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Este documento analiza la legislación chilena sobre temas religiosos desde 1925 hasta 1939, cuando se produjo la separación entre la Iglesia y el Estado en Chile. La nueva Constitución de 1925 estableció la libertad de cultos y laicidad del Estado. La legislación durante este período reflejó este cambio, aunque las autoridades chilenas adoptaron un enfoque de "laicidad realista" que reconoció la presencia de la religión en la sociedad chilena. Se suprimieron las clases de religión en las escuelas públicas por ra

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Este documento analiza la legislación chilena sobre temas religiosos desde 1925 hasta 1939, cuando se produjo la separación entre la Iglesia y el Estado en Chile. La nueva Constitución de 1925 estableció la libertad de cultos y laicidad del Estado. La legislación durante este período reflejó este cambio, aunque las autoridades chilenas adoptaron un enfoque de "laicidad realista" que reconoció la presencia de la religión en la sociedad chilena. Se suprimieron las clases de religión en las escuelas públicas por ra

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Revista de Estudios Histórico-Jurídicos

[Sección historia del derecho patrio chileno]


XXXVIII (Valparaíso, Chile, 2016)
[pp. 331 - 355]

Derecho y religión en la primera legislación chilena


posterior a la libertad de cultos (1925-1939): del
Estado confesional a la laicidad realista
[Law and Religion in the First Chilean Legislation after Freedom of Worship
(1925-1939): from a Confessional State to the Realist Laicism]

Carlos Salinas A raneda*


Pontificia Universidad Católica de Valparaíso**

R esumen A bstract
Se estudia la legislación dictada en Chi- This work studies the legislation enac-
le sobre materia religiosa, desde la entrada ted in Chile on religious matters, from the
en vigencia de la Constitución Política de entry into force of the Chilean Political
1925, en que fue establecida la separación Constitution of 1925, wherein the separa-
entre el Estado y la Iglesia, hasta el mes de tion between the State and the Church was
febrero de 1939, en que fallece el papa Pío established, and up to February 1939, when
XI, bajo cuyo pontificado se produjo dicha Pius XI, under whose pontificate such sepa-
separación. Se advierte en las autoridades ration took place, died. A positive attitude
chilenas una actitud de afirmación de la of the Chilean Authorities towards the new
nueva condición de laicidad del Estado, secular condition of the State is noticed, but
pero sin desconocer la realidad del hecho without disregarding the reality of religion
religioso presente en la sociedad chilena, lo present in the Chilean Society, which leads
que la lleva a una actitud de reconocimiento it to an acknowledging and collaboration
y de colaboración que puede calificarse attitude that may be described as a realist
como una laicidad realista. laicism.
Palabras clave K eywords
Separación Iglesia – Estado – No Separation of Church – State – Non-
confesionalidad del Estado – Laicidad del Confessional State – Laicism of the State
Estado – Laicidad realista. – Realist Laicism.

Recibido el 15 de diciembre de 2015 y aceptado el 5 de marzo de 2016

* Catedrático de historia del derecho y derecho canónico en la Pontificia Universidad Ca-


tólica de Valparaíso. Dirección postal: Facultad de Derecho, Pontificia Universidad Católica de
Valparaíso, casilla 4059, Valparaíso, Chile. Dirección electrónica: csalinas@[Link]
** Esta investigación ha sido realizada con ocasión del Proyecto Fondecyt 1140891 del que
el autor es investigador responsable.
332 REHJ. XXXVIII (2016) Carlos Salinas Araneda

El 18 de septiembre de 1925 fue promulgada la nueva Constitución Política


de la República de Chile, que venía a sustituir a la Constitución que, desde 1833,
había regido en el país, una de las Constituciones que más larga duración había
tenido en las tres Américas, si bien, con no pocas reformas introducidas a partir
de la segunda mitad del siglo XIX. Entre las novedades que traía el nuevo texto
constitucional, una no menor fue la separación del Estado y la Iglesia y la con-
sagración de la entonces denominada libertad de cultos1. La entrada en vigencia
de la nueva Constitución se produjo un mes después, el 18 de octubre de 1925.
Las relaciones entre el poder espiritual y el poder temporal han existido
desde siempre en las sociedades y, por lo mismo, han existido en Chile desde su
descubrimiento y conquista. Mientras Chile formó parte de la monarquía hispa-
na, dichas relaciones fueron entre el Estado y la Iglesia católica y que quedaron
reguladas institucionalmente bajo la figura del patronato regio2. Producida que
fue la independencia, las nuevas autoridades chilenas se consideraron herederas
del viejo patronato indiano conforme al cual empezaron a actuar desde el primer
momento3, el que quedó expresamente consignado en diversas disposiciones de
la Constitución de 18334, la que en su artículo 5, además, había establecido que
la religión católica era la religión oficial del Estado5. Esta secular relación entre lo
temporal y lo espiritual fue sustancialmente modificada por la nueva Constitución
de 1925 que encauzó las relaciones entre ambos poderes por la vía de la libertad
de cultos, nombre con que se conoció la hoy denominada libertad religiosa.
Un cambio de tal envergadura necesariamente tenía que reflejarse en la legis-

1
Constitución Política (1925), art. 10: “La Constitución asegura a todos los habitantes de la
República: 2º [inc. 1º] La manifestación de todas las creencias, la libertad de conciencia y el ejercicio
libre de todos los cultos que no se opongan a la moral, a las buenas costumbres o al orden público,
pudiendo, por tanto, las respectivas confesiones religiosas erigir y conservar templos y sus dependencias
con las condiciones de seguridad e higiene fijadas por las leyes y ordenanzas. [inc. 2º] Las iglesias,
las confesiones y las instituciones religiosas de cualquier culto, tendrán los derechos que otorgan y
reconocen, con respecto a los bienes, las leyes actualmente en vigor; pero quedarán sometidas, dentro
de las garantías de esta Constitución, al derecho común para el ejercicio del dominio de sus bienes
futuros. [inc. 3º] Los templos y sus dependencias, destinados al servicio de un culto, estarán exentos
de contribuciones”. Para una bibliografía sobre el tema: Salinas Araneda, Carlos, Lecciones
de derecho eclesiástico del Estado de Chile (Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso,
2004), pp. 435-436.
2
Salinas Araneda, Carlos, Las relaciones Iglesia-Estado en la América indiana: patronato,
vicariato, regalismo, en Navarro Floria, Juan Gregorio (coord.), Estado, derecho y religión en
América Latina (Buenos Aires, Marcial Pons, 2009), pp. 17-52; también en Navarro Floria, Juan
G.; Milani, Daniela (a cura di), Le relazioni Chiesa-Stato in America Latina: introduzione storica,
en Diritto e religione in America Latina (Bologna, Il Mulino, 2010), pp. 19-67, con bibliografía.
3
Salinas Araneda, Carlos, Las relaciones Iglesia-Estado en Chile en el siglo XIX, en Sánchez
Gaete, Marcial (dir.), Historia de la Iglesia en Chile, III: Los nuevos caminos: la Iglesia y el Estado
(Santiago, Editorial Universitaria, 2011), pp. 231-277.
4
Constitución Política (1833), artículos 39 nº 3; 82 nºs 13, 14; 102; 104 nºs 3, 4. Para una
visión general Salinas Araneda, Carlos, El factor religioso en las Constituciones de la República de
Chile, en Martín Sánchez, Isidoro; González Sánchez, Marcos, 200 años de libertad religiosa en
Iberoamérica, número monográfico de Derecho y Religión 7 (Madrid, 2012), pp. 203-230.
5
Constitución Política (1833), art. 5: “La religión de la República de Chile es la Católica
Apostólica Romana; con exclusión del ejercicio público de cualquiera otra”.
Derecho y religión en la primera legislación chilena posterior a la libertad de cultos 333

lación elaborada por el Estado bajo la inspiración de este nuevo principio. Es lo


que pretendo analizar en las páginas que siguen, en el período que va desde el 18
de octubre de 1925, fecha de entrada en vigencia de la nueva Constitución, lo
que ocurre bajo el pontificado de Pío XI, y los inicios de 1939, que corresponde
al término de su pontificado, ocurrido exactamente el 10 de febrero de ese año.

I. L aicidad realista del Estado

De ser un Estado confesional, Chile pasaba a ser un Estado laico, es decir,


un Estado sin confesión religiosa. Y ello empezó a advertirse desde el primer
momento, pues el Estado empezó a tomar unas iniciativas que obedecían a esta
nueva realidad. Con todo, al empezar a tomar decisiones que se avenían con
el nuevo estado inaugurado por la nueva Constitución, el gobierno tuvo una
posición que podríamos denominar de l a i c i d a d r e a l i s t a , pues ellas, aun
cuando estuvieron inspiradas en la recién inaugurada laicidad, tuvieron en cuenta
la realidad religiosa del país.

