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La Leyenda de los Siete Durmientes

En 3 oraciones: 1) El documento habla sobre la persecución de cristianos en la ciudad de Efeso durante el imperio de Decio, donde muchos fueron martirizados por negarse a sacrificar a los dioses paganos. 2) Siete jóvenes cristianos nobles, llamados Martín, Juan, Maximiliano, Jámblico, Dionisio, Antonino y Exacustadio, fueron delatados mientras oraban y llevados ante el emperador Decio. 3) Al ser interrogados, Maximiliano confesó
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La Leyenda de los Siete Durmientes

En 3 oraciones: 1) El documento habla sobre la persecución de cristianos en la ciudad de Efeso durante el imperio de Decio, donde muchos fueron martirizados por negarse a sacrificar a los dioses paganos. 2) Siete jóvenes cristianos nobles, llamados Martín, Juan, Maximiliano, Jámblico, Dionisio, Antonino y Exacustadio, fueron delatados mientras oraban y llevados ante el emperador Decio. 3) Al ser interrogados, Maximiliano confesó
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342 REVISTA DEL COLEGIO DEL ROSARIO LA LEYENDA DE LOS SIETE DURMIENTES 343

Nombres de Cristo, espléndida paráfrasis en forma de Los cristianos de la ciudad de Efeso sufrieron la
diálogo de los títulos dados ·al Salvador por el profeta persecución con mayor encarnizamiento, porque desde
Isaías. Fueron impresos en Salamanca y en Barcelona el apostolado de Pablo, se distinguían entre todos por
en 1585. En 1586 publicó La Perfecta casada, comen­ su edificante piedad.
tari� del espléndido y vivo retrato de la mujer fuerte Levantáronse a la llegada del emperador altares :11
del libro de los Proverbios: mulierem fortem quis inve­ paganismo en diversos lugares. La multitud servil exte­
niet? Tradujo en verso castellano gran número de Sal­ riorizaba así su celo, con la esperanza de hacerse acre­
mos Y trece capítulos de Job, que forman la te�cera edora a las larguehs imperiales. Todos aquellos sobre
parte de su obra poética tal como él mismo la clasificó. quienes recaía sospecha de pertenecer a la religión de
Cristo, fueron conducidos delante de los ídolos, y allí
(Concluirá)
Abate A. LUOAN se les ordenaba ofrecer los sacrificios prescritos. Si se
negaban a ello, iban a parar a las cárceles, en donde
aguardaban el último suplicio.
LA LEYENDA Cuando se dio principio a las ej�cuciones, el temor
DE LOS SIETE DURMIENTES a la muerte indujo a más de uno a la apostasía, que
pierde el alma para salvar el cuerpo. Pero la mayor
(Traducción de Carlos Suárez Murillo) parte de los cristianos prefirió la muerte a la renuncia
de su fe, y, como a menudo acaeció, débiles mujeres y
Por allá en los tiempos del emperador Decio se tiernos nifios dieron al mundo ejemplo de constancia
desencadenó terrible persecución contra las sociedades en los tormentos. En dondequiera se veían cuerpos en­
cristianas. Los partidarios del antiguo orden de cosas, sangre_ntados pendientes de una cruz, suspl!ndidos en
que tenían mayoría en ·1os consejos, lograron que se los muros, en las puertas de tas murallas, o cabezas
considerase � los fieles de Cristo como a muchedumbre enarboladas en picas. Las aves del cielo y los anima­
turbulenta de perniciosos novadores, enemigos del Es­ les de la tierra se cebaban a la vista de todos en esos
tado, impugnadores de sus dioses y de sus leyes, que lamentables despojos.
. Pero si las almas firmes ,encontraban en ello tema
desafiaban la majestad del César, negaban su legítima
autoridad e insultaban su persona sagrada rehusando de edificación y de ardoroso entusiasmo para servir a
impíamente reconocer su divinidad, venerada por los Dios con peligro de su cuerpo perecedero, [Link] co­
buenos ciudadanos. razones tibios y muelles lo encontraron para renegar de
Extendióse la persecución por todas las provincias Cristo y comprar la vida pisoteando el divino símbolo
del Imperio, sin exceptuar tampoco las de Asia, a las de la fe. Y para acrecentar su infamia, muchos de esos
apóstatas denunciaron a sus amigos y parientes. Vióse
que resolvió encaminarse personalmente el emperador,
al esposo entregar a la esposa; a los padres denunciar
con el fin de dar con su presencia mayor autoridad a
a sus hijos; a los hijos e hijas traicionar a su madre.
los magistrados. A todos los cristianos se les intimó
Y los fieles que quedaban, preguntábanse si no habrían
que debían sacrificar públicamente a los falsos dioses.
344 REVISTA DEL COLEGIO DEL ROSARIO LA LEYENDA DE LOS SIETE DURMIENTES 345.

llegado ya los tiempos anunciados por Juan, en que el rece? Alejen los dioses todo mal de tu radiosa faz, oh
Anticristo, descendiendo en medio de los hombres, des­ César! Acabo de ver a Maximiliano el propio hijo del
truiría con sus manos sacrílegas el milagroso edificio prefecto de Efeso, y a Martín y a Antonino, cuyo padre
construído por el Hijo de Dios. se cuenta entre tus generales, y también a Dionisia Y
a otros, por todos siete, adorando a Cristo. Héles oído
maldecir tu santo nombre haciendo irrición de los dio­
/
Sucedió que entre los cristianos más fervorosos que ses del Imperio 1
no desesperaron de la misericordia divina, brillaban siete -Levántate, respondió el emperador. Cumples con
jóvenes, llamados Martín, Juan, Maximiliano, Jámblico, tu deber observando esas cosas y viniendo a relatárme­
Dionisio, Antonino y Exacustadio, los cuales pertenecían las fielmente. Aunque los culpados estuviesen sentados
a las primeras familias de la ciudad. Su ejemplar pie­ en las gradas de mi trono, incapaces serían de alejar
dad debió atraer desde
.
luego la atención de los dela-
1
de su cabeza el hacha del lictor. Ve pues, y portador •
tores que asechaban todo descubrimiento aprovechable, de mi sello el cual te confío, requiére a lo� centurio­
tan grande era la generosidad de los pontífices de los nes de guardia, y ellos te darán los hombres necesarios
falsos dioses. Tales delatores sorprendieron a los siete para ayudarte a prender esos rebeldes. Mi voluntad es
nobles muchachos cierto día que, prosternados en una la de que se les coja vivos, porque pretendo se haga
capilla, cubríanse la cabeza de ceniza en señal de duelo con ellos ejemplar escarmiento, que hiele de espanto el
y se daban golpes de pecho, suplicando a Dios no per­ corazón de esos detestables cristianos. Así pues, si place
mitiese que flaqueasen en la h.,,.ora suprema, que todos. a los dioses, hemos de ver el fin de estas turbulencias-.
ellos veían próxima. y se restablecerá el orden en Efeso. Ve, y hazme traer
Los siete adole�centes eran de muy ilustre orige,n a esos jóvenes, porque quiero interrogarlos personal­
para que los miserables espías no los reconociesen des­ mente.
de luego. Uno' de los delatores dijo a sus compañeros: Cuando estuvieron en presencia de Decio, Maximi­
-Los dioses nos aman, porque ponen hoy en nues­ Jiano, sin dejarse amedrentar po� el aparato de la ma­
tras manos a unos culpados, cuya captura inundará de jestad imperial, confesó valientemente su fe.
gozo el alma del emperador. Permaneced en asecho, -Tú me preguntas, oh César! por qué mis compa­
mientras corro al palacio a dar cuenta de lo que he-. ñeros y yo nos negamos a sacrificar a los dioses cuyo
mos visto. altar se levanta aquí? Todos te contestamos por mi

