Martin Fierro - Jose Hernandez
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José Hernández
Martín Fierro
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Título original: Martín Fierro
José Hernández, 1872
Ilustraciones: Ricardo Güiraldes
Diseño de portada: Emiferro
3
ADVERTENCIA
Martín Fierro está escrito en lengua gauchesca. Desaparecidos los gauchos y su forma
de vida, su habla ha cesado también. Sin embargo, parte de su vocabulario se ha
incorporado al habla popular argentina.
Los gauchos trasladaban el acento en muchas palabras: tráia, por traía; respondamé,
por respóndame; máiz, por maíz; sobre todo en las formas verbales.
Adviértase en su habla, como en el habla rústica de algunas regiones españolas,
alteraciones vocálicas de tipo siguro, por seguro; polecía, por policía; lial, por leal.
Su rusticidad le llevaba al gaucho a pronunciar resfalar, por resbalar; dotores, por
doctores; alvertido, por advertido; jogón y dijunto, por fogón y difunto; inorancia, por
ignorancia.
La ortografía de Martín Fierro es a veces vacilante. Aunque el gaucho pronuncia la ll
como y, predominan en el texto las voces con ll; no faltan, sin embargo, otras con y, como
güeya, por huella. Vacilación ortográfica se advierte también con referencia a la s fonética
de palabras como zonzo, cociar, torazo. El gaucho pronuncia siempre cierto tipo de s, aún
en los casos de palabras que ortográficamente aparecen en el poema con ce o zeda.
4
A DON JOSE ZOILO MIGUENS
Querido amigo:
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especialidades propias, ese tipo original de nuestras pampas, tan poco conocido por lo
mismo que es difícil estudiarlo, tan erróneamente juzgado muchas veces, y que, al paso
que avanzan las conquistas de la civilización, va perdiéndose casi por completo. Sin duda
que todo esto ha sido demasiado desear para tan pocas páginas, pero no se me puede
hacer un cargo por el deseo, sino por no haberlo conseguido.
Una palabra más, destinada a disculpar sus defectos. Páselos usted por alto porque
quizá no lo sean todos los que a primera vista puedan parecerlo, pues no pocos se
encuentran allí como copia o imitación de los que lo son realmente.
Por lo demás, espero, mi amigo, que usted lo juzgará con benignidad, siquiera sea
porque Martín Fierro no va de la ciudad a referir a sus compañeros lo que ha visto y
admirado en un 25 de Mayo u otra función semejante (referencias algunas de las cuales,
como el Fausto y varias otras, son de mucho mérito ciertamente), sino que cuenta sus
trabajos, sus desgracias, los azares de su vida de gaucho, y usted no desconoce que el
asunto es más difícil de lo que muchos se imaginarán.
Y con lo dicho basta para preámbulo, pues ni Martín Fierro exige más, ni usted gusta
mucho de ellos, ni son de la predilección del público, ni se avienen con el carácter de
Su verdadero amigo,
JOSÉ HERNÁNDEZ
Buenos Aires, diciembre de 1872
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I
EL GAUCHO
MARTIN FIERRO
7
MARTÍN FIERRO
Cantando me he de morir,
cantando me han de enterrar,
y cantando he de llegar
al pie del Eterno Padre—
dende el vientre de mi madre
8
vine a este mundo a cantar.
9
el que se tiene por hombre,
donde quiera hace pata ancha[7].
Yo no tengo en el amor
quien me venga con querellas,
como esas aves tan bellas,
que saltan de rama en rama—
yo hago en el trébol mi cama
y me cubren las estrellas.
Y atiendan la relación
que hace un gaucho perseguido,
que padre y marido ha sido
empeñoso y diligente,
y, sin embargo, la gente
lo tiene por un bandido.
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11
II
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cómo pasaba sus días.
Y apenas la madrugada
empezaba a coloriar,
los pájaros a cantar
y las gallinas a apiarse[13],
era cosa de largarse
cada cual a trabajar.
13
enderezaba al corral,
ande estaba el animal,
bufidos que se las pela—
y más malo que su agüela
se hacía astillas el bagual[17].
14
Y mientras domaban unos,
otros al campo salían
y la hacienda recogían,
las manadas repuntaban[27],
y ansí sin sentir pasaban,
entretenidos el día.
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solía llamarlo el patrón.
16
con toda seguridá—
pero aura…, ¡barbaridá!,
la cosa anda tan fruncida,
que gasta el pobre la vida
en juir de la autoridá…
17
Y al punto dése por muerto
si el alcalde lo bolea[37],
pues ay no más se le apea
con una felpa de palos—
y después dicen que es malo
el gaucho si los pelea.
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si gustan—en otros cantos
les diré lo que he sufrido—
después que uno está perdido
no lo salvan ni los santos.
19
III
20
Cantando estaba una vez
en una gran diversión
y aprovechó la ocasión
como quiso el Juez de Paz;
se presentó, y ay no más
hizo una arriada en montón.
Formaron un contingente
con los que del baile arriaron—
Con otros nos mesturaron
que habían agarrao también—
las cosas que aquí se ven
ni los diablos las pensaron.
21
a los de la esposición[48].
22
en seguida lo estaquiaron[58],
y la cosa se acabó.
En la lista de la tarde,
el Jefe nos cantó el punto[59],
diciendo: «Quinientos juntos
llevará el que se resierte[60];
lo haremos pitar del juerte[61],
más bien dése por dijunto».
23
Porque todo esa jugarle
por los lomos con la espada,
y, aunque usté no hiciera nada,
lo mesmito que en Palermo[63]
le daban cada cepiada[64]
que lo dejaban enfermo.
24
que íbamos a hacer jabón.
Ay empezaba el afán,
se entiende, de puro vicio,
de enseñarle el ejercicio
a tanto gaucho recluta,
con un estructor ¡qué… bruta!,
que nunca sabía su oficio.
Y chamuscao[70], un sargento
me contó que las tenían,
pero que ellos las vendían
para cazar avestruces—
y ansí andaban noche y día
déle bala a los ñanduces[71].
25
Y cuando se iban los indios
con lo que habían manotiao[72],
salíamos muy apurados
a perseguirlos de atrás—
si no se llevaban más
es porque no habían hallao.
No salvan de su juror
ni los pobres angelitos—
viejos, mozos y chiquitos
los mata del mesmo modo—
que el Indio lo arregla todo
con la lanza y con los gritos.
26
y se agacha a disparar.
Se vinieron en tropel
haciendo temblar la tierra—
no soy manco pa la guerra,
pero tuve mi jabón,
27
pues iba en un redomón[79]
que había boliao en la sierra.
Es de almirar la destreza
con que la lanza manejan.
De perseguir nunca dejan—
y nos traiban apretaos.
¡Si queríamos de apuraos,
salirnos por las orejas!
Y pa mejor de la fiesta
en esa aflición tan suma,
vino un indio echando espuma
y con la lanza en la mano,
gritando: «Acabau, cristiano,
metau el lanza hasta el pluma».
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Tendido en el costillar,
cimbrando por sobre el brazo
una lanza como un lazo—
me atropelló dando gritos:
si me descuido, el maldito
me levanta de un lanzaso.
Si me atribulo o me encojo,
siguro que no me escapo—
siempre he sido medio guapo,
pero en aquella ocasión
me hacía buya el corazón
como la garganta al sapo.
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y a mezquinar la garganta—
pero yo hice la obra santa
de hacerlo estirar la geta.
30
IV
Y andábamos de mugrientos
que el mirarnos daba horror—
les juro que era un dolor
ver esos hombres, ¡por Cristo!
En mi perra vida e visto
una miseria mayor.
Yo no tenía ni camisa
ni cosa que se parezca—
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mis trapos solo pa yesca
me podían servir al fin—
no hay plaga como un fortín
para que el hombre padezca.
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Afigúrese cualquiera
la suerte de este su amigo,
a pie y mostrando el umbligo,
estropiao, pobre y desnudo—
ni por castigo se pudo
hacerse más mal conmigo.
Y cáibamos al cantón
con los fletes aplastaos—
pero a veces medio aviaos
con plumas[90] y algunos cueros[91]—
que ay, no más con el pulpero
los teniámos negociaos.
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«el boliche de virtú».
Yo me arrecosté a un horcón[97]
dando tiempo a que pagaran,
y poniendo güena cara
estuve haciéndome el poyo[98],
a esperar que me llamaran
para recebir mi bollo.
Pa sacarme el entripao
vi al mayor, y lo fí a hablar—
Yo me le empecé a atracar[99]
y como con poca gana,
34
le dije: «Tal vez mañana
acabarán de pagar».
35
pa engordar con mi guayaca[102],
más si voy al Coronel
me hacen bramar en la estaca[103].
36
V
Ya andaba desesperao,
aguardando una ocasión
que los Indios un malón
nos dieran y entre el estrago
hacérmeles cimarrón
y volverme pa mi pago.
37
Yo he visto en esa milonga[109]
muchos jefes con estancia,
y piones en abundancia,
y majadas y rodeos—
he visto negocios feos
a pesar de mi inorancia.
Estaba de centinela
y, por causa del peludo[114],
verme más claro no pudo
y ésa fue la culpa toda—
el bruto se asustó al nudo
38
y fí el pavo de la boda[115].
39
Yo no sé por qué el Gobierno
nos manda aquí a la frontera
gringada que ni siquiera
se sabe atracar a un pingo—
¡Si creerá el mandar un gringo
que nos manda alguna fiera!
40
Cuando llueve se acoquinan
como perro que oye truenos—
qué, diablos—sólo son güenos
pa vivir entre maricas—
y nunca se andan con chicas
para alzar ponchos ajenos.
Si salen a perseguir,
después de mucho aparato,
tuitos se pelan al rato
y va quedando el tendal—
esto es como en un nidal
echarle güebos a un gato.
41
VI
42
un Menistro o qué se yo,
que le llamaban Don Ganza[127].
En medio de mi ignorancia
conozco que nada valgo—
soy la liebre o soy el galgo
a sigún los tiempos andan—
pero también los que mandan
debieran cuidarnos algo.
43
allí mis pasos dirijo—
y hasta en las sombras, de fijo
que adonde quiera rumbeo.
44
¡Ay mi Dios, si me quedé
más triste que Jueves Santo!
……………………………
……………………………
Y la pobre mi mujer,
Dios sabe cuánto sufrió—
Me dicen que se voló
con no sé qué gavilán—
sin duda, a buscar el pan
que no podía darle yo.
45
lo que a algún otro le sobre—
Si no le quedó ni un cobre,
sino de hijos un enjambre
¿qué más iba a hacer la pobre
para no morirse de hambre?
46
Tal vez los verán sufrir
sin tenerles compasión—
puede que alguna ocasión
aunque los vean tiritando,
los echen de algún jogón
pa que no estén estorbando.
47
mientras hay sangre en las venas.
48
VII
49
que había un baile por allí—
y medio desesperao
a ver la milonga fui.
Riunidos al pericón
tantos amigos hallé
que alegre de verme entre ellos
esa noche me apedé.
Lo conocí retobao[141],
me acerqué y le dije presto:
«Por…r…rudo que un hombre sea,
nunca se enoja por esto».
50
Corcobió el de los tamangos[142],
y creyéndose muy fijo—
—«Más porrudo[143] serás vos,
gaucho rotoso», me dijo.
Y ya se me vino al humo[144]
como a buscarme la hebra—
y un golpe le acomodé
con el porrón de giñebra.
Y mientras se arremangó,
yo me saqué las espuelas,
pues malicié que aquél tío
no era de arriar con las riendas.
El negro me atropelló
como a quererme comer—
me hizo dos tiros seguidos
y los dos le abarajé[150].
51
que lo largué culebriando
lo mesmo que buscapié.
Y ya me hizo relumbrar
por los ojos el cuchillo—
alcanzando con la punta
a cortarme en un carrillo.
52
de la agonía de aquel negro.
53
VIII
A la llegada metió
el pingo hasta la ramada—
y yo sin decirle nada
me quedé en el mostrador.
54
que la vida le sobraba.
Ninguno diría que andaba
aguaitándoló la muerte—
Y ya salimos trensaos
porque el hombre no era lerdo—
más como el tino no pierdo
y soy medio ligerón,
lo dejé mostrando el sebo
de un revés con el facón.
55
el ser gaucho es un delito.
56
Su casa es el pajonal,
su guarida es el desierto—
y si de hambre medio muerto
le echa el lazo a algún mamón,
lo persiguen como a pleito,
porque es un «gaucho ladrón».
Y si de un golpe por ay
lo dan vuelta panza arriba,
no hay una alma compasiva
que le rese una oración—
Tal vez como cimarrón
en una cueva lo tiran.
57
que son campanas de palo
las razones de los pobres.
58
IX
Matreriando lo pasaba
y a las casas no venía—
solía arrimarme de día—
más, lo mesmo que el carancho[159],
siempre estaba sobre el rancho
espiando a la Polecía.
59
al pajonal enderiese.
Su esperanza es el coraje,
su guardia es la precaución,
su pingo es la salvación,
y pasa uno en su desvelo
sin más amparo que el cielo
ni otro amigo que el facón.
……………………………
……………………………
60
que le parecen más bellas
cuanto uno es más desgraciao,
y que Dios las haiga criao
para consolarse en ellas.
61
yal vez me hubieran bombiao[161]
y me venían a buscar—
Más no quise disparar,
que eso es de gaucho morao.
Al punto me santigüé
y eché de giñebra un taco—
lo mesmito que el mataco[162]
me arrollé con el porrón—
«Si han de darme pa tabaco
—dije—ésta es güena ocasión».
62
«No me vengan—contesté—
con relación de dijuntos—
esos son otros asuntos;
vean si me pueden llevar,
que yo no me he de entregar
aunque vengan todos juntos».
Y ya vide el fogonazo
de un tiro de garabina—
más quiso la suerte indina
de aquel maula que me errase
y ay no más lo levantase
lo mesmo que una sardina.
63
Al verse sin compañero
el otro se sofrenó;
entonces le dentré yo,
sin dejarlo resollar—
pero ya empezó a aflojar
y a la pun…ta disparó.
El más engolosinao
se me apió con un hachazo;
se lo quité con el brazo,
de no, me mata los piojos;
y antes de que diera un paso
le eché tierra entre los ojos.
64
Y mientras se sacudía
refregándose la vista,
yo me le fui como lista[170]
y ay no más me le afirmé
diciéndole: «Dios te asista»
y de un revés lo voltié.
65
Y ay no más se me aparió,
dentrándole a la partida;
Yo les hice otra embestida
pues entre dos era robo[171]—
y el Cruz era como lobo
que defiende su guarida.
Dejamos amontonaos
a los pobres que murieron—
No sé si los recogieron,
porque nos fimos a un rancho,
o si tal vez los caranchos
ay no más se los comieron.
66
«Yo me voy—le dije—, amigo,
donde la suerte me lleve,
y si es que alguno se atreve
a ponerse en mi camino,
yo seguiré mi destino,
que el hombre hace lo que debe».
67
X
CRUZ
Amigazo, pa sufrir
han nacido los varones—
estas son las ocasiones
de mostrarse un hombre juerte,
hasta que venga la muerte
y lo agarre a coscorrones.
68
cuando la cosa lo esige.
A mí no me matan penas
mientras tenga el cuero sano,
venga el sol en el verano
y la escarcha en el invierno—
Si este mundo es un infierno,
¿por qué afligirse el cristiano?
Yo nunca me he de entregar
a los brazos de la muerte—
arrastro mi triste suerte
paso a paso y como pueda—
que donde el débil se queda
se suele escapar el juerte.
69
siguro que me habría hallao
más prendido que un botón.
Si es güena no lo abandona
cuando lo vé desgraciao—
lo asiste con su cuidao
y con afán cariñoso,
y usté tal vez ni un rebozo[180]
ni una pollera[181] le ha dao.
Grandemente lo pasaba
con aquella prenda mía,
viviendo con alegría
como la mosca en la miel—
¡Amigo, qué tiempo aquel!
¡La pucha que la quería!
70
no podía competir yo—
en mi rancho se pegó
lo mismo que saguaipé[182].
Un puntazo me largó
pero el cuerpo le saqué,
71
y en cuanto se lo quité,
para no matar un viejo,
con cuidao, medio de lejo,
un planazo le asenté.
El me siguió menudiando
más sin poderme acertar,
y yo, dele culebriar,
hasta que al fin le dentré
y ay nomás lo despaché
sin dejarlo resollar.
72
el pobre se había ganao
en un noque[187] de lejía—
¡Quién sabe cómo estaría
del susto que había llevao!
73
74
XI
75
Y empréstemé su atención,
me oirá relatar las penas
de que traigo la alma llena—
porque en toda circunstancia
paga el gaucho su inorancia
con la sangre de las venas.
76
Había sido el guitarrero
un gaucho duro de boca—
yo tengo paciencia poca
pa aguantar cuando no debo—
A ninguno me le atrevo—
pero me halla el que me toca.
A bailar un pericón
con una moza salí,
y cuanto me vido allí
sin duda me conoció—
y estas coplitas cantó
como por ráirse de mí:
77
Se secretiaron las hembras—
y yo ya me encocoré—
volié la anca[191] y le grité
«Dejá de cantar…, chicharra»
ÿ de un tajo a la guitarra
tuitas las cuerdas corté.
78
pero yo no pierdo el tino
aunque haiga tomao un trago—
y hay algunos por mi pago
que me tienen por ladino.
79
XII
80
ya no vá quedando un criollo—
se los ha tragao el oyo,
o juido o muerto en la guerra—
porque, amigo, en esta tierra
nunca se acaba el embrollo.
……………………………
……………………………
Andaremos de matreros
si es preciso pa salvar—
nunca nos ha de faltar
ni un güen pingo para juir,
ni un pajal ande dormir,
ni un matambre[195] que ensartar.
81
y hago un poncho, si lo sobo,
mejor que poncho engomao.
82
veamos el campo desierto,
y blanquiando solamente
los güesos de los que han muerto.
83
XIII
MARTÍN FIERRO
84
Y aunque a las aves les dio,
con otras cosas que inoro,
esos piquitos como oro
y un plumaje como tabla—
le dio al hombre más tesoro
al darle una lengua que habla.
85
No hemos de perder el rumbo,
los dos somos güena yunta—
el que es gaucho vá ande apunta,
aunque inore ande se encuentra;
pa el lao en que el Sol se dentra
dueblan los pastos la punta.
De hambre no pereceremos,
pues según otros me han dicho
en los campos se hallan bichos
de lo que uno necesita—
gamas, matacos, mulitas[199],
avestruces y quirquinchos[200].
Tampoco a la sé le temo,
yo la aguanto muy contento,
busco agua olfatiando al viento,
y dende que no soy manco,
ande hay duraznillo blanco
cavo y la saco al momento.
86
Allá habrá seguridá
ya que aquí no la tenemos—
menos males pasaremos
y ha de haber grande alegría
el día que nos descolguemos
en alguna toldería[201].
Fabricaremos un toldo,
como lo hacen tantos otros,
con unos cueros de potro,
que sea sala y sea cocina—
¡Tal vez no falte una china
que se apiade de nosotros!
87
vámosnos, amigo Cruz.
……………………………
……………………………
«Ruempo—dijo—la guitarra,
pa no volverla a templar;
88
ninguno la ha de tocar,
por siguro ténganló;
pues naides ha de cantar
cuando este gaucho cantó».
89
90
II
LA VUELTA
DE MARTIN FIERRO
91
CUATRO PALABRAS DE CONVERSACIÓN CON LOS
LECTORES
Entrego a la benevolencia pública, con el título La Vuelta de Martín Fierro, la segunda
parte de una obra que ha tenido una acogida tan generosa, que en seis años se han
repetido once ediciones, con un total de cuarenta y ocho mil ejemplares.
Esto no es vanidad de autor, porque no rindo tributo a esa falsa diosa; ni bombo de
Editor, porque no lo he sido nunca de mis humildes producciones.
Es un recuerdo oportuno y necesario, para explicar porque el primer tiraje del presente
libro consta de veinte mil ejemplares, divididos en cinco secciones o ediciones de cuatro
mil números cada una, y agregaré, que confío en que el acreditado Establecimiento
Tipográfico del Señor Coni hará una impresión esmerada, como la que tienen todos los
libros que salen de sus talleres.
Lleva también diez ilustraciones incorporadas en el texto, y creo que en los dominios
de la literatura es la primera vez que una obra sale de las prensas nacionales con esta
mejora.
Así se empieza.
Las láminas han sido dibujadas y calcadas en la piedra por don Cárlos Clerice, artista
compatriota que llegará a ser notable en su ramo, porque es joven, tiene escuela,
sentimiento artístico y amor al trabajo.
El grabado ha sido ejecutado por el señor Supot, que posee el arte, nuevo y poco
generalizado todavía entre nosotros, de fijar en láminas metálicas lo que la habilidad del
litógrafo ha calcado en la piedra, creando o imaginando posiciones que interpreten con
claridad y sentimiento la escena descrita en el verso.
No se ha omitido, pues, ningún sacrificio a fin de hacer una publicación en las más
aventajadas condiciones artísticas.
En cuanto a su parte literaria, solo diré que no se debe perder de vista al juzgar los
defectos del libro, que es copia fiel de un original que los tiene, y repetiré, que muchos
defectos están allí con el objeto de hacer más evidente y clara la imitación de los que lo
son en realidad.
Un libro destinado a despertar la inteligencia y el amor a la lectura en una población
casi primitiva, a servir de provechoso recreo, después de las fatigosas tareas, a millares de
personas que jamás han leído, debe ajustarse estrictamente a los usos y costumbres de
esos mismos lectores, rendir sus ideas e interpretar sus sentimientos en su mismo
lenguaje, en sus frases más usuales, en su forma más general, aunque sea incorrecta; con
sus imágenes de mayor relieve, y con sus giros más característicos, a fin de que el libro se
identifique con ellos de una manera tan estrecha e intima, que su lectura no sea sino una
continuación natural de su existencia.
92
Solo así pasan sin violencia del trabajo al libro; y solo así, esa lectura puede serles
amena, interesante y útil.
Ojalá hubiera un libro que gozara del dichoso privilegio de circular de mano en mano
en esa inmensa población diseminada en nuestras vastas campañas, y que bajo una
forma que lo hiciera agradable, que asegurara su popularidad, sirviera de ameno
pasatiempo a sus lectores, pero:
Enseñando que el trabajo honrado es la fuente principal de toda mejora y bienestar.
Enalteciendo las virtudes morales que nacen de la ley natural y que sirven de base a
todas las virtudes sociales.
Inculcando en los hombres el sentimiento de veneración hacia su Creador,
inclinándolos a obrar bien.
Afeando las supersticiones ridículas y generalizadas que nacen de una deplorable
ignorancia.
Tendiendo a regularizar y dulcificar las costumbres, enseñando por medios hábilmente
escondidos, la moderación y el aprecio de si mismo; el respeto a los demás; estimulando
la fortaleza por el espectáculo del infortunio acerbo, aconsejando la perseverancia en el
bien y la resignación en los trabajos.
Recordando a los Padres los deberes que la naturaleza les impone para con sus hijos,
poniendo ante sus ojos los males que produce su olvido, induciéndolos por ese medio a
que mediten y calculen por si mismos todos los beneficios de su cumplimiento.
Enseñando a los hijos como deben respetar y honrar a los autores de sus días.
Fomentando en el esposo el amor a su esposa, recordando a esta los santos deberes
de su estado; encareciendo la felicidad del hogar, enseñando a todos a tratarse con
respeto reciproco, robusteciendo por todos estos medios los vínculos de la familia y de la
sociabilidad.
Afirmando en los ciudadanos el amor a la libertad, sin apartarse del respeto que es
debido a los superiores y magistrados.
Enseñando a hombres con escasas nociones morales, que deben ser humanos y
clementes, caritativos con el huérfano y con el desvalido; fieles a la amistad; gratos a los
favores recibidos; enemigos de la holgazanería y del vicio; conformes con los cambios de
fortuna; amantes de la verdad, tolerantes, justos y prudentes siempre.
Un libro que todo esto, más que esto, o parte de esto enseñara sin decirlo, sin revelar
su pretensión, sin dejarla conocer siquiera, seria indudablemente un buen libro, y por cierto
que levantaría el nivel moral e intelectual de sus lectores aunque dijera naides por nadie,
resertor por desertor, mesmo por mismo, u otros barbarismos semejantes; cuya enmienda
le está reservada a la escuela, llamada a llenar un vacío que el poema debe respetar, y a
corregir vicios y defectos de fraseología, que son también elementos de que se debe
apoderar el arte para combatir y extirpar males morales más fundamentales y
trascendentes, examinándolos bajo el punto de vista de una filosofía más elevada y pura.
El progreso de la locución no es la base del progreso social, y un libro que se
propusiera tan elevados fines, debería prescindir por completo de las delicadas formas de
la cultura de la frase, subordinándose a las imperiosas exigencias de sus propósitos
moralizadores, que serían en tal caso el éxito buscado.
Los personajes colocados en escena deberían hablar en su lenguaje peculiar y propio,
con su originalidad, su gracia y sus defectos naturales, porque despojados de ese ropaje,
lo serían igualmente de su carácter típico, que es lo único que los hace simpáticos,
conservando la imitación y la verosimilitud en el fondo y en la forma.
93
Entra también en esta parte la elección del prisma a través del cual le es permitido a
cada uno estudiar sus tiempos, y aceptando esos defectos como un elemento, se idealiza
también, se piensa, se inclina a los demás a que piensen igualmente, y se agrupan, se
preparan y conservan pequeños monumentos de arte, para los que han de estudiarnos
mañana y levantar el grande monumento de la historia de nuestra civilización.
El gaucho no conoce ni siquiera los elementos de su propio idioma, y sería una
impropiedad cuando menos, y una falta de verdad muy censurable, que quien no ha
abierto jamás un libro, siga las reglas de arte de Blair, Hermosilla o la Academia.
El gaucho no aprende a cantar. Su único maestro es la espléndida Naturaleza que en
variados y majestuosos panoramas se extiende delante de sus ojos.
Canta porque hay en él cierto impulso moral, algo de métrico, de rítmico, que domina
en su organización, y que lo lleva hasta el extraordinario extremo de que todos sus
refranes, sus dichos agudos, sus proverbios comunes son expresados en dos versos
octosílabos perfectamente medidos, acentuados con inflexible regularidad, llenos de
armonía, de sentimiento y de profunda intención.
Eso mismo hace muy difícil, si no de todo punto imposible, distinguir y separar cuales
son los pensamientos originales del autor, y cuales los que son recogidos de las fuentes
populares. No tengo noticia que exista ni que haya existido una raza de hombres
aproximados a la Naturaleza, cuya sabiduría proverbial llene todas las condiciones
rítmicas de nuestros proverbios gauchos.
Qué singular es, y qué digno de observación, el oír a nuestros paisanos más incultos,
expresar en dos versos claros y sencillos, máximas y pensamientos morales que las
naciones más antiguas, la India y la Persia, conservaban como el tesoro inestimable de su
sabiduría proverbial; que los griegos escuchaban con veneración de boca de sus sabios
más profundos, de Sócrates, fundador de la moral, de Platón y de Aristóteles; que entre
los latinos difundió gloriosamente el afamado Séneca; que los hombres del Norte les
dieron lugar preferente en su robusta y enérgica literatura; que la civilización moderna
repite por medio de sus moralistas más esclarecidos y que se hallan consagrados
fundamentalmente en los códigos religiosos de todos los grandes reformadores de la
Humanidad.
Indudablemente, que hay cierta semejanza íntima, cierta identidad misteriosa entre
todas las razas del globo que solo estudian en el gran libro de la naturaleza; pues que de
él deducen, y vienen deduciendo desde hace más de tres mil años, la misma enseñanza,
las mismas virtudes naturales, expresadas en prosa por todos los hombres del globo, y en
versos por los gauchos que habitan las vastas y fértiles comarcas que se extienden a las
dos márgenes del Plata.
El corazón humano y la moral son los mismos en todos los siglos.
Las civilizaciones difieren esencialmente. «Jamás se hará—dice el doctor don V. F.
López en su prólogo a Las neurosis—un profesor o un catedrático Europeo, de un
Bracma»; así debe ser; pero no ofrecería la misma dificultad el hacer de un gaucho un
Bracma lleno de sabiduría; si es que los Bracmas hacen consistir toda su ciencia en su
sabiduría proverbial, según los pinta el sabio conservador de la Biblioteca Nacional de
París, en La sabiduría popular de todas las naciones, que difundió en el nuevo mundo el
americano Pazos Kanki.
Saturados de ese espíritu gaucho, hay entre nosotros algunos poetas de formas muy
cultas y correctas, y no ha de escasear el género, porque es una producción legítima y
94
espontánea del país, y que en verdad, no se manifiesta únicamente en el terreno florido de
la literatura.
Concluyo aquí, dejando a la consideración de los benévolos lectores, lo que yo no
puedo decir sin extender demasiado este prefacio, poco necesario en las humildes coplas
de un hijo del desierto.
¡Sea el público indulgente con él!, y acepte esta humilde producción, que le dedicamos
como que es nuestro mejor y más antiguo amigo.
*
La originalidad de un libro debe empezar en el prólogo.
Nadie se sorprenda por lo tanto, ni de la forma ni de los objetos que este abraza; y
debemos terminarlo haciendo público nuestro agradecimiento hacia los distinguidos
escritores que acaban de honrarnos con su fallo, como el señor D. José Tomás Guido, en
una bellísima carta que acogieron deferentes La Tribuna y La Prensa, y que reprodujeron
en sus columnas varios periódicos de la República. El doctor don Adolfo Saldias, en un
meditado trabajo sobre el tipo histórico y social del gaucho. El doctor don Miguel Navarro
Viola, en la última entrega de la Biblioteca Popular, estimulándonos, con honrosos
términos, a continuar en la tarea empezada.
Diversos periódicos de la ciudad y campaña, como EL Heraldo, del Azul; La Patria, de
Dolores; El Oeste, de Mercedes, y otros, han adquirido también justos títulos a nuestra
gratitud, que conservamos como una deuda sagrada.
Terminamos esta breve reseña con La Capital, del Rosario, que ha anunciado La vuelta
de Martín Fierro, haciendo concebir esperanzas que Dios sabe si van a ser satisfechas.
Ciérrase este prólogo diciendo que se llama este libro La vuelta de Martín Fierro,
porque este título le dio el público, antes, mucho antes de haber yo pensado en escribirlo;
y allá va a correr tierras con mi bendición paternal.
JOSÉ HERNÁNDEZ.
95
MARTÍN FIERRO
96
si no pagan por mentir.
Yo he conocido cantores
que era un gusto el escuchar—
mas no quieren opinar
y se divierten cantando;
pero yo canto opinando,
que es mi modo de cantar.
97
sinó quien sabe pintar.
Ya verán si me despierto
cómo se compone el baile—
y no se sorprenda naides
si mayor fuego me anima;
porque quiero alzar la prima[2]
como pa tocar al aire.
98
si no se corta la cuerda
o no cede la clavija.
Sé dirigir la mansera
y también echar un pial—
sé correr en un rodeo,
trabajar en un corral—
me sé sentar en un pértigo
lo mesmo que en un bagual.
Y empréstenmé su atención
si ansí me quieren honrar;
de no, tendré que callar,
pues el pájaro cantor
jamás se para a cantar
en árbol que no da flor.
99
y de esto no me abochorno—
pues el viejo como el horno
por la boca se calienta.
100
II
101
en esa inmensa llanura,
al verse en tal desventura
y tan lejos de los suyos,
se tira uno entre los yuyos[7]
a llorar con amargura!
En la orilla de un arroyo
solitario lo pasaba—
en mil cosas cavilaba,
y a una güelta repentina,
se me hacía ver a mi china
o escuchar que me llamaba.
102
Y déle en su lengüeteo[9]
hacer gestos y cabriolas—
uno desató las bolas
y se nos vino enseguida—
ya no creíamos con vida
salvar ni por carambola.
Volvieron al parlamento
a tratar de sus alianzas,
o tal vez de las matanzas;
y conforme les detallo
hicieron cerco a caballo
recostándose en las lanzas.
103
Dentra al centro un indio viejo
y allí a lengüetiar se larga—
quien sabe qué les encarga;
pero toda la riunión
lo escuchó con atención
lo menos tres horas largas.
104
Pero el indio es dormilón
y tiene un sueño projundo—
es roncador sin segundo,
y en tal confianza es su vida,
que ronca a pata tendida,
aunque se le dé güelta el mundo.
105
III
Se endurece el corazón,
no teme peligro alguno—
por encontrarlo oportuno
allí juramos los dos
respetar tan sólo a Dios;
de Dios abajo, a ninguno.
106
Y al que le toca la herencia,
donde quiera halla su ruina—
lo que la suerte destina
no puede el hombre evitar—
porque el cardo ha de pinchar
es que nace con espina.
107
Pero por más que uno sufra
un rigor que lo atormente,
no debe bajar la frente
nunca—por ningún motivo—
el álamo es más altivo
y gime constantemente.
……………………………
……………………………
108
lo que le falta en saber
lo suple con desconfianza.
109
pues en aquellas andanzas
perece el que se acoquina.
Guarecidos en el toldo
charlábamos mano a mano—
éramos dos veteranos
mansos pa las sabandijas,
arrumbaos como cubijas
cuando calienta el verano.
El alimento no abunda
por más empeño que se haga—
lo pasa uno como plaga,
ejercitando la industria—
y siempre, como la nutria,
viviendo a orillas del agua.
En semejante ejercicio
se hace diestro el cazador—
cai el piche[12] engordador,
cai el pájaro que trina—
todo bicho que camina
va a parar al asador.
110
y le brinda el alimento
a todo ser racional.
111
IV
112
un cuernito de venao
que se amarra en el garrón.
Su señal es un humito
que se eleva muy arriba—
Y no hay quien no lo aperciba
con esa vista que tienen—
de todas partes se vienen
a engrosar la comitiva.
113
para formarla han salido
de los últimos rincones.
114
Es tenaz en su barbarie,
no esperen verlo cambiar;
el deseo de mejorar
en su rudeza no cabe—
El bárbaro sólo sabe
emborracharse y peliar.
115
El que envenenen sus armas
les mandan sus hechiceras—
y como ni a Dios veneran,
nada a los pampas contiene—
hasta los nombres que tienen
son de animales y fieras.
116
V
Aquello es un hervidero
de pampas, en celemín—
cuando riunen el botín
juntando toda la hacienda,
es cantidá tan tremenda
que no alcanza a verse el fin.
Su pretensión es robar,
no quedar en el pantano—
vienen a tierra de cristianos
como furia del infierno—
117
no se llevan al gobierno
porque no lo hallan a mano.
Se reparten el botín
con igualdá, sin malicia;
no muestra el indio codicia,
ninguna falta comete—
solo en esto se somete
a una regla de justicia.
Y satisfecho el salvaje
de que su oficio ha cumplido,
lo pasa por ay tendido
volviendo a su haraganiar—
y entra la china a cueriar[16]
con un afán desmedido.
118
concluyó ese bandalaje,
y esos bárbaros salvajes
no podrán hacer más daño.
Pa servir a un desgraciao
pronta la mujer está—
cuando en su camino va
no hay peligro que la asuste;
ni hay una a quien no le guste
una obra de caridá.
Es piadosa y diligente
y sufrida en los trabajos—
119
yal vez su valer rebajo,
aunque la estimo bastante—
mas los indios inorantes
la tratan al estropajo[24].
……………………………
……………………………
120
a dar güeltas en la era.
121
122
VI
A la voluntá de Dios
ni con la intención resisto—
Él nos salvó—pero, ¡ah Cristo!,
muchas veces he deseado
no nos hubiera salvado
ni jamás haberlo visto.
123
cuando es amargo el brabaje
el corazón no se alegra—
dentró una virgüela[27] negra
que los diezmó a los salvajes.
124
y pierde toda esperanza—
si a escapárseles alcanza
dispara como una liebre—
le da delirios la fiebre
y ya le cain con la lanza.
125
Ya no podíamos dudar,
al verlo en tal padecer,
el fin que había de tener;
y Cruz, que era tan humano,
«vamos—me dijo—, paisano,
a cumplir con un deber».
El recuerdo me atormenta,
se renueva mi pesar—
me dan ganas de llorar,
nada a mis penas igualo—
Cruz también cayó muy malo,
ya para no levantar.
126
cuánto tuve que sufrir—
yo no hacía sino gemir,
y aumentaba mi aflición
no saber una oración
pa ayudarlo a bien morir.
Se le pasmó la virgüela,
y el pobre estaba en un grito—
me recomendó un hijito
que en su pago había dejado—
«Ha quedado abandonado,
—me dijo—aquel pobrecito».
De rodillas a su lado,
yo lo encomendé a Jesús—
Faltó a mis ojos la luz—
tuve un terrible desmayo—
cay como herido del rayo
cuando lo vi muerto a Cruz.
127
VII
128
el pesar me dominaba,
y entregao al sentimiento,
se me hacía cada momento
oir a Cruz que me llamaba.
No precisa juramento,
deben crerle a Martín Fierro—
he visto en ese destierro
a un salvaje que se irrita,
degollar una chinita
y tirársela a los perros.
He presenciado martirios,
he visto muchas crueldades—
129
crímenes y atrocidades
que el cristiano no imagina;
pues ni el indio ni la china
sabe lo que son piedades.
Cauteloso me acerqué
a un indio que estaba al lao,
porque el pampa es desconfiao
siempre de todo cristiano,
y vi que tenía en la mano
el rebenque ensangrentao.
130
VIII
La mandaba trabajar,
poniendo cerca a su hijito,
tiritando y dando gritos
por la mañana temprano,
atado de pies y manos
lo mesmo que un corderito.
131
Cuando no tenían trabajo,
la emprestaban a otra china—
«Naides—decía—se imagina,
ni es capaz de presumir
cuánto tiene que sufrir
la infeliz que está cautiva».
132
Aunque esto parezca estraño,
ninguno lo ponga en duda:
entre aquella gente ruda,
en su bárbara torpeza,
es gala que la cabeza
se les forme puntiaguda.
133
Esos horrores tremendos
no los inventa el cristiano—
«Ese bárbaro inhumano
—sollozando me lo dijo—
me amarró luego las manos
con las tripitas de mi hijo».
134
IX
Yo no sé lo que pasó
en mi pecho en ese istante;
estaba el indio arrogante
con una cara feroz:
para entendernos los dos
la mirada fue bastante.
135
Pegó un brinco como gato
y me ganó la distancia—
aprovechó esa ganancia
como fiera cazadora—
desató las boliadoras
y aguardó con vigilancia.
A juerza de precaución
muchas veces he salvado,
pues en un trance apurado
es mortal cualquier descuido—
si Cruz hubiera vivido
no habría tenido cuidado.
136
En tamaña incertidumbre,
en trance tan apurado,
no podía, por descontado,
escaparme de otra suerte,
sino dando al indio muerte
o quedando allí estirado.
En la dentrada no más
me largó un par de bolazos—
uno me tocó en un brazo;
si me da bien me lo quiebra—
pues las bolas son de piedra
y vienen como balazo.
A la primer puñalada
el pampa se hizo un ovillo—
era el salvaje más pillo
que he visto en mis correrías—
y, a más de las picardías,
arisco para el cuchillo.
137
Me sucedió una desgracia
en aquel percance amargo;
en momentos que lo cargo
y que él reculando vá—
me enredé en el chiripá[33]
y caí tirao largo a largo.
Ni pa encomendarme a Dios
tiempo el salvaje me dio—
cuanto en el suelo me vio
me saltó con ligereza—
juntito de la cabeza
el bolazo retumbó.
……………………………
……………………………
138
que el indio me sacrifica,
y mi valor se duplica
con un ejemplo tan puro.
En cuanto me enderecé
nos volvimos a topar—
no se podía descansar
y me chorriaba el sudor—
en un apuro mayor
jamás me he vuelto a encontrar.
139
lo castigó, en mi concencia,
su Divina Majestá—
donde no hay casualidá
suele estar la Providencia.
En cuanto trastabilló
más de firme lo cargué,
y aunque de nuevo hizo pié,
lo perdió aquella pisada,
pues en esa atropellada
en dos partes lo corté.
Al sentirse lastimao
se puso medio afligido—
pero era indio decidido,
su valor no se quebranta—
le salían de la garganta
como una especie de aullidos.
Lastimao en la cabeza,
la sangre lo enceguecía;
de otra herida le salía
haciendo un charco ande estaba—
con los pies la chapaliaba[36]
sin aflojar todavía.
140
en el cuchillo lo alcé—
en peso lo levanté
aquel hijo del desierto—
ensartado lo llevé,
y allá recién lo largué
cuando ya lo sentí muerto.
……………………………
……………………………
141
X
A la afligida cautiva
mi caballo le ofrecí—
era un pingo que adquirí,
y donde quiera que estaba
en cuanto yo lo silbaba
venía a refregarse en mí.
142
no hallaba ningún tropiezo—
los ejercitan en eso
y los ponen como luz[39],
de dentrarle a un avestruz
y boliar bajo el pescuezo.
Lo varea[42] en la madrugada—
jamás falta a este deber—
luego lo enseña a correr
entre fangos y guadales[43]—
ansina esos animales
es cuanto se puede ver.
En el caballo de un pampa
no hay peligro de rodar—
jué—pucha—y pa disparar
es pingo, que no se cansa—
con proligidá lo amansa
sin dejarlo corcobiar.
143
y, por fin, solo lo deja
cuando agacha las orejas
y ya el potro ni cocea.
El animal yeguarizo,
perdonenmé esta advertencia,
es de mucha conocencia
y tiene mucho sentido—
es animal consentido,
lo cautiva la pacencia.
144
es bueno que el hombre aprienda,
pues hay pocos domadores,
y muchos frangolladores[47]
que andan de bozal y rienda.
……………………………
……………………………
Al muerto, en un pajonal
había tratao de enterrarlo,
y, después de maniobrarlo,
lo tapé bien con las pajas,
para llevar de ventaja
lo que emplearan en hallarlo.
145
Marque su rumbo de día
con toda fidelidá—
marche con puntualidá
siguiéndolo con fijeza,
y si duerme, la cabeza
ponga para el lao que vá.
146
Nueva pena sintió el pecho
por Cruz en aquel paraje—
y en humilde vasallaje
a la Magestá infinita
besó esta tierra bendita
que ya no pisa el salvaje.
Al fin la misericordia
de Dios nos quiso amparar—
es preciso soportar
los trabajos con constancia—
Alcanzamos a una estancia
después de tanto penar.
147
Ay mesmo me despedí
de mi infeliz compañera—
«Me voy—le dije—ande quiera,
aunque me agarre el Gobierno,
pues infierno por infierno,
prefiero el de la frontera».
148
149
XI
150
y no son pocos diez años
para quien ya llega a viejo.
Y los he pasado ansí,
si en mi cuenta no me yerro:
tres años en la frontera,
dos como gaucho matrero,
y cinco allá entre los indios
hacen los diez que yo cuento.
151
de un modo que daba miedo—
que iban a arreglar mis cuentas,
tratándome de matrero,
y no el jefe el que hablaba,
sinó un cualquiera de entre ellos.
Y ese, me parece a mí,
no es modo de hacer arreglos,
ni con el que es inocente,
ni con el culpable menos.
152
en público canta y baila,
abraza y llora en secreto.
Lo único que me han contado
es que mi mujer ha muerto;
que en procura de un muchacho
se fue la infeliz al pueblo,
donde infinitas miserias
habrá sufrido por cierto;
que, por fin, a un hospital
fue a parar medio muriendo,
y en ese abismo de males
falleció al muy poco tiempo.
153
154
EL HIJO MAYOR
DE MARTÍN FIERRO
XII
LA PENITENCIARÍA
No le merman el rigor
los mesmos que lo socorren—
tal vez porque no se borren
los decretos del destino,
de todas partes lo corren
como ternero dañino.
155
ni casa tenía, mi madre,
ni parentela, ni hermanos;
y todos limpian sus manos
en el que vive sin padre.
Si lo recogen lo tratan
con la mayor rigidez—
piensan que es mucho tal vez,
cuando ya muestra el pellejo,
si le dan un trapo viejo
pa cubrir su desnudez.
156
en la escuela del sufrir
he tomado mis leciones—
y hecho muchas refleciones
dende que empecé a vivir.
«A la Justicia Ordinaria
voy a mandar a los tres».—
Tenía razón aquel juez,
y cuantos ansí amenacen:
ordinaria… es como la hacen,
lo he conocido después.
157
mas yo me lo esplico ansí:
le dirán Penitenciaría
por la penitencia diaria
que se sufre estando allí.
No es en grillos ni en cadenas
en lo que usté penará,
sino en una soledá
y un silencio tan projundo,
que parece que en el mundo
es el único que está.
158
allí se vería agobiao
y su corazón marchito,
al encontrarse encerrao
a solas con su delito.
159
Hijas, esposas, hermanas,
cuantas quieren a un varón—
diganlés que esa prisión
es un infierno temido—
donde no se oye más ruido
que el latir del corazón.
160
Aquel que ha vivido libre
de cruzar por donde quiera
se aflige y se desespera
de encontrarse allí cautivo;
es un tormento muy vivo
que abate la alma más fiera.
En un lamento constante
se encuentra siempre embretao[52]—
el castigo han inventao
de encerrarlo en las tinieblas—
y allí está como amarrao
a un fierro que no se duebla.
De furor el corazón
se le quiere reventar,
pero no hay sino aguantar
aunque sosiego no alcance—
¡dichoso en tan duro trance
aquel que sabe rezar!
161
Dirige a Dios su plegaria
el que sabe una oración;
en esa tribulación
gime olvidado del mundo,
y el dolor es más projundo
cuando no halla compasión.
……………………………
……………………………
El mate no se permite—
no le permiten hablar,
no le permiten cantar
162
para aliviar su dolor—
y hasta el terrible rigor
de no dejarlo fumar.
Yo no alcanzo a comprender
por qué motivo será,
que el preso privado está
de los dones más preciosos
que el justo Dios bondadoso
otorgó a la humanidá.
163
es el tormento más duro—
y en un presidio seguro
está de más tal rigor.
……………………………
……………………………
Y guarden en su memoria
con toda puntualidá,
lo que con tal claridá
les acabo de decir—
mucho tendrán que sufrir
si no cren en mi verdá.
164
Y si atienden mis palabras
no habrá calabozos llenos—
manéjense como buenos;
no olviden esto jamás:
aquí no hay razón de más;
más bien las puse de menos.
165
EL HIJO SEGUNDO
DE MARTÍN FIERRO
XIII
166
Yo anduve ansí como todos,
hasta que al fin de sus días
supo mi suerte una tía
y me recogió a su lado—
allí viví sosegado
y de nada carecía.
En mí todo su cuidado
y su cariño ponía—
como a un hijo me quería
con cariño verdadero—
y me nombró de heredero
167
de los bienes que tenía.
168
169
XIV
170
que eran todo su placer—
jamás dejó de tener
menos de media docena—
Mataba vacas agenas
para darles de comer.
Le echaba de comedido;
en las trasquilas, lo viera,
se ponía como una fiera
si cortaban una oveja;
pero de alzarse no deja
un vellón o unas tijeras.
171
Al verlo tan irritao
hallé prudente callar—
este me va a castigar
dije entre mí si me agravia—
ya vi que les tenía rabia
y no las volví a nombrar.
172
y darme la educación.
173
que ella dende el mesmo infierno
lo estaba llamando a gritos.
174
XV
175
vos te debés encojer,
pues siempre es güeno tener
palenque ande ir a rascarse.
176
no se apure quien desea
hacer lo que le aproveche—
la vaca que más rumea
es la que da mejor leche.
177
recién te apunta el cormillo
mas te lo dice un toruno[71]:
no dejés que hombre ninguno
te gane el lao del cuchillo.
178
179
XVI
El de ajuera repitió
dándole otro chaguarazo[76]—
«Allá va un nuevo bolazo,
180
copo[77] y se la gano en puerta[78]:
a las mujeres que curan
se las llama curanderas».
181
y que siga de esta suerte,
hasta que venta la muerte
y cargue con este hereje.
182
XVII
«Ánima bendita—dijo
un viejo medio ladiao—
que Dios lo haiga perdonao,
es todo cuanto deseo—
le conocí un pastoreo
de terneritos robaos.
183
»De mozo fue muy jinete,
no lo bajaba un bagual—
pa ensillar un animal
sin necesitar de otro,
se encerraba en el corral
y allí galopiaba el potro.
184
»Si ensartaba algún asao,
¡pobre!, ¡cómo si lo viese!
poco antes de que estuviese
primero lo maldecía,
luego después lo escupía
para que naides comiese.
»Y ya caliente Barullo,
quiso seguir la chacota;
se le había erizao la mota
lo que empezo la reyerta:
el viejo ganó la puerta
y apeló a las de gaviota[80].
185
Esto hablaban los presentes—
Y yo que esta a su lao,
al oir lo que he relatao,
aunque él era un perdulario,
dije entre mí: «¡Qué rosario
le están rezando al finao!».
186
un alto de jergas viejas,
muchas botas desparejas
y una infinidá de anillos.
Y cuando ya no tuvieron
rincón donde registrar,
187
cansaos de tanto huroniar
y de trabajar de balde—
«Vamonós—dijo el alcalde—,
“luego lo haré sepultar».
188
XVIII
Me saqué el escapulario,
se lo colgué al pecador—
Y como hay en el Señor
misericordia infinita,
rogué por la alma bendita
del que antes jué mi tutor.
No se calmaba mi duelo
de verme tan solitario—
Ay le champurrié un rosario
como sijuera mi padre—
besando el escapulario
que me había puesto mi madre.
189
Decían entonces las viejas,
como que eran sabedoras,
que los perros cuando lloran
es porque ven al demonio;
yo créia en el testimonio
como cré siempre el que inora.
……………………………
……………………………
Y me ha contado además
el gaucho que hizo el entierro
(al recordarlo me aterro,
me da pavor este asunto)
que la mano del dijunto
se la había comido un perro.
190
eran puras hojarascas—
Todas las noches soñaba
con viejos, perros y guascas.
191
XIX
Anduve a mi voluntá
como moro sin señor—
ese fue el tiempo mejor
que yo he pasado tal vez:
De miedo de otro tutor
ni aporté por lo del Juez.
192
y, por fin, víctima fui
del más desdichado amor.
De tantas alternativas
esta es la parte peluda—
Infeliz y sin ayuda
fue estremado mi delirio,
y causaban un martirio
los desdenes de una viuda.
193
y deben ser maldecidos
tanto vivos como muertos».
»Y tené fe en el remedio
pues la cencia no es chacota;
de esto no entendés ni jota—
sin que ninguno sospeche,
194
cortále a un negro tres motas
y hacélas hervir en leche».
Yo andaba ya desconfiando
de la curación maldita
Y dije: «“Este no me quita
la pasión que me domina
pues que viva la gallina
aunque sea con la pepita».
195
»Y es preciso que lo cumpla,
porque ansí lo manda Dios—
Es necesario que vos
no la vuelvas a buscar—
porque si llega a faltar
se condenarán los dos».
196
197
XX
198
un recadito cantor[86]
daba fe de sus pobrezas—
Le pidió la bendición
al que causaba la fiesta,
y sin decirles su nombre
les declaró con franqueza
que el nombre de Picardía
es el único que lleva.
Y para contar su historia
a todos pide licencia,
diciéndolés que en seguida
iban a saber quien era.
Tomó al punto la guitarra,
la gente se puso atenta
y ansí cantó Picardía
en cuanto templó las cuerdas.
199
XXI
PICARDÍA
Me quedé en el desamparo,
y al hombre que me dio el ser
no lo pude conocer;
ansí, pues, dende chiquito,
volé como el pajarito
en busca de qué comer.
200
pero lo pagaba yo.
El pruebista principal
a enseñarme me tomó—
y ya iba aprendiendo yo
a bailar en la maroma;
mas me hicieron una broma,
y aquello me indijustó.
201
cuanto me hincaba a rezar.
Me acomodó el coscorrón
que estaba viendo venir—
yo me quise corregir,
a la mulata miré
y otra vez volví a decir
«Artículos de Santa Fe».
202
yo las mandaba al infierno
con oraciones y todo.
El recuerdo y el dolor
me duraron muchos días;
soñé con las heregías
que andaban por estirpar—
y pedía siempre al rezar
la estirpación de mis tias.
203
XXII
204
Me ocupaba con esmero
en floriar una baraja—
él la guardaba en la caja,
en paquete como nueva;
y la media arroba lleva[92]
quien conoce la ventaja.
205
El contrario abre los suyos,
pero nada vé el que es ciego—
dándole soga, muy luego
se deja pescar el tonto—
todo chapetón cree pronto
que sabe mucho en el juego.
Yo sé defender mi plata
y lo hago como el primero—
el que ha de jugar dinero
preciso es que no se atonte—
si se armaba una de monte,
tomaba parte el fondero.
206
en cuanto cain a la mesa.
Si me llamaban al dao[102],
nunca me solía faltar
un cargado[103] que largar,
un cruzao[104] para el más vivo—
y hasta atracarles un chivo[105]
sin dejarlos maliciar.
207
XXIII
Un nápoles[107] mercachifle,
que andaba con un arpista,
cayó también en la lista
sin dificultá ninguna:
lo agarré a las treinta y una[108]
y le daba bola vista[109].
Se me presentó a esigir
la multa en que había incurrido,
que el juego estaba prohibido,
que iba a llevarme al cuartel—
tuve que partir con él
todo lo que había alquirido.
208
Empecé a tomarlo entre ojos
por esa arbitrariedá—
yo había ganado, es verdá,
con recursos, eso sí;
pero él me ganaba a mí
fundao en su autoridá.
En recorrer el partido
continuamente se empleaba—
ningún malevo agarraba,
pero traía en un carguero
gallinas, pavos, corderos
que por ay recoletaba.
No se debía permitir
el abuso a tal estremo—
mes a mes hacía lo mesmo,
y ansí decía el vecindario,
«este ñato perdulario
ha resucitao el diezmo».
La echaba de guitarrero
y hasta de concertador—
sentao en el mostrador
lo hallé una noche cantando—
y le dije: «Co… mo… quiando[112]
con ganas de oir un cantor”.
209
Era el todo en el Juzgao,
y como que se achocó,
ay nomás me contestó—
«Cuando el caso se presiente,
te he de hacer tomar caliente
y has de saber quien soy yo”.
Ay se enredó la madeja
y su enemistá conmigo—
se declaró mi enemigo,
y por aquel cumplimiento
ya sólo buscó el momento
de hacerme dar un castigo.
210
211
XXIV
212
Ay no más ya me cayó
a sable la Polecía—
aunque era una picardía,
me decidí a soportar—
y no los quise peliar
por no perderme ese día.
Atravesao[119] me agarró
y se aprovechó aquel ñato—
dende que sufrí ese trato
no dentro dende no quepo—
fí a ginetia en el cepo[120]
por cuestión de candilatos.
213
XXV
214
todito lo que camina».
A OTRO
A OTRO
A OTRO
A OTRO
215
irás en el contingente
por tamaña picardía».
A OTRO
A OTRO
A OTRO
A OTRO
216
redamaban cariñosas
sus lágrimas de dolor—
pero gemidos de amor
no remedian estas cosas.
217
¿Dónde irán, pensaba yo,
a perecer de miseria?—
Las pobres si de esta feria
hablan mal, tienen razón;
pues hay bastante materia
para tan justa aflición.
218
XXVI
219
Me dentró curiosidá,
al ver que de esa manera
tan siguro me dijera
que fue mi padre un bandido;
luego lo había conocido,
y yo inoraba quien era.
Me empeñé en averiguarlo;
promesas hice a Jesús—
tuve, por fin, una luz,
y supe con alegría
que era el autor de mis días
el guapo sargento Cruz.
220
Aquel que tiene buen nombre
muchos dijustos ahorra—
y entre tanta mazamorra
no olviden esta alvertencia:
aprendí por esperencia
que el mal nombre no se borra.
221
XXVII
He servido en la frontera
en un cuerpo de milicia;
no por razón de justicia,
como sirve cualesquiera.
La bolilla me tocó
de ir a pasar malos ratos
por la facultá del ñato
que tanto me persiguió.
222
Siempre el mesmo trabajar,
siempre el mesmo sacrificio,
es siempre el mesmo servicio,
y el mesmo nunca pagar.
Es servicio extrordinario
bajo el fusil y la vara—
sin que sepamos qué cara
le ha dao Dios al comisario[127].
223
del contingente anterior.
A mí me daban congojas
el mirarlos de ese modo—
pues el más aviao de todos
es un perejil sin hojas.
224
les niegan un mancurrón
para volver a su casa.
Y no averigüe después
de los bienes que dejó—
de hambre, su mujer vendió
por dos—lo que vale diez.
225
porque de adentro me brota,
que no tiene patriotismo
quien no cuida al compatriota.
226
XXVIII
227
pero salí de asistente
y mejoré en cierto modo.
De entonces en adelante
algo logré mejorar,
pues supe hacerme lugar
al lado del Ayudante.
Yo me pasé a su jogón
al punto que me sacó,
y ya con él me llevó
a cumplir su comisión.
228
pues mi oficial se arreglaba;
les diré lo que pasaba
sobre este particular.
229
y como hombre prevenido
saca siempre con aumento.
230
si lo dan, llega a sus manos,
en invierno el de verano—
y en el verano el de invierno.
Y yo el motivo no encuentro
ni la razón que esto tiene;
más dicen que eso ya viene
arreglado dende adentro.
Y es necesario aguantar
el rigor de su destino;
el gaucho no es argentino
sino pa hacerlo matar.
Y es forzoso el soportar
aunque la copa se enllene;
parece que el gaucho tiene
algún pecao que pagar.
231
232
XXIX
233
Todo el mundo conoció
la intención de aquel moreno—
era claro el desafío
dirigido a Martín Fierro,
hecho con toda arrogancia,
de un modo muy altanero.
Tomó Fierro la guitarra,
pues siempre se halla dispuesto—
y ansí cantaron los dos
en medio de un gran silencio:
234
XXX
MARTÍN FIERRO
235
El hombre debe mostrarse
cuando la ocasión le llegue—
hace mal el que se niegue
dende que lo sabe hacer—
y muchos suelen tener
vanagloria en que los rueguen.
236
Y el cantor que se presente,
que tenga o no quien lo ampare,
no espera que yo dispare
aunque su saber sea mucho—
vamos en el mesmo pucho
a prenderle[138] hasta que aclare.
Y seguiremos si gusta
hasta que se vaya el día—
era la costumbre mía
cantar las noches enteras—
había entonces, dondequiera,
cantores de fantasía.
Y sí alguno no se atreve
a seguir la caravana
o si cantando no gana,
se lo digo sin lisonja—
haga sonar una esponja
o ponga cuerdas de lana.
EL MORENO
237
es lo mesmo que el macá[139]:
cría los hijos bajo el ala.
238
las sabe este pobre negro.
MARTÍN FIERRO
EL MORENO
239
Dios hizo al hombre primero—
mas los blancos altaneros,
los mesmos que lo convidan,
hasta de nombrarlo olvidan
y sólo lo llaman negro.
MARTÍN FIERRO
240
es el canto de la tierra.
EL MORENO
Es pobre mi pensamiento,
es escasa mi razón—
mas pa dar contestación
mi inorancia no me arredra—
también da chispas la piedra
si la golpea el eslabón.
MARTÍN FIERRO
EL MORENO
241
Cuando la tormenta brama,
el mar que todo lo encierra
canta de un modo que aterra,
como si el mundo temblara—
parece que se quejara
de que lo estreche la tierra.
MARTÍN FIERRO
Toda tu sabiduría
has de mostrar esta vez—
ganarás sólo que estés
en vaca[140] con algún Santo—
la noche tiene su canto,
y me has de decir cuál es.
EL MORENO
242
que las tinieblas esconden—
son los ecos que responden
a la voz del que dá un grito,
como un lamento infinito
que viene no sé de dónde.
MARTÍN FIERRO
EL MORENO
243
con su alegre canto llama
a su amante compañera.
MARTÍN FIERRO
EL MORENO
244
La Ley es tela de araña—
en mi inorancia lo esplico:
no la tema el hombre rico—
nunca la tema el que mande,
pues la ruempe el vicho grande
y sólo enrieda a los chicos.
MARTÍN FIERRO
No ha de decirse jamás
que abusé de tu paciencia—
y en justa correspondencia,
si algo querés preguntar—
245
podés al punto empezar,
pues ya tenés mi licencia.
EL MORENO
MARTÍN FIERRO
246
después que aprendió a contar.
EL MORENO
MARTÍN FIERRO
EL MORENO
Si no falla su saber
por vencedor lo confieso—
debe aprender todo eso
quien a cantar se dedique—
y aura quiero que me esplique
lo que sinifica el peso.
MARTÍN FIERRO
EL MORENO
247
cuándo formó Dios el tiempo
y por qué lo dividió.
MARTÍN FIERRO
EL MORENO
De la inorancia de naides
ninguno debe abusar—
y aunque me puede doblar
todo el que tenga más arte,
no voy a ninguna parte
a dejarme machetiar[145].
248
He reclarao que en leturas
soy redondo como jota—
no avergüence mi redota,
pues con claridá le digo—
no me gusta que conmigo
nadie juegue a la pelota
Vive ya desesperado
quien no tiene que esperar—
a lo que no ha de durar
ningún cariño se cobre—
las alegrías en un pobre
son anuncios de un pesar.
249
Y suplico a cuantos me oigan
que me permitan decir,
que al decidirme a venir
no sólo jué por cantar,
sinó porque tengo a más
otro deber que cumplir.
250
MARTÍN FIERRO
Yo no sé lo que vendrá,
tampoco soy adivino—
pero firme en mi camino
hasta el fin he de seguir—
todos tienen que cumplir
con la ley de su destino.
Yo he conocido a toditos
los negros más peliadores—
había algunos superiores
de cuerpo[147] y de vista—¡ay juna!—
251
si vivo, les daré una…
historia de las mejores.
La creía ya desollada,
más todavía falta el rabo—
y por lo visto no acabo
de salir de esta jarana—
pues esto es lo que se llama
remachársele a uno el clavo.
252
XXXI
253
que lo halla a uno donde quiera,
y el gaucho sabe arreglarse
como ninguno se arregla—
El colchón son las caronas,
el lomillo[148] es cabecera,
el cojinillo es blandura,
y con el poncho o la jerga,
para salvar el rocío,
se cubre hasta la cabeza—
Tiene su cuchillo al lado,
pues la precaución es buena;
freno y rebenque a la mano,
y, teniendo el pingo cerca,
que pa asigurarlo bien
la argolla del lazo entierra[149]—
aunque el atar con el lazo
da al hombre mala idea[150]—
se duerme ansí muy tranquilo
todita la noche entera—
y si es lejo del camino,
como manda la prudencia,
más seguro que en su rancho
uno ronca a pierna suelta,
pues en el suelo no hay chinches,
y es una cuja camera
254
que no ocasiona disputas
y que nadie se la niega—
Además de eso, una noche
la pasa uno como quiera,
y las va pasando todas
haciendo la mesma cuenta—
Y luego los pajaritos,
al aclarar, lo despiertan—
porque el sueño no lo agarra
a quien sin cenar se acuesta.
Ansí, pues, aquella noche
jué para ellos una fiesta,
pues todo parece alegre
cuando el corazón se alegra—
No pudiendo vivir juntos
por su estado de pobreza,
resolvieron separarse,
y que cada cual se juera
a procurarse un refugio
que aliviara su miseria.
Y antes de desparramarse
para empezar vida nueva,
en aquella soledá
Martín Fierro con prudencia—
255
a sus hijos y al de Cruz
les habló de esta manera:
256
XXXII
257
el primer conocimiento
es conocer cuándo enfada.
Su esperanza no la cifren
nunca en corazón alguno—
en el mayor infortunio
pongan su confianza en Dios—
de los hombres, sólo en uno,
con gran precaución, en dos.
Ni el miedo ni la codicia
es bueno que a uno lo asalten—
ansí, no se sobresalten
por los bienes que perezcan—
al rico nunca le ofrezcan
y al pobre jamás le falten.
El trabajar es la Ley
porque es preciso adquirir—
no se espongan a sufrir
una triste situación—
sangra mucho el corazón
del que tiene que pedir.
258
llama en la puerta de todos
y entra en la del haragán.
Aprovecha la ocasión
el hombre que es diligente—
y ténganlo bien presente,
si al compararla no yerro—
la ocasión es como el fierro,
se ha de machacar caliente.
259
pues por igual es tenido
quien con malos se acompaña.
Procuren de no perder
ni el tiempo, ni la vergüenza—
como todo hombre que piensa
procedan siempre con juicio—
y sepan que ningún vicio
acaba donde comienza.
260
cai como gotas de fuego
en la alma del que la vierte.
Si entregan su corazón
a alguna mujer querida,
no le hagan una partida
que la ofienda a la mujer—
siempre los ha de perder
una mujer ofendida.
261
XXXIII
Y ya dejo el estrumento
262
con que he divertido a ustedes—
todos conocerlo pueden
que tuve constancia suma—
este es un botón de pluma[152]
que no hay quien lo desenriede.
Es el pobre en su orfandá
de la fortuna el desecho,
porque naides toma a pecho
el defender a su raza—
debe el gaucho tener casa,
escuela, iglesia y derechos.
263
En su ley está el de arriba
si hace lo que le aproveche—
de sus favores sospeche
hasta el mesmo que lo nombra—
siempre es dañosa la sombra
del árbol que tiene leche[155].
Permitanmé descansar,
¡pues he trabajado tanto!
En este punto me planto
y a continuar me resisto—
estos son treinta y tres cantos,
que es la mesma edá de Cristo.
Y si la vida me falta,
ténganló todos por cierto,
que el gaucho, hasta en el desierto,
sentirá en tal ocasión—
tristeza en el corazón
al saber que yo estoy muerto.
264
para siempre mis paisanos.
265
JOSÉ HERNÁNDEZ nació el 10 de noviembre de 1834 en la chacra de su tío, Don Juan
Martín de Pueyrredón, antiguo Caserío de Pedriel, hoy convertida en el Museo José
Hernández (Partido de San Martín).
Este argentino nativo expresó diferentes talentos a lo largo de su vida: fue poeta,
periodista, orador, comerciante, contador, taquígrafo, estanciero, soldado y político.
Comenzó a leer y escribir a los cuatro años y luego asistió al colegio de don Pedro
Sánchez.
En 1843, cuando su madre falleció, su padre, que era capataz en la estancias de Rosas, lo
llevó a vivir al campo por recomendación médica, ya que, a pesar de su juventud, se
encontraba enfermo. En el entorno campestre, José Hernández tomó contacto con
gauchos e indios. Debido a su proximidad con ellos, tuvo la oportunidad de conocer sus
costumbres, su mentalidad, su lenguaje y su cultura. Aprendió a quererlos, a admirarlos, a
comprenderlos, y también, a entender sus dificultades en la vida cotidiana.
En marzo de 1857, poco después de fallecer su padre —quien fue fulminado por un rayo
—, se instaló en la ciudad de Paraná. Allí, el 8 de junio de 1859, contrajo matrimonio con
Carolina González del Solar. Tuvieron siete hijos.
Inició su labor periodística en el diario «El Nacional Argentino», con una serie de artículos
en los que condenaba el asesinato de Vicente Peñaloza. En 1863 estos artículos fueron
publicados como libro bajo el título Rasgos biográficos del general Ángel Peñaloza.
En el orden legislativo se desempeñó como diputado, y luego, como senador de la
provincia de Buenos Aires. Tomó parte activa con Dardo Rocha en la fundación de La
266
Plata y, siendo presidente de la Cámara de Diputados, defendió el proyecto de
federalización por el que Buenos Aires pasó a ser la capital del país.