1. Clase de religión

a) supresión y restablecimiento de la clase de religión


Una de las primeras medidas en este sentido fue la supresión de la clase de
religión en las escuelas del Estado. En el mensaje leído por el vicepresidente Carlos
Ibáñez del Campo en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso Nacional,
el 21 de mayo de 19276, daba cuenta de la supresión de las clases de religión “en
armonía con los preceptos constitucionales”. La decisión, sin embargo, parece
que era más por razones económicas que ideológicas, pues un decreto que había
sido publicados días antes7, que daba cuenta de ese hecho, dejaba constancia que
la supresión de las clases de religión había sido “de acuerdo con las disposiciones
constitucionales vigentes y con fines de economía”. Una decisión tan abrupta en una
materia que estaba tan asentada en la sociedad chilena parecía demasiado violenta,
razón por la que el mismo presidente de la República, después de haber hecho
el anuncio de la supresión de la enseñanza religiosa en los colegios del Estado,
agregaba de inmediato en su discurso ante el Congreso, que “como medida de
tolerancia, el gobierno ha autorizado el funcionamiento de esa clase dentro de
los horarios escolares, sin cargo para el Fisco y con asistencia voluntaria de los
alumnos”.
En efecto, el 29 de abril inmediatamente anterior, se había promulgado el de-
creto 1.708 del Ministerio de Educación8, según el cual, estimándose que no había
razón que impidiese que dichas clases se hicieren para los alumnos cuyos padres
lo solicitaren y sin costo para el Fisco, se restablecía “la asignatura de religión, con
una hora semanal de clase, en los establecimientos de instrucción secundaria, comercial
y normal, dependientes de este ministerio”. Dichas clases se harían sin costo para el

6
Diario Oficial (en adelante DO.) 23 mayo 1927.
7
Decreto 1.708, de instrucción pública, de 1927, en DO. 2 mayo 1927.
8
Ibíd.
334 REHJ. XXXVIII (2016) Carlos Salinas Araneda

Fisco, se verificarían dentro de horario y la asistencia a las mismas sería obligato-


ria para los alumnos cuyos padres o apoderados así lo solicitaren por escrito a la
dirección del respectivo establecimiento y para aquellos que voluntariamente se
matricularen en dicha clase. En el reglamento general de educación primaria dicta-
do a principios del año siguiente9, se hacía efectiva esta exención en los siguientes
términos: “al efectuarse la matrícula, se dejará constancia por escrito de la exención
de la clase de enseñanza religiosa solicitada por el padre o guardador del niño” (art.
7). Todo esto fue recogido en la ley de educación primaria obligatoria de 193010.
Hacia fines de 193211 se dispuso que “a contar desde el próximo período escolar
de 1933, el plan de estudios de educación secundaria” comprendería, junto a las
demás asignatura, la de religión, desde el primero al sexto año de humanidades,
con tres horas tanto para los liceos de hombres como de niñas.

b) programa de religión
Supuesto el restablecimiento de la clase de religión, era menester establecer
el programa de la materia a enseñar, tarea que asumió el gobierno, tanto para la
enseñanza primaria como secundaria12. Según dichos programas, en los seis años
de enseñanza primaria, los alumnos debían haber adquirido los conocimientos
religiosos y morales que se hallan contenidos, como en germen, en la doctrina
del Credo, los Mandamientos y demás fórmulas doctrinales y oraciones. Es claro
que todo ello conforme a la doctrina de la Iglesia católica. Hacer que los niños
comprendiesen estas oraciones y las retuviesen fielmente en la memoria debía ser
la labor de los seis años de enseñanza básica. En la enseñanza secundaria había
que dar a esos conocimientos un nuevo desarrollo, de acuerdo con el mayor des-
envolvimiento de las facultades intelectuales y morales del alumno.
La base y el método en la enseñanza secundaria eran siempre los mismos: el
mismo resumen doctrinal de las oraciones, que en la enseñanza secundaria se
ampliaba y profundizaba de nuevo, y las narraciones bíblicas con sus auxiliares
objetivos, como fundamento concreto e intuitivo de las verdades que se habían
de enseñar. Pero con una modificación propia del nuevo grado de enseñanza.
En efecto, en la enseñanza primaria, la historia predominaba con la narración
ordenada y cronológica de los sucesos, y de estos se derivaban las correspondientes
enseñanzas religiosas, sin atender mucho al orden o encadenamiento que estas en-
señanzas tuvieran entre sí. En el plan de la enseñanza secundaria debía predominar
la enseñanza religiosa con la exposición metódica y ordenada de sus doctrinas y le
serviría de auxiliar la historia, suministrando apropiadas narraciones, de cualquiera
época que ellas fuesen. En otras palabras la historia serviría al catecismo y no el
catecismos a la historia.
La base de las fórmulas doctrinales y oraciones en la enseñanza secundaria
serían principalmente cuatro: el Credo, los Mandamientos, las oraciones y los

9
Decreto 394, de educación pública, de 1928, en DO. 12 marzo 1928.
Decreto ley 5.291, en DO. 19 mayo 1930, que fija el texto definitivo de la ley de edu-
10

cación primaria obligatoria.


11
Decreto 4.297, de educación pública, de 1932, en DO. 7 noviembre 1932.
12
Decreto 642, de educación pública, de 1929, en DO. 27 mayo 1929.
Derecho y religión en la primera legislación chilena posterior a la libertad de cultos 335

sacramentos. En torno a ellos debía exponerse todo lo que había que creer, lo que
se debía hacer, lo que se debía pedir y lo que se había de recibir. Pero, cuando
se presentase la oportunidad, debían recordarse y repasarse las demás fórmulas y
oraciones aprendidas anteriormente. Lo propio del sistema gradual y concéntrico
era que nada se relegase al olvido, y que en el último año de secundaria los alumnos
conservasen frescos los conocimientos adquiridos en todos los años anteriores.
Cada lección constaría de una narración histórica, de las verdades religiosas
que de ellas se derivaban y de las aplicaciones morales a la vida de los alumnos.
En cada lección, además de la narración histórica, debían citarse otras narracio-
nes que pudiesen también servir de fundamento objetivo a la enseñanza de esa
lección, a fin de que el profesor pudiese contarlas y dar más amenidad y variedad
a la clase. El orden de la enseñanza en las clases de secundaria sería el mismo de
las clases elementales, constando de seis partes: i) el profesor interrogaría a los
alumnos acerca de la materia tratada en la clase anterior, a fin de recordar esos
conocimientos y poder enlazarlos con los nuevos; ii) enunciaría la nueva materia y
narraría la historia que le iba a servir de base concreta y objetiva; iii) haría repetir
a los alumnos la historia narrada; iv) la cuarta parte era la principal, y en ella el
profesor debía sacar del hecho narrado las enseñanzas dogmáticas y morales que
fluían de él, enseñanzas que presentaría en los mismos términos del Catecismo;
v) haría repetir estas enseñanzas, varias veces, ya por un alumno, ya por grupos,
hasta que todos las grabasen en la memoria; vi) deducirá las enseñanzas morales
y las aplicaría a vida actual de los alumnos, moviéndolos eficazmente a ponerlas
en práctica.
La materia, para los tres años que comprendían las humanidades, estaba
dividida así: primer año, el Credo (26 lecciones); segundo año, los Mandamien-
tos de la Ley de Dios y de la Iglesia (20 lecciones); tercer año, la oración y los
sacramentos (29 lecciones). En el segundo año se reducía el número de materias
pero se aumentaba el tiempo destinado a tratarlas, a fin de que el profesor pudiera
conseguir que los alumnos las aprendiesen bien y pudiesen cimentar sobre bases
sólidas sus costumbres morales.
Para los efectos de las calificaciones y exámenes de los alumnos de educación
secundaria, las asignaturas se clasificaron en tres grupos: A, B, C13. Las del grupo
C eran: religión, música y canto, dibujo, caligrafía, trabajos manuales, gimnasia,
labores femeninas y economía doméstica.

c) sacerdotes profesores gratuitos de religión


Si bien el gobierno había dejado sin efecto la supresión de la clase de religión
y había restablecido su enseñanza en los establecimientos dependientes del Esta-
do, persistió en su empeño de que dicha enseñanza fuese gratuita, al menos en
parte. Consecuente con este interés, en octubre de 1929 dio la posibilidad de que
los sacerdotes que lo desearen, se pudieren ofrecer para enseñar gratuitamente
religión y moral en las escuelas del Estado, las cuales debían ser efectuadas en

13
Decreto 2.545, de educación pública, de 1929, en DO. 19 julio 1929.
336 REHJ. XXXVIII (2016) Carlos Salinas Araneda

conformidad a los programas vigentes y en las horas que fijase el horario escolar
para dicha asignatura14.
Para ello, los sacerdotes debían presentar una solicitud escrita al Ministerio
de Educación, indicando la escuela en que debían hacer sus clases. A dicha soli-
citud debía acompañarse un certificado de idoneidad otorgado por el ordinario
eclesiástico de la diócesis a la que perteneciese el solicitante, exigencia a la que no
estaban sometidos los obispos diocesanos, los vicarios apostólicos, los goberna-
dores eclesiásticos y los canónigos. Todas las solicitudes, sin embargo, debían ir
informadas por el director provincial de la jurisdicción escolar correspondiente.
Los sacerdotes que obtenían esta autorización del ministerio, estaban facul-
tados para tomar a su cargo la enseñanza de la asignatura en toda la escuela o en
determinados cursos y les correspondía a ellos presentar a los alumnos a las pruebas
que fijasen los reglamentos para calificar su aprovechamiento. La autorización se
comunicaría para su cumplimiento al solicitante y al director provincial de la res-
pectiva jurisdicción escolar, y mientras estuviesen en el ejercicio de sus funciones,
estos sacerdotes tendrían todas las facultades y los deberes que correspondían al
personal docente de la escuela. Estos permisos podían suspenderse por un acuer-
do del Ministerio de Educación a solicitud de la dirección general de educación
primaria, acompañando los antecedentes que justificarían tal medida.
La respuestas de los sacerdotes fue generosa, pues en los meses sucesivos fue-
ron publicándose en el Diario Oficial, individualmente o en listas más o menos
extensas, los nombres de numerosos sacerdotes que respondieron a esta nueva
dimensión apostólica que les ofrecía el Estado de Chile que estrenaba su laicidad.
No sólo sacerdotes de Santiago15 y otros lugares del país16, sino también sacerdotes
constituidos en dignidad17; no sólo presbíteros seculares sino también regulares.
Desde esta perspectiva, en consecuencia, la generosidad de los sacerdotes que se
ofrecieron como profesores gratuitos de religión en colegios del Estado es digna de
alabar y de agradecer. El Estado, sin embargo, se reservaba el derecho de no otor-
gar dicha autorización, y hay constancia de que ello ocurrió en alguna ocasión18.
Cuando en 1930 se dictó la ley de educación primaria obligatoria19, se reiteró
la posibilidad de que los sacerdotes que lo quisieren pudieren gratuitamente dar

