Profesor de Cs.
Geográficas Néstor Bentaberry, egresado del
CFE; Anna Collazo, estudiante avanzado de Cs. Geográficas del
CFE; Maximiliano Reyes, estudiante avanzado de Cs. Geográficas
del CFE.
Geografía Cultural: pasado, presente y proyección
Resumen
Geografía Cultural se originó en el siglo XIX con la obra de Ratzel, quien estableció la
relación entre los grupos humanos y sus asentamientos territoriales. Más tarde, Carl
Sauer se centró en el estudio de las grandes civilizaciones y la investigación
etno-geográfica, donde se entendía la cultura como una dimensión material en el espacio
geográfico. En los años 70 y 90 del siglo XX, Paul Claval otorgó una nueva significación a
la Geografía Cultural al admitir la existencia de componentes simbólicos en el espacio
geográfico. La globalización neoliberal ha brindado un espacio especial para las
Geografías Culturales, permitiendo visibilizar el papel del capital en las distintas
expresiones culturales y su mercantilización. La globalización también provoca
homogeneización y heterogeneización cultural, y la mercantilización lleva a la pérdida de
la esencia y valores de las identidades culturales. La cultura es vista como un bien
comercializable en el mercado global, pero también existe el interés en el enriquecimiento
cultural a través de intercambios culturales sin necesidad de invisibilizar una cultura en
favor de otra.
La Geografía Cultural, su trayecto teórico, inicia a finales del siglo XIX a partir del trabajo de
Ratzel con la publicación de su trabajo titulado “Antropogeografía” (1891), en el cual el
geógrafo alemán logró esbozar la vinculación entre diversos colectivos y la forma en que estos
se asientan en los territorios.
En 1920, Carl Sauer, se centró en el estudio de las grandes civilizaciones y la investigación
etno-geográfica, colocando en el escenario geográfico la llamada “morfología del paisaje” a
partir de los trabajos de la escuela de Berkeley (California).
Esta concepción fue tomando forma y adquiriendo una postura opuesta al determinismo y al
positivismo. Observa que los paisajes culturales son resultado de formas superpuestas al paisaje
natural y su estudio debe recorrer caminos inductivos y de análisis de las particularidades
cimentadas en el trabajo de campo. Implica entender la intervención humana en el medio, la
concreción de paisajes culturales que van a influir en las formas de vida y organización humana,
considerando la historia. En esta visión, el espacio geográfico era atendido desde una dimensión
estrictamente material de la cultura (Cuadra, D., 2014: 4-5).
Será Paul Claval, quien entre los años 70 y 90 del siglo pasado, le dará una resignificación para
admitir la existencia de componentes, no solo materiales, sino simbólicos en el espacio
geográfico (Cuadra, D., 2014: 6). A partir del giro espacial de las Ciencias Sociales, es decir, “la
recuperación de la importancia del espacio como fundamento en el estudio” (Un espacio
geográfico, 2020: 4m26s) y el giro cultural de la Geografía, que adquiere esa geografía cultural
aún mayor notoriedad en el contexto de la globalización neoliberal. Es por tanto, el contexto
sumamente dinámico que configura la globalización el otro factor, además del “giro cultural”,
que brinda un espacio especial de las Geografías Culturales al interior de la disciplina, para el
que se exige además, una relación entre espacio y cultura que sea cada vez más significativo y
que visibilice el modo de actuar del capital en torno a las distintas expresiones culturales, que
desnude la mercantilización de las expresiones culturales por parte del sistema capitalista, y las
estrategias de este que deparan un destino de acumulación por desposesión (Zusman, J., et al.,
2011: 5).
Sumado a las dinámicas y transformaciones que imparte la globalización, se desarrollan
prácticas que provocan la homogeneización y heterogeneización de modas, creencias y valores.
