Listado de obras
Sala I. Vistas de Sanlúcar
La Calzada. Sanlúcar de Barrameda, 1975
Óleo sobre lienzo
Colección particular
Es la preparación de los paisajes o tal vez sólo
una idea que llegó después a fructifcar en ellos. El boceto es con frecuencia un
ensayo de los aspectos que se saben más complicados o difíciles, pero también
puede ser una primera visión que, meditada y repensada, genera la obra. En
cualquier caso aquí parecen interesar a la autora tres aspectos la luz difusa del
cielo, la distribución del caserío (ordenada con el color (rosas, amarillos, verdes)
y la defnición del barandal de la azotea: un plano sólido pero construido con la
pintura.
Las araucarias. Sanlúcar de Barrameda, 1989
Óleo sobre lienzo
Colección particular
Cronológicamente la última obra de la
muestra, continúa con la serie de
pequeñas obras realizadas en los años 80. En este caso las araucarias, estas
coníferas originarias de Sudamérica que también estaban presentes en Vista de
Sanlúcar Boceto I y Boceto II, cobran protagonismo al situar la masa de arbolado
centrando esta ordenada composición en tres franjas paralelas y haciendo de las
araucarias una seña de identidad de Sanlúcar.
Sanlúcar de Barrameda (I), 1975-1977
Óleo sobre lienzo
Colección Fundación Juan March, Museu
Fundación Juan March, Palma de Mallorca
La primera vista de Sanlúcar no tiene en cuenta ciertos rasgos del boceto. En este
cuadro domina la perspectiva. Véase cómo, a la izquierda, el muro de separación
de la azotea es un plano vertical que se inclina a la derecha, mientras los edifcios
alineados (amarillo y casi rosa) de la derecha se inclinan hacia la izquierda. Entre
ambos, el caserío, sucesivos planos de variados blancos. El cielo es menos amplio
que el del boceto pero posee parecida calidad de humedad. El río está cerca.
Sanlúcar de Barrameda, 1994-2002
Óleo sobre lienzo
Colección particular
El cuadro señala el fnal de este segundo
ciclo de vistas de Sanlúcar de Barrameda
y quizá sea un sentido resumen de todos los paisajes hechos desde la calle Bolsa.
En la parte baja, o si se prefere, los primeros pasos de la mirada conducen a dos
sucesivos planos paralelos, barandales de la azotea. El punto de vista, algo más
alto destaca la vertical de las araucarias mientras el caserío se desliza bajo los ojos
en planos paralelos (como ya vimos en la vista de 1977-8). Esta construcción
privilegia además la atmósfera: la humedad del viejo río se hace especialmente
sentir.
Sanlúcar de Barrameda (II), 1977-1978
Óleo sobre lienzo
Colección particular
En esta segunda vista domina sobre todo
el color. El barandal de la azotea disminuye: es una frontera que da profundidad
al paisaje. Tras el barandal, rosa apagado, los primeros edifcios, blanco que tiende
al gris, y después el amarillo brillante del edifcio paralelo al plano del cuadro que
se construye en efecto en paralelo: el caserío, así ordenados hace que la mirada se
deslice hasta el horizonte. Espacio urbano, pero cruzado por el tiempo, el de la
mirada, sí, pero también hace pensar en la larga historia de Sanlúcar.
Sanlúcar de Barrameda, Boceto II, 1987
Óleo sobre lienzo
Colección de la artista
Las dimensiones de este boceto, algo
mayores, ofrecen un nuevo acercamiento
al paisaje. La autora ha limitado la azotea al barandal. Establece así un doble
contraste.
El primero, es la fjación de una zona de color más oscuro frente al caserío que
aparece, de inmediato y de repente, pleno de luz. El segundo contraste es el que
se da entre el severo plano horizontal de la baranda (al que da frmeza la pintura
no sólo la geometría) y las verticales luminosas de las araucarias. Los dos bocetos
son así dos pasos previos, dos preámbulos de la obra.
Ventana del estudio de Bolsa, 2004-2013
Óleo sobre lienzo
Colección particular
Al volver al estudio de la calle Bolsa, 30 años después,
Lafón idea esta pieza ¿rrecuerdo de la mirada del pasado..
La memoria se remueve al regresar a un lugar donde en
otro tiempo vivimos.
Pero, en el caso del pintor, hay algo más: regresa la antigua mirada y con ella los
pasos (gratos, inseguros, fallidos) que recorrió hasta llegar a la obra.