14
Decreto 1.069, de educación pública, de 1929, minuta, en DO. 16 octubre 1929.
15
P. ej. por decreto 5.999, de educación pública, de 1930, se autorizó al presbítero don
Ramón Munita Eyzaguirre para que, en conformidad a lo dispuesto en el decreto 1.069, de abril
de 1929, impartiera enseñanza religiosa en las escuelas números 42 y 149 del departamento de
Santiago, DO. 8 noviembre 1930.
16
Arauco, Caupolicán, Chillán, Concepción, Copiapó, Coronel, Curicó, Imperial, Itata,
La Laja, La Serena, La Unión, Lautaro, Linares, Los Andes, Maipo, Melipilla, Mulchén, Osor-
no, Ovalle, Petorca, Pisagua, Quillota, Quintero, Rancagua, San Felipe, Santa Cruz, Temuco,
Tomé, Valdivia, Valparaíso, Villarrica, Yumbel, Yungay, etc.
17
Miguel Alvear, vicario general del obispado de Temuco, en la escuela nº 1 de esa ciudad.
Decreto s/n, de educación pública, minuta, en DO. 23 noviembre 1929.
18
No se dio lugar a la solicitud del presbítero Rafael Azócar para impartir enseñanza religiosa
en las escuelas del departamento de La Unión, pero no se indica la razón. Decreto 4.008, de
educación pública, de 1930, minuta, en DO. 12 julio 1930.
19
Véase antes nota 10.
Derecho y religión en la primera legislación chilena posterior a la libertad de cultos 337

clases de religión en estos establecimientos (art. 25).En 1934, sin embargo, se


establecieron algunas exigencias para que las personas que se habían ofrecido para
impartir gratuitamente clases de religión, pudieran hacerlo, en atención a que la
ley de educación primaria obligatoria disponía que todo postulante, para poder
ingresar al servicio, además de ser chileno, debía estar en posesión de un título
expedido o reconocido por el Estado, que habilitase para la enseñanza de la rama
o asignatura de que se tratase (art. 70), exigencia que reiteraba el reglamento de
escalafón (art. 7). Por otra parte, el reglamento general de educación primaria20
disponía que la enseñanza debía ser más formativa que informativa, de manera que
presentase organizada las materias en forma coherente y que existiese entre todos
los conocimientos y actividades de las diferentes asignaturas, la natural unidad
y correlación, todo lo cual era imposible conseguir por el profesor si no tenía el
dominio de las ciencias y técnicas de la educación (art. 140). A la luz de lo ante-
rior, se dispuso21 que, además del certificado de idoneidad que debía adjuntarse
a la solicitud, los postulantes debían estar en posesión de un título expedido o
reconocido por el Estado, que habilitase para la enseñanza de la religión y moral.
En su defecto, debían rendir un examen sobre teoría y práctica pedagógica para
la enseñanza de la religión, de acuerdo con los programas aprobados por decreto
supremo, ante una comisión designada por la dirección general de educación
primaria y compuesta por un profesor de metodología y pedagogía de escuela
normal, que la presidiría, de un profesor de religión de escuela normal y de un
profesor de religión de liceo. Algunos meses después22, se aprobó el “reglamento
para el examen de pedagogía y metodología de la enseñanza de la religión”, examen
que constaría de una prueba escrita y de una clase de práctica (art. 4), y se aprobó
también el “programa de pedagogía y metodología de la enseñanza de la religión”.

2. Matrimonio civil

En 1884 se dictó en Chile la primera ley de matrimonio civil que vino a


establecer el matrimonio civil como el único matrimonio válido ante el Estado23.
Dicha ley vino a poner fin al reconocimiento que, hasta su entrada en vigencia,
había tenido el matrimonio canónico, cuya validez había sido expresamente
establecida por el Código Civil en 1855 (art. 103, 117). A partir de 1884, “el
matrimonio que no se celebre con arreglo a las disposiciones de esta ley [de matri-
monio civil], no produce efectos civiles (art. 1 inc. 1º). No se prohibía, empero la
realización de matrimonios religiosos, pues la misma ley disponía que “es libre
para los contrayentes sujetarse o no a los requisitos y formalidades que prescribe la
religión a que pertenecieren” (art. 1 inc. 2º). Pero inmediatamente agregaba que
“no se tomará en cuenta esos requisitos y formalidades para decidir sobre la validez
del matrimonio ni para reglar sus efectos civiles” (art. 1 inc. 3º).
La ley de matrimonio civil, sin embargo, no estableció la precedencia obliga-

20
Decreto 394, de educación pública, de 1928, en DO. 12 marzo 1928.
21
Decreto 5.523, de educación pública, de 1933, en DO. 16 enero 1934.
22
Decreto 6.477, de educación pública, de 1934, en DO. 29 noviembre 1934.
23
Ley de 10 de enero de 1884, en Boletín de Leyes (1884), pp. 148-160.
338 REHJ. XXXVIII (2016) Carlos Salinas Araneda

toria del matrimonio civil respecto del matrimonio religioso, lo que era lógico,
porque la ley no otorgaba a éste ninguna relevancia legal. Pero se suscitó un pro-
blema de hecho que vino a poner sobre el tapete la posibilidad de esa precedencia;
la existencia paralela de ambos matrimonio, el civil y el canónico, dio origen a
un abuso: la celebración del matrimonio civil con una pareja y del matrimonio
canónico con otra. En el mensaje leído por el presidente Juan Luis Sanfuentes
(1915-1920) en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso Nacional
del año 191624, reconocía que “las disposiciones vigentes sobre matrimonio”
continuaban dando origen a abusos que era indispensable conjurar, para lo cual
“el gobierno penetrado de la necesidad de asegurar la correcta constitución de
la familia, y dentro de la armonía que anhela mantener en sus relaciones con la
Iglesia, procura con especial interés dar a este asunto una solución patriótica,
tranquila y que pueda ser de general aceptación”. La solución al problema vino de
los propios obispos quienes, previa autorización de la Santa Sede, impusieron a los
fieles que se casaban canónicamente la obligación de hacerlo también civilmente,
con lo cual se vio superado el problema y, si bien el matrimonio canónico no fue
reconocido por la ley civil25, tampoco se estableció la precedencia del matrimonio
civil respecto del canónico. No hay que olvidar, sin embargo, que por esos años
todavía estaba vigente la Constitución de 1833 que establecía la confesionalidad
del Estado, lo que limitaba, de alguna manera, el actuar del Estado.
Con la nueva Constitución las condiciones que hacían aconsejable no imponer
la precedencia del matrimonio civil respecto del canónico ya no existían, pues el
nuevo régimen de libertad de cultos separaba claramente lo temporal de lo religioso.
De hecho, el primer gobierno de Carlos Ibáñez del Campo tuvo redactado un
decreto con fuerza de ley en tal sentido, que el presidente finalmente no firmó26.
Pero el tema del matrimonio civil y sus relaciones con el canónico estaba presente
cuando, en 1930, se promulgó la ley de registro civil la que, si bien no llegó a fijar
dicha precedencia, estableció un plazo perentorio para celebrar el matrimonio
civil si a éste le había precedido el matrimonio religioso, estableciendo penas de
multa y hasta de cárcel a quienes no lo hicieran.

24
1° de junio de 1916. Mensaje leído por S. E. el Presidente de la República en la apertura
de las sesiones ordinarias del Congreso Nacional (Santiago, Imprenta Nacional, 1916), pp. 8-9.
25 “
El Santo Padre se ha dignado manifestarnos, por medio de la nunciatura apostólica,
que ‘ha visto con satisfacción la iniciativa del episcopado chileno’, y se ha servido ‘aprobar el
juicio de los obispos, ora en lo que se refiere a la grave obligación de conciencia, por la cual,
en las actuales circunstancias, por el propio bien como por el de la prole, ex praesumptione
communis periculi, están obligados los fieles chilenos a hacer inscribir los propios matrimonios
en el registro civil; ora en lo que concierne a la necesidad de que las autoridades eclesiásticas
locales procedan a hacer una declaración pública sobre la misma obligación”. Circular colectiva
del episcopado chileno, de 26 de diciembre de 1919, en Boletín Eclesiástico del Arzobispado de
Santiago 21 (1919-1929), pp. 448-453.
26
Somarriva Undurraga, Manuel, Evolución del Código Civil Chileno (Santiago, Editorial
Nascimento, 1955), pp. 52-55.
Derecho y religión en la primera legislación chilena posterior a la libertad de cultos 339

3. Algunas limitaciones a la religión

En 1929 se dictó una nueva ley electoral27, en la cual se negaba la inscripción,


aunque cumplieran los requisitos generales, a “los eclesiásticos regulares” (art. 24
nº 5). Se trataba de una prohibición que venía de antes, pues la ley electoral de
1890 contemplaba la misma limitación (art. 26 nº 9) y había dado origen a algún
pronunciamiento judicial con ocasión de una petición de dos religiosos profesores
del Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso, en el que se razonaba
que la intención o espíritu de la ley era privar de sufragio a todos los religiosos
por carecer de la libertad necesaria, pues, por el voto de obediencia se obligaban
no sólo a hacer lo que el superior les ordenaba y no hacer lo que el superior les
prohibía, sino a no hacer nada, por poco considerable que fuere, sin permiso del
superior28. Una limitación similar dispuso la ley sobre elecciones y organización
municipales29 la que, al regular el registro de quienes podían intervenir en las
elecciones de regidores municipales, dispuso que no podrían inscribirse, aun
cuando cumplieren los requisitos definidos por la misma ley, “los eclesiásticos
regulares” (art. 20 nº 2).
La ley de adopción30 estableció una nueva limitación, pues disponía que no
podrían adoptar “los eclesiásticos seculares y los religiosos de uno y otro sexo” (art. 3).

II. R econocimiento del hecho religioso


como factor social

La laicidad del Estado inaugurada por la Constitución de 1925 llevó a los


gobernantes, como hemos visto, a empezar a tomar decisiones directamente
inspiradas en ella, pero con una mirada realista de lo que por entonces ocurría en
Chile en materia religiosa, lo que los llevó a reconocer el hecho religioso como
un factor social presente en la sociedad, que no podía desconocerse sin más. En
otras palabras, el Estado se hace eco de lo religioso en sus leyes y en su actuar,
no en cuanto es religioso, sino en cuanto es una dimensión social presente en
la sociedad, como lo puede ser el deporte o la cultura, que también merecen el
reconocimiento del Estado, pero no porque el Estado sea deportista o culto –el
Estado en cuanto Estado es incapaz de ello–, sino en cuanto ambos son factores
sociales que ameritan el reconocimiento del Estado y, como veremos, la conse-
cuente colaboración.

