ARTRITIS REUMATOIDE
PATOLOGÍA GENERAL Y SISTÉMICA
Asesor: Dr. Eduardo Miguel Navarrete Medina
4C
EQUIPO 1
Integrantes:
Fernanda Yareli Hernández García 4850957
Javier Gutierrez Herrera 4781095
Erika Xel Ha Fuentes Pantoja 4837729
Valeria García López 4861874
Maria Fernanda Ramirez Popoca 4845151
Daniel Fernández Plascencia 4839741
Miércoles, 06 de Diciembre del 2023
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE GUADALAJARA
ARTRITIS REUMATOIDE
AUTORES: Fernanda Y. Hernández, Javier Gutierrez, Erika X. Fuentes, Maria F.
Ramirez, Daniel Fernández, Valeria García.
ASESOR: Eduardo Miguel Navarrete Medina
INSTITUCIÓN: Facultad de Medicina, Universidad Autónoma de Guadalajara.
RESUMEN
La artritis reumatoide (AR), clasificada como la 42ª enfermedad incapacitante. Es
una patología autoinmune con una prevalencia global del 0.25%. Este trastorno
afecta las articulaciones, generando comorbilidades y afectando la calidad de vida.
Sus causas involucran factores genéticos y ambientales. El diagnóstico temprano
por biomarcadores como el factor reumatoide, es esencial para abordar la
enfermedad. La patología y fisiopatología revelan una respuesta inmunológica
compleja, con genes de susceptibilidad y citocinas inflamatorias. El tratamiento
aborda los síntomas con AINEs y glucocorticoides, junto con el manejo modificador
de la enfermedad (FAME), destacando el metotrexato como tratamiento de primera
línea. El pronóstico, influenciado por marcadores biológicos y la inflamación
articular, destaca la importancia de intervenciones efectivas.
Esta revisión ofrece una visión integral de la AR, resaltando la necesidad de
estrategias de diagnóstico y tratamiento para mejorar la calidad de vida de los
afectados.
INTRODUCCIÓN
La AR es un trastorno autoinmune crónico donde nuestro propio sistema inmune
ataca a nuestro organismo, afectando las articulaciones e impactando
profundamente en la salud y calidad de vida de quienes la padecen, así como en la
sociedad en su conjunto. Esta enfermedad se caracteriza por la inflamación de las
articulaciones y con la consiguiente degradación del hueso y el cartílago, sin
embargo está va más allá de las manifestaciones articulares extendiendo sus
efectos a diversos órganos y sistemas, como la piel, los ojos, el corazón, los
pulmones y los vasos sanguíneos. Los pacientes a menudo también experimentan
comorbilidades, como hipertensión arterial, hipercolesterolemia y diabetes mellitus,
lo que agrega una capa adicional de complejidad al manejo de la enfermedad. Estas
comorbilidades no solo aumentan la carga de la enfermedad para el individuo, sino
que también generan implicaciones económicas y sociales significativas para los
sistemas de atención médica y la sociedad en general.
La prevalencia global de la artritis reumatoide, estimada en un 0.25%, la posiciona
como un importante desafío de salud pública, además también posicionándose en el
número 42 de enfermedades discapacitantes. No obstante, estas cifras sólo cuentan
una parte de la historia, ya que la carga de la enfermedad se manifiesta de manera
desigual en diferentes regiones y comunidades y las variaciones en función de
factores socioeconómicos y geográficos, resaltan la complejidad de este fenómeno y
la necesidad de abordajes adaptados a contextos específicos. La pérdida estimada
de 10 años en la expectativa de vida para los pacientes con artritis reumatoide
resalta la urgencia de intervenciones efectivas y accesibles, es por ello que el
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diagnóstico y tratamiento oportunos se vuelven esenciales para mitigar el impacto a
largo plazo de la artritis reumatoide.
