DEMENCIAS (seminario abierto)
Envejecer no equivale a la pérdida de las facultades intelectuales. La capacidad
mental puede incluso ser brillante con el aumento de la edad, mientras que
disminuye el rendimiento de los sentidos corporales. En tanto que la rapidez para
aprender y captar nuevos contenidos es propia del cerebro joven, la obra llevada
a cabo por ancianos eminentes como Tiziano o Goethe, demuestra de qué el
cerebro es capaz cuando el cuerpo ya ha superado largamente el pináculo de su
vigor.
No puede entenderse la importancia de la demencia sin el progresivo
envejecimiento de la población que ha alcanzado proporciones jamás pensadas.
A principios del siglo XX se contaba con una esperanza de vida al nacer de
aproximadamente 34 años, y sólo 100 años después en nuestra época,
principios del siglo XXI, se ha elevado hasta casi 80 años en los países
industrializados. Como consecuencia de este envejecimiento de la población
tenemos como resultado el aumento de la incidencia de enfermedades que
causan gran invalidez y dependencia en edades avanzadas como son las
enfermedades crónico-degenerativas, entre las que podemos encontrar
enfermedades como la de Alzheimer.
La prevalencia de la enfermedad de Alzheimer se duplica cada cinco años a
partir de los 65 años hasta los 85. Esta prevalencia es variable, desde el 1% a
los 60 años hasta el 32,2% a los 94 años de edad. Los estudios de incidencia
son mucho más escasos. Sin embargo, la incidencia del síndrome demencial se
ha calculado en el 1% para el conjunto de la población de edad igual o mayor a
los 65 años.
Para el próximo año se calcula que más del 20% de la población europea
superará los 60 años, este incremento actual y futuro de la población anciana
conllevará un aumento de las demencias. España no es una excepción y para
una población mayor de 65 años, que en la actualidad se calcula en torno a los
6,5 millones, la prevalencia estimada de pacientes con enfermedad de Alzheimer
oscila entre los 200 y 300 mil.
Aunque la Enfermedad de Alzheimer se caracteriza por un deterioro progresivo
de las funciones intelectuales, la evolución del cuadro es muy variable. Mientras
que en unos casos se produce una evolución muy rápida (menos de un año), en
otros el deterioro de las funciones intelectuales se prolonga más de 15 años. Los
pacientes viven, en promedio, aproximadamente ocho años tras el diagnóstico.
Durante todo este tiempo los pacientes sufren distintos síntomas cognitivos y no
cognitivos que los caracterizan como un paciente puramente geriátrico. Entre los
que encontramos las alteraciones no cognitivas, la dependencia y la sobrecarga
familiar.
En el paciente anciano, los signos clásicos de las enfermedades pueden
presentarse de forma más silente y son más frecuentes las manifestaciones
atípicas de las enfermedades. En los pacientes con demencia esto sucede con
mayor intensidad. Por esto, ante todo cambio del estado de salud de un paciente
con demencia se debe de buscar una causa externa a la demencia ya que un
proceso agudo de cualquier índole, llámese neumonía, infarto del miocardio,
embolia pulmonar, entre otros en un paciente con demencia se puede dar a
conocer como un cuadro confusional o una disminución de su situación
funcional. La comorbilidad depende mucho con el estadio de la enfermedad y/o
el tiempo de evolución de la demencia, en donde a mayor evolución o estadio de
la enfermedad encontramos mas comorbilidad. Así, en las fases avanzadas de la
demencia los pacientes presentan la mayoría de los “Grandes Síndromes
Geriátricos” (enfermedades que tienen una alta incidencia y prevalencia en los
pacientes geriátricos) como son las demencias, inmovilidad, ulceras por
decúbito, polifarmacia, alteraciones del sueño, desnutrición, estreñimiento e
incontinencia. En estas situaciones médicas la calidad óptima de atención debe
de estar asegurada por un médico con conocimiento de estos síndromes y de la
comorbilidad asociada a ellos. Esta es una de las razones por las que se le debe
de realizar una evaluación geriátrica integral al paciente con demencia.
Probablemente una de las situaciones clínicas no cognitivas más frecuentes y
complejas, que ponen a prueba nuestra pericia como clínicos, son las consultas
motivadas por los trastornos emocionales y de conducta que se presentan en
personas mayores con enfermedad de Alzheimer. Los cuidadores,
fundamentalmente familiares, pueden verse sobrepasados en muchos casos por
ancianos que presentan, de forma aparentemente sorpresiva, estallidos
emocionales desproporcionados que desbordan la dinámica del grupo, bien por
exigencias constantes de atención, exigencias excesivas, o por otros motivos
diferentes. Estas situaciones generan en muchos casos sentimientos culposos o
por el contrario irritabilidad en algunos miembros del medio que rodea al
paciente.
La presentación de los trastornos psicológicos y conductuales depende del
momento de evolución de la demencia. La depresión se suele presentar al
principio de la enfermedad mientras que el delirio y las alucinaciones se
observan en etapas evolutivas más tardías. Estos trastornos constituyen la
principal fuente de estrés para los pacientes y sus cuidadores. Sin embargo,
ofrecen también las mayores oportunidades para intervenir y aliviar el sufrimiento
de los pacientes y la carga para las familias. El cuidado de una persona con
demencia presenta muchos obstáculos para las familias y los cuidantes. Los
problemas aumentan aún más cuando el paciente presenta alteraciones del
comportamiento y requiere supervisión las 24 horas al día. Estas alteraciones
pueden causar vergüenza y frustración a los cuidadores y familiares.
El acercamiento al paciente con enfermedad de Alzheimer debe ser
individualizado, intentando recoger las características clínicas del cuadro que
presenta cada anciano, realizar una evaluación mental, física y funcional además
del entorno y la red social, lo que en geriatría denominamos “Evaluación
Geriátrica Integral”. Así el geriatra puede abarcar el control de los síntomas
cognitivos y no cognitivos desde el punto de vista clínico, funcional y social,
dando al paciente y la familia la seguridad que brinda una atención geriátrica.
El cuidado de un enfermo con demencia en un proceso largo y agotador. Las
familias desarrollan una gran labor en el día a día del cuidado de un paciente. No
solo son un apoyo en la realización de las actividades de la vida diaria sino que
se convierten en un referente funcional y emocional que es vital en el cuidado de
estos pacientes. La sobrecarga de los cuidadores, una práctica habitual del
geriatra, debe de ser monitorizada con regularidad. Así se podrán identificar
signos de alarma y se podrá proporcionar la ayuda adecuada a los familiares,
que al final repercutirá en el bienestar del paciente.
Por estas razones el manejo de los pacientes geriátricos con demencia requiere
una serie de estrategias desde el punto de vista médico, psicológico, funcional y
social. Antes de la intervención farmacológica se deben de identificar con una
valoración geriátrica integral las situaciones médicas, psiquiátricas, funcionales o
sociales mediante una valoración geriátrica integral y ser debidamente tratadas.
Proporcionar a los cuidadores y familiares de los pacientes educación, apoyo, y
consejos prácticos es un componente esencial en el manejo del paciente
geriátrico con demencia.
Alzheimer: la enfermedad del olvido
La enfermedad de Alzheimer o demencia senil de tipo Alzheimer, es un trastorno
encefálico de deterioro crónico y progresivo que se acompaña de efectos
profundos en la capacidad de recordar, aprender y razonar. Podemos decir que en
uno de los trastornos más temidos de nuestra época debido a las consecuencias
de gran deterioro que produce en la persona afectada.
Los principales síntomas que aparecen son la pérdida progresiva de habilidades
y funcionamiento mental, la pérdida de memoria, confusión y alucinaciones. El
comienzo del mal puede ser lento, los familiares más allegados suelen advertir que
el individuo tiene algún olvido en sus quehaceres diarios.
