NIÑO DIABLO
Número 78
diciembre 2023
Niño Diablo
Número 78, año 5
Diciembre 2023
Distribución gratuita
ISSN 2735-6639
Colaboraron:
Gamalier Bravo
Hatu G.K.
Leonel Huerta
Emilia Páez Salina
María Teresa Pérez Domínguez
Contacto: [email protected]
La reproducción total o parcial de esta obra es permitida siempre y cuando no se realice
con fines comerciales o de lucro, y se cite al autor y a las personas involucradas.
DESDE EL FONDO
Superstición. Tras cada votación, plebiscito o elección de carácter
«republicana» (ya resulta tramposo el adjetivo relacional) se abren dos
posturas, o postulados, a estas alturas, de la incongruencia política: el
péndulo y la afirmación. Algo que ni siquiera tiene que ver con los ya
añejos estadios en contienda, de izquierdas y derechas, sino que de esa
superioridad académica falsa del que cree saberlo todo desde la sociolo-
gía posestructuralista. Que, como el stand up comedy, asegura posicio-
narse en el quehacer crítico y hasta revolucionario de cometidos parti-
culares para animales en celo. En el mundillo de los literatos esto no
existe, claro está, pues hace mucho permanecen perplejos, ya sea enar-
bolando banderas añejas y trasnochadas o muertos de miedo por per-
der lectores, «roce y pertenencia» a uno de los tantos grupos endogá-
micos de la escasa relevancia (solo entre ellos mismos y sus medios
cooptados) en lo que se publica y distribuye a nivel editorial. La verdad
sea dicha, en Chile, y por extensión en toda la vieja vertiente occiden-
tal, nada es cierto a nivel académico, político y literario. La denuncia ha
sido hecha muchas veces desde este medio, pero valgan algunos recor-
datorios: los fondos destinados a creación de textos, ya sean literarios o
de representación, están en manos de evaluadores que distan mucho de
tener la experiencia ni la capacidad para enfrentarse a una obra de mí-
nima complejidad en este campo; la renuncia de una Subsecretaria de
Cultura por el escándalo de las evaluaciones en fondos de su ministerio
en el mes de julio de este año es algo que lo deja muy claro. A nivel aca-
démico, el negociado ya es cosmopolita, y quienes buscan convenios pa-
ra tener títulos de magíster en cualquier cosa solo deben acceder a
cierta universidad bajo el nombre del caudillo de la sombra y el peso
autoritario; y llegará, por convenio, como ya se dijo, a obtener un post-
grado con membrete internacional. En lo político, lo más grave a estas
alturas, ya que todo lo engloba, el autoritarismo es la norma evidente.
No solo por lo dicho, sino también por el desparpajo, hasta de anomalía
psicológica, con que se niega la convivencia y solo se busca enemigos;
silenciar cualquier postura crítica a lo inoperante de la conducción que
se sufre en lo social y todas sus variantes. Una institución del gremio,
en una época muy venida a menos, en el mundo de la literatura, y que
hoy iba en alza gracias a la nueva presidencia, la Sociedad de Escritores
de Chile, ha soportado en el último tiempo una persecución a nivel gu-
bernamental que ya es obsesiva; no solo bajando presupuestos estipu-
lados por compromiso de Estado, que únicamente habían sufrido un
corte de raíz en dictadura, sino que además enviando «fiscalizadores y
observadores» a la dicha institución, para vigilar que lo que se hace
tenga un acuerdo con la arbitrariedad reinante. Lo más triste, el silen-
cio de los escritores, ya sea por miedo (la mayoría de las veces); por
«la causa», que a estas alturas ya nadie sabe cuál es, puesto que todo
depende del aleccionamiento al puritanismo anglosajón y los edictos
del Imperio y que acá es una caricatura que se dice progresista. Y, lo
peor, aquellos que se mienten a sí mismos buscando reconocimiento
identitario entre quienes creen que los siguen de alguna manera. Nada
de esto es privativo de este país, claro está. Nunca en la Historia de la
humanidad se había vivido con tanta superstición. Ni siquiera en la
Edad Media. Pero no es algo de extrañar. La secta es global.