La artritis reumatoide (AR) no solo es un desafío médico sino también un fenómeno
complejo con amplias ramificaciones sociales y económicas. Comprender su
impacto en la población es fundamental para diseñar políticas de salud pública,
estrategias de atención médica y programas de investigación que aborden de
manera integral los múltiples aspectos de esta enfermedad autoinmune, además de
mejorar la calidad de vida de quienes la enfrentan.
MARCO TEÓRICO
La artritis reumatoide es un trastorno autoinmune crónico donde el sistema
inmunológico identifica a las propias células y tejidos del cuerpo como invasores
extraños. Es caracterizado por la inflamación de las articulaciones, que puede llevar
a daño en el hueso y el cartílago, conllevando a una deformidad y un deterioro
progresivo de las articulaciones. Esta condición afecta principalmente las
articulaciones sinoviales, como las de las manos, muñecas y rodillas, y a menudo se
presenta de manera simétrica, afectando ambos lados del cuerpo. Aunque la
afectación articular es la característica principal, la artritis reumatoide puede tener
manifestaciones extraarticulares. Estos problemas extraarticulares pueden afectar
diversos órganos y sistemas, incluyendo la piel, ojos, corazón, pulmones y vasos
sanguíneos.
La AR tiene una prevalencia global del 0.25%, siendo la mayoría mujeres en un
0,35% y un 0,13% hombres, siendo 5 veces mayor en mujeres que en hombres.
Además también presenta prevalencias dependiendo el lugar de origen, por ejemplo
existen tasas bajas de prevalencia en Serbia (0,18%), China (0,28%), Francia
(0,31%), Italia (0,33%) y Estados Unidos (0,41), mientras que los países como
Japón (1,7%) y Argentina (1,97%) tienen una tasa de prevalencia más alta, sin
embargo han bajado las tasas de prevalencia a lo largo de los años, mientras que
en España han ido en aumento. (Radu, A. F., & Bungau, S. G. 2021).
La incidencia de artritis reumatoide ha mostrado un aumento con la edad hasta los
80 años. (Moreno, P. S. 2022).
Las personas de origen socioeconómico bajo, que viven en zonas rurales durante la
infancia tienen un mayor riesgo de desarrollar artritis reumatoide en la edad adulta,
además existen comorbilidades que aumentan el riesgo de la carga de la
enfermedad , por ejemplo, el 40,4% padecen de hipertensión arterial, el 31,7%
tienen hipercolesterolemia y el 15% diabetes mellitus. (Moreno, P. S. 2022).
Es una enfermedad multifactorial causada por factores tanto genéticos como
ambientales. El riesgo genético de artritis reumatoide es de aproximadamente el
50%, dado que los antecedentes familiares de AR aumentan el riesgo a desarrollar
dicha enfermedad de tres a cinco veces y las tasas de riesgo de concordancia en
gemelos idénticos aumentan en comparación con los gemelos no idénticos.
El vínculo genético más importante es el del alelo MHC clase II HLA-DRB1 y los
anticuerpos anti proteína citrulina (ACPA) que se encuentran en un alto porcentaje
de los pacientes con AR, dentro de estos alelos se encuentran los DRB1´01 y DRB1
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´04 y DQ8, estos alelos HLA comparten secuencias de aminoácidos dentro de sus
surcos de unión a péptidos y son capaces de presentar ciertos péptidos epitopes
derivados de autoantígenos relevantes para la artritis reumatoide. Algunos de los
alelos HLA-DRB1 se asocian con erosiones de hueso más agresivas e incrementan
la mortalidad de los casos. Recientemente se asociaron los alelos SE con la
glicosilación de ACPA en la fase previa a la enfermedad. Los polimorfismos de un
único nucleótido y los ARN largos no codificantes son asociados con la presencia de
ACPA en los pacientes que padecen de AR. La región C5 del factor 1 asociado al
receptor del factor de necrosis tumoral, la proteína inducida por TNF-a, CD40, el
ligando de quimiocina con motivo CC2, el ARN no codificante antisentido en el locus
INJ4 y la peptidil arginina-deiminasa 4 son algunos de los factores genéticos
relacionados con AR seropositiva para ACPA. (Radu, A. F., & Bungau, S. G. 2021).
