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La Obra de Dios Como Opus Dei

Artículo litúrgico teológico sobre el término Opus Dei en el lenguaje eclesiástico desde los comienzos del cristianismo hasta la actualidad.

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06.

Rego Nota 16/11/2018 13:12 Página 611

La Obra de Dios como Opus Dei


The Work of God as Opus Dei

RECIBIDO: 7 DE MARZO DE 2018 / ACEPTADO: 15 DE JUNIO DE 2018

Juan REGO BÁRCENA


Pontificia Università della Santa Croce. Facoltà di Teologia
Roma. Italia
ID ORCID 0000-0001-8059-7289
rego@[Link]

Resumen: Este artículo pretende exponer el uso Abstract: This article aims at outlining St. Jose-
que san Josemaría hizo de la expresión latina opus maría’s use of the Latin expression opus Dei in light
Dei a la luz de la tradición que le precede. El campo of the preceding tradition. The term’s semantic
semántico de la expresión se formó a partir de los field was formed in Patristic biblical commentaries;
comentarios bíblicos patrísticos, conoció un impor- it then underwent important development in
tante desarrollo en la tradición monástica y alcan- monastic tradition and finally made its way into
zó diversos ámbitos de la cultura teológica en la various areas of theological culture in the modern
época moderna. La expresión en san Josemaría se age. St. Josemaría uses the expression both in
presenta en continuidad y discontinuidad con esta continuity and in discontinuity with this preceding
tradición. tradition.
Palabras clave: Opus Dei, san Josemaría, Obra de Keywords: Opus Dei, St. Josemaría, Work of God,
Dios, Trabajo, Oración, Regla de san Benito, Lutero, Work, Prayer, Rule of St. Benedict, Luther, Secularity.
Secularidad.

SCRIPTA THEOLOGICA / VOL. 50 / 2018 / 611-635 611


ISSN 0036-9764
DOI 10.15581/[Link]-635
06. Rego Nota 16/11/2018 13:12 Página 612

JUAN REGO BÁRCENA

l volumen número once del Dictionnaire de spiritualité ascétique et mysti-

E que, editado en 1982, incluye una voz denominada Opus Dei. Toda la in-
formación que ofrece consiste en una referencia a la voz Oficio Divino 1.
Tres años más tarde, el décimo volumen de la obra enciclopédica Catholicisme:
hier, aujourd’hui, demain, presenta la misma voz con el siguiente contenido: «le
titre complet est Société sacerdotale de la Sainte Croix et de l’Opus Dei, voir
Instituts séculiers» 2. ¿Oficio divino o institución eclesial? Basta consultar al-
gunos diccionarios de teología de la segunda mitad del siglo XX e inicios del
XXI para constatar la evolución del imaginario teológico 3.
Este artículo no pretende recorrer exhaustivamente la historia de la ex-
presión opus Dei. El objetivo se centra en exponer el uso que san Josemaría
hizo de esta expresión a la luz de la tradición que le precede. No conozco has-
ta ahora ningún estudio que haya profundizado en el nombre latino de la Obra
de Dios. Sin embargo, indagar en su origen y su sentido presenta cierto inte-
rés, no sólo porque los nombres oficiales de las instituciones suelen tener algo
de programático, sino también porque esta historia es un episodio más en el
proceso de re-significación de una antigua expresión.

1. EN BUSCA DE UN NOMBRE

Durante los primeros años que siguieron a la luz fundacional de 1928,


san Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975) no utilizó ningún nombre
específico para denominar a la nueva institución. Es más, si hubiese sido po-
sible, habría preferido el anonimato como característica de la acción de Dios
en la historia 4. Sin embargo, cuando en febrero de 1930 vio que las mujeres
estaban también llamadas a formar parte de la nueva familia y el trabajo

1
«Opus Dei, Voir Office Divin, supra», DERVILLE A. et al. (eds.), Dictionnaire de spiritualité ascéti-
que et mystique doctrine et histoire, vol. XI, Paris: Beauchesne, 1982, 830.
2
Catholicisme: hier, aujourd’hui, demain. Encyclopédie publiée sous le patronage de l’Institut catholique de
Lille par G. Mathon et G.-H. Baudry, vol. X, Paris: Letouzey et Ané, 1985, 109.
3
Véase, p. ej., STEIGLEDER, K., «Opus Dei», en Theologische Realenzyklopädie, vol. XXV, Berlin-
New York: De Gruyter, 1995, 302-304; GARHAMMER, E., «Opus Dei», en Lexikon für Theologie
und Kirche, vol. VII, 3ª ed., Freiburg-Basel-Rom-Wien: Herder, 1998, 1079 (voz nueva de la ter-
cera edición); WALSH, M. J., «Opus Dei», en The Cambridge Dictionary of Christianity, New York:
Cambridge University Press, 2010, 888-889.
4
Para una contextualización histórica de los primeros años del Opus Dei, cfr. GONZÁLEZ GULLÓN,
J. L., DYA. La Academia y Residencia en la historia del Opus Dei (1933-1939), Madrid: Rialp, 2016,
19-100.

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LA OBRA DE DIOS COMO OPUS DEI

apostólico comenzó a adquirir mayor desarrollo, Escrivá entendió la necesi-


dad de buscar un nombre que permitiese la plena implantación del nuevo ca-
risma en la Iglesia y en la sociedad civil. Esta fase de maduración institucio-
nal coincide con la búsqueda, por parte de san Josemaría, de un nuevo
confesor, el P. Valentín María Sánchez Ruiz S.J. (1879-1963) 5. Como relata
el mismo Escrivá, este jesuita tendrá un papel decisivo en su proceso de dis-
cernimiento:
La Obra de Dios: hoy me preguntaba yo, ¿por qué la llamamos así?
[...] Y el p. Sánchez, en su conversación, refiriéndose a la familia nonna-
ta de la Obra, la llamó «la Obra de Dios». Entonces –y sólo entonces–
me di cuenta de que, en las cuartillas nombradas, se la denominaba así. Y
ese nombre (¡¡La Obra de Dios!!), que parece un atrevimiento, una
audacia, casi una inconveniencia, quiso el Señor que se escribiera la pri-
mera vez, sin que yo supiera lo que escribía; y quiso el Señor ponerlo en
labios del buen padre Sánchez, para que no cupiera duda de que Él man-
da que su Obra se nombre así: La Obra de Dios 6.
Vale la pena detenerse en tres aspectos. En primer lugar, san Josemaría
afirma que la expresión material del nombre estaba ya en los papeles que a ini-
cios de julio había dado a su confesor. Sin embargo, la intervención de su di-
rector espiritual es determinante en el reconocimiento de la expresión como
nombre propio. Escrivá interpreta la exterioridad de su mediación como una
garantía divina. Este hecho es coherente con la experiencia antropológica y
bíblica: nadie se da a sí mismo el propio nombre, lo recibimos de los demás
como prueba de inserción en un orden social ya existente.
El segundo aspecto que llama la atención es la formulación del nombre.
Obra de Dios es una expresión española. Solo en un segundo momento Escri-

5
PEREIRA, R., «Sánchez Ruiz, Valentín María», en ILLANES, J. L. (coord.), Diccionario de san Jose-
maría Escrivá de Balaguer, Burgos: Monte Carmelo-Instituto Histórico San Josemaría Escrivá,
2013, 1108-1109.
6
Apuntes íntimos, n. 126 (9-XII-1930), en VÁZQUEZ DE PRADA, A., El Fundador del Opus Dei, vol. I,
Madrid: Rialp, 1997, 334. Años más tarde, en 1948, san Josemaría vuelve sobre este mismo epi-
sodio del modo siguiente: «Pero volvamos al nombre de nuestra Obra. Un día fui a charlar con
el P. Sánchez, en un locutorio de la residencia de la Flor. Le hablé de mis cosas personales (sólo
le hablaba de la Obra en cuanto tenía relación con mi alma), y el buen padre Sánchez al final me
preguntó: “¿cómo va esa Obra de Dios?” Ya en la calle, comencé a pensar: “Obra de Dios. ¡Opus
Dei! Opus, operatio..., trabajo de Dios. ¡Éste es el nombre que buscaba!”. Y en lo sucesivo se lla-
mó siempre Opus Dei», Apuntes íntimos, n. 1868 (14-VI-1948), en VÁZQUEZ DE PRADA, A., El
Fundador del Opus Dei I, 332-333.