El obstáculo principal no es, como dicen, que el desconcierto ante el lienzo en
blanco sino que la pueblen o aun la asalten la fórmula, el tópico o el lugar común.
Llegar a una obra personal no es fácil.
Sala II.- Bodegones y dibujos
Regla sobre mesa improvisada, 2004
Bronce pintado
Colección de Arte CaixaBank
La escultura es una muestra de los elementos con los
que trabajó la autora. La mesa improvisada recuerda
a los dibujos pero en este caso invade el espacio
expositivo invitando al espectador a rodearla y
medirse con ella. La sencillez casi ascética de la obra vuelve a sugerir que en el
proyecto del Estudio de la calle Bolsa el espacio es más importante que los objetos.
El espacio es, en efecto, el eje de la memoria. Un espacio vivido: la autora fue
modelándolo a medida que trabajaba en él.
Mesa improvisada I, 2003-2004
Carbón y témpera sobre papel
Colección particular
Parejo a Mesa improvisada I, aquí el soporte
de la derecha, un prisma, como el de la
izquierda, sobresale, exagerando algo que ya se daba en la pieza que incorpora el
pastel: la relativa estrechez del tablero de la mesa. Es un aspecto de todos estos
dibujos que apunta al valor de inminencia. La obra hace refexionar sobre el dibujo
de Lafón: son dibujos de pintor. La línea tiene importancia pero el de la mancha
es mayor. Es esta quizá la razón por la que los pintores clásicos, como Claudio de
Lorena, empleaban frecuentemente la aguada.
Mesa improvisada II, 2003-2004
Carbón y pastel sobre papel
Colección particular
En la misma línea que el Bodegón bajo la repisa
pero con más trabajo pictórico, como se advierte
en el tratamiento del soporte de la derecha. La mesa, una simple tabla, forma un
plano, situado un poco por debajo del eje de simetría horizontal y permite verlo
desde arriba. Cuando se expusieron por primera (y única) vez estas obras, un
crítico subrayaba su cercanía al arte minimal. La observación es acertada porque,
como ocurre en esa noción de arte, la obra es tan escueta que es el propio
espectador quien tiene que hacerla.
Repisa improvisada II. 2004
Carbón sobre papel
Colección particular
Quizá más que en la obra al pastel,
se aprecia en esta la corta profundidad y la capacidad de tabla y soportes para
sobresalir de la superfcie del cuadro. Se confguran así los valores de estos
dibujos: por su gran formato tienden a rodear al espectador afectando al cuerpo
antes que a la mirada; la sencillez de los objetos impide que la mirada se recree
en ellos y se vean ante todo como elementos de un espacio; es el espacio del
viejo estudio, recordado no por cuanto se hizo en él sino por cuánto se vivió en
él y así fue modelando los gestos, de la autora.
Repisa improvisada, 2002-2003
Bronce pintado
Colección particular
Un tablero sobre dos borriquetes y un gran
muro al fondo. La repisa sirvió de soporte
a más de un cuadro de los hechos en el
estudio. El alambre fjado en el muro se
empleaba para sujetar el lienzo y protegerlo de las repentinas incursiones del
viento.
La escultura lleva a la tercera dimensión cuanto sugieren los dibujos Repisa
improvisada I y II y Repisa con la botella negra y tal vez ayude a comprenderlos
mejor. La obra impresiona por su escala y la textura y potencia del material.
Repisa improvisada I, 2003-2004.
Carbón y pastel sobre papel
Colección Emma Rojo
En este dibujo y en Repisa improvisada II se advierte sobre todo la escasa
profundidad del dibujo y por otra parte su inminencia: el tablero y sobre todo los
borriquetes que le sirven de soporte parecen sobresalir del plano del papel. Es una
nota, aquí más clara, que comparten los dibujos del Estudio de la calle Bolsa. ¿rQué
pretende con eso. Que las obras estimulen antes el cuerpo que la vista. Los
dibujos, por su tamaño, rodean al espectador, y por su desnudez, lo retrotraen al
viejo estudio. No a lo que allí se pudiera pintar, sino al espacio de trabajo
habitado.
Bodegón del poyete, 2004
Escayola
Colección de la artista
Hay una versión en bronce pintado en la
Fundación Sorigué, Lleida.
Un fragmento de pared, con una aldabilla de función incierta y el poyete unido al
muro. Útil para algún menester en el antiguo secadero ahora hay sobre él un gran
bote, un lebrillo y un trapo arrugado. Útiles de la pintura. La escultura marca las
idas y venidas de quien vive el estudio. El trabajo del pintor necesita habilitar
útiles diversos, a veces nada convencionales. Lafón debió recurrir a lo que
encontró en aquel recinto.
Bodegón bajo la repisa II, 2003-2004
Carbón sobre papel
Colección particular
La obra sorprende por su dimensión, inusual
en el dibujo, y también por su ascetismo. En ella solo hay un estrecho plano
horizontal escorzado, debajo un prisma y sobre él unas botellas más importantes
como volúmenes que como objetos. Todavía cabe subrayar su escasa profundidad.
La construcción es correcta: el prisma ocupa el segmento corto de la sección
áurea de la horizontal y hay clara armonía entre repisa y prisma. Quizá la autora
quiso evocar, más que las obras hechas en el estudio, el propio estudio como
lugar de trabajo.
Bodegón bajo la repisa, 2003-2004
Carbón, pastel y témpera sobre madera
Colección particular
El dibujo, muy parecido al trazado al carbón,
tiene el atractivo de la técnica que une al carbón, témpera y pastel, sin que por
ello pierda el aire contenido y ascético. Se ha añadido a las botellas y a la vasija
cilíndrica un jarro, quizá para colocar los pinceles. Como en el dibujo al carbón,
sobre la repisa sólo hay objetos de difícil identifcación. A diferencia del
colorismo de los objetos de la mayoría de sus bodegones, a Lafón le interesa
aquí, sobre todo, el espacio.
Repisa de la botella negra, 2003
Carbón sobre papel
Colección particular, cortesía galería Leandro
Navaro
La repisa, muy sencilla, sobre dos escuadras, se
sitúa por debajo del eje de simetría vertical. La repisa forma un plano horizontal,
escorzado, para mostrar una breve profundidad, y sobre ella objetos muy
sencillos, un cuenco, un tazón, dos vasos y la botella negra. Este tipo de
bodegones los inició Carmen Lafón en 1975 (el mismo año que estuvo en el
Estudio de la calle Bolsa) y son, a mi juicio, una anticipación a la escultura. Más
que por su atractivo sensorial, los objetos sobresalsn por su capacidad de hacer
espacio. Este recuerdo del viejo estudio lo es también de aquellas obras.
Sala III.- Bodegones y esculturas
Bodegón metafísico, 2004
Bronce pintado
Colección Eliodoro Navarro López
Con un título que, al parecer, no está
exento de ironía, la autora muestra quizá su admiración por Morandi y todos
esos pintores que respetan el silencio de los objetos sin forzarlos a decir algo más
de lo que son. El objeto es siempre un obstáculo, nos detiene, nos hace pensar y
el silencio es la clave para guardar lo mejor de ese encuentro. A este valor del
objeto para despertar el pensamiento la mejor respuesta es el remanso de la
refexión, sin premuras por defnir o precisar.
Bodegón de los pinceles, 2005
Bronce patinado
Colección de la autora
Memoria de los útiles de trabajo del pintor y
escueta formación de volúmenes, función que parecen desempeñar los objetos:
caja y bote se convierten en prisma y cilindro, como si la obra reuniera el
quehacer del pintor y el del espectador. A destacar el material: no se cubre de
pintura sino se suaviza su textura sin suprimirla.
Bodegón apoyado en una mesa, 2000
Bronce pintado
Colección Manuel Barbié
Cuenta Carmen Lafón que al volver al estudio lo
encontró tal como lo había dejado, incluso había
un cuadro empezado apoyado en la mesa. Aquí el cuadro se ha convertido en un
bajorrelieve, un bodegón que reproduce lo que hay sobre la mesa aunque se le ha
añadido un agitado paño. La ventana del fondo, ahora cerrada, puede ser la
misma que, pintada, cuelga en la primera sala. Esta escultura tiene mucho de
instalación: es típico del trabajo de Lafón: unir, no sin riesgo, géneros artísticos
diferentes.
Cesta y carpeta negra en el estudio de Bolsa, 2004
Bronce pintado
Colección Abelló
Si la sala anterior recogía el estudio como lugar de trabajo, ésta lo recuerda como
lugar de lectura, meditación y reposo. El estudio es la prolongación del cuerpo y
del pensamiento del artista. La pieza parte de los sencillos objetos que se
acumulaban en el recinto: un tablero sobre dos cajas de botellas de vino. A
subrayar el capacho con ropa sobre el tablero: cestos, canastas, capachos y
espuertas son fguras de un mundo interior que se muestra y a la vez se reserva.
Metáfora de la subjetividad y también de la pintura.