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Francisco Delicado fue un escritor español del siglo XVI originario de Martos, Jaén. Vivió la mayor parte de su vida en Italia, donde trabajó como cura en Roma y luego editor en Venecia. Escribió varias obras, incluyendo su obra maestra La Lozana Andaluza. Murió probablemente en España alrededor de 1550 después de regresar desde Italia.

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Francisco Delicado fue un escritor español del siglo XVI originario de Martos, Jaén. Vivió la mayor parte de su vida en Italia, donde trabajó como cura en Roma y luego editor en Venecia. Escribió varias obras, incluyendo su obra maestra La Lozana Andaluza. Murió probablemente en España alrededor de 1550 después de regresar desde Italia.

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Francisco Delicado $ Preguntas
frecuentes

Delicado, Francisco. ¿Martos? (Jaén), c. 1480 – ¿Valle de


Cabezuela? (Cáceres), c. 1550. Escritor.

Los interrogantes que acompañan fechas y lugares de las ' Biografía


marcas biográficas de Francisco Delicado son indicativos de destacada
la escasez de datos acerca de su vida.

Lo que de ella se sabe se desprende esencialmente de las


pocas noticias que entrega el autor en sus obras y de las
investigaciones de algunos estudiosos. Así, se puede situar Agustín Gabriel de
su patria entre las provincias de Córdoba (de la que era Montiano y Luyando
natural su padre) y la de Jaén: su madre era de Martos, y a
esta última población se dirigen sus añoranzas más
frecuentes, ya que allí se crió y aprendió la lengua materna,
cuyos dejos andaluces pueden percibirse en ciertas
preferencias léxicas y fonéticas de su obra más famosa, La
Lozana andaluza.

En ésta nada se dice de su oficio, pero, a través de las


indicaciones contenidas en una obrita de paradero hoy
desconocido que tuvo en sus manos el profesor italiano
Francesco Ugolini —Spechio vulgare per li sacerdoti (1525)
—, se sabe que fue cura de la pequeña iglesia de Santa Maria
in Posterula, en Roma, adonde llegó probablemente durante
el pontificado de Alejandro VI Borgia, a finales del siglo xv.
Más que a sus no comprobados orígenes judíos, su llegada a
Italia se debe razonablemente o a su condición original de
soldado, dentro del ejército con el que Gonzalo Fernández
de Córdoba, el Gran Capitán, conquistó para los Reyes
Católicos el reino de Nápoles, disputándolo a los franceses, o
bien como familiar del cardenal Bernardino de Carvajal
que, llegado a Roma como embajador de los Reyes Católicos
en 1492, fue, a principios del siglo, legado apostólico en
Nápoles y protector del escritor hasta su muerte en 1523,
fecha en la que sus títulos y la protección hacia Delicado
pasaron a su sobrino Gutierre Vargas, que lo benefició más
tarde con el vicariato del Valle de Cabezuela, en la diócesis
de Plasencia.

En cualquier caso, es evidente el conocimiento que Delicado


tuvo de la ciudad partenopea, a la que achacó el origen de la
enfermedad que padeció por más de veinte años, aquella
sífilis, o mal napolitano, o mal francés, que es el motivo de
fondo de toda su obra.

Tuvo que trasladarse muy pronto a Roma, donde vivió lo


suficiente como para asistir al sucederse de seis papas:
Alejandro VI (Rodrigo Borja, 1492-1503), Pío III (Francesco
Todeschini Piccolomini, pocos meses de 1503), Julio II
(Giuliano della Rovere, 1503- 1513), León X (Giovanni de’
Medici, 1513-1522), Adriano VI (Adrian Floriszoon, 1522-
1523) y Clemente VII (Giulio de’ Medici, 1523-1534).

La capital de la cristiandad se encontraba entonces en su


apogeo artístico y político, y los pontífices destacaban más
por su afición al lujo y a la guerra que por caridad cristiana
y moralidad. Roma, ya caput, ahora cauda mundi, como la
insultaban los escandalizados fieles de las iglesias del norte
de Europa, era también la capital de la prostitución: miles de
mujeres (sin excluir a travestidos) encontraban a sus
mejores clientes en una ciudad de población esencialmente
compuesta por varones solteros, que, sin distinciones
jerárquicas, desde el Sumo Pontífice hasta el último
sacristán, frecuentaban y a menudo mantenían a las
trabajadoras del sexo, fuesen ellas humildes meretrices o
cultas cortesanas.

La calle del Orso, donde se encontraba la ya no existente


parroquia del padre Delicado, era habitada por tantas
prostitutas “que parecen enjambre” (Mamotreto XII de La
Lozana andaluza), y sus abigarradas costumbres y sus voces,
como las de sus clientes y de todo un pueblo dedicado al
placer y a la satisfacción del cuerpo, sin ningún reparo
moral, son las retratadas fielmente y con divertida
participación por el clérigo andaluz.

