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8 - Befumo

Este documento describe un caso judicial sobre un reclamo de un comprador de un automóvil contra la fabricante y concesionaria por un defecto en una pieza que causó un accidente. El documento analiza los argumentos de las partes y determina que aunque la pieza cumplía con los estándares de dureza, no cumplía con los estándares químicos según la norma de fabricación.

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8 - Befumo

Este documento describe un caso judicial sobre un reclamo de un comprador de un automóvil contra la fabricante y concesionaria por un defecto en una pieza que causó un accidente. El documento analiza los argumentos de las partes y determina que aunque la pieza cumplía con los estándares de dureza, no cumplía con los estándares químicos según la norma de fabricación.

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Tribunal: C. Nac. Com.

, sala D
Fecha: 29/05/1992
Partes: Befumo, Juan E. v. Sevel S.A. y otro

2ª INSTANCIA.- Buenos Aires, mayo 29 de 1992.

El Dr. Alberti dijo:

1. Objeto de este acuerdo: La sentencia impugnada fue producida el 30/9/1991. Desestimó una
pretensión resarcitoria (orientada a obtener un nuevo vehículo en sustitución del dañado) incoada
por el comprador de un rodado contra la productora que lo manufacturó y contra la concesionaria
que lo vendió (demanda de fs. 64/8, incoada el 17/3/1989).

Para entender esta litis, como cualquier otra, es imprescindible conocer los extremos del
conflicto. Ellos resultarán inferibles de la posterior relación de la "controversia recursiva" (como
llama algún procesalista al debate sustanciado en segunda instancia) y del fundamento de la
solución por sugerir.

Puntualizaré ahora solamente el sentido general de la causa.

El pretensor no reclama la prestación de la garantía convencional proveniente de la fabricante


("...cambio de piezas reconocidas como defectuosas... no asumiendo... obligación de resarcir...
gastos o consecuencias... de la inmovilización del vehículo... El constructor no se responsabiliza
por accidentes... aunque.... sean provocados por... defectos o vicios del vehículo..."). Aspira en
cambio a obtener una sustitución del automotor al cual atribuyó un "vicio oculto..." en el
"portamasa y semieje con la rueda delantera (derecha), el cual surge con claridad y a simple vista
lo que demuestra la mala fe de la fábrica de automotores lo que en su oportunidad se demostrará
con la (prueba) pericial pertinente, que el elemento que sostiene el espiral de suspensión es
llamado mangueta, puesto que sostiene el amortiguador y el portamasa dañado" (sic en demanda,
fs. 66).

2. La impugnación por juzgar: El actor fundó su impugnación de la decisión desestimatoria en la


atribución al veredicto de: a) una suposición imaginativa, e infundada en diligencia probatoria,
sobre la mecánica determinante de la rotura del "portamasa de automotor Duna SD" (de cuya
ruptura se siguió que el vehículo quedó despojado de su rueda delantera derecha, se arrastró
sufriendo daños en parte inferior y doblando la rueda trasera derecha y se detuvo a dar contra un
árbol que dañó -finalmente- diversas partes de la estructura exterior del lado derecho).
Atribuyó el actor a la misma sentencia: b) desatención respecto del dictamen y estudios técnicos
que señalaron que la pieza rota poseía la dureza prevista en las normas de fabricación pero una
composición química inadecuada.

Y se quejó: c) de la incredulidad del magistrado respecto de dichos testimoniales.

Ese cuestionamiento formulado el 9/4/1992 fue contestado por la defensa, tras lo cual el
presidente ad interim de la sala pronunció el "llamamiento de autos para sentencia" y habilitó la
celebración de este acuerdo.

3. Idoneidad del recurso: La defensa ha señalado que la impugnación sería insuficiente por
contener solamente un disenso con el temperamento adoptado por el juzgador.

Ello no es así. En verdad, lo insuficiente es este señalamiento proveniente de la demandada,


porque aparece vertido como mera aserción dogmática en unas pocas líneas y sin análisis de
aquello de lo cual se dice livianamente no ser bastante.

Contrariamente a tal atribuida insuficiencia, la fundamentación recursiva (que es improcedente)


tiene suficiencia estructural en el punto central de la decisión; como ha de verse por mi
exposición siguiente.

4. Desbrozamiento de dos temas irrelevantes: La primera y la tercera de las impugnaciones (los


aspectos identificados como a] y como c] en la relación formulada sub 2 precedente) son
inconducentes por completo. Identifico de este modo la negativa sobre la ocurrencia de impactos
derivados de la circulación que llegaron al elemento roto en el vehículo propiedad del actor.

Eso no puede ser discutido seriamente por derivación de dos extremos independientes y
concurrentes, que privan de todo interés a la indagación sobre la ocurrencia de un impacto en la
pieza rota, o la ausencia de tal agresión mecánica.

