TEMA I
Estado social y democrático. Modelos, políticas y problemas actuales del Estado del
bienestar
ESTADO SOCIAL Y DEMOCRÁTICO
A) INTRODUCCIÓN
El Estado es una organización y como tal constituye una unidad de decisión y acción cuya
función es transformar mediante unos procedimientos racionales una pluralidad de acciones
humanas y de recursos en unos resultados unitarios.
Toda organización, y por lo tanto también el Estado, dispone de un poder, es decir, de la
posibilidad de lograr sus objetivos superando las posibles oposiciones a través de los propios
medios de la organización. Pero lo que caracteriza a la organización estatal frente a cualquier
otro tipo de organización es que dispone de un poder único denominado imperium, que es un
poder de ordenación Y mando generalizado superior a cualquier otro dentro de su ámbito
territorial. Además, este poder está jurídicamente configurado, lo que significa que también se
imponen límites a su propio ejercicio.
B) ORÍGENES Y CARACTERES DEL ESTADO DE DERECHO
Del Estado emana todo un conjunto de normas jurídicas destinadas a resolver los conflictos
de una sociedad que ya ha alcanzado cierta complejidad. Así, Estado y Derecho aparecen
estrechamente vinculados en el sentido de que todo Estado produce un Derecho, crea un orden
jurídico, dicta leyes.
Para que un Estado pueda calificarse como Estado de Derecho no basta, sin embargo, con esta
vinculación. El Estado, por el mero hecho de contener un sistema de legalidad, por producir
una serie de leyes, no es Estado de Derecho, sino que el Estado de Derecho supone la
limitación del poder del Estado por el Derecho, la regulación y control por la ley de los
poderes y actividades estatales.
El Estado de Derecho es, por consiguiente, una forma determinada de Estado, con una serie de
características o elementos diferenciales respecto a otros tipos de Estado. Como realidad histórica,
el Estado de Derecho surge en la Revolución francesa de 1789 y es, ante todo, el resultado de la
reacción contra el antiguo régimen absolutista. Acabar con este régimen es el objetivo de todos los
movimientos políticos que contribuyen a la formulación teórica y creación de los Estados de
Derecho.
Para comprender por qué nace y qué es el Estado de Derecho hay que conocer la situación
anterior, es decir, el Estado absoluto. Esta expresión es acuñada para definir el antiguo
régimen absolutista. En él la configuración del Estado realizada por la monarquía supone
la concentración de poderes en la figura del monarca y correlativamente el ejercicio
arbitrario de los mismos.
Por tanto, para acabar con esta arbitrariedad y garantizar la libertad individual, el Estado debe
proveerse de las notas que a continuación apuntaremos, convirtiéndose así en Estado de
Derecho.
C) ELEMENTOS DEL ESTADO DE DERECHO
El Estado de Derecho reúne ciertos elementos materiales y formales.
• Los elementos materiales son los derechos fundamentales humanos, es decir, el objeto
del Estado de Derecho. Vemos u no es so o una determinada estructura formal,
sino que tiene como principal finalidad la seguridad individual.
• Los elementos formales son una serie de mecanismos jurídicos que se han
revelado adecuados por la realización de los derechos fundamentales.
Estos últimos se pueden resumir en:
l. Imperio de la ley
Además de ser el primer rasgo distintivo del Estado de Derecho, se podría incluso llegar a decir
que es su rasgo definitorio, pero siempre Y cuando la ley cumpla dos condiciones fundamentales:
que sea expresión de la voluntad general y que se oriente a la defensa de los derechos y libertades
de los ciudadanos. En conclusión, el imperio de la ley viene a decirnos que las normas jurídicas
están por encima de los ciudadanos y de los gobernantes.
2. Separación de poderes
Las funciones atribuidas al Estado deben ser repartidas entre los tres poderes: el legislativo, el
ejecutivo y el judicial. En un Estado como el nuestro, el poder más importante es el legislativo,
constituido por órganos competentes que representan directamente a los ciudadanos. Por esta
razón, el poder ejecutivo se somete al legislativo, y en cierto modo también el judicial, porque
las leyes son dictadas por el legislador y los jueces son «la boca de la ley».
Esta jerarquía de poderes no existe en todos los Estados. Por ejemplo, en Estados que siguen el
patrón anglosajón, todos los poderes son elegido por medio de elecciones y en cierta manera
todos los poderes están medianamente igualados.
Ahora bien, en todo Estado de Derecho el poder soberano reside en el pueblo porque, en mayor
o menor medida, todos los poderes son elegidos por los ciudadanos.
3. Representación política democrática
Con antecedentes de sufragio censatario, actualmente nos encontramos ante un sistema político
con sufragio universal que se encuentra en todos los Estados democráticos del mundo.
4. Control de la Administración
Todo Estado de Derecho debe establecer un estado de control administrativo, lo que viene a
decirnos que toda persona que participe en mayor o menor grado en el poder debe responder de
su gestión y su responsabilidad ante las demandas de los ciudadanos. Dicho de otra forma, en el
Estado de Derecho podemos rendir cuentas a los propios miembros del Gobierno y de la
Administración.
D) TIPOS DE ESTADO DE DERECHO
Hay dos grandes tipos de Estado de Derecho: el Estado liberal de Derecho el Estado social de
Derecho. Ambos defienden unos derechos, dividen poderes y poseen responsabilidad
administrativa. La diferencia radica en la concepción los derechos fundamentales, los cuales
admiten ciertas alternativas.
1 . Estado liberal
El Estado liberal sólo considera como derechos fundamentales aquellas libertades individuales
que consisten en el respeto externo a la libertad de las personas, es decir, aquellas libertades
que consisten en no influir en las decisiones individuales. Así, el ciudadano forma un ámbito o
círculo en el cual el Estado puede intervenir. Un ejemplo lo tenemos en la libertad de
expresión, en la libre compra-venta, etc.
Por tanto, en este sistema el Estado actúa mediante la no actuación, esto es, mediante la
abstención, aunque garantiza estas libertades controlando que no se interfiera en las libertades
de los demás.
2. El Estado social
El Estado social mantiene los derechos fundamentales del Estado liberal Y añade también como
fundamentales los derechos económicos y sociales, es decir, añade como necesidades básicas que
han de cubrir el Estado algunas como el alimento, vestido, cobijo, sueldo, nivel cultural, ocio, etc.
Así, el Estado actuará de modo activo ante las peticiones de los ciudadanos.
Estos derechos económicos o sociales no serían gozados por todos los ciudadanos, pues algunos
subsanan sus necesidades básicas por sí mismos. Tales derechos, pues, no interesarían a todos
los sectores. Actualmente en estas dos concepciones radica la diferencia, aunque con matices, entre
la izquierda y la derecha políticas.
E) EL ESTADO SOCIAL Y DEMOCRÁTICO EN NUESTRA CONSTITUCIÓN
El preámbulo de la Constitución Española establece como uno de sus objetivos el de consolidar un
Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular.
El artículo l.º señala que España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho. Por lo
tanto, para definir el Estado utiliza tres términos que deben ser interpretados conjuntamente: Estado
de Derecho, Estado democrático y Estado social.
l. El Estado de Derecho
El contenido del Estado de Derecho se expresa fundamentalmente en los artículos 9 y 10 de la
Constitución.
El artículo 10 indica textualmente «la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son
inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los d e m ás,
con fundamento del orden político y de la paz social>>, lo cual significa que la dignidad de la
persona tiene que ser la base del Derecho.
Por su parte, el artículo 9 establece que los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la
Constitución y al resto del ordenamiento jurídico.
Bajo tales premisas, el término Estado de Derecho debe interpretarse conjuntamente con los de
Estado democrático y Estado social:
• Un Estado de Derecho democrático significa que los ciudadanos deben cumplir el
Derecho que dicta el legislador como representante de la voluntad del pueblo, y además
que el legislador está limitado por el respeto a la dignidad de la persona.
• Un Estado de Derecho social es aquel en el que el Estado promueve las condiciones
para que la libertad y la igualdad que corresponde a la dignidad de la persona sean
efectivas.
2. El Estado democrático
Es aquel en el que la soberanía nacional reside en el pueblo y de éste derivan todos los poderes
del Estado. El término democracia se utiliza explícita o implícitamente en diversos artícu los de la
Constitución. Así:
• En el artículo 6 y 7 se exige que los partidos políticos y los sindicatos tengan una
estructura interna y un funcionamiento democrático.
• El artículo 27 establece que la educación debe tener como finalidad el pleno desarrollo de
la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos y a los derechos y
libertades fundamentales.
• El artículo 36 exige que los colegios profesionales tengan una estructura y un
funcionamiento democráticos.
Además, el término democracia se interpreta implícitamente desde dos puntos de vista:
l. Como principio de estructura
La democracia está vinculada a otro término que es el de participación. Así, el artículo 9 establece
que los poderes públicos deberán facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida
política, social, cultural y económica.
El artículo 23 reconoce el derecho a participar en los asuntos públicos de dos formas: directamente,
o mediante representante libremente elegido el elecciones periódicas.
En el artículo 66 se define las Cortes Generales como representante del pueblo español y los
artículos 105 y 125 prevén formas de participación en la administración de justicia
fundamentalmente a través del jurado y la acción popular.
Este principio de participación no es sino consecuencia de la afirmación del artículo l.º de la
Constitución, que atribuye la soberanía al pueblo español. Dicho de otro modo, el cauce a través de la
cual se articula esa representación es el sufragio universal, los partidos políticos, los sindicatos, otros
tipos de asociaciones y las Cortes Generales.
2. Como norma de convivencia
Implica otros principios,_tales como:
• Principio de libertad de expresión: libertad de expresar y difundir libremente los
pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de
reproducción (art. 20).
• Principio de igualdad: establecido con carácter general en el artículo 14 Y, con relación al
voto Y al acceso a la función publica, en el artículo 23.
3. El Estado social
La definición de España como Estado social es relativamente reciente, puesto que en la
Constitución de 1931, aunque no se utilizaba el término del Estado social, se definía a España como
una república de trabajadores de toda clase. Sin embargo, el auténtico precedente de esta expresión
es el artículo 20 de la Ley fundamental de Bonn, que define la República de Alemania como Estado
federal, democrático y social.
En este sentido, el Estado social se refiere tanto a la estructura del Estado como a su orientación
política y surge como reacción frente al Estado liberal Y más tarde frente al Estado estrictamente
democrático.
En el Estado Liberal se entenderá que la libertad era siempre frente al Estado, es decir, que
debía reconocerse al individuo en su ámbito de actuación en el que no pudiera intervenir el
Estado.
Por el contratrio, en el Estado democrático la libertad se significaba básicamente
participación en la vida pública, sobre todo a través del derecho de reunión y el derecho al
voto.
Así en el Estado social se entiende que la dignidad del hombre exige que el Estado
intervenga positivamente para garantizar el ejercicio de esa libertad, lo que significa que el
Estado asume una función de redistribución de la riqueza y la renta, tal y como se plasma
en el 9.2 de la CE.
MODELOS, POLÍTICAS Y PROBLEMAS ACTUALES DEL ESTADO DEL BIENESTAR
A) CONCEPTO DE ESTADO DEL BIENESTAR
Cuando hablamos del bienestar todos estamos pensando en algo relacionado con utilidad, la
felicidad o el placer, en estrecha relación con las aspiraciones o preferencias de cada persona, y
con un contenido material, espiritual o cultural, más o menos objetivable.
Precisamente por la ligazón entre el bienestar y todos los demás términos resulta a veces difícil
diferenciarlos y nos encontramos muchas ocasiones en que se confunden. Cuando dirigimos la
mirada hacia el Estado del Bienestar se observa la misma ambigüedad a la hora de definir el
bienestar: pleno empleo, salud y sanidad, felicidad, seguridad, sueldo mínimo, pensiones, etc.
Entran en juego, por tanto, muchos otros conceptos que son ofrecidos por el Estado para
mejorar las condiciones de la población.
En este sentido, todo modelo económico tiene una capacidad de generar riqueza, pero también tiene
una gran capacidad de generar desigualdades y de generar la forma más extrema de esas
desigualdades. Y aquí es donde tiene que entrar en juego el Estado del bienestar, que no es otra
cosa que la intervención de los poderes públicos encaminada a mejora l as condiciones de vida
de los ciudadanos, principalmente de los más desfavorecidos, en forma asistencia sanitaria,
seguridad social, subsidios de desempleo, planes de pensiones, seguros sociales, etc.
B) MODELOS Y POLÍTICAS
Hay diferentes modelos y políticas sobre el Estado del bienestar omo pone de relieve el premio novel Amrtya
Sen, el Estado del bienestar forma parte de los valores europeos.
En efecto, el Estado del bienestar, tal como lo conocemos, es uno de los grandes logros
de la civilización europea, es una de las grandes contribuciones de Europa al mundo.
El resto del mundo ha emprendido esta dirección imitándola cada vez más, valorando
positivamente, en muchos aspectos, lo que hasucedido en Europa desde que concluyera
la Segunda Guerra Mundial. El Estado del bienestar fue posible en la Europa de la
posguerra por una decisión política, por un pacto que establecieron, «grosso modo», las
democracias cristianas y los países socialdemócratas. Este pacto, que tenía como
trasfondo frenar la posible seducción de la clase obrera por el comunismo y contrarrestar la
presión de la ideología y utopía comunista, fue un pacto político a partir del cual se
construyó el Estado del bienestar. Esa fue, sin duda, la etapa dorada del Estado del
bienestar.
Para Amartya Sen, la naturaleza del Estado del bienestar consiste en ofrecer algún tipo de
protección a las personas que, sin la ayuda del Estado, puede que no sean capaces de tener
una vida mínima mente aceptable según los criterios de la sociedad moderna, sobre todo de
la Europa moderna. La idea fundamental versa en torno a la interdependencia entre los
seres humanos. En este sentido, el Estado del bienestar tiene algo en común con la
economía de mercado, porque la economía de mercado también es algo donde el individuo
solo no es absolutamente nada. En la economía de mercado las personas dependen unas de
otras, y nadie ha explicado esto tan claramente como Adam Smith en «La riqueza de las
Naciones». Toda la base de la economía de mercado gira en torno a la capacidad de
interactuar entre sí, de depender unos de otros, de poder hacer cosas para los demás y que
ellos hagan cosas por ti.
Pues bien, tal como la economía de mercado funciona poniendo en sintonía a diferentes
personas, el Estado del bienestar hace exactamente lo mismo. Advierte que es posible que
algunas personas se adentren en una situación muy difícil, que por causa de enfermedad puedan
necesitar asistencia médica y aunque tengan un patrimonio suficiente, quizá no puedan
permitirse pagar los gastos, según el tipo de enfermedad, o quizá se empobrezcan o pierdan el
trabajo; o puede que tengan un bajo nivel salarial u otro tipo de problemas, como
discapacidades de toda suerte que les impide tener una renta decente. Lo que entonces aporta el
Estado es un apoyo básico para que no se hunda en la pobreza. Por consiguiente, el Estado del
bienestar impide que alguien llegue a un estado de existencia que se podría calificar de
vergonzoso en la sociedad moderna.
En diferentes países y en diferentes épocas se han dado igualmente diferentes modelos y
políticas de bienestar. Pero han sido los países del Norte de Europa con tradición
socialdemócrata (Suecia, Dinamarca y Finlandia) donde con más intensidad se ha dedicado
el Estado a estos menesteres, donde existe y se man· tiene un Estado del bienestar fuerte y
consolidado.
En función de las especiales características, podemos distinguir cuatro modelos de Estados del
Bienestar:
1 . Modelo universalista o socialdemócrata
• Protección social elevada, para todos igual, independientemente de las rentas
• Cobertura universal para todos y en todos los ámbitos (educación, sani· dad, etc.)
• Se financia vía impuestos, por lo que hay una fuerte presión fiscal.
• Este modelo ha conseguido, en buena medida reducir las desigualdades sociales. '
Este modelo es propio de Suecia
2. Modelo liberal-individualista ,
• Principio de cobertura selectiva para paliar problemas específicos.
• Alto nivel de mercantilización puesto que, al no abarcar el Estado muchos
ámbitos, los cuidadanos tienen que acudir a colegios, privados, clínicas, etc. Es el ejemplo
del Reino Unido.
,,
3. Modelo conservador-corporativista
•Principio de cobertura selectiva paliar problemas específicos.
•Se caracteriza por basarse en un modelo de negociación entre el Gobierno, los empresarios y
las centrales sindicales. Este modelo es, con algunas reservas, el de Alemania y Austria.
4. Modelo mediterráneo
• Mercado de trabajo poco flexible. Niveles medios de
mercantilización.
• Predominio de estructuras clientelares·y economías sumergidas. Es el ejemplo de
España, Italia y Grecia.
B) LOS CUATRO PILARES
En cuanto a su estructura; el Estado del bienestar en España descansa sobre cuatro pilares:
l. Pensiones.