27
Ley 4.554, de 9 de febrero de 1929, en DO. 12 febrero 1929.
28
Salinas Araneda, Carlos, 120 años enseñando el derecho. Noticias biográficas de los profesores
fallecidos del Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso y de la Escuela de Derecho de la
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso,
2014), pp. 213-216, 312-313.
29
Ley 5.357, en DO. 18 enero 1934. Decreto 1.622, de interior, de 1934, que fija el texto
definitivo de la ley de organización y atribuciones de las municipalidades, en DO. 5 mayo
1934, art. 20 nº 2.
30
Ley 5.343, en DO. 6 enero 1934.
340 REHJ. XXXVIII (2016) Carlos Salinas Araneda

Este reconocimiento de lo religioso como factor social se advierte de diversas


maneras.

1. Trato especial a la Iglesia católica inmediatamente después de la separación


Estado-Iglesia

Esto se tradujo en variadas decisiones como la indemnización a la Iglesia


católica establecida en la primera de las disposiciones transitorias de la nueva
Constitución, en la renta vitalicia para el arzobispo de Santiago31, o en la jubila-
ción facilitada a los funcionarios eclesiásticos. En efecto, la Constitución debía
entrar en vigencia el 18 de octubre de 1925, lo que significaba que los funciona-
rios eclesiásticos, como consecuencia de la separación Estado-Iglesia, dejaban de
serlos, con la consecuente cesación del pago de sus remuneraciones las que, sin
embargo, serían pagadas hasta el 31 de diciembre de ese año, fecha hasta la que
regía la ley de presupuesto correspondiente a ese año, en la que dichas remune-
raciones estaban contempladas, pues desde 1926 dejaba de existir el presupuesto
del culto. Esto motivó otra decisión del Estado en beneficio de la Iglesia católica,
pues, mediante un nuevo decreto ley32, se concedió el beneficio de la jubilación
a los funcionarios eclesiásticos.
La razón que proporcionaba el decreto ley es digna de recordar: “es de toda jus-
ticia procurar los beneficios de la jubilación […] a dichos funcionarios eclesiásticos que
han sido ejecutores de la benéfica obra moralizadora y cultural realizada por la Iglesia
en el país”. Pero había también una razón práctica no menor: “que la exigüidad
de las rentas de que gozan los aludidos funcionarios, hará que no sea muy gravosa la
carga pecuniaria que representarán las jubilaciones de que se trata”. Conforme a ello,
el decreto ley dispuso que “los funcionarios eclesiásticos que actualmente perciben
rentas del Estado con cargo al presupuesto del culto, podrán acogerse, desde esta fecha
y hasta el 31 de diciembre del año en curso, a los beneficios de la jubilación, la que
será concedida de conformidad a las disposiciones generales vigentes sobre la materia”.
Aparte de los ejemplos anteriores, hay que mencionar el reconocimiento de la
dimensión internacional de lo religioso, pues Chile siguió manteniendo relaciones
diplomáticas con la Santa Sede.

2. Educación

El munus docendi de la Iglesia católica es una dimensión esencial de su actuar,


materializada en múltiples iniciativas que el Estado no pudo desconocer, recono-
cimiento que se manifestó de diversas maneras, entre las que destacan:

a) declaración de cooperadores de la función educacional del Estado y autorización


para instalar nuevos centros educativos
Fue otra manera de reconocer lo religioso; por decreto se declaraba a esta-

31
Decreto ley 537, de 21 de septiembre de 1925, publicado en DO. 22 septiembre 1925.
32
Decreto ley 586, de 29 de septiembre de 1925, publicado en DO. 6 octubre 1925.
Derecho y religión en la primera legislación chilena posterior a la libertad de cultos 341

blecimientos de educación pertenecientes a instituciones religiosas la calidad


de cooperadores de la función educacional del Estado, lo que se hizo tanto con
universidades, como la Universidad Católica de Valparaíso33; cursos universi-
tarios, como el Curso Universitario de los Sagrados Corazones de Valparaíso34;
establecimientos de educación primaria sostenidas por obispados35, parroquias36,
congregaciones37 o misiones38; y también escuelas sostenidas por otras confesiones
religiosas, como las escuelas metodistas ubicadas en Peleco y Mañío, en el departa-
mento de Imperial39; la escuela evangélica alemana, en Chamiza, departamento de
Llanquihue40; o la escuela sostenida por la Institución Sweet bajo la dependencia
de la Iglesia metodista episcopal41.
Pero no sólo declarar cooperadores del Estado a colegios que funcionaban a
cargo de personas o instituciones religiosas, sino también autorizar la apertura
de nuevos colegios, como el decreto42 que autorizó la apertura de un colegio
particular de enseñanza que funcionaría en la ciudad de San Fernando, dirigido
por la Congregación de los Hermanos Maristas; o de un colegio particular de
segunda enseñanza en Santiago, que se denominaría Colegio Santa Filomena,
bajo la dirección de la Congregación de las Hijas de San José Protectoras de la
Infancia43. Además, a comienzos de 193344, se autorizó a las Hijas de María Auxi-
liadora para establecer en Santiago una escuela normal, la que debía ceñirse a los
reglamentos, programas y planes de estudio de las escuelas normales del Estado,
y cuyo alumnado sería formado exclusivamente por novicias religiosas de dicha
congregación. La referida escuela normal estaría destinada solamente a la prepa-
ración de profesores para las escuelas particulares que sostenía esa congregación, y
el título que otorgaría a las alumnas que completasen el curso oficial de estudios y
rindiesen, ante comisiones designadas por el Estado, las pruebas anuales y finales
correspondientes, sería el de profesora primaria particular.

33
Decreto 5.014, de educación pública, de 1929, minuta, en DO. 30 julio 1929.
34
Decreto 3.975, de educación pública, de 1929, minuta, en DO. 27 mayo 1929.
35
P. ej. la escuela Justo Donoso, sostenida por el obispado de La Serena, o la escuela Carlos
Walker, sostenida por el obispado de Rancagua. Decreto 3.160, de educación pública, de 1929,
minuta, en DO. 4 julio 1929.
36
P. ej. la escuela parroquial Santa Cruz de Triana, sostenida por la parroquia del mismo
lugar, en el departamento de Rancagua; la escuela El Perpetuo Socorro, sostenida por la parroquia
de Chimbarongo. Decreto 3.160, educación pública, de 1929, minuta, en DO. 4 julio 1929.
37
P. ej. la escuela Providencia, en La Serena, sostenida por la Congregación de la Provi-
dencia; la escuela Sargento Aldea, en Chimbarongo, sostenida por la Congregación Mercedaria.
Decreto 3.160, de educación pública, de 1929, minuta, en DO. 4 julio 1929.
38
P. ej. el internado de hombres y el liceo de niñas de la Misión Araucana ubicadas en
Cholchol, o la escuela rural de la Misión Araucana ubicada en Botrohue, decreto 5.811, de
educación pública, de 1929, en DO. 19 agosto 1929.
39
Decreto 688, de educación pública, de 1938, minuta, en DO. 3 mayo 1938.
40
Ibíd.
41
Decreto 2.333, de educación pública, de 1939, minuta, en DO. 26 mayo 1939.
42
Decreto 157, de educación pública, de 1931, minuta, en DO. 18 abril 1931.
43
Decreto 1.791, de educación pública, de 1931, minuta, en DO. 25 junio 1931.
44
Decreto 3.229, de educación pública, de 1933, en DO. 11 enero 1933.
342 REHJ. XXXVIII (2016) Carlos Salinas Araneda

b) autorización a religiosas para ejercer el magisterio


Para ejercer el magisterio en las escuelas primarias era preciso cumplir las exi-
gencias establecidas en el reglamento general de las escuelas primarias, aprobado
por decreto 3.060, de 6 de agosto de 1929, requisitos del que, sin embargo, fueron
eximidas las religiosas de la Congregación Hermanas de la Santa Cruz, las que
fueron autorizadas para ejercer el magisterio en los establecimientos sostenidos por
dicha Congregación, dedicados a la educación de los niños indígenas del país. El
decreto45 que les otorgaba el beneficio, que contaba con la aprobación del rector
de la Universidad de Chile, incluía el nombre de 83 religiosas que quedaban
eximidas del cumplimiento de la obligación contenida en el artículo 118 del re-
glamento. El mismo decreto incluía el nombre de otras 58 religiosas que quedaban
exceptuadas de lo dispuesto en el artículo 113 de aquel decreto para que pudieran
“hacer clases de idioma nacional, geografía, historia patria y educación cívica”. La
misma autorización para ejercer el magisterio, como profesoras primarias, en los
establecimientos sostenidos por sus respectivas congregaciones se otorgó a 17
religiosas de la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús, ocho religiosas de la
Congregación Carmelitas de la Caridad, y 13 religiosas de la Congregación del
Patronato de San Antonio46.

c) validez de exámenes de los alumnos de los seminarios conciliares


La ley de 9 de enero de 187947, sobre instrucción secundaria y superior, había
dispuesto en su artículo 41 inciso 6º, que eran válidos para obtener grados en la
Facultad de Filosofía y Humanidades y en la de Teología, los exámenes rendidos
ante sus propios profesores por los alumnos de determinados seminarios. Dicha
ley, empero, fue derogada por el decreto 5.146, de 14 de noviembre de 192948,
dictado en uso de las facultades extraordinarias de que gozaba el gobierno, pero
dicha disposición no había sido reproducida en las leyes o decretos con fuerza de
ley dictados con posterioridad sobre la materia. Como el gobierno considerase
conveniente que dicha disposición se conservase, haciendo uso de las facultades
que le confería la ley 4.65949, dispuso que serían válidos para las promociones
dentro del primer y segundo ciclos de la enseñanza media y para los efectos de la
licencia secundaria, los exámenes rendidos ante sus propios profesores los alumnos
de los seminarios conciliares de La Serena, Santiago, Concepción y Ancud, y de
los colegios seminarios de Valparaíso y Talca50.
En el mismo decreto se autorizaba a dichos establecimientos y demás colegios

45
Decreto 4.892, de educación pública, de 1930, en DO. 25 septiembre 1930.
46
Decreto 1.432, de educación pública, de 1931, minuta, en DO. 22 junio 1931. Otro
tanto se hace en el decreto 1.461, de educación pública, del mismo año, minuta, en DO. 23
junio 1931.
47
DO. 13 enero 1879.
48
Véase antes nota 30.
49
Autorizó al presidente de la República para dar término a la reorganización administrativa
y técnica de los servicios educacionales, en DO. 24 septiembre 1929.
50
Decreto 5.232, de educación pública, de 1929, publicado en DO. 29 noviembre 1929.
Fue reiterado por decreto 5.369 (5.232), de educación pública, de 1930, publicado en DO. 8
octubre 1930.
Derecho y religión en la primera legislación chilena posterior a la libertad de cultos 343

destinados a preparar jóvenes para la carrera eclesiástica, que pudieren reemplazar


la lengua latina por uno de los idiomas consultados en el plan de estudios de la
educación secundaria, y consultarse en el plan diferenciado del segundo ciclo,
asignaturas especiales o intensificaciones de ramos comunes que se relacionasen
con dicha carrera. No fueron los únicos, porque en 1933 se autorizó al obispo
de Iquique, Carlos Labbé, para fundar en dicha ciudad un colegio de segunda
enseñanza, con el nombre de Seminario Diocesano51.

