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Resumen de "El retrato de Dorian Gray"

El documento resume los primeros 13 capítulos de la novela El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde. Introduce a los personajes de Basil Hallward, Lord Henry Wotton y el joven Dorian Gray, cuyo retrato pintado por Basil fascina a ambos hombres. Lord Henry influye en Dorian con una filosofía hedonista, llevándolo a desear que sea el retrato y no él quien envejezca. Tras romper con su prometida Sibyl Vane, Dorian observa que el retrato ha cambiado, reflej
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Resumen de "El retrato de Dorian Gray"

El documento resume los primeros 13 capítulos de la novela El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde. Introduce a los personajes de Basil Hallward, Lord Henry Wotton y el joven Dorian Gray, cuyo retrato pintado por Basil fascina a ambos hombres. Lord Henry influye en Dorian con una filosofía hedonista, llevándolo a desear que sea el retrato y no él quien envejezca. Tras romper con su prometida Sibyl Vane, Dorian observa que el retrato ha cambiado, reflej
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Capítulo I

En el primer capítulo conocemos a Basil Hallward y a un amigo suyo, Lord Henry Wotton, que se describe como un
hombre elegante y cínico. Este último admira el más reciente retrato que está pintando Basil, el de un atrativo joven
llamado Dorian Gray. La belleza del chico y lo bien que está pintado llama la atención de Lord Henry, que anima a su
amigo a exponerlo en su galería. Basil sin embargo le dice que no puede, pues ha puesto demasiado de sí mismo en
ese retrato.
La conversación gira entonces hacia el modelo, por el que Lord Henry muestra mucho interés en conocer. Pero Basil
le dice que no, sabiendo que la actitud hedonista y cínica de su amigo podría ser una mala influencia para un joven
sencillo y puro como Dorian. No obstante, su deseo de protegerle no sirve de mucho pues en ese momento su
mayordomo le anuncia la llegada de Dorian Gray. Basil le pide una vez más a Lord Henry que «no estropee» al chico,
pues es algo así como una musa para él, la inspiración de su arte.
Capítulo II
En el segundo capítulo, conocemos a Dorian Gray, que hasta entonces solo había sido nombrado. Es efectivamente un
joven atractivo cuya belleza fascina y obsesiona a Basil. Pero ya sabemos que en esa sala no solo estaban el pintor y el
joven, sino también Lord Henry que, hablando con Dorian y explicándole el modo en el que él vive su vida, introduce
al joven en la filosofía hedonista (una corriente de pensamiento explicada por Jostein Gaarder en El mundo de Sofía).
La conversación con Henry cambia a Dorian y comienza a desear que su retrato envejezca en su lugar mientras él se
mantiene eternamente joven y hermoso. Este deseo tendrá graves consecuencias en el futuro.
Capítulo III
En el tercer capítulo de El retrato de Dorian Gray conocemos la historia de Dorian a través de las indagaciones que
hace Lord Henry. Al parecer, Dorian es el hijo de la hija de Lord Kelso, la cual se escapó, se casó y tuvo un hijo
(Dorian) con un hombre de clase baja. Esto enfureció tanto a Lord Kelso que se encargó de acabar con la vida de su
yerno. Después del asesinato de su padre a manos de un hombre contratado por su suegro, la madre de Dorian también
murió en condiciones igualmente extrañas y confusas. Totalmente huérfano, Dorian pasó a ser criado por su abuelo.
El origen de Dorian fascina a Lord Henry, que está decidido a dar forma a la personalidad del joven y conducirlo hacia
la sensualidad y el hedonismo. Con esta idea en la cabeza, acude a un almuerzo en el que también está Dorian y allí
empieza a hablar y a alabar su filosofía de vida y su idea de que la juventud no hay que abandonarla nunca. Admirado
por sus palabras y su buena oratoria, Dorian se acerca a él al final de la comida para transmitirle su deseo de saber
más. Juntos, se van a dar un paseo por el parque, olvidándose Dorian de que había quedado con el pintor Basil.
Capítulo IV
La relación de Dorian y Lord Henry es cada vez más estrecha y hacen muchos planes juntos. La confianza que el
chico tiene en su mentor es total, por eso no duda en decirle que se ha enamorado de una actriz de teatro llamada Sibyl
Vane.
Dorian Gray la conoció porque asistió a una función teatral en la que ve a Sibyl actuaba. Dorian se sintió fascinado
por el talento de Sibyl en el escenario y por su belleza así que, después de la función, fue a su camerino a conocerla en
persona y cortejarla. Sibyl, que es una actriz de teatro pobre, se sintió igualmente abrumada por la atención de Dorian
y se enamoró de él. Tras muchas noches viéndola en el teatro y conociéndola, Dorian le pidió matrimonio.
Después de contarle toda la historia, Dorian le pide a Lord Henry que vaya con él al teatro para conocer a Sibyl y
comprobar su talento. Decide invitar también a Basil, al que ha estado ignorando en las últimas semanas pero al que
agradece el maravilloso retrato que ha pintado.
Capítulo V
En el quinto capítulo de El retrato de Dorian Gray conocemos mejor a su prometida Sibyl. Ella muestra estar muy
emocionada por su compromiso y así se lo hace saber a su madre, aunque sin darle el nombre real de Dorian, pues ha
prometido no desvelarlo y referirse a él como «Su Príncipe Encantador». También le habla de su futuro marido a su
hermano James, que está a punto de irse a la marina. Sin embargo, su hermano no está muy convencido del
matrimonio de su Sibyl y le dice que si ese tal «Príncipe Encantador» le hace daño o le toca un solo pelo, acabará con
él.

Capítulo VI
Antes de ir a la función de Sibyl, Lord Henry y Basil discuten sobre el compromiso de Dorian. El pintor considera que
es una decisión muy preciptada, pero Lord Henry lo ve como algo que, tenga el desenlace que tenga, será entretenido
de ver, como si la vida de Dorian solo fuese un folletín para él.
Cuando llega Dorian, los tres hombres debaten sobre el matrimonio. Por supuesto, el punto de vista de Lord Henry es
muy cínico, pero Dorian cree que cuando vea actuar a la bella Sibyl cambiará de opinión.
Capítulo VII: La muerte de Sibyl Vane
En el sexto capítulo de El retrato de Dorian Gray, Dorian Gray rompe su relación con Sibyl Vane después de una
actuación teatral decepcionante de la que también son testigos sus dos amigos. Sibyl había dejado de actuar con su
habilidad habitual porque estaba demasiado enamorada de Dorian y creía que ya no necesitaba actuar para ganarse su
amor. Cuando Dorian se da cuenta de esto, se siente traicionado y rompe con ella de manera cruel.
Tras toda la noche deambulando por las calles de Londres, Dorian regresa a su casa y se planta delante del cuadro para
observarlo. Entonces, se percata de que la expresión del retrato a cambiado y ahora luce una sonrisa algo maligna, lo
que recuerda a Dorian su propia crueldad hacia Sibyl. Cansado, no hace más que cubrir la pintura e irse a la cama.
Capítulo VIII
A la mañana siguiente Victor, su mayordomo, avisa a Dorian de que ha llegado una carta de Lord Henry, la cual deja
encima de una mesa sin leer.
Cuando Dorian ve el cuadro cubierto, se siente estúpido por pensar que había cambiado, aunque decide a volver a
mirarlo para cerciorarse. Cuando lo hace, se da cuenta de que no eran imaginaciones ni estupideces suyas: el retrato
había cambiado y transmitía maldad. Arrepentido y sabiendo que ese cuadro estaba reflejando su propia personalidad,
escribe una larga carta de amor a Sibyl.
Al poco rato aparece Lord Henry, que se alegra de ver a Dorian de buen humor. Sin embargo, cuando el joven le dice
que quiere recuperar a Sibyl, no le queda otra que decirle que la carta que le había enviado esa misma mañana era para
anunciarle la muerte de la actriz.
Sibyl, desesperada por haber perdido el amor de Dorian, se suicida al día siguiente. La muerte de Sibyl es un momento
clave en la historia de Dorian Gray, ya que es la primera vez que se enfrenta a las consecuencias de sus acciones y
empieza a darse cuenta del daño que su belleza y su egoísmo pueden generar. No obstante, Lord Henry se encarga de
hacerle ver la muerte de Sibyl como el final de una obra maravillosa sobre la que no tiene que sentir culpa.
Capítulo IX
Tras la muerte de Sibyl, Basil visita a su amigo Dorian, sorprendiéndose de que esté feliz. Dorian le explica que para
él Sibyl está otra vez en la esfera del arte, por lo que no hay nada de lo que preocuparse. Además, nadie sabe que él era
su prometido ni podrá acusarle de haberle hecho algún mal. Basil siente que Dorian se ha perdido totalmente en las
manipulaciones de Lord Henry, pero su belleza física sigue obsesionándole. Le pregunta incluso si puede volver a
pintarle, pero Dorian se niega rotundamente y le dice que tampoco podrá volver a ver el primer cuadro. Basil se
marcha enfadado pues sabe que Dorian era, de algún modo, el motor de su arte.
Capítulo X
Dorian decide esconder el cuadro en el ático, bajo llave, para que nadie pueda verlo nunca.
En su biblioteca se encuentra un mensaje de Lord Henry, que le ha enviado un periódico en el que se anuncia que la
investigación de la muerte de Sibyl ha concluido en suicidio, así que no hay nadie buscando a un culpable. También le
envía un libro que Dorian comienza a leer en ese instante. Es la historia de un joven parisino que vive en el puro
hedonismo.
Capítulo XI
En el onceavo capítulo de El retrato de Dorian Gray, Dorian Gray se adentra cada vez más en una vida de excesos y
placeres, al punto de que sus amigos Basil y Lord Henry se sienten preocupados por su bienestar. Dorian comienza a
experimentar con drogas, sexo, y cualquier cosa que pueda darle placer y satisfacción. Sus obsesiones son muchas y
cambia de una a otra a gran velocidad.
A pesar de su comportamiento cada vez más oscuro, la gente sigue admirando a Dorian por su belleza y encanto. Este
capítulo establece la caída moral de Dorian y su incapacidad para encontrar felicidad o satisfacción en su búsqueda de
placer y el esteticismo.
Eso sí, Dorian realiza visitas periódicas al ático, donde comprueba que, con el paso de los años y sus extremas
vivencias, su retrato envejece y se corrompe. Él sabe que la pintura refleja el estado de su alma y que es la
consecuencia de que él no envejeza ni un ápice.
Capítulo XII
Han pasado dieciocho años cuando, una noche, Basil se encuentra con Dorian. El pintor le anuncia que justo estaba
buscándolo, pues quería despedirse de él antes de marcharse seis meses a París. Ya en casa de Dorian, el pintor le
confiesa que ha escuchado rumores muy malos sobre él que dicen que ha agraviado a demasiadas personas. Dorian no
niega los hechos, pero se defiende explicándole que todas las almas son corruptas, solo que él no se esconde. Basil
siente que no conoce a su amigo, a pesar de que él mantenía la confianza de que nada fuese cierto. Le pide a Dorian
que le deje ver su alma verdadera para poder conocerlo de verdad. Dorian se ríe de manera paranoica y le dice que la
puede ver.
Capítulo XIII
Dorian lleva a Basil al ático, donde le muestra el famoso retrato que él mismo había pintado. Basil se queda
horrorizado, incapaz de creer que ese sea el retrato original. Sin embargo, no le quedan dudas de que así es cuando ve
su firma. Insta entonces a Dorian a arrepentirse para limpiar su alma, pero sus alegatos solo sirven para que el
protagonista se llene de ira, agarre un cuchillo y apuñale al pintor allí mismo.
Dorian está algo sorprendido de lo fácil que ha sido para él matar. Decide entonces que va a destruir todas las cosas de
Basil para que no queden pruebas. Además, como se supone que el pintor se iba a ir a París y nadie sabe que ha estado
en su casa, él no será sospechoso de nada.
Capítulo XIV
A la mañana siguiente Dorian pide ver a Alan Campbell, un químico al que había conocido en alguna fiesta pero que
había terminado evitando al protagonista.
Aunque le hace esperar, Alan llega a casa de Dorian, que intenta convencerle de que le ayude a deshacerse de un
cadáver. Alan se resiste, pues no quiere tener nada que ver con Dorian. Sin embargo, el protagonista termina
chantajeándole con una carta con secretos oscuros suyos que, si no le ayuda, enviará a todo el mundo. A Alan no le
queda otra que aceptar y envía un mensaje a su ayudante explicándole que va a hacer un experimento en la casa de
Dorian y que necesita ciertos materiales.
Cuando ya tienen todo, Alan se pone a trabajar y en unas horas logra incinerar el cadáver de Basil.
Capítulo XV
Al día siguiente, en una cena de la alta sociedad londinense, Dorian es incapaz de comer y se aburre soberanamente
hasta que aparece Lord Henry. El que fue su mentor sigue haciendo grandes discursos que alegran su noche. No
obstante, todo se vuelve a torcer cuando alguien le pregunta a Dorian qué hizo la noche anterior. Sus titubeos alertan a
Lord Henry, que luego le pregunta qué pasó. Dorian no le contesta y alega que se tiene que ir ya a casa.
En su casa de nuevo, Dorian quema en la chimenea todas las pertenencias de Basil. Luego un deseo se apodera de él y
le hace coger una caja que había en su armario e irse.
Capítulo XVI
Dorian coge un taxi y pide que lo dejen en una calle sin especificar. Empieza entonces a vagar sin un rumbo fijo
aparente pero con la idea de querer curar su alma enferma. Entonces llega a una casa pequeña que se encuentra entre
dos fábricas.
La casa es un lugar para fumar opio, donde permanece hasta que se siente acosado por dos mujeres. Decide entonces
salir cuando la mujer le llama «Príncipe Encantador». Al oír ese nombre, un marinero se levanta y lo sigue hasta la
calle. Allí coge por el cuello a Dorian, le hace arrodillarse y le apunta con un revolver, diciendo que es el hermano de
Sibyl y que le ha reconocido por el apodo del «Príncipe Encantador». Dorian le dice que no conoce a ninguna Sibyl,
que se está equivocando y solo tiene que verle la cara para comprobarlo. James pone el rostro de Dorian bajo la luz de
una farola y ve que el hombre al que está sujetando apenas aparenta 20 años. Si fuese el asesino de su hermana, que
murió hace ya dieciocho años, este tendría que tener cuarenta.
James, avergonzado, deja ir a Dorian pero, cuando regresa al interior de la casa del opio, una mujer le dice que Dorian
no envejece. James se da cuenta de que le ha engañado, pero cuando vuelve a salir a la calle Dorian ya ha
desaparecido.
Capítulo XVII
En una fiesta en el invernadero de la casa del campo del protagonista, Dorian y Lord Henry conversan con una mujer
cuando esta le pregunta al protagonista si alguna vez se ha enamorado. La pregunta molesta a Dorian que se excusa y
sale de la habitación. Al rato, se escucha un grito que viene del invernadero. Cuando Lord Henry y otros invitados
acuden a ver qué ha pasado, se encuentran a Dorian desmayado. El protagonista contesta que habrá sido por el
cansancio, pero la realidad es que le había parecido ver el rostro de James espiándolo desde fuera del invernadero.
Capítulo XVIII
Tras unos días de descanso y convencido de que el rostro de James había sido una alucinación, Dorian participa junto
a Lord Henry y otros hombres en una cacería. Durante el evento, un hombre que estaba entre los árboles resulta herido
por accidente. Aunque no se sabe quién es, se sospecha que sería un empleado o un batidor. Un rato más tarde se
confirma la muerte del hombre, aún sin identidad.
Tras una conversación incómoda en la que Lord Henry le había dicho a Dorian que le gustaría conocer a alguien que
hubiese matado adrede y no por accidente, Dorian se va a dormir. Sin embargo, el guarda jefe de la finca le despierta
para informarle de que se sigue sin saber quién es el muerto. Dorian acude entonces al lugar donde yace el cadáver y,
aunque no lo dice, él sí lo identifica: es James. Esto le llena de alegría, pues su secreto sigue a salvo.
Capítulo XIX
Dorian está decidido a cambiar y así se lo hace saber a Lord Henry. De hecho, le explica, ya ha comenzado con sus
buenas acciones, pues ayer conoció a una joven campesina llamada Hetty, y que le recuerda mucho a Sibyl, que ella
también se enamoró de él y esta vez ha decidido que no le va a romper el corazón como ha hecho con tantas otras.
La conversación gira entonces hacia la desaparición de Basil que, junto al suicidio de Alan Campbell, era la gran
noticia de Londres. En ese momento, mientras toca algo en el piano, Dorian le pregunta a Lord Henry, sin darle
importancia, que qué le parecería si le dijese que él asesinó a Basil. Lord Henry le dice que el asesinato solo es propio
de las clases bajas, y que él no tiene el carácter para hacer algo así.
Siguen hablando y Lord Henry deja ver su concepción del alma, que para él es algo sin valor. A Dorian esto le ofende,
pues para él es una realidad que puede ser bella o estar enferma. Lord Henry se ríe de su argumentación, pues la
considera ridícula.
Mientras Dorian toca el piano, el que fue su mentor le dice que debe estar orgulloso de la vida que ha llevado, tan
cargada de placer y de romance. Dorian le dice que sí, pero que ahora ha cambiado.
Capítulo XX
En el último capítulo de El retrato de Dorian Gray acompañamos al protagonista en su paseo de vuelta a su casa tras
estar en la de Lord Henry. Durante el camino escucha como algunas personas que se cruzan con él murmuran su
nombre, aunque él lo omite pues solo piensa en Hetty y en sus buenas acciones.
Cuando ya está en casa, se mira al espejo y, al ver su reflejo y odiarlo, lo tira al suelo. Para calmarse y dejar atrás los
rostros de Basil, Alan Campbell o James Vane, todos víctimas de su maldad, se concentra en Hetty, cuya inocencia
intacta es la mayor prueba que tiene de que está cambiando. Entonces, sube al ático para ver cómo está su retrato.
Al destaparlo se le escapa un pequeño chillido de horror al ver que sigue igual, solo que con una sonrisa hipócrita más
marcada. Se da cuenta de que su interés por cuidar a Hetty no es más que otro acto de vanidad y egoísmo para salvarse
a sí mismo. El cuadro es el único que realmente evidencia su ser, su alma y su calvario. Decide que su única opción es
destruirlo, así que toma un cuchillo y lo apuñala.
Abajo, en los pisos inferiores de la casa, los sirviente de Dorian Gray escuchan un grito. Cuando suben al ático para
ver qué ha ocurrido, encuentran el cuerpo de un hombre viejo y repugnante a la vista con un cuchillo en el pecho.
Reconocen que su jefe por los anillos.
