1.
RESUMEN
A continuación, se ofrecen algunos ejemplos de textos resumidos. Debéis estudiarlos solamente a
título de ejem plo, para comprobar cómo se sintetiza la argumentación y cómo se reflejan el
problema y las ideas principales de cada uno de ellos. No los memoricéis, porque el inicio y el
final de los fragmentos son arbitrarios y, por tanto, pueden variar en cada examen. Si el corrector
comprueba que el resumen corresponde a un fragmento distinto del propuesto, os pondrá un cero.
El fragmento número 4 ha salido en infinidad de ocasiones.
FRAGMENTO 1
(SÓCRATES) —Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga
entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que
están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse
quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impi den volver la cabeza; detrás
de ellos, la luz de un fuego que arde algo más y en plano superior, y entre el fuego y los
encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un
tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las
cuales exhiben aquellos sus maravillas.
(GLAUCÓN) —Ya lo veo —dijo.
—Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de
objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra
y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos
que vayan hablando y otros que estén callados.
— ¡Qué extraña escena describes —dijo— y qué extraños prisioneros!
—Iguales que nosotros —dije—, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto
otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la
parte de la caverna que está frente a ellos?
— ¿Cómo —dijo—, si durante toda su vida han sido obligados a mantener
inmóviles las cabezas? — ¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo
mismo?
— ¿Qué otra cosa van a ver?
—Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a
aquellas sombras que veían pasar ante ellos?
—Forzosamente.
— ¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que
hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la
sombra que veían pasar?
—No, ¡por Zeus! —dijo.
—Entonces no hay duda —dije yo— de que los tales [prisioneros] no tendrán por real ninguna otra
cosa más que las sombras de los objetos fabricados.
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Resumen. El fragmento pertenece al libro VII de La República de Platón, concretamente al pasaje conocido
como “alegoría de la caverna”. Sócrates describe a Glaucón una escena en la que los prisioneros de una
caverna subterránea se hallan encadenados y forzados a mirar al fondo de esta, sobre cuyas paredes se
proyectan las sombras de unos objetos transportados, por detrás de los prisioneros, por unos hombres que
van hablando entre ellos. Los prisioneros toman por reales las sombras ya que no han visto otra durante toda
su vida. La escena del texto presenta el problema filosófico de la falta de educación filosófica y de la
ignorancia. Habituados al mundo sensible y a la opinión, no nos percatamos de nuestra ignorancia y
tomamos por reales cosas que no lo son.
FRAGMENTO 2
—Y si se lo llevaran de allí a la fuerza —dije—, obligándole a recorrer la áspera y escarpada
subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y
llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella
que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?
—No, no sería capaz —dijo—, al menos por el momento.
—Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería
más fácilmente serían, ante todo, las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos
reflejados en las aguas, y más tarde, los objetos mismos. Y después de esto le sería más fácil el
contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas
y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.
—¿Cómo no?
—Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar
ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que él estaría en
condiciones de mirar y contemplar.
—Necesariamente —dijo.
—Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los
años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas
cosas que ellos veían.
—Es evidente —dijo— que después de aquello vendría a pensar en eso otro.
— ¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos
compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les
compadecería a ellos?
Resumen. El fragmento pertenece al libro VII de La República de Platón, concretamente al pasaje conocido
como “alegoría de la caverna”. Sócrates narra a Glaucón el momento en que uno de los prisioneros de la
caverna es liberado a la fuerza y obligado a salir de ella. El prisionero liberado se habitúa paulatinamente a la
luminosidad del exterior hasta que es capaz de mirar las cosas iluminadas por el sol y, por último, el sol
mismo. Tras comprender que el sol es causa de todo lo que ha visto, sentiría felicidad por haber sido liberado.
El texto versa sobre el problema filosófico del conocimiento del bien, o sobre la ascensión del alma, a través
de los distintos niveles de conocimiento, hasta el mundo inteligible. El conocimiento del Bien es la culminación
de dicho proceso y proporciona felicidad al sabio que lo alcanza.
FRAGMENTO 3
— […] Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos
compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les
compadecería a ellos?
—Efectivamente.
—Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran
los unos a aquellos otros que, por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y
acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían pasar delante o detrás o junto con
otras, fuesen más capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees
que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y
poderes entre aquellos, o bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que preferiría decididamente
«tra
bajar la tierra al servicio de otro hombre sin patrimonio» o sufrir cualquier otro destino antes que
vivir en aquel mundo de lo opinable?
—Eso es lo que creo yo —dijo—: que preferiría cualquier otro destino antes que aquella vida.
—Ahora fíjate en esto —dije—: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no
crees que se le llenarían los ojos de tinieblas, como a quien deja súbitamente la luz del sol?
—Ciertamente —dijo.
—Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente
encadenados, opinando
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acerca de las sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad
—y no sería muy corto el tiempo que necesitara para acostumbrarse—, ¿no daría que reír y no se
diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena
ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían, si encontraban manera de echarle
mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?
—Creo que sí —dijo.
Resumen. El fragmento pertenece al libro VII de La República de Platón, concretamente al pasaje conocido
como “alegoría de la caverna”. Sócrates interroga a Glaucón sobre lo que podría ocurrir al prisionero liberado
tras contemplar las realidades del exterior. Este se resistiría a regresar al interior de la caverna, puesto que
prefiere su nueva condición, pero al volver finalmente a esta, vería todo entre tinieblas y sus compañeros se
burlarían de él y se negarían a ser liberados. El texto versa sobre el problema filosófico del conocimiento del
bien. El sabio, una vez conocidas las ideas y el Bien, se resiste a renunciar a la felicidad que este le
proporciona y dedicarse al gobierno de las polis. Cuando finalmente se decide a hacerlo, el pueblo ignorante
se resistiría a ser gobernado por el sabio.
FRAGMENTO 4
—Pues bien —dije—, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón! a lo que se ha
dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda—prisión, y
la luz del fuego que hay en ella, con el poder del sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a
la contemplación de las cosas de este, si las com paras con la ascensión del alma hasta la región
inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la
divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo
inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay
que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que,
mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en la inteligible es ella la
soberana y productora de verdad y conocimien to, y que tiene por fuerza que verla quien quiera
proceder sabiamente en su vida privada o pública.
—También yo estoy de acuerdo —dijo—, en el grado en que puedo estarlo.
—Pues bien —dije—, dame también la razón en esto otro: no te extrañes de que los que han
llegado a ese punto no quieran ocuparse en asuntos humanos; antes bien, sus almas tienden
siempre a permanecer en las alturas, y es natural, creo yo, que así ocurra, al menos si también
esto concuerda con la imagen de que se ha hablado.
Resumen. El fragmento pertenece al libro VII de La República de Platón, concretamente al pasaje conocido
como “alegoría de la caverna”. Sócrates desvela a Glaucón el significado de la alegoría que acaba de relatar.
La vivienda subterránea, el mundo de arriba y el sol representan, respectivamente, a los mundos sensible e
inteligible y al Bien, mientras que la salida de la caverna representa la ascensión del alma al mundo
inteligible. El texto versa sobre la importancia del conocimiento del Bien. El Bien es la causa del ser de todas
las cosas y el fundamente del conocimiento. Debe conocerlo por fuerza quien quiera comportarse rectamente
en su vida privada y pública, aunque quienes lo conocen no deseen ya ocuparse de los asuntos humanos.
FRAGMENTO 5
—Pues bien —dije—, dame también la razón en esto otro: no te extrañes de que los que han
llegado a ese punto no quieran ocuparse en asuntos humanos; antes bien, sus almas tienden
siempre a permanecer en las alturas, y es natural, creo yo, que así ocurra, al menos si también
esto concuerda con la imagen de que se ha hablado.
—Es natural, desde luego —dijo.
¿Y qué? ¿Crees —dije yo— que haya que extrañarse de que, al pasar un hombre de las
contemplaciones divinas a las miserias humanas, se muestre torpe y sumamente ridículo cuando,
viendo todavía mal y no hallándose aún sufi cientemente acostumbrado a las tinieblas que le
rodean, se ve obligado a discutir, en los tribunales o en otro lugar cualquiera, acerca de las
sombras de lo justo o de las imágenes de que son ellas reflejo, y a contender acerca del modo en
que interpretan estas cosas los que jamás han visto la justicia en sí?
—No es nada extraño —dijo.
—Antes bien —dije—, toda persona razonable debe recordar que son dos las maneras y dos las
causas por las cuales se ofuscan los ojos al pasar de la luz a la tiniebla y al pasar de la tiniebla a
la luz. Y una vez haya pensado que también le ocurre lo mismo al alma, no se reirá
insensatamente cuando vea a alguna que, por estar ofuscada, no es capaz de discernir los
objetos, sino que averiguará si es que, viniendo de una vida más luminosa, está cegada por falta
de costumbre, o si, al pasar de una mayor ignorancia a una mayor luz, se ha deslumbrado por el
exceso de ésta; y así, considerará dichosa a la primera alma, que de tal manera se conduce y
vive, y compadecerá a la otra, o bien, si quiere reírse de ella, esa su risa será menos ridícula que
si se burlara del alma que desciende de la luz.
