Migracion Vasca A Venezuela Una Historia de 500 Años
Migracion Vasca A Venezuela Una Historia de 500 Años
Los primeros vascos que llegan a lo que hoy es Venezuela lo hacen en tos primeros días del
siglo XVI. Hacia 1509, Nicuesa y Alonso de Ojeda son encargados de explorar y conquistar la
tierra firme del continente americano. Si bien los dos citados eran castellanos, los bar-eos, el
dinero y el potencial humano fueron aportados por vascos que Ksidian en la isla de La
Española. El vasco Luis de Olano era el oficial naval de mayor rango en la expedición.
Mientras exploran tierras veneolanas se produce un serio incidente entre Nicuesa y Olano,
que es ircelado. Este último pide ayuda al vizcaíno Martín de Zamudio. y oíros vascos
acuden para liberarle, haciendo a su vez prisionero Nicuesa, que es reenviado a La Española
( Posteriormente, Lope de Aguirre y sus marañones realizaron incursiones «liberadoras» por
B mismas tierras
República, muchos de ellos (al contrario de lo que ocurre en Estados Unidos) fervientes
nacionalistas. Según distintas fuentes, son los jesuítas quienes van a ejercer su influencia
para propiciar una inmigración vasca y selectiva
Todo parece indicar que los primeros contactos entre las autoridades vene/olas y vascas
comienzan en 1938. El doctor Luis de Aranguren atenta en sus «Memorias»: «Desde que
llegué a Francia, abrigué el Uriñe propósito de trasladarme a Venezuela a pesar de mi falta
de juventud, y como conocía de antiguo a mi buen amigo el doctor don Alberto Smith
Zárraga, embajador de Venezuela en Cuba, a él me dirigí en petición de consejo, haciéndole
presente lo que a mí como a lautos otros nos sucedía, que sin recursos materiales para
poder emprender nada sólido en Venezuela, queríamos emigrar allí. Don Alberto no sólo me
contestó inmediatamente, invitándome a que pasara a Vene-/ueln cuanto antes, a cuyo
efecto ordenaría las facilidades consiguientes puní ello, sino que, desde La Habana,
manifestó al presidente, general l.ópe/ Contreras, de lo que se trataba. Este de inmediato
mandó a un delegado especial para que se pusiera de acuerdo con el Gobierno de líu/ktidi y
los interesados, al objeto de establecer en seguida una selección de personal, y una vez de
acuerdo proporcionar la documentación y el embarque con destino a Venezuela»
A pesar de ello, no todo parecía tan positivo para la emigración vasca a Venezuela. Desde la
Delegación de Nueva York, Ramón Sota de los fracasos de experiencias similares:
«Hace pocos días vino a visitarme de Venezuela un amigo mío inglés, míster Dempster, que
estudió conmigo. Antes fue miembro del Cuerpo Colonial Británico, dejándolo para venir a
trabajar en la Shell-Mex. Míster Dempster, que conoce Euzkadi y nuestro problema, habiendo
leído casi todo lo que se publica en castellano sobre el Movimiento Nacional Vasco, nos dijo
cosas muy interesantes sobre la posible emigración vasca a ese país, que a su juicio sería
un desastre. Me prometió enviarme un estudio para enviárselo yo al Gobierno de Euzkadi.
Según míster Dempster, las tres últimas inmigraciones, la de los alemanes, los canarios y los
suecos, han sido completos fracasos, y los periódicos ahora claman por la inmigración
vasca»
Un acuerdo restringido
A principios de 1938, |esús María de Leizaola, a la sazón consejero de Justicia y Cultura del
Gobierno Vasco, se entrevistaba en París con el representante para Europa de Instituto de
Emigración venezolano, Eduardo Monsanto, y con Simón González Salas. Se trataba,
precisamente, de llegar a acuerdos que faciliten la entrada en Venezuela de emigrantes
vascos. Sin embargo, como veremos, las primeras expediciones colectivas no llegarán al
país hasta mediados de 1939, durante el mandato del general Isaías Medina Angarita y del
director del Instituto de Emigración, Arturo Uslar Pietri. Pero como hemos señalado, y hasta
finales de 1941, e! mayor número de refugiados llegará a través de la República Dominicana
Además de las gestiones de París, como señalábamos antes, la prensa venezolana acoge
favorablemente la idea de una inmigración masiva de vascos. En un editorial del diario «El
Heraldo», de Caracas, se decía: «Indiscutiblemente, una de las inmigraciones más deseadas
por Venezuela es la emigración vasca. Entendiéndolo así, el Gobierno de Venezuela gestiona
entre los elementos vascos refugiados en Francia su venida a nuestro país, y bastantes de
ellos han llegado ya, dando en sus respectivas especialidades los mejores y más brillantes
resultados.»
Las primeras expediciones de refugiados vascos viajan a Venezuela a bordo del «Cuba»,
que salió del puerto francés de El Havre con 150 exiliados y llegó a La Guaira el 14 de julio
de 1939; el «Flandre», con 200 refugiados, que hizo el mismo recorrido, llegando justamente
un más más tarde, y el «Bretagne», que salió de Burdeos hacia el mismo puerto con 75
refugiados vascos a bordo . Con las primeras
expediciones viaja una «comisión de control», encabezada por el antiguo interventor general
de la Hacienda Vasca, Juan de Olazábal. Su misión es además la de garantizar una serie de
inversiones del Gobierno Vasco destinadas, por un lado, a dar trabajo a refugiados, pero
sobre todo para controlar una serie de inversiones que va a hacer la propia Hacienda
autónoma en aquel país
Según Luis Ruiz de Aguirre en una crónica de la época, a finales de 1940 había en
Venezuela 1.010 vascos controlados. Los primeros que consiguen sólidos empleos son los
profesionales de alta cualifica-ción. Médicos como Aranguren (padre e hijo), Bilbao, Bengoa,
Galla-no, Belín, Aránsolo, Díaz de Rekarte, Unzueta... Arquitectos, ingenieros —como Luis
María de Eleizalde— (17). Según Aranguren, entre 1940 y 1941 habían llegado a La Guaira
al menos treinta y seis grupos de vascos. En 1942 la cifra alcanzaba los 2.160 (18). En 1956,
según un informe presentado al I Congreso Mundial Vasco, se decía que el número de
vascos en Venezuela ese año oscilaba entre los 8.000 y 10.000. Lógicamente, la mayoría de
éstos eran emigrantes puros, por razones económicas
El «Donibane» y el «Bigarrena»
Desde el verano de 1937, el Gobierno Vasco recibe diversos proyectos para instalar
industrias en el exilio. Un número significativo de proyectos corresponden a industrias
pesqueras. Tanto para capturas como para transformación. La base de estos proyectos son,
por un lado, la experiencia profesional de los «arrantzales» (pescadores) vascos exiliados, y
por otro, la flota evacuada a puertos franceses. De todos, el proyecto más serio será el
presentado por el capitán [osé María Burgaña. Sin embargo, aún habría de pasar más de un
año para que algunos de ellos se materialicen
A finales de 1937, un refugiado vasco, José María Oruezabala, de acuerdo con unos
carpinteros de ribera, funda unos astilleros en la desembocadura del Adour. Después de
muchos apuros y sacrificios económicos se botó el primer barco. A éste le seguirán otros. De
estos astilleros salieron las embarcaciones «Donibane» —que al principio se llamó
«Lendabizikoa» («La Primera») y «Bigarrena» («La Segunda»), ambas gemelas, con casco
de madera, costillaje de varilla y provistas de motor diesel de 50 HP. Sus características eran:
eslora, 14 metros; manga, 3,50 metros, y dos o tres pies de calado. El «Donibane» fue
botado en agosto de 1938, y tres meses más tarde lo será su compañero. En una primera
fase la «pareja» se dedicará a la pesca de bajura en las costas del País Vasco continental.