Musátrapa
LA CABEZA
«Me horroriza todo el mal gusto que
el hombre ha acumulado a su alre-
dedor, ya sea por sus necesidades o
por cualquier otra razón».
Música y fe. Olivier Messiaen ali- lor». Escucho los colores, dirá el
mentaba sus composiciones con compositor. La sinceridad, la vio-
los sentimientos cristianos. Nace lencia espiritual y la generosidad
en Avignon en 1908. Pierre Mes- son los ejes del manifiesto musical
siaen, su padre, fue un traductor y de la Jeune France, que redactara
profesor de inglés; su madre, Céci- junto a Yves Baudrier, Daniel Le-
le Sauvage, poeta. El brotar del al- sur y André Jolivet. El manifiesto
ma, escrito por Cécile durante el promulga una vuelta «al instinto,
embarazo de Olivier, tiene un cier- a la emoción, a las fuerzas irracio-
to sentido profético, pues anuncia nales, entendidas como un refugio
la relación de su hijo con la músi- contra la deshumanización de la
ca, el Oriente y las canciones de música»; así en la obra de Mes-
los pájaros. Muy niño, y de forma siaen encontramos una continua
autodidacta, interpreta en el piano tensión entre el equilibrio de la
piezas de Debussy y Ravel. Ingresó modernidad y la tradición. Los pá-
al Conservatorio de París a la edad jaros, otra obsesión del composi-
de once años. Dueño de una fe ca- tor: «Entre los pájaros y los ánge-
tólica poderosa y a pesar de que les, seres alados, existe ese punto
sus padres no eran creyentes nun- de conexión: hablar sin palabras y
ca dejaron de apoyar la religiosi- ser absolutamente musicales».
dad de su hijo. «Messiaen domina Muere en París en 1992.
todos los recursos técnicos del rit-
mo, la armonía, el timbre y el co- Leonel Huerta
QUERIDA CHUSMA
FRAGMENTO: Técnica del lenguaje musical
Sabiendo que la música es un lengua-
je, procuraremos primero que «hable»
la melodía. La melodía es el punto de
partida. ¡Que no deje de ser soberana! Y
por muy complejos que sean nuestros
ritmos y armonías, no han de arrastrar-
las tras ello; al contrario, la obedecerán
como fieles servidores; en particular la
armonía ha de ser siempre la
«verdadera», la que existe en estado la-
tente en la melodía y de ella ha nacido
desde siempre. No por ello desechare-
mos las viejas reglas de la armonía y de
la forma: constantemente habrá que re-
cordarlas, sea para acatarlas, sea para ampliarlas, o bien para añadirles
otras aún más viejas (las del canto llano y la rítmica hindú) o más re-
cientes (las que ha sugerido Debussy y toda la música contemporánea).
Es un aspecto no hemos de fijar primero: el hechizo de las imposibilida-
des. Lo que buscamos es una música de destellos y claridades, que pro-
porcione al oído placeres voluptuosamente refinados. Al mismo tiempo
esta música de ser capaz de expresar sentimientos nobles (y especial-
mente los más nobles de todos: los sentimientos religiosos que exalta la
teología y las verdades de nuestra fe católica). Este hechizo, a la vez vo-
luptuoso y contemplativo, radica sobre todo en ciertas imposibilidades
matemáticas de orden modal y rítmico.
Olivier Messiaen
EL ASALTO
¿Qué editan las editoriales? Aquellas que van y tiran, pero no acom-
pañan o vacilan ante un centenar de poemas de un anciano. Armar un
libro en físico, envolver las palabras. Como señalaba Ulises Carrión, el
escritor no materializa sus tomos ni plastifica opúsculos: es un creador
de textos sin más. Aunque bien se escudan los historiadores egotistas
con hojas en negro —¿ombligos?— y un timbre al tacto de su portada.