3. Hospitales

La presencia religiosa fue igualmente respetada y regulada en los hospitales,


en los que no sólo se reconocía la presencia de capellanes y religiosas, sino que
sus labores quedaban expresamente reguladas por la norma estatal. Ejemplo de
ello es el reglamento del hospital San Esteban de Cañete52, en cuyo artículo 3º
se afirmaba que el hospital, bajo la dirección de un director y sub-director, sería
servido, entre otros, por religiosas y un capellán (art. 3); a falta de aquellas, sus
obligaciones serían desempeñadas por el personal laico que se nombrare en su
reemplazo (art. 4).
En lo referido a las religiosas, disponía el reglamento que la superiora de las
religiosas estaría encargada de la economía interior del establecimiento y de la
inspección de los artículos de consumo, rechazando los que no se encontraren en
buenas condiciones y vigilando que las atenciones higiénicas, médicas y dietéticas
fuesen cumplidas pronta y eficazmente; en general, ejercería la supervigilancia del
personal auxiliar y subalterno, dando cuenta a la dirección de las faltas que notare
(art. 38). Tenía a su cargo, además, los vasos sagrados, paramentos sacerdotales
y demás objetos destinados al culto divino, así como las ropas, útiles, medicinas,
instrumentos de cirugía y demás enseres del establecimiento, debidamente inven-
tariados (art. 39).Las religiosas atenderían los departamentos que la superiora les
señalare, cuidando que los enfermos y empleados subalternos cumplieran con sus
obligaciones; y que la dieta, medicamentos y demás prescripciones se efectuaren de
acuerdo con las indicaciones médicas (art. 40). Entre las religiosas habría una que
tendría a su cargo la llave de la puerta del establecimiento, pudiendo disponer de
una empleada para el servicio de ella (art. 41); cuando, fuera de la hora de visita
del médico, ocurriere un caso grave y urgente debía ponerlo inmediatamente en
su conocimiento, para que éste lo resolviera (art. 42). En la visita del médico, éste
debía ser acompañado por la monja y practicante de la sala (art. 20).
En cuanto al capellán53, era nombrado directamente por la Junta de Benefi-
cencia, con la obligación de suministrar a los enfermos que voluntariamente lo

51
Decreto 1.190, de educación pública, de 1933, DO. 4 agosto 1933.
52
Decreto 48, de higiene, asistencia, previsión social y trabajo, de 1926, en DO. 19 febrero
1926.
53
Por razones de espacio he debido dejar de lado el tema de los capellanes castrenses, respecto
de los cuales hay numerosas normas dictadas en estos años, tanto para los capellanes del ejército
y la armada, como para los capellanes de carabineros, institución creada por estos años por el
presidente Carlos Ibáñez del Campo. Sobre el vicariato castrense de Chile puede verse González
344 REHJ. XXXVIII (2016) Carlos Salinas Araneda

solicitaren, los servicios religiosos (art. 43). Lo correspondía, además, celebrar


Misa en el establecimiento los días y horas que le señalare la dirección, de acuerdo
con la superiora (art. 44), con la cual debía también acordar el servicio religioso
de la comunidad (art. 45).
Hubo otros hospitales en los que expresamente se consideraba la presencia de
hermanas de la caridad, como el hospital san Vicente de Paul de Santiago, en el
que se contemplaban 32 hermanas, dos capellanes y un sacristán54.

4. Cementerios

Para cuando entró en vigencia la nueva Constitución, el problema de los


cementerios que había suscitado apasionadas controversias en el siglo anterior
estaba superado55 y no sólo era pacífica la existencia de los cementerios munici-
pales, sino que en las normas a ellos referidas, mientras se hacía referencia a que
estaban destinados a la sepultación “de cadáveres de toda persona, cualquiera que
hubiere sido su religión y nacionalidad”, se especificaba que partes del mismo estaban
destinadas “a sepulturas de familias y corporaciones ya sean civiles o religiosas”56. Los
hubo, incluso, que contemplaban sepultura “para las corporaciones, sean civiles o
religiosas que tengan o no personalidad jurídica”57.
Las referencias a las congregaciones religiosas fue permanente en estos regla-
mentos, en los que, a veces, se las diferenciaba de las instituciones de derecho
público. Así, en un reglamento58, se especificaba que las sepulturas de primera
categoría la constituirían las bóvedas y mausoleos, los que se destinaban a los par-
ticulares, a las familias, “a las sociedades con personería jurídica, a las congregaciones
religiosas y a las instituciones de derecho público”.
Hay algún reglamento, como el del cementerio de Nueva Imperial59, que
expresamente permite, si lo desean los deudos, colocar en las sepulturas “epitafios
de carácter religioso”.

5. Concesiones a ministros de culto y religiosos

El reconocimiento de lo religioso como factor social presente en la sociedad

Errázuriz, Juan Ignacio, El vicariato castrense de Chile (Santiago, Ediciones Universidad de los
Andes, 1996); Matte Varas, Joaquín, Historia del obispado castrense de Chile (Santiago, 2010).
54
Decreto 1.240, de 1930, minuta, en DO. 14 abril 1930.
55
León León, Marco Antonio, Sepultura sagrada tumba profana. Los espacios de la muerte
en Santiago de Chile, 1888-1932 (Santiago, Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Lom
Ediciones, 1997).
56
Reglamento del cementerio de Quilpué, en decreto 268, de higiene, asistencia, previsión
social y trabajo, de 1926, en DO. 27 mayo 1926.
57
Reglamento del cementerio general de Puerto Montt, decreto 2.275, de bienestar social,
de 1929, en DO. 13 diciembre 1929.
58
Reglamento del cementerio de Ancud, en decreto 2.187, de bienestar social, de 1928,
en DO. 5 diciembre 1928.
59
Reglamento del cementerio de Nueva Imperial, decreto 417, de bienestar social, de
1929, en DO. 10 agosto 1929.
Derecho y religión en la primera legislación chilena posterior a la libertad de cultos 345

llevó a las autoridades del Estado a hacer algunas concesiones a quienes formaban
parte de entidades religiosas, respetuosa del estado de vida que habían asumido,
como la exención del servicio militar60 o la exención de obtener la cédula de
identidad61; pero ocasiones hubo que dichas concesiones beneficiaban al propio
Estado, como la autorización a los párrocos para requerir inscripciones de naci-
miento en el registro civil. El reglamento orgánico del registro civil62 disponía
en su artículo 122 que el requerimiento escrito para practicar una inscripción de
nacimiento debía llevar, entre otros, una certificación del nacimiento otorgada
por el médico o partera que lo hubiere presenciado. La falta de este certificado
podía suplirse por la certificación hecha por individuos especialmente autorizados
para ello por el conservador del registro civil, para lo cual cada oficial civil debía
llevar un registro especial con las firmas e impresiones digitales de las personas
que hubieren recibido la autorización antedicha. En cumplimiento de esta norma
reglamentaria, una orden de servicio63 dispuso que quedaban autorizados los ofi-
ciales del registro civil para inscribir en el registro especial referido por el artículo
122 del reglamento, la firma e impresión digital de los párrocos con jurisdicción
sobre todo o parte del territorio de la circunscripción.

6. Honores

El reconocimiento de lo religioso como factor presente en la sociedad llevó a


las autoridades a conceder diversos honores a personas vinculadas a lo religioso,
honores que asumieron modalidades diversas, como la concesión de condecora-

60
Las normas que por estos años se dictan para regular el servicio militar (decreto con
fuerza de ley 31, de 12 de marzo de 1931, en DO. 17 marzo 1931) dispusieron expresamente
la exención de las obligaciones militares de “los ministros de cualquier culto, los que hubieren re-
cibido órdenes y los religiosos profesos” (art. 50 nº 6). La norma claramente beneficiaba a personas
pertenecientes a la Iglesia católica y era respetuosa con el derecho de la Iglesia que en el Código
de Derecho Canónico (1917) disponía que “todos los clérigos están exentos del servicio militar”
(canon 121). Pero como el Estado de Chile había dejado de ser confesional, la exención había
que extenderla a todos los ministros de culto. Dichas calidades había que comprobarlas con “un
certificado de un obispo o de la autoridad religiosa correspondiente”. El beneficio se extendía a los
estudiantes eclesiásticos, pero no para quedar exentos del servicio militar, sino sólo para obtener
la postergación del mismo, sin perjuicio de quedar exentos del mismo, si les correspondía.
61
La ley 4.237, de 30 de diciembre de 1927, dispuso que estaban obligados a obtener su
libreta de identidad personal, todas las personas residentes en el territorio de la República, tanto
nacionales como extranjeros, que hubiesen cumplido 21 años, libreta que debía renovarse cada
cinco años. Había, sin embargo, algunas personas exceptuadas, entre las que se contaban “los
religiosos enclaustrados” (art. 5 inc. 2º).
62
Decreto con fuerza de ley 2.128, de 10 de agosto de 1930, en DO. 28 agosto 1930.
63
DO. 28 octubre 1930.
346 REHJ. XXXVIII (2016) Carlos Salinas Araneda

ciones64, cartas de nacionalización65, honras especiales en funerales66 o la erección


de monumentos67.

7. La bandera de Chile en la basílica de San Francisco, en Mendoza

En el convento de la Orden de San Francisco, en Mendoza, existe una ima-


gen de la Virgen del Carmen, bajo cuyos auspicios José de San Martín puso al
ejército de los Andes y a la cual entregó el bastón de mando que dicha imagen
aún conservaba en 1928. Tanto los gobiernos de Argentina como del Perú habían
autorizado, por decreto, el uso de los respectivos pabellones nacionales dentro de
la iglesia de dicho convento que había sido declarado monumento nacional por
el gobierno argentino, indicado como un homenaje a ese recuerdo histórico. La
embajada de Chile en Buenos Aires transmitió al gobierno de Chile una petición
del superior de la comunidad de franciscanos para que el gobierno de Chile auto-
rizase, también por decreto, el uso de la bandera de Chile, a fin de colocarla junto
con las de Argentina y de Perú, como testimonio perenne de glorias comunes.
El gobierno de Chile acogió favorablemente la petición y, mediante decreto68,
facultó a la basílica de San Francisco, en Mendoza, para que usase oficialmente la
bandera de Chile, en el santuario de la Virgen del Carmen de Cuyo.
Posteriormente, se disponía que se pagara la suma de $ 4.000, valor de una
placa de bronce que contenía el decreto que, en 1928, autorizaba el uso del pa-
bellón chileno en el santuario de la Virgen del Carmen de Cuyo, en la provincia
de Mendoza69.

64
P. ej. por decreto 391, de relaciones exteriores, de 1926, minuta, en DO. 3 agosto 1926,
se concedió la condecoración “al mérito” a la hermana Agustina, del hospital San Juan de Dios,
de Valparaíso; por decreto 1.121, de relaciones exteriores y comercio, de 1930, minuta, en DO.
4 agosto 1930, se le otorgó al sacerdote francés Emilio Velasco, en el grado de comendador.
65
Como la que se concedió a Guido Beck de Ramberga, ofm. cap., en 1930, quien, en 1928,
había sido nombrado obispo titular de Mastaura por Pío XI y vario apostólico de Araucanía.
Decreto 4.252, de interior, de 1930, minuta, en DO. 18 julio 1930.
66
Cuando falleció el arzobispo de Santiago, Crescente Errázuriz Valdivieso, se decretaron
honores especiales en sus funerales, teniendo presente “los eminentes servicios prestados a la Re-
pública”. Decreto 605 bis, de relaciones exteriores y comercio, de 1931, en DO. 24 junio 1931.
67
Al mismo arzobispo se le concedió otro honor cuando se acordó la erección de un monu-
mento para honrar su memoria, costeado por suscripción popular, el que debía colocarse en la
plazoleta situada entre las calles Merced y Mac-Iver, plazoleta que llevaría su nombre (ley 5.144,
en DO. 21 marzo 1933). Poco después, se autorizaba a la comisión central pro monumento al
arzobispo, para llevar a efecto una colecta pública, en todo el territorio nacional, a fin de reunir
fondos destinados a la erección del mismo (decreto 1.867, de interior, de 1933, en DO. 17
mayo 1933). Posteriormente, mediante una nueva ley (ley 5.190, en DO. 11 julio 1933),se
autorizó al presidente de la República para fijar la ubicación que estimare más conveniente para
este monumento. En uso de esta autorización, dispuso que quedara erigido en la plazuela de la
Merced (decreto 4075, de interior, de 1933, en DO. 20 octubre 1933), hasta que, finalmente,
se dispuso que se erigiera en la Alameda de las Delicias frente a la Universidad Católica de Chile
(decreto 5.674, de interior, de 21 1934, en DO. 28 noviembre 1934).
68
Decreto 987, de relaciones exteriores, de 1928, minuta, en DO. 8 septiembre 1928.
69
Decreto 1.290, de relaciones exteriores y comercio, de 1930, minuta, en DO. 14 junio
1930.
Derecho y religión en la primera legislación chilena posterior a la libertad de cultos 347

III. Cooperación del Estado con las confesiones


religiosas

1. Cooperación económica

La cooperación económica del Estado en materia religiosa se manifestó desde


el principio por vías diversas, todas las cuales significaban que diversas institucio-
nes religiosas, por conceptos diversos, no se veían en la necesidad de desembolsar
sumas de dinero a favor del fisco porque eran titulares de exenciones generales o
especiales que, en caso contrario, de no contar con ellas, les habrían significado
un desembolso significativo. En otras palabras, el Estado renunciaba a percibir
sumas de dinero para favorecer la religiosidad de los ciudadanos.
En ocasiones, esta cooperación económica estaba d i r e c t a m e n t e rela-
cionada con lo religioso, pues la ayuda se concedía en atención a la religiosidad
de las personas, objetos o actividades con las que el Estado colaboraba. El Estado
colaboraba con ellas porque la persona, el objeto o la actividad eran religiosas. En
otras ocasiones, sin embargo, la colaboración con lo religioso era i n d i r e c t a ,
pues, si bien quien se beneficiaba era una entidad religiosa, el beneficio lo recibía
no por ser una entidad religiosa, sino porque esta entidad desempeñaba una
actividad de b e n e f i c e n c i a que era lo que d i r e c t a m e n t e apoyaba el
Estado económicamente.

a) exención de impuestos
Una vía de cooperar con las instituciones religiosas fue eximirlas de impuestos,
exención que podía ser general, beneficiando a todos quienes se encontrasen en la
hipótesis definida por la norma, o especiales, favoreciendo a instituciones concretas.
Entre las generales estaba la exención de contribuciones definida por el propio
texto constitucional cuando dispuso que “los templos y sus dependencias, destinados
al servicio de un culto, estarán exentos de contribuciones” (art. 10 nº 2 inc. 3º).
Cuando, poco después, se dictó el decreto ley que estableció el impuesto sobre
bienes raíces, eximió expresamente del mismo a “las iglesias o templos destinados
a algún culto religioso y las casas parroquiales”70. Y lo mismo sucedió en 1927 con
la ley que reguló el impuesto territorial71, que repitió esta exención, pero en ésta
se precisó que la exención beneficiaba a las casas parroquiales “habitadas por los
funcionarios del culto y que no produzcan renta”. En términos similares, el decreto
ley que reguló la contribución de alcantarillado72 declaró exentos del pago de
este impuesto “las iglesias o templos destinados a algún culto religioso; y las casas
parroquiales habitadas por los funcionarios del culto y que no produzcan renta” (art.
2 c).Otra exención general fue establecida por la ley de impuesto sobre las heren-
cias y donaciones73, en la que se declaraban exentos de los impuestos establecidos

70
Decreto ley 756, de 16 de diciembre de 1925, art. 4 nº 2, en DO. 21 diciembre 1925.
71
Ley 4.174, en DO. 10 septiembre 1927; decreto 2.073, de hacienda, de 1929, que fija
el texto definitivo de la ley 4.174, en DO. 10 octubre 1928.
72
Decreto ley 192, de 13 de julio de 1932, en DO. 20 julio 1932.
73
Ley 4.533, en DO. 21 enero 1929. Ley 5.427, en DO. 28 febrero 1934, art. 18 nº 4.
348 REHJ. XXXVIII (2016) Carlos Salinas Araneda

en la misma, las asignaciones y donaciones que se dejaren “para la construcción o


reparación de templos destinados al servicio de un culto” (art. 15 nº 1).
No fueron las únicas exenciones tributarias, pues hubo otras, si bien se trataba
de exenciones particularizadas a instituciones que lo solicitaban, haciendo uso de
beneficios establecidos por la ley. Es lo que ocurrió con el impuesto complementa-
rio de la renta, del que fueron declarados exentos universidades74, congregaciones75,
monasterios76, el arzobispado de Santiago77, obispados78, colegios79, seminario80,
conservatorios81. Y no sólo católicas, sino también de otras confesiones, como la
Sociedad Misionera Sud Americana82, la Sociedad Evangélica Bautista83, la Iglesia
Alianza Cristiana y Misionera84 o la Asociación Cristiana de Jóvenes85. Hubo,
empero, algunos casos en que la solicitud para quedar eximido de este impuesto
no fue aceptada, como ocurrió con el monasterio de la Visitación, de Santiago,
para lo que se dio como razón que no se dedicaba ni a la enseñanza ni a la benefi-
cencia, sino que “sólo se dedican a la oración y penitencia”, por lo que no quedaba
comprendido en la exención legal86. En efecto, el artículo único de la ley 4.265

74
P. ej. la Universidad Católica de Valparaíso, decreto 4.171, de hacienda, de 1929, en
DO. 2 agosto 1929.
75
P. ej. la Congregación de la Casa de María. Decreto 608, de hacienda, de 1926, en DO.
27 abril 1926. La Congregación de las Hermanas de la Providencia de Chile, decreto 1.946,
de hacienda, 1926, en DO. 29 octubre 1926; todos los establecimientos que mantenía en el
país la Congregación de San Vicente de Paul, decreto 3.470, de hacienda, de 1929, en DO.
20 agosto 1929; la Orden de los R.P. Trinitarios de Santiago, decreto 6.677, de hacienda, de
1931, en DO. 2 noviembre 1931.
76
P. ej. el monasterio provincial del Buen Pastor, decreto 1.119, de hacienda, de 1926, en
DO. 15 julio 1926; el monasterio de Oblatas Expiadoras del Santísimo Sacramento, decreto
1.386, de hacienda, de 1937, minuta, en DO. 24 mayo 1937.
77
Decreto 1.893, de hacienda, de 1928, en DO. 18 mayo 1928.
78
P. ej. el obispado de Concepción en la parte correspondiente a la renta presunta de los
inmuebles ocupados por el seminario de Concepción y por el colegio de los Sagrados Corazones
de la misma ciudad, decreto 5.457, de hacienda, de 1928, en DO. 4 enero 1929; el obispado de
Valparaíso, decreto 3.794, de hacienda, de 1929, en DO. 4 septiembre 1929.
79
P. ej. el colegios de los Sagrados Corazones, San Pedro Nolasco, de las religiosas car-
melitas de la caridad, San Ignacio, de las religiosas de la Inmaculada Concepción, todos de
Santiago, decreto 2.547, de hacienda, de 1928, en DO. 13 julio 1928. Además, los colegios
de las religiosas de la Inmaculada Concepción en el resto del país, decreto 2.990, de hacienda,
de 1928, en DO. 7 agosto 1928. Se puede mencionar como ejemplo, además, el colegio de los
Sagrados Corazones de Valparaíso, decreto 3.173, de hacienda, de 1928, en DO. 17 agosto
1928, y el colegio de las Carmelitas de la Caridad, de San Felipe, decreto 4.708, de hacienda,
de 1929, en DO. 27 agosto 1929.
80
P. ej. el seminario de Chillán, decreto 3.726, de hacienda, de 1928, en DO. 26 sep-
tiembre 1928.
81
P. ej. el Conservatorio Católico de Música y Declamación de Santiago, decreto 469, de
hacienda, 1929, en DO. 2 febrero 1929.
82
Decreto 3.889, de hacienda, de 1930, en DO. 28 julio 1930.
83
Decreto 6.235, de hacienda, de 1930, en DO. 12 diciembre 1930.
84
Ibíd.
85
Decreto s/n, de hacienda, de 1931, minuta, en DO. 30 septiembre 1931.
86
Decreto 6.233, de hacienda, de 1930, en DO. 12 diciembre 1930. Tampoco se conce-
dió al convento de San Francisco de Parral, decreto 4.421, de hacienda, de 1931, en DO. 21
Derecho y religión en la primera legislación chilena posterior a la libertad de cultos 349