Tras hacer escala en Dakar, donde se aprovisionan, aprovechando la travesía para pescar,
avistaban tierra venezolana el 6 de septiembre, Hacía una semana que había comenzado la
guerra mundial. Con e! «Donibane» y el «Bigarrena» se constituye «Pesquerías del Caribe»,
presidida por Juan de Olazábal (23). Esta empresa, que cuenta con capital del Gobierno
Vasco, fue un rotundo fracaso. Un mercado que había de ir haciendo poco a poco no era el
campo económico que necesitaban aquellos hombres
Hay dos tandas de viajes a la República Dominicana, La primera llega en el otoño de 1939 y
la segunda, en los primeros meses de 1940. Las condiciones de vida allí son
extremadamente duras y los medios económicos de subsistencia muy escasos. Ello hace
que un grupo de refugiados vascos -Urreztieta, Urruchua, Orúe, Ibargüen, Basteirechea,
Uribarrena, Soto y Zabala- escribieran al presidente vasco, José Antonio de Aguirre. Le piden
que nombre a Eusebio María de Irujo y Olio delegado del Gobierno en Santo Domingo (en
aquellos días. Ciudad Trujillo).
El primer grupo, formado por dieciséis personas embarcaba el día 24 de diciembre de 1939
a bordo del Presidente Trujillo, llegando al puerto de Curazao dos días más tarde. De allí a
La Guaira en el Ramoe. Un segundo grupo de vascos salía de Ciudad Trujillo el 5 de enero
de 1940, y tras hacer el mismo recorrido llegaba al citado puerto venezolano en el Cónica, La
mayor parte de éstos y otros que habían llegado a esta isla a bordo del vapor LassaUe,
habían organizado el viaje en el convento benedictino de Belloc, en el sur de Francia (
Todo ello hace que los refugiados vascos no comunistas (republicanos, nacionalistas,
anarquistas, socialistas) presionasen a Irujo para que éste les gestionase el viaje a
Venezuela (. «En esas circustancias -escribía Irujo- he procurado por todos cuantos medios
tengo a mi alcance enviar a Venezuela el mayor número de baskos posible; pero tropiezo con
el criterio de Olazabal y con las instrucciones que dice recibe de París. No reclama a más
que a los controlados por el Gobierno basko o Endara (sede del PNV); aquí la gente ve que
no van más que nacionalistas, y alguno que no lo es con dificultades y a veces valiéndose de
otras personas residentes allí. He escrito varias veces a Olazabal insistiendo en que me
parece dura esa medida para nuestro pueblo, que aun en el caso de pertenecer a partidos
extremistas son mucho más morales y mejores personas que sus afines españoles
Algunos de quienes más tarde van a gozar de gran prestigio en la comunidad vasco-
venezolana llegaron al país tras sufrir la angustiosa odisea del buque Ahina -que ha dado
lugar a obras literarias como Antón Sukalde y París abandonada de José Olivares Larrondo
«Tellagorri», o Crónicas del Ahina, de Arantzazu Amézaga-, tardando más de diez meses en
atravesar el Atlántico. Tras una escala en Veracruz y pasar por un campo de concentración
en las cercanías de La Habana, embarcarían en Santiago a bordo del Cuba, llegando a La
Guaira el 10 de diciembre de 1941. Entre ellos, el doctor Luis Bilbao y Lucio de Aretxabaleta.
Otros llegarían desde Argentina o Colombia, caso este último del escritor Luis Ruiz de
Aguirre
.
Mención aparte merece la llegada a Venezuela de las esposas, novias e hijos de los exiliados
ya que, como hemos señalado, no todos habían acompañado a los cabezas de familia. En
este punto es preciso destacar, una vez más, la importante labor de diplomáticos y
funcionarios venezolanos destacados en España. Algunos viajan en barcos españoles. Los
más conocidos'eran el Cabo de Hornos y el Cabo de Buena Esperanza de la Compañía
Vasco-Andaluza Ibarra y Cía. Aquellos viajes no estuvieron exentos de peligros. Se vivía la
batalla del Atlántico y en no pocas ocasiones los submarinos torpedeaban a los barcos
neutrales. Un exiliado vasco perdió a toda su familia en uno de esos barcos cuando acudían
a reunirse con él. Es cierto que, como parte positiva, cuando llegaban los barcos se
celebraban muchas bodas, iniciando una tradición de endogamia en un sector significativo de
la comunidad vasca de Venezuela, que se prolonga hasta nuestros días
A pesar de los resultados positivos de estas negociaciones fallarían los medios de transporte.