- Apenas llegó el delator, se postró a los pies de


Decio, y, besando sus sandalias de púrpura, exclamó:
mediación: nosotros obedecemos a un Dios que habita
en el cielo, y este cielo y la tierra están llenos de su
-Oh César! poderoso entre los poderosos, espejo gloria. Hacia El en todo tiempo vuelan nuestras plega­
de justicia, fuente de todo bien, ¿ soportarás que los. rias, y esos son los únicos sacrificios que le agradan.
primeros de la ciudad, desafiando tus edictos, continúen Pero aunque nuestro cuerpo fuese destruido, porque a
sacrificando impunemente a ese pretendido Dios que los. nuestras almas, oh César, no alcanza tu poder, nosotros
mismos judíos desprecian, tan ridículo y odioso les pa-
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no nos rebajaremos hasta el punto de sacri
ficar a esos -En cuanto a esa necesidad, Dios proveerá, dijo
vanos simulacros, y mucho me-nos adorarlos
. Dionisio. ¿No sustentó a multitudes hambreadas en el
No dio respuesta el emperador a estas audaces
pala., desierto, y no es de esperarlo todo de Aquél que ca­
bras, pern ordenó a sus oficiales se quita
ra a esos jóve­ minó sobre las aguas?
nes el cinturón militar, insignia de su nobl
e condición, Pero Juan fue de otra opinión.
Y además dispuso que se reservaría su juzgamien
to ante -Es preciso sinembargo, ayudar al cielo. Yo pro­
su propio tribunal, como a rebeldes y desp
reciadores de pondría, pues, una empresa menos desesperada y más
· sus dioses. Sinembargo, creyó �onvenien
te diferir su sencilla. Encaminémonos hacia el oriente, en dirección
suplicio y ordenó se les permitiese transitar
libremente de ese monte Celius que vosotros tan bien conocéis.
por la ciudad, con el fin de poder vigilar sus
actos. Yendo un día de caza, fui sorprendido por violento
temporal y tuve la felicidad de encontrar asilo en una
caverna, cuya entrada_' sólo la casualidad me hizo des­
Tan pronto como fueron puestos en libertad cubrir. El sitio es casi inaccesible para quien no conoz­
los
jóvenes dicidieron fugarse y escapar a la cóler ,ca el camino. Retirados a esta caverna de entrada tan
a' del
emperador. Salieron de Efeso vestidos com
o gente po­ -estrecha que no podría dar paso ni aun a los osos, úni­
bre, de tal suerte que los guardianes de
las puertas cas bestias salvajes que habría que temer, viviremos
tomándolos como humildes campesinos, los ocultos a los ojos de todo el mundo. En cuanto al modo
dejaro�
r pasar libremente.
de alimentarnos, qué cosa más fácil que ir a proveer­
Así que se vieron en el campo, resolvieron que nos en el mercadillo de la ciudad baja? Cada uno de
�ada cual emitiera su opinión sobre el partido nosotros iría por turno en busca de provisiones, Y pro­
que de­
bían tomar. Maximiliano habló el primero: curaríamos traer las suficientes en cada viaje, al menos
-Si vosotros queréis dar importancia a mis pala­ para una semana. Nadie se fijará en nosotros.
bras, hermanos en Jesucristo, considero que debe Los fugitivos aceptaron la propuesta de Juan, por­
mos
retirarnos a una de esas canteras abandona que les pareció la más prudenfe. Encamináronse, pues,
das en don­
de nadie ha puesto sus plantas quizá desde hace al monte Celius y penetraron en la caverna. Allí vivie­
cien
años. Allí, lejos de todo· peligro, pasaremo estós ron en adelante, entregados a la oración y la peniten-
s tiem­
pos de·aflicción rogando a Dios aleje· de nues ,cia, muertos para el mundo y no pensando er, otra cosa
tra que­
rida Efeso la tormenta de la persecución. No es posi­ sino en la salvación de su alma. Sólo el adolescente
ble que tales desgracias puedan durar indifinidamente Jámblico, quien por la viveza de su carácter parecía
.
/: -¿No temes, contestó Martín, que ocultos en esas más adecuado a esta suerte de empresas, se dirigía de
canteras en donde no podremos sembrar ni cosec tiempo en tiempo a la ciudad disfrazado de mendigo.
. har,
el hambre nos lleva a tal grado de miseria, que nos A(efectuar en el mercado las compras de lo que les
obligue a ir a entregarnos en manos de nuestros ver­ era menester, indagaba diestramente el giro de los acon-
dugos? ¡ tecimientos. Así fue como supo un día que el empera-
,,

