sufrido desde muy joven, y mi
corazón sufre por él. Nico Rudolf no es nada de lo que yo creía
que era. Es mucho más que eso.
—Mi hermano es un buen tipo —dice Sarah como si me
leyera la mente. —Es la mejor persona que conozco.
Cualquiera que finalmente capture su corazón va a tener
suerte. —Me sonríe, con una dulce sonrisa plasmada en su
suave rostro.
—¿De qué están hablando ustedes dos cabezas locas? —
pregunta Nic mientras camina fuera de la sala de atrás hacia
la recepción.
—Le estaba diciendo a Candy lo horrible que eres —dice
Sarah, guiñándole un ojo a su hermano.
—Sarah, será mejor que no estés contando cuentos —
advierte Nic.
—¿Quién, yo? —se burla ella antes de que una sonrisa
traviesa se forme en sus labios. —Bueno, tengo que correr.
Tengo que recoger a mis dos demonios de la escuela. No te
olvides del desfile de Navidad de las chicas el próximo viernes
—dice mientras se desliza de la silla y se levanta antes de
dirigirse a mí. —Tú también deberías venir. Nic te recogerá.
—No quiero molestar —digo, evitando los ojos de Nic.
—Estará allí —dice él, besando a su hermana en la mejilla
antes de girarse hacia mí. —¿Sigue en pie lo de mañana?
—¿Para la clase de carpintería? Sí, me hace ilusión —digo
antes de cerrar la cremallera de mi bolso. Cuando voy a por mi
abrigo, me doy cuenta de que Nic lo tiene en la mano. Se acerca

26
a mí, acortando la distancia entre nosotros. No puedo evitar
pensar en lo alto que es y en lo bien que huele, a pino y a nieve.
Resulta embriagador. Me abre el abrigo y me lo pone antes de
levantar el bolso y colocarlo suavemente en mi hombro.
—En lugar de mañana, ¿te gustaría venir ahora? —me
pregunta, con su voz apenas susurrando entre nosotros.
Me sorprende su pregunta, no sé si debo decir que sí o que
no, pero a medida que los segundos de silencio pasan entre
nosotros, sé que sólo hay una respuesta correcta. Sólo hay una
cosa que realmente quiero. Estar cerca de él. No estoy segura
de qué es lo que pasa con Nic, pero estas semanas con él han
sido felices para mí. Puede que no hayan empezado así, pero
en eso se han convertido en poco tiempo.
—Suena bien —balbuceo, su cercanía me pone nerviosa
más allá de lo razonable.
—Yo conduzco —dice antes de ponerse su propia
chaqueta. Apoya su mano abierta en mi nuca. Incluso a través
del grosor de mi abrigo, puedo sentir el calor que irradia su
piel. Una vez fuera de la entrada de la tienda, saca las llaves
del bolsillo de su abrigo y cierra bien la tienda. Nos dirigimos
a su coche, estacionado justo al lado de la tienda, y me abre el
lado del pasajero y espera a que me abroche el cinturón.
Cuando lo miro, sonríe y cierra la puerta antes de ir al lado del
conductor.

***
Su casa es impresionante. Me siento como si estuviera
viendo un cuadro.

27
—¿Aquí es donde vives? —pregunto, mientras mis ojos
recorren el hermoso paisaje. Un largo y sinuoso camino de
entrada conduce a una gran casa de dos pisos con un gran
porche. La casa se oculta tras los gigantescos árboles de hoja
perenne que la rodean.
—Sí. Sé que es demasiado. Era de mis padres, y cuando
ambos murieron, me hice cargo. Se la ofrecí a Sarah, pero ella
quería una nueva construcción más cerca del pueblo, ya que
está sola con las niñas muy a menudo.
—¿Por qué su marido está tanto tiempo fuera? —Lo siento
por Sarah. Prácticamente es una madre soltera que cría a dos
niñas con otro en camino.
—Él está en el ejército. De alto rango. Básicamente está
viviendo en DC. No es un mal tipo. Sarah podría mudarse a la
ciudad, pero quiere que las niñas crezcan con la sensación de
seguridad de una comunidad. Mistletoe tiene una especie de
magia que no puedes encontrar en ningún otro lugar. ¿Quién
no quiere vivir la Navidad, trescientos sesenta y cinco días al
año?
—Tengo que admitir que el pueblo es bastante mágico —
digo, mirándolo.
—Todavía no has visto ni la mitad —dice mientras se
detiene frente a la casa. Salta del coche y se apresura a abrirme
la puerta.
—Qué caballero —bromeo. —Entonces, ¿dónde está el
taller? —pregunto, mientras mis ojos recorren el vasto espacio
que rodea la casa. —¿O trabajas dentro de la casa? Sarah me
ha hecho creer que hay un taller.
—Está detrás de la casa —dice.

28
Tomo mi bolso y comienzo a caminar con fuerza hacia mi
destino, cuando dos fuertes brazos me tiran hacia atrás,
manteniéndome inmóvil.
—Relájate. Tenemos mucho tiempo. Pensé que primero
podría darte de comer —dice Nic, con sus fuertes brazos que
aún me sujetan a su sólido cuerpo.
Me giro lentamente entre sus brazos y mi cara se
encuentra con su pecho. Estoy demasiado asustada para
levantar la vista y ver sus ojos. Siento que mi cuerpo arde, una
sensación extraña que nunca había experimentado. No soy el
tipo de chica que vive en las nubes. Mis pies están firmemente
asentados en tierra firme. No sueño ni tengo fantasías tontas.
Pero en este momento, en los brazos de Nic, rodeada por el
suave manto de nieve en el suelo y la magia de todo lo que hay
en Mistletoe, Montana, estoy encantada. Lentamente, levanto
la cabeza y lo veo mirándome. Es tan alto y, en ese momento,
me siento tan pequeña, lo que encaja con lo vulnerable que me
siento. Me humedezco los labios, dándome cuenta de que de
repente tengo sed. Me siento como si me estuviera quemando
en el desierto, y sólo él puede salvarme. Sin decir nada, inclina
la cabeza hasta que sus labios apenas tocan los míos.
—Voy a besarte ahora —susurra antes de que sus labios
rocen los míos. Sus labios se sienten como una suave lluvia en
un día de verano, suaves y cálidos al principio, permitiéndome
acostumbrarme a él hasta que encontramos nuestro ritmo. El
calor aumenta dentro de mí, consumiendo mi cuerpo mientras
sus manos recorren mi espalda, acercando nuestros cuerpos.
Nuestras lenguas se entrecruzan, calientes, eléctricas y
completamente explosivas. Justo cuando creo que me voy a

29
volver loca por la pasión, se separa y sus ojos se clavan en los
míos.

30
Capítulo 5

Nic

Dios, es increíble. Quiero quedarme allí besando sus labios


por toda la eternidad. Mi padre siempre decía que la única es
la que te hace perder la cabeza y la que te pone en calma al
mismo tiempo. Quiero grabarla en mi memoria, su hermoso
rostro grabado allí para siempre. No quiero asustarla con mis
pensamientos, mis necesidades y mi deseo incontrolable. Sé
hasta la médula de mis huesos que ella está destinada a ser
mía.
—Eso estuvo muy bien —susurra ella. —¿Por qué has
parado?
—Tenemos mucho tiempo para todo eso —digo,
perdiéndome en la belleza de sus ojos. Dios, es linda, tan
condenadamente bonita, como una obra de arte. —Además, si
no parara ahora mismo, podría tenerte desnuda en el suelo
cubierto de nieve, y creo que la congelación no sería un
recuerdo agradable de nuestra primera vez para ninguno de
los dos.
—Oh —dice, su delicada mano se dirige a su boca, sus
dedos rozan sus labios donde los míos han estado hace un
momento.
—¿Tienes hambre? —pregunto, ofreciéndole mi mano.

31
—Podría comer —dice, con una sonrisa bailando en sus
labios. —Sólo hay un problema. No sé cocinar.
—No creerás que te invitaría a comer y luego te haría
trabajar como una esclava delante de los fogones, ¿verdad?
¿Por qué clase de neandertal me tomas? Soy bastante bueno
preparando una comida.
—Sarah me lo dijo —dice mientras subimos las escaleras
hacia la puerta principal.
—¿Lo hizo? ¿Qué te dijo exactamente la peste de mi
hermana? —gimo internamente al pensar en las historias que
Sarah le habrá contado. Mi hermana es conocida por sus
labios sueltos. Encaja muy bien en el cliché del pueblo
pequeño. —Sabes, no puedes creer ni una fracción de lo que te
diga.
—¿Así que no debería creer que eres un buen tipo y un
increíble hermano mayor?
—Oh no, eso deberías creerlo. Si Sarah te contó esos
cuentos, entonces créelo —digo, riendo mientras le sostengo la
puerta y ella entra, rozando mi pecho y haciendo que toda la
sangre abandone mi cabeza y viaje hacia el sur hasta mi
palpitante polla.
—¿Quién iba a saber que eras tan caballero? —se burla,
con sus bonitos labios dibujando una sonrisa pícara.
—Todavía no has visto nada —digo, cerrando la puerta tras
nosotros.
—Tu casa es preciosa —dice, mientras sus ojos recorren la
sala principal.
—No es nada elegante, pero es un hogar.