Los escritores se creen secuenciadores de espacio; podrían identificarse
como cantores, pero no cantan: escriben. La memoria por la historia;
falso Quignard callará. Hacen libros, dicen ellos, pero no: solo escriben.
¿Qué escriben? ¿¡Que pagan correctores de estilo!? No nos metamos en
cama ajena por aconsejar que, a los poetas, míseros pobretones, no de-
rrochen tanto en un primer libro —ay, ese glamour del verso ha arma-
do, negociando solo con los autores, un catálogo a tanta oficina—. Y que
hay editoriales que más se parecen a una mutual de tinta que trabajo de
edición: muchas o alguna se hacen la sorprendida cuando descubren
que imprimieron entrevistas censuradas —¡Cela fue censor, honor!— sin
saber qué fue lo que vendieron (nueva nomenclatura importada: cultu-
ra de la cancelación. Eufemismo de prohibición) o que el sub-autor, el
co-autor, la pata de mono que auxilia al personaje autoral se va de caída
en casete y dice: esta tajada de libro es mía. ¡Y así se enteran estos abo-
gados del libro que a su cliente le arman los textos otras manos! Así tra-
baja cierta clase de autores que exaltaron el situacionismo del estallido
social —ese mayo francés chileno— sin vivirlo, admitiendo —que tanto
ego hace al gallo cantar de noche— que se escondieron por cuestiones
de inseguridades y frustraciones, evitando toda calle y metodología:
triste sociología de cámara, la de los artistas ensayistas (mucho pintor
se delata por dar solo pinceladas). Que la democracia se soluciona con
más democracia ha demostrado ser la farsa de sí misma: ratificaciones
de lo dictado por el pobre César. ¡Y así decía un vehemente Gustavo
Bueno, preguntando qué clase de metafísica es esa de un pueblo que se
da a sí mismo su constitución! ¡Y que clasifican a Valle-Inclán como es-
tetizante frente a una narrativa como la de Pío Baroja! Es que quien se
decanta por la farsa como representación del ridículo político, no puede
más que delirar insuflando. ¿¡Mas, no es la tribu la que une, esa másca-
ra que es país!? Plazas de provincia son neoparaje —ahora sería un des-
habitar: todos se fueron y quienes quedaron nada son— de quien busca
emular su tristeza autodeterminándose —otra, entre tantas especulacio-
nes— como generación, en una escuela, es digno de las primitivas y tele-
visadas tribus urbanas, ese acueducto de adolescencia e idilio—esa mor-
bosa comparación entre Metafísica de los tubos (2000), de Amélie Not-
homb, y Las palabras (1963), de J. P. Sartre, está muy lejos de lo que
vengo divagando: no ha lugar—. El diseño y el gregarismo son buen ara-
do para malas prácticas. Cría correctores y te sacarán las palabras.
¡Cero edición!
Hatu G.K.
SPAM
DETONACIÓN
rias y regresos delicados; marean-
do la neura central que renombra
tormentos existenciales, híbridos,
cósmicos; mirar hacia arriba es te-
ner fe. Unirse a la manada fami-
liar en respuesta al vientre ma-
terno, sostiene ritos establecidos
que aventajan el discernimiento
soportado; la lengua empuja su
autonomía al revés —tira la pla-
centa— el llanto se pone de costa-
do al mundo, nada más simple y
contemplativo que aparentar ser
milagro; entonces, tenía que na-
cer.