EL RETRATO DE DORIAN GRAY: PERSONAJES
Dorian Gray
Dorian Gray es el personaje principal de la novela. Es un joven rico y hermoso que busca la belleza y el placer sin
límites. Después de que su retrato sea pintado por Basil Hallward, se obsesiona con la idea de mantener su juventud y
belleza, y está dispuesto a hacer cualquier cosa para lograr esa inmortalidad. A medida que la novela avanza, Dorian se
vuelve cada vez más corrupto y su búsqueda del esteticismo y el placer lo llevan a un punto de no retorno.
Basil Hallward
Basil Hallward es el pintor que retrata a Dorian Gray. Es un hombre amable y compasivo, pero también es ingenuo en
su amor por el esteticismo y la perfección. Basil se preocupa por Dorian y quiere protegerlo de la influencia negativa
de Lord Henry, pero su obsesión por la belleza y el arte lo lleva a pintar el retrato que finalmente condena a Dorian.
Lord Henry Wotton
Es un amigo de Basil y un filósofo hedonista que cree en la búsqueda del placer y la belleza física como el propósito
principal de la vida. Este hombre influye en Dorian y lo lleva a buscar el placer sin límites. Aunque disfruta de la
corrupción y la degradación, Lord Henry también es un personaje complejo que a menudo habla con un tono irónico y
sarcástico.
Sibyl Vane
Sibyl Vane es una joven actriz de teatro que se enamora de Dorian Gray. Su talento en el escenario y su belleza natural
atraen a Dorian, pero su actuación decepcionante en una obra de teatro lleva a Dorian a romper con ella. La muerte de
Sibyl es un punto de inflexión en la novela, ya que Dorian se da cuenta de que su búsqueda de la belleza y el placer
tiene consecuencias graves, pero también de que es capaz de escapar de ellas.
James Vane
Es el hermano de Sibyl y busca venganza contra Dorian por su muerte. Este hombre es un personaje oscuro y
peligroso que amenaza la vida de Dorian y es un recordatorio constante de las consecuencias de sus acciones.
Alan Campbell
Alan Campbell es un químico que ayudó a Dorian a deshacerse de un cuerpo después de cometer un crimen. Aunque
está agradecido por la ayuda de Campbell, Dorian también lo manipula y lo amenaza para que haga lo que quiere.
Termina suicidándose.
ANÁLISIS LITERARIO
El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde es una novela fascinante y compleja que explora temas universales como la
belleza, la moralidad y la decadencia. Wilde utiliza una prosa exquisita para narrar la evolución del personaje
principal, Dorian Gray, y su búsqueda de la belleza física y el placer sin límites.
Uno de los temas principales de la novela es la obsesión por la belleza y la juventud eterna. Dorian Gray se obsesiona
con la idea de la inmortalidad, y está dispuesto a hacer cualquier cosa para lograrlo. A medida que la novela avanza,
Dorian se vuelve cada vez más corrupto y su búsqueda de la belleza y el placer lo lleva a un punto de no retorno.
Otro tema importante de la novela es la dualidad humana y la hipocresía de la sociedad victoriana. Wilde critica la
doble moral de la época, en la que la belleza y el estatus social eran más importantes que la moralidad y la bondad.
Wilde utiliza personajes como Lord Henry y Basil Hallward para explorar la hipocresía de la sociedad y su obsesión
por la apariencia y el estatus.
La prosa de Wilde es una de las principales fortalezas de la novela. Wilde utiliza una prosa llena de matices para
describir los escenarios y los personajes, y su estilo detallado y descriptivo hace que la novela sea una experiencia
literaria única e inolvidable. Además, Wilde utiliza el simbolismo poderoso del retrato para representar la corrupción y
la decadencia de Dorian Gray.
Así que El retrato de Dorian Gray es una obra literaria icónica que sigue siendo relevante y fascinante en la actualidad.
La novela es una exploración compleja de temas universales como la belleza, la moralidad y la dualidad humana, y
utiliza un simbolismo poderoso y una prosa magistral para transmitir su mensaje. La obra es por tanto un testimonio
de la habilidad literaria de Oscar Wilde y su capacidad para tratar temas profundos de manera elegante y sofisticada.
¿POR QUÉ ES INTERESANTE LEER EL RETRATO DE DORIAN GRAY?
En primer lugar, la novela es una exploración profunda de temas universales como la belleza, la moralidad, la dualidad
humana y la corrupción. A través de la evolución de la psicología del personaje principal, Dorian Gray, Wilde plantea
preguntas significativas sobre la naturaleza humana y la sociedad victoriana en la que se desarrolla la historia.
Además, la prosa de Wilde es inmejorable en esta obra, lo que hace que la novela se haya convertido en un clásico de
la literatura y que su lectura sea formidable. El estilo detallado y descriptivo de Wilde, junto con su capacidad para
crear personajes complejos y fascinantes, hacen que la novela sea una prueba definitiva de su habilidad literaria.
Por último, El retrato de Dorian Gray es una novela que sigue siendo relevante en la actualidad, ya que los temas que
explora son atemporales y universales. La obsesión por la belleza y el poder, la hipocresía de la sociedad y la dualidad
humana son temas que siguen siendo relevantes y significativos en la sociedad contemporánea. Por ejemplo, la
hipocresía y el rechazo al paso del tiempo también son elementos centrales en Historia de una escalera de Antonio
Buero Vallejo.

EL RETRATO DE DORIAN GRAY: REFLEXIÓN


El retrato de Dorian Gray es una novela que habla de los seres humanos y de cómo las personas caemos en la
hipocresía, en las presiones sociales y en nuestro propio ego. Utilizamos estas obsesiones como modo de
supervivencia, convenciéndonos a nosotras mismas que es lo correcto, lo que merece la pena.
Es una obra escrita hace siglos y contextualizada en una época victoriana que Oscar Wilde critica. No obstante, el
mensaje general que nos deja la obra, ese sobre la búsqueda de una juventud eterna, de una inmortalidad inalcanzable,
nos puede hacer reflexionar sobre la actualidad. ¿Acaso no son cada vez más normales las operaciones de estética
entre los jóvenes? ¿Qué está ocurriendo con el abuso de los filtros en redes sociales y en fotos?
Esta claro que la historia de Dorian Gray está llevada al extremo, pero no deja de ser universal y de dejar una reflexión
que también lo es. De algún modo, cualquier persona podríamos vernos reflejadas en su retrato. Mirarnos el alma y
comprobar las consecuencias que tienen nuestros actos (en lugar de esconderlas en un ático) es la moraleja final que
podemos sacar de esta obra clásica.
PREGUNTAS Y RESPUESTAS
Preguntas sobre los personajes
¿Quién es el personaje principal de El retrato de Dorian Gray?
El personaje principal es Dorian Gray, un joven aristócrata que es retratado por el artista Basil Hallward.
¿Quién se enamora de Dorian Gray?
Varias mujeres se enamoran de Dorian Gray y este rompe el corazón a todas menos a la última (a Hetty). Sin duda, la
mujer más importante y a la que él sí que corresponde es a Sibyl Vane.
¿Quién se declara a Dorian?
Sibyl Vane se le declara, correspondiendo su amor. Al final de la novela también lo hace la campesina Hetty.
¿Cómo conoce Dorian a Henry?
Su amistad surge a través de Basil, el pintor que está haciendo el retrato de Dorian y también es amigo de Lord Henry.
¿Cuál es el papel de los personajes en la evolución de la trama y cómo se relacionan entre sí?
Los personajes en El retrato de Dorian Gray juegan un papel importante en la evolución de la trama al desencadenar
eventos que llevan a la corrupción de Dorian. También se relacionan entre sí a través de sus interacciones y diálogos,
lo que muestra la dinámica social de la época victoriana.
¿Qué pecados cometió Dorian Grey?
Después de que Henry le dejase un libro sobre los pecados del mundo, Dorian Grey experimentó durante años los
pecados de la gula y la lujuria.
¿Cómo era Dorian Gray psicológicamente?
En un primer momento se considera un chico ingenuo, inocente y sin experiencia. Sin embargo rápidamente se torna
como alguien vanidoso, cruel, impulsivo e inseguro.
¿Cómo ve Dorian a la esposa de Lord Henry?
Cuando Dorian Grey la vió por primera vez pensó que se veía como una mujer sencilla, joven, reluciente y
despreocupada por la vida.
¿Qué consejo le dio Lord Henry a Dorian Gray?
Al principio de la novela, es precisamente Lord Henry quien acaba persuadiendo a Dorian Gray de que lleve una vida
lo más hedonista posible en la cual pueda disfrutar de los placeres de la vida. La idea del esteticismo, el placer, el
narcisismo y la hipótesis sobre la armonía de la vida es algo de la información que instaura en el joven.
El simbolismo en El retrato de Dorian Gray
¿Qué simboliza el retrato en la obra y cómo se relaciona con la vida de Dorian Gray?
El retrato simboliza el verdadero yo de Dorian Gray, su alma, y su decadencia moral. Mientras que Dorian mantiene
su juventud y belleza, el retrato envejece y muestra los efectos de su corrupción.
Temas universales en El retrato de Dorian Gray
¿Cómo critica Oscar Wilde la sociedad victoriana a través de los personajes de Lord Henry y Basil Hallward?
A través de los personajes de Lord Henry y Basil Hallward, Oscar Wilde critica la hipocresía y superficialidad de la
sociedad victoriana, que valoraba la apariencia sobre la moralidad y la verdad.
¿Qué temas universales se tratan en El retrato de Dorian Gray y cómo se desarrollan en la obra?
Algunos de los temas universales que se tratan en El retrato de Dorian Gray incluyen la belleza, la juventud, la
moralidad, la corrupción y el paso del tiempo. Estos temas se desarrollan a través de la evolución del personaje
principal y la naturaleza del retrato.
El estilo narrativo de Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray
¿Cómo utiliza Oscar Wilde su estilo y técnica narrativa para crear una atmósfera de misterio e intriga en la
novela?
Oscar Wilde utiliza un estilo elegante y descriptivo para crear una atmósfera de misterio e intriga en la novela.
También utiliza técnicas como la sugestión y el diálogo para insinuar la corrupción y la decadencia moral del
personaje principal.
¿Cómo se considera El retrato de Dorian Gray en la literatura gótica?
Oscar Wilde escribió esta novela como un cuento pero, con el tiempo, se ha convertido en uno de los principales
exponentes de la literatura gótica ya que tiene todos los componentes necesarios. Por un lado, hay una reflexión
humanista y filosófica en torno al ser y la existencia pero todo ello teñido de un ambiente lúgubre donde la fantasía y
el terror están permitidos.
¿Qué inspira a Oscar Wilde a escribir El retrato de Dorian Gray?
Oscar Wilde confesó que la inspiración le llegó cuando fue a visitar a un amigo suyo que era pintor y que estaba
terminando un retrato de un joven muy apuesto. El propio escritor comentó que era una pena que el cuadro quedase
siempre intacto pero el cuerpo envejezca y fue su amigo el que propuso la idea de qué pasaría si fuese al revés.
¿Por qué Oscar Wilde escribió El retrato de Dorian Gray?
Oscar Wilde siempre fue muy contestatario, tanto con sus autores contemporáneos, como con la antigüedad clásica y
el arte clásico. Es por eso que a menudo quería con su literatura trastocar y romper con la tradición. “El retrato de
Dorian Gray” fue su primera y única novela y causó un gran revuelo en la sociedad, la cual se vió reflejada en estas
ansias de belleza y eternidad.
La trama de El retrato de Dorian Gray
¿Cómo evoluciona el personaje de Dorian Gray a lo largo de la novela?
A lo largo de la novela, Dorian Gray comienza como un joven inocente e idealista, pero rápidamente se sumerge en un
mundo de hedonismo y placer desenfrenado. Con el tiempo, su obsesión por mantener su belleza juvenil lo lleva a
cometer actos cada vez más atroces, y su personalidad se vuelve cada vez más retorcida y maligna.
¿Qué trata El retrato de Dorian Gray?
El retrato de Dorian Gray trata el tema de la obsesión del hombre por la belleza, la estética y la eterna juventud. En
este sentido, desarrolla a forma de metáfora, cómo puede ser la transformación y deformación de un hombre
obsesionado por ser joven y hermoso. También representa una reflexión sobre la naturaleza y la estética de la época.
¿Quién mató a Dorian Gray?
Él mismo fue quien acabó con su vida al vender su alma por la eterna juventud y, después acuchillar su propio retrato,
haciendo que todo el peso y la mala vida de sus años cayera sobre su cuerpo.
¿Cuántos años tiene Dorian Gray?
En el comienzo de la novela, Dorian tiene unos veinte años.
En el momento de su muerte, Dorian Grey tiene 38 años, aunque luce mucho más mayor por la mala vida que ha
llevado y la codicia que le ha consumido.
¿Dónde se desarrolla la historia de El retrato de Dorian Gray?
La historia tiene lugar principalmente en Londres, en la época victoriana (siglo XIX).
¿Cómo era la vida de Dorian Gray?
Al comienzo de la novela, Dorian es un joven rico y hermoso que vive una vida llena de lujos y placeres. Sin embargo,
su vida cambia cuando se obsesiona con mantener su belleza y juventud, lo que lo lleva a una espiral descendente de
hedonismo y crueldad.
¿Cuál es el mayor miedo de Dorian Gray?
El mayor miedo de Dorian Gray es que su verdadera naturaleza sea revelada al mundo, y que sea juzgado y condenado
por sus crímenes y pecados. También le aterra envejecer, un tema que también explora Gabriel García Márquez en El
amor en los tiempos del cólera.
¿Qué deseo pide Dorian Gray?
Dorian pide que el retrato envejezca y se corrompa en su lugar, permitiéndole mantener su belleza y juventud para
siempre.
¿Por qué Dorian Gray cambia su personalidad?
Dorian Gray cambia su personalidad debido a su obsesión por mantener su belleza y juventud, y su creciente
corrupción moral. A medida que se sumerge más en el mundo del hedonismo y el placer desenfrenado, su personalidad
se vuelve cada vez más retorcida y maligna.
¿Por qué no envejece Dorian Gray?
Por qué había sido capaz de entregar su propia alma a cambio de la eterna juventud, quedando reflejado en su retrato
todo el paso de los años, los estragos de la mala vida y los golpes de moral de su decisión y su carácter egoísta.

EL RETRATO DE DORIAN GRAY RESUMEN


Dorian Gray conoce a Lord Henry Wotton en el estudio de Basil Hallward, quien está usando a Dorian como modelo
para su última pintura. Lord Henry le cuenta a Dorian sobre su epicúrea mirada sobre la vida, y lo convence del valor
de la belleza por encima de todas las cosas. Las palabras de Lord Henry conmueven al joven e influenciable Dorian.
Cuando Basil les muestra la pintura recién terminada, Dorian se asombra profundamente al ver su propia imagen, y se
siente abrumado por el miedo a que su juventud y su belleza se desvanezcan. Le produce celos que la imagen pueda
ser hermosa para siempre, mientras él esté destinado a marchitarse y envejecer. Desea apasionadamente que las cosas
pudieran ser al revés. Lord Henry está tan fascinado con la inocencia de Dorian como este lo está con la perspectiva
cínicamente sensual de Henry sobre la vida. Se hacen amigos inmediatamente, para consternación de Basil, que teme
que Henry sea una mala influencia en el joven e inocente Dorian, a quien adora.
Dorian y Lord Henry cenan juntos a menudo y asisten a los mismos eventos sociales. La influencia de Henry tiene un
profundo efecto en el joven, que pronto adopta las ideas de su nuevo amigo como propias: abandona sus
preocupaciones éticas y ve la vida en términos de placer y sensualidad. Dorian se enamora de la bella Sibyl Vane, una
pobre pero talentosa actriz joven. Están comprometidos para casarse hasta que Dorian lleva a Henry y Basil a una
función, en la que la actuación de Sibyl resulta inusual e inexplicablemente terrible. Dorian encuentra a Sibyl en el
camarín, y ella le dice que, estando ahora realmente enamorada, ya no cree en la actuación. Disgustado y ofendido,
Dorian rompe su compromiso y la deja sollozando en el suelo. Cuando regresa a su casa, descubre que la figura, en su
retrato, tiene ahora una expresión facial ligeramente diferente, más despectiva.
Dorian se despierta tarde al día siguiente sintiéndose culpable por el modo en que trató a Sibyl, y le escribe una
apasionada carta de amor, disculpándose. Pronto, sin embargo, llega Lord Henry y le informa a Dorian que Sibyl se ha
suicidado la noche anterior. Dorian se sorprende y se ve conmocionado por la culpa, pero Henry lo convence de
analizar la situación en términos artísticos: el soberbio melodrama de la muerte de Sibyl es algo realmente admirable.
Sucumbiendo a la sugerencia de su amigo, Dorian decide que ya no necesita sentirse culpable, especialmente porque
su retrato encantado lidiará con la culpa por él. El retrato hará las veces de su conciencia, permitiéndole vivir
libremente. Cuando Basil visita a Dorian para consolarlo, se horroriza por la apatía de su amigo hacia la muerte de su
prometida. Dorian no se disculpa, y hasta se muestra molesto por la adulación de Basil hacia él.
Paranoico por la posibilidad de que alguien descubra el secreto del retrato y, por lo tanto, la verdadera naturaleza de su
alma, Dorian esconde la pintura en su ático. Durante los años siguientes, el rostro de Dorian sigue siendo joven e
inocente, a pesar de su egoísmo y sus muchos escándalos. Se convierte en un miembro extremadamente popular de la
alta sociedad, admirado por su buen gusto y venerado como pionero de la moda. La imagen del retrato, sin embargo,
continúa envejeciendo, y se afea más con cada fechoría de Dorian. Este no puede evitar mirar la imagen
periódicamente, pero se horroriza cuando lo hace y solo se siente realmente feliz cuando logra olvidar su existencia.
Se sumerge en varias obsesiones, como el estudio del misticismo, las joyas, la música y los tapices antiguos. Sin
embargo, estos intereses son meras distracciones para olvidar lo horrible de su verdadera alma.
Una noche, Basil visita a Dorian para confrontarlo sobre todos los terribles rumores que ha escuchado. El pintor quiere
creer que su amigo sigue siendo una buena persona. Dorian decide mostrarle el retrato, para que pueda ver la
verdadera degradación de su alma. Cuando Basil lo ve, se horroriza e insta a su amigo a arrepentirse de sus pecados.
Esta reacción enfurece a Dorian, quien asesina al artista con un cuchillo. Para deshacerse del cuerpo chantajea a su
conocido Alan Campbell, un químico que procede a quemar el cuerpo en la chimenea del ático. Alan ya había sido
llevado al aislamiento por la influencia corruptora de Dorian, y esta acción lo lleva finalmente al suicidio.