(Kowalski, E. N., Qian, G., M, K. M., & Sparks, J. A. 2022).
Como factores ambientales existe el tabaquismo, el cual si bien se ha asociado a
todas las artritis reumáticas seropositivas, se sabe que también está relacionado
con la presencia de factor reumatoide. Además se ha descrito una asociación entre
el tabaquismo y la positividad de ACPA siendo el riesgo dominante los individuos
positivos para SE. (Wu, C.-Y., Yang, H., Luo, S.-F., & Lai, J.-H. 2021).
Debido a la presencia de los genes de susceptibilidad HLA-DR1 y HLA-DR4, el
sistema inmunológico pierde la capacidad de reconocer las proteínas citrulinadas
(vimentina, colágeno tipo II, histonas, fibrina, fibronectina, antígeno nuclear de
Epstein-Barr 1, α-enolasa) como parte del propio organismo. Estos antígenos son
capturados por las células presentadoras de antígenos (APC) especialmente células
dendríticas que se activan para desencadenar una respuesta inmunológica. El
complejo resultante se desplaza hacia los ganglios linfáticos, donde tiene lugar la
activación de las células T auxiliares CD4+ y células B en un proceso conocido
como coestimulación. Las células B experimentan una hipermutación somática o
recombinación de cambio de clase, dando lugar a la proliferación y diferenciación de
las células plasmáticas que producen autoanticuerpos según los receptores de las
células precursoras (Radu & Bungau, 2021).
Las citocinas interleucina-1 (IL-1), interleucina-6 (IL-6) y factor de necrosis tumoral
alfa (TNF-α), liberadas por macrófagos, están asociadas con procesos inflamatorios,
la activación de la actividad de los osteoclastos y el aumento de los sinoviocitos
similares a los fibroblastos (FLS). La estimulación selectiva por TNF-α e IL-1β
induce la generación de metaloproteasas de matriz degradadoras de tejidos (MMP)
en células sinoviales. Además, los FLS estimulan la expresión del receptor activador
del ligando del factor nuclear kB (RANKL), facilitando la unión de las células T a las
proteínas en la superficie de los osteoclastos, lo que incrementa la actividad de
estos y conduce a la erosión ósea. La invasión de las articulaciones artríticas por
células T, células B, fibrocitos, macrófagos, sinoviocitos y el TNF-α estimula el
aumento de los osteoclastos, los tejidos sinoviales y la infiltración de la membrana
sinovial, resultando finalmente en la degradación de huesos y cartílagos. El líquido
sinovial presenta la presencia de neutrófilos, que producen proteasas y especies
reactivas de oxígeno (ROS), causando erosión ósea y degradación del cartílago.
Además, la angiogénesis, vinculada al aumento de la permeabilidad capilar y a la
expresión de proteínas de unión, facilita la invasión de las articulaciones por células
inmunitarias (Radu & Bungau, 2023).
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Las características clínicas de la AR incluyen: Inflamación del tejido articular
sinovial, artralgia, rigidez e hinchazón de las articulaciones, afectación extraarticular
en el sistema cardiovascular, respiratorio, renal y oftálmico, cambios en el
metabolismo del paciente, insuficiencia cardiaca, cardiopatía isquémica, eventos
cerebrovasculares, arteriopatías periféricas e hiperglucemia. Zhang, F. (2023).
Moreno, P. S. (2022).
Identificar de manera oportuna y precisa la artritis reumatoide (AR) es crucial para
detener su avance, prevenir o ralentizar sus efectos perjudiciales. Por lo general, el
diagnóstico se basa en la combinación de síntomas, resultados de exámenes
médicos, antecedentes familiares, ecografía y evaluación de marcadores
específicos de AR.(Radu, A. F., & Bungau, S. G. 2023)
Existen biomarcadores especializados para diagnosticar la AR, como el Factor
Reumatoide (RF), ampliamente utilizado con una especificidad del 40-75%. Otro
biomarcador, el Factor Anti Perinuclear, destaca por su alta especificidad del 88-
99% en el diagnóstico temprano. El Anti-Car-P, con una especificidad del 89%,
predice la progresión en pacientes con rigidez o inflamación. Asimismo, el Anti-
PAD4, con una especificidad del 95-99%, se relaciona con anomalías radiológicas.