disponía que podrían ser eximidos del impuesto “las instituciones de beneficencia
pública o privada y los establecimientos particulares de instrucción, siempre que un
decreto supremo así lo declare”. La exención que pudiera decretarse, sin embargo, no
daba derecho para reclamar la devolución de las sumas ya pagadas por impuestos
correspondientes a períodos anteriores a la fecha de la exención87.

b) liberación de derechos de internación


Fue otra vía utilizada por el Estado para cooperar económicamente con las
confesiones religiosas. En atención a la realidad religiosa que vivía el país por esos
años, los beneficiados por las mismas fueron obispos88, monasterios89, conventos90,
colegios91, gobernaciones eclesiásticas92, catedrales93, parroquias94, comunidades
religiosas95, capillas96, incluso capillas privadas como las capillas de fundos97.
Por lo general, se trata de objetos religiosos destinados al culto divino, pero,
también se vieron beneficiados otros objetos, como un reloj de cuatro esferas des-
tinado a la torre de la iglesia parroquial Precioso Corazón de María, de Santiago98,
o un cuadro titulado “la muerte de San Francisco”, pintado en Inglaterra por el
padre Pedro Subercaseaux, destinado al monasterio de capuchinas de Santiago99.
En ocasiones la exención era para artículos destinados a obras de beneficencia
de entidades religiosas, como la que declaró exentos los artículos destinados a
la calefacción del hospital del vicariato apostólico de la Araucanía, ubicado en

agosto 1931; ni al convento de San Francisco de Curicó, decreto 2.268, de hacienda, de 1934,
en DO. 2 agosto 1934.
87
Decreto 1.368, de hacienda, de 1936, minuta, en DO. 22 abril 1936.
88
P. ej. el obispo de Rancagua, decreto 167, de hacienda, de 1926, DO. 23 mayo 1926.
89
P. ej. el monasterio de descalzas de Santa Teresa, decreto 62, de hacienda, de 1926, en
DO. 21 enero 1926.
90
P. ej. el convento de los pasionistas de Santiago, decreto 63, de hacienda, de 1926, en
DO. 21 enero 1926.
91
P. ej. el colegio de los padres franceses de Santiago, decreto 64, de hacienda, de 1926,
en DO. 21 enero 1926.
92
P. ej. la gobernación eclesiástica de Valdivia, decreto 107, de hacienda, de 1926, en
DO. 29 enero 1926.
93
P. ej. la catedral de Temuco, decreto 5.528, de hacienda, de 1830, minuta, en DO. 15
noviembre 1930.
94
P. ej. la parroquia San Lázaro de Santiago, decreto 670, de hacienda, de 1926, en DO.
7 mayo 1926.
95
P. ej. los padres capuchinos de Santiago, decreto 147, de hacienda, de 1926, en DO.
5 febrero 1926; las Hermanitas de los Pobres, decreto 670, de hacienda, de 1930, minuta, en
DO. 27 diciembre 1930.
96
P. ej. la capilla del hospital de San Juan de Diosde Santiago, decreto 166, de hacienda,
de 1926, en DO. 8 febrero 1926.
97
P. ej. la capilla del fundo Santa Margarita, de Catemu, decreto 761, de hacienda, de
1926, en DO. 26 mayo 1926.
98
Decreto 1.123, de 1930, en DO. 8 marzo 1930.
99
Decreto 1.563, de hacienda, de 1931, minuta, en DO. 9 mayo 1931.
350 REHJ. XXXVIII (2016) Carlos Salinas Araneda

San José de la Mariquina100. Alguna vez, también, se liberó de derechos a una


encomienda destinada al auditor de la nunciatura apostólica101.
En todo caso, los artículos destinados al culto divino no estaban genéricamente
liberados de derechos para su internación, sino que se necesitaba previamente
un decreto supremo, para solicitar el cual era menester cumplir los plazos que la
legislación respectiva había establecido102. Por otra parte, no siempre las solicitudes
de liberación de derechos eran aceptadas, y no son raras los rechazos de ellas103.

c) facilitar ingresos económicos a las entidades religiosas


En ocasiones, la cooperación económica no significaba evitar desembolsos
a las instituciones religiosas, sino que facilitarles el ingresar dineros a sus arcas.
Una vía para que ello ocurriera fueron las autorizaciones para realizar colectas,
de las que se vieron beneficiados patronatos104, congregaciones religiosas105, obras
parroquiales106, asociaciones de fieles107, universidades108.
Otra vía fue la transferencia directa de dineros en beneficio de entidades re-
ligiosas, con el fin de ser invertidos en beneficio directo de dichas instituciones.
Así, la tesorería provincial de Santiago puso a disposición del rector del seminario
conciliar de Santiago la suma de $ 10.000, cantidad que se destinaría a la cons-
trucción del estadio ubicado en dicho establecimiento109.

2. Otros beneficios

Además de la vigilancia en fiestas religiosas110 o la clausura de establecimientos

100
Ley 5.852, en DO. 6 agosto 1936.
101
Decreto 1.112, de relaciones exteriores y comercio, de 1931, en DO. 1 diciembre 1931.
102
Ley 4.321, DO. 27 febrero 1928; decreto 681, de hacienda, de 1928 y decreto 1.424,
de hacienda, de 1928, en DO. 23 abril 1928.
103
P. ej. para el monasterio del Buen Pastor, de Valparaíso, decreto 510, de hacienda, de
1926, en DO. 14 abril 1926.
104
P. ej. el Patronato de la Mujer, decreto 2.766, de interior, de 1926, minuta, en DO. 25
agosto 1926; DO. 9 septiembre 1926.
105
P. ej. los padres trinitarios de la comuna de Yungay en beneficio de la labor social que
realizaban en esa comuna y en la de Providencia, decreto 4.504, de interior, de 1927, en DO.
8 julio 1927.
106
[Link]. la olla infantil y los talleres de las escuelas parroquiales de la comuna de San Miguel,
decreto 4.065, de interior, de 1927, en DO. 20 junio 1927.
107
P. ej. la Asociación de la Juventud Católica Femenina, decreto 6.055, de interior, de
1927, minuta, en DO. 25 octubre 1927.
108
La Universidad Católica de Chile, a fin de allegar fondos para la reconstrucción del
edificio destruido parcialmente por un incendio, orden ministerial 18, de interior, de 15 de
mayo de 1931, en DO. 18 mayo 1931.
109
Decreto 2.473, de hacienda, de 1928, minuta, en DO. 19 diciembre 1928.
110
Según el reglamento de servicio para jefes y oficiales de Carabineros de Chile (Regla-
mento nº 7, de servicio para jefes y oficiales, de 6 de abril de 1932, decreto 1.069, de interior,
de 1932, en DO. 18 mayo 1932) en todas las comisarías habría un segundo jefe con el título
de oficial de órdenes, que lo sería el teniente más antiguo de la unidad, quien, entre sus deberes
y atribuciones debía averiguar oportunamente, entre otras actividades, las fiestas y servicios
Derecho y religión en la primera legislación chilena posterior a la libertad de cultos 351

que entorpecieran la actividad religiosa111, un beneficio que fue de gran utilidad


para las confesiones religiosas se refirió a bienes inmuebles.
i) una modalidad de que se hizo uso en beneficio de entidades religiosas fue
concederles título gratuito de dominio sobre terrenos destinados a fines sagrados,
como eran los cementerios, concebidos por el derecho canónico de la época como
lugares sagrados112. Así, es posible encontrar, especialmente en el sur de nuestro
país, este tipo de concesiones en beneficio del obispado de Ancud, si bien, bajo
la condición de que los terrenos “se mantengan destinados a los fines que tienen
actualmente”113. Algo similar ocurre en estos años con el vicariato de la Araucanía114.
ii) otra modalidad de que se hizo uso en beneficio de entidades religiosas fue
concederles el uso y goce gratuito de terrenos fiscales. Tales concesiones se hacían
con finalidades precisas, a las que debían ser destinados por los beneficiarios, de
manera que, de destinarlos a otros fines diversos, la concesión caducaba por el
ministerio de la misma concesión115, concesiones que, una vez hechas, eran a veces
prorrogadas hasta completarse el plazo de noventa años. Además de obispados,
fue también beneficiarios de tales concesiones la Sociedad Conferencia de San
Vicente de Paul116. En ocasiones, la concesión en uso y goce era el primer paso
para llegar a la transferencia del dominio, debiendo, siempre, destinarse a fines
precisos de beneficencia117.