Ante todo, y como cuestión de hecho, está demostrado pericialmente que la pieza recibió cuando
menos un impacto (lo que los técnicos llaman "cargas impactuales importantes"). Así lo dijeron
tanto los aparentemente rigurosos estudios del Centro de Investigación de Tecnología Aplicada a
la Construcción, perteneciente al sistema del Instituto Nac. de Tecnología Industrial (ver
dictamen del 21/8/1990), cuanto lo compartió el perito ingeniero en automotores designado por
el Juzgado de 1ª instancia. Como el actor acepta la confiabilidad científica de esos informantes
en otra parte de su impugnación, es poco serio que los contradiga en algo tan obvio y además
indiferente en el orden del pensamiento lógico (según demostraré de seguido).
Porque, y esta segunda observación es lo relevante en derecho, resulta indiferente que la pieza
rota haya recibido impacto. Más bien es natural que los recibiera, puesto que ellos ocurren
ordinariamente en la circulación.

La materia por juzgar, para decidir sobre la responsabilización atribuida a la fabricante con
relación a un defecto en esa pieza, es si ella debió resistir sin romperse el impacto sufrido.

En otros términos, el caso requiere juzgar cuál debió ser la calidad del elemento roto; y por
derivación de esa calidad, cuánta debió ser la resistencia al impacto del "portamasa del
automotor Duna SD" instalado en el rodado del actor.

Es prescindible el debate sobre la ocurrencia de impactos derivados de la circulación, y sobre el


modo en que tales impactos hubieran ocurrido en el momento inmediato precedente a la rotura.
Debatir esos aspectos recuerda las discusiones superficiales relativas a "quién tuvo la culpa". La
traslación del tema al campo del pensamiento jurídico hace indiferente esa visión simple, porque
es obvio que un automotor sufre impactos al circular. Será decisivo juzgar cuál medida de
impacto debió soportar la pieza.

5. La calidad de la pieza rota: Esto es lo relevante en el juicio.

a) Hemos de fijar, ante todo, cuál sea la manera de determinar la medida ideal de calidad de un
producto industrial.

Esto es imprescindible, porque no cabría afirmar que la pieza carezca de la calidad debida por la
sola circunstancia de haberse roto. Todo puede ser roto cuando es sometido a una fuerza mayor
que la propia resistencia del objeto por calificar. El curso racional del pensamiento crítico no se
satisfará con la elemental comprobación de haber ocurrido la rotura; más allá de eso, que es lo
extrínseco, hemos de indagar si la rotura ocurrió cuando la pieza debió resistir los impactos a los
cuales está destinada a ser sometida durante el tránsito.

Es notable que el debate en el expediente haya versado sobre la calidad de la cosa sin haber
puesto previo énfasis en la determinación de esta premisa inicial imprescindible. Es esta una
gravísima falencia de la estructura lógica de la pretensión.

De todos modos, las partes han aceptado silentemente y sin exponerlo explícitamente, que la
medida de la calidad requerible de la pieza rota esté constituida por las especificaciones
originarias de la planta Fiat italiana. Así resulta de haber requerido el experto a la demandada,
con acatamiento callado del actor, la provisión escrita de esa norma o pauta industrial, y de haber
sido traída al expediente por la defensa sin objeción respecto de su ulterior empleo; como puede
ser visto en f.191 y en fs. 206/10.

Apena advertir que el haber partido la iniciativa de requerir este elemento del perito y no de la
parte pretensora confirma la impresión señalada poco antes respecto de la superficialidad con
que fue planteado el reclamo judicial (ver ausencia de toda mención sobre este elemento en la
proposición probatoria emanada del actor, glosada en fs. 149).

Tenemos de este modo superada esa infracción de cargas de la estructura de la controversia, y


fijado el elemento matriz de los dos por comparar para juzgar sobre el vicio de fabricación
invocado en la causa (el otro está constituido por la pieza rota en sí misma, ese "portamasa de
automotor Duna SD").

Pienso haber quedado claro que atribuir a un elemento industrial carencia de la calidad debida
importa decir, en términos de lógica jurídica, que no tiene la composición, la resistencia ni la
virtualidad indicados por algún parámetro o norma indicativo de cuál fuera la medida debida de
tales composición, resistencia y virtualidad. Fijar esa norma antes de ingresar a la solución es tan
importante como mostrar la pieza rota; puesto que el juicio solutorio del caso consistirá en una
comparación seria entre elementos predeterminados. Sería insuficiente una afirmación
sentimental y arbitraria sobre la sola pieza rota del automotor.

b) Esa comparación arroja un resultado sorprendente en lo subjetivo y dubitativo en lo jurídico:

1.- La pieza en cuestión (ese antes aludido "portamasa de automotor Duna SD") fue sometido a
un ensayo de dureza Brinnell practicado de acuerdo con la norma IRAM IAS U 500-104, con el
resultado de mostrar poseer la de 218, 216 y 218, en la escala de HB 5/750/15. La norma italiana
con la cual comparar este resultado lo indica suficiente, porque ella requiere una dureza de entre
190 hasta 250.