La OMS define la enfermedad de Alzheimer como una dolencia degenerativa
cerebral primaria, de etiología desconocida, que presenta síntomas
neuropatológicos y neuroquímicos característicos. El trastorno se inicia,
generalmente, de forma insidiosa y lenta y evoluciona progresivamente durante un
período de años. La evolución acostumbra a ser larga (entre ocho y diez años),
aunque a veces es de dos o tres años.
Signos de alarma para detectar la enfermedad:
1. Pérdida de memoria que afecta la capidad de trabajo (citas, nombres,
números de teléfono).
2. Dificultad para realizar tareas familiares (problemas con la cocina).
3. Problemas de lenguaje (olvido y sustitución de palabras).
4. Desorientación en el tiempo y el espacio.
5. Conductas anómalas (como vestirse inadecuadamente para el momento o la
época del año).
6. Problemas de pensamiento abstracto (olvidarse, por ejemplo, del significado
del dinero).
7. Pérdida de objetos y ubicación incorrecta de los mismos.
8. Cambios de humor y de conducta.
9. Cambios en la personalidad.
10. Pérdida de iniciativa (pasividad).
Posteriormente y de forma gradual se deterioran las funciones cognoscitivas
superiores, con pérdida de capacidad de leer, escribir, calcular e incluso
comunicarse normalmente. Los cambios de personalidad también pueden ser
notables. En las fases terminales surgen trastornos de las funciones motoras,
como la marcha y acaban no pudiendo moverse. Son enfermos que físicamente no
tienen porque estar enfermos, por lo que su esperanza de vida puede ser larga.
Los parientes acaban siendo las "otras víctimas" de esta terrible enfermedad,
pues han de estar pendientes de sus descuidos constantes, además sufren
inquietud, confusión, caídas, crisis de ira e incontinencia urinaria, entre otros
trastornos. Todos ellos son aspectos muy difíciles de soportar durante largos
períodos de tiempo.
Fisiopatología
Estudios realizados demuestran que un signo macroscópico característico es la
aparición de placas seniles (estructuras redondas u ovales de dendritas y sinapsis
destruidas, dentro de un núcleo central amiloide) en el cerebro. Se advierte
también una pérdida notable de neuronas en la corteza cerebral. La muerte
neuronal se acompaña de la disminución correspondiente en el riego sanguíneo
cerebral. Los investigadores señalan que hay una disminución progresiva en la
actividad de la enzima acetilcolina transferasa en el tejido cerebral. Tal enzima es
crucial como neurotransmisor que interviene en el aprendizaje y la memoria.
La enfermedad de Alzheimer generalmente se manifiesta en edades avanzadas
(entre los 65 y 70 años), pero en algunos casos puede aparecer antes, entre los
treinta y cincuenta años. En estos casos es muy posible que existan antecedentes
familiares de demencia, y el curso degenerativo de la enfermedad es mucho más
rápido. Se está especulando que esta seria una variante de la enfermedad y que
sus causas podrían estar más bien en una mutación genética. Cuando el inicio de
la enfermedad es más tardía, el curso tiende a ser más lento y se caracteriza por
un deterioro más global de las funciones corticales superiores.
Tratamiento
No existe actualmente cura de la enfermedad, por lo que el tratamiento es sólo
paliativo. Como tratamiento farmacológico el primer medicamento que apareció
después de muchas investigaciones fue el tacrine, cuya misión es conservar el
suministro de acetilcolina en el cerebro del enfermo, retardando su destrucción.
También existen el donezepil y la rivastigmina. Todos estos fármacos mejoran el
rendimiento de la memoria y de todo el sistema cognitivo.
Se ha podido encontrar últimamente una proteína, la beta-amiloide, que también
puede provocar la muerte de la neurona y se están realizando estudios para
encontrar una droga que bloquee su acción.
Se cree que en un futuro las terapias consistirán en la combinación de varios
tipos de medicación.
Otros cuidados complementarios que hay que tener en cuenta en esta
enfermedad son, por ejemplo, hablar con la persona afectada siempre de forma
tranquila y placentera para no irritarla, proporcionarle un ambiente tranquilo,
eliminando en lo posible los riesgos de que pueda hacerse daño (el fuego de la
cocina, objetos punzantes como tijeras o agujas, etc.), mantener un programa
regular de vida, emplear auxiliares de memoria como listas, notas, etiquetas sobre
los objetos, orientarle periódicamente en el tiempo y el lugar, vigilar las posibles
caídas de la cama, la temperatura de los alimentos y ayudarle a mantener las
capacidades cognitivas con programas de refuerzo especializados para este tipo
de demencia.
Cuidador y cuidados
Tener una persona querida enferma de Alzheimer y cuidarla las 24 horas del día es
una situación muy difícil que remueve muchos sentimientos. Es importante
identificar los sentimientos y no negarlos. Si los sentimientos controlan al cuidador,
disminuyen sus posibilidades de sobreponerse ante esta situación y la afecta a la
capacidad de cuidar. Llega un momento que puede que la persona encargada de
cuidar al enfermo no entienda sus necesidades ni las de él.
Recomendaciones
! Es indispensable descansar.
! Procúrese tiempo para sí mismo.
! Mantenga actividades lúdicas y conserve a sus amigos o haga amistades
nuevas para romper el aislamiento que puede sentir el cuidador.
! Es conveniente ponerse en contacto con el grupo de ayuda más cercano a
su domicilio.
! Cuando se está nervioso o de mal humor, es mejor que otra persona se
ocupe del enfermo, pues el enfermo es muy sensible al interpretar nuestro estado
de ánimo. El enfermo no pierde la capacidad afectiva.
! No olvide que es un adulto aunque su comportamiento y forma de
expresarse parezcan los de un niño.
Es conveniente retrasar en lo posible la institucionalización del enfermo, para evitar
las cuestiones negativas que ésta acarrea. Se da una pérdida de puntos de
referencia, tanto a nivel cognitivo como emocional que son de difícil sustitución
para el paciente. Las administraciones públicas fomentan el retraso de la
institucionalización por dos motivos fundamentales:
! Reducir los gastos que supone la atención en centros especializados.
! Promover el mejor estado posible de los pacientes
La mayoría de los familiares quieren cuidar a su paciente demenciado en su
domicilio, pero hay una serie de factores que dificultan enormemente la tarea. La
experiencia de cuidar a un paciente con demencia en el domicilio entraña una serie
de riesgos para la salud física y mental, con elevados índices de depresión y
ansiedad. Un estudio demostraba que el 50% de los cónyuges de los pacientes
diagnosticados de demencia podía ser considerados “casos psiquiátricos”. Cuidar
a un paciente demente supone mayor estrés que cuidar a un paciente físico, con
mayor limitación social. El cuidador de una persona demente se ve obligado a
introducir mayores cambios en su estilo de vida. Tienden a proteger a sus
familiares y a su trabajo, en detrimento del tiempo libre para ellos mismos.
Los factores que más influyen son:
Gravedad de la enfermedad y trastornos del comportamiento
Numerosos trabajos no encuentran relación entre severidad de la enfermedad y los
niveles de estrés de los familiares y encuentran que el nivel cognitivo del paciente
se relacionaba más con el impacto que con la sobrecarga. El concepto de
“sobrecarga” hace referencia a la vivencia subjetiva de los cuidadores y el
concepto de “impacto” es más objetivo, y hace referencia que comprende las
modificaciones de la vida diaria del cuidador como consecuencia de los cuidados.
Algunos autores han informado de la asociación de la gravedad de la enfermedad
con la salud y bienestar de los cuidadores sólo se producía si la progresión de la
enfermedad conllevaba determinadas consecuencias en la vida del cuidador. Vivir
en el mismo domicilio y la prolongación de la necesidad de cuidados, potenciaban
la gravedad de la enfermedad, con mayor afectación en la salud de los cuidadores.
La presencia de trastornos de la conducta se asocia de forma inversa con el
estado de salud del cuidador. Son muy importantes los servicios de día para
disminuir la sobrecarga de los familiares. La sobrecarga del cuidador se asocia
más con la gravedad de los trastornos del comportamiento que con el deterioro
cognitivo.