(Radu, A. F., & Bungau, S. G. 2023)
Los criterios de clasificación de la AR según el American College of Rheumatology (ACR) y
la European League Against Rheumatism (EULAR) evalúan factores de riesgo, cantidad y
tipo de articulaciones afectadas, y la duración de los síntomas. Se asignan puntuaciones a
cada condición, requiriendo una puntuación ≥6 para el diagnóstico de AR, junto con
evidencia de sinovitis en al menos una articulación pequeña.(Radu, A. F., & Bungau, S. G.
2021)
La radiografía es la técnica más utilizada para detectar el daño estructural y evaluar
la efectividad del tratamiento. Además, se recomiendan otras pruebas de imagen
como ecografías, resonancias magnéticas y análisis ultrasónicos para obtener
imágenes detalladas de la proliferación sinovial, cuya utilidad depende de la etapa
de progresión de la AR.(Radu, A. F., & Bungau, S. G. 2021)
Según las recomendaciones de la ACR (American College of Rheumatology) y la
EULAR (European League Against Rheumatism), el tratamiento se aborda mediante
dos perspectivas: el tratamiento sintomático, que incluye AINEs y glucocorticoides, y
el manejo modificador de la enfermedad (FAME). (Radu, A. F., & Bungau, S. G.
2021).
En cuanto al tratamiento sintomático, se emplean AINEs como naproxeno,
ibuprofeno y coxibs, los cuales reducen el dolor al disminuir la inflamación mediante
la inhibición de la ciclooxigenasa, especialmente COX-2. Los efectos secundarios
incluyen hemorragias, úlceras gastrointestinales, insuficiencia renal, insuficiencia
cardíaca, erupciones cutáneas, mareos, confusión y convulsiones, entre otros. Sin
embargo, estos efectos pueden reducirse mediante el uso de AINEs específicos
para COX-2 como celecoxib, rofecoxib y valdecoxib. Por otro lado, los
glucocorticoides, a pesar de su mayor potencia y eficacia en comparación con los
AINEs, no se utilizan a largo plazo debido a sus efectos adversos, además estos
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cumplen dos funciones principales en el tratamiento de la AR: pueden actuar como
terapia puente para los FAME o como terapia complementaria para la AR activa.
(Radu, A. F., & Bungau, S. G. 2021)(Weddell, J., & Hider, S. 2021)
Es fundamental recordar que la interrupción abrupta del tratamiento con
glucocorticoides debe evitarse debido a la retroalimentación negativa del eje
hipotálamo-pituitario-suprarrenal. (Radu, A. F., & Bungau, S. G. 2021)
Hablando de los FAME, que constituyen la base del tratamiento de la AR, ayudan a
suprimir la actividad autoinmune, disminuyendo así la inflamación o previniendo la
degeneración de las articulaciones. Se clasifican en sintéticos convencionales
(csDMARD), biológicos (bDMARD) y sintéticos dirigidos (tdDMARD). Las dos
últimas clasificaciones se administran cuando los de primera línea (csDMARD) no
funcionan o por alguna razón no pueden ser administrados en pacientes recién
diagnosticados con AR. (Radu, A. F., & Bungau, S. G. 2021)
Estos requieren un control sanguíneo debido a la toxicidad que presentan, además
de que algunos deben evitarse durante el embarazo, ya que pueden ser
teratogénicos. (Weddell, J., & Hider, S. 2021)
Los csDMARD incluyen:
● Metotrexato: Es el tratamiento de primera línea según la guía ACR de 2021.
Inhibe la biosíntesis de purinas, la producción de citocinas y la activación de
los receptores de adenosina, contribuyendo así a las propiedades
antiinflamatorias del medicamento. Sus efectos adversos son principalmente
gastrointestinales, aunque raros.