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vá buscará una traducción en latín 7. Para ello existían distintas posibilidades,


como los sustantivos opus u operatio. Este último, operatio, -onis conserva la for-
ma femenina de la formulación original española obra. Sin embargo, el lema
que pasará al nombre oficial es el neutro opus, -eris. La decisión fue tomada an-
tes de diciembre de ese mismo año, pues en esa fecha san Josemaría había ya
compuesto las Preces ab Operis Dei sociis recitandae. Su recitación supondría «el
primer acto oficial de los sujetos de la O. de D.» 8.
El último punto que cabe destacar es que a lo largo del recorrido institu-
cional de la Obra, san Josemaría quiso siempre defender el carisma recibido
de posibles malinterpretaciones que pusiesen en duda la secularidad de sus
miembros. La elección del nombre oficial exigía, por tanto, una decisión pon-
derada, obediente a las inspiraciones divinas y, al mismo tiempo, consciente de
las posibles consecuencias sociales y eclesiales. En este sentido es interesante
advertir que, en los escritos de san Josemaría, la expresión opus Dei es muy
poco frecuente antes de los años cuarenta, es decir, cuando inicia el largo ca-
mino de las aprobaciones canónicas del Opus Dei.
Preguntarse por las implicaciones que tiene la elección de la expresión
opus Dei adquiere sentido si consideramos que, en la cultura teológica y eclesial
de los años 30 del siglo XX, esta formulación hacía referencia a un conjunto de
oraciones rituales, en particular el officium divinum de origen benedictino.
Un ejemplo suficientemente significativo es el título de la revista funda-
da en 1926 por dom Antônio Coelho O.S.B. con el fin de difundir el movi-
miento litúrgico en Portugal: Opus Dei 9.
Sabemos que, sobre todo desde su llegada a Madrid, san Josemaría entró
en contacto con la tradición benedictina, no sólo por su personal interés en los

7
Es significativo que en la petición de aprobación como Pía unión del 14-II-1941, san Josemaría usa-
se tres veces la expresión gramaticalmente incorrecta «la Opus Dei»: «SUPLICA se digne dar ca-
nónica aprobación a la “Opus Dei”», «[...] por los que se rige la “Opus Dei”», «[...] los Reglamen-
tos de la “Opus Dei”», cfr. Archivo General de la Prelatura del Opus Dei, Roma, Sección Jurídica,
II/15075/2, en DE FUENMAYOR, A., GÓMEZ-IGLESIAS, V. e ILLANES, J. L., El itinerario jurídico del
Opus Dei. Historia y defensa de un carisma, 2ª ed., Pamplona: Eunsa, 1989, 727. La historia de la re-
dacción de este documento (cfr. ibid., 107, nota n. 17) muestra que no se trata de una equivocación.
Estamos, más bien, ante un proceso normal de adaptación de una formulación originaria a una ver-
sión latina oficial. En los documentos posteriores no he encontrado otra variante de este tipo.
8
«Estos días estamos sacando copias de las Preces ab Operis Dei sociis recitandae. Las aprobó mi con-
fesor. Se ve que el Señor, porque así ha de ser en la entraña su Obra, ha querido que comience
por la oración. Orar va a ser el primer acto oficial de los sujetos de la O. de D.», Apuntes íntimos,
n. 128 (10-XII-1930), en VÁZQUEZ DE PRADA, A., El Fundador del Opus Dei I, 368.
9
Sobre la importancia de dom Antônio Coelho, cfr. COSTA, B., Movimento litúrgico em Portugal.
D. António Coelho, o protagonista, Singeverga: Edições Ora & Labora, 2009.

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desarrollos del movimiento litúrgico en general, sino también por su colabo-


ración y amistad con benedictinos liturgistas como el P. Germán Prado O.S.B.
(1891-1974) 10, P. Justo Pérez de Urbel O.S.B. (1895-1979) 11, y posteriormen-
te el beato cardenal Alfredo Ildefonso Schuster O.S.B. (1880-1954) 12.
Tampoco se puede olvidar que san Josemaría publicó en 1944 su tesis
doctoral sobre La Abadesa de las Huelgas. Estudio teológico y jurídico 13. Basta re-
correr la bibliografía para advertir la familiaridad con la tradición benedicti-
na-cisterciense a la que pertenece el monasterio.
En este contexto es interesante constatar que san Josemaría mantuvo la
expresión opus Dei a lo largo de todo el itinerario jurídico, pues sus connota-
ciones clericales eran evidentes en la cultura de entonces. Sin embargo, cabe
preguntarse: ¿la tradición eclesial conocía exclusivamente la versión benedic-
tina de esa expresión?

2. UN RECORRIDO POR EL USO DE LA EXPRESIÓN OPUS DEI


EN LA TRADICIÓN ECLESIAL

La cultura eclesiastica de la primera mitad del siglo XX no tenía especia-


les dificultades para asociar el opus Dei con la tradición benedictina. Sin em-
bargo la expresión existía ya en la literatura cristiana latina, sobre todo en los
comentarios a algunos pasajes de la Escritura.

10
Sobre la correspondencia entre san Josemaría y el liturgista P. Germán Prado, cfr. ESCRIVÁ DE BA-
LAGUER, J., Camino. Edición crítico-histórica preparada por Pedro Rodríguez, Madrid-Roma: Istituto
Storico San Josemaría Escrivá-Rialp, 2004, 823-824. Véase también: MORAL, T., «La obra litúr-
gica del Padre Germán Prado, O.S.B. (1891-1974)», Ephemerides Liturgicae 90 (1976) 212-218.
11
A petición de san Josemaría, el P. Justo Pérez de Urbel se encargó de las clases de Liturgia como
miembro del claustro académico del Centro de Estudios Eclesiásticos de la Sociedad Sacerdotal de
la Santa Cruz, cfr. REQUENA, F., «El claustro académico del Centro de Estudios Eclesiásticos de la
Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz: los profesores de Teología del beato Álvaro del Portillo», Stu-
dia et Documenta. Rivista dell’Istituto Storico San Josemaría Escrivá 9 (2015) 13-55, 23-41. Es interesante
recordar que el P. Justo Pérez de Urbel estaba en contacto con la actividad científica del P. Antônio
Coelho. No sólo habían participado en el Congresso Litúrgico Nacional Romano-Bracarense (1928), sino
que Pérez de Urbel publicó en los primeros números de la revista promovida por Coelho, cfr. PÉREZ
DE URBEL, J., «La liturgia de los fragmentos bracarenses», Opus Dei 3 (1928-1929) 319-327.
12
Cfr. CAPUCCI, A., «San Josemaría e il beato Ildefonso Schuster (1948-1954)», Studia et Docu-
menta. Rivista dell’Istituto Storico San Josemaría Escrivá 4 (2010) 215-254. Para una presentación
del interés de san Josemaría por el movimiento litúrgico, véase GUTIÉRREZ MARTÍN, J. L., «Vi-
da litúrgica en Camino (1932-1939). San Josemaría Escrivá y el movimento litúrgico», en
VILLAR, J. R. (ed.), Communio et sacramentum. En el 70 cumpleaños del Prof. Dr. Pedro Rodríguez,
Pamplona: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 2003, 430-431.
13
ESCRIVÁ DE BALAGUER, J., La Abadesa de las Huelgas. Edición crítico-histórica preparada por María
Blanco y María del Mar Martín, Madrid: Rialp, 2016.

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– Algunas referencias de la Escritura

En las versiones del antiguo Testamento de la Vetus Latina y después de


la Vulgata, la expresión opus Dei, con variantes como opus Domini, está relacio-
nada con la intervención de Dios en la historia, tanto en el momento de la
creación (p. ej., Gn 2,2) como a lo largo de la historia de Israel (p. ej., Ex
32,15-16).
Las criaturas están llamadas a confesar la grandeza y la bondad del opus
divino (Dt 32,4; Sal 43,11; 63,10; 65,5; 77,7) y a reconocer su lógica, que es
diferente del modo de pensar humano (este juego de apofatismo y revelación
se encuentra, p. ej., en Tob 12,7; Eccl 7,14; 11,5; Qo 3,11). En la literatura
profética la expresión adquiere tonalidades escatológicas (p. ej., Is 40,10; Jer
51,10).
En Esdras 3,8-9; 6,18 los sujetos que realizan un opus Dei/Domini son se-
res humanos. El contexto son las acciones de los sacerdotes y levitas en el tem-
plo. El libro de Baruc recuerda dos veces que los ídolos son «opera manuum
hominum et nullum opus Dei in illis» (Bar 6,50-51). Una atención particular
merece Jer 48,10 («maledictus qui facit opus Domini fraudulenter»), que si
bien formaba parte de un oráculo de destrucción contra Moab, tendrá una ar-
ticulada recepción en la literatura rabínica y cristiana.
En el nuevo Testamento las principales referencias giran entorno a la
teología de las obras de Dios en san Juan (cfr. Jn 6,28-29: «quid faciemus ut
operemur opera Dei? Respondit Iesus et dixit eis hoc est opus Dei ut credatis
in eum quem misit ille») y al texto de Rm 14,20: «noli propter escam des-
truere opus Dei». 1 Cor 15,58 por su parte exhorta: «stabiles estote et inmo-
biles abundantes in opere Domini semper scientes quod labor vester non est
inanis in Domino».

– Algunos autores de la literatura cristiana hasta el siglo V

Tertuliano (160-220) es uno de los primeros autores cristianos que usa la


expresión latina opus Dei. Con ella indica normalmente una acción que tiene a
Dios como sujeto. La expresión puede indicar también el objeto de esa acción,
que lógicamente es calificado de bueno y saludable. En este sentido, el opus Dei
puede indicar al ser humano tal y como Dios lo ha creado, dotado de una na-
turaleza racional buena en sí misma. Tertuliano contrapone esta bondad natu-
ral a la acción artificial de Satanás o al maquillaje rebuscado del rostro (cfr.

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contexto polémico del De cultu feminarum) 14. Cuando Tertuliano habla sobre
el trabajo en el día de sábado, considera que es posible una acción salvífica en
favor de los hombres que sea una verdadera cooperación entre el opus Dei y la
acción humana. Lo que no se puede olvidar es que tal acción salvífica tiene su
origen exclusivo en Dios 15.
San Cipriano (200-258), en el De habitu uirginum, desarrolla la contra-
posición entre la bondad natural del opus Dei y el deseo de modificar aquello
que Dios mismo ha modelado en la creación. De forma un tanto retórica con-
cluye que el opus Dei es todo aquello que se recibe por nacimiento, mientras
que todo lo que es cambiado proviene del diablo 16.
San Ambrosio (337-397) vuelve sobre esta misma idea en el Exameron 17
y usa la expresión para recordar la particular dignidad de los seres humanos en
contraposición a la irracionalidad de la idolatría. Dos formulaciones suyas ten-
drán un particular eco en la tradición teológica occidental. La primera tiene
como contexto los milagros de Cristo que, en continuidad con el modo de
proceder en la creación, son acciones lingüísticas performativas, pues entre el
acto con el que Cristo ordena algo y la acción divina (opus Dei) que realiza
el milagro, no hay distancia alguna 18. La segunda se encuentra en su comen-
tario al salmo 118, donde identifica el opus Dei con el trabajo medicinal o mi-
nisterial de los sacerdotes. San Ambrosio usa (o modifica) una versión de Jer
48,10 donde, en vez de «maledictus qui facit opus Domini fraudulenter»,
leemos: «maledictus omnis qui opus dei facit neglegenter» 19.
La traducción latina que hizo Rufino de la Historia eclesiástica de Eusebio
de Cesarea (263-339) es un ejemplo del uso de la expresión opus Dei para in-
dicar la fidelidad en el anuncio del Evangelio; fidelidad que, en algunos casos,
podía llegar hasta el martirio. Quien se encuentra in opus Dei promptus es aquél
dispuesto a cumplir todo lo necesario para que se propague el anuncio salvífi-

14
Cfr. TERTULLIANUS, De cultu feminarum, 2, 5, 4: CCSL 1, 358; De anima 43, 7: CCSL 2, 846.
15
«Opus dei etiam per hominem fieri potest in salutem animae, a deo tamen». TERTULLIANUS,
Aduersus Marcionem I, 14, 2: CCSL 1, 455.
16
«Opus Dei est omne quod nascitur, diaboli quodcumque mutatur». CYPRIANUS CARTHAGINEN-
SIS, De habitu uirginum, 15: CSEL 3/1, 198.
17
«Quod si qui adulterat opus dei, graue crimen admittit. Graue est enim crimen ut putes quod
melius te homo pingat quam deus». AMBROSIUS MEDIOLANENSIS, Exameron, VI, 8, 47: CSEL
32/1, 238.
18
«Nihil enim medium est inter opus dei atque praeceptum, quia in praecepto est opus». AMBRO-
SIUS MEDIOLANENSIS, Expositio euangelii secundum Lucam, V, 3: CCSL 14, 136.
19
AMBROSIUS MEDIOLANENSIS, Expositio psalmi cxuiii, II, 21, 2: CSEL 62, 32.

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co de la Iglesia 20. En este mismo sentido encontramos la expresión en san Má-


ximo de Turín (380-365), quien la aplica al testimonio de san Juan Bautista 21.
San Cromacio de Aquilea († 407) conoce la tradición del «illud enim
quod in te naturale est, opus est Dei creatoris» 22, pero, al contemplar el mis-
terio del Verbo encarnado, añadirá una dimensión soteriológica que prolonga
la acción divina en la creación y subraya la potencia divina de Cristo 23.
San Agustín (354-430) es importante para la historia de la expresión.
Como sus predecesores considera la creación, y de modo particular el alma,
como opus Dei 24. Conoce la contraposición entre aquello que en el hombre se
debe conservar, pues procede de Dios, y aquello que se debe eliminar, pues
procede de otra fuente. No extrañan, por tanto, afirmaciones como: «oportet
ut oderis in te opus tuum, et ames in te opus dei» 25. Sin embargo, la novedad
consiste en que Agustín usará la expresión en su reflexión sobre la gracia y el
pecado original. Hay dos contextos principales.
El primero se centra en la tensión existente entre la bondad de la crea-
ción, el pecado, la ley y la gracia. Agustín emplea la expresión opus Dei para in-
dicar aquello que proviene exclusivamente de Dios en la creación. En este sen-
tido el opus Dei se opone al opus diaboli, entendido como la acción de Satanás
o la torcida voluntad del pecador que introducen en el opus Dei (creación) el
pecado, la esclavitud y la caducidad. La novedad consiste en que Agustín limi-
ta el uso de la expresión opus Dei a la primera creación, que se distingue de la se-
gunda creación o economía de la gracia. Por ejemplo, la concepción de Isaac
por parte de Sara es interpretada como un signo de la vida de la gracia, ya que
se trata de un hecho que va más allá de las capacidades naturales limitadas de
Abraham y su consorte 26.

20
EUSEBIUS CAESARIENSIS, Historia ecclesiastica, VI, 3, 6: Akademie 1999, 527.
21
«Ergo iohannes per omnia uoluntatem dei fecit, quia propter opus dei et natus est et defunctus».
MAXIMUS TAURINENSIS, Collectio sermonum antiqua nonnullis sermonibus extrauagantibus adiectis,
Sermo V, 2: CCSL 23, 17.
22
CHROMATIUS AQUILEIENSIS, Sermones, Sermo XXXV, 2: CCSL 9A, 159.
23
«Proprium enim et peculiare opus dei est hominem a morte, uirtute propria, reuocare [...] Filius
uero dei, ut dominus omnis uirtutis et deus unuersitatis, potestate propria iubet animas in corpore
reuocari». CHROMATIUS AQUILEIENSIS, Tractatus in Matthaeum, Tractatus XLVII: CCSL 9A, 431.
24
AUGUSTINUS, De Genisi ad literam libri duodecim, I, 10, 21: NBA 9/2, 32; Epistula 202A, 7, 15:
NBA 23, 436. En otras ocasiones se trata de todo el ser humano y no sólo del alma, p. ej., Ena-
rrationes in Psalmos, Psalmus 144, 7: NBA 28, 696.
25
AUGUSTINUS, In Iohannis euangelium tractatus 12, 13: NBA 24, 294.
26
«Ubi tamen euidens opus dei est uitiata et cessante natura, ibi euidentius intellegitur gratia».
AUGUSTINUS, De ciuitate Dei 16, 26.2: NBA 5/2, 520.

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LA OBRA DE DIOS COMO OPUS DEI

El segundo contexto es el de la justificación por la fe y las obras del cris-


tiano justificado. El texto bíblico sobre el que vuelve Agustín una y otra vez es
Jn 6,28, aunque encontramos también algunas alusiones cuando comenta los
salmos, sobre todo el salmo 130. En este contexto, el opus Dei hace referencia
a la acción divina en el sujeto humano y con el sujeto humano: «eris opus dei,
non solum quia homo es, sed etiam quia iustus es» 27. Opus Dei ya no indica
tanto el ser humano como parte de la primera creación, sino el ser humano
justificado, que vive en conformidad y gracias a la justicia que viene de Dios.
Para Agustín la misma fe que, viniendo de lo alto, hace que el sujeto se abra a
la justificación, dona una nueva posición a la vida del creyente. Se trata de una
vida en Cristo, pues «hoc est enim opus dei, ut credatis in eum quem ille misit.
Non dicit “credatis ei” aut “credatis eum”, sed credatis in eum» 28.
Para Agustín los diablos creen que Jesús es el Cristo, pero no creen en
Cristo. Los cristianos creen a Pablo, pero no creen en Pablo. Sin embargo, to-
dos creen «in eum qui iustificat impium». Precisamente esto es el opus Dei:
«hoc ipsum est opus dei, credere in eum qui iustificat impium» 29.
Creer en Cristo no es solamente un acto de abandono o de confianza,
sino un actuar en Él. En su Questionum in heptateuchum libri septem, Agustín co-
menta Ex 32 e identifica las primeras tablas de la Ley, destruidas por Moisés
después de la rebelión del pueblo, con una acción exclusiva de Dios (opus Dei).
Estas tablas eran un signo de la economía de todo el antiguo Testamento, es
decir, de todas las circunstancias marcadas por el pecado y sin la gracia. Eran
un signo ya que, al igual que las tablas fueron escritas directamente por el
Dedo de Dios, en la primera economía todo lo bueno que existe es obra de
Dios, y nada es obra del hombre.
Las segundas tablas, sin embargo, fueron escritas por Moisés (Es 34).
Para Agustín este hecho significa el nuevo Testamento, donde la justicia no es
algo que pertenece exclusivamente a Dios, sino que consiste en un don que, a
través del acto de fe, puede pertenecer al ser humano. De este modo se hace
posible una co-operación con Dios. De hecho, Agustín entiende la Ley inte-
rior como la acción del don de la caridad que el Espíritu Santo infunde en el
interior del hombre, liberándolo del miedo servil. En la economía del nuevo

27
AUGUSTINUS, Sermones, Sermo 169, 11, 13: PL 38, 923.
28
AUGUSTINUS, Sermo 19D [= 130A] 3, en DOLBEAU, F., Augustin d’Hippone, Vingt-six sermons au
peuple d’Afrique, Paris: Institut d’études augustinienes, 1996, 157.
29
AUGUSTINUS, Sermo 19D [= 130A] 3, 158.

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Testamento, por tanto, la Ley no es solamente opus Dei, sino también opus ho-
minis. No se puede olvidar, sin embargo, que esa particular acción humana
tiene su origen, está acompañada y alcanza su fin siempre gracias a la acción
divina (la gratia) 30.

– La tradición monástica anterior a san Benito

En el comentario a las palabras exurge psalterium et cithara del Salmo 107


(v. 3), san Jerónimo (347-420) interrumpe el tono expositivo de sus considera-
ciones y se dirige directamente a un presunto interlocutor:
o psalterium, o cithara, facta est et creata ut psallas deo: exurge et
psalle, quare iaces? o monache, qui stas corpore, quare iacet anima tua,
et non psallis domino? «Maledictus homo qui facit opus dei neglegen-
ter». Si psalterium es, si cithara es, quare surdus es, et non glorificas
deum? 31
La aplicación de Jer 48,10 a este salmo con referencia a la oración de un
monje hace sospechar que nos encontramos ante una tradición exegética pre-
cedente. En efecto, el modo de vida del primer koinobium conocido en la tra-
dición cristiana, fundado por san Pacomio (292-348) en la Tebaida entre el
318 y el 323, recibirá el nombre de opus Dei. En su Doctrina de institutione mo-
nachorum, el primer sucesor de Pacomio, el santo abad Orsiesi (s. IV), exhor-
ta a sus hermanos: «implete opus Dei», es decir, sed fieles al estilo de vida co-
munitaria y a los preceptos establecidos por el padre fundador 32.
Por su parte, san Juan Casiano (360-465), uno de los maestros de san Be-
nito, hace una referencia a Jer 48,10 (con la formulación: «maledictus qui fa-
cit opus Dei neglegenter») cuando habla de la regla monástica 33. En su síntesis
personal de las tradiciones monásticas orientales y occidentales, Casiano em-
plea la expresión opus Dei para referirse al monje que, luchando contra las ten-

30
Cfr. AUGUSTINUS, Quaestionum in heptateuchum libri septem, Quest. Exodi questio 166, Quest.
Deuteronomii 15, 2: CCSL 33, 284.
31
HIERONYMUS, Tractatus lix in psalmos, Psalmus 107, 29-33: CCSL 78, 202.
32
«Itaque, fratres charissimi, qui coenobiorum vitam et praecepta sectamini, state in arrepto semel
proposito, et implete opus Dei, ut Pater, qui primus instituit coenobia gaudens pro nobis loqua-
tur ad Dominum: Sicut tradidi eis, sic vivunt». ORSIESIUS ABBAS TABENNENSIS, Doctrina de insti-
tutione monachorum, 12: PL 103, 457.
33
CASSIANUS, De institutis coenobiorum et de octo principalium vitiorum remediis libri xii, IV, 33: CSEL
17, 71.

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LA OBRA DE DIOS COMO OPUS DEI

taciones, permanece concentrado en Dios durante la oración. Tal espectáculo,


afirma, es un mirabile opus Dei 34.
En 1947 Irénée Hausherr trató de contextualizar la expresión latina opus
Dei usada por san Benito a partir de la recepción en occidente de la fórmula
to. e;rgon tou/ qeou/, la obra de Dios, presente en la literatura monástica orien-
tal 35. Algunas de sus conclusiones son las siguientes:
a) Las traducciones latinas de Orígenes (185-254) ofrecen tres sentidos
de la expresión que pasarán a la tradición latina: opus Dei como interpretación
y contemplación de la verdad; opus Dei como la acción de Dios en Cristo que
restablece en la justicia a su creatura dañada por el pecado; opus Dei como todo
aquello que se realiza como fruto de un mandato divino y que, por tanto, se
opone a la injusticia generada por el diablo (opus Zabuli).
b) En los textos griegos que reflexionan sobre la vida espiritual, la ex-
presión to. e;rgon tou/ qeou/ significa la vida ascética en general, caracterizada
por la lucha contra las obras del diablo. En este sentido, la expresión carece de
una connotación litúrgica.
c) Con el tiempo, un nuevo uso de la expresión se abrirá paso. Opus Dei
sirve para referirse a una modalidad de la vida cristiana: la vida ascética o mo-
nástica. En este contexto la expresión puede significar estos estilos de vida en
general, o puede también usarse para aludir a la su,naxij (encuentro de oración
ritual). Este último sentido lo encontramos en las versiones latinas de las Vitae
Patrum.
d) Una progresiva limitación del campo semántico reducirá el opus Dei a
una dimensión concreta de la vida ascética: la oración, ya sea individual o co-
munitaria. Uno de los factores que determinó este desarrollo fue el valor de la
oración en la vida monástica. Para autores como san Macario el Grande (300-
391), la oración como conversatio mentis cum Deo era la esencia de la vida an-
gélica en la que los monjes participaban sobre esta tierra. La oración se con-
vierte en el trabajo principal, la obra (e;rgon, opus) más árdua de la lucha
ascética (po,noj, ko,poj, avgw,n), y con el tiempo será considerada como la ocupa-
ción más digna, superior al trabajo manual y otras obras de servicio (pa,rergon).

34
«Istud ergo est mirabile opus Dei, hominem carneum, carnales affectus in carne positum res-
puisse, et in tanta rerum atque incursuum varietate unum tenere animi statum, atque immobi-
lem in omni accidentium permutatione durare». CASSIANUS, Collationes xxiii, Conlatio XII, 13,
2: CSEL 13, 357.
35
HAUSHERR, I., «Opus Dei», Orientalia Christiana Periodica 13 (1947) 195-218. Existe una tr. ingl.
en Monastic Studies 11 (1975) 181-204.

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Para los maestros de san Benito (Evagrio Póntico, Casiano, etc.), la oración es
algo que Dios obra en nosotros y con nosotros. El opus Dei no es un trabajo
humano, sino algo que se realiza operans in nobis Dominus 36. Los diferentes
modos de poner en práctica estos principios generales, junto con el deseo de
ofrecer soluciones prácticas al problema de cómo alcanzar la oración continua,
darán lugar a diversas interpretaciones del opus Dei.

– El opus Dei en la regla de san Benito (c. 480-547)


El uso de la expresión opus Dei para indicar las diferentes formas de ora-
ción ritual, y no exclusivamente el oficio divino, cristaliza con la regla de san
Benito (= RB). La expresión aparece unas quince veces con este significado 37.
Como posibles fuentes inmediatas podemos considerar las reglas monásticas
nacidas en la región de Lérins entre los años 430-530. Sin embargo, la expre-
sión se encontraba ya en algunos pasajes de la traducción latina que Rufino de
Aquilea hizo de la Regula Basilii en el año 397 38. Se encuentra también en la
Regula Magistri (los primeros capítulos se pueden datar entre los años 500-550
en el área de Roma y Casino) 39 y en san Cesáreo, quien fue primero monje en
Lérins y después obispo de Arlés 40. Teniendo en cuenta la finalidad de este ar-
tículo subrayo solamente dos aspectos.
El primero es el uso de la expresión nihil Operi Dei praeponatur (RB 43,3).
Una formulación semejante se encuentra ya en la Secunda Regula Patrum 31,34
(= 2RP, hacia el año 429) y en la Tertia Regula Patrum, 6,1 (= 3RP, hacia el 535)
cuando afirman: «nihil orationi praeponendum est» 41. Es posible que esta ex-
presión esté relacionada con formas de decir referidas a Cristo y conocidas por
san Cipriano. Un ejemplo es la expresión: «nihil praeponere amore Christi» 42.
De este modo observamos una concatenación que da la primacía en primer lu-

36
HAUSHERR, I., «Opus Dei», 208.
37
Cfr. 7,63; 22,6.8; 43, tit.; 43,3.10; 47,l; 50,3; 52,2; 58,7; 67.2.3. Cito según la edición de HOL-
ZHERR, G. (ed.), Die Benediktsregel. Eine Anleitung zu christlichem Leben. Der vollständige Text der
Regel, 7ª ed., Freiburg: Saint-Paul, 2007.
38
Cfr. Basili Regula, Interrogatio VII, 12, en The Rule of St Basil in Latin and English: A Revised Cri-
tical Edition, tr. A. M. Silvas, Collegeville MN: Liturgical Press, 2012, 90.
39
Por ejemplo: «quomodo debeant fratres in itinere opus dei complere». Regula Magistri, cap. 56:
SChr 105-106, 262-266.
40
Cfr. CAESARIUS ARELATENSIS, Sermo 238, 4: CCSL 104, 952.
41
Cfr. PUZICHA, M. (ed.), Quellen und Texte zur Benediktusregel, St. Ottilien: Eos, 2007, 370-371.
42
«Christo nihil omnino praeponere». CYPRIANUS CARTHAGINENSIS, De dominica oratione, 15:
CCSL 3A, 99.

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LA OBRA DE DIOS COMO OPUS DEI

gar a Cristo, después a la oración (en 2RP, 3RP) y finalmente al opus Dei (RB).
San Benito, sin embargo, conoce bien la tradición y en su regla queda claro
que la relación con Cristo es el fundamento, y goza de la primacía sobre cual-
quier otra actividad 43.
El segundo aspecto que querría señalar es la relación entre el opus Dei y el
trabajo. En la Regula Basilii la expresión opus Dei podía indicar el conjunto de la
vida ascética en cuanto caracterizada por la regla, o el conjunto de oraciones ri-
tuales. Sin embargo su uso principal estaba en relación con el trabajo asignado
a una persona dentro de la comunidad 44. Cuando san Benito reduce el campo
semántico del opus Dei a la oración ritual, la RB distinguirá claramente entre tres
actividades distintas: labor, lectio divina y opus Dei (RB cap. 48). Una explicación
de la teología del trabajo, ya sea manual o intelectual, en la RB y su relación con
la oración ritual (opus Dei) nos llevaría más allá de los límites de este artículo 45.
Me limito a señalar que, si bien los momentos de oración ritual (opus Dei) están
limitados en el tiempo, el horizonte de san Benito es la oración continua del
monje. Interesa también subrayar que para la RB el trabajo de los monjes se rea-
liza siempre bajo la obediencia al abad y no está pensado formalmente como una
actividad con la que desarrollar directamente las estructuras de la sociedad civil 46.
Se trata de un trabajo para y al servicio de la autonomía del monasterio, pues
aunque evidentemente haya consecuencias en el entorno económico, social y
cultural, la tendencia de las grandes abadías benedictinas es la de generar una
población que vive dentro o alrededor de las actividades del monasterio 47.

43
En la Regula la expresión nihil praeponere aparece en tres contextos: 1) en relación a Cristo (4.21;
5.2; 52,11); 2) al opus Dei (43.3); 3) al imperio abbatis (71,3). Como señala HAUSHERR, I., «Opus
Dei», 217, la relación con Cristo es el fundamento de las otras dos.
44
Véase, p. ej., Die Benediktsregel, Interrogatio II, 76-93.
45
Entre la abundante bibliografía, véase p. ej.: DEDLER, H., «Vom Sinn der Arbeit nach der Regel
des hl. Benedikt», en BRECHTER, H. S. (ed.), Benedictus, der Vater des Abendlandes, 547-1947. Wei-
hegabe der Erzabtei St. Ottilien zum 1400ten Todesjahr, München: Schnell & Steiner, 1947, 103-
118; BOYCE, P., «Arbeit und Gebet als beständige Suche nach Gott», Erbe und Auftrag 57 (1981)
171-190; DESPREZ, V., «San Benito y las reglas monásticas de su tiempo. Oración, relaciones fra-
ternas, trabajo», Nova et Vetera 10 (1980) 229-243.
46
San Benito escribe en un contexto cultural donde el trabajo (servil) es considerado incompatible
con las actividades de los ciudadanos libres. Labor hace referencia al trabajo cotidiano del mon-
je (p. ej. 39,6; 40,5), y es considerado como una realidad distinta de la oración (cfr. 50,3). En al-
gunas ocasiones labor tiene la connotación de algo realizado con esfuerzo (p. ej. 7,68) o que con-
traría (p. ej. 35,13). En este sentido ya san Basilio pensaba que un signo de vocación era la
disponibilidad a realizar trabajos y servicios humildes, cfr. Die Benediktsregel, 343.
47
Sobre la historia de la arquitectura de inspiración benedictina, véase CASSANELLI, R. y LÓPEZ-
TELLO GARCÍA, E. (eds.), Benedetto: l’eredità artistica, Milano: Jaca Book, 2007.