Tipo de relación
Se ha encontrado una relación inversa entre la proximidad de la relación y el grado
de estrés, siendo la tensión emocional menor en los hijos que en los esposos y en
los cuidadores no familiares que en los familiares. Los familiares de primer grado
tienen mayor probabilidad de padecer depresión que los amigos o familiares más
lejanos.
En general, los hombres asumen el papel de cuidadores sólo en ausencia de una
mujer disponible. Este hecho se ha explicado por la tradicional asunción de tareas
de cuidado por parte de las mujeres, mayor lazo emocional con la familia de origen
y la mayor flexibilidad a la hora de disponer de tiempo libre.
La implicación emocional de las mujeres suele ser mayor, mayor también de los
niveles de sobrecarga o de síntomas psiquiátricos, al menos al principio del
diagnóstico.
Estilo cognitivo y mecanismos de afrontamiento
Se considera más probable que los cuidadores sufran depresión y ansiedad si
tienen la sensación de tener poco control sobre la conducta de sus familiares
enfermos y sobre sus reacciones emocionales. La percepción que tiene el cuidador
sobre la efectividad de su estrategia en el cuidado, influye en su autoestima y su
salud mental.
Se realizó un estudio que analizaba la relación entre la personalidad y las
estrategias de afrontamiento de 50 cuidadores, esposas de ancianos con
demencia. Solamente el neuroticismo y la extroversión se consideraron como
predictores de estrategias de comportamiento. Se encontraron diferentes
estrategias:
Neuroticismo:
! Estrategias centradas en las emociones.
! Menos frecuencia de estrategias centradas en las emociones.
! Experimentan más sobrecarga y manifiestan más quejas sobre su estado de
salud.
Extroversión:
! Estrategias de búsqueda de apoyo social.
! Menor frecuencia de estrategias centradas en las emociones.
La utilidad de los recursos sociales
Conocer las necesidades de los familiares de ancianos con demencias ha hecho
que se desarrollaran programas asistenciales dirigidos a apoyarles en su labor.
Estos programas deben tener como objetivos fundamentales la reducción de la
sobrecarga y el aumentar el tiempo libre disponible para el cuidador.
Comunicación
La enfermedad de Alzheimer deteriora también de manera progresiva la capacidad
de utilizar y comprender el lenguaje, produciendo una pérdida constante de
vocabulario.
Recomendaciones
! Hacer coincidir la comunicación verbal y no verbal.
! Transmitir sensación de seguridad. Hablar de forma suave y pausada
! Gesticular poco a poco.
! No poner nerviosa a la persona.
! El enfermo de Alzheimer es muy sensible al interpretar el estado de ánimo
de los demás y su estado de se ve muy afectado por el estado de humor de las
personas que le rodean.
! Tener un contacto físico directo amable y cariñoso con él le transmite
seguridad.
! Adecuar el lenguaje a las constantes y cambiantes limitaciones que la
enfermedad impone.
! Los comentarios realizados con sentido del humor suelen ser más eficaces
que el uso de imperativos.
! Aunque la capacidad de entender y seguir las conversaciones haya
disminuido, es importante incluir al enfermo y que él, de alguna manera, pueda
participar.
! Ante cuestiones o preguntas sin sentido, evite la discusión; es mejor
cambiar de tema o seguirle la corriente.
! Hablar en sitios donde no haya demasiadas distracciones ni ruido de fondo.
! Utilizar frases cortas y concretas. Vocabulario sencillo.
! Déjele tiempo para pensar.
! Intentar enseñarle visualmente lo que le quiere decir.
! Poner atención al tono emocional con que habla.
! Mantener la calma y ser pacientes.
! No discutir ni dar órdenes.
! Es mejor decirle las cosas en positivo que en negativo.
! No haga preguntas directas que requieran buena memoria para
responderlas.
Cuidados en el hogar
La preocupación por una persona querida afectada por la enfermedad de
Alzheimer puede ser uno de los desafíos más grandes por el que una familia
puede pasar. Hasta hace poco, la información sobre cómo convivir con un enfermo
de Alzheimer en su casa ha sido muy escasa.
Vamos a intentar proporcionar la información básica necesaria para ayudar a
modificar el hogar para cuidar a una persona con Alzheimer. El propósito es
facilitar a los familiares y el personal sanitario la información necesaria para crear
un ambiente más seguro y acogedor.
La enfermedad de Alzheimer afecta al cerebro y su capacidad de procesar la
información. Cada caso es distinto. Usted no debería esperar razonamientos
lógicos de una persona que pierde su capacidad de pensar y razonar. No hay
ninguna regla y cada sugerencia debe ser revisada en detalle según su situación,
necesidad y la capacidad de su familiar.
Ya que cada persona experimenta el Alzheimer de manera diferente, los esfuerzos
de hoy podrían no ser válidos mañana. Las decisiones que son eficaces un día
pueden no serlo al siguiente. Las medidas de seguridad a prueba de niños son
prácticas, pero recuerde que han sido diseñadas para niños, no destinadas a
adultos. La persona encargada del cuidado del enfermo debe analizar
constantemente su trabajo y adaptarlo a las nuevas necesidades que surjan.
Adapte el hogar para todos los miembros de familia
Las modificaciones que realice en su hogar tienen que garantizar que todos los
familiares estén seguros y cómodos. Esto incluye a la persona con Alzheimer, el
cuidador, el resto de la familia y demás personas que le visiten. Recomendamos
que usted vigile las siguientes áreas:
Zonas de peligro
Ciertas áreas de la casa deben ser inaccesibles a la persona con Alzheimer. Estos
espacios son el garaje, el sótano y armarios que contengan artículos frágiles,
peligrosos o de valor. Las puertas que conducen a estas áreas restringidas y al
exterior deberían estar cerradas y con algún tipo de sistema de alarma.
Zona del cuidador
La segunda área especialmente cuidada debe ser la que ocupa la persona
encargada del cuidado del enfermo. La persona que esté cuidando a alguien con
Alzheimer debería tener un área de descanso para sí mismo. Los cuidadores se
pueden hartar y por eso necesitan relajarse y tener tiempo para cuidarse ellos,
solo, mientras alguien más proporciona el cuidado al enfermo.
La zona segura
Finalmente, el resto del hogar debería ser accesible a la persona con la
enfermedad de Alzheimer. Tiene que haber zonas de libre circulación para el
enfermo. Se deberán poner enchufes "a prueba de niños" y no debería de haber
ningún tipo de medicamento a su alcance, ni herramientas peligrosas, sustancias
químicas, así como documentos importantes, cuentas bancarias y objetos de valor
o frágiles.
Dentro del hogar
La máxima seguridad en la casa es crítica y usted tendrá que examinar cada
situación a fondo. Recuerde que tarde o temprano gente con Alzheimer perderá su
capacidad de pensar razonablemente. Por ejemplo, un enchufe eléctrico puede
parecer ser un agujero curioso para explorar u ocultar algo, como un bolígrafo de
metal. Hasta un acuario, que combina el agua y la electricidad, puede crear una
situación mortal.
Asegúrese que las ventanas y puertas del balcón estén cerradas (si usted vive en
un primer piso). A menudo la persona no comprende que vive sobre una primera
planta, aunque esto es obvio para usted. Abrazaderas para ventanas están
disponibles, a poco precio, en la mayor parte de las ferreterías y consiguen que
una ventana o puerta no se abra lo suficiente para que quepa una persona.
Quite productos tóxicos y aparentemente inofensivos, que si se comen con exceso
podrían causar una enfermedad - artículos como la pasta dental o los dulces.
Esconda los utensilios afilados y las aplicaciones eléctricas. Su casa deberá esta
bien iluminada para facilitar la visión del enfermo y por lo tanto sabrán por donde
caminar. La iluminación es importante en los pasillos que a menudo son oscuros y
largos. El enfermo de Alzheimer puede tener dificultades en dar la vuelta y volver.