2. Educación.
3. Sanidad.
4. Servicios sociales.
l. Pensiones
A este respecto conviene saber que los regímenes básicos de pensiones en los diferentes países
son fundamentalmente-dos: el régimen de capitalización y el de reparto. Aunque el sistema de
capitalización admite múltiples variantes, el más puro es el de capitalización individual, consistente
en que cada persona ahorra en su propia cuenta durante su vida laboral y percibe sus ahorros en
forma de pensión periódica y vitalicia cuando se jubila. Como se ve, en este sistema cada persona
cobra su pensión en función de lo que realmente ha cotizado a lo largo de su vida laboral. En los
países donde se ha implantado, los .fondos de pensiones se administran directamente por el
Estado o por sociedades especializadas que compiten en el mercado de capitales.
Por el contrario, en el régimen de reparto las pensiones de un determinado ejercicio se :financian
con las cotizaciones de los afiliados al sistema de la Seguridad Social en ese mismo período de
tiempo. Este último sistema es el que se sigue en España, si bien en los momentos actuales, por
la disminución de la natalidad y el incremento de las expectativas de vida, cada vez son menos
cotizantes y más los pensionistas y, además, la cobran por periodos más largos. Por esta razón
es el Estado quien tiene que sufragar vía impuestos la diferencia entre lo que ingresa y gasta la
Seguridad Social.
Por otra parte dentro de la pensión de jubilación existe una modalidad no contributiva a la que
tienen derecho las personas que n o han cotizado a la Seguridad Social y que, habiendo cumplido
sesenta y cinco años de edad, carecen de rentas o ingresos en cuantía superior a la fijada en cada
momento.
2. Educación
La educación es otro de los pilares del Estado de bienestar no sólo porque la enseñanza básica es
gratuita (ya se preste en colegios públicos como en privados en régimen de concierto sino también
porque las universidades publicas españolas reciben importantes transferencias del Estado y de las
Comunidades Autónomas.
3. Sanidad
Otro de los logros del Estado del bienestar en España es asistencia sanitaria gratuita. Desde hace
varias décadas, los españoles que necesitan asistencia sanitaria la reciben gratuitamente, tanto si es
ambulatoria, domiciliaria de urgencia o en régimen de internado, sin que sea necesario que se
encuentre en alta en la Seguridad Social o lo haya estado con anterioridad. Asimismo, la
dispensación de los medicamentos en el sistema de la Seguridad Social es gratuita en determinados
casos (cuando se dispense en internamientos en instituciones sanitarias propias o concertadas de la
Seguridad Social; cuando los tratamientos provengan de accidente de trabajo o enfermedad
profesional; para minusválidos; para las personas mayores de sesenta y cinco años sin re• cursos
económicos suficientes; etc.) y en los demás casos, el paciente únicamente satisface un porcentaje
sobre el precio de venta al público de la mayor parte de los medicamentos.
Por todas estas razones, y por su calidad cada vez más contrastada, la utilización de los servicios
sanitarios públicos españoles es creciente, pues aunque la sanidad privada es mejor que la pública
en algunos aspectos, como la capacidad de elección de médico y de centro -lo que evita las «listas
de espera» para determinadas intervenciones quirúrgicas-, el confort una cama por habitación, por
ejemplo- y un trato más personalizado, la calidad científica y técnica tanto del personal como del
equipamiento son mucho mayores en la sanidad pública. Esto no sucede sólo en nuestro país, sino
que incluso en EE.UU. -en teoría el paraíso de la sanidad privada-, la mayoría de los fondos que
sostienen los mejores centros de atención sanitaria son públicos.
4. Servicios sociales
El cuarto pilar el Estado del bienestar -el más reciente- se constituyó para dar respuesta a las
necesidades de aquellos ciudadanos que, por las razones que sean, se sienten fuera del sistema por
cuya razón los poderes públicos están obligados a mantener ciertos niveles de cohesión e
integración social.
Entre dichos servicios destaca la atención a las personas dependientes. Así, la Ley 39/2206, de 14
de diciembre de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a Personas en Situación
Dependencia -comúnmente conocida como Ley de Dependencia- garantiza el derecho a la atención
social a todos los españoles que no pueden valerse por s1 mismos.
La _Ley establece tres niveles de dependencia: moderada, severa y gran dependencia, cada
uno de los cuales cuentan a su vez con dos niveles.
La moderada es aquella en que la persona necesita ayuda para realizar varias actividades
básicas de la vida diaria al menos una vez al día, o tiene necesidades de apoyo
intermitente o limitado para su autonomía personal.