● Leflunomida: Se utiliza como una opción alternativa en caso de mala
tolerancia al metotrexato.
● Hidroxicloroquina: Sus efectos inmunomoduladores la convierten en una
alternativa para el tratamiento. No presenta efectos secundarios
mielosupresores, renales o hepáticos.
● Sulfasalazina: Este es un pro-fármaco cuyos metabolitos tienen efectos
antiinflamatorios e inmunosupresores, aunque su uso está limitado por la
diversidad de efectos secundarios que presenta.
Los bDMARD son anticuerpos monoclonales o anticuerpos de fusión que se dirigen
a citocinas específicas o receptores de la superficie celular. Estos solo se aprueban
si los csDMARD no son tolerados o si los pacientes presentan una actividad alta de
la enfermedad. Los primeros fármacos de este tipo que se desarrollaron fueron los
inhibidores del TNF, los cuales se unen y neutralizan las moléculas TNF-alfa.
(Weddell, J., & Hider, S. 2021)
Además de lo anterior, se ha implementado un manejo nanoterapéutico que
promete mejorar las propiedades farmacocinéticas de los fármacos, aumentar su
estabilidad y evitar fugas o liberaciones explosivas en el torrente sanguíneo,
disminuyendo así algunos efectos adversos de los fármacos implementados en la
AR. (Radu, A. F., & Bungau, S. G. 2023)
Los pacientes con AR suelen tener un pronóstico de vida de 10 años menos que la
población en general, un factor a tener en cuenta son los marcadores biológicos,
estos se pueden analizar con marcadores sanguíneos, como el factor reumatoide y
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los anticuerpos antipéptidos cíclicos citrulinados (anti-CCP), para ayudar en el
diagnóstico y evaluar la progresión de la enfermedad; otros factores son la
inflamación articular, la respuesta al tratamiento y los factores genéticos. (Navaráez,
J., & Otón, T. 2021)
DISCUSIÓN
Hablando de como diagnosticar las artritis reumatoide Jake Wendell y Samantha
Hider (2023) refieren que la prueba de primera elección son los criterios ACR\
EULAR de 2010 ya que el diagnóstico en su punto de vista requiere la presencia de
sinovitis en al menos una articulación, al igual que un puntaje de 6. De esta manera
nos explican que las pruebas de serología y los reactivos de fase aguda positivos se
pueden utilizar como apoyo, pero diferentes que no son necesarios para su
diagnóstico.
Por el contrario Andrei-Flavio Rada y Simona Gabriela Bungau (2021) nos hablan
sobre los criterios de clasificación del 2010 que se diseñaron en sus inicios para la
evolución de las poblaciones de AR en cuestión de la investigación biomédica, y en
consecuencia refieren que la mejor manera de diagnosticar la AR de manera
oportuna se basa en la presencia de anticuerpos, al igual que las pruebas
bioquímicas y la sintomatología que presentan los pacientes, siendo estos los
principales recursos a los que tienen acceso los médicos para el diagnóstico.
Haciendo hincapié en la limitaciones de especificidad y sensibilidad que tiene el RF
como biomarcador ya que se ha detectado de Kabul manera en personas sanas e
incluso en pacientes que padecen diversos trastornos inflamatorios e infecciosos.
De igual manera en otro artículo de Andrei-Flavio Rada y Simona Gabriela Bungau
(2023) nos hacen referencia sobre la importancia del diagnóstico por imágenes para
la ARA, indicando que aparte de la utilización de la clasificación ACR-EULAR 2010
se debe de incluir la ecografía, la tomografía computarizada y la resonancia
magnética para poder hacer un diagnóstico precoz, haciendo hincapié en la
precisión de estas sobre la radiografía convencional ya que en estas no se revelan
la presencia temprana de degradaciones y erosiones. También nos hablan sobre la
utilidad de diversas herramientas de imágenes va a depender de la etapa de
progresión de la AR, siendo la resonancia magnética el método de imagen más
adecuado para la detección de cambios tempranos en pacientes con AR, con la
excepción de detectar el ensanchamiento del espacio articular, donde la tomografía
es más apropiada.