32
—Puede que no sea algo que vayas a encontrar en
Manhattan, pero es increíblemente encantador. Te has criado
aquí, ¿verdad?
—Sí, de hecho, nací en el baño —digo, frotándome la nuca
mientras la observo. Hay algo natural en tenerla aquí, como si
perteneciera al lugar de alguna manera.
—¡No puede ser! ¿Naciste en tu casa? Tu familia es una
especie de Little House on the Prairie de la vida real.
—No te dejes llevar. Teníamos agua corriente y
electricidad. —Me acerco a ella y le toco los hombros antes de
inclinarme y susurrarle al oído: —¿Puedo tomar tu abrigo? Me
gustaría que te quedaras un rato.
—Lo siento —dice, quitándose el abrigo de su curvilíneo
cuerpo. Me deleito con sus curvas y me doy cuenta de que se
me hace agua la boca y mi mente se llena de pensamientos
sucios. Estoy seguro de que ella puede ver el hambre que
acecha en mi mirada. Seguro que pensará que soy un maldito
animal.
—¿Alguna petición? —pregunto, caminando por el pasillo
hacia la cocina. Me giro y la veo dudar en seguirme; parece tan
condenadamente bonita, insegura mientras sus pies se
deslizan suavemente por el suelo de madera.
—¿Sobre qué? —pregunta, mordiéndose los labios
mientras sus ojos recorren la habitación con avidez.
Me doy la vuelta y vuelvo hacia ella; a medida que me
acerco, ella retrocede hasta que su espalda se apoya en la
pared y la tengo enjaulada. Me inclino e inhalo su dulce aroma:
pan de jengibre y azúcar en polvo. No estaba seguro de si era
su perfume o mi imaginación.

33
—¿Qué te gustaría cenar? —pregunto burlonamente y
luego me alejo y observo como el rubor se apodera de su carne
cremosa. Mis dedos se deslizan por la piel desnuda de su
clavícula. —Eres muy linda cuando te sonrojas.
—Soy fácil. Cualquier cosa está bien. Me gusta la mayoría
de la comida. —Mira hacia abajo y hace un gesto hacia su
cuerpo. —Quiero decir, obviamente. Estoy lejos de ser delgada.
—Eres hermosa y perfecta. No quiero que vuelvas a decir
nada que contradiga eso —digo, tomando su mano y
avanzando por el pasillo. —Puedes sentarte aquí mismo —le
digo, señalando el taburete que hay al final de la isla.
—La cocina debe haber sido remodelada —dice ella,
acomodándose en el asiento de respaldo bajo.
—Así es. Probablemente es la única parte de la casa que
es nueva. Intenté modernizar lo que pude. Por los recuerdos y
todo eso. —Abro la nevera y miro dentro, maldiciendo
internamente por el hecho de que no he comprado comida en
toda la semana. —Parece que tengo que dejarlo para otro día.
—Oh, está bien. No necesito comer.
—No seas tonta. Voy a ofrecerte una bebida, dejar que te
pongas cómoda mientras voy corriendo a Blitzen's y consigo la
mejor maldita hamburguesa que hayas comido en toda tu vida.
—No, por favor, no te tomes la molestia.
—Tengo una hermosa chica en mi casa. No voy a estropear
esto más de lo que ya lo he hecho. ¿Bebes cerveza o vino?
—Cerveza, por favor —dice antes de que le entregue una
fría y sonría.
—Siéntete libre de vagar por donde quieras. Volveré en un
momento.

34
—¿Seguro que quieres salir con este tiempo? Parece que
está lloviendo mucho —dice mientras mira por la ventana de
la cocina. —No pensé que la nieve cayera tan rápido.
—No pasa nada. He conducido en situaciones peores.

35
Capítulo 6

Candy

—Esas hamburguesas estaban increíbles —digo, mirando


mi plato impecable.
—Nadie hace una hamburguesa como Blitzen's —dice,
recostándose en su silla y palmeando su sólida barriga. No
estoy segura de cómo es posible que un ser humano no tenga
absolutamente nada de grasa.
—Déjame limpiar los platos —digo mientras me levanto y
empiezo a levantar la mesa.
Nic se levanta de un salto y me sobresalta. Pierdo el agarre
del plato blanco de la cena, que salta de mi mano y se estrella
contra el suelo de madera, rompiéndose en tres sólidos trozos.
—Dios mío, lo siento mucho —digo mientras me agacho a
juntar el desorden.
—No seas tonta. Es sólo un plato barato. —Me acompaña
al suelo para ayudarme.
—Ay —digo mientras miro el pequeño hilillo de sangre que
cae de mi dedo índice.
—Ven, siéntate —dice, levantándome del suelo y
sentándome de nuevo en la misma silla en la que había estado
sentada hace un momento.

36
Corre a la cocina y desaparece un momento antes de volver
con un botiquín de primeros auxilios. Allí me siento, mirando
la parte superior de su cabeza mientras él examina el pequeño
pinchazo en mi dedo. En cuanto a heridas, no es
absolutamente nada.
—Un poco de papel sería suficiente. Es sólo un pequeño
corte —protesto.
—Aún así me sentiría mejor si lo miro y me aseguro de que
tenga algún antibiótico.
—¿No crees que estás siendo un poco dramático?
Inclina la cabeza hacia atrás, sus ojos ardiendo en los
míos. Sus dedos sujetan suavemente mi mano. —Me preocupo
seriamente cuando la gente que me importa está herida —dice,
con la voz baja y seria.
¿Preocuparse? Estoy segura de que se trata de un lapsus,
algo que la gente dice casualmente pero que no quiere decir
realmente. Sin embargo, en el poco tiempo que llevo con Nico
Rudolf, sé que nunca dice nada que no quiera decir y que rara
vez utiliza las palabras a la ligera. Me quedo sentada en
silencio mientras me venda el dedo.
—¿Dónde aprendiste a ser semejante médico?
—Sarah —dice mientras coloca una tirita en mi dedo y
luego baja sus labios y lo besa. —Ya está. Todo mejor.
—Gracias por besar y mejorar mi herida —digo con una
risita.
Se frota la nuca y frunce el ceño. —Sí, lo siento. Es una
costumbre de las chicas. Creo que Sarah les inculcó una
especie de ritual de besos raro.
—Déjame limpiar el desorden —digo, levantándome de la
silla. —¿Dónde está tu escoba?

37
Se levanta y se dirige al armario de la esquina de la cocina
y saca una escoba y una pala. Cuando se agacha y levanta los
grandes trozos, no puedo evitar mirar su perfecto y firme culo.
Definitivamente, el hombre está increíblemente tonificado por
todas partes. Estoy tan embelesada mirándolo que no me doy
cuenta de que me está llamando la atención hasta que oigo su
voz.
—Lo que sea que estés pensando, debe ser bueno —dice
con una sonrisa cómplice agraciando su perfecto rostro.
—¿Eh, perdón? ¿Qué quieres decir? —tartamudeo,
sintiéndome como un niño con la mano en el tarro de las
galletas.
—Estás muy roja —dice, apoyándose en el mostrador, con
sus ojos observándome como un halcón. —¿En qué clase de
travesuras estaba pensando, señorita Kain?
—Ummm, nada. Entonces, ¿deberíamos ir a tu taller,
ahora? —pregunto, levantándome y queriendo escapar de la
situación actual en la que me encuentro.
—¿Crees que puedes manejar toda la maquinaria pesada,
con tu lesión y todo? —pregunta, señalando mi dedo.
—Es sólo un pequeño corte, tú... —dejo de hablar cuando
le oigo rugir de risa. —Oh, estabas bromeando —susurro.
Empieza a acercarse a mí, sus movimientos son lentos,
como si fuera un animal salvaje acechando a su presa. Sus
ojos están cubiertos de algo diferente, tal vez de sed o de
necesidad. No estoy segura de lo que es, pero sea lo que sea,
está dirigido a mí.
—Me encantaría mostrarte mis herramientas, Candy,
todas ellas.