Poco después, Dorian visita un antro donde abunda el opio y es atacado por James Vane, hermano de Sibyl, quien ha
jurado vengarse del hombre que llevó a su hermana al suicidio. Han pasado 18 años desde aquel suceso, pero Dorian
todavía parece un joven de 20 años. James piensa que se ha equivocado, y Dorian escapa antes de que el hombre
descubra la verdad. Durante los días siguientes, Dorian vive con miedo, seguro de que James lo está buscando.
Un día, de caza, Geoffrey, un amigo de Dorian, le dispara accidentalmente a un hombre que estaba escondido en la
propiedad de Dorian. Se revela que este extraño es James Vane. Dorian se siente aliviado, pero no puede escapar al
hecho de que ya cuatro muertes pesan sobre su conciencia.
Cuando decide cambiar su vida para mejor, Dorian se niega a corromper a una joven que se ha enamorado de él.
Luego va hacia el retrato, esperando descubrir un cambio para mejor, pero cuando se da cuenta de que el único cambio
es la aparición de una sonrisa hipócrita en la arrugada cara, se da cuenta de que incluso su esfuerzo por salvar su alma
fue impulsado por la vanidad. En un ataque de desesperación, decide destruir la imagen con el mismo cuchillo que usó
para matar a Basil, su creador. En la planta baja, los sirvientes de Dorian escuchan un grito y corren escaleras arriba
para encontrar a su amo muerto en el suelo, con el cuchillo hundido en su propio pecho. El semblante juvenil de
Dorian ha desaparecido, y sus sirvientes solo pueden reconocerlo por los anillos en sus dedos.
LISTA DE PERSONAJES
Basil Hallward
Un pintor solitario muy respetado por la aristocracia londinense. Admira profundamente a Dorian y pinta de él
numerosos retratos hasta crear, finalmente, su obra maestra, que es la que le da título a la novela. Basil presenta a
Dorian y Lord Henry Wotton.
Lord Henry "Harry" Wotton
Un defensor del placer sensual, conocido en la alta sociedad londinense por su deslumbrante conversación y sus
particulares opiniones, descaradamente inmorales. Valora la belleza por encima de todo y es el principal responsable
de la corrupción de Dorian.
Dorian Gray
Un joven apuesto, ingenuo y de buen corazón hasta que es corrompido por la vanidad. Dorian hace un trato fáustico:
su cuerpo permanece joven y hermoso, y es su retrato el que se transforma para reflejar no solo el paso del tiempo,
sino también el estado de su conciencia, cada vez más atravesada por la culpa. Eventualmente, Dorian corrompe,
lastima y, en algunos casos, lleva a la muerte, a las personas del círculo social que frecuenta.
Lord George Fermor
El tío de Henry Wotton. Es un aristócrata ocioso e impaciente. Henry lo llama para obtener información sobre los
antecedentes de Dorian. Es el retrato del típico aristócrata egocéntrico y entrado en edad cuyo dinero le permite
dedicar su vida exclusivamente a asuntos superficiales.
Sibyl Vane
Bella actriz shakespeariana de 17 años. Es el primer amor de Dorian. Ellos se enamoran y se comprometen, pero una
noche Dorian la ve representar una mala interpretación en el escenario y, desilusionado, la trata con extrema crueldad.
Ella, con el corazón roto, se suicida.
Señora Vane
Es la madre de Sybil. Soltera y envejecida, también es actriz, y tanto ella como su hija luchan por mantener a su
pequeña familia con su oficio. Le resulta cómodo que su vida real resulte tan melodramática como en el escenario.
James Vane
Es el hermano menor y ferozmente protector de Sibyl. Abandona Inglaterra para convertirse en marinero. Sospecha
del amante de su hermana desde el principio, y jura destruirlo si le causa algún daño. Después de la muerte de Sibyl,
James se dedica a encontrar al "Príncipe Azul" de su hermana, y termina siendo asesinado, accidentalmente, por una
bala de caza, mientras intenta vengarse de Dorian.
Señor Isaacs
Es el hombre que maneja el decrépito teatro en el que actúa Sybil. Los Vane tienen muchas deudas con él. Es un
retrato esterotípico de un judío entrado en años. Dorian y Basil lo consideran despreciable, pero a Lord Henry le
resulta divertido.
Víctor
Es el fiel mayordomo de Dorian, de quien él sospecha injustificadamente. Víctor es reemplazado por otro sirviente en
la segunda mitad de la novela, aunque los detalles de su despido nunca se revelan. Tenemos que suponer que la
paranoia de Dorian se volvió insoportable, o que Víctor ya no pudo soportar la naturaleza cada vez más corrupta de su
amo.
Señor Hubbard
Un célebre marquista londinense a quien Dorian llama para que lo ayude a ocultar su retrato en el ático. Aparece una
sola vez en la novela, pero aviva la creciente paranoia de Dorian cuando se desconcierta por la negación del
protagonista de mostrarle la pintura.
Adrian Singleton
Un joven y prometedor miembro de la alta sociedad cuya vida toma un giro oscuro cuando se hace amigo de Dorian.
Adrian se hace adicto al opio, y gasta todo su tiempo y dinero en sucios antros llenos de drogas.
Alan Campbell
Un talentoso químico y músico cercano a Dorian hasta que su amistad llega a un amargo final como consecuencia de
la cada vez peor reputación de Dorian. Mediante el chantaje, Dorian lo obliga a ayudarlo a deshacerse del cuerpo de
Basil. Luego de esto, Alan se suicida.
Lady Narborough
Es la viuda de un hombre rico, y la madre de jóvenes bien casadas. Es anfitriona de numerosas fiestas, y gran
aficionada de Dorian y Lord Henry.
Sir Geoffrey Clouston
Es un miembro de la alta sociedad londinense y frecuente invitado de Lady Narborough. Es quien le dispara a James
Vane en un accidente de caza. A diferencia de la mayoría de los aristócratas presentes en el incidente, parece bastante
perturbado por la idea de haberle quitado la vida a un ser humano.
Lady Alice Chapman
Es la hija más intrascendente de Lady Narborough, un personaje secundario que Wilde utiliza para mostrar la
superficialidad de Lord Henry.
Duquesa de Monmouth
Gladys, una bonita e inteligente aristócrata, casi tan ingeniosa como Lord Henry en la conversación. Admite con
ligereza y sin tapujos numerosos affairs, y coquetea con Dorian en una de sus fiestas.
Hetty Merton
Una hermosa joven de pueblo que se enamora de Dorian, y que a él le recuerda a Sybil Vane. Dorian, consciente e
hipócritamente, se abstiene de corromperla en un intento de comenzar a vivir una buena vida y purificar su alma.
Dado el aspecto joven e inocente de Dorian, ella no le cree cuando él le advierte que es malvado. Ella es la última
muchacha con quien Dorian se vincula románticamente.
TEMAS
El arte como espejo
Este tema está obviamente encarnado en el retrato que da título a la obra. La imagen de Dorian Gray refleja su
conciencia y su verdadero ser, y sirve como un espejo de su alma. Este hecho se hace eco de la declaración de Wilde
en el prefacio a la versión en inglés de la obra: "es el espectador (...) a quien el arte realmente refleja".
Sin embargo, este tema aparece antes en el prefacio, en la afirmación de Wilde de que "la aversión al realismo propia
del siglo XIX es la ira de Calibán al ver su propio rostro reflejado". El realismo es una corriente artística que, se dice,
mostró al siglo XIX su propio reflejo. El miedo que Dorian expresa al ver la pintura, y las emociones de las que busca
escapar a través del pecado, la adicción a las drogas e incluso el homicidio, podrían considerarse una expresión de su
ira al ver a su verdadero yo. La idea del reflejo también recuerda una gran influencia mítica en la novela: la historia de
Narciso. Dorian, como Narciso, se enamora de su propia imagen y finalmente es destruido por ella.
El arte de vivir (o vivir a través del arte)
Este tema se expresa más prominentemente en el personaje de Lord Henry, y en el "nuevo hedonismo" que sostiene.
Lord Henry aborda abiertamente la vida como una forma de arte, buscando esculpir la personalidad de Dorian y
sosteniendo incluso sus discursos más casuales como actuaciones dramáticas. En particular, persigue nuevas
sensaciones e impresiones de belleza con la amoralidad con la que un artista debe abordar su arte según la postura del
propio autor, quien en el prefacio a esta misma obra afirma: "Ningún artista tiene simpatías éticas". Esta última
característica de Henry es la que deja la impresión más profunda en el personaje de Dorian. Sin embargo, aunque
ambos hombres se consideran artistas de la vida, su defecto radica en su flagrante violación de la regla ofrecida por
Wilde en la primera línea del prefacio: "Revelar el arte y ocultar al artista es el objetivo del arte". Dorian y Lord
Henry, por el contrario, se esfuerzan por revelarse a sí mismos en su "arte".
Wilde también explora este tema al difuminar la línea entre la vida y el arte. Los personajes de la novela incluyen
actrices que viven como si estuvieran constantemente en el escenario, y un pintor que valora una amistad,
principalmente, porque mejora su habilidad para pintar. Dorian mismo basa conscientemente su vida y sus acciones en
una obra de arte: un libro que Lord Henry le dio.
La vanidad como pecado original
La belleza física es el atributo que Dorian más aprecia de sí mismo y la vanidad es, en consecuencia, su peor vicio.
Una vez que Lord Henry le inculca una fuerte noción de la preciosidad de su propia belleza, todas las acciones de
Dorian, desde su deseo de juventud eterna al comienzo de la novela hasta su intento desesperado de destruir el retrato
al final de la misma, están motivadas por la vanidad: incluso sus intentos de altruismo son impulsados por un deseo de
mejorar la apariencia de su alma.
A lo largo de la novela, la vanidad acecha a Dorian, pareciendo condenar sus acciones incluso antes de que las cometa.
Es su pecado original. La caída en desgracia de Dorian, entonces, es la consecuencia de su decisión de abrazar la
vanidad (y, de hecho, cualquier sentimiento nuevo y placentero) como una virtud, a instancias de Lord Henry, su
corruptor.
En el prefacio de la novela, Wilde nos invita a reflexionar sobre la imposibilidad de escapar a la vanidad en nuestra
propia relación con el arte cuando afirma que "es al espectador, y no la vida, lo que el arte realmente refleja". Si nos
vemos a nosotros mismos en el arte y encontramos que este es bello, estamos de hecho, como Dorian, admirando
nuestra propia belleza.
La identidad pública vs. la identidad privada
Este tema es prominente en gran parte de la obra de Wilde. Desempeña un papel central en La importancia de llamarse
Ernesto, y recorre también esta novela. Además del protagonista, muchos de los personajes de la novela están muy
preocupados por su reputación. Tanto Lord Henry como Basil Hallward asesoran a Dorian sobre cómo preservar su
buena imagen pública. Cuando se cometen crímenes, la preocupación de los personajes no es la absolución personal
sino si el perpetrador será o no encontrado culpable del hecho públicamente. De esta manera, cada personaje de la
novela es consciente de que hay una identidad dividida: una definida por el público y otra que ellos mismos
determinan. La figura de Dorian es una representación alegórica de esta condición. El retrato es una visualización
literal de la identidad privada de Dorian, del estado de su alma, mientras que el mismo Dorian se ve perpetuamente
joven, hermoso e inocente.
Gran parte de la crítica social de la novela surge de la reflexión sobre este tema. Las respuestas que Dorian recibe de la
gente destacan constantemente la abrumadora superficialidad de la Londres victoriana (si no de la gente en general).
Dado que Dorian siempre aparenta ser inocente, la mayoría de las personas con las que se encuentra asume que es, de
hecho, una persona buena y amable. El protagonista no necesita, de hecho, rendir cuentas por homicidio alguno ya que
las personas están automáticamente dispuestas a creer lo que ven sus ojos más que cualquier otra cosa.
El valor de la belleza y la juventud
Lord Henry afirma valorar la belleza y la juventud por encima de todo. Es esta creencia, al ser incorporada, lo que
impulsa al protagonista a cumplir el deseo que finalmente lo condena. Cuando Dorian se da cuenta de que mantendrá
su apariencia juvenil independientemente de las acciones inmorales que lleve a cabo, se considera libre de las
limitaciones morales que enfrentan los hombres comunes. Así, valora su apariencia física más que el estado de su
alma, lo que se vuelve evidente por la cada vez más profunda degradación del retrato. Esta fe tan superficial en la
juventud y la belleza como los más altos valores es, por lo tanto, el mecanismo que lleva al protagonista a su propia
condena. De esta manera, El retrato de Dorian Gray puede leerse como un relato moralista que advierte sobre los
peligros de valorar demasiado la apariencia y descuidar la conciencia.
Es importante tener en cuenta que la belleza que Dorian persigue incesantemente es una definida por una sensibilidad
puramente artística, a diferencia de una de carácter humanista. Cuando se enfrenta a la noticia del suicidio de su
prometida, Dorian ve el suceso como satisfactorio en términos melodramáticos. Su obsesión con la belleza estética le
impide a Dorian prestar atención al dolor de su propia conciencia.
La influencia y la corrupción
Al comienzo de la novela, Dorian es un joven inocente. Es bajo la influencia de Lord Henry que se corrompe y
comienza eventualmente a corromper a otros jóvenes. Una de las principales preguntas filosóficas planteadas por esta
novela es dónde ubicar la responsabilidad de las fechorías de una persona. Si uno asume una lectura moralista, El
retrato de Dorian Gray puede interpretarse como una lección sobre asumir la responsabilidad de las propias acciones.
Dorian señala a menudo a Lord Henry como el origen de su corrupción. Sin embargo, al evaluar la situación de los
demás, el protagonista pone toda la culpa en ellos en lugar de considerar el papel que él mismo podría haber jugado en
su caída.
La homosexualidad
Este es el tema al que se refiere Wilde cuando escribe sobre la nota fatal que atraviesa Dorian Gray en una carta a su
joven amante, Bosie, tras sus ruinosas apariciones en la corte. El tema de la homosexualidad es para Wilde una "nota
fatal" porque la sodomía, y la homosexualidad en general, eran delitos severamente castigados en la Inglaterra
victoriana, y es bajo tales cargos que Wilde fue, de hecho, llevado a juicio.
En la novela hay fuertes matices homosexuales en las relaciones entre los tres personajes centrales (Dorian, Lord
Henry y Basil Hallward), así como entre Dorian y varios de los jóvenes cuyas vidas se dice que "arruinó", muy
especialmente Alan Campbell. En su revisión de la novela para su lanzamiento oficial, después de su publicación en la
Lippincott's Monthly Magazine, Wilde elimina todas las referencias más evidentes a la homosexualidad. Sin embargo,
la atracción sexual entre hombres resultaba demasiado intrínseca a la constitución de los personajes y a las
interacciones entre ellos como para ser eliminada completamente de la novela. Este tema ha llevado a muchos críticos
a leer la novela como la historia de la lucha de un hombre con sus inclinaciones socialmente inaceptables. De hecho,
algunos afirman que Wilde estaba resolviendo sus propios sentimientos encontrados sobre el tema a través de la
novela.
CAPÍTULOS I Y II
Resumen
El Capítulo I comienza con una descripción de Basil Hallward, un muy respetado pero solitario pintor que está
entreteniendo a su amigo, Lord Henry Wotton. Es un hermoso día de primavera. Lord Henry admira la obra en proceso
de Basil, un retrato de cuerpo entero de un joven hermoso, y lo insta a exhibirlo en una galería. Basil le dice que no lo
hará: "He puesto demasiado de mí mismo en él" (18), afirma. Lord Henry se burla de él, malinterpretando sus
palabras, y le responde que no se parece en nada al muchacho del retrato. En la siguiente discusión, queda claro que
Lord Henry habla a menudo con aforismos elaborados, cínicos e incluso paradójicos, mientras que Basil es un hombre
más sencillo, con valores más puramente románticos. Basil aclara su afirmación anterior al decirle que "cada retrato
que se pinta con sentimiento es un retrato del artista, no del que posa" (20).
La discusión gira hacia el modelo, a quien Basil describe como un joven deliciosamente puro e ingenuo llamado
Dorian Gray. Lord Henry insiste en conocerlo, pero Basil se niega a presentárselo. Quiere proteger la inocente pureza
del joven de la cínica y sensualista influencia de Lord Henry. Queda claro que Basil tiene sentimientos muy fuertes
hacia Dorian, bordeando la adulación. Para disgusto de Basil, el mayordomo anuncia la inesperada llegada de Dorian,
y entonces el artista le implora a Lord Henry: "Él tiene un carácter sencillo y hermoso (...). No lo estropees (...). No
alejes de mí a la única persona que da a mi arte todo el encanto que posee" (27).
El Capítulo II comienza cuando Lord Henry y Dorian son presentados, y comienzan a hablar mientras Basil prepara
sus pinturas y pinceles. Henry queda cautivado de inmediato por el encanto y la buena apariencia del muchacho, y
Dorian queda igualmente impresionado con la perspicacia conversacional de Henry, y por sus puntos de vista,
definitivamente poco ortodoxos, sobre la moral. Controlando sus celos, Basil le pide a Henry que se vaya para que
Dorian pueda posar en paz para el retrato. Pero Dorian insiste en que Henry se quede y Basil cede. Henry continúa
deslumbrando al modelo con una improvisada conferencia sobre cómo las personas deberían ser menos reservadas
para que uno "pueda darse cuenta perfectamente de la propia naturaleza" (31). Mientras pinta, Basil señala que "una
mirada había venido a la cara del muchacho que no había visto nunca antes" (31). Es esta mirada de revelación que el
artista captura en su pintura. El discurso de Lord Henry hace que Dorian sienta que "una influencia totalmente nueva
estaba operando dentro de él" (32), y se maravilla de que "palabras habladas por casualidad" (32) pudieran tener este
efecto. Lord Henry ve claramente el efecto que tiene en Dorian, y se siente orgulloso. Dorian y su nuevo amigo se van
al jardín mientras Basil le da los últimos toques a su obra. En el jardín, Henry le dice al joven que "Nada puede curar
el alma sino los sentidos, así como nada puede curar a los sentidos excepto el alma" (33), y que él es "la juventud más
maravillosa y la juventud es lo único que tiene valor" (34). La conversación se vuelve hacia la belleza, y Henry afirma
que esta tiene "su derecho divino de soberanía" (34), que da poder a quienes la tienen y que nada en el mundo es más
importante. Advierte a Dorian que su belleza algún día se desvanecerá, una idea que horroriza al influenciable joven.
Basil luego les informa a sus amigos que la pintura está terminada. Al verla, Dorian se siente abrumado de alegría y
asombro por su belleza. Es su primera inmersión descarada en la vanidad. Sin embargo, en cuanto piensa en lo
preciosa que es su belleza, recuerda la declaración de Lord Henry sobre la fugacidad de la juventud y tiene un ataque,
enfureciéndose con el retrato porque siempre conservará su belleza, mientras él está destinado a envejecer. Acalorado,
piensa: "¡Oh, si fuera justo al revés! ¡Si el cuadro pudiera cambiar y yo pudiera ser siempre lo que soy ahora!" (38). Al
ver la angustia de Dorian, Basil toma un cuchillo y se acerca a la pintura para destruirla. Pero Dorian lo detiene,
alegando que sería un asesinato, y que está enamorado de la obra. Basil promete darle el retrato a Dorian como regalo,
y le dice que se lo entregará apenas pueda barnizarlo y enmarcarlo.
Lord Henry queda fascinado por el comportamiento de Dorian, y los dos hacen planes para ir juntos al teatro esa
misma noche. Basil se opone y le pide a Dorian que cene con él, pero Dorian se niega y se va con Lord Henry,
prometiéndole a Basil llamarlo al día siguiente.
Análisis
Los capítulos iniciales nos presentan a los principales actores de la novela. Aprendemos mucho sobre Lord Henry,
Basil y Dorian, y recibimos información que determinará el desarrollo de la historia. Las formas en las que Wilde
retrata la personalidad de cada personaje son particularmente notables. Por ejemplo, el lector se encuentra con el
retrato incompleto de Dorian antes de que el mismo Dorian haga su primera aparición. Dorian existe como una
imagen hermosa pero esencialmente superficial antes que nada, incluso antes de incorporarse a la obra como ser
humano. Después de todo, el título del libro es El retrato de Dorian Gray, lo que sugiere que la novela trata sobre la
imagen del hombre, más que sobre el hombre mismo. De esta manera, Wilde comienza a desdibujar la distinción entre
el joven y su retrato (una práctica que comienza en serio cuando la imagen de la pintura refleja la verdadera naturaleza
del alma de Dorian), cuestionando dónde está la identidad y destacando el valor de superficialidad. Lord Henry
comenta que "solo la gente superficial no juzga por las apariencias" (34), y Wilde no le ofrece al lector otra opción
más que hacerlo así en esta instancia. Al igual que Basil, que parece estar más enamorado de Dorian como modelo que
como persona; al igual que Lord Henry, que afirma valorar la belleza por encima de todo lo demás, y al igual que la
sociedad victoriana en general, el libro en sí parece más interesado en la imagen del protagonista que en el
protagonista mismo.
A veces, Basil y Lord Henry adscriben a ideales congruentes con los del autor. Basil afirma que "no hay nada que el
arte no pueda expresar" (24), lo que constituye esencialmente una reformulación de una frase del prefacio incluido en
la versión original en inglés: ""the artist can express everything" ["el artista puede expresarlo todo"]". El hábito de
Lord Henry de lanzar constantemente aforismos "profundos", y su lánguida y sensual personalidad recuerdan la propia
personalidad de Wilde en sociedad. Sin embargo, asumir que cualquiera de los personajes está destinado a ser leído
como una representación del propio Wilde es un error. Ambos personajes también expresan opiniones que contradicen
directamente algunas de las creencias expresadas en el señalado prefacio. Esta distinción se volverá cada vez más
evidente a medida que avanza la novela.
El carácter solitario de Basil es mencionado al principio casi como al pasar, pero jugará un papel importante más
adelante en la novela. Como suele aislarse de forma regular, su ausencia no será notable cuando finalmente
desaparezca de forma definitiva. Otro aspecto notable del personaje de Basil es su devoción personal a Dorian. Hay
varios indicios de que el pintor está enamorado de él en un nivel que excede lo profesional. Estos sentimientos,
basados en la belleza y la pureza de Dorian, conducen eventualmente al rechazo del joven y, en última instancia, a la
aparente incapacidad de Basil de seguir haciendo arte.
El segundo capítulo, en el que el propio Dorian hace su primera aparición, describe el comienzo de la corrupción de
Dorian a manos de Lord Henry. También presenta el pacto inadvertidamente faustiano de Dorian, cuando el joven
aboga por que el retrato envejezca en lugar de él. Vale la pena señalar el hecho de que Lord Henry invita a Dorian al
jardín de Basil mientras le da sus lecciones sobre la juventud, la belleza y el valor de la inmoralidad. Este escenario,
que remite al Edén, sugiere que la respuesta de Dorian a las palabras de Henry representa su caída en desgracia: es su
pecado original.
La reacción inicial de Dorian al retrato recuerda una declaración de Wilde en el mencionado prefacio a la versión
original: ""Those who find ugly meanings in beautiful things are corrupt without being charming" ["Aquellos que
encuentran significados negativos en las cosas bellas están corrompidos sin ser encantadores"]. La pintura es una obra
maestra, ciertamente una "cosa hermosa", pero la imagen despierta celos y odio en Dorian porque le recuerda la
naturaleza fugaz de su propia juventud. Él ya está "corrompido sin ser encantador", pero este hecho solo marca el
punto de partida de su inminente caída en desgracia. El intento de Basil de destruir la pintura con un cuchillo, y la
exclamación de Dorian de que "sería un crimen" (39) presagia los eventos que tendrán lugar más adelante.

Capítulo III
Resumen
Al día siguiente, a las doce y media, Lord Henry visita a su tío, el gruñón Lord George Fermor, para ver qué puede
averiguar sobre el pasado de Dorian Gray. Lord Fermor es viejo e inactivo, y ha pasado la mayor parte de su vida
moviéndose apáticamente entre los círculos sociales aristocráticos de Londres, dedicándose "al estudio serio del gran
arte aristocrático de no hacer absolutamente nada" (43). Por lo tanto, es una fuente ideal para obtener información
sobre la vida privada de las personas. Todo lo que Lord Henry tiene que hacer es mencionar que Dorian es "el último
nieto de Lord Kelso" (44).
Lord Fermor le informa a su sobrino que la madre de Dorian era Margaret Devereux, la bella hija de Lord Kelso,
quien defraudó a su padre y causó un escándalo al fugarse con un hombre de clase baja. Lord Kelso, un hombre
amargado, buscó su venganza pagándole a un joven belga para injuriar a su yerno no deseado. El padre de Dorian fue
aparentemente asesinado en el enfrentamiento que siguió a esta deshonra, y su madre murió solo algunos meses
después. Las condiciones específicas de sus muertes nunca se revelaron. La custodia de Dorian recayó entonces en
Lord Kelso, quien fue socialmente condenado al ostracismo por causar todo aquel calvario. Kelso era notoriamente
mezquino y pendenciero, y siempre hacía escenas regateándole sin tapujos a choferes y otra gente.
Henry se va de la casa de Lord Fermor para asistir a un almuerzo en lo de su tía, Lady Agatha. En el camino reflexiona
sobre la fascinante historia del origen de Dorian, pensando que esta convierte su vida en "un romance extraño, casi
moderno" (46). Henry está entusiasmado con la perspectiva de dar forma a la personalidad del joven, abriéndole los
ojos al mundo de la sensualidad al que él mismo está tan dedicado. Piensa que el muchacho "podría ser moldeado en
un tipo maravilloso" (47), y que "intentaría dominarle (...). Haría que ese maravilloso espíritu fuera suyo" (47). En este
punto, entendemos cuán manipulador es realmente Henry.
Henry llega finalmente al almuerzo bastante tarde, como de costumbre. Una vez en la mesa, domina pronto la
conversación, impresionando a los invitados con la astucia de su discurso y ofendiéndolos juguetonamente con las
ideas de que "para volver a la juventud, uno sólo tiene que repetir las locuras" (51), y que la gente "cuando es
demasiado tarde descubre que las únicas cosas que nunca lamenta son sus errores" (51). La encantadora diatriba del
hombre se describe en términos de malabarismo y acrobacias. Dorian está entre los invitados, y Henry está actuando
principalmente para él.
Sus esfuerzos no son en vano: una vez que termina el almuerzo, Dorian se le acerca con palabras de admiración,
afirmando que "nadie habla tan maravillosamente como usted lo hace" (53). Finalmente, acompaña a Lord Henry al
parque en lugar de llamar a Basil como había prometido.
Análisis
En lugar de ser impulsado por un afecto genuino, Henry está interesado en Dorian como un proyecto artístico o
científico. La pureza e inocencia de Dorian son, para él, como un lienzo en blanco sobre el que puede pintar una
personalidad para llevar a Dorian hacia un estilo de vida que Henry encuentre artísticamente agradable. Este es un hilo
prominente en la exploración temática de la novela de la relación entre la vida y el arte. El hecho de que Henry se
refiera a la vida temprana de Dorian como "un romance extraño, casi moderno" es indicativo de la necesidad del
personaje de ver la vida en términos estéticos en lugar de éticos. (La frialdad implicada en esta necesidad será aún más
condenatoria para el personaje de Henry luego, en su interpretación del suicidio de Sibyl Vane.)
Henry se cree un artista, un escultor o pintor de personalidades; usa su encanto, su ingenio y sus escandalosas
opiniones como pincel o cincel. Sin embargo, con toda la curiosidad que siente por ver cómo el carácter de Dorian
evoluciona, la motivación más profunda de Henry es descaradamente egoísta y vanidosa. Quiere "ser para Dorian
Gray lo que, sin saberlo, era el muchacho para el pintor" (47). Quiere ser adorado y convertir a Dorian en una versión
físicamente más atractiva de sí mismo. Esto se hace eco de la creencia expresada en el prefacio a la versión en inglés
de que "the only excuse for making a useless [i.e. "artistic"] thing is that one admires it intensely" ["la única excusa
para hacer algo inútil [es decir, artístico] es admirar eso que se hace con intensidad"]. Sin embargo, aunque
ciertamente lo admira, el "arte" de Henry es fundamentalmente defectuoso en relación a la primera línea del prefacio:
"To reveal art and conceal the artist is art's aim" ["Revelar el arte y ocultar al artista es el objetivo del arte"]. Henry
quiere que su "arte" (Dorian) revele al "artista" (él mismo). Esto sugiere otro tema importante que explora el valor de
la superficialidad y la discrepancia entre el interior de uno mismo y el modo en el que es percibido por los demás.

En cuanto al desarrollo de la trama, este capítulo ofrece muy poco. Se nos brinda información crucial sobre el pasado
de Dorian que amplía nuestros elementos para evaluar al personaje, haciéndolo parecer más trágico y romántico de lo
que podría parecer sin estos datos. Sin embargo, la mayoría de las páginas de este capítulo están dedicadas a una
colorida descripción de las personas que se encuentran en el almuerzo de Lady Agatha, y de la conversación que
tienen. De hecho, los atributos conversacionales que Henry deja relucir en este capítulo son el ejemplo más cercano
que tenemos del estilo conversacional del propio Wilde.
Sin embargo, esto no sugiere que el contenido de este capítulo sea superfluo. Todos el ingenioso discurso de Henry
reverbera fuertemente con los temas principales de la novela. Por ejemplo, Henry comenta que puede "compartir todo,
excepto el sufrimiento (...). Uno compartiría el color, la belleza, la alegría de vivir. Cuanto menos se hable sobre las
penas de la vida, mejor" (50). Este sentimiento, por supuesto, ejemplifica la perspectiva de la vida que Dorian asumirá
más tarde, cuando sus "penas" estén ocultas dentro del retrato.
Henry también afirma: "yo puedo soportar la fuerza bruta, pero la razón bruta es completamente insoportable. Hay
algo injusto en su uso. Golpea a la inteligencia" (49). Más allá del ingenioso juego de palabras, es esta una expresión
condensada de un principio central del "Nuevo hedonismo" de la época victoriana. Los sentimientos, las sensaciones y
las emociones se consideraban importantes; no así el intelectualismo frío. Una vez más, Henry expresa una noción que
dominará las acciones de Dorian más adelante en la novela.
Capítulo IV
Resumen
Un mes después, Dorian visita a Harry y encuentra a su esposa en la casa. Ella se complace de conocer al hombre de
quien su esposo tanto se ha ocupado últimamente. Después del comentario de Dorian de que uno está obligado a
entablar una conversación cuando la música que suena es mala, ella comenta que "ese es un pensamiento de Harry
(...). Siempre oigo por sus amigos los pensamientos de Harry. Es la única forma que tengo de saber de ellos" (56).
Harry llega y su esposa, entonces, sale. Harry le dice a Dorian que nunca se case con una mujer tan sentimental como
su esposa, rasgo que él atribuye a la blancura de su cabello.
Dorian comparte con su nuevo amigo la noticia que lo ha llevado hasta allí: está enamorado de una chica llamada
Sibyl Vane. Se trata de una actriz que interpreta a las jóvenes protagonistas de todas las obras en un teatro dedicado
exclusivamente a obras de Shakespeare. El teatro y el resto del elenco son de muy mala calidad, pero Sibyl es
aparentemente una actriz brillante e increíblemente hermosa. Dorian fue al camarín para encontrarse con ella después
de la tercera función a la que asistió, y descubrió que ella no es consciente de su propio talento. Además, ella no
parece ser del todo capaz de separar la vida real de la del escenario. Le cuenta también a su amigo que ella prefiere
llamarlo "Príncipe Encantador" porque, en palabras de Dorian, "ella me juzgó simplemente como un personaje de una
obra. Ella no sabe nada de la vida" (62). Esta pureza e ingenuidad es indescriptiblemente encantadora para Dorian:
está locamente enamorado y le dice a Harry que adora a Sibyl y que ella es lo único que le importa.
Dorian convence a Harry de ir con él para verla interpretar a Julieta en la función del día siguiente. Dice que invitará
también a Basil. Al mencionar el nombre del pintor, Dorian comenta que se siente culpable por haberlo ignorado
durante semanas, ya que aprecia el magistral retrato que pintó, a pesar de estar "un poco celoso del cuadro porque es
un mes más joven que yo" (64).
La conversación gira hacia el carácter de los artistas, y Henry insiste en que cuanto mejor sea el artista, más opaca será
su personalidad, y que solo vale la pena pasar tiempo con artistas verdaderamente malos. Dorian finalmente se
despide. Más tarde esa noche, Harry regresa a su casa para encontrar un telegrama de Dorian informándole que él y
Sibyl están comprometidos para casarse.
Análisis
Este capítulo describe un momento clave en el desarrollo de la personalidad de Dorian. Henry no está celoso de la
fascinación de Dorian con otra persona, pero presta mucha atención a la percepción de Dorian de su propio estado
emocional. Reconocer su influencia sobre el muchacho le trae "una mirada de placer en sus ojos de ágata marrones"
(65). Es como un artista que admira orgullosamente su obra. Las ideas de Henry quedan en evidencia con la
afirmación de que "una personalidad compleja (...) era, a su manera, una verdadera obra de arte" (65). Las creencias de
Henry se expresan en la voz del narrador. Esta técnica, llamada "discurso indirecto libre", es utilizada por Wilde con
frecuencia.
La naturaleza del amor de Dorian refleja la devoción de Henry hacia la vida en tanto arte. Sibyl es descrita como casi
completamente desprovista de su propia personalidad, capaz de comportarse únicamente como si estuviera en una
obra de teatro. Dorian está enamorado de los personajes que ella interpreta, de su talento y de su belleza, pero no de
ella. Valora todo lo superficial que hay en ella, como se revela cuando ella trata, de hecho, de mostrarle su verdadero
yo.
Al principio de su conversación, después de decirle a Henry cuánto atesora sus palabras y confía en su juicio, Dorian
afirma: "Si alguna vez cometiera un crimen, vendría a confesártelo a ti. Tú me comprenderías" (61). Esto presagia
claramente eventos posteriores en la novela, y constituye también un indicio del comienzo de la degradación de
Dorian. El joven, inocente y de buen corazón hace un mes, está considerando sin más acciones criminales en aras de
experimentar una nueva sensación, sin pensar en la posibilidad de una conciencia culpable.
Dorian critica a Sibyl por tratarlo como al personaje de una obra de teatro, pero es ciego al hecho de que se ha
enamorado, de hecho, de los personajes que ella interpreta, y que en verdad apenas conoce a la muchacha. Dorian ha
comenzado a dedicarse de todo corazón a los ideales artísticos, asumiendo erróneamente que son su realidad. De
hecho, cuando Sibyl comienza a mostrar un destello de su verdadera personalidad, detrás de sus personajes, la
reacción de Dorian no es muy agradable. Antes de eso, no obstante, ni siquiera duda en proponerle matrimonio a una
chica que apenas conoce. Esto es un testimonio de su errónea devoción al arte y al artificio.
Henry se da cuenta del error de Dorian, pero en lugar de señalárselo en pos del bienestar de su amigo, anticipa lo que
se divertirá observando las repercusiones. El floreciente egocentrismo de Dorian es una manifestación exitosa de la
influencia de Henry. Curiosamente, este es el primer capítulo en el que Dorian tiene más líneas de diálogo que Henry.
Hasta este punto, hemos sido testigos de las reacciones de Dorian solo a través de los ojos de Henry y de comentarios
narrativos. Dorian recién comienza a ponerse en el centro de la escena una vez que su corrupción está en marcha.
Capítulo V
Resumen
Sibyl Vane le cuenta a su madre todo sobre su amor por Dorian, pero solo se refiere a él como "Príncipe Encantador",
ya que le prometió no revelar su verdadero nombre a nadie. La señora Vane está muy angustiada por el bienestar de su
hija y el estado financiero de la familia. Le recuerda a Sibyl que le deben dinero al señor Isaacs, el dueño del teatro,
pero a Sibyl no le importa nada más que su Príncipe Encantador. La señora Vane parece llena de afectaciones: parece
comportarse en todo momento como si estuviera en el escenario.
Entra James, el hermano menor de Sibyl, con la intención de dar un paseo con su hermana y despedirse de su madre,
ya que partirá a Australia para convertirse en marinero. James no es actor y odia la ciudad y el escenario. Es un joven
muy serio y fornido. Tiene la esperanza de nunca tener que regresar a Londres y ganar suficiente dinero como para
evitar que su madre y su hermana tengan que actuar. Cuando Sibyl se va a prepararse para su caminata, James insta a
su madre a protegerla. Es muy celoso, protege a su hermana y sospecha de su situación amorosa, ya que Sibyl ni
siquiera parece saber el nombre de su pretendiente. La señora Vane le recuerda a su hijo que el Príncipe Encantador es
un caballero, y que este podría ser un matrimonio muy rentable para la familia.