Estos cuatro autores explican la importancia de una detección temprana y correcta
de la AR, ya que todos a su manera explican las ventajas y desventajas de cada
una de las maneras para diagnosticarla, ya sea por cuestión de costos y facilidad
para obtenerla o para conseguir de una manera más clara su diagnóstico mediante
otro tipo de pruebas.
Hablando del medicamento de primera línea para el tratamiento de la artritis
reumatoide (AR), Andrei-Flavius Radu y Simona Gabriela Bungau (2021) abordan el
tema de los FAME (fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad) y su
clasificación. Destacan que el metotrexato, identificado como el principal y de
primera línea para el tratamiento de la artritis reumatoide (AR), es generalmente
bien tolerado, con efectos adversos raros, principalmente de índole gastrointestinal.
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Sin embargo, en contraste, Sally A. Clayton y colaboradores (2021) señalan que la
hepatotoxicidad emerge como el principal efecto adverso y más común asociado
con el metotrexato. Asimismo, Jianan Zhao y su equipo (2021) respaldan esta
perspectiva al afirmar que los efectos adversos de este medicamento son comunes,
coincidiendo con la incidencia gastrointestinal, pero haciendo hincapié en la
importancia de prevenir la hepatotoxicidad mediante la abstención de alcohol.
Además, Zhao y colaboradores (2021) recomiendan evitar el uso del metotrexato en
mujeres y hombres durante al menos tres meses antes de la concepción.
Estos tres autores convergen en la necesidad de un manejo sanguíneo adecuado
para prevenir la toxicidad asociada con el metotrexato, destacando así la
importancia de considerar los diferentes efectos adversos y adoptar estrategias
preventivas específicas en el tratamiento de la artritis reumatoide.
Jianan Zhao y sus colaboradores (2021) hablan ampliamente de los agentes
biológicos y sintéticos, los cuales mencionan que son administrados en pacientes en
los que al menos dos FAME convencionales hayan fracasado o con actividad
moderada o alta de la enfermedad. Dentro de estos, los primeros fármacos
desarrollados fueron los inhibidores del TNF.
Andrei-Flavius Radu y su colaborador (2021) mencionan el tratamiento con células
madre mesenquimales, las cuales dicen ser prometedoras por su capacidad para
diferenciarse en nuevos tejidos como hueso y cartílago, además de que también
suprimen la activación de las células T. De igual forma, Jake Weddell y su
colaborador (2021) mencionan un nuevo tratamiento usando nanomateriales como
los liposomas, nanopartículas poliméricas, niosomas y micelas poliméricas, los
cuales dan ventaja mejorando la solubilidad, permeabilidad, biodisponibilidad y la
vida media de los medicamentos utilizados para el tratamiento de la AR.
El pronóstico de vida de los pacientes con AR, Javier Narváez, Teresa Otón y
demás autores (2021) abordan el tema mencionando lo ya establecido y comentado
por nosotros confirmando que dichos pacientes con AR dependiendo el factor por el
cual se este pasando sera el pronóstico que tendrán y mencionan que estos
factores tienen que ver tanto con la respuesta al tratamiento, marcadores biológicos,
factores genéticos, etc., y estos factores son la clave para comprender el pronóstico
de esta enfermedad con los pacientes que la padezcan.
Andre-Flavius Radu y Simona Gabriela Bungau (2021) destacan la AR como una
enfermedad multifactorial con contribuciones genéticas y ambientales. Identifican
factores genéticos clave, como alelos de riesgo PTPN22, alelos HLA-DR, y genes
relacionados con TRAF1/C5. Resaltan la influencia de factores ambientales, como el
tabaquismo y la exposición al polvo de sílice. También identifican al tabaquismo
como un factor ambiental vinculado al desarrollo o exacerbación de la AR. Señalan
que el humo del tabaco afecta principalmente a la AR seropositiva, con un impacto
limitado en la seronegativa.