—Es muy razonable —asintió— lo que dices.
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Resumen. El fragmento pertenece al libro VII de La República de Platón, concretamente al pasaje conocido
como “alegoría de la caverna”. Sócrates acaba de desvelar a Glaucón el significado de la alegoría y
reflexiona sobre las dificultades que el prisionero liberado encuentra para regresar a la caverna, o sea, sobre
las dificultades del sabio, una vez contemplado el Bien, para ocuparse de los asuntos humanos. El sabio se
sentiría torpe al discutir de lo justo con quienes no conocen la justicia en sí, aunque esta torpeza es más
dichosa que la experimentada por el ignorante al verse cegado por la sabiduría.
4.- CONTEXTUALIZACIÓN
b) El pensamiento de Platón en el marco de la época y en la historia de la Filosofía
Platón (427-347 a C.) vive en una época de crisis y decadencia, que afecta a la vida
privada y a la pública, al orden moral y al orden intelectual. La vida pública está marcada
por las guerras del Peloponeso o guerras civiles entre los griegos, con ellas comenzó la
decadencia y la disolución de la ciudad-estado. En el orden moral e intelectual, las
doctrinas de los últimos sofistas (Gorgias, Calicles…) tuvieron el mismo efecto. Eran
escépticos y nihilistas, y atacaron todos los valores tradicionales. Defendían el principio del
placer en la conducta privada (hedonismo) y el derecho del más fuerte en la vida pública
(tiranía e imperialismo). Por eso, aunque el pensamiento de Platón tiene una dimensión
universal, que sobrepasa su propio tiempo, también hay que entenderlo como respuesta a
los problemas de su época: su teoría de las ideas trata de fundamentar el conocimiento y
la verdad, frente al escepticismo sofista, y trata de justificar los grandes valores (la
belleza, la justicia, la verdad); su teoría del Estado y de la educación intenta afrontar la
crisis política y social.
Platón recoge influencias de los filósofos presocráticos. Además de aportar en el Timeo su
propia cosmo logía (con resonancias del Noûs de Anaxágoras en el Demiurgo ordenador
de la materia y de los cuatro elementos de Empédocles en su teoría de los cuatro sólidos
elementales), Platón sintetizó en su metafísica dualista las dos concepciones
fundamentales de la filosofía presocrática: el devenir de Heráclito (la natu raleza dinámica
y corruptible del mundo físico), y la inmutabilidad del Ser de Parménides, cuyos atributos
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traslada al mundo de las Ideas. La influencia de Parménides es patente asimismo en la
distinción entre doxa (opinión) y episteme (conocimiento).
El contacto con círculos pitagóricos le proporcionó importantes elementos: los números
como esencia del universo (Platón incluye a los objetos matemáticos en el reino de lo
inteligible), su admiración por la música o la creencia en la inmortalidad del alma y en la
trasmigración o metempsícosis son de origen pitagórico.
Pero sin duda la mayor influencia la recibió de su maestro Sócrates. El intelectualismo
socrático aparece constantemente en los diálogos platónicos, sobre todo en la defensa de
la cognoscibilidad de la virtud y del vínculo entre vida contemplativa y vida práctica, entre
sabiduría y ejercicio de la política. No solo el personaje de Sócrates (a veces el Sócrates
histórico, a veces un simple portavoz de Platón), sino el método socrático, como
búsqueda rigurosa de la verdad a través del diálogo, están presentes en toda su obra. Y
por último, la convicción de que la organización justa de la polis es necesaria para la
felicidad del individuo. Hablar de Sócrates en la obra de Platón exige también referirse a
los Sofistas, a cuyas posiciones relativistas, escépticas y convencionalistas se enfrentaron
ambos.
En cuanto a las influencias generadas por Platón, destaca su discípulo Aristóteles, cuya
filosofía contiene, pese a su progresiva separación de las principales tesis platónicas, una
constante referencia a su maestro.
A través de la corriente neoplatónica (Plotino, Porfirio) Platón contribuyó a la elaboración
de la teología cristiana, cuyo principal representante, Agustín de Hipona abrió el paso a
una hegemonía casi completa de la corriente platónico-agustiniana en la filosofía medieval
(Boecio, Avicena, Duns Scoto, etc.) hasta la recuperación del aristotelismo en los siglos
XII y XIII. El interés humanista por los textos clásicos dio lugar a la aparición de una
importante corriente platónica (Nicolás de Cusa, Marsilio Ficino, Pico della Mirandola o
Francesco Patrizzi).
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