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CARTER

Resiliente #4
MARCIA DM
ÍNDICE

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Capítulo 31
Capítulo 32
Capítulo 33
Capítulo 34
Capítulo 35
Epílogo
Epílogo

Agradecimientos
Acerca del Autor
Otras Obras de Marcia DM
CAPÍTULO UNO
CARTER

15 años.

Un día escuché la palabra “Abuso” por primera vez.


Un hombre de unos cuarenta años y cabello blanco fue al colegio a darnos
una charla sobre las familias. Se paró en el medio del escenario del colegio,
se sentó usando la silla al revés, (apoyando sus brazos sobre el respaldo y
queriendo mostrarse como un adolescente más) y dijo palabras como,
“violencia familiar”, “maltrato psicológico” y “abuso de poder”.
Nunca las había escuchado en mi vida y por alguna razón hicieron eco en
mi mente, dejándome desorientado.
Lo que creí que era normal… ¿no lo es entonces?
Al final de día, volvíamos caminando con Dante (mi primo/hermano) por
la calle que nos llevaba directamente a nuestras casas. Como buena familia de
inmigrantes italianos, vivimos en la misma cuadra y lo suficientemente cerca
como para llamarnos gritando desde una ventana a la otra.
–¿Que te está haciendo pensar? No sueles hacerlo seguido. –dijo Dante,
golpeando mi espalda con su pesada mano.
Últimamente su cuerpo está cambiando, se está haciendo masivo como su
hermano, Bruno.
–No creo que lo entiendas –susurré, su rostro se volvió serio–, no tienes
mucha experiencia en eso. –sonreí empujándolo lejos de mí, entonces
comenzó a reír.
–Hablo enserio. –dije, mientras se le borra la risa lentamente.
Solo con él podía hablar de ciertas cosas. Dante era alguien receptivo y
nunca sentí que de su lado existiese la crítica o juicio sobre mis problemas.
–Fue algo que dijo el tipo ese…creí que esas cosas que hacían mis padres
eran normales, pero parece que no. –dije confundido, mientras me rascaba la
cabeza.
Mi padre, Antonio, era un alcohólico que le gustaba castigarme con el
cinturón cada vez que entraba por la puerta de mi casa. ¿Las razones? El
clima, mi ropa, el horario, los dolores de su cuerpo, no lo sé, elige la que más
te guste. Mi madre, Nora, pretendía no ver lo que pasaba en su propia casa.
Dante me miró con ojos angustiados y eso me lo confirmó. Sus padres
(mis tíos) eran las personas más cálidas que conocí en mi vida. No era
casualidad querer pasar más tiempo con ellos, que con mis propios padres.
–Mi papá dice que el tío es así desde que nació. Su papá solía golpearlo
hasta dejarlo inconsciente en la bañera. –me relató Dante.
–¿Tu papá te golpea también?
– No –dijo pensativo–, nunca lo hizo.

En mi último año en el colegio ya no dormía en mi cama, generalmente


dormía en la calle y si mi tía me encontraba, terminaba compartiendo la cama
con Dante o Bruno. (Siempre corroborando que nuestros huevos no se
toquen, prefería tener un pie oloroso en mi cara que la polla de mi primo
cerca.)
Mi padre cada día se ponía más agresivo y mi madre más silenciosa.
Mi limite fue cuando rompió mi brazo derecho un domingo por la tarde,
luego de emborracharse mirando el partido, por eso el día que cumplí
dieciocho años fui a mi casa a buscar mis cosas, ya tenía mayoría de edad y
no pensaba perder un minuto en ese lugar sombrío. En cuanto puse un pie
dentro, mi padre me estaba esperando con el cinturón en la mano.
–¡Desagradecido! –gritó – ¡Te mantuve por dieciocho años y le haces esto
a tu madre! –el llanto de mi madre lo escuchaba desde la cocina.
–¿Mantenerme? ¡Lo único que gastaste en mi fueron tus golpes, viejo! –
Devolví con el mismo tono– Si no fuera porque la tía me compra ropas
estaría desnudo por la calle!
Mi padre sujeta su cinturón con más fuerza.
Mi madre aparece por el umbral de la puerta, su rostro mojado de las
lágrimas.
–Hijo…–su tono era de súplica.
–No mamá, me voy. –avancé por el salón, pasando por al lado de mi
padre y él me empujó lo suficientemente fuerte para que caiga sobre la mesa
de café y la parta al medio.
Sin darme tiempo, estiró su cinturón y comenzó a golpearme con el
mismo sobre el pecho y el estómago.
–¡Ingrato! ¡Egoísta! –gritaba, sus ojos salvajes y la vena de su cuello
estaba gorda llena de ira.
–¡Para! ¡Antonio por favor, para! –chilló mi mamá.
Yo solo podía cubrir mi rostro con mis brazos.
Los látigos persistían.
¿Por qué no puedo tener una familia normal? Una como la de mis primos.
Tenía tan solo dieciocho años, no hice nada terrible en esta vida, (más que
robar algún sándwich de la gasolinera o emborracharme con personas poco
gratas en la plaza). Nada lo suficientemente terrible para que mi padre
decidiera romper mi cuerpo. No, esto era solo mala suerte, había nacido en la
casa equivocada, debía ser una equivocación.
¿Suerte? No era una señora que creía todo lo que le decían, no existía la
suerte, pero si existe las decisiones y ese día decidí que todo termina.
Levanté el brazo, dejando que el cinturón se enrolle en mí como una
serpiente furiosa y lo sujeté con fuerza. Mi padre se detuvo y por primera vez
en mi vida vi miedo en sus ojos, porque supo en ese preciso momento, que ya
no era un nene que no se podía defender.
Tiré para abajo con violencia, haciéndolo caer sobre las maderas rotas de
la mesa. En cuanto logré ponerme de pie, mi puño cerrado cayó sobre su
rostro.
–¡No…! –Golpeé su estómago. –¡Vuelvas…! –Su pecho, sus costillas. –
¡A…! –Mi madre gritaba, pero no intentó detenerme, ella sabía que él se
merecía esto. Entre los escombros de la mesa, encontré el cinturón. Lo
envolví en mi mano, sintiendo el poder que mi padre sentía. –¡Levantarme la
mano, viejo! –Golpeé su estómago con el cinturón, hasta que el sudor rompió
en mi frente y mis músculos quemaban.
Mi padre gritaba, mi madre también.
Podía ver la sangre en su cuerpo, chorrear como lo hizo la mía durante
toda mi corta vida. Sentía que no podía detenerme.
No podía dejar de golpearlo.
El odio nublaba los sentidos y mi cuerpo pasó a ser una maquina violenta
y sanguinaria. Arrojé el cinturón de cuero negro, (un objeto que nunca voy a
olvidarme en mi vida) sobre su cuerpo maltrecho. No sabía si estaba vivo o
muerto y no pensaba quedarme para descubrirlo.
–Adiós mamá. –ladré a mi madre, dejándola sola en un mar de lágrimas y
la sangre de mi padre.
CAPÍTULO DOS
Carter

Presente.

Pasé por varias etapas durante toda mi vida, siempre solo, pero acompañado.
Hoy estoy rodeado de un grupo de hombres con los mismos trastornos
psicológicos que yo, nos hacemos llamar los Soulless Bastards. No somos los
mejores, ni los peores de la ciudad, eso lo puedo confirmar, pero no estoy
aquí por el dinero, ni las mujeres, ni nada.
Estoy aquí por Rage, un hombre que me jodió la vida hace un tiempo y
terminó siendo mi amigo, él me invitó a entrar a este club, me enseñó el
concepto de familia y hermandad.
No voy a decir que le debo la vida, pero si voy a decir que voy a
acompañarlo en todo lo que pida, por eso el día que Rage propuso ayudar a
las Amazons le dije que sí sin pensarlo.
Las Amazons (aparentemente) son un grupo de moteras que luchan contra
la trata de personas, de niñas para ser más exacto y según Rage, no tienen
suficiente experiencia en el departamento de armas, combate y peleas.
Ahí es donde nos involucramos nosotros, aparte, siempre queremos
extirpar la violencia que cargamos, así que es una gran excusa esta.
Nos dirigimos al aeropuerto donde Rage nos dijo que venimos a
intervenir un rapto masivo de niñas. Cuando Rage se desvía lo sigo hasta que
detiene su motocicleta y veo tres mujeres esperándonos.
Una de ellas roba mi atención inmediatamente.
Por varias razones:
Number one: es rubia y eso es exactamente lo que me gusta en una mujer.
Number two: parte la tierra al medio.
Number three: su actitud dice “No jodas conmigo o te arranco la polla” y
eso es un reto que me gustaría tener.
Goldy la llama su presidente, asumo que se llama así por su cabello rubio
y su piel de porcelana. Sus brazos tienen tatuajes en blanco y negro. Está
vestida con unos vaqueros negros como los míos que le marcan piernas
eternas y botas de motera desgastadas y sucias.
Maldición, es una fantasía caminante.
Rage y la líder de las Amazons, (que se hace llamar Big Kahuna, BigK de
ahora en más), están hablando sobre lo que nos espera del otro lado del cerco.
A la otra le llamaron Tequila, su ceño esta fruncido todo el tiempo y
claramente no nos quiere aquí, pero no tiene opción, Rage se comprometió y
hasta que esto no se acabe no vamos a parar.
Goldy mira sobre su hombro derecho, regalándome una mirada de menos
de un segundo. Es de noche, pero sus ojos brillan como dos gemas.
Wow, necesito enterrar mi polla en algo rápidamente antes de que siga
hablando como un idiota.
Cuando llegamos al hangar, nos preparamos para enfrentarnos a lo
desconocido. Pero para mi sorpresa, los hombres que las están manipulando
tienen poca experiencia, por no decir nada.
Al menos poca experiencia comparada con hombres como nosotros. Rage
es exmilitar, yo soy…bueno, un asesino a sueldo (me gusta más el nombre
Matador, suena varonil) y Viking mi otro hermano es…gigante, ah y es
exmilitar también.
Estos hombres intentan subir a las niñas a un avión para venderlas en el
exterior, pero entre los tres logramos eliminarlos por completo, Rage es
rápido a pesar de su tamaño, yo soy despiadado y Viking es eficiente.
Durante el proceso observo a la rubia, ella reacciona rápido también,
sujeta el arma con seguridad y se mueve como su fuera la líder, aunque no lo
es.
Esto fue demasiado fácil, rápido y poco excitante.
El club de las Amazons no es un club como el nuestro, para empezar,
tienen una maldita mansión como cuartel, así que voy a llenar un talonario de
quejas diciendo que el nombre del club no refleja su estilo de vida.
Maldición, el lugar es increíble, me pregunto de dónde demonios sacan
tanto dinero.
Mientras estamos sentados en la “iglesia” (es una sala de conferencias
sacada de una película futurística) resolviendo negocios, Rage habla sin una
muesca de gracia con BigK, mientras la rubia me observa cuando cree que no
lo noto.
¿Te gusta lo que ves, Harley Quinn?
Mis ojos vuelan a los de ella y rápidamente pretende mirar otra cosa.
Sonrío para mis adentros porque parece que yo también soy su tipo.
Que bella coincidencia.

El tema de la trata se volvió central para nosotros. Rage se cargó este


problema al hombro y hace semanas que busca al organizador de todo esto.
Finalmente, hoy se enteró quién es el responsable y la respuesta lo dejo
atónito. Búfalo es el nombre detrás de todo esto en nuestra ciudad. Tengo
entendido que era amigo muy cercano del padre de Rage, parece que fue
alguien quien tomó el papel de mentor cuando el padre de Rage fue asesinado
hace unos años.
Eran muy cercanos, hasta hoy.
Digamos que no quieres de enemigo a Rage y eso es exactamente lo que
Búfalo hizo. Este idiota está involucrado en el comercio más grande de trata
de personas de este lado de la costa de Estados Unidos y hoy vinimos a hacer
preguntas, pero las dos niñas que encontramos encadenadas en el sótano
fueron suficiente.
Rage llamó a las Amazons y les avisó que las habíamos encontrado, por
eso me ordena que vaya a buscar a quien sea que vino por ellas. Sé que ellas
tienen un programa donde las devuelven a las casas o se encargan de ellas en
caso de que sean personas sin hogar.
Cuando abro la puerta, la rubia que parte la tierra está allí.
Me encanta que siempre luzca irritada y aburrida.
–Hola –saluda–, me pidió Big que venga a—
–Sí, pasa, pasa –Abro la puerta–. Están demasiado asustadas para que las
llevemos nosotros, supongo que una figura femenina es mejor.
Goldy entra, observando el lugar con asco.
–Sí, mejor no preguntes –aclaro ante su gesto. Estamos es el cuartel de
Búfalo, digamos que podrían usarlo de set de filmación para cualquier
película de terror–. Están interrogando a Búfalo en la cocina. –Señalo sobre
mi hombro junto cuando escucho los gritos demandantes de Rage y las
respuestas de su examigo.
–Eso parece –dice ella enterrando las manos en sus bolsillos delanteros. –.
¿Dónde están?
–Por aquí –Camino hacia el sótano y escucho sus pies siguiéndome. –. las
tenía en el sótano.
Bajo por las escaleras y ella susurra:
–¿Sabes hace cuánto las tiene aquí? –murmura para que no la escuchen.
Niego con la cabeza, mientras sigo bajando los escalones de cemento. Las
dos niñas reaccionan con miedo cuando escuchan a dos adultos acercarse y
eso me rompe el maldito corazón.
Comienzo a sentir ira cuando pienso que ese viejo de mierda las tocó en
algún momento.
Goldy sonríe abiertamente hacia ellas, mostrando un poco de cordialidad.
Ellas aún no confían.
–Hola –dice Goldy sin acercarse–. Me llamo Goldy, vengo a llevarlas
lejos de este lugar.
Las dos hermanas se miran, desconfiando absolutamente de los adultos de
la habitación.
Créanme, conozco el sentimiento.
Goldy camina hacia adelante, pero ellas me observan a mí.
–Queremos ayudarlas, los dos. –aclara Goldy viendo como el hombre de
la habitación hace todo esto mucho más difícil.
–¿Prefieres que me vaya? –susurro.
–No, está bien, necesitan comenzar a descomprimir. –responde,
depositando sus ojos en los míos.
Asiento una vez, dando un paso al frente.
–Vamos a desatarlas, ¿está bien? –pregunta, las dos niñas asienten
lentamente. –Mi amigo va a ayudarme.
–Bueno. –musita una de ellas.
Los dos caminamos dando pasos lentos, la más chica lloriquea pensando
que lo que peor está por pasar y no soporto ver cómo sus ojos oscuros me
miran con pavor.
–Se me ocurre algo –digo–, si hago algo que no les gusta, le pueden decir
a Goldy que me dé una patada en el culo. –las dos nenas me observan con
menos miedo.
Goldy se ríe.
–Con gusto. –responde mientras comienza desatar a la mayor.
Con cuidado hago lo mismo, pero con la menor y ella me mira
intensamente, controlando todos mis movimientos, ahí es cuando le saco la
lengua y se empieza a reír.
Eso me hace sentir más tranquilo, al menos me dio una sonrisa, tal como
Goldy, pero no es momento de pensar en ello ahora.
Los dos terminamos al mismo tiempo, las nenas se masajean las muñecas
con dolor.
–¿Hay algo que les duela? –pregunta apoyando sus manos en los muslos.
Las dos niegan con la cabeza.
–¿Hace cuánto que están en este lugar?
La más grande comienza a responder:
–Solo pasamos una noche aquí.
–¿Tienen hambre? –Las dos asienten rápidamente. Goldy me observa un
segundo dándome las llaves de una camioneta –Hay una bolsa celeste en mi
camioneta ¿puedes traérmela?
Asiento sin discutir y camino hacia las escaleras.
–¿Alguien las tocó indebidamente? –pregunta en un tono más bajo
mientras estoy cerrando la puerta.
Ahora entiendo por qué me envió lejos, necesitaba hacer ese tipo
preguntas. Lo único que escucho antes de cerrar la puerta son llantos
repentinos.
Me detengo, petrificado por el sonido más desgarrador que escuché en mi
vida, cierro mis puños hasta que mis nudillos terminan blancos y mis dientes
se aprietan hasta que rechinan.
No puedo creer lo que estoy viviendo.
Cuando vuelvo, las tres están sentadas en el suelo, hablando con un tono
bajo y muy pausado.
Goldy les está explicando lo que va a pasar ahora y cómo proseguir
después de este hecho traumático.
–¿Son policías? –pregunta la más grande de las hermanas.
No, por Dios, todo menos policía.
–No. –responde Goldy mientras recibe la bolsa llena de comida, no se
explaya en la respuesta.
Retrocedo unos pasos para apoyarme contra la pared, su círculo en el
suelo es cerrado y no lo quiero romper, claramente la conexión con el género
es real.
Goldy saca unos sándwiches y se los entrega junto con una botella de
agua. Las dos comienzan a devorar la comida, casi atragantándose
–¿Y por qué nos están ayudando? –pregunta una de ellas.
–Porque a mi hermana pequeña le hicieron lo mismo que ustedes y todos
los días peleo para que no le pase a nadie más.
Mi estómago se me retuerce por un momento.
¿Su hermana?
–¿Está bien tu hermana ahora? –pregunta la más chica.
–No, todavía no la encontré, pero estoy segura que falta poco. –Goldy
sonríe tensamente, voltea para verificar si la estaba escuchando o no.
Nuestros ojos se enlazan y ni una sola palabra sale de mi boca, las
comisuras de sus labios suben un poco, pero sus ojos cargan tristeza.
Me solidifica en el lugar.
No puedo respirar, ni reaccionar ante tanta tristeza y vulnerabilidad.
–¿Cuándo vamos a ver a mamá? –pregunta la más chica.
Goldy voltea para volver a prestarles atención y responde.
–Ya mismo, vamos, tenemos que irnos de este lugar.
Me despego de la pared y ayudo a la mas chica a levantarse, puedo ver
marcas de dedos en su pequeño brazo y tengo que tomar aire profundamente
para no desplegar la furia que siento dentro.
Salimos a la calle y las ayudo a subirse a la camioneta de Goldy, cuando
ella se sienta en el asiento del conductor, abrocha su cinturón y baja la
ventanilla.
–¿Necesitas ayuda? –pregunto metiendo las manos en los bolsillos
despreocupadamente.
Es un pobre intento de demostrar que esto no me afecta tanto.
–Estamos bien, ya hicieron demasiado. Espero que ese desgraciado
termine… –No termina la frase, por el bien de las nenas que están
escuchando todo.
–No te preocupes, mi primo está allí dentro y nadie puede escaparse de él.
–Bien, me alegro. –Enciende la camioneta.
No estoy listo para dejarla ir.
–¡Espera! –saco el móvil del bolsillo del chaleco – Déjame darte mi móvil
en caso que necesites contactarte.
Ella levanta una ceja y mira el teléfono en mi mano.
–¿Tu móvil o tu teléfono? –escucho un dejo de burla en su tono.
Maldición, que idiota soy.
–Mi teléfono. –respondo con una media sonrisa.
–Me parece que en realidad lo que quieres es mi número, ¿no? –ohh,
directa, me gusta.
–Naturalmente.
Esta coqueteando conmigo y eso me gusta.
Dicta su número rápidamente, pero tengo buena memoria, así que no le
tengo que preguntar dos veces.
–Agendado. –Respondo.
Ella asiente una vez.
–Nos vemos por ahí, Hollywood.
–Adiós… –Levanto una mano, saludo a las niñas del otro lado del vidrio
y las veo irse.
CAPÍTULO TRES
Goldy

Los días que devolvemos a las niñas son los más agotadores. El proceso es
mentalmente desgastante. Primero, la energía que lleva sonreírle a niñas que
no entienden que les pasa o que les pasó, (a veces son tan pequeñas que
entienden que les pasó algo malo, pero no entienden por qué es malo).
Segundo, conseguir que confíen y sin que se den cuenta, sacarles la
información necesaria para seguir con esta investigación.
Tercero, tener que lidiar con los padres.
Nunca se me olvida la mirada de los padres cuando ven a sus hijas en la
puerta de las casas. Hoy fue el padre quien abrió la puerta, sus rodillas se
desplomaron al suelo cuando las vio. Siempre tengo que tragar mis lágrimas
y poner mi cara más seria para que entiendan que esto no es un chiste y que
llamar a la policía no es una opción en esta ciudad.
Las niñas me abrazaron antes de que me vaya y me pidieron que salude a
mi “novio” de su parte. Me reí ante sus palabras, pero no las corregí.
¿Por qué? No lo sé.
Por la noche, a pesar de estar agotada, no puedo dormir, es que no puedo
dejar de pensar en mi hermana, Simone, mientras miro el techo buscando
respuestas sobre su paradero.
Ella desapareció hace un tiempo y no importa cuántos millones tienes en
tu cuenta de banco, cuando no quieren que aparezca, no hay dinero que page
lo suficiente.
Quién iba a decir que ser rica iba a ser completamente inservible.
Mis ojos se cierran eventualmente, pero se abren cuando lo escucho sonar
el móvil.

“A partir de este momento, usted está inscripta a la página web


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contenido en línea!”

¡Qué carajos!
Me siento en la cama y con los nervios en la garganta comienzo a revisar
el móvil. Alguien tiene que haber hackeado mi celular.

“Goldy, soy Hollywood, este es mi número.”

Una risa explosiva emerge de mi garganta.


Qué alivio.
“Estaba buscando mi historial de internet.”

Respondo tecleando rápido y con una sonrisa de oreja a oreja.

“Puedo imaginar tu cara cuando viste ese mensaje, lástima que no


estuve allí.”

Podrías venir a visitarme…pienso para mis adentros.


Suelto el móvil como si quemara sobre la cama y oculto mi rostro con las
manos, no grito porque sé que voy a despertar a la casa completa.

Mi gran amiga Big está en la cocina, charlando con Daniela, la cocinera de


las Amazons, las dos me observan raro cuando entro para buscar el
necesitado café de la mañana.
–¿Qué? –pregunto deteniéndome en el lugar.
–Nada –dice Big ocultando una sonrisa detrás de la taza. –. ¿Ya te vas?
–Sí, hoy me toca escuchar a mi padre. –gruño por lo bajo.
Desde que Simone desapareció, mi padre no para de culparse. Durante la
primera semana me prohibió llamar a la policía, dijo que Simone estaba
haciendo otro berrinche y que ya iba a volver sola, pero yo sabía, muy en el
fondo sabía, que Simone estaba en aprietos. Por eso en la segunda semana
directamente fui a la estación de policía y di por desaparecida a mi hermana.
Mi papá finalmente me creyó y ahora se siente culpable por no haber hecho
nada antes.
–Lo siento –dice Big. –. Al menos podemos ver tus mejores ropas días
como este.
Mis padres no conocen el club, de hecho, no saben siquiera que tengo
tatuados los dos brazos, para ellos sigo siendo aquella mujer de negocios que
fui hasta que Simone desapareció de nuestras vidas.
Llevo puesto un pantalón negro con una camisa blanca de Gucci. Mi
cabello esta planchado y colocado detrás de mis orejas con precisión. Así es
como vestiría cualquier día en la oficina.
–Gracias –vierto el café en una taza térmica y robo unas galletas del plato
de Big. –. ¿Sabes que puedes usar esta ropa cuando quieras ¿no?
–Creo que esa camisa solo entra en mi muslo izquierdo. –se ríe Big.
Entonces Daniela añade:
–Qué suerte tienes, a mi no me entra ni en el dedo gordo del pie.
Las tres reímos y las dejo hablando sobre sus cuerpos, mientras salgo a
buscar el coche que uso cuando voy de mis padres.
Si llegan a enterarse que poseo una Harley, se vuelan la cabeza con una
escopeta.
De todas maneras, llegar a la mansión Du Pont me lleva
aproximadamente dos horas, así que viajar en cuatro ruedas siempre es mejor
para distancias tan largas.
Cuando llego a la mansión, los guardias de seguridad me saludan
abriéndome la puerta. La casa de mis padres es lo más parecido a un castillo
que vi en mi vida. De hecho, lo era, se lo compraron a un turista escocés que
intentó formar su vida en los Estados Unidos. Como no le funcionó, puso en
venta la propiedad.
Ventanas góticas, techos altos y ladrillo es lo que predomina en este
lugar.
Un poco tétrico si quieres mi opinión. Por eso yo me quedé con la
mansión que usamos para el club, era solo una casa más que mis padres
tenían abandonada.
Encuentro a mi padre en la biblioteca/oficina. Un lugar donde los libros
están del suelo hasta el techo, un gran ventanal está parcialmente cubierto con
unas cortinas de terciopelo verde polo, un juego de sillones donde suele llevar
a cabo reuniones, una taza de café frio al lado de su ordenador portátil y mi
madre sentada en su silla, leyendo el diario.
Son el retrato de un perfecto matrimonio en Downton Abbey.
–Oh, hija. –dice mi padre cuando escucha mis tacos acercarse.
Se levanta y me saluda con un abrazo eterno, algo que comenzó a destilar
desde que mi hermana se evaporó de nuestras vidas.
Mi madre nos mira con amor, me acerco a ella y la abrazo con la misma
intensidad.
–Hoy viniste temprano –dice mi madre. Debajo de sus ojos hay bolsas
llenas de estrés y cansancio, nadie duerme en esta familia. –, que lindo verte
con la hora de la mañana.
–Quería ver como están. –digo mientras me siento frente a mi madre.
Mi papá deja todo lo que estaba haciendo y se une a nosotras, sentándose
al lado de mi mamá y tomando su mano.
Una de las pocas sino, única cosa positiva que pasó desde que mi
hermana se disipó, es que la relación de mis padres mejoro mucho.
Hace años que no se miraban a los ojos.
Un día hace algunos años atrás, un hombre de mi edad tocó la puerta y
preguntó por mi padre. Allí nos enteramos que tenía un medio hermano
perdido por el mundo. Bastián es su nombre y supuestamente la madre
(amante de mi padre) nunca le dijo que estaba embarazada, así que Bastián
creció sin una figura paterna. Al principio fue un shock para Simone y para
mí, pero en poco tiempo lo adoptamos como hermanos de toda la vida. Es
imposible no adorarlo, Bastián es un hombre extremadamente inteligente
(más que cualquiera que conozca), protector de sus hermanas y exitoso.
Mi madre lo acusó de busca-fortunas, pero él dejo muy en claro que no
quiere heredar ni un centavo de mi padre, de hecho, él tiene una de las
empresas más reconocidas del mundo y lo consiguió sin la ayuda de nadie.
–Tu madre y yo estamos pensando en usar un sistema nuevo en nuestros
móviles, quiero que lo instales tú también.
–¿De qué se trata?
–Es una aplicación que envía una señal en caso de emergencia a un
contacto, solo tienes que presionar el botón dos veces, entonces graba un
audio de los últimos cinco minutos y la locación precisa del dispositivo,
luego llama al contacto.
Ruedo los ojos para mis adentros, esas aplicaciones no funcionan en
absoluto.
–Está bien, envíame todo por correo, lo veo cuando tenga tiempo. –digo,
mientras miro el móvil rápidamente, buscando algo que no sé qué es, una
distracción, un mensaje de Simone, algo.
Cuando mis padres finalmente entendieron que a Simone se la llevaron,
les pedí que me dejen hacerme cargo de todo, ellos aceptaron mi propuesta.
Abandoné mi puesto de trabajo en la compañía de mi papá y comencé junto
con Big a mover las piezas para encontrar a mi hermana. Lo que no me
esperé fue encontrar una organización de trata de personas dentro del país.
Por eso terminamos formando el club oficialmente.
Mi plan es (una vez que Simone este de vuelta aquí), comenzar una
organización sin fines de lucro, con la ayuda de los amigos ricos de mis
padres, y voy a llevar a cabo un paraíso para mujeres maltratadas.
Pero primero Simone.
–Hija –Llama mi madre–, ¿alguna noticia? –ella sabe que hablo con el
detective todos los días, cualquier información nueva que llegue a mis oídos
es trasmitida a ellos.
–No mamá, todavía no. –esa es mi respuesta todos los días.
Intento al menos una vez por semana pasar el día con ellos, nos ponemos
al día y pretendemos llevar una vida normal. Mi papá me cuenta sobre sus
negocios, mi mamá sobre el nuevo libro de auto-ayuda que leyó esta semana,
pero lo silencios incomodos se dan al menos cinco veces y todos sabemos
que lo único que está en nuestra mente es Simone.
Ella era—
Es.
Ella es una chica peculiar, mi padre solía exigirle mucho más de lo que
me exigió a mí. Nunca entendí por qué se enfocaba en ella así. Pocas cosas
satisfacían a mi padre cuando se trataba de mi hermana. Ella se esforzaba y lo
hizo hasta una semana antes de la desaparición.
Mi hermana como todo ser humano bajo presión, explotó y decidió vivir
su vida como una persona estándar.
Ninguna de las dos tuvo una adolescencia normal y las dos nos revelamos
de grandes eventualmente. Por eso yo terminé con tatuajes y una moto, y
ella…bueno, ella terminó con compañía no deseada.
O como le dice Big “mala junta”.
La última vez que fue vista oficialmente, fue en una gala de beneficencia.
Mi mamá dice que ella se subió a su Mercedes y que dijo que iba directo a
casa.
Nunca ocurrió.
Lo que mis padres no saben, es que Simone dio con un hombre que se
hacía llamar MAC, un motero de cuarta que la arrastró a una fiesta de puro
descontrol.
¿Por qué me hermana estaba allí?
Esa es la pregunta que no me deja dormir.
CAPÍTULO CUATRO
Carter

Una motocicleta pasa a toda velocidad sobre mi lado izquierdo. Tan rápido
que pierdo el balance y casi me caigo en el pavimento de la avenida principal.
Busco apresuradamente quien fue el idiota que casi me mata y encuentro
debajo del casco unos pelos rubios moviéndose con el viento.
Sonrío satisfecho, porque sé que esto va a ser interesante.
Acelero la Harley hasta equiparar su velocidad. La luz roja la detiene y yo
me detengo a su lado.
–No sé qué dice tu licencia de conducir, pero la mía no me permite
excederme de la velocidad máxima de esta avenida. –grito con mi casco
puesto.
Su casco cubre su rostro, el mío no. No sé si está sonriendo, pero quiero
imaginar que sí.
–Alguna ventaja por ser mujer tengo que tener. –dice ella y por su voz
confirmo que si está sonriendo.
–Me imagino que tienes muchas más ventajas de las que te gusta admitir.
Estoy seguro que una mujer como ella puede escupirle a un policía en el
pie y salir triunfante.
–No voy a negar, ni confirmar esa declaración –dice su voz detrás del
casco negro.
La luz roja cambia a verde y sale arando otra vez.
Ah, ¿te gusta que te persigan entonces?
Lo pides, lo tienes.
Voy detrás de ella y sé que puede verme por su espejo retrovisor. En el
siguiente semáforo me coloco en el mismo lugar.
–¿Qué haces más tarde? –pregunto sin dar muchas vueltas.
–Trabajo hasta tarde. –devuelve, mirando el semáforo y acelerando su
motocicleta, ansiosa por seguir su camino y alejarse del lunático que le habla
en los semáforos.
–Bueno, te espero tarde entonces. –Sonrío con la sonrisa de portada de
revista (según Sarah, la mujer de Bruno) y antes de que pueda responderme,
la luz cambia y soy yo quien sale arando, alejándome de su respuesta.
Me gustan las sorpresas, vamos a ver qué hace Goldy ante mi invitación.

Para el final del día, estoy en mi garaje, dándole unos retoques a mi Harley
que ya está pidiendo morir, pero no se lo permito. La tengo hace muchos
años, fue lo primero que me compré con mi primer sueldo y le tengo cierto
apego.
Acostado en el suelo, escucho mi móvil sonar desde el otro lado de la
habitación y me rehuso a levantarme. Si estuviera en la casa de Bruno, solo
tendría que gritarle a alguna voz robótica que lea el mensaje por mí, pero yo
soy más humilde y no necesito tantos robots para resolver mi día.
Sin embargo, no quiero levantarme.
Bufo, enojado. Odio discutir conmigo mismo y perder.
Me levanto para demostrar que estoy equivocado y camino hacia el
móvil. Solo espero que no sea Rage teniendo otro episodio.

“Sigue en pie la oferta?”

Goldy.
Nunca mis dedos se movieron tan rápido.

“2335 Jody Road.”

Eso es todo lo que escribo, mi dirección. Si quiere venir, puede hacerlo


libremente, sino, bueno, voy a estar un poco decepcionado, no voy a mentir,
pero puedo sobrevivir.
Media hora más tarde, derribo mis expectativas. No obtuve respuesta y ya
son las doce y media de la noche.
Con un trapo sucio lavo mis manos por encima y lo arrojo al lado de la
motocicleta. Cuando abro el grifo para lavarme mejor, escucho que alguien
toca en la puerta del garaje.
Abro lentamente y veo del otro lado a la mujer más hermosa que vi en mi
puta vida. El casco está bajo su brazo, su mirada azul es inquieta, su cuerpo la
fantasía que no abandona mi mente.
–Creí que no ibas a bendecirme con tu presencia esta noche. –digo
mientras dejo la puerta abierta y continúo con una tarea que ya había
terminado, no sé por qué necesito hacer algo cuando ella está en la misma
habitación.
Su presencia me afecta por alguna descabellada razón.
Ella pone un pie dentro y observa a su alrededor.
–No podía dormir. –da pasos lentos, mirando todo lo que tiene delante de
ella.
Cruzo mis brazos y me apoyo sobre la pared, esperando que termine de
inspeccionar el lugar.
–¿Por qué? –finalmente conecta sus ojos conmigo.
–No suelo dormir, no desde que…–se detiene delante de mi motocicleta y
observa las herramientas tiradas alrededor – ¿Qué le ocurre a tu motocicleta?
–Es el alternador, quiere que lo cambie. –suelto mientras camino hacia mi
casa, esperando que ella me siga.
Efectivamente, escucho sus pasos detrás de mí. Lleva puestas unas botas
negras que no puedo dejar de mirar (o escuchar). Unos vaqueros que le
quedan grandes y una remera de alguna banda de rock indie que conoce solo
ella probablemente.
Cuando entro voy directo a la heladera y le ofrezco una botella de
cerveza. Ella se detiene bajo el marco de la puerta y yo me siento en la mesa.
–¿Probaste drogándote? –pregunto dándole un sorbo a la botella y
dejando caer mi espalda en la silla.
–No, me criaron para decirle no a las drogas. –oculta la sonrisa detrás de
la botella, pero a mí no se me pierde.
Me levanto otra vez hacia la heladera y abro un contenedor lleno de
brownies de chocolate.
–Sírvete uno. –ella me mira con ojos curiosos. –No muerden, solo lo
tienes que administrar. Un cuarto o menos para empezar, al menos dos horas
antes de irte a dormir.
Con cuidado toma uno y lo deja en la palma de su mano como si fuera
una bomba. Ruedo mis ojos y lo tomo de vuelta, envolviéndolo en papel.
–Nunca probé marihuana antes.
–¡¿Nunca?!
–No, como te dije, vengo de una familia donde suelen hacer caridad para
este tipo de cosas. –Juzga.
–Primero, es legal en este estado, en mi caso lo uso como recreativo, tú lo
vas a usar como medicinal, segundo –digo sin parar para respirar–, nadie se
murió por haber consumido marihuana. Quizás se murieron de risa o
felicidad, pero nunca por la droga. TERCERO, necesitas dormir y esto es una
promesa. Cuarto, si tienes miedo puedes comerlo aquí, yo puedo
supervisarte. –me detengo frente a ella con una sonrisa.
–Primero –comienza ella ahora–, ¿quieres que me drogue?. Segundo,
quieres que lo haga por primera vez en tu casa. Tercero, quieres que me
drogue por primera vez en tu casa cuando es el primer día que hablo contigo.
¿De verdad?
–Voy a seguir haciendo preguntas, ¿me crees capaz de aprovecharme de
ti en ese estado? –Levanto una ceja cuestionándola, estoy genuinamente
ofendido.
–Eres hombre, la vara viene muy baja. –responde desafiante.
Tiene carácter, nunca deja de mirarme a los ojos, ni habla en un tono
bajo, con ella no se anda dando vueltas y me va a decir exactamente lo que
tiene en la mente.
–Hagamos algo –digo quitándole el brownie de la mano y guardándolo
otra vez en la heladera–, para que puedas probar tranquila, ven todos los días
a mi casa. Conóceme lo suficiente para estar cómoda y así finalmente poder
contar ovejitas en tu sueño, ¿qué dices?
Goldy tiene una mirada interrogante tras esas pestañas largas que tiene,
esperando que le diga que esto es un chiste, pero mi rostro es serio (y eso no
es algo que pase seguido). Extiendo mi mano hacia ella, presionándola solo
un poco.
–¿Tenemos un trato? –sus ojos zafiros miran mi mano con curiosidad.
–¿Me prometes que voy a dormir?
–Vas a sentir que dormiste por años después de ese brownie.
–¿Todos los días tengo que venir? –pregunta.
–Sí, todos los días, me conoces un poco más y me pones a prueba.
No estoy seguro de lo que estoy haciendo, no soy un hombre confiable,
cualquiera que me conoce sabe eso a la perfección. Tampoco suelo ser súper
amable con las mujeres, no tengo nada personal con ellas, simplemente las
considero esenciales al momento de satisfacerme y nada más. No busco
cortejarlas, ni hacerlas sonreír, mucho menos ayudarlas. Por eso, puedes
imaginarte la sorpresa que me llevo cuando busco hacer exactamente esas
cosas con ella.
Debo estar muy aburrido.
Finalmente estira su mano y la estrecha conmigo. Incrédula aún con mi
propuesta, me dedico a probarle que no soy la persona que cree que soy.
Al menos no con ella.
CAPÍTULO CINCO
Goldy

Son las once y media y estoy en la puerta de la casa de Hollywood.


No sé lo que estoy haciendo.
Necesitas dormir. Me recuerdo.
Un mensaje llega a mi móvil y lo miro rápidamente.

“¿Vas a pretender dudar si quieres entrar a mi reino por mucho


tiempo más?”
Una risa sale por mi nariz mientras camino directo hacia la puerta de
entrada.
Antes de golpear, Hollywood aparece del otro lado, levantando las cejas
repetidas veces.
–¿Lista para conocer a este hombre?
Ruedo los ojos exageradamente mientras entro a su casa. Estoy en la sala
y me sorprende que no esté vacía. Los sillones son un poco anticuados, pero
podrían pasar por “retros”, una mesa de café de vidrio y una biblioteca que no
tiene libros, pero tiene botellas.
Podría ser peor.
–¿Qué quieres tomar? –pregunta señalándome con el dedo índice.
–Cerveza está bien. –respondo, mientas camino dando pasos lentos hasta
el sillón, apoyo mi trasero allí y lo espero.
Cuando vuelve, trae dos botellas y me alcanza una. Se sienta en el sillón
del lado opuesto al mío, dejando caer su cuerpo exageradamente.
–¿Por qué no vives en el club como el resto? –pregunto con curiosidad
genuina.
Las bandas de moteros se suelen manejar así, al menos las grandes como
ellos. Si no tienen familia, a los hombres les gusta vivir todos en el mismo
nido. Una especie de cofradía llena de eructos, pedos y rascadas de huevos.
–¿Conoces el lugar? –pregunta, yo niego con la cabeza– Apesta.
Una carcajada explota en mi garganta inesperadamente.
–¿Enserio?
–Sí, más de tres hombres viviendo bajo el mismo techo es llamar a los
gérmenes y las bacterias, aparte me gusta tener mi lugar.
–Sí, en eso coincidimos, vivir en la mansión es temporal, cuando
encuentre a mi hermana voy a volver a mi vida pasada.
–¿Vida pasada? ¿Eras un minotauro en la otra vida? –Hollywood me
observa minuciosamente.
Me rio otra vez.
–No, trabajaba para mi padre, era una mujer de negocios exitosa. –digo
haciendo una reverencia.
–¿En qué?
–Tenemos una empresa de varias cosas, entre ellas, aviones y medios de
transporte.
Se atora con la cerveza, se limpia su boca con el reverso de su mano y
pregunta:
–¡¿Eres la dueña de Boil?! –Oh no…–Maldición, eres multimillonaria.
–Mi padre lo es. –Corrijo.
Hollywood procesa la información, dejando caer sus codos sobre sus
rodillas.
–¿Eras una de esas niñas que querían tener una vida normal, pero papi las
malcriaba con las cosas más exclusivas del mundo? –¿Cómo lo supo? – Esa
cara es un sí, típico de niño millonario.
Arrojo un almohadón hacia su lado, Hollywood lo atrapa en el aire,
riendo sin parar.
–¿Conoces muchos niños millonarios? –pregunto a la defensiva.
–Lamentablemente sí y todos ellos terminaron conociendo mi puño
derecho.
–¿Chico malo o chico resentido?
–Las dos –responde levantándose del sillón y sentándose a mí lado. –. No
me gusta la gente que crea que puede salirse con la suya solo por tener una
cuenta llena.
–Bueno, no es mi caso, así que supongo que no voy a conocer tu puño.
De pronto Hollywood frunce sus cejas y me observa con ojos furiosos.
–Nunca sería capaz de golpear a una mujer. –su tono es tan duro y
autoritario que por un segundo me siento mal de haberlo acusado.
–No es lo que—
–Entiendo, debes tener una imagen horrenda de los hombres, créeme, yo
la tengo también.
Siento que hay algo más allí, algo que le pasó y no quiere decir en voz
alta. Me dedico a observarlo, intentando leer los pensamientos de su mente,
siento que él hace lo mismo conmigo.
¿Qué tiene este motero que me llama así? Su cabello esta revuelto y es
color caramelo. Su quijada es definida y hay una barba incipiente, quizás de
tres o cuatro días. Sus labios parecen perfectos para besar y sus ojos…
Maldición, Goldy, detente ya.
Siendo la hija de mi padre, no me pude dar el lujo durante la adolescencia
de explorar mi sexualidad, por eso lo hice de grande. Cuando entendí que el
poder que tenía en la compañía era suficiente, eso me dio seguridad para
comenzar a probar. Especialmente cuando abrí el club nocturno, una vez que
logré tener el club más exclusivo del estado, me pude dar el lujo de explorar
mi clientela.
Bueno, explorar es una palabra muy grande.
¿Catar? Sí, esa suena un poco mejor.
Pero cada hombre que se me presentaba tenía algo que hacía que corra
para otro lado.
Muy aburrido.
Muy narcisista.
Interesado en el dinero.
Interesado en mi poder.
El único hombre que había cumplido con casi todos mis requisitos fue
Winston y esa es una historia que mejor no recordar.
Cuando me doy cuenta, pasamos al menos un minuto entero, mirándonos
en silencio. La proximidad nueva, el alcohol y la boca de Hollywood de
golpe me altera lo suficiente como para que él lo note.
–No voy a besarte. –declara abruptamente.
–Está bien.
CAPÍTULO SEIS
Carter

Mi primo Dante, abre la puerta con una postura rígida y una mano apoyada
sobre su baja espalda. Luce como un mayordomo en una película de época, (o
un ex esclavo) lo cual provoca que ruede mis ojos hasta el fondo de mi
cabeza hasta sentir que se desprenden de mi cuerpo.
–¡No! –grito golpeando el suelo con el pie derecho. –Otra vez, cierra la
puerta.
Dante cierra la puerta y yo doy unos pasos hacia atrás, vuelvo y toco el
timbre otra vez. En esta oportunidad abre la puerta con una mano en el
bolsillo delantero de sus vaqueros y la otra apoyada en la puerta por arriba de
su cabeza.
Exagerado, pero es una mejora.
Dante fue secuestrado hace diez años, lo retuvieron como esclavo en la
mansión de uno de los traficantes más inescrupulosos del mundo. Fue tan
solo hace unos meses cuando mi primo, (Bruno, o sea su hermano) lo rescató.
Estamos ayudándolo entre todos a que deje de comportarse como un esclavo
y que vuelva a ser quien era.
–Bueno, voy a tomarlo como aceptable, aunque se ve muy forzoso. –digo
mientras entro a su casa.
Bruno construyó una pequeña choza en el terreno que posee con Sarah,
para darle a Dante y Amira un poco de privacidad (Amira es la hija del
traficante que escapó junto con Dante y tienen una relación que no se puede
definir todavía).
La casa es modesta, pero es exactamente lo que ellos necesitan. Un
pequeño salón, acogedor y con grandes vistas a la montaña, una cocina digna
para Gordon Ramsay y dos habitaciones donde (por ahora) duermen.
Sí, duermen en habitaciones separadas.
Dante me explicó que su relación está recién comenzando y que no espera
que cambie por mucho tiempo, a lo que mi respuesta fue…
–Podrías explorar nuevos horizontes… (nuevas mujeres).
Y su respuesta fue.
–No.
Entiendo que dos personas como ellos, que vivieron una vida de
esclavitud y desconsuelo, tengan diferentes tiempos cuando se trate de
instalarse en una cultura que no los esperó. Los dos están explorando
diferentes lados de su nueva vida y lo están haciendo por separado.
De pronto, puedo sentir el olor a galletas recién horneadas.
Amira descubrió estos últimos meses que la cocina es lo que mas disfruta,
comparte con Bruno recetas como dos viejas de barrio.
¿Quién iba a decir que la cocina puede servir como terapia también?
Principalmente es Sarah quien se encarga de introducir a Amira al mundo
exterior, a veces no puedo creer lo alejados que están de la realidad estos dos.
–¿Huelo galletas? –grito mientras camino hacia la cocina.
Dante viene detrás de mí y no necesito darme vuelta para saber que
camina con un palo en el culo.
–Dante, relaja esos músculos antes de que se corten solos.
–¿Cómo supiste? –pregunta.
Lo miro por sobre mi hombro y lo veo moviendo sus brazos y piernas
como le enseñé.
–Como dije, puedo escuchar tus músculos tensarse.
Amira está sacando del horno las galletas que detecté. Ella sonríe hacia
mi lado con las mejillas coloradas por el calor del horno.
–Están muy calien—
Tomo una de la bandeja.
–¡Carter!
Comienzo a pasar la galleta de una mano a la otra, rápidamente esperando
que se enfríe.
–¡Ay! ¡Ay! –la suelto sobre la mesada.
Los dos se miran y sonríen con una tensión especial, a veces creo que si
no hay alguien presente en la casa no se hablan.
–¿Alguna noticia? –pregunto pretendiendo no notar la tirantez en el lugar,
me siento sobre la isla mientras tomo la galleta otra vez, la meto en mi boca
sin dudarlo. Una explosión de sabores invade mi boca. –¡Amira! –grito
exageradamente –¡Esto es increíble! –señalo mi boca y ella me agradece
haciendo una reverencia.
–Oh, no…–dice Dante cruzando los brazos sobre su pecho.
Sus pectorales se marcan más de lo que ya hacían. Bruno estuvo
entrenándolo. Dante dijo que se sentía débil físicamente y Bruno lo está
ayudando en ese departamento, yo por otro lado, trabajo sobre lo mental.
–¿Qué hice? –pregunta Amira, desconcertada.
–A menos que sea un rey, la reverencia está completamente fuera del
mapa, tienes que decir gracias y ya.
–Oh, lo siento…–dice encerrándose en sus brazos como hace cada vez
que soy muy directo con ella.
–Paso a paso, Amira –dice Dante, como siempre excusándola por todo.
Tomo otra galleta y lleno mi boca.
–Hoy vamos a ir al cine. –digo mientras bajo de la isla– Ustedes dos,
vamos, prepárense, tengo entradas para las cuatro y siempre me tomo mi
tiempo para elegir los dulces.
Los dos se miran sin entender nada.
–¿Cómo deberíamos vestirnos? –pregunta Amira.
–Así como están.
Amira lleva unos vaqueros y una remera extra grande negra, Dante lo
mismo, pero su remera es ajustada al cuerpo, de a poco las está llenando.
–¿Tienes el coche aquí?
–Sí, está guardado, déjame sacarlo.
Dante desaparece y Amira corre al baño a hacer cosas de chicas, supongo.
Dante se perdió los últimos diez años de cine y eso es algo que tenemos
que remediar, inmediatamente.
Esperamos por Amira en el coche, así que aprovecho la privacidad.
–¿Algún avance con ella? –pregunto mirando hacia la puerta de la casa.
Dante está aprendiendo a manejar, le dije que una motocicleta era mejor,
pero por ahora se siente más seguro sobre cuatro ruedas en vez de dos.
–No –susurra. –, pero ahora miramos los shows de Netflix que nos
recomendaste después de la cena.
–Bueno, en el cine no dejes que me siente en el medio, tienes que sentarte
a su lado. Sí o sí.
Dante asiente, pero no responde, Amira viene hacia nosotros.
Cuando digo que me tomo mi tiempo con los dulces no estoy mintiendo,
elijo cuidadosamente cuál voy a comer y en qué cantidad. El vaso de Coca-
Cola tiene que ser extra grande y a veces tengo que venir a buscar más.
–¿Qué te gustaría? –pregunta Dante a su… ¿novia sin beneficios? No sé
cómo llamarla.
–Lo que tú quieras está bien. –responde ella.
Si Amira consiguiera la capacidad de no respirar el aire del resto solo
para no molestar, lo haría.
Dante asiente y se encarga de la compra, le entrega a Amira una gran
bolsa de palomitas y ella sonríe como una nena.
Mi primo por otro lado, solo tiene un vaso de algo color naranja.
–¿Qué vamos a ver, Carter? –me pregunta ella mientras caminamos hacia
la sala.
–No tengo idea, elegí un título al azar. –respondo con una sonrisa llena de
gomitas.
Durante la película, estos dos comparten comentarios y hasta los escucho
reír por lo bajo.
Satisfecho de ver cómo empiezan a conocerse, me dedico a mirar la
pantalla.
La historia se trata sobre una mujer que supera ciertos obstáculos que le
puso la vida, de ser una huérfana, pasó a ser la gran empresaria del año.
Amira observa la película como si fuera un show de fuegos artificiales.
La protagonista tiene un cabello rubio hielo, camina zarandeando las
caderas y sintiéndose dueña de la calle, gracias a la confianza que recolectó
por sus logros.
Y eso me recuerda a alguien.
Cuando Goldy se fue anoche, salí corriendo al baño e hice lo que tenía
que hacer.
¿Qué? No tengo Coca-Cola en las venas y tener una rubia en mi casa sin
ser tocada, no es algo que pase seguido.
Le dije que no iba a besarla solo para ver su reacción, si reaccionaba con
alivio era una mala señal, si reaccionaba con decepción, era la luz verde que
necesitaba.
Pero Goldy no es una mujer de solo dos opciones, ella no expresa
absolutamente nada y eso me dejó en las tinieblas. Se fue de mi casa a las dos
de la mañana y prometió volver hoy para comprobar si mentía o no cuando le
dije que podía confiar en mí.
Algo me hacía querer impresionarla, pero, ¿cómo impresionas a alguien
que lo tiene todo? No, mi polla no es una opción (todavía). Solo tengo una
opción y es encantarla con mi encantadora personalidad, hasta que caiga en
mi red.
Bueno, eso sonó un poco raro, lo que quiero decir es que, quizás una
mujer que lo tiene todo, necesita de un hombre que no tiene nada.
Imagina esto:
Carter entra en la escena.
Un foco de luz blanca lo ilumina.
Acomoda su garganta y procede a hacer algo que nunca hizo en la vida.
Se pone de rodillas.
Porque ya no tiene dignidad.
Fin de la escena.
Maldición, esa rubia va a ser mi perdición, ya lo puedo sentir.

Amira y Dante me invitan a comer, dijeron que querían devolverme el favor,


así que paso tiempo con ellos, (lo juro, a veces creo que me usan para poder
dialogar entre ellos con testigos).
Durante la cena, mi cabeza solo piensa en Goldy.

“Vas a bendecirme con tu presencia esta noche?”


envió el mensaje de texto.
–¿Sabes si Bruno le está pasando algo? –Esa pregunta hace que vuelva a
prestar atención a mi primo.
–¿A qué te refieres? –dejo el móvil sobre la mesa, cerca mío para
escuchar cuando me responda Goldy.
–Últimamente esta distraído, siento que hay algo en su mente, pero no
quiere decirme qué es.
Mmm, probablemente sea que Rage volvió a involucrarse en su vida.
–No tengo idea, pero voy a investigar. –respondo sospechando de algo.
El tema Rage y Sarah es tan prohibido como tocar la cocina de Bruno.
¿Alguna vez escuchaste el dicho que dice: “El que se fue a Sevilla, perdió
su silla” ? Bueno, eso fue lo que ocurrió con Bruno, cuando se fue a Arabia a
rescatar a Dante y dejó a Sarah sola…con Rage.
No puedo confirmar si paso algo entre los dos, pero sí puedo decir que
había algo platónico, pero cuando Bruno volvió a la vida de Sarah, Rage
quedo atrás, todo se volvió muy depresivo, especialmente para Rage. De
todas maneras, veo su mirada cuando observa a Big Kahuna, allí va a ocurrir
algo, lo presiento.

“Usualmente los lacayos los visito solo los domingos, pero veré si
puedo hacerme un rato.”

Sonrío mirando la pantalla y Dante se acerca dándome pequeños codazos


en mi brazo.
–¿Quién es la afortunada?
Agh, Dios, a veces suena como un abuelo.
–Una amiga, nada más –agrego rápidamente antes de que me haga
preguntas que no puedo responder. –. Bueno, gracias por la cena –estiro mis
brazos por encima de mi cabeza –, pero este cuerpo tiene que irse.
Los dos me saludan desde la puerta, hoy sonríen, pero hay días que los
dos emanan tanta tristeza que me cuesta respirar cuando estoy allí.
Antes de llegar a mi casa, me detengo en una tienda para comprar algunas
cosas. Vino y queso principalmente, no soy de los que toman vino, pero mi
paladar no le hace asco a ningún tipo de alcohol y presiento que Goldy puede
ser alguien que le guste mucho.
¿La gente rica toma vino durante los días de semana? ¿o Champagne?
Una vez en mi casa, decido pretender que no estoy esperándola con
ansias, así que me siento en mi sillón y me dedico a no hacer otra cosa más
que mirar fijamente el reloj.
Para nada patético.
Son las doce de la noche y el sonido de sus nudillos tocando la puerta me
sacan de mi pseudo depresión momentánea.
Cuando abro la puerta, su sonrisa no es tan amplia como la de ayer.
–¿Malas noticias? –pregunto mientras ella se mete más profundo en la
sala. Deja caer su cuerpo sobre el sillón y suspira.
Oh-oh
–MAC se dio a la fuga –dice cruzando sus brazos sobre sus ojos. –. Otra
pista más que se esfuma de mis malditas manos.
Me siento a su lado en silencio, ella no me observa con cautela como
ayer. Hoy la pared de hielo tiene una grieta más.
–Solo debes pedírmelo, ¿lo sabes no? Soy un hombre de recursos.
–A estas alturas estoy desesperada.
–Déjame enviar algunos mensajes. –rápidamente tomo el móvil y pongo
dinero por la cabeza de MAC. No hace falta escribir mucho, mis contactos ya
saben a lo que me refiero.

“MAC, $100K”

–Hoy pasé el día con mi primo. –digo para relajar un poco el ambiente.
Goldy levanta su rostro, sus ojos zafiro me miran sin entender a donde
voy con todo esto, por un segundo hacen que me olvide yo también.
–Mi primo Dante murió hace diez años en manos de un grupo terrorista y
antes de que pienses que soy un loco y que tienes que salir corriendo de aquí,
quiero que sepas que Dante apareció con vida hace unos meses. Nos hicieron
creer que había fallecido, pero en realidad fue vendido.
–Oh, por Dios…–Cubre la boca con la mano.
Me detengo en sus manos, son femeninas, dedos largos y uñas rojas que
lucen muy costosas.
–No te lo estoy diciendo para que “hablemos de nuestro día”, lo digo
porque yo había perdido la esperanza también y sin querer sonar como una
frase en el Facebook de una señora, la esperanza es lo último que se pierde.
Así que no te preocupes, ella va a aparecer como lo hizo Dante, estoy seguro.
–Tomo su mano y la aprieto solo un poco.
No sé qué es esto que estamos haciendo (porque los dos sabemos que la
excusa de conocerme para probar marihuana es una gran mentira) pero me
gusta. Tener su compañía de golpe me hace darme cuenta que por las noches
usualmente estoy muy solo.
Goldy devuelve el apretón y entrelaza sus dedos con los míos observando
nuestras manos juntas. Me gusta sentirla bajo mi agarre.
–Gracias. –dice con su mirada en donde se tocan nuestras manos. –A
veces renunciar suena muy tentador.
–Lo sé, pero tienes personas que no te dejan decaer ahora –No digo que
yo soy uno de ellos, aunque quiero. –. Ahora hagamos lo que todo el mundo
sabe hacer.
Ella levanta una ceja, sospechando de mi otra vez. Alzo la botella que
tenía escondida y se la muestro.
–Hablaba de tomar vino, que mente sucia tienes, Goldy.
Goldy está apoyada en el marco de mi cocina, con una botella de cerveza en
su mano y su sonrisa “sabelotodo” que tanto me enciende.
En pocos días, su presencia en mi casa después de las doce de la noche, se
volvió una rutina que me tiene completamente adicto.
Tengo un capricho por verla y nunca me pasó algo así, ni siquiera con el
alcohol.
Si Goldy fuera una mujer más en la lista, no estaría cortejándola tan
lentamente. Tocarla no está en mis planes por ahora, a menos que ella lo
suplique de rodillas y no creo que eso pase jamás.
Ayer pensé en ella por horas y creo entender por qué nunca me atrevo a
tocarla, es su perfección el problema, parece imposible de alcanzar y no estoy
listo para arruinar esta extraña relación que tenemos solo porque mi polla me
lo pide a gritos.
–No puedes entrar a mi casa y decirme que Harry Potter es mejor que El
señor de los Anillos, no te lo permito.
Ella suelta una sonrisa genuina y yo pretendo que no me afecta como lo
hace, trato de no prestarle atención como un baboso.
–Simone era la fanática del Señor de los Anillos, yo siempre fue más del
Team Harry, –su sonrisa empieza a evaporarse, por ende, la mía también–
ella piensa como tú, solía gritarme, “¡Margot! ¡Quita ese plagio de allí!”
cuando miraba la película en el cine de casa.
¿Margot?
–¿Margot es tu nombre? –demonios, hasta su nombre es sexy.
Suena en mi mente y hace eco como una infección desparramándose
dentro de mí.
Ella se enfoca en mi con completa seriedad.
–Margot Du Pont.
Intuyo que ese nombre se acaba de tatuar en mi puto corazón.
Me levanto de mi silla y camino hacia ella, estirando mi mano.
–Carter D’Amico. –sus ojos me observan con cierto brillo, estira su mano
y la estrecha.
–Un gusto.
–Oh, no, el gusto es todo mío. –digo seriamente, lo digo de verdad, sin
chiste, sin doble sentido.
Nuestras manos se aprietan y no se sueltan, hasta que una alarma en su
móvil interrumpe el único momento donde se me ocurrió que podía apoyar
mis labios sobre los de ella.
–Maldición –dice mientras suelta mi mano para tomar su móvil –. Tengo
que terminar de configurar esta aplicación que mi padre me pidió que instale.
Camina hasta la mesa de la cocina y se sienta allí, yo me siento a su lado.
–¿Qué es eso?
–Desde la desaparición de Simone, que mi padre esta doblemente
obsesionado con mi seguridad. Entendible, ¿no? –Asiento–, hace una semana,
programaron una aplicación donde si presiono un botón, graba lo que ocurre
a mi alrededor por algunos segundos y manda la locación.
–¿Y qué te falta configurar? –pregunto interesado, yo también quiero que
tenga toda la seguridad disponible, sería su guardaespaldas si ella me lo
permitiera.
–Contacto de urgencia –dice mirándome aburrida –, no puedo poner a mi
padre, él no sabe todo lo que hago, no sabe la mayoría de las cosas que hago
para el club, por eso tengo que buscar a alguien con quien pueda contar y no
puede ser ninguna de las chicas, porque generalmente paso mucho tiempo
con ellas y si algo me pasara, probablemente ellas estén conmigo, así que las
posibilidades se acortaron.
–Puedes usarme si quieres. –en más de una forma.
Prácticamente vomito las palabras sobre ella con rapidez.
Quiero que me trague la tierra.
–¿De verdad? ¿No te molesta?
–Por supuesto que no. –Escondo el calor de mis mejillas detrás de la falsa
acción de tomar una botella que ya no tiene líquido, gracias a Dios el vidrio
es marrón y ella no lo nota.
–Gracias, no sabes cuánto tiempo vengo procastinando esta
configuración. –Sonríe y se concentra en su teléfono.
¿Qué acabas de hacer Carter?
Asegurarme de que voy a estar en su futuro y que, si algún día nos
alejamos, voy tener la excusa perfecta para volverla a encontrar, ¡nada más!
*Sonrisa maligna*

Dante entrena con Bruno. Están en el jardín de su casa, con la vista más cara
de la ciudad, ejercitando como si fueran boxeadores. Los miro desde la
ventana de la cocina, donde Sarah prepara un licuado de diez frutas
diferentes.
Dato curioso: el sonido de la licuadora se asemeja a como se escuchan los
pensamientos dentro de mi cabeza (cuando pienso en Goldy).
–¡Hey! –grita Sarah y volteo rápidamente. –Te estoy hablando.
–Lo siento Blanca Nieves, ¿decías? –sonrío mientras apoyo los codos
sobre la isla y le doy mi completa atención.
La llamo así desde que la conocí, ella solía tener el cabello largo hasta el
trasero, pero un día se encerró en el baño de Bruno y lo cortó por sobre sus
hombros. Ese corte, sumado a lo pálida que es, solo me recordaban al
personaje.
–¿En qué pensabas?
En ella.
–Nada, tenía el cerebro apagado. –Sonrío otra vez.
Ella toma un vaso y comienza a servir.
–Pregunté si querías licuado…–Dos vasos están llenos hasta arriba.
Cuando Sarah te ofrece algo, la mayoría de las veces te está obligando a
consumirlo.
Tomo el alto vaso de color anaranjado, lo levanto y lo choco contra el de
ella. Los dos comenzamos a tomar el líquido como si fuera una competencia.
–¡Gané! –grito apoyándolo vacío sobre la isla, ella se toma unos segundos
más para terminar.
–Demonios…–murmura mientras se limpia la boca con una servilleta, yo
lo hago con mi sudadera.
En ese momento la puerta trasera se abre y los dos entran mientras se
secan la cara con un paño.
Dante me ve y me sonríe, camina hacia mí y golpea mi hombro una vez.
Le gusta hacer eso, golpearme el hombro o la espalda, presiento que es la
única manera de comunicar cariño por ahora.
–Primo, no sabía que hoy venias. –luce genuinamente contento por
verme, pocas personas en esta tierra me miran así cuando me ven.
La otra es Goldy.
–Vine a visitar tu cara fea. –respondo, deslizando mi brazo por sus
hombros y lo atraigo más cerca de mí.
Bruno camina hacia Sarah, deposita un beso en su cabello, envuelve sus
manos por su cintura y la atrae hacia él como si le perteneciera.
Bueno…si somos reales, un poco es así.
–Hey, tienen un cuarto para hacer esas cosas. –digo mientras suelto a
Dante y me siento otra vez.
–Sí, mi casa entera, así que, si no te gusta, ahí tienes la puerta. –indica
Bruno señalando la entrada.
Dante nos observa sin entender si estamos siendo reales o no, siempre
tengo que explicarle nuestros chistes.
Sarah se ríe de nosotros, mientras sirve su creación al resto.
–Estoy empezando a entender a tu madre cuando tenía que alimentar tres
bestias como ustedes. –dice con una sonrisa en sus comisuras.
Dante pregunta constantemente cosas sobre mis tíos (sus padres), dice
que sus recuerdos ya casi no están y que quiere revivirlos.
–Y ahora estamos viejos, tendrías que habernos visto cuando éramos
jóvenes y llenos de energía. –responde Bruno.
–Dijiste energía, pero sé que quisiste decir hormonas. –agrego por lo bajo
y todos ríen.
Pasamos una tarde en familia o lo más cercano a lo que podíamos llamar
familia. Todos tenemos el mismo rango de edad y gustos, por eso a veces las
conversaciones suelen ser largas entre nosotros, especialmente cuando
tenemos que traducirle a Dante algunas cosas.
Mi móvil suena y sé que es Rage porque su tono de llamada o mensaje de
texto es la marcha imperial de Star Worlds.
“dónde estás?”
Levanto la vista y miro a mi alrededor, quiero decir “con mi familia” pero
a veces es mejor no recordarle a Rage que Sarah es parte de mi vida.

“¿Me necesitas?”
“Dónde. Estas.”
“Pasando tiempo con Dante.”
“Que está pasando.”

¿Pasando? ¿Por qué tiene que pasar algo?


–¿Te llama papi? –pregunta Bruno con un tono burlón, Sarah le clava un
codo en sus costillas.
–Parece que sí. –respondo mientras contesto el mensaje.

“Voy en camino.”

Cuando Bruno se enteró que era parte de un club de moteros, casi me


mata, de hecho, me dejó bastante violeta después de una pelea, pero ahora
parece que tiene superado todo el enojo conmigo por ser parte del club, pero
a veces no puede evitar mostrarse irritado cuando la presencia de Rage invade
su casa.
Culpo a Sarah.
–Bueno, no lloren, pero este hombre se tiene que ir a cumplir su trabajo
de motero. –siempre voy a reírme de mi primero y luego de los demás. Bruno
sabe eso, por eso estamos constantemente molestándonos.
Durante mi viaje al club, entra un llamado que atiendo con el bluetooh, es
Viking hablando a los gritos mientras maneja su motocicleta.
–¡Hollywood! Incendio en la mansión, estamos en camino. –Pierdo el
equilibrio de mi Harley y casi me caigo al escuchar lo que dice.
No le respondo, solo acelero.
Acelero lo suficiente para encontrarlos por la avenida, volviendo loco al
tránsito y pasando entre vehículos a toda velocidad.
Rage va primero, nunca lo vi manejar tan rápido.
–¡Rage! –grito para que me vea, colocándome a su lado, hago una seña
diciendo que voy detrás de él y continuamos el camino.
Nunca vi tanto fuego en mi vida. Una bola gigante consume la mansión
por completo. Busco entre las mujeres que se abrazan entre ellas y la veo allí.
Corro hacia ella.
Corro hacia ella desesperado por saber cómo está.
Goldy está de rodillas en el suelo, mirando como su casa se incendia. Me
arrojo frente a ella, haciendo que mis vaqueros se deslicen por la tierra.
–¡¿Estas bien?! –pregunto tomando sus hombros, siento que está a mil
kilómetros de aquí.
–Carter…–susurra tan bajo que apenas puedo escucharla, su voz suena
aliviada.
Rage interrumpe nuestro momento preguntando por Gal y eso hace a
Goldy llorar más fuerte.
No puedo verla llorar, no lo soporto y no poder hacer nada para calmarla
me hace sentir frustrado.
–Fue a buscar a las niñas que estaban en el último piso, pero ya pasó
mucho tiempo, ¡no sé qué está pasando que tarda tanto! –Rage sale corriendo
hacia la mansión, mientras yo sostengo a Goldy intentando levantarla del
suelo.
–Tranquila, seguro está bien, tranquila Goldy. –susurro mientras acaricio
su espalda, entierra su rostro en mi pecho y llora sin consuelo.
Gritos de mis amigos se escuchan y la llevo de la mano hasta allí,
encontramos una escena donde una niña se tira desde lo alto de la casa.
Goldy cubre su rostro con sus manos cuando cae, está en estado de shock
y no puede moverse de mi lado.
–¡Mira! ¡Es Gal! –le digo sosteniéndola cerca mío.
No pienso soltarla.
BigK, cae del primer piso y Rage la atrapa en el aire, es un momento tan
tenso que hasta yo estoy temblando.
–Hey –la llamo colocando mis dos manos en sus mejillas, intento limpiar
el hollín con sus lágrimas–, Goldy, dime que hacer, yo me encargo de todo.
Ella mira el caos a su alrededor, las ambulancias se van retirando con las
damnificadas, el fuego sigue vivo y los bomberos intentan controlarlo.
–Quédate conmigo. –dice, sus labios titilan como una niña cuando llora.
–No me pienso mover de aquí. –Deslizo una mano por su cuello y la
atraigo hacia mí, depositando un beso en su frente.
Los dos disfrutamos de ese micro momento, y sí, quiero besarla para
decirle que estoy aquí, que voy a estar con ella, quiero besarla para que me
sienta y sepa lo que me hace sentir.
Lo que acaba de despertar en mí.
CAPÍTULO SIETE
Goldy

Carter está sentado en la entrada del club esperando por más indicaciones.
Me siento a su lado y apoyo la cabeza sobre su hombro, él apoya su cabeza
sobre la mía.
Durante la noche, Carter hizo mil viajes a su casa, donándole su cama a
las niñas que no entraban aquí. No sé quién es él, no conozco su pasado, ni su
familia, ni cuánto dinero tiene, pero sin tener toda esa información en mi
poder, sé con certeza que es mejor hombre de todos aquellos con lo que debo
relacionarme por mi familia, aquellos que se creen mejores solo por tener
dinero o el mejor auto.
Aquí está la diferencia, es tan claro como el agua.
–Gracias. –suspiro con mis ojos cerrados. Puedo sentir su barba de tres
días sobre mi cabello.
–De nada –susurra, esta tan cansado como yo. –. ¿Quieres que me quede
aquí o que vuelva a mi casa con las niñas?
Levanto la cabeza y lo miro, sus pestañas son gruesas y espesas, en el iris
izquierdo tiene un punto negro que sobresale en el mar verde.
Me pregunto si es una herida de alguna pelea.
–Ve, intenta dormir, tráelas mañana que voy a empezar a localizar a sus
familias.
–¿Quieres venir conmigo?
Sí, quiero responder, sus ojos me lo imploran también, pero no puedo
irme, la mayoría está aquí, Big está en la casa de alguien que Rage no me
quiere decir quién es y mis hermanas están esperando que tome el liderazgo
para indicar cómo seguir desde aquí.
–Si…pero–
–Lo sé, lo sé, intenta dormir. –dice besando mi frente otra vez.
Uno de los besos más íntimos que tuve en mi vida.

Durante la última semana, Carter me ayudó a localizar a las niñas que


faltaban. Sostuvo mi mano cuando las dejé en brazos de sus padres, me
abrazó cuando lloré por ver como mi hogar era destruido y me acompañó en
todo momento. Ah y no puedo olvidarme como organizó todo el club para
que todas tengan donde dormir.
En poco tiempo, nuestra extraña relación ha evolucionado tanto, que
llamarlo “amigo” parece no hacerle justicia.
Hoy es el cumpleaños de una de las niñas, hacemos todo lo posible para
festejar dentro de este caos y él se esmera más que nadie. Lo veo interactuar
con las pequeñas, haciéndolas reír y tratándolas como a un igual, lo escucho
reírse y desplegar esa sonrisa tan grande que tiene.
Cuando se ríe de verdad, unos hoyuelos adorables se le marcan en los
cachetes.
Cuando al fin viene a la mesa, hablamos con el resto del club y nos
mostramos amistosos como lo hacemos cuando estamos solos. A Carter no le
da vergüenza mostrar quien es, ni reír demasiado fuerte, tampoco le importa
que otros se burlen de él, él es feliz con quienes lo rodean.
Cuando termina la fiesta, nos quedamos a solas en la cocina. Él está
apoyado sobre el fregadero con sus brazos cruzados sobre el pecho,
escuchándome hablar sin sentido sobre mi familia y Simone.
Porque eso es el único tema que puedo hablar y él nunca se queja de eso.
–Perdón, sigo hablando y ya es de madrugada. –digo apoyándome a su
lado, como es de costumbre entre los dos, estira su brazo y rodea mis
hombros. El contacto físico ya no es inesperado entre nosotros, es normal y
necesario.
Muy necesario.
–Sigue hablando…–murmura.
–¿Por qué?
–Me gusta el sonido de tu voz. –dice, sé que el alcohol está en su sistema,
todos tomamos de más hoy.
–Me gusta el calor de tu cuerpo. –susurro acercándome más a él.
Carter mira hacia abajo y espera que yo levante la mirada, pero no lo
hago, no sé por qué, mis ojos están pegados el suelo.
–No te voy a besar –dice otra vez, entonces levanto la mirada
encontrándome con él –, pero un día va a pasar, Margot.
CAPÍTULO OCHO
Carter

–Oye, Carter…–escucho la voz de Goldy susurrarme dentro del móvil.


–Te escucho…
–Tengo que usarte para algo más, espero que no te moleste.
–Puedes usarme todo lo que quieras. –Sonrío, imaginándola con sus
mejillas coloradas.
Solo por teléfono puedo hacer estos comentarios. ¿Por qué? Porque no
tengo las agallas de hacerlo frente a ella.
–Hey, ¡voy enserio! –está de un humor particular, seria.
Un desafío.
–Yo también, dime para qué me necesitas.
–Quiero darte acceso a las armas que conseguí.
Me siento en la cama en un microsegundo.
–¿Qué?! No, ni lo sueñes.
–Por favor. –dice usando el timbre dulce que usa cuando quiere conseguir
algo, Goldy sabe que tanto me puede.
–No, ni loco, dáselas a Rage, él es el especialista.
Sabemos la locación de la organización que está raptando niñas, es solo
cuestión de ir a atacar, por eso Goldy contrabandeó armas de su empresa para
darnos la seguridad de que vamos a ganar.
–No puedo dárselas a él.
–¿Por qué no?
–Primero, porque mi contacto aún está intentando sacarlas de la fábrica,
segundo, porque si algo le pasa a Big, no estoy segura de que las use con
responsabilidad y racionalidad, necesito a alguien que piense en frio, por si
algo me ocurre y no pueda dar acceso en el momento que tengamos que
usarla.
–¿Que te hace pensar que voy a ser racional si algo te ocurre?
–Demonios, ¿no es obvio? Sería el primero en partir el planeta en dos.
Esto es una maldita declaración de amor, si ella no lo nota, es que es una
necia.
Goldy suspira pesadamente.
–Tienes que prometerme, me costaron mucho esas armas, tuve que
sobornar a medio plantel, eres el único en el que puedo confiar.
–¿Qué pasa con Big? ¿No puedes confiar en ella?
–Lo más probable es que si a mí me pase algo, a ella también. Carter, por
favor, te prometo que no vuelvo a molestarte.
Me mantengo en silencio y miro al techo, maldiciéndome por ser tan
blando cuando se trata de ella.
–¿Lo prometes? –digo con una sonrisa –¿Prometes que no vas a volver a
molestarme?
Ella ríe.
–Lo juro.
–Bien, entonces soy todo oídos.
–Bueno, voy a enviarte el contacto de un conocido, tu solo tienes que
enviarle un mensaje, yo le avisaré que eres mi contacto y él sabrá que hacer,
¿está bien?
–¿Solo un conocido? –pregunto.
–¡Si!
–¿Eso es todo?
–Sip, solo eso, no debes preocuparte por nada.
–No estaba preocupado.
–Pfff claro que sí, Hollywood. –ríe y solo por hacerla reír ya me siento
flotando en el techo.

Dante se despide de mi desde la puerta de su casa, con una mano arriba y una
sonrisa forzada.
Maldición, a veces esto es más duro para mí que para él, creo.
Cuando dejo de ver al primo que volvió de los muertos, enciendo mi
motocicleta en el mismo momento mi móvil vibra, miro rápidamente la
pantalla, solo para verificar que nada urgente esté ocurriendo en estos
tiempos locos.
El nombre Goldy brilla en mi pantalla.
Estoy por guardarlo otra vez, pero…maldición, no puedo ignorarla, no a
ella, no a sus ojos, ni a su sonrisa, ni sus tetas.
Carter quien te ha visto y quién te ve.
Mierda.mierda.mierda.
Con el corazón palpitando en mis oídos, oprimo las malditas letras azules,
mis manos se sienten extrañas y no puedo sostener el móvil casi.
Una voz masculina aparece en mi oído, se escucha muy bajo y tengo que
subir el volumen para escucharlo y entender lo que dice.
“Chiquilla, con eso que tienes entre las manos no puedes ni darme un
arañazo, si comparamos como le voy a volar los sesos a tú amiga, tú baja el
arma. Bien. Y tú rubia, entrégame la tuya, enciende el coche, nos vamos de
paseo.” Fin del mensaje.
El estómago se cae a mis pies.
–¡Me cago en la puta mierda! –grito.
Acelero la motocicleta para ir a toda velocidad al club.
¿Por qué tenía que ir? ¿Por qué no me llamó? ¡Por qué es tan
malditamente testaruda! ¡Maldición!
El club parece una meta inalcanzable y mi velocidad es ilegal.
Concéntrate en el camino, ya casi estas allí.
Llego al club, dejo la motocicleta arrojada por ahí y entro corriendo.
–¡Rage! ¡Rage! ¡¿Dónde está Rage?! –grito al prospecto.
–Están en la iglesia, hace como dos horas que están allí. –responde
aburrido.
Corro hasta allí y abro la puerta como un demente.
Todos detienen lo que están haciendo y me observan.
–Goldy…–digo sin aire en mis pulmones y Rage se levanta de su asiento
inmediatamente, los demás lo siguen.
–¿Qué ocurre? –Escucho su pregunta a los lejos, ya que me dispongo a
correr hacia el resto de las Amazons o al menos donde pienso que puedan
estar.
Y allí están, todas en la mesa, ayudando a las niñas con cosas del colegio.
–¡¿Dónde está Goldy?! –El grito suena iracundo.
Todas se ponen en alerta.
–¿Que mierda quieres decir con dónde está? Debería estar aquí, ¿qué está
pasando? –pregunta Tequila sobresaltada.
Rage y el resto entra al salón, los ojos de mi amigo recorren el cuarto,
moviéndolos frenéticamente, buscando dónde está BigK.
Demonios.
–Me llegó un mensaje de urgencia, con un audio, toma. –le doy a Rage el
teléfono él se lo coloca en su oído y vuelve a escucharlo.
Saca la misma conclusión que saqué yo, Goldy no es la única allí.
–¿Dónde está Big? –grita Rage con urgencia, todos nos miramos, nadie se
atreve a responder. –¡¿Dónde mierda está?! –ruge endemoniado.
–Demonios –dice Tequila caminando por el lugar –, ahora que me doy
cuanta, hace como una hora y media que no las veo.
–No puede ser…–murmura Rage, perdiendo el control segundo a
segundo, sus manos frotan sus ojos. –Le pedí explícitamente que no salga,
¿qué demonios hace afuera? –dice en voz alta, pero sé que está hablando
consigo mismo.
–Rage, –lo llamo– tenemos que ir, tenemos que ir a buscarlas, sabemos
dónde están. –no me responde. –¡Rage!
–Te estoy escuchando ¡maldición! ¡Espera un segundo! –grita su
respuesta mientras camina sin sentido dentro del salón.
Tengo miedo que pierda la cabeza.
–No estamos listos, no tenemos las armas. –agrega Slider.
Allí es cuando decido poner a todos a tono con la situación entre Goldy y
yo, no es momento de ocultar información.
–Tengo acceso a las armas, Goldy me lo dio en caso de que esto suceda. –
digo mirando solo a Rage, él levanta la mirada y detiene su caminar.
–¿¡Y qué mierda estás esperando para concedernos las armas,
Hollywood!?
Me pongo en acción, sin hacer una sola pregunta más, siguiendo las
indicaciones precisas que Goldy me había dado aquel día.
CAPÍTULO NUEVE
Carter

Algunos días después.

El día que raptaron a Goldy y a Bigk creí volverme loco y eso que ya había
una base de locura en mi sistema. Pero con las armas que Goldy nos
consiguió, logramos derrotar a los chicos malos (chicos malos según ellos) y
pudimos rescatar a las dos.
Lo primero que recuerdo de ese día fue ver a Goldy desnuda y vulnerable
en el suelo, mi cuerpo se contrajo. Rage pudo sentirlo también, como si una
onda expansiva arrasara sobre la habitación, sus ojos me advirtieron que no
haga nada estúpido.
Pero que difícil era no hacer algo estúpido cuando se la veía tan frágil.
Lo segundo que recuerdo fue ver a Goldy con ojos llenos de lágrimas y la
carpeta con el nombre de su hermana en la mano.
Cuando despierto después de la ira, la furia y la sangre, estoy en el
hospital, discutiendo con ella.
–Tienes que hacerte ver…–gruño.
Tengo que hacer fuerza para no arrastrarla hasta la sala de urgencias.
–¡Que estoy bien dije! Mírame, no tengo nada. –señala sus ropas como si
me confirmaran que el daño no existiese.
Quizás no el físico, ¿pero el psicológico? Ella estaba desnuda cuando
llegamos, necesito saber que mierda ocurrió.
Rage llega al hospital en el momento justo donde estábamos por
comenzar una pelea nuclear.
–¿Noticias? –pregunta.
–Están revisándole las heridas, me pidieron que me vaya –responde
Goldy. –. Hay que esperar.
Rage se coloca frente a mí, apoyándose contra la pared. Me mira unos
segundos con su ceja arqueada.
¿Qué espera que le diga?
–¿Tu cómo te encuentras? –pregunta a Goldy.
–Bien, solo algunos rasguños, nada serio. –Se atreve a responder.
Chisto por lo bajo como un viejo cascarrabias, estoy peleando cuerpo a
cuerpo con mis pensamientos.
Los dos me miran, Rage sin entenderme y Goldy exasperada.
–No se quiere hacer ver por un médico –le grito a Rage–, así que eso de
que “no tiene nada”, es relativo, ningún ojo profesional la inspeccionó
todavía.
Goldy rueda sus ojos, exasperada.
¡Ahh! ¡Pero qué mujer más terca!
–Una de nosotras terminó con una bala en el pecho y la otra con heridas
de tercer grado, ¡¿realmente quieres que vaya al médico?! –sisea.
–¡Sí! ¡No es tan difícil de entender!
De golpe, Rage comienza reír por lo bajo.
–¿Qué es tan gracioso? –gritamos los dos al mismo tiempo.
–Follen de una maldita vez, ¡por el amor de Dios! –dice cuando la puerta
se abre.
Los dos nos miramos por un segundo, pero Goldy baja la mirada, puedo
ver sus mejillas prendidas fuego.
–Ya pueden pasar…–dicen las enfermeras, interrumpiendo el único
momento de vulnerabilidad que tuvimos desde que salimos de esa mansión
embrujada.
Las dos amigas se ponen al día. BigK está tan lastimada que no puedo
sostener la mirada por mucho tiempo, no quiero ni pensar lo que Rage debe
estar sintiendo en estos momentos.
Cuando el silencio engolfa la habitación, carraspeo, dándole la señal
necesaria a Goldy para que nos vayamos, estos dos necesitan estar solos.
–Vamos a dejarlos un rato a solas Goldy, en el mientras vamos a la
guardia para que te inspeccionen.
Goldy rueda sus ojos otra vez y lo único que provoca es que, la idea de
follarla hasta hacerla entrar en razón, sea más tentadora. Pero esta vez
asiente, se despide de su amiga y sale de la habitación. Yo los saludo a los
dos, Rage me agradece sin decir palabras y corro detrás de ella.
Déjame repetir eso por si no escuchaste bien: corro detrás de ella.
–Goldy…espera. –Obviamente no se detiene, tengo que llegar a ella. –
¿Por qué eres tan terca?! –grito exasperado.
Ella se detiene y me observa con ojos furiosos.
–¿Por qué te comportas como si fuese yo la que está en esa cama?! –grita
en mi cara, señalando la habitación de BigK.
–¿De verdad me estas preguntando por qué?
¿Es ciega esta mujer? Ciega y muda, porque no vuelve a hablar luego de
esa pregunta.
Continúo:
–Porque yo sí puedo decirlo en voz alta, la pregunta en realidad aquí es,
¿estás lista tú para escucharla?
–Carter…–Advierte, sus ojos no me miran, miran al suelo.
No quiere escucharme.
No quiere saberlo.
–Ya entendí, Margot –digo dando pasos para atrás, lejos de ella–, nos
vemos por ahí…
Lejos del dolor que sus ojos celestes me trasmiten.
–¡Carter! –grita.
Camino lejos de ella y ella no corre detrás de mí.

Rage acaba de decirme la peor noticia que podía darme: abandona el club y
se va de esta ciudad.
Esta última semana no se puede poner mejor.
Estoy siendo sarcástico, por si lo no notaste.
El grandote con cara de malo me mira con sentimientos encontrados, por
un lado, siente pena por mí, por el otro, quiere no sentir eso, por ende, se
enoja consigo mismo.
Nadie puede negar que en poco tiempo nuestra amistad fue más fuerte
que la muralla china. Comenzamos como enemigos, luego poco a poco nos
fuimos entendiendo y soportando, finalmente vino la propuesta de ser
miembro de su club de moteros, (lo cual me hizo reír mucho cuando lo
propuso, pero luego de pensarlo bien, acepté). Yo estoy en este club por él,
por nadie más y si él se va, entonces no tengo nada que hacer aquí.
Luego de escucharlo decir las palabras que darían por finalizada nuestra
amistad, terminamos los dos en el suelo con nuestros puños en el rostro del
otro.
Bruno tiene a Sarah.
Dante tiene a Amira (creo)
Goldy no me quiere a su lado.
Rage se va.
Me escucho rogándole a Rage que no se vaya, ¡yo! Rogándole a un
hombre por la amistad que teníamos.
–Carter, no soy feliz aquí. –dice.
–¡Podrías hacerlo aquí! ¡No tienes por qué irte! –digo, cuando en realidad
lo que quiero decir es: ¿Piensas que no lo sé? ¡Yo te vi llorar por Sarah,
maldito idiota!
Creí que lo estaba ayudando, yo sabía que esto iba a pasar, pero no tan
malditamente rápido.
¡Carajo!
–Si me quedo aquí, no voy a irme nunca más.
–Pero, ¡eres el único puto amigo que tengo, maldición, Bruno siguió,
Dante siguió ¡y ahora tu! –Esta es la primera vez que lloro desde el día que
descubrí que Dante estaba muerto.
Porque esto se siente como una muerte también.
La muerte de una amistad.
–Nadie te deja atrás…–dice, y por primera vez desde que lo conozco,
siento que Rage está sin su armadura puesta.
Está vulnerable y receptivo.
Miro hacia la izquierda, aún tirado en el suelo y puedo ver a Goldy
mirarme con lastima.
Genial, malditamente genial.
–Nadie se olvida de ti, yo no me voy a olvidar. –Agrega mientras estira la
mano para que la tome. Me levanto del suelo y sacudo mis ropas para quitar
el polvo.
–Dices eso ahora, pero los dos sabemos que no vamos a volver a cruzar
caminos. –gruño por lo bajo.
–Puedes venir conmigo, pero sé que esa no es la vida que quieres para ti.
–¡Por supuesto que no! ¡No soy un maldito ermitaño! –quiero lastimarlo
con mis palabras, pero no puedo, no puedo hacerle eso.
Hoy es el último día, Carter.
Después de esta pelea no voy a volver a verlo.
Maldición.
Camino hacia mi amigo y lo abrazo, Rage devuelve el abrazo fuerte,
golpeando mi espalda repetidas veces. Porque así de idiotas somos los
hombres, nos expresamos con golpes e insultos.
–Se feliz. –digo mirando al suelo, no quiero que nadie vea mis lágrimas.
Me subo a mi motocicleta y me preparo para irme de esta vida.
–Avísame cuándo estés instalado.
Enciendo el motor, le doy una mirada rápida a Rage y luego a Goldy, que
esta varios metros atrás sin perderme de vista.
Adiós club.
Adiós Rage.
CAPÍTULO DIEZ
Carter

Estúpido e inservible Netflix.


¡Nada hacen bien! ¡Nada! Todo es pura basura o películas para
adolescentes cachondos.
¡Pura mierda!
Mi pie patea una botella de vidrio que de alguna manera terminó en el
suelo.
¿Cómo terminó en el suelo?
¿Cómo llegué aquí? Si aún tengo el control remoto en mi mano.
Me agacho a ver la botella.
Vodka.
¿Vodka? Me pregunto mirando la botella como si fuera un prisma
¿Cuándo demonios tomé Vodka?
Abro la boca y dejo la última gota caer sobre mi lengua.
Ah, si ya lo recuerdo.
Arrojo la botella por encima de mi hombro, creo que golpea contra algo
duro.
–¡Carajo! –Escucho su voz.
Cuando volteo, encuentro a Goldy en mi casa, masajeando su cabeza.
–¿Te di? –pregunto desde mi lugar, bajo el marco de la puerta.
–¡Si! ¡¿Que mierda te pasa?! –grita.
Camino hacia ella, pisando elementos punzantes bajo mis pies descalzos
y acaricio su cabeza.
–Sana, sana, colita de rana, si no sana hoy, sanara mañana. –ella quita mi
mano violentamente, no le gusta mi cantito.
Subo mis hombros, importándome poco y retomo mi camino a la cocina,
ella viene detrás de mí, puedo escucharla murmurar por lo bajo algo sobre la
suciedad de este lugar.
–Mañana ya no voy a estar. –dice fríamente.
Eso hace detenerme en seco, pero no volteo.
–¿Qué mierda quieres decir? –gruño, estoy harto de esta frustración, harto
de pretender que ella no me afecta. No contesta, por eso volteo lentamente
para enfrentarla– Goldy…–Mi tono es amenazante, le estoy dando segundos
de tregua antes de explotar.
Este día no puede ponerse peor, ¿no?
–Mañana salgo para Italia, voy a buscar a mi hermana. –El corazón se me
cae hasta el culo, pero mi rostro se mantiene duro.
–¿Hablaste con la policía?
–No.
–¿Llevas seguridad, entonces?
–No.
–¿Contrataste al maldito Iron-man?
–No.
–Entonces ¿QUÉ MIERDA ESTAS DICIÉNDOME? ¿Qué vas a ir sola a
buscar a tu hermana a la casa del hombre que la COMPRÓ como una esclava
sexual? ¿Eso estas diciéndome, Goldy? –pronuncio su apodo como una burla.
–Puede ser…
¿¡Qué demonios!?
Refriego mi rostro, intentando ahuyentar el alcohol que nubla mis
sentidos, necesito estar sobrio para tener esta conversación.
Ella no puede irse sola.
No puede irse.
No.
–¡¿Tienes mierda en la cabeza en vez de cerebro?! –rujo.
Estoy perdiendo el maldito control, demasiado rápido.
–¡Hey! –responde con el mismo tono. –Tengo que ir, no puedo confiar en
nadie, las autoridades de allí son comprables, si ese hombre es tan poderoso
como dicen entonces tengo que tener cuidado.
Camino sin sentido por la casa. Estoy en mis calzoncillos y con mi torso
desnudo, sintiendo como la bata abierta que tengo puesta, toca la parte de
atrás de mis rodillas, pero Goldy ya me vio así reiteradas veces, ¿por qué?
Porque a ella le gusta aparecer de sorpresa y volverme malditamente loco.
–No. –Sale de mí, sin agregar más nada.
¿Primero Rage y ahora ella? No, no lo voy a permitir.
–¿No? –pregunta confundida. –No vine a pedirte permiso, vine a
notificarte.
Me detengo frente a ella, con mis manos en la cadera.
–No, no vas a ir.
–Carter…–ruega con ojos cansados de este zapateo que tenemos los dos,
maldición quiero callarla con mi lengua metida en su boca.
–No, Margot –respondo usando su nombre también –, es suicidio, no. –
repito “no” como como un disco rayado.
No te vayas.
No quiero perderte de vista.
No quiero perderte.
–Lo siento, pero no hay otra alternativa.
–Entonces ¿te vas, así como así? ¿Dejando…dejando todo atrás?
–dejándome a mí como si fuera una prenda gastada y agujereada.
–Por el momento sí, una vez que la tenga conmigo, voy a volver.
–¿Y cuándo es eso? ¿Dos años? ¿Tres? Si es que vuelves…
–Esperemos que no, Carter.
¿Esto es lo que sintió Sarah cuando Bruno se fue sin mirar atrás?
Refriego mi pecho con la mano, me duele intensamente ¿o es un taladro
perforándome el estómago?
No puedo respirar.
Maldicion.Maldición.Maldición.
–No, no vas a ir sola. –Camino hasta el bar de la cocina y abro una nueva
botella de Vodka. Coloco el pico directamente sobre mi boca y comienzo a
tragar como si fuera agua, cuando mi estómago se siente lleno, me detengo y
limpio mi boca con el reverso de mi mano. –Voy contigo.
–¿Qué? ¡No! –De alguna manera llega a mi lado y baja la botella –¡Para
ya de tomar, adolescente resentido!
–¡Déjame en paz! Dime qué aeropuerto.
–No. –Se cruza de brazos.
Me desafía, Dios, me desafía siempre y eso me pone tan duro que tengo
que pensar en mi abuela muerta para que se calme las palpitaciones de mi
polla.
Avanzo por el breve espacio que nos separa, colocándome frente su nariz,
invadiendo su espacio personal y tomando control de algo, por primera vez
en mi puta vida.
–Donde. –gruño sobre sus labios, nunca estuvimos tan cerca.
–No. –responde firme, la empujo bruscamente hasta que su espalda
golpea con la heladera.
–Carter…–musita.
–Donde, Goldy. –Su respiración es agitada, está más nerviosa ahora que
cuando la encontré desnuda el día del rescate.
–Te lo diré, a cambio de algo que necesito saber.
–¿Qué quieres saber? –Observo sus labios fijamente, empujo mis caderas
sobre ella, presionando mi erección en su estómago, haciéndole saber que
estoy al borde y no que debe desafiarme.
–¿Dónde fue Rage?
–No puedo decirlo.
–Dime donde fue y espero por ti en el aeropuerto, tienes mi palabra.
¿Es un truco esto? ¿Va a hacer que traicione a Rage solo porque temo por
su vida?
Estudio su rostro, buscando algo que me diga que no confíe en esta mujer,
pero no hay nada a la vista.
–¿Para qué quieres saberlo?
–Me escuchó decir algunas cosas que mal interpretó, necesito remediar la
situación cuanto antes.
–No sabía que eras así de manipuladora. –Rozo sus labios con los míos,
tan cerca, tan cerca de tenerla. –Sabias que iba a querer ir, por eso estas aquí,
usándome para obtener esa información.
–Todos somos manipuladores cuando lo necesitamos, ahora dime dónde
está. –No lo niega, eso me hace sentir un idiota.
Por eso doy un paso hacia atrás, aunque mi cuerpo no quiera. Si sigo
respirando el mismo oxigeno que ella voy a terminar follandola sobre los
platos sucios.
–Hawai.
CAPÍTULO ONCE
Goldy

Miro por la ventana con ojos ansiosos, mi pierna se mueve frenéticamente y


mis dedos se aprietan entre ellos.
Él dijo que iba a venir.
Dijo que iba a hacerlo.
Lo prometió.
Carter no llega y comienzo a poner en duda si sus palabras fueron
honestas anoche.
Anoche.
Anoche, me arrojó una botella (sin querer), me insultó, me acusó de
manipuladora e incendió mi cuerpo como pólvora cuando rozó sus labios
sobre los míos.
Maldición Margot, caíste en la trampa más vieja de la humanidad.
Un hombre como Carter solo trae problemas, pero mi cuerpo no escuchó
mis advertencias, se perdió con él.
En tan solo unos meses, construimos una amistad sólida, luego comenzó
la confusión y hoy sé que lo amo, sé que no puedo quitarlo de mi mente por
más que tome botellas enteras de vodka.
Tenía razón anoche cuando me dijo que era manipuladora, sabía que
Carter estaba pasando un mal momento luego de la pelea con Rage, por eso
usé su debilidad para conseguir la información que quería. Mi padre me
enseñó a manipular gente al mismo tiempo que me enseñó a usar los
utensilios para comer, por eso soy tan buena en lo que hago.
Pero ahora, que no aparece, comienzo a plantear mis habilidades
seriamente o quizás lo que deba plantearme es algo enteramente diferente.
Quizás él no siente lo que creí que sentía, quizás Carter se dio cuenta que no
valgo lo suficiente como para poner su vida en juego.
Y no puedo culparlo, esto es arriesgado y sé que tiene familia aquí.
Quince minutos más tarde, el piloto sale de su cabina para darme una
mirada inquisitiva. Quiere partir y sabe que Carter no va a venir.
—Señorita Du Pont, no puedo retrasarlo más. —dice con miedo en su
voz. Está acostumbrado a las reacciones desmedidas de mi padre seguro.
—Está bien, toma control de esta nave, Brian. —respondo sonriendo con
mis labios apretados.
Nunca muestres ninguna emoción, siempre sonríe y asiente, sonríe y
asiente.
El piloto confirma una vez y vuelve a su espacio lleno de botones y luces
parpadeantes.
Buscar a Simone es mi prioridad, mi hermanita que fue arrebatada de la
familia por hijos de puta que no conocen un solo sentimiento de nada.
No conocen la empatía.
El amor por la familia.
Son hombres codiciosos que solo quieren dinero y más dinero y si pueden
tener una esclava que les chupe la polla, mejor.
Pero no con Simone, lamentablemente cometieron el error de tomarla,
que pena por ellos, no sabían que la dulce, tímida Simone tiene una hermana
que esta trastornada y va a viajar hasta el tártaro para encontrarla y ¿por qué
no? Arrancar cabezas en el camino.
Escucho como las turbinas comienzan a acelerar y la azafata intenta a
cerrar la puerta para partir.
Mierda, pensé que iba a venir.
Miro por la ventana una vez más.
—¡Espera! —grito con una desesperación embarazosa. —¡Espera! ¡Ahí
viene!
Carter camina por la pista, dando pasos rápidos. Lleva puesto unos
vaqueros negros con una campera de cuero y unos anteojos tintados. Un
bolso negro y pesado cuelga sobre su hombro derecho.
Sube por las escaleras rápidamente y cuando entra me busca entre los
asientos. Su cabello esta enredado y todavía puedo ver las arrugas de la
almohada en su cara. La resaca de la noche anterior se puede ver, no me
llama la atención, nunca vi a un hombre bajar una botella de Vodka tan
rápido.
Mira a la azafata y la saluda solo moviendo la cabeza, ella me observa a
mí, esperando confirmación de mi parte. Le hago señas para que continúe con
su tarea. En cuanto lo hace, escucho la voz del piloto pidiendo que nos
pongamos los cinturones.
—Quita esa cara de alivio, dije que iba a venir. —gruñe mientras se sienta
delante de mí.
Deja caer su pesado cuerpo sobre el asiento y estira sus piernas,
obligándome a mover las mías para entrar.
—Arrepentirse está permitido, al menos lo hubiese entendido. —
respondo sin pedirlo de vista, no puedo creer que este aquí.
Sus anteojos negros siguen puestos, prohibiéndome sus ojos verdes.
—¡Shh! No grites, que se me parte la cabeza —se acomoda en el asiento,
tomando una almohada y colocándola entre su cabeza y la ventana. —, ahora,
déjame dormir, necesito procesar el alcohol todavía.
Su tono de voz es rígido y distante, pero lo conozco lo suficiente para
observar las comisuras de sus labios y encontrar una sonrisa oculta allí.
El avión avanza por la pista y a los pocos segundos empieza a elevarse,
miro hacia afuera, dejando la ciudad atrás.
Espero que cuando vuelva, sea con ella, no, sé que va a ser así.
¿Y si no la encuentro? Nauseas aparecen en mi estómago y cierro la
puerta de ese pensamiento antes de que tome control.
Carter gruñe algo por lo bajo, golpeando su almohada con el puño para
acomodarla más a su gusto.
—Puedes inclinar el asiento hacia atrás si te sientes incómodo. —susurro.
—¿Y cómo te mantengo en la mira si estoy acostado?
Tengo que morder mis labios para no sonreír.
CAPÍTULO DOCE
Carter

Goldy se quedó dormida eventualmente.


Parece que encaja a la perfección con este avión y los lujos que vomita
por todos lados.
Solía odiar a los niños de mi colegio que ostentaban el dinero de sus
padres, más de una vez dejé mi puño enterrado en el rostro de alguno, pero
Goldy…
Ella es diferente.
Es más, a veces siento que detesta su dinero y de dónde viene. Pero
siempre lo usa para una buena causa. Colabora con la sociedad y estoy seguro
que puedo decir que es una de las pocas personas que conozco, que no
retienen su dinero como una ardilla con una bellota. Y creo que es una de las
cosas que más me gusta de ella, no me siento menos cuando estoy alrededor,
cosa que si hacían mis compañeros del colegio.
Goldy tiene los pies en la tierra y si, digo eso mientras viajamos en un
avión privado a Italia.
Abre los ojos de a poco y se focaliza en mí. Una sonrisa se asoma en sus
labios.
–Buen día, princesa. –digo mirándola seductoramente.
Eso la despierta de golpe.
–¡¿Princesa?! ¿Qué demonios te pasa? –Me rio, sabiendo que esa palabra
le iba a molestar.
–No entiendo, ¿qué te ocurre?
–Sabes que no me gusta que me digan princesa, odio que me llamen así. –
dice dándome una patada en mi pierna, (una patada leve y juguetona, debo
aclarar).
–Estamos en un jet privado viajando a Italia, si eso no es ser princesa,
entonces no sé qué es. –rio, pretendiendo masajear donde me golpeó.
Ella rueda los ojos exageradamente, primero mira por la ventana y luego
busca a la azafata. Con solo levantar la mano, la mujer aparece a nuestro
lado.
–¿Deseas desayunar, Margot? –pregunta amablemente.
–Si, por favor –Me mira y me señala–, ¿Estás listo para desayunar?
Si, a ti.
Asiento una vez.
–Muy bien, vuelvo enseguida. –dice la azafata retirándose rápidamente.
Vuelve a mirar por la ventanilla hasta que nota mis ojos fijos en ella.
–¿Qué? –pregunta esperando que vuelva a molestarla con mis típicos
chistes de adolescente enamorado, que no sabe cómo actuar frente a la chica
que ama.
Estoy hablando de mí, por si no se entendió.
–¿Tienes algún plan? –pregunto, en vez de seguir mis instintos.
–Hay un detective trabajando para mí en Roma. Tiene algunos nombres
asociados a la trata de personas, vamos a comenzar por allí.
–¿Es de confianza?
–Sí, fue recomendado por alguien.
Mi ceja derecha se eleva poniendo en duda sus fuentes.
–Tranquilo, es un buen detective. –dice mirando hacia la ventana.
–Ni tú crees eso.
Eso la hace mirarme otra vez.
–Después de tantos años, ya no le creo a nadie, Carter.
–Bueno, antes no me tenías a mí. –Sonrío de oreja a oreja.
Abre la boca para contestarme, cuando la azafata viene con dos bandejas.
Desayuno continental.
Genial.
–Gracias. –señala Goldy mirándola con una sonrisa.
Otra cosa que amo de ella, trata bien a sus empleados y lo digo porque
trabajé con personas de su mismo rango económico y nunca tratan bien a
nadie, siempre el factor de superioridad está a flote.
Los dos comemos el desayuno en silencio, pero nuestras miradas se
cruzan cada dos por tres.
–Si tienes algo para decir, dilo. –digo mientras como un pedazo de melón
con jamón.
–Comes como un hombre que pasó hambre. –dice en un tono serio.
–Viví en la calle por un tiempo.
Ella frunce su rostro, confundida.
–¿Y tu familia?
–¿Te refieres a Bruno? –digo evitando el tema de mis padres. Ella asiente.
–Él estaba en el ejército en esa época, no nos veíamos siempre, pero cuando
me encontraba no me quitaba la mirada de encima. –rio por lo bajo
recordando esas épocas.
–Lamento que hayas pasado por eso. –De golpe deja de comer y cruza sus
piernas y brazos, claramente no le gusta lo que escucha.
–Yo no, vivir en la calle te enseña muchas cosas, cosas que no te da ni la
mejor universidad.
–Sí, estoy de acuerdo, pero nadie tendría que pasar por algo así.
–Bruno me enseñó algunas cosas en el camino, me dio un trabajo, que me
llevó a tener una vida de confort, aparte si no hubiese pasado por eso, no
estaría aquí, contigo.
Goldy sonríe de verdad, sin lastima, sin pensamientos corriendo detrás de
la sonrisa, ella me sonríe a mí y yo sé, en ese momento cuan cagado estoy.

Un coche con un chofer nos espera en Roma.


Primer error de este viaje.
Es inaceptable para alguien que viene de incógnito. Nunca puedes confiar
en nadie. Es algo que pienso aclararle en cuanto estemos solos.
Un Mercedes nos lleva por las calles de Roma, mis ojos no dan abasto
mientras Goldy mira su móvil, aburrida de venir a esta ciudad al menos un
millón de veces.
Cuando se detiene, puedo leer el nombre del hotel, “Hassler” se llama y
un hombre vestido muy gracioso espera en la puerta con sus brazos
entrelazados sobre su espalda. Lleva un traje blanco, corto por adelante y
largo hacia atrás, una galera blanca absolutamente ridícula, ah y guantes del
mismo color.
Abre la puerta del lado de Goldy, mientras se quita la galera y le sonríe
abiertamente.
–Benvenuta a Roma, signora Du Pont. –escucho al hombre decir mientras
bajo del coche.
–Grazie. –responde ella con una sonrisa.
Caminamos hacia una puerta giratoria y una vez que entramos al lugar,
parece que entramos a un universo paralelo.
El hotel tiene paredes azules oscuras y detalles en dorado. Hay un
mostrador con la palabra “Concierge”, un hombre del otro lado le sonríe
diciéndole palabras en italiano y ella responde rápidamente con el mismo
idioma.
Goldy hablando en italiano es otro nivel de exaltación. No puedo explicar
con suficientes palabras lo que le hace a mí polla escuchar esas palabras rodar
por su lengua.
Ella sigue caminando y sube unas pequeñas escaleras, “Recepcion” dice
este mostrador, dos personas un hombre y una mujer están del otro lado,
listos para atenderla.
Siento que camino detrás de ella como un niño perdido.
Goldy habla, mientras la señora escribe en su ordenador y asiente
repetitivamente. Cruzan palabras, inclusive Goldy hace un chiste y ella se ríe.
Finalmente, sus ojos celestes me miran y sus mejillas cambian de color.
–¿Qué…? –pregunto con mis manos en los bolsillos.
–Nada. –responde rápidamente dándome la espalda y dando toda su
atención a la recepcionista.
Mmm, ¿voy a tener que aprender italiano? Que flojera, pero soy capaz
de hacerlo solo para saber qué la hizo ruborizar.
La señora desliza una tarjeta y Goldy la toma rápidamente, intercambia
unas últimas palabras y me hace señas para que la siga.
–¿Esta no es la primera vez que vienes a este hotel? –pregunto mientras
llegamos a un ascensor.
–No, mi padre es el dueño. –responde en el momento que se abren las
puertas. – El pent-house siempre está reservado para mi padre cuando viene a
hacer negocios.
–Guau…–digo por lo bajo. – ¿y por qué te pusiste colorada antes?
El color vuelve a sus mejillas y me doy cuenta que me gusta verla
reaccionar a mis palabras.
–Me preguntó si eras mi pareja –dice pretendiendo mirar los botones del
ascensor–, me pareció que era más fácil decirle que si en vez de explicarle…
–¿Explicarle qué? –Interrumpo esperando que le ponga una etiqueta a
nuestra relación.
Si es que puedo llamarle relación.
–Bueno, ya sabes, no quiero decir por qué estoy en Roma, prefiero no
llamar mucho la atención. –responde sin mirarme, parece que el suelo es algo
mucho más atractivo que yo.
–Ah, hiciste bien, no hay que llamar mucho la atención, así que el chofer,
el pent-house y el avión privado funcionan de maravilla.
Finalmente sube la mirada y cuando está abriendo la boca para responder
alguna cosa inteligente, las puertas se abren.
Me muevo dentro del lugar, observando todo con la boca abierta.
Las ventanas apuntan a toda la ciudad, hay una terraza con sillones,
sillones por todos lados (¿para que necesito tantos sillones?) y en el fondo
puedo ver una cama, con el respaldo las alto que vi en mi vida.
–Esto es…–No puedo hablar.
Volteo para mirarla y ella me mira con cariño en sus ojos. Siento que su
intención era impresionarme desde el principio.
–Genial, ¿no? –dice avanzando por la habitación.
–Nunca estuve en un lugar así.
Este tipo de lujos no suelen hacer que se me caigan los calzones, pero
demonios, esto es increíble.
–Digo, ya que estamos aquí, que disfrutemos antes de que todo se vaya a
la mierda. –Escucho su voz y me focalizo en ella.
Esta descorchando un champagne.
–Justo lo que necesito. –digo caminando hacia ella.
Me entrega una copa y la levanta esperando chocarla con la mía.
–¡Salud! –dice y sonríe abiertamente.
Sonríe tanto que me detengo a mirar su boca como un maldito baboso.
Los dos tomamos rápidamente y dejamos las copas sobre una mesa larga
e impresionable. ¿Cuántas personas entran en este lugar? ¿Veinte?
Los dos caminamos hacia la terraza para ver la vista.
En nuestro silencio, siento su presencia a mi lado como una bola de
energía emanando luz hacia mí. Me pregunto cómo reaccionaría si mi mano
se apoyaría en su espalda baja.
Nunca estuve tan indeciso cuando se trata de una mujer, como dije antes,
nunca me hicieron sentir tan malditamente enamorado.
Mierda, ¿dije enamorado?
Sé que ella siente lo mismo, pero ninguno de los dos está dispuesto a
arruinar esto.
¿Qué es esto? ¿Una amistad? No puede ser amistad si estoy follandola
con la mirada cada vez que mira hacia otro lado.
Coloca sus manos sobre la baranda y respira el aire romano, no estamos
en una ciudad libre de smog pero entiendo por qué suspira así.
Sin mirarla, tomo coraje y apoyo mi mano sobre la de ella, con cuidado,
analizando su sorpresa.
¿Qué estoy haciendo?
Esta ciudad me está empujando a tomar su mano.
Ella se tensa al principio, pero cuando el calor de mi mano se desparrama,
se calma un poco. Siento sus ojos sobre mí y giro mi rostro para mirarla.
Sus labios se abren y su respiración se acelera.
Eso es todo lo que necesito para entender que tengo luz verde.
A la mierda la amistad.
CAPÍTULO TRECE
Goldy

Toma mi mano y me arrastra hacia él hasta que sus manos terminan sujetando
mi cintura.
–Te voy a besar. –Advierte sobre mis labios, sus ojos verdes me miran
con miedo, reflejo del mío también.
Sin darme tiempo a responder da un paso adelante y presiona sus labios
sobre los míos.
Una mano toma mi rostro y lo acaricia mientras profundiza el beso.
Su lengua entra con timidez y roza la mía.
Siento que mis rodillas no pueden aguantar el peso.
Siento su calor.
Su respiración precipitada saliendo de su nariz.
Las ansias y la aprensión que profesamos los dos, aterrorizados por
finalmente romper la barrera que nos detenía.
Nuestras bocas bailan en el movimiento más erótico que sentí en mi vida.
La otra mano de Carter desciende hasta encontrar mi trasero y me empuja
más cerca de él, implorando por más.
Los dos gemimos dentro de nuestras bocas.
Esperé este momento demasiado tiempo.
Carter me empuja hasta la baranda, haciendo que le dé la espalda a una de
las ciudades más románticas del mundo, mientras se apoya sobre mí,
dándome a saber que tan excitado esta por tenerme.
–Margot. –gime sobre mis labios, sus ojos están cerrados y suena como
una advertencia.
Deslizo mis manos sobre sus hombros y termino enterrando las puntas de
mis dedos en su cabello revoltoso.
Lo necesito cerca.
Mas acercamiento, más él.
El beso pasa por una metamorfosis, mientras empezó suave y tierno, vira
su camino hacia una intensidad y un placer extremo.
Demonios, voy a venirme solo con su beso.
Sus dos manos estrujan para absorberme, siento su erección presionando
en mi estómago y gimo en voz alta por solo sentirla rozándome.
Carter se detiene y estudia mi rostro con sus ojos llenos de pasión.
–Oblígame a detenerme, porque no creo poder parar después. –dice
tomando aire, su frente apoyada en la mía, mis manos toman las de él,
acariciando su piel.
Los dos estamos convulsivos.
–Para obligarte tendría que querer lo mismo y no hay nada más alejado
que eso. –respondo.
Cuando abro los ojos, me está observando con media sonrisa, mira mis
labios y vuelve a sumergirse en mí.
Alguien toca la puerta.
–¿Quién demonios viene a verte? –gruñe con celo en su voz.
–Ese debe ser el equipaje. –respondo alejándome con una sonrisa.
Camino tres pasos lejos de Carter, pero atrapa las puntas de mis dedos,
arrastrándome hacia él otra vez. Besa mi boca con hambre mientras me
arrastra hasta el salón.
Cuando la puerta suena otra vez, me deja ir.
El botones me sonríe del otro lado, pero su rostro pasa a ser incomodo
muy rápidamente.
–Adelante. –indico abriendo la puerta.
Camino hasta mi bolso para buscar la propina, delante de mí hay un
espejo redondo que me enseña el estado de mi rostro, cabello y ropa.
Mis mejillas están coloradas, mi cabello completamente alocado y mi
ropa totalmente desaliñada.
Con vergüenza le entrego el billete y lo despido evitando su mirada.
Carter esta de brazos cruzados, observándome desde la salida de la
terraza. Detrás de él, uno de mis atardeceres preferidos.
Es tan hermoso y sexy que me pongo nerviosa, y pronuncio la primera
pregunta que se le ocurre a mi cerebro:
–¿T-Tienes hambre?
Asiente lentamente, sus ojos cargados de deseo.
Mi estómago se contrae.
–Qué bueno, porque estas por comer la mejor comida del planeta. –sonrío
pretendiendo no darme cuenta de sus intenciones.
Me dirijo a la habitación, ignorando por completo el hecho de que solo
hay una cama y que ésta noche vamos a dormir juntos.
–Si vas a sacar a pasear a tu “Toy-Boy” entonces déjame bañarme. –dice
caminando hacia la habitación, mientras al mismo tiempo quita su chaqueta y
camiseta, puedo ver los músculos de su espalda definidos y fuertes.
Me rio nerviosamente de su chiste y le doy la espalda, aunque todo mi
cuerpo es consciente de lo que hace.
Carter camina sin pudor hacia el baño y se detiene en la entrada.
–Creo que voy a tardar más de lo esperado. –dice sobre su hombro.
–¿Por qué? –camino hacia él y señala la bañera que apunta a los domos
más impresionantes de Italia.
–Voy a zambullirme en ese lujo, es más, probablemente duerma allí esta
noche. –dice seriamente.
¿Es un chiste?
Cruza sus brazos sobre su pecho fornido y me mira levantando una ceja.
–No te gustó lo que dije. –Una sonrisa comienza a desparramarse.
Mira de reojo hacia la cama, cuando se focaliza allí, la mira con cierta
intensidad que hace que me pregunte si estoy lista para alguien como él.
De golpe me siento sin experiencia.
Tímida.
–Estás leyendo cosas erróneas “Toy-boy”, vete a bañar que apestas.
Carter entra al baño, pero no cierra la puerta. Puedo escucharlo
deslizando sus ropas, desabrochando su cinturón y quitando sus botas.
Tengo que salir de aquí antes de entrar en combustión espontánea.

Cuarenta minutos después, Carter sale renovado.


Lleva unos vaqueros negros, están deshilachados a la altura de las
rodillas, (vaqueros que yo pagaría fortunas, pero que él lo tiene así, al
natural). Una camiseta negra al cuerpo y una chaqueta del mismo color.
–¿Lista? –pregunta inocentemente, mientras yo siento que no puedo
respirar.
–S-sí, vamos.
Caminamos por las estrechas calles de Roma.
La noche está aquí y la gente sale a explorar la ciudad. Carter mira todo
con ojos asombrados, algo que ya no siento casi, envidio poder sorprenderme
con cosas.
Cuando tienes tanto dinero, ya nada te deslumbra, todo es alcanzable.
Cualquier cosa que desee o destino que quiera visitar está a segundos de ser
mío. Por eso me fascina verlo tan entretenido.
–Bruno solía hablarme de esta ciudad, creí que exageraba, pero es…
–Perfecta.
–Sí, perfecta.
Mis ojos miran el suelo, pero puedo sentir los de él sobre mí.
Carter es ese tipo de hombres de los que sabes que son malas noticias, lo
sé porque no pienso en él como “una follada y nada más”, cada vez que lo
miro pienso si me ve como una rubia con buenas tetas (como la mayoría) o
como alguien para pasar la vida. Odio pensar así, significa que estoy
absolutamente perdida en sus ojos verdes y eso expresa que dejo de tener
control sobre mí.
Llegamos a un pequeño ristorante donde suelo venir cada vez que estoy
en la ciudad. Me gusta porque es un ambiente familiar, descuidado y para
nada rígido. Lo opuesto a los restaurantes donde suelo ir con mi familia.
Carter se sienta frente a mí y apoya los codos sobre la mesa, no puedo
evitar nótalo, fui entrenada para comportarme como si la realeza me mirara,
pero disfruto mucho de ver a alguien que le importe tan poco la opinión de
los demás. Está cómodo y hay una pequeña sonrisa en las comisuras que no
se va por nada.
–¿Asumo que se come pizza en este lugar?
–Lo que quieras, Roma se especializa en pasta, pero no hay nada aquí no
sea increíble.
Carter mira el menú, indeciso hasta que dice:
–Elige por mí.
–¿Estás seguro?
–Sí, aliméntame. –dice con sus ojos puestos en mí, eso hace que deba
acomodarme en el asiento, apretando mis piernas para controlar el calor que
siento allí.
El mozo viene y hago el pedido para los dos.
–Rigatoni Carbonara. –devuelvo el menú y le sonrío el mozo.
Cuando vuelvo a Carter, lo encuentro con un rostro preocupado.
–Escupe lo que sea que te carcome.
En el fondo se escucha el bullicio de la gente, las risas y la música, estoy
segura que nadie va a escucharnos hablar aquí.
–No estaba bromeando cuando dije que tenemos que tener perfil bajo, no
podemos llamar la atención.
–Puedo deshacerme del chofer, sin problemas.
–No solo eso, no podemos alojarnos en ese hotel si tu padre es el dueño,
significa que todos saben quién eres.
Tiene sentido.
–Mañana hago los arreglos.
–Necesitamos algo de bajo perfil, un hotel de pocas estrellas o un
Airb&b.
–Entiendo, déjame resolverlo. –saco el móvil de mi bolsillo y comienzo a
buscar alojamiento.
–Y tenemos que tener un perfil creado cuando no estemos con el
detective.
–¿Un perfil? ¿A qué te refieres?
–Una historia, una razón y un título.
Levanto la mirada y me enfoco en él.
–Te escucho.
–Bueno, la historia puede ser que fue nuestro sueño de toda la vida
conocer el coliseo porque yo cuando era chico era fanático de la peli
Gladiador, la razón por la cual estamos aquí es por nuestra luna de miel y
nuestro título puede ser marido y mujer.
Levanto una ceja, incrédula.
–¿Marido y mujer? –repito.
–Sí, no podemos decir que somos hermanos, sería raro, por la forma en
que me miras y eso.
Me rio.
Asiento mientras me como la uña del dedo gordo, esto de golpe se pone
interesante y por interesante quiero decir aterrador.
Continúo con mi tarea de buscar un alojamiento, encuentro un
apartamento en el corazón de Roma, hago la reservación y cuando llega la
confirmación sonrío para Carter.
–Hecho, mañana tenemos donde dormir.
El mozo llega con los platos y dejo de hablar, (la paranoia de Carter se
me contagió), en cuanto se va sigue con sus preguntas.
–¿Dónde y a qué hora nos encontramos con el detective? –pregunta
mientras entierra el tenedor en los fideos.
Yo lo imito, estoy muerta de hambre.
–Mañana a primera hora, en un hotel no muy lejos de aquí.
Asiente.
–¿Puedo preguntarte algo? –digo abandonando mi comida.
–Sí, tiene dieciocho centímetros.
Me atraganto con mi propia saliva y tengo que tomar agua rápidamente
para dejar de toser, él se ríe sin parar ante mi arrebato.
–¡Carter! –siseo.
–¿Qué? Fue gracioso ver tu rostro todo encendido y adorable. Pregúntame
lo que quieras.
Ahora quiero saber si es verdad o no…
–¿Es verdad eso que dijiste de Gladiador?
Carter toma su vaso y toma antes de responder.
–¿Quieres que sea verdad?
–No particularmente, pero siempre quiero la verdad.
–Bueno, entonces sí, siempre quise conocer el coliseo, de hecho, es una
de las pocas cosas del mundo que me generan curiosidad.
Imagino a Carter de pequeño, mirando la película con ojos grandes e
ilusionados.
¿Cómo lucirá un hijo con Carter? Mierda, Margot, ¡para ya!
–Podemos ir mañana si quieres.
–No, no voy a desviarte de tu objetivo por un estúpido sueño que tuve
cuando era un niño, Margot.
–Tenemos que pretender ser pareja en su luna de miel, ¿no?
–Sí, pero—
–Está arreglado entonces, mañana iremos a ver a los gladiadores o, mejor
dicho, a los fantasmas de los gladiadores.
Carter hace un esfuerzo muy grande por suprimir su sonrisa y con eso ya
estoy satisfecha.
Cuando nos vamos, ruega prácticamente por comer Gelato asi que
terminamos en una plaza, viendo a la gente pasar mientras chupamos dos
cucuruchos gigantes.
–¿Cómo es Simone? –pregunta.
Su pregunta me toma por sorpresa, pero no puedo evitar querer hablar de
ella cada vez que tengo oportunidad.
–Simone es…alguien especial, ella todavía se está buscando a sí misma
en este ambiente donde crecimos. Mis padres la presionaron mucho estos
últimos años, buscan copiar a alguien que ella no quiere ser.
–¿Copiar? ¿A quién? ¿A ti?
–Sí, tú no entiendes la presión que sentimos con nuestros padres, todo el
tiempo nos empujan a ser algo que no queremos ser.
–Creo que entiendo, mi padre nunca estaba satisfecho conmigo, mucho
menos orgulloso, es más, creo que nunca lo escuché decir palabras positivas
cuando se trataba de mí.
Lo miro un segundo y veo su lengua arrastrándose por el helado, trago
saliva con fuerza y me obligo a mirar hacia otro lado.
–Descubrí cuando era más chica que pretender ser quien mis padres
querían que sea, era mucho más fácil que luchar en contra de su fuerza,
trabajé para mi padre, sonreí a los inversores, me codeé con los hombres más
exitosos del mercado, todo para él, pero cuando estaba sola, al fin podía ser
libre.
–¿Y Simone no entendió eso?
–No, ella se esforzaba hasta entrar en depresión, su único escape era tocar
el piano, deberías escucharla, cuando toca te transporta a otra galaxia.
Sonrío pensando en mi hermana y de a poco la sonrisa de desvanece
cuando imágenes de ella siendo lastimada invaden mi mente haciendo que
hierva en cólera.
La mano de Carter aparece sobre mi pierna, cuando lo miro esta serio y
pensativo.
–Ya voy a escucharla –dice–. La vamos a encontrar, Margot, lo prometo.
Apoyo mi mano allí y aprieto solo un poco.
–Gracias por estar aquí.
Ser vulnerable ante Carter se volvió una tarea fácil y agradable.
Lo cual hace que encienda mis alarmas internas, no puedo avanzar más,
no cuando sé que lo amo y todo se puede ir a la mierda por eso.
Es hora de retroceder.
CAPÍTULO CATORCE
Carter

Barriga llena, corazón contento, polla enfurecida.


Ese es mi nuevo lema a partir de hoy.
Luego de besar a Margot como un adicto por la tarde, realmente creí que
habíamos hecho progreso, pero cuando llegamos al hotel de papi por la
noche, ella se fue a dormir, dejándome mantas para poder usar el sillón.
EL SILLÓN.
No entiendo qué hice mal.
Estoy acostumbrado a que las mujeres me odien después de tener sexo
conmigo, no antes. (usualmente se debe porque no soy bueno con los
nombres y siempre los confundo).
Pero cuando se trata de Margot soy un caballero y por supuesto me fui a
dormir sin chistar, o al menos eso le dije, porque en realidad estoy mirando el
techo como un maldito frustrado.
Había sentido un verdadero momento de conexión con ella, no me costó
hablar de mi infancia, ni de cosas que no le había dicho ni a Bruno, (como mi
obsesión con la película Gladiador). Bueno, no le dije exactamente eso a
Margot tampoco, le bajé el tono para no quedar tan mal con ella.
Puedo escucharla dar vueltas en la cama, claramente no soy el único que
lucha con el sueño.
Me levanto en calzones y una camiseta, y camino hacia el enorme balcón.
El aire es más fresco por la noche y hay un silencio que es casi místico en
esta ciudad a esta hora. Apoyo las manos en la baranda y respiro profundo.
La primera vez que vi Gladiador sentí que mi cerebro explotaba. Nunca
había visto algo así en mi vida.
Dato curioso: si no has visto la película, puedo resumirla por ti. Un
general del imperio romano es traicionado por el hijo del emperador,
forzándolo a ser un esclavo y luchar en peleas de gladiadores para conseguir
su libertad.
No sé qué hizo que la película me llegara profundo al corazón, nada allí
podía relacionarse con mi vida, pero el sentimiento protagonista sí.
Debería obligar a Dante a que la mire ahora que lo pienso bien.
El rencor, la traición y la ira eran sentimientos que reconocía muy bien,
quizás por esa razón pasó a ser una de mis películas preferidas de todos los
tiempos.
–¿Tú tampoco puedes dormir?
Volteo y encuentro a Margot de brazos cruzados, apoyada contra el
marco de la puerta de vidrio. Lleva su cabello suelto, una camiseta y unos
shorts demasiado cortos.
Por cierto, no lleva corpiño, no es un dato menor.
–Parece que no.
Camina hacia la baranda para observar la ciudad.
Intento no mirarla demasiado fijo, pero demonios, qué difícil es
comportarme con esta mujer.
–No recuerdo cuándo fue la última vez que dormí más de cuatro horas.
–Nunca probaste mis brownies. –digo con una muesca en mi boca. –Por
eso los traje.
Ella abre los ojos y su boca en forma de 0. No puedo evitar imaginar esos
labios alrededor de mi polla.
Mierda.
–¡¿Qué hiciste, qué?!
Levanto los hombros, demostrando lo poco que me impacta esto.
–Vinimos en un avión privado, Goldy, puedes hacer lo que quieras.
–¡Eso no es cierto! Podríamos ir presos, podríamos…–ella mueve sus
brazos hacia todos lados.
Atrapo sus muñecas en el aire.
–Dormir, debes darte un descanso, te necesito tranquila, sino no podrás
llevar a cabo esta misión.
–¡No voy a poder si voy a estar drogada por allí!
Ruedo mis ojos por lo extremista que es.
–No va a pasar eso y no estás sola, así que deja de llorar, mañana
comienza tu sesión de brownies. –suelto sus muñecas y me apoyo en la
baranda.
–Carter –se rasca su ceja derecha, con exasperación. –, vine a buscar a
Simone, necesito enfocarme en esto, no puedo volver sin ella.
–Y no lo harás, confía en mí, hasta que no la encontremos, no nos vamos
de este lugar.
Sus ojos me perforan por un segundo, encuentro que llevan miedo, culpa
y algo que no había notado antes, confusión. Mira mi boca y muerde su labio
inferior al punto donde creo que está por romper la piel. Intervengo con mi
pulgar, soltando la mordida y sosteniendo su mejilla.
Doy un paso al frente y apoyo mis labios en ella por segunda vez en el
día.
La reacción de Margot esta vez es diferente y creo que la mía también.
Hay una textura nueva entre nosotros, algo suave, algodón, terciopelo y una
pluma. Sus labios están dóciles, su lengua acaricia la mía con lentitud. Mis
manos se mueven sobre su rostro y pasan de estar en su mandíbula, a sostener
las dos mejillas, como si fueran mías, como si me pertenecieran.
–Carter…–gime, ¿es un llanto o una súplica?
Inclino mi cabeza para poder penetrarla con mi lengua más profundo, ella
apoya sus manos en mis caderas y sujeta mi camiseta de dormir, estrujándola
cada vez que lamo sus labios.
No sé por qué mi nombre en su boca me transforma así, creo que es la
manera en lo que lo pronuncia, con esa perfección aristocrática que tanto
quiero borrar de ella, pero que a la vez me seduce como una reina a sus
plebeyos.
–Dime…–digo mientras aprovecho para respirar, pero me sumerjo en sus
labios otra vez, callándola, ella se derrite entre mis manos, dejando que la
sostenga, aunque sea por un segundo.
–No tendríamos que estar haciendo esto. –en cuanto termina de decirlo,
vuelve a mí.
Mis labios se sienten tibios, suaves y los de ella hinchados y colorados.
–¿Por qué no? Los dos nos deseamos.
–Sí, pero…no quiero arruinar nuestra amistad.
Me detengo y observo sus ojos celestes.
–Nada puede arruinarla, déjame cuidar de ti, es todo lo que quiero. –
susurro.
Ella cierra sus ojos, como si mis palabras dolieran.
–No, Margot mírame. –Abre los ojos y se enfoca en mí, en mi seriedad y
en mi promesa. –Déjate caer.
–Me voy a estrellar.
–Tengo paracaídas, no te preocupes.
CAPÍTULO QUINCE
Goldy

Tomé la decisión de volver a la cama.


Sola.
Carter volvió al sillón.
Solo.
Pero sé, con casi un 100% de confirmación, que los dos nos masturbamos
pensando en el otro.
No es misterio de que al momento de la masturbación las mujeres somos
más discretas (gracias a Dios) y que los hombres son más…desordenados.
Por eso yo no necesito más que mis manos y Carter necesita pasar tiempo a
solas en el baño.
Luego de una ducha (bastante) extensa, Carter volvió al sillón y durmió
hasta este momento.
Yo por otro lado, no dormí en absoluto. La razón no solo fue Simone,
pero ahora se agregó Carter y esa promesa que no termino de creer.
Demonios, si Gal me escuchara se reiría de mí por sonar tan desesperada.
Solíamos follar un hombre diferente por noche antes de lo que pasó con
Simone, compartíamos experiencias y nos reíamos de las partes vergonzosas.
Esa era yo antes de Carter, ahora siento que camino sobre cascaras de huevo
y que cada movimiento equivocado, resultara en un campo minado.
Como dije antes, sé que estoy enamorada de él y sé cómo es Carter, él no
tiene “Relaciones sentimentales”, tiene relaciones carnales y eso me da pavor
porque al fin encontré mi versión masculina.
Sé cómo piensa, sé que no cree en el futuro y que se deja llevar por los
“sentimientos momentáneos”.
Muevo su pierna un poco y rápidamente se levanta, listo para batallar lo
que sea que se mueve dentro de la habitación.
Retrocedo unos pasos, para dejarlo ajustarse al ambiente.
–Soy yo. –digo levantando las manos.
Encorvándose un poco, apoya su mano sobre el pecho, dramatizando
susto.
–¡Margot! ¡No vuelvas a despertarme así! ¡Podría haberte matado!
–¡No seas exagerado!, vamos, estamos llegando tarde.

El detective que me recomendaron se llama Franco Cesare, tiene la


reputación de ser alguien que se mueve por el mundo ilegal y con poco
tiempo, por eso es tan costoso.
Nos comunicamos solamente vía mensaje de texto y acordamos que
vamos a encontrarnos en un bar dentro de un hotel sobre la vía Lusitania.
El lugar está muy abandonado, el bar tiene mesas y sillas de plástico,
sucias y con un extraño olor a transpiración.
No sabía que los objetos podían tener olores humanos.
Carter mira las mesas y me señala una específicamente. Se sienta contra
la pared, apuntando hacia la puerta y cerca de la salida de emergencia (o lo
que parece ser una).
Nos mantenemos a la espera por alguien que no tengo idea cómo luce.
La conversación entre los dos está en modo mínimo, estoy tensa,
nerviosa, ansiosa y cualquier “osa” que se me ocurra.
El móvil vibra y leo en la pantalla.
“Quien es.”
No tengo que pensar a quién se refiere, no le había avisado que venía con
compañía y seguramente eso le impide acercarse.
“Amigo” respondo y le enseño a Carter mi respuesta, eso hace que frunza
sus cejas. Antes de responder, mira hacia la entrada y susurra:
–Ahora entiendo porque soy “amigo” de golpe. –dice con aversión.
Miro hacia el mismo lado y veo entrar a un hombre en traje entallado. Su
cabello está peinado hacia atrás. No hay nada en su rostro que sea imperfecto.
Su quijada es dura, sus ojos grandes y verdes. Su apariencia me recuerda a
los personajes de las películas de mafiosos de los ochenta que veía con mi
abuelo Edmond.
Ya sabes, esos villanos que enamoran.
Franco se sienta frente a mí.
–Dijiste que eras tú sola, no me gustan las sorpresas.
Miro a Carter y luego respondo.
–Está aquí para ayudarme, es de mi confianza.
Franco mira a mi compañero por algunos segundos y luego asiente.
Carter por otro lado, tiene una ceja arriba y una actitud soberbia.
Voy a matarlo.
–Los planes cambiaron. –dice.
–Franco, puedo asegurarte que—
–No es por él. –dice con desprecio. –Hubo una matanza en la mansión de
Adriano.
Uno de los sospechosos.
–¿Qué? –¡¿la única pista está muerta?!
–Todavía no se sabe quién fue, pero no hubo sobrevivientes, bueno,
excepto el ama de llaves, que fue arrojada por la escalera y ahora esta con
pérdida de memoria.
–No puede ser…–susurro, sintiendo como mi ansiedad sube para
ahogarme lentamente.
La mano de Carter aparece en mi pierna derecha y toma control de la
situación.
–¿Dónde podemos encontrar a esta señora?
–Está bajo estricta vigilancia, la policía la protege, ya que era una de las
personas que veía todos los movimientos de la casa.
–¿Por qué quieres empezar por Adriano? –pregunta Carter.
Franco responde de mala gana.
–Es conocido por tener gustos oscuros, colecciona mujeres y las descarta
cuando termina con ellas. –Franco se enfoca en mi ahora. –Si tu hermana
estaba allí, probablemente no siga con vida, la otra opción es que se le hayan
llevado, quien sea que haya intervenido en la vida de Adriano, como sabrás,
alguien de un perfil como el de él, tiene una larga lista de enemigos.
–¿Nuestra única opción es una persona sin memoria entonces? –pregunto.
–Por ahora sí.
Maldición.
Franco observa el ambiente y vuelve a hablar, esta vez con un tono más
bajo.
–Dentro de cinco días cambian los guardias y se da que uno de ellos es un
contacto mío.
Traducción: quiere más dinero.
–Dime cuanto quieres que transfiera. –respondo tomando mi móvil, lista
para pagarle lo que sea necesario.
–¿Qué? –interrumpe Carter– Goldy, te está estafando.
Franco se levanta e intenta irse, pero lo tomo de la manga de su traje.
–Por favor, no te vayas, solo intenta ayudarme, dime cuanto quieres.
Carter protesta por lo bajo, enojado conmigo.
–Cien mil euros.
–¡¿Que?! –grita el motero.
Toco algunos botones en la aplicación y el móvil de Franco suena.
–Te enviare un mensaje cuando se pueda interrogar. –extiende su mano
para estrecharla conmigo. Carter se prepara para saludarlo, pero Franco se
retira dejándolo con la mano en el aire.
–Maldito idiota. –susurra con dientes apretados.
–Carter, déjalo pasar, es la única persona en Roma que puede ayudarnos.
–Estoy seguro que no, si me dejas hacer algunas llamadas…
–No, no hay tiempo, tengo el dinero, voy a usarlo.
Se cruza de brazos y bufa como un viejo, lo cual me hace sonreír por
alguna razón extraña.
Coloco mi mano sobre su brazo y comienzo a susurrar.
–Mis padres son multimillonarios, no quiero sonar engreída, pero cien mil
euros es nada para mí y necesito sus ojos y oídos en esta ciudad. Yo te
agradezco que quieras ayudarme, pero en el departamento monetario, no hay
nada que negociar.
Desliza la lengua por su labio inferior y con la boca apretada asiente
obedientemente.
–Vamos, tenemos que jugar a la mamá y al papá en el coliseo.
CAPÍTULO DIECISÉIS
Carter

Siempre me reí de los hombres que llevan a sus mujeres de la mano, ¿cuál es
el propósito? ¿Qué no se les vuele? No lo sé, no tiene sentido. Algunos
hombres son tan posesivos que, si no la llevan de la mano, sienten que no
tienen control sobre ella.
Bueno, parece que ya no puedo reírme más de esos hombres, porque
acabo de convertirme en uno.
Ahora lo entiendo.
Se siente demasiado bien, correcto y natural.
Por eso entrelazo nuestros dedos.
Margot me mira por un mili-segundo y me pregunto si ella también
fantasea con hacer esto real algún día.
Algún día, pronto.
Caminamos por las calles de Roma, directamente al coliseo, millones de
parejas “normales” que pasan a nuestro lado. Margot mira hacia un punto
fijo, con una mirada aburrida, mientras yo observo todo lo que se mueve a mi
alrededor, no solo porque así es como Bruno me enseñó, sino porque no
puedo evitar transformarme en el turista más patético de la historia.
Solo me falta la cámara.
La guía turística va relatando datos que ya conozco, porque como dije, fui
un obsesivo durante mi adolescencia y conozco todos los recovecos de este
lugar.
Llegamos al medio y nos apoyamos en la baranda de piedra para observar
los pasadizos donde caminaban los gladiadores.
Goldy se acurruca a mi lado y en vez de observar a uno de los edificios
más imponentes del mundo, me observa a mí.
Un lacayo a su lado.
La miro de refilón.
–¿Qué?
Ella sonríe y se enfoca en el subsuelo.
–Me gusta ver tu expresión y me gusta saber que estoy presenciando un
sueño.
Los millones de turistas que hay a nuestro alrededor, caminan mirando
hacia todos lados, tomando fotos, los adolescentes gritan y los padres llaman
a sus hijos que se les escapan.
Todo eso pasa a mi alrededor, pero lo único importante es Goldy.
–Gracias por darme la oportunidad de cumplirlo. –susurro mirando
directo a sus ojos.
Su sonrisa se expande por su rostro y siento que necesito atraparla.
Goldy no puede lidiar mucho con la intimidad extrema, por eso siempre
cambia de tema.
–¿Cuál es tu frase preferida de la película?
–Mmm...–Pienso– son muchas, pero creo que la que más aplica a este
momento especifico de mi vida, es la que dice Quinto, quien era amigo de
Maximus, aunque luego lo traiciona el muy hijo de…
–Carter, la frase…
–Ah, sí, dice: “¡Hay que saber cuándo se es conquistado!” cuando los
barbaros están al pie de la batalla.
–¿Y por qué piensas en esa frase ahora? –pregunta mientras coloca la
mano bajo su mentón y escucha atentamente.
–Porque los barbaros sabían que tenían dos opciones, rendirse o morir –
conecto la mirada con ella–. Y creo que es lo que nos pasa ahora a los dos.
Goldy quita la mano de su mentón y se yergue sin perder contacto visual
conmigo.
–Carter…–su voz es de sermón.
Coloco una mano en su rostro con suavidad.
–Maldición, Goldy, dame una oportunidad.
Ella cierra los ojos y niega con la cabeza.
–Esta amistad se volvió demasiado importante para mí, si te pierdo…
–No me vas a perder…
–No sabes eso, no puedes predecir el maldito futuro.
–Lo sé, pero también sé que voy a vivir arrepentido si nunca lo intento,
prefiero tenerte y hacerte mía ahora, que nunca haber experimentado esto
contigo.
–¿Y si no funciona?
–Volvemos a la amistad.
Se mantiene en silencio, busca una respuesta en mis ojos, los de ella están
brillosos y alertas, los míos deben lucir seguros porque lo que dice luego…
–No me lastimes. –dice con voz entrecortada, lo cual me hace fruncir el
ceño.
¿Por qué piensa que soy capaz de algo así?
–Nunca.
Apoyo mis labios sobre los de ella y la beso en el segundo piso del
coliseo.
Mi recopilación de besos con Goldy se está volviendo exquisita y creo
que quiero ser coleccionista profesional.
Ella desliza sus manos por mis hombros y yo por su estrecha cintura,
oprimo nuestros cuerpos un poco para calmar la necesidad de mis manos por
tocarla en todos esos lugares que no exploré todavía.
–Dime que tenemos una cama en los próximos diez minutos. –gruño
sobre sus labios.
Ella ríe y yo aprovecho para deslizar mis dedos por debajo de su camiseta
para sentir su estómago tonificado.
–Tenemos un apartamento listo en quince, ¿puedes aguantar?
–Hace meses que estoy aguantando, ¿qué son quince minutos? –miento,
quince minutos es una eternidad.
Salimos de allí de la mano, Goldy se distrae con las vidrieras de los
negocios más exclusivos de Roma y yo la arrastro para seguir con nuestro
destino.
El nuevo apartamento es pequeño, en el primer piso y tiene un patio
interno, no es lo que hubiese elegido yo, pero va a tener que servir al menos
hasta que hablemos con esa mujer.
–Los bolsos están aquí. –digo mientras los miro a los pies de la puerta.
–Sí, le pedí al hotel que los traiga.
Golpeo mi rostro con la mano.
–¡¿Qué?! ¿Qué hice ahora? –dice mientras quita sus botas de motera.
–Se suponía que nadie debía saber tu nueva dirección, Margot. –la
regaño.
Ella se sienta en un sillón con cara de inocente.
–¡Ups!
Revoleo los ojos y me siento a su lado.
–En cinco días tendremos que movernos a otro lugar.
–Pero fue solo el botones quien sabe–
–¡Goldy! –advierto con una mirada intensa y un tono que le aconseja que
no me discuta. – Esta vez, el que sabe cómo hacer esto soy yo, escúchame,
estamos comprometidos.
–Pero ¿qué diferencia hay en movernos en cinco días entonces! –grita
moviendo sus brazos tatuados para todas direcciones.
–¡Qué en cinco días vamos a exponer nuestros culos ante la ley! ¿Qué
crees que va a pasar cuando vayamos a ver a esa mujer? ¡Tenemos que
interrogarla y hacer todo lo necesario para conseguir la información! –grito
mientras me levanto, arranco mi chaqueta exasperado y la arrojo arriba de un
sillón.
–¡Entonces mudémonoslos ahora! –Ella me imita, poniéndose de pie,
coloca las manos en su cintura y espera mi respuesta con una respiración
entrecortada.
–Sería más sospechoso irnos ahora que en cinco días, déjame encargarme
a mí la próxima.
–No.
–Sí, Goldy.
–¡¿Y qué vamos a hacer en los próximos cinco días, genio?!
Cuando me doy cuenta estoy sobre ella, respirando sobre su rostro.
–Follar como conejos.
CAPÍTULO DIECISIETE
Goldy

Mi espalda golpea contra la pared más cercana y siento que cosas caen a
nuestro alrededor, pero nada detiene a Carter y a su boca ansiosa. Sus manos
frenéticas y decisivas corren por mi estómago hasta llegar a mis pechos.
Gruñe ante la sensación de tener sus manos allí.
–Mierda. –dice entre dientes apretados.
Antes de darme cuenta, rompe mi camiseta en el medio y la arroja por
ahí, su rostro se entierra en mi pecho y su lengua comienza a hacer estragos
mientras chupa mis pezones a través de la tela del sostén.
Mis manos están en su cabello y mi cuerpo se inclina hacia él pidiendo
más roce.
De golpe estoy en el aire, envuelvo mis piernas en su cadera y sin romper
el beso me lleva hacia el cuarto. En el trayecto nos golpeamos contra los
marcos de las puertas y algunos cuadros se rompen, haciendo que el vidrio
estalle en el suelo.
–Dime que quieres esto tanto como yo. –dice cuando me arroja en la
cama y desabotona mis vaqueros negros.
–Desde el día que te vi. –confieso mientras levanto las piernas para
ayudarlo a quitarlos.
El gruñido primitivo que sale de su garganta me enciende como nada, ni
nadie.
Sus besos se desparraman por mi piel y lame mis muslos internos como si
fuera el gelato más codiciado de Roma.
Abre mis piernas y sin darme ningún aviso, entierra su rostro en el centro
de mi cuerpo, solo empuja mis bragas a un lado para dejar que su lengua me
invada.
–¡Carter! –grito, mi boca entre abierta, mis ojos perdidos en el placer.
Sus manos se deslizan por debajo de mis nalgas y arrastra mi cuerpo más
cerca de él, penetrándome con su lengua mientras grito su nombre.
–Sabes tan bien…
No es el primer hombre que me da sexo oral, pero puedo afirmar en este
momento, que es el mejor que he probado.
Un cosquilleo en la base de mi estómago se forma, casi que puedo sentir
mi orgasmo en puerta, por eso sujeto su cabello y me empujo sobre su rostro,
como si fuera una cowboy girl.
En pocos segundos me arrebata el orgasmo más hipersensible, avasallante
y dominador que he experimentado en mi vida.
Carter relame sus labios eróticamente mientras desabrocha sus vaqueros a
los pies de la cama. Me levanto y empujo sus calzones hasta tenerlo frente a
mí.
–Oh, no, señorita, esta polla quiere estar en tu coño primero, en unas
horas podemos probar tu boca. –dice tomándome de la quijada con fuerza,
luego apoya su mano en mi hombro, vuelve a empujarme sobre la cama. –Si
te portas bien.
¿Por qué me enciende tanto este Carter dominador?
Busca en sus pantalones su billetera y saca de allí un condón.
–Siempre listo, ¿eh, Hollywood? –picaneo mientras lo observo deslizarlo
en una polla que parece enojada.
Veo que lo de los centímetros era real.
–Sí, nunca se sabe cuándo la chica más bonita de la ciudad va a querer
hacer chanchadas contigo. –responde con esa sonrisa Hollywoodense que
tanto me gusta.
Escala sobre mí, alinea su miembro y empuja sin piedad.
Sus ojos se cierran y sisea de placer, pero de golpe vuelve a abrirlos y se
enfocan en mi tan fijamente que siento que me hago chiquita.
–Carajo…–gime mordiéndose el labio inferior.
Apoya sus brazos a los costados de mi rostro y me da el beso más
pasional de todos, mientras entra y sale de mí.
Tengo que romperlo para gemir porque el placer me abruma y él acaricia
mi rostro como si fuera la cosa más bonita del mundo.
Su atención está enfocada en mí, en mis ojos, mis gestos.
Su ritmo se acelera, mis pulsaciones también.
–Oh, ¡Dios! –grito empujando mi cabeza hacia atrás.
El resto es historia.
Carter se tensa y mis piernas lo envuelven, mis tobillos se entierran en su
trasero lo suficiente para no dejarlo ir nunca más.
–Margot. –gruñe mientras desliza su mano entre el estómago de los dos y
aprieta el botón que hace que todo esté bien. –Mírame cuando te vengas,
quiero ver el placer en tu cara cuando mi polla te embiste así.
El placer es blanco e intenso.
Siento que no baja nunca la intensidad y mi boca se abre pidiendo por
aire, mientas Carter se desagota en mí.