Sibyl regresa y los hermanos se van. En su caminata, otras personas los miran porque la belleza de Sibyl contrasta con
la apariencia rechoncha y desaliñada de James. Sibyl romantiza la vida de su hermano como marinero: está segura de
que encontrará oro en una tierra lejana, luchará contra ladrones y rescatará a una bella heredera. James se muestra
angustiado por el asunto de su hermana y le dice que no confía en su pretendiente.
Sibyl defiende a Dorian, siempre refiriéndose a él como "Príncipe Encantador", y le dice a su hermano que no podrá
comprender sus sentimientos hasta que se enamore. Sibyl ve a Dorian en su carruaje y James corre para verlo, pero el
vehículo se va. James dice: "Ojalá [lo hubiera visto], porque te aseguro, como hay Dios en el cielo, que si alguna vez
te hace daño, le mataré" (76). Sibyl regaña a su hermano por su mal genio, y no toma en serio su amenaza.
Después de regresar a la casa para cenar, James insiste con este tema con su madre: "si este hombre daña a mi
hermana, descubriré quién es, le localizaré y le mataré como a un perro" (78). El carácter melodramático de la
declaración hace que la señora Vane sienta admiración por su hijo, porque solo se siente realmente cómoda cuando la
vida imita al teatro. La partida de James, sin embargo, la decepciona, porque la despedida, potencialmente
desgarradora, "se perdió en detalles vulgares" (78), como el regateo con el cochero.
Análisis
Este es uno de los pocos capítulos de la novela que no se centra principalmente en Dorian o Lord Henry. Al igual que
el prefacio y todos los capítulos posteriores que tratan sobre James Vane, este capítulo no formaba parte de la versión
original de la novela, impresa en Lippincott's Monthly. Este hecho se hace evidente en el tono de la escritura: al
presentar tres nuevos personajes que apenas interactúan con los protagonistas de la historia, este capítulo parece
desviarse de la trama.
Sin embargo, Wilde usa a los Vane para explorar más a fondo la compleja relación entre la vida y el arte. Sibyl y su
madre parecen estar atrapadas en mentalidades teatrales. Esto es particularmente curioso en el personaje de la señora
Vane, que en realidad se decepciona cuando los eventos de su vida no están a la altura del melodrama teatral. Ella
aprecia los arrebatos de amor de Sibyl porque son dignos del escenario. Cuando James entra a su habitación, ella, dice
el narrador, "elevó a su hijo a la dignidad de un público. Se sentía segura de que el cuadro era interesante" (71). Por
otro lado, queda decepcionada con la despedida de su único hijo, porque "el momento se perdió en detalles vulgares"
(78). Para la señora Vane, la vida se ha convertido en una sombra de su arte.
Sibyl se ve afectada de manera similar, pero en menor grado. La teatralidad de sus acciones se puede atribuir a su
ingenuidad y a la intensidad de su amor por Dorian. Este amor existe en el mundo real y, en este sentido, salva a Sibyl
de la necesidad de sentir que está constantemente en una obra de teatro. Irónicamente, este deseo de vivir en el
"mundo real" y experimentar el amor verdadero la llevará en última instancia a la muerte.
Las amenazas de James, a las que Sibyl quita importancia por considerarlas producto del celo excesivo de su juventud,
vuelven para perseguir a Dorian en capítulos posteriores (específicamente, en los capítulos XV-XVIII). James vendrá
a representar las consecuencias inevitables de las transgresiones pasadas de Dorian. Las amenazas que Sibyl considera
tan inofensivas y entrañables demuestran ser un serio compromiso.
Cuando Dorian pasa en un carruaje, no visto por James pero notado por Sibyl, Wilde enfatiza la discrepancia entre sus
clases sociales. Dorian viaja en un costoso carruaje, mientras los Vane caminan por las calles sucias. Esta diferencia es
origen de gran parte de la ira y la frustración de James, y también de las esperanzas trágicamente idealistas de Sibyl en
una vida mejor.
Capítulos VI y VII
Resumen
Lord Henry y Basil Hallward debaten sobre el compromiso de Dorian en la casa del pintor. Están planeando cenar con
Dorian antes de ir a ver la actuación de Sibyl esa noche. Basil no puede creer que Dorian esté realmente
comprometido, alegando que Dorian "es muy sensato" (79) como para tomar una decisión tan precipitada. A esto,
Henry responde que "Dorian es muy prudente como para no hacer locuras ni ahora ni luego" (79). Basil queda
desconcertado por la fascinación artística y desapegada de Henry con la vida de Dorian. El artista desaprueba las
acciones de Dorian y está preocupado por la salud emocional del muchacho; Henry, por el contrario, está encantado,
sabiendo que, sea cual sea el resultado, será muy entretenido.
Llega Dorian e insiste en que lo feliciten. Basil dice que le dolió enterarse del compromiso por Henry, y no por el
propio Dorian. Henry cambia rápidamente de tema. Dorian quiere que Basil apruebe sus acciones: "He hecho bien,
Basil, en sacar mi amor de la poesía y encontrar a mi esposa en las obras de Shakespeare, ¿verdad?" (82). Basil se lo
confirma a regañadientes. Cuando Henry comenta cínicamente la naturaleza comercial del matrimonio, Basil objeta,
diciendo que Dorian "no es como los otros hombres. Nunca llevaría la desgracia a nadie. Su carácter es demasiado
delicado para eso" (82). Henry continúa filosofando sobre la naturaleza de las mujeres y sobre cómo actúan cuando
están enamoradas. Para él, "las mujeres nos tratan igual que la humanidad trata a sus dioses. Ellas nos adoran y nos
están molestando siempre para que hagamos algo por ellas" (84). Dorian está seguro de que la actuación de Sibyl
pondrá fin al cinismo de Henry y a todos los desacuerdos entre los tres hombres. Cuando la vean actuar, piensa,
estarán demasiado abrumados por su belleza como para considerar cualquier otra cosa. Los tres hombres se van a ver
la obra: Romeo y Julieta.
El capítulo VII comienza con la descripción de un teatro sorprendentemente lleno de gente. Una vez sentado en su
palco, Lord Henry observa el comportamiento desagradable y poco refinado de los espectadores de clase baja. Basil se
disculpa con Dorian por el cinismo de Henry. La obra comienza, y todos notan que la orquesta es terrible. Finalmente,
aparece Sibyl en el escenario. Se ve hermosa, pero su actuación es pésima. Su voz es exquisita, pero "en lo que se
refiere al tono era absolutamente falso" (88-89). Dorian está horrorizado y confundido. Los otros dos hombres se ven
decepcionados, pero son demasiado educados como para hacer comentarios. La actuación de Sibyl, generalmente la
única gracia salvadora en las terribles producciones de ese teatro, solo empeora a medida que la obra avanza. Después
del segundo acto, el público comienza a silbar y los invitados de Dorian se levantan para irse. Basil trata de consolar al
muchacho, afirmando que Sibyl debe estar enferma y que no debe molestarse, ya que "El amor es algo más
maravilloso que el arte" (90), a lo que Henry responde que "los dos son meramente formas de imitación" (90). Dorian
está inconsolable. Henry le dice que se anime, ya que "el secreto para mantenerse joven es no tener nunca una
emoción que sea impropia" (90).
Los dos hombres se van, y Dorian se fuerza a sí mismo a tolerar el resto de la función. Después, se dirige rápidamente
al camarín para enfrentar a Sibyl. Ella está encantada de verlo y sorprendida por su ira, ya que había asumido que él
sabría la razón de su terrible actuación. Cuando él exige que le explique por qué actuó mal, ella le dice que, al haberlo
conocido, ya no puede creer en el teatro. Antes de conocerlo, dice, "actuar era la única realidad de mi vida (...). Tú
viniste (...) y liberaste mi alma de la prisión. Me enseñaste lo que es la auténtica realidad" (91). Después de haber
experimentado el verdadero amor, dice, "sería una profanación para mí representar estar enamorada" (92). Dorian está
horrorizado y disgustado, y se siente completamente incapaz de seguir amándola. Ella no puede creerlo, y cuando él se
aleja ella se tira al suelo, arrastrándose a sus pies. Dorian siente repulsión en lugar de empatía, y la deja sollozando en
el suelo.
Extrañamente insensible e incapaz de reconciliarse con el talento perdido de Sibyl y con su inesperada insensibilidad
hacia ella, Dorian deambula sin rumbo por la ciudad hasta el amanecer. Regresa a casa, donde se detiene a mirar el
retrato de Basil, y se sorprende al descubrir que la expresión facial ha cambiado ligeramente: parece haber "un toque
de crueldad en la boca" (94). Se frota los ojos y cambia la iluminación, pero está seguro de que la imagen ha
cambiado. La crueldad en la expresión le recuerda su propia crueldad hacia Sibyl, pero se siente a la vez agraviado por
la miseria que ella le ha causado con su mala actuación, y se consuela pensando que "las mujeres están mejor dotadas
para soportar las penas que los hombres (...). Cuando tienen amantes, es simplemente para tener a alguien y poder
hacer escenas. Lord Henry le había dicho eso y Lord Henry conocía lo que eran las mujeres" (95). Incapaz de darle
sentido a la transformación de la imagen, se da cuenta, después de mucho reflexionar, que "el cuadro mantenía el
secreto de su vida y contaba su historia" (95). Agotado, cubre el retrato y se va a dormir.
Análisis
La relación de Dorian con Sibyl es la primera víctima de la nueva devoción al placer sensual del protagonista,
inspirada en Lord Henry. Valorar la belleza artística por encima de todo lo demás le permite a Dorian confundir su
amor por el talento actoral de Sibyl con un amor por ella misma. Parece ser la esposa perfecta, porque Dorian cree que
ella puede encarnar a todas las heroínas de Shakespeare en un solo cuerpo. De hecho, Dorian le comenta a Basil: "he
tenido los brazos de Rosalinda a mi alrededor y he besado a Julieta en la boca" (82). El amor de Dorian parece un
medio para escapar de la realidad.
La crueldad resultante de Dorian hacia Sibyl es la primera marca innegable de la corrupción del protagonista y, por lo
tanto, causa el primer cambio visible en el retrato. Él considera que el dolor estético causado por su mala actuación
está a la par con la devastación emocional que siente Sibyl por su rechazo. Esta creencia está enraizada en el
sentimiento expresado por Lord Henry antes de que el trío salga hacia el teatro, cuando dice: "Me gustan las
actuaciones. Son mucho más reales que la vida" (85). Esta declaración es una clara indicación de la continua
influencia de Henry en Dorian.
Estos sucesos también nos recuerdan la afirmación del prefacio a la versión en inglés de que "Those who go beneath
the surface [of art] do so at their peril" ["Aquellos que se sumergen bajo la superficie [del arte] lo hacen bajo su propio
riesgo"]. Dorian no está preparado para ver a la persona debajo de la actriz. El prefacio también establece que "It is the
spectator, and not life, that art really mirrors" ["es al espectador, y no la vida, lo que el arte realmente refleja"]. Dorian
se ve reflejado en la actuación de Sibyl porque es artística, pero una vez que su actuación se ve despojada de su
carácter artístico, Dorian ya no puede verse a sí mismo y sus sentimientos por ella desaparecen. Lo que él pensaba que
era amor por Sibyl es realmente una forma de vanidad. El dolor que siente al sufrir el pobre desempeño de ella es en
realidad el dolor de no ver su propio reflejo.
En el Capítulo VII, Dorian sufre dramáticos cambios de carácter: pasa de amante devoto a amargo crítico de arte, a
cruel traidor y, aparentemente, de nuevo a amante devoto. Este cambio final es, sin embargo, superficial. Decide
honrar su compromiso y casarse con Sibyl, pero solo cuando se enfrenta a la posibilidad de ver la bella imagen del
retrato sucumbir a la degradación. La corrupción del alma de Dorian ha comenzado en serio, como lo refleja el primer
cambio visible en el retrato.
Curiosamente, este capítulo marca un punto de inflexión en el relato: el enfoque cambia de Lord Henry a Dorian.
Ahora que la influencia de Henry ha comenzado a mostrar sus efectos, la narración ya no parece estar tan interesada
en Lord Henry. En este punto, la historia comienza a centrarse únicamente en Dorian como una figura corrompida. Al
final del capítulo, cuando Dorian resuelve, sin demasiada convicción, pasar menos tiempo con Lord Henry y casarse
con Sibyl, está actuando más por vanidad que por amor o por un verdadero sentido de moral, lo que se pondrá en
evidencia cuando el retrato no cambie para mejor. Esta no será la última vez que Dorian sea incapaz de reconocer la
vanidad detrás de sus decisiones.
Capítulo VIII
Resumen
Dorian es despertado por Víctor, su mayordomo, después del mediodía. Ha recibido una carta de Lord Henry, pero la
deja sin abrir. Se siente renovado y desayuna felizmente; la noche anterior parece haber sido un mal sueño. Sin
embargo, su agradable tarde se ve interrumpida cuando ve el retrato cubierto. Se siente tonto por haber imaginado que
la pintura podría haber cambiado, pero decide volver a comprobarlo, solo para estar seguro. Nervioso por la
posibilidad de estar actuando de forma extraña, echa a Víctor de la habitación, cierra todas las puertas y corre las
cortinas. "Era completamente cierto. El retrato había cambiado" (98). Se pregunta cómo puede ser posible, si existe
una explicación científica o una más oscura causa metafísica que explique el cambio. La cruel expresión en el rostro
del retrato le recuerda lo mal que trató a Sibyl la noche anterior. Afligido por la culpa, Dorian le escribe una
apasionada carta de amor, cubriendo "página tras página de palabras frenéticas de dolor y palabras más frenéticas de
pena" (99).
Escribir la carta resulta profundamente catártico. En cuanto termina, llega Lord Henry. Dorian le dice que, aunque vio
a Sibyl y fue brutal con ella, no se arrepiente, ya que "me ha enseñado a conocerme mejor a mí mismo" (100). Henry
está encantado de encontrar a Dorian de buen humor, pero cuando el joven le dice que planea limpiar su alma
casándose con la pobre actriz, está claro que ha habido un malentendido. Sibyl Vane, tal como Henry le había
informado a Dorian en la carta que este dejó sin abrir, se suicidó con veneno.
Henry dice que habrá una investigación, pero que Dorian no tiene nada de qué preocuparse, ya que nadie lo vio ir al
camarín ni abandonar el teatro, además de que Sibyl nunca le dijo a nadie el verdadero nombre de su prometido.
Henry insta a Dorian a no involucrarse con la situación, ya que tal escándalo destruiría su reputación. Le pide a Dorian
que vaya a la ópera con él esa noche. Después de su conmoción inicial, Dorian responde a la noticia de la muerte de
Sibyl con un desapego extraño. "Así que he asesinado a Sibyl Vane", piensa, "La he asesinado como si le hubiera
cortado su pequeño cuello con un cuchillo. Sin embargo, las rosas no son menos encantadoras por todo eso" (101).
Bajo la dirección de Henry, Dorian llega a apreciar la muerte de Sibyl como "el final maravilloso de una obra
maravillosa" (103). Dorian se siente brevemente perturbado por su desapego emocional, pero Henry pronto alivia su
culpa y le dice que las tragedias de la vida a menudo "nos hieren con (...) su total ausencia de estilo" (103). Dado que
Sibyl murió tan dramáticamente, y para un propósito tan puro como el amor, Henry cree que la situación es realmente
una por la que Dorian debería sentir satisfacción y placer. Henry llega al extremo de afirmar que, dado que la niña solo
estaba realmente viva en el escenario, y en tanto el amor de Dorian por ella estaba enraizado en su admiración por las
diversas heroínas que encarnaba, "En realidad la chica no vivía, y por tanto en realidad ella nunca ha muerto. (...) no
malgastes tus lágrimas por Sibyl Vane. Ella era menos real de lo que son ellas [los personajes femeninos de
Shakespeare]". Dorian agradece a Henry por ser un amigo tan bueno y verdadero.
Henry se va y Dorian vuelve a mirar su retrato. El desprecio no ha cambiado, lo que hace que Dorian piense que
"había recibido las noticias sobre la muerte de Sibyl Vane antes de que él mismo tuviera conocimiento de ello" (106).
Después de contemplarlo mejor, Dorian se consuela pensando que, dado que la pintura muestra su verdadero carácter,
deberá también "soportar el peso de su vergüenza" (107), lo que le permitirá disfrutar de una vida libre de culpa. No
encuentra ninguna razón de por qué cambia la pintura, y decide dejarse entretener, simplemente, por su progreso. El
capítulo termina con Dorian saliendo a encontrarse con Lord Henry en la ópera.
Análisis
Una vez más, Dorian muestra un capricho alarmante y una ceguera inquietante ante su propia vanidad. Le escribe a
Sibyl con pasión, asumiendo toda la culpa de sus acciones, pero el narrador comenta que "es un lujo reprocharse a uno
mismo" (99). Se complace en su confesión, alabando en privado su propio "desinterés". Luego cae en un breve lapso
de dolor al escuchar la noticia del suicidio de Sibyl, pero demuestra que está lejos de ser inconsolable. Lord Henry, el
diablo del Fausto de Dorian, le muestra los medios para transformar su dolor y su culpa en una nueva y placentera
experiencia cuyo precio solo el retrato ha de pagar.
En este capítulo se nos explica con claridad el significado simbólico del retrato: "aquí estaba el símbolo visible de la
degradación del pecado (...) el signo siempre presente que los hombres perdidos traen en sus almas" (99). Esta
comprensión lleva a Dorian a exclamar: "No puedo soportar la idea de que mi alma sea repelente" (100). Dorian teme
la fealdad física, y es la vanidad, no la moral, lo que define la relación de Dorian con su alma. Un tipo de egoísmo
similar se hace evidente cuando Dorian escribe su carta de amor a Sibyl. Se nos dice que "es un lujo reprocharse a uno
mismo (...) Cuando Dorian hubo terminado la carta, sintió que había sido perdonado" (99). Incluso en medio de la
culpa, Dorian no necesita que Sibyl le conceda el perdón que solo ella, por razones obvias, le puede otorgar, ni se le
ocurre la posibilidad de que Sibyl haga otra cosa más que aceptar inmediatamente sus disculpas y convertirse en su
esposa.
El comentario de Dorian de que la muerte de Sibyl parece "el final maravilloso de una obra maravillosa" (103)
continúa con el tema de la vida que imita el arte. También recuerda la obsesión de Dorian con los personajes que Sibyl
encarnaba. Se vio decepcionado cuando ella cuando intentó ser ella misma, rechazando la falsedad que implica
interpretar un papel. Ahora, su muerte le ha dado a Dorian la oportunidad de ver a Sibyl una vez más como a un
personaje en una obra de teatro. Cuando Lord Henry alienta esta interpretación de la tragedia, se asegura de que
Dorian alcance el punto de no retorno en su descenso a la inmoralidad.