En 1869 fundó el diario «El Río de la Plata», en cuyas columnas defendió a los gauchos y
denunció los abusos cometidos por las autoridades de la campaña. También fundó el
diario «El Eco» de Corrientes, cuyas instalaciones fueron destruidas por adversarios
políticos. Colaboró además en los periódicos «La Reforma Pacífica», órgano del Partido
Reformista, «El Argentino», de Paraná y «La Patria», de Montevideo.
En el orden militar actuó en San Gregorio, en El Tala e intervino en las batallas de Pavón y
de Cepeda. Luchó además junto a López Jordán en Entre Ríos.
Debido a los continuos enfrentamientos civiles durante los años 50 y 60, se vio obligado a
viajar y trasladó su residencia a menudo. Vivió en Brasil, en las provincias de Entre Ríos y
Rosario de Argentina y en Montevideo (Uruguay). En 1870, al fracasar una revolución,
tuvo que volver a Brasil. Dos años después, gracias a una amnistía que eliminó la
violencia, pudo volver al país.
El 28 de noviembre de 1872, el diario «La República» anunció la salida de El Gaucho
Martín Fierro y, en diciembre, lo editó la imprenta La Pampa. Este poema de género
gauchesco se convirtió en la pieza literaria del más genuino folclore argentino y fue
traducido a numerosos idiomas. El libro es considerado la culminación de la llamada
«literatura gauchesca» y es una de las grandes obras de la literatura argentina. En él,
Hernández rinde homenaje al gaucho, quien aparece en su ser, en su drama cotidiano, en
su desamparo, en sus vicisitudes y con sus bravuras.
Su inesperado éxito entre los habitantes de la campaña lo llevó en 1879 a continuarlo con
La vuelta de Martín Fierro, edición ilustrada por Carlos Clérice.
En 1881, publicó su obra Instrucción del Estanciero. El 21 de octubre de 1886 murió en su
quinta de Belgrano. Sus últimas palabras fueron: «Buenos Aires… Buenos Aires…».
267
Notas Parte I
268
[1]Parece que sin largar—se cansaron en partidas.— No se largaba la carrera hasta que
los caballos iban iguales o lo ordenaba el juez. El corredor que tenía el caballo más
resistente repetía las partidas para fatigar al contrario <<
269
[2]
Plan de un bajo.— Se llamaba plan a la parte llana, lisa y limpia de un lugar. Bajo es lo
mismo que hondonada. Su opuesto, alto, equivale a altozano. <<
270
[3]
Oros, copas y bastos.— Según Tiscornia, no cupieron las «espadas» en el verso. Si se
acepta esta hipótesis, el verso ha de entenderse así: «con oros, copas, bastos y
espadas», es decir, con toda clase de cartas, sin limitación alguna. <<
271
[4]
Rodeo.— Es un lugar en campo abierto, donde el ganado se junta. Se llama también
rodeo al ganado, cuando sus componentes pastan y concurren en el mismo lugar. <<
272
[5] Güeya.— Huella. Camino. Sendero. <<
273
[6]
Cancha.— Se dice de un lugar llano, apto para las carreras de caballos. <<
274
[7] Hace pata ancha.— Se planta y hace frente a lo que sobrevenga. <<
275
[8]
Cuartiandoló.— Cuarteándolo. Ayudándolo. Se llama cuarta al lazo que, atado por un
extremo al vehículo y por otro a la cincha de un caballo, sirve para sacar los carros de un
atasco. <<
276
[9] Rumbiaba.— Se encaminaba, se dirigía. <<
277
[10]Cimarrón.— Es el animal doméstico que se vuelve montaraz; pero se dice también del
mate amargo. El mate es la bebida nacional argentina, en el campo y en la ciudad. Se
toma una calabaza hueca—mate—, que se llena o ceba de yerba mate en sus dos
terceras partes. Un tubo de metal ensanchado y agujereado en su base —bombilla—
permite succionar la infusión inmediatamente después que se haya echado el agua
hirviente sobre la yerba hasta llenar el mate. Las mujeres y los niños toman mate dulce. El
paisano lo toma generalmente amargo y lo llaman cimarrón. <<
278
[11]
China.— India pampa; y también manceba. Por extensión, se aplica a la criolla morena
del pueblo y a las sirvientas que llegan del campo a la capital. A pesar de todo, esta voz no
siempre es despectiva. <<
279
[12]Poncho.— Prenda de vestir, rectangular, con un abertura en medio, por la que se pasa
la cabeza, de forma que descanse la prenda sobre los hombros, y caiga suelta hasta cubrir
las rodillas. Arrollado al brazo, sirve de escudo que pare los golpes de cuchillo del
enemigo. Se arrastra el poncho para provocar a pelea a quién ose pisarlo. Si se pisa el
poncho es señal de que se acepta el desafío. A veces hay quien hace pisar el poncho al
contrario, y de un tirón les obliga a que caiga. <<
280
[13] Apiarse.— Apearse. <<
281
[14]Pellón.— Es pellejo de oveja, que se coloca sobre la silla del caballo para comodidad
del jinete. <<
282
[15] Pingo.— Caballo brioso y ligero; también se le suele llamar flete <<
283
[16] Palenque.— Poste o estaca donde atar animales. <<
284
[17] Bagual.— Caballo sin domar. Cimarrón, Potro. <<
285
[18]
Los cueros le acomodó.— Lo ensilló. <<
286
[19] Playas.— Terrenos llanos y limpios. <<
287
[20] Sotreta.— Caballo inutil por viejo o por mañas. Se emplea esta voz como insulto. <<
288
[21] Paletas.— Cuartos delanteros de la res. <<
289
[22] Lloronas.— Espuelas. <<
290
[23]
Caromas.— Piezas grandes de suela o cuero crudo que se usan para proteger al
caballo del roce de las argollas de la cincha. Se coloca bajo la silla o recado. <<
291
[24]
Baquiano.— Es el que tiene destreza o baquía en algo; y, sobre todo, el que, por ser
buen conocedor del terreno, sirve de guía. <<
292
[25]
Se boliase.— Se levantase el potro sobre las patas, echándose hacía atrás, en son de
rebeldía. <<
293
[26]Cabresto.— Soga que, prendida a la argolla del bozal, sirve para atar el caballo o
llevarlo de tiro. Es hazaña de domador parar un potro con el cabresto en la mano. <<
294
[27] Repuntaban.— Reunían <<
295
[28] Tropilla.— Conjunto de caballos domados que obedecen a una yegua o madrina <<
296
[29]Tropilla de un pelo.— Es aquella en que todos los animales son de un mismo pelo o
color. <<
297
[30]
Yerra.— Acto de marcar con el hierro los ganados. Se realizaba en los meses de
septiembre y octubre. «La hierra, que es como la vendimia de los agricultores, es una
fiesta cuya llegada se recibe con transportes de júbilo; allí es el punto de reunión de todos
los hombres de veinte leguas a la redonda; allí la ostentación de la increíble destreza en el
lazo». (SARMIENTO: Facundo). <<
298
[31]Pialador.— Que piala, es decir, el gaucho que arroja el pial o tiro de lazo que se lanza a
las patas delanteras del animal que huye para derribarlo. <<
299
[32] Tironiador sin yel.— Tironeador sin hiel, el que derriba el ganado diestramente <<
300
[33]
Carne con cuero.— Carne asada envuelta en el propio cuero del animal. El asado con
cuero es de obligación en las solemnidades, fiestas populares, yerras, etc. Se pone la
carne a asar a prudente distancia de las ascuas, por la parte del cuero, para que resulte un
asado parejito es decir, en su punto. <<
301
[34]Carbonada.— Guiso de pedacitos de carne de vaca u oveja hecho con grasa fina y
trozos de maíz tierno, rapallo, arroz, etc., y sazonado con sal y pimentón <<
302
[35]Mazamorra.— Guiso criollo de maíz maduro. Majado el maíz en el mortero, y sin el
hollejo ya, cocido en agua y con un pequeña cantidad de ceniza. Para que salga espesa,
como es debido, se la pisa o apisona con un mecedor de madero, al modo como se bate el
chocolate. Esta voz se empleó en España en el siglo XVI para nombrar el potaje de los
galeotes y, después, para designar el bizcocho que se racionaba a la marinería,
generalizándose en América para nombrar la comida de maíz de los indios. <<
303
[36] Tiento.— Tira de cuero; por extensión, las riendas, el bozal, etc. <<
304
[37] Bolear.— Arrojar las boleadoras sobre la presa para que se enreden en sus patas. <<
305
[38] Pericón.— Baile criollo, en cuadrillas, al son de guitarras. <<
306
[39]
Tapera.— Del guaraní ta (pueblo) y puerá (se fue). Es un rancho o casa en ruinas o
abandonado. <<
307
[40]
Pulpería.— Voz muy generalizada en Hispanoamérica. Es un despacho de comestibles
y bebidas en el campo; almacén, tienda, taberna y casa de juego, todo a la vez. <<
308
[41] Medio caliente.— Ligeramente embriagado. <<
309
[42] Puntiao.— Ligeramente embriagado. <<
310
[43] Matrero.— Huidizo. Rebelde. En el español del siglo VI significaba sagaz, astuto. <<
311
[44] Gringo.— Extranjero, en general; italiano en particular. <<
312
[45] Zanjiador.— Que hace zanjas, acequias, canales. <<
313
[46]
Inca—la—perra.— Por «Inglaterra». <<
314
[47]
De mi flor.— Inmejorable, excelente. La locución completa es de mi flor y truco. En el
juego ese nombre, tener flor y truco es tener las mejores suertes. <<
315
[48]
Esposición.— Por «oposición». <<
316
[49]
Moro.— Caballo moro, el que tiene mezcla de pelos negros y blancos, en mayor
cantidad los negros. <<
317
[50]
Matucho.— Caballo viejo e inutil; caballejo. Término empleado aquí con ponderación
afectiva. <<
318
[51] Ayacucho.— Al sur de Buenos Aires, a unas sesenta leguas. <<
319
[52] Pucho.— Colilla de cigarro. Del quichua puchu; resto, sobras de una cosa. <<
320
[53] Jerga.— Pieza de lana que se pone sobre el lomo del caballo para que no le lastime la
silla. <<
321
[54]
Guasca.— Tira de cuero de vaca. Es voz quichua. <<
322
[55]
Maniador.— Ronzal de cuero crudo y sobado con un presilla en una extremidad. El
gaucho lo usa para atar su caballo y dejarlo pacer con comodidad. <<
323
[56]
Bolas.— Llamadas también boliadoras. Consisten en tres bolas de piedra, forradas de
cuero, que se unen por ramales a una anilla. Se toman de la más chica o manija y,
revolviéndolas, se tiran a las patas del animal para derribarlo en la carrera. <<
324
[57] Manea.— Traba de cuero para las manos del caballo. <<
325
[58]
Estaquiaron.— Amarraron de pies y manos a cuatro estacas, sobre el suelo, para
castigo. <<
326
[59]Cantó el punto.— En el juego de naipes se llama así a declarar el punto que cada
jugador tiene. El verso el jefe nos cantó el punto equivale a «el jefe nos la cantó claras».
<<
327
[60] Se resierte o deserte.— De resertarse o desertarse <<
328
[61]
Pintar del juerte.— Fumar del fuerte; es decir, fumar tabaco muy fuerte; padecer dura
castigo. <<
329
[62] Malevo.— Facineroso. <<
330
[63]
Palermo.— San Benito de Palermo, finca del tirano Juan Manuel Rosas, derrocado en
1852. <<
331
[64]
Cepiada.— Acción de poner al reo en el cepo. <<
332
[65] Chacra.— Plantío de maíz y, por extensión, finca de cultivo. <<
333
[66]
Quincho o quincha.— Tejido de junco para paredes y techos de construcciones rurales.
