Modulo AS
Modulo AS
Clase 1
De los procesos cognitivos individuales a los procesos sociales de aprendizaje
Les damos la bienvenida a la primera clase del Módulo “Aportes de la Sociolingüística a la
alfabetización inicial” y como ya resulta habitual en nuestra Especialización, para comenzar les
proponemos repasar las vinculaciones conceptuales de este nuevo módulo con los otros.
Este Módulo recupera los problemas planteados de modo general en el Módulo “Perspectivas
para la alfabetización inicial” en relación con las pugnas, debates y obstáculos que se
presentan para pasar de la configuración de un sistema educativo alfabetizador propio del
modelo un Estado-una Lengua, a un modelo que dé cuenta de la realidad multilingüe y
pluricultural de los estados contemporáneos.
Además, establece un diálogo argumentativo con el Módulo “Aportes de las ciencias cognitivas
a la alfabetización inicial” en torno a la relación y tensión entre el carácter cognitivo y mental y
el carácter social y simbólico de las lenguas naturales, en relación con la enseñanza escolar de
la lectura y la escritura.
Ambos módulos tienen como antecedente el abordaje de la lengua escrita como sistema
semiótico no natural expuesto en el Módulo “Aportes de la Lingüística y la historia de la
Escritura a la alfabetización inicial”.
Todos constituyen disciplinas de referencia de la Didáctica de la alfabetización inicial.
Introducción y enfoque
En este Módulo Aportes de la Sociolingüística a la alfabetización inicial reflexionaremos
acerca de los saberes que desde dicho campo disciplinar pueden contribuir al conocimiento de
la docencia respecto del uso de las lenguas en contexto para conocer su impacto en la
alfabetización. Los saberes provenientes de la Sociolingüística pueden aportar elementos
para pensar una didáctica de la lectura y la escritura inicial contextualizada y
adecuada al dinamismo y heterogeneidad de los entornos sociales, por lo que en este
Módulo se fundamentará una posición frente a los hechos lingüísticos que permita
comprender la dimensión social de las lenguas y su impacto en la escuela, que tiene el deber
de garantizar el derecho a la alfabetización. Esta posición frente a los hechos lingüísticos habrá
de contribuir a la reflexión sobre los siguientes temas:
(a) la lengua y las lenguas son sistemas lingüísticos y cognitivos pero también sistemas
situados, socialmente simbólicos e históricos;
(b) el carácter dinámico de la lengua y las lenguas y su variación guardan relación con los
factores sociales que funcionan como variables del cambio lingüístico, como por
ejemplo, el territorio, el tiempo, el estrato social, el contexto y el registro;
(c) la lengua y las lenguas son objeto y/o resultado de políticas y de planificaciones
lingüísticas.
De hecho, los sujetos que enseñan y los sujetos que aprenden hablan diversas variedades
lingüísticas que adquirieron desde su infancia y esas variedades lingüísticas, aunque
procesadas cognitivamente, están correlacionadas con factores sociales de clase, género y
región, pero además están connotadas socialmente. Estas connotaciones pueden incluir
prejuicios que necesariamente inciden en las prácticas de enseñanza y en las condiciones del
aprendizaje. Por ejemplo, las representaciones sociales, especialmente las de los docentes,
sobre las lenguas que hablan los alumnos, en cuanto a su prestigio o utilidad o la falta de
ambos, pueden influir en el modo de superar las dificultades que genera la propia forma de
hablar en el contexto del aprendizaje de una lengua escrita y también en su uso. Aspectos
emocionales, sociales e históricos, asimismo, pueden bloquear o habilitar ciertos usos de las
lenguas, lo que produce resultados diversos aun si las características cerebrales de partida de
los niños son iguales.
La educación es un derecho social, por lo cual en la medida en que no se trabaje en esos
aspectos será difícil alcanzar la deseada equidad social y garantizar la equidad en la
alfabetización.
¿La lengua refleja el pensamiento? ¿Habla bien quien piensa bien? ¿Piensa bien
quien habla bien? ¿La sintaxis responde a la lógica de razonamiento? ¿Si un sujeto
no habla, es “corto de mente”? ¿Se puede mejorar una lengua? ¿Los insultos son
señal de degradación moral? ¿La lengua refleja el espíritu del pueblo que la habla,
o, a la inversa, la lengua que habla un pueblo influye en su espíritu? ¿Los
argentinos debemos desarrollar una lengua propia para reafirmar nuestra identidad
nacional? ¿Hay lenguas más prestigiosas que otras? ¿Las lenguas sin escritura
tienen gramática? ¿El que no habla como yo, habla mal? ¿Antes se hablaba bien y
ahora se habla mal? ¿Los jóvenes hablan mal? ¿Hablar dos lenguas confunde y
dificulta la alfabetización?
En distintos períodos históricos, se han dado respuestas afirmativas a estas preguntas en las
que confluyen actitudes, percepciones y representaciones acerca de las lenguas y el lenguaje
que podríamos llamar “ideas sobre el lenguaje y las lenguas” y que acompañan las demás
ideas existentes en una sociedad sobre diversos temas y problemas, las cuales, a su vez, están
entrelazadas con la estructura social (Narvaja de Arnoux y Bein, 1999).
Según Narvaja de Arnoux y Bein (1999), en los últimos veinte años se fue desarrollando el
concepto de representaciones sociolingüísticas. Se trata de formas de conocimiento
socialmente elaboradas y compartidas, que contribuyen a la construcción de una realidad
común a un conjunto social. Según este concepto, las representaciones son una suerte de
pantalla ideológica que –como una lente que distorsiona la visión– se “interpone” entre las
prácticas lingüísticas reales y la conciencia social de esas prácticas.
Estas representaciones influyen en la práctica; por ejemplo, Roberto Bein (2009) observa que
quienes piensan que el inglés permite conseguir trabajo, intentarán aprender ese idioma o
ejercer presión para que el sistema escolar incluya su enseñanza; ante la afirmación de que
Argentina es un país monolingüe y de que las lenguas indígenas son menos prestigiosas que
las extranjeras, los hablantes de lenguas nativas podrían ocultar o negar su conocimiento de
esas lenguas, y sus hijos y nietos podrían acabar no hablándolas; y con una valoración
negativa de la variedad argentina, habrá maestros que enseñen el paradigma verbal con el
tuteo y sin el voseo, por más que en su práctica real voseen a los alumnos.
Las representaciones tienen materialidad discursiva, es decir, están formadas por discursos
que circulan en la sociedad, e igual que en el caso de la ideología, puede haber discursos y
contradiscursos. Pero como se explicó, no se corresponden con las prácticas lingüísticas reales.
De allí que luego muchas de estas afirmaciones sean falsas o parcialmente verdaderas; sin
embargo, pueden ser modificadas poniendo en circulación discursos que las modifiquen.
Luque Durán 1:
[Link]
Luque Durán 2:
[Link]
Luque Durán 3:
[Link]
¡Muchas gracias!
Verónica Nercesian
BIBLIOGRAFÍA
Blanco, Mercedes Isabel. 2001. “La lengua como conflicto: prescripción y estandarización en la
historia del español de la Argentina”, en Políticas Lingüísticas. Norma e identidad, Bein,
R. y J. Born (eds.), pp. 99-109. Buenos Aires: Instituto de Lingüística, Facultad de
Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.
Chomsky, Noam. 1992 [1988]. El lenguaje y los problemas del conocimiento. Conferencias de
Managua 1. Madrid: Visor Distribuciones S.A.
Dehaene, Stanislas. 2014 [2009]. El cerebro lector. Buenos Aires: Siglo Veintiuno
Gallardo, Andrés. 1978. “Hacia una teoría del idioma estándar”. RLA 16. Universidad de
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García P. y Szretter Noste, M. 2009-2010. Aproximaciones a la sociolingüística, en Ministerio
de Educación INFD, La formación docente en alfabetización inicial, pp.119 a 137.
Narvaja de Arnoux, Elvira y Roberto Bein (comps.). 1999. Prácticas y representaciones del
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Readings in the Sociology of Language, Fishman, J.A. (ed.), pp. 531-545. The
Hague/París: Mouton.
Tusón, Jesús. 1988. Mal de llengües. (A l’entorn dels prejudicis lingüístics). Barcelona:
Empúries.
Autora: Verónica Nercesian
Cómo citar este texto:
Nercesian, Verónica (2015). Clase Nro. 1. De los procesos cognitivos individuales a los
procesos sociales de aprendizaje. Módulo Aportes de la Sociolingüística a la alfabetización
inicial. Especialización Docente Superior en alfabetización inicial. Buenos Aires: Ministerio
de Educación de la Nación.
Clase 2
Conceptos clave para pensar los contextos sociolingüísticos
Les damos la bienvenida a la segunda clase del Módulo.
En la primera clase de este Módulo se explicó que la pertinencia del enfoque sociolingüístico en
relación con la alfabetización consiste en incorporar a la conceptualización de las lenguas como
sistemas lingüísticos y cognitivos su carácter de sistemas situados, socialmente simbólicos e
históricos. Se explicó, asimismo, que la variación y el dinamismo lingüístico guardan relación
con los factores sociales que funcionan como variables del cambio y que las lenguas son objeto
y resultado de políticas y de planificaciones lingüísticas.
También se explicó la noción de representaciones sociolingüísticas y su relación con las
prácticas de las personas como usuarios de lenguas y variedades con especial proyección de
estos conceptos hacia los que se desempeñan como docentes. Hacer conscientes esas
representaciones que circulan en la sociedad y reflexionar sobre ellas es un paso para repensar
la heterogeneidad sociolingüística con vistas a la didáctica de la alfabetización.
En esta segunda clase se presentan algunos conceptos clave del enfoque sociolingüístico, que
permitirán abordar el análisis y comprensión de las situaciones y contextos sociolingüísticos del
país e incluso de la región. Estos conceptos serán retomados recursivamente en las siguientes
clases.
Se recuperan aquí algunos de los problemas que fueron planteados en el Módulo 2
“Perspectivas para la enseñanza de la alfabetización inicial” en relación con las pugnas,
debates y obstáculos que se presentan para pasar de la configuración de un sistema educativo
y alfabetizador que fue pensado para el modelo un Estado-una Lengua, pero que desde el siglo
XX implementa programas de enseñanza que dan cuenta de la realidad multilingüe y
pluricultural. Los conceptos que aquí se explican deben pensarse en relación con la realidad
sociolingüística y con la historia de nuestro sistema educativo, aspectos que ya fueron
abordados en el Módulo 2 y también en el Módulo 3 “Marco político y pedagógico de la
alfabetización inicial”.
Lenguas y dialectos
El sociolingüista Joshua Fishman acuñó una frase que luego se hizo muy conocida: “Una
lengua es un dialecto con un ejército y una armada”. ¿Qué quiere decir esta frase? ¿Qué
relación mantiene esta frase con la reflexión acerca de la historización de las lenguas?
Al respecto J. K. Chambers y Peter Trudgill (1994) sostienen que hay bastante verdad en esa
afirmación porque muestra los factores políticos que hay detrás de la decisión respecto de qué
es una lengua. En efecto, una lengua es la elección de una variedad dialectal como
representativa de un conjunto de variedades. A esa variedad seleccionada se la llamará
lengua italiana, lengua francesa, lengua española. Por eso, como sostiene Zabaltza (2006:
46), “la existencia de las lenguas […] es un producto de la historia y de intereses políticos”.
Dado que el estatus de lengua y de dialecto es un constructo político y cultural, más que
puramente lingüístico, ambos están sujetos a cambios. Veamos un ejemplo que citan J. K.
Chambers y Peter Trudgill (1994), que ilustra muy bien esta idea.
Hasta 1658 el sur de Suecia era parte de Dinamarca y a los dialectos hablados en esa parte se
los consideraba dialectos del danés. Sin embargo, como consecuencia de la guerra y de su
conquista, este territorio pasó a formar parte de Suecia. Entonces, en un período de sólo
cuarenta años, esos mismos dialectos pasaron a ser incluidos, por consenso general, entre los
dialectos del sueco. Ciertamente, los dialectos en sí mismos no habían cambiado
lingüísticamente en absoluto, pero habían pasado de ser dialectos del danés a ser dialectos del
sueco tras la conquista de ese territorio por parte de Suecia. El esquema que se presenta a
continuación ilustra este movimiento.
Ahora bien, aunque es cierto que los factores históricos y políticos intervienen en la
denominación de lo que es una lengua, también es cierto que existen factores lingüísticos que
contribuyen a tal denominación. Uno de los criterios que se toma en cuenta para determinar si
diferentes dialectos forman parte de una misma lengua o no forman parte de ella es el de
inteligibilidad mutua. Hay inteligibilidad mutua cuando hablantes de distintas variedades
pueden entenderse mutuamente hablando sin dificultad en la comunicación. Entonces se
considera que esas variedades son variedades de la misma lengua. Si no hay inteligibilidad,
entonces, es posible que esas dos variedades correspondan a dos lenguas distintas.
Sin embargo, este criterio puede ser un poco incierto, como sostiene Lastra:
Muchas veces resulta que la inteligibilidad es relativa, que no es cuestión de entender o
no entender otro dialecto, sino que se puede entender hasta cierto punto, y además
que la inteligibilidad no siempre es mutua. Hay casos en que los hablantes de A
entienden a los de B, pero no viceversa. (Lastra, 1997: 30)
Algo similar a esto sucede a los hablantes argentinos de español con los hablantes de
portugués brasileño.
Teniendo en cuenta estos aspectos, Ferguson y Gumperz (1960) definen una lengua como el
conjunto de todas la variedades que comparten, por ejemplo, un estándar literario escrito que
se considera una variedad sobrepuesta; además esas variedades se asemejan en los planos
fonológicos y gramaticales y son mutuamente inteligibles o están conectadas por una serie de
variedades mutuamente inteligibles.
Sin embargo, esta definición supone una estandarización lingüística que no en todos los casos
se da, porque no todas las lenguas poseen un estándar literario. Al respecto Yolanda Lastra
(1997: 32) apunta que cuando no hay estandarización lingüística es preferible decir que una
serie de dialectos en cadena constituyen una lengua vernácula, es decir, la lengua nativa de
una comunidad.
En definitiva, las lenguas son en realidad un conjunto de variedades que comparten los rasgos
fonológicos, gramaticales y léxicos más importantes, y por lo tanto, son mutuamente
inteligibles. Por eso, cuando las diferencias fonológicas y gramaticales son tan grandes que
dificultan la comunicación, puede decirse que esas variedades dialectales forman parte de
lenguas diferentes.
Dialecto y variedad
En muchas ocasiones el término dialecto ha quedado cargado de una connotación peyorativa
en el habla no técnica porque habitualmente se lo utiliza para designar una variedad de menor
importancia respecto de una lengua. Por este motivo se emplea en su lugar el término
variedad lingüística o variedad dialectal que es más neutro en este sentido.
La connotación peyorativa del término dialecto se debe a que se lo ha asociado con una
derivación o deformación de la lengua, porque se ha supuesto una relación jerárquica entre
lengua y dialecto en la que la lengua está claramente en un nivel más alto que el dialecto. “El
término variedad lingüística, a diferencia del término dialecto, no indica ningún estatus
lingüístico concreto (a no ser el de la diferencia) al compararla con otras variedades” (Fishman
1979: 49). Es más, dada la tendencia a identificar lengua y nación, en ocasiones, para negar el
carácter nacional de un grupo humano, ha solido bastar con negar a su habla el carácter de
“lengua”. Esto ha sucedido con las lenguas indígenas de nuestro país, a las que durante años
se las ha denominado dialectos.
Por otro lado, el término dialecto ha sido tradicionalmente empleado para referir a variedades
lingüísticas según la región geográfica. Por eso, la utilidad del término variedad, afirma Huson
(1981), también radica en la posibilidad de emplearse para hacer referencia a distintas
manifestaciones de la variación y no solamente las geográficas, como por ejemplo, las
variedades dialectales o las variedades sociolectales que se diferencian según la clase social, el
género o el registro.
Bilingüismo y diglosia
La noción de bilingüismo refiere, en términos generales, a la situación de un individuo o de
una población que emplea dos lenguas. Multilingüismo o plurilingüismo quiere decir que
las personas emplean habitualmente dos o más lenguas. Lo normal es que las comunidades
bilingües y multilingües utilicen sus lenguas para distintos propósitos o con diferentes
personas, por eso el multilingüismo permite flexibilidad en la comunicación en la medida en
que los hablantes pueden usar una u otra según lo necesiten en la situación comunicativa.
El bilingüismo es una situación normal en el mundo. Si consideramos que hay cerca de 194
países oficialmente reconocidos y alrededor de 6.912 lenguas, esto quiere decir que lo más
generalizado en el mundo y en la historia de la humanidad es el multilingüismo y, por lo tanto,
una nación no necesariamente se corresponde con una lengua. Las comunidades monolingües,
es decir, las que hablan una sola lengua, son en verdad muy poco frecuentes.
Ahora bien, si lo más común y esperable es que en una sociedad conviva más de una lengua y
que dicha sociedad sea total o parcialmente bilingüe, entonces debemos preguntarnos de qué
manera se da esa convivencia de lenguas, denominada a veces “lenguas en contacto” y otras
“lenguas en conflicto”, como se verá en adelante.
Una noción que resultó clave para la comprensión de la diversidad lingüística y la coexistencia
de variedades y lenguas en un misma sociedad fue la de diglosia, propuesta por primera vez
en 1959 por Charles Ferguson, que definió diglosia como aquella situación relativamente
estable en la que existe un tipo particular de estandarización con dos o más variedades de una
misma lengua empleadas en toda la comunidad, pero donde cada una de las variedades tiene
funciones diferentes, especializadas y se adquiere de distinto modo.
Una variedad se aprende en la escuela y se usa para funciones como la literatura, los discursos
políticos y la legislación, pero ningún sector de la sociedad la emplea en las conversaciones
habituales. Esta es la variedad estándar o superpuesta y se la llama variedad A (alta). Otra
variedad o variedades regionales se adquieren sin enseñanza formal y se usan en las
conversaciones y situaciones cotidianas. A esta variedad o variedades se las llama variedad o
variedades B (bajas). Ambas difieren formalmente en cuanto a sus categorías gramaticales,
orden de palabras, y léxico aunque, si bien comparten muchos vocablos, los términos técnicos
son exclusivos de la variedad A.
El autor ejemplificó esta situación con las variedades alta y baja de Haití (francés vs. créole),
la Suiza alemana (alemán estándar vs. el dialecto suizo-alemán), los países árabes (el árabe
coránico vs. las variedades de árabe hablado) y Grecia (el griego “elevado” vs. el “popular”).
Según Ferguson la diglosia no es una situación conflictiva y puede extenderse en el tiempo.
En 1965, Joshua Fishman retomó el concepto y lo extendió no solo para explicar la situación
de variedades de una misma lengua sino también de lenguas distintas. Según este lingüista,
una sociedad diglósica es aquella que reconoce dos o más lenguas o variedades para la
comunicación dentro de la propia sociedad. La situación puede ser estable porque cada lengua
o variedad tiene distintas funciones. Fishman combinó los conceptos de bilingüismo y
diglosia en cuatro posibilidades:
1. diglosia con bilingüismo, como en el Paraguay, donde una gran parte de la población
habla español y guaraní, a la vez que el español funciona como variedad alta;
2. bilingüismo sin diglosia, como entre los inmigrantes alemanes o franceses en los
Estados Unidos, que manejan también el inglés, pero no hay, para ellos, diferencia de
prestigio entre las lenguas: el alemán, el francés y el inglés son lenguas altamente
codificadas, con un corpus frondoso de literatura y se usan para funciones elevadas;
3. diglosia sin bilingüismo, como habría ocurrido en la Rusia zarista, donde la
aristocracia hablaba francés o alemán, mientras que el pueblo hablaba ruso, y la
comunicación se habría dado a través de intérpretes, o en Estados recientemente
descolonizados del África, donde la capa dirigente suele hablar inglés, francés o
portugués, mientras que el grueso de la población habla distintas lenguas tribales;
4. ni diglosia ni bilingüismo, que solo se daría en sociedades reducidas y poco
diversificadas.
Lenguas en conflicto
Con el nacimiento de la llamada Escuela sociolingüística catalana se produjo un cambio
sustancial en este concepto de diglosia. Esta escuela cuestionó las propuestas de Ferguson y
Fishman que consideraban las situaciones de convivencia de variedades y lenguas en una
misma sociedad como situaciones de lenguas en contacto estables y no conflictivas.
Los sociolingüistas catalanes postularon que si una comunidad usa dos lenguas distintas no se
trata de un fenómeno lingüístico peculiar y menos aún de una situación de “riqueza”
idiomática, sino que es consecuencia de imposiciones políticas. Los catalanes tenían tras de sí
una historia en la que el catalán, lengua de literatura, de comercio y de gobierno ya en la Edad
Media, había quedado muchas veces relegado por imposiciones políticas desde el Renacimiento
en adelante y prohibido durante el siglo XVIII y desde el comienzo de la dictadura franquista
en 1939.
Las situaciones de lenguas en contacto para los catalanes son en verdad situaciones de
lenguas en conflicto, en las que la diglosia impuesta no se expresa en términos de una
variedad alta y otra baja, sino de una lengua dominante (el español) y una dominada (el
catalán). Según F. Vallverdú,
Cuando el contacto de dos lenguas genera una situación en que dos sistemas
lingüísticos compiten entre ellos provocando el desplazamiento parcial o total de un
sistema en los diversos ámbitos de uso lingüístico podemos hablar de la existencia de
un conflicto lingüístico. (1980: 56-57).
La escuela catalana reconoce la existencia del prestigio diferencial en estas situaciones, pero a
diferencia de Ferguson y Fishman, consideran que este es una consecuencia y no una causa de
la diferencia funcional. Una lengua que no puede usarse más que en el hogar y en la
conversación cotidiana, pero no es enseñada en la escuela, no cumple funciones gubernativas,
no es usada en la legislación ni en la literatura, a la larga va perdiendo prestigio por causas no
lingüísticas.
Acerca del prestigio, Nancy Dorian (1998) señaló que las lenguas tienen el status que tienen
sus hablantes. Si las personas que hablan una lengua tienen poder y prestigio, la lengua que
hablan también va a tener ese prestigio. Si las personas que hablan una lengua particular
tienen poco poder y prestigio, es poco probable que se tenga un buen concepto de ella. Pero
precisamente porque ese prestigio y relación entre lengua dominada y lengua dominante está
relacionada con los pueblos que las hablan, puede cambiar según los procesos históricos.
En estas situaciones de asimetría lingüística es difícil creer que la relación diglósica entre las
lenguas o ese contacto entre las lenguas sean estables y no conflictivos. En definitiva, el
conflicto reside, según la escuela catalana, en la tensión entre la tendencia a la normalización
de la lengua dominada; es decir, su codificación y expansión a funciones reservadas a la
lengua dominante y la tendencia a la sustitución (o desplazamiento, reemplazo) de la lengua
dominada incluso en los ámbitos cotidianos y familiares.
La solución de este conflicto político no puede ser sino política. Sustitución y normalización son
dos direcciones en las que se pueden resolver estos conflictos lingüísticos. O se resuelve
normalizando y dando estatus de lengua estándar a la lengua dominada al igual que la
dominante, o se resuelve sustituyéndola gradualmente, es decir, desplazando o reemplazando
la lengua dominada por la dominante. Esta última solución trae como corolario el desuso de la
lengua dominada.
La clase 1 de este Módulo se cerró con la reflexión acerca de que las lenguas no existen por sí
mismas separadas de los pueblos que las hablan (no nacen, se desarrollan y mueren como
seres). Generalmente, los conflictos lingüísticos llevan implícito también un conflicto social. Las
situaciones de asimetría lingüística también son asimetrías sociales, de allí que se deba pensar
el multilingüismo como ámbito de situaciones sociales y de pujas y tensiones por alcanzar una
equidad. En estas situaciones de pujas y tensiones, los sistemas educativos tienen un rol
fundamental y hasta determinante.
Comunidad de habla
Toda interacción verbal ocurre en algún contexto. La comunidad de habla y la situación o
evento comunicativo son parte de ese contexto. Se considera que el contexto más amplio de la
interacción verbal es la comunidad de habla (Ver definición en nota 2 al final de la clase),
definida por Dell Hymes en 1972 como una comunidad que comparte el conocimiento de reglas
gramaticales de al menos una lengua o variedad y las reglas para la conducta e interpretación
del habla.
La comunidad de habla no necesariamente emplea una sola lengua. Una comunidad de habla
puede compartir diversas lenguas y variedades lingüísticas. En ese caso comparten el
conocimiento acerca de cómo alternan esas lenguas o variedades, cómo se interpretan y qué
valores les atribuyen. En la clase 3 explicaremos el concepto de competencia comunicativa,
que está íntimamente relacionado con el de comunidad de habla.
Las comunidades de habla no son homogéneas. Dentro de una comunidad de habla puede
haber diversas redes sociales, como proponen Leslie Milroy y Sue Margrain (1978). Así, los
individuos de una misma comunidad de habla pueden formar parte de redes sociales
diferentes. Por ejemplo, las relaciones interpersonales en el ámbito escolar conforman una red
social dentro de una comunidad de habla. Ahora bien, los individuos de esa red social (los
docentes, los alumnos, el personal de maestranza, los padres) también forman parte de otras
redes sociales de la misma comunidad de habla. En cada ámbito social, se despliegan distintos
usos del habla con sus propias pautas, el escolar es uno de ellos.
Situación comunicativa
Toda emisión lingüística, oral o escrita, tiene lugar dentro de una situación comunicativa, o
situación de habla, que está conformada por un contexto situacional o personal, las emisiones
lingüísticas y los componentes comunicativos no lingüísticos, por ejemplo, los gestos que se
produzcan en él. Estas situaciones pueden ser muy diferentes entre sí y tener diferentes
propósitos. Una clase, por ejemplo, es una situación comunicativa, así como también lo es una
fiesta, una reunión familiar, una reunión de amigos, una reunión de trabajo. Así, las emisiones
lingüísticas y los componentes comunicativos no lingüísticos que alumnos y docentes producen
en una clase tienden a adecuarse a esa situación comunicativa particular. El conocimiento de
las reglas de uso de las variedades lingüísticas adecuadas para la situación de habla en clase,
forma parte de la competencia comunicativa cuyo desarrollo es responsabilidad de la escuela,
como veremos en la clase siguiente.
No se puede pensar en emisiones producidas fuera de las situaciones comunicativas, ni mucho
menos que no estén determinadas o modificadas por ellas. En este sentido, las situaciones
comunicativas son restrictivas. Esto significa que los hablantes son potencialmente libres de
producir las emisiones que desean. Sin embargo, en la práctica la libertad absoluta no existe,
porque en realidad las restricciones del contexto son habitualmente altas. Para determinadas
situaciones comunicativas y ante determinados contextos interpersonales, se espera que se
empleen determinado tipo de emisiones. No obstante, esta restricción no es infranqueable,
porque las emisiones producidas en una situación comunicativa también forman parte del
contexto y lo confirman o lo pueden modificar.
Las lenguas son dinámicas cuando se usan
Como explicamos en la clase 1 de este Módulo, todas las comunidades de habla son de algún
modo heterogéneas lingüística y socialmente y la variación lingüística está socialmente
condicionada. Las lenguas habladas son dinámicas, porque varían con su uso y esa
variación está correlacionada con los factores sociales que funcionan como variables del
cambio lingüístico. Los fenómenos de variación sociolingüística pueden ser diatópicos,
diastráticos y diafásicos. Explicaremos brevemente a qué se refiere cada uno.
Variación diatópica. Se trata de la variación vinculada con el factor geográfico. La
Dialectología tradicional se ocupó del estudio de la variación geográfica de las formas
lingüísticas en áreas rurales. En esas áreas, las diferencias entre dialectos hablados son
acumulativas: cuanto más lejos del punto de partida, las diferencias se harán cada vez
mayores. Los dialectos de los extremos del área geográfica pueden no ser mutuamente
inteligibles, pero estarán conectados por una cadena de inteligibilidad mutua. Este tipo de
situación se denomina continuum geolectal. Se dio un ejemplo de continuum en esta misma
clase al tratar el tema de “Lenguas y dialectos”.
Las variaciones diatópicas en una lengua pueden deberse a innovaciones de sus usuarios y a la
influencia de otras lenguas que se hablan en la misma zona. Basta pensar en la extensión
geográfica argentina y las distintas variedades que los hablantes nativos del español podemos
reconocer sin ser especialistas si se compara, por ejemplo, el habla de la ciudad de Córdoba,
con la del porteño, o de la ciudad de Formosa o Salta. En cada caso, se pueden reconocer
diferencias de pronunciación, de entonación, de sintaxis, de léxico, y a veces hasta
morfológicas. Asimismo, en algunos casos se pueden reconocer las lenguas de influencia, como
el guaraní en el caso del español formoseño o el italiano en el porteño. En suma, cuanto más
amplia sea la extensión de habla de la lengua, posiblemente manifieste mayor variación.
Variación diastrática. En las décadas del cincuenta y sesenta las sociedades occidentales
experimentaron un proceso de industrialización y urbanización, ligado al surgimiento de las
ciudades como focos de desarrollo industrial y con ello una acentuación de la diferenciación
social en la división de funciones laborales y sociales, un aumento de la movilidad social y
geográfica, así como también una expansión de los sistemas de comunicación y de educación,
entre otros cambios. En ese nuevo contexto se produjeron una serie de problemas y
desigualdades sociales en los grandes centros urbanos. Asimismo, en ese contexto histórico se
produjo el surgimiento de la Sociología como disciplina y los lingüistas y educadores de países
industrializados occidentales se interesaron en estudiar la relación entre lenguas y marginación
social.
Estos nuevos estudios hallaron que factores sociales como la clase social, el género y la edad,
también pueden determinar la variación de una lengua y ser considerados como variables del
cambio lingüístico. Este tipo de variedades se denominan sociolectos (Ver nota 3 al final de la
clase)
Variación diafásica. En este tipo de variación, el mismo individuo produce diferentes hablas
según los contextos situacionales en que se encuentra, el tipo de audiencia o la imagen
personal que desea proyectar. Esas diferentes hablas o “modos de hablar” son los estilos.
Estos combinan aspectos lingüísticos estructurales y aspectos lingüísticos empleados con una
función estilística, que se organizan según el contexto no lingüístico. Las reglas de uso de los
estilos son compartidas por los miembros de una misma comunidad de habla y también
forman parte de la competencia comunicativa. Los estilos que se asocian con tipos de situación
se llaman registros.
Las personas escogen los estilos y su selección tiene significado social. A partir de la
experiencia de los miembros de una comunidad de habla en distintas situaciones, el repertorio
de estilos y la competencia para emplearlos se amplía y se modifica. Existe una distinción
básica y general entre situación formal e informal y, asociado a ella, un tipo de registro. Por
se asocia la lengua escrita estándar a situaciones formales, como un examen o una redacción
en la escuela, y la lengua escrita no estándar a situaciones informales, como la comunicación
por chat, por whatsapp o por las redes sociales en internet.
De allí la importancia de la escolarización para el aprendizaje de nuevos estilos y registros
asociados a situaciones que no se pueden aprender informalmente, como es el caso de la
lengua escrita estándar y los registros asociados a ella, lo que forma parte de la competencia
comunicativa (volveremos sobre esto en la clase siguiente).
Intervención sobre las lenguas
La intervención humana en el uso y la forma de las lenguas ocurrió históricamente de distintas
maneras y en distintos lugares del mundo: en los tratos con otros pueblos, en los cultos
religiosos, en las universidades medievales, en las conquistas territoriales, en las decisiones de
los propios hablantes sobre sus propias lenguas.
Sin embargo, desde la segunda mitad del siglo XX, constituidos los estados nacionales, ciertas
intervenciones sobre las lenguas se llevan a cabo en la forma de políticas estatales, asumiendo
que las decisiones sobre las lenguas son una cuestión política con amplias consecuencias sobre
el desarrollo nacional y regional.
Surge entonces la noción de política lingüística, definida como “la determinación de las
grandes opciones en materia de relaciones entre las lenguas y la sociedad” (Calvet 1997: 5). Y
junto con esta noción, la de planificación lingüística, es decir, la puesta en práctica o
implementación de las políticas lingüísticas ejercidas por gobiernos, directamente o por
delegación. (Ver nota 4, ampliatoria sobre planificación lingüística, al final de la clase).
En nuestro país ha habido acciones político-lingüísticas propias –es decir, no fijadas por
España– desde la Revolución de Mayo. Por ejemplo, la Asamblea del año XIII publicó sus
documentos en castellano, guaraní, quechua y aymara Hemos visto en el Módulo 3 “Marco
político y pedagógico” y en la clase 3 del Módulo 2, las decisiones políticas relacionadas con
dimensiones lingüísticas en la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX en el
proceso de constitución de nuestro Estado Nacional.
Lo esperable o deseable es que las políticas lingüísticas conjuguen criterios científicos,
información sobre la situación real, factibilidad política y consenso democrático. Asimismo, que
concedan las suficientes atribuciones a todas las regiones, para que estas puedan adecuar la
política lingüística a las circunstancias locales.
Ahora bien, los estados nacionales no son los únicos agentes de intervención sobre las
lenguas. También lo son las acciones de colectivos sociales o personas con influencia pública,
como por ejemplo, las editoriales de manuales de lengua en su decisión de incluir o no el
voseo o de asumir ciertas perspectivas para la enseñanza de la lengua; los autores de libros de
lectura para la alfabetización inicial, los especialistas en la elaboración de gramáticas, que
también incluyen perspectivas aun si las gramáticas son predominantemente descriptivas; los
expertos a cargo de la elaboración de diccionarios o de materiales de lectura, entre otros.
También son agentes de intervención sobre las lenguas los propios hablantes cuando toman
decisiones respecto de usar o no las lenguas, de qué modo o cuándo, porque incluso las
políticas lingüísticas, que son estatales, pueden estar condicionadas por la fuerza de los
usuarios de las lenguas, que pueden hacer que su implementación sea exitosa o un fracaso.
Dado que la noción de política lingüística se restringe únicamente a las decisiones estatales,
para 1986 Marcellesi y Guespin habían incorporado el término glotopolítica que incluye tanto
las intervenciones estatales como las de otros actores sociales, y no solamente las acciones
sobre la lengua sino también sobre las prácticas discursivas.
Para concluir esta clase, queremos llevar la reflexión acerca del rol del docente en la
planificación lingüística, como educador dentro de un sistema estatal. Como hemos visto, el
docente no es ajeno a las acciones que el Estado lleva a cabo en función de una política
lingüística, precisamente porque tiene un rol activo en el sistema escolar. Por eso, la reflexión
y análisis sobre las decisiones relacionadas con las dimensiones lingüísticas, a lo largo de la
historia y en la actualidad, forman parte de comprender la realidad sociolingüística de la
escuela y de la sociedad de la que forma parte y en la que se desempeña como docente.
¡Muchas gracias, y hasta la siguiente clase!
Verónica Nercesian
Notas
Nota 1
Datos sobre lenguas oficiales. Bolivia reconoce 37 lenguas oficiales: el español y todos los
idiomas de las naciones y pueblos originarios: aymara, araona, baure, bésiro,
canichana,cavineño, cayubaba, chácobo, chimán, ese ejja, guaraní, guarasuawe, guarayu,
itonama, leco, machajuyai-kallawaya, machineri, maropa, mojeño-trinitario, mojeño-ignaciano,
moré, mosetén, movima, pacawara, puquina, quechua, sirionó, tacana, tapiete, toromona,
uruchipaya, weenhayek (wichí), yaminawa, yuki, yuracaré y zamuco. En Canadá las lenguas
oficiales son el inglés y el francés; en Finlandia, el finés y el sueco; en Paraguay, el español
y el guaraní. En Perú es lengua oficial el español y co-oficiales las lenguas de varios pueblos
originarios en las zonas del país donde se hablan, entre ellas, el quechua y el aymara. En
Sudáfrica se reconocen 11 lenguas oficiales: afrikáans, inglés, ndebele, sesotho, sesotho sa
leboa, setsuana, suazi, tsonga, venda, xhosa y zulú. En Suiza, se reconocen 4: alemán,
francés, italiano y romance.
Nota 2
Comunidad de habla y comunidad lingüística. Se ha empleado el término “comunidad
lingüística” para referirse al contexto más amplio. La noción de comunidad lingüística, a
diferencia de la de comunidad de habla, pone el énfasis en la lengua como sistema (las reglas
gramaticales) más que en el habla (el sistema y las reglas de uso). Es decir, una comunidad
lingüística se define como una comunidad que comparte al menos un mismo código, una
misma lengua o variedad lingüística. La diferencia principal entre comunidad lingüística y
comunidad de habla es una diferencia de enfoque.
Nota 3
Sociolecto Un conocido estudio sobre la estratificación de (r) en los grandes almacenes de
Nueva York realizado por Labov (1983), demostró que existe una estratificación consistente de
(r) en según clase alta, media y baja, estilo casual o enfático (cuidado), edad y etnia. Entre
sus resultados observó que (i) la clase media alta desarrolla el uso de (r con constricción), que
es la de prestigio, a una edad temprana; (ii) la clase media baja sobreactúa los procesos de
corrección. (Proceso que se aprende en edad tardía); (iii) los hablantes que ahora tienen entre
40 y 50 años usan (r sin constricción) porque cuando eran pequeños la norma de prestigio era
(r sin constricción) y no (r con constricción); y (iv) los hablantes de clase media alta que
pasaron a (r con constricción) en estilos formales abandonaron su norma de prestigio porque
están respondiendo a la forma utilizada por los hablantes más jóvenes de estatus superior con
los que están en contacto, por el contrario, numerosos hablantes de clase media alta se
mantienen en la norma originaria como reacción a la tendencia dominante. El estudio completo
puede encontrarlo en: Labov, W. 1983. “La estratificación social de (r) en los grandes
almacenes de Nueva York”, en Modelos sociolingüísticos. Madrid: Cátedra, pp. 75-104.
Nota 4
La planificación lingüística
Las acciones de planificación lingüística, explican Roberto Bein y Lía Varela (1998) pueden
realizarse sobre:
la lengua oral y la escrita, cuando, por ejemplo, se fija una grafía, se introducen
reformas ortográficas, se determina si se acepta una o más de una variedad dialectal o
se determina qué variedad lingüística se privilegiará en el ámbito escolar;
las lenguas, por ejemplo, la existencia de un Estado bilingüe o multilingüe reclama
decisiones acerca del lugar de la lengua materna en la escolarización, la elección de las
lenguas que se enseñarán como materia escolar, la reglamentación sobre la
radiodifusión en lenguas nativas o extranjeras;
las prácticas discursivas, por ejemplo, la adopción de la “perspectiva de género”.
En definitiva, la efectividad de una política lingüística depende de la planificación, esto es, la
reglamentación de leyes, la determinación de objetivos, etapas y plazos, la elaboración de
currículas, glosarios para la industria y el comercio, instrumentos de evaluación y seguimiento,
la formación, la capacitación y el perfeccionamiento docentes y acciones de promoción
necesarias para la puesta en práctica de las políticas adoptadas.
Según el ámbito de aplicación se adoptan formas específicas:
El sistema escolar: las decisiones en este ámbito afectan la transmisión de lenguas.
Por ejemplo, cuando se propone la enseñanza del español como primera o segunda
lengua, la de lenguas originarias, la de lenguas extranjeras, la escolarización bilingüe o
la lengua indígena como una materia de lengua no española. La planificación lingüística
establece la interrelación entre estos conocimientos y las demás materias de la
currícula, la elaboración de materiales y métodos de enseñanza, la formación de
docentes capaces de implementar los lineamientos político-lingüísticos, entre otros
aspectos.
La política social: la integración política y económica de los distintos sectores sociales
requiere una serie de acciones político-lingüísticas. Un ejemplo que citan los autores es
el caso de los inmigrantes recientes y la preparación y oferta de cursos de español
como lengua extranjera, la elaboración de pruebas de nivel; eventualmente, la toma de
decisiones que garanticen la legibilidad de textos burocráticos.
El entorno gráfico urbano: en una política de integración de minorías (pueblos
originarios, inmigrantes, no videntes, sordos) o de impulso al turismo, se debe atender
a la señalización vial y la información y propaganda institucional en los espacios
públicos. Podemos ejemplificar esta acción con la siguiente: en el 2013, cuando se
implementaba por primera vez el nuevo sistema de troquelado como constancia de voto
a partir de la incorporación de los nuevos DNI Tarjeta en Argentina, la Justicia Nacional
Electoral tomó las primeras iniciativas para hacer traducir afiches que contenían los
pasos del elector y la información respecto las disposiciones del Código Electoral
Nacional en lenguas indígenas en provincias de nuestro país con mayor población de
pueblos originarios.
Comercio e industria: la protección del consumidor local, así como el ordenamiento
de las prácticas de comercio exterior, requieren decisiones en materia de lenguas en la
publicidad, prospectos de medicamentos, etiquetas, manuales de uso, entre otros.
Comunicación masiva: organismos específicos legislan sobre las lenguas, variedades
y registros en que se difundirá la programación local. Un ejemplo que podemos dar
sobre esta acción es el de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual N°
26.522 promulgada en el 2009, gracias a la cual “la programación que se emita a
través de los servicios contemplados por esta ley, incluyendo los avisos publicitarios y
los avances de programas, debe estar expresada en el idioma oficial o en los idiomas de
los Pueblos Originarios” (Art. 9-Idioma).
Ámbito burocrático: las decisiones acerca de idiomas oficiales y del tipo de lenguaje a
emplear en organismos estatales y supraestatales son también materia de política
lingüística.
BIBLIOGRAFÍA
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Ciudad de buenos Aires”. Trabajo elaborado para la Dirección de Currícula de la Secretaría
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Zabaltza, Xabier (2006) Historia de las lenguas y los nacionalismos. Barcelona: Gedisa.
Debemos […] dar cuenta del hecho de que un niño normal adquiere un conocimiento de las
oraciones no sólo como gramaticales, sino también como pertinentes. Él o ella adquieren una
competencia sobre cuándo hablar y cuándo no, y sobre qué hablar, con quién, cuándo, dónde y
de qué manera. En suma, un niño llega a ser capaz de realizar un repertorio de actos de habla,
de tomar parte en los eventos comunicativos y de evaluar las realizaciones de los otros. Esta
competencia va de la mano de las actitudes, valores y motivaciones que conciernen al lenguaje, a
sus rasgos y usos, así como de la competencia y las actitudes con respecto a la interrelación del
lenguaje con los otros códigos de conducta comunicativa. (Hymes 1972: 277-8)
La competencia comunicativa incluye el conocimiento gramatical y las reglas de uso;
precisamente, el conocimiento sobre las reglas de uso se adquiere junto con las
reglas gramaticales.
Dell Hymes compara la competencia comunicativa con la competencia lingüística chomskiana,
que es definida como el conocimiento gramatical innato que el hablante-oyente tiene de su
lengua, y muestra que la adquisición de la primera lengua por el niño no incluye sólo reglas de
gramática, como postula Noam Chomsky, sino también reglas de uso. En esto consiste la
noción de adecuación, que significa que la competencia comunicativa le permite al usuario de
la lengua percibir los enunciados no solo como realidades lingüísticas, sino también como
realidades socialmente apropiadas, es decir adecuadas o ajustadas a diversos factores
extralingüísticos.
La incorporación de esta competencia a los conocimientos del niño no es tardía. Estudios sobre
la adquisición de la gramática inglesa mostraron que los niños desarrollan desde los primeros
años las reglas de uso de las diferentes formas en las distintas situaciones. Asimismo, otros
estudios mencionados por Hymes, muestran cómo un joven araucano de Chile descubre, junto
con la gramática de la interrogación del sistema lingüístico, que la repetición de un enunciado
interrogativo por parte del oyente es un insulto para el hablante. Existen reglas de uso sin las
cuales las reglas de gramática serían inutilizables, por eso se adquieren simultáneamente.
La definición del término competencia comunicativa también incluye la idea de “repertorios de
acto de habla”. Otro etnógrafo del habla, John Gumperz, definió en 1972 la noción de
repertorio verbal o comunicativo como el conjunto de recursos a disposición de las
personas para actuar socialmente. El repertorio es compartido por los miembros de una misma
comunidad de habla e incluye variedades lingüísticas, dialectos, géneros discursivos, actos de
habla habituales en cada grupo social y marcos interpretativos de secuencias de actos.
Los marcos interpretativos se crean a partir de pistas o señalizaciones lingüísticas. Los que
participan en una conversación relevan esas pistas y a partir de ellas elaboran inferencias
conversacionales (Gumperz, 1982). Por ejemplo, un tipo de inferencia relacionada con la
conversación les permite a los hablantes darse cuenta cuándo pueden tomar su turno para
intervenir, dado que las conversaciones, a diferencia de las oraciones, no vienen
presegmentadas, de manera que el hablante no sabe exactamente cuándo su interlocutor dio
por terminada su intervención para poder tomar su turno sin interrumpir. Los participantes de
la conversación deben procesar los signos verbales para determinar cuándo tomar su turno sin
interferir en los derechos de los demás. Esos signos verbales son compartidos por los
miembros de una misma comunidad de habla y forman parte de la competencia comunicativa;
sin embargo, los niños y aun los adultos deben ajustar permanentemente su percepción de
esos signos que no son siempre claramente evidentes cuando se modifican las características
de la situación de habla, como sucede al pasar de la casa a la escuela, por lo cual se debe
incorporar su enseñanza en los contenidos de lengua oral.
Otro proceso importante para la inferencia conversacional es la señalización de prominencia
en las emisiones para indicar cuáles de entre varias unidades mínimas de información han de
resaltarse o focalizarse. En español, por ejemplo, solemos usar pronunciaciones enfáticas en
ciertas unidades léxicas, un orden de palabras distinto, o ciertas expresiones, entre otros. Los
niños que ingresan a la escolaridad pueden reconocer la señalización de prominencia en las
emisiones que emplea su mamá en la casa, pero estas pueden ser enteramente diferentes de
las que emplea su docente en clase. Esto significa que la escuela debe enseñarles a reconocer
las señales con las que enfatiza comunicaciones relevantes.
La competencia comunicativa de los niños en contextos multilingües
Los niños llegan a la escuela hablando una variedad dialectal y sociolectal que puede diferir
respecto de la del resto de sus compañeros y del docente. En muchos análisis socioeducativos
esta diferencia es considerada responsable del fracaso escolar. Sin embargo, según J. K.
Chambers y Peter Trudgill (1994) los hablantes pueden comprender muchos más dialectos de
los que en efecto hablan, e incluso una buena cantidad de hablantes son bidialectales en algún
grado. En contextos multilingües, la competencia lingüística también supone desplegar
capacidades para emplear, interpretar y dar sentido al uso de distintas lenguas y variedades.
Diversos lingüistas advirtieron que la competencia plurilingüe no es la suma de
competencias en diversas lenguas o variedades, sino una competencia nueva y original que
contiene elementos de variedades lingüísticas y de formas de comunicar, además de formas
inéditas ad hoc que acuñan los participantes en instancias concretas de interacción para
alcanzar propósitos prácticos.
De este modo, los niños que participan comunicativamente en contextos bilingües, además de
adquirir los conocimientos gramaticales en las dos lenguas, adquieren una competencia
comunicativa que incluye el conocimiento acerca de cómo usar las dos lenguas, cuándo usar
una lengua, la otra o ambas, de qué manera, con quién y para qué. Este tipo de conocimiento,
lejos de ser innato, se construye y reconstruye de manera compartida en interacciones
socialmente situadas; es decir, participando en prácticas comunicativas. Se adquiere y
también se aprende.
En la clase 2 se explicó que los usos de distintas lenguas pueden tener atribuidos significados
sociales. Los estudios del cambio de código han observado que no da lo mismo usar una u otra
lengua en una misma conversación, así como estudios sobre bilingüismo observan lo mismo
respecto de qué lenguas se usan en conversaciones diferentes, en situaciones diferentes y con
interlocutores diferentes. Por eso, en contextos de enseñanza multilingüe o bilingüe, no es
menor la función que las lenguas tienen en el aula porque contribuye a la construcción de esos
significados sociales asociados a las lenguas y sus hablantes. Es decir, que los niños tienen
plasticidad para comprender muchas más lenguas y dialectos de los que en efecto hablan,
pero, como se dijo, también pueden desplegar capacidades para interpretar y dar sentido al
uso de las distintas lenguas y variedades. En ese caso, la escuela es responsable de transmitir
no solo las lenguas que enseña sino su valoración.
En situaciones de enseñanza bilingüe español-lengua originaria, en algunos casos sucede que
el español queda en el lugar de la lengua de enseñanza dejando a la lengua originaria
solamente en el lugar de objeto de enseñanza, como sucede cuando se enseña la lengua
indígena como una materia pero no se la usa como lengua transmisora de conocimiento en la
escuela para otras materias o para la planificación. También se ha observado que en otros
casos se les ha dado a las lenguas originarias la función de lengua decodificadora, es decir,
que sirve para traducir a la lengua materna el mensaje transmitido en español, pero no como
transmisora de conocimiento en el ámbito escolar. De alguna manera, estas situaciones
reproducen en la escuela la relación asimétrica entre las lenguas y los pueblos, que se explicó
en la clase anterior. De allí la importancia de reflexionar sobre estos aspectos como docentes y
como sujetos activos en la planificación lingüística. Nuestras propias prácticas pueden
contribuir a cambiar y transformar estas asimetrías.
Como síntesis de lo expuesto, hemos visto que un niño que ingresa a la escuela posee un
conocimiento de las reglas gramaticales de una o más variedades o lenguas y un conocimiento
de sus reglas de uso, es decir, una pericia para usar adecuada y eficazmente los recursos
lingüísticos en circunstancias concretas monolingües o multilingües. También se explicó que
esa competencia comunicativa se adquiere a partir de la exposición a distintas situaciones
comunicativas, así como también se adquiere el repertorio.
Por eso mismo es evidente que cuando los niños llegan a la escuela, las experiencias sociales
que ya traen adquiridas se reducen a la primera socialización como miembros de familias
particulares en entornos socioculturales cercanos o inmediatos. Existe una cantidad de
repertorios y situaciones comunicativas que los niños solo aprenden cuando amplían su
socialización hacia otros ámbitos y grupos sociales. La escuela es uno de ellos. Ante esos
nuevos contextos, si la escuela se ocupa de ello de manera sostenida, los niños aprenden a
adecuar las formas lingüísticas.