Cuatro posiciones diferentes.


Dos sillas rotas
Y un vaso.
Carter duerme como si hubiera corrido una maratón y la verdad, así me
siento yo también, pero el sueño no viene, en cambio es la culpa quien arrasa
con mi cuerpo.
Culpa porque estoy follando en vez de buscar a Simone.
Culpa porque Carter es exactamente el hombre con el que quiero estar,
pero no puedo disfrutarlo ahora mismo.
Cada vez que mi mente se pone a navegar las aguas del sueño, imágenes
involuntarias de mi hermana aparecen y me desvelan.
–Los brownies están en mi bolso. –Lo escucho murmurar, con su boca
pegada a la almohada.
–No puedo…–Estoy sentada a los pies de la cama, desnuda y mirando el
suelo fijamente.
–Hasta dentro de cinco días no podemos ir por ella y aparte te necesito
descansada para seguir follandote.
Rio y miro hacia atrás, Carter tiene los pelos alborotados, su pecho
tonificado esta descubierto y sus piernas enredadas en las sabanas.
–¡Hazlo! –Se queja, toma mi almohada y me la revolea por la cabeza.
–¡Esta bien! ¡Demonios! –Camino hasta su bolso y en una bolsa de
plástico, encuentro los brownies que lucen para nada apetitosos después de
llevarlos de un continente a otro.
Parto uno a la mitad y sin pensarlo lo meto en mi boca.
–Espera, ¿cuánto comiste? –dice sentándose en la cama, sus ojos de golpe
están muy despiertos.
–La mitad, ¿por qué?
Comienza a reír y mis nervios se ponen de punta.
–¡¿Por qué!? ¿¡Que hice!?
–Ven a la cama, vas a dormir por muchas horas.
CAPÍTULO DIECIOCHO
Carter

Goldy durmió por exactamente veintiséis horas, con intervalos de baño para
hacer pis y una follada rápida mientras volaba por los aires.
La siento moverse a mi lado, tengo el control remoto en la mano y estoy
haciendo zapping, hasta que encuentro que están trasmitiendo El Zorro. Está
en italiano, pero recuerdo el capítulo de memoria.
–Buen día…–sonríe adorablemente.
Empujo un mechón de pelo lejos de su rostro para poder verla mejor.
–Buenas noches.
Eso la despierta de un saque y se sienta rápido en la cama.
–¿Qué? –mira hacia la ventana y ve que no hay luz entrando de allí. –
¿Cuánto tiempo me dormí?
–Veintiséis horas, aunque si tengo que restar nuestro encuentro en el baño
entonces quizás un poco menos.
–¿Veintiséis? ¿baño?
Oprimo el botón MUTE del control y la miro con temor.
–Dime que recuerdas como te follé sobre el aparador del baño.
Ella mira las sabanas, buscando algo que espero que encuentre, mi
corazón comienza a ponerse nervioso, pero luego su boca se pone en forma
de 0.
Lo recuerda, oh, gracias Dios.
Vuelvo a apretar el botón, pero ya no miro de vuelta la televisión.
–Debes tener hambre.
–Estoy famélica.
Pedimos pizza de un lugar cercano y comemos en la cama mientras los
dos miramos El Zorro.
–¿Este era tu show favorito cuando eras chico?
–Sí, bueno, es culpa de Bruno, él lo miraba todo el tiempo cuando
tomábamos la merienda, eventualmente me emocionaba más ir a ver el
capítulo de ese día que la merienda con mis primos.
Goldy le da un gran mordisco a su porción y mastica pensativamente.
–Háblame de Bruno, el día que lo conocí parecía un tipo complicado.
Me da un ataque de risa cuando usa la palabra “complicado”, esa palabra
no le queda, yo usaría algo como…espinoso.
–Bruno pasó por muchas cosas y si no fuese por Sarah, sería mucho más
aterrador, créeme, esa mujer lo ablandó lo suficiente.
–Ella me gusta, me gustaría que trabaje con nosotras.
–Oh, no, no es una buena idea.
–¿Por qué? –se sienta en la cama, cruzando sus largas piernas.
–Sarah está completamente loca –digo–, aparte no quieres a Bruno allí
también, porque donde está ella, está Bruno.
Goldy se arroja en la cama, apoyando su cabeza en mi almohada.
–Me gustan como pareja. ¿Cómo se conocieron?
La miro de reojo, sus ojos están posados en la televisión silenciosa, no
estoy seguro de querer hablarle de esto, pero tampoco quiero ocultarle nada.
–Es una historia complicada. –digo esquivando el tema.
–Tenemos tiempo, ¿no?
Sí, maldición.
–Después de que Dante desapareciera, Bruno se enfocó en trabajar en el
escuadrón de anti-terrorismo, tres años trabajó como doble agente, allí fue
donde la conoció y fueron felices para siempre. Fin.
Evito deliberadamente los detalles porque no aportan nada la historia,
creo.
–Que romántico. –dice ella buscando mis ojos, los cuales ruedan
ofuscados.
–¿Desde cuándo eres romántica? –mi tono es casi de repulsión.
–Me gusta lo romántico, cuando es en los demás. –se ríe pícaramente y no
puedo apartar la mirada de su sonrisa.
No puedo aguantarme.
Empujo la caja de la pizza lejos de nosotros y vuelvo a sumergirme en
ella.
Honestamente, no creo que tenga recuerdos tan felices como este en el
futuro.

En los próximos días no salimos mucho de la cama, más que para


alimentarnos y bañarnos.
Es que no puedo soportarlo, mi piel reacciona cuando siento la de ella
cerca de mí, con solo una caricia de nuestras piernas, mi polla ya se hace
notar y tengo que tomarla.
Tocarla.
Chuparla.
Oh, Dios, si, chuparla.
–¿En qué estás pensando? –dice ella mientras mira su móvil, dijo que está
poniéndose al día con el mundo exterior.
–En lo bien que sabes. –digo sosteniendo mi cabeza con la mano mientras
observo su cuerpo con hambre.
–Vas a tener que darme al menos unas horas, estoy dolorida allí abajo.
Coloco una mano sobre su estómago y con mi dedo pulgar la acaricio.
–Oh, Margot, no te preocupes…podemos usar otros agujeros entonces. –
levanto mis cejas cómicamente y ella golpea mi brazo, haciendo que mi
cabeza caiga sobre la cama.
–¡Hey! Es tu culpa, tú me hiciste adicto a tu cuerpo. –sonrío sobre sus
labios y vuelvo a besarla, explorando cada centímetro de su boca.
–Tu cuerpo no se queda atrás –responde empujándome lentamente. –.
Tengo que hablar con mi padre, dame un segundo y quizás deje que explores
otros agujeros.
Coloco la mejor cara de niño en Navidad y la espero en la cama mientras
veo su trasero moverse por la habitación, coloca el móvil en su oído y se aleja
un poco.
–Papá, ¿Cómo estás? –Su tono se vuelve serio. – Si, lamento no haber
llamado antes, fue una necesidad que tuve por venir aquí, no, no sé cuándo
voy a volver todavía, ¿Bastián? No, no me llamó. ¿Qué ocurre?
¿Quién demonios es Bastián y por qué preocupa a mi chica?
–Lo llamare en cuanto corte esta llamada. ¿Cómo esta mamá? –Se
mantiene en silencio mientras asumo que el padre le cuenta cosas de la madre
y ella hace sonidos como “aha”, “mm” y así en repetición. –Sí, prometo
llamarte más seguido, está bien, adiós.
Camina dos pasos, su rostro es de preocupación mientras sigue tocando la
pantalla y vuelve a colocarla en su oído.
–¿Quién es…?
Margot me silencia levantando el dedo índice.
¿Qué demonios?
–Bastián. –esta vez su tono es más amistoso, sus cejas se relajan, por un
segundo me mira, pero luego baja la mirada y empieza a caminar alrededor
de la (muy desecha) cama.
–No puedo decirte mucho más, pero me llegó información sobre ella y
vine a investigar, si, si vine con guardaespaldas. –Me mira y guiña un ojo,
maldita sea, ¿por qué es tan adorable? – si te lo prometo, si esto no lleva a
ningún lado, volveré a los Estados Unidos. Sí, sí, estoy bien, bueno, nos
mantenemos en contacto, chao.
Deja el celular sobre la pequeña mesa redonda y me mira, de golpe parece
mucho más cansada.
–¿Decías?
–¿Quién demonios es Bastián y por qué conoce tu plan? –Me levanto y
camino hacia ella con pasos decididos, siento que necesita un abrazo, pero
antes espero su respuesta, porque si Goldy tiene novio, yo…
–Bastián es mi hermano.
–¿HERMANO? –mi tono de voz apocalíptico y doy un paso hacia atrás
como si me hubiese golpeado con un cañonazo. –¿Tienes un HERMANO y
no me lo dijiste?
Oh no…
Retrocedo y agarro mi cabeza con desesperación.
–Mi medio hermano Bastián. ¿Por qué tenía que decírtelo?
–Porque acabo de hacerle las cosas más inmorales a tu cuerpo y ahora
él…
–Espera un minuto –dice buscando su camiseta entre las sabanas,
ocultando su cuerpo de mi–, ¿Qué demonios tiene que ver mi hermano con
las “cosas inmorales” que acabas de hacerle a mi cuerpo?
–Que…que… –¡no sé cómo explicar esta obviedad!
–Carter, déjame detenerte, porque esta conversación solo termina en una
pelea.
–¿Por qué?
–Porque crees que porque tengo un hermano de alguna manera tiene
jurisdicción sobre mi cuerpo y, por ende, ahora tienes que pedir “permiso”
antes de tocarme, ¿no es así?
–Ehh, siento que cualquiera de las dos respuestas están erradas, por ende,
no tengo manera de ganar esta conversación.
–Estas en lo cierto. –busca sus vaqueros en el suelo y se los coloca.
–No, espera, ¿a dónde vas? Quédate, cuéntame de este tal Bastián, por
favor. –qué suerte que no hay ningún otro hombre en la habitación para
verme suplicar así.
Goldy suspira y me mira con decepción.
–¿Acabas de darte cuenta que tienes mucho que enseñarme no? –pregunto
mientras coloco las manos sobre sus hombros.
Goldy asiente.
Soy un hombre retrogrado, siempre lo fui, solo que antes no me
molestaba porque no había nadie a quien impresionar, ahora ella…
–¿Puedo pedirte un poco de paciencia? Fui criado por personas que no
sabían lo que era una relación.
Eso calma un poco su mirada y luego asiente.
–Siéntate, es hora de que conozcas a mi familia.

La historia de la familia de Goldy es eterna, pero voy a hacer un pequeño


resumen:
Goldy viene de una familia multimillonaria. Su abuelo fue el creador de
una de las empresas más prestigiosas que existen hoy, básicamente venden
“el kit de todo lo que necesitas para ganar una guerra”, aviones, explosivos,
misiles y cualquier cosa destructiva. Gracias a esto, tuvimos acceso a
artillería presada cuando se trató de combatir a Volkov, un ruso que decidió
que traficar mujeres, era el mejor negocio de este siglo.
Por supuesto estaba equivocado, especialmente cuando raptó a la novia de
Rage y a Goldy.
El padre de Margot es el nuevo CEO de la empresa y como todo hombre
con mucho poder, le encontraron un hijo abandonado por allí. PERO, este
hijo, Bastián, no estaba abandonado por allí, él es un “Self-made” (así se les
dicen a los empresarios que empiezan desde cero) y apareció un día en la
puerta de la casa, diciendo que quería conocer a sus hermanas (Margot y
Simone), desde ese día fueron inseparables.
Así que Bastián es un niño rico igual que ellas, pero este viene de la
meritocracia.
(No es que ellas no se merezcan trabajar en la empresa de su padre. Sé,
solo por prestar atención, que ninguna de las dos estaba interesada en
hacerlo).
–Bastián me ofreció ayuda y me pidió que no haga nada estúpido.
–Tarde…–digo por lo bajo y eso converge en otro golpe de Goldy en mi
hombro.
(Me hago el que me molesta, pero me encanta.)
–En dos días debemos ir a visitar a esta ama de llaves, quiero saber si
estás lista para interrogar a alguien. –Me acomodo en la silla diminutiva
debajo de mí, (soy demasiado grande para Roma).
–Lo haces sonar como que algo muy malo va a pasar.
Me rasco la barba pensativamente.
–No, no malo, quizás la palabra que estamos buscando aquí es poco ético.
–Goldy me da una cara de desaprobación. –Mira, si esta mujer vio a Simone,
entonces es cómplice de toda esta trata, no se merece que la trate bien, no
hablo de golpes igual, no te preocupes, pero puede que tenga que asustarla un
poco.
Goldy se pierde en el pensamiento un poco y luego asiente.
–Está bien.
–Ahora ven aquí…–Abro mis piernas para que se siente sobre mí– que
necesito de tu cuerpo.
CAPÍTULO DIECINUEVE
Goldy

Tenemos que hacernos pasar por dos ciudadanos normales en el hospital, por
esa razón fuimos de compras, para mezclarnos con la sociedad.
En el camino, Carter mencionó varias veces que él era mi “toy-boy” y
que debía vestirlo y llevarlo a pasear por Roma, a lo cual yo corregí y le dije
que la palabra adecuada en este país es gigolo.
Creo que disfruta esto más de lo que quiere demostrar.
Después de horas de discusión, Carter viste una camisa a cuadros con
pantalones marrones y yo un suéter blanco con flores bordadas en el pecho y
un vaquero ancho.
–Es tan extraño verte así. –susurro mirando de reojo a Carter.
Siempre lleva ropa “cool”, rota y de cuero, ¿pero ahora? Ahora parece un
contador.
–Tú no te quedas afuera, –gruñe– pareces esas madres super religiosas
que van los domingos a la iglesia.
Lanzo una mirada de advertencia y ríe por lo bajo.
–Me gusta de todas maneras. –dice en mi oído.
–Creo que eso es peor. –devuelvo.
El hospital es sumamente silencioso, a pesar que los italianos son
personas que usan su voz elevada veinticuatro horas al día, la gente aquí se
comunica con murmullos.
Franco dijo que el cambio de guardia era a las doce del mediodía y que
teníamos que movernos rápido dentro de la habitación.
No puedo evitar sentirme un poco nerviosa, no solo por lo que estamos
por hacer, sino porque quizás hoy encuentre información que es capaz de
cambiar toda esta investigación.
Tuve un mini curso en el apartamento gracias a Carter, me dijo cómo
tengo que comportarme, qué tono de voz debo usar y en caso de ser atrapados
qué hacer.
No significa que este menos nerviosa gracias a ello.
Carter toma mi mano y me detiene en el lugar mientras vemos el guardia
caminar lejos de la puerta, pretende hablarme de algo con seriedad y yo le
sigo el juego asintiendo y diciendo “Ohh” y “Ahh”.
–Quiero tu mejor actuación. –murmura.
Asiento.
–Ahora. –susurra y me arrastra hasta allí.
El policía se aleja de la puerta y se pone a conversar con una enfermera,
gracias a Dios por los hombres y la relación especial que tienen con su polla.
En pocos pasos estamos delante de la puerta, Carter abre sin hacer ningún
sonido y estamos dentro de la habitación.
Es realmente un experto en esto, lo hace ver mucho más sencillo de lo
que es.
La señora en la cama no es lo que esperaba, en mi imaginación creé una
señora débil, tierna y frágil. Esta señora parece más una hermana de Cruela
de Vil que la señora indefensa que imaginó mi mente. Su mirada es glacial,
sus arrugas profundas le hacen un rostro estoico, sus cejas están unidas en el
medio, claramente sospechando de nosotros, comienza a hablar en italiano
con rapidez, Carter me mira esperando que le diga qué demonios dice.
–Esta confundida, cree que somos enfermeros y se está quejando de la
medicación que le dan. –Traduzco– No somos enfermeros, vinimos a hacerle
preguntas y es importante que responda con la verdad o sino –Señalo a
Carter–, él será el que empiece a obtener respuestas.
La señora frunce el ceño más que antes.
–Ya dije que no recuerdo nada. –Cruza sus brazos.
–Usted no luce como alguien quien no recuerda nada, sabemos para quién
trabajaba, pero no es la razón por la cual estamos aquí, ahora, escuche la
pregunta con atención, porque no voy a repetirla. –Camino hacia ella y Carter
se coloca del otro lado, la señora nos observa con aprensión. – Había una
chica en la finca el día del ataque, una chica rubia, ¿qué paso con ella?
La señora se hace la señal de la cruz y eso hace que mire con
preocupación a Carter, él por el otro lado, no expresa absolutamente nada,
solo la mira fijamente.
–No quiero saber nada con esa. –dice con odio entre sus dientes.
Carter da un paso adelante, como si entendiera el cambio de actitud de la
señora y le enseña un cuchillo escondido en sus pantalones.
–¿Cómo se dice “habla, maldita vieja decrépita” en italiano? –gruñe con
una mirada intensa.
–Solo queremos saber qué pasó con ella.
Se toma unos segundos para responder, pero finalmente abre la boca.
–Vinieron por ella y se la llevaron.
–¿Quiénes? –insisto.
–No lo sé, hablaban en inglés, no conozco ese idioma. –dice ese idioma
como si fuese un idioma poco digno para alguien como ella.
¿En inglés? ¿Quién demonios…?
–Necesito algo más…–Presiono.
–Kin, ellos gritaban Kin.
¿Kin?
–Dice que hablaban en inglés y que alguien dijo “Kin”.
Carter piensa por un segundo.
–Pregúntale cuantos hombres eran.
Repito la pregunta.
–Muchos, eran mercenarios, pero solo dos vestían de traje.
La puerta se abre y entra una enfermera, se detiene en seco en cuanto nos
ve y una bandeja llena de elementos metálicos se cae al suelo.
Antes de que pueda gritar por ayuda, Carter corre hacia ella y tapa su
boca.
–¡Silencio! –dice entre dientes– ¡dile!
–Solo estamos aquí para—Pero es muy tarde, la señora en la cama
comienza a pedir por ayuda y un policía entra de golpe y nos apunta con el
arma.
Carter abandona a la enfermera y se concentra en el hombre armado.
Toma el arma con sus dos manos y golpea su brazo tan rápido que hace
que se le caiga al suelo, Carter la patea hacia mi, mientras comienza a golpear
el rostro del policía hasta dejarlo inconsciente.
La enfermera grita.
La señora también.
Tengo el arma entre mis manos y apunto hacia ellas, haciendo que se
silencien inmediatamente.
De pronto Carter la quita de mis manos, coge mi brazo y me saca de la
habitación a los tirones.
Alguien comienza a gritar en los pasillos y la gente busca detenernos,
pero Carter muestra el arma levantándola en el aire.
–¡Quietos! –grita.
La salida está a solo unos metros.
Las puertas de vidrio corredizas se abren y salimos a la calle, miramos
para un lado y el otro, buscando la salida más fácil.
Un coche comienza a tocarnos bocina frenéticamente y cuando miro
dentro, está Franco haciéndonos luces.
–¡Allí!
Corro hacia el coche y Carter viene detrás mío.
Una vez dentro del coche miro para la puerta y los policías comienzan a
disparar.
–Son guardias de hospital –dice Franco–, apuntar no es lo suyo.
Carter me inspecciona frenéticamente tocando partes de mi cuerpo y
moviendo ropa de lugar.
–¿Estas bien?
–Sí, ¿tú? –digo tomando su rostro entre mis manos– Eso fue aterrador.
Sonríe.
SONRIE, COMO UN PSICOPATA.
–Bienvenida a mi vida, Goldy.
CAPÍTULO VEINTE
Carter

Franco conduce frenéticamente hasta terminar a las afueras de la ciudad, ahí


cambia la velocidad y conduce menos como un desquiciado y más como un
ciudadano ilustre. Sé que no estamos yendo a nuestro apartamento, así que
preguntas comienzan a salir de mi boca, como cucarachas en una alcantarilla.
–¿A dónde demonios nos llevas?
–El destino depende de la información que hayan conseguido. –responde
mientras me mira por el espejo retrovisor con ojos mal humorados.
Dios, dame fuerzas para no matarlo.
–¿Me estás diciendo que estas manejando sin destino? –devuelvo con la
misma irritación.
–No, estoy diciendo que—
–Entonces si hay un destino…
–¡¿Pueden no discutir cada cinco minutos?!, ¡Demonios! ¡Yo tengo la
información que necesitan, ahora déjenme hablar si quieren saber que va a
pasar en los próximos malditos minutos! –grita Goldy, retomando el
personaje de Harley Quinn que no veía hace mucho.
Sonrío para mis adentros, si un día se llega a enterar que la comparo con
ese personaje va a matarme.
Goldy comienza a hablar, sin darme pie a seguir discutiendo sin sentido.
Tiene razón, pero no puedo detenerme, no confío su vida en manos de
Franco. De todas maneras, no entendí ni la mitad de las cosas que dijo y me
siento ciego, sordo, mudo y estúpido en esta ciudad.
Bruno me dijo que debía aprender otros idiomas, ¿por qué demonios no lo
escuché? Ah, porque era un bueno para nada cuando chico… y ahora
también.
–Dijo que fueron mercenarios que se llevaron a mi hermana, hablaban en
inglés y que a uno lo llamaban “kin”.
Franco asiente y se mantiene en silencio.
Algo que no compartí con Goldy todavía es que sospecho que “Kin” en
realidad es KING.
Conozco un solo King y si es el mismo que está involucrado, entonces
estamos cagados, pero no voy a manifestar esta información, primero tengo
que hablar con Bruno.
Se llama doble comprobación de datos, toma nota.
Mientras maneja, Franco hace aparecer un móvil en su mano y lo apoya
en su oreja. Cuando comienza a hablar, miro a Goldy intensamente,
demandando por una traducción.
–Está pidiendo información, no tengo muy en claro de qué, habla muy
rápido. –murmura.
–Vamos a ir a la mansión de Adriano Bonelli. –dice cuando deja caer su
móvil en el asiento delantero
–¿Por qué? –pregunto sintiendo una ansiedad incontrolable– ¿No es una
escena del crimen?
–Si.
–Bueno, no quiero a Goldy allí, no es seguro.
Goldy ignora mi petición.
–Franco, ¿por qué crees que debemos ir allí?
–Pistas. –responde.
Me mantengo en silencio por el resto del viaje, claramente Goldy no le
interesa mi opinión, así que no veo el punto de seguir discutiendo con ella.
Unos treinta minutos después, llegamos a un terreno inmenso, verde y
brillante, la mansión es increíble, aunque tiene cintas amarillas de la policía
bloqueando la entrada.
Franco arranca una de ellas y entra como si fuera el dueño de la casa.
Mis ojos recorren rápidamente el lugar. Estoy seguro que en algún
momento fue impresionante, pero hay tantas manchas viejas de sangre en el
suelo y las paredes, que parece más la casa del terror, que la romántica que
parecía afuera.
–Demonios…–dice por lo bajo Goldy mientras se tapa la nariz con la
mano.
Quiero gritar TE LO DIJE, pero asiento en silencio y meto las manos en
los bolsillos de este pantalón color marrón caca que me obligó a usar.
Franco observa en silencio y se mueve por la habitación dando pasos
lentos y medidos.
–Fueron profesionales. –Le explica a Goldy, lo cual hace que ruede tanto
mis ojos, que me duele la cabeza.
¿Fueron profesionales? Por supuesto que sí, idiota, eso lo puede ver
hasta un ciego CON LOS OJOS VENDADOS.
Dios…
Goldy detecta mi mal humor y me da una mirada de advertencia, ¿me está
retando?
Mejor me alejo, antes de decir o hacer algo que me arrepienta después.
Comienzo a subir unas escaleras que llaman mi atención, la pared es de
piedra y suben en forma de caracol hasta una sola habitación, parece un ático
o un lugar abandonado.
En la puerta también hay sangre, (el suelo de madera es difícil de limpiar
cuando hay tanta sangre concentrada en un solo lugar).
Camino hasta el centro de la habitación y miro a mi alrededor, por ahora,
este es el único cuarto vacío. Me pongo de cuclillas y deslizo mis dedos por
la madera del suelo, tiene marcas de cosas que pasaron, entraron o salieron
del lugar.
Parece que desalojaron esto no hace mucho, pero ¿por qué?
¿Una prisión improvisada, quizás?
Hay dos pequeñas ventanas rectangulares, tienen polvo y puedo notar que
no las limpian desde afuera hace años o desde adentro.
Se ve el campo inmenso desde aquí.
–Un momento…–murmuro colocándome de costado, el sol entra por allí
y me deja ver una huella.
–Goldy…–Llamo sobre mi hombro mientras observo.
Ella llega en menos de un minuto.
–Dame tu mano. –digo sin perder de vista un punto muy específico de la
ventana.
Goldy sin chistar, estira su mano hasta dejarme tenerla, la estiro sobre la
ventana y sin apoyarla, la mido su comparación.
Coinciden.
–¿Qué estás haciendo?
–Mira –digo señalando con el dedo–, alguien colocó su palma en este
vidrio, casi que coincide con tu mano, ven, colócate aquí para que puedas
verla.
Muevo a Goldy desde los hombros y con el refilón del sol, puede ver la
huella. Ella conecta la mirada conmigo y puedo ver unas gotas de esperanza
en sus ojos celestes.
Espero estar en lo cierto, porque no quiero darle esperanza innecesaria.
–Quizás sea aquí donde la retenía –indico por lo bajo, no quiero decir las
palabras fuertes porque suenan crudas y desalmadas–. Encontré marcas en el
suelo, creo que hicieron lugar para que ella esté aquí y es una de las pocas
puertas con cerradura.
Goldy mira a su alrededor hasta que encuentra las mismas manchas de
sangre.
–Entonces eso…
–Probablemente los guardias –respondo–, esto solo confirma lo que ya
sabíamos, alguien se la llevó.
–Kin. –dice ella como si supiera que King es una persona.
Asiento sin decir agregar información.
Los ojos de Goldy cambian cuando vuelven a posarse sobre la marca de
la mano en el vidrio, ahora que sabe que es la marca de su hermana, tiene
otro valor y desparrama lágrimas en silencio.
–Estuve tan cerca…–dice con su voz entrecortada.
La necesidad de abrasarla es abrumadora, siento que si no lo hago voy a
morir de tristeza, por eso doy un paso adelante y la envuelvo en mis brazos.
–Todavía no terminamos –susurro mientras acaricio su cabello y ella
rompe en llanto sobre mí pecho, es la primera vez que la veo llorar y odio lo
que le provoca a mí corazón. –. Solo que tenemos más obstáculos en el
camino.
Cuando Goldy se recupera, llamo a Franco como si fuera un perrito
travieso. Me deja saber que odia ese llamado con palabras enfadadas por lo
bajo, pero me importa poco, su ego no es una prioridad aquí, tampoco el mío.
–Hay una huella aquí, quiero saber si es de Simone o no.
Por si no queda claro, no estoy pidiendo permiso.

–¡Hey! ¡Romeo!
Puedo escuchar la sonrisa en la voz de Bruno.
–¿Es necesaria esta actitud?
–Sí, estas en Italia y por una chica, no voy a tener otro momento en la
vida más necesario que este.
Miro hacia la puerta del baño y todavía escucho el agua correr, Goldy se
ducha y no voy a tener otro minuto para hablar con él a solas.
–¿Recuerdas a King?
–Sí, el único sicario que hizo una empresa legal de ese negocio.
–El mismo –susurro–, necesito saber si estuvo aquí, creo que está
involucrado en el caso que estoy trabajando.
Silencio del otro lado de la línea.
–¿Bruno?
–¿Me estas pidiendo que le deba un favor a King? ¿De verdad, Carter?
–No sé cómo conseguir la información, eres el único que tiene una
relación con él.
–Si te refieres a una relación el hecho de que me haya insistido que
trabaje con él más de una vez, entonces sí, espera un minuto. –lo escucho
moverse por la casa, abrir una puerta y hablarle a alguien más. – ¿Estás bien?
¿Quieres agua?
Escucho murmullo del otro lado.
–¿Es Sarah? ¿Qué le ocurre? –frunzo mi ceño, no es anormal la reacción
desmedida de Bruno para con ella, lo que es anormal es Sarah sintiéndose
mal.
–Nada, se siente mal –responde descartando mi pregunta–, déjame ver
qué puedo hacer, dame unas horas.
–Gracias. –respondo y en ese momento se abre la puerta del baño, Goldy
sale con la nube el vapor y por un segundo creo que veo el ángel más sexy
del planeta. Viste nada más que una toalla rodeando su cuerpo y apenas cubre
algunos centímetros de piernas– Tengo que irme, hay un regalo que tengo
que abrir, hablamos luego.
Escucho como Bruno me insulta mientras corto la llamada con una
sonrisa diabólica.
CAPÍTULO VEINTIUNO
Goldy

Franco me llama en el momento preciso donde estaba indicando qué helado


quería. Abandono a Carter y a medida que camino lejos de la tienda, lo
escucho intentar decir qué quiere en italiano.
Sonrío cuando escucho: “Gelato, ese, para mí, helado, si, ese, no, ese
no…”
–¿Y?
–Es ella, estuvo allí y se la llevaron. –volteo para hablar con Carter y él
también esta con su móvil en la oreja y un cucurucho helado chorreando por
su mano. –Estoy intentando recolectar los registros del aeropuerto más
cercano, pero—
Carter levanta la mirada y la enlaza conmigo, hay algo en sus ojos que
hace que mi estómago se me caiga a los pies, ¿es desaliento? que no sea
desaliento, todo menos eso.
–¿Puedo llamarte luego? –interrumpo en un ataque de ansiedad.
Antes de escuchar la respuesta, camino hacia él y él hacia mí, los dos
apurados, necesitando decir esta nueva información que poseemos.
–¿Qué es? Dime. –Ruego.
Carter guarda su móvil en el bolsillo trasero y presiona sus labios.
–¡Carter! –grito su nombre, la ansiedad va tomando control de mi cuerpo.
–Tengo que contarte algunas cosas primero antes de darte la información
principal.
Las calles de la ciudad están llenas de gente, todos salen a cenar a esta
hora.
–Aquí no, vamos…–me lleva con su mano (limpia) hasta una plaza a una
cuadra, tiene poca luz, pero nadie parece estar por esos pagos.
Se detiene bajo un árbol que nos da tanta sombra que parece que nos
fundimos en la oscuridad.
–Habla ahora o te corto la polla. –digo agarrando su helado que parece
que lo distrae y lo arrojo detrás de una planta.
–¡Hey! –dice con indignación– lo estaba tomando.
–Después te compro otro, por favor, habla.
Se limpia las manos en sus vaqueros y comienza:
–Tuve una corazonada y di en el blanco. “Kin” es en realidad King, un
sicario que trabaja internacionalmente, tiene una empresa de “Seguridad” –
Hace comillas en el aire– pero lo que hace es trabajar con millonarios que
necesitan soluciones ante problemas pocos…diplomáticos.
–¿Simone es un problema? –interrumpo.
–Déjame hablar, ¡maldición! –dice con irritación– Bruno dio con él, le
hizo algunas preguntas puntuales pero las respuestas fueron generales y sin
confirmar nada, le dio a entender que Simone fue “reclamada” por otra
persona y que él lo hizo posible.
Tapo mi boca con las dos manos.
¿Simone está con alguien más? ¿pero cómo es posible? ¿Acaso es un
pedazo de carne que las hienas necesitan robarse entre ellas?
–Puedo ver las millones de preguntas en tu cabeza y no, no tengo las
respuestas.
Me encuentro mordiendo mi labio interno, buscando a la velocidad de la
luz por respuestas de preguntas que nunca hice.
–Goldy –escucho su voz llamarme–, Margot. –esta vez lo miro.
Carter toma mi mano y besa la palma.
–La vamos a encontrar, no lo parece, pero estamos un paso más cerca.
Me levanto y comienzo a caminar de un lado a otro.
–¿Cómo estamos un paso más cerca? ¡La única pista se desvaneció en el
aire! –mi tono comienza a subir y camino sin sentido, rodeándolo a Carter.
Él estira su mano y me abraza.
Sé que parece un acto de bondad, pero en realidad quiere que no llame la
atención a nadie.
–Lo siento. –murmuro.
–No me pidas perdón, te agarré porque me excita cuando te pones así –
sonríe diabólicamente y eso me saca de mi pánico. –. Aparte hay algo que no
te dije.
Mis pies se anclan.
Espero.
–King habla casi en acertijos y a cambio de un favor, le dijo a Bruno algo
más.
–¿Qué dijo? –doy un paso adelante, invadiendo su espacio personal, el
perfume de Carter me llena los sentidos, pero no puedo desconcentrarme
ahora.
–Abro cita –dice, haciendo comillas en el aire. –, “Los soviéticos son
buenos escondiéndose, especialmente a la vista de todos” cierro cita.
Pestañeo algunas veces antes de responder.
Los soviéticos son buenos escondiéndose…
Especialmente a la vista…
–¿Qué sabemos de Ivanov y su familia?
Carter sonríe con un tinte de orgullo en sus ojos verdes, toma mi mano y
resume la caminata hasta el apartamento.

–Alexei Ivanov nació en Rusia, vivió allí con su familia, padre, madre y
hermano hasta el día que murió su padre –dice Carter mientras lee un
mensaje de texto de alguien quien no me quiso decir el nombre. –. Quien
murió de un ataque al corazón mientras follaba una prostituta. –Levanta los
ojos de la pantalla y se enfoca en mi– la mejor manera de irse, si quieres
saber mi opinión.
–No te la pedí. –Tomo un almohadón y se lo tiro directo sobre su cara,
por un segundo pensé en apuntar a su polla, pero probablemente me interese
usarla después.
Carter se ríe y me devuelve el almohadón.
–Su madre enviudó y se transformó en una nómada, pero su hermano…
no hay registros de él, no existe en ningún lado.
Me levanto y comienzo a caminar por el estrecho cuarto de un lado a otro,
Carter me sigue con la mirada.
–Pero King dijo que se esconde a la vista de todos…–digo
pensativamente– eso quiere decir que quizás sea una celebridad o un nombre
reconocido.
–Sí –Afirma Carter mientras camina hacia mí y detiene mi caminar
abruptamente. –, pero si fuese el mismo apellido, lo hubiésemos encontrado
al menos dos veces ya, acá hay algo más. –Corre mi pelo sobre el hombro,
exponiendo mi cuello, después comienza a dejar besos cortos hasta mi
clavícula.
–Entonces…s-se maneja con… un seudónimo, hasta quizás cambió el
apellido…–Apenas logro decir sin desconcentrarme.
–Sigue hablando –gruñe. –, cuando tu cabeza trabaja así, me éxito
demasiado.
–Pero ¿quién? Podría estar en cualquier país, podría estar en Estados
Unidos. –A estas alturas estoy obligándome a decir algo con tal que no se
detenga.
–Tus poderes de deducción me vuelven loco. –Su voz no suena socarrona,
más bien seria y gutural.
Envuelvo mis brazos sobre sus anchos hombros y lo dejo tomar posesión
completa de mi cuerpo.
Con movimientos bruscos, Carter se deshace de mi camisa y me arrastra
hasta la superficie más cercana.
La pared.
Besa mi pecho hasta llegar a mis duros pezones y los lame como si no
hubiera un mañana.
Mis gemidos se vuelven altos y descontrolados, mientras él se vuelve
cada vez más animal.
Con manos apuradas, me baja los pantalones, dejándolos como un
acordeón en mis pies y voltea mi cuerpo.
Mi rostro está pegado a la pared, mis manos me sostienen como si fuera
una víctima siendo palpada por un policía.
–¿Sabes lo sexy que te ves en esta posición? –musita en mi oído mientras
baja mis bragas. – estoy a punto de venirme en mis putos pantalones, Margot.
Amo que diga mi nombre cuando estoy a su merced.
Escucho su cinturón caer en el suelo, sus manos parecen que nunca se
despegan de mi piel.
Mis ojos se cierran en el momento que siento sus dedos penetrarme.
–Oh, Dios, estas muy mojada, ¿es por mí? ¿Yo te pongo así?
–¿Ves a alguien más en esta habitación? –digo mientras apoyo mi frente
en la pared y entierro mis uñas.
Sus dedos recorren mis pliegues y me penetran lentamente.
–Carajo…–siseo entre dientes, sostenerme se hace difícil cuando mis
piernas no responden.
–¿Qué pasa, Margot?
–Es demasiado placer…–gimo, mi puño se cierra y golpeo la pared.
–¿Quieres que me detenga? –susurra con su voz profunda en mi oído,
luego lame mi cuello como un salvaje.
–¿Quieres morir? –logro decir.
Sus penetraciones se vuelven más rápidas, un tercer dedo ingresa y tiene
que sostenerme desde mi estómago para que no me caiga.
Un burbujeo muy conocido se gesta en mi pelvis, mis gemidos se
incrementan como también la velocidad de sus dedos.
Hasta que ya no puedo más y el orgasmo me baña por completo, mis ojos
cerrados, mis puños apretados, por un segundo dejo de respirar.
Abro mis ojos de vuelta, Carter quita sus dedos de mí.
Volteo y nos encontramos frente a frente, sus ojos verdes fijos en mis
celestes.
Lleva sus dedos a su boca y uno por uno los chupa.
Mierda…
–Todavía no terminé contigo. –dice volteándome otra vez.
Lo siento en mi entrada y Carter presiona hasta llenarme por completo, lo
cual hace que grite.
Sus embestidas son duras, concisas y lentas.
–Mierda –sisea en mi oído–. Como me gusta follarte Margot.
Un sonido sin sentido sale de mi garganta.
Mi mente y lógica se retiraron a descansar.
Su mano se desliza hasta tocar el punto más placentero y ruedo mis ojos
hacia atrás por el placer extremo que estoy experimentando.
–Mierda…–gime incrementando sus embestidas, su mano se traslada de
mi boca, a mis caderas, sosteniéndome firme.
La ebullición en mi pelvis comienza otra vez y cierro los ojos con fuerza
cuando toma control de mi mientras Carter embiste primitivamente y
experimenta la misma liberación que yo.
Una vez que los dos nos calmamos, besa mi mejilla.
–¿Qué voy a hacer cuando te canses de mí? –susurra con su frente en mi
hombro.
–¿Por qué haría eso? –sonrío.
–Porque eventualmente todos lo hacen.
CAPÍTULO VEINTIDÓS
Carter

Próximo destino: Moscú.


