La época arcaica
Las polis griegas
Con la invasión de la península griega por los pueblos dorios y jonios desde la
zona norte hacia el siglo X a.C., las poblaciones micénicas que ocupaban la
zona (ver final de clase N°8) debieron desplazarse forzosamente hacia otras
tierras, y se establecieron tanto en las islas como en las costas orientales del
mar Egeo. Los pueblos invasores eran militarmente superiores pero
culturalmente inferiores a los micénicos, con lo cual el desarrollo cultural entró
en una fase conocida como la “etapa oscura” de Grecia. Sin embargo, los
recién llegados se asentaron en las ciudades conquistadas y fundaron otras
nuevas que serían conocidas con el nombre de polis. Al igual que en la
primitiva Mesopotamia, estas polis eran ciudades-estado independientes entre
sí.
Son bastante escasos los vestigios existentes del arte en esta primera etapa,
siendo lo más destacable la alfarería. La confección de vasijas cerámicas se
caracterizó por su decoración. Las típicas decoraciones creto-micénicas de las
culturas anteriores, basadas en elementos de la fauna marina, dieron paso a
unos austeros diseños geométricos, más sencillos en sus comienzos, más
elaborados y recargados tiempo después.
Crátera protogeométrica. Siglo X a.C. Vasija geométrica. Siglo IX a.C.
A la diagramación geométrica inicial se le sumó la aparición de formas
figurativas muy estilizadas. Hombres y animales se representan con trazos
marcadamente geométricos que definen situaciones bélicas o funerarias.
Durante el siglo VIII a.C., se puede observar cómo en diversas regiones esta
formas figurativas comienzan a tener un lento proceso hacia una definición más
naturalista.
Crátera funeraria geométrica. Siglo VIII a.C. Vasija ática. Siglo VIII a.C.
El asentamiento de las polis a ambos lados del mar Egeo trajo aparejado las
comunicaciones y el comercio con los pueblos de Oriente, especialmente
Mesopotamia y la península Anatólica. Esta situación se ve claramente
reflejada en las nuevas decoraciones de las vasijas cerámicas creadas en el
siglo VII a.C. La subdivisión del espacio en franjas geométricas se mantuvo en
la forma de registros, dentro de los cuales se desplazan animales -tanto reales
como ficticios- de formatos netamente mesopotámicos. La aparición de motivos
florales en los espacios vacíos provienen de la misma fuente. A esta época se
la denomina “etapa orientalizante”.
Jarra corintia. Siglo VII a.C.
Los motivos orientalizantes perduraron un largo tiempo, mientras se añadían
otros elementos que muestran unas características ya griegas. La vasija
siguiente muestra en sus registros medios e inferiores el conocido desfile de
animales orientales, mientras que el registro superior está poblado de
personajes con rasgos diferentes. Los nombres que los rodean permiten
entender que se tratan de dioses de la religión griega.
Dinos ático. Siglo VI a.C.
La técnica decorativa consiste en la aplicación de pintura negra para las figuras
sobre el fondo ocre del material, para luego marcar con un punzón las líneas
internas del dibujo, dejando al descubierto el ocre. En este caso también
observamos la aplicación del color blanco en ciertos sectores. En cuanto a las
figuras humanas, vemos que se ha reemplazado la antigua concepción
geométrica por unas formas aún estilizadas pero más naturalistas.
Un siglo después, las representaciones orientalizantes han desaparecido,
dejando paso a un estilo netamente griego. El ánfora visto a continuación está
pintada de ambos lados con dos escenas representadas en un solo espacio,
sin dividir en registros. Las figuras se apoyan sobre la base misma del espacio
y ocupan prácticamente toda su altura. Podemos contemplar cómo el artista se
ha preocupado por el carácter narrativo de ambas escenas, y también por la
búsqueda de la representación espacial; esto se aprecia en el hecho de que
algunas figuras se encuentran por delante de otras generando al menos dos
planos. La escena se completa con una guarda decorada por encima de las
escenas y sobre la base de la vasija y las asas. A este estilo se lo denomina la
“etapa de la pintura negra” y es la característica del período arcaico.