Simplifica el olvido y su gober- Aunque le pongas prisa al misti-
nanza secreta en una burbuja du- cismo, de ahí en adelante todo es
ra, que se mete a un camuflado pasado: lo que hiciste, el recuerdo,
rincón, mientras la vida se harta el sueño que elaboras en tu mente,
de consideraciones y encrucijadas. las emociones traídas (en barcos
Los enunciados, en cada filo me- de papel); las acusaciones hacen la
lancólico de carne, se encuentran cicatriz profunda que no deja pa-
atados al tiempo que descalabra sar luz. La etiqueta del daño es la
roturas completas del imperfecti- humedad persistente.
ble encanto que asusta a la memo- Madre y padre, a la vez, adheridos.
ria. Siempre el engaño, nada dis- Padre y madre indistintamente re-
creto para abandonar, idas necesa- formulados, raspan el sentimiento
con rotunda exigencia. Odiarás cias, conoce tus lágrimas, ¿cuáles
parecerte a ellos. son tus favoritas? No tardará la
Cuando odias lo que no quieres relectura de comienzos y finales,
ser, has tomado quizás la primera la sobreescritura es intransferible;
decisión que otorga identidad a tu acaricia en nosotros la melancolía.
vida. No lo sabes, las decisiones Tome nota:
son molestas (más de alguno dirá La fría memoria concede algunos
que ofenden), y la consecuencia deseos de manera arbitraria e in-
desenvolverá tu actitud, tus ma- cluso primitiva. La sonrisa que en-
ñas saldrán de repente, el miedo tristece largamente, por ejemplo,
delatará tus sentidas incapacida- genera sus células muertas. Así
des. con todo. Fíjese bien en los deta-
Abramos el libro de las condolen- lles.
Verano, 22 de diciembre, 2023.
María Teresa Pérez Domínguez
Poco se sabe de tormentas en los calendarios,
pero reconoce la fatalidad silenciosa.
EL PUEBLO DE LOS MALDITOS
DÉJAME ENTRAR
Déjame entrar, así como en el título de la película de Tomas Alfredson,
basada en el libro de John Ajvide Lindquist, llevo un par de semanas in-
tentando entrar a esta crónica. El «déjame entrar» se ha convertido en
mi suerte de leyenda vampírica, necesito un permiso, un permiso explí-
cito, pero no tengo a quién pedírselo, excepto a mí; y no estoy seguro
de dármelo. La película, y me refiero a la versión sueca de 2008, tiene
ese tono marcado con fuerza: es la música interior de los personajes la
que nos lleva a recorrer sus vidas como en un concierto minimalista. La
banda sonora, compuesta por Johan Söderqvist, hace lo suyo para atra-
par al espectador, cada nota mezclada con diálogo e imagen golpea la
puerta pidiendo permiso para adentrarse no solo en el mundo de la cin-
ta, sino en el mundo que está afuera de ella: nuestro espacio. La melo-
día nos acompaña en escenarios nocturnos: noche y nieve, oscuridad y
luminosidad, qué simbología más simple para mostrar lo que creemos
que es el bien y mal. Aquí no hay tal, no hay maldad, y la bondad se
muestra solo como inocencia. Matonaje, muerte y sangre, eso sí hay;
quizás de ahí la idea de que es una película de terror, definición que no
comparto. Dos niños enamorados, una mujer que no entiende el cam-
bio, un pedófilo que no quiere serlo: ese es el triángulo que mueve las
casi dos horas de cinta. Lamentablemente, y aunque la novela es entre-
tenida, no logra crear ese vínculo poético entre lector e historia, y con
poético me refiero a esa unión invisible, que no es más que el «déjame
entrar». Las palabras deben ser capaces de penetrar y luego quedarse
en aquella habitación donde han sido invitadas. La imagen del vampiro
desaparece para convertirse en la imagen niño-niña, de un andrógino,
así como los ángeles no tienen sexo; Eli tampoco. Aunque alguna vez
fue un niño, no sabe en qué momento se convirtió en un asexuado y
además en un ser que necesita sangre para vivir; sangre viva. No se
puede vivir de los muertos. Es Hakan, el viejo enamorado de esa niña-
niño, quien asesina para alimentar a su ángel, es él quien espera en la
noche, es él quien sueña pasar una noche con Eli o Elias, con ese peque-
ño cuerpo con siglos de vida. Oskar, el niño que vive en un departamen-
to pequeño, que reparte periódicos, el de padres separados, que va al
colegio, es quien sufre de matonaje, es el personaje de lo común: él es
un nosotros. La soledad representada en todos. La vida cambia cuando
el «dejáme entrar» sucede. Eli y Oskar abren sus puertas y cada uno de
ellos se hace parte del otro. Es la desnudez la que abre el camino y aquí
no solo se muestra en forma metafórica. No es la sangre en los dientes
de Eli, ni su cara de vieja cuando no se alimenta, ni el dolor que sufre
cuando entra sin permiso al departamento de Oskar, tampoco verla vo-
lar. Hay entre ellos algo más fuerte, podríamos hablar de amor, pero
creo que incluso aquel sentimiento es débil; cómo explico que cada uno
está en el otro. Eli y Oskar han respondido a la petición: «Déjame en-
trar».
