Hipótesis
La región del mundo con más tipos de ADN canino es también el lugar de origen. En el
sudeste asiático es donde se encuentra más variedad genética entre los canes. Tras el
acercamiento entre humanos y cánidos salvajes, tuvo lugar su domesticación. Esta
población de la nueva especie aclimatada a vivir con el hombre se fue expandiendo
rápidamente de pueblo en pueblo hasta distribuirse por distintas partes del mundo.
Con el paso del tiempo, nuestros ancestros fueron favoreciendo distintas habilidades de los
perros que acabaron creando distintas razas, cada una con características distintivas. Todos
son notablemente parecidos: son miembros de la misma especie, tienen la misma cantidad
de cromosomas que están organizados de la misma manera, y tienen los mismos
cromosomas en los mismos genes. Lo que diferencia a unas de otras es el subconjunto de
genes. La modificación del número de genes tiene un efecto dramático.
Desde hace varios siglos, el ser humano comenzó a cruzar a los perros según sus
necesidades o caprichos. Hoy en día para mantener "la raza pura" o seguir "mejorando las
razas", los criaderos de perros han puesto en práctica la selección genética, lo cual a
primera vista no parece ser tan malo. Sin embargo, hay otras consecuencias que pueden
significar un impacto negativo en la calidad de vida de la mascota y hasta su muerte. Uno
de los métodos de selección genética para obtener la raza pura tiene el nombre de
cruzamiento endogámico o endocría, el cual consiste en cruzar a perros con lazos
sanguíneos directos, podríamos decir que los emparejan con sus parientes. Las
consecuencias de esto no son menores.
Tesis
Existe un enorme sistema capitalista de perros en torno a sus diferentes razas y
popularidad. Popularidad que pone en evidencia la brutalidad de la industria de las
mascotas.
Según los recientes cambios en el Código Civil español, los perros dejaron de tener el
estatus jurídico de objetos (ahora son seres sintientes). Para el mercado, sin embargo,
funcionan como tales, regidos por la ley de la oferta y la demanda.
Desarrollo
En junio de 2020, un avión de Ukrainian International Airlines aterrizó en Toronto. Desde
afuera parecía un vuelo normal, pero en su interior se desarrollaba una escena
escalofriante: 500 cachorros de bulldog francés lloraban en sus jaulas. Muchos estaban
deshidratados, débiles y jadeantes. 38 de ellos estaban muertos. La noticia puso el foco
sobre el tráfico ilegal de esta raza, que se ha incrementado para hacer frente al increíble
aumento de la demanda.
En la última década, las inscripciones de bulldog francés han aumentado más de un 1.000%
en Estados Unidos, según la organización de razas de perros American Kennel Club (AKC).
La organización celebraba así que se había convertido en la raza más popular de EE UU,
derrocando al labrador que llevaba más de 30 años en el podio. Pero la popularidad,
cuando se habla de perros, tiene un precio.
No existe fábrica de perros donde se pueda intensificar la producción de la raza deseada
y/o demandada. Cuando una raza de perro es tan demandada, la forma más rápida de
complacer a los clientes es obteniendo dichas razas mediante el contrabando.
Además de Ucrania, países como Letonia, Lituania, Polonia, Hungría, Serbia, Rumania y
Bulgaria sirven de criaderos internacionales sin muchos cuidados, según un informe sobre
el contrabando de cachorros de la ONG Dogs Trust. Esto tiene como consecuencia una cría
indiscriminada y endogámica. Los perros de raza se han emparejado tanto entre ellos para
no perder su "pureza" que empiezan a desarrollar taras genéticas. Van empeorando un
poco más en cada generación. En Países Bajos se ha prohibido la expedición de pedigríes
para bulldogs franceses y pugs. A medida que el bulldog francés escalaba puestos en la
lista de perros más demandados, descendía en otro ranking: el de la esperanza de vida.
Según un estudio del Royal Veterinary College de Hatfield, Reino Unido, realizado sobre
30.000 perros, se trata de la raza con menor longevidad entre las 18 analizadas, con 4,5
años de promedio y le sigue el bulldog inglés, con 7,4 años.
Comprar un bulldog francés cuesta en Argentina desde 200.000 a 500.000. Es caro, y por
esa razón se convierte en un sinónimo de estatus.
Antes los perros era criados por su finalidad, pero esto cambió con el inicio de las
exposiciones caninas a mediados del siglo XIX. Se crearon entonces clubes como el de la
organización para "promover el deporte de los perros de pura raza y la cría con fines
funcionales", como estas se justifican.
"Cada raza tiene un estándar escrito, un conjunto de características sobre cómo se supone
que debe ser y actuar el perro, desde su forma de andar hasta sus dientes e incluso su
temperamento", afirma la organización AKC. A partir de esas descripciones, los libros
genealógicos se cerraron y los perros que no se ajustaban a la definición exacta de la AKC
quedaron afuera. Los perros de raza actuales son descendientes de los que se plegaban
entonces a estos estándares.
Fue entonces cuando empezaron los problemas de consanguinidad y el negocio. El
desarrollo de las razas puras facilitó la venta de mascotas: un perro mestizo no vale mucho,
pero un perro de raza puede venderse por mucho dinero. Se acababa de inventar un
negocio de la nada.
Como explica Mark Derr en su libro A Dog's History of America (Una historia del perro en
América), a lo largo del siglo XX se engrasó la maquinaria de la producción de razas.
"Se mejoró la producción en masa de todo —coches, ropa, carne— y los perros de pura
raza se convirtieron en otro artículo de consumo disponible para una pujante clase media".
Y así hasta la actualidad.
Conclusión