2.- Pero sometida la misma pieza a un ensayo químico, mostró poseer una proporción de fósforo
de un décimo por ciento. La norma italiana empleada como medida de la calidad del elemento
fracturado indica que el contenido de fósforo debió ser inferior a cinco centésimos por ciento
(ver en fs. 207 el texto italiano; el cual menciona esa proporción como impegnative, concepto
inexplicado en la causa por parte alguna y sobre el cual volveré luego porque hubiera quizá sido
decisivo de esta litis).
La concurrencia de ambas observaciones analíticas indica que el elemento cuestionado poseyó la
dureza prevista por la norma, pero la poseyó a pesar de que su composición infringió la
proporción tolerable de fósforo.

c) Es derivable que la pieza (ese "portamasa de automotor Duna SD") es de pobre contextura.

6. Consecuencia de derecho de lo establecido: Es notorio que no existe una medida


predeterminada y universal de la calidad de los automotores.

Esta misma causa es evidencia de tal aseveración; porque las partes no se remitieron a una pauta
genérica sino que emplearon las normas fijadas por la licenciante italiana de la producción local
del rodado que contuvo el presunto elemento defectuoso.

La aceptación implícita de ese módulo superó la que pudo ser una gran dificultad para esta
sentencia. Pero la segunda y restante dificultad es indisimulable.

Ahora debemos juzgar si una pieza de mala composición pero que a pesar de eso poseyó la
dureza prevista origina responsabilidad del productor que incluyó la pieza en el automóvil
comprado por nuestro accionante.

Creo que la respuesta es equívoca; y como estamos en terreno jurídicamente novedoso, conviene
exponerla discursiva y explícitamente (así quizá logremos al menos como resultado feliz la
mayor calidad del debate del tema en futuros pleitos). Está probada la infracción en la
composición química del metal constituyente del "portamasa de automotor Duna SD", pero no
ocurrió pérdida de dureza en la pieza.

Sospecho que aquello primero pudo reducir esto segundo; de modo que cabría argumentar que si
la composición química hubiera sido la indicada en la norma italiana, la resistencia al impacto en
situación real de circulación pudo ser mayor.

Pero ese desatino de la producción industrial de la cosa no equivale mecánica y necesariamente a


infracción jurídica del débito prometido; porque para confirmar como cierta mi sospecha fue
menester la producción en la litis de una afirmación (y de su consiguiente prueba) sobre la
calificación como conditio sine qua non del límite indicado como máximo del fósforo tolerable
en la composición química del metal constitutivo de la pieza.

Esto no ha sido producido.


Ni siquiera ha sido dada una explicación o al menos provista una cita bibliográfica que ilustre
sobre el sentido de los conceptos de percentuali indicative y de percentuali impegnative
empleados por la norma italiana cuando menciona las cantidades de elementos distintos del
hierro aceptables en la composición del metal empleado para elaborar la pieza rota. Dada esta
carencia es imposible aseverar jurisdiccionalmente en los límites de la controversia si las
especificaciones de dureza y de incidencia del fósforo son meramente concurrentes, o si la
segunda constituye un límite esencial por sobre el cual la pieza hubo de ser desechada como
inapta para su incorporación al vehículo aunque poseyera la dureza requerida. La referida
insuficiencia impone concluir que no fue probado el vicio atribuido al elemento. Y esto decide
negativamente la suerte de la controversia.

7. Una consideración concurrente: Cuál sea la medida de calidad de un producto industrial es un


concepto variable según la contraprestación dada y acorde con el contexto sociológico del
conflicto de las partes.

Así lo indica la ley; la cual es más sabia que cada uno de sus aislados intérpretes, porque en ella
se resume una experiencia secular de las sociedades.

El art. 1632 CCiv. indica que "a falta de ajuste sobre el modo de hacer la obra" (lo cual en el caso
se traduce en la duda sobre cuánta debió ser la prolijidad y esmero puestos en la elaboración del
'portamasa de automotor Duna SD'") debe ser dirimida la diferencia "en consideración al precio
estipulado".

Y bien: El actor no pagó por un automotor de gran calidad; pagó por un automotor Duna SD.
Éste debe ser, en el mejor supuesto, una mediocridad industrial, según infiere el tener uno de los
más bajos precios del mercado (u$s 12.973 por 915 kgs. de material, según p. 10 de la sección
tercera de "La Nación" del 15/5/1992), y el producirlo la fabricante que ofrece el rodado más
barato de plaza (Spazio T, cuyos 817 kgs. de material probablemente peor aún que lo apreciado
en esta causa son ofrecidos según la misma fuente por u$s 8038).