Leonel Huerta
IMPROMPTU
Esa poesía de compositores, más
olvidada en subterfugio que su
música. Alfonso Letelier escribió
versos, desconozco si toda la vida,
pero, tras la muerte de uno de sus
hijos, los versos dieron cuenta de
una tremenda angustia. Estos poe-
mas, aún resguardados por la fa-
milia por su carácter íntimo, que-
rían ser publicados por Miguel Le- engatusar por ficción— Domingo
telier, otro de sus hijos y composi- Santa Cruz con sus memorias. Luis
tor también. Alfonso Letelier, en su Advis dejó textos de estética sin
sinfonía El hombre ante la ciencia, que nadie lo mandará con Kant, y
al tercer movimiento (llamado Fe, con el prusiano se fue. Alfonso
como si ésta fuese estadio último) Leng fue un poeta del piano —más
con textos propios, vemos a un allá de su obra intitulada como
místico chileno ante el universo; Poema—, su relación con Pedro
sorprendido, comprensivo: «Desde Prado con sus acotaciones líricas
entonces, un éxtasis ardoroso / - en las Doloras (1914), o el poema
espejo del saber -estremece el peda- sinfónico de La muerte de Alsino
zo de Universo / que es el hombre, (1922). ¡Contrapunto el del poeta y
ánfora leve / apenas capaz de sos- el músico! ¡Cómo se entienden es-
tener el peso / del asombro, del an- critores y compositores en su mi-
helo, del dolor». Hay algo de San seria de oficio!
Juan, hay una reacción a tanto Hatu G.K.
nihilismo sigloveintesco. No se
ahoga la voz, como sí sucede con el
solista en su Concierto para guita-
rra. Es mayor mentiroso —eso de
INDIGNOS
Los girondinos chilenos, de Benjamín Vicuña Mackenna (Editorial Uni-
versitaria. 1989). Publicado inicialmente como folletín en el periódico
El ferrocarril, durante el mes de octubre de 1876, posteriormente apa-
recido como recopilación, en 1878, con el título de Relaciones históricas.