religiosos que se verificaren en el radio de la comisaría y que pudieren necesitar vigilancia, a fin
de remitir, con la debida oportunidad, las tropas necesarias.
111
Entre las atribuciones y deberes especiales que la ley de municipalidades (decreto 1.642,
de interior, de 1934, que fija el texto de la ley de municipalidades, en DO. 5 mayo 1934) disponía
para los alcaldes, estaba el de presentar al juzgado, en el mes de enero de cada año, la lista de
los establecimientos de bebidas alcohólicas y “clausurar los negocios de la misma naturaleza que
se encuentren a menos de doscientos metros de los templos” (art. 111 nº 19).
112
Según el canon 1154 del Código de Derecho Canónico de 1917, vigente en estos años,
“son lugares sagrados aquellos que se destinan al culto divino o a la sepultura de los fieles mediante
la consagración o la bendición a que a ese efecto prescriben los libros litúrgicos aprobados”.
113
P. ej. decreto 553, de propiedad austral, de 1930, en DO. 7 mayo 1930, concede título
gratuito de dominio sobre una hijuela mientras fuese destinada a cementerio en el lugar deno-
minado Nal, en la comuna y departamento de Ancud.
114
Decreto 2.606, de propiedad austral, de 1930, en DO. 25 septiembre 1930, que concede
título gratuito de dominio de un predio de 4,25 hectáreas ubicado en Calafquén, provincia
de Valdivia.
115
Así, se concedió al obispado de Antofagasta, a contar del 1 de enero de 1929 y por el
plazo de 18 años, el uso gratuito de un terreno fiscal ubicado en la primera subdelegación del
departamento de Antofagasta, con una cabida de 1.575 metros cuadrados, para que se desti-
nase a asilo de ancianos. Expresamente dicha concesión se hacía “únicamente con el objeto de
que el obispado de Antofagasta destine el referido terreno a la mantención del actual Asilo de
Ancianos y caducará en caso de que fuere dedicado a otros fines”; ley 5.726, en DO. 8 octubre
1935, en beneficio del obispado de Antofagasta. Cuando el obispado de Ancud arrendó por
cuatro años a un particular un predio fiscal de cinco hectáreas que se le había concedido para
el establecimiento de una capilla y escuela pública, dicha concesión fuera dejada sin efecto por
decreto (decreto 447, de propiedad austral, de 1931, en DO. 12 febrero 1931).
116
Ley 5.733, en DO. 15 octubre 1935.
117
Ley 5.733, en DO. 15 octubre 1935, que transfiere a la Sociedad Conferencia de San
Vicente de Paul, de Temuco, el dominio de unos sitios cuyo uso y goce le habían sido concedidos
con anterioridad, los que debían destinarse necesariamente para un asilo de ancianos y desvalidos.
352 REHJ. XXXVIII (2016) Carlos Salinas Araneda

iii) además del dominio, o uso y goce gratuitos, también el arriendo de terrenos
fiscales en beneficio de entidades religiosas. A fines de 1928 se permitió el arriendo
de un terreno fiscal “con el objeto de establecer una casa habitación y una sala para
difusión del culto evangélico”, en el pueblo de Pampa Unión, subdelegación rural
del departamento y comuna de Antofagasta, arriendo que se hacía por diez años118.
Pero no sólo la administración central del Estado era la que mostraba una
actitud de colaboración con las confesiones religiosas, sino también las munici-
palidades, como el caso de la comisión de alcaldes de Magallanes que, aprobando
el presupuesto para el año 1928, incluían un ítem para el reloj parroquial119. Algo
similar ocurría con la municipalidad de Limache que, en su presupuesto para
1928, contemplaba la entrega de subvenciones para la escuela nocturna parro-
quial San Francisco120; o la municipalidad de Graneros, que en su presupuesto
contemplaba una subvención para el dispensario parroquial de Codegua121. Y no
faltó presupuesto para reparación de cementerios parroquiales122.

Conclusiones

En las páginas que anteceden he hecho un repaso general de las primeras


normas dictadas por el Estado de Chile relacionadas con la materia religiosa en
los años inmediatamente siguientes a la separación entre el Estado y la Iglesia
operada por la Constitución de 1925, años que corresponden al pontificado del
papa Pío XI, que fue el Romano Pontífice reinante cuando Chile llevó adelante
esa reforma trascendental, repaso que va desde la entrada en vigencia de dicha
Constitución, el 18 de octubre de 1925, hasta el término de su pontificado, en
febrero de 1939. Tres actitudes es posible advertir en estos primeros años.
Por de pronto, el Estado de Chile pasaba a ser un Estado laico, sin confesión
religiosa oficial alguna, lo que estuvo muy presente desde el primer momento
en las autoridades chilenas, entre las cuales no todos tenían un ideario personal
religioso. Esto llevó al deseo de implementar desde el primer momento reformas a
la legalidad vigente orientadas en dicha dirección, como la supresión de las clases
de religión o la obligatoriedad de la precedencia del matrimonio civil respecto
del religioso. De hecho, las clases de religión fueron suprimidas y el decreto de
precedencia obligatoria del matrimonio civil estuvo redactado. Pero ninguna de
dichas medidas prosperó porque primó en las autoridades chilenas del momento
una laicidad que califico de r e a l i s t a , es decir, una laicidad que no fue belige-
rante hacia lo religioso, sino que, aun cuando era consciente de que el Estado ya
no era confesional, no desconoció lo religioso, sino que, con una dosis no menor
de realismo, lo tomó en cuenta al momento de implementar reformas.
Esta laicidad r e a l i s t a llevó a las autoridades de gobierno a una segunda

118
Decreto 5.369, de 1928, en DO. 4 enero 1929.
119
Acta de 22ª sesión extraordinaria de alcaldes de Magallanes, celebrada en Punta Arenas,
el 14 de noviembre de 1927, en DO. 23 marzo 1928.
120
Decreto 1.184, de interior, de 1928, en DO. 9 abril 1928.
121
Decreto 1.803, de interior, de 1928, en DO. 19 abril 1928.
122
P. ej. el cementerio parroquial de Tongoy, en DO. 22 agosto 1929.
Derecho y religión en la primera legislación chilena posterior a la libertad de cultos 353

actitud, la de reconocer lo religioso como un factor social presente en la sociedad,


en sus diversas manifestaciones. Esta presencia social venía desde años anteriores,
pero no fue tarea del Estado empezar a desmontar ese entramado religioso-social,
sino que, junto con reconocerlo, facilitó que siguiera estando presente y aún, en
ocasiones, beneficiarse de él para fines que interesaban particularmente al Esta-
do. Este reconocimiento se advierte no solo en el trato especial dispensado a la
Iglesia católica inmediatamente después de la separación Estado-Iglesia, sino que,
a lo largo de estos años, en materias tan diversas como la educación, capellanes,
hospitales o cementerios; hubo concesiones especiales a párrocos y religiosos en
atención a la calidad personal que investían, y no faltaron los honores a hombres
vinculados a lo religioso. Más aún, cuando se consideró oportuno, el gobierno no
dudó en pedir la colaboración de hombres y mujeres cuando consideró valioso
valerse de sus aportes y ayudas.
Pero no se trató sólo de un reconocimiento de lo religioso como una factor
social presente y operante en la sociedad chilena, sino que, a partir de este recono-
cimiento, las autoridades chilenas asumieron una tercera actitud: la de cooperar
activamente con las confesiones religiosas, cooperación que asumió diversas
modalidades siendo la económica, quizá, la más relevante. Ella se manifestó, por
de pronto, permitiendo que las confesiones religiosas o algunas de las entidades
a ellas vinculadas, no se vieran obligadas a desembolsar sumas de dinero al decla-
rarlas exentas de cargas tributarias que, de lo contrario, las obligaban a entregar
sumas de dinero al Estado. Éste, así, al otorgar este beneficio a las entidades reli-
giosas, dejaba de percibir ingresos que le correspondían legítimamente. Se trató
de exenciones que beneficiaban a entidades religiosas en cuanto eran entidades
religiosas, o a finalidades religiosas en cuanto religiosas, de manera que, de no
haber tenido esa calidad, quedaban afectas al tributo. Hubo exenciones tributarias
generales definidas en leyes de la República, o exenciones especiales impetradas
al efecto. Otras modalidades de cooperación económica a las entidades religiosas
fueron la liberación de derechos de internación, la autorización de colectas, las
transferencias de dineros en beneficio de instituciones religiosas, las franquicias
postales o la reducción de precio de pasajes ferroviarios.
A dichas ayuda d i r e c t a s hay que agregar la cooperación i n d i r e c t a ,
que también favoreció a entidades religiosas, pero ello en cuanto estas entidades
religiosas desarrollaban actividades de beneficencia, que era las directamente apo-
yadas por el Estado. Pero lo interesante es que el carácter religioso de los actores
no era óbice para la cooperación estatal.
La cooperación, empero, no sólo tuvo una dimensión económica, sino que
revistió otras formas de ayuda, como consumo gratis de agua potable, ayudas mu-
nicipales para diversos fines, concesión de títulos gratuitos de dominio, concesión
de uso y goce gratuito de terrenos fiscales, arriendo de terrenos fiscales para fines
religiosos, vigilancia en fiestas religiosas y hasta clausura de establecimientos que
entorpecían la actividad religiosa.
Si en algún momento pudo haber en ciertos agentes del Estado de Chile el
ánimo de que el Estado empezara a despreocuparse de lo religioso o, peor aún,
que actuase contra él, tales actitudes fueron del todo minoritarias, pues la diversi-
354 REHJ. XXXVIII (2016) Carlos Salinas Araneda

dad y variedad de normas dictadas en estos primeros años de separación entre lo


temporal y lo espiritual muestran una actitud muy diversa: un Estado que asume
una laicidad moderada por el realismo –laicidad realista– que lo lleva a reconocer
lo religioso como un factor social presente en la sociedad chilena, a partir del cual
asume una franca actitud de colaboración con lo espiritual. Las palabras proféticas
pronunciadas por Pío XI con ocasión de la separación constitucional entre la Iglesia
y el Estado, referidas específicamente a las relaciones con la Iglesia católica, bien
pueden extenderse a todas las entidades religiosas, pues entre el Estado y ellas,
al menos en estos primeros años, sin perjuicio de las ideas de los gobernantes de
turno, hubo una “amigable convivencia”.

Bibliografía

Fuentes impresas

Código de Derecho Canónico (1917)


Constitución Política de la República de Chile (1833)
Constitución Política de la República de Chile (1925)
Código Civil de la República de Chile (1855)
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Diario Oficial de la República de Chile (1925-1939) (= DO.)
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1° de junio de 1916. Mensaje leído por S. E. el Presidente de la República en la apertura de
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Bibliografía general

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