38
El doble sentido de sus palabras no se me escapa mientras
mi temperatura corporal aumenta. Ya no puedo mirarlo. Mi
mirada se dirige a todas partes menos a su cara. Me agarra de
la barbilla y me levanta la cara para que me vea obligada a
mirarlo fijamente a sus intensos ojos.
—No hagas eso —dice.
—¿Hacer qué? No estoy haciendo nada.
—No apartes la mirada de mí. No me gusta. Quiero que tus
ojos estén siempre sobre mí ya que, cuando estás en una
habitación, parece que no puedo mirar otra cosa que no seas
tú.
—Oh —apenas susurro.
—No sé qué pasa contigo, Candy, pero has conseguido
cautivarme. Pero una promesa es una promesa.
Me toma de la mano y comienza a guiarme hacia la puerta
trasera.
—¿No necesitamos nuestros abrigos?
—No.
Cuando abrimos la puerta, entramos en un largo pasillo
con cristales a ambos lados y en el techo. Miro hacia arriba y
veo que las estrellas brillan con fuerza. Es impresionante.
Nunca se puede ver el cielo con ese aspecto por la noche en la
ciudad.
—¿El cielo siempre se ve tan bonito aquí?
—Uno de los elementos mágicos de vivir un poco lejos de
la ciudad. —Me tira del brazo y lo sigo por el pasillo hasta la
puerta del fondo. Nic abre la puerta y entro en una habitación
oscura que se ilumina inmediatamente con un interruptor de
luz. La habitación es enorme, con todo lo que se puede

39
encontrar en un taller de carpintería. Pero lo que me sorprende
es que está impecable.
—¿Te sorprende que esté limpio? —pregunta como si me
leyera la mente.
—Lo siento... supuse que sería un desastre como la
trastienda de la tienda.
—A mi padre le gustaba el espacio limpio. Le gustaba la
estructura y un entorno organizado. Mantener este lugar así
me hace sentir que todavía está conmigo —dice Nic mientras
agarra un cuchillo que está sobre la mesa. —Esto era suyo. Le
encantaba tallar madera. Decía que la madera era como una
manta para él. Lo hacía sentir completamente cálido y en paz.
Supongo que eso es algo que heredé de él.
—No eres en absoluto lo que esperaba —digo, sin poder
apartar los ojos de su cara.
—Tú tampoco —dice él, sonriéndome mientras se acerca.
—Entonces, ¿por dónde empezamos? —le pregunto.
—¿Qué te gustaría aprender?
—Todo.
—Eso puede llevar años, y hay muchas más cosas que
preferiría hacer contigo que esto —dice, acomodando un
mechón de mi pelo detrás de la oreja, haciéndome respirar
bruscamente.
—Sé que esto es rápido y quizás un poco loco, pero mi
padre dijo que lo sabría. Dijo que sería como un relámpago que
se clavaría en lo más profundo de mi ser. Nunca lo he sentido
hasta ti, Candy.
Dejo que sus palabras me inunden. No sé qué decir, pero
sé que me siento como si el mundo se detuviera y que nada le
importa a Nic, excepto yo.

40
—No soy ese tipo de chica —balbuceo.
—¿Qué chica, cariño?
—La chica a la que un tipo como tú llama cariño.
—¿Un tipo como yo? ¿Qué tipo de chico es ese? —
pregunta, con su cuerpo ahora más cerca del mío, nublando
mi mente.
—Toda mi vida, nunca he sido la chica. He sido la chica
que se quedaba junto a la pared y miraba cómo bailaban los
demás. Soy demasiado sencilla, demasiado regordeta,
demasiado todo... pero nunca la chica.
—Eres demasiado todo. Definitivamente tienes razón en
eso —dice, sus dedos deslizándose por mis labios. —Eres
demasiado hermosa, demasiado inteligente, demasiado
divertida, demasiado amable, y definitivamente has
conseguido apoderarte demasiado de mi corazón. —Me
acorrala contra la pared y deposita un suave beso en mis
labios. Su lengua explora mis labios mientras mis manos
recorren su torso. —Pasa la noche conmigo —exhala contra
mis labios.

41
Capítulo 7

Candy

—¿Ahora? —Doy un paso atrás, asegurándome de que lo


he oído bien. —¿Ahora mismo?
—Ahora mismo. —Sus ojos, diabólicamente hermosos, me
recorren la cara. Cuando me mira fijamente, me siento
poderosa, como si pudiera enfrentarme a cualquier persona y
a cualquier cosa, y todo estaría bien. Quiero sentir esos ojos
sobre mí para siempre. Siento su mirada directamente en mi
interior, su mirada hace que mi cuerpo esté ávido de
necesidad. Mis muslos se mueven mientras mi ropa interior se
humedece, y todo eso es por una mirada. No puedo imaginar
lo que este hombre me hará cuando esté desnuda.
—Estás loco. —Sacudo la cabeza, desesperada por
despejarla de la niebla creada por la cercanía de Nic.
—Loco por ti, Candy. Estoy desesperado y loco por ti —
replica.
Una de sus manos se hunde en mi pelo, con las yemas de
los dedos presionando mi nuca y enviando una violenta
cascada de lujuria por mis venas. Este hombre apenas ha
tenido que tocarme, y yo soy suya.
Sonrío, con un rubor quemando mi pecho y mi cuello,
cuando el enorme brazo de Nic me estrecha contra su cuerpo.

42
La dura roca de su pecho estabiliza mi pequeña figura. Nunca
me he sentido pequeña junto a ningún hombre. Ni siquiera
sabía que fuera posible. En casa siempre he sido la chica
grande con mi grupo de amigos, y aunque los hombres eran
grandes, no eran como Nic.
—Todo esto va muy rápido —digo.
—Lo rápido a veces es muy bueno —dice antes de tomar
mis labios en un beso apasionado. Su lengua se adentra en mi
boca, encontrándose con la mía en una danza sensual. En ese
beso, puedo saborear su deseo mezclado con el mío. Este beso
es diferente a los anteriores. Sigue siendo sorprendentemente
suave y dulce, pero está lleno de pasión volátil. Es como si
estuviéramos ignorando todo lo que hay en el mundo y lo único
que importara fuéramos nosotros dos en este momento.
—¿Qué tal si dejamos las clases de carpintería para otro
día? —dice Nic antes de levantarme en brazos y subirme a su
hombro.
—¿Qué estás haciendo? —chillo. —¿De verdad crees que
deberías levantarme? —Mi mente empieza a correr con la idea
de que mi peso hará que sus rodillas se doblen y su espalda se
estropee.
—¿Por qué no debería levantarte? ¿De qué estás
hablando? —pregunta mientras camina por el pasillo de vuelta
a su casa.
—Umm, no soy una mujer pequeña —le digo, sin saber
muy bien cómo decirle que me preocupa que mi peso lo haga
tambalearse y caer.
—No, eres la mujer perfecta —dice.
Nic se apresura a meternos en la casa y subir las escaleras
tan rápido que lo único que puedo distinguir son borrones.

43
Cuando llegamos a una puerta al final del pasillo, me deja en
el suelo y me mira fijamente.
—Te quiero. Quiero esto. ¿Pero lo quieres tú? —pregunta
Nic mientras acuna mi cara entre sus manos. Lo único que
puedo hacer es asentir con la cabeza. Las palabras que rara
vez me abandonan no aparecen por ningún lado mientras lo
miro a los ojos. —Necesito las palabras, Candy. Necesito oírte
decir que tú también quieres esto.
—Sí, lo quiero. Te quiero a ti.
—Bien —gime antes de atraerme hacia él y abrir la puerta,
cerrándola tras nosotros. Una vez dentro, me presiona contra
la pared y me rompe la camiseta como un animal salvaje,
arrancándola de mi cuerpo.
—Oye, era mi camiseta favorita —digo en señal de
protesta.
Una de sus manos se desliza bajo la cintura de mis
vaqueros mientras sus labios rozan suavemente mi garganta.
—Me muero de ganas de probar todo mi caramelo1. —Escuchar
mi nombre de esa manera hace que me guste el estúpido
nombre. Me hubiera desmoronado a sus pies en ese momento
si no fuera porque sus anchos brazos me sostienen.
—Oh, Dios —gimo cuando su mano se introduce en mis
pantalones. Sus dedos rozan la parte superior de mi clítoris y
empieza a frotarme, haciendo que las estrellas estallen en mi
visión.
—Voy a chuparte hasta conseguir que tu centro esté
cremoso. Me muero de ganas de saborearte en mi lengua y de
que te corras en mi cara.

1 Juego de palabras con el nombre de la protagonista, Candy.

44
Me retuerzo bajo él antes de que su otra palma levante mi
pierna en torno a su cintura y coloque su gruesa polla en
ángulo, justo contra mi centro.
Me entra el pánico. Es muy grande. No hay manera de que
quepa.
Mete su mano en mi pelo, uniendo nuestros labios y
enredando nuestras lenguas. Me folla con la boca, con su polla
presionando contra la costura de mis vaqueros, golpeando mi
clítoris y haciendo que cada nervio palpite de necesidad.
—Puedo oler lo excitada que estás, nena. Hueles tan
jodidamente dulce. Estoy desesperado por probarte en mi
lengua. ¿Sabes tan dulce como hueles, preciosa? —Sus
palabras se filtran en un gruñido. Casi me corro en ese
momento.
—Estás empapada para mí. —Sus dedos callosos recorren
mi carne, trabajándome cada vez más cerca. Respiro
entrecortadamente mientras su lengua me roza la garganta,
aterriza en mis labios y me toma con toda su fuerza. Si esto es
lo que puede hacer con sus labios, no puedo esperar a sentir
su polla llenándome, satisfaciendo esta necesidad de darle
cada parte de mí.
Sus dedos se aceleran y se añade un dedo más al asalto
mientras mis muslos empiezan a temblar a su alrededor. Estoy
aterrorizada y a la vez excitada por las sensaciones que me
invaden por dentro.
—Córrete sobre mis dedos, dulce Candy. —Introduce su
pulgar en la entrada de mi coño, y pierdo todo el sentido de la
realidad. Mi visión se nubla, y cada nervio de mi cuerpo se
tensa y libera mientras mi excitación empapa su mano.