Emily Kowalski y Grace Qian (2022) amplían la comprensión de la AR como una
enfermedad compleja y poligénica.Se centran en el "epítopo compartido" en HLA-
DRB1 como un fuerte factor de riesgo genético. Mencionan más de 100 loci
genéticos asociados con la AR, identificados a través de estudios de asociación a
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nivel genómico (GWAS). Además profundizan en la asociación entre el tabaquismo
y la AR seropositiva, destacando su relación con la presencia de RF y ACPA.
Exponen la complejidad de los cambios inflamatorios pulmonares inducidos por el
tabaquismo, especialmente en individuos con el "epítopo compartido". Por último
introducen el papel de los estudios de asociación a nivel genómico (GWAS) en la
identificación de loci genéticos asociados con la AR. Reconocen limitaciones en los
estudios gemelares y GWAS, como el sesgo de selección y la necesidad de grandes
tamaños de muestra.
Chao-Yi Wu y Huang-Yu Yang (2021) confirman la importancia de la predisposición
genética en la AR, con un riesgo familiar estimado del 40-50%. Detallan la
relevancia de marcadores genéticos específicos, como el "epítopo compartido", y
otros factores como las variantes de nucleótido único. Exploran la influencia de la
genética en la presencia de autoanticuerpos específicos, como ACPA y anti-CarP
Ab. También subrayan la aceptación generalizada del tabaquismo como un factor de
riesgo para la AR. Destacan la asociación entre el tabaquismo y la positividad de
ACPA, especialmente en individuos positivos para el "epítopo compartido".
Finalmente proporcionan información detallada sobre marcadores genéticos
específicos y su asociación con autoanticuerpos en la AR. Señalan la necesidad de
estudios internacionales y consideran las limitaciones relacionadas con la
estratificación poblacional.
Hablando del cuadro clínico de la artritis reumatoide, Emily Kowalski y sus
colaboradores (2022). Nos mencionan la complejidad y las diversas fases pre-
clínicas asociadas con esta enfermedad autoinmune, mencionando que la AR puede
provocar destrucción articular, discapacidad y aumentar la morbilidad y mortalidad.
Uno de estos programas es el “Estudio de cohorte retrospectivo: Proyecto de
Epidemiología de Rochester”, que abarcó el periodo de 2005-2014. Este estudio
reveló un aumento significativo en la incidencia de AR con factor reumatoide (FR)
negativo y una disminución en los casos con FR positivo en comparación con
décadas anteriores en el condado de Olmsted, Minnesota. Estas cohortes se
ajustaron por edad y sexo a la población blanca de EE.UU y el condado de
Olmstead se destaco que, por ejemplo, los asmáticos y aquellos pacientes con
afectaciones proinflamatorias no presentaban un riesgo estadísticamente mayor de
AR, pero sin embargo, los asmáticos mostraron un mayor riesgo de diabetes
mellitus y enfermedad coronaria.
Otro estudio relevante es la “Cohortes retrospectivas: Taiwán Bases de Datos
Nacionales” nos menciona que los pacientes con trastornos del sueño,
endometriosis, neumonía por Mycoplasma, infección por el virus de la hepatitis C,
esclerosis múltiple y exposición a periodontitis tiene un mayor riesgo de AR.
El “Cohorte prospectiva y anidada estudios de casos y controles: Enfermeras
Estudios de salud” resalta la relación entre la lactancia materna y un menor riesgo
de AR, así como la asociación entre los ciclos menstruales irregulares y un mayor
riesgo de AR. Estudios de seguimiento sugieren que las mujeres con asma tienen
más probabilidades de tener ACPA elevada en la AR previa, lo que sugiere que la
inflamación de la mucosa pulmonar puede influir en la producción de
autoanticuerpos relacionados con la AR antes de la aparición de la AR.
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Finalmente, el estudio “Posibles casos de controlados y estudios de biomarcadores
entre primeros familiares de grado: estudios del etiología de la AR (sueros)” destaca
que los sujetos positivos para el antígeno de histocompatibilidad HLA-DRB1 (SE
positivos) que tomaron suplementos de omega-3 al inicio del estudio tenían una
mayor prevalencia de FR positivo, lo que se asoció con signos de inflamación
articular más pronunciados.
En cuanto a la fisiopatología todos los autores coinciden en que los genes
susceptibles son HLA-DR1 y HLA-DR4, los cuales están asociados con la pérdida
de la capacidad del sistema inmunológico para reconocer proteínas citrulinadas
como parte del propio organismo. Esto sugiere una predisposición genética a la
artritis reumatoide. Así mismo, las citocinas inflamatorias que más se mencionan en
los textos son IL-1, IL-6 y TNF-α liberadas por macrófagos y son las que activan
osteoclastos y aumentan la actividad de sinoviocitos similares a los fibroblastos
(FLS); de esta maneta células T, células B, fibrocitos, macrófagos y sinoviocitos
contribuyen a la invasión de las articulaciones, estimulando la actividad de los
osteoclastos y resultando en la degradación de huesos y cartílagos. Los autores que
más profundizan en el tema son Radu y Bungau (2021). La comprensión de la
fisiopatología es importante para abordar la artritis reumatoide desde una
perspectiva inmunológica y antiinflamatoria, ya que a pesar de que la AR es una
enfermedad autoinmune compleja los avances en la investigación médica han
permitido el desarrollo de tratamientos más específicos y efectivos porque van
dirigidos a modular la respuesta inmunológica y reducir la inflamación para mejorar
significativamente la calidad de vida de las personas afectadas.
CONCLUSIÓN
En conclusión, la artritis reumatoide (AR) se presenta como un desafío significativo
tanto en el ámbito médico como en el social y económico. Este trastorno
autoinmune crónico afecta no solo las articulaciones, sino también diversos órganos
y sistemas, generando un impacto profundo en la calidad de vida de quienes lo
padecen. La complejidad de la AR se refleja en sus manifestaciones variables, su
prevalencia global y las disparidades socioeconómicas y geográficas en su
incidencia.
La investigación proporciona un profundo entendimiento de los aspectos clínicos,
genéticos y ambientales de la AR, destacando la importancia de la identificación
temprana y el tratamiento oportuno para mitigar sus efectos a largo plazo. Se ha
explorado la conexión entre factores genéticos, como el alelo MHC clase II HLA-
DRB1, y factores ambientales, como el tabaquismo, en la génesis de la enfermedad.
El diagnóstico preciso y las diversas opciones de tratamiento, desde medicamentos
sintomáticos hasta agentes modificadores de la enfermedad (FAME), se presentan
como herramientas cruciales para manejar la AR. La clasificación de la enfermedad
mediante criterios específicos, la utilización de biomarcadores y técnicas de imagen,
como la radiografía y la ecografía, se destacan como parte integral del proceso
diagnóstico y de seguimiento.
La investigación también resalta el papel emergente de la nanoterapia en el
tratamiento de la AR, prometiendo mejoras en la farmacocinética y reducción de
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efectos secundarios. Además, se subraya la necesidad de abordajes adaptados a
contextos específicos, considerando las variaciones geográficas y socioeconómicas
en la carga de la enfermedad.
En términos de aprendizaje, esta investigación ofrece una visión holística de la AR,
desde sus bases biológicas hasta sus implicaciones clínicas y sociales. La
comprensión de la complejidad de la enfermedad y su gestión efectiva no solo
enriquece el conocimiento médico, sino que también contribuye a la formulación de
políticas de salud pública y estrategias de atención adaptadas a las necesidades
individuales y a las variaciones regionales.
En última instancia, esta investigación destaca la importancia de la colaboración
interdisciplinaria entre profesionales de la salud, investigadores y responsables de
políticas para abordar de manera integral la AR. Avanzar en la comprensión y
tratamiento de la artritis reumatoide no solo mejora la vida de quienes la padecen,
sino que también tiene un impacto positivo en los sistemas de atención médica y en
la sociedad en general.
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