• Tendrá carácter severa cuando la persona necesita ayuda para realizar varias actividades
básicas de la vida diaria dos o tres veces al día, pero no requiere el apoyo permanente de
un cuidador, o tiene necesidades de apoyo externo para su autonomía personal.
• Se considerarán grandes dependientes a los ciudadanos que requieren ayuda para realizar
varias actividades básicas de la vida diaria varias veces al día Y, por su pérdida total de
autonomía mental, física, intelectual o sensorial, necesitan el apoyo indispensable y
continuo de otra persona o tienen necesidades de apoyo generalizado para su autonomía
personal.
En la financiación del sistema colaboran el Estado, las Comunidades Autónomas y las
Corporaciones Locales. Así, la Administración General del Estado garantiza un nivel mínimo,
en el sentido de básico, de protección. Las Comunidades Autónomas son el elemento clave, ya
que gestionan los servicios y los recursos necesarios para la valoración y atención de la
dependencia. Por su parte, las Corporaciones Locales participan en la gestión de los servicios de
acuerdo con la normativa de sus respectivas Comunidades Autónomas.
C) PROBLEMAS ACTUALES DEL ESTADO DEL BIENESTAR
Como pone de relieve Rafael Serrano, en los momentos actuales es prácticamente unánime la
convicción de que el Estado del Bienestar se ha hecho insostenible sencillamente porque las
dificultades financieras impiden mantener los actuales niveles de protección. No obstante, sus
defensores piensan que el problema, aunque grave, es coyuntural, y que se superará cuando se
den otra vez las condiciones precisas (crecimiento fuerte y continuo, pleno empleo, población
relativamente joven, etc.).
Sin embargo, la mayoría no manifiesta esa confianza. La «globalización» de la economía que
endurece la exigencia de competitividad-, la gran movilidad de los capitales y la rapidez de los
cambios económicos y tecnológicos -que hacen cada vez más difícil un empleo seguro-, junto
con las tendencias demográficas, parecen conspirar contra la vuelta a los buenos tiempos. Los
buenos tiempos, para muchos, ya han pasado.
Por eso, a la vista de la situación a que se ha llegado, muchos se preguntan si el mismo Estado
del bienestar no se ha convertido en parte del problema. La cuestión se reduce, por tanto, a si el
Estado del bienestar necesita una reforma o una re-fundación. O, en palabras de Julio Segura, a
repensar los programas de protección social, bien sea por la propia evolución de los mismos que
ha acumulado inefiencias y disfuncionalidades que dan lugar a situaciones de sobreprotección o
de infraprotección y los alejan de los objetivos inicialmente perseguidos,' o bien por el contexto
de restricción presupuestaria en que se debate el volumen de recursos asignados al Estado del
bienestar frente a otras parcelas de la actividad pública.
En la generalización de esta crisis del Estado de Bienestar han ocupado un lugar preeminente
diferentes hechos y circunstancias, entre los que, siguiendo a Rafael Serrano y a González
Rabanal, destacamos los siguientes:
a) Las propias paradojas los que conducen el sistema, ya que su financiación eleva la presión fiscal y ésta frena el
crecimiento.
b) La pobre evolución demográfica con un descenso notable de la natalidad y una prolongación de
las expectativas de vida cuyos efectos se hacen notorios en el sostenimiento de los sistemas de la
Seguridad Social.
c) Los desincentivos derivados del funcionamiento de los distintos programas de bienestar
(Jubilaciones anticipadas, desempleo, etc.) que penalizan la búsqueda de trabajo productivo y la
prolongación de la vid laboral activa y minan las fuentes recaudatorias de los sistemas de Seguridad
Social, bien directamente, si éstos se sustentan con cotizaciones, bien indirectamente, si se
sostienen mediante ingresos generales procedentes del erario público, cuya capacidad recaudatoria
se reduce como consecuencia de los menores ingresos de la población.
d) La insuficiente redistribución que se deriva de la generalización de muchas de las prestaciones
del Estado de Bienestar: universalización de la asistencia sanitaria, prestaciones no
contributivas, educación gratuita para todos, etc., unido a las dificultades derivadas del hecho de
que ciertos grupos y segmentos sociales no acepten el régimen inclusivo y uniformante, pudiéndose
afumar que el Estado del bienestar sí habrá conseguido integrar a las clases medias en el sistema
1
de protección social, pero no lo habrá logrado en el caso de los grupos socialmente deprimidos .