45
—Mira qué fuerte te he hecho correrte. —Inspira
tranquilamente, su mano húmeda abandonando el punto de
excitación entre mis muslos y liberando su polla de los
pantalones. Trago saliva ante su tamaño, su mano cubierta de
mi excitación, ahuecando la gruesa y venosa polla que parece
más dura que el acero. La suave cabeza me hace agua la boca,
las persistentes pulsaciones de mi orgasmo todavía atraviesan
mis músculos mientras él se acaricia de la raíz a la punta.
Lo rodeo con una mano, subiendo hasta la punta junto
con él. La polla recubierta de acero que tengo en mis manos
casi me hace correrme en otra furiosa descarga. Él es tan
fuerte, tan viril, como un dios por la forma en que sus anchos
hombros y sus marcados abdominales se perfilan débilmente
en el algodón de su fina camiseta.
—No puedo controlarme cuando tus manos están sobre mí
—gruñe, con la mano apretando su polla desde la raíz. —
Necesito estar dentro de ti. A la cama, ahora —ordena.
Me apresuro a ir a la gran cama que hay en el centro de la
habitación y me siento en el borde. Camina hacia mí, cayendo
sobre sus rodillas mientras sus manos agarran los lados de
mis pantalones y los bajan de un tirón, con bragas y todo.
—Estoy limpio. No he estado con nadie desde hace mucho
tiempo, tanto que no estoy seguro de recordarlo. La vida ha
estado demasiado ocupada, y ninguna mujer me ha cautivado
como tú. No quiero que haya nada entre nosotros. Quiero
sentirte completamente.
—Yo... soy virgen pero tomo la píldora. Me ayuda a
regularme. Así que estoy limpia.
—Eres virgen —gruñe, sus labios inclinándose en lo que
parece una sonrisa de satisfacción.

46
—¿Eso está bien? —pregunto, sintiéndome realmente
insegura y patéticamente inexperta.
—Sí, nena, está más que bien. Me encanta que ningún otro
hombre te haya visto así. Que seas mía y sólo mía. —Entonces
levanta mis piernas, exponiendo mi centro empapado, antes de
deslizar su polla contra mi húmedo clítoris. La coloca contra
mi centro y me penetra lentamente. —Tan apretada, tan
caliente, tan húmeda —gime.
—Eres tan grande. No estoy segura de que quepa —gimo,
con los dedos clavados en su pecho mientras él bombea sus
caderas, con los nervios a flor de piel. Desliza suavemente su
polla en mi interior, una mezcla de placer y una pizca de dolor
se apoderan de mí, pero quiero sentirlo, todo él.
—¿Estás bien, preciosa? —pregunta, con la mirada
clavada en mí.
—Sí —jadeo mientras desliza más de su circunferencia
dentro de mí, y pronto el dolor desaparece y el placer es lo
único que prevalece en su lugar. Mis brazos acercan su cuerpo
al mío mientras nos abrazamos en la oscuridad. Me estremezco
y mis dientes se hunden en la carne de su hombro mientras él
empuja su polla dentro y fuera de mí.
Inclinándose suavemente, me murmura al oído: —Este...
—dice entrecortadamente, —coño... —otro empujón, —es mío.
Un orgasmo me atraviesa, mi pecho se agita mientras cada
músculo se estremece con la liberación.
Sus caderas continúan el asalto, chocando contra mi
clítoris hasta que su ritmo se vuelve irregular y sus muslos se
tensan, y se libera dentro de mí.

47
Cae encima de mí antes de darse la vuelta y cubrir su
cuerpo desnudo con el mío, aplastándome contra todos sus
duros bordes mientras nuestras respiraciones se normalizan.
—Eso ha sido increíble —exhalo finalmente.

48
Capítulo 8

Nic

—Eres increíble —respiro contra su pelo antes de besarla.


Teniendo a Candy en mis brazos, siento una sensación de paz
que nunca antes había conocido. Fue perfecto, ella es perfecta,
y nunca quiero dejarla ir. —¿Cómo te sientes? ¿Te duele?
—Estoy genial —susurra, besando mi pecho mientras se
acurruca en mis brazos. —Nunca he estado mejor.
—Bien, porque quiero embotellar esta sensación y
absorberla para siempre.
—Nunca pensé que fueras el tipo de persona que diría esas
frases cursis —comenta con una risita.
Me doy la vuelta, volteándonos para que yo esté ahora
encima de ella.
—Hablo en serio cada palabra que digo, y nunca digo nada
que no sea en serio —digo, mirándola fijamente a los ojos para
que no tenga ninguna duda. —Soy un hombre sencillo con
necesidades sencillas, y parece que lo que más necesito en mi
vida eres tú. No tenía ni idea hasta que entraste en mi tienda
con ese ridículo jersey.
Agarro entre mis manos la voluminosa curvatura de sus
nalgas. —Tienes el culo más sexy. ¿Alguien te lo había dicho
antes?

49
—No —dice ella, sacudiendo la cabeza.
—Bueno, es jodidamente caliente. Las últimas dos
semanas, me ha gustado verte alejarte tanto como quería que
te acercaras a mí. Ese culo me ha estado dando una furiosa
erección.
Le sonrío mientras me deslizo por la cama, con los ojos
clavados en su bonito coño rosado.
Pego mis labios a su resbaladizo coño, lamiendo por el
borde y lamiendo el suave capullo de placer en la parte
superior. —Este coño sabe al más dulce caramelo.
Ella gime, arqueando las caderas contra mi cara.
—¿De quién es este caramelo? —pregunto mientras
saboreo su coño, empapando sus labios y mi cara con su
excitación y mi saliva. Sus dedos tiran de los mechones de mi
pelo, con pulsaciones de dolor placentero atravesando mis
pelotas y endureciendo mi polla en un instante. Me siento
como un puto adolescente con ella, duro por un simple roce.
Cuando no me responde de inmediato, me alejo y le doy una
suave palmadita en el coño, haciéndola saltar y chillar.
—¿Quién es el dueño de cada centímetro de este cuerpo,
Candy? Dímelo. —Empujo dos dedos en su entrada,
penetrando en la piel resbaladiza y chupando el duro nódulo
de su clítoris.
—Tú lo eres. Eres el dueño de mi coño. Todo mi cuerpo es
tuyo —gime.
—Buena chica —murmuro, subiendo para prestarle
atención a sus pechos. Cuando la miro acostada esperándome,
se me hace agua la boca y me duele la polla. —Madura como
un puto melocotón —tarareo en señal de agradecimiento

50
mientras le pellizco el pezón de uno de sus pechos. Gime
suavemente, con los ojos en blanco. —¿Te gusta eso?
Vuelvo a pellizcarle el pezón, esta vez con más fuerza. Mi
polla palpita con rabia cuando sus dientes mordisquean la
carne de su labio inferior y se le escapa un gemido. —Tan
suave y pesado. —Palmeo un seno en cada mano y luego
empujo las dos juntas, acunándolas en las palmas. —Tan
necesitada de mi lengua.
Me abro paso entre sus dos melones maduros,
chupándolos profundamente y decidida a consumir cada
gramo de ella que pueda extraer con mis labios. Los pequeños
y redondos capullos se vuelven rosados e hinchados con mi
atención, sus suaves susurros pidiéndome más, mientras
pellizco y chupo, chupo y pellizco.
Mi polla goteaba pre-coma. Me estabilicé, arrastrando mi
polla a través de sus pliegues empapados.
Coloco mi polla contra sus labios inferiores, deslizando
una mano por su suave piel hasta apretar su enorme seno.
Coloco su brazo por encima de su cabeza, chupando su pezón
entre mis labios mientras le sostengo la mirada.
Succiono con fuerza al presionar mi polla contra su
entrada, mi cuerpo se esfuerza por empujar hacia adelante,
reclamar lo que es mío y poseer este dulce coño ahora y para
siempre. Quiero llenar su vientre virgen con mi semilla y
plantar mis hijos en esta mujer. La despertaría con mis besos
cada mañana y la dormiría por la noche con su ración de
orgasmos. Viviría para servirla, viviría para hacer que su
apellido sea el mío, viviría para amarla. Arrastro mis dientes a
lo largo de su trasero lleno, haciendo que se hinche más de lo
que ya está. Me encanta ver las pruebas de mi afecto por toda

51
su piel. Veo las marcas rojas donde mis manos la han
reclamado, los pequeños mordiscos donde mis dientes la han
saboreado. Empujo un poco más en su entrada, sus músculos
tensos por la necesidad y la excitación.
Mis labios se deslizan por los suyos, lamiendo el suave
surco de su boca antes de deslizar las palmas de mis manos
por sus mejillas y besarla. Realmente besarla. Le demuestro lo
mucho que me importa con mis acciones, nunca con mis
palabras. Soy una mierda con las palabras, pero con ella,
espero que eso no importe.
Esto es lo que importa.
Mi devoción por ella.
Su cuerpo se relaja mientras continúo la lenta penetración
en su interior. Las yemas de sus dedos recorren mi piel,
tirando mi camiseta al suelo antes de que la atraiga contra mí,
pecho con pecho.
Se arquea silenciosamente, mordiéndose el labio, pero yo
alivio el dolor, haciendo una pausa para que se adapte a mi
circunferencia antes de penetrarla más profundamente. Sus
músculos se agitan y tiemblan, las yemas de sus dedos se
clavan en mi espalda, pero lo único que hago es besarla. No
puedo parar. Me niego a hacerlo. Esto es lo único que me
mantiene ligado a la tierra: sus labios, nuestros cuerpos, esta
sensación.
—Más, por favor —ronronea, sus caderas trabajando
contra las mías, pareciendo desesperada por más fricción.
—No quiero hacerte daño —rechino entre los dientes. Está
tan apretada, y todo esto es nuevo para ella. No quería perder
el control y hacer algo que la lastime.

52
—Nunca lo harías —murmura ella, con los dedos
acariciando mis sienes. —Confío en ti.
Jesús, creo que la amo ahora mismo. Saber que está
dispuesta a entregarse por completo a mí, saber que tiene fe
en mí, es todo lo que necesito para confirmarlo.
La cuerda que me retenía se rompe, mi deseo incontrolable
por ella se desata mientras empujo más profundo, más rápido,
tocando finalmente fondo en su interior. Su cuerpo se retuerce,
sus gemidos resuenan en mis oídos, y mi polla gotea en su
interior antes de perder la cabeza y empujar como si estuviera
hambriento.
—Este coño está goteando por mí. Un coño tan dulce y
codicioso. —Me la follo larga y profundamente, golpe a golpe,
rozando los nervios en carne viva que me hacen estar cada vez
más cerca del abismo.
Me separo de su cuerpo, apartándome de ella y cayendo
de rodillas a ambos lados de sus muslos mientras me acaricio
la polla. El semen sale de la punta, salpicando la suave y
cremosa piel de su estómago.
—Frótalo —le ordeno, la mordacidad de mis palabras sólo
es un indicador del control que quiero ejercer sobre ella.
Sus ojos me miran, redondos y perdidos, antes de
sorprenderme y agarrar mi polla con su pequeña mano. Ésta
se agita violentamente, el líquido se escapa de la punta antes
de que ella deslice la evidencia de mi excitación alrededor de
su vientre, a través de su ombligo. Incluso se lleva la mano y
la frota por la gruesa protuberancia de sus pechos.
—Ahora eres mi dueño, Nic.
Sus palabras me hacen correrme al instante.

53
Empujo hacia delante, agarrándome a sus caderas
mientras la sujeto y me muevo de nuevo dentro de ella,
deseando que mi polla llene su vientre.
—Pierdo la jodida cabeza contigo —exclamo, con el fuego
ardiendo en mis pelotas mientras me acaricio.
Su cuerpo se agita, sus pechos se agitan y se sacuden
mientras me la follo como si fuera su dueño. Porque lo soy. Soy
el dueño de cada centímetro.
—Eres mía, jodidamente mía. —Coloco una mano entre
nosotros y golpeo el capullo caliente de su clítoris. Su propia
liberación sacude su cuerpo, los gritos salen de sus labios
mientras se corre. Vuelvo a golpear su clítoris, disfrutando de
la forma en que ella suena cuando otra ola de placer se apodera
de su cuerpo.
—Dios mío —gimo. Mi polla estalla con una nueva oleada
de liberación, mi semilla cubriendo su coño y, espero,
plantando mi semilla. Quiero ver cómo se redondea con mi
bebé, cómo sonríe con mis chistes cursis y cómo gime cuando
la besé todos los malditos días.
La abrazo y nos quedamos así durante unos minutos,
recuperándonos los dos de la unión que nos ha cambiado la
vida, antes de quedarnos finalmente dormidos.

54
Capítulo 9

Nic

—¿Estás lista, preciosa? —pregunto, rodeando su cintura


con mi brazo.
—Sí, sólo estoy añadiendo algunos toques finales a la
página web. Creo que está lista para salir a la luz. ¿Quieres
hacer los honores? —Se aleja del portátil.
Mis ojos se fijan en el botón Go-Live, parpadeando. Ella
lleva un vestido negro que se ajusta a todas sus curvas, con
unas elegantes botas hasta la rodilla que acarician sus fuertes
y sexys pantorrillas. Lo que realmente deseo es inclinarla en
ese mismo momento, aliviando la palpitante polla enjaulada en
mis pantalones.
—Adelante —digo, mirándola fijamente mientras sonríe y
pulsa el botón.
—Bien, ya no hay vuelta atrás. Estás oficialmente en la red
mundial. No puedo esperar a que todo el país sepa el brillante
artista que eres.
—Nunca me he considerado un artista.
Se gira y me rodea el cuello con sus brazos. —Pues eso es
lo que eres. Cada pieza que haces es una obra de arte única.
Eres brillante y tienes talento. No te atrevas a desvalorizarte —
dice antes de depositar un dulce beso en mis labios. No puedo

55
evitar pensar en lo embriagadores que son sus labios, mi
propia droga personal, adictiva.
Han pasado dos semanas, dos increíbles y hermosas
semanas con Candy consumiendo cada uno de mis
pensamientos. La chica es más que increíble. Nunca había
pensado que existiera alguien como ella en el mundo.
—Si no fuera por ti, nada de esto estaría sucediendo —
digo, acercándola a mí. —Antes de irnos, tengo algo que
mostrarte. Ven conmigo. —La tomo de la mano y la conduzco
a la trastienda. Saco una caja con un lazo de terciopelo rojo.
—¿Me has conseguido un regalo? Todavía no es Navidad.
—No es un regalo de Navidad. Sólo me has inspirado. —
Observo cómo sus delicados dedos desatan el lazo y trabajan
para desenvolver suavemente la caja. —Sabes que puedes
romperlo, ¿verdad?
—Lo sé, pero la gente envuelve los regalos de forma tan
bonita que me gusta tener el mismo cuidado al desenvolverlos.
—Abre la caja y sus ojos se abren de par en par. —Nic —
exclama, llevándose la mano a la boca. —¿Cuándo has tenido
tiempo de hacer esto? —Saca la pequeña figura hecha a mano:
nosotros dos, abrazados.
—Trabajé en ella por la noche mientras dormías.
—No tenía ni idea.
—¿Cómo ibas a saberlo? Duermes como un muerto.
—No lo hago —dice ella, dándome una palmada en el
pecho.
—Sí lo haces —digo, tirando de ella hacia mí. —También
roncas.
—Nic —me reprende, con una sonrisa en su hermoso
rostro.

56
—No pasa nada. Prefiero escucharte roncar como un oso
que volver a dormir sin ti —digo, inclinando la cabeza para
besar la punta de su nariz.
—Vaya, Nico Rudolf, eso es lo más romántico que
cualquier chica podría querer oír —dice en tono burlón, pero
su risita la delata.
—Esa es una de las muchas cosas que amo de ti.
—Amor —pregunta con sus ojos buscando los míos.
—Amor. Te amo, Candy. Sé que es rápido y un poco loco,
pero es la verdad. Estaba viviendo la rutina hasta que
apareciste en mi vida y lo iluminaste todo. No sabía que no
estaba viviendo de verdad hasta que llegaste tú. Te amo.
—Yo también te amo —susurra ella, con los ojos
empañados antes de que una lágrima ruede por su hermoso
rostro.
—No llores, cariño —le digo, limpiando una lágrima de su
mejilla.
—Sólo estoy feliz.
—Yo también, cariño. Yo también. Ahora vayamos al
desfile antes de que dos niñas me asesinen mientras duermo.

***
—Esto del desfile es algo importante por aquí, ¿no? —
pregunta Candy mientras nos sentamos al lado de mi hermana
y mi cuñado..
—Oh, Candy, has venido. Las niñas estarán encantadas —
dice Sarah con una gran sonrisa en la cara. —Este es mi
marido, Myles —continúa, inclinándose hacia atrás para que
Myles y Candy puedan estrechar sus manos.

57
—Es un placer conocerte —dice él antes de dedicarme una
sonrisa cómplice.
—Y Nic, adivina qué —dice Sarah emocionada. —Myles se
va a mudar a casa, permanentemente —añade, sonriéndole.
—Oh, eso es genial —dice Candy después de ver mi cara
mientras miro a Myles. Mi hermana lo ama, y yo sé que él la
ama a ella, pero después de años de ver a mi hermana vivir
prácticamente como una madre soltera cuando no lo era, él me
ha dejado un mal sabor de boca. No puedo imaginarme estar
lejos de Candy ni siquiera un segundo. —¿No es maravilloso,
Nic? —pregunta Candy, sacándome de mis pensamientos.
—Sí, ya era hora —digo, mirando a Myles.
—Por favor, Nic, no empieces con esta mierda otra vez —
gime Sarah. —Sabes que él tenía que hacer su trabajo, y fue
mi idea quedarme atrás. Deja de culpar a Myles por mis
decisiones.
—Pues él no debió dejar a su mujer —le escupo.
—Nico, detente —dice Candy, con los ojos clavados en mí
y una expresión nada amable. —Él ahora está en casa y son
felices. Deja de meterte en algo que no te incumbe.
Sarah suelta una carcajada, y su mano sale disparada y
aprieta la de Candy. —Gracias. Creo que me va a encantar
tenerte por aquí.
—No te emociones demasiado. Tengo que regresar después
de Año Nuevo —dice Candy, sonriendo dulcemente a mi
hermana. Esas palabras me golpean como una avalancha.
—¿Te vas? —pregunta Sarah, con la sorpresa en sus
palabras.
—Ummm —tararea Candy, con la mirada fija en el suelo.

58
—Bueno, no hablemos de eso ahora —dice Sarah, sus ojos
preocupados encontrando los míos. —Todavía queda algo de
tiempo.
—¿Queda tiempo para qué? —pregunta Candy.
—Para que algo, o alguien, te haga cambiar de opinión.
Mistletoe, Montana tiene una manera de sujetar a la gente con
un agarre firme. —Entonces aprieta la mano de Candy y grita.
—¿Estás bien? —pregunta Myles rápidamente, mirando a
mi hermana, con la piel más pálida que de costumbre.
—Creo que ya viene el bebé —susurra Sarah. —Myles,
tenemos que ir al hospital. Nic, ¿puedes llevar a las niñas a tu
casa?
—Sí, por supuesto. Ve. —Ni siquiera he terminado la frase
antes de que Sarah y Myles abandonen la fila y se dirijan a la
entrada.
—¿Deberíamos buscar a las chicas e ir con ellos? —
pregunta Candy.
—No. Las chicas han estado muy emocionadas con esto.
Se lo diremos después del espectáculo —digo, rodeando sus
hombros con mis brazos. Mientras nos acomodamos para ver
el espectáculo, no puedo evitar pensar en cómo puedo
mantener a Candy en Mistletoe conmigo después de que su
trabajo haya terminado.

59
Capítulo 10

Nic

—Por fin están en la cama —digo al doblar la esquina hacia


el salón, —y Myles acaba de llamar. Tengo un flamante
sobrino. —Nos sirvo dos copas de vino y le doy una a Candy.
Me tomo un momento para disfrutar de su belleza. Me he dado
cuenta de que podría vivir un millón de años y seguiría
queriendo ver esa cara todos los días. Candance Kain es única.
—Oh, eso es increíble. Felicidades.
—Myles está en la luna. Estoy bastante seguro de que
siempre ha querido tener varoncitos. Es muy bueno con los
niños.
—Son unas niñas maravillosas —dice mientras toma un
sorbo de su vino. Observo como sus labios carnosos envuelven
el borde de la copa.
—Realmente quiero hacerte cosas impías ahora mismo —
digo, quitándole la copa y poniéndola sobre la mesa de café.
—Oh —dice ella, con sus suaves ojos redondeados al oír
mis palabras.
—Oh, sí, como cosas obscenas, pero no estoy dispuesto a
que esas orejitas de arriba queden manchadas de por vida —
digo, sonriendo.
—Habrán otros días —comenta con una risita.

60
—Hablando de otros días —comento, sintiendo la garganta
reseca. —¿Qué te parece hacer una visita a Florida para visitar
a tus padres?
—¿Quieres conocer a mis padres?
—Supongo que debería hacerlo.
—¿Por qué? —exclama.
—Porque soy un tipo chapado a la antigua y realmente me
gustaría pedirles permiso a tus padres para casarme contigo.
—¿Q-Qué? —tartamudea Candy, llevándose la mano al
corazón.
—Realmente quería tener listo el anillo de mi abuela, y
quería planear algo romántico. Ya sabes, todo el asunto del
gran gesto, pero no soy realmente ese tipo, y no quería empezar
nuestra vida de esa manera. Pero soy ese tipo que te frotará
los pies todas las noches después del trabajo, el tipo que te
llevará a un spa mientras me encargo de nuestros hijos. Soy el
tipo que llevará todas las cargas de la vida que tú sientes sobre
mis propios hombros para que te sientas más ligera. Soy el tipo
que prometerá amarte por toda la eternidad y más allá, y lo
dirá en serio. Lo eres todo para mí, Candy: mi media naranja,
mi persona, mi vida. Nunca podré volver a un mundo sin ti. Te
has convertido en todo para mí. Así que, ¿me harías la persona
más feliz del planeta y aceptarías ser mi esposa?
Me siento allí, mirando fijamente a sus hermosos ojos.
Unos ojos que me hacen sentir que cualquier cosa en el mundo
es posible. La miro mientras se acomoda un mechón de pelo
suelto detrás de la oreja, pensando en lo mucho que la amo.
Es inteligente, divertida, amable, sexy y absolutamente
impresionante. Sería un bastardo afortunado si la llamara mi
esposa.

61
—Sí —susurra.
—¿Si? —Estoy sorprendido y emocionado por su
respuesta. —Acabas de convertirme en el hombre más
afortunado de la tierra. —La atraigo hacia mí y la beso, larga y
profundamente. —Te amo, nena. Prometo no hacer que te
arrepientas nunca de tu respuesta.
—Yo también te amo, y sé que no lo haré. Nunca he sido
tan feliz en toda mi vida. Eres con quien estaba destinada a
estar. Creo que lo supe desde el momento en que te conocí —
dice, acomodando su cabeza en el hueco de mi cuello. —¿Pero
estás seguro de ir a Florida? Mi madre puede ser un poco
agobiante.
—Sí, cariño. Tu familia va a ser mi familia. Quiero empezar
las cosas con buen pie.
—¿Año Nuevo en Florida?
—Sí, quiero que seas oficialmente mía lo antes posible.

62
Capítulo 11

Candy

—Princesa —dice mi padre, dándome un abrazo de oso


antes de dirigir sus ojos grises como el acero a Nic. Al principio
no le dijo nada a Nic, sólo asintió con la cabeza y le ofreció la
mano. —Mi nombre es Capitán Kain; tú debes ser el joven del
que nos habló mi Candy.
Nic tomó la mano de mi padre, con una sonrisa dibujada
en su rostro mientras cargaba nuestras maletas. Yo le había
dicho que no era necesario, pero no me dejó levantar nada.
—Es un placer conocerlo, señor.
—Relájate, hijo. No soy el padre del que tienes que
preocuparte —dice mi padre, riendo. Le mando un 'lo siento' a
Nic, un poco preocupada por dónde lo he metido. Mi familia es
la típica. Una familia tradicional, con los padres todavía juntos,
el mayor como hijo y la menor como hija. Para el mundo,
pareciéramos estar muy bien juntos, pero esa no es la verdad.
Mi padre es estupendo; siempre ha sido amable y comprensivo,
un gran trabajador y el mejor padre que cualquier chica podría
desear. Mi hermano Colton es inteligente, atlético y divertido,
el tipo de chico que desde muy joven se sabe que tendrá éxito,
y la gente tiene razón. Es un dios griego con un título de médico
que sirve a su país. Mi madre es una ama de casa de Stepford