En suma, si bien los niños llegan con una competencia comunicativa a la escuela, esta se
amplía durante la escolarización y, en particular, mediante la alfabetización, que supone el
dominio de un nuevo registro con funciones y contextos de uso diferentes de los de las lenguas
orales, y una variedad sociolectal diferente de la que los niños traen consigo en la oralidad.
Los temas desarrollados acerca de la competencia comunicativa de los niños y sus
posibilidades y formas de adquisición y ampliación de repertorio subrayan la importancia del
desarrollo escolar de la oralidad, que es un contenido fundamental de todo programa
alfabetizador. Las características específicas de este contenido curricular se trabajarán en el
Módulo Didáctico con los aportes que, desde los conocimientos sociolingüísticos se explican en
este Módulo, que ofrece enfoques adecuados para comprender la complejidad lingüística y
comunicativa de los distintos contextos.
Nos interesa hacer foco en esta pregunta. Tengamos presente la cita de M.A.K. Halliday para
analizar, en el Foro correspondiente a esta clase, un caso que recupera el sociolingüista Ralph
Fasold (1998). Se trata de una investigación realizada por Marcia Farr Whitemann en 1981 en
la que compara la variedad oral y la escrita de dos grupos de distinta etnia, blancos y negros,
en un distrito escolar del sur de Maryland, Estados Unidos. A partir de la investigación que
analizaremos detalladamente en las actividades y el foro, la autora propuso algunas
importantes observaciones.
Farr Whiteman considera que el aprendizaje de la escritura debe considerarse como
aprendizaje de una variedad nueva. Añade que es probable que todos los aprendices, mientras
desarrollan las destrezas de la escritura bajo el esfuerzo de la adquisición de una lengua
escrita que es nueva para ellos sin importar su lengua hablada de origen, omitan
características que no les resultan destacables o salientes. Por ejemplo, al escribir pueden
omitir los sufijos, es decir las terminaciones significativas de las palabras, como la -s de plural
en “libros”, que son particularmente vulnerables. Esto también sucede en otras situaciones de
tensión en el aprendizaje de lenguas, como por ejemplo, algunas etapas de la adquisición de la
primera lengua, el “habla aniñada” y la clase de habla usada con los extranjeros que no
comparten la lengua del hablante.
Recordemos las reflexiones acerca de la lengua escrita estándar que se desarrollaron en la
clase 1, donde se consideró que es un constructo en base a una variedad escogida
generalmente por motivos políticos e históricos. La variedad escogida puede ser más familiar
para un sector social que para otro y por lo tanto a algunos les puede resultar más sencillo
recorrer la distancia entre su variedad oral, que es la que se seleccionó desde la política y la
planificación lingüísticas y la escritura. Por ejemplo, la lengua escrita estándar del inglés se
normativizó tomando como referencia la variedad oral de los blancos. Aun en los Estados
Unidos, que tiene importante población negra, los blancos constituyen el grupo social
dominante. Solo por ello la semejanza entre la variedad oral y la escrita es más estrecha en el
caso de los blancos que en el de los negros; de ningún modo se debe a que unos “hablan bien”
y otros “hablan mal”.
La hipercorrección
El bilingüismo: escribir en la L2
El primer aspecto que debemos destacar en este punto es que si hablamos de alfabetización y
bilingüismo en este Módulo es porque todos los niños de nuestro país tienen “derecho a una
educación intercultural y bilingüe”, conforme al Artículo 75, Inciso 17 de la Constitución
Nacional, y porque contamos con la Ley de Educación Nacional 26.206 para dar garantía de
ese derecho. Es esta una intervención estatal, una planificación lingüística, para dar respuesta
a una realidad social y lingüística que no estaba siendo atendida con anterioridad.
El tipo de bilingüismo al que hacemos referencia en este caso es institucional-comunitario. Se
trata de un bilingüismo que está dirigido a personas quienes, debido a su situación geopolítica
se encuentran con que deben aprender otra lengua además de su lengua materna. Pero no
tenemos certeza de que fueran a elegir el mismo camino si la situación fuese inversa. En tal
caso, quizá los hispanohablantes nos veríamos en la necesidad de aprender alguna/s lengua/s
indígena/s porque es o son las dominantes.
Entonces, dado que sabemos que partimos de una situación de asimetría sociolingüística en
nuestro país, causada por razones sociohistóricas, una propuesta de educación bilingüe y la
consiguiente práctica de los docentes, implica el conocimiento, la valoración y la producción de
las lenguas involucradas.
Existe una amplia tendencia a creer que las dificultades para leer y escribir de un hablante
bilingüe se deben exclusivamente a la interferencia de su lengua materna. Pero hay otros
factores que también pueden incidir.
En primer lugar, aunque los niños bilingües llegan a la escuela con una competencia
plurilingüe, como dijimos, esta se sigue aprendiendo con la experiencia en nuevas
situaciones comunicativas y con la escolarización, por lo cual la escuela debe asumir la
responsabilidad de enseñar toda nueva experticia que desee desarrollar en sus alumnos
en las nuevas situaciones comunicativas que les proponga.
En segundo lugar, el conocimiento de las segundas lenguas no suele ser igual en las dos
variedades, oral y escrita. No todo hablante bilingüe tiene el mismo grado de dominio
de la segunda lengua en la oralidad y en la escritura, y por lo tanto puede tener
diferentes rendimientos en las actividades escolares de manera que necesite mayor
trabajo en la escritura que en la oralidad o viceversa.
En tercer lugar, la asimetría lingüística que hemos explicado antes pueden ser el motivo
por el cual los alfabetizandos manifiesten “dificultades” para aprender a escribir la
lengua dominante. Estas dificultades dan lugar a situaciones que los especialistas
describen como bilingüismo sustractivo.
La diversidad de variedades y de lenguas que traen los alumnos a la escuela propone convertir
el “obstáculo” en una oportunidad. Esto significa cambiar la óptica. Dejar a un lado la lente que
nos hace ver una situación sumamente compleja y devastadora para la enseñanza de la
escritura, y tomar otra lente que nos permite ver una situación dinámica, creativa y vital. A
través de esta segunda óptica, los alumnos que se veían como “problemas” o “seres
deficitarios” vuelven a ser sujetos sociales, usuarios de las lenguas, alfabetizandos. Y esta
forma de ver a los alumnos habilita otro tipo de vínculo, con ellos y con las variedades que
hablan.
Desde el campo de la pedagogía se ha reflexionado ampliamente acerca de la importancia de
la relación docente-alumno para despertar la motivación de los alumnos a aprender. En este
sentido, la perspectiva sociolingüística ofrece elementos para construir otro tipo de vínculo.
Conocer y comprender las formas lingüísticas y los contextos de los alumnos habilita otro tipo
de vínculo para desplegar la metodología didáctica porque podemos construir contradiscursos
que rompan con viejas representaciones sociolingüísticas que, como vimos en la clase 1, se
ponen también en juego al momento de enseñar.
El siguiente paso sería analizar cuáles son los aspectos didácticos que debemos modificar. Solo
teniendo conocimiento de las diferencias entre las variedades orales y las particularidades de
la lengua escrita estándar es que se hacen visibles los aspectos que deben atenderse en el
proceso de alfabetización según los grupos sociales. Este trabajo es posible únicamente si
partimos de una valorización de las formas diversas de hablar y de la conciencia de que la
lengua escrita estándar es un código nuevo y un constructo sociohistórico.
En un estudio sobre la enseñanza del inglés no estándar en respuesta a la “teoría del déficit” y
la “privación verbal”, William Labov observó muy claramente que la falacia esencial de la teoría
de la privación verbal, consiste en atribuir el fracaso educativo del niño a sus deficiencias
personales. Sin embargo en la actualidad además se dice que estas deficiencias son atribuidas
al hogar y a la familia. Es tradicional que se explique el fracaso escolar del niño debido a su
incapacidad; pero cuando el fracaso alcanza dimensiones masivas, parece necesario examinar
los obstáculos sociales para el aprendizaje. En esos casos es habitual que se propongan
estrategias remediales.
William Lavob formula severas críticas a las estrategias remediales, especialmente a la llamada
“Operación Ventaja” (Lavob 1985 [1969]: 367) que es un programa de intervención del
sistema educativo norteamericano, es decir, una estrategia remedial que se venía llevando a
cabo, basado fundamentalmente en la “teoría del déficit”, que guarda estrecha relación con la
noción de “código restringido” a la que volveremos en la clase siguiente. El programa se
basaba en la idea de que a partir de ciertas entrevistas podían “medir” la capacidad verbal del
niño y de que la estimulación verbal que le ha faltado puede suministrársele en un ambiente
pre-escolar.
Sobre esta perspectiva que deposita el problema en el alumno en su hogar en lugar de
focalizar la didáctica y pedagogías empleadas para adecuarse a la realidad social y lingüística
vamos a volver en la clase siguiente. Por el momento sólo lo dejaremos planteado.
En esta clase hemos explicado diferentes competencias del niño que llega a la escuela;
también nos hemos referido a la importancia de comprender su realidad sociolingüística y sus
saberes lingüísticos. Ahora bien, debemos tener en cuenta que siempre observaremos una
realidad, la cuestión es qué interpretación hacemos de esa realidad que observamos, si la
interpretamos como un problema del alumno o de la escuela.
A modo de cierre de esta clase, finalmente, vamos a decir que conocer el mundo lingüístico de
los alumnos nos ofrece un camino para pensar no sólo los aspectos metodológicos de la
alfabetización sino también aspectos pedagógicos relacionados con el tipo de vínculo docente-
alumno y el ámbito de aprendizaje que se construye en el aula.
¡Muchas gracias!
Verónica Nercesian
NOTAS
Nota 1
Otro ejemplo de hipercorrección lo provee el estudio que V. Edwards realizó en 1984 en la
alfabetización de los negros británicos. En la variedad hablada por este grupo la marcación del
plural en los sustantivos no es obligatoria, no es exigida por la gramática; pero saben que sí lo
es en la variedad estándar. De este modo, en sus trabajos escritos aparecieron instancias de
omisión del sufijo “-s” de plural de los sustantivos, por interferencia de su variedad hablada,
como por ejemplo The headlight are thing you put on at night to look out for thing like dog or
cat. “Los focos son cosa que se encienden de noche para buscar cosa como perro o gato”. Pero
también aparecieron instancias de oraciones donde el niño escribió el sufijo en el sustantivo a
incluso en los casos donde no era requerido, como en el siguiente ejemplo They picked up
sacks of golds. “Recogieron sacos de oros”. La hipercorrección en este caso parece estar
motivada por un deseo de no dejar un sustantivo sin el sufijo en el trabajo escrito que será
evaluado.