Tuve que pedirle de rodillas a Goldy que no vayamos en su avión
privado, en cambio, estamos en uno comercial, aunque viajando en primera.
Hice lo que pude.
Escucho que habla con su hermano por teléfono, poniéndolo al día con
toda la nueva información, mientras yo le envío mensajes a Rage.
Cuando le digo dónde estoy y con quién no lo puede creer, y yo como un
idiota, sonrío mientras le relato nuestra aventura.
Es para creer o reventar, pero desde que Rage se mudó a Hawái que
nuestra relación a distancia (así le digo para hacerlo cabrear) funciona mejor
que antes. Siempre está enviándome fotos de alguna piña que cosechó o del
amanecer y pretendo no estar deslumbrado solo para molestarlo, pero la
verdad es que disfruto mucho ver la vida que está armando en esa isla.
El grito de un niño me desconcentra, levanto la mirada y puedo ver que se
mueve con irritación en su asiento y su padre lo ignora por completo mientras
mira su móvil.
Muevo la cabeza de un lado a otro, juzgando a ese padre, el niño solo
quiere su atención.
El padre luce como un hombre en sus cuarenta, debe medir un metro y
medio, calvo en la parte superior de su cabeza y con mucho cabello en su
nuca.
Vuelvo a mi móvil y sigo molestando a Rage, esta vez está maldiciendo a
un tipo de gusanos que encontró en una planta.
El revuelo retorna y vuelvo a enfocarme en el niño. Esta vez veo al padre
tomando del brazo al hijo y sentándolo en el lugar, abrocha su cinturón con
una fuerza innecesaria. Básicamente lo amarra a su silla y se retira hacia los
baños.
–Qué carajos…–susurro.
El nene se toma el brazo, puedo ver que esta dolorido y mis manos
comienzan a estrujar el móvil.
Cuando enfoco mis ojos, puedo ver los dedos del padre marcados en su
piel.
Seguidamente desabrocho mi cinturón y voy hacia los baños.
–¿Carter? –Escucho la voz preocupada de Goldy detrás mío, pero tengo
un solo target ahora.
Toco la puerta dos veces.
Noc Noc hijo de puta.
–¡Ocupado! ¡Maldición! –grita el idiota del otro lado.
Fuerzo la puerta con un movimiento violento y entro.
Todavía está subiéndose los pantalones cuando me ve entrar y se asusta.
–¿Qué—?
Tomo su saco y lo empujo hacia el inodoro, obligándolo a sentarse.
Mis nudillos se entierran en su rostro.
Una.
Dos.
Tres.
Cuatro veces.
–¿Puedes sentir lo que se siente que alguien que no es de tu tamaño este
golpeándote? –grito y meto una más.
–¿Quién carajo eres idiota? –Se cubre la cabeza con los dos brazos, por
suerte ya hizo pis, sino estaría con todos sus pantalones meados.
–Tu hijo en el futuro –digo con una sonrisa–, terminé de este tamaño para
romperte la cara cada vez que pueda, “papá”. Ahora, cuando vuelvas al
asiento, quiero que te comportes como un padre de verdad y no como un
bully. ¿Esta claro?
Asiente con sangre en su rostro.
–Bien, ahora límpiate el rostro, que parece que alguien acaba de darte una
paliza.
Sin más, me vuelvo a mi asiento, paso por al lado del nene y le guiño el
ojo, él responde con una sonrisa.
–¿A dónde fuiste? –susurra Goldy, ahora tiene una revista en la mano.
–Al baño. –Sonrío y deposito un beso en su mejilla.
Ella me mira con ojos sospechosos.
Arranco la revista de sus manos y pretendo leerla, mientras el padre pasa
tambaleándose, tiene un pañuelo debajo de su nariz sangrante.
Goldy lo mira pasar con los ojos muy abiertos.
–¡Carter! –Reprocha.
–Las lecciones de vida no tienen itinerario, Margot, hay que darlas en el
momento que se requieren.
Ella sigue con la mirada al hombre y lo observa interactuar con su hijo.
Yo pretendo leer la revista, pero de reojo estoy observándolo con cuidado.
Los ojos de Margot vuelven a mí y puedo sentir su pena.
–Déjalo ir. –susurro.
–Podríamos haber recurrido a la azafata.
Dejo la revista en mi regazo y me enfoco en ella.
–No, porque hijos de puta como esos, necesitan que alguien más malo,
grande y cojonudo que ellos los pongan en su lugar, yo no tuve la
oportunidad de defenderme cuando era chico, así que voy a hacer lo posible
para que ningún otro niño pase por esa mierda.
–Oh, Carter…–dice acariciándome el brazo. – ¿Tus padres eran
violentos?
Miro a mi pierna moverse inesperadamente, nerviosa por tocar este tema.
–Digamos que mi papá tenía un solo idioma y usaba el cinturón para
comunicarse.
Los ojos de Margot se vuelven fríos de golpe, sus cejas se unen en el
medio de su frente.
–¿Sigue vivo? –Suena más como una amenaza más que una pregunta.
Niego con la cabeza.
–No, ahogó su hígado en alcohol.
Alcohol que yo proporcionaba para él, para conseguir esa meta, pero eso
es algo que no va a salir de mi boca.
No ahora al menos.
–Mejor entonces –dice acomodándose en el sillón–, no sé lo que haría si
supiera que está vivo.
Sonrío.
Es lindo sentirse protegido cuando lo único que hiciste en tu vida es
protegerte de todos.
Me acerco y beso su boca con cariño.
–Gracias.

–¿Por qué demonios insistí en viajar a Moscú? –murmuro mientras entro a la


habitación de hotel.
El frio todavía calcina mis huesos.
–Porque eres una muy buena persona. –responde Goldy detrás mío
mientras deja la valija sobre la cama y observa la habitación.
Es un poco deprimente, no voy a mentir, las paredes verdes y
desgastadas, las camas separadas y una alfombra que estoy seguro que es del
1800.
–Oh no, querida, estoy aquí por ese culo increíble que tienes. –digo
mientras pellizco su redondo trasero.
Goldy lleva puesto un abrigo negro, largo hasta el suelo, su cabello rubio
cae en cascada sobre su pecho, sus ojos celestes brillan con maldad y sé que
va a decir algo para molestarme.
–Hay más en mi aparte de esta cara bonita, ¿sabes?
Pestañeo un par de veces, absorbiendo esto, Goldy nunca quiere tocar
temas así, a menos que sea un chiste, pero no veo una gota de gracia en su
rostro.
Trago saliva nerviosamente.
–¿Enserio? –digo como si esta información fuese impactante para mí.
Ella toma una almohada y me la arroja directamente al rostro, su puntería
es cada día mejor y amo cada vez que hace eso.
–Ah, ¿sí? –Sin que se pueda defender, la empujo sobre la cama, entre
movimientos bruscos, termino sobre ella, sosteniendo sus manos por sobre su
cabeza.
–Porque aparte de tu cara bonita tienes un cuerpo que me vuelve loco –
digo mientras lucho para clavarla en el colchón. –. Tienes una mente rápida,
eres pura chispa, altruista, buena hija, buena hermana y…
El maldito amor de mi vida.
–¿Y qué? –insiste mientras mueve sus muñecas para soltarse.
Mi boca se cierra ante el pensamiento invasivo, pero me recompongo
rápidamente.
–Muy buena en la cama. –Guiño un ojo y conecto nuestras partes más
íntimas, a pesar de tener al menos tres capas de ropa entre nosotros, estoy
seguro que está sintiendo mi erección.
–¡Eres un…!
–¿Maldito? Si lo sé. –Sonrío y comienzo a hacer un buen uso de esta
cama.

Goldy no tiene un referente aquí y yo menos, pero estoy seguro que, si llamo
a Bruno, conoce a alguien que es amigo del primo de otro alguien quien
trabaja para alguien importante.
Pero, decidí no llamarlo todavía.
Por ahora estamos buscando información como en la vieja escuela,
rastreando la familia de Ivanov. Sí, encontramos información de su fallecido
padre, pero parece que sus hijos desaparecieron convenientemente del mapa.
–¿Quizás tengamos que buscar en los registros de defunción? –pregunta
Goldy, pero creo que es más para ella que para mí, sus ojos están clavados en
la pantalla de su ordenador, rojos ya de tanto mirar.
Abro la boca para responder, pero su móvil comienza a chillar, ella lo
mira de reojo y cuando ve que es el hermano contesta.
–¿Hola?
Escucho murmullo de fondo.
–Está bien…–dice Goldy con voz extraña, oprime el botón del altavoz. –
Listo, estas en altavoz.
–Creo que es algo que deberían escuchar los dos –por primera vez
escucho la voz de Bastián Du Pont, es tan profunda y gruesa que me corre un
escalofrío por la espalda. –. Alguien me envió un correo, alguien anónimo.
Goldy se acomoda en su silla, yo me mantengo totalmente quieto.
–Un paparazzi asumo, buscando chantajearme a cambio de dinero.
–¿En base a qué? –pregunto.
–Una foto de Simone.
Goldy eleva la mirada y la clava en mí, su boca se abre, pero no salen
palabras de ella, por eso tomo el mando yo.
–¿Viva?
–Si.
–¿Y de cuándo data esta foto?
–Un mes o al menos eso dijo, se las envié hace tres segundos.
Goldy mueve sus dedos sobre el teclado a la velocidad de la luz, puedo
ver que su rostro se ilumina cuando abre la foto, sus ojos analizan la imagen
frenéticamente.
–Parece que Simone esta…entretenida. –dice Bastián.
Eso hace que me levante de la mesa y rodee a Goldy para ver.
Simone enredada entre los brazos de un hombre.
–Esta foto fue tomada en un evento de polo, en Inglaterra.
–¿Quién es él? –pregunto agrandado la imagen sobre el rostro de los dos.
–Su nombre es Yuri Volkov, un magnate reconocido en el negocio de
fondo de inversiones.
–¿Puede ser el hermano de Ivanov? –La voz de Goldy suena entrecortada.
–¿Por qué tendría un apellido diferente? –pregunta la voz de Bastián.
–Volkov es el apellido de su madre –Agrego–, posiblemente se lo
cambió.
Goldy se para abruptamente y comienza a caminar sin sentido dentro de
la estrecha habitación. Esto es algo que hace cada vez que los nervios la
gobiernan.
–¿Simone está en Inglaterra y nosotros en la puta Rusia?
Oh no, se está enojando.
–Eso parece. –Al contrario de la voz de Goldy, la voz de Bastián sigue
tan tranquila como antes.
Inmutada.
–¿Es presa allí? ¿Está siendo retenida en contra de su voluntad? –Ya está
gritando, porque está pensando lo mismo que yo.
Simone no es prisionera, al menos no lo parece en esta foto.
–No conoces las circunstancias, Margot –regaña Bastián. –. Antes de
juzgar la situación tienes que ir por ella y preguntarle.
–Tiene razón –susurro calmadamente mientras me levanto y la abrazo–,
no te apresures, tenemos que encontrarla de todas maneras.
Goldy asiente sobre mi pecho.
–Margot –llama Bastián, por primera vez su tono demuestra algo, parece
irritado ahora–, a Simone siempre le faltó el cariño de la familia, lo sabes
mejor que nadie, así que no la culpes si se aferra a la primera persona que le
brinda justamente eso.
–Entiendo –dice ella pensativamente–, pero si descubro que ella está
siendo engañada para mantenerla en Inglaterra, entonces voy a decírselo.
–Concuerdo –dice el hermano mayor. –. Déjame saber cuándo llegues a
Inglaterra.
Y sin más, termina la llamada.
CAPÍTULO VEINTITRÉS
Goldy

–Nunca estuve en Moscú por menos de veinticuatro horas. –digo


pensativamente mientras miro por la ventana del avión.
Carter está delante mío, sentado como si se acabara de desplomar sobre el
asiento, con su cazadora de cuero y los vaqueros negros de siempre. Si no lo
conociera, probablemente pensaría que es una estrella de rock sentada en
primera clase, siendo rebelde, con un sex-appeal que calienta hasta una monja
y una media sonrisa digna de un casanova como él.
Juro por Dios, a veces creo que tiene el super-poder de deshacer bragas,
las mías.
–Nunca estuve enterrado en una rubia en Moscú por menos de
veinticuatro horas. –Su puño cerrado sostiene su cabeza, sus piernas están
más abiertas de lo normal.
Si mi amiga Gal estuviera aquí, lo estaría regañando por abarcar más
lugar del necesario, pero esto no es un tren, esto es primera clase y se supone
que tú pagas el precio para hacer lo que se te plazca.
Carter es una pieza que estoy descifrando a través del tiempo. Hasta ahora
viene demostrando diferentes facetas, comenzó siendo un amigo, alguien con
quien podía pasar el tiempo cuando no podía dormir. No se asustaba ante mis
comentarios escatológicos ni se espantaba con mis tatuajes, pero por, sobre
todo, me hacía reír y eso era algo que no hacía hace mucho.
Ahora es un compañero de ruta, está ahí, al pendiente de las pistas que
tenemos, busca información.
Se interesa por mi cuando pierdo la razón.
Se interesa por mi hermana.
Maldición, no puedo pasar por alto esas cosas, ¿no?
–¿Por qué me miras fijamente? –pregunta con una sonrisa de oreja a
oreja.
Porque me da miedo que todo esto se termine.
–Estaba pensando, lo siento. –vuelvo a mirar las nubes.
–¿Pensando en… mí? –empuja mi pierna con la suya y levanta sus cejas
arriba y abajo.
Sí, maldición.
–No eres el sol, lo sabes, ¿no?
–Pero soy un solcito. –dice enviando un beso en el aire.
Maldición, esa sonrisa.
Cuando decidí dejarme ir con él, Carter sacó un aspecto completamente
nuevo, casi como si un personaje alfa de algún libro erótico se posesionara en
él. Por empezar me llama Margot solo cuando me tiene a su merced y lo
pronuncia con un tono severo.
MARGOT.
Margot.
Margot, ¿te gusta cómo te toco?
Date vuelta y enséname ese trasero, MARGOT.
Se vuelve autoritario, firme, cuando estamos siendo íntimos.
Como un alfa.
Sus manos me manipulan con posesión, sus besos son eróticos,
pornográficos y hasta obscenos a veces.
Claramente Carter no es parte de la sociedad aristocrática que pertenezco,
lo demuestra en cada lamido, gemido, embestida que le hace a mi cuerpo.
Y eso es lo que más amo de él.
No es nadie quien conozca, no es Winston, eso seguro.
–¿Crees que Simone esta con el hermano de Ivanov?
–Tú eres su hermana, ¿crees que es capaz de estar con alguien así?
Medito mi respuesta por unos segundos.
–Quizás no sepa quién es, tal vez él nunca se lo dijo. –digo mientras tomo
mi ordenador de la mochila y vuelvo a escribir Yuri Volkov en google.
Las imágenes del empresario son…interesantes.
Hay fotos de él en eventos de caridad, jugando al polo, inclusive tiene una
foto con el príncipe, los dos abrazados festejando un triunfo.
No perece ser alguien capaz de raptar una mujer.
Pero si aprendí algo en estos últimos tiempos, es que el lobo sabe
esconderse muy bien cuando Caperucita está en su casa.
–Bueno, pero, ¿por qué Simone no se comunicó con ustedes entonces? –
Carter apoya sus codos sobre sus rodillas, su semblante serio y preocupado. –
¿Por qué los dejó en la oscuridad a ustedes?
Suspiro y cierro la notebook de golpe.
–No somos la familia más unida del mundo.
–¿Ah no? No me di cuenta. –dice sonriendo socarronamente.
Una azafata pasa caminando con fruta seca, deja pequeños cuencos a cada
uno. Carter mete la mano con una rapidez pocas veces vista.
–¡Esta caliente! –susurra un gritito.
Comienzo a reírme, ocultándome detrás de mis manos.
–¿Quién demonios come fruta seca caliente? –Está verdaderamente
indignado.
–Los ricos y famosos. –respondo tomando una almendra y colocándola en
mi boca.
–Ufff…–dice irritado mientras aleja el cuenco de su alcance. – No puedo
creer que Simone los haya dejado en oscuras deliberadamente. Creo que él la
tiene como una posesión, demonios, quizás solo se hizo sacar esa foto con el
propósito de demostrar que está en pareja y para eso la quiere.
–Puede ser –digo apoyando mi puño bajo mi quijada–, conozco muchos
empresarios que pretenden ser padres de familia solo para tener una mejor
imagen –abro el ordenador y lo giro para que Carter vea la última foto que vi.
– . Pero ¿crees que un hombre con estos…atributos necesita raptar mujeres
para aparentar ser alguien estable?
Los ojos verdes de Carter viajan hasta la pantalla y luego vuelven a mí.
–¿Quizás es gay? –Levanta sus hombros por la falta de respuesta– Lo que
sea, vamos a dar con él y vamos a entender qué demonios ocurre aquí, en el
mientras, descansa.
–No puedo.
–Bueno, hablemos de otra cosa –estira sus brazos y conecta nuestras
manos. –. Háblame de algo interesante.
Levanto una ceja, desconcertada.
–No hay nada interesante en mi vida…–excepto tú.
–Bueno entonces, déjame preguntarte algo. –mira hacia nuestros dedos
enlazados y sin mirarme a los ojos, dice:
–¿Quién es Winston?
Mi postura se tensa de golpe.
Suelto nuestras manos y me dejo caer sobre el respaldo, mis labios
sellados.
–Alguien a quien debo matar, aparentemente. –murmura Carter para sí
mismo, observando la reacción de mi cuerpo.
–Es alguien del pasado y prefiero que se quede allí.
–Sí, entiendo, pero verás, el día que lo conocí dijo algo curioso –eso
llama mi atención de golpe–, dijo, “Dile a Margot que lo siento”, entonces,
necesito saber qué hizo.
Alejo los ojos y los deposito en las nubes de afuera, algo en la mirada de
Carter dice que sospecha de Winston.
Y no está tan errado.

La primera vez que vi a Winston Martin fue cuando teníamos diez años.
Fui a conocer a mi tía por primera vez y a conocer los viñedos que tiene
en el sur de Francia.
Pasé el verano allí, sola con ella. Hasta que un día, una familia amiga
vino a visitar por una semana.
Los Martin.
Los Martin eran americanos como yo, pero de descendencia francesa,
aristócratas y millonarios. El padre trabajaba con el mío y su madre era una
psicóloga reconocida en Estados Unidos.
En ese entonces Winston era solo un niño, yo solo lo veía como alguien
con quien podría jugar por horas. No parecía ser como los compañeros que
tenía en el colegio, ellos no jugaban con las niñas, decían que éramos lentas,
que no sabíamos jugar sin llorar o que los golpes nos asustaban.
Yo sabía que no era así, pero nunca me dieron una oportunidad para
demostrar lo contrario.
Winston me trataba como veía que los varones interactuaban entre ellos,
corríamos carreras todos los días y la mayoría de las veces ganaba yo.
Mi tía nos dejaba ver películas de acción o de superhéroes hasta tarde por
la noche y luego estábamos tan excitados que no podíamos dormir, así que
seguíamos jugando hasta que el sol aparecía por el horizonte francés.
Desde ese primer verano, los dos pasábamos tres meses en el viñedo, mi
tía decía que necesitaba ayuda con el campo, pero sabía que ella disfrutaba
tenernos allí, ella nunca había podido tener hijos y sabía que estábamos
colmando un agujero difícil de llenar.
Fuimos creciendo.
A los quince ya no era igual, Winston pasaba un mes en el viñedo en vez
de tres meses, ya no jugábamos con las manos, es más, se mantenía
físicamente distante. Su cabello rubio ya no estaba despeinado, ahora lo
mantenía arreglado y pasaba mucho tiempo delante del espejo.
Un día lo encontré de noche caminando cerca del granero.
–¿Qué haces aquí tan tarde? Sabes que mi tía no nos deja salir a esta hora.
–¿No te parece que estamos grandes, Margot?
Sí y no, me sentía grande a veces, pero cuando la noche caía, prefería la
protección de la finca.
–Si…–digo con poca convicción.
Ni yo me lo creía.
–Bueno, entonces, demos un paseo, nunca podemos ver las estrellas –
Estira su mano para que la tome–. Yo te llevo y prometo que no te va a pasar
nada.
Miré su mano suspendida en el aire, nunca había tomado su mano.
Empujándome a mí misma, la tomé e inmediatamente comenzó a
adentrarse a la oscuridad de la noche.
Los grillos.
Las estrellas.
El campo era un mundo absolutamente diferente durante la noche.
Místico, silencioso y de alguna manera tenebroso también.
Un arbusto se movió a lo lejos.
Me aferro con fuerza a su brazo.
–Tranquila –Deja salir una risa suave–, estoy aquí.
Caminamos por unos buenos veinte minutos más, hasta que Winston de
golpe de detuvo en el medio del campo y miró hacia las estrellas.
–¿Alguna vez te sentiste minúscula? –susurró.
Seguí la mirada y de golpe me sentí claustrofóbica por las cantidades de
estrellas, constelaciones y satélites que nos rodeaban.
–Creo que no, hasta ahora. –susurré. No entendía por qué, pero había
cierto respeto dentro de ese silencio.
Winston depositó sus ojos celestes agua en mí y por primera vez, desde
que creció que lo vi sonreír, lo cual me hizo sonreír también, recordando a
ese niño, a mi amigo.
–Así me haces sentir cada vez que estas en la misma habitación –Su
sonrisa de disipó–. Brillas tanto, que siento que no tengo espacio.
–Winston…–no sabía qué decir, no entendía.
–No es tu culpa, no puedes evitarlo. –Sonrió cariñosamente– ¿Quieres
volver?
Asentí, sin decir una sola palabra.
Winston no fue el verano siguiente, pero si fue una semana con su familia
cuando tenía diecisiete.
Estaba cambiado.
Físicamente más alto, corpulento. Se movía con cierta elegancia, casi
como un adulto, de hecho, se reía de los chistes de adultos que para mí eran
todo, menos graciosos.
No me buscaba como antes, pero lo encontraba mirándome cuando
pensaba que no me daba cuenta.
Sabía que yo también había cambiado, mi cuerpo se llenó en los lugares
donde quería que se llene, era deportista, así que siempre estaba en forma.
Pero no tenía tanta experiencia con los hombres para saber si Winston Martin
me deseaba o no, así que lo ignoré.
Una de las noches, alguien me despertó a la madrugada.
–¿Tía?
–No, Winston. –dijo con su nueva voz, gruesa, áspera.
–¿Qué quieres? Son las cuatro de la mañana. –refunfuñé mientras me
acomodaba en mi cama otra vez.
–¿Quieres ver las estrellas conmigo?
No me interesaban las estrellas, pero estaba desesperada por pasar tiempo
con él a solas.
Lo extrañaba.
A veces me pasaba el año entero esperando para verlo.
–Si.
Me abrigué rápidamente y salí tras él.
Cuando los minutos pasaban, decidí comenzar la conversación.
–Estás cambiado…
–Lo sé –dijo pensativamente–, tú también.
–¿Yo?
–Sí, estas más…alta –Abrí la boca para decir algo de él, pero continuó. –.
Más hermosa que nunca.
Sonreí, pero no dije más.
–Tú también.
Winston se detuvo, esta vez no estábamos a la misma altura, ahora debía
levantar la mirada para conectar con él.
–Voy a comenzar a trabajar para tu padre en cuanto termine el colegio. –
dijo la noticia como si no fuera importante.
Era sumamente importante, porque yo también iba a trabajar con mi padre
y estaba segura él que ya lo sabía.
–Entonces ¿vamos a vernos todos los días?
–Si. –Su rostro era inexpresivo.
–¿Es una mala noticia?
–Depende.
–¿De qué?
–Como como reacciones con esto…–Dio un paso adelante y apoyó sus
labios sobre los míos.
Me tomó por sorpresa al principio, pero cuando sus brazos me rodearon
por la cintura y su calor me invadió, la sorpresa desapareció por completo.
Ya había besado a otros chicos, pero Winston se sentía diferente.
Pasional.
Sabía lo que hacía.
Su lengua apareció en la ecuación y sus manos se movían por mi cabello,
tomando posesión de mí.
Nos besamos por horas, creo.
Cuando se despegó, pude ver el fuego en sus ojos, como algo inhumano,
primitivo y sediento.
–Quiero hacer eso desde que tengo trece. –Una muesca en la comisura de
sus labios.
–Yo también…–Respiré en el silencio de la noche.
Sus ojos navegaban entre los míos, su mirada liada.
–¿Por qué no dijiste nada entonces?
Levanté mis hombros.
–No parecías muy interesado.
Resopló.
Sus manos no se movían de mi rostro y volvió a besarme.
–Te besaría por horas.
Winston era romántico. ¿Quién iba a decir que detrás de esa coraza había
un hombre así?
–¿Tienes algo que hacer? –Me reí y él sonrió de vuelta.
–No, solo estar contigo.
El día que partía de vuelta a Estados Unidos, nos escabullimos del resto y
nos besamos por horas como él quería, tras el granero. Mi tía no iba mucho
por esos pagos y los empleados de ella sabían mirar para otro lado.
–¿Vas a venir el verano que viene? –Jadee entre besos.
–Solo si tu vienes.
–Sí, probablemente sea el último verano, mi papá quiere que empiece
cuanto antes.
–Mejor para mí, así puedo verte más seguido.
Sonreí abiertamente.
Winston hacia que me duela el estómago, pero eran como mariposas, una
mezcla de felicidad, nervios y por sobre todo…excitación.
Sí, Winston despertaba mi cuerpo y sabía que sus manos estaban ansiosas
por tocarme, más de una vez tuve que levantar su mano cuando lentamente de
deslizaba por mi espalda baja o cuando con su pulgar acariciaba el costado de
mi busto.
No era que no quería, pero no estaba preparada.
Para el siguiente verano, los dos teníamos dieciocho.
El día que llegó, me sonrió con complicidad, pero no se acercó, hasta que
cayó la noche y se escabulló en mi cuarto.
Me despertó mientras acariciaba mi cabello.
–Te extrañé. –susurró con una sonrisa.
Apoyé la palma de mi mano en su nuca y lo atraje hacia mí, dejándolo
caer sobre la cama.
Los dos nos reencontramos entre besos, caricias y gemidos.
Esa vez sí lo dejé tocarme.
Quería que lo haga.
Ya no me daba miedo y confiaba en él.
Durante el día compartíamos actividades, nos poníamos al día con lo que
había pasado en el año y los planes para el futuro.
Durante la noche y cuando mi tía apagaba su luz, Winston se arrastraba
hasta mi habitación y se metía bajo las sabanas.
Nos besábamos hasta que él no lo resistía más, había días que lo entendía
porque yo me sentía igual, era como que mi cuerpo me pedía más de él, más
frote y fricción.
–Quiero que cuando empezamos a trabajar seamos pareja. –dijo en la
oscuridad mientras calmábamos nuestras zonas más íntimas.
Giro el cuello para mirarlo mejor.
–¿Novios? –pregunté.
Lo había pensado, pero no quería poner etiqueta a algo que no estaba
definido.
–Si. –respondió mirando al techo, su cabello rubio estaba casi blanco de
tanto sol, sus mejillas rojas.
–Bueno.
Eso lo hizo sonreír, su mano se deslizo por mi cintura y volvió a besarme
apasionadamente.
Su forma de besar cambió al último verano, supongo que tuvo práctica,
pero no quería pensar mucho en ello.
Estaba demasiado entusiasmada, una nueva vida, en un trabajo que iba a
marcar el resto de mi vida, con el chico que hacía que se mueva el mundo.
Nada podía salir mal.
Durante la siguiente noche, dejé que Winston me quite mi pijama, solo la
parte de arriba, intentó quitar mi sostén, pero lo detuve.
Paso a paso, no quería hacer algo que me incomodara.
Él quito su camiseta y me enseño los músculos que se habían formado
con el paso de los años. Winston hacia muchos deportes, pero su preferido
era el Rugby me dijo y lo podía ver en sus hombros anchos, sus brazos
fornidos y sus muslos esculpidos.
La noche siguiente a esa, tomó mi mano y la colocó sobre su sexo, fue
extraño y no del todo placentero, claramente estaba excitado.
–¿Por qué no me tocas? –susurró.
No sabía la respuesta, mi cuerpo no me pedía tocarlo todavía.
–Lo siento. –susurré.
Él tomó mi mano y la movió de arriba abajo sobre su calzón. Dejó caer la
cabeza en su almohada y gimió mientras me movía sobre él.
Verlo excitándose me encendía, pero mi mano se sentía incomoda allí, él
era el que estaba haciendo todo el trabajo, yo solo le prestaba mi mano.
Esperaba que no quiera que lo toque directamente, no sabía si estaba lista.
–Dios, Margot…–Su otra mano se deslizo por mi pecho, tomándolo y
apretándolo mientras se mordía los labios.
Cuando abrió los ojos, encontré otra vez esa sombra primitiva, algo que
me hacía retroceder.
–¿Te molesta si me vengo? –murmuró.
Negué con la cabeza.
Soltó mi mano y se tocó por debajo de su calzón, su movimiento era
rápido y poco atractivo de ver.
Sus gemidos salían desde de la boca de su estómago.
De pronto liberó su sexo, exponiéndolo ante mis ojos. Vi su mano subir y
bajar con violencia, el ruido era extraño, nunca pensé que se iba a escuchar
así la masturbación masculina.
Se sentó en la cama y se colocó sobre mí. En menos de un segundo
desparramó toda su semilla sobre mi estómago y mi sostén.
El líquido era tibio, extraño.
Asqueroso.
Su movimiento seguía, hasta que se desagotó por completo. Y como si
volviera de los muertos, abrió los ojos y se enfocó en mí.
Algo en mi rostro lo espantó, porque reaccionó inmediatamente.
–Mierda, lo siento, lo siento, lo siento –tomó su camiseta e intentó limpiar
sus restos, empeorando todo, porque ahora se sentía frio y desparramado
sobre mi piel. –. Margot, perdí el control, lo siento mucho.
–No te preocupes…–respondí mientras me levantaba de la cama,
necesitaba ir al baño y limpiarme yo misma.
Me sentía rara, excitada, asqueada y nerviosa a la vez.
Cuando vuelvo, Winston estaba sentado a los pies de la cama, sus manos
entre sus piernas, su cabeza baja.
Cuando me vio entrar, se levantó y caminó apresuradamente hacia mí.
–Margot, lo siento, no era mi intención—
–Está bien Win, ya te lo dije.
–Pero no estás bien, estás rara.
Me sentía rara.
No estaba enojada, pero sentía que forzaba una sonrisa.
–Pensé que mi tía nos había escuchado. –La mentira se desparramó entre
mis dientes como si siempre estuviera allí.
Yo no era de mentir, no sé por qué lo hice en ese momento.
Winston sonrió y me abrazó.
–Estaba asustado, pensé que…quiero que sepas que no quiero presionarte,
es que a veces es difícil controlarme cuando te tengo.
Ahora sonreí de verdad.
–¿Quieres que me quede a dormir? Puedo escabullirme en la madrugada.
No quería, pero asentí de todas maneras.
Me llevó de la mano hasta la cama, se acurrucó a mi lado y me abrazó
con ternura.
Durante los siguientes días y noches todo volvió a la normalidad.
Winston se limitaba, cuidándose todo el tiempo de no perder el control y eso
me hacía sentir segura otra vez.
Sabía que me estaba enamorando de él y tenía miedo de encontrar a
alguien diferente bajo todas esas capas aristócratas.
A mí me enseñaron de chica que siempre tenía que apuntar a chicos como
Winston, chicos “de bien”, educados, con ética, moral y por, sobre todo,
valores.
Y eso era él, siempre caballero, romántico y tierno conmigo.
Quizás un día gobernemos juntos Boil, cuando mi padre decida retirarse.
La última noche antes de volver a Estados Unidos, Winston vino como
todas las noches.
Después de nuestra sesión de besos, nos acurrucamos tiernamente.
–Esta es la última noche donde vamos a tener un lugar para estar juntos. –
dijo mientras deslizo su nariz por mi cuello.
Fruncí mi ceño.
–No entiendo.
–Mañana cada uno vuelve a la casa de sus padres, al menos hasta que
podamos vivir juntos, va a ser difícil poder pasar tiempo así, a solas.
Ah…
Oh…
Ya entiendo.
Tomó entre sus dientes mi lóbulo y su mano comenzó a arrastrarse por mi
cuerpo.
La temperatura subía.
Debería hacer esto, si tiene razón, quizás no encontremos otro momento
en el futuro.
Mi cuerpo se contorsionaba, buscando sus manos.
Lentamente bajó por mi estómago, hasta pasar por el monte de Venus,
mis nervios se multiplicaron y mis piernas se cerraron ante la inesperada
invasión.
Sabía a dónde iba.
–Déjame tocarte…–susurró.
La sensación era rara, placentera seguro, pero estaba demasiado tensa
para disfrutar eso completamente.
Su mano se deslizo entre mis muslos, casi empujándolos para que me
abra.
Al principio se mantenía por encima de mis bragas, deslizando su mano
entera hacia arriba y abajo.
Maldición, el placer se incrementaba.
–Sí, así, déjate llevar. –Su voz sonaba profunda, ida.
Sus dedos dejaron de moverse, para correr mis bragas y tocarme
directamente.
Eso me hizo saltar.
Tomé su muñeca y traté de detenerlo, pero siguió.
–Shhh, tranquila, no voy a hacer nada que no quieras.
Quería decirle que todavía no, pero no sabía qué tocó para que cierre los
ojos así y me pierda en el placer. Su dedo entraba y salía de mi interior, no
era una sensación nueva, yo lo había hecho muchas veces, sé que tan
placentero puede ser.
–Dios, estas tan apretada, ni el dedo entra. –gruñó.
–¿Eso es normal? –pregunté, mi mano todavía sostenía su muñeca, me
daba un sentido de control.
El que no tenía.
–Sí y es hermoso. –Escaló un poco sobre mí y en algún momento
desabrochó mi sostén, porque lo quitó con mucha facilidad.
Mis pechos estaban al desnudo, sabía que mis pezones reaccionaban con
el frio y con la exposición que sentía. Antes de poder protestar, Winston pasó
su lengua por el izquierdo y chupó allí mientras su dedo seguía embistiendo.
Cada vez más rápido.
Abruptamente tomó mi quijada y me besó con violencia, como un bruto,
mientras escalaba sobre mí y dejaba que su sexo se arrastre sobre el mío.
Se sentía muy duro ante mi piel sensible.
Cuando sentí que lo alineaba en mi entrada, me paralicé.
–Win…
–Tranquila, solo estamos jugando, no voy a entrar. –dijo mientras su
cabeza subía y bajaba en mis pliegues.
Siseó como una serpiente, mientras miraba detalladamente lo que pasaba
entre mis piernas.
–Estas tan mojada…–dijo como si le doliera– Voy a explotar.
Mi pecho se sentía demasiado desnudo, mi piel fría, así que lo distraje,
arrastrándolo hasta mi boca para que me bese.
Me gusta besarme con él, pero el beso duró poco esta vez, Winston siguió
haciendo eso que hacía.
Hasta que se detuvo en mi centro y comenzó a empujar, la presión se
incrementaba y dolía.
–Winston, no. –dije firmemente.
–Shh, no grites. –susurró tapando mi boca con fuerza. – Disfrútalo
Margot, puedo ver que es lo que quieres, estas chorreándote por mi polla.
Moví la cabeza de un lado a otro.
Su mano no me soltaba, aunque mis dedos intentaban despegarlo.
La presión se sentía cada vez más y el dolor se volvía agudo.
Un grito salió de mi garganta, no podía callarme allí.
Winston salió un poco, creo que recapacitó, pero volvió a meterse en mí,
esta vez yendo más lejos.
Cubre mi boca con las dos manos.
–Ya pasó lo peor –¿acaso no me escuchaba? ¡No quería esto! –. Solo
resta disfrutar.
Una mano se despegó de mi boca y comenzó a darle círculos a mi clítoris.
Sí, la sensación de golpe viró a algo excitante, pero no quita que esté enojada
con él.
Los círculos de su pulgar de incrementaron, sus embestidas también.
–Maldición, sí. –gruñó mientras miraba mis pechos rebotar.
Un cosquilleo apareció entre mis piernas, sabía lo que se venía.
Winston soltó mi boca y se concentró en sus embestidas y su pulgar.
El ruido de nuestros cuerpos chocando.
Sus gemidos.
Todo es crudo.
Mi orgasmo subió por mis piernas, hasta noquearme completamente, casi
que no lo sentía a él, ni lo escuchaba gemir.
Cuando abrí los ojos, lo vi desagotándose completamente dentro de mí, su
cabeza estaba hacia atrás, mordiendo sus labios.
Cuando mi orgasmo se desvaneció, cayó sobre mí una ola de terror.
La realización de lo que acababa de ocurrir, la confusión.
Winston depositó sus ojos en mí, esos que tanto hacían doler mi estómago
y sonrió.
Pero su sonrisa no era la sonrisa luminosa que vi siempre, ahora era
malvada y en ese momento supe, que él también sabía que nuestra historia
había cambiado para siempre.
CAPÍTULO VEINTICUATRO
Carter

Mis uñas se entierran en el apoya brazos del asiento de este estúpido avión.
De golpe este lujo se siente sofocante.
Furia corre por mi cuerpo como si fuese la adrenalina más arrebatadora.
Margot relata con un tipo de dolor que nunca escuché de su boca, evita
mis ojos y me pregunto si es por vergüenza o porque tiene miedo de ver
como mi cuerpo reacciona.
Si hubiera sabido esto el día que lo vi, le arrancaba la maldita polla con
mis manos y se la metía por el culo.
–Tuve un atraso ese mes, durante una semana estaba segura que estaba
embarazada, porque obviamente no nos cuidamos.
–Se cuidó, conjugaste mal –digo con los dientes apretados. –. No te dejó
elegir.
–Sí, es verdad, estaba tan paralizada que lo último que pensé fue en la
protección. Le avisé que tenía el atraso.
–¿Y qué dijo?
Margot levanta los hombros, en rendición.
–Entró en pánico como yo, obviamente dijo que teníamos que “eliminar”
el problema. Sí, yo estaba de acuerdo, pero eso no aplacaba el odio que sentía
por él, aunque creo que si me decía que quería tenerlo me iba a enojar aún
más.
–¿Qué pasó luego? –Apoyo mis codos sobre mis rodillas, siento que mi
cuerpo esta inestable y tengo que sostenerme con algo.
Todavía puedo sentir la vibración de la ira flotando en mí.
–Los dos éramos internos en la empresa, lo cual significaba que lo veía
todo el tiempo, al principio lo evitaba y él intentaba pretender que nada había
ocurrido.
–Hijo de puta…
Mis músculos están rígidos.
Mi respiración es superficial.
Creo que nunca me sentí así.
Tan…tan…frustrado.
Supe, el día que lo vi, que había algo en ese rostro perfecto, ahora sé que
era.
Falta de hombría.
–Pero luego comprendí que no podía dejarlo gobernar mi día, mis
minutos, mis segundos, sabía que mi amigo había muerto aquel día y que
nunca lo iba a volver a ver. Eso me ayudó a crecer en la empresa, hablarle
solo cuando era necesario y solo de negocios. Los dos crecimos, él terminó
desistiendo en su búsqueda por conquistarme otra vez y yo seguí con mi vida,
abrí un club nocturno, conocí a Gal y vivimos la vida loca hasta que
pudimos.
Sonrío un poco cuando la veo relajarse, pero por dentro estoy haciendo
las anotaciones correspondientes, alguien le va a pegar una visita a Winston.
Pronto.
–Sin detalles por favor. –digo mientras me muevo incomodo en el
asiento.
–Como si no fueras así también. –ríe.
–¿Quieres que te relate en detalle también?
–¡No!
Nos reímos.
Demonios, no puedo imaginar cómo alguien fue capaz de hacerle eso a
Goldy.
–Yo…–Carraspeo y bajo el volumen de mi voz. – Si soy muy bruto
puedo—
–No –Interrumpe–. No soy de cristal y no quiero que me trates como si lo
fuera, ¿entendido?
–Perfectamente. –digo levantando mis manos en rendición.
Maldición, siento que mi corazón va a salir volando de mi estúpido
pecho.
La voz del capitán aparece por los altavoces, dice que en media hora
aterrizáremos en Londres.
La azafata pasa por mi lado y murmura con delicadeza palabras que se
traducen en: “Hijo de puta, siéntate bien que ya llegamos”.
Así que sonrío, me siento derecho y abrocho el cinturón.
Goldy sonríe también y su mirada queda vagando por mi rostro.
Siento que algo cambió hoy, un ladrillo más del muro de Goldy se
desploma y estoy pudiendo espiar a un ser que sospechaba que iba a tener un
gran impacto en mi vida.
Maldición, no estaba errado, cuando relató su encuentro con ese idiota,
mi mente podía imaginar a Goldy en sus dieciocho años, inocente, insegura y
confundida, y paralelamente podía sentir cómo le arrancaba la piel a ese…
ah…se me ocurren muchos insultos.
Quizás sea hora de que Carter derribe algunos ladrillos también.
No digo que sea fácil, ni me asegura nada, pero Goldy primero es mi
amiga y por primera vez siento que no estoy tan solo.
Maldición, siempre me sentí tan solo en esta vida que me tocó y ella
ahora está haciendo que todo valga la pena.
El club fue un buen momento, no voy a negarlo, Rage me dio
compañeros, hermanos como los llama él, pero dejemos de engañarnos, los
dos sabíamos que estaba allí por él.
Él era mi amigo.
Y como dije antes, parece que todos en la vida avanzan, Bruno tiene a
Sarah, Dante y Amira, Rage se fue y yo…
Levanto la mirada y la observo, mirando las nubes, con su mano bajo la
quijada y pienso que quizás, en mi futuro no haya tanta soledad.

En Londres no hace falta pagarles a los investigadores, ni a contactos


sospechosos. Yuri Volkov es conocido, muy conocido.
Es uno de esos millonarios jóvenes y atractivos que tiene a un séquito de
mujeres arrojándole bragas directamente a la cara como les pasaba a Los
Beatles.
Nada de esto tiene sentido.
Él tiene buena prensa, parece ser alguien involucrado en muchas ONGs,
tiene una empresa multinacional que factura millones y le permite tener la
vida que tiene.
Polo.
Estancias.
Trajes a medida.
Sonrisa que vale millones.
Entonces, ¿Por qué demonios se robó una mujer de la casa de un
mafioso?
Mientras me hago preguntas sin respuesta, observo las imágenes que
Goldy consiguió de él.
Arrastro la página hacia abajo hasta que se repiten las mismas fotos. Yuri
será un hombre público, pero estoy analizando las fotos y puedo darme
cuenta que nada indica dónde demonios vive.
Nadie sabe quién es su familia.
O cuál es el negocio familiar.
Así que “inteligente” se agrega a la lista.
Goldy se baña, puedo escucharla tararear una canción en la ducha y eso
me tienta a ir a interrumpirla, pero hay algo que tengo que hacer primero.
Algo que me propuse resolver desde que me contó su historia.
Abro una ventana de incognito en el explorador y escribo su nombre.
Winston Martin.
Y ahí está, el imbécil.
Me recuerda a Ken, el novio de Barbie, pelo rubio casi blanco, piel
perfecta, ni una herida de cuchillo, ni el roce de una bala como tiene mi
cuerpo, sus manos probablemente no tengan callos tampoco.
Sí, tiene todo para que lo odie.
Nunca envidié a la gente como él, de hecho, me dan asco porque conozco
muy bien estos aristócratas millonarios, se creen dioses, juegan con la gente y
son capaces de cualquier cosa con tal de mantener su estilo de vida, pero…
puedo verlo con Goldy en muchas fotos y son la pareja perfecta, lucen bien
juntos, como debería ser el hombre que este a su lado.
No particularmente este infeliz.
Pero alguien como él, que no sea terrible.
Entiendo por qué sus padres los empujaban para que estén juntos. Goldy
no lo mencionó, pero claramente era el plan de sus padres lograr esta unión.
Estos aristócratas se mueven por el mundo como si estuviéramos en la época
medieval.
Memorizo su rostro, sus gustos, tiene varios autos, es visto en clubes
rodeado de mujeres, clubes donde tengo acceso si quiero en cualquier
momento gracias a la red de personas que conocí a través de los años.
Si, esto es simplemente una presa más, un nombre más en mi larga lista
de personas que hice desaparecer.
–¿Por qué esa cara? –la voz de Goldy me despierta de golpe, cierro el
ordenador y le sonrío.
–Sigo intentando entender cómo llegar a Yuri. –No estoy mintiendo, eso
era lo que estaba haciendo antes.
Bueno, sí, estoy mintiendo, pero porque no quiero que sepa lo que hago
todavía, Goldy nunca preguntó a qué me dedico y pienso dejarlo así.
En una zona gris.
Goldy deja caer la toalla mojada bajo el marco de la puerta del baño,
exponiendo su cuerpo ante mis ojos anhelantes.
–¿Tus padres estuvieron de acuerdo con tus tatuajes? –pregunto mientras
me levanto y camino hacia ella con lentitud.
En todas las fotos que vi Goldy tenía vestidos que ocultaban sus brazos.
–No, solo mis hermanos saben.
Me detengo delante de ella y acaricio con mis nudillos, (seguramente
ásperos y para nada delicados) todos los dibujos de su piel.
Cuando levanto la mirada, la encuentro mirándome con excitación en sus
ojos.
–Cama. –ordeno.
Y eso es todo lo que tengo que hacer para disfrutar de ella por un par de
horas.
Goldy descansa en la cama con el móvil entre sus manos. Intercambia
mensajes con Bastián y lo pone al día.
Yo hago lo mismo, pero con Dante.
“Primo, ¿Cómo te trata la vida de casado?” escribo con una sonrisa
maligna en mi rostro, sé que le molesta que le pregunto eso.
“No estoy casado, ¡hombre!” Largo una carcajada en voz alta,
imaginándolo enojado.
Goldy me mira de reojo.
–Estoy molestando a mi primo, Dante. –No sé por qué la quiero hacer
partícipe de mi vida, pero lo hago.
–¿Crees que algún día va a adaptarse? –Deja su móvil sobre las sabanas y
se acomoda de costado para enfocar su atención en mi.
–No lo sé, hay días que creo que sí, otros que no.
–Bueno, pero al menos te tiene a ti y a Bruno para que lo ayuden.
Coloco un brazo bajo mi cabeza y el otro lo abro para invitarla a anidar en
mi pecho. Goldy responde ante mi invitación y apoya su cabeza cerca de mi
corazón.
Me gusta tenerla así.
Se siente mía.
Deposito un beso en su frente automáticamente, lo hago sin pensar
siquiera lo que significa.
–¿Qué dice Bastián? –pregunto intentando (desesperadamente) cambiar el
tema para pretender que mi corazón no golpea contra mis costillas.
Aunque probablemente lo esté escuchando.
–Dice que reconoce a Yuri. Que un amigo solía hacer negocios con él, le
dio un poco de información, pero no sé cómo puede ser relevante para
nosotros. –Coloca la palma de su mano sobre mi estómago y por primera vez
estoy agradecido por tener los abdominales marcados.
Sus manos allí se ven bien.
–Quiero escuchar esos datos, vamos. –Insisto mientras apoyo mi mano
sobre la de ella y las veo unirse.
–Dice que Volkov suele hacer eventos de beneficencia, que una vez al
año abre las puertas de su estancia e invita a los ricos y famosos para que
donen dinero a la cause que este apoyando en ese momento.
O sea que vive en una estancia, bien, no me sorprende, claramente ese es
el estilo de vida que lleva basándome en las fotos, pero esos millonarios
tienen muchas casas, no significa que viva allí.
–¿Y de qué fue la gala de este año?
–No me dijo, ¿Debería preguntarle? –Levanta su cabeza, nuestras narices
a centímetros de tocarse.
Sin pensarlo, estiro mi cuello y la beso, justo en la punta de su nariz.
–Sí, quizás saber la causa nos ayude de alguna manera.
Ella se sienta en la cama, dándome la espalda, toma su móvil y vuelve a
teclear la pantalla.
–Dice que lo va a llamar y que luego me dice.
–¿En cuánto tiempo?
–No lo sé, ¿por qué? –pregunta sobre su hombro.
Arrastrando mis manos por su espalda, la atraigo, dejándola caer hacia
atrás.
–Quiero saber si tenemos tiempo para otra revolcada. –digo
diabólicamente.
Ella ríe mientras la arrastro como el hombre de las cavernas hacia mí.
Maldición, no puedo quitar las manos de su cuerpo.
–Eres tan malditamente hermosa. –susurro sobre sus labios.
Por primera vez, Goldy se sonroja.
Su mano derecha se apoya delicadamente sobre mi rostro, acariciando la
barba incipiente que tengo desde que dejé mi vida atrás y me subí a un avión
para estar con ella.
Porque prefería seguir sus pasos, a quedarme en casa, sumergir mi hígado
en vodka y en depresión. Y demonios, sí que tomé una buena decisión,
porque nunca me sentí tan feliz como en este momento, donde ella me mira
con una capa especial en sus ojos. Sé que ella siente lo mismo que yo y no
importa si los dos le tenemos pavor a decirlo, con haber vivido esto con ella,
ya es suficiente para mí.
Maldición, a veces me deprimo con mis propios pensamientos, pero la
vida me hizo así, aprendí a valorar lo que tengo en el presente, porque
probablemente no exista en el futuro.
Abre su boca para decir algo, cuando su móvil comienza a sonar.
Bastián llama.
–¿Hola?, déjame ponerte en altavoz. –Aprieta la pantalla– Listo, ya
puedes hablar.
La voz tétrica de Bastián aparece en la habitación.
–Hablé con Benjamín Knight. –dice– Hace dos años que participó en una
de las galas, dice que siempre estuvo involucrado a partir de allí pero que este
año no pudo asistir.
–¿Cuándo fue? –pregunto.
–No fue todavía, es en cinco días.
Mis ojos vuelan a Goldy y los de ella a los míos.
Una oportunidad.
–Necesitamos una invitación. –Demando mientras camino alrededor de la
cama.
–Lo supuse, por eso le pedí que vaya igual, me dijo que le era imposible
porque tiene un compromiso, pero dijo que iba a comunicarse con la
organización para poder enviar a alguien en su nombre. No hace falta decir
que ya les di los suyos.
–¿Cómo–
–¿Cómo se tu apellido? –Me interrumpe– Carter D’amico, investigador,
conocido en el ambiente por ser mediador entre pandillas, –Claramente lee el
texto de algún lado. – ¿Realmente creíste que iba a dejar mi hermana con
alguien que no conozco?
Goldy me mira avergonzada.
–Bastián, Carter es…
–Tu amigo, lo sé, lo sé, no puedes culparme por querer protegerte,
Margot.
Goldy sonríe.
–Gracias.
–En cuanto me llegue la invitación te la reenvío y Margot, por favor, ten
cuidado.
–Sí –dice mirándome a los ojos–, estoy con el mejor.
CAPÍTULO VEINTICINCO
Goldy

La llamada termina y automáticamente comienzo a morderme las uñas.


–¿Qué…? –pregunta Carter, sabe que tengo algo en la cabeza.
A veces siento que puede leer mi mente.
–¿Investigador?
–Nunca me preguntaste que hacía. –Su tono de golpe es acusatorio y a la
defensiva.
Maldición, eso no puede ser bueno.
–No, asumí que—
–Asumiste mal –dice con sus manos en las caderas–, fui criado por
Bruno, ¿recuerdas?
Me siento a los pies de la cama, procesando lo que creo que está
ocurriendo delante mío.
–Carter… ¿Qué hacías antes de estar en el club? –Mi voz sale temerosa y
odio sentir que de golpe no lo conozco tanto como pensé.
Y sé que él se siente demasiado expuesto ante mí en este momento,
porque toma sus calzones y se los coloca antes de responderme.
–¿Qué crees, Goldy?
No sé si quiero tener esta conversación ahora, no quiero saber qué es lo
que hace.
De golpe siento la necesidad de levantarme y caminar sin sentido por la
habitación de hotel. Estoy entrando en pánico y antes de dejarme caer en un
espiral sin salida, me detiene en el medio de la habitación, sujetándome por
mis hombros.
–Hice lo que me enseñaron –susurra con calma–, lo que tuve que hacer
para no vivir en la calle, por favor, no me veas con otros ojos, soy el mismo
Carter de siempre.
Nunca escuché desesperación en su voz.
Hasta hoy.
–Dilo… –Demando.
Niega con la cabeza, pero la palabra flota entre los dos.
Asesino.
–Margot…
–No me dejes asumir lo peor, por favor.
Suelta mis hombros y camina cinco pasos lejos de mí.
Oh, no…necesita espacio.
Pero también necesita contar su historia.
Mi primo no se enteró cuando fui de mi casa.
Bruno estaba de gira por Afganistán y decidió sumergirse en el caos de la
guerra, las matanzas y asesinando terroristas. Todo lo que lo moldeó en quien
es hoy.
Mis tíos estaban demasiado destrozados después de que llegara la noticia
de que Dante había sido raptado por un grupo terrorista.
Mis padres pretendían interesarse por Dante y por todo lo que estaba
ocurriendo, pero yo sabía la verdad, a ellos no les importaba una mierda.
Mi hermano y único amigo no les importaba una mierda.
La primera noche que dormí bajo un puente, me robaron las pocas
pertenencias que había recolectado de mi casa. A la mañana siguiente
desperté con mi mochila abierta y vacía.
Ese día sí lloré.
Creo que fue una acumulación de cosas, Dante, el quiebre con mis
padres… fue todo demasiado.
Alguien me dijo en la estación de tren que había un refugio, pero que a
chicos de dieciocho como yo se los llevan a trabajar a los campos, así que la
idea de ir me aterraba, no por mí, pero por el hecho de alejarme de mis tíos en
caso de que tengan alguna noticia de Dante.
De vez en cuando pasaba por la casa de ellos, intentaba ponerme la mejor
ropa que tenía. Ellos sabían bien que mis padres no me vestían, así que no se
sorprendían cuando me veían con ropas sucias o rotas.
Mi tía siempre me daba algo de comer, ella asumió que luego de una
merienda conmigo, me iría a la casa de mis padres, pero la realidad es que
volvía a la calle.
Al frio.
A la soledad más absoluta que conocí en mi vida.
Una de las veces que fui caminando en silencio a su casa, escuché
conmoción en la puerta. Recuerdo cómo cerré los ojos y apreté mis puños
con fuerza cuando escuchaba los gritos y el llanto de mi tía.
Sabía que Dante estaba muerto.
Me di la media vuelta y me fui.
No volví nunca más.
No sabía qué hacer, qué decir. Yo tenía que lidiar con mi propio duelo y
estaba haciendo un trabajo horrible.
El poco dinero que me quedaba, lo gastaba en alcohol, drogas, prostitutas,
lo que sea que me saque de mi mente.
El día que probé heroína, inyecté la sustancia en mis venas y en menos de
un segundo, mi cabeza se cayó hacia atrás y se silenció. Por primera vez no
escuchaba nada en mi mente. Dante no era importante, mis padres no
existían, era todo perfecto.
Había placer en mi sistema.
Estaba feliz.
Hasta que desperté en la cama de un hotel de dos estrellas.
Bruno estaba de brazos cursados, apoyado contra la pared, esperando que
entre en conciencia. Puede ver la decepción en sus ojos y me perforó los
huesos, tuve que mirar para otro lado porque no podía soportarlo.
–Dante fue secuestrado por terroristas –su voz fría, neutra. –. Lo llevaron
a una cueva, lo amarraron a una silla y lo llenaron de plomo.
Mis ojos se apretaban, lagrimas explotaban por los costados de mis ojos y
se desparraman por mis mejillas. No quería saber qué había pasado.
El dolor volvió tan rápido como lo silencié.
–Mi mamá está internada, mi papá no sale de mi casa y tú…–Hacia
énfasis en el tu– tú te la pasas de puta en puta, compartiendo jeringas como
un maldito drogadicto. –Su ira burbujeaba hasta el punto de ebullición–
¡¿Dónde dejaste a mi primo?! –gritó, descruzando los brazos y caminando
hacia mí dando largas zancadas. Yo seguía sin mirarlo, mis ojos estaban
perdidos. – ¡Porque lo necesitaba!
–Bruno yo—
–Cállate. –gruñó– No quiero escucharte, tu eres el que me va a escuchar a
mí hoy. Vas a cortar esta mierda, para siempre, vas a salir de las calles y vas a
vivir tu vida.
–No voy a volver—
–No te dije que vuelvas a la casa de tus padres, sé que jodida estaba la
relación, vas a vivir aquí, bajo mis ojos.
Miré alrededor mientras me sentaba en la cama, el mundo daba vueltas, el
vómito subía por mi garganta, amenazando con salir en cualquier momento.
Bruno pateó una cubeta hasta que chocó contra la cama. La tomé
desesperadamente, vaciando lo poco que tenía en mi estómago. Ya no comía
mucho en esa época, mis costillas se hacían notar y no me importaba, porque
las drogas me daban mucha más satisfacción que un emparedado.
Los días pasaron y Bruno se mantenía a mi lado, alimentándome,
ayudándome a pelear la adición, no solo a las drogas, pero a la adición a no
vivir, a que no me importe nada, ni nadie, esa adicción era la peor.
Odiarte a ti mismo es una adicción de igual forma, lo supe siempre.
Cuando todos te dan la espalda, llega un momento que crees que hay algo
mal contigo, algo mal puesto, fuera de lugar. Y si mis padres no podían
quererme, ¿por qué demonios lo haría yo?
Bruno repetía una frase cada vez que rompía en llanto.
–Tú importas, lo que haces importa, la familia importa y te necesita.
Él era mi familia.
Tres meses estuve sobrio, Bruno tenía otra gira, esta vez era Irak, se fue y
me dijo:
–Voy a llamarte todos los días, si la adicción tira fuerte, llámame, no
importa dónde esté, voy a responder.
Él me había dejado solo una tarjeta de crédito, porque tener dinero físico
era muy tentador para gastarlo en alguna ilegalidad.
Como sabes seguro, si es ilegal, hay monedas.
Me gustaba la vida que llevaba, tenía una rutina, Bruno me estaba
enseñando a entrenar, a usar armas, (cosas muy emocionantes para un chico
de dieciocho). Y seguía haciéndolo a pesar de no tenerlo conmigo.
Un día fui a buscar la cena, había un pequeño restaurant en la esquina del
hotel que me gustaba. Recuerdo a la chica que tomaba mi pedido, era bonita
y siempre me sonreía de mas, sabía que era apuesto, era un D’amico, Bruno
era un casanova, Dante también y yo era bastante parecido a ellos.
Cuando terminó de hacer mi pedido, le entregué la tarjeta y cuando me
cobró me la devolvió con un papel.
Su número.
Recuerdo que salí de allí con una sonrisa, la primera después de tantos
meses.
Pero alguien me empujó, todavía tengo las marcas en mis rodillas cuando
caí sobre el asfalto ese día.
–¿Quién te crees que eres?! –Conocía ese tono demasiado bien.
Cuando me di vuelta, pude ver la torre que era mi padre, todos los
D’amico son altos y de hombros anchos.
Abrí la boca para responder, pero se abusó del ángulo donde estaba y me
metió una patada directamente en la nariz.
Los sentidos se nublaron y cuando retomé conciencia absoluta, me
levanté.
Mi papá estaba borracho, alguien le había dicho que estaba viviendo
cómodamente en un hotel. Sabía que Bruno no había sido, dijo que lo iba a
mantener en secreto.
Me dejé golpear mientras gritaba insultos, me dejé golpear hasta que ya
no sentía nada.
Bruno me había enseñado a pelear con mis puños, con la precisión de un
militar y por, sobre todo, me enseñó la templanza.
No me dejaba golpear porque mi padre me paralizaba, me dejaba golpear
para esperar el momento en el que se cansara y arremeter contra él.
Y eso ocurrió.
Un solo trompazo y lo dejé en el suelo.
–¡Levántate, viejo borracho! –grité como nunca grité en mi vida.
Mi papá pasó los dedos por debajo de su nariz y vio sangre, sus ojos se
prendieron con ira, ahora estaba él en el suelo, vulnerable, pero yo no me
moví.
Hasta que dijo:
–Eres una desgracia para esta familia, no eres un D’amico, eres un
pordiosero que va a terminar muerto en una zanja. Nadie va a llorar por ti,
¿me oyes Carter? NADIE.
Y lo perdí.
La técnica de Bruno se juntó con la ira que tenía en mí.
Ni los policías podían arrancarme de él, pero cuando lo lograron pude ver
lo deforme que estaba mi padre, su nariz rota, su labio partido. No podía ni
hablar.
Los policías no necesitaban palabras, ¿un hombre mayor siendo atacado
por un menor? Caso cerrado.
Estuve preso por varias semanas, hasta que un día vino George, un policía
con una gran barriga que resultó ser amistoso y me dijo que alguien había
pagado mi fianza.
Bruno estaba esperándome en la recepción.
Todavía tenía el uniforme puesto, no dijo mucho, simplemente apoyó su
mano en mi hombro y me llevó hasta su coche.
Todo el viaje de vuelta fue en silencio, hasta que noté que no íbamos al
hotel.
–¿Dónde me llevas?
–Mi casa.
¿Tiene una casa?
Bruno se fue de la casa de mis tíos directo a la guerra, ¿y ahora de golpe
tiene una casa?
–¿Vive? –pregunté, porque ningún policía me dijo si mi padre había
sobrevivido a mi golpiza.
–Lamentablemente sí. –Chista Bruno– Pero me encargué de que todos
sepan qué clase de persona es. Mis padres le retiraron el saludo.
No era mucho, pero me hacía sentir un poco mejor saber que mis tíos no
me creían un animal sin control, como él usualmente me describía.
Tuve recaídas, varias, especialmente cuando encontraba alcohol en la
casa de Bruno, eventualmente eso también desapareció. Él me obligaba a
tener una vida extremadamente sana, mientras me hacía correr, entrenar y
todo lo que necesitaba, no estaba seguro para qué, pero me gustaba esa vida.
Bruno de golpe tenía dinero, parecía que cada vez que se iba, volvía con
un millón bajo el brazo.
Un día me decidí a preguntarle qué demonios estaba pasando, me dijo:
negocios, como si fuera obvio, pero yo sabía que había algo turbio
ocurriendo.
El día que me sentí un inútil en su casa, le dije que quería trabajar. Me
consiguió un trabajo en una casa de comidas rápidas, pero me echaron
cuando tuve un problema con un cliente.
Eso pasó al menos cuatro veces.
Yo era un bueno para nada, él lo sabía y yo también, pero Bruno seguía
repitiendo la frase:
––Tú importas, lo que haces importa, la familia importa y te necesita.
–Quiero hacer lo que haces tú. –respondí.
–No. –camina lejos de mí.
–¡Bruno! –Corro detrás– En las peleas es donde me destaco, úsame.
Se detiene sin mirar atrás, coloca las manos en su cintura y libera aire por
su nariz.
–No hay vuelta atrás una vez que empiezas. –dice sobre su hombro.
–No me importa.
–¡A mi si, demonios! –grita y patea una silla, haciendo que atraviese la
habitación entera. – a los asesinos a sueldo se les paga mucho porque el daño
aquí dentro –señala su cabeza con su dedo índice–, es irreparable, te vuelves
frio, apático…
¿Asesino a sueldo?
Demonios, cuando lo dijo en voz alta sonaba muy diferente, ya no estaba
tan seguro.
–Esta noche tengo un trabajo, vas a venir a observar, nada más, si piensas
que puedes sobrevivir sin vomitar, entonces te enseño.
Bruno me dijo que solo asesinaba a hijos de puta, cuando mandaban a
matar a alguien, siempre investigaba primero, preguntaba por ahí quién era
esa persona, si no se convencía, entonces no terminaba el trabajo.
Esa primera vez era un mafioso, uno que era conocido por prostituir a sus
hijas. Bruno me enseñó pruebas para que sepa de la gravedad del asunto.
Yo sabía que Bruno era eficiente, pero verlo en acción era algo
completamente diferente. De golpe mi primo era una máquina.
Firme, preciso, frio, inhumano.
Deslizó su cuchillo por el cuello del mafioso como si fuese manteca.
Nunca vi tanta sangre. No paraba de salir, el ritmo del chorro iba con el
ritmo del corazón y no pude evitar vomitar a los pies del hombre.
No hacía falta que Bruno me diga nada, yo sabía que no estaba listo y no
lo estuve como por dos años. Tenía pesadillas con el cuchillo de Bruno, no
podía dejar de ver el acto una y otra vez en mi cabeza.
Un día Bruno vino con la noticia de que mi mamá estaba internada. Mi
padre le dio la golpiza de su vida.
En ese entonces habían pasado ya tres años de la última vez que los vi,
pero la ira no se disipó con el tiempo, al contrario, se cementaba en mi
corazón y el día que escuché que le había levantado la mano a mi mamá perdí
la cabeza.
Me escabullí en el medio de la noche, listo para matarlo.
Pero Bruno…maldición, no sé por qué creí que podía burlarlo y encontrar
la manera de llegar a mi padre.
Me detuvo en la puerta de la casa de ellos, me arrastró al coche y manejó
por la ciudad por horas.
–No puede ser tu primero –explicó–, ni tu segundo, tienes que hacer las
paces con la muerte Carter, si quieres vivir de esto y tener el dinero que
tengo, entonces eleva tu nivel de juego, es hora.
–No necesito elevar nada más, ¡estoy listo Bruno! –pataleé.
–Ah, ¿sí? Explícame cual era tu plan entonces…o mejor, déjame decirte
lo que iba a pasar, porque eres tan malditamente predecible, que ibas a entrar
allí, mientras en la casa de al lado había una fiesta con al menos treinta
personas, de las cuales diez estaban en el jardín de entrada y te vieron pasar.
Ibas a forcejear la cerradura e ibas a escabullirte, atacarlo por la espalda
mientras miraba la televisión. Ibas a dudar en el último minuto, dándole todo
el tiempo que necesita para saber que estabas en la habitación, iba a
defenderse, probablemente gritar y los de la fiesta iban a escuchar todo lo que
ocurría, mágicamente la policía iba a aparecer y no hay multa que pueda
pagar para sacarte de esa condena.
Maldición, ese era exactamente mi plan.
–Dime primo –continuó–, ¿en qué parte no acerté? La cantidad de gente
de la fiesta o los segundos donde ibas a dudar si podías matarlo o no.
A este punto Bruno ya era un arrogante, pero sabía que tenía razón igual.
–Bueno, necesito mejorar entonces, no puede ir por la vida libre de
cargos, ¡tiene que pagar! –grité.
–Estoy de acuerdo, no significa que seas tú el que tiene que terminar con
su vida.
Yo sabía lo que Bruno estaba diciéndome.
–No, tú tampoco –respondí–. Tengo que ser yo, lo sabes.
Bruno se mantuvo callado por un rato, las calles oscuras y el trafico casi
inexistente nos rodeaba.
–A partir de mañana vienes conmigo, aunque sea los trabajos locales, ya
que no tienes pasaporte para salir del país.
–Tu no usas tu pasaporte…–insistí, porque sabía que Bruno se movía
entre aeropuertos ilegales, no necesitaba documentación.
–No, pero no te ofendas, tú no eres yo, no puedo arriesgarte en suelo
extranjero.
A veces me hacía sentir como un niño, pero luego me daba cuenta que
quizás no estaba tan errado, después de todo, no conocía otro hombre más
inteligente que mi primo.
Durante las primeras semanas salía descompuesto de cada trabajo.
Al mes ya no vomitaba y casi que me acostumbraba a la violencia.
Un día Bruno me dio un trabajo, él dijo que era fácil, algo de lejos, con un
francotirador a un narcotraficante en la frontera entre Texas y México.
Solo tuve que apretar el gatillo. Había entrenado lo suficiente con mi
primo para apuntar en el lugar correcto en el primer tiro, justo en la frente.
Bruno dijo que mi cerebro iba a querer razonar lo que había hecho ese
día, que mi mente iba a explicarme que mi acción tuvo una consecuencia, que
en mis manos estuvo el destino de ese hombre. Que si me arrepentía seguiría
con su vida y quizás nadie lo estaría llorando.
También me explicó que, si yo no apretaba el gatillo, las toneladas de
drogas que él manejaba iba a terminar en los barrios más pobres de Estados
Unidos, que millones de niños y adolescentes iban a terminar en la misma
adicción que tuve yo, que los padres iban a abandonar a sus hijos porque iban
a estar perdidos en la droga o que quizás un ladrón iba a perder el control del
arma en un robo e iba a matar un inocente.
–Lo importante es ver que la balanza este equilibrada, si quitaste una vida
y eso va a pesarte por el resto de tus días, pero recuerda toda la gente que
salvaste.
Ese trabajo me dio quinientos mil dólares.
No sabía ni cuánto dinero era eso, Bruno me dijo que podía comprarme
un lugar para vivir solo, un coche o simplemente seguir con mi vida con
normalidad, viviendo con él y trabajando codo a codo.
Él administraba mi dinero al principio, me daba mil dólares por mes para
que me de mis gustos, pero lo único que hacía era comprarle alcohol a mi
padre y dejárselo en la puerta. El idiota pensaba que alguien se había
equivocado de dirección y se lo quedaba para él.
Mi madre se había ido de la casa, Bruno me dijo que se había mudado
con su hermana a tres estados de mi padre, así que estaba tranquilo que
cualquier consecuencia del alcohol iba a ser solo para él.
Antonio D’amico murió una tarde de sábado.
Con Bruno estábamos mirando Duro de Matar en su televisión, comiendo
comida chatarra y viviendo como cerdos cuando llamó su madre y le dio la
noticia. Bruno puso pausa a la película, pero no aparto los ojos de la pantalla.
–Tu plan tuvo éxito. –Sabía que por su tono hablaba de mi padre, él lo
odiaba tanto como yo.
–¿Mi papá—
–Sí, murió esta tarde.
Me acomodé en el sillón, de golpe incomodo en mi propio cuerpo.
–¿Sabías lo que yo…?
Los ojos verdes de Bruno finalmente conectan conmigo con una ceja en
lo alto.
Por supuesto que sabía.
–Eres un hombre muy paciente, eso es bueno, yo lo hubiese matado hace
mucho ya –levanta la botella de cerveza y le da un sorbo. –. De esta manera
lo hiciste sin dejar rastros, te felicito, te egresaste de esta carrera de mierda.
Bruno no era de adularme demasiado, así que ese comentario me levantó
lo suficiente para seguir esforzándome.
Luego de unos años, a Bruno le salió un trabajo que no podía rechazar,
debía infiltrarse en un grupo terrorista para conseguir toda la información que
pudiese. Me dijo que ya no era seguro que viviéramos juntos, porque yo
podía ser un target al final del día. Así que compré un apartamento, el primer
lugar que era completamente mío. Me gustaba vivir solo, aunque extrañaba la
compañía de Bruno por momentos.
No hablamos por tres años, no podíamos, podía poner todo el juego.
Cuando terminó su misión era otro hombre, más frio que antes. Un día me
llamó como si nunca hubiese pasado el tiempo para pedirme que vigile a una
chica en el hospital, es gracioso que ahora sean marido y mujer, pero nuestra
relación retomó a partir de allí.
Nunca hizo preguntas, yo no hice demasiadas tampoco. Para cuando él
terminó, yo ya tenía u renombre, era conocido por ser uno de los mejores
asesinos a sueldo en la ciudad.
Hasta el mismísimo King pidió por mí para su nueva organización.
Pero siempre fui un lobo solitario, me gustaba así, me gusta así. Aparte
yo creía que una vez que Bruno terminara con su misión íbamos a volver a
estar juntos, pero creo que el destino tenía otros planes. La esposa de Bruno
encontró en un ordenador de los terroristas un video que mostraba a Dante.
Vivo.
Bruno no dudó ni un segundo en dejar su vida atrás, (sí, inclusive a
Sarah) e ir en su búsqueda. Cuando se fue, sospeché que nunca iba a volver y
la soledad me consumió por completo.
Al mismo tiempo apareció Rage y los Soulless Bastards, con el sentido de
pertenencia, Rage rellenó ese agujero por un tiempo al menos.

–Luego te conocí, todo paso muy rápido, estábamos resolviendo un problema


tras otro con ustedes y nuestra amistad…se volvió muy importante para mí.
Pero las líneas se borronearon, transformándose en algo más. Goldy, nunca te
dije que hacía de mi vida porque sabía que yo no te llegaba ni a los tobillos.
Goldy me escuchó atentamente durante todo mi relato, su rostro nunca
mostró nada más que dolor. Y ahora que terminé, espero que algo salga de
ella.
El silencio me mata.
Porque finalmente verbalicé mi miedo, yo no soy bueno para nadie,
especialmente para una chica como ella y el hecho que me mire así,
solamente confirma mis dudas.
Nací para estar solo. Mis primos se esfumaron de mi vida, mis padres no
me deseaban y mi único amigo se mudó a una isla para que nadie le aplaste
los cojones.
Finalmente, su boca se abre para hablar.
–¿Por qué crees que no me llegas a los tobillos?
¿De verdad? ¿De todo lo que dije ESO es lo que quiere saber?
Mujeres…
–Mírate, te llaman Goldy porque tu pelo es como el sol, tus ojos zafiros,
tu cuerpo la fantasía de cualquier hombre que se me cruce por la calle.
Empresaria, poderosa, motera…y yo…mírame.
–Te veo.
–No, no lo haces, soy reo, paso desapercibido, me mezclo en las sombras
porque es donde pertenezco, no puedo estar a la altura de alguien quien
irradie tanta luz y si, esto –señalo entre nosotros– es lo mejor que me pasó en
mi vida, pero no soy un ciego, sé que es temporal y no porque no quiera estar
contigo, sino porque un día, tal vez hoy, te des cuenta que no funcionamos
juntos y probablemente nunca lo hagamos.
–Carter…yo—
–Prefiero no escucharlo ahora, quiero que nos concentremos en rescatar a
tu hermana, volver a Little Rock y luego me dices lo que piensas.
Goldy asiente, mientras traga saliva nerviosamente.
Solo quiero vivir esta fantasía un poco más, ¿es mucho pedir?
CAPÍTULO VEINTISÉIS
Goldy

El día del evento está aquí.


Nuestros nombres están en la lista de una de las fiestas más prestigiosas
de Londres.
Canalicé mi “chica rica” interior y me produje para mezclarme entre los
invitados. Llevo un vestido negro hasta los tobillos, mi cabello recogido con
un peinado que luce desordenado pero elegante a la vez, con algunos
mechones cayendo elegantemente sobre mis hombros, un collar de perlas
bien conservador y aros brillantes. Le dedico mucho tiempo al maquillaje, sé
que somos parecidas mi hermana y yo, así que luego de algunos tutoriales de
YouTube logro tener un rostro completamente diferente.
O lo más alejado a Simone posible.
Carter está vestido con un traje y esta es la primera vez desde que lo
conozco que lo veo tan elegante y debo que admitir, tengo que apartar la
mirada más de una vez para no mirarlo fijamente. El cuello de su camisa está
abierto y muestra su cuello ancho y varonil. Tiene un poco de color por estar
todo el día caminando por las calles de Roma y el cabello acomodado.
–¿Luzco como un pomposo? –pregunta con sus manos en los bolsillos del
pantalón de vestir.
–Luces como uno de esos modelos que todas quieren follar. –digo
honestamente, eso lo hace sonreír.
–¿Quieres follarme ahora, Margot?
Dios, amo como dice mi nombre.
–Sí, pero no podemos llegar tarde, la tarjeta de invitación dice
explícitamente que hay que ser puntuales, parece que ese canalla de Volkov
es obsesivo con el tiempo.
–Y poco le queda…–susurra.
–No –repito por enésima vez–, no puedes matarlo a menos que Simone lo
solicite, ¿entendido?
Carter cruza sus brazos y revolea los ojos.
–Entendido…
Camino a su lado, pero me toma de mi muñeca deteniéndome en el lugar.
–Tú también luces como alguien a quien quiero follar…mucho.
–Lo sé. –sonrío abiertamente y sigo mi camino, moviendo las caderas, sé
que está observando con hambre y lo hago muy a propósito.
El coche rentado está en la puerta, tenemos al menos una hora de viaje
hasta su estancia llamada “Willow Hall”. Mis nervios están de punta y Carter
esta sorpresivamente callado.
Los dos repasamos la idea que tenemos, pero los dos sabemos que, si no
pasamos por la puerta, no hay plan.
Si mi hermana me ve, no hay plan.
Si Yuri Volkov nos encuentra sospechosos, no hay plan.
Y así, una infinidad de problemas que no tienen solución en mi
imaginación.
–Llegamos. –susurra a medida que entramos por un camino de piedra,
hay antorchas que iluminan y guían el camino.
A lo lejos se ve una de las mansiones inglesas más majestuosas que vi en
mi vida.
–Wow…–exhalo.
–Simone es exquisita hasta en las prisiones que elige…–dice, mientras
conduce hacia a Willow Hall.
Nos espera un valet y abre la puerta de nuestro coche, antes de que Carter
pueda decirme algo antes de entrar.
Ayer repasamos algunos tips de protocolo que debe seguir, le enseñé a
comer con diez cubiertos, a como sentarse en la mesa y a cómo moverse.
Dijo que se sentía Dante, no sé bien lo que significa.
Carter da la vuelta al coche y abre mi puerta para dejarme salir.
–Gracias. –sonrío.
La mansión se ve iluminada por dentro, el bullicio que se escucha, delata
la fiesta ya comenzó.
Carter extiende su brazo para que yo lo tome y caminamos con una
sonrisa hacia el hombre en la puerta de entrada. Tiene una Tablet en su mano
y tremenda cara de culo.
–¿Nombres? –dice con su acento inglés.
Los dos respondemos con cierta incomodidad, el hombre desliza su dedo
por la pantalla, sus cejas unidas en el medio de su frente. Mi corazón late tan
fuerte que Carter lo debe sentir en mi brazo, ya que comienza a acariciarme
con una sonrisa amable.
Pero siento que por dentro dice: CALMATE.
–Adelante. –señala la puerta.
Uf, que alivio.
Al entrar, una mesera nos espera con dos copas de cristal y un
Champagne burbujeante. Los dos tomamos las copas y sonreímos.
–Odio el Champagne. –murmura Carter mientras se lleva la copa a la
boca.
Yo lo imito en el movimiento y aprovecho el ángulo extraño para repasar
el lugar y la gente.
–No parecía que lo odiabas en Italia. –le recuerdo con una media sonrisa.
–Eso es porque necesitaba alcohol para convivir en la misma habitación
contigo y no morir por una erección eterna. –guiña un ojo hacia mí y siento
que mis mejillas se encienden.
Estamos en una especie de sala de techos muy altos, la gente que
comienza a juntarse se divide en grupos y conversan entre ellos. Todo el
dinero de Londres probablemente esté aquí, casi que puedo olerlo en los
vestidos carísimos, los trajes a medida y las joyas que resplandecen con las
luces tenues de la mansión.
–¿Lo encontraste ya? –pregunta mientras extiende su brazo de vuelta y
comenzamos a caminar lentamente por el inmenso lugar.
Sé que se refiere a Yuri, pero no puedo distinguirlo, los hombres están
todos vestidos igual, se mueven con la misma confianza y elegancia que
tienen todos los hombres millonarios.
–No, ¿tú sí?
–Si.
Carter pretende analizar un cuadro ecuestre delante nuestro, mueve sus
brazos como si estuviera explicándome algo de la pintura, no puedo creer lo
bueno que es pretendiendo ser alguien de aquí.
–Cómo puedes ver…–dice en un tono alto, pero luego lo baja al mínimo–
a las seis mías, hablando con un hombre de anteojos, no puedes voltear ahora,
necesito que encuentres a Simone, es importante que nosotros la encontremos
primero a ella y no al revés.
Pero no hace falta buscarla, ya que el murmullo del cuarto se apacigua de
golpe, obligándome a voltear y seguir la mirada de todos.
Simone baja por las escaleras.
Luego de tanto tiempo sin verla, siento que mi cuerpo se desespera por
correr hacia ella y abrazarla, pero Carter se encarga de agarrar mi brazo y
mantenerme en el lugar.
Por primera vez puedo experimentar lo que sentían esos padres cuando
les devolvía a sus hijas después de creerlas muertas. Es casi extra-corporal el
sentimiento, una mezcla de pánico por pensar que esto es un sueño y alegría
eterna por tenerla delante mío.
Ella sonríe mirando hacia abajo, esta hermosa, vestida con un elegante
vestido, probablemente Valentino. Luce saludable y feliz.
Sigo su mirada y veo a quién mira así, a Yuri Volkov.
–Claramente lo ves ahora.
–Si…–susurro mientras miro su interacción con curiosidad.
Volkov toma su mano para ayudarla a bajar las escaleras, susurra algo a
su oído y ella se sonríe como nunca la vi en mi vida.
Brilla.
Resplandece en manos de ese hijo de puta.
¿Cómo puede ser?
La lleva de la mano hasta un círculo de hombres y la presenta a uno en
particular.
Carter toma mi brazo y nos acerca un poco, siempre dándoles la espalda.
Puedo escuchar palabras al azar, pero nada que diga explícitamente de que
hablan. Por el rabillo de mis ojos puedo ver cómo Volkov la sostiene cerca de
él, casi posesivamente y cada vez que la mira, encuentro una sonrisa.
–No entiendo…–susurro.
Carter toma algo comestible de una bandeja y me lo entrega.
–Creo que nuestra teoría era real, están enamorados. –dice directo a mis
ojos, casi analizando la reacción que voy a tener.
–No puede ser amor real, si ella no sabe quién es él en realidad. –gruño.
Carter toma de su copa una vez más y mira hacia otro lado.
Maldición, Margot, tú y tu bocota.
–No me refería a…—
–Lo sé, no te preocupes –Su actitud cambia por unos segundos. –.
Tenemos que pensar cómo separarla sin que nadie lo note. –murmura.
–Quizás deba asecharla de alguna manera.
–Imposible, Volkov va a donde sea que ella está. –Puedo verlos a los dos,
moviéndose entre diferentes círculos sociales, él nunca la pierde de vista.
–Qué tal si—
–¡Hola! –Interrumpe una mujer mayor, haciendo que los dos nos
sobresaltemos y cerremos la boca. – Soy Antonia Smith. –La mujer mayor de
cincuenta años extiende su brazo arrugado y espera por mi mano.
–Encantada, soy Margot, él es mi marido Carter. –De golpe todos los
trucos y reglas que mi madre me enseñó a través de los años, se colocan en
mi cerebro y comienzo a jugar a ser la princesa de la alta sociedad.
–Un gusto, creo que nunca los vi en estos eventos, ¿puede ser? ¿Es eso
acento americano? –Maldición, Antonia es una chismosa, la peor clase de
señora con dinero, no le importa nada, solo quiere información.
–Sí –digo riéndome con soltura–, somos nuevos y estamos muy contentos
de comenzar a contribuir en este país. –Tomo el brazo de Carter, él tiene la
boca cerrada y sonríe sin mostrar los dientes.
–Que increíble iniciativa, Yuri siempre resalta cuando se trata de
devolverle a la comunidad.
Asiento con cierto interés aparente en mi rostro.
–Oh, ¿y escucharon que su novia hoy va a dar un concierto? Adam
Levone vino exclusivamente a escucharla.
–Oh, guau, que afortunados somos, ¿no, amor? –digo apretando un poco
el brazo de Carter.
–Sí, claro –su voz firme y profunda–, estoy ansioso por escucharla.
De golpe todo el tumulto de gente se mueve hacia una habitación y eso
interrumpe la conversación.
–Oh, ¡ya empieza! –dice Antonia– Si me disculpan, quiero encontrar un
buen asiento.
–Claro, un gusto. –digo en el aire, pero ella ya se fue.
Miro a Carter y con solo nuestros ojos entendemos absolutamente todo,
esta tiene que ser nuestra oportunidad.
Cuando entramos a la habitación donde el concierto va a ocurrir,
encuentro a Simone sentada en el piano, Volkov delante de ella y un gran
tumulto de gente a su alrededor.
–Tengo una idea –susurra Carter mientras nos aleja de todos, colocándose
en la pared más cercana a la salida. –, tenemos que estar muy atentos a lo que
pase cuando termine, ¿entendido? En el caso de que Simone quede sola en
esta habitación, nuestra oportunidad es tomarla.
–¿Y si grita?
–Yo me encargo, tú ve a los establos que vimos en la entrada, espérame
allí con el coche cerca y la llevo para que puedan conversar.
Asiento y comienzo a caminar hacia la puerta cuando escucho la primera
tecla del piano. Eso hace que me detenga en el lugar.
La melodía suena y todo el mundo se calla, parece que nadie se mueve o
respira.
Volteo y observo a mi hermana cobrar vida.
Como si floreciera.
Simone toca como nunca antes la escuché. Sus dedos se mueven sobre las
elegantes teclas con facilidad y sinergia. Su mente casi absorbida por la
melodía, que por cierto, es triste y extrañamente pacífica. Cuando termina
ella sube la mirada y lo primero que ve es a Yuri Volkov, satisfecho,
orgulloso…enamorado.
Maldición.
Carter aparece a mi lado y me toma del brazo con suavidad.
–Sé que es difícil, pero si te ve, se va el plan a la mierda, por favor, vete a
los establos.
Asiento y me voy antes de escucharla tocar la segunda canción.
CAPÍTULO VEINTISIETE
Carter

Lentamente voy cambiando de posición, me muevo entre las sombras de


estas personas, como lo hice toda mi vida, hasta ocultarme en un ángulo
donde nadie puede verme, especialmente Volkov o Simone.
La hermana de Goldy es peculiar, es sumamente parecida a Goldy, pero
su energía es diferente, es tímida, silenciosa y precavida.
Todo lo contrario a la otra rubia que me pone de rodillas con su actitud
arrolladora, su lengua filosa y sus tatuajes.
Simone toca una canción, o melodía o cómo demonios se diga y cuando
termina puedo ver que es la última pieza, porque el hombre al cual parece que
buscaba impresionar, se levanta y la besa en las dos mejillas.
Cuando la habitación se desagota, lentamente me oculto entre objetos
contundentes, los dos están tan absortos, que no ven el cuerpo oculto en las
sombras.
Yuri Volkov y Simone hablan y festejan una victoria. Los observo con
curiosidad, es increíble que Goldy no admita lo enamorados que están, pero
entiendo cuando dice que Simone debe saber la verdad.
Aunque siento un poco de empatía por el ruso. Esta noche mucho va a
cambiar en su vida y aún no lo sabe.
Simone se sienta en el piano otra vez, contemplativa y con una sonrisa
que no se le borra con nada, bueno, excepto con mi presencia. Porque en el
momento que cubro su boca y la arrastro fuera de la habitación, el pánico
comienza a brotar en ella. Camino lo más rápido que puedo por la estancia,
Simone mueve sus piernas intentando soltarse, pero no tiene chances
conmigo, peso el triple que ella y mido el doble.
Cuando llegamos a los establos, Goldy aparece en el momento que
escucha los gritos ahogados de su hermanita.
Y Simone se paraliza entre mis brazos en el momento que posa sus ojos
en su hermana mayor.
–Simone…–exhala Goldy mientras camina hacia nosotros.
No hace falta que la sostenga ya, Simone se volvió de gelatina de golpe.
Goldy la abraza fuertemente, la abraza como una hermana que dio por
muerta a su hermanita, pero la tiene delante de ella. Simone por otro lado,
sigue petrificada.
Yo doy un paso atrás y les doy espacio mientras vigilo que nadie se
acerque.
–Margot…yo…–toda la alegría que tenía esa chica, se esfuma en un
segundo y rompe en llanto. –Lo siento, sabía que debía haber llamado, pero

–No me expliques nada –dice Goldy con su voz entrecortada–. Nada, no
me merezco explicaciones, solo estoy feliz que estés viva, pero hay cosas que
debes saber.
Simone frunce sus cejas y espera por Goldy.
Cuando su hermana le cuenta que Volkov es en realidad el hermano del
hombre quien la arrancó de su vida, Simone llora sin consuelo, Goldy le da
espacio y le responde todas las preguntas que Simone le hace.
Ninguna es sobre quién demonios es el hombre que la raptó de su castillo
y la trajo a este establo maloliente, (o sea yo) pero estoy acostumbrado, vivo
en las sombras, ¿recuerdas?
Volkov aparece eventualmente.
–Quieto ahí, semental. –digo apoyando el arma en su espalda.
Pocas veces generé empatía con alguien como Volkov, pero cuando veo
en sus ojos el temor por perder a Simone, un nudo en mi estómago se tensa.
–Sim…–susurra.
La hermana de Goldy niega con la cabeza, su boca esta sellada.
–Sabe todo. –dice Goldy con saña en su voz.
–Sim, lo siento, yo…—
–Dile, Ivanov, –dice Goldy– dile quién eres, porque le está costando
creerme.
–Ese no es mi apellido. –gruñe, el odio que siente por Goldy es fácil de
ver, eso hace que esté doblemente atento a sus movimientos.
No lo culpo, ella está arrebatando al amor de su vida, pero sé que no
puedo interrumpir esto, no tengo poder en este escándalo.
–Es el apellido de tu padre y tú hermano. –Acuso intentando apoyar a
Goldy en esta situación.
–No significa que sea el mío –responde con los dientes apretados–, Sim,
déjame explicarte.
Intercambiamos una mirada con Goldy y entiende lo que le imploro.
Otórgales un segundo de intimidad.
Goldy asiente y empujo a Volkov hacia Simone cuando veo que no se
mueve.
–Quiero hablar a solas con Simone. –ordena Volkov.
–¿Y dejarte que la manipules como hiciese todos estos meses? Ni lo
sueñes.
–Sim, yo no soy como mi hermano.
–Era –interrumpe Goldy con una ceja arriba–, ¿o también evitaste decirle
que está muerto?
Volkov traga la rabia que Goldy le genera y se concentra en la chica que
no para de llorar.
–Sim, tienes que creerme, dame dos minutos para explicarte por qué hice
lo que hice.
–No –finalmente habla Simone–. El tiempo de escucharte lo
desperdiciaste todos estos meses, Yuri.
–Sim, por favor…
Goldy da un paso al frente y toma a su hermana del brazo, casi
arrastrándola fuera del establo.
Yo levanto el arma y le apunto, dándole a entender que no haga ningún
movimiento abrupto, pero me doy cuenta que lo último que le preocupa a este
hombre con el corazón roto, es mi pistola, en cambio es a Simone quien no
deja de mirar.
–La única razón por la cual tu corazón todavía funciona, es porque
Simone me hizo prometer que no te mataría, pero no dudes, ni por un puto
segundo, que, si te veo otra vez o cerca de ella, voy a apretar el gatillo. –
gruño, aunque mis palabras se escuchan falsas en mis oídos.
–No te preocupes –responde mirando hacia donde Simone desapareció. –,
el gatillo lo apreté yo hace mucho tiempo.
Eso termina de dejarme boquiabierto.
Maldición, puedo sentir lo que este hombre está sintiendo y no entiendo
por qué.
El coche aparece abruptamente en la puerta del establo, camino hacia
atrás sin perderlo de vista. Sé que Volkov no tiene energía para atacarme y no
es por eso que no puedo apartar la mirada.
Es porque pocas veces vi tanto dolor en los ojos de un hombre que no sea
yo.
CAPÍTULO VEINTIOCHO
Goldy

Simone siempre fue una niña silenciosa, mi madre la hizo así y le hizo creer
que su opinión no importaba.
Que su voz molestaba.
Y que su imagen era más importante que su salud mental.
Pero nunca estuvo tan silenciosa como ahora, nunca tan triste.
Estamos de vuelta en el avión privado de mi padre, viajando a casa, de
vuelta a Estados Unidos y a nuestra ciudad, Little Rock.
Carter tampoco me habla y entre los dos me hacen sentir como la villana
de la película. ¿Hice bien en pinchar la burbuja de Simone?
Sí, siempre es mejor la verdad, solo que es difícil de recordarlo cuando
causa tanto dolor.
A pesar de escuchar el sonido constante de las turbinas, oigo a Simone
lloriquear, así que le pido a la azafata que me dé una caja de pañuelos para
ella y sin hacer movimientos bruscos me siento a su lado.
Solo quiero que sepa que estoy aquí para ella.
–Debes creer que soy la mujer más patética del mundo. –susurra mi
hermana mirando por la ventana hacia la infinidad de cielo.
–En absoluto, eres la mujer más fuerte que conozco y créeme conocí
muchas estos últimos meses –Gira su cuello y me mira con ojos
malhumorados. –. ¡De verdad! Yo no creí que ibas a volver con nosotros,
tomaste una decisión muy difícil hoy.
–Creí que me amaba de verdad…–susurra.
–Lo hace, pero decidió ocultar lo más importante de todo.
Simone usa los pañuelos y se mantiene pensante.
Los minutos pasan y no volvemos a hablar, puedo sentir la energía triste
que irradia, pero su compañía hace que mi corazón esté feliz. Después de
tanto tiempo, de combatir pensamientos nefastos y ver cómo otras mujeres
fueron robadas durante el trayecto de estos meses, verla entera, viva y de
camino a casa, parece irreal.
–¿Mamá y papá? –pregunta mirando al frente.
–Bien…bueno, más o menos, pero cuando te vean van a volver a ser
quienes eran –Simone me mira extrañada–. No se lo tomaron bien, ya sabes,
tu desaparición y todo eso.
–¿Están muy enojados conmigo? –Sus ojos cargan con un nuevo
sentimiento, ya no tanto pena, más bien miedo.
Levanto una ceja.
–¿Enojados? Simone, están devastados –digo con dureza en mi voz–.
Papá se culpa todos los días por lo que pasó y mamá no puede levantar la
cabeza de la cama.
Los ojos de Simone se llenan de lágrimas otra vez, así que levanto el
apoyabrazos que hay entre las dos y la abrazo con fuerza.
–¿Creíste que tu desaparición no les iba a afectar? Hermana, se detuvo la
vida de todos nosotros, fueron meses agonizantes.
–¿Bastián también? –susurra en mi cuello.
–A Bastián tuve que detenerlo para que no prenda fuego la estación de
policía cuando no te encontraban.
Se ríe.
Pero es verdad.
–Lo siento.
–Shh, ya está, lo importante es que estas aquí con nosotros, estas bien de
salud, no podemos pedir más.
–¿Quién es el matón que está ahí? –susurra.
Me rio.
–Es mi amigo, Carter, vino a ayudarme, de hecho, está ayudándome hace
meses.
Los ojos de Simone miran por encima de los asientos con curiosidad al
hombre sumergido en sus pensamientos.
–¿Amigo?
Sigo la mirada de mi hermana. Carter esta tirado en el sillón, su rodilla se
asoma en una rasgadura del vaquero negro, su camiseta está un poco
levantada a la altura de su ombligo y se le ven algunos abdominales, su
mirada luce malhumorada.
–Es un camión, ¿no?
–Es…tu estilo, creo. –responde Simone con educación.
–Lo amo…
Simone abre los ojos otra vez.
–¿Y él lo sabe?
–Sí.
Toma mi mano y la aprieta con fuerza.
–¿Y él? ¿Te ama?
–Sí, creo que sí. –Vuelvo a reírme por lo infantil que me siento hablando
de esto.
–Entonces no lo dejes ir, Margot. –Las palabras de Simone suenan
dolorosas, sé que piensa en Yuri en este momento.
–No lo haré, te lo prometo.
Simone vuelve a su asiento y dice algo que no había pensado antes:
–No importa que no encaje con tu vida, si tú lo amas, no debes pensar en
esas cosas.
CAPÍTULO VEINTINUEVE
Carter

Siento un ladrillo sobre mi pecho, como algo que no me está dejando respirar
y creo saber qué es.
La puta realidad.
Este viaje con Goldy fue solo un regalo que me dio la vida, algo
momentáneo y pasajero. Pero la realidad está aquí y sé que los dos vamos a ir
por caminos diferentes.
Goldy habla mientras piensa, no mide las palabras, ni se da cuenta el daño
que pueden provocar.
Ejemplo A: cuando Rage la escuchó hablar con Big K sin preguntarle si
ella aceptaba el plan que tenía.
Ejemplo B: Cuando balbuceaba sus planes para cuando Simone volviera a
su vida, de las responsabilidades que debe retomar, su puesto en la empresa
de su padre, los inversores con los que debe relacionarse.
Siempre fui de vivir más el presente y ver dónde me lleva, quizás por eso
no me di cuenta hasta que ella lo dijo (sin notarlo) que un futuro entre los dos
era prácticamente imposible.
Imagina esta escena diaria:
Los dos llegamos de trabajar, Goldy llega a la casa con un traje Armani,
su cabello rubio recogido elegantemente. Mientras se quita los zapatos de
tacones altos, me relata su día, de cómo la acción de la bolsa bajó, de cómo
aplastó la competencia y otras cosas de empresaria.
Mientras YO me lavo las manos llenas de sangre del trabajo que tuve que
hacer esa noche.
No.
No está bien, nuestros mundos corren paralelamente, pero nunca se tocan.
Y esa realización, es lo que hace que no esté pudiendo respirar con
normalidad. Porque nuestra historia llegó hasta aquí y me llena de ira
haberme enamorado de una mujer inalcanzable para alguien como yo. Lo
peor de todo es que sé que me ama, no tiene que decírmelo, lo veo en sus ojos
cuando me mira, en sus caricias cuando baja sus muros. Ella va a sufrir tanto
como yo cuando sé dé cuenta de que no podemos estar juntos.
El piloto comienza a hablar por los altavoces, diciendo que en pocos
minutos vamos a aterrizar. Levanto la mirada después de casi un siglo de
mirar por la ventana y encuentro a las dos hermanas juntas, abrazadas.
Goldy consolando a Simone en silencio.
La mujer que amo me mira y me da una media sonrisa, puedo ver que
está cansada, tiene ojeras debajo de sus ojos, su vestido luce desalineado en
comparación a la bomba perfecta que era hace unas horas y su cabello está
recogido como el primer día que la vi.
Luce vulnerable, una nueva faceta de Goldy.
“Gracias” modula solo para mí y yo asiento seriamente para no desatar el
nudo en mi garganta.
Antes de comenzar la misión en Willow Hall, tomé el móvil de Goldy y
le robé el número de Bastián solo por precaución, en caso de que todo salga
para el culo esta noche. Pero como todo salió bien solo le dejé saber con un
mensaje corto:
Volviendo con las dos, llegamos al aeropuerto en dos horas.
Ok, me contestó.
Cuando el avión aterriza, tomo mi bolso y el de Goldy, y camino detrás
de ellas. Las dos hermanas bajan por la escalera de la mano. Goldy irradia
energía, pero Simone…mierda, esa chica no quiere bajar del avión, lo puedo
ver a kilómetros de distancia.
Las dos toman aire cuando levantan la vista y ven a la familia completa
esperándolas en la pista.
Padre, madre y Bastián.
Con dos guardaespaldas y dos camionetas blindadas.
La madre llora desconsoladamente, el padre la abraza y sonríe con orgullo
mientras ve a las hijas bajar. Bastián tiene los ojos firmes sobre mí, sus cejas
unidas en el centro, sus manos en los bolsillos de su traje.
Cuando finalmente llegan a tierra, las dos corren hacia sus padres y los
cuatro se abrazan en un gran reencuentro.
Dejo los bolsos en el suelo, en algún lugar donde los puedan ver.
Muevo mi cabeza hacia Bastián, reconociéndolo y él responde de la
misma manera.
Mi trabajo está hecho aquí, por eso retrocedo y desaparezco de la pista y
de la mujer que amo.
No veo porque debería alargar esto.
Fin.
CAPÍTULO TREINTA
Goldy

Luego de un abrazo largo con mis padres, vuelo a los brazos de Bastián.
–¿Cómo supiste—
–Me avisó Carter. –responde rápidamente con su voz formal, un tono que
para muchos es frio y alejado, pero sus brazos están fuertemente sujetados
entre Simone y yo.
Simone está llorando de vuelta y Bastián acaricia su espalda con cuidado.
Puedo ver en sus ojos como la mira, casi incrédulo de tenerla cerca otra vez.
Creo que todos nos sentimos así, es como ver un fantasma.
–¿Cómo consiguió tu numero? –pregunto mientras busco por él entre el
revuelo, pero no lo encuentro.
–Margot. –llama Bastián, su tono hace que me enfoque en el
inmediatamente– Déjalo ir.
Vuelvo a mirar detrás mío y encuentro los dos bolsos que él cargaba en el
suelo.
¿Se fue?
–Vamos –ordena mientras nos empuja delicadamente a las dos hacia la
camioneta–, deben estar cansadas.
A medida que la camioneta se desliza por las calles de la ciudad que tanto
conozco, miro por la ventana, esperando milagrosamente verlo.
¿Por qué se fue así? ¿Ocurrió algo?
Tomo mi móvil y envío un mensaje.
¿Qué ocurrió?
Lo guardo otra vez y me enfoco en Simone, quien relata con poco detalle
las últimas veinticuatro horas a mi hermano.
La mansión de mis padres sigue siendo el lugar imponente de siempre,
pero me pregunto si Simone siente la misma frialdad que yo. Debo admitir
que Willow Hall era mucho más acogedora.
Durante las próximas horas, mis padres no abandonan a Simone, no la
pierden de vista por un segundo. Bastián no se queda atrás y mi hermana luce
abrumada, triste e ida.
–Simone –la llamo con un tono más alto del que usa mi madre mientras le
cuenta todo lo que ocurrió estos últimos meses–, tienes que descansar.
Sé que es una mentira, Simone no tiene cansancio, tiene angustia. Pero
eso no quita que necesite pasar tiempo a solas.
–Oh, sí –dice ella educadamente, compartimos una mirada cómplice y la
acompaño a su cuarto. –. Gracias. –murmura cuando nadie puede
escucharnos ya.
–No hay problema.
Entramos a su habitación y mira todo con curiosidad.
–¿Es raro volver aquí? –pregunto bajo el marco de la puerta. No quiero
entrar, quiero que tenga su fuerte aquí, como lo fue siempre.
–Si…creo que me acostumbré a llamar Willow Hall mi hogar. –confiesa
pensativamente mientras acaricia la colcha de su cama, su voz nunca sonó tan
apagada.
Todo está absolutamente igual que siempre.
Todo menos ella.
–Siento que arranqué toda la felicidad que tenías allí. –Mi voz se
entrecorta inesperadamente, casi traicionándome. No quiero que mi hermana
me vea vulnerable, no ahora.
–No, no, Margot, no lo hiciste –camina hacia mí y toma mis dos manos–,
solo hay una persona que culpar aquí y es Yuri. –el nombre de su amante
suena raro en su lengua, como si fuese filoso y puedo ver cómo hablar de él
la lastima.
–Sí, ya se –Lagrimas incontrolables comienzan a caer, creo que al fin
estoy dejando mis sentimientos flotar entre las dos–, pero nunca te vi tan
feliz, Sim, siempre sentí que esta familia te ahogaba, pero nunca hice nada
para detenerlo y ahora que encontraste felicidad…
Mi garganta se cierra por completo, mi voz desaparece.
Simone me abraza y por primera vez, ella me consuela a mí.
–Estoy bien –miente, lo cual me pone peor, me duele más que nunca. –.
Dame tiempo, ¿sí?
Definitivamente la Simone que conocí durante toda mi vida desapareció,
porque esta mujer que me habla, es más sabia, con una templanza nunca
vista.
Quizás Yuri Volkov no era tan malo para ella después de todo.
Asiento ante su mentira y la dejo ir, porque las dos necesitamos pensar
cosas, pero no suelto la mirada a medida que ella cierra la puerta y se
sumerge en la tristeza más infinita que vi alguna vez.
Volteo y me estrello contra un cuerpo alto y musculoso.
Mi hermano sabe caminar sin hacer un solo sonido.
–Carajo, Bastián, vas a darme un infarto.
–Tenemos que hablar. –dice, ignorando por completo lo que acabo de
decir o las palpitaciones aceleradas de mi corazón.
–¿Tiene que ser ahora? Tengo que buscar a Carter para ver si está—
–Él está bien, vamos. –toma mi brazo y me arrastra al cuarto más alejado
de todos, la oficina de mi padre.
Bastián toma el asiento que suele ser del CEO de Boil como si fuera
propio, se desabrocha el traje y deja caer su cuerpo en el asiento de cuero. Yo
por otro lado, me mantengo de pie, con los brazos cursados, esperando por lo
que sea que tiene que decir.
–Margot, ¿un club de moteras? ¿de verdad?
Mi estómago se estruja, pero lo enmascaro rodando mis ojos
irritadamente.
No mostrar vulnerabilidad es tan fácil para mí que ya me volví
profesional.
–Hasta donde tengo entendido, solo tengo un padre Bastián.
Con el puño cerrado golpea el escritorio de roble, haciéndome sobresaltar
en el lugar.
–¡Maldición, Margot!, ¡pusiste a toda la familia en riesgo!
¿Riesgo? ¿RIESGO?
Descruzo los brazos y doy un paso más cerca del escritorio.
–¡Lo único que hice fue procurarme que Simone vuelva a casa, Bastián!
¿¡De qué demonios hablas!?
Se levanta y camina furiosamente de un lado a otro, puedo ver los genes
de mi padre en él, tan claros que me da impresión.
Se detiene, patea la silla de cuero y sale rodando hasta chocar contra la
pared. Apoya sus nudillos sobre el escritorio y conecta sus ojos rabiosos
directamente con los míos.
–Hiciste un club de moteras, trabajaron con otro grupo de moteros de
muy mala reputación, te involucraste en rescates de mujeres secuestradas,
saliste como tutora de al menos trece niñas que no tienen familia, fuiste
secuestrada por nada menos que el mismísimo Ivanov y luego sales en
búsqueda de Simone como si esto fuese una película romántica. ¿Eso no es
riesgo?
¿Cómo lo sabe?
Trago saliva con tensión en la garganta.
A Bastián no le gustan las mentiras.
–¿Crees que eres la única con contactos en esta familia?, niña, yo me crie
en el barrio, no tienes puta idea qué estás haciendo.
Mi boca se abre para responder, pero no encuentro que decir, la furia me
invade, pero también vergüenza inesperada.
–¿Crees que ahora que lo sé todo, puedo hablar de riesgo? Maldición…–
Toma aire e intenta calmarse. – No puedes salir con él.
–¿Perdón?
–Es un maldito asesino, Dios, no puedo creer que tenga que explicarte
esto, ¿quieres jugar a la casita con uno de los asesinos más conocidos de la
ciudad? Es el primo de BRUNO D’AMICO –pronuncia su nombre
modulando a la perfección. –, ¿conoces el nombre?
–Sé quién es, no tienes que explicarme nada.
–¿Entonces? ¿Pensaste que podías presentarle a tu padre un candidato
así?
–No me importa quién demonios es, Bastián y me sorprende que tú, de
todas las personas, juzgues a la gente.
–No –dice rodeando el escritorio y deteniéndose a mi lado, más cabreado
que antes–, no creas que estoy juzgando a alguien por su nivel económico,
sabes que no soy ese tipo de persona, estoy diciéndote que no puedes vivir
con un asesino a sueldo. A veces siento que no piensas, ¿Cómo crees que será
tu vida si te casas con alguien como él?
–Igual de cómo—
–No, tienes responsabilidades con la empresa de papá, no puedes vivir
esta vida de rea para siempre, fue una faceta, salvaste a tu hermana, es
admirable, ahora vuelve a tu vida.
–No, no puedo…–susurro, mis palabras apenas audibles.
–¿No puedes? ¿Por qué?
Retrocedo un paso, necesito mi espacio personal libre.
–No puedo abandonar a todas esas niñas, necesitan a alguien que les
pueda dar un futuro.
Bastián toma aire profundamente y mira al suelo.
–No te estoy diciendo que abandones esa causa, solo que necesitas volver
a la empresa, tu padre…
–¡Es el tuyo también! –grito– ¡deja de hablar de él como si no lo fuera!
–Papá…–repite con énfasis– está perdiendo el control de la empresa, ese
imbécil de Winston Martin está haciendo campaña política para que los
inversionistas lo saquen del puesto–Confiesa–, al menos eso es lo que se
habla en el medio.
–¿Winston? –comento con dientes apretados– ese hijo de…
–Necesitas ayudar a papá, yo no puedo intervenir en sus negocios, se
vería débil ante los inversionistas, sin mencionar que no tengo tiempo.
¿Entiendes lo que estoy diciendo? Vuelve a trabajar en Boil y si quieres dona
ese dinero a tu causa.
Mi cerebro trabaja sin parar, conectando diálogos, miradas extrañas que
vi en los últimos días que estuve en la empresa.
Winston quizás se dio el lujo de joderme la vida, ¿pero a mi padre? No,
acaba de cometer un grave error.
Asiento.
–Voy a volver, pero Bastián, no pienses ni por un segundo que voy a
renunciar a Carter.
Bastián chista irritado y se rasca los ojos con fuerza.
–No tienes idea con qué estás jugando, Margot. Sus vidas no encastran.
–Ahí es donde te equivocas, hermano, Carter es exactamente lo que
necesito.
CAPÍTULO TREINTA Y UNO
Carter

–Sarah está embarazada. –dice Bruno con una sonrisa que nunca vi, una
genuina.
Abro la boca exageradamente y busco a la pequeña mujer de mi primo en
la habitación. Está de brazos cruzados apoyada contra la isla de su cocina.
Todavía no se ve embarazada, su cuerpo sigue siendo fibroso, sus brazos
tatuados y ahora la pierna derecha.
No tengo que preguntar nada, ella asiente y es todo lo que necesitaba ver.
Camino hacia ella y la abrazo con alegría genuina, con amor real por ella.
Por los dos.
–¡Felicitaciones! –La levanto en el aire y la estrujo contra mí.
–Despacio…–gruñe Bruno por lo bajo.
Ella ríe en el aire hasta que la dejo a mis pies otra vez, pero no rompemos
el abrazo, en ese momento murmura algo sobre mi oído.
–No me dejes sola con tu primo, si pensábamos que era sobreprotector
antes, no te puedes imaginar lo que es ahora.
Libero una carcajada y Bruno nos mira con una ceja arriba, sospechando
de nosotros.
El día que dejé a Goldy con su familia tomé una decisión. Es como una
bandita pegada a los pelos de tu brazo, preferible hacerlo rápido para tener
menos dolor.
Le dije a Bruno que quería verlos, así que armé un bolso, me subí a mi
coche y vine directo aquí.
Supongo que no es nuevo recurrir a él cuándo mi vida se va a la mierda.
–¿Ya saben qué es? –pregunto.
Los dos se miran y asienten.
–¿Quieres saberlo? –pregunta ella.
–¡Y si Sarah! ¡Habla!
–Es una nena.
Una nena…
–Y yo voy a ser…
–Tío –interrumpe Bruno–, tu eres mi hermano, así que ella va a llamarte
tío.
Nuestros ojos se fijan y con Bruno nos miramos con una sonrisa. Pasamos
tantas cosas juntos, tantos malos momentos y dolores insoportables durante
nuestra vida, que poder vivir esta alegría es muy importante para los dos.
Sin pensarlo camino hacia él y lo abrazo con intención, con gracias y con
un te quiero primo.
Dios, me volví un sensible de mierda.
–¿Sabe Dante? –pregunto todavía en un abrazo.
–No, queríamos decirte primero.
No sé por qué significa tanto para mí, pero lo hace.
Nos pasamos la tarde hablando sobre nombres. Yo propuse el nombre
Varaminta, a ninguno de los dos les gustó. Pero no pierdo las esperanzas,
quizás con un poco de presión, lo logre.
Me entusiasma, saber que voy a estar ahí para alguien, que voy a poder
proteger y darle todos los gustos. Es nueva esta sensación y nunca creí que
iba a estar tan feliz.
Me instalo en la habitación de invitados después de la cena. Las vistas de
aquí son únicas en esta ciudad, la habitación es mediana, pero tiene dos
paredes enteramente vidriadas, dejándome ver el bosque que rodea el fuerte
de Bruno.
Obviamente no es casualidad que estén recluidos en un lugar así. Bruno
tiene uno de los trabajos más complejos del mercado, Sarah lo sigue en la
misma categoría. Los enemigos se acumulan y…
Un momento.
Bruno está llevando una vida normal.
Me levanto de la cama como un resorte y salgo en su búsqueda. Sé que
está despierto, no porque lo escuche rondar por la casa, todos sabemos que
Bruno es experto en ser silencioso, lo sé porque lo conozco y si va a ser
padre, no creo que duerma.
Efectivamente encuentro a mi primo, leyendo un libro frente a la
chimenea de su casa, el fuego chispea silenciosamente y voltea la página
gusto cuando entro corriendo a la habitación.
Me siento en el sillón frente a él, desde aquí puedo ver el título de libro:
Como criar una mujer en el siglo XXI y no morir en el intento.
¡Ja! Buena suerte con eso.
–¿Que te aflige? –dice sin levantar la mirada.
–¿Me tiene que pasar algo?
Bruno levanta la vista y me atraviesa con ojos de interrogador
profesional.
Suspiro y me hundo en el sillón.
–Es Goldy…
Bruno cierra el libro, lo deja en una mesita al costado del sillón y se
enfoca en mí.
–¿Qué pasa con ella?
Cubro mi rostro con las manos.
–Desaparecí de su vida luego de rogarle que me dé una oportunidad. –No
quiero mirarlo mientras digo esto, pero como no habla por varios segundos,
espío entre mis dedos para ver si sigue allí.
Mierda.
¿Para qué espié?
Bruno espera pacientemente para que termine mi berrinche, sus ojos
lucen siniestros en las sombras del fuego y de golpe ya no sé si quiero hablar
de esto ya.
–¿Por qué le harías eso a la única mujer que te pone como un idiota?
–¡Hey!
–Es verdad, desde que la conoces que te comportas peor que cuando eras
adolescente.
Sonrío.
–Me vuelve loco.
–Lo sé, por eso no entiendo qué demonios estás haciendo.
Inquieto y apurado por explicarle, me levanto y me detengo al lado de la
chimenea.
–Bruno, ella es billonaria, nació así, en una cuna de oro, trabaja en la
empresa del padre y es una mujer de negocios.
–Aja, ¿y?
–Y que yo… ¡yo no! Yo vivo en otro mundo, uno subterráneo, no encajan
nuestras vidas y no me di cuenta que no encajaban hasta que la vi con su
hermana, las tendrías que ver, son de otra categoría, como que sus genes son
diferentes y no hay futuro seguro para ella si me escoge.
–¿Por qué no?
–Eso vine a preguntarte a ti, ¡maldición! ¡Dime cómo demonios haces
para vivir una vida normal con Sarah!, ¿¡Cómo piensas que puedes mantener
esa niña a salvo en el mundo en el que vivimos!?
Bruno tiene su mano colocada bajo su mentón, tiene unos vaqueros
oscuros y un suéter negro, luce como un erudito, alguien importante y lo es,
al menos para mí.
–¿En qué mundo vivimos?
–En uno lleno de violencia. –respondo.
Bruno mira hacia un lado y luego el otro, con curiosidad y un poco
perdido, bueno, no un poco, bastante.
¿Debería llamar a Sarah?
–¿Dónde?
El gesto indignado de mi rostro ante lo que acaba de decir lo obliga a
seguir hablando.
–Carter, ¿cuándo fue la última vez que tomaste un trabajo? –No hace falta
que me diga de qué trabajo habla.
Busco en mi memoria el último trabajo, pero…no viene nada.
Frunzo mis cejas. ¿Qué carajos?
–Exacto, tu último trabajo fue hace exactamente un año.
–¿Cómo sabes eso?
Bruno se ríe.
–Sigo de cerca tu labor, primo y desde que te uniste a esos moteros que
no tomaste ni uno.
Demonios, tiene razón.
–Bueno, pero no significa que no vaya a tomar uno en el futuro.
–¿Estas mal de dinero?
–No…
–Entonces, ¿para qué quieres más trabajos?
Puta madre, ¿por qué Bruno me hace preguntas que me descolocan?
–Demonios Bruno, no lo sé, solo quiero trabajar de algo.
Bruno cambia su pierna de lugar con la lentitud del psicópata y cuando
termina de acomodarse sigue hablando.
–Yo te dije que ibas a ganar mucho dinero, lo cual significaba que ibas a
retirarte temprano, como lo hice yo.
–¿Me estás diciendo que desde que trajiste a Dante que no trabajaste en
nada?
Bruno niega con la cabeza.
No lo puedo creer.
–Lo único que hice fue ayudarte con ese problema que tenías con las
Amazons. Yo no necesito trabajar, tengo dinero, tengo una familia que debo
cuidar, a menos que sea absolutamente necesario, entonces no, gracias.
–Sí, pero ¿no lo extrañas?
–¿Me estás diciendo que disfrutabas ese trabajo?
–Vamos Bruno, sé que tú lo hacías.
–No disfruto todo en lo que soy bueno, más disfruto pasar una tarde de
lluvia enroscado en Sarah.
–Agh...sin detalles por favor.
Bruno se levanta y camina hasta una mesita con una botella de whisky,
sirve dos vasos y me entrega uno. En vez de volver a su sillón, se queda de
pie del otro lado de la chimenea, apoya un mano sobre la pared y mira el
fuego intensamente.
–Cuando te presenté este negocio, sabía que ibas a ser bueno, pero no
tienes por qué hacerlo para toda tu vida, especialmente si es un problema para
generar relaciones amorosas.
–Primero, ¿quién lo llama “relaciones amorosas”? qué asco, segundo, es
lo único en lo que soy bueno, primo.
–Matar es fácil Carter, sanar es lo difícil. Te has convencido que lo único
que sabes hacer es matar y estas muy equivocado. Tú eres bueno en muchas
cosas más –levanta la mirada y la conecta conmigo–, eres generoso, cuidas de
tu familia, demonios, mira a Dante, tú lo cuidas como si fuese tu hijo y sé que
cuando tengas el tuyo, vas a ser un excelente padre. Entiendo que no lo veas,
porque no crecimos con una familia normal, pero está en nosotros romper el
ciclo, debemos hacerlo y la única forma de curarnos es aceptar todo el amor
que tenemos a nuestro alrededor. Y si Goldy es con quien te ves viviendo por
el resto de tu vida…bueno, serias más idiota de lo que creí si la rechazas por
algo tan estúpido como tu trabajo.
Silencio.
Contemplo las palabras que dijo, sin perderlo de vista.
–Mierda, sí que sabes dar discursos. –digo riendo para romper la tensión.
Bruno se ríe y vuelve al sillón, y eventualmente a su libro.
Yo me quedo allí, haciéndole compañía, junto con el fuego y el silencio
de la casa.
–¿Carter?
–¿Qué?
–Ve a buscarla.
CAPÍTULO TREINTA Y DOS
Goldy

Abro la puerta de la sala de conferencias con la misma violencia y fuerza que


un rinoceronte.
Diez cabezas giran hacia mí.
Una me mira con pánico.
–Margot…–dice Winston con un tono sorprendido.
Camino hasta mi silla, mis tacos hacen mucho ruido, mis piernas se
mueven con una confianza casi soberbia.
–¿De qué me perdí? –pregunto mientras me siento en la cabecera opuesta
a donde esta Winston.
Apoyo mi ordenador en el escritorio y enlazo mis manos pacientemente
sobre la mesa.
Algunos inversionistas murmuran a mis espaldas palabras de
desaprobación, no me importan, mis ojos están fijos en mi presa.
Winston Martin.
–¿Qué haces aquí?
–Soy la titular de las acciones de mi padre, vine en su remplazo,
¿necesitas los papeles?
–N-no, no, no es necesario, ¿está bien Thomas?
–Perfectamente.
–Bueno –carraspea–, entonces sigamos con esta reunión.
Winston no es idiota, al contrario, es demasiado inteligente y no sigue
con su plan, abarca otros temas, pretende ser extra-amable conmigo y por
supuesto, le sonrío con mis labios rojos y mi mirada penetrante.
Estoy esperando que te resbales, querido.
La reunión se da por finalizada. Todos se levantan de sus asientos y se
retiran.
Todos menos él y yo.
La gran mesa de conferencias nos separa, los dos estamos físicamente
rígidos. Él sabe que está ganando en esta batalla, pero todavía no conoce lo
fiera que puedo ser a veces.
–Escuché las buenas noticias. Simone apareció con vida, enhorabuena.
Lo analizo antes de responder, quiero entender de dónde viene, por qué
quiere eliminar a mi padre.
¿Qué busca?
–Crees que, porque no estuve aquí, no sé lo que estás haciendo,
¿Winston?
Este niño de mamá cree que yo soy la misma adolescente con poca
experiencia de hace todos esos años atrás. Él no sabe la transformación que
pasé, no conoce las experiencias que tuve, lo que vi y lo que aprendí en poco
tiempo y no está listo para entrar en batalla con alguien como yo.
Quito mi chaqueta, mis brazos están expuestos, con todos los tatuajes que
siempre escondí de sus ojos.
La mirada de Winston corre hacia allí como si tuviera un imán, no dice
nada al respecto, pero puedo ver el asco que le provoca.
–No sé de qué hablas.
–Mírame –ordeno–. Detén esto antes de que sea demasiado tarde para ti.
Se ríe y suelta un poco su postura, acomodándose en la silla.
–¿Es eso una amenaza, Margot?
–Es una advertencia, no quieres pelear contra los Du Pont.
–¿O qué?
Sonrío.
–Espera y verás. –Me levanto y lo dejo solo en esa mesa inmensa.
Quizás en este campo de batallas las armas y las peleas no sean la
moneda corriente, aquí se usa la inteligencia y la manipulación.
Y según Carter, soy muy buena en eso.
Camino a mi oficina, quizás luzca firme y decidida, pero pensar en Carter
me revuelve el estómago.
El maldito desapareció, tal como prometió que no iba a hacer. Ya pasaron
cinco días desde que llegamos y no responde mis llamadas, ni mis mensajes.
Lo peor de todo es que no puedo evitar sentirme preocupada por él, pareciera
que mi cuerpo no puede odiarlo orgánicamente.
Primero fue mi amigo, ¿recuerdas?
Me paso el día hablando con los inversionistas, les cuento sobre mi año
sabático y cuan recargada estoy para tomar las riendas de este negocio.
Algunos me piden cosas a cambio, nada imposible de realizar, ni en contra de
mis principios. Otros simplemente están contentos de verme otra vez en esta
empresa.
Cuando me preguntan por mi padre, les cuento sin detalles que el retorno
de Simone lo cambió por completo, es un hombre nuevo, de familia y no se
despega de su hija, por eso estoy aquí en su nombre. No estoy mintiendo, mi
padre no la deja sola en ningún momento.
Tengo que tener una charla con él.
Uno de los inversionistas, dice algo que me deja confusa.
–Con todo el dolor del mundo, Margot, debo decirte que no creo que la
familia Du Pont esté en condiciones de salir adelante, no después de lo que
ocurrió.
–Al contrario, Samuel –digo al teléfono–. Salimos más fuertes que nunca.
–No lo sé, los rumores de tu padre…
–Son pura falacia, ¡deberías verlo! –rio falsamente– Nunca lo vi tan
energético.
Samuel González es un amigo muy cercano de Winston, por eso lo dejé
para el final. Sabía que iba a ser el más difícil de todos.
–Justamente, su energía está enfocada para con su familia.
–Bueno, pero por eso estoy aquí, pienso actual como su remplazo hasta
que decida volver.
–Ese es el punto, una mujer no puede ser la cabeza de Boil.
Mi piel se eriza.
–¿Perdón?
–No me mal intérpretes, tú eres muy capaz, pero hay cosas que no
cambian en el mundo y si necesitamos un reemplazo entonces Winston es la
mejor opción, tiene más años de experiencia que tú—
–Empezamos a trabajar el mismo día.
–Bueno, claramente hay un desnivel en cuanto a conocimientos.
Aprieto el móvil en mi mano y respiro profundamente.
–Esa es tu opinión personal y realmente no viene al caso –o sea es poco
importante–. Solo quería dejarte saber que los Du Pont están aquí y piensan
quedarse.
Corto la llamada para no mandarlo a la mierda, aunque debería.
Estoy el resto de la tarde en el escritorio, leyendo números, entendiendo
que ocurrió en el tiempo que no estuve. Mi secretaria solo entra y sale con
papeles, comida y café.
Cuando levanto la cabeza, la oficina está a oscuras.
¿Qué carajos?
Levanto mis cosas, las pongo en la bolsa y me dispongo a salir de aquí.
Debo admitir que estar tapada de trabajo hace mucho más fácil la perdida
de Carter. Pero en el primer momento que mi cerebro deja de pensar en
trabajo, piensa en él y me duele el corazón.
Tengo que llamar a mi amiga Big, ella tiene que saber todo lo que está
pasando y lo último que supe fue que soltó todo y fue en busca del hombre
que la protegió como nadie. Rage, el amigo de Carter. Estoy feliz por ellos.
Llega al ascensor y oprimo el botón.
Mientras viene en mi búsqueda, tomo el móvil y comienzo a mirar las
noticias.
Incendios.
Gobiernos corruptos.
El divorcio millonario de una estrella de Hollywood.
Todo pura basura, no veo la hora de acomodar este barco y poder enfocar
todo mi tiempo en mi otro proyecto, el que tengo en la cabeza hace un
tiempo.
Un santuario para mujeres.
¡Tin!
Suena el ascensor y se abren las puertas.
Pero en el momento que doy un pie adelante, todo se vuelve oscuro,
alguien pone una bolsa negra sobre mi cabeza y me arrastra lejos de allí.
¡Maldición! ¡No de nuevo!
CAPÍTULO TREINTA Y TRES
Carter

No hace falta que busque cuál es el coche de Goldy, sé que es el más caro y
malote del estacionamiento del edificio. Así que la espero allí, de brazos
cursados, listo para seguir el consejo de mi primo. Listo para dejar de ser un
idiota por primera vez en mi vida y comenzar algo.
Algo nuevo, algo que siempre fue imaginado para mí.
Miro el reloj del móvil, son las once de la noche y esta mujer sigue
trabajando. Definitivamente debo encargarme de que esto no pase cuando
vivamos juntos.
Se me ocurren un par de estrategias.
El ascensor del subsuelo suena, anunciando su llegada y estoy escondido
detrás del coche en menos de un minuto cuando reconozco el sonido de los
pies moviéndose violentamente.
Sonido que conozco muy bien.
Espío con mucho cuidado y veo al hijo de puta de Winston, arrastrando a
Goldy por el estacionamiento. Mis pies se mueven sin control hacia ella, pero
mi cerebro dice que espere.
Aunque vea rojo, aunque quiera matar solo por placer.
Voy moviendo mi cuerpo entre coche y choche sin ser visto, los sigo.
–¡Quédate quieta, maldita sea! –gruñe mientras intenta meterla en el
asiento trasero.
Oh, Dios, gracias por darme la excusa perfecta para matar a este hijo de
puta.
Pocos segundos después, el coche sale rápidamente y yo corro hacia mi
Harley.
Ese niño rico no sabe absolutamente nada de cómo raptar a alguien, por
suerte.
Primer error: raptarla en el edificio.
Hay cámaras por el amor de Dios, esto es el siglo XXI, no puedes cagar
en el baño sin tener una cámara cerca.
Segundo error: meterla en tu coche, ¿huellas digitales? ¿Hola?
Tercer error: Raptar la mujer de Carter D’amico.
*Sonrisa Diabólica*
Voy detrás de él por las calles, puedo ver a través de los vidrios tintados
la silueta de Goldy luchando para soltarse de unas sogas que mantienen sus
manos unidas y a Winston gritándole para que se calme.
Estoy a segundos de interceptar el coche con mi moto y sacar sus tripas
afuera.
Paciencia, eso dijo Bruno que tenía, pero ahora parece que está
completamente agotada.
Quiero.
Matarlo.
Lentamente.
Veinte minutos después el idiota e inexperto de Winston, se detiene en un
edificio abandonado. Uno conocido por ser el lugar de fiestas clandestinas
durante los fines de semana, uno de esos edificios que lucen como esqueletos,
donde Michael Jackson filmaría sus videos bailando diciendo que es un chico
malo.
En ese edificio.
–Sí que eres idiota, Wintonto. –susurro mientras apago la moto y me
escondo detrás de una pared.
Si Wintonto es tan predecible como creo, va a sentarla en una silla y la va
a querer asustar con un arma o un cuchillo.
Ahora, quiero saber qué demonios quiere, ¿es personal? ¿Es algo
relacionado a la empresa?
Saco mi móvil.
–Bastián…–susurro.
–Oh, no tú otra vez. –gruñe irritadamente mi futuro pariente.
–Winston Martin. –digo, ignorando su comentario.
–¿Qué pasa con él? –su voz cambia, ahora suena atenta.
–Tiene a Margot en un edificio abandonado, estoy aquí, pero quiero que
lo sepas.
–¡Ese hijo de puta! –Escucho que golpea algo. – Está dispuesto a hacer lo
que sea para tener la compañía.
–¿De qué demonios hablas?
–Winston está haciendo campaña contra los Du Pont para que pierdan las
acciones, debe querer asustar a Margot para que deje de pelear por la
empresa.
Corto la llamada, eso es todo lo que necesitaba saber.
Un sonido que retumba por el edificio me alerta.
Margot.
Comienzo a correr en esa dirección y está sentándola en una silla vieja.
Margot tiene una bolsa negra sobre su cabeza, no parece ser algo que le
impida respirar, pero probablemente no vea nada.
–¿¡Creíste qué podías amenazarme, Margot!? ¡¿A mí?! –Quita un arma de
sus pantalones.
Es una Glock 42, seis balas.
Puedo trabajar con seis balas.
–Siempre creíste que te merecías más de lo que tenías, Winston, ¡lo
hiciste conmigo y ahora con la empresa de mi padre!
–Ya no es su empresa, me encargué de que pasara.
–¡Vate a la mierda! –grita Margot.
Winston da un paso al frente y con el reverso de su mano, la golpea en el
rostro.
Hasta aquí te dejé jugar al niño malo hijo de puta.
Salgo detrás de la columna y camino silenciosamente hasta él, que me da
la espalda.
Lentamente deslizo mi mano por mi pierna hasta encontrar el cuchillo
escondido en mis botas.
–No, ¡tú vete a la mierda! ¡Siempre fuiste una malcriada! ¡Histérica y
presumida como toda tu familia!
¡Zaz! Coloco el cuchillo en su garganta.
–Shhh…–susurro sobre su oído– Tranquilo chico malo, suelta el arma y
patéala hacia Margot.
–¿Carter? –pregunta Goldy mirando hacia todas direcciones.
–El mismo, ahora, hazle caso al verdadero chico malo de esta habitación,
joven Winston. –repito la orden.
El hombre de traje y con la peor suerte del mundo, apoya lentamente el
arma en el suelo y la patea hasta que llega a los pies de Goldy.
–Muy bien, que obediente.
–¿Quién carajo eres? –pregunta con alarmas en su tono.
Y con la voz más psicótica, enferma y tétrica posible, respondo:
–La parca.
CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO
Goldy

Escucho un golpe y luego el sonido de un cuerpo cayendo sobre el suelo de


cemento.
–¡¿Carter?! –No puedo ocultar el miedo en mis cuerdas vocales, si
Winston le hizo algo, juro que…
–¿Cómo que “Carter”? –Imita mi tono miedoso– ¿Creíste que ese cocker
podía derribarme? ¡me ofende! –Escucho su voz sobre mí, sus dedos rápidos
desatan mis manos atadas.
En cuanto tengo mis manos libres, quito la bolsa sobre mi cabeza y allí
esta.
Con su cabello revoltoso.
Una media sonrisa, hoyuelos en su cachete.
Su chaqueta de cuero.
Quiero estar furiosa, golpearlo y patearlo hasta que me pida perdón por
desaparecer, pero antes de que abra la boca para extirpar toda mi furia, me
besa.
Me besa tomándome de mi chaqueta, levantándome de la silla y
empujándome hasta la columna más cercana, con ese ardor y descontrol que
muy bien conozco.
Esa posesión que tiene cuando toma control de mi boca y mi cuerpo.
–Siempre rescatándote, ¿eh, Margot? –gruñe sobre mis labios, el tono
jocoso, mientras su pelvis se refriega sobre mí.
–Son circunstancias especiales. –logro decir, pero el calor sube desde el
centro de mi cuerpo hasta el pecho.
¿Qué magia tiene que hace que pierda la cabeza cada vez está sobre mí?
–Tú eres especial. –Besa mis labios otra vez, su mano recorre mi trasero–
si no fuera que wintonto está por despertar, te follaria sobre esta pared,
maldición.
Estoy por protestar cuando escucho el gemido de Winston detrás de
Carter, eso me trae a tierra y la ira toma control.
Corro hacia él y lo pateo en su estómago.
–¡Ay!
–Margot –llama Carter–. Déjalo.
–¿Dejarlo? Si este hijo de–
–Lo sé, pero es mío –su voz suena ronca de golpe–. Y esto se convirtió en
un trabajo para mí. Mi trabajo, puedo ofrecerte mi moto para que te vayas o
puedes mirar de lejos.
–Pero él–
–Te di dos opciones, elige.
Miro a Winston intentando levantarse, solamente mira a Carter, es quien
le da más desconfianza en esta habitación.
–Me quedo.
–Bien.
Carter camina con una actitud que nunca antes vi. Sí, él siempre tiene
algo de confianza que lleva al caminar, pero ahora parece estar en total
control de la situación. Se detiene al lado de Winston y golpea su rostro, tan
duro que puedo escuchar la mandíbula de Winston romperse.
Sin darle tiempo a despabilarse, lo sienta en la silla y abre su boca. ¿Para
qué? Para meter el cañón del arma hasta que comienza a tener arcadas.
–Oh, el niño rico tiene arcadas. –se burla. Por otro lado, Winston grita
incontrolablemente. – Shh, tranquilo, no voy a hacer nada que no quieras…
Y cuando dice esas palabras me corre frio por la espalda. Eso es
exactamente lo que me dijo Winston esa noche tan nefasta, no puedo creer
que Carter recuerde todo lo que le conté.
Winston me mira con ojos desesperados, casi pidiendo ayuda. Mi única
reacción es cruzar mis brazos y dar un paso atrás, diciéndole con mi cuerpo
que está completamente solo aquí.
Carter presiona el arma, más profundo, más adentro.
–¿Creíste que Margot Du Pont no tenía un novio capaz de asesinarte sin
que nadie se entere, Wintonto? –Carter levanta una pierna y apoya su rodilla
sobre las pelotas de Winston, dejando caer su peso allí, Winton grita desde la
base de su estómago sin parar–Shh, no grites.
Repite con malicia las mismas frases que él me dijo cuando éramos
chicos.
Carter mira hacia mi lado, sobre su hombro, hay cierta paz en su mirada,
casi perturbadora y al fin comprendo quién es y qué hace.
Creo que me pide permiso para algo, no, Carter no pide permiso, entonces
me está advirtiendo algo.
¡Oh!
–No…–exhalo– necesito…preguntas. –No puedo hablar estoy muy
nerviosa ante esta situación.
Vi gente morir incontables veces, vi torturas y hasta yo misma fui víctima
de ello, pero ahora, hay algo que me petrifica, debe ser la energía que Carter
destila. Ante mi respuesta, quita lentamente el arma de la garganta y lo deja
toser.
–¡Estás loco! –grita Winston entre carrasperas.
–Dime algo que no sepa –susurra mientras retrocede–. Margot va a
hacerte unas preguntas, usa esa etiqueta que te impusieron de chico y hazle el
favor de responder con honestidad, pero por, sobre todo, con respeto, no me
hagas volarte el cerebro.
Winston me mira con desprecio.
–¿Esta es la gente con la que te juntas ahora? ¡Con razón pediste por
armas clandestinas y yo como un idiota te las di!
–¡Esas armas destruyeron un ejército de traficantes! –respondo con el
mismo tono. – ¡Algo que nunca entenderías porque todo te importa un bledo!
De golpe la mano de Carter esta sobre mi pecho, deteniéndome. Nunca
me di cuenta que estaba avanzando para arremeter contra Winston.
–¡Pusiste mi carrera en riesgo, perra! ¿Este impresentable te convenció de
hacer eso? –Señala a Carter con la mirada.
Carter sin dudarlo entierra su puño cerrado otra vez en el rostro de
Winston.
–Cuidado con lo que dices Wintonto, la próxima va una bala…en tu
polla.
–No puede tocarme un rufián como tú, ¡que te entre bien en la cabeza!
Carter extiende su brazo y dispara. No sobre su hombro, pero tampoco en
el corazón, justo en el medio.
–¡Ahhh! –grita mientras se retuerce en la silla.
Carter camina hacia él y apoya su boca en su oído.
–Apunté directamente en mi lugar preferido, la bala está a centímetros de
tu corazón, si gritas o te mueves…bueno, ya sabes, ¿no? Un hombre letrado
como tú, seguro comprende lo que le estoy diciendo. Muerte, morte, finito. –
carraspea– Margot, ¿cómo se dice muerte en ruso?
–Zakonchennyy. –respondo.
–Eso.
Winston está absolutamente sudado, su camisa blanca brilla con sangre y
transpiración.
De aparentar ser el CEO de Boil a ahora hay mucha diferencia, se ve
pequeño e indefenso.
Creo que tengo que agradecerle a Carter por bajar a tierra la imagen
que Winston tiene sobre sí mismo.
–¿Para qué me trajiste aquí? –pregunto lo que más me interesa, necesito
saber si Winston es capaz de matarme.
–Para hacerte entrar en razón. –dice mirando su herida, parece que las
palabras de Carter lo aterrorizaron lo suficiente.
–¡Es mi empresa! –grito– ¡y ningún hombre con complejo de Dios va a
quitármela de las manos!
Winston se ríe.
¡Se ríe!
–Es tarde, Margot, ya todos saben que usaste las armas de forma ilegal,
que me forzaste a dártelas sino matabas a mis padres, ya todos saben la
historia.
–¿Qué? –exhalo.
Cruzo mirada con Carter, él me mira seriamente.
–No es personal, princesa, son negocios –ríe de vuelta–. Es solo cuestión
de esperar que llegue la policía para llevarte presa y ahí sí, el gran Thomas
Du Pont va a quebrar mentalmente.
–Margot…–dice Carter a mi oído, se siente distante. –Cálmate.
–¿¡Calmarme!? ¡Este infeliz acaba de arruinar todo!
Carter toma mi mano y aprieta un poco.
–Confía en mí –susurra y luego comienza a hablar en un tono más alto–.
Sabíamos que esto era de esperar.
–¿Qué? –susurro.
–Winston esta siempre un paso más adelante, convenció a todos los
inversionistas que fue obligado cuando lo hizo voluntariamente, ¡maldición!
¡Cómo no pensamos en esta posibilidad!
Mi boca está abierta, pero no hay palabras que puedan salir de allí.
Hasta que mis ojos se posan en Winston, quien nos observa con cuidado,
una sonrisa extraña aparece, una donde no comprende si esto está pasando de
verdad o es todo mentira.
Y entonces lo comprendo.
–Dime algo –dice Carter mirándolo con preocupación, es un gran actor–,
¿Cómo hiciste para que todos te creyeran?
–Fácil –responde con voz tomada, el color en su piel es casi transparente
ya–, solo jugué la carta de indefenso y todos lo creyeron. ¿Quién va a pensar
que un hombre de buena casta como yo, va a ceder algo tan peligroso como
eso? ¡Ja!
–Pero lo hiciste, sin pedir nada a cambio. –Sigue Carter.
–No, porque no quería saber qué demonios iban a hacer con esas armas,
podían destruir la ciudad si querían, no me importaba una mierda.
–Creí que lo habías hecho porque sabias que me debías una…–susurro.
–¿Eh? Yo no te debo nada.
La mano de Carter vuelve a mi pecho, otra vez estaba yendo como una
estampida hacia él.
–¿Nada? ¡Me violaste Winston! –Y por primera vez digo esa palabra en
voz alta. Siempre evité decirlo porque lo hacía real, lo hacía inevitable, pero
ahora me doy cuenta que lo único que hizo fue recargarme de fuerzas.
–¿De qué demonios hablas? Tú querías hacerlo tanto como yo, solo que
no lo sabias.
–qué carajos…–dice Carter, quien desaparece de mi lado para llegar a
Winston en un minuto.
Pone el arma en su frente y comienza a gritar como nunca.
–¿Cómo te atreves hijo de puta!? ¡Ella te dijo que no! La forzaste,
¡tapaste su boca para ahogar sus gritos y la violentaste!
–¡Por favor no me mates! ¡Por favor! –Winston está completamente
desesperado mientras el arma de Carter presiona su frente.
Destraba el gatillo.
–¡No! ¡No por Dios, no!
–¡Dilo!
–¿Qué?!
–¡Admite que la violaste! –Carter está completamente absorto, desmedido
y no parece él.
–¡Está bien! ¡Está bien! ¡Lo hice! ¡La forcé! ¡Lo siento Margot! Lo
siento…– comienza a llorar.
Y cuando termina de dar su confesión, Carter voltea y me mira con una
sonrisa en sus ojos, mete la mano en su bolsillo y me muestra su móvil.
Grabó toda la conversación.
CAPÍTULO TREINTA Y CINCO
Carter

A veces tomar a la justicia con tus propias manos no es lo ideal, A VECES.


Esta vez fue un único ejemplo.
Porque si lo mataba, todos iban a sospechar de Margot, los inversores, la
prensa y la policía.
Si yo lo mataba y le confesaba a la policía, iba a ir a la cárcel de por vida
y no iba a ver a Margot nunca más en mi vida.
Si lo dejábamos vivir y salir caminando de aquí, Wintonto iba a reportarle
todo esto a los inversores.
Así que cuando entendí que esto era algo político y personal, preparé mi
móvil para que comience a grabar toda la confesión.
Si, allí también se habla de las armas que, si tomamos “prestadas” de
Boil, pero sé que solo con una gran cantidad de dinero para la fianza, Goldy
va a salir de esta.
Yo por otro lado…
Bueno, digamos que a mí me toca esta pequeña celda.
En el momento que terminó con su confesión, envié el audio a Bastián,
quien se encargó de llamar a la policía e informarles de la situación. Los
azules llegaron en menos de quince minutos, se llevaron a Winston en un
patrullero, a Goldy en una ambulancia y a mí me dejaron en esta celda.
–D’amico –llama un “come-donas”–. Pagaron la fianza, vete de aquí.
–¿Cuánto valió mi libertad esta vez? –pregunto mientras extiendo mis
brazos para que quiten mis esposas.
–Dos millones de dólares.
–QUE.
Demonios, Bruno sí que se pasó esta vez.
Va a matarme.
–Parece que ser un gigolo tuvo sus frutos. –el policía me empuja por los
pasillos.
¿Gigolo? ¡Goldy!
–¡Qué no soy su gigolo! ¡Soy su novio!
–Eso dicen todos…
Volteo para mirarlo indignado, pero me empuja, sacándome de allí.
Goldy está sentada en un precario asiento en la estación de policía, se
levanta en el momento que posa sus ojos sobre mí. Un lado de su cara esta
hinchado, tiene una bandita sobre su ceja, luce cansada, enojada pero también
algo más…
Aliviada.
Ella corre hacia mí, se entierra entre mis brazos y no dudo ni por un
segundo en envolverla con mis brazos, mi amor por ella y mis intenciones
para el futuro.
–¿Estas bien? –pregunto mientras acaricio su cabello.
Asiente sobre mi pecho.
–Te amo. –dice inesperadamente en el medio de la comisaria.
Me tenso por un momento, sorprendido por esas palabras, pero luego mi
cuerpo se funde con ella en un abrazo.
–Yo también te amo, Margot–beso su cabeza y ella levanta la mirada–.
Vámonos de aquí.

Durante todo el viaje en coche, me la paso al teléfono hablando con Bruno.


Por supuesto que le llegó a mi primo que pasé la noche en una prisión. Esto
no es nuevo para ninguno de los dos, es más, es casi una rutina, un baile que
tenemos de vez en cuando. Le explico que esta vez fui rescatado por Goldy y
él dijo:
–Está claro quién es tu ancla ahora, ¿no?
–Si –digo mirando de reojo a Goldy, ella maneja en silencio, con sus ojos
fijos en el camino. Me rio por dentro cuando comparo su imagen con la de
Harley Queen. –. Creo que ya no necesito más señales, el universo fue
bastante claro.
–Me alegro, ahora déjame dormir, son las cinco de la mañana.
Me rio.
–Adiós primo.
Estiro mi mano y la coloco sobre la pierna de Goldy.
–¿A dónde te llevo? –pregunta mi Harley Queen.
–A donde sea que vayas tú.
–Tu casa entonces.
Cuando llegamos, abro la puerta y me deslizo en mi hogar, estuve aquí
menos de dos horas el día que llegamos del viaje, se sentía demasiado
silencioso, gigante y vacío, sin Goldy. Luego de mi conversación con Bruno,
decidí visitar a Dante, pero algo había cambiado entre él y Amira, había algo
en el aire que no era del todo claro, así que decidí no pasar tanto tiempo con
ellos.
Y ahora…estoy aquí.
Con ella otra vez.
Volteo para mirarla, ella todavía lleva la ropa que tenía ayer, su
maquillaje corrido, el surco que dejaron algunas lágrimas están en su rostro.
–Necesitamos una ducha. –estiro mi mano y ella la toma sin pensarlo dos
veces.
Desvisto su ropa costosa en el baño, (ahora dañada por todo lo que
ocurrió), sus ojos celestes miran los míos y no me pierde de vista mientras
deslizo esas telas costosas de su cuerpo.
Mientras el baño se llena de vapor, giro su cuerpo tomándola de la cintura
y quito su ropa interior.
Una vez desnuda, gira y comienza a hacer lo mismo conmigo. Primero mi
camiseta, luego mis vaqueros, hasta dejarlos arrugados en mis tobillos.
Levanto la mirada y conecto con ella.
Los muros de los dos están completamente derribados, nada nos separa y
se siente en el aire, lo veo en su mirada intensa.
Goldy da un paso adelante y me besa como nunca me besó. Suave, de
manera protectora.
Mis manos se deslizan en su cintura y la empujo hasta entrar en la ducha.
Nuestros cuerpos comienzan a empaparse, pero nuestras bocas no se
desconectan, al contrario, se desesperan aún más por poseer al otro.
Mis brazos la dominan, envolviéndola dentro de mí, si pudiera abrirme el
pecho y esconderla de todos allí, lo haría.
Acaricio su espalda, rozo su pecho y bajo hasta su trasero.
Goldy gime, acaricia mi rostro mojado por el agua sobre nuestras
cabezas.
La levanto en el aire hasta empujarla contra la pared, ella se sostiene de
mi cuello.
–Voy a follarte –advierto como hice siempre en nuestra extraña amistad.
Goldy abre la boca para decir algo, pero la interrumpo–. Voy a casarme
contigo y a tener hijos también.
Cierra la boca y busca entre mis ojos algo, quizás saber si voy enserio o
no y creo que encuentra la respuesta porque asiente sin discutir. En ese
momento alineo mi polla con su entrada y empujo, sin perderla de vista la
penetro tan lento que me vuelvo loco.
–Mierda. –gruño mientras beso su cuello.
Tan lento.
Tan tortuoso, pero necesario.
Necesito esta lentitud con ella.
Mi cuerpo se ondula mientras empujo profundo, Goldy entierra sus unías
en mis hombros.
–Carter…–suplica.
Quiere que vaya más rápido, quiere que haga de este momento uno
frenético, carnal y obsceno como todas las veces que tomé su cuerpo y lo hice
mío.
Pero esta no es como todas las veces.
Esta es la primera vez que le hago el amor y quiero recordarlo de esa
manera.
–Siénteme –susurro. –. ¿Comprendes lo que siento por ti?
–S-si…–gime cuando embisto una vez más.
–Bueno, entonces déjame disfrutarte. –digo sobre sus labios antes de
besarla con el apetito más voraz que tengo. – Deja que este reo proclame a su
mujer.
–Oh, Dios…–dice y sé que está por venirse, lo siento dentro de ella.
Sostengo con más fuerza su trasero y empujo, penetro, embisto.
Los dos estamos al borde.
Su cuerpo se contrae, el mío se paraliza.
–Margot…–digo entre dientes, mi mente y cuerpo ya no son míos.
Son de ella.
Siempre fui de ella.
La realización cae en mí, algo que nunca pensé que iba a ocurrir conmigo.
Le pertenezco a alguien.
Goldy me sonríe y yo imito su sonrisa.
–Te amo –susurro sobre sus labios. –. No me importa quienes seamos,
mientras estemos juntos, Margot.
Su sonrisa se hace más amplia y con sus manos acaricia mi rostro.
–Lo mismo va para ti, no me importa quién eres, de dónde vienes o cuál
es tu profesión, solo me importas tú, ¿entiendes lo que quiero decir?
–Sí, señora. –esbozo una sonrisa sobre sus labios y vuelvo a besar a la
persona más importante de mi vida.
EPÍLOGO

Escucho un portazo en el medio del silencio.


Salgo disparado a la sala para que ver qué demonios ocurrió y me
encuentro con Goldy quitando sus zapatos de taco alto en el sillón.
–¿Qué demonios? –susurro.
Goldy sube la mirada y pone cara de “yo no fui”.
–Lo siento. –susurra en el mismo nivel que yo.
–¿Sabes cuánto me costó dormir a la mini-Goldy que creamos? –regaño
con mis dos manos en la cintura.
Todavía llevo puesta la ropa que suelo usar cuando estoy jugando con
nuestra hija, Nicole. Un pantalón de chándal gris, con una camiseta negra.
–Ay, lo siento –dice otra vez. –. Fue un día muy difícil y mañana es la
inauguración del santuario y…
Wow, mi esposa sí que está estresada hoy.
–Hey –la interrumpo–, ven aquí, –ordeno estirando mi mano para que ella
la tome, por supuesto que lo hace. – No sabía que estabas tan estresada por lo
de mañana, va a salir todo bien.
Con Goldy nos casamos hace dos años. Ella quería una ceremonia íntima,
yo quería una gran fiesta para decirles a todos que este reo había encontrado
su princesa azul.
Puaj, que cursi.
(Pero real.)
Hicimos viajar a todos nuestros familiares y amigos (en el avión privado
de papi y si, Rage incluido) y los enviamos a Roma, donde se concretó el
principio de nuestra vida. Reservamos el coliseo solo para nosotros e hicimos
la ceremonia allí.
¡Por supuesto no le dije a Goldy que quería casarme donde los
Gladiadores daban su vida, por supuesto que no! Aunque alardee con mis
invitados ese dato toda la noche.
Bruno y Sarah.
Dante y Amira.
Rage y BigK.
Simone y Yuri, (si, es largo, pero se podría escribir un libro de aquellos
dos.)
Todos mis hermanos del club, más toda la familia de Goldy y todas las
Amazons.
Nunca vi una mezcla tan extraña de invitados en una fiesta.
Por un lado, estaban los reos, bailando, bebiendo y gritando, por el otro
estaban los finos, con sus movimientos delicados, con el nivel de voz
calmado y ropas elegantes.
No me importaba una mierda, yo solo quería casarme con mi amiga, mi
amante, mi todo, Margot.
Luego nos pasamos un mes en la costa azul de Francia, digamos que no
me molestó del todo vivir entre lujos. Aunque todavía necesito nuestros fines
de semana donde los dos nos subimos a la motocicleta y nos perdemos en la
carretera juntos.
Lo único que no me gusta es usar traje, eso sí que lo detesto, por eso me
preparo mentalmente para mañana.
Cuando Goldy retomó su carrera en Boil, juró que iba a crear un santuario
para mujeres involucradas en la trata de personas y eso hizo, porque todo lo
que se propone mi esposa, lo termina cumpliendo.
En el terreno donde hubo una mansión alguna vez, ahora hay una súper,
mega, extra mansión, diseñada exclusivamente para las personas que
necesitan un lugar. Goldy es así, “o lo haces perfecto o no lo haces.” Treinta
y dos habitaciones, cada una equipada para que puedan instalarse y que
tengan todas las comodidades. Sala de entretenimientos, talleres para que
aprendan oficios, piscina, gimnasio, sala de meditación y no sé qué más, ya
perdí la lista.
Mañana se abren las puertas por primera vez y están esperando al menos
quince chicas que están actualmente sin un lugar donde procesar todo lo que
les pasó.
Porque la trata no terminó y allí es donde yo encontré mi nuevo trabajo.
Goldy también comenzó una campaña en contra de la trata, inventó una
empresa privada donde se investigan casos junto a la policía (y a veces el
FBI) para intervenir situaciones de trata. Así que por primera vez tengo que
trabajar con los azules codo a codo y…no es tan malo como pensé, arrastré a
los Soulless Bastards conmigo y todos estamos haciendo un maldito buen
trabajo.
–¡Lo sé! –responde Goldy haciendo referencia al gran evento–, pero
quiero que todo salga perfecto.
–Y así es como va a salir, deja de amargarte.
Dejo un beso en su frente.
–¿Quieres verla?
–Muero de ganas. –sonríe, me gusta que sonría cuando habla de nuestra
hija.
Caminamos abrazados hasta la habitación de Nicole y los dos la
observamos dormir en su cuna.
Nicole tiene nueve meses, tiene el carácter de su madre y los ojos de su
padre. Es una consentida de los millones de tíos que tiene por allí, Bruno,
Bastián, Dante y Rage.
Pobre el idiota que intente acercarse a ella cuando sea grande, con todos
esos gigantes en el medio y su padre que está completamente enamorado de
ella, le va a resultar imposible.
Aunque eventualmente va a tener que dejar el nido y formar su propia
familia, pero eso recién cuando tenga treinta y cinco o cuarenta años.
No antes.
–Es hermosa. –susurra Goldy mientras acomoda sus mantitas.
–Lo sé, por suerte salió a la madre.
Goldy rueda los ojos y salimos de la habitación.
–Como si el padre fuese feo. –me da unos golpecitos en las costillas con
su codo.
Me detengo en la puerta de nuestra habitación y abrazo a mi mujer con
todo el amor que tengo por ella. Goldy me devuelve la misma intensidad.
–Puedo ayudarte con el estrés si quieres. –susurro en su oído mientras mis
manos recorren su cintura.
Ella responde ante mis caricias siempre, no importa si son las cuatro de la
mañana, un domingo al medio día o el día de Navidad.
–Mmm, ¿qué tienes en mente?
Presiono mis manos en su estómago y la empujo contra la pared más
cercana.
–Sabes perfectamente lo que tiene mi mente, Margot. –gruño sobre sus
labios hasta que tomo el inferior entre mis dientes y lo chupo.
Me gusta escuchar como enciendo su cuerpo cuando le doy placer.
Deslizo mi mano por su estómago, hasta que encuentro como desabrochar
su pantalón y con mis dedos la penetro lentamente.
–Oh, Dios.
–Margot –digo con un tono severo–. No puedes despertar a nuestra hija.
–Lo siento. –dice con sus ojos cerrados, apoyando su nuca contra la pared
y disfrutando cada segundo.
Con una sonrisa diabólica, la llevo a nuestra cama y “des-estreso” a mi
mujer.
;)
EPÍLOGO

El día de la inauguración está aquí. Será un gran evento, en pocas horas


llegarán las mujeres que necesitan un lugar donde vivir y no puedo estar más
feliz.
Mi hermana Simone está aquí, va a dar un concierto con su famoso piano
para recaudar dinero. Ella dijo que quería participar de este proyecto, pero
viviendo en Londres con Yuri y con dos hijos se le hace difícil.
Por supuesto que Carter está aquí también, llevando ese traje que le queda
de muerte, (pero que odia), cargando a Nicole en sus brazos.
(Nunca pensé que esa imagen iba a ser tan erótica para mí, pero lo
es…muy.)
Yo por otro lado, llevo un traje rojo, que contrasta bien con mi piel
pálida, mi cabello suelto y unos tacos tan altos que se me está haciendo difícil
mantenerme en pie (prefiero las botas de motera) y Nicole lleva un pequeño
vestido rosa que le regaló mi hermano en uno de sus tantos viajes a París.
Luce adorable.
–Hola, mami. –dice Carter imitando la voz de nuestra hija.
Le encanta ponerle voz, especialmente cuando quiere convencerme de
algo y usa a su hija para lograrlo.
“Papi me dijo que quiere hablar contigo a solas, mami.”
“Papi dijo que va a comprarme una pequeña motocicleta así aprendo a
conducir antes de caminar.”
“Papi le dijo al tío Bastián que, si sigue apareciendo sin anunciarse en
nuestra casa, va a desaparecer del planeta.”
Si, Bastián y Carter no tienen la mejor relación, pero mi hermano quiere
estar presente en la vida de Nicole, por eso viene a casa seguido y siempre la
llena de regalos.
–Hola, amor mío. –digo robándola de los brazos de Carter.
–¿Todo listo? –pregunta mi marido colocando sus manos en los bolsillos,
siempre se ve relajado inclusive cuando sé que no lo está.
–Sí, la prensa está aquí también. –Aunque tienen totalmente prohibido
tomar fotos de las mujeres, solo les permití algunas dentro de la mansión.
Esto es un santuario.
Custodiado por las Amazons, veo difícil que algo ocurra, pero uno nunca
puede ser lo suficientemente precavido.
–Va a salir todo bien –deja un beso en mi frente y vuelve a tomar a
Nicole–. Nosotros vamos a sentarnos en la primera fila, mami. –dice
imitando su voz otra vez.
¿Quién iba a decirlo que el chico malo de la ciudad iba a terminar
hablando así?
Me rio por dentro.
Hago una rueda de prensa rápida, las preguntas son exactamente las que
pensé que iban a ser.
¿Esta Boil involucrado en esta iniciativa?
¿Cómo se recuperó Simone?
¿Cuántas habitaciones tienen?
¿Su familia está involucrada?
¿Winston Martin está relacionado con esta causa?
Tenía experiencia con la presa por los escándalos que tuvimos antes.
Cuando salió a la luz el problema con Winston, nuestros abogados nos
aconsejaron que salgamos a la prensa antes de que se filtre la información y
eso hicimos.
Winston tuvo una condena de veinte años, no solo por lo que me hizo,
sino por poner en juego a la compañía de mi padre también. Yo por otro lado,
fui a juicio y salí victoriosa, con una módica multa de cuatro millones de
dólares.
Claramente fue un precio que estuve más que dispuesta a pagar.
Cuando termino de responder todas las preguntas, despido a los
periodistas que no deben estar aquí cuando lleguen y deposito mis ojos en la
primera fila.
Allí veo a mi familia entera.
Carter tiene a Nicole sobre su regazo y me manda saludos con su bracito.
Simone y Yuri están allí también, Simone desparrama lágrimas, (imagino
que este día debe ser difícil para ella, batallando recuerdos y experiencias
nefastas), Yuri la tiene bajo su brazo, resguardándola de todo lo que está
ocurriendo. Rage y Gal también están aquí, con sus dos hijos, ella aplaude de
pie y con una sonrisa imposible de ocultar. Mis padres llevan orgullo en sus
ojos y es refrescante saber que es por una buena causa y no por algo
relacionado a los negocios. Mi hermano Bastián, con su seriedad y altura,
aplaude y me guiña un ojo.
Movimiento por detrás de ellos capta mi atención.
Un autobús se aproxima.
–¡Están aquí! –digo con entusiasmo.
Bajo del escenario que armamos, tomo a Carter de la mano (con Nicole
encima) y los tres vamos hacia ellas.
Las puertas del autobús se abren.
La primera mujer baja por las escaleras y sonríe tímidamente cuando nos
ve.
–¡Bienvenidas al santuario! –decimos los dos al mismo tiempo.
Nos miramos y comenzamos a reír, yo con lágrimas en los ojos, Carter
sosteniendo a nuestra hija.
¿Qué más puedo pedir?
Fin.

Puedes encontrar la historia de Simone y Yuri en Mentiras Robadas.


Aquí hay un adelanto:

Simone

— ¡¿Por qué no puedes ser más como tu hermana?! —grita mi padre en


mi rostro.
Mantengo mis labios sellados, debo detener la avalancha de respuestas
que quieren salir de mí.
Mi padre cree que conoce a mi hermana Margot, ¿por qué? Porque ella es
una gran actriz al momento de vender el personaje a cualquiera que la esté
mirando, ella es la imagen que todos esperan ver.
Ante los ojos de mi padre Margot es emprendedora, impenetrable y sin
escrúpulos como él.
Lo que mi padre no entiende es que eso que quiere que sea, es
exactamente lo que no quiero ser.
Ser o no ser, esa es la cuestión.
Margot vive constantemente en un escenario. Delante de bambalinas
exhibe una mujer de clase, elegante, sonriente y la viva imagen de mi padre
(según algunos) pero detrás de bambalinas, Margot podría hacerse pasar con
una mujer salvaje, rea y ¿por qué no? Criada en la calle.
Nada más alejado de la realidad.
Nuestra familia es una de las familias de “primeros inmigrantes” más
ricas del país. Algunos periódicos llamaron a mi abuelo “el surtidor oficial
del gobierno” o también “La máquina expendedora letal”.
Si suena importante, es porque lo es.
La organización que mi abuelo Edmond fundó, actualmente provee al
gobierno de los Estados Unidos las armas, máquinas y explosivos más letales
del mundo. Los aviones, helicópteros y barcos son algo aparte (y menos
vergonzoso si me lo preguntas).
Mi padre tomó la posta de la empresa el día que me abuelo murió y
espera que Margot y yo hagamos lo mismo. Lo que mi padre no sabe es que
las dos hijas despreciamos la empresa con el alma y todo lo que representa.
Por el momento las dos vivimos como títeres, sonriendo y asintiendo a mi
padre sin parar.
Mi hermana es más astuta que yo, eso es indiscutible, nunca demostró sus
convicciones delante de mi padre.
Eso es solo para mí.
Margot finalizó sus estudios y comenzó a trabajar inmediatamente como
pasante en la empresa de mi padre, por solo unos meses, hasta que mi padre
decidió involucrarla cada día un poco más. Hoy en día, Margot lleva a cabo
sus tareas como la dama empresaria que todos creen que es y por la noche,
maneja uno de los clubes más exclusivos de la ciudad.
Sí, mi padre André Du Pont está orgulloso de su hija mayor.
Pero la hija menor… ¡Oh! La hija menor salió “arisca” y “complicada”,
ese es el término que usa mi madre, Caterina Du Pont, siempre lo dice con la
sonrisa que inspiró a Walt Disney a dibujar a todas sus villanas.
Caterina Du Pont es la esposa trofeo que todos quieren tener, maneja
beneficencia, habla solo cuando le piden su opinión, sonríe constantemente,
usa ropa de diseñador y no eleva su voz, nunca.
Jamás escuché a mi madre discutir con mi padre, ni siquiera el día que se
enteró que su esposo tenía un hijo por fuera del matrimonio.
Bastián, mi medio hermano, el único que parece tener la mente conectada
a la tierra por estos lugares.
—No va a volver a ocurrir papá, te lo prometo. —respondo mirando al
suelo.
La raíz de esta discusión se está dando porque llegué tarde a la gala de
beneficencia anual de la empresa. ¿Qué? ¿Creíste que era algo más
importante? No, mi padre odia que la gente no responda sus órdenes en los
siguientes tres segundos, por eso, cuando me buscó anoche entre la multitud
para presentarme al hijo de su amigo, se enfureció cuando no me encontró.
Mi padre camina por su oficina con sus dos manos sobre la espalda baja,
usando ese caminar “real” que tiene cuando está enojado. Mira por la ventana
y suspira, cansado de tener una hija tan descarriada.
Yo por mi lado, terminé mis estudios hace un año exactamente. Tal como
mi hermana, comencé a trabajar desde abajo. Hasta hace una semana atrás era
la secretaria de Margot, el mejor trabajo que tuve hasta ahora.
Lo que más aprendí de ella, fue a verla cambiar máscaras como uno
cambia de ropa interior.
Solo cuando estábamos solas, usa su verdadero rostro.
Margot es graciosa, (asquerosa por momentos) y real. Dentro de la oficina
usa ropa de diseñador, siempre cubriendo sus brazos, que por cierto están
enteramente tatuados. Algo que mis padres nunca vieron.
Yo en cambio, no exhibo rastro de otra personalidad y eso es
simplemente porque no tengo otra. No se ser alguien que no soy, no me sale
fingir con naturalizad o sonreír ante cualquier chiste que me haga un hombre.
Menos aún cuando son sexistas.
—Solo quiero que seas la mejor versión de tu misma, Simone.
—Ya lo sé papá. —murmuro.
Déjame traducirte lo que mi padre está intentando decirme: necesito ser
menos yo y más mi hermana, de hecho, lo dijo explícitamente hace un
segundo atrás.
Hace una semana mi padre me dio mi propia oficina. Suena emocionante,
pero estar encerrada en ese lugar solo trae estrés y frustración. Mis tareas
comenzaron a ser más y más complejas, reuniones, llamadas, eventos y ya no
sé qué más. En todas y en cada una de esas tareas tengo que demostrar ser
capaz, que el puesto no me lo regalaron (cosa que si pasó), que tengo la
madurez suficiente para llevar adelante la empresa y que mi vida social está
completamente controlada y encaminada.
Todo es una gran mentira, todo está absolutamente alejado de la realidad.
Comencemos a ver por qué: Idónea soy, eso lo sé, no dudo de mi
inteligencia, ni de mis capacidades, ¿Qué más? Ah, sí, demostrarles a los
inversionistas que esta cara bonita también es capaz de mantener la empresa a
flote.
¿A quién no le gusta que una mujer este a cargo? A los hombres mayores
de cincuenta años, en su mayoría son reacios a que una mujer sea capaz de
llevar a cabo algo con éxito, a menos que sea un embarazo o la limpieza de la
casa.
Y, por último, mi vida social, la cual es prácticamente nula. Mis únicos
amigos son Margot, Bastián y mi piano.
Mi experiencia con el sexo opuesto es inexistente. Tengo veintitrés
malditos años y lo máximo que hice fue besar a un chico.
Una vez.
Y fue horrible, todavía puedo recordar la saliva resbaladiza y la lengua de
Tomy, mi compañero de colegio. (Tomy hoy es el vice presidente de la
compañía de su padre, está casado y con un bebe en camino, si, con veintitrés
años) así son los círculos de la alta sociedad.
Mi abuelo decía: Crea tu fuerte, llénalo de soldados y sobrevive hasta el
final.
Ese es el lema con el que se manejan en estos círculos.
¡Ah! ¿Cómo puedo llevar a cabo una empresa, tener una familia y
mantenerme saludable, si ni siquiera puedo tener una conversación de más de
cinco minutos con un hombre sin entrar en colapso nervioso?
El celular de mi papá suena y me hace señas para que me retire de la
oficina. Y eso hago, porque a mi padre se lo obedece sin peros.
Una vez que cierro la puerta detrás de mí, bufo fuertemente eliminando
todas las palabras atoradas en mi garganta.
—¿Así de mal te fue? —pregunta Winston.
Uno de los hombres más cercanos a mi padre.
Tenemos facciones muy parecidas él y yo, los dos venimos de familias
francesas por empezar.
Su cabello es aún más rubio que el mío, su piel blanca y perfecta, sus ojos
celestes brillantes, su cuerpo es alto y esbelto tengo que mirar hacia arriba
cuando le contesto. Winston es uno de los empleados más jóvenes de mi
padre, hijo del mejor amigo de André Du Pont y potencial candidato para
Margot. Crecieron juntos y compartieron veranos enteros en el viñedo de
Burdeos de mi tío Cesar.
—No quieres saberlo, pero te doy un consejo gratis, nunca llegues tarde a
la gala benéfica de la compañía, es un pecado capital. —aclaro con un tono
burlón.
Winston se ríe entre sus dientes.
—Si sirve de consuelo, hoy no tiene un buen día.
Nunca tiene un buen día, conmigo.
Escucho tacos que se aproximan detrás de mí y por la mirada lasciva de
Winston, sé que mi hermana camina hacia nosotros. Una media sonrisa se
desparrama por su rostro, mientras la mira dé la cabeza a los pies.
—¿Y ahora qué pasó? —pregunta mi hermana acariciando el cabello
sobre mi espalda.
Ella siempre es protectora conmigo, sabe que mi padre espera más de mí
que del mismísimo Dios y eso la angustia.
—Nada importante —sonrío falsamente. —, no te preocupes. —deslizo
mi mano por su cintura y la abrazo con cariño.
Hoy mi hermana lleva puesto un traje rojo que le combina perfectamente
con sus labios. Margot es hermosa por donde la mires, tiene confianza de sí
misma y audacia.
A veces le tengo un poco de envidia, su vida parece demasiado fácil.
—Del uno al diez ¿qué tan difícil esta hoy? —pregunta.
Con Winston compartimos una mirada cómplice.
—Veinte. —decimos los dos al mismo tiempo, haciendo que los tres
explotemos de risa.
—Bueno, deséenme suerte entonces, porque los números que llevo no son
buenos. —dice mi hermana con una mirada preocupada.
Mi padre abre la puerta y nos encuentra a los tres conversando
tranquilamente. Cuando posa los ojos sobre Margot y Winston, se le llenan
los ojos de esperanza.
Futuros nietos, los soldados que tanto necesita.
—Mis dos mejores empleados…—dice mientras camina y los abraza a
los dos al mismo tiempo, no tengo otra alternativa más que correrme para que
los pueda abrazar con más espacio.
—Papá —lo saluda Margot —, estaba por entrar. —dice ella ignorando
por completo las intenciones de mi padre de acercarlos físicamente.
Hablé sobre este tema millones de veces con ella. Margot nunca quiere
aclarar demasiado y la historia siempre llega al mismo final.
Algo pasó en un verano que hizo que Winston ya no sea tan indicado a
los ojos de Margot. Nunca me dijo que fue, ni que hizo, solo me dijo que era
algo entre los dos y que no quería contarme para que no cambie mi opinión
de él.
No puedo imaginarme que hizo él para desencadene una ruptura tan
drástica en su amistad.
Ella dice que son amigos, pero no amigos como lo eran antes.
—Sí, pasa hija…—mi padre se aleja de la puerta para que pueda entrar—
ah, Simone, —me llama —¿la harías el inmenso favor a tu padre de traerle un
café? Todavía no puedo recuperarme de la noche de póker que tuvimos con
los muchachos.
Guiña un ojo hacia mí con una sonrisa socarrona.
—Si papá. —respondo girando sobre mis talones y alejándome de la
familia feliz.

Apago el motor de mi Mercedes Benz y me preparo para mi clase.


Manuel es el nombre de mi profesor y solía venir a mi casa una vez por
semana a enseñarme piano, pero cuando comencé la universidad, me mudé y
empecé a venir a su loft a practicar.
Después de casi diez años de práctica, ya no necesito venir, es más una
terapia que una clase. En los apartamentos donde vivo, tienen una política
fuerte sobre los ruidos e instrumentos.
Eso es lo que sucede cuando vives en el edificio más exclusivo de Little
Rock, la ciudad donde me crie y donde probablemente muera.
Little Rock es una ciudad a una hora de Los Ángeles, tiene los paisajes de
California y el dinero de Hollywood. En esta ciudad, tus vecinos son
personas que creen tener más privilegios que el resto y dictan reglas como un
dictador cambia las leyes. Aquí viven las personas plásticas que viven de la
apariencia, autos lujosos, mansiones mediterráneas extremadamente caras y
cabelleras rubias con extensiones. Sí, de aquí soy.
Manuel vive a media hora de mi casa, este barrio no es como el mío, aquí
viven personas que aspiran a ser actores o actrices y no tienen dinero para
vivir en Los Ángeles todavía.
Subo las escaleras del viejo edificio con olor a humedad y toco el timbre.
Puedo ver movimiento por debajo de la puerta.
Manuel tiene el cabello negro y largo hasta los hombros, usualmente lo
lleva recogido a la altura de su cuello, actualmente tiene treinta años, pero su
rostro aparenta de un hombre de cuarenta, cansado y triste. Nunca habla de su
pasado, pero más de una vez me dio a entender que su familia le trae
problemas constantemente.
Cuando abre, encuentro que lleva una sonrisa tensa en su rostro.
—Oh-oh, ¿qué pasó? —pregunto con una ceja arriba.
—¿No leíste mi mensaje?
—No, mi mamá quiere que la acompañe a tomar el té a la casa de su
amiga, “accidentalmente” deje el celular en mi casa, —hago comillas en el
aire— pero si es un mal momento, puedo volver otro día.
—No, no, —dice apresuradamente— ¿recuerdas el hermano menor que
siempre trae problemas?
—Sí, ¿Agustín era su nombre?
—El mismo, apareció en mi casa anoche, con la cara toda magullada, dice
que fue una pelea entre clubes, aparentemente ahora quiere entrar a uno, pero
viene corriendo a su hermano mayor cuando algo malo pasa, —la última
parte la dice más fuerte, gritando sobre su hombro para que lo escuche. —si
no te molesta que este aquí, comencemos.
—Ningún problema. —es más, me siento un poco curiosa de esta
persona.
El apartamento de Manuel es el típico hogar de soltero. No hay
decoración, no hay limpieza y no hay colores claros. Solo tiene un sillón con
un televisor lleno de cables enmarañados por detrás y una mesa para comer.
Bueno y por supuesto el piano que lo lleva pulido como un premio.
Cuando entro, encuentro al hermano de Manuel, sentado en el sillón, un
ojo violeta, el otro negro. Se levanta y estira su mano.
—Hola, soy Agustín. —se presenta con una sonrisa.
Tatuajes, chaleco y barba.
Hola Agustín.
—Hola, Simone. —tomo su mano y la estrecho, sus manos son rasposas y
masculinas.
—¿Empezamos? —pregunta Manuel detrás de mí.
Salgo del trance que Agustín puso en mi mente y le respondo.
—Sí, sí, estoy lista.
Caminamos hasta la habitación y comenzamos a practicar.
—Quiero practicar algo de Chopin hoy. —dicta Manuel.
—¿Por qué? —pregunto con sospecha.
Sonríe, porque sabe que sospecho de alguien.
—Me llamó tu madre, dijo que quiere que practiques para la gala del
próximo sábado.
¡Maldición!
Suspiro pesadamente y coloco mis dedos sobre las teclas. Comienzo a
deslizarlos para hacer sonar los acordes de Nocturne en mi bemol majeur.
Acordes lentos.
Angustiosos.
La mano izquierda tiene una secuencia ininterrumpida de corcheas en
arpegios simples a lo largo de toda la pieza, mientras que la mano derecha se
mueve con libertad en patrones de siete, once, veinte y veintidós notas.
Extremadamente sentimental y si no la tocas bien, puede sonar hasta
cursi.
Manuel me observa de brazos cruzados y su espalda apoyada contra la
pared, su cabeza se mueve al ritmo de la melodía. Sus ojos se cierran y siente
la música.
El mundo se apaga.
Solo escucho el piano, no hay pensamientos, no existen las ansiedades,
solo la conexión con el instrumento y la música que transita por mis venas
como la droga más eficiente del mundo. Por esta razón es que vuelvo todas
las semanas, el piano es mi cable a tierra.
El silencio que esconde al caos.
El orden dentro de mi enmarañada mente.
Presiono la última tecla que da por finalizada la melodía y los dos nos
mantenemos en silencio un segundo, es difícil salir tan rápido del trance que
provoca la música.
—Debería pagarte para escucharte Simone, no al revés. —dice con media
sonrisa en su rostro.
—No todo en esta vida es sobre el dinero. —respondo pensativa, mis ojos
siguen mirando las teclas.
—Cuando te sobra no es importante, cuando lo necesitas se vuelve todo.
—responde, colocando una mano sobre mi hombro.
Manuel sabe qué clase de persona soy, yo no ostento el dinero que tiene
mi familia, quizás tenga la mejor vista de la ciudad, uno de los autos más
caros del marcado, pero no soy como aquellas personas que usan el dinero
para sentirse mejor consigo mismos o peor, para hacer sentir a los demás que
son menos, pero él siempre sostiene que saber que el dinero siempre estará a
tu alcance, hace que le restes importancia y pase a ser algo insípido. Puede
que tenga razón, nunca me faltó nada en esta vida, nunca tuve que pedirle
algo a mis padres, generalmente ya lo tenía antes de saber qué lo necesitaba.
El celular de Manuel suena y mira la pantalla rápidamente.
—Atiende, prometo que sigo practicando. —sonrío sin mostrar los
dientes.
—Solo me tomara un minuto. —responde y sale de la habitación.
Que mi mamá haya llamado a mi profesor no es algo nuevo para mí, la
intrusión de mis padres es algo cotidiano. Nunca en mi vida tomé una sola
decisión sin tener en cuenta que quieren o necesitan mis padres. Por eso
termino complaciendo a todos, menos a mí.
—Que aburrido…—escucho detrás de mí y me detengo automáticamente.
Volteo encuentro a Agustín detenido bajo el umbral de la puerta con sus
brazos y piernas cruzadas.
—Bueno, no todo es divertido en esta vida. —respondo a la defensiva.
—Sí que lo es, deberías explorar el mundo reina, sino, no lo vas a
descubrir nunca. —detengo mis dedos por completo y le dedico mi completa
atención.
—¿Y terminar con la cara como una berenjena? No, gracias. —respondo
a la defensiva haciendo alusión a los moretones en su rostro.
Agustín se ríe entre los dientes, su actitud de chico malo me atrae como
todo lo prohibido, pero me resisto. ¿Qué diría mi padre si me viera con un
hombre así?
—Si alguna vez quieres experimentar lo que es el mundo exterior, puedes
llamarme. —arroja un papel sobre las teclas con su número de teléfono y la
palabra MAC.
—¿MAC? —pregunto extrañada.
—Sí, ese es mi nombre de la calle, nadie me conoce por Agustín en el
club.
Que ridículo.
—Bueno, gracias por la oferta, MAC. —digo de mala gana, mientras alejo
el papel de mis dedos.
Levanta sus hombros y se va de la habitación.
En cuanto me aseguro que sus ojos están lejos, tomo el papel y lo guardo
en mis vaqueros antes de que vuelva Manuel y lo vea.
Como buena esposa de multimillonario, mi mamá lleva adelante diferentes
organizaciones de caridad. En esta particularmente se recauda dinero para los
damnificados de Puerto Rico. Los ricos y famosos de la ciudad vienen a estos
eventos, a vanagloriarse como pavos reales, exhibiendo cuánto dinero tienen,
cuantas nuevas esposas o cuantas cirugías. Usualmente son en lugares
extravagantes como este museo de ciencias naturales.
Los ricos necesitan sentir exclusividad, sino ¿cómo se distinguen del resto
de la sociedad?
Hablando de mi madre, que raro que no esté aquí ya.
Esta vez estoy media hora más temprano en la gala. Espero en mi
Mercedes mientras espío hacia la puerta de entrada del gran museo.
No llego nadie aún, pero puedo ver a los empleados yendo y viniendo con
caras de estrés.
Hoy llevo un vestido (de los miles que tengo para este tipo de eventos),
negro, ajustado y que muestre un poco de piel.
¡Pero no todo! “hay que dejar algo para la imaginación” dice mi mamá.
Alguien golpea los nudillos en mi ventana y me hace saltar en el lugar.
Últimamente estoy muy asustadiza.
Mi mamá está del otro lado, mirándome con ojos enfurecidos. Bajo la
ventana mirándola fijamente.
—¿Qué hice ahora? —pregunto con ojos aburridos.
—Nada, pero si vas a estar aquí, al menos ayúdame. —dice ella mientras
se acomoda el vestido, miro por detrás y veo su vehículo aparcado en un
lugar donde no había nadie hace segundos atrás.
—Acabas de llegar, literalmente. —declaro mientras busco mi bolsa y
salgo del auto.
Cuando voy a preguntarle qué puedo hacer, ella ya está llegando a las
escalinatas del museo.
En serio, a veces me pregunto porque demonios tuvo hijas esta mujer.
Cuando entro, encuentro un grupo de gente ultimando detalles. Mi madre
dispara órdenes para todos lados, pero no se mueve mucho, porque su vestido
de noche no se lo permite.
—¡Simone! —me llama.
Camino hacia ella y señala el piano.
—Necesito que en cuanto empiece la recepción estés tocando, necesito
sonido.
—Lo pides, lo tienes…—susurro.
Me siento delante el piano forte y comienzo a tocar. Dejando que mi
mente se dispare para diferentes mundos donde solo existe la música y todas
las voces de fondo que me rodean son solo murmullos lejanos.
—Hija —escucho a mi madre detrás de mí, usando la voz de madre
amorosa que usa cuando este enfrente de sus amigos—, toca algo más alegre
que nos estamos deprimiendo aquí. —dice entre risas con una copa de
champagne en la mano.
El resto se ríe también.
Asiento una vez y acelero el rimo de la melodía. No había notado que
sonaba tan melancólico.
Media hora después puedo ver de reojo a mi padre observándome con un
vaso de whisky en la mano. Se detiene detrás de mí y coloca su mano en mi
hombro.
—Hermosa pieza Simone, —dice dándome palmaditas cariñosas. Baja su
boca hasta mi oído —Siéntate derecha que pareces un paréntesis.
Muerdo mi labio inferior para no explotar y hago un esfuerzo para sonreír
mientras me siento erguida.
¿Dónde está Margot? Usualmente es el único ser humano que detiene una
explosión cuando está a punto de ocurrir. Porque ya ocurrieron en el pasado,
repetidas veces.
Cuando la recepción termina, mis servicios ya no son requeridos, todo el
mundo pasa al salón principal donde sirven platos diminutos, con nombres
extraños y texturas viscosas.
—¡Simone!
¡Ah! mi mamá otra vez, que suerte.
Está hablando con su amiga, la señora Torre, su hijo está a su lado.
Oh no…
Conozco a Martin, el joven que pretende ser su padre. Todos los hijos
varones de los millonarios buscan copiar el comportamiento de sus padres
como si fueran iconos gloriosos.
Mi mamá intenta emparejarme con él desde que estábamos en la cuna.
Martin es atractivo, sus facciones son duras, cabello negro, barba cuidada y
prolija. Usa un traje a medida y una media sonrisa que provoca a más de una,
caer a sus pies. Entiendo que vean el exterior y que les guste, pero es tan frio
y desalmado que lo único que quiero hacer es correr hacia el sentido
contrario.
—¿Llamaste mamá? —pregunto pretendiendo ser idiota que todos creen
que soy en este lugar.
—Oh, sí, aquí estamos hablando de lo maravilloso que sonó el piano,
definitivamente esto se tiene que repetir. —dice mi madre.
No se me escapa la semántica que usa.
Si me acompañan, podemos analizar la frase juntos: El piano “Sonó”.
Según mi madre, el piano sonó sin la ayuda de nadie, hizo el trabajo solo
y apretó sus teclas solo. Yo no tuve nada que ver en el proceso, solo era un
paréntesis pretendiendo mover los brazos como una mala actriz de
Hollywood.
—Eres muy talentosa Simone, ¿o no Martin? —dice la amiga de mi
mamá.
Martin rueda los ojos, entendiendo perfectamente lo que intentan hacer.
—Si, lo que sea…—dice mirando para otro lado.
Sonrío tensamente.
—Gracias. —respondo intentando contener mis puños, que ganas de
golpearlo.
Bueno para nada. Al menos yo toco el maldito piano, ¿tú qué haces? Te
rascas los huevos y juegas a la Play Station todo el día, maldito desg—
—Ese vestido es divino Simone, ¿de quién es? —pregunta la señora torre,
interrumpiendo mis pensamientos asesinos.
—Valentino.
—Impecable, siempre quise tener una nena para poder comprarle vestidos
así. —ríe.
Vestirla como una muñeca quiso decir señora Torre, eso es exactamente
lo que hizo mi madre siempre, bueno, hace.
—¡Estas a tiempo! —dice mi mamá haciendo el típico chiste de mujeres
mayores de cincuenta años.
Las dos se ríen muy fuerte mientras Martin y yo miramos para otro lado.
Lo que sea para no mirarnos a los ojos.
Estudio la habitación y lo veo a mi papá hablando con Bastián al lado de
la barra.
Mi medio hermano, Bastián, es un espécimen superior, eso es lo que
siempre le digo. Suele odiar a todo el mundo, excepto a mi familia (mi mamá
no está incluida dice). Su cabello es más oscuro que el nuestro, casi diría que
es color caramelo, lleva puesto un traje negro, pero él siempre se destaca
usando un moño, en vez de corbata.
Camino hacia él sin dar explicaciones a mi madre, necesito un poco de
normalidad. Cuando me ve aproximarme, me sonríe abiertamente. No todo el
mundo puede ver una sonrisa así, Bastián solo sonríe cuando nos ve a mí y a
mi hermana. Un día me dijo que siempre estuvo muy solo y saber que tenía
dos hermanas le cambio la vida. Cuando llego a su lado me abraza, dejando
un beso sobre mi cabello.
—Tocaste increíble. —dice sobre mi oído.
No agrega nada más, nunca escuché una sola critica viniendo de su parte.
—Gracias hermano. —susurro apoyándome sobre su hombro.
Mi padre observa nuestra interacción sonriendo, siempre le gusta vernos
juntos.
—¿Comiste algo? —pregunta frunciendo sus cejas marrones.
Cuando no respondo inmediatamente, levanta su mano y llama a la
camarera que lleva una bandeja con comida. La mujer responde a mi
hermano como si fuera un perro adiestrado.
Me pregunto si responde tan rápido con los viejos que andan pululando
por aquí.
—Suflé de salmón. —dice ofreciéndole a mi hermano.
Bastián me mira con ojos desafiantes, esperando que tome una cazuela.
Lo hago sin chistar y como lentamente, mientras los dos hablan de negocios.
Cuando voy por la mitad, mi hermano detiene lo que está diciendo y me
perfora con la mirada.
—Termínalo, Simone.
Ruedo mis ojos.
Nada se le escapa a la mirada de Bastián. Tienes que tener un
entrenamiento para lograr estar a su altura.
—Tiene razón hija, podía ver tu columna vertebral cuando estabas
tocando, no seas como tu madre y come más.
—Si papá…
No es que no como, yo me alimento bien, bueno de bien para abajo, lo
que pasa es que la ansiedad consume todas las calorías que trago.
Eso y las clases de tenis, pilates y Soul Cicle que mi mamá me obliga a
tomar.
La gala termina a las once de la noche, somos los últimos en irnos.
Mi hermano saluda a mi madre con la frialdad de siempre y a mí con un
beso en mi cabello.
—¿Necesitas transporte? —pregunta volviendo sus pasos.
—No, está bien, vine con el mío.
—Está bien, directo a tu casa. —me señala con ojos desconfiados.
Me rio y asiento una vez. Lo sigo con la mirada, en la escalinata del
museo lo espera una rubia despampanante de vestido rojo. Mi hermano
siempre se va con compañía.
En estos círculos, Bastián tiene la reputación de ser un buen partido para
todas las mujeres que buscan un hombre con dinero, fama y un buen cuerpo.
Así que la compañía nunca falta, por supuesto siempre es momentánea, nunca
lo vi con la misma mujer dos veces seguidas.
Por cierto, ¿Dónde está Margot?
Tomo mi celular mientras camino a mi vehículo y rápidamente escribo un
mensaje.
“¿Por qué no estás aquí?”
Ella responde en menos de un segundo.
“Rebeldía.”
¡¿Rebeldía?! ¡Te levantaste y decidiste que hoy podías darte el lujo de
escaparte de tus responsabilidades?!
Una rabia incontrolable sube como fiebre y comienzo a atorarme con
preguntas.
¿Por qué ella puede tomarse momentos de desobediencia?
¿Por qué ella puede vivir su vida y probar cosas nuevas?
Comienzo a golpear en volante con mis puños cerrados.
¿Por qué?
¿Por qué?
¡Ahhh!
Necesito…necesito…
Una idea cae sobre mi cabeza como una gota inesperada en verano o
como caca de una paloma, depende cómo lo mires.
Busco el papel en la guantera.
Envío un mensaje.
“No quiero estar aburrida.”
Puedes encontrar Mentiras Robadas aqui.
AGRADECIMIENTOS

Espero que hayas disfrutado la historia de Carter & Margot, este es el libro
que da por finalizado la saga de Resiliencia y lo digo con una lagrima en mi
mejilla.
PERO, quiero que sepas que se viene una segunda generación de los hijos
de todos nuestros anti-héroes y heroínas, ¡así que a no desesperarse!
Por otro lado, ahora estoy explorando un nuevo género, que es el romance
contemporáneo y tengo que admitir que… ¡la estoy pasando muy bien!
Quiero agradecerle a Meli W. y Meli S ¡por guiarme y darme sus
opiniones!
También a las chicas del grupo de Facebook, ¡este libro fue porque
ustedes me lo pidieron!
–Marcia
ACERCA DEL AUTOR

Marcia DM es una Argentina que vive en Estados


Unidos hace seis años. En su travesía por encontrar
nuevos territorios, Marcia retomó un gran amor que era
la escritura y hoy lleva publicado ocho libros en
español y tres en ingles.
Marcia vive en una pequeña ciudad de Texas, le
gusta mucho la decoración de interiores, hacer
proyectos en su casa (sus manos lo pueden demostrar) y
dibujar.
Puedes seguirla en tus redes sociales favoritas, pero
Marcia tiene que admitir que Instagram y el grupo
privado de Facebook es donde más interactúa con sus
seguidoras.

Si quieren enterarse cuando salen los libros, pueden anotarse en mi Newsletter


Las invito a pasar por mi grupo de Facebook, donde publico actualizaciones de todos los libros,
cambios y novedades.
Y a mí Instagram exclusivamente en español, allí voy a estar seguido, así que si quieren venir a
visitarme, me encantaría conocerlas!
¡Las espero allí!
OTRAS OBRAS DE MARCIA DM

Romance oscuro
Resiliencia
Stamina
Deber

Solos:
Rage
Mentiras Robadas
Carter

Romance distopico:
La Marca Del Silver Wolf

Romance Paranormal:
Príncipe Oscuro

Romance contemporaneo:
Amor y Odio en Manhattan
Segunda Oportunidad en Miami

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