63
de aspecto perfecto que a los veintiún años ya me consideraba
una solterona. Ha sido una buena madre, pero no ha sido el
tipo de madre que yo hubiera deseado tener. No siempre me
ha dado su apoyo y era más bien criticona. Lo que más me
preocupa es cómo reaccionará ante Nic, y según la broma no
tan oculta de mi padre, él también.
—Papá, deja de asustarlo —digo, apoyando la cabeza en el
hombro de mi padre mientras Nic se ocupa de sacar todas
nuestras maletas del maletero del coche.
Mi padre se ríe. —Bueno, pronto conocerá a tu madre.
—Estoy seguro de que la Sra. Kain será tan encantadora
como su hija —dice Nic con suavidad.
—Todo va a estar bien —digo mientras bajo del coche y
dejo a Nic solo con el maletero.
Cuando llegamos a la casa, mi madre nos espera en el
porche como una buena anfitriona. Nunca he entendido por
qué hace eso. Ha sido así toda mi vida. No espera dentro a que
suene el timbre, sino en el porche, tomando un té como si la
tomaran por sorpresa los visitantes invitados.
—Candance, querida —dice, de pie, con los brazos
abiertos, esperando que me meta en ellos. Eso es lo que sucede
con mi madre. Ella nunca nos ha dado muestras reales de
afecto, sino que ha fingido hacerlo.
—Hola, mamá. ¿Cómo estás? —pregunto, abrazándola con
nerviosismo.
—¿Cómo estuvo tu vuelo, cariño? —pregunta, y antes de
que pueda responder, me hace a un lado y baja los escalones
del porche para mirar fijamente a Nic, que está sacando
nuestras maletas del maletero. —Tú debes ser Nicholas —dice,

64
sonriendo dulcemente. —No te quedes ahí parado, querido.
Ven a darme un abrazo.
Nic camina torpemente hacia ella y le da un abrazo. —Es
Nico, en realidad —dice él, frotando su nuca en un gesto
nervioso.
—¿Qué es Nico? —pregunta ella.
—Mi nombre. Nic es la forma abreviada de Nico. Mi madre
era italiana, y mi padre, alemán.
—Oh, querido, lo siento. No tenía ni idea —miente. Le he
dicho su nombre por teléfono varias veces.
—No pasa nada. Me han llamado Nicholas unas cuantas
veces en mi vida —dice Nic antes de mirarme con una sonrisa.
—Bueno, deben estar agotados de su vuelo —dice mamá,
enlazando su brazo con Nic y dirigiéndose hacia mí y la puerta.
—Cal, has preparado la habitación de Nic, ¿verdad? —dice a
mi padre detrás de ella.
—¿Su habitación? ¿No va a compartir la mía? —pregunto,
desconcertada sobre por qué tendría una habitación preparada
para él.
—Oh no, querida. Una chica no comparte su dormitorio
con un caballero —dice.
—¿Hablas en serio? —pregunto. —¿Estarías haciendo la
misma mierda si Colt trajera a casa una chica? —Estoy tan
enojada que puedo ver rojo. Allí estoy, con veintinueve años,
habiendo vivido fuera de la casa de mis padres durante casi
una década, y mi madre me trata como a una preciosa
adolescente.
—Es diferente para los chicos, querida —dice mi madre
con un tono condescendiente.

65
—Claro que lo es, madre —digo, dándome la vuelta y
entrando en la casa. —Los veré a todos en la cena.
Una vez en mi habitación, me dejo caer en la cama de mi
infancia, mi mirada recorriendo los pósters de Tiger Beat
esparcidos por todas mis paredes. Me río de mi insana
obsesión por Leonardo DiCaprio. Cierro los ojos, respirando
profundamente, y me pregunto por qué en diez años mi madre
nunca se ha molestado en remodelar mi dormitorio de
adolescente.
Cada vez que he vuelto aquí, he vuelto a ser esa chica
torpe. Tan mundana y obsesionada por conseguir una palabra
de amabilidad de su autoritaria madre. Sin embargo, ya no
quiero ser esa chica. Ya no soy esa chica. Con la misma rapidez
con la que me he derrumbado, encuentro mi valor y vuelvo a
bajar las escaleras.

66
Capítulo 12

Nic

Tengo muchas ganas de correr detrás de Candy, pero


también estoy atrapado allí, entre sus padres. El Capitán Kain
me ofrece una bebida, un líquido ámbar. Parece una especie
de coñac caro.
—Hasta el fondo —dice antes de bebérselo de un largo
trago. Como no quiero contrariarlo, hago lo mismo y me
estremece el ardor de mi garganta. —Eso es, muchacho —dice,
dándome una palmadita en la espalda.
—Así que estás saliendo con nuestra Candy. Debo admitir
que eso me sorprende —dice la Sra. Kain, colocando un plato
de entremeses en la mesa de café.
—¿Por qué? —pregunto.
—Bueno, eres muy bien parecido, querido. No creí que un
hombre como tú se interesara por nuestra Candace. Para ser
sincera, supuse que ella moriría como una vieja solterona.
Mi sangre comienza a hervir, al escuchar cómo esta mujer
habla de mi Candy.
—Candy es hermosa; cualquier hombre sería afortunado
de tenerla. Yo me siento muy afortunado —digo, enunciando
cada palabra para asegurarme de que la vieja bruja entienda

67
cada una de ellas. Intento mantener la calma, aunque quiero
tirar la mesa de café.
—Lo sería si perdiera un poco de peso.
—Mary, detente —dice el Capitán Kain, inclinándose hacia
adelante.
—Oh, Brian, sabes que es verdad —le dice ella antes de
girarse de nuevo hacia mí. —Probamos todas las dietas cuando
era más joven. Lecciones de maquillaje, clases de etiqueta.
Realmente esperaba que las otras chicas la contagiaran, pero
nunca sucedió.
—¿Por qué siempre hablas como si algo estuviera mal en
mí? —dice Candy al entrar en la habitación. —No hay nada
malo en mí. Que no sea lo que esperabas no significa que sea
menos que tú. No es mi problema que nunca me hayas
querido.
Me levanto y me acerco a ella, rodeándola con mi brazo
para darle apoyo.
—Claro que te quiero. Qué cosa tan horrible dices —dice
la Sra. Kain, enterrando la cabeza en la mano y dejando
escapar un sollozo seco.
—Esto no se trata de ti, madre. No todas las malditas cosas
tienen que ver contigo —señala Candy acaloradamente antes
de girarse hacia mí. —Creo que deberíamos irnos.
—No hay necesidad de eso —dice el Capitán Kain,
levantándose y caminando hacia su esposa. —María, creo que
debes disculparte con Candy y su amigo.
—Debería disculparme —dice la Sra. Kain, levantando la
cabeza y mirando fijamente a su marido.
—Oh, ya basta, Mary. Te he amado desde que tenía
dieciséis años y te vi al otro lado del lago sentada con ese

68
gigantesco sombrero azul para el sol. Conozco todos tus
defectos y sigo amándote, pero también he visto que ejerces
una presión injustificada y no deseada sobre Candace. Nuestra
hija es hermosa, por dentro y por fuera. Es divertida, creativa,
inteligente y generosa, pero has estado tan enfrascada en lo
que crees que debe ser una mujer que no puedes ver la
increíble mujer que es. —El Capitán Kain se inclina sobre una
rodilla para poder mirar directamente a los ojos de su esposa.
—Ella es tú, mi amor; ella es tú si fueras capaz de serlo sin
estar condicionada a actuar para todos los demás. Dile lo que
me dices en privado. Que sepa la verdad.
—¿Qué verdad? —pregunta Candace.
—Oh, Candy —dice la Sra. Kain, levantándose y
acercándose a nosotros. Extiende la mano y toma las dos de
Candy entre las suyas. —Lo siento mucho. Crecí con una
madre que quería -no, necesitaba- que todo fuera perfecto. Ni
siquiera su propia noción de perfección, sino lo que el mundo
que la rodeaba consideraba que era la perfección. La odiaba
por toda la presión que ejercía sobre mí. Lo siento, cariño. Lo
siento mucho. ¿Crees que podrás perdonarme alguna vez?
—Eres mi madre. Claro que puedo perdonarte. Es sólo que
todo me duele mucho. Siempre deseé que me dijeras que era
hermosa o cualquier cumplido. Sólo había críticas y juicios.
—Cariño —dice la Sra. Kain, extendiendo la mano y
colocando un mechón de pelo de Candy detrás de su oreja. —
Lo siento mucho. Debería haber roto todos los ciclos que mi
madre me marcó, pero parece que sólo los repetí. Si me lo
permites, me gustaría arreglarlo ahora.
—Eso me gustaría.

69
—A mí también, cariño —dice ella, rodeando a Candy con
sus brazos. —A mí también.

70
Capítulo 13

Candy

—La cena estuvo genial, mamá, como siempre —digo


mientras lavo el último plato y lo pongo en el estante.
—Sabes que no tenías que lavar los platos. Para eso
tenemos un lavavajillas —dice mi madre, sonriéndome. Debido
a lo que pasó en la sala de estar, nos sentimos un poco fuera
de lugar. Está siendo amable, me hace cumplidos, una gran
diferencia con respecto a cómo me trata normalmente. Me
costará acostumbrarme, pero los años nuevos son para
empezar de nuevo.
—Está bien. La verdad es que lo encuentro relajante. ¿A
dónde se fueron papá y Nic?
—A la oficina de tu padre a tomar una copa de whisky,
creo.
—¿No te molesta eso?
—¿Si no me molesta qué, querida? —pregunta ella
mientras da un sorbo a su café de sobremesa.
—Que papá se meta en su oficina después de cada comida
y te deje a ti limpiar el desorden —aclaro, mirando a mi madre.
Adoro a mi padre. Es un hombre maravilloso. Pero odio cómo
mis padres viven en esta extraña situación de los años
cincuenta.