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JUAN REGO BÁRCENA

– Usos medievales y modernos de la expresión opus Dei

La historia de la expresión opus Dei a partir de los siglos VIII-IX es va-


riada. Me limitaré a señalar tres coordenadas esenciales.
a) El uso más difundido está en relación con la tradición benedictina. La
tendencia será la de reducir el sentido de la expresión al oficio divino, aunque
otras acciones rituales como el lavatorio de los pies, procesiones, etc., puedan
recibir la misma denominación. Tres ejemplos pueden ser suficientes. El pri-
mero muestra el final del largo proceso que terminó por identificar el opus Dei
con el oficio divino. En 1927 la traducción española del conocido diccionario de
liturgia del jesuita Joseph Braun afirma: «Opus Dei (opus divinum): La obra
del servicio divino; antiguo nombre benedictino del oficio» 48. El segundo
ejemplo está tomado del Ejercitatorio de la vida espiritual (Monserrat, 1500), del
abad benedictino García Jiménez († 1510). El autor usa la expresión española
obra de Dios para traducir la expresión latina opus Dei:
Pues que así es, que Dios ha elegido al religioso para que sea su mi-
nistro, y lo sirva y honrre, conviene que sepa, con mucha diligencia como
le ha de servir y honrrar. Porque, según dize el Gersón en sus Conside-
raciones, no hay cosa que así primero y principalmente convenga al reli-
gioso como dignamente y con todo estudio conplir el servicio de Dios,
conviene saber, las horas canónicas, que nuestro padre sanct Benito lla-
ma en su Regla obra de Dios 49.
El tercer ejemplo son los capítulos del libro Le Christ idéal du moine del
beato Columbia Marmion O.S.B. (1858-1923), que tienen como título: Opus
Dei. La obra del abad de Maredsous tuvo una difusión internacional 50. Por

48
BRAUN, J., «Opus Dei (opus divinum)», en Diccionario manual de liturgia, tr. B. Avila, Madrid: Vo-
luntad, 1927, 293 (tit. orig.: Liturgisches Handlexikon, 2ª ed., Regensburg: J. Kösel & F. Pustet, 1924).
49
GARCÍA JIMÉNEZ DE CISNEROS, Obras completas, vol. II, ed. C. Baraut, [Montserrat]: Abadía de
Montserrat, 1965, 6-7. Para la difusión del Ejercitatorio, cfr. CANTERA MONTENEGRO, S., «Opus
Dei y Devotio Moderna. El directorio de las Horas Canónicas de García Jiménez de Cisneros,
O.S.B.», Studies in Spirituality 16 (2006) 165-180. Este ejemplo es interesante porque, por una par-
te, sabemos que san Josemaría tenía una copia de la edición de 1912 en su biblioteca en Roma, cfr.
GIL SÁENZ, J., La biblioteca de trabajo de san Josemaría Escrivá de Balaguer en Roma, Roma: Edusc,
2015, 319. Por otra parte, la editorial Rialp (col. Neblí, Clásicos de espiritualidad) hizo en 1957
una edición con un prólogo de José María Casciaro.
50
Dom R. Grau hizo una primera traducción en 1924 (Jesucrist ideal del monjo: conferències espiri-
tuals sobre la vida monàstica i religiosa, [Montserrat]: Abadía de Montserrat, 1924-1925). Más co-
nocida será la versión de dom Mauro Díaz Pérez, Barcelona: Editorial Litúrgica Española, 1956.

624 SCRIPTA THEOLOGICA / VOL. 50 / 2018


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LA OBRA DE DIOS COMO OPUS DEI

ejemplo, sabemos que durante los primeros años cuarenta los miembros de la
Obra lo usaron como lectura espiritual 51.
b) Los diferentes sentidos de la expresión que se habían desarrollado al
margen de las tradiciones monásticas se mantuvieron en obras de carácter teo-
lógico. Autores como Sedulio Scoto († 858) o Ruperto de Deutz (c. 1070-
1129/30) usan la expresión relacionando la obra de la creación y de la reden-
ción 52. En el ámbito de la reflexión cristológica, la expresión fue utilizada para
articular la relación entre las acciones humanas y divinas (p. ej., «utrum chris-
ti passio sit opus dei uel iudaeorum» 53). Aparece también en referencia a la
Iglesia 54.
Sin embargo, el contexto más habitual recupera las intuiciones agustinia-
nas sobre el pecado, la justificación y las obras de la fe 55. Un ejemplo paradig-
mático es el uso de la expresión en Lutero. En un texto de 1545, Lutero re-
cuerda su conversión del año 1521, cuando se encontraba en Wittenberg (la
denominada Experiencia de la Torre o Turmerlebnis). En este importante docu-
mento autobiográfico, en el que relata cómo descubrió el sentido de Rm 1,17,
el opus Dei aparece como una expresión análoga para expresar la pasividad hu-
mana en el momento de la justificación por la fe: «opus Dei, id est, quod ope-
ratur in nobis Deus» 56.

51
Agradezco la confirmación de este dato a don Fernando Valenciano (1923-), con quien he podi-
do conversar en Roma en septiembre de 2017.
52
Cfr. SEDULIUS SCOTUS, In argumentum euangelii secundum Lucam, [s.n.]: PL 103, 289; RUPERTUS
TUITIENSIS, In Genesim II, l.576: CCCM 21, 199.
53
Véase, p. ej.: «passio ergo christi et opus iudaeorum dicitur, quia ex actibus eorum prouenit; et
opus dei, quia eo auctore, id est uolente, fuit». PETRUS LOMBARDUS, Sententiae in iv libris
distinctae, lib. 3, dist. 20, cap. 6, par. 1, in Sententiae in iv libris distinctae, vol. II, Grottaferrata:
Collegii S. Bonaventurae ad claras aquas, 1981, 129.
54
Cfr. THOMAS DE CHOBHAM, Summa de conmendatione et extirpatione uirtutum I, l. 913-915:
CCCM 82B, 29.
55
Cfr. BALDUINUS DE FORDA [Balduinus Cantuariensis], Tractatus de sacramento altaris II, 3: SChr
93, 248.
56
«Donec miserente Deo meditabundus dies et noctes connexionem verborum attenderem, nem-
pe: Iustitia Dei revelatur in illo, sicut scriptum est: Iustus ex fide vivit, ibi iustitiam Dei coepi in-
tellegere eam, qua iustus dono Dei vivi, nempe ex fide, et esse hanc sententiam, revelari per
euangelium iustitiam Dei, scilicet passivam, qua nos Deus misericors iustificat per fidem, sicut
scriptum est: Iustus ex fide vivit. Hic me prorsus renatum esse sensi, et apertis portis in ipsam
paradisum intrasse. Ibi continuo alia mihi facies totius scripturae apparuit. Discurrebam deinde
per scripturas, ut habebat memoria, et colligebam etiam in aliis vocabulis analogiam, ut opus
Dei, id est, quod operatur in nobis Deus, virtus Dei, qua nos potentes facit, sapientia Dei, qua
nos sapientes facit, fortitudo Dei, salus Dei, gloria Dei». WA 54, 186, 3-13.

SCRIPTA THEOLOGICA / VOL. 50 / 2018 625


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JUAN REGO BÁRCENA

Lutero emplea la expresión opus Dei sobre todo cuando comenta a san
Agustín y quiere subrayar la iniciativa divina en la justificación del impío 57.
Como era de esperar el desarrollo de los tratados sobre la gracia constituirán
un sector especializado donde perdurará el uso de la expresión.
c) Un tercer contexto de uso moderno de la expresión es la formación
sacerdotal. La reducción del campo semántico del opus Dei al ámbito litúrgico
irá en paralelo a su clericalización. Ya en época medieval encontramos ejem-
plos de este proceso, como en los escritos de Dhuoda (c. 803-c. 843) o en las
colecciones canónicas 58. Sin embargo la difusión de esta perspectiva se debe a
la recepción de los decretos del Concilio de Trento sobre la Eucaristía. En la
sessio 22 el texto retoma la cita de Jer 48,10 para exhortar a la observancia de
las normas rituales:
Quanta cura adhibenda sit ut sacrosanctum missae sacrificium omni
religionis cultu ac veneratione celebretur quivis facile existimare poterit
qui cogitarit maledictum in sacris litteris eum vocari qui facit opus dei
negligenter 59.
No es de extrañar, por tanto, que la literatura moderna dedicada a la for-
mación sacerdotal –sobre todo a través de los manuales para confesores–, la teo-
logía de los sacramentos y el derecho litúrgico recojan la expresión 60. En este
contexto el opus Dei por excelencia es identificado con la celebración eucarística.
La expresión servirá para subrayar la instrumentalidad de la acción humana en
el debate sobre la eficacia sacramental 61.

57
Cfr. LOPES PEREIRA, J., Augustine of Hippo and Martin Luther on Original Sin and Justification of
the Sinner, Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht 2013, 457. Véase también HERMS, E., «Opus
Dei gratiae: cooperatio Dei et hominum: Luthers Darstellung seiner Rechtfertigungslehre in De
servo arbitrio», Lutherjahrbuch 78 (2011) 61-135.
58
DHUODA, Liber manualis quem ad filium suum transmisit Wilhelmum, III, 11, 25: SChr 225bis,
186; Penitentiale Oxoniense II, l.74-76, en Paenitentialia minora Franciae et Italiae: CCSL 156, 184.
59
Concilium Tridentinum (1545-1563), Sessio 22, Decretum de observandis et vitandis in celebra-
tione missarum, en ALBERIGO, J. et al. (eds.), Conciliorum Oecumenicorum Decreta, Bologna: Isti-
tuto per le scienze religiose, 1973, 736-737, 736.
60
Como un ejemplo del uso de la expresión en un manual para la formación del clero, léase: «ce
sacrifice est appellé par excellence, l’oeuvre de Dieu; Opus Dei, parce qu’il ne se peut offrir qu’à
luy, & qu’il doit estre celebré d’une maniere toute divine». SEGNERI, P., L’instruction du confes-
seur, ou La methode pratique du confessional, Paris: Robert Pepie, 1696, 152; ALPHONSUS M. DE LI-
GORIO, Homo apostolicus instructus in sua vocatione ad audiendas confessiones sive praxis et instructio
confessariorum, vol. II, XV, 85, Bassano: Remondini, 1845, 53.
61
Como ejemplo de uso actual de la expresión en este contexto, véase la propuesta muy personal
de AGAMBEN, G., Opus Dei. Archeologia dell’ufficio, Torino: Bollati Boringhieri, 2012.

626 SCRIPTA THEOLOGICA / VOL. 50 / 2018


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LA OBRA DE DIOS COMO OPUS DEI

3. LA EXPRESIÓN OPUS DEI EN LOS ESCRITOS DE SAN JOSEMARÍA


En los textos por ahora publicados del fundador de la Obra no encontra-
mos ninguna explicación exhaustiva del significado de la expresión opus Dei.
Por este motivo nos limitaremos a recoger los diversos sentidos con los que la
emplea en las obras a disposición.
El sentido más evidente se refiere a la misma Obra de Dios en cuanto ins-
titución. Se trata de una novedad en la historia de la expresión, pues en este
caso no hace referencia al ser humano creado y redimido, ni a un estilo de vida
cristiana caracterizado por una regla, o a una actividad concreta de esa regla.
El referente ahora es un grupo concreto de miembros de la Iglesia, una insti-
tución. En este contexto san Josemaría comenta la expresión subrayando la
iniciativa divina: la Obra es de Dios, no de un hombre. Nace del deseo divino
de intervenir en la historia de la Iglesia y del mundo a través de instrumentos
inadecuados que Él asocia a su operar 62. La fragilidad de los medios humanos
pone de manifiesto que no se trata de un querer o de una estrategia humana.
El origen divino garantiza que, a pesar de todas las limitaciones y dificultades,
Dios mismo la llevará a buen fin.
Un segundo sentido de la expresión subrayado por san Josemaría hace re-
ferencia a la santificación del trabajo:
Lo que he enseñado siempre –desde hace cuarenta años– es que
todo trabajo humano honesto, intelectual o manual, debe ser realizado
por el cristiano con la mayor perfección humana (competencia profe-
sional) y con perfección cristiana (por amor a la voluntad de Dios y en
servicio de los hombres). Porque hecho así, ese trabajo humano, por hu-
milde e insignificante que parezca la tarea, contribuye a ordenar cristia-
namente las realidades temporales –a manifestar su dimensión divina– y
es asumido e integrado en la obra prodigiosa de la Creación y de la Re-
dención del mundo: se eleva así el trabajo al orden de la gracia, se santi-
fica, se convierte en obra de Dios, operatio Dei, opus Dei 63.

62
Entre los múltiples textos que se podrían recordar, léase: «La Obra de Dios no la ha imaginado
un hombre, para resolver la situación lamentable de la Iglesia en España desde 1931. Hace mu-
chos años que el Señor la inspiraba a un instrumento inepto y sordo, que la vio por vez primera
el día de los Santos Angeles Custodios, dos de octubre de mil novecientos veintiocho». Instruc-
ción, 19-III-1934, nn. 6-7, en DE FUENMAYOR, A., GÓMEZ-IGLESIAS, V. e ILLANES, J. L., El iti-
nerario jurídico, 55.
63
Entrevista con Mons. Escrivá de Balaguer. Entrevista realizada por Pedro Rodríguez, Palabra (Ma-
drid), octubre 1967, en Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, edición crítico-histórica pre-
parada bajo la dirección de José Luis Illanes, Madrid: Rialp, 2012, n. 10a, 171.

SCRIPTA THEOLOGICA / VOL. 50 / 2018 627


06. Rego Nota 16/11/2018 13:12 Página 628

JUAN REGO BÁRCENA

Desde este punto de vista el interés del autor radica no tanto en señalar
las diferencias entre el ámbito de la creación y de la gracia (como, p. ej., en san
Agustín), sino en recalcar que cualquier trabajo honesto (incluidos aquellos
que la tradición monástica o eclesiástica de hecho miraban con recelo, p. ej.,
ciertas actividades económicas) puede manifestar la acción de Dios en la crea-
ción y en la redención. En numerosas ocasiones san Josemaría asocia la di-
mensión redentiva del trabajo a los años de trabajo de Jesús en Nazaret 64. Bajo
esta perspectiva el opus Dei no se identifica tanto con el hombre creado o re-
dimido en sí, sino en su cooperación con Dios en el ejercicio de la propia pro-
fesión al servicio de la sociedad civil.
Además de comportamientos y virtudes que la tradición había asocia-
do al trabajo manual o intelectual realizado en Cristo (centralidad de la
caridad, humildad, espíritu de servicio, perfección, etc.), san Josemaría sub-
raya que el trabajo del que él habla es fruto del ejercicio de la propia secu-
laridad. Es decir, la elección de un trabajo concreto está formalmente carac-
terizado por la libertad y responsabilidad personales, y no por la obediencia
a una disposición del superior. Si bien ese trabajo se realiza con todas las
dependencias y limitaciones propias de personas que viven en medio de re-
laciones familiares y profesionales, para Escrivá el hecho de cada uno rea-
lice el trabajo al que se siente más capacitado, y que sus circunstancias fa-
miliares y sociales le permiten, no es algo opuesto a la voluntad salvífica
divina, sino justamente el lugar donde la libertad humana y divina se en-
cuentran:
El trabajo, que ha de acompañar la vida del hombre sobre la tierra
(cfr. Gn 2,15), es para nosotros a la vez –y en grado máximo, porque a las
exigencias naturales se unen otras claramente de orden sobrenatural– el
punto de encuentro de nuestra voluntad con la voluntad salvadora de
nuestro Padre celestial. Os digo una vez más: el Señor nos ha llamado para
que, permaneciendo cada uno en su propio estado de vida y en el ejerci-
cio de su propia profesión u oficio, nos santifiquemos todos en el trabajo,
santifiquemos el trabajo y santifiquemos con el trabajo. Es así como ese
trabajo humano que realizamos puede, con sobrada razón, considerarse
opus Dei, operatio Dei, trabajo de Dios 65.

64
Cfr. Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, n. 10b, 172.
65
ESCRIVÁ DE BALAGUER, J., Carta 11-III-1940, n. 13, en ILLANES, J. L., La santificación del traba-
jo, 10, Madrid: Palabra, 2001, 125-126.

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Un tercer ámbito en el que san Josemaría usa la expresión opus Dei es la


celebración eucarística. En este sentido se mueve en la amplia tradición de los
manuales de confesores y tratados ascéticos modernos. Sin embargo, un ele-
mento característico será subrayar la dimensión de labor, trabajo de Dios. La
experiencia vivida en 1966 durante una celebración es decisiva:
A mis sesenta y cinco años, he hecho un descubrimiento maravillo-
so. Me encanta celebrar la Santa Misa, pero ayer me costó un trabajo tre-
mendo. ¡Qué esfuerzo! Vi que la Misa es verdaderamente Opus Dei, tra-
bajo, como fue un trabajo para Jesucristo su primera Misa: la Cruz. Vi
que el oficio del sacerdote, la celebración de la Santa Misa, es un trabajo
para confeccionar la Eucaristía; que se experimenta dolor, y alegría, y
cansancio. Sentí en mi carne el agotamiento de un trabajo divino [...] A
mí nunca me ha costado tanto la celebración del Santo Sacrificio como
ese día, cuando sentí que también la Misa es Opus Dei. Me dio mucha
alegría, pero me quedé hecho migas 66.
Si la celebración eucarística es opus Dei y a ella se le atribuye el valor de
centro y raíz de la vida espiritual, no sorprende que la expresión se dilate
poco a poco hasta abarcar todas las actividades de la jornada en cuanto ex-
presión, prolongación o preparación de la santa Misa. Desde esta perspecti-
va opus Dei pasa a significar toda la existencia cristiana eucaristizada y eucaris-
tizante. En un texto de 1990, el primer sucesor de san Josemaría, el beato
Álvaro del Portillo (1914-1994) explica el contenido del sentido amplio de la
expresión:
Durante cuarenta años, día tras día, he sido testigo de su empe-
ño por transformar cada jornada en un holocausto, en una prolonga-
ción del Sacrificio del Altar. La Santa Misa era el centro de su heroi-
ca dedicación al trabajo y la raíz que vivificaba su lucha interior, su
vida de oración y de penitencia. Gracias a esa unión con el Sacrificio
de Cristo, su actividad pastoral adquirió un valor santificador impre-
sionante: verdaderamente, en cada una de sus jornadas, todo era ope-
ratio Dei, Opus Dei, un auténtico camino de oración, de intimidad con

66
El texto corresponde a dos relatos personales de los días 24-X-1966 y 9-XI-1966, recogidos en
AGP, P01, I-1990, 69-70 y publicados en ARANDA, A., El bullir de la sangre de Cristo: estudio sobre
el cristocentrismo del beato, Madrid: Rialp, 2000, 125-126.

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Dios, de identificación con Cristo en su entrega total para la salvación


del mundo 67.
De este modo retorna el sentido de opus Dei como vida de fe que había-
mos encontrado en los primeros escritores cristianos. Advertimos igualmente
algunos elementos de la tradición monástica que concibe toda la vida como
oración continua, entendida como intimidad con Dios (contemplación) a tra-
vés de la unión purificadora con Cristo y como servicio a la misión salvífica de
la Iglesia. Por lo que respecta al opus Dei como oración ritual queda la refe-
rencia a la Eucaristía. No hay mención, sin embrago, del oficio divino.
Llegados a este punto podemos preguntarnos cuál sería el elemento más
característico de la expresión opus Dei en Josemaría Escrivá de Balaguer. En mi
opinión, aparte del caso más evidente referido a la institución que lleva ese
nombre, la novedad no se encuentra en dar a Dios la prioridad en el obrar del
cristiano, ni en la posibilidad de transformar las ocupaciones materiales o in-
telectuales en un acto sacerdotal de oración no ritual; tampoco consiste en la
prioridad absoluta de la contemplación y de la caridad respecto a la cantidad
de trabajo realizado o en la necesidad de perfección humana en el trabajo que
se hace por Dios. Ni siquiera el elemento novedoso radica en la derivación de
la oración continua a lo largo de la jornada a partir de la celebración ritual –so-
bre todo la Eucaristía–, ni en la comprensión de la acción humana como ins-
trumento del obrar divino. Característico y original de san Josemaría es hacer
un uso secular de la expresión opus Dei, junto con un modo concreto –que no
es el único– de ponerlo en práctica, es decir, una institución en la Iglesia. Des-
de este centro san Josemaría retoma elementos comunes de la tradición ecle-
sial interpretados a la luz del carisma recibido.

4. CONCLUSIÓN

La finalidad de este artículo no era explicitar el sentido preciso con el que


san Josemaría usó la formulación opus Dei ya en 1930. Tampoco buscaba de-
terminar en qué medida conocía la milenaria historia de la expresión. Desde
este punto de vista es suficiente saber que san Josemaría cultivó su formación

67
DEL PORTILLO, Á., «Sacerdotes para una nueva evangelización», en MATEO-SECO, L. F. (ed.),
La formación de los sacerdotes en las circunstancias actuales (XI Simposio Internacional de Teología de la
Universidad de Navarra), Pamplona: Eunsa, 1990, 995.

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LA OBRA DE DIOS COMO OPUS DEI

teológica a lo largo de su vida y que estuvo en contacto con la tradición bene-


dictina a través de múltiples amistades.
El objetivo prefijado era poner el uso que san Josemaría hizo de esta ex-
presión a la luz de la tradición que le precede. Como cualquier expresión teo-
lógica técnica, la formulación opus Dei ha adquirido un campo semántico pro-
pio gracias a los distintos autores que la han usado a lo largo de la historia. A
partir de este patrimonio común es posible contrastar el modo particular con
el que un específico autor la emplea. En nuestro caso, autores como Orsiesi,
san Agustín, san Benito o Lutero han acudido a la expresión opus Dei para sub-
rayar distintos aspectos del misterio cristiano. En esta misma línea de conti-
nuidad y discontinuidad se sitúa la traducción latina de la Obra de Dios por par-
te de san Josemaría. Por ello es oportuno preguntarse en qué modo los
distintos campos semánticos desarrollados en la tradición entran en contacto,
solapándose a veces, distinguiéndose en otras.
La principal discontinuidad es doble. Consiste en aplicar la expresión a
una institución concreta y en subrayar su secularidad. Al mismo tiempo en-
contramos tres dimensiones que se presentan con una cierta continuidad: la
articulación entre la iniciativa divina y la cooperación humana; la centralidad
del trabajo, y, por último, el primado de la oración en la vida de los miembros
de la Obra, llamados a ser contemplativos en medio del mundo.
No sorprende, por tanto, si en el comentario que el beato Álvaro del Por-
tillo hizo al texto del 9 de diciembre de 1930, citado al inicio de este artículo,
se lee:
En otras ocasiones el Padre nos ha explicado que cuando oyó al Pa-
dre Sánchez hablar de la Obra de Dios, unió este nombre a la esencia de la
Obra, de santificar el trabajo, convirtiéndolo en oración. Y con esta nueva in-
terpretación ya no le pareció la denominación Obra de Dios como algo
presuntuoso, sino perfectamente lógico; y consideró además como un
mandato divino –tal como lo escribió aquí– que la llamara así: Obra de
Dios, Opus Dei 68.

68
El texto se encuentra en Apuntes íntimos, n. 126 (9-XII-1930), nota 146, en VÁZQUEZ DE PRADA,
A., El Fundador del Opus Dei I, 334. Cursivas nuestras.

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