Lamentablemente, no quedan vestigios de pintura que no sea el de las vasijas
decoradas.
Ánfora del pintor Exequias, vista de ambos lados. Siglo VI a.C.
La escultura tuvo un desarrollo similar a la pintura en lo referente a la
representación humana. Los “kouros” y las “korei” (hombres y mujeres jóvenes)
de la época arcaica tuvieron en su origen una innegable influencia de la
estatuaria egipcia. Se supone que estas figuras humanas de jóvenes de ambos
sexos fueron creadas como portadores de ofrendas para los dioses, y todas
ellas poseen rasgos comunes: los hombres se representan desnudos y las
mujeres vestidas, todos tienen un tamaño natural o superior al natural, sus
rostros aparecen estilizados y con una sonrisa (“sonrisa arcaica”), su pierna
izquierda aparece adelantada con respecto a la derecha (característica
egipcia).
Kouros. Siglo VII a.C. Koré del peplo. Siglo VI a.C.
Lo diferencia drástica entre la estatuaria egipcia y la griega se basa en su
evolución estilística. Mientras que los escultores egipcios respetaron las rígidas
e invariables normas establecidas, sus colegas griegos desarrollaron una
tendencia hacia un mayor naturalismo que se dio durante la época arcaica. Si
comparamos las formas de estos dos kouros podremos ver claramente cómo
las formas anatómicas van perdiendo su geometrismo para ganar en
naturalismo. La talla de los miembros y los músculos muestran la preocupación
del escultor griego por representar la realidad visible.
Kouros del siglo VI a.C.
La arquitectura también encuentra sus formas durante el período arcaico,
especialmente con las construcciones religiosas. La religión griega era
panhelénica, es decir los mismos dioses eran adorados por todos los pueblos
griegos, pero cada polis tenía su dios protector, al que se le dedicaba un
santuario especial, más importante que a los otros.
Principales santuarios griegos
El modelo para la diagramación de los templos fueron los megaron orientales
(ver clase N°8), que se adaptaron en este caso a las necesidades del culto
religioso. Estos primeros templos poseían una cella, o sala principal, en donde
se ubicaba la estatua del dios y las ofrendas dedicadas. La cella se prolongaba
en su parte anterior hacia un vestíbulo con dos columnas centrales que
soportaban el techo del vestíbulo (templo “in-antis”). En algunos casos, la
estructura del vestíbulo se repetía en la zona posterior a la cella, otorgándole
un carácter simétrico. Cuando se deseaba aumentar el tamaño o la importancia
del templo se ampliaba aún más el vestíbulo colocándoles otra hilera de
columnas, y por las mismas razones de simetría se podía hacer en la parte
posterior.
El llamado Tesoro de los Atenienses en la ciudad de Delfos nos muestra cómo
podían verse por fuera estos antiguos templos.
Reconstrucción del Tesoro de los Atenienses. Delfos. Siglo VI a.C.
La necesidad de ampliar los edificios de culto llevaron a la búsqueda de
soluciones simétricas basadas en la estructura general de los templos
primitivos. La simetría no se aplicaba solamente a los frentes y contrafrentes
sino a la totalidad visual de la edificación. Hileras simples o dobles de columnas
rodeaban a la cella que podía también subdividirse en otros espacios.
De esta forma es como se van definiendo los estilos de la arquitectura griega,
que han legado a las postreras culturas de occidente. El esquema siguiente
describe las partes constitutivas del templo dórico, cuyas estructura externa se
veía tal como la segunda imagen.
Estructura de un templo dórico
Templo dórico en Agrigento, Italia
El frente de un templo griego se divide en dos sectores principales, la zona
superior del entablamiento y la inferior de las columnas sostén. Las columnas
dóricas tienen un fuste acanalado y un capitel en forma de plato, y se apoyan
directamente sobre el estilóbato, sin ninguna base elaborada. El friso del
entablamento está compuesto por triglifos (extremos exteriores de las vigas
internas) y metopas (espacios cuadrangulares entre los triglifos) que solían
utilizarse para la decoración escultórica en relieve. El frontón triangular,
o tímpano, que corona el edificio albergaba también esculturas de bulto.