71
—No, querida, no es así. Sé que no es algo para todo el
mundo, pero yo soy feliz. Sólo desearía no haberte impuesto
esta vida —dice, sonriéndome con tristeza. —Pero supongo que
nunca es tarde para aprender una lección.
—No, no lo es —digo mientras me acerco a ella y la beso
en la mejilla. —Estoy un poco cansada. Voy a subir a mi
habitación.
—Muy bien, cariño. Que pases una buena noche.
—Gracias, mamá. Lo mismo digo.

***
Después de unas horas, llaman a la puerta. No me levanto
de la cama hasta que escucho la voz de Nic al otro lado.
—¿Puedo entrar?
—Sí, puedes entrar —digo, abriendo la puerta. —De otros
no estoy muy segura. —Sonrío y me dirijo directamente a sus
brazos abiertos.
—Eso fue un poco intenso.
—¿Seguro que quieres casarte conmigo?
—Sí. Me voy a casar contigo, no con tu madre. Pero tengo
que admitir que después de conocer a esa mujer, creo que tu
padre es un santo.
—Él tampoco es perfecto, pero son perfectos el uno para el
otro —digo, dejándome caer en la cama y llevando a Nic
conmigo.
—Nadie que haya ayudado a producirte podría ser terrible.
—Es que están tan condenadamente atrasados.
Nic se queda en silencio, con su mirada recorriendo los
rompecorazones adolescentes de mis paredes.

72
—No soy tu tipo —dice Nic.
Me quejo cuando se acerca a un póster de Romeo and Juliet
y pretende recrear la pose de Leo mirando intensamente a lo
lejos.
—Me olvidé de esta pesadilla —digo, agitando las manos
en el aire.
—No, es algo bonito. ¿Cuál es tu película favorita de
DiCaprio? —pregunta.
—What's Eating Gilbert Grape.
—Interesante elección —dice, sentándose rápidamente en
la cama y haciéndola rebotar. —Maldita sea, esta cosa no sería
muy buena para el sexo silencioso —añade con una sonrisa.
—Como nota positiva, he hablado con tu padre. Le pedí tu
mano en matrimonio y todo eso.
—¿Qué? ¿Ya? —pregunto, sentándome y sintiéndome un
poco asustada.
—Sí, ¿por qué no? Más vale sacarlo todo a la luz. Una cosa
que me enseñó la pérdida de mi madre tan joven es que la vida
es corta. Nunca sabes el poco tiempo que tienes, así que ¿por
qué desperdiciarlo?
—¿Qué dijo?
—Pensó que nos estábamos precipitando, pero cuando
empecé a hablar de ti, eso hizo que tu padre se ablandara.
—Mi papá no es tonto —digo, poniéndome de rodillas y
rodeando los hombros de Nic con mis brazos. —Sabe reconocer
algo bueno cuando lo ve.
—Nena, me encanta cuando tus manos están sobre mí,
pero no voy a mentir... Tu madre me da mucho miedo —dice
Nic, haciéndome estallar en una carcajada.
—Da bastante miedo, ¿verdad?

73
—Material de pesadillas —dice, sonriendo. Entonces se
lleva la mano al bolsillo trasero y saca una pequeña caja de
terciopelo. —Nunca pude hacer esto como es debido, de
rodillas y con un anillo. Así que aquí va. Candance Kain, desde
el momento en que te vi, te he amado de una forma u otra.
—Eso es una mentira descarada —interrumpo, con el ceño
fruncido de forma fingida.
—Shhh, no interrumpas —me regaña. —Has sido el mejor
regalo que he recibido para Navidad. No puedo imaginar otra
Navidad o día sin ti. Quiero despertarme contigo por la mañana
y dormirme contigo por la noche durante el resto de mi vida.
—Abre la caja y miro el hermoso anillo de oro con un gran
diamante en el centro. —¿Me harás el hombre más feliz de la
tierra y aceptarás ser mi esposa?
—¡Sí! —Las lágrimas brotan de mis ojos antes de correr
por mi cara. —Sí, no hay nada en la vida que desee más —
susurro, empujando mi dedo anular en su cara, sin querer
esperar un minuto más sin su anillo.
—Te amo, nena —dice mientras desliza el anillo en mi
dedo.
—Yo también te amo —digo antes de que nuestros labios
se unan con la promesa de siempre y para siempre.

74
Capítulo 1

Nic

Un año después

—¿Estás nervioso? —pregunta Sarah mientras está de pie


en el altar sosteniendo mi mano.
—Muy nervioso. Recuerda que quería casarme en Las
Vegas hace un año. Candy me convenció de esperar para que
su madre no tuviera una úlcera —admito.
—Hiciste bien, hermano mayor. Ella es la mejor.
—Sé que lo es —le digo justo antes de que empiece la
música. Levanto la vista y veo a Candy caminando hacia mí,
pareciendo un maldito ángel enviado directamente desde el
cielo.
—Cierra la boca, Nic, o las moscas podrían entrar —dice
Sarah, dándome un apretón en la mano antes de soltarla.
Sé que probablemente parezco un tonto aturdido, pero no
puedo evitarlo. Estoy a punto de casarme con la mujer más
perfecta de la faz del planeta. La observo sosteniendo la mano
de su padre y sonrío. Cuando finalmente llega a mí y su padre
pone su mano en la mía, me siento completo. Sé que,
independientemente de adónde nos lleve la vida, he sido
bendecido porque ella será mi compañera de viaje.

75
—Estás preciosa —le digo, inclinándome y besando su
mejilla, cuando noto que está un poco sonrojada. —¿Estás
bien, cariño? —pregunto, preocupado.
—Oh, estoy muy bien excepto por haber atrapado a Colton
y Abby follando en mi baño —dice, mordiéndose el labio
inferior.
Quisiera aullar de risa, pero lo reprimo lo mejor que puedo
para no llamar más la atención.
—No es gracioso, Nic —añade lastimeramente, pero hace
una mueca juguetona. —Es el día de mi boda, y fue raro, y creo
que vi cosas en Colton que nunca debería haber visto.
—Cariño, ¿crees que puedes olvidarte de las cosas de tu
hermano para que podamos casarnos? —pregunto, sin querer
que nada me distraiga de este momento.
—Sí, lo siento. Te amo —dice ella, sonriendo dulcemente.
—Vas a tener que borrar esa barbaridad de mi mente esta
noche.
—Oh. Pienso hacerlo. ¿Preparada para ser la Sra. Rudolf?
—Sabes que sí.

76
Epilogo 2

Candy

Diez años después

—Chicos, vamos a llegar tarde —grito frenéticamente,


buscando mis llaves.
—Ya vamos —llama Nic desde el pasillo antes de aparecer
con nuestro hijo, Parker.
—Dios mío, Parker, estás muy apuesto —digo, mirando a
mi hijo de ocho años con su traje. —Tu hermana se va a alegrar
mucho de que te hayas vestido.
—¿Lily ya está en el colegio? —pregunta Nic, dándome un
beso en la mejilla.
—Sí, ha ido con Sarah y Myles. Estaba muy nerviosa, y
ellos iban a ir temprano, así que ella también quiso ir.
—¿Puedes creer que nuestra pequeña esté en su primer
desfile de Navidad?
—No puedo creer que esté en primer grado —digo,
arreglando la corbata de Parker.
—Echo de menos cuando eran pequeños —dice Nic.
—Oh, bueno, puede que no lo eches de menos por mucho
tiempo —digo, levantándome y tomando un sorbo de agua.
—¿Perdón? —preguntaba Nic.
—Estoy embarazada —digo, sonriéndole.

77
—¿De verdad? —pregunta antes de ponerse de rodillas.
—¿Por qué besas la barriga de mamá? —pregunta Parker,
con los brazos cruzados en el pecho.
—Es algo que me gusta hacer —le responde Nic,
frotándose la nuca, lo que indica que está nervioso. Se
incorpora rápidamente antes de agarrarme y besarme en los
labios. —Haría esto más clasificación R, pero tenemos ojos
pequeños sobre nosotros —dice, sonriendo. —Soy muy feliz,
cariño. Gracias por darme el mundo. Te amo.
—Yo también te amo. Lo digo en serio, Nic. Me has hecho
tan feliz. Más feliz que en mis sueños más salvajes. Amo
nuestra vida.
—¿No te arrepientes de haberte mudado aquí desde la gran
ciudad? —pregunta, buscando en mis ojos.
—Ni una sola vez. Además, después de mi brillante plan
de marketing y la expansión de Rudolf Toys, estoy muy
ocupada dirigiendo tus equipos.
—Nuestros equipos.
—Nuestros equipos —digo, sonriéndole.

Fin

78

También podría gustarte