Baje el termostato de su calentador de agua a su nivel más bajo o no más alto de
120 grados para evitar quemaduras leves. Se pueden instalar dispositivos que
regulen la temperatura del agua y así evitar quemaduras.
Instale un asiento y grifo de mano en el baño o la ducha. Los grifos de mano
deberán tener botones en el mango para ofrecer mejor utilización para controlar los
temores del agua o del baño del enfermo. Las barras de sujeción y esteras de
baño y ducha son aconsejables.
Ponga los muebles de una forma que proporcione apoyo al enfermo. Quite los
muebles que rueden, se caigan fácilmente o no puedan soportar el peso de una
persona. Quite los muebles que puedan causar caídas o tropiezos. Quite los
muebles que son difíciles de ver, como las mesas de cristal y las estanterías
transparentes. Tenga cuidado con cuerdas de extensión y las líneas telefónicas
que puedan estar caídos y por lo tanto causar caídas.
Puertas
Para las puertas que se cierran hacia dentro, como el cuarto de baño, quite la
cerradura o guarde una llave de emergencia para poder acceder al interior del
cuarto. Para la puerta de calle, deberán tener una llave suplementaria inaccesible
para el enfermo, o déle una al vecino.
Su jardín
Asegure su jardín. Identifique y quite las plantas peligrosas de su jardín. La mayor
parte del terreno debería de estar diseñado con medidas de seguridad. Evite las
plantas venenosas, escaleras, pendientes y provéala con un cierre seguro.
Vagabundeo
El vagabundeo es un problema serio. Hay diferencias significativas de ocuparse
del vagabundeo de noche o de día.
El vagabundeo por la noche presenta muchos obstáculos. Mientras el personal
sanitario está dormido, es más fácil para una persona con Alzheimer pasar
inadvertido. Coloque una alarma sobre el marco de la puerta del dormitorio. Si la
puerta se abre, la alarma saltará y alertará al cuidador de que el enfermo está
saliendo. Con estas alarmas el cuidador seguramente pueda dormir tranquilamente
sabiendo que la alarma sonará si el enfermo sale de su habitación. (Pruebe la
alarma para asegurarse que el cuidador puede oírla de su dormitorio.)
El vagabundeo de día implica una continua fuente de estimulación y de actividad
sana. No se olvide de retirar los muebles bajos y todo con lo que el enfermo pueda
tropezar. Las mismas reglas se deberían de aplicar a los caminos exteriores.
Rutina
La gente con Alzheimer a menudo desarrolla una rutina de actividades que se
repiten con frecuencia, que encuentran cómodas y agradables. Observando sus
movimientos alrededor de la casa nos puede dar pistas de cuales son los caminos
habituales y sitios donde el enfermo se siente seguro. Una vez estos sitios se
visiten con regularidad identifique cualquier cosa que pueda causar problemas
potenciales. Asegúrese de que ellos están seguros, interesados y que haya objetos
familiares que el enfermo pueda identificar y disfrutar.
Al comienzo de la enfermedad facilite el ambiente del enfermo. Retire cosas
desordenadas y simplifique las cosas. Inspeccione las cosas que puedan complicar
la vida en su hogar. Es importante que su casa tenga un ambiente tranquilo,
seguro y que anime a tomar decisiones y tareas que puedan ser completadas con
facilidad.
Ponga carteles con letras grandes, que sean fáciles de leer, posters y recortes de
revistas para enseñar el contenido. Convierta esto en un proyecto familiar y
divertido.
El Alzheimer es una enfermedad progresiva
Las modificaciones y precauciones, que son apropiadas en las etapas más
tempranas, pueden no serlo para las siguientes etapas. Por ejemplo, los espejos
son importantes para animar al enfermo a seguir mirándose ratos largos. Sin
embargo, en etapas posteriores muchas personas pueden confundirse y agitarse
por sus propios reflejos en el espejo. Si esto se convierte en un problema cubra o
quite los espejos.