La declaración de Dorian de que "La he asesinado como si le hubiera cortado su pequeño cuello con un cuchillo"
(101) no solo muestra un inquietante goce en ofrecer detalles innecesariamente morbosos, sino que también presagia
el asesinato de Basil en el capítulo XIII y recuerda la amenaza de este de destruir la pintura con un cuchillo en el
capítulo II. La imagen de una muerte por apuñalamiento flota en el aire a lo largo de la novela.
Este capítulo también contiene lo más cercano que ofrece Wilde a una explicación de cómo el retrato ha adquirido
propiedades, si se quiere, metafísicas. Sin embargo, no se trata en realidad de una explicación, sino simplemente de
una frívola conjetura de Dorian: "¿Había alguna afinidad misteriosa entre los átomos químicos que daban forma y
color al lienzo y el alma que había en él? ¿Podría ser que lo que el alma pensaba, ellos se daban cuenta? ¿Que lo que
se soñaba, ellos lo hacían realidad? ¿O había allí alguna otra razón más terrible?" (99). Dorian se ve brevemente
perturbado por la posibilidad de que haya algo de magia negra funcionando allí, pero pronto se encoge de hombros
ante este miedo, y nunca más se plantea la pregunta de cómo y por qué cambia el retrato.
Capítulos IX y X
Resumen
Al día siguiente, Basil visita a Dorian y se sorprende al saber que ha estado en la ópera, dadas las circunstancias.
También se horroriza ante el hecho de que Dorian parezca totalmente impasible tras el suicidio de Sibyl. Dorian se
defiende: "[Sibyl] pasó otra vez a la esfera del arte. Hay algo del mártir en ella" [111]. Además, acusa a Basil de
egoísta, alegando que su ira se debe al hecho de que no fue él quien lo consoló, y le pide al artista: "enséñame a
olvidar lo que ha ocurrido o a verlo desde un punto de vista propiamente artístico" (111).
Dorian, sin embargo, asume estar fuertemente influenciado por Lord Henry. También admite que sabe que Basil es un
hombre mucho mejor que Henry. Cuando el pintor escucha esto, su antiguo afecto por Dorian lo conquista. Le
pregunta a Dorian si ha sido citado por la policía. A Dorian este pensamiento lo perturba, pero le asegura a Basil que
nadie involucrado en el asunto conoce su nombre. Le pide a Basil que dibuje a Sibyl, pero su amigo le pide en cambio
que vaya a posar de nuevo para él, a lo que Dorian se niega inmediatamente.
Basil se da cuenta de que su pintura está cubierta. Cuando le pide verla, Dorian lo amenaza con no volver a hablarle si
intenta levantar la tela que la cubre. Está decidido a nunca compartir el secreto de la pintura con nadie. Basil le dice
que quiere exhibir el trabajo, ya que lo considera su obra maestra, pero Dorian afirma que eso también está fuera de
discusión. El pintor le pregunta entonces si ha visto algo extraño en la imagen que lo molesta. Pensando que Basil
quizás ya sabe del encanto del retrato, Dorian le dice que sí, pero le pregunta a su amigo a qué se refiere él. Basil
confiesa entonces su idolatría por Dorian y dice que le llamó la atención cuánto esta se vio reflejada en la obra. Dorian
está decepcionado y se muestra impasible por el afecto del pintor. Confirma que nunca más posará para otro retrato.
Basil se enfurece: la negativa de Dorian arruinará su vida como artista, afirma, y se va. Dorian, cada vez más
paranoico y decidido a ocultar su secreto, decide esconder mejor la pintura.
El capítulo X comienza con el ama de llaves de Dorian entregándole la llave de su ático. Víctor le informa que los
hombres que ha solicitado para ayudarlo a transportar la pintura han llegado, y Dorian envía a su sirviente a solicitarle
material de lectura a Lord Henry. El señor Hubbard, un famoso marquista, y sus asistentes llevan el retrato hasta el
ático sin descubrirlo, siguiendo así las instrucciones de Dorian. Este se pregunta acerca de la posibilidad de exhibir
alguna vez el cuadro, ya que es la obra maestra de Basil, pero sabe que a pesar de que quizás "escaparía a la fealdad
espantosa del pecado, pero la fealdad espantosa de la edad estaba reservada para él" (120). La pintura tendría que estar
oculta para siempre, para que "Ningún ojo excepto el suyo [viera] nunca su vergüenza" (121).
Una vez que el señor Hubbard se va, Dorian regresa a su biblioteca para encontrar una nota de Lord Henry, junto con
un recorte de periódico y un viejo libro amarillo. Una marca roja en el periódico atrae la atención de Dorian hacia un
breve artículo que informa que la investigación sobre la muerte de Sibyl ha concluido que se trató ciertamente de un
suicidio. Está libre de sospechas. Comienza a leer la novela enviada que le ha enviado Henry. Se trata de un libro
sobre un joven parisino "que pasaba su vida intentando realizar en el siglo xix todas las pasiones y formas de
pensamiento que pertenecían a cualquier siglo excepto al suyo" (123). Está tan absorto con la novela y sus "metáforas
tan monstruosas como las orquídeas y tan sutiles de color" (123) que llega varias horas tarde a su compromiso con
Lord Henry.
Análisis
Dorian se defiende por no haber llorado la muerte de Sibyl con un argumento propio de Lord Henry: "Un hombre que
es maestro de sí mismo puede terminar una pena con tanta facilidad como puede inventar un placer" (110). La ironía
que supone afirmar ser dueño de uno mismo al expresar las opiniones de otro escapa al joven, pero sirve para
retratarlo como un alma profundamente equivocada.
En la confesión de Basil a Dorian, se hace eco de varios sentimientos expresados en el prefacio. El pintor se refiere a
"todo lo que sería el arte, inconsciente, ideal y remoto (...). El arte es siempre más abstracto de lo que imaginamos. La
forma y el color sólo nos hablan de la forma y el color (...) el arte oculta al artista mucho más de lo que siempre le
revela" (114-115). Estos sentimientos, que Wilde presenta como verdades en el prefacio, son revelaciones
desalentadoras para el pintor. Basil había esperado que la imagen le mostrara a Dorian la verdad sobre sus
sentimientos, pero cuando Dorian escucha su confesión prácticamente se burla de ella, preguntándose en voz alta si
alguna vez experimentará tales sentimientos de adoración. La respuesta (que Dorian desconoce) es, por supuesto, que
se adora de hecho a sí mismo de una manera casi idéntica. Más tarde, cuando se enfrente a otras evidencias de su
propia degradación, Dorian se culpará a sí mismo por no aceptar el amor "puro y uranista" de Basil. Este sentimiento
es una de las muchas referencias homosexuales que quedan en la novela después de la revisión de Wilde de la versión
de Lippincott. Se dice que Wilde sostenía que el amor entre dos hombres era inherentemente más puro y noble que el
amor heterosexual, y este sentimiento aparece brevemente en los pensamientos de Dorian.
Ocultar el retrato es un claro gesto simbólico que refleja la negación de Dorian de su propia vergüenza. Dado que la
pintura está destinada a mostrar la corrupción de su alma mientras su rostro sigue siendo joven e inocente, Dorian cree
que puede vivir efectivamente sin el obstáculo de una conciencia mientras nadie vea la pintura. La desventaja de la
obsesión de Dorian con su apariencia, sin embargo, ya ha comenzado a vislumbrarse: sospecha de su ama de llaves y
de Víctor, su mayordomo, seguro de que intentarán mirar el cuadro. Esta paranoia puede verse como una etapa
principal en la degradación del protagonista, una indicación de que el deterioro del alma de Dorian está en marcha.
El ático donde Dorian esconde la pintura era "un cuarto de juegos cuando era un niño" y "un estudio cuando se hizo
algo más mayor" (120). La habitación ya era, entonces, una suerte de bóveda que ocultaba su pasado, y ahora ocultará
también la degradación de su conciencia. Esta sala se convierte en un símbolo de la pureza de la juventud y de la
preocupación por la moral que Dorian rechaza conscientemente. En lugar de un muerto en su armario, Dorian tiene
una pintura en su ático.
Algunos críticos han interpretado la pintura oculta como una metáfora de la sexualidad: Dorian mantiene la vergüenza
y la culpa que le provocan sus tendencias homosexuales "en el clóset", por así decirlo. Si bien tal lectura es
convincente, también simplifica demasiado el dilema de Dorian, al tiempo que supone inadvertidamente que Wilde
condenaba las tendencias homosexuales. Son la deshonestidad, la traición y el asesinato los que hacen que el retrato se
marchite, envejezca y se vuelva más horrible. Asumir que la homosexualidad también desfigura el retrato implicaría
presentarla como igualmente ofensiva o censurable, idea con la que el autor ciertamente no estaría de acuerdo.
Capítulo XI
Resumen
En los años siguientes, Dorian se obsesiona con el libro que le dio Lord Henry. Compra numerosas copias de "la
primera edición, y las había encuadernado en diferentes colores; es esta forma armonizarían con estados de ánimo
varios (...) Y, de hecho, le parecía que todo el libro contenía la historia de su propia vida, escrita antes de que la
hubiera vivido" (125). Al igual que el joven héroe del libro, Dorian comienza a sumergirse en diversos intereses, que
incluyen la religión, el misticismo, la música, las joyas, los tapices antiguos y el estudio de sus propios antepasados.
No obstante, Dorian reemplaza rápidamente una obsesión por otra una vez que la anterior deja de interesarle,
siguiendo los caprichos de su deseo con la pasión de un artista. Se aferra a cada obsesión fervientemente, estudiándola
y adquiriendo tantos ejemplos fantasiosos de cada una como pueda encontrar. Compra batas extravagantes cubiertas
con cientos de perlas para alimentar su interés por las joyas, y tapices antiguos con hilos dorados para satisfacer su
curiosidad por los bordados. Pero tan pronto como un tema determinado se agota en su mente, lo abandona en pos de
su próximo interés. Durante los siguientes 18 años, el capricho es una forma de vida para Dorian. De hecho, esta
actitud recuerda a la de Lord Henry: "sin duda, para él la vida misma era la primera, la más grande de las artes" (127).
No importa cuán intensamente Dorian abarque un tema, "ninguna teoría de la vida le parecía tan importante en
comparación con la vida misma. Tenía una profunda conciencia de lo estéril que era toda una especulación intelectual
cuando se la separa del acto y del experimento" (130).
Los "experimentos" de Dorian son a menudo de naturaleza social. Gana fama entre los círculos aristocráticos de
Londres como un marcador de tendencias, vestido siempre a la última moda y siendo considerado un juez del buen
gusto. Los jóvenes lo imitan y las muchachas se sienten atraídas por él. Sin embargo, aquellos de quienes se hace
amigo a menudo terminan en la ruina, y Dorian es, eventualmente, tan despreciado como admirado. Lord Henry
parece ser el único amigo cercano que permanece junto a Dorian a lo largo de los años. Los chismes comienzan a
seguir a Dorian adonde quiera que vaya, volviéndolo infame, incluso despreciable, en algunos círculos sociales. Sin
embargo, sigue siendo tan atractivo y a la moda como siempre, y continúa siendo admirado por su gusto exquisito. No
importa qué tan mal la gente hable de él; su belleza juvenil y la inocencia infantil de su rostro nunca dejan de
proveerle nuevos amigos.
Dorian también realiza visitas periódicas al ático para ver la transformación de su retrato, "preguntándose algunas
veces cuáles eran más horribles, si las señales del pecado o las señales de la edad" (126). Al principio, a medida que la
pintura se afea, Dorian "estaba cada vez más enamorado de su propia belleza y cada vez más interesado en la
corrupción de su propia alma" (126). Incluso comienza a burlarse del retrato. Con el tiempo, sin embargo, sus diversas
obsesiones y sus excursiones sociales se convierten en formas de escapar de lo que él sabe que es la verdad de su
alma.
Análisis
Este capítulo inicia la segunda mitad de la novela, en la que la influencia de Lord Henry ha florecido por completo y
en la que Dorian ya es él mismo, con sus propios intereses y convicciones, y con un lugar notorio en la aristocracia de
Londres. Después de este capítulo, el protagonista ya no es un joven corruptible, sino más bien un corruptor por
derecho propio. Se nos muestra que la personalidad de Dorian, encantadora como puede ser, se define por el capricho
y la pasión por nuevos placeres.
La obsesión de Dorian con el libro de Lord Henry puede interpretarse de diferentes maneras. La trama le recuerda a su
propia vida y el héroe le recuerda a sí mismo. El narrador menciona "la última parte del libro, con un análisis
realmente trágico (...) sobre la pena y la desesperación de alguien que perdió lo que en otros, y en el mundo, había
valorado tanto". Esta es una descripción también adecuada para el final de El retrato de Dorian Gray. Sin embargo,
queda la pregunta de si el libro describe al personaje de Dorian o si Dorian va mutando para imitar al protagonista del
libro. Una vez más, Wilde borra la distinción entre la vida y el arte.
De hecho, aprendemos en este capítulo que, para Dorian, la vida y el arte son intercambiables. Al igual que Lord
Henry, considera que el placer y el valor estético son más importantes que cualquier otra cosa. Para él, vale la pena
tener cualquier experiencia nueva y placentera, incluso si esta es perjudicial para los demás. El capítulo cierra con la
afirmación de que "Había momentos en los que miraba al mal simplemente como un medio a través del cual podía
realizar su concepción de la belleza" (140). Este es el momento en el que más degradado parece estar Dorian, y en el
que su alma sufre la mayor desfiguración.
Dorian llega a un punto en el que solo puede ser feliz cuando se olvida del retrato en su ático. Se las arregla para
evitarlo durante semanas pero, como cualquier adicto, no puede mantenerse alejado de él por mucho tiempo. La
corrupción de su alma lo atormenta, y escapa de ese tormento cayendo en vicios que agravan su corrupción y lo
atormentan aún más. Este círculo vicioso imita conscientemente los patrones de abstinencia y mayor dependencia que
comúnmente enfrentan los drogadictos, una analogía que se vuelve mucho más explícita en capítulos posteriores,
cuando nos enteramos de la adicción de Dorian al opio.
La lucha por negar la culpa persistente que siente cada vez que se enfrenta al retrato subyace todas las acciones de
Dorian, lo que pone en cuestión la naturaleza de su ferviente y pasajera pasión por diferentes caprichos. ¿Es de verdad
una persona tan apasionada, o su pasión surge de la desesperada necesidad de ocupar su mente con algo más que la
innegable y monstruosa corrupción de su alma?
Capítulos XII y XIII
Resumen
Tarde una noche, Dorian se encuentra con Basil Hallward en la calle. Basil está encantado de verlo, ya que lo ha
estado buscando a Dorian toda la noche para despedirlo antes de partir en un viaje de seis meses a París. Faltan varias
horas para que salga su tren, y los dos van a la casa de Dorian. El pintor le dice a su amigo que está preocupado: "se
están diciendo las cosas más espantosas sobre ti en Londres" (142), le informa. Dorian se molesta y le dice a su amigo
que no le importan los chismes, pero no hace ningún esfuerzo por defenderse. Desconcertado por tal apatía, Basil
continúa asegurándole a Dorian que, a pesar de lo viciosos y condenatorios que son muchos de los rumores, no los
cree, porque confía en que Dorian es una buena persona, y que "el pecado es algo que se escribe en la cara de un
hombre. No se puede ocultar" (143). Dorian se ve tan joven e inocente como siempre, y Basil cree en sus ojos.
Una vez que el artista comienza a enumerar los nombres de las personas a las que se dice que Dorian ha extraviado,
Dorian lo reprende, diciendo que no sabe de qué está hablando y advirtiéndole que se ocupe de sus propios asuntos.
Argumenta que ninguna persona carece de pecado o tentación, y que la corrupción no es algo que se pueda enseñar.
Dorian solo se siente responsable de mostrar a las personas su verdadero yo. Durante esta discusión, Basil destaca que
siente no conocer en verdad a Dorian, y dice que, para hacerlo, "tendría que ver tu alma" (145). Esto pone a Dorian a
la defensiva y lo lleva a un extraño estado de paranoia. Riendo, le dice a Basil: "¡La verás tú mismo, esta noche!"
(145). Estas palabras confunden y asustan a Basil. Quiere que su amigo niegue los cargos en su contra, y no está
seguro de si la negativa de Dorian a hacerlo equivale a admitir que, de hecho, son ciertos. Para responder todas las
preguntas de Basil, Dorian invita al pintor al ático para ver su "diario".
Suben las escaleras de la casa de Dorian y entran al ático. Dorian le dice a Basil que corra el velo sobre la pintura si
desea ver su alma. Basil, pensando que su amigo está loco, duda, y entonces Dorian revela él mismo el retrato. El
artista se horroriza, y al principio ni siquiera reconoce a Dorian en "el rostro espantoso del lienzo, sonriendo
burlonamente" (147). Se niega a creer que se trate de su propia pintura, y piensa que es una "parodia odiosa" (148),
hasta que reconoce finalmente la pintura al encontrar su propia firma en la parte inferior. Dorian observa la reacción
horrorizada de Basil con apatía, y le recuerda el deseo que tuvo hace años en el estudio del pintor, justo después de
que la obra estuviera terminada. Basil está abrumado por el asco, sin saber qué creer, y exclama que Dorian debe
haber sido un demonio todo el tiempo, y que si esa imagen refleja con precisión su alma, "¡(...)tienes que ser peor
incluso que lo que se imaginan que eres los que han hablado en contra tuya!" (149). Insta a Dorian a arrepentirse y
tratar de salvar su alma. En ese punto "se apoderó de él un sentimiento de odio hacia Basil Hallward, como si se lo
hubiera propuesto la imagen del lienzo, susurrándole al oído aquellos labios burlones". (149). En un frenesí, Dorian
agarra un cuchillo y lo hunde en el cuello de Basil, apuñalándolo repetidamente, para luego mantenerlo presionado en
su carne hasta que Basil deja de luchar y muere. Un charco de sangre se extiende sobre la mesa y se desliza por los
pies de su silla.
Dorian se sorprende de la facilidad con la que cometió el homicidio. Se siente aliviado al pensar que el hombre "que
había pintado el retrato funesto al que debía toda su desgracia se había ido de su vida" (151). Sale del ático,
determinado a salirse con la suya, con la ventaja de que se suponía que Basil viajaba a París esa noche, y que nadie se
enteró de su sorpresiva visita. Destruirá él mismo las cosas de Basil, pero para deshacerse del cuerpo tiene que llamar
a Alan Campbell.