e) La menor eficiencia que caracteriza algunas de las actuaciones del sector público, que
contribuye a elevar el gasto de los programas, cuestionándose si esta organización burocrática que
lo caracteriza es la mejor manera de ofrecer a los ciudadanos y a los grupos sociales los bienes y
servicios que les son más apropiados.
f) La progresiva desviación de los que se ocupan de la acción pública, puesto que la clase
política y la burocracia anteponen en ocasiones sus propias ideas o su interés personal al interés
publico, forzando los pro• gramas de gasto en épocas pre-electorales. sin que estén apoyados en
causas reales, con el fin de aumentar el número de votos en las próximas elecciones.
g) Los cambios en las actitudes de los potenciales beneficiarios, que reclaman una atención
creciente Y desean, por ejemplo, recibir tratamientos cada vez más sofisticados y costosos o
elevar el nivel educativo que reciben gratuitamente.
h) La pérdida de legitimación del propio Estado del bienestar, que hoy en día carece de parte
del respaldo social recibido de las clases medias que, además de contribuir a la financiación de
los gastos sociales de los que, al menos parcialmente, puede prescindir, cubre privadamente
estas necesidades y se siente doblemente fiscalizada, cuestionando su lealtad al sistema.
Por todo lo anterior, hacen falta métodos para que la gente, cuando demanda más prestaciones,
no olvide plantearse de dónde saldrá el dinero y cómo contribuirá personalmente al nuevo
esfuerzo. Las soluciones podrían ser éstas:
J) Limitarse a lo imprescindible. El Estado del bienestar no puede sustituir a la previsión
individual. Para mantener el Estado del bienestar es preciso volver a la responsabilidad
personal, de modo que nadie crea que el Estado podrá costear todo.
2. Podar para conservar
Los expertos están de acuerdo en que las prestaciones no pueden seguir creciendo como lo han
hecho hasta ahora, pues eso exigiría unas exacciones tales que perjudicarían seriamente el
crecimiento económico. La presión fiscal y de la Seguridad Social es ya muy elevada en
relación con el PIB en todos los países, de modo que queda poco margen para aumentarla.
Entonces, ¿cómo recortar los gastos sociales? Estas son algunas posibilidades:
• Podar las ramas muertas. El Estado del bienestar debe desprenderse de cargas que ha ido
adquiriendo pero que no le corresponden, porque exceden de sus funciones básicas, como es
el caso de la re-capacitación de parados Y creación de empleos, a expensas del seguro de
paro; anti concepción y aborto, a expensas de la sanidad pública; jubilaciones anticipadas o
re estructuraciones de empresas, a costa del sistema de pensiones.
• Retrasar la edad de jubilación. Cada vez está más generalizada la creencia de que el
futuro demográfico obligará a retrasar la edad de jubilación.
La medida más drástica sería sustituir el sistema actual por una red de seguridad,
igualmente universal, pero limitada a garantizar el mínimo de subsistencia.
Finalmente hay quienes defienden que el Estado del bienestar tendría que ser sólo para
ayudar a los más necesitados, pero no debería pagar determinados servicios a quienes
pueden costeárselos. Por tanto, habría que poner un límite de renta para acceder a
determinadas prestaciones.
3. Reformar las prestaciones de protección social
El diagnóstico es unánime: es preciso reformar los sistemas de protección social. Los expertos
de la OCDE han advertido de una desigualdad creciente entre diversas categorías sociales. Es en
el Reino Unido donde la diferencia entre ricos y pobres ha aumentado más desde los años 80,
pero la misma tendencia se observa en Estados Unidos, Suecia, Australia o Japón, e incluso en
España. En la marginación de ciertos grupos influye un conjunto de factores, que van desde las
deficiencias de educación hasta las condiciones de vivienda o la inestable situación familiar. Y
aunque las transferencias monetarias eviten la pobreza absoluta, no arreglan por sí solas la
exclusión social. Por esta razón, una protección social basada sólo en ayudas monetarias no está
adaptada a la situación de hoy,
Por otra parte,es preciso eliminar el fraude en determinadas prestaciones, sobre todo en las prejubilaciones y en
las pensiones de invalide. En conclusión, cada vez es más urgente en España, como recomienda Julio Segura,
repensar los programas de protección social, plantearnos la necesidad de reformarlos.