Vicuña Mackenna, quizás el escritor más prolífico que haya tenido Chi-
le, ese mismo año publicaría Historia de la jornada del 20 de abril de
1851. Cada uno de ellos, textos claves para el desarrollo del liberalismo
en nuestro país. Relatando, no solo el devenir de acontecimientos histó-
ricos, como la bancada liberal en el Congreso de 1849, la Sociedad de la
Igualdad y la sublevación del 20 de abril de 1851, conocida como el Mo-
tín de Urriola, conato revolucionario de los opositores al régimen de
Manuel Bulnes, sino que también abriendo un sustrato transversal del
que se alimentaría toda novela o ensayo posterior del siempre en for-
mación territorio nacional. Lo que el escritor y político realiza en este
texto es una panorámica de la implicancia de la Revolución Francesa en
Chile. De los diferentes actores que tomaron la gesta de 1793, que es la
fecha que se daba como inicio, político por lo menos, al nuevo régimen
revolucionario, para hacerla parte de su discurso y actuar. Personajes
como Vicente Pérez Rosales, quien se educaría en la Francia aún con-
vulsionada; Francisco Bilbao, y su socialismo liberal; José Victorino Las-
tarria, y la disciplina histórica naciente; Diego Barros Arana, Eusebio
Lillo, Juan Vicuña, y un largo etcétera, aparecen como inventario ono-
mástico, algo que a Vicuña Mackenna se le daba siempre como un alu-
vión justificativo de su mitología. Y en esto hay que ser muy claros: es
justamente en ese mito construido donde se afirma toda la posterior
transversalidad de un género que después le deberá mucho al autor: la
novela. Esto porque Vicuña Mackenna, debido a su exilio a Estados Uni-
dos y Francia e intereses progresistas (cuando el término tenía algún
sentido), más su afincamiento en la tradición mestiza, será barroco, ro-
mántico y clasicista, según le convenga. Además de su originalidad de
cronista y ensayista de tesis de crítica político-institucional; hablando,
por ejemplo, de la formación académica y su eterna precariedad poste-
riores a los tiempos de Bello y su degradación que sigue hasta ahora:
«En ese tiempo, como hoy, el Instituto era un semillero, pero la univer-
sidad no era todavía un cementerio ni la literatura patria un cadáver».
Preocupándose desde la base con la fundación de la Sociedad de Ins-
trucción Primaria de Santiago, junto a varios intelectuales de la época.
El libro parte con la influencia, siempre en moda y negocio, del libro
Histoire des girondines, de Alphonse de Lamartine, de 1847. Obra me-
nor, como casi todo lo del autor francés, aunque con un éxito de ventas
inaudito. Como cualquier best seller, lleno de errores históricos e inclu-
so de conceptos, ya que los girondinos no fueron ni los artífices ni me-
nos los triunfadores del proceso revolucionario. Es más, gente como Ro-
bespierre, Danton y Marat simplemente lo despreciaban. Cosa que Ben-
jamín Vicuña Mackenna aclara más de una vez diciendo que lo suyo es
en realidad la historia de la implicancia de la Revolución Francesa en
toda una generación idealista, que por supuesto se quedó estancada en
la mala documentación de Lamartine. Los Girondinos en Chile es uno
más de los textos fundamentales para entender una literatura que,
cuando es lograda, no se aparta de la tradición y el movimiento; es de-
cir, de la crítica y la creación, apelando para ello a la prosa cuidada y la
opinión libre.
Gamalier Bravo
CRÓNICAS DE COMBATE
blia Nácar-Colunga. Es mejor no
creer ante la inminente llegada
del juicio —siempre estoy pensan-
do en mis pecadillos—, pero ima-
gino que no creer es haber obrado
bajo el poder del mal; así que de
todas maneras estoy condenado.
Supongamos por un momento que
llegará el día de la resurrección.
Primero, dice Agamben, «el cuer-
No creo que resucite en un cuer- po de los resucitados es numérica
po glorioso; primero porque no y materialmente el mismo que te-
tengo fe, segundo porque este nían durante su existencia terre-
cuerpo ya ni la muerte lo puede nal». El alma tomará el mismo
arreglar; pero lo anterior también cuerpo; qué edad se tiene cuando
es una cuestión de fe, así que una se resucita: ¿la edad que se tenía
vuelta más en este mundo —nueva cuando se produjo la muerte? No,
Constitución en mente—, qué más dice Tomás, Santo Tomás: se resu-
da. A los creyentes se les promete cita con los años que tenía Cristo
el regreso a la vida en un cuerpo al morir. El paraíso, señoras y se-
glorioso. «No os maravilléis de es- ñores, es una fiesta de treintañe-
to, porque llega la hora en que ros. Si es que la palabra «fiesta»
cuantos están en los sepulcros oi- aplica como yo la estoy pensando
rán su voz y saldrán: los que han en mi cabeza pecadora. Pero el
obrado el bien, para la resurrec- mismo hay otros que consideran
ción de la vida, y los que han que la condición femenina es im-
obrado el mal, para la resurrec- perfecta, por lo tanto, en la resu-
ción del juicio», eso nos dice Juan, rrección todos deberían ser de se-
para otros San Juan, según la Bi- xo masculino. Bueno, eso no es
impedimento para que la «fiesta» ellos. Hay otras preguntas intere-
continúe. La otra cuestión, dice santes, las escatológicas: la defe-
Agamben: ¿se resucita con un cación, por ejemplo. Según Basilio
cuerpo completo? Adán podrá re- —¿será el mismo de la tradición
cuperar la costilla que le prestó a navideña?— las comidas ingeridas
Eva. El que perdió un pie regresa- por Jesús eran asimiladas íntegra-
rá con el miembro amputado en su mente, por lo tanto, no era necesa-
respectivo lugar. Punto aparte es rio la eliminación de restos. Aun-
el problema del semen; dónde que la discusión filosófica-
vuelve: al cuerpo que eyaculó, al escatológica sigue, me voy a que-
cuerpo que lo retuvo, al cuerpo dar con la idea de que en el paraí-
que nació. El óvulo no se mencio- so no sufriré más de incontinen-
na, seguro porque pertenece a un cia. Amén.