TES 349
348 REVISTA DEL COLEGIO DEL ROSARIO LA LEYENDA DE LOS SIETE DURMIEN

su presencia,
d or se había marchado, y, do s semanas más tarde, que los siete fugitivos. Cuando estuvieron en
había regresado a la ciudad de Efeso. Jos amonestó duramente.
tros hijos, de- ..
-lEn dónde están, decídmelo, vues
a quienes mi jus­
tentadores de las leyes y sacrílego s,
d por segur�
Decio estaba lejo s, en efecto, de haber olvidad o a ticia reclama? Hablad sin rodeos Y tene
las de ell o�: S1
lo s jóvenes cristianos. Por el contrario, pensaba en ellos que vuestras cabezas responderán de
perecere1s.
con singular' obstinación. A su regreso a Efeso o rdenó no me entregáis a eso s jóvenes, sin falta
Y padre de
a sus guardias que le trajesen a Maximiliano ante su Entonces Paulino, prefecto de Efeso
los cristian o s Y
tribunal, pues éste era el mayor y el de más importan- Maximíliano' infamó las prácticas de .
impen o .
. cia por su rango entr,e los acusad os. Al saber esta no­ dto testimonio de su fe a los dioses del
existencia igno­
ticia se sintieron grandemente afligidos los cristian o s -Esos muchachos, o h César, cuya
n co n qué ter­
que quedaban en Efes o. El niño Jámblico que hacía ramos ho y, y l o s dioses inmortales sabe .
han sido arre­
compras de pan en el mercado, recogió esto s rumores nura los amamo s, esos muchachc,s nos
tus justas leyes
y los llevó a sus compañeros. batado s por aquellos mismos a quienes .
-No · queda duda, dijo Dionisio, de que lo s solda­ es s cristian s que son el opro bio de
proscriben, por o o
,_
es, nuestros h11 o s
d o s van a descubrirnos pr o nto. Sinembargo, me parece la tierra. Víctimas de esos impo stor
busca hemos �n­
oír en mi interi or una v o z que n os aconseja no deses­ han huído del h ogar paterno. En su
vano han recomdo
perar. El Rey Jesús, herman os mío s, no nos abando­ viado a nuestros esclavos, pero en _
nará .. Pidámosle, pidám o sle no tanto p or nuestros cuer­ calle s y cam inos reale s que part en de la cm­
ellos las .
pos Y han mte­
p o s perecedero s, c omo por la salvación de nuestras dad • luégo se han dirigido a tos cam
s. Algu� os de ello s
almas inmortales. no¡ado a .los pastores y campesino
escondido en una
Así fue que después de haber tomado su frugal les han dicho que creían se habían
hemos logrado
merienda, los siete muchachos se pusieron en o ración. caverna del m o nte Celius. Nada · más
raci ado s estarán
Pront o , extenuados por la miseria y por la fatiga, se averiguar, y no sabemos si eso s desg
sea cual fuere la
durmieron todo s a un mismo tiempo . a estas horas muertos O vivos. Pero
* se digne dictar con­
* * s�nte�cia que tu soberana equidad
os, o h tres veces au­
tra ello s, de antemano la aprobam ,
Entre tanto , el emperad or trabajaba con impacien­ t I N n s retir es tus favo res, oh Cesar! N os9tr o s
gus o o o
cia multiplicando sus órdenes, pero ninguno de los ramo s como a padre.
te adoramo s como a Dios y te vene
.
siete donceles comparecía. El jefe de la policía iba a Siempre te hemos servido fielmente
ro creer o s. Sería
verse obligado a confesar que se les habían perdido de · -Está bien, dijo el emperador. Quie
vista. Tratando de ganar tiempo, se disculpó de la falta perv�r�as leyes de l o s
injusto que se os aplic�sen las
cometid<i con la negligencia de sus subalternos y dio los cnshan? s, Y se per­
Judí o s, que no valen mas q�e .
oíd o s a especies co ntradictorias. Entonces Decio montó e l o s �11os. Os con­
siguiese en lo s padres el cnmen �
en cólera y ordenó hacer comparecer a lo s padres de bienes m vuestros car-
:5ervo mi confianza. Ni vuestros

..

350 REVISTA DEL COLEGIO DEL ROSARIO LA LEYENDA DE LOS SIETE DURMIENTES 351

gos os serán quitados. En cuanto a esos jóvenes, tres­ de tu exactitud en castigar a los despreciadores de los
veces rebeldes a los dioses, a nosotros y a la autori­ dioses.
dad paterna, que no se hable más de ellos sobre la Tal fue el fin de los siete jóvenes Martín, Juan,
· tierta. Que $e busque esa caverna a donde se dice se· Maximili,ano, Jámblico, Dionisio, Antonino y Exacus­
han retirado; y/si allí en efecto se encuentran, que se tadio.
tape la entrada desde hoy. Me dicen que su Cristo les
ha prometido que los resucitará en masa en cierto día
que aún no les ha fijado. Así enterrados en su caver­ La memoria de los siete donceles emparedados pasó
na, esos jóvenes cristianos esperarán, lejos de los pro­ a la historia, como la de los mártires ejecutados durante
fanos ruidos, la hora de la resurrección. Mi voluntad la persecución de Decio, y tamhién pasó la de los em­
es que se tapie la entrada y que se ponga allí el sello peradores. Los godos destruyeron el templo de la gran

imperial, con el fin de que nadie cometa la audacia de diosa de Efeso. Constantino se convirtió al cristianismo.
libertar· a los condenados. Y es bueno que todo el El Hijo de Dios reinó en adelante sobre el imperio,
mundo sepa que se ha hecho justicia. el cual se dividió luégo entre los hijos de Teodosio.
Constantinopla se convirtió luégo en el asiento del im­
perio de oriente. Crueles �ismas dividieron la Iglesia,
Apenas Decio hubo declarado su voluntad, se es­ y, bajo el reinado de Teodosio II, aparecieron peligrosos
parcieron los soldados por los flancos del monte Celius. herejes que negaban la resurrección de los muertos.
Descubrieron dormidos a los jóvenes en la caverna, y Acaeció por esos tiempos,· es decir doscientos años
después de que los siete j.óvenes de Efeso fueron em­
• ellos mismos vigilaron a los obreros encargados de tapar
la entrada. Luégo se dieron el placer, una vez que las paredados en la caverna, que un campesino andaba
piedras quedaron selladas, de llamar a los emparedados por el monte Celius buscando· materiales apropiados
para gozarse en sus gritos de espanto y en sus lamen­ para construir un establo. Viendo las piedras bien ta­
tos. Pero como nada oyesen, los soldados se retiraron lladas y parejas que cerraban la entrada. de la caverna,
Y dieron c�nta al emperador del resultado de su mi­ juzgó que le convenían para su empresa. Sin respetar
sión, en estos ténpinos: el sello del emperador Decio, que las injurias del tiempo
-Ha quedado cumplido lo que tú habías ordenador habían casi borrado, mandó a sus esclavos que atacasen
Cuando con ·mil precauciones nos hemos acercado a ese el cemento.
antro salvaje, nos sorprendió el silencio que allí reina­ Pero cuando llegó la hora del medio día, todos se·
ba. Temimos por un momento ·que los tlelincuentes se marcharon a tomar su merienda, y por la entrada de
hubieran sustraído a tu justicia; pero penetrando con la caverna semiabierta, penetraron oleadas de luz. E,;i­
cautela, sorprendimos sinembargo a los siete impíos tonces los siete jóvenes, súbitamente despertados, se
durmiendo apacible sueño. Inmediatamente hicimos ta­ pusieron en pie y saludaron la vuelta del nuevo día
piar la entrada con toda diligencia, y pusimos allí tu con sus habituales preces. Retornando a la vida ordi­
sello. Enterrados vivos est>s jóvenes, darán testimonio naria como si se hubiesen dormido la víspera, confe-
4!