Un tercer caso que recupera Ralph Fasold particularmente interesante es el que cita Reed en
su estudio de 1981. Un hablante del inglés vernáculo de los negros estadounidense escribió my
reason are is are that some people have children to son “mi razón son es son que algunas
personas se casan demasiado temprano. Una característica de la variedad del inglés vernácula
de los negros es que no se requiere concordancia de número en las formas de to be “ser”, de
modo que they is “ellos es” y he is “él es” son ambas formas gramaticales. No deseando
arriesgarse a un uso de is “es” que le sonara familiar al niño porque es la gramatical en su
variedad pero que podría ser la incorrecta para el inglés escrito estándar, acabó decidiendo
emplear la forma are que desafortunadamente era en este caso la no esperada.
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LABOV, William. 1985 [1969]. "La lógica del inglés no standard", Educación y Sociedad 4: 337-
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Lambert, Wallace E.; R. C. Gardner; H. C. Barick y K. Tuntsall. 1963. “Attitudinal and Cognitive
Aspects of Intense Study of a Second Language”, Journal of Abnormal and Social
Psychology LXVI: 358-368.
Clase 4
¿Qué interpretación ha merecido el conocimiento que un niño tiene cuando llega a la escuela?
En la década del sesenta, se generó la teorización de que los niños que viven sus primeros
años en situación de pobreza muestran un déficit cultural como resultado del ambiente mismo
y en particular como resultado de la lengua que hablan. Esta conceptualización se conoce
como teoría del déficit y trae como corolario el concepto de privación verbal que ganó una
aceptación tal que, a pesar de haber sido discutido y refutado, muchos siguen sosteniéndolo
en la actualidad.
La privación verbal es concebida como privación de las circunstancias que favorecen un
desarrollo normal del lenguaje. Estudios norteamericanos y británicos, orientados a explicar el
bajo rendimiento escolar de los hijos de obreros y de las clases bajas de Estados Unidos y el
Reino Unido, han concluido que el “déficit” de los niños se debe al entorno familiar.
En esa línea, en la década del 60 el sociólogo inglés Basil Bernstein (1924-2000) produjo una
influyente obra acerca de la relación entre la economía política, la familia, el lenguaje y la
escuela. La obra más significativa de este autor se denomina Class, codes and control, su
primera parte fue publicada en 1964 y se despliega en cinco volúmenes producidos hasta
1996. Se trata de un vasto proyecto que trataba de relacionar la manera en que los códigos
cultural y educativo y el contenido y proceso de la educación están en relación con la clase
social y las relaciones de poder.
Su teoría de los códigos -“código amplio” y “código restringido”- propone que el tipo de
relaciones sociales origina tipos de sistemas lingüísticos. Según esta teoría, existen diferencias
debidas a la clase social en los códigos de comunicación de los hijos de la clase trabajadora y
los de la clase media. Los códigos propios de la clase trabajadora son restringidos porque
dependen del contexto y son particularistas, mientras que los códigos propios de la clase
media son elaborados porque no dependen del contexto y son universalistas. Las restricciones
estructurales de los códigos restringidos se dan, básicamente, a nivel sintáctico y léxico.
En consecuencia, la clase trabajadora se caracterizaría por la falta de estímulo paterno referida
a los códigos de comunicación, lo cual llevaría al dominio deficiente de la lengua o “código
restringido” y por ende a un menor desarrollo del pensamiento.
Esta teoría ha ejercido gran influencia en los sistemas educativos de los países mencionados,
en los de nuestra región y en particular en Argentina. La gravitación de estos conceptos e
interpretaciones de la realidad escolar en el sistema educativo tuvo consecuencias negativas.
Una de ellas fue, tal como lo anticipamos en la clase anterior, la de considerar al alumno como
un problema, como un niño deficitario al que se trata como un niño sin lenguaje propio.
Basados en la teoría del déficit, se consideraba que ese era un problema que los niños traían
de sus hogares, explicación que clausuraba la pregunta sobre si el bajo rendimiento escolar
mantenía alguna relación con la metodología de enseñanza.
Haciendo referencia al sistema educativo norteamericano, el sociolingüista William Labov
afirma que:
el mito de la privación verbal es particularmente peligroso, porque distrae la atención
de los verdaderos defectos de nuestro sistema educativo y la dirige hacia defectos
imaginarios del niño, y como veremos, este mito lleva inevitablemente a sus
promotores a la hipótesis de la inferioridad genética de los niños negros, pese a que
originalmente surgió por combatirla. (1969: 338)
El problema de la teoría del déficit, no es sólo que inhabilita la duda sobre la adecuación y
efectividad de la metodología de enseñanza, sino que además acarrea un discurso, una
representación social que estigmatiza a los niños de las clases bajas o de algunas etnias que
serían los portadores del déficit y los exponentes del código restringido. Estigmatiza a los niños
como deficitarios y también a las estructuras familiares que no responden al prototipo de las
clases altas (y blancas u occidentales) o al imaginario de lo que debe ser una estructura y un
ámbito familiar adecuado.
Estas estigmatizaciones corroen y empantanan aún más el vínculo entre el docente y el
alumno, y junto con ello, el ámbito institucional de enseñanza. El niño, ciertamente, deja de
desear estar en su clase y simplemente aguarda la hora de la salida, si no decidió “desertar”
antes.
En este sentido, es sabio reconocerlo: las teorías innatistas contribuyen en gran medida a la
lucha contra esta estigmatización e “hipótesis de inferioridad genética” asociada a los sectores
populares y a diferentes grupos étnicos. No cabe duda de que, en tanto seres humanos, hay
igualdad genética. Si existe desigualdad, como analizamos en la primera clase, se trata de
desigualdad social pero no “evolutiva”. Las desigualdades sociales han de resolverse
socialmente. Y en este sentido, no está de más recordar que la educación es eminentemente
social.
Sin embargo, no bastan las teorías innatistas para contraargumentar, es decir para
argumentar en contra de la teoría del déficit. Muchos discursos circulantes admiten que todo
individuo nace igual al otro, pero al mismo tiempo sostienen que las relaciones sociales, según
los sectores, determinan su sistema lingüístico y su pensamiento. Este razonamiento acepta la
igualdad genética de base, pero vuelve a la teoría del déficit por vía del contexto social.
No obstante, veremos que otros estudios sociolingüísticos contribuyeron a refutar la teoría del
déficit porque demostraron que tales conclusiones eran falsas. Uno de estos trabajos pertenece
al sociolingüista William Labov. Lo analizaremos brevemente a continuación pero lo
adjuntamos como archivo para su lectura completa.
En 1969, a partir de un estudio delos niños negros de clases sociales más bajas urbanas en
Estados Unidos, William Labov demostró que el concepto de privación verbal no tiene base
alguna en la realidad social. Los niños negros reciben una gran cantidad de estímulo verbal,
escuchan un mayor número de oraciones bien estructuradas que los niños de la clase media, y
participan ampliamente en una cultura altamente verbal, tienen el mismo vocabulario básico,
poseen la misma capacidad para el aprendizaje conceptual y utilizan la misma lógica que
cualquier otra persona que aprende a hablar y entender inglés.
Labov analiza programas pre-escolares destinados a atender el problema de la falta de
estímulo que supuestamente caracterizaría a los niños de sectores sociales bajos, así como
también analiza el tipo de entrevistas que se realizan para diagnosticar a los niños y concluye
que ambos parten del preconcepto de que los niños tienen un código restringido a causa de su
entorno familiar; es decir que estos programas y entrevistas se estructuran tomando
como base la teoría del déficit.
Por ejemplo, el programa Ventaja de Bereiter elaborado en 1966 para una institución pre-
escolar se basa en la premisa de que los niños negros deben ser dotados de una lengua para
aprender, porque estos niños no cuentan con una lengua al llegar al colegio, sino que se
comunican mediante gestos, palabras aisladas y una serie de palabras y frases conectadas
entre sí de manera “defectuosa”.
Entonces, el problema es que se parte un diagnóstico falso. Labov analizó los resultados de
investigaciones acerca de la privación verbal que se manifestaba en tales situaciones de test y
pudo observar que las respuestas breves y a veces monosilábicas de los niños, que eran
consideradas como signo de privación verbal y código restringido, se debían más a la asimetría
entre el niño y el entrevistador que caracterizaba esa situación de habla de entrevista que a
las capacidades lingüísticas o al tipo de código que el niño había desarrollado.
En esas entrevistas el niño se encuentra en una situación asimétrica en la que cualquier cosa
que diga puede utilizarse literalmente en su contra. Entonces no responde de manera
categórica a las preguntas que se le hacen; es decir, no responde mediante un enunciado con
entonación aseverativa o descendente, sino que lo hace en forma de pregunta, con entonación
ascendente. Las respuestas con un patrón de entonación ascendente podrían interpretarse en
el sentido de “¿esto responde tu pregunta?”. Este tipo de respuestas no manifestaban una
limitación verbal sino una capacidad de defensa en una situación hostil y amenazante.
En la clase anterior vimos que el hecho de hablar alguna variedad del español no impide en
absoluto que los niños aprendan la lengua escrita estándar cuya enseñanza es la obligación de
la escuela en función de la equidad de la educación. Asimismo, reflexionamos acerca de que el
parecido entre la variedad oral y la escrita estándar no tiene que ver con el “hablar bien” o el
“hablar mal”, sino con razones históricas respecto de qué variedad fue tomada como referencia
cuando se normativizó la lengua escrita. Y en relación con ello, vimos que la lectura y la
escritura pueden resultarles más fáciles a un hablante de una variedad del español que se
parezca más a la escrita estándar que a uno que use una variedad menos parecida. Por este
motivo es importante conocer las variedades orales que dominan los niños que llegan a la
escuela.
A continuación vamos a analizar ejemplos de variedades del español con influencia de algunas
de las lenguas indígenas que se hablan actualmente en nuestro país. Ilustraremos distintos
casos en los que las particularidades de esas variedades tienen su explicación precisamente
por el contacto entre lenguas. El conocer las particularidades de las variedades orales de los
alfabetizandos facilita al docente el diseño de metodologías de la enseñanza de la lectura y
escritura en tanto puede predecir los aspectos gramaticales que deben ser tratados con
especial atención, con más ejercitación y tiempo, con más redundancia y con muchos ejemplos
en la enseñanza de la variedad escrita estándar del español.