Con la mercantilización se produce una pérdida, invisibilización de la esencia y los valores
propios de las identidades; con la mercantilización de estas, en especial sobre aquellas que son
susceptibles a generar un valor económico dentro de una lógica mercantilista, pero también
sobre otras que no obstante desmotivan su mercantilización por considerarlas poco atractivas
para el mercado, se vulgarizan las culturas locales, regionales y nacionales, focalizando el
multiculturalismo sólo en aquello que es rentable en términos económicos y de producción.
Bajo esa lógica descrita en el párrafo anterior, la cultura de los pueblos, las naciones, los
colectivos sociales, son vistas tan solo como bienes capaces de ser comercializables en el
mercado global. Sin embargo, por fuera de esta lógica queda el interés por el entrecruzamiento
de las identidades y los posibles intercambios culturales que protagonicen un enriquecimiento
cultural sin que sea necesario invisibilizar una en favor de otra. De esta forma, y por medio de
empresas transnacionales, el consumo de los productos asociados a las identidades, las culturas
y los paisajes, ofrecidos en el mercado como objetos transables, provoca que la adquisición y
consumo de estos adjudique un estatus a ciertos sectores sociales, al mismo tiempo que despoja
la posibilidad de su consumo a otros (Zusman, J., et al., 2011: 6).
Por tanto, y recapitulando lo anteriormente expresado, la Geografía Cultural tras su
transformación a partir de la segunda mitad del siglo XX, va a absorber los aportes de otras
ciencias sociales que van a enriquecerla. En la actualidad, la Geografía Cultural comprende al
espacio geográfico como la expresión material y simbólica de construcciones, objetos, valores
que van desde la toponimia hasta el análisis de la alimentación. Entender al espacio-tiempo con
la sociedad. El espacio geográfico es la expresión material y simbólica de una sociedad en un
contexto determinado (Un espacio geográfico, 2020: 5m30s).
Es tal la importancia en el contexto actual de fuerte globalización que adquiere el espacio
geográfico como expresión material y simbólica de una sociedad en un contexto determinado,
que es necesario considerar en la implicancia en la construcción espacial y social de la realidad
a los flujos migratorios que con sus desplazamientos también trasladan de un espacio a otro las
concepciones del mundo, sus idiosincrasias, y los modos de concebir la realidad; al mismo
tiempo se torna necesario para abarcar las implicancias en la construcción del espacio, de lo
social y de la cultura, considerar a las redes informáticas y las comunidades virtuales que
permiten edificar dichas redes.
De esta forma, la Geografía Cultural desde el enfoque multidisciplinar se revitaliza y ocupa un
lugar de suma importancia en los abordajes académicos sobre los estudios culturales, y la
posibilidad de problematizar y tematizar los procesos y las transformaciones ya descritas; al
igual que devela las diversas relaciones sociales que se entretejen entendiéndolas como
relaciones de poder que se articulan en el espacio y a diversas escalas y que posibilitan en las
dinámicas del contexto de la globalización un acercamiento entre las personas, los colectivos
sociales y sus culturas, conformando sociedades multiculturales o transculturales, así como
lugares híbridos. Sin embargo, con ello también se configuran procesos fuertemente
excluyentes, de invisibilización, marginalización y pérdida cultural (Zusman, J., et al., 2011:
6-7).
En este sentido, a modo de ejemplificar lo expuesto hasta el momento y proponiendo un caso
concreto de estudio para problematizar procesos que excluyen, invisibilizan, y marginan social y
culturalmente en un contexto de fuerte globalización y mercantilización, se abordará en clave de
análisis por medio de los aportes de la Geografía Cultural y las Geografías Poscoloniales la
excesiva representación de Europa Occidental en el Patrimonio Mundial de la Unesco, así como
también las desigualdades en torno a las representaciones patrimoniales a escala global que se
configuran entre el hemisferio norte y el hemisferio sur. En especial, dado que por medio del
análisis crítico del colonialismo y sus proyectos resultantes (que aún se encuentran fuertemente
solidificados en la actualidad):
…explica Gregory, se busca una comprensión de estos fenómenos a través del análisis de las
culturas y formaciones discursivas del colonialismo, teniendo en cuenta aspectos de construcción
objetal y representación del poder. Estos implican la interpretación de las construcciones
discursivas a través de las cuales se transporta el colonialismo del pasado al presente, lo que el
autor llama “desplazamientos culturales del colonialismo en el presente” (De Azevedo, A., 2007:
33).
La excesiva representación de Europa Occidental en el Patrimonio Mundial de la UNESCO
invita a integrar propuestas de otros campos del saber, establecer conexiones con lo señalado
por Jane Jacobs, en tanto este resalta cómo las formaciones discursivas operan:
…para la creación de un campo complejo de valores, significados y prácticas a través del cual el
sujeto europeo se posiciona como superior y los no europeos se posicionan necesariamente como
un Otro inferior para la constitución de este sujeto… (2002: 192).
Al analizar los datos de la UNESCO del año 2010 se puede observar que Eurasia concentra un
gran volumen del Patrimonio de la Humanidad, pudiéndose identificar a varios países, lo que
denota una desigualdad en términos de representación patrimonial bastante acusada con respecto
al resto de países del globo, siendo: Italia, China, España, Rusia, Alemania, Francia, Reino
Unido e India, quienes poseen por amplia diferencia los mayores sitios patrimoniales de la
humanidad. El contraste no deja de ser llamativo, y resulta aún mayor, cuando se compara la
cantidad de sitios patrimoniales que posee el hemisferio norte con la escasa representación
adjudicada para el hemisferio sur.
Del mismo modo, existe un contraste en torno a los sitios patrimoniales que se encuentran en la
condición de peligro, espacialmente la gran mayoría de estos se ubican en el hemisferio sur y es
un ejemplo bastante llamativo la realidad en términos de patrimonios naturales que presenta la
República Democrática del Congo. Este país africano posee cinco patrimonios naturales de la
humanidad, lo llamativo para ese territorio y sus patrimonios asociados, es que todos ellos se
encuentran en una situación de peligro, tal como lo ha establecido la propia UNESCO. No
obstante, a priori, se puede relacionar esta situación de peligro en la conservación de los
patrimonios naturales de la humanidad en la República Democrática del Congo, con las
consecuencias que han instalado allí las actividades extractivas que realizan potencias
occidentales y no occidentales en dicho territorio; al igual que al cambio climático acelerado por
el accionar del sistema productivo a escala global, y la crisis sociopolítica que se desarrolla allí
y que afectan significativamente al patrimonio asociado al país.
Tal situación de peligro en la cual se clasifica al patrimonio de dicho país configura a su vez un
gran impedimento y establece una alarma que no todas las demás naciones parecen oír; en torno
a esos lugares de gran valor a escala global se impide y excluye la posibilidad de que la
República Democrática del Congo pueda permitirse un desarrollo local asociado a estos
patrimonios que posee la humanidad y que se encuentran en su territorio; así como tampoco
conservar lugares de suma importancia para el país, el planeta y especialmente para los
habitantes del país africano que han construido un lazo en relación a estos, la fauna y flora allí
presente y los importantes servicios ecosistémicos que brindan dichos espacios naturales.
La representación euroasiática está por encima y es muy superior a la de otros continentes, de
esa forma se continúa con un criterio de asignación y representación patrimonial que contempla
y prioriza en mayor medida a Eurasia.
Sin embargo, la página web oficial de la Comisión Nacional de la UNESCO en Uruguay
menciona lo siguiente:
…Los sitios declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO representan la enorme diversidad
del mundo en que vivimos y de la gente que lo habita. Hoy suman más de 1.200 en los cuatro
puntos cardinales, y constituyen un rico muestrario de lo mejor que la humanidad ha concebido
en campos como la arquitectura, el arte, la religión y la industria, entre otros. Son la imagen
tangible de la historia del planeta y de la civilización humana. (...) El patrimonio es fuente de
identidad, dignidad y diversidad… (Comisión Nacional de Uruguay para la UNESCO, s.f.).
