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Recuerdos de un abuelo amado

Este documento es un tributo a la memoria del abuelo del autor, quien falleció de cáncer en 2017. El abuelo simbolizaba amor incondicional y enseñó valiosas lecciones al autor a pesar de su corta edad, incluyendo sobre la familia, la naturaleza y la pesca. Aunque la muerte del abuelo causó gran tristeza, el autor encontró consuelo en los recuerdos y enseñanzas perdurables del abuelo, que iluminarán su camino por siempre.

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Recuerdos de un abuelo amado

Este documento es un tributo a la memoria del abuelo del autor, quien falleció de cáncer en 2017. El abuelo simbolizaba amor incondicional y enseñó valiosas lecciones al autor a pesar de su corta edad, incluyendo sobre la familia, la naturaleza y la pesca. Aunque la muerte del abuelo causó gran tristeza, el autor encontró consuelo en los recuerdos y enseñanzas perdurables del abuelo, que iluminarán su camino por siempre.

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“Mi estrella favorita”

La muerte es un tema que nadie quisiera tocar, del que nadie desearía tener que
hablar. Sin embargo, en algún momento de la vida todos tendremos que afrontar la
pérdida de un ser querido. Pero, a pesar de los miedos y de las preguntas que nos
planteemos, todos nos hemos encontrado, nos encontramos o nos vamos a encontrar
frente al tema del dolor que produce la pérdida de un ser que amamos: un hijo, un
hermano, un padre o una madre, un familiar, un amigo. Ahí nos encontramos con el
desgarro de la muerte, una situación que nos enfrenta directamente con el dolor y
sí, es una experiencia profundamente conmovedora que nos invita a explorar el
vínculo único que compartimos con esa persona. En este texto personal abordaré la
memoria de mi abuelo, el impacto de su ausencia y las lecciones valiosas que su
vida ha dejado grabadas en mi corazón, busco recordar con cariño y honrar la vida
de quien ha dejado una huella tan profunda en mi ser pero también darle cierto
apoyo y consuelo a aquellas personas que pasan o han pasado por esta situación.

Un abuelo es una fuente de amor incondicional, simboliza amor, paciencia,


tradiciones y hasta deliciosa comida y así es como yo recuerdo a mi abuelo. Desde
que nací, el fue una de las personas que siempre me demostró apoyo, cariño y
preocupación, siempre estuvo para mi y para muchas personas. Era un ser de paz,
bondad, empatía y generosidad. Con solo verlo transmitía tanto… era él, el
significado de buena persona, de corazón puro y alma humana. Él me enseñó muchísimo
a pesar de mi corta edad cuando de él aprendía. Me enseñó lo que era la familia, a
mantenernos siempre unidos y estar siempre presente; me enseñó a cómo sembrar una
planta y cuidarla con el mismo amor que cuidaría una madre a su hijo, a
reconocerlas por su olor y aspecto, admirándolas como si fuera una de las flores
más bellas; me enseñó la belleza de la naturaleza, a simplemente apreciar el
desfile de un ocaso, también a disfrutar ese mar inmenso que envuelve ; hacíamos
muchas cosas juntos, hablábamos de la fortaleza de un elefante o la de una hormiga,
en la playa recogíamos conchas y caracoles, pescábamos de noche e íbamos a ver los
cangrejos que salían de madrugada.
Lamentablemente, en 2016 fue diagnosticado de cáncer, y yo era tan pequeña que no
medía las consecuencias, pero de haberlas sabido hubiese aprovechado todo el tiempo
posible a su lado,ya nