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Historia y Legado del Imperio Romano

El Imperio Romano fue el período de máxima expansión del Estado romano entre los años 27 a. C. y 476 d. C. Sentó las bases del mundo moderno en política, derecho, cultura y sociedad. Fue escenario del surgimiento y masificación del cristianismo como religión oficial en el siglo IV.

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  • Pax romana,
  • Red de comercio,
  • Legado arquitectónico,
  • Sistema político,
  • Desarrollo urbano,
  • Arquitectura romana,
  • Provincias romanas,
  • César,
  • Crisis del Bajo Imperio,
  • Evolución del Imperio
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Historia y Legado del Imperio Romano

El Imperio Romano fue el período de máxima expansión del Estado romano entre los años 27 a. C. y 476 d. C. Sentó las bases del mundo moderno en política, derecho, cultura y sociedad. Fue escenario del surgimiento y masificación del cristianismo como religión oficial en el siglo IV.

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  • Pax romana,
  • Red de comercio,
  • Legado arquitectónico,
  • Sistema político,
  • Desarrollo urbano,
  • Arquitectura romana,
  • Provincias romanas,
  • César,
  • Crisis del Bajo Imperio,
  • Evolución del Imperio

¿Qué fue el Imperio Romano?

El Imperio Romano (Imperium romanum en latín, que traduce “dominio de los


romanos”) fue el período de máxima expansión del Estado romano en la Antigüedad
Clásica. Operó como un sistema político autocrático y existió entre los años 27 a. C. y 476
d. C.

Se trata de uno de los entes políticos e históricos más importantes de toda la antigüedad,
especialmente para Occidente. A lo largo de su historia sentó muchas de las bases del
mundo tal y como hoy lo entendemos, y dejó un legado significativo en materia política,
judicial, cultural y social.
De hecho, fue en los tiempos del Imperio Romano que muchas de las
grandes ciudades europeas se fundaron o adquirieron su significación geográfica, tales
como:
París (originalmente Lutecia),
Viena (Vindobona),

Barcelona (Barcino),
Zaragoza (Cesaraugusta),
Mérida (Augusta Emerita),
Milán (Medioanum),

Londres (Londinum),
Lyon (Lugdunum).
Fue tanta su importancia que tras su caída hubo numerosos intentos por reunificarlo y
refundarlo, dando origen así al Imperio Carolingio (a manos de Carlomagno) y el Sacro
Imperio Romano Germánico. Sin embargo, cuando hablamos del Imperio Romano, nos
referimos a su punto histórico más alto, alrededor de 117 d. C.
Su apogeo es anterior a la división política y geográfica realizada durante el gobierno de
Diocleciano (284-305) y luego de Teodosio I (379-395), cuando devino así el Imperio
Romano de Occidente y el Imperio Romano de Oriente, este último luego conocido como
el Imperio Bizantino. La mitad occidental fue la primera en caer, por el debilitamiento
económico y militar, mientras que la oriental prosiguió su vida política durante casi un
milenio.
La vida en el Imperio Romano fue, en general, cosmopolita y compleja. La cultura romana,
fuertemente influenciada por la griega (heredaron prácticamente toda su filosofía y
mitología), supo interesarse por los productos y las culturas de los territorios colonizados.
Sin embargo, imponía su lengua y religión, a la par que otorgaba la ciudadanía romana.
El florecimiento de su cultura se suele ubicar alrededor del año 27 a. C. Posteriormente, fue
el escenario de la aparición y masificación del cristianismo, culto que terminó siendo la
religión oficial del Imperio en el siglo IV.
Puede servirte: Civilizaciones antiguas
Inicios del Imperio romano

Augusto convirtió a Roma en Imperio luego de ganar la guerra civil.


Cuando Roma aún era República, el senador Julio César (100 – 44 a. C.), fue asesinado por
quienes lo veían como un tirano en ciernes. La ironía es que tras su muerte se desató una
cruenta guerra civil por el control político de la República. La victoria fue para el bando de
Augusto (63 a. C. – 14 d. C.), Marco Antonio y Lépido.
Así se instauró una dictadura militar conocida como el Segundo Triunvirato. Ejerciendo ya
el poder autocráticamente, Augusto (llamado también Cayo Octavio Turino y sobrino nieto
de Julio César) se enfrentó a los otros dos triunviros. Sin embargo, logró exiliar a Lépido y
venció a Marco Antonio en la batalla naval de Accio en 31 a. C.
Entonces Augusto devolvió al Senado sus poderes, restaurando la República, sólo para que
ésta le rogara que asumiera la conducción del poder, otorgándole el título de César
(Imperator Cesar Augustus), o emperador. Así se dio fin a la vida republicana de Roma y el
Imperio Romano comenzó formalmente en el año 27 a. C.
Fue tal la devoción del pueblo romano por su primer emperador, que sus sucesores usaron
el nombre César y Augusto como nombre real, y al sexto mes del calendario de entonces,
llamado Sextillis, se le puso “Agosto” en su honor.

Ubicación del Imperio Romano


El Imperio Romano llegó a alcanzar una extensión de más de 7 millones de km2.
El Imperio Romano surgió del territorio de la República Romana, actual Italia y su capital era
Roma. Su principales intereses históricos estuvieron siempre orientados al mar
Mediterráneo, ya que conecta a Europa con el norte de África y con el Medio Oriente. En
ese territorio, el Imperio se expandió hasta alcanzar una extensión de más de 7 millones de
km2.
Por lo tanto, la ubicación del Imperio romano cambió mucho a lo largo del tiempo, a medida
que ganaba territorio y hacia el final de sus tiempos lo perdía. En su momento cumbre,
abarcó:
Casi toda Europa occidental.
Los Balcanes.

Las costas del mar Negro.


Casi toda la actual Turquía, Siria y Chipre.
El levante entero del Oriente Próximo (Palestina, Israel, Jordania).
El norte africano (desde Egipto hasta Marruecos).

Semejante territorio era difícil de recorrer y requirió ser dividido en provincias, que
inicialmente fueron 46 (117 d. C.) pero a través de subdivisiones terminaron siendo 96 (285
d. C.). Muchos de los nombres de dichas provincias engendraron el nombre actual de países
y regiones, como Britannia, Germania, Baetica, Iudaea, Galia, etc.
Características del Imperio Romano

El cristianismo se convirtió en religión oficial del Imperio Romano en el siglo IV.


El Imperio romano se caracterizó por lo siguiente:

Surgió de la República romana con Octaviano o Augusto como primer monarca en el 27 a.


C., y duró hasta la caída del Imperio Romano de Occidente en 476, o hasta la caída del
Imperio Romano de Oriente en 1453, según se vea.
Su extensión llegó a ser enorme, abarcando buena parte de Europa, África y Asia menor,
con el mar Mediterráneo en su centro. Su territorio se dividía en provincias, cada una con
nombre propio y un regidor imperial.
Gran parte de la cultura romana consistía en una traducción local de la cultura griega, a
punto tal que compartían principios filosóficos, valores clásicos y la misma religión
politeísta. Pero dado que su idioma era el latín y no el griego, los dioses griegos fueron
renombrados en lengua romana: Zeus como Júpiter, Afrodita como Venus, Hermes como
Mercurio, Hera como Juno, Hefesto como Vulcano, Poseidón como Neptuno, etc., y los
héroes griegos lo mismo: Odiseo como Ulises, Heracles como Hércules, etc.
El Imperio romano presenció el nacimiento en su seno del cristianismo, una reelaboración
de la antigua religión judía. Fue tal la influencia de este nuevo culto en su población que a
partir del siglo IV pasó a ser la religión oficial del Imperio, esparciéndose por Europa.
La capital del Imperio fue Roma, pero también en distintos momentos fueron Milán,
Rávena, Nicomedia y Constantinopla. Igualmente, las monedas romanas eran el denario,
sestercio y sólido bizantino.

El Imperio poseía un poderoso ejército, constituido en distintas legiones (30 distintas en sus
mejores momentos), cada una compuesta por 10 cohortes, dotadas de un estandarte cada
una, divisibles a su vez en cinco o seis centurias de ochenta soldados. Cada centuria podía
subdividirse en diez contubernios, que era la unidad mínima de 8 legionarios que
compartían su tienda de campaña. Cada legión contaba con entre cinco o seis mil soldados
de infantería.
Dado que era un imperio colonial, en Roma existía una pluralidad
de productos provenientes de distintas latitudes, se hablaban múltiples lenguas populares
y existía una vasta red de comercio, gracias al sistema de vías que permitía la conexión de
las distintas provincias romanas.
Etapas del Imperio Romano
La historia del Imperio Romano se suele dividir en dos etapas o períodos:

El Alto imperio (27 a. C. hasta 284 d. C.). Esta es la etapa de auge del Imperio romano, en la
que tiene lugar su expansión territorial y la mayoría de sus conquistas militares, de la mano
de cuatro dinastías diferentes: la Julio-Claudia, la Flavia, la Antonina y la Severa. Comienza
con la pax romana de Augusto y tiene su fin en la llamada crisis del siglo III, con el ascenso
de Diocleciano al poder del Imperio.
El Bajo imperio (284 d. C. hasta su caída en 476). Etapa de decadencia política y económica
del imperio, que inicia con la crisis de gobernabilidad que generó el asesinato del
emperador Alejandro Severo en 235, primer gobernante de una seguidilla de 19
emperadores también asesinados hasta el año 285. Durante este período aparece por
primera vez la idea de manejar separadamente el ala occidental y oriental del Imperio,
puesta en práctica por primera vez por Teodosio I, quien entregó a cada uno de sus hijos
uno de los dos tronos recién creados. Sin embargo, ninguna restructuración logró traer de
nuevo la paz al Imperio.
Arquitectura romana
El Imperio Romano realizó grandes obras de ingeniería como los acueductos.
Uno de los grandes legados de la cultura romana es su arquitectura, reinterpretación de la
heredada de la cultura griega clásica, con añadidos propios y originales del pensamiento
romano.
La arquitectura romana floreció durante la República romana y todavía más durante el
Imperio. En esa época se llevaron a cabo grandes obras de ingeniería, como los célebres
acueductos y coliseos romanos que aún perduran, los baños públicos, la calefacción por
suelo radiante, o los grandes templos religiosos que más tarde heredó el cristianismo.

La mayor parte de las ruinas romanas actuales data del año 100 d. C. Este estilo peculiar de
los romanos fue el estándar en Occidente hasta el siglo IV, cuando surgió la arquitectura
bizantina, y luego reapareció en Europa occidental en el siglo X, bajo el nombre de
arquitectura románica.

Economía romana
De los olivos se extraía el aceite que era almacenado y transportado en ánforas.
La economía del Imperio romano era típica de un Estado esclavista, que destinaba la mano
de obra esclava a la producción agrícola, sin más remuneración que una porción de tierra
para el propio cultivo. La vida y el comercio estaban centradas en las grandes ciudades,
interconectadas mediante una vasta red vial, que permitía también el movimiento de
tropas.
Los romanos desarrollaron el agro y la ganadería, introduciendo nuevas técnicas y
cosechando muy diversos alimentos, dado que el Imperio era tan extenso que les permitía
diversos tipos de suelos, climas y recursos. Los cultivos más importantes fueron la vid, el
trigo, la cebada y los olivos, de los que obtenían aceite, así como otros árboles frutales,
hortalizas y legumbres.
Derecho romano

Otro de los grandes legados del Imperio Romano a Occidente fue su sistema jurídico y
de legislación, en el cual se inspiran muchos de los códigos actuales de justicia. El llamado
“Derecho romano” (Ius romanum) constituyó la base del derecho moderno y aún sobrevive
en forma de principios y sentencias fundamentales, presentados a menudo en la lengua
romana, el latín.
El derecho romano era complejo, práctico y de calidad técnica. Fue compilado por vez
primera por el emperador Justiniano I (del Imperio Romano de Oriente) en el siglo VI:
el Corpus Iuris Civilis.
En líneas generales se dividía en derecho privado y derecho público, dependiendo de si
tenía que ver entre particulares o tenía que ver con el Estado. Contemplaba
ya ramas específicas como el derecho penal, el derecho tributario y el derecho
administrativo.
Más en: Derecho romano

Caída del Imperio Romano


La caída del Imperio romano de Occidente se produjo en el año de 476, cuando el Rey de
los hérulos, Odoacro, destituyó a Rómulo Augústulo, último de los emperadores romanos.
Ello se produjo en el marco de una serie de invasiones bárbaras provenientes de la
Germania.
Los bárbaros, empujados a su vez por las invasiones de los hunos, debieron internarse
masivamente en territorio romano. Para su sorpresa, lo hallaron pobremente defendido y
en estado de desorden. Estos pueblos se asentaron en cada una de las provincias romanas
y allí fundaron nuevos reinos independientes, inaugurando así la Edad Media y poniendo
fin a la Edad Antigua.
El Imperio Romano de Oriente sobrevivió a estos eventos, y a lo largo de sus mil años de
sobrevida pasó a llamarse Imperio Bizantino, reclamando su herencia griega y abrazando el
cristianismo ortodoxo.

Desde 395 hasta 1453 su territorio cambió enormemente, expandiéndose hacia occidente
y luego perdiendo territorio paulatinamente, hasta que su capital, Bizancio (la antigua
Constantinopla) cayó ante el Imperio Otomano en 1453, fundando en su lugar Estambul y
poniendo fin de esa manera al Imperio Romano del todo.

¿Qué fue el Imperio Romano?


El Imperio Romano (Imperium romanum en latín, que traduce “dominio de los
romanos”) fue el período de máxima expansión del Estado romano en la Antigüedad
Clásica. Operó como un sistema político autocrático y existió entre los años 27 a. C. y 476
d. C.
Se trata de uno de los entes políticos e históricos más importantes de toda la antigüedad,
especialmente para Occidente. A lo largo de su historia sentó muchas de las bases del
mundo tal y como hoy lo entendemos, y dejó un legado significativo en materia política,
judicial, cultural y social.

De hecho, fue en los tiempos del Imperio Romano que muchas de las
grandes ciudades europeas se fundaron o adquirieron su significación geográfica, tales
como:
París (originalmente Lutecia),

Viena (Vindobona),
Barcelona (Barcino),
Zaragoza (Cesaraugusta),
Mérida (Augusta Emerita),

Milán (Medioanum),
Londres (Londinum),
Lyon (Lugdunum).
Fue tanta su importancia que tras su caída hubo numerosos intentos por reunificarlo y
refundarlo, dando origen así al Imperio Carolingio (a manos de Carlomagno) y el Sacro
Imperio Romano Germánico. Sin embargo, cuando hablamos del Imperio Romano, nos
referimos a su punto histórico más alto, alrededor de 117 d. C.
Su apogeo es anterior a la división política y geográfica realizada durante el gobierno de
Diocleciano (284-305) y luego de Teodosio I (379-395), cuando devino así el Imperio
Romano de Occidente y el Imperio Romano de Oriente, este último luego conocido como
el Imperio Bizantino. La mitad occidental fue la primera en caer, por el debilitamiento
económico y militar, mientras que la oriental prosiguió su vida política durante casi un
milenio.

La vida en el Imperio Romano fue, en general, cosmopolita y compleja. La cultura romana,


fuertemente influenciada por la griega (heredaron prácticamente toda su filosofía y
mitología), supo interesarse por los productos y las culturas de los territorios colonizados.
Sin embargo, imponía su lengua y religión, a la par que otorgaba la ciudadanía romana.

El florecimiento de su cultura se suele ubicar alrededor del año 27 a. C. Posteriormente, fue


el escenario de la aparición y masificación del cristianismo, culto que terminó siendo la
religión oficial del Imperio en el siglo IV.
Puede servirte: Civilizaciones antiguas

Inicios del Imperio romano


Augusto convirtió a Roma en Imperio luego de ganar la guerra civil.
Cuando Roma aún era República, el senador Julio César (100 – 44 a. C.), fue asesinado por
quienes lo veían como un tirano en ciernes. La ironía es que tras su muerte se desató una
cruenta guerra civil por el control político de la República. La victoria fue para el bando de
Augusto (63 a. C. – 14 d. C.), Marco Antonio y Lépido.
Así se instauró una dictadura militar conocida como el Segundo Triunvirato. Ejerciendo ya
el poder autocráticamente, Augusto (llamado también Cayo Octavio Turino y sobrino nieto
de Julio César) se enfrentó a los otros dos triunviros. Sin embargo, logró exiliar a Lépido y
venció a Marco Antonio en la batalla naval de Accio en 31 a. C.
Entonces Augusto devolvió al Senado sus poderes, restaurando la República, sólo para que
ésta le rogara que asumiera la conducción del poder, otorgándole el título de César
(Imperator Cesar Augustus), o emperador. Así se dio fin a la vida republicana de Roma y el
Imperio Romano comenzó formalmente en el año 27 a. C.
Fue tal la devoción del pueblo romano por su primer emperador, que sus sucesores usaron
el nombre César y Augusto como nombre real, y al sexto mes del calendario de entonces,
llamado Sextillis, se le puso “Agosto” en su honor.

Ubicación del Imperio Romano


El Imperio Romano llegó a alcanzar una extensión de más de 7 millones de km2.
El Imperio Romano surgió del territorio de la República Romana, actual Italia y su capital era
Roma. Su principales intereses históricos estuvieron siempre orientados al mar
Mediterráneo, ya que conecta a Europa con el norte de África y con el Medio Oriente. En
ese territorio, el Imperio se expandió hasta alcanzar una extensión de más de 7 millones de
km2.
Por lo tanto, la ubicación del Imperio romano cambió mucho a lo largo del tiempo, a medida
que ganaba territorio y hacia el final de sus tiempos lo perdía. En su momento cumbre,
abarcó:
Casi toda Europa occidental.
Los Balcanes.
Las costas del mar Negro.

Casi toda la actual Turquía, Siria y Chipre.


El levante entero del Oriente Próximo (Palestina, Israel, Jordania).
El norte africano (desde Egipto hasta Marruecos).
Semejante territorio era difícil de recorrer y requirió ser dividido en provincias, que
inicialmente fueron 46 (117 d. C.) pero a través de subdivisiones terminaron siendo 96 (285
d. C.). Muchos de los nombres de dichas provincias engendraron el nombre actual de países
y regiones, como Britannia, Germania, Baetica, Iudaea, Galia, etc.
Características del Imperio Romano

El cristianismo se convirtió en religión oficial del Imperio Romano en el siglo IV.


El Imperio romano se caracterizó por lo siguiente:

Surgió de la República romana con Octaviano o Augusto como primer monarca en el 27 a.


C., y duró hasta la caída del Imperio Romano de Occidente en 476, o hasta la caída del
Imperio Romano de Oriente en 1453, según se vea.
Su extensión llegó a ser enorme, abarcando buena parte de Europa, África y Asia menor,
con el mar Mediterráneo en su centro. Su territorio se dividía en provincias, cada una con
nombre propio y un regidor imperial.
Gran parte de la cultura romana consistía en una traducción local de la cultura griega, a
punto tal que compartían principios filosóficos, valores clásicos y la misma religión
politeísta. Pero dado que su idioma era el latín y no el griego, los dioses griegos fueron
renombrados en lengua romana: Zeus como Júpiter, Afrodita como Venus, Hermes como
Mercurio, Hera como Juno, Hefesto como Vulcano, Poseidón como Neptuno, etc., y los
héroes griegos lo mismo: Odiseo como Ulises, Heracles como Hércules, etc.
El Imperio romano presenció el nacimiento en su seno del cristianismo, una reelaboración
de la antigua religión judía. Fue tal la influencia de este nuevo culto en su población que a
partir del siglo IV pasó a ser la religión oficial del Imperio, esparciéndose por Europa.
La capital del Imperio fue Roma, pero también en distintos momentos fueron Milán,
Rávena, Nicomedia y Constantinopla. Igualmente, las monedas romanas eran el denario,
sestercio y sólido bizantino.

El Imperio poseía un poderoso ejército, constituido en distintas legiones (30 distintas en sus
mejores momentos), cada una compuesta por 10 cohortes, dotadas de un estandarte cada
una, divisibles a su vez en cinco o seis centurias de ochenta soldados. Cada centuria podía
subdividirse en diez contubernios, que era la unidad mínima de 8 legionarios que
compartían su tienda de campaña. Cada legión contaba con entre cinco o seis mil soldados
de infantería.
Dado que era un imperio colonial, en Roma existía una pluralidad
de productos provenientes de distintas latitudes, se hablaban múltiples lenguas populares
y existía una vasta red de comercio, gracias al sistema de vías que permitía la conexión de
las distintas provincias romanas.
Etapas del Imperio Romano
La historia del Imperio Romano se suele dividir en dos etapas o períodos:

