Lucas 15
Lucas 15
Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los
escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. Entonces él
les refirió esta parábola, diciendo:
a. Éste, es uno de los capítulos más amados de la biblia, es hecho de parábolas habladas como
respuesta a la acusación: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.
b. Los fariseos dividían a los hombres en dos clases: Los pecadores o inmundos y los justos, y
no querían terner nada que ver con los inmundos. Por supuesto, muchos de los seguidores de
Jesús hacen lo mismo hoy en día.
i. Los rabíes estaban tan fuertes en no asociarse con los inmundos, que hasta negaron enseñarles
la palabra de Dios.
¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa
y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra,
la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos,
diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo
que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y
nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.
a. Si pierde una de ellas: No es extraño que una oveja estuviera perdida. “Ningun otra criatura se
desvía con más facilidad que una oveja; ninguna hace menos caso; y ninguna es tan incapaz de
encontrar el comino de regreso a la manada, cuando una se ha perdido: balará por la manada, y
aun así, seguir corriendo en una dirección contraria a la que dirige hacia la manada: He notado
esto con frecuencia.” (Clarke)
b. La preocupación del pastor es por la oveja perdida; la que no está perdida no es una
preocupación inmediata. Cuando él encuentra la oveja, el pastor está felíz; no enojado.
i. Nota la palabra: Gozoso. Cuando Jesús nos carga, lo hace con gozo, no con rencor, sino
contento.
c. La pone sobre sus hombros gozoso: Cuando Jesús nos encontró, también tuvo que
cargarnos. Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. (Romanos
5:6)
d. Los rabíes creían que Dios recibiría a un pecador que viniera a él inmediatamente. Pero en la
parábola del pastor y la oveja, Jesús enseña que Dios busca a los que aun se encuentran
perdidos.
i. Dios no recibe con desgusto a los perdidos. En vez de eso, él los busca. Dios encuentra al
pecador más antes que el pecador lo encuentre a él.
ii. Esto era un pensamiento completamente ajeno para la audiencia de Jesús que eran líderes
religiosos. Ellos creían que eran más justos que los demás porque ellos habían buscado
diligentemente a Dios; y otros no.
e. Así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve
justos que no necesitan de arrepentimiento: La aplicación es clara: Hay gozo en el cielo cuando
los perdidos son encontrados y vienen al arrepentimiento. Aunque quizá no haya gozo entre los
fariseos, ¡sí hay gozo en el cielo!
3. (Lucas 15:8-10) Encontrando la moneda perdida.
¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre
la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus
amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había
perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se
arrepiente.
a. ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma: Si al pastor le importaba una de
entre cien, tiene sentido que a la mujer le importaba una de entre diez. Ella no solo descarta la
moneda como perdida y deja de preocuparse por ella.
b. Posiblemente, esta moneda representa una que era puesta con otras diez en una cadenita de
plata que se llevaba en la cabeza. Era un ornamento precioso para esa mujer, y le haría sentirse
más su falta.
c. Enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla: Igual que la
oveja que sería difícil de encontrar, así también una moneda tan pequeña sería difícil de encontrar
en un piso de tierra.
d. Hasta encontrarla: ¿Por qué se relaciona Jesús con los pecadores? Porque Dios naturalmente
quiere recobrar lo que es suyo y que está perdido, igual que nosotros.
i. Hay un instinto dentro de nosotros que valora más a algo simplemente porque está perdido. Tus
llaves nunca te importan tanto hasta cuando no las puedes encontrar.
e. Hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente: Dios (y los
ángeles) se gozan cuando se encuentran uno que estaba perdido.
i. Con frecuencia, no pensamos de Dios como gozándose, pero este pasaje nos dice que sí lo
hace, y en cuales circunstancias lo hace. Como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará
contigo el Dios tuyo (Isaías 62:5). Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará
sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos (Sofonías 3:17).
ii. Las personas religiosas de los días de Jesús creían diferente y aun tenían un dicho: Habrá gozo
en el cielo por un pecador que es destruido por Dios. En nuestro celo por hablar en contra del
pecado de nuestra cultura, ¿damos la misma impresión?
También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la
parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después,
juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus
bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en
aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella
tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su
vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.
a. Dame la parte de los bienes: En aquellos días, un padre podía dar la herencia antes o después
de su muerte, pero, por lo normal, se hacía después. El hijo menor pide una exepción especial.
i. El padre claramente ilustra el amor de Dios. Su amor permitiría rebelión y respetaría la voluntad
del hombre. El padre sabía muy bien que pasaría as u hijo, pero leo permitió ir por su camino de
todas maneras.
b. Se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo
perdidamente: El hijo dejó su área para ser independiente del padre – pero pronto se encontró en
peor cautiverio que nunca.
c. Le envió a su hacienda para que apacentase cerdos:Un Cerdor era, por supuesto,
considerado inmundo por los judíos (Levítico 11:7), y no podía haber profeción más asquerosa que
la de alimentar cerdos. ¡¡E imagínate el olor!!
d. Pero nadie le daba: Si alguien le hubiera ayudado a este hijo pródigo en su vida perdida, el
retrasaría el día en que el vuelviera en sí y ponerse bien para con Dios.
2. (Lucas 15:17-19) La decisión del hijo perdido de regresar a su padre.
Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y
yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra
el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus
jornaleros.
a. Y volviendo en sí: Cuando el hijo volvió en sí, no se hizo miembro de un grupo de auto-ayuda.
No buscó reparar su niño interior. No culpó a sus amigos, su jefe, o a los cerdos. Regresó a su
padre (Me levantaré e iré a mi padre).
b. Iré a mi padre: Jesús no dice que el hombre regresó a su pueblo, o a su casa, sino a su padre.
Así es como necesitamos regresar a Dios – regresar a el primero y primordialmente, antes de
regresar a la iglesia o regresar con amigos cristianos.
i. Por supuesto, cuando el hijo regresó al padre, también regresó al pueblo o a la casa; pero su
enfoque estaba en regresar al padre.
c. Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como
a uno de tus jornaleros: El hijo demuestra su sentir de plena indignidad y confesión de pecado –
esenciales para recibir el perdón que el padre no quiere dar. Tenemos que venir a Dios dispuestos
a ser completamente esclavos, pero por su amor, nos hace completamente hijos.
Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a
misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he
pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo
a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en
sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi
hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.
a. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia: El padre tenía un
amor que esperaba, y nunca olvidó al que era amado, aun cuando no estaba. Era un amor que
recibía completamente, no poniendo al hijo en aprobación.
i. ¿Qué tan apasionadamente recibió el padre al hijo? La palabra: besó es enfático; lo besó
repetitivamente.
b. Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y
traed el becerro gordo y matadlo: Ninguna de las cuatro cosas traídas al hijo eran necesidades;
todas eran para honrar al hijo y hacerle saber que era amado. El padre hace mucho más que suplir
las necesidades del hijo.
c. El hijo menor tenía dos peticiones. Padre, dame (Lucas 15:12) una petición que mostró rebelión;
esta petición lo hizo pobre y destituido. Padre … hazme como a uno de tus jornaleros (Lucas
15:19) una petición que mostró sumisión; esta petición le hizo rico y amado.
4. (Lucas 15:25-32) La amargura y el resentimiento del hijo mayor.
Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y
las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: Tu
hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno
y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que
entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote
desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.
Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar
para él el becerro gordo. El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis
cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era
muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.
a. No habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado: Este tipo de exageraciones son
comunes para aquellos que guardan amargura en sus corazones. Ahora, al fin sale ante el padre,
pero la amargura ya ha hecho daño corrosivo en su corazón.
i. “Los orgullosos que se creen demasiado santos siempre sienten que no son tratados como ellos
merecen.” (Morris)
b. Entonces se enojó, y no quería entrar: El hijo mayor era muy obediente, más estaba lejos del
corazón del padre; él ni siquiera iría a ver a su hermano menor. El hijo mayor es una imagen
perfecta del corazón de los fariseos, quienes se enojaron porque Dios recibiría las multitudes
perdidas viniendo a Jesús.
i. Pero nota que el padre también amaba a su hijo mayor, y salió tras él también.
c. Es fácil reconocerlo cuando somos como el hijo pródigo; pero ¿cuántos de nosotros podemos
reconocerlo cuando somos como el hijo mayor? Todo es una cuestión de enfoque. El enfoque del
hijo menor está en el padre; el enfoque del hijo mayor está en sí mismo y en cuanto ha sido
ofendido.
d. Algunos han criticado esta parábola porque parece hacer del arrepentimiento algo aparte de
Jesús y la obra de la cruz. Pero debemos ver a Jesús como el camino, el mismo camino al Padre.
El pródigo nunca puede venir a Dios el Padre, a menos, que venga por el Hijo.
C. Observaciones
1. Podemos ver a Lucas 15 como una parábola en tres escenas.
a. Cada escena ilustra un aspecto diferente de la obra de Dios. El Hijo busca a los perdidos como
el buen pastor, el Espíritu Santo busca a los perdidos con iluminación escudriñadora, y el Padre
espera a los perdidos con brazos abiertos cuando regresan.
b. Cada escena ilustra un incrementando de pérdida severo. De las ovejas se perdió el 1%, de las
monedas se perdió el 10%, y de los hijos se perdió el 50%.
i. La oveja fue perdida neciamente vagando, igual que muchas personas hoy en día.
ii. La moneda fue perdida por lo que otra persona hizo, y podemos decir que nosotros estamos
perdidos por lo que Adán hizo.
iii. El hijo fue perdido por rebelión, Junto con una salida rebelde requería un regreso sumiso por el
perdido.
2. Nunca debemos perder de vista el punto central: Jesús está contestando la crítica: Este a
los pecadores recibe, y con ellos come (Lucas 15:2). Por supuesto, debe buscar a
pecadores, como un pastor busca una oveja, como una mujer busca una moneda que está
perdida, y como un padre busca un hijo perdido. Es natural que el Hijo de Dios buscara a los
perdidos.
a. ¿Se siente natural para nosotros buscar a los perdidos? ¿Tenemos el corazón de Dios?
¿Quiénes son los perdidos a quienes buscamos en el Señor?
3. Resumen: “La verdad aquí enseñada es ésta: Que la misericordia extiende su mano a la
miseria, que la gracia recibe a todo tipo de hombres como pecadores, que trata con
demérito, indignidad y inutilidad; que aquellos que se creen justos no son los objectos de
compasión divina, pero los injustos, los culpables y los inmerecedores, son los sujetos
apropiados para la misericordia infinita de Dios; dicho sencillamente: Que la salvación no es
por algún mérito, sino por gracia.” (Spurgeon)
XXX
Capítulo 14 concluye con la admonición de Jesús, “Quien tiene oídos para oír, oiga” (14:35).
Capítulo 15 comienza diciendo, “Y se llegaban á él todos los publícanos y pecadores á oírle” (15:1)
– e inmediatamente contrasta eso con fariseos y escribanos que murmuran y no escuchan (15:2).
Generalmente, Lucas retrata publícanos y pecadores de manera favorable – dispuestos a escuchar
– abiertos al arrepentimiento y al discipulado (3:10-14; 5:27-32; 7:34-50; 18:13).
“Y él les propuso esta parábola” (v. 3). Jesús nos da tres o cuatro parábolas, según como las
contemos. Las primeras dos constituyen nuestra lección del Evangelio para hoy. La tercera (y
cuarta) son la parábola del hijo pródigo (y el hermano mayor). Todas tratan el mismo tema de
alegría por el pecador arrepentido.
Mateo 18:12-14 incluye la parábola de la oveja perdida, pero las otras parábolas de este capítulo
aparecen únicamente en el Evangelio de Lucas.
Hay una progresión en estas parábolas. El pastor pierde una de cien ovejas (una pérdida del uno
por ciento). La mujer pierde una de diez monedas (una pérdida del diez por ciento). El padre pierde
uno de dos hijos (una pérdida del cincuenta por ciento).
Las primeras dos parábolas son reforzadas por medio de una estructura paralela:
• “Qué hombre” (tis anthropos) (v. 4) se paralela con “qué mujer” (tis gune) (v. 8).
• “va… hasta que la halle” (v. 4) se paralela con “busca…. hasta hallarla” (v. 8).
• Alegría en las dos historias es acompañada por el arrepentimiento de pecadores (vv. 7, 10).
1Y se llegaban á él todos los publícanos y pecadores á oírle. 2Y murmuraban los Fariseos y los
escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.
“Y se llegaban á él todos los publícanos y pecadores á oírle” (v. 1). Jesús ha atraído grandes
multitudes, incluyendo los publícanos y pecadores que viajan con él (14:25). Publícanos son
lacayos de los odiados romanos, que muchas veces cobran de más a la desgraciada población
para forrar sus propios bolsillos. Pecadores incluyen los que no observan la ley ritual tanto como
los que son culpables de otras faltas morales.
Publícanos y pecadores vienen a escuchar a Jesús. Saben que están equivocados y se sienten
atraídos por Jesús, pensando que él puede arreglar las cosas.
“Y murmuraban los Fariseos y los escribas” (v. 2a). Sus murmuraciones se deben a que Jesús
invita a pecadores conocidos a la mesa – así confiriendo dignidad y aceptación a los indignos e
inaceptables. Sus murmuraciones nos recuerdan a las murmuraciones de Israel contra Moisés y
Aarón en el desierto (Éxodo 15:24; 16:2, 7-8; 17:3; Números 14:2, 36; 16:11; Deuteronomio 1:27) –
murmuraciones que verdaderamente expresaban su resentimiento hacia Dios.
“Este á los pecadores recibe, y con ellos come” (v. 2b). Ésta es la misma acusación y queja
que hicieron los fariseos y escríbanos cuando Jesús llamó a Leví y dio un banquete para él en su
casa (5:30). En esa ocasión, Jesús contestó, “No he venido á llamar justos, sino pecadores á
arrepentimiento” (5:32). El ungir de Jesús por una mujer pecadora provocó una controversia similar
(7:36-50). Solo recientemente, a la mesa de un fariseo, Jesús dijo a publícanos y fariseos que
tomaran el lugar más bajo en la mesa y que invitaran a pobres, mancos, cojos, y ciegos (14:1-12).
En la parábola de la gran cena (14:15-24) dijo que excusas por parte de los invitados daría paso a
la invitación de los pobres, mancos, ciegos, y cojos – implicando que ellos, la elite religiosa, sería
pasada de largo a favor de aquéllos de religión sospechosa.
• Mala compañía lleva a mal comportamiento. Padres inteligentes alientan a sus hijos a encontrar
buenos amigos.
• Compartir la mesa indica aceptación, y Jesús podría dar el mensaje equivocado comiendo con
publícanos y pecadores.
• Pablo aconseja, “No os juntéis en yugo con los infieles: porque ¿qué compañía tienes la justicia
con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” (2 Corintios 6:14).
Hay una tensión aquí que debemos honrar. Si esto solo es una historia de Jesús el bueno versus
los fariseos malos, pierde fuerza. En cambio, es una historia de hombres religiosos, pilares de su
comunidad, cuya preocupación con la observación ritual les ha cegado a su propio pecado. Es una
historia de hombres cuya preocupación con la ley de Dios les ha hecho olvidar el amor de Dios
hacia pecadores. Jesús les pide (y nos pide a nosotros) amar pecadores y odiar el pecado. Les
reta (y nos reta a nosotros) a desear el arrepentimiento. Les pide (y nos pide) celebrar la redención
de un solo pecador.
3Y él les propuso esta parábola, diciendo: 4¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si
perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta
que la halle? 5Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso; 6Y viniendo á casa, junta á los
amigos y á los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había
perdido. 7Os digo, que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de
noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.
“Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas” (v. 4). El Antiguo
Testamento a menudo utiliza la metáfora del pastor para describir el cuidado de Dios por nosotros
(Salmo 23; 28:9; 78:52; 80:1; 100:3; Jeremías 31:10; Zacarías 13:7). Ezequiel 34 es
particularmente importante. Dios declara, “He aquí, yo, yo requeriré mis ovejas, y las reconoceré…
Las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad… Yo
buscaré la perdida, y tornaré la amontada, y ligaré la perniquebrada, y corroboraré la enferma: mas
á la gruesa y á la fuerte destruiré. Yo las apacentaré en juicio” (Ezequiel 34:11, 12b, 16). Los
israelitas interpretaron esto pensando que Dios les buscaría cuando estaban perdidos y destruiría
sus enemigos gruesos y fuertes. Las parábolas de Jesús imponen una nueva interpretación.
“¿Qué hombre de vosotros?” (v. 4a). “La parábola empieza con una poderosa invitación hacia
los líderes para que se identifiquen con un pastor” (Van Harn, 412) – pero no pueden imaginarse a
si mismos como pastores.
La pregunta, “¿Qué hombre de vosotros?” suena como si la reacción natural es dejar a las noventa
y nueve, pero eso no está nada claro. Un MBA protegería el núcleo de la inversión – las noventa y
nueve ovejas. Podemos sobrellevar la pérdida del uno por ciento, pero no la pérdida del noventa y
nueve por ciento.
“teniendo cien ovejas” (v. 4a). Cien ovejas es un rebaño grande. La mayoría de familias solo
tiene solo una fracción pequeña de ese número. Una persona lo suficientemente rica para tener
cien ovejas seguramente contrataba a alguien para cuidarlas. Sin embargo, una familia extendida a
menudo combinaba sus rebaños bajo el cuidado de uno o más pastores, y esos pastores
seguramente eran miembros de la familia extendida.
Una antigua canción evangélica habla de dejar a las noventa y nueve “seguras en el rebaño,” pero
Jesús habla de dejar a las ovejas, no seguras en el rebaño, sino en el desierto – un lugar peligroso.
En la versión de Mateo de esta historia el pastor deja a las ovejas “por los montes” (Mateo 18:12) –
otro lugar peligroso.
A lo largo de su ministerio Jesús nos ha presentado el reino de Dios, un lugar de reglas contrarias.
Esta historia es una del reino, que refleja la naturaleza radical del amor de Dios. Las reglas
normales de negocios no aplican. La pérdida de una oveja rompe el corazón del pastor, así es que
el pastor la busca hasta encontrarla.
“Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso” (v. 5). Poner la oveja sobre los hombros
demuestra la mansedumbre del pastor. El pastor ha sufrido la pérdida de la oveja, pero ahora
regocija – una reacción natural al recuperar algo precioso que se había perdido.
“Y viniendo á casa, junta á los amigos y á los vecinos” (v. 6). El pastor no puede contener su
alegría, en vez, su alegría fluye por su vecindad.
“Os digo, que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de
noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento” (v. 7). Necesitamos recuperar este
amor por los perdidos y la alegría por los encontrados.
“un pecador que se arrepiente” (v. 7). “En la parábola el pastor encuentra la oveja… Aquí, ‘ser
encontrado’ se equipara con ‘arrepentimiento.’” (Bailey, Poet and Peasant, 155).
“noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento” (v. 7). “Si las noventa y nueve se
refieren a fariseos y escríbanos, entonces estas palabras se deben comprender irónicamente
como aquéllos que se piensan justos y sin necesidad de arrepentimiento” (Stein, 405).
“O qué mujer” (v. 8). Lucas a menudo empareja la historia de un hombre con otra de una mujer
(Zacarías y Elisabet, 1:5-25; Simeón y Ana, 2:22-38; un hombre con espíritu inmundo y la suegra
de Simón, 4:31-41, etcétera).
“tiene diez dracmas” (v. 8). La moneda griega, dracma, es más o menos el equivalente de
un denariusromano – la paga diaria para un labrador, quizá $100.00 en moneda actual (Mateo
20:2, 9, 13) – no es una fortuna, pero lo suficiente para llamar la atención de la mujer. La mayoría
de nosotros, si perdiéramos esta cantidad de dinero, estaríamos inquietos hasta encontrarlo. La
moneda podría haber sido una de las diez monedas de su dote.
“Dadme el parabién” (v. 9). La alegría de la mujer al encontrarla es una metáfora para la alegría
de Dios cuando un pecador se arrepiente. La alegría de Dios es el verdadero mensaje de estas
parábolas. Dios se ALEGRA cuando un pecador se arrepiente, y nos invita a nosotros (amigos y
vecinos) a unirnos a la celebración.
“Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se
arrepiente” (v. 10). La alegría de Dios contrasta gravemente con las quejas de los fariseos y
escríbanos (v. 2). Los que se quejan no extienden la bienvenida a pecadores, no sea que se
contaminen al asociarse con ellos. Critican a Jesús por invitar a pecadores, aunque su propósito es
redención. Comprenden el valor de una oveja o una moneda, pero fácilmente “olvidan” a un
pecador. Aunque podrían darle una oportunidad a un pecador, guardarían su cooperación con
cuidado. Recordarían pecados pasados. Siempre sospecharían del pecador arrepentido.
Publícanos y pecadores no venían a escuchar a fariseos y escríbanos, porque sabían que solo
serían juzgados por ellos. Vienen a oír a Jesús, porque sienten su aceptación – sienten que Jesús
se ALEGRA de su llegada.
XXXXXXXXX
LUCAS 15 Las parábolas en este capítulo se dieron en respuesta a las críticas de los escribas y fariseos de que Jesús
había recibido pecadores y hasta había comido con ellos. Estos «pecadores» eran judíos que no estaban obedeciendo
la ley o las tradiciones de los ancianos y eran, por consiguiente, «proscritos» en Israel. Jesús ya había dejado en claro
que Él vino a salvar a los pecadores y no a los que se consideraban justos, tales como los escribas y fariseos (5.27–32;
14.21–24). Jesús vio a estos «pecadores» por lo que en realidad eran: ovejas perdidas que necesitaban de un pastor,
monedas perdidas que tenían valor y necesitaban que se pusieran en circulación, hijos perdidos que necesitaban estar
en compañerismo y comunión con el Padre.
I. Búsqueda (15.1-10) El pastor es responsable por cada una de las ovejas; y si una se perdía o la mataban,
debía pagarlo de su propia cuenta. Las ovejas se perdían por su necedad; se alejaban y no veían el peligro
en que se encontraban. Jesús vino «a buscar y a salvar lo que se había perdido» (19.10). Nótese el énfasis
en el gozo: el pastor se goza, los vecinos se alegran y en el cielo hay gozo. Las diez monedas de plata se
usaban como collar o tocado y significaban que una mujer era casada. Perder una de las monedas sería la
ruina del collar y una vergüenza para la mujer. Como la moneda, los pecadores llevan en sí el sello de la
imagen de Dios y son valiosos (20.24–25); pero se pierden y están «fuera de circulación». Cuando los
pecadores se hallan de nuevo, son útiles y capaces de servir al Señor. Se recupera el gozo en la familia
porque se ha hallado al perdido. ¿Qué quiere decir estar perdido? Significa, como la oveja, estar lejos de la
seguridad y en peligro; o, como la moneda, ser inútil o estar fuera de circulación. En el caso del hijo
menor, quiere decir estar separado de la comunión con el Padre y lejos de los goces de la familia.
II. II. Espera y bienvenida (15.11-24) Es significativo que el padre no fue en busca de su hijo, sino que esperó
en casa a que el muchacho regresara. Cuando el muchacho en efecto regresó, el padre corrió para salirle
al encuentro. Como la oveja que se había descarriado, algunos pecadores se pierden debido a su propia
necedad; y, como las monedas, algunos se pierden por el descuido de otros. Pero el hijo se perdió debido
a su voluntad y el padre tenía que esperar hasta que él se hubiera quebrantado y estuviera listo para
someterse. Que el hijo menor pidiera la herencia ¡era como pedir que el padre se muriera! Debe haberle
partido el corazón al padre, sin embargo, ¡le dio su parte de la herencia! De la misma manera, Dios ha
dado de su riqueza a un mundo de pecadores perdidos y ellos la han desperdiciado (Hch 14.15–17; 17.24–
28). No fue lo malo de su vida lo que hizo recapacitar al muchacho, sino la bondad del padre (v. 17; Ro
2.4). En el Oriente es inusual que los hombres mayores corran; pero el Padre tuvo que hacerlo debido a su
compasión por el muchacho. También el hijo había deshonrado a su familia y a su pueblo, y corría el
riesgo de que lo apedrearan hasta la muerte (Dt 21.18–21). Si empezaban a lanzarle piedras, ¡hubieran
apedreado al padre! El mejor vestido debía haber sido el costoso manto festivo del padre; el calzado
indica que el hijo no era un sirviente (a pesar de su petición); y el anillo era la prueba de su condición de
hijo. De nuevo hay gozo, ¡porque se había hallado lo que se había perdido!
III. III. Súplica (15.25-32) El hermano mayor es la persona olvidada en esta parábola y sin embargo es la clave
de la historia. Si el hijo pródigo simboliza a los «publicanos y pecadores», el hijo mayor representa a los
escribas y fariseos. Hay pecados del espíritu tanto como pecados de la carne (2 Co 7.1). Los líderes
religiosos tal vez no eran culpables de cosas groseras como las que hizo el hijo menor, pero eran
igualmente pecadores, culpables de un espíritu de crítica, de orgullo, sin disposición para perdonar y sin
nada de amor. Debido a que el hijo menor había recibido su herencia, los bienes raíces le pertenecían al
hermano mayor; pero eran controlados por el padre, quien se beneficiaba de las ganancias. Si el hermano
menor regresó a casa, confundiría aún más la herencia, de modo que el hermano mayor no quería su
regreso, ni tampoco lo buscó. Ahora descubrimos que el hermano mayor tenía «su propia agenda oculta»,
un deseo ardiente de tener una gran fiesta con sus amigos. Se enfureció con su hermano porque regresó a
casa y con su padre por haberle dado la bienvenida y haberle perdonado. Como los escribas y fariseos se
quedó fuera del gozo y del compañerismo de los que habían sido perdonados. Al quedarse fuera de la
casa el hermano mayor humilló al padre y a su hermano. El padre podía haberle ordenado que entrara,
pero prefirió salir y rogarle. Eso fue lo que Jesús hizo con los líderes religiosos judíos, pero ellos no querían
que los persuadieran. Pensaban que eran salvos debido a su conducta ejemplar, pero estaban fuera de la
comunión del Padre y necesitaban arrepentirse y buscar perdón. LUCAS 16
XXX
Lucas 15:3-32
En la introducción a este capítulo dijimos que la respuesta de Jesús a los
Fariseos era una gran parábola, habitualmente identificada como 3
parábolas; la de la oveja perdida, la de la moneda perdida y la del hijo
pródigo, que son como 3 partes de una parábola extensa, como 3 fotografías
en un mismo marco, o como un tríptico.
Vamos a leer los versículos 3 al 7, que exponen la
Parábola de la oveja perdida
"Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: ¿Qué hombre de vosotros, si
tiene cien ovejas y se le pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en
el desierto y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Cuando la
encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso, y al llegar a casa reúne a sus
amigos y vecinos, y les dice: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi
oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por
un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no
necesitan de arrepentimiento."
Esta es la primera figura del tríptico. El pastor de esta parábola es el gran
Pastor, Jesucristo. Nosotros somos las ovejas. El tenía 100 ovejas y una de
ellas se perdió. Francamente, comenzar con 100 ovejas y terminar con 99,
era un porcentaje bastante bueno. Sin embargo, este Pastor no se
conformaba con solo 99 ovejas. Cuando una de ellas se perdió, salió a
buscarla. Cuando la encontró, la puso sobre Sus hombros, que era el lugar y
símbolo de la fuerza. Él era y es capaz de salvar para siempre. El sumo
sacerdote de los israelitas usaba un efod, que era un ornamento que llevaba
sobre su túnica. En las hombreras del efod iban adheridas 2 piedras de
cornalina. En cada una de ellas estaban grabados los nombres de las 12
tribus de Israel, 6 nombres en cada una. De esa manera, el sumo sacerdote
llevaba simbólicamente a los israelitas sobre sus hombros. Así también,
nuestro Gran Sumo Sacerdote nos lleva sobre Sus hombros, y no nos
perderemos. Cuando el pastor comenzó con 100 ovejas, llegará al final con
esas 100 ovejas. Esta parábola es una figura del Señor Jesucristo que busca
a aquellos que le pertenecen.
Leamos ahora los versículos 8 al 10, que explican la
Parábola de la moneda perdida
"¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la
lámpara, barre la casa y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la
encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, y les dice: Gozaos conmigo,
porque he encontrado la dracma que había perdido. Así os digo que hay gozo
delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente."
Esta es la segunda figura del tríptico. La moneda era una dracma, moneda
griega de plata, que solo se menciona aquí en el Nuevo Testamento y que
equivalía aproximadamente a la paga de un día. Esta moneda era
probablemente parte de una hilera de monedas que formaban una cabecera,
que indicaba que la mujer estaba casada. Perder una parte de esa cabecera
era como perder una piedra de un anillo de bodas. La mujer ilustra la obra
del Espíritu Santo cuyo ministerio es asegurarse de que cada uno de los que
pertenecen al novio (o sea, a Jesucristo), estará presente en la boda. Cada
moneda estará en su lugar. Cada una de ellas es valiosa para El.
Llegamos ahora al párrafo que expone
La parábola del hijo pródigo
Como he mencionado anteriormente, Lucas era un médico, un historiador y
un artista. Él es el que registró algunas parábolas pronunciadas por el Señor
que no se encuentran en los otros Evangelios. Leamos el versículo 11:
"También dijo: Un hombre tenía dos hijos"
El artista comenzó a pintar el último plano en el lienzo. Yo veo a éste como
un hermoso hogar, porque representaría a la casa del Padre, el Padre
celestial. Un hogar que tiene todas las comodidades y que ofrece todas las
satisfacciones y todo el amor que jamás haya existido en un hogar. El
"hombre" aquí mencionado es Dios el Padre. Y este Padre tenía 2 hijos. Tenía
más hijos, pero es que estos son representativos de los demás. Uno de estos
muchachos fue llamado el mayor y el otro, el menor. Así que ya tenemos a
los protagonistas principales de este maravilloso hogar: el Padre y Sus dos
hijos.
Observemos ahora que el Señor añadió para nosotros más detalles a esta
imagen. Leamos los versículos 12 y 13:
"y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que
me corresponde. Y les repartió los bienes. No muchos días después,
juntándolo todo, el hijo menor se fue lejos a una provincia apartada, y allí
desperdició sus bienes viviendo desenfrenadamente."
Y así sucedió, que en este hogar feliz donde había de todo lo que en este
mundo podría desear el corazón de un hombre, amor, alegría,
compañerismo, comodidades, el hijo menor hizo algo extraño. Quizás dijo:
"Estoy cansado de la disciplina. Ya no me gusta estar aquí. Me gustaría
desplegar mis alas. He mirado estos pastos, y los pastos de otros campos me
parecen mucho más verdes". Yo no sé por qué, pero esto es cierto. Pero para
ti y para mí, los pastos del otro campo siempre parecen más verdes. Desde
su hogar, aquel muchacho miró hacia el exterior y dijo: "Si solamente
pudiera salir fuera, irme lejos, solo, sería maravilloso". Ya no le agradaba
quedarse en casa, quizás riñó con su padre y perdió la relación de
compañerismo que tenía con él. Su padre le entregó la parte que le
correspondía y el joven salió con sus bolsillos llenos de dinero, dinero por el
cual no había trabajado, riquezas que él no había conseguido por sí mismo.
Todo lo que había recibido, le había sido facilitado por su padre. No lo había
obtenido por su capacidad, por ser más inteligente o por haber trabajado
duramente. El dinero que se llevaba se debía a que tenía un padre muy
generoso. Y así fue que el muchacho se marchó a un país lejano.
Ahora la escena cambia y tenemos que colocar otra imagen, que se
encuentra en un país distante. Este joven supo lo que la gente entiende por
"pasarlo bien". Teniendo dinero, recorrió todos los lugares de diversión y
tuvo amigos dispuestos a acompañarle en todo momento. Por un tiempo,
vivió a tope todos los placeres del pecado. El Señor no nos dio detalles de lo
que hizo, pero podemos imaginarlos. Y así fue su vida mientras le duró el
dinero. Sin embargo, un día se dio cuenta de que el capital se había
consumido. Leamos el versículo 14:
"Cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella
provincia y comenzó él a pasar necesidad."
No solo se encontró él en una mala situación financiera sino que el país
estaba atravesando una gran crisis económica. Y en el país donde el pensó
que los pastos eran más verdes, vio como éstos se secaban. La gente sufría
de hambre y él no supo qué hacer. Lo cierto es que no se atrevió a regresar
a su casa. No debía haber tenido temor de volver, pero lo tuvo. Y este
muchacho ya no podía caer más bajo. En su desesperación y en un principio
no se habrá imaginado que llegaría hacer lo que ningún judío habría hecho a
menos que tocase fondo. Empezó a buscar trabajo e intentó recurrir a
aquellos amigos que parecían dispuestos a prestarle ayuda en los momentos
difíciles. Aquellos que él había invitado a banquetes, corriendo con todos los
gastos de las diversiones compartidas. Les manifestó que lo estaba pasando
muy mal y les pidió si le podían sacar del apuro o conseguirle un trabajo. Y
después de recorrer toda su lista de amigos, fue encontrando todas las
puertas cerradas y el rechazo de todos, llegando a la conclusión de que no
tenía amigos verdaderos en ese país lejano.
Continuemos leyendo los versículos 15 y 16:
"Entonces fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual
lo envió a su hacienda para que apacentara cerdos. Deseaba llenar su
vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba."
Imagino que algún día terminó vagando por las afueras de la ciudad y vio a
un hombre criando cerdos en un lugar fácilmente identificable por el olor
nauseabundo que despedía. Y le pidió trabajo. Supongo que el hombre le
habrá respondido. "Esta bien, pero yo no puedo pagarle. Ud. ya sabe las
dificultades que estamos pasando. Pero, si Ud. puede con los cerdos, al
menos podría comer aquí". Cuando el Señor dijo que el joven deseaba llenar
su estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las
daba, los israelitas que le escuchaban, tanto Fariseos como recaudadores
que aquel día estaban escuchando esta parábola, no habrán podido evitar
una mueca de repugnancia, porque un hebreo no podía caer más bajo que
eso. Porque, para empezar, como judío no podía tener nada que ver con los
cerdos, de cuyo contacto quedaba excluido por la ley de Moisés. Pero
rebajarse a estar viviendo con ellos, era horrible e inconcebible. Esta es la
figura que pintamos ahora, ya en colores muy oscuros. Realmente, había
tocado fondo.
Alguien diría inmediatamente. "Este es un pecador que se va a salvar". Pero
esta no es la imagen que refleja esta historia. Este no era un pecador que
necesitaba la salvación. Cuando este joven estaba en su hogar viviendo con
su padre y disfrutando de aquella relación familiar de compañerismo, era un
hijo en la casa y no había ninguna duda de ello. Cuando se fue al país lejano
y estuvo allí despilfarrando su dinero, era aún el hijo. Esa realidad nunca se
cuestionó. Y cuando cayó tan bajo que llegó a tocar fondo y estuvo viviendo
entre los cerdos, era el mismo hijo, aunque si tú o yo hubiéramos estado a
cierta distancia mirando al grupo de cerdos, no lo hubiéramos podido
diferenciar de uno de ellos. En esta historia que el Señor contó nunca hubo
dudas acerca de si este joven era o no el hijo extraviado de la casa de su
padre. Fue el hijo, durante toda aquella aventura.
Alguien podría decir: "éste no es el Evangelio". Si, éste también es el
Evangelio. Y yo mantengo ese punto de vista, hace muchos años estuve
varios días escuchando a un predicador. Una noche expuso esta parábola del
hijo pródigo, y ese fue el día en que yo mismo pasé adelante y recibí a Cristo
como Salvador. ¿Cómo voy a pensar que el Evangelio no está presentado
aquí?
Sin embargo, debemos entender cual es el énfasis principal de la historia. La
parábola no explica cómo un pecador se salva, pero revela el corazón de un
Padre que, no sólo salvará a un pecador, sino que también recogerá en su
hogar a un hijo que pecó.
Después de la imagen oscura de esta historia, es hora de que veamos
algunos colores brillantes que el Señor incluyó en esta historia. Primero
hemos visto el plano oscuro. Pero ahora, sobre ese fondo oscuro del pecado
del joven, allí en la pocilga, fuera de toda relación con su padre, el Señor
comenzó a pintar los planos coloridos y brillantes. Leamos el versículo 17:
"Volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen
abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!"
Observemos la frase "volvió en sí". El pecado produce un efecto terrible en
nosotros. Nos hace ver el mundo desde un punto de vista falso. Nos hace
vernos a nosotros mismos bajo una luz errónea. Nos hace ver los placeres de
este mundo en una perspectiva equivocada y cuando estamos bajo la
influencia del pecado no vemos correctamente. Cuando este muchacho
estaba en su hogar, miraba hacia fuera, en dirección al país lejano, todo le
parecía muy bueno, pues los pastos eran tan verdes y las diversiones tan
atractivas. Pero al fin, volvió en sí. Y lo primero que hizo fue razonar.
Comenzó a usar su inteligencia. Habrá dicho algo así: "yo soy un hijo de mi
padre, y aquí me encuentro en un país lejano, viviendo en una pocilga con
los cerdos. Y en casa de mi padre, los trabajadores viven mejor que yo, que
soy el hijo". Cuando comenzó a pensar de esa manera, todo pareció cobrar
sentido y empezó a actuar como un ser inteligente. Leamos los versículos 18
y 19:
"Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y
contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus
jornaleros."
Aquí llegamos a una imagen brillante, que era la de un hogar maravilloso, la
casa de su padre. El Señor les diría un día a Sus discípulos que en la casa de
Su Padre había muchos lugares donde vivir. Y ahora imagino que veo la casa,
en el fondo del la imagen. Y veo a un padre mirando por la ventana hacia
fuera. Desde que su hijo se fue, había estado allí, en su puesto de
observación, en la ventana. ¿Y sabes por qué había estado allí cada día?
Porque el sabía que un día vería a su hijo recorrer penosamente el camino,
regresando al hogar.
Alguien podría preguntar, "¿cree Ud. que, una vez salvo, uno será siempre
salvo? Respondo que sí. Y otro preguntaría, "¿cree Ud. que un cristiano
puede caer en el pecado?". Respondo también afirmativamente. Y una última
pregunta. "¿Puede un cristiano permanecer en el pecado?". Y respondo que
no. Porque en la casa del Padre, Él está vigilando, sabiendo que sus hijos
regresarán al hogar. Sabe que ellos no resistirán mucho tiempo en la pocilga,
porque no tienen la naturaleza de un cerdo. Tienen la naturaleza de hijos.
Tienen la naturaleza divina, y no serán felices en ningún lugar, excepto en la
casa del Padre, que es el lugar donde está su corazón y sus afectos. Y cada
un de ellos que pueda haberse ido a un país lejano, y haya ido a parar a una
pocilga, no importa cuán sucio y maloliente esté, si era realmente un hijo,
algún día dirá, "Me levantaré e iré a mi padre". Hasta ahora, después de
unos miles de años de historia registrada, nunca un cerdo ha sentido deseos
de salir de la pocilga, que es su medio natural y donde se encuentra cómodo:
porque está en su casa.
Y el relato nos indica que el hijo inició el viaje de regreso. Leamos el
versículo 20:
"Entonces se levantó y fue a su padre. Cuando aún estaba lejos, lo vio su
padre y fue movido a misericordia, y corrió y se echó sobre su cuello y lo
besó."
Quizás alguien pensó que yo estaba exagerando cuando dije que el padre
había estado mirando por la ventana todos los días. Pero vemos que
efectivamente fue así. Según la ley de Moisés un padre tenía derecho a traer
a un hijo desobediente ante los ancianos, quienes le aplicarían el más severo
de los castigos. Y si no, el padre tenía otras formas de castigarle, de
humillarle y expulsarle. Pero el padre hizo algo sorprendente. Para los
oyentes del Señor en esta parábola, ya habría causado una fuerte impresión
imaginarse al hijo revolcándose entre los cerdos. Pero ahora la sorpresa
habrá hecho que todos parpadeasen asombrados. Porque ahora veían una
imagen totalmente inesperada e increíble. ¿Cómo era posible que el padre le
recibiese de esa manera y se dispusiese a introducirle en la casa, sin hacer
algo, sin castigarle? ¿Y con ese aspecto? La ropa hecha jirones y con el olor
de la pocilga. Pero acabamos de leer como le abrazó y le besó. Dice el
versículo 21:
"El hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno
de ser llamado tu hijo."
¡Cuantas veces en el largo camino de regreso habrá repetido esa frase! Y
ahora, el padre le interrumpió y no le dejó seguir. Dicen los versículos 22 al
24:
"Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido y vestidle; y poned
un anillo en su dedo y calzado en sus pies. Traed el becerro gordo y matadlo,
y comamos y hagamos fiesta, porque este mi hijo muerto era y ha revivido;
se había perdido y es hallado. Y comenzaron a regocijarse."
Si tú eres un hijo de Dios, no puedes pecar y eludir las consecuencias. El hijo
pródigo no podía celebrar una fiesta de verdad, como esta, en el país lejano.
Las fiestas que había celebrado a su manera terminaron conduciéndole a una
pocilga. No pudo disfrutar de aquella vida y ya vimos que llegó el día en que
resolvió regresar. Y al llegar confesó su pecado. Recordemos que 1 Juan 1:9,
dice lo siguiente: Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para
perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Esa es la manera
en que un hijo que ha pecado recupera su relación de compañerismo y
comunión con su padre y su lugar en la casa. En efecto, el único camino de
retorno pasa por la confesión.
¿Has observado que todo lo que el padre iba a hacer por su hijo? Dijo: "traed
el mejor vestido" Era ropa nueva que se pondría después de lavarse.
Acabamos de leer en 1 Juan acerca de la confesión, el perdón y la limpieza.
Es que el Señor nos limpia. Aquel que un día tomó la toalla y comenzó a
lavar los pies de sus discípulos, es el que limpiará a uno de Sus hijos que
regresa a Su presencia. El que había estado en el país lejano, ciertamente
necesitaba limpieza. El vestido nuevo representa a la justicia de Cristo que
como un manto cubre al creyente, después de que éste ha sido limpiado. Y el
anillo era la insignia de un hijo adulto con todos los derechos que le
correspondían. Había sido restaurado a su posición original. No se le había
arrebatado nada. Había recuperado su lugar en la casa del padre.
Ahora mismo, Cristo está a la derecha de Dios. En su cintura está aún su
toalla del servicio para uno de los suyos que ha ensuciado sus pies o sus
manos en un país lejano. Hemos leído que si confesamos nuestros pecados,
podemos confiar en que Él es justo, y que nos perdonará los pecados, y nos
limpiará de toda maldad. Pero tenemos que venir a Él como vino el hijo
pródigo, diciendo "Padre, he pecado y ya no merezco llamarme tu hijo.
Trátame como a uno de tus trabajadores". Y el Padre responderá: "Nunca
serás uno de mis trabajadores. Tú eres mi hijo. Te limpiaré y te perdonaré.
Te restauraré al lugar del compañerismo, a la comunión y a una vida útil". Es
que un hijo, es un hijo para siempre.
Pero en esta historia había otro hijo pródigo. Leamos los versículos 25 al 28:
"El hijo mayor estaba en el campo. Al regresar, cerca ya de la casa, oyó la
música y las danzas; y llamando a uno de los criados le preguntó qué era
aquello. El criado le dijo: Tu hermano ha regresado y tu padre ha hecho
matar el becerro cebado por haberlo recibido bueno y sano. Entonces se
enojó y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrara."
Este muchacho quejoso parecía el verdadero hijo pródigo. Se enfadó cuando
oyó que su hermano había regresado y se había organizado una fiesta en su
honor. Se negó a asistir a la celebración y tuvo que salir su padre para
rogarle que asistiera al banquete. Finalmente, leamos los versículos 29 al 32:
"Pero él, respondiendo, dijo al padre: Tantos años hace que te sirvo, no
habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para
gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este hijo tuyo, que ha consumido
tus bienes con prostitutas, has hecho matar para él el becerro cebado. Él
entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo y todas mis cosas son
tuyas. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu
hermano estaba muerto y ha revivido; se había perdido y ha sido hallado."
Hay muchos cristianos que están viviendo en un país lejano como el de esta
parábola. Han sido bendecidos con todas las bendiciones espirituales, pero
están viviendo en la pobreza, porque no han tomado posesión de esas
bendiciones. Dios dice: "Son todas vuestras; todo lo que yo tengo os
pertenece, tomadlo" Nuestro Padre celestial es rico en bendiciones
espirituales que nos pertenecen a nosotros. Pero Él no nos las va a imponer.
Nosotros tenemos que extender nuestras manos y tomarlas. La historia
terminó con el hermano mayor, que no disfrutaba de una relación de
compañerismo con su padre. Sin embargo, el Padre, dejó bien abierta la
puerta de la comunión.
Alguien dijo que había un tercer hijo en la parábola del hijo pródigo. Hemos
visto al hijo más joven, que quebrantó el corazón de su padre, y al hijo
mayor que no tenía con él una relación de comunión. El tercer Hijo era el que
pronunció la parábola, Jesucristo, el Hijo de Dios. El es el hijo ideal, sin
pecado. El vino a un país lejano, no para evadirse sino para cumplir la
voluntad de Su Padre. No tuvo una vida de desenfreno sino de servicio,
sacrificio y muerte. No era un hijo pródigo, sino el príncipe de Paz, que
derramó Su sangre por los pecados del mundo. No fue un hijo obstinado sino
dispuesto voluntariamente para el sacrificio. Y dijo, en Juan 1:12: Mas a
todos los que le recibieron, a quienes creen en su nombre, les dio potestad
de ser hechos hijos de Dios.
Si tú eres el hijo que se fue al país distante, puedes regresar al Padre
confesándole tus pecados. O quizás seas como el hermano mayor, que
estaba fuera de una relación íntima con su padre. No tenía amor ni interés
por su hermano. Pensó que estaba sirviendo a Dios, porque no había
quebrantado las normas, como su hermano. Pero nunca había disfrutado de
una fiesta con sus amigos. El Padre le había dicho: "Todas mis cosas son
tuyas". ¡Qué maravilloso en tener un padre así!
Amigo oyente, si nunca has confiado en Jesucristo como tu Salvador, no
estás en la casa del Padre. Solo puedes convertirte en un hijo colocando tu fe
y confianza en Jesucristo, quien murió por ti. Si aceptas a Cristo y vienes a
Él, Dios será verdaderamente tu Padre y nunca te tirará por la borda, como
popularmente se dice. Si en alguna ocasión le dejas, y un día regresas, te
estará esperando para rodearte con Sus brazos. ¿No crees que vale la pena
tener un Padre así?
XXXX
I. CONSECUENCIAS DE LA PERDIDA