Estructura frontal de un templo dórico
Estos espacios ofrecían una dificultad para los escultores al momento de
componer sus historias, ya que los ángulos agudos de los extremos obligaban
a adecuar las formas a estos espacios estrechos.
Esculturas del tímpano del antiguo Templo de Atenea. Siglo VI a.C.
En cambio, las formas regulares de las metopas permitían una composición
más tradicional, en donde se desplegaban historias relacionadas con la deidad
a la cual se dedicaba el templo.
Metopas del Templo de Selinunte, Italia
El estilo jónico es posterior al dórico y se diferencia de éste por su estilización.
Templo jónico de Atenea Nike. Atenas
Las altas columnas se apoyan en el estilóbato sobre bases circulares, y los
capiteles terminan en unas volutas espiraladas en sus cuatro esquinas. El friso
no se divide en metopas sino que los escultores podían desplegar sus historias
de corrido.
Estructura frontal de un templo jónico
Esculturas del Tesoro de Sifnos. Delfos. Siglo VI a.C.
Por último, el estilo corintio es aún más estilizado que el jónico, y sus capiteles
están labrados con formas vegetales (capitel de acanto).
Los tres órdenes griegos
Volviendo a la pintura, hacia finales del período arcaico comienza a
desarrollarse una técnica inversa a la anterior. Las figuras dejan de pintarse en
negro para luego marcar las líneas internas con un punzón sino que ahora las
delgadas líneas del dibujo se pintan en negro sobre el fondo rojizo de la arcilla.
La vasija vista a continuación recibe el nombre de “bilingüe”, ya que sus dos
escenas están pintadas con ambas técnicas. A esta fase se la llama de las
“pinturas rojas” y corresponden al período clásico.
Ánfora "bilingüe". Finales del siglo VI a.C.
La época clásica
El siglo V a.C. marca el comienzo de la época clásica. La cultura griega se
encontraba en su apogeo al igual que su situación política, a pesar de las
disputas que existían entre las polis. El arte de esta etapa se caracteriza por la
reafirmación general del naturalismo y su búsqueda de la idealización, alentada
por el pensamiento filosófico de los grandes pensadores del momento.
Esta tendencia hacia la idealización alcanzó a la pintura de vasijas. En el
ejemplo siguiente podemos observar cómo las figuras humanas han perdido la
anterior diagramación en perfil para mostrarse desde diversos puntos de vista.
Los cuerpos revelan un mayor estudio de la anatomía, son más dinámicos y
están representados en una espacialidad sugerida por la ubicación a distintas
alturas.
Crátera ática. Siglo V a.C.
Pero en donde se aprecia mayormente el paso del naturalismo hacia la
idealización es en la escultura. Los cuerpos adquirieron un mayor dinamismo y
posturas naturales, al igual que la anatomía. Estos rasgos se pueden observar
tanto en las escasas piezas de bronce sobrevivientes (obras originales griegas)
como en los múltiples ejemplos en mármol, que son muchas veces copias
romanas.
De izquierda a derecha: Poseidón de Artemision, Guerrero de Riace, Doríforo de Policleto
(Siglo V a.C.)
Dijimos que esta idealización fue alentada por la actividad intelectual de los
grandes filósofos de la época, que caracterizaron el pensamiento occidental
posterior.
Principales filósofos griegos y sus lugares de origen
Los filósofos griegos fueron quienes meditaron y reflexionaron sobre la Belleza
y muchas veces dejaron por escrito sus ideas. Estos dos cuadros muestran
algunos de los conceptos relacionados con la belleza y el arte que fueron
aplicados por los artistas en sus obras. Tengamos en cuenta que estas
definiciones rara vez se encuentran en otras culturas de la época antigua.