A ese precio modesto (para las pautas locales) correspondió la adquisición de una modesta
calidad, que consistió en el empleo de una pieza cuyo metal poseyó la dureza requerida por la
norma pero no la composición química del metal.

Tampoco se suscitó un pleito de gran calidad. Apunté antes las falencias argumentales de la
posición de la parte actora, que obstruyen un más profundo juzgamiento de la causa primaria del
conflicto.
A pesar de eso, la pretensión fue excesiva: El actor invocó como base de derecho los arts. 2164 y
concs. CCiv. Pero éstos le hubieran dado por crédito la recuperación de lo pagado mientras que
el actor aspiró a obtener un nuevo artículo por el mismo precio (ver art. 2174 CCiv.). La
reparación integral pretendida en la causa hubiera procedido tan sólo de ser atribuido y probado
que el productor demandado conocía o debía conocer el vicio del artículo (art. 2176 CCiv.); pero
el actor ni siquiera mencionó este aspecto en su demanda.

En tal situación compleja y dudosa juzgo no ser imputable responsabilidad jurídica a la


fabricante del rodado; porque procedió dentro de la general pobreza industrial y económica del
medio y la acción no ha satisfecho cargas de afirmación y de probanza imprescindibles para
habilitar un más profundo juzgamiento por este tribunal. Por derivación, tampoco es imputable
responsabilidad a la concesionaria que vendió el rodado producido por aquélla.

Por cierto que esta solución es opinable, y lo será siempre en tanto la cuestión no es resoluble
mediante una deducción desde la dogmática del derecho sino que requirió de una evidencia
material insuficientemente invocada y sin demostración inequívoca. Quizá sea esta dificultad la
razón por la cual la ley confía decisiones similares a la presente al juicio de peritos (ver un
ejemplo en el art. 1634 CCiv.).

Pero desprovisto yo de otros elementos, ante un juicio también llevado pobremente, en el cual es
respetable más la información científica que la elaboración jurídica, debo concluir en la
inviabilidad de imponer responsabilidad a quien suministró un automotor elaborado con material
de calidad opinable pero no demostradamente viciada y lo cobró modestamente (según nivel de
precios del medio).

Sería posible y hasta fácil formular una sentencia continente de citas brillantes tomadas de la
doctrina europea, para reprochar sonoramente a la fabricante demandada la paupérrima calidad
de su producto; y quizá ello diera a ese dictum el mísero premio de una cierta resonancia pública.

Pero no sería serio hacer tal cosa, ni ello significaría el establecimiento del derecho; porque una
sentencia insuficientemente fundada constituiría un proceder equivalente al insuficiente contralor
de calidad de la proveyente de "autopiezas" que elaboró un producto con exceso de fósforo o de
la fabricante demandada que lo colocó en un automotor sin revisarlo antes.

Tal solución, por otra parte, constituiría un premio indebido para el actor, quien pagó un bajo
precio por la poca cosa que compró; y supondría un castigo injusto para aquellos industriales que
pierden mayores ventas al incrementar sus precios porque surten mercaderías de mejor calidad.
Creo que las "circunstancias de las personas, del tiempo y del lugar' (concepto mencionado por el
art. 512 Ver Texto CCiv. para otro fin, pero aplicable a la especie) obstan a reprochar lo que es
"mal común" y efecto de un bajo nivel de calidad de la casi totalidad de la producción industrial
de nuestra sociedad. Si hiciéramos otra cosa lograríamos quizá producir hermosas sentencias,
mas pronto careceríamos aun de la mezquina actividad fabril de que disponemos, pues ésta huiría
expulsada por una medida de exigencia excesiva para el contexto en el cual ella se desenvuelve.

8. Conclusión: Sugiero confirmar la sentencia desestimatoria con base en las consideraciones


vertidas en este acuerdo; y distribuir las costas del juicio en el orden causado porque la solución
deriva de un contexto controversial insuficiente.

Creo que los costos de la peritación sobre la pieza rota deben ser impuestos íntegramente a la
parte demandada, porque le será útil tal estudio para mejorar su producción, actualmente sujeta al
defecto de composición química apreciado durante esta causa.

El Dr. Cuartero adhirió al voto precedente.

Por lo que resulta del acuerdo que antecede, se resuelve: a) confirmar la sentencia desestimatoria
de fs. 293/7; b) distribuir las costas del juicio en el orden causado; c) imponer íntegramente a la
parte demandada los costos de la peritación sobre la pieza rota y d) diferir la consideración de los
honorarios hasta ser regulados los correspondientes a la 1ª instancia.- Edgardo M. Alberti.-
Felipe M. Cuartero. (Sec.: Héctor O. Chomer).

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