Cabe preguntarse en base a lo ya desarrollado y en relación a lo mencionado por la Comisión
Nacional de la UNESCO en Uruguay, lo siguiente: ¿Los sitios declarados Patrimonio Mundial
por la UNESCO representan la enorme diversidad del mundo? ¿Son la imagen tangible de la
historia del planeta y de la civilización humana? De ser así, ¿Por qué Irak tan solo posee seis
patrimonios mundiales declarados por la UNESCO siendo el territorio de la antigua
mesopotamia la cuna de las primeras civilizaciones? Al remitir nuevamente a la pregunta inicial
y reformulándola: ¿El Patrimonio Mundial de la UNESCO es diverso en términos de
representación a escala global o tiende a una fuerte concentración con ejes eurocentristas?
La importancia del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO adquiere en un contexto de
globalización una importancia notable en tanto dicho organismo internacional asociado a la
patrimonialización “definen criterios globales para situar ciertos ámbitos geográficos en la
escena internacional” (Zusman, J., et al., 2011: 6); pero también la ausencia de otros,
permitiendo excluir e invisibilizar a diversos espacios geográficos de dicha escena global. No
obstante, “las prácticas globales afectan de modo diferencial a los lugares. Mientras que algunas
sociedades crean nuevas formas culturales a partir de la influencia de aquellas prácticas
globales, otras prefieren mantenerse en una postura predominantemente defensiva” (Zusman, J.,
et al., 2011: 6). Una postura defensiva que nace fruto de la posibilidad de que la cultura de los
pueblos, sus símbolos, representaciones y espacios de pertenencia, frente a la globalización y
multiculturalidad, sean materializadas en el mercado global, transmutadas a un vacío, a una
destrucción, a un desapego y un despojo identitario, fraguadas por el lucro y los intereses
capitalistas.
El turismo, es un ejemplo de esas prácticas globales, que crece considerablemente en torno a los
bienes patrimoniales, siendo el aumento del turismo en diversos territorios un efecto
considerable producto de las declaraciones de la UNESCO sobre los patrimonios: “...la
inscripción de un sitio en la Lista del Patrimonio Mundial coincide a menudo con un aumento
de las tasas de visita. Incluso con tasas corrientes, el turismo es un asunto de crucial importancia
para los sitios del Patrimonio Mundial” (Pedersen, A., 2005: 11). Por otro lado, la propia
UNESCO advierte:
…Si bien el turismo puede contribuir a los esfuerzos de protección y restauración, tal vez resulte
difícil alcanzar un justo equilibrio entre el beneficio económico y los efectos indeseables. Los
administradores saben que conservar la atracción de un destino turístico exige su renovación
periódica. En el caso de los sitios del Patrimonio Mundial, son conscientes además de que pesa
sobre ellos la obligación internacional de conservar y restaurar los valores originales del sitio.
Esta responsabilidad plantea complejas cuestiones cuando toca decidir hasta qué punto es posible
introducir cambios para adaptar el sitio a un turismo en aumento… (Pedersen, A., 2005: 11).
Sin embargo, en un mundo posmoderno, capitalista, globalizador, las actividades turísticas que
se vinculan con los sitios patrimoniales declarados por la UNESCO, se insertan fácilmente en
una lógica mercantilista, en
...una economía simbólica (o economía del símbolo) que articula discursos, imágenes y
representaciones en la concepción de productos, de objetos y de cosas, con el sentido de
transformarlos en bienes económicos por sus atributos de excepcionalidad en el mercado de
carácter monopolista. Para los agentes económicos se tratará de concebir un bien simbólico, de
basar en él un monopolio (exclusividad), de proyectarlo en el mercado envuelto en discursos, en
imágenes, integrándolo a los nexos de la economía… (Carvalho, O., 2011: 96).
En síntesis, nace nuevamente otra pregunta: ¿El patrimonio de la humanidad, al revestirse de esa
lógica mercantilista, es de la humanidad o del mercado?