miembro femenino y como ya sa-
bemo, es probable que no exista Leonel Huerta
resurrección para ellas; solo habrá
QUÉ ME PASA CON...
Dios. ¿Cuándo os vais a dar cuen-
ta de que no existe? Son los hom-
bres los que te tienen que ampa-
rar». ¡Cómo ejemplificó
D´Annunzio en su tragedia pasto-
ral La hija del Iorio! ¡Pareciera
ciencia vengativa volver a lo pas-
toril! Recordar unos versos de Al-
Mawakib (1919), de Kahlil Gibran:
«No, no hay en el bosque justi-
La tragedia pastoril. Esa cruel- cia / ni tampoco castigo. Si el sau-
dad entre el actuar —albedrío pa- ce estira / su sombra por el pol-
ra excesos— del hombre y la vo- vo, / no dice el ciprés: “Es / blas-
luntad natural —el molino, el cur- femia contra el Libro”». Son pa-
so del mundo hegeliano, la injus- raísos perdidos, sombras del idi-
ticia de uno es justicia de otro—, lio. Ese tonito de melancolía co-
salvaje, indiferente del mundo ru- mo fervor aplacado, frustración
ral. Desde Platero y yo, de Juan aplacada o fermento de la nostal-
Ramón Jiménez, de su llaneza, gia que tenemos en el Hiperión,
castiza y preciosista remembran- de Hölderlin —esa Grecia que
za o Los santos inocentes, de Mi- amaba el poeta no es la de los ro-
guel Delibes y su gramática inter- manizadores—; o Los alimentos
na. Y es que, en lo abyecto, lo ab- terrestres, de Gidé. ¡Escribir a la
surdo sangrante no tiene espe- manera de Juan Ramón Jiménez y
ranza; es ahogo en el vacío y ne- decir: corrupción de la nostaljia!
gación de toda trascendencia, así
plantea García Lorca en boca de Hatu G.K.
la vieja en Yerma (1934): «Dios,
no. A mí no me ha gustado nunca
HOSTILIDAD PÚBLICA
PARAÍSO
Adán miraba pasar las moscas, ajeno a las andanzas de Eva, quien se
apareaba con la serpiente.
Recuerdo que el hombre, lejos del árbol de la ciencia del bien y del
mal, comía higos.
Desde el cielo vi que Eva traía una manzana.
Escuché que Adán no quería comer del fruto prohibido. La mujer besó
el cuello del esposo, hasta que este cedió. Eva tuvo un segundo orgas-
mo ese día.
Al bajar, refresqué mis alas en el Éufrates. Fui al Edén. La pareja se
cubría el cuerpo con hojas.
Recibí la orden y, espada en mano, los expulsé.
Emilia Páez Salina
Olvidos de medianoche, 2017
Chile.