Es verdad que la dolce vita romana se ensombrece por la


presencia de la epidemia del mal francés, enfermedad a la
que Delicado dedicó un tratado, del que constan dos
ediciones (Roma, 1525 y Venecia, 1530), más una tercera
probablemente perdida. El modo de adoperare el legno de
India occidentale le dejó renombre de científico, el único
con el que ha sido, muy de vez en cuando, recordado en
libros de Medicina todavía en los siglos xviii y xix. Como él
mismo cuenta, su repentina recuperación del morbo se
debió al uso de un medicamento llegado de las Indias
Occidentales, el guayaco o palo santo, cuya detallada
aplicación describe en el tratado, escrito alternando tres
idiomas, el italiano, el latín y el castellano.

Al mismo morbo dedicó otra obra, de la que sólo se conoce


el título, a través de la cita que el autor hizo de ella en su
obra principal: “Y si por ventura os veniere por las manos
un otro tratado, De consolatione infirmorum, podéis ver en
él mis pasiones para consolar a los que la fortuna hizo
apasionados como a mí”, donde por “pasiones” hay que
entender, etimológicamente, los terribles sufrimientos
debidos a la sífilis. Y fue precisamente para entretenerse
durante su permanencia en el hospital de los sifilíticos por
lo que escribió, durante unos meses de 1524, su obra
maestra.

El otro acaecimiento fundamental en la vida de Francisco


Delicado fue la irrupción del Ejército imperial en la ciudad
de Roma el 6 de mayo de 1527. El emperador Carlos V había
enviado sus tropas al asalto de la ciudad del papa Clemente
VII, que se había aliado en 1526, en La Liga de Cognac contra
España con Francia, Florencia, Venecia y Francesco Sforza,
contando además con el apoyo de Enrique VIII de Inglaterra.
Las tropas imperiales, muy heterogéneas e integradas por
los temibles lansquenetes, sin pagas desde muchos meses
atrás, se lanzaron al saqueo de la ciudad, que llevaron a
cabo durante diez meses, estragando, violando y
destruyendo personas y bienes, sin miramientos por
dignidades eclesiásticas, reliquias sagradas ni tampoco por
compatriotas. Fue así como Delicado, quien, en su sucesiva
revisión de La Lozana, hizo numerosas referencias al Saco
de Roma bajo la forma de pseudo-profecías, prefirió alejarse
de la ciudad para evitar posibles represalias de los romanos,
cuando, en febrero de 1528, Roma fue restituida al Papa y el
ejército se fue para el norte.

En aquel entonces, la República veneciana era un oasis de


paz y de tolerancia, dentro de una península arrasada por
guerras y disidencias. Y a Venecia se dirigió Delicado, sin
compañía alguna, pero probablemente solicitado por la
presencia allí de un círculo de literatos que se relacionaban
con España y con los españoles residentes en Roma desde
mucho tiempo atrás: los amigos del embajador veneciano en
España, Andrea Navagero, el gran científico y humanista
Gerolamo Fracastoro, y el grupo de Pietro Bembo y de
Giovan Battista Ramusio. En Venecia existía también la
mayor concentración de talleres de tipógrafos e impresores
respecto no solamente al resto de Italia, sino de Europa, así
que no le fue difícil a Delicado encontrar nuevo oficio en el
ambiente que, a todas luces, había frecuentado ya en su
época romana: el céntrico barrio de Ponte, donde se
encontraba su parroquia, colindaba con el de Parione,
donde residía la mayoría de los libreros romanos, uno de los
cuales, Antonio Martínez de Salamanca, editó su misterioso
Spechio vulgare per li Sacerdoti en 1525.

Una notable parte de la producción libraria veneciana se


editaba en español, o del español se traducía, a favor del
numeroso público que en la península italiana hablaba o
entendía el idioma extranjero.

Efectivamente, Delicado se ocupó de editar y corregir


algunas de las obras más leídas en la época, como
Tragicomedia de Calisto y Melibea, Cuestión de amor, Cárcel
de amor, además de los libros de caballería Amadís de Gaula
y Primaleón, a los que antepuso unos valiosos prólogos,
interesantes también por las reglas fonéticas y gramaticales
que adjunta sobre las dos lenguas, en un ejercicio de
lingüística comparada.

Sin embargo, lo más sobresaliente, al menos para la historia


de la literatura española, es la edición que hace allí de su
Lozana, que sale sin ninguna indicación bibliográfica y de la
que queda un único ejemplar, hoy día conservado en la
Österreichische Nationalbibliothek de Viena, bajo la
signatura 66 G 30. A través de las indicaciones tipográficas,
idénticas a las de los tres ejemplares de El modo de
adoperare el legno de India occidentale, se puede fechar el
libro en 1530, bajo la soberanía del doge Andrea Gritti, tal
vez con tipos que el escritor se había llevado del taller del
estampador romano Marcello Silber, y encargando la
edición a los talleres de los Pedrezano o de los Nicolini de
Sabio, con los que trabajaba habitualmente en Venecia.