LA LEYENDA DE LOS SIETE DURMIENTES 353


352 REVISTA DEL COLEGIO DEL ROSARIO

man la atención de modo singular. Nunca, desde que


rendaron sobre lo que debían hacer, sorprendiéndoles
Dios me dio la vida, había visto en Efeso rostros ni
grandemente haber dormido hasta la mitad del día. In­
vestidos semejantes. En la esquina de esta calle estaba
terrogaron minuciosamente a Jámblico sobre las noticias
ayer la tienda del platero Bossus. Hoy no la veo, pero
que había recogido en el mercado, porque continuaban
en cambio veo una estación de policía, que jamás había
inquietos respecto a lo que el emperador tramaba contra
ellos, y discurrían sobre algún expediente para es1,apar existido allí. De seguro duermo aún o estoy bajo el
a las pesquisas de la policía. Su asilo no podía inde- influjo de un sueño.
Picándose el brazo con la fíbula de su manto para
finidamente escaparse a las investigaciones de tántos
hombres interesados en su pérdida. .asegurarse de que estaba despierto, Jámblico continuó
andando como al azar, porque las calles eran para él
Luégo de haber discutido y emitido las más di­
desconocidas. Iba ya a preguntarse si por voluntad de
versas opiniones, los siete muchachos convinieron en
Dios él y sus compañeros no habrían sido trasportados
enviar a Jámblico al mercado, porque desgraciadamente
a otra región del mundo, o si la caverna del monte
la provisión de pan se había resecado durante la noche
Celius tendría varias salidas, que él habría equivoc�do,
· Y en su mayor parte estaba roída por las ratas.
había tomado un camino desconocido hasta llegar a
�e marchó pues, Jámblico llevando algunas mone­
una ciudad muy semejante a Efeso, según le pareció a
das de plata anudadas en la orla de su túnica, y pen­
primera vista, para que le quedase de ello alguna duda.
sando llegar como la víspera al mercado para hacer sus
-Ay! decía para sí, no podré volver a dar con el
provisiones. No tuvo tropiezos en el viajé, a pesar de
camino de la montaña. Me encuentro perdido y sin es­
que muchas veces volvió sobre sus pasos, creyendo
peranza de regresar, y mis compañeros no teniendo no­
haberse equivocado en el camino. Los árboles, las rocas,
ticias de mí, juzgarán ·el caso desesperado. Dios mío,
los senderos que serpenteaban entre ellos parecía que
abandonaréis a un débil muchacho en un peligro tan
habían cambiado de sitio. Igual cosa Je acaeció al llegar
grande como nunca había corrido?
a la puerta de la ciudad, que no se encontraba en el
Y trazando furtivamente sobre su pecho la señal
· mismo sitio que antes. Las esculturas que habían en­
,de la cruz, siguió· Jámblico adelante, hasta que llegó a
cima eran otras. Los guardias que dormían acostados
1a plaza donde era el mercado.
sobre los bancos, llevaban armas de un modelo desco­
nocido. En fin, ya no había mercado cerca de esta puerta,
Y sinembargo, el día anterior la había franqueado.
Acercóse a la primera instalación de venta de pan
Pero lo que más angustió a Jámblico fue la curio­
que se ofreció a su vista, pues no";;dejaba de observar
sidad que despertaba su persona.
la curiosidad de que era objeto. Mientras estaba com­
De seguro, pensaba para sí, son bien conocidas
prando los panes, los vendedores de pescado, los car­
· de todos las órdenes del emperador, y la policía ha
niceros y las vendedoras de 1:gumbres señalaban con
debido hacer· una descripción exacta de mi persona· y
el dedo al adolescente y preguntaban: .
de mis vestidos. De otra manera, por qué me habían 3
· de mirar así las gentes? Estas, por otra parte, me lla-