En voz chicua. <<
334
[67] Hinchando el lomo.— Como los caballos cuando se enojan. <<
335
[68]
Rastrillada.— Rastros dejados en el campo por las caballerías. <<
336
[69] Juego.— Fuego. <<
337
[70]
Chamuscao.— Que está algo embriagado. <<
338
[71]Nandú.— Voz guaraní que designa el avestruz de America o Strutio Americanus
(LINNEO). <<
339
[72] Manotiao.— Robado. <<
340
[73]
Bola perdida.— Bola de piedra, con un canal que la circunda, al que se ata una soga
que sirve de manija. <<
341
[74] Bichoco.— Caballo inutil para la carrera. <<
342
[75] Albotón.— Inutilmente. <<
343
[76]
Malón.— Invasión de indios en son de saqueo. <<
344
[77] Aguaitando.— Acenchando. <<
345
[78]
Golpiándose la boca.— Dando alaridos. <<
346
[79] Redomón.— Potro en amansamiento. <<
347
[80]
Jué puchá.— ¡Hijo de pucha! <<
348
[81] Flete.— Corcel. Se usa con el mismo valor que pingo. <<
349
[82] Echar panes.— Jactarse. <<
350
[83]Las tres Marías.— Las boleadoras. Se llaman de ese modo por semejanza con las tres
estrellas o Tres Marías, que forman el cinturón de Orión. <<
351
[84]
Achura.— Despedaza. Se dice, sobre todo, de las reses a las cuales se les sacan las
achuras o asaduras. <<
352
[85]Escapé con el hilo en una pata.— Como las aves, que, aunque atadas con un hilo por
la pata, logran romperlo para escapar. <<
353
[86]
Yaguané.— Vos guaraní. Dícese de los animales vacunos cuyo pelaje está dispuesto
en dos fajas blancas a ambos lados a lo largo del cuerpo. En el pasaje de MF significa
piojo. <<
354
[87] Ganaba.— Se ocultaba. <<
355
[88]
Desocando.— Estropeando las patas de los caballos. <<
356
[89]Reyuno.— Caballo mostrenco, propiedad del rey, del Estado. Con la Independencia,
los reyunos pasaron a llamarse patrios. <<
357
[90] Plumas.— Las de los ñandues que boelaban. <<
358
[91] Cueros.— Los de vacunos cimarrones que vagaban sin dueño por la pampa. <<
359
[92]
Boliche.— Pequeño despacho de bebidas. <<
360
[93]
Le hacía ver la luz.— Lo que recibía ordinariamente el gaucho en trueque por plumas y
cueros era yerba y tabaco; cuando recibía dinero, le hacían ver la luz. <<
361
[94]
Limeta.— Franco de bebida. <<
362
[95] Güena cuenta.— Anticipo a cuenta de una cantidad mayor que se adeuda. <<
363
[96]
Mascada.— Porción de tabaco negro que se masca. Se usa esta voz en el mismo
sentido que el español «mordisco» en locuciones como «se quedó con un buen
mordisco». <<
364
[97] Horcón.— Poste de madera terminado en horquilla. <<
365
[98] Haciéndome el poyo.— Haciéndome el tonto, disimulando. <<
366
[99] Atracar.— Arrimar. <<
367
[100] Grullo.— Peso de plata. <<
368
[101] Al nuño.— En vano. Inutilmente. <<
369
[102] Guayaca.— Voz quichua. Bolsita guacha de cuero para el dinero o para el tabaco. <<
370
[103] Estaca.— Poste de castigo. <<
371
[104] Guanaco.— Animal de la familia de la llama. Auchenia Lama (LINNEO). <<
372
[105] Charabón.— Avestruz que no ha terminado de criarse. Muchachito. <<
373
[106] Fundido.— Arruinado. <<
374
[107]Taba culera.— La que por defecto o engaño tiende a caer siempre de culo. Perdiendo
la suerte el que, descuidado, la tira. <<
375
[108] Milicos.— Milicianos. <<
376
[109]Milonga.— Baile criollo y tonada popular en versos octosílabos, que se acompaña con
guitarra. <<
377
[110] Barunda.— Barahúnda. <<
378
[111] ¡Aijuna!.— ¡Ay, hijo de una! <<
379
[112]
Bozal.— Torpe, que habla trabajosamente. <<
380
[113] Papolitano.— Napolitado. <<
381
[114]
Peludo.— Borrachera. <<
382
[115] Fui el pavo de la boda.— Fui la víctima. <<
383
[116]
Hagarto.— Haga alto. <<
384
[117] Lagarto.— Ladrón, en lenguaje de germanía. <<
385
[118]
Chumbo.— Voz portugues, por plomo, bala. <<
386
[119] Nación.— Extranjero. <<
387
[120] Medio en pedo.— Medio ebrio. <<
388
[121] Carniar.— Matar una res para utilizar la carne. <<
389
[122] Lengüetiando pico a pico.— Charlando unos con otros. <<
390
[123] Pitan.— Fuman. <<
391
[124] Naco.— Mazo o rollo de tabaco. <<
392
[125] Vichar.— Otear, atisbar, espiar. <<
393
[126] Tolderias.— Conjunto de toldos o campamento indio. <<
394
[127]Don Ganza.— El coronel Martín de Gainza, ministsro de la Guerra durante la
presidencia de Sarmiento (1868-74). <<
395
[128] Cotin.— Tela rayada de colchón. <<
396
[129] Rayas.— Que indican lo que se adeuda. <<
397
[130] Me hice humo.— Me escabullí. <<
398
[131] Peludo.— Especie de armadillo o quirquincho. <<
399
[132]
Vizcachera.— Madriguera de la viscacha, con multitud de bocas abiertas en un
espacio circular, muy peligrosas para los jinetes. <<
400
[133] Como hijitos de la cuna.— Como incluseros. <<
401
[134]
Ni romada ande ganarse.— Ni tejado que los cobije. <<
402
[135] Ha de llevarme en la armada.— Ha de sujetarme o dominarme con la armada del lazo.
<<
403
[136]
Aprestesé el gorro.— Apréstese a correr. <<
404
[137]
Tirador.— Cinto de cuero; cuando es lujoso, chapado con monedas de plata. Se cierra
con una rastra o broche grande de plata, del que cuelgan monedas. <<
405
[138]
Mamúa.— Borrachera. <<
406
[139] Corona.— Trozo de cuero crudo de vacuno, generlamente con pelo. <<
407
[140] Talariar.— Tararear. <<
408
[141] Retobao.— Enojado, airado. <<
409
[142]
Tamango.— Voz brasileña. Se aplica al calzado rústico de cuero que cubre los pies
hasta el tobillo. De uso entre los negros. <<
410
[143]
Porrudo.— El gauchesco porra responde, aunque su sentido es más extenso, al
español vedija. Porrudo se aplica a los caballos cuando su pelo es largo y enredado. <<
411
[144] Y ya se me vino al humo.— Me atacó. <<
412
[145]
Chanchito.— Chancho se llama, en Rio de la Plata, a lo que se llama en España
cerdo, puerco, cochino, etc. <<
413
[146]
Pelando el envenao.— Sacando un cuchillo con mango envenado; es decir, con
mango de madera fortalecido con una tirilla de verga de toro. <<
414
[147] Abrí cancha.— Hice sitio, Abrí camino. <<
415
[148] Refalao.— Resbalado, quitado. <<
416
[149] Mamo.— Borracho. <<
417
[150] Abaraje.— Paré (los golpes de cuchillo del adversario). <<
418
[151] Facón.— Cuchillo grande, de gavilán, cual espada corta. <<
419
[152] Aspas.— Astas, cuernos. En medio de las aspas quiere decir en medio de la cabeza.
<<
420
[153] Le coloriaron las motas.— Se le cubrió de sangre la lana de la cabeza. <<
421
[154]
Carnero.— En antiguo español y en gauchesco significa osario. Y ya cantó pa el
carnero quiere decir «y ya se murió». <<
422
[155] Ají.— Pimiento picante. <<
423
[156]
Al tranco.— Al paso largo y firme del caballo. <<
424
[157] Tener güen cuero.— Ser hombre de pelo en pecho. <<
425
[158]
Patrio.— Caballo propiedad del estado. <<
426
[159]
Garancho.— Ave de rapiña, carnicera. Ataca y devora pájaros, reptiles, moluscos y
gusanos, y destruye los cadáveres que encuentra. <<
427
[160]
Chajá.— Voz guaraní. El chajá es un ave zancuda de tamaño del pavo, de color
ceniciento. Construye su nido en los cañaverales. Siempre vigilante, grita al oír el menor
ruido. <<
428
[161] Bombiao.— Visto, espiado, advertido. <<
429
[162] Mataco.— Especie de armadillo. <<
430
[163] Les gané el tirón.— El gaucho, al enlazar a la res, pega un tirón del lazo, antes que
ella tire por su cuenta. <<
431
[164] Angurria.— Hambre: deseo vehemente. <<
432
[165] Garifos.— Apuestos, ufanos, altaneros. <<
433
[166] Chapetón.— Novato, inexperto. <<
434
[167] Tacuara.— Voz guaraní. Caña; asta de lanza, chuza. <<
435
[168]
Hecho ovillo.— Encogido, con el brazo izquierdo tapado por el poncho y doblado
sobre el brazo derecho, empuñando el chillo con este, así fortalecido. <<
436
[169]
Por el suelo la puerta—de mi facón les jugué.— Es un alarde del gaucho ante su
enemigo el rayar el suelo con el facón. <<
437
[170] Como lista.— Como lista de poncho, es decir, ininterrumpidamente. <<
438
[171]Era robo.— Era fácil, en demasía. Como cuando se apuesta en el juego, siendo una
parte notoriamente superior a la otra. <<
439
[172] A la fija.— Sobre seguro. <<
440
[173] Como maleta.— Caído sobre el caballo; malherido. <<
441
[174] Pijotiaba.— Cicateaba. <<
442
[175] Despilchao.— Andrajoso. Del gauchesco pilcha, prenda. <<
443
[176]
Y sé hacerme el chancho rengo.— Yo sé hacerme el sueco, disimular. <<
444
[177] Ardiles.— Ardides. <<
445
[178] Chifle.— Vasija hecha con asta de buey para agua o aguardiente. <<
446
[179]Pilcha.— Prenda de vestir o del recado de montar. Se usa en el msmo sentido
afectuoso que el español «prenda». <<
447
[180]Rebozo.— Manto con que las mujeres se cubren la cabeza y el cuerpo hasta la
cintura. <<
448
[181] Pollera.— Falda. <<
449
[182] Saguaipé.— Voz guaraní que designa a la fasciola hepática, especie de sanguijuela.
<<
450
[183] Chasque.— Del quichua chasqui, correo de a pie. <<
451
[184] Guacho.— Cría o ternero sin madre. Y huérfano sin padre conocido. <<
452
[185] Pér.— Pronúnciese la e como ee. <<
453
[186]
Poné cuarta pa salir.— Cuarteándolo. Ayudándolo. Se llama cuarta al lazo que, atado
por un extremo al vehículo y por otro a la cincha de un caballo, sirve para sacar los carros
de un atasco. <<
454
[187] Noque.— Recipiente de cuero para guardar grano u otros productos. <<
455
[188]
Gato.— Baile criollo, que era el preferido en las fiestas camperas. Lo ejecuta una
pareje que solamente danza (gato corrido) o baila y canta a la vez (gato con relaciones).
<<
456
[189] Changango.— Guitarra. <<
457
[190]
Pango.— Enredo, barahúnda. <<
458
[191] Volié el anca.— Voltear la pierna para apearse del caballo y encararse con alguien. <<
459
[192] Toma.— Bebe, se embriaga. <<
460
[193] Como carne de paloma.— Flojo, cobarde. <<
461
[194] Lata.— Sable. <<
462
[195] Matanbre.— Carne de vaca entre el costillar y el cuero. <<
463
[196] Tranquera.— Puerta de troncos en los cercados, potreros o corrales. <<
464
[197] Al estricote.— Caprichosamente; despreciativamente. <<
465
[198]Le pelan la chaucha.— Le quitan hasta el pellejo. Chaucha es la vaina de los porotos
o judias. <<
466
[199] Mulita.— Mamífero desdentado semejante al mataco. <<
467
[200]
Quirquincho.— Término genérico que designa toda la clase de armadillos, como el
mataco, la mulita, el tatú, el peludo, el piche y el pichiciego. <<
468
[201]
Toldería.— Conjunto de toldos o viviendas indias. Un toldo es una tienda de madera y
cuero. Las cumbreras, horcones y costaneras son de madera; el techo y las paredes, de
cuerpo de potro, cosido con venas de avestruz. Los toldos tienen una gran abertura para la
ventilación. <<
469
[202]
Nos dejó a flús.— Sin recursos. Flux en el juego de la primera, consiste en tener las
cuatro cartas de un mismo palo. <<
470
[a] «Lo sorprendí en el jogón», en edic. 1872. <<
471
[b] «La mesma falta lo espone», en edic. 1872. <<
472
[c] «que algún día se ha de parar», en edic. 1872. <<
473
[d] «que los bienes igualaban», en edic. 1872. <<
474
Notas Parte II
475
[1]
Treinta y una.— Juego de naipes en que hay que hacer este número de puntos para
ganar.<<
476
[2]
Alzar la prima como pa tocar el aire.— Estirar la cuerda para que suba el tono, sin
apretarle los trastes.<<
477
[3]
Manija.— Es la bola más pequeña y menos pesada de las boleadoras, la que el gaucho
toma para hacer girar las otras dos. Aflojar la manija: ceder.<<
478
[4] Trapitos para golpiar.— Cuando se lava, se golpean y estrujan los trapitos.<<
479
[5]
Otras cuarenta.— Otra cosa; asunto diferente; harina de otro costal.<<
480
[6] Pampero.— Viento que sopla del sudoeste de la Pampa y arrastra arena.<<
481
[7]
Yuyos.— Del quichua yuyu: hierba tierna, maleza.<<
482
[8] Bombero.— El que espía o acecha u observa. De bombiar.<<
483
[9]
Lengüeteo.— Habla confusa.<<
484
[10]Rayando el flete.— Sofrenando al caballo cuando galopa, de forma que resbale y raye
el suelo con las patas. Es una alarde de equitación.<<
485
[11]
Huaincá.— Los araucanos llamaban huinca al español. Los indios de la Pampa llaman
así a todo hombre blanco.<<
486
[12] Piche.— Es uno de los quirquinchos o armadillos de la Pampa.<<
487
[13]
Mancarrón.— Es un caballo viejo con las patas estropeadas. Hernández lo emplea
simplemente por caballo.<<
488
[14] Carguero.— Caballo de carga.<<
489
[15]
Santiagueño.— Natural de Santiago de Estero, provincia del interior.<<
490
[16] Cueriar.— Sacar el cuero a la res.<<
491
[17] Puntas.— Rebaños. <<
492
[18] Pelar la breva.— Despojar. <<
493
[19] Al ñudo.— Inutilmente. <<
494
[20]
Caciques.— Se refiere a Calfucurá y Baigorria, que en 1872 ya habían desaparecido; a
Carril, Coliqueo y Grande, sometidos al Gobierno; en 1879, el general Roca da fin a la
conquista del Desierto, quedando solo Namuncurá, refugiado en las montañas. <<
495
[21]
Chusma.— Se refiere a los viejos, a las mujeres y a los niños; es decir, a los que no
pelean. <<
496
[22] De lanza.— Los que pelean. <<
497
[23] Hacer su papelón.— Hacer el ridículo. <<
498
[24] Al estropajo.— Sin miramiento alguno. <<
499
[25]
Como aquel cuervo que no volvió del mandao.— El que envió Noé para saber si
habían decrecido las aguas del Diluvio; no volvió al Arca. <<
500
[26] Ioká-Ioká.— Exclamación de los indios pampas para darse ánimo. <<
501
[27] Virgüela.— Viruela. <<
502
[28]
Gualincho.— Nombre tehuelche; designa al espíritu del mal. Vale también por brujería
y bebedizo. <<
503
[29]
Confechando.— Confesando: Los indios solían pronunciar la s y z españolas como
cha; así achucar (azucar), lachu (lazo), chilla (silla), etc. <<
504
[30] A este.— Se refiere ponderativamente al puñal («que no yerra fuego»). <<
505
[31]
Tape.— Los indios tapes constituían una rama de los guaraníes y ocupaban territorios
desde el sur de Brasil hasta el norte de la costa argentina. En el pasaje de Hernández,
tape equivale al tal, el tal tipo. <<
506
[32]Se apotra.— Como el potro, que la enfurecerse se ciega de rabia y no advierte el
peligro que le amenaza. <<
507
[33]
Chiripá.— Del quichua chiri (frio) y pac (para). Es un calzón amplio que usan los
gauchos. Se sujeta a la cintura con una faja. Cubre hasta las rodillas. <<
508
[34] Tampoco yo le daba alce.— Tampoco yo le daba respiro. <<
509
[35]
Soga.— De las boleadoras. <<
510
[36] Chapaliaba.— Chapoteaba. <<
511
[37] Oscuro tapao.— Enteramente negro. <<
512
[38]
Correr boliao.— Los indios pampas enseñaban a sus caballos a correr con las patas
boleadas o maniadas. <<
513
[39] Como luz.— Muy rápido. <<
514
[40]
Entrevero.— Choque de dos cuerpos de caballería enemigos, frecuente en las guerras
con los indios. <<
515
[41]
Como trompo, en la boca—da güeltas sobre de un cuero.— Un alarde de equitación de
los gauchos: consistía en hacer dar vueltas al caballo sobre un cuero de vaca, cuidando
que no pisara nunca fuera del cuero. <<
516
[42] Barear.— Ejercitar un caballo para la carrera. <<
517
[43] Guadales.— Tremedales. Terrenos movedizos. <<
518
[44]
Bastos.— Bastes; lomillo; es una silla sin arzones; consiste en los rollos de paja, junco
o cerda forrados con cuero. Estos rollos se asientan sobre uno y otro lado del espinazo del
caballo. <<
519
[45]
Me se sacudir el polvo sobre los bastos.— Significa ser buen jinete. <<
520
[46] Chafalote.— Caballo pesado y desgarbado. <<
521
[47]
Frangoyadores.— Gente de poco mérito. <<
522
[48] Un medio.— Moneda de níquel de cinco centavos. <<
523
[49]
Parejero.— Caballo adiestrado con otro. <<
524
[50] Abomba.— Atonta. <<
525
[51]
Amujar.— Amusgar; bajar las orejas, como lo hace el caballo. Es signo de tranquilidad
y mansedumbre. <<
526
[52]Embretao.— Encerrado. Brete en español, significaba prisión o calabazo; en
gauchesco, corral de paños en que se encierra el ganado. <<
527
[53] Costiarse.— Costearse. Trasladarse a un lugar con dificultades o molestias. <<
528
[54] Peluda.— Peliaguda, dificultosa. <<
529
[55]
Como moro sin señor.— En esta locución concurres dos españolas: como mozo sin
señor (en completa libertad) y como moros sin señor (en gran confución, en desorden). <<
530
[56]Estribar entre los dedos.— El domador no usaba estribos, sino un nudo de lazo, sobre
el que apoyaba el dedo pulgar y su vecino. <<
531
[57]
Cerdiar yeguas.— Cortar sus cerdas. Las yeguas se cierdiaban, pero los caballos, no.