Análisis
Basil habla extensamente sobre los supuestos pecados de Dorian pero, de hecho, nunca dice cuáles son. Solo afirma
que el nombre de Dorian "estaba implicado en la confesión más horrible que he leído nunca" (145). Esta propensión a
reconocer solo indirectamente la ruptura de tabúes sociales era una interesante tendencia en la sociedad victoriana,
compartida también por el narrador de El retrato de Dorian Gray. Hemos leído que hay rumores sobre las fechorías de
Dorian, pero salvo que seamos testigos de ellas, como lo somos del asesinato, nunca nos enteramos de qué se tratan en
realidad. Al igual que Basil, solo podemos asumir lo peor, en función de la apariencia del retrato.
Es interesante que Wilde elija presentar las transgresiones de Dorian de esta manera. El narrador es claramente
omnisciente: debería ser capaz de informarnos qué, exactamente, ha hecho Dorian para provocar tantos chismes y
tanto desdén, pero al insinuar solamente la naturaleza de estas transgresiones, Wilde establece un sentido palpable de
su ilicitud, llevando al lector a buscar pistas y reforzando, al mismo tiempo, la sensación de degradación de Dorian.
La condena de Basil de los pecados de Dorian, así como su ferviente deseo de que este se arrepienta de ellos, da
cuenta de una religiosidad ausente en nuestro último encuentro con él. Basil ha adquirido una sensibilidad ética muy
refinada. Esto puede explicar la disminución de su producción artística, ya que, Wilde afirma en el prefacio, "An
ethical sympathy in an artist is an unpardonable mannerism of style" ["Una empatía ética en un artista es un
amaneramiento de estilo imperdonable"]. Este "amaneramiento imperdonable" es parcialmente responsable de la ira
asesina de Dorian, ya que ofende su sensibilidad artística, que es el único tipo de pureza al que siente que debe
aferrarse. Sin embargo, se nos dice que el asesinato es provocado más directamente por el retrato mismo: "de repente
se apoderó de él un sentimiento de odio hacia Basil Hallward, como si se lo hubiera propuesto la imagen del lienzo"
(149). El retrato confronta a Dorian con su vergonzosa vida, y Dorian culpa a Basil, el pintor, por el dolor que siente.
Cuando el artista confronta a Dorian, este no lo soporta, y es conducido al asesinato por "la ira enloquecida de un
animal cazado" (150). Desde que conoció a Lord Henry, Dorian se ha rendido a sus pasiones. Ahora, ni siquiera puede
resistirse al impulso hacia una violencia asesina. Y por más que lo intente en capítulos posteriores, nunca podrá
recordar este crimen sino como otra mera experiencia "artística", nueva y emocionante, tal como pudo hacer con la
muerte de Sibyl.
A lo largo de la novela encontramos varias imágenes violentas que involucran cuchillos: además del asesinato de
Basil, el cuchillo aparece cuando Basil amenaza con destruir el retrato, en el capítulo II, y cuando Dorian considera,
en el capítulo VIII, que ha matado a Sibyl como si le hubiera cortado el cuello con un cuchillo.
Capítulo XIV
Resumen
Dorian se despierta y empieza a recordar los terribles sucesos de la noche anterior. Le escribe una carta a Alan
Campbell y envía a su sirviente para que se la entregue. Mientras espera, se distrae leyendo poesía de un libro que le
dio un hombre llamado Adrian Singleton, mientras reflexiona sobre el desarrollo de su amistad con Alan Campbell.
Se conocieron por primera vez en una fiesta. Alan era un hombre de ciencia, químico, pero ambos compartían una
gran pasión por la música. Alan "era un joven muy inteligente" (156), pero "cualquier sentimiento que poseyera de
belleza de la poesía lo había obtenido totalmente de Dorian" (156). Durante un tiempo fueron inseparables pero, por
razones no especificadas, Alan comenzó a irse de las fiestas cada vez que aparecía Dorian, y se negaba a hablar o
interactuar con él. Alan se retiró de la sociedad casi por completo y se sumergió en sus experimentos.
La larga espera molesta a Dorian, pero Alan finalmente llega. Dorian habla cordialmente, pero su invitado es frío,
cortante y desconfía de los motivos que llevaron a su anfitrión a buscarlo. Dorian va directamente al grano y le dice
que lo necesita para deshacerse de un cadáver, resultado de un suicidio. Alan se niega y no quiere tener nada que ver
con la situación ni con Dorian, para el caso. Este, con la esperanza de ganarse la simpatía de Alan, confiesa que fue un
asesinato y dice que solo necesita que Alan finja llevar a cabo un experimento. Queda claro que el científico está
decidido a resistir todas las tácticas de Dorian.
De mala gana, Dorian recurre al chantaje, mostrándole una carta que promete enviar a menos que el científico acepte
ayudarlo. Alan sucumbe y escribe una carta para su asistente, detallando los elementos de su laboratorio que deben ser
llevados a la casa de Dorian para proceder. Cuando estos llegan, Dorian libera a su sirviente por la noche para no
levantar sospechas.
Los dos hombres arrastran el pesado baúl de herramientas al ático. Dorian se da cuenta de que, por primera vez, se ha
olvidado de cubrir la pintura antes de abandonar el ático. Se apresura a tirar la cortina sobre él para ocultarlo pero,
antes de hacerlo, reconoce un asqueroso destello de sangre roja en las manos de su doppelgänger. Alan llega con el
baúl, se encierra en el ático y se pone a trabajar. Alrededor de las siete de la tarde, el asunto está terminado. El cuerpo
de Basil ha sido incinerado, y Alan se va con un deseo: "Que no nos veamos nunca más" (162).
Análisis
Hasta ahora, hemos escuchado los nombres de Alan Campbell y Adrian Singleton entre aquellos a quienes Dorian ha
corrompido, pero en este capítulo se da la primera interacción cara a cara con uno de ellos. Aparte de Sibyl, estas dos
son las únicas personas que aparecen, de hecho, en la novela, cuyas vidas Dorian ha arruinado. Una vez más, el
narrador se niega a exponer las razones del rechazo que siente Alan por Dorian, o el contenido de la carta con la que
este chantajea a su víctima. Estas omisiones, no obstante, solo aumentan la sensación de lo terribles que deben haber
sido las transgresiones aludidas. Sabemos que Alan ya no desea mostrar su rostro en público, y hemos aprendido en
capítulos anteriores que Adrian también está condenado al ostracismo. Sin embargo, la causa más probable de esta
vergüenza, los encuentros homosexuales, están presentes solo tácitamente.
Cuando el propio Wilde fue juzgado por acusaciones de sodomía en los años posteriores a la publicación de este libro,
escribió sobre la nota fatal que atraviesa Dorian Gray. Wilde se refería a casos como estos. El autor revisó ediciones
posteriores del libro en un esfuerzo por reducir la prominencia de los matices homosexuales, pero estos eran un
aspecto demasiado integral de las interacciones entre los personajes principales como para eliminarlos por completo.
La cordialidad de Dorian hacia Alan cuando este llega a su casa es una fachada. Su aparente renuencia a chantajear al
hombre no es sincera; parece más bien una indicación de que Dorian realmente disfruta del poder manipulador que
tiene sobre Alan. Este no se deja engañar por la pretensión de amabilidad de Dorian, pero no tiene más remedio que
cumplir sus deseos. En esta interacción somos testigos de cuán refinada se ha vuelto la capacidad de persuasión de
Dorian durante los dieciocho años que pasaron desde el Capítulo XI. Ha sido un buen estudiante de Lord Henry, y hoy
iguala, o incluso supera, los poderes de manipulación de su mentor.
El poema que Dorian lee mientras espera a Alan es significativo por varias razones. Primero, es de un libro que le dio
Adrian Singleton. Dorian confía en el don de un hombre que ha traicionado. Las líneas que repite una y otra vez:
"Devant une facade rose/ Sur le marbre d'un escalier" (155) pueden traducirse como "Frente a una fachada rosa /
Sobre el mármol de una escalera". Estas líneas le recuerdan a Dorian la ciudad de Venecia, que visitó con Basil. Sin
embargo, recordar al pintor solo lo lleva a comentar: "¡Pobre Basil! ¡Qué forma más horrible de morir!" (155). Dorian
no está dispuesto a admitir abiertamente que es responsable de la muerte de Basil. De hecho, culpa a este por el
sufrimiento que la pintura le ha causado. Este es, por supuesto, un comportamiento altamente delirante. Tendría más
sentido culpar a Lord Henry, su corruptor, pero incluso esto sería inexacto. Dorian es el único responsable, por desear
que el encanto del retrato existiera. Sin embargo, la aceptación genuina de la responsabilidad por sus fechorías estaría
muy por encima de las capacidades éticas de Dorian en este momento.
Capítulos XV y XVI
Resumen
Más tarde esa noche, Dorian asiste a una fiesta organizada por Lady Narborough, una viuda rica y miembro popular de
la alta sociedad londinense. Dorian actúa cómodamente, con naturalidad; resulta encantador con su anfitriona,
enmascarando con éxito su torturada conciencia, pero no puede comer nada. La mayoría de los invitados son aburridos
y poco ingeniosos, por lo que Dorian se alegra cuando llega Lord Henry. Como de costumbre, Dorian se deleita con
los paradójicas y ligeramente ofensivas ocurrencias de Henry. La noche transcurre sin problemas hasta que le
preguntan a Dorian cómo pasó la noche anterior. Titubea y se retracta de varias respuestas, claramente perturbado e
innecesariamente a la defensiva. Henry puede ver fácilmente que algo anda mal, pero cuando trata de que Dorian
comparta sus problemas, el joven se excusa, dice que está "irritable" (169) y que debe volver a su casa.
Una vez en su casa, Dorian se enfrenta con el hecho de que las pertenencias de Basil, que habían quedado en el
armario de Dorian, aún deben ser destruidas. Los arroja a la chimenea; el olor a tela y cuero quemados le provocan
náuseas. Luego, es vencido por un "deseo ardiente y loco" (169) no especificado. Examina "una cajita china lacada en
negro y espolvoreada con oro" (169) que estaba oculta en su armario. Decide irse. Al principio, su taxista se niega a
llevarlo, pero pronto cede y acepta el soborno de Dorian.
Durante el largo viaje en taxi, Dorian recuerda las palabras de Lord Henry en su primer encuentro: "Curar el alma por
medio de los sentidos y los sentidos por medio del alma" (171). Siente como si su alma estuviera bastante enferma, y
se consuela con la idea de curarla. Se baja del taxi y camina varias cuadras, mirando nerviosamente detrás de él, hasta
que encuentra una pequeña casa en ruinas escondida en un callejón, entre dos fábricas.
Entra en la casa, que se revela como una guarida de opio. Dentro hay grupos de individuos demacrados,
despreocupados y desaliñados. Entre ellos está Adrian Singleton, quien se une a Dorian en el bar. Son acosados por
dos mujeres, y Dorian sale del lugar. Cuando se marcha, una de las mujeres lo llama "Pr íncipe Encantador", y en ese
momento un marinero se pone de pie y persigue a Dorian hasta afuera. El hombre toma a Dorian por el cuello, lo pone
de rodillas y le apunta con un revólver en la cara, informándole que es el hermano de Sibyl Vane, a quien Dorian
arrastró al suicidio. Solo conocía al amante de su hermana por el apodo de "Príncipe Encantador". Dorian finge nunca
haber oído hablar de Sibyl Vane, y le dice a James que ponga su rostro bajo la luz de la lámpara. James cumple, y así
se da cuenta de que ha cometido un error: Sibyl murió hace dieciocho años, por lo que su amante tendría ahora unos
cuarenta años, pero la persona que está frente a él no parece tener más de veinte. James se siente avergonzado y le
pide perdón a Dorian. Este lo reprende por su comportamiento y huye.
Luego, James habla con las dos mujeres del bar, enterándose así que Dorian es mucho mayor de lo que parece. Una de
ellas comenta que "hace cerca de dieciocho años el Príncipe Encantador me hizo lo que soy ahora" (177). Al darse
cuenta de que ha sido engañado, James se apresura, indignado, a perseguir a Dorian, pero dobla la esquina y descubre
que el villano ya ha desaparecido.
Análisis
Dorian sucumbe a la paranoia en la casa de Lady Narborough, pero su miedo a ser descubierto resulta innecesario. Su
anfitriona le dice: "usted está hecho para ser bueno, usted parece tan bueno..." (166-167). La incapacidad de aceptar la
posibilidad de que una apariencia joven e inocente oculte algo más que una personalidad igualmente inocente y
hermosa es común en el círculo social de Dorian. Esta superficialidad es, de hecho, lo que le permite a Dorian
mantener un alto nivel de respeto y admiración a pesar de la circulación de desagradables rumores; a pesar, incluso, de
la culpa de un asesinato que pesa sobre su conciencia.
Wilde utiliza al grupo de amigos de Dorian para parodiar la frivolidad de la aristocracia londinense. La convicción de
Lord Henry de que la belleza es lo más importante del mundo y de que el atractivo físico es el mejor valor que una
persona puede tener es sorprendentemente precisa, al menos entre aquellas personas con las que Dorian y Henry se
relacionan. Esto plantea una pregunta importante: si las creencias moralmente superficiales de Lord Henry están
justificadas, ¿podemos realmente condenar a su personaje por defenderlas?
El extraño modo en el que Dorian manipula su caja de opio y se dirige, luego, a la guarida de opio revelan una
adicción de la que hasta ahora no sabíamos. Dorian siempre ha escapado de la culpa sumergiéndose en distracciones
placenteras, pero su caída en la adicción significa que ha alcanzado un nivel aún más bajo de degradación. Esta
adicción también nos recuerda la naturaleza de la relación de Dorian con el retrato. Como un adicto, no puede
abstenerse de salir a buscar y disfrutar de nuevos placeres culpables. También como un adicto, Dorian no puede evitar
regresar al ático y disfrutar de observar el horror de su alma degradada.
La presencia de Adrian en la guarida del opio molesta a Dorian porque "Quería estar donde nadie supiera quién era.
Quería escapar de sí mismo" (174). Sin embargo, su pasado lo persigue sin importar a dónde se dirija. Uno podría
esperar que Dorian consiguiera un poco de consuelo por el hecho de que, a diferencia de Alan Campbell, Adrian está
dispuesto a interactuar con él, pero las personas significan tan poco para Dorian en este punto que solo puede ver a
Adrian como una molestia. En lugar de compadecerse del deplorable estado de Adrian, Dorian se siente asqueado.
La inexorabilidad del pasado también se ejemplifica con la reaparición del vengativo hermano de Sibyl. James Vane
busca venganza por el primer acto de corrupción de Dorian, la egoísta vanidad que provocó el primer cambio en la
pintura. La determinación de James de vengar la muerte de su hermana representa la culminación de todos los pecados
de Dorian volviendo para perseguirlo. Sin embargo, la superficialidad aún es su aliada: en este primer encuentro con
James, su joven rostro le salva literalmente la vida.
Capítulos XVII y XVIII
Resumen
El capítulo comienza con Dorian y Lord Henry conversando con Gladys, la duquesa de Monmouth, durante una fiesta
en el invernadero de la casa de Dorian. Los invitados debaten sobre nombres, sobre el amor y, por supuesto, sobre las
virtudes de la belleza. Gladys se muestra bastante ingeniosa en un tete-a-tete con Lord Henry. Después de que este
menciona al pasar el antiguo apodo de Dorian, Príncipe Encantador, ella pregunta si Dorian ha estado alguna vez
realmente enamorado. Molesto por el recuerdo de su reciente enfrentamiento, Dorian se excusa y dice que debe
recoger unas orquídeas para la duquesa.
Dorian tarda mucho en regresar, y cuando Henry se pregunta sobre su paradero, se escucha un grito perturbador desde
otra habitación. Lord Henry se apresura a dirigirse a la escena y descubre que Dorian se ha desmayado. Henry insiste
en que se quede en la cama y se recupere, pero Dorian no quiere estar solo. Todos los invitados suponen que
simplemente se ha derrumbado por el agotamiento. Dorian, sin embargo, no confiesa la verdadera razón de su
angustia: se desmayó al ver la cara de James Vane espiándolo por la ventana del invernadero.
Dorian pasa los siguientes tres días adentro, "con un terror frenético a morir y, sin embargo, indiferente a la vida
misma" (185). Eventualmente se convence a sí mismo de que el rostro que vio fue una alucinación provocada por su
conciencia, resultado de reprimir su culpa por tanto tiempo. Cuando Dorian finalmente sale al aire libre, él y Lord
Henry acompañan a Sir Geoffrey Clouston, el hermano de la duquesa, en una breve excursión de caza. Geoffrey
apunta a una liebre y Dorian grita, instintivamente, instándolo a no disparar. Después del disparo se escuchan dos
gritos: "el grito de la liebre herida, que fue espantoso, y el grito de un hombre que agonizaba, que fue peor" (187).
Geoffrey supone que la persona a la que le disparó es un "batidor", uno de los hombres empleados por el invernadero
para dirigir a las presas hacia donde los cazadores pueden dispararles.
La caza se cancela por el día, de modo que los invitados no parezcan demasiado insensibles, y Lord Henry le informa
a Geoffrey que el hombre que recibió el disparo está muerto. Más tarde, Henry y Dorian vuelven a conversar con
Gladys. Nos enteramos de que Geoffrey está movilizado, pero Henry culpa al batidor de todo y no ve ninguna razón
para sentir remordimiento alguno. Sin embargo, la habría gustado que Geoffrey "lo hubiera hecho a propósito", y
proclama: "Me gustaría conocer a alguien que hubiera cometido un verdadero crimen" (189). Dorian se disculpa y se
va a acostar.
Se acuesta sobre un sofá en el piso de arriba, aterrorizado, sintiendo como si la muerte inesperada de ese extraño fuera
una señal de que la suya es inminente. Está casi paralizado por el miedo y decide ir al médico, pero antes de poder
hacerlo su mayordomo lleva al guarda jefe, que quiere hablar con Dorian. Sabiendo que debe ser por el batidor
muerto, Dorian le pregunta al guarda si la víctima tenía una esposa o alguien que dependiera de él, y ofrece "una
cantidad de dinero que considere usted necesaria" (191) para satisfacer sus necesidades. Sin embargo, el guarda ha ido
en verdad para informarle que el hombre muerto no era un empleado, y que nadie había podido identificarlo. Dorian
cabalga frenéticamente a la granja donde han trasladado el cuerpo y descubre que tienen el cadáver de James Vane. Se
llena de alegría: "sabía que ahora estaba a salvo" (192).
Análisis
La discusión sobre los nombres y el comentario de Henry ("nunca discuto sobre actos. Mi única discusión es sobre las
palabras" (179)) nos llevan a considerar la importancia de los nombres y del tema del poder de las palabras en la
novela. Al conocer a Lord Henry, en el capítulo II, y al escuchar por primera vez sobre su tóxica y sensual visión del
mundo, Dorian piensa para sí mismo: "¡Palabras! ¡Meras palabras! ¡Qué terribles eran! (...) Uno no puede escapar de
ellas" (32). Es la perspicacia conversacional de Henry lo que le permite influir profundamente en Dorian, y es un libro
(regalo de Henry, con el que Dorian se obsesiona en el capítulo XI) lo que Dorian considera como principal
responsable de su propia corrupción.