354 REVISTA DEL COLEGIO DEL ROSARIO LA LEYENDA DE LOS SIETE DURMIENTES 355,

-Quién es ese extranjero de cara tan pálida"como -A la cárcel el l:,acrílego! Muera el profanador de
la de un muerto ? sepulturas! Sus vestidos cubiertos de polvo han sido
-De qué país vendrá ? sustraídos de sepulcros antiguos. Quién sería capaz de
-Por qué sus vestidos son. de una hechur.a que usar hoy semejante vestimenta?
ya no se ven en las pinturas ni en las imágenes ta­ -Y esas sandalias! A buen seguro que son de-
lladas en piedra? los tiempos de Aureliano.
-Miradle. No es acaso raro su modo de ser? Tiene -Que lo prendan sin tardanza 1
los ojos bajos y parece que camina dormido. -No veis, dijo un viejo vendedor de especias, que
-No, no, nos espía como quien no quiere la cosa. es uno de esos astutos armenios, que por medio de
Sin duda es algún esclavo fugitivo, o quizá un ladrón. sortilegios descubren tesoros ocultos en la tierra? Sus·
Pero el asombro subió de punto, cuando desanu­ compañt:ros le han enviado para que empiece a hacer
dando la orla de su túnica, Jámblico sacó unas monedas circular esas monedas antiguas.
para pagar los panes. Al ver estas monedas de plata Entonces todos dijeron:
de un modelo y peso desusados, el panadero exclamó: -A la hoguera el brujo! Que crucifiquen al nigro-
-Por el santo nombre de Cristo, qué és esto,. mu­ mántico! Se ha apoderado de un tesoro.
chacho? De donde has sacado esas monedas que ya Entonces los soldados de la policía cogieron a Jám­
no circulan? Yo no las recibo. blico con rudeza y se lo llevaron a la cárcel. El oficial·
Y pasando las monedas de mano en mano, se formó echaba en cara al muchacho haber defraudado al au­
grande alboroto en el mercado. Jámblico rodeado,- pre­ gusto Teodosio en la parte que le correspondía en todo
guntado, amenazado, no sabía qué contestar, cuando tesoro que se descupría.
un . oficial de la policía apareció en medio de la mu­ -Joven impío, serás castigado conforme a nuestras
chedumbre a averiguar la causa del escándalo. justas leyes. Cuál es tu patria? A qué dioses adoras?-
-Es, dijo el panadero, un vagabundo que trata Habla!
de hacer pasar monedas antiguas y de un valor tal, Entonces en medio de la común estup�acción,
que un miserable así vestido como él no puede poseer. Jámblico cayó de rodillas ante la capilla del mercado-­
-En todo caso, agregó una vendedora de cebollas, . exclamando:
el bribón es un pagano y un impío, porque cuando Soy cristiano y ciudadano de Efeso. Mi nombre
pasó delante de la capilla de los santos mártires no es JJimblico, y mi padre Adriano, es prefecto de las.
hizo la señal de- la cruz. cohortes del emperador Decio.
Y dos mujeres no tuvieron escrúpulo en acusar a -Es posible mentir de esa manera? dijo un ma-
Jámblico de haber escupido sobre la insignia del cris­ gistrado que pasaba. Ignoras, impudente ladrón, que
tiano. el augusto Decio cayó bajo el hacha de los germanos-
Al escuchar estas palabras, el rostro del adoles­ hace casi doscientos años?
cente dejó tráslucir tal espanto, que nadie dudó de no -No sé, contestó Jámblico, �i soy juguete de un
fuese un peligroso malhechor; así fue que todos gritaron: sueño, pero afirmo que mis compa/íeros y yo huimos.
-
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de los rigores del emperador Decio, que quería obligar­ momento que pasa y siento que pronto voy a morir.
nos a abjurar de nuestra fe. Haced de mí lo que que­ Sin poder dar una sola prueba de lo que digo, juro
ráis, que yo moriré glorificando al Rey Jesús, hijo de Dios. por nuestro Rey Jesús que soy cristiano. El santo sa­
-Quizá, murmuró el diácono de la capilla, se trate cerdote Timoteo me bautizó con sus propias manos en
<le algún suceso milagroso, así es que lo que ha dicho la cripta de Paulina y de Domitila, y el emperador
ese joven merece meditarse. Ruégote, oficial de policía, Decio intentó en vano hacerme abjurar. El procónsul
llevarlo sin causarle molestia alguna ante nuestro santo me ordena denunciar a. mis complices, es decir a mis
obispo Esteban. Este en su sabiduría decidirá lo que hermanos en Jesús. Pues bien, son seis: Maximi!iano
debe hacerse. Tales cosas, en mi opinión, son difíciles el mayor, es hijo de Paulino el prefecto de Efeso, nom­
de comprender. brado po.r el emperador Decio ....
Pero la muchedumbre sin hacer caso de estas pa­ Indignado el procónsul se puso de pie, pero_Es­
labras de moderación y de prudencia, continuó ultra­ teban lo tomó suavemente por el brazo y lo obligó a
jando a Jámblico. Sin la protección de los soldados sentarse.
hasta lo habrían golpeado. En el trayecto que condu­ -Escúchale. El cielo habla por los labios de este
cía al palacio episcopal le fueron tirando con tiestos, joven. Continúa sin temor, Jámblico.
hueso.s de frutas y basuras, y el populacho se excitaba -Maximiliano, repuso el muchacho, es el mayor..
en su tarea aullando: Luégo siguen Martín, Juan, Dionisia, Antonino y Exa­
-Muera el ladrón! Es un impostor, un insensato, custodio. Perseguidos por la fe nos refugiámos en una
· un loco furioso. Pajarraco, esculcador de sepulcros, caverna del monte Celius. Permítaseme conduciros a ,
vampiro! ella, y pierda yo mi cuerpo y mi �lma si os he en­
Quiso la Providencia que el p�ocónsul en persona gañado.
·se encontrase conferenciando con el obispo, en el mo­ -Entonces, dijo el obispo, sigamos a este joven,
mento en que llevaban al infortunado Jámblico al pa­ pues la verdad habla por sus labios.
lacio. Habiendo, oído estos dos dignatarios los informes El procónsul continuó en su actitud indiferente y
de la policía y admirando las monedas de oro y de ordenó a sus guardias y familiares se uniesen a las
plata, empezaron a interrogar a Jámblico. gentes del obispo; pero cuando todos llegaron a la
Por más m9destia y aplomo que él demostrase en caverna del monte Celius y vieron a los seis jóvenes
sus respuestas; las apariencias estaban en contra del pálidos, con sus vestimentas antiguas, un religioso terror
mozo, para que el procónsul pudiese dar por verídica los clavó a la entrada. El ojo perspicaz del obispo�aca­
tan extraordinaria historia. El funcionario imperial ame­ baba de descubrir una tableta de bronce tque se en­
nazó pues a Jámblico condenarlo a morir azotado, si contraba entre los restos que había a la entrada. Era
no denunciaba a sus cómpli'ces. Entonces Jámblico pros­ una tableta que los santos Balbus y Teodoro habían
ternándose ante el obispo habló así: deslizado entre las piedras antes de que:fuesen selladas
-Oh padre de los1 fieles! escúcha · mi voz y per­ por orden de Decio, doscientos años antes de ese día;
,dóname si ella es tan débil. Mis fuerzas de"aen - a cada
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ACTOS OFICIALES 359
-.358 REVISTA DEL COLEGIO Dá ROSARIO