Las últimas noticias que se tienen de su estancia italiana se


remontan al 1 de febrero de 1534, fecha del colofón del
Primaleón, en cuya adición el corrector puntualiza: “Estos
tres libros, como arriba vos dijimos, fueron corregidos y
emendados de las letras que trastrocadas eran por el Vicario
del Valle de Cabezuela Francisco Delicado, natural de la
Peña de Martos”.

A pesar de las hipótesis que lo dan por muerto en esa fecha,


es muy posible que el clérigo, que había recibido la vicaría
de su protector Gutierre de Vargas ya en 1529 (como resulta
del colofón de El modo de adoperare), decidiese en 1534
trasladarse a España para hacerse cargo efectivo de su
beneficio, y avenirse con las disposiciones sinodales de su
bienhechor, emitidas en 1534 en la diócesis de Plasencia
para reprimir los abusos más frecuentes. Entre otras cosas,
se obligaba a los beneficiados a residir en sus propios
beneficios, so pena de ser privados de ellos ipso facto.

En el archivo de la iglesia de Cabezuela existió, hasta hace


poco, una lista de los párrocos del lugar, redactada en 1883
por el sacerdote Antonio Álamo Izquierdo, según la cual el
escritor marteño ejerció de vicario en el período
comprendido entre 1533 y 1550, lo que encaja muy bien con
la fecha de su desaparición de Italia.

Eso explicaría la contemporánea desaparición de su misma


obra, Retrato de la Lozana andaluza, cuya absoluta falta de
mención durante siglos, hasta su redescubrimiento a
mediados del xix en Viena, ha quedado sin explicación,
vistas su belleza deslumbrante y absoluta novedad de
escritura. Se podría pensar, pues, en una voluntaria
cancelación por parte del autor del libro, que no aparece en
ninguna lista del Índice.

Aunque cuesta imaginarse al autor de una de las obras más


desenvueltas en lo sexual y lo moral consagrado a la
salvación del orden y de las buenas costumbres en un
aislado pueblecito de Extremadura, la hipótesis de una
vuelta a su patria (adonde probablemente se fue también en
cumplimiento de su voto a Santiago por haberlo liberado del
morbo) se ajustaría perfectamente con lo que dice en uno de
los últimos apartados de La Lozana: o sea, que quedarse
cada uno en su patria “cierto es una grande felicidad no
estimada”.

Obras de ~: Retrato de la Loçana andaluza, [Venecia, 1530]


(ed. del Marqués de la Fuensanta del Valle y J. S. Rayón, t. I,
Madrid, Rivadeneyra, 1871; ed. de B. Damiani, Madrid,
Castalia, 1969; ed. de G. Allegra, Madrid, Taurus, 1983; ed. de
C. Allaigre, Madrid, Cátedra, 1985; ed. de C. Perugini,
Clásicos Andaluces, Fundación José Manuel Lara, Sevilla,
2004); El modo de adoperare el legno de India occidentale:
Salutifero remedio a ogni piaga et mal incurabile [Roma
1526], Venecia, 1529 (ed. de L. Orioli, La Lozana andaluza,
Milán, 1970, págs. 287-305; ed. de B. M. Damiani, Revista
Hispánica Moderna, 1-2, XXXVI (1970-1971), págs. 251-271;
ed. de C. Perugini, op. cit., págs. 371-421); “Prólogo” a Los
quatro libros de Amadís de Gaula, Venecia, Juan Antonio de
Sabio y Juan Batista Pedrezano, 1533 (ed. de C. Perugini, op.
cit., págs. 423-432); “Prólogo” a Los tres libros del muy
esforçado caballero Primaleon et Polendos su hermano,
hijos del Emperador Palmerin de Oliua, Venecia, Juan
Antonio de Nicolini de Sabio y Juan Batista Pedrezano, 1534
(ed. de C. Perugini, op. cit., págs. 433-453); Spechio vulgare
per li Sacerdoti, Roma, Salamancha, 1525 (noticias en F. A.
Ugolini, “Nuovi dati intorno alla biografia di Francisco
Delicado desunti da una sua sconosciuta operetta (con
cinque appendici)”, en Annali della Facoltà di Lingue di
Perugia, XII [1974-1975], págs. 445-472); De consolatione
ynfirmorum, ¿Roma? ¿Venecia?, s. f.

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caminantes. Francisco Delicado y Rafael Alberti por las
calles de Roma/Amor”, en eHumanista, 15 (2010), págs. 65-
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inquisitorial. Fernando de Rojas y Francisco Delicado (Con
dos notas sobre Cervantes), Madrid, Iberoamericana
Vervuert, 2018.

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