Al poner tanto énfasis en el poder de las palabras, escritas o habladas, Wilde está aludiendo, indirectamente, al poder
de la literatura. Oportunamente, Henry continúa su reflexión anterior con la siguiente: "Esa es la razón por la que odio
el realismo vulgar de la literatura" (179-180). Este no es simplemente un comentario casual e ingenioso, típico de
Henry, sino una invitación para que el lector considere el valor de los elementos fantásticos incluidos en El retrato de
Dorian Gray.
La duquesa de Monmouth es uno de los pocos personajes de la novela que parece capaz de defenderse en una
conversación contra las ingeniosas y poco ortodoxas ocurrencias de Lord Henry. Cuando ella lo acusa de valorar
demasiado la belleza descubre, sin saberlo, la causa de la culpa de Dorian. Cuando este se va a recoger flores, nos
recuerda el primer capítulo, cuando Henry recogió una flor del jardín de Basil y la deshizo lentamente, pétalo por
pétalo. Así como la acción anterior de Henry simbolizaba su papel de admirador y destructor de delicadas bellezas, la
acción de Dorian, ahora, parece revelar que ha reemplazado simbólicamente a su mentor.
La insensibilidad de los invitados al enterarse de que un hombre ha sido asesinado de un disparo es tan extrema que se
lee como una parodia. La primera respuesta de Sir Geoffrey al enterarse de que le disparó a un hombre es molestia;
dice que el suceso "ha echado a perder mi caza por hoy" (187). Lord Henry recibe las noticias con una preocupación
superficial, típica de él, diciendo que la caza debe cesar por un día, simplemente, porque "No estaría bien continuar"
(187). A pesar de la aparente profundidad de sus ocurrencias, Henry demuestra ser, en momentos de crisis, incapaz de
ver el mundo sino en función de las apariencias. Sus comentarios en este capítulo nos recuerdan los superficiales
argumentos que utiliza para consolar a Dorian inmediatamente después de la muerte de Sibyl (capítulo VIII), cuando
le recomendó que no se involucrara en la investigación en pos de preservar su reputación.
Dorian mismo muestra cierta angustia al enterarse de la muerte del hombre, pero no por razones humanitarias. Solo
insta a Sir Geoffrey a no disparar porque el objetivo, un conejo, le parece hermoso. Quizás, dado que Dorian se ha
sentido como una presa de caza desde su encuentro con James Vane, simpatiza con el animal. El dolor emocional que
siente Dorian tras enterarse de que hay un hombre muerto es solo consecuencia de su propia autocompasión: considera
que el evento es un "mal presagio", no una tragedia por derecho propio. Dorian deja en claro, además, su verdadera
insensibilidad cuando su reacción inmediata ante las noticias es tomar su chequera. No se ve obligado a consolar a la
familia de lo que supone ser un empleado suyo fallecido; ni siquiera atisba a expresar sus condolencias.
Instintivamente, se limita a resolver el problema arrojando un poco de dinero.
Descubrir que el hombre muerto es James Vane hace que Dorian se regocije por varias razones. En primer lugar, ya no
tiene que temer por su vida. Sin embargo, también significa que no estaba alucinando cuando vio la cara de James a
través de la ventana. Dorian puede ser paranoico, pero no está loco. Finalmente, como la aparición de James tenía el
objetivo de que Dorian pagara por su influencia en la muerte de Sibyl, ahora que James está muerto, Dorian puede
convencerse una vez más de que ha escapado ileso de los pecados de su pasado.
Capítulo XIX
Resumen
Varios meses después, Dorian está de regreso en Londres. Se encuentra en la casa de Lord Henry, conversando con él.
Al parecer, Dorian ha decidido cambiar sus formas. Henry le dice que es perfecto tal como es, y que no sirve de nada
tratar de cambiar, pero Dorian le responde: "He hecho demasiadas cosas espantosas en mi vida (...). Empecé mis
buenas acciones ayer" (193). Su denominada "buena acción" fue el trato que tuvo con Hetty, una hermosa joven
campesina que le recordó a Sibyl Vane. Ella se enamoró de Dorian, pero en lugar de aprovecharse de ella y romperle
el corazón, como hubiera hecho antes, él decidió "abandonarla como a una flor, como la había encontrado" (194).
Henry se burla de él y le pregunta si está seguro de que Hetty "no está flotando ahora en algún pozo de molino,
alumbrado por las estrellas (...), como Ofelia" (194). Esto molesta a Dorian, ya que quiere creer desesperadamente en
el valor de sus buenas intenciones. La conversación gira hacia el paradero de Basil Hallward. La desaparición del
pintor, que ya lleva seis semanas, sigue siendo el principal tema de conversación en Londres, junto con el divorcio de
Henry y el suicidio de Alan Campbell. Henry le pide a Dorian que toque algo de Chopin para él, porque "el hombre
con el que se fugó mi esposa tocaba a Chopin de forma exquisita" (195).
Ya en el piano, Dorian le pregunta a Henry, como al pasar, qué pensaría si le dijera que había asesinado a Basil. "Te
diría", responde, "que estás presumiendo de un carácter que no te corresponde" (196). Tales crímenes, cree Henry, son
la especialidad de las clases bajas. Además, Henry no puede imaginar que Basil hubiera encontrado un final tan
romántico, porque la calidad de sus pinturas había disminuido constantemente en los años posteriores a su amistad con
Dorian. El retrato de Dorian fue, aparentemente, su obra maestra final. Henry cree que la pintura fue robada hace
mucho tiempo, y Dorian afirma haber olvidado todo aquello.
Henry atrapa a Dorian con la guardia baja al parafrasear la Biblia y preguntarle: "¿qué beneficio obtiene un hombre si
gana el mundo entero y pierde... ¿Cómo sigue la cita?... ¿Su propia alma?"(197). Cuando Dorian se sobresalta por esta
declaración, Henry solo se ríe y le dice que escuchó a un predicador plantear esta pregunta frente a una multitud
durante un paseo por el parque, un día lluvioso. Henry describe lo mucho que se divirtió ante el espectáculo de la
sombría multitud de pie bajo la lluvia, escuchando a "un vulgar predicador" (197). Pensó en decirle que "el arte tiene
un alma, pero que el hombre no" (197).
La ligereza de Henry ofende a Dorian, quien afirma que "El alma es una terrible realidad (...). Puede ser envenenada o
hacerla perfecta" (197). Le dice a Henry que está seguro de esto, a lo que Henry responde: "entonces debe ser una
ilusión. Las cosas de las que uno se siente completamente seguro nunca son verdad" (198). Dorian comienza a tocar
un Nocturno de Chopin, que tiene un enorme efecto en Henry y provoca un debate sobre el romance y sobre lo
exquisita que ha sido la vida de Dorian. Dorian está de acuerdo, pero le recuerda a Henry que ha dado vuelta la página,
y que nunca lo perdonará por su corruptora influencia. Al salir, Henry invita a Dorian a almorzar al día siguiente, y
Dorian acepta, a regañadientes.
Análisis
Al contarle a Henry sobre Hetty, Dorian insiste en que ella "puede vivir, como Perdita, en su jardín de menta y
caléndula", a lo que Henry pregunta: "¿cómo sabes que Hetty no está flotando (...) como Ofelia?" (194). Ambos son
personajes de Shakespeare (de Cuento de invierno y Hamlet, respectivamente) que Sibyl solía interpretar en el
escenario. Dorian ya ha declarado que Hetty le recuerda a Sibyl, a quien amaba por todos los personajes que ella
representaba para él. Ahora busca enmendar su hacia ella indirectamente, a través de Hetty, a quien asocia con Perdita,
un personaje que encuentra un final feliz. La alusión de Lord Henry al carácter trágico de Ofelia es insoportable para
Dorian, porque le recuerda las circunstancias reales de la muerte de Sibyl y su cruel decisión de reaccionar ante ella
como ante un drama teatral.
Shakespeare también es evocado después de que Henry pregunta sobre el retrato de Basil. Mientras toca el piano,
Dorian dice que la pintura le recordaba ciertas líneas de Hamlet: "Como la pintura de una pena, / un rostro sin
corazón" (197). Estas líneas se relacionan directa y conmovedoramente con la condición de Dorian. No solo se
refieren a la pintura, sino al propio Dorian, que ahora se siente reducido a "un rostro sin corazón". Cuando Henry trata
de sacar a Dorian de su sombrío estado de ánimo con la frase "Si un hombre trata la vida de forma artística, su cerebro
es su corazón" (197), Dorian solo repite la cita de Shakespeare. Es como si Dorian estuviera tratando de comunicarle a
Henry, indirectamente, su verdadera situación, como antes ha intentado, también sin éxito, confesar el asesinato de
Basil. Dorian está irremediablemente solo: ni su más viejo amigo lo comprende. Antes de partir para regresar a su
casa, Dorian titubea en la puerta, "como si tuviera algo más que decir" (200), pero no dice nada, lo que constituye otra
señal de su patética soledad.

Aunque Henry se considera a sí mismo el mejor amigo de Dorian, le dice a este que, después de todos los años que
pasaron juntos, Dorian sigue siendo el mismo. Esto nos recuerda que, a pesar de su aparente sabiduría, Lord Henry
todavía es incapaz de juzgar las cosas sino por su apariencia. Para él, verse igual y ser igual son una misma cosa. No
tiene idea de la verdadera degradación del carácter de Dorian.
El comentario anterior de Henry, de que un hombre debe "tratar la vida de forma artística", que constituye uno de los
temas principales del libro, puede interpretarse mejor si se lee junto con el comentario final del prefacio: "All art is
quite useless" ["Todo arte es bastante inútil"]. Teniendo en cuenta que esta es la opinión del autor, está claro que tratar
de hacer de la vida una obra de arte no resulta muy gratificante en El retrato de Dorian Gray.
Dorian acusa a Henry: "me envenenaste con un libro una vez", y agrega: "prométeme que no prestarás ese libro a
nadie más. Hace daño" (199). Dorian ha hecho precisamente aquello sobre lo que advierte el prefacio cuando declara
que "All art is (...) surface" ["Todo el arte es (...) superficie"], y que "Those who go beneath the surface do so at their
peril" ["Aquellos que atraviesan la superficie lo hacen bajo su propio riesgo"]. Dorian se ha alejado tanto de la
superficie de aquel libro que lo ha transformado en una especie de boceto para su propia vida. La corrupción de su
alma, y la ruina de su vida, es lo que este "riesgo" ha causado a Dorian.
Capítulo XX
Resumen
Durante la caminata desde la casa de Henry hacia la suya, Dorian disfruta de la cálida noche. Se molesta cuando varias
personas murmuran su nombre, con asombro, al pasar, una ocurrencia que solía complacerlo; pero se anima pensando
en la bella e inocente Hetty y en su reciente "buena acción". Ella había sido irremediablemente ingenua, pero ese era
su encanto: "tenía todo lo que él había perdido" (201). Llega a su casa y se mira en un espejo que Henry le regaló hace
mucho tiempo, pero está tan abrumado por el odio que rompe el espejo contra el suelo. Trata de enfocarse en el futuro,
de no pensar en personas como James Vane, ahora "oculto en una tumba sin nombre" (202); Alan Campbell, quien se
suicidó sin traicionar el secreto de Dorian; o Basil Hallward, a quien Dorian asesinó por "la locura de un momento"
(202). Intenta calmar su conciencia culpando de todos sus problemas al retrato de Basil, y contemplando la nueva vida
que ha decidido comenzar. Piensa en Hetty, la preservación de cuya inocencia tiene como prueba de su nueva bondad,
y se pregunta si su buena acción ha hecho que su retrato cambie para mejor. Sube al ático, cierra la puerta detrás de él
y descubre la pintura.
Un jadeo horrorizado escapa de sus labios cuando ve que no hay "ningún cambio, salvo que en sus ojos había una
mirada astuta y en su boca una arruga curvada de hipocresía" (203). Dorian se da cuenta de que su amabilidad hacia
Hetty fue otro acto de vanidad, impulsado por su deseo de mejorar la apariencia de su alma, o simplemente otra
manifestación de su egoísmo, impulsado por "el deseo de una nueva sensación" (203). Desesperado por escapar de sus
crímenes pasados, Dorian ve el cuadro como la única evidencia que revela su culpa: "había sido su conciencia. Lo
destruiría" (204). El cuchillo que está sobre la mesa, se da cuenta, todavía está manchado con la sangre de Basil. Lo
toma, lo limpia varias veces y apuñala la imagen.
Los sirvientes de Dorian se despiertan por un grito terrible. Es tan fuerte que dos caballeros que pasaban por allí lo
escuchan desde la acera y van a buscar a un policía para dirigirlo la casa. Este les informa que se trata de la residencia
de Dorian Gray, y entonces los hombres se van, burlándose, sin avisarle siquiera del grito que oyeron. Los sirvientes
no pueden abrir la puerta del ático, pero logran subir por el techo. Encuentran el cuerpo de un hombre "marchito,
arrugado y (...) repugnante a la vista" (204) tendido en el suelo, con un cuchillo en el pecho. Solo reconocen a su señor
por sus anillos.
Análisis
Mientras piensa en Hetty, Dorian recuerda haberle dicho que era un hombre muy malvado, a lo que ella respondió que
"la gente malvada era siempre muy vieja y muy fea" (201). Al igual que las frívolas personas de la clase alta a la que
Dorian frecuenta, la "pura" Hetty supone que la apariencia lo es todo. Si bien esta superficialidad es precisamente lo
que le permite a Dorian ganar tantos corazones, también evita que los otros sepan realmente quién es.
Dorian decide deshacerse de su pasado, bloquearlo de sus pensamientos y enfocarse en asegurarse un futuro mejor.
Rompe el espejo que le dio Lord Henry, lo que constituye un rechazo simbólico de su propia vanidad y de la
influencia corruptora de la amistad de Henry. Se aferra desesperadamente a su trato con Hetty como señal de que es
posible limpiar su alma, pero es demasiado poco, demasiado tarde. Incluso este gesto aparentemente concienzudo
surgió del deseo hedonista de experimentar una sensación desconocida, y del vano deseo de mejorar la apariencia de
su alma, como lo muestra luego el retrato. La vanidad, no la moral, impulsó su acción, demostrando una vez más que
Dorian es un alma condenada.

Cuando Dorian se suicida tratando de destruir la pintura, el retrato y el hombre vuelven a intercambiar apariencias. El
hombre del cuadro se vuelve joven y hermoso, mientras que el verdadero Dorian se convierte un hombre viejo y
desfigurado por el tiempo y la culpa. Dorian hace realidad el miedo que tuvo al ver la pintura por primera vez:
queriendo destruir la pintura, se marchita y muere, mientras que la imagen del retrato sigue siendo joven y hermosa
para siempre. Además, dado que la pintura ha recobrado su aspecto original, la obra maestra de Basil Hallward regresa
al mundo. Al ver el cuchillo, Dorian piensa que "Igual que había matado al pintor, ahora mataría a la obra del pintor"
(204), pero la obra y el pintor tendrán la inmortalidad de la grandeza artística, mientras que Dorian es destruido.
El arma utilizada por Dorian es la misma que ha usado para matar a Basil. Irónicamente, Basil se había ofrecido a
destruir la pintura recién terminada con un cuchillo tras la reacción negativa de Dorian ante ella (Capítulo II), pero la
nueva vanidad de Dorian y su aprecio por la belleza artística lo llevaron a lanzarse sobre el retrato para evitarlo.
Dieciocho años y dieciocho capítulos más tarde, Dorian decide hacer exactamente lo que había impedido que
sucediera entonces. Una vez más, arroja su cuerpo sobre la pintura, sometido a los peligros de su belleza.
SÍMBOLOS, ALEGORÍA Y MOTIVOS
El retrato (símbolo)
El retrato de Dorian Gray que pinta su amigo Basil simboliza sin duda la conciencia del protagonista de la novela, que
se va desmoronando mientras él se entrega, sin escrúpulos y sin consideración por los demás, a los placeres de la vida.
Así, cada hito en su camino hacia la autodestrucción dejará su marca en el retrato, empezando por los malos tratos que
tiene Dorian hacia la jovencita Sibyl Vane, que terminará con el suicidio de ella. Este proceso tendrá su fin cuando
Dorian, cansado de sentirse interpelado y acusado por el estado calamitoso de la imagen, destroce el cuadro,
terminando así con su propia vida.
El libro (símbolo)
El libro que Lord Henry le regala a Dorian, y con el que este se obsesiona durante un tiempo, simboliza la influencia
que el personaje mayor tiene sobre el joven. De hecho, Dorian culpa en buena medida al libro por su propia perdición,
y le hace prometer a Henry que no le regalará una copia de ese libro a nadie más, por consituir una mala influencia.
La muerte de Basil (símbolo)
Cuando Dorian asesina a Basil destruye con él, simbólicamente, el poder del amor y de la creación que Basil
representa en tanto artista y como único amigo de Dorian verdaderamente inocente y capaz de amar. Matando a Basil,
Dorian está, probablemente, destruyendo lo que constituía su última posibilidad de redención.
El teatro (símbolo)
El teatro, tan presente en la novela, funciona como un símbolo del escapismo que caracteriza a Dorian Gray. El teatro
es una forma artística en la que las personas pueden encarnar personajes y vivir sus experiencias sin sufrir, sin
embargo, las consecuencias de sus actos. Esto hace la joven Sibyl Vane, y que Dorian se enamore de ella arriba de las
tablas es elocuente del carácter superficial de su afecto. Quedará demostrado una vez que ella, habiendo
experimentado el amor real, se confiese incapaz de fingirlo como actriz y esto resulte en el rechazo de Dorian hacia
ella.
El teatro condensa también, simbólicamente, el modo en el que Lord Henry y Dorian Gray viven sus vidas, como si
fueran puestas en escena en las que lo importante es el efecto estético que producen y el placer que experimentan.
La destrucción del cuadro (Símbolo)
La destrucción del cuadro por parte de Dorian es el último gran símbolo de la novela, al punto que se literaliza en la
trama: destruir el cuadro significa para Dorian matar su propia conciencia, lo que termina, literalmente, con su propia
vida. Así, por un paso de lo metafórico a lo literal, después de que Dorian destruye la pintura de Basil, sus sirvientes lo
encuentran muerto, trasladadas a su cuerpo las marcas del tiempo y la indecencia que, hasta hacía un momento,
estaban plasmadas en la obra de Basil.

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