Y sobre esta tableta estaba escrita la historia de los ACTOS OFICIALES


siete jóvenes mártires de Efeso.
Entonces el obispo Esteban, el procónsul y todos
Renuncia del Secretario
los asistentes alabaron a Dios en sus obras, ya que ·
los siete muchachos daban testimonio de su fe y de Bogotá, mayo 31 de 1923.
la resurrección, como para confundir a los blasfemos Monseñor R.M. Carrasquilla, Rector del Colegio Mayo
r de Nuestra
que negaban este dogma de la religión cristian·a. Señora del Rosario.--E. S. D.
' Cuando hubieron acabado de habiar, todos los
. Monseñor:
-siete se doblaron suavemente, y al enderezarlos, se vio
que habían dejado la vida. A principios del año de 1921 me hizo S. S. el alto
y desde
El emperador _Teodosio mandó que se construyesen honor de nombrarme secretario del Colegio,
la
"Siete urnas de oro para colocar en ellas los restos de entonces he venido desempeñando ese cargo bajo
peno so
los gloriosos durmientes de Efeso; pero sucedió que inmediata dirección de S. S. Hoy me veo en el
haber
-una noche se le aparecieron y le suplicaroo los dejase caso de presentar a S. S. renuncia del puesto por
dormir su eterno sueño en esa caverna del monte CeÍius' terminado los estudios profesionales.
gio,
en donde habían encontrado asilo contra la persecución Es con pena profunda como me retiro del Cole
debo tene r al
del siglo (1). pues S. S. calculará el intenso amor que
de diez
Rosario, después de vivir bajo su techo más
MAURICE MAINDRON S. S. y los demás
años recibiendo una educación que
hono res
(1) Esta leyenda primorosa de los siete durmientes nació, en
1 superiores del Claustro supieron estimular con
to sea mi
los primeros siglos cristianos, de la poética imaginació'n. de los discretísimos y para mí inmerecidos. Cuán
os si llegare
orientales; y algunos de los primitivos historiadores eclesiásticos agradecimiento, sabré mostrarlo con hech
la traen como suceso verdadero. Pero la crítica cafólica y más el caso.
la amistad
ilustrada de las edades posteriores ha distinguido lo real de lo Y a S. S. estoy sobremanera obligado por
cuales sí no
fantástico, por medio de los Bolandos, del cardenal Baronio y
y confianza que me haya tenido, a las
de y regalada,
renuncio, por ser honra demasiado gran
del Martirologio Romano mismo.
Es cierto que, en la persecución de Decio, siete nobles her­ no puedo des­
manos, después de confesar valerosos la fe de Cristo, huyeron y que me causan una satisfacción que
llo.
de Efeso y se refugiaron en una cueva, cuya entrada hizo tapiar cribir para no caer en un pecado de orgu
suscribirme
el César, dejándolos sepultados vivos. Dos siglos después, rei­ Con esta ocasión me cabe la honra de
iista y adicto
nando Teodosio el joven, se descubrió la caverna y en ella las de S. S. su amigo respetuoso, buen rosa
reliquias de los mártires.
La razón de llamarlos durmientes está en el lenguaje cristiano, discípulo. ,
que apellida sueño a la muerte y da al lugar donde se sepultan ANTONIO ROCHA
los cuerpos de los fieles ·el nombre de cementerio, voz griega que
significa dormitorio.--N. de la R.

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