El presidente López Contreras había propuesto poner a disposición de los vascos el Hotel
Jardín de Maracay, por si llegaban nuevos grupos. En aquellos días Ricardo de Maguregui
estaba tratando de fletar un barco panameño de carga, que se iba a acomodar para el
transporte de pasajeros, para que se trasladase a Burdeos y recogiese el mayor número
posible de pasajeros vascos. Sin embargo, el agravamiento de la situación bélica
internacional lo impediría
Durante muchos años, el «Hotel Zuriñe» fue el lugar de reunión y acogida de los vascos que
llegaban a Caracas, especialmente los solteros. A principios de 1940 se producía el primer
fallecimiento del exilio vasco en la capital venezolana. Los pupilos del «Zuriñe» realizan una
colecta para sufragar los gastos del entierro. De esta iniciativa humanitaria surge una
comisión, que a su vez nombraría la primera [unta Directiva de la Asociación Vasca de
Socorros Mutuos. Se seguía así una tradición de la emigración vasca en América desde la
segunda mitad del siglo XIX. Pero sobre todo, como se ha señalado en repetidas ocasiones,
la AVSM se constituía en la primera institución vasca en Caracas. Su primer presidente sería
el ingeniero Ignacio de Ro-taeche
En septiembre de 1942 la Asociación Vasca de Socorros Mutuos tenía 218 socios, repartidos
casi a partes iguales en dos categorías: familiares e individuales. Un año más tarde la
institución tenía delegaciones en diferentes ciudades del país y prestaba asistencia a unos
640 refugiados vascos. La Asociación, que únicamente proporcionaba asistencia médica y
gastos de fallecimiento, contaba, además de con los médicos y vascos, con un sinfín de
especialistas venezolanos que colaboraban con la misma de forma desinteresada. Sólo una
vez los fondos de la Asociación fueron destinados a fines diferentes de los previstos: para
sufragar parte de los gastos ocasionados por la primera visita al país de José Antonio de
Aguirre (26). Diecisiete años más tarde tenía centenares de socios, varios médicos y los
servicios de la Clínica Santa Ana. El 1 de noviembre de 1952 se inauguraba un panteón
colectivo de 120 nichos
Dos años más tarde, en el Centro Vasco, surge otra institución solidaria para ayudar a los
refugiados vascos en Venezuela: la llamada Junta de Socorros pro Asistencia Social Vasca,
que abarcaba otros aspectos asistenciales diferentes a los médicos o funerarios El Centro
Vasco de Caracas
El exilio vasco en Venezuela tiene una serie de características propias que le diferencian de
otros países americanos. Antes de 1936, en muchos de ellos (Argentina, Uruguay, Chile,
Cuba, México, Estados Unidos...) existen centros y organizaciones vascas de diferente
índole. Por otro lado, la ausencia de inmigración en el siglo XIX diluyen la presencia vasca en
el país. En segundo lugar, el núcleo mayoritario de exiliados —al igual de lo que ocurre en
México con los socialistas— es nacionalista. Quizá por todo ello organismos vascos, tanto
institucionales como políticos, tienen una importancia secundaria. Por otro lado, en muchos
aspectos hay que partir de cero. Y en este caso el «cero» fue la construcción de un Centro
Vasco como lugar de reunión.
Como hemos señalado anteriormente, el proceso de creación del Centro Vasco de Caracas
no es en absoluto original. Como nos recuerdan Douglass y Bilbao en su monumental
«Amerikanuak», el primer paso son siempre las Asociaciones de Socorros Mutuos para, a
continuación, fundar un lugar de reunión. Este sería el caso, por ejemplo, del «Laurak bat»,
de Buenos Aires, el más antiguo de América.
A finales de 1940 se producen los primeros intentos para la apertura del Centro Vasco en
Caracas. La situación económica de los recién llegados —insistimos en que todos eran
recién llegados— no lo permite hasta el Aberri Eguna de 1942. Los días 4 y 5 de abril de ese
año se celebraban los actos de inauguración de la sede, sita en la calle Velázquez y
Cipreses, número 9. Antes, en un banquete celebrado en el restaurante «Txoko», propiedad
de Juan de Lem'z, se constituiría la primera Junta Directiva, constituida por (osé María
Etxezarreta (presidente), José María de Barreneíxea (secretario), Illari de Ariño (tesorero), y
como vocales, Ricardo de Goya, Ricardo de Leizaola, Salvador de Urroz y Silvino de
Mugarra.