<<
532
[58]Viscacha.— Palabra de origen quichua que designa a un roedor barbudo. Habita en
viscacheras, de las que sale de noche. Posee uñas muy fuertes. Trabaja de noche. <<
533
[59]
Arriador.— Arreador o tralla. <<
534
[60] Chicote.— Del látigo. <<
535
[61] Paco.— Fanfarrón, falso. <<
536
[62] Chuncaco.— Parásito semejante a la sanguijuela. <<
537
[63] Varraco.— Verraco. Cerdo. <<
538
[64] Poncho calamaco.— Poncho ordinario, de mala calidad, corto. <<
539
[65]
Clavo.— Punta de la picana o aijada. <<
540
[66]Cantramilla.— Palito de unos diez centímetros de largo, rematado en un clavo; cae
verticalmente de la picana. En las carretas de seis bueyes, con el clavo se aguijaba a los
bueyes delanteros; con la cantramilla, a los intermedios. <<
541
[67]
Tala.— Árbol espinoso, frondoso, alto, de ocho a doce metros. <<
542
[68]
Jagüel.— Voz antillana, de uso general en América. El jagüel es un abrevadero. Se
hace cavando en el suelo. Recoge las alguas de las lluvias. <<
543
[69]
Seca.— Sequía. <<
544
[70] Como cerro.— Firme como un cerro. <<
545
[71] Toruno.— Toro castrado, siendo ya adulto; hombre ya maduro. <<
546
[72] Cimbrón.— Golpe. <<
547
[73] Puyones.— Espolones de acero con que se calzan los gallos de pelea. <<
548
[74] Culandrera.— Curandera. <<
549
[75]
Güy corneta.— Es el buey que solo tiene un cuerno por habérsele quebrado el otro. Es
perturbador en la boyada. <<
550
[76]
Chaguarazo.— Latigazo. Cháguar o chaguar es una planta textil, con cuyos filamentos
se hacen las sogas. <<
551
[77]
Copo.— Con esta palabra, en el juego del monte y el pavo, el jugador da a entender
que apuesta tanto como tiene el que talla. <<
552
[78] Gano en puerta.— Con la primera carta que sale. <<
553
[79]
Yo tayo y apunto.— Expresión del juego del monte. Como si dijera «Yo solo juego». <<
554
[80] Apeló a las de gaviota.— A las piernas. <<
555
[81] Torzales.— Sogas de cuero crudo, retorcidas. <<
556
[82]Pavas.— Calderas de hierro donde se calienta el agua para tomar mate o para otros
fines. <<
557
[83] Lonjas.— Tiras de cuero. <<
558
[84] Cojinillos.— Mantas de lana en la silla de montar. <<
559
[85] Guasquería.— Conjunto de guascas. <<
560
[86] Recadito cantor.— Recado de montar pobre y ordinario. <<
561
[87]
El bonete me apreté.— Huí. <<
562
[88] Chucho.— Fiebre palúdica; miedo. <<
563
[89] Refocilo.— Relámpago. <<
564
[90] Me cayeron sin ruido.— Me acometieron de improviso. <<
565
[91] Peladera.— En que se despluma a los incautos. <<
566
[92] Y la media arroba lleva.— Y lleva mucho por delante. <<
567
[93]
Con una cincha bien puesta.— Cuando se sacan dos cartas juntas, de forma que
parezcan una sola, y no se note la trampa. <<
568
[94] Pierden en puertas.— En el juego del monte con la primera carta que sale. <<
569
[95]
Y en treses.— Jugada el monte. Consiste en prescindir de las tres primeras cartas, si
no son convenientes. <<
570
[96] Mamarán.— Locución del juego del monte. <<
571
[97] Una mulita.— Un inexperto. <<
572
[98] A la manchita.— Juego de chicos. <<
573
[99]Y sentar la de la boca.— Echar hacia atrás la primera carta, con disimulo, y sacar la
siguiente. <<
574
[100] Un pastel.— Baraja arreglada de forma que salgan las cartas que uno quiere. <<
575
[101]
Descarte.— Revisión de las cartas para comprobación de que no se han hecho
trampas. <<
576
[102] Dao.— Dado. <<
577
[103]
Cargado.— Dado al que se le hace un agujerito y se le llena de plomo. <<
578
[104] Cruzao.— Dado que tiene dos caras opuestas iguales. <<
579
[105]
Chivo.— Dado que tiene todas las caras iguales. <<
580
[106]
Pichicos.— Huesos de las patas del ganado vacuno con que jugaban los chicos del
campo. <<
581
[107]
Un nápoles.— Un napolitano. <<
582
[108] A la treinta y una.— Juego de billar. <<
583
[109]
Le daba bola vista.— Mostraba al contrario la propia bolilla—numerada y que se sacó
de una bolsa al comienzo del juego del treinta y una—, lo que supone una gran ventaja. <<
584
[110] Merchería.— Mercancía. <<
585
[111] Ñato.— Chato. Se usa afectivamente, y también como un insulto. <<
586
[112]
Co… mo… quiando.— Hernández juega aquí con las expresiones «como que ando» y
«moqueando». <<
587
[113] Que no lo podía pasar.— Que no lo podía tragar; que le era antipático. <<
588
[114]
Ña… to… ribia, no cebe el agua tibia.— Burla semejante a la de co… mo… quiando.
Es decir: Doña Toribia, no prepare usted el mate, no lo cebe con agua tibia. Picardía ha
encontrado así manera de llamar ñato al recién llegado. <<
589
[115]
Le arrimaré los huesos.— Por falta de árboles en la Pampa de Buenos Aires se
enciende fuego con hierbas, boñigas y huesos. Aquí también juega Hernández con las
palabras, pues en realidad Picardía ofrece arrimar «sus» huesos al cuerpo de la mujer. <<
590
[116]
San Ramón.— Abogado de las parturientas, del que ya no se acuerdan una vez
pasado el trance. <<
591
[117] Comiqué.— Comité. <<
592
[118] Boleta.— Papeleta electoral. <<
593
[119] Atravesao.— En situación desventajosa. <<
594
[120] Fi a jenetiar en el cepo.— Fui a cabalgar en el cepo de la prisión. <<
595
[121]
Tramojo.— Es un palo u horqueta que se ata en el pescuezo de manera que el animal
no pueda correr o alejarse, ni trasponer cercados. <<
596
[122] Voltiada.— De voltiar; voltear, hacer caer, derribar. <<
597
[123]
Andas de florcita.— Que holgazanea, pasea o lleva vida de ocio y regalo. <<
598
[124] Hizo una cuerpiada.— Se desentendió. <<
599
[125]
Andar de pica flor.— Andar de fiesta en fiesta, de rancho en rancho y en amores.
Picaflor es un pájaro muy pequeño y de plumaje vistoso que se considera como el símbolo
de la inconstancia, pues continuamente salta de flor en flor. <<
600
[126] Tumba.— Rancho de soldado, consistente en un trozo de carne cocida. <<
601
[127]
Comisario.— Pagador el ejército. <<
602
[128]Yapá.— Del quichua ya (unión) y pa (que hace). Se llama así a la parte más gruesa y
fuerte del lazo. De yapa, por añadidura. <<
603
[129] Jugarle manganeta.— Engañarle, enredarle. <<
604
[130] Lo pifiaban.— Se burlaban de él. <<
605
[131] Cuja.— Cama de madera. <<
606
[132]
Vicios.— En el habla corriente y en expresiones como «mis únicos vicios», se alude al
tabaco, a la bebida, etc. <<
607
[133] Se limpiaban los hocicos.— Murmuraban. <<
608
[134] Como pan bendito.— Muy poco. <<
609
[135] Rajido.— Ragueo. <<
610
[136] Parada.— Se llama así a la cantidad que se apuesta en el juego. <<
611
[137] Jamás me la han de llevar robada.— Jamás me la han de llevar fácilmente. <<
612
[138]Vamos en el mismo pucho a prenderle.— Como quien enciende o priende un cigarro
con la colilla o pucho de otro. Continuar. <<
613
[139]
Macá.— Voz, de origen guaraní, con que se designa el Aechmophorus mayor, ave
acuática. <<
614
[140] En vaca.— De acuerdo. Se dice de los que juegan de compañeros. <<
615
[141] Mate.— Baza donse se prepara la infusión del mismo nombre. <<
616
[142] Doy la derecha.— Reconozco el mérito. <<
617
[143] Despunta.— Sobresale. <<
618
[144]Meses que traien erre.— Enero, febrero, marzo, abril, septiembre, octubre, noviembre,
diciembre. Los meses sin erre —mayo, junio, julio, agosto— son fríos en la Pampa y poco
prácticos para la agricultura allí. <<
619
[145]
Machetiar.— Maltratar. <<
620
[146]
Payamos.— Cantamos en competencia. Se llama payador al paisano que paya o
improvisa en las pulperias y ranchos, acompañándose de la guitarra; y payada es el canto
de contrapunto en que los dos payadores se proponen dificultades en verso que han de
repentizar. Han sido famosos payadores Santos Vega, Nemesio Trejo, Pablo J. Vázquez.
<<
621
[147]
De cuerpo.— Agil. <<
622
[148] Lomillo.— Es la pieza principal del recado de montar. <<
623
[149]
Pa asigurarlo bien—la argolla del lazo entierra.— Es decir, hace un hoyo con el facón
y entierra el lazo, y apisona luego la tierra. <<
624
[150]
Da del hombre mala idea.— Es decir, del gaucho, pues el lazo puede lastimar las
patas del caballo. <<
625
[151] Menas.— Clases. <<
626
[152]
Botón de pluma.— Tejido en forma de botón para algunas prendas del recado de
montar, hecho con plumas de aveztruz. Cuando el avestruz de la pampa se hizo más raro,
se emplearon para estos tejidos tiras muy delgadas de cuero (tientos). <<
627
[153]Dar lazo.— Después de enlazada la res, se deja que se desenrolle el lazo hasta que
llegue le momento oportuno de dar tirón y reducirla. <<
628
[154]Chimango.— Ave de rapiña, que grita mientras come las piltrafas adheridas a las
pieles puestas a secar al sol. <<
629
[155] Leche.— Jugo blanco y cáustico de algunas plantas. <<
630
[156] Cuero flaco.— Es el preferido para hacer lazos de enlazar. <<
631