Uno de los conceptos más importantes es el de la armonía (harmonia) que
refiere a la concordancia entre las partes que conforman una obra con la
totalidad de la misma. Este concepto fue resumido en la forma de canon. El
canon de siete cabezas elegido por los escultores clásicos toma a la cabeza
como módulo para determinar la altura del cuerpo. A su vez, el resto de las
partes anatómicas debía estar armónicamente relacionadas con las otras. Del
mismo modo, los rostros se caracterizan por una inexpresividad que implica la
anulación de las emociones humanas, incluso las muecas producidas por la
actividad física.
Canon del Doríforo de Policleto y Discóbolo de Mirón (copias romanas de originales del siglo V
a.C.)
El siglo V a.C. es conocido como el siglo de Pericles, en homenaje a quien
gobernó a la ciudad de Atenas en esa etapa de esplendor.
Busto de Pericles. Siglo V a.C.
Atenas, junto al resto de las ciudades griegas, lograron vencer la invasión
persa provocada por la rebelión de las colonias griegas en territorio persa del
Asia Menor. Los ejércitos griegos vencieron con inteligencia a la poderosa
fuerza militar de los persas, que entre otras ataques, sitiaron y destruyeron
parte de la ciudad ateniense.
La reconstrucción de Atenas permitió la aplicación de los nuevos conceptos
artísticos y arquitectónicos, especialmente en la elevada zona de la Acrópolis.
Reconstrucción ideal de la ciudad de Atenas en el siglo V a.C.
De entre esas nuevas edificaciones se destaca el Partenón, dedicada a la
diosa local Palas Atenea. Construido en estilo dórico, el Partenón se
caracteriza por la armonía de su concepción arquitectónica, que aplica
correcciones ópticas en su estructura para contrarrestar el efecto de pandeo.
El Partenón. Atenas
Lamentablemente, las pocas esculturas que quedan de los tímpanos del
Partenón se encuentran en Inglaterra, pero su estudio permite elaborar una
reconstrucción de los mismos, que muestran una adaptación al espacio mucho
más natural que la lograda en la época arcaica. Fidias fue el organizador y
escultor principal de las obras.
Reconstrucción ideal del tímpano oriental del Partenón
Incluso en algunas de sus metopas puede apreciarse el desarrollo hacia el
mismo naturalismo logrado en las esculturas exentas.
Dos metopas del Partenón con el tema de la Centauromaquia
La escultura fue ganando en naturalismo, en idealismo y en sutilezas, como las
que se ven en esta Nike (Victoria) en relieve. El estilo clásico iba a perdurar
durante el siglo siguiente.
Nike atándose las sandalias. Siglo V -- Lisipo: Apoxiomenos. Siglo IV
Tras la victoria contra los persas, volvieron a surgir las diferencias políticas
entre las distintas regiones griegas, y la guerra del Peloponeso entre Esparta y
sus aliados contra Atenas y los suyos derivó en una victoria de los espartanos y
el comienzo la decadencia de la primacía de Atenas.
Guerras del Peloponeso
Las guerras internas entre los griegos fueron seguidas de cerca tanto por los
persas como por los macedonios del norte. Ambos esperaban sacar rédito
político y territorial de la situación.
El reino de Macedonia
Finalmente, el poderío de los macedonios creció abruptamente bajo el reinado
de Alejandro Magno, quien rompiendo el pacto con los persas firmado por su
padre Filipo II, aprovechó la oportunidad que le brindaba la debilidad del
Imperio persa para conquistarlo en su totalidad. Tras la temprana muerte de
Alejandro, su imperio se repartió entre sus principales generales.
El imperio de Alejandro Magno
La época helenística
Las vicisitudes políticas y sociales influyeron en el arte griego. A partir de
finales del siglo IV, las aspiraciones idealistas del arte clásico dieron paso a un
arte más dramático y expresivo. Los cuerpos y los rostros están tratados de
acuerdo a las necesidades expresivas de los temas, y las obras adquirieron
una dinámica aún mayor, que fue transmitida más tarde al arte de los
conquistadores romanos.
Suicido del gálata y su mujer. Siglo III a.C. Anciana ebria. Siglo III a.C. Victoria de Samotracia. Siglo
II a.C.
Agesandro, Polidoro y Atenodoro (escultores): Laocoonte. Siglo I a.C.