No obstante, existe la posibilidad de que en torno a los sitios patrimoniales y a la interna de un
país, pueda favorecerse a la conservación, restauración y, al mismo tiempo, impulsar el
desarrollo local, regional y nacional si se configuran políticas que prioricen la interrelación
cultural gestionando los lugares patrimoniales con la articulación de los diferentes actores
implicados en ellos y evitando que estos ingresen en una estructura lógico mercantilista que
conlleva a la pérdida sistemática de los atributos que poseen los espacios. La Lista del
Patrimonio Mundial incluye desde 1995 al “Barrio histórico de la ciudad de Colonia del
Sacramento” y desde 2015 al “Paisaje Industrial Fray Bentos”; siendo ambos buenos ejemplos
de la estrategia del Estado de identificar, gestionar y poner en valor su patrimonio junto con los
actores sociales.
En 2009, el Tango y el Candombe pasan a formar parte del Patrimonio Cultural de la
Humanidad; ambas expresiones culturales, desde esa fecha integran la Lista Representativa del
Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO.
Desde 2013, Uruguay integra la Red Mundial de Geoparques de la UNESCO con “Grutas del
Palacio”, geoparque ubicado en el Departamento de Flores y de gran valor geológico, histórico,
cultural y científico.
A partir de la presencia nacional de estos sitios de valor universal, el proyecto “RUTAS
UNESCO” se propone generar una experiencia piloto en el litoral oeste del país. Mediante una
serie de circuitos en rutas territoriales que serán la herramienta para el trabajo ordenado a nivel
nacional de los programas de la UNESCO, materializándose en experiencias concretas
educativas, de visibilización y apropiación social.
Las “RUTAS UNESCO”, en suma, están pensadas para favorecer lecturas multidisciplinarias
sobre los sitios y manifestaciones patrimoniales, permitiendo establecer una georreferenciación
territorial que promocione nuevas metodologías pedagógicas para reconocer, interpretar,
preservar y vincular a la ciudadanía con los diferentes patrimonios existentes en Uruguay.
En este sentido se busca propiciar espacios de coordinación y articulación entre todos los
elementos patrimoniales, tanto materiales como inmateriales.
Otro ejemplo que se puede identificar como propicio para analizar desde la Geografía Cultural,
se presenta en torno a los procesos de gentrificación que se desarrollan en algunos barrios de
Montevideo como son: el Centro de la capital nacional, Ciudad Vieja, Aguada, Barrio Sur,
Cordón, entre otros. Barrios que se encuentran en un importante proceso de cambio en su
morfología y funcionalidades.
En algunos de ellos se han intensificado los planes de transformación, lo cual conlleva para
algunos habitantes de dichos barrios efectos muy negativos sobre quienes habitan allí y el
propio espacio en cuestión. Los procesos de gentrificación allí desarrollados dan como resultado
la pérdida de los lazos establecidos del barrio con sus habitantes, los arroja al despojo de una
parte significativa de sus vidas, sus idiosincrasias, identidades y culturas; en especial, si los
cambios planificados no son dialogados, gestionados y repensados con los pobladores locales,
se prima a la desvalorización y revalorización del espacio transformándolo significativamente y
favoreciendo a la pérdida de un patrimonio material e inmaterial que se ha construido y ligado
histórica y geográficamente con sus habitantes. Para muchos la gentrificación significa: la suba
de los precios, la expulsión de vecinos que han generado un lazo muy fuerte con el barrio, la
pérdida identitaria del lugar y la transformación sustancial tanto física como simbólica del
espacio habitado.
Desde las bases teóricas que brinda la nutrida Geografía Cultural se establece la necesidad de
primar en favor de las comunidades locales y sus patrimonios materiales e inmateriales, a la
construcción de estrategias de conservación de dichos patrimonios y a la posibilidad de que en
torno a estos se logre un desarrollo local que favorezca a los colectivos sociales asociados y
ligados geográfica e históricamente a un patrimonio que, a su vez, los constituye y les brinda un
sentido de pertenencia. De esta forma, se auspicia a democratizar los espacios y generar canales
comunicativos con las comunidades, para repensar con ellas nuevas formas, quizás más justas y
solidarias, de vincularlas con su patrimonio; en fin, con ellas mismas.
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