Aquella primera sede debió ser pintada y adecentada por los socios, mientras que el primer
mobiliario —unas banquetas usadas— fue adquirido por los directivos.
Con estas juntas asesoras o consultivas [osé Antonio de Aguirre pretendía reforzar la unidad
del campo vasco tras el abandono del Gobierno de Juan de los Toyos y del sector prietista
del PSE. Asimismo, esta Junta era la encargada de impulsar «Galeuzca» en Venezuela (
7.—Mantener e impulsar las relaciones con los demás grupos antifascistas, constituidos en
las Naciones Unidas.
8.—Desarrollo de la más eficiente labor de propaganda vasca, dentro de los límites legales
autorizados, para dar a conocer en la República el problema vasco, sus soluciones, así como
su historia, folklore, costumbres, etc.
«Euzkadi» de Caracas
En agosto de 1942 aparecía el primer número de la revista «Euzkadi», editada por el Centro
Vasco de Caracas. Su primer responsable fue el doctor Juan de Iturbe. Aquella entrega
inaugural estaba dedicada a los vascos exiliados y a los venezolanos que les habían
acogido. «Euzkadi», de Venezuela, tiene características propias que la diferencian de otras
publicaciones del exilio americano. Al contrario de lo que ocurre con los dos «Euzko Deya» y
de «Basques», órganos, respectivamente, de las Delegaciones de Buenos Aires, México y
Nueva York; de «Euzkadi», de Chile, del PNV, etc., la revista caraqueña es, como decimos,
órgano del Centro Vasco. No quiere decir esto que hubiese sustanciales diferencias en
cuanto a contenidos. Asimismo,y durante muchos años, una característica llamativa fue la de
su formato y diseño. Se utilizó el tipo del «Reader's Digest».
A partir del número 2 aparece ya como director losé María de Barrenechea, que aparece en
la mancheta hasta el número 6. A partir de entonces, y hasta diciembre de 1945, ocupa el
puesto Blas de Gárate. Le suceden Eusebio Barrióla (1946), José María de Bengoa (19461-
948), Genaro Egileor «Atxerre» (1948-1949) y Martín Ugalde (1949-1950)
Sin embargo, la publicación más importante en este período es, sin duda, «Gudari», que con
el lema «Por una Euzkadi libre en una Europa unida» publicó «Euzko Gastedi del Interior»
entre abril de 1961 y enero de 1972. Durante esos años «Gudari», en sus diferentes
formatos, fue distribuida clandestinamente en Euzkadi. Su principal animador fue Alberto
Elosegui, que popularizó el seudónimo «Paul de Garat». Elosegui, periodista profesional, fue
redactor-jefe de la revista «Momento», en la que también trabajó Gabriel García Márquez.
«Gudari» editó algunos libros, como «El árbol de Guernica», de Steer; «La causa del Pueblo
Vasco», de Landáburu, o «Siete meses y siete días en la España de Franco», de Iñaki de
Azpiazu.
A partir del 9 de diciembre de 1959 se emite un programa de radio para la comunidad vasca,
«Euzko Deya». En 1965, y desde la selva, inicia su actividad «Radio Euzkadi», que
mantendría sus emisiones hasta 1977. Formaron parte de esta iniciativa Jokin Intza, Iñaki
Zubi-zarreta, Félix Berriozábal, Iñaki Anasagasti, José de Abasólo, fon Mikel Olabarrieta,
Guillermo Ramos o el inevitable Alberto Elosegui
Por otro lado, en 1970 se estrenaba la película «Los hijos de Gernika», subtitulada «La lucha
del pueblo vasco por su libertad». Era un documental de veintisiete minutos de duración,
realizado por el cubano de origen vasco Segundo Cazalis y bajo la cobertura de la
productora «Avila Films». Este documental, que contaba con comentario escrito por Alberto
Elosegui, música de Iñaki Irureta y fotografía de Jorge Solé y Gastone Vinsi, se presentaba
como la «historia de los gudaris, de sus hijos y de su amor por la libertad»
Editorial Xamezaga
Catalogo de Obras (1.230)
La Memoria de los Vascos en Venezuela
[Link]/xabieramezaga
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@xabieramezaga