El Alto imperio (27 a. C. hasta 284 d. C.). Esta es la etapa de auge del Imperio romano, en la
que tiene lugar su expansión territorial y la mayoría de sus conquistas militares, de la mano
de cuatro dinastías diferentes: la Julio-Claudia, la Flavia, la Antonina y la Severa. Comienza
con la pax romana de Augusto y tiene su fin en la llamada crisis del siglo III, con el ascenso
de Diocleciano al poder del Imperio.
El Bajo imperio (284 d. C. hasta su caída en 476). Etapa de decadencia política y económica
del imperio, que inicia con la crisis de gobernabilidad que generó el asesinato del
emperador Alejandro Severo en 235, primer gobernante de una seguidilla de 19
emperadores también asesinados hasta el año 285. Durante este período aparece por
primera vez la idea de manejar separadamente el ala occidental y oriental del Imperio,
puesta en práctica por primera vez por Teodosio I, quien entregó a cada uno de sus hijos
uno de los dos tronos recién creados. Sin embargo, ninguna restructuración logró traer de
nuevo la paz al Imperio.
Arquitectura romana
El Imperio Romano realizó grandes obras de ingeniería como los acueductos.
Uno de los grandes legados de la cultura romana es su arquitectura, reinterpretación de la
heredada de la cultura griega clásica, con añadidos propios y originales del pensamiento
romano.
La arquitectura romana floreció durante la República romana y todavía más durante el
Imperio. En esa época se llevaron a cabo grandes obras de ingeniería, como los célebres
acueductos y coliseos romanos que aún perduran, los baños públicos, la calefacción por
suelo radiante, o los grandes templos religiosos que más tarde heredó el cristianismo.

La mayor parte de las ruinas romanas actuales data del año 100 d. C. Este estilo peculiar de
los romanos fue el estándar en Occidente hasta el siglo IV, cuando surgió la arquitectura
bizantina, y luego reapareció en Europa occidental en el siglo X, bajo el nombre de
arquitectura románica.

Economía romana
De los olivos se extraía el aceite que era almacenado y transportado en ánforas.
La economía del Imperio romano era típica de un Estado esclavista, que destinaba la mano
de obra esclava a la producción agrícola, sin más remuneración que una porción de tierra
para el propio cultivo. La vida y el comercio estaban centradas en las grandes ciudades,
interconectadas mediante una vasta red vial, que permitía también el movimiento de
tropas.
Los romanos desarrollaron el agro y la ganadería, introduciendo nuevas técnicas y
cosechando muy diversos alimentos, dado que el Imperio era tan extenso que les permitía
diversos tipos de suelos, climas y recursos. Los cultivos más importantes fueron la vid, el
trigo, la cebada y los olivos, de los que obtenían aceite, así como otros árboles frutales,
hortalizas y legumbres.
Derecho romano

Otro de los grandes legados del Imperio Romano a Occidente fue su sistema jurídico y
de legislación, en el cual se inspiran muchos de los códigos actuales de justicia. El llamado
“Derecho romano” (Ius romanum) constituyó la base del derecho moderno y aún sobrevive
en forma de principios y sentencias fundamentales, presentados a menudo en la lengua
romana, el latín.
El derecho romano era complejo, práctico y de calidad técnica. Fue compilado por vez
primera por el emperador Justiniano I (del Imperio Romano de Oriente) en el siglo VI:
el Corpus Iuris Civilis.
En líneas generales se dividía en derecho privado y derecho público, dependiendo de si
tenía que ver entre particulares o tenía que ver con el Estado. Contemplaba
ya ramas específicas como el derecho penal, el derecho tributario y el derecho
administrativo.
Más en: Derecho romano

Caída del Imperio Romano


La caída del Imperio romano de Occidente se produjo en el año de 476, cuando el Rey de
los hérulos, Odoacro, destituyó a Rómulo Augústulo, último de los emperadores romanos.
Ello se produjo en el marco de una serie de invasiones bárbaras provenientes de la
Germania.
Los bárbaros, empujados a su vez por las invasiones de los hunos, debieron internarse
masivamente en territorio romano. Para su sorpresa, lo hallaron pobremente defendido y
en estado de desorden. Estos pueblos se asentaron en cada una de las provincias romanas
y allí fundaron nuevos reinos independientes, inaugurando así la Edad Media y poniendo
fin a la Edad Antigua.
El Imperio Romano de Oriente sobrevivió a estos eventos, y a lo largo de sus mil años de
sobrevida pasó a llamarse Imperio Bizantino, reclamando su herencia griega y abrazando el
cristianismo ortodoxo.

Desde 395 hasta 1453 su territorio cambió enormemente, expandiéndose hacia occidente
y luego perdiendo territorio paulatinamente, hasta que su capital, Bizancio (la antigua
Constantinopla) cayó ante el Imperio Otomano en 1453, fundando en su lugar Estambul y
poniendo fin de esa manera al Imperio Romano del todo.

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