Número nominal
Es bastante extendida como característica de las variedades orales del español que están en
contacto con lenguas indígenas, la tendencia a utilizar formas invariables para el artículo, para
los modificadores del sustantivo o también entre el sujeto y la flexión verbal. Esta influencia se
debe a que en la mayoría de las lenguas indígenas de nuestro país la concordancia de número
no es obligatoria, se trata de hecho de una característica tipológica de estas lenguas.
En zona quechua-español (Los ejemplos pertenecen a Avellana y Kornfeld 2008):
6. Había poco muchachos.
Esos son criminal (…) ¿que no?
En zona aymara-español (Los ejemplos fueron extraídos de Lucas 2007):
7. Después de la vacaciones me mudé
Los país limítrofes de Argentina son
Mis abuelo materno nacieron en el Chaco.
En zona guaraní-español:
8. Lanzaron flecha hacia el cielo y una de ella travesó a la fiera, cayó a la tierra herido de
muerte
Un muy peludo que tenía el cuerpo lleno de pelo fue al médico
Vieron sapo de todos colores (en la selva)
Según Marcela Lucas, los estudiantes conceptualizan ciertos sustantivos, en determinados
contextos, como genéricos. Esto se ve favorecido porque en guaraní existe un singular
genérico, con valor de plural como el que se usa en español en expresiones como El docente
orienta a los alumnos para hacer referencia a “los docentes” en general.
En zona qom-español (Los ejemplos son de Avellana y Kornfeld 2008):
9. Hay muchas organización.
Todas las cosa es buena.
Mis hijos hoy tiene la posibilidad de…
Género gramatical
Las variedades orales del español habladas en zonas de bilingüismo con lenguas indígenas,
también manifiestan una alternancia en la marcación de género y en la concordancia de
género. En estas lenguas, ciertamente, no distinguen género gramatical, sino sexo.
Zona quechua-español (Avellana y Kornfeld 2008)
10. Acá digo bromas en quechua que son más graciosos.
Salí mosca molesto.
Zona guaraní-español
11. Una chica así medio altita y flaco.
La patrona de ahora el que le dio garantí ay compró.
Zona qom-español
12. Una persona violento.
Gustavo es la que sabe.
Negación
Las autoras también observaron que la variedad del español de zonas de influencia quechua y
guaraní emplea la construcción negativa también no, posiblemente también por contacto con
las lenguas originarias porque existe una solución semejante en ellas.
En zona quechua:
14. Yo también no voy a la escuela.
Ella también no tiene lindo cuerpo.
Asimismo, también es característica la repetición de no aunque haya una palabra negativa en
zonas quechua-español y guaraní-español: nada no viene, nada no trae, nada no tengo, nunca
no viene.
Uso de preposiciones
Señala Marcela Lucas que se percibe, especialmente en la variedad del español en contacto
con el guaraní, el uso de la preposición “en” en lugares donde en las variedades rioplatense y
la escrita estándar del español se utilizarían “a”. En este caso, los estudiantes focalizan en la
localización y no la dirección.
Ejemplos orales:
15. Fuimos en la feria del libro (variedad del español de la zona guaranítica)
Fuimos a la Feria (variedad del español rioplatense)
Ejemplos escritos:
16. Había una vez un hombre que fue en el bosque de noche…
Todas las noches va en el cementerio
Los ejemplos presentados hasta aquí ciertamente no agotan las características de las
variedades del español, son apenas algunos casos que ilustran cómo la variación de una
lengua puede deberse a la influencia de otras lenguas. Hemos ejemplificado con lenguas
indígenas, pero si volvemos sobre los estudios más conocidos del español rioplatense
encontraremos también influencias del italiano por causa de la inmigración del siglo XIX. Los
estudios sobre la variación del español permiten predecir posibles dificultades que deben
sortear los alumnos que hablan variedades del español con mayor diferencia en relación con la
variedad estándar.
El rol del docente en la equidad de la alfabetización
Finalmente, y para cerrar esta clase y este módulo, nos interesa retomar la reflexión sobre el
rol del docente y de la institución educativa en camino para la equidad en la alfabetización, y
consecuentemente, en las decisiones e intervenciones sobre la lengua.
Las decisiones que tomamos cada día en la planificación y en el aula, muchas de ellas
determinadas por las representaciones sociolingüísticas, tienen incidencia no solo en los
procesos de alfabetización de los alumnos sino también en las formas de la lengua. Cuando
elegimos manuales, revistas, libros, cuando pensamos ejemplos, cuando seleccionamos
diccionarios y literatura para el trabajo en el aula, cuando escribimos en el pizarrón, cuando
corregimos a los alumnos, cuando encargamos un tipo de actividad escrita, en definitiva,
cuando alfabetizamos, los docentes y la institución escolar asumimos una intervención activa
sobre los discursos y sobre las lenguas.
También tenemos un rol activo con respecto a la igualdad lingüística, que supone una igualdad
social. La forma en que pensemos las lenguas, las variedades y sus hablantes, la forma en que
actuemos en la escuela y en la clase, también tiene fuerte incidencia en la realidad lingüística y
en los procesos de alfabetización. Como vimos, no es menor la relación que el docente
establece con la diversidad lingüística y con los niños que hablan esas variedades.
En suma, ese cambio de óptica al que hicimos referencia en la clase anterior con respecto al
alumno y la situación de la diversidad lingüística no puede sino provenir de la articulación
efectiva de la política educativa, la institución escolar y los docentes. Esperamos, entonces,
que los conceptos de la sociolingüística y las reflexiones propuestas en este módulo
contribuyan en alguna medida a que ese cambio se empiece a producir.
¡Muchas gracias!
Verónica Nercesian
Notas
Nota 1
El aspecto
Se trata de una categoría compleja, ya que podemos hablar de dos clases de aspecto: el
gramatical o flexivo, y el léxico, contenido en la base de los verbos. Esencialmente, el
aspecto flexivo [1] indica si el evento denotado por el verbo está completo o en transcurso.
Ilustramos la categoría en los contrastes de los ejemplos de (11):
(11)
a. Juan trabajó en La Prensa.
b. Juan trabajaba en La Prensa.
En pretérito perfecto simple (11a) sabemos que el evento tuvo lugar en el pasado y que se lo
enfoca como concluido o completo. En imperfecto (11b), en cambio, no solo sabemos que el
evento ocurrió en el pasado, sino también que lo enfocamos en su transcurso, mientras tiene
lugar, sin importarnos el principio o el final. El aspecto que se utiliza en las acciones
incompletas o en su desarrollo se llama imperfectivo y el que se utiliza para indicar acciones
completas se llama perfectivo [2].
Antes de referirnos a las condiciones en que usamos ambos aspectos, introduciremos algunos
conceptos fundamentales para poder desarrollar la cuestión. Veamos qué sucede con los
ejemplos de (12):
(12)
a. María tiene fiebre.
b. Plácido canta óperas.
c. Entra a las siete.
d. Construyeron un puente.
Todos ellos pueden usarse tanto en perfecto simple como en imperfecto. Sin embargo,
comprobamos algunas diferencias notables:
(13)
a. María tuvo fiebre. b. María tenía fiebre.
c. Plácido cantó óperas. d. Plácido cantaba óperas.
e. Entró a las siete. f. Entraba a las siete.
g. Construyeron un puente. h. Construían un puente.
El contraste entre a., y b. es entre un evento concluido y otro en su desarrollo o en su
transcurso; mientras que el que se da entre los ejemplos c. y d. y e. y f. es entre un evento
único y otro que tiene lugar en oportunidades reiteradas (habitual). Respecto de g. y h.
el primero es un predicado que enfocamos como concluido, con un límite final. El segundo,
responde más a las características de una descripción que suele ser simultánea con algún otro
suceso narrado y no tiene límite final, por ejemplo: Pasaba por ahí y vi cómo construían un
puente [3].
concluido en su desarrollo
único habitual
Estos contrastes no se producen por la marca flexiva, que en todos los casos es la misma, sino
por el denominado aspecto léxico o modo de acción de los predicados.
Lieberman Dorotea, (2009- 2010) Gramática del español como segunda lengua, ME INFD, La
formación docente en alfabetización inicial, [Link].c Pág. 153 a 155.
[1] Otros tiempos verbales del español también poseen aspecto inherente. Así, por ejemplo,
en Todo triángulo tiene tres lados el presente es “imperfectivo”, pero no lo manifiesta
morfológicamente.
[2] Los tiempos verbales compuestos del español: el pretérito perfecto compuesto o el
pluscuamperfecto, también tienen aspecto perfectivo, pero no lo manifiestan
morfológicamente, sino mediante la perífrasis con el auxiliar haber.
[3] Este es el caso en que el imperfecto tiene un valor “progresivo” y acepta ser sustituido por
la forma estar + gerundio: “y vi cómo estaban construyendo un puente”.
BIBLIOGRAFÍA
Avellana, Alicia y Laura Kornfeld. 2008. “Variación lingüística y gramática: el caso del español
de la Argentina como lengua de contacto”, RASAL Lingüística 1/2: 25-50.
Bernstein, Basil. 1964. “Elaborated and Restricted codes: Their Social Origins and Some
Consequences”, en The Ethnography of Communication, Gumperz, J. y D. Hymes
(eds.), publicación especial del American Anthropologist 66, nro. 6, parte 2, pp. 55-
[Link]ón publicada con permiso del autor y de la American Anthropological
Association.
Granada, G. 1999. “Quechua y español en el noroeste argentino. Una precisión y dos
interrogantes”, Español y lenguas indoamericanas en Hispanoamérica. Estructuras,
situaciones y transferencias. Valladolid: Universidad de Valladolid, pp. 121-129.
Labov, William. 1969. “The Logic of Non-Standard English”, Georgetown Monographs on
Language and Lingusitics Vol.22, traducido con permiso del autor por Gabriela
Castellanos.
Lucas, Marcela. 2007. “Rasgos del aymara y el guaraní en el español de alumnos en situación
de contacto lingüístico”, Signo y Seña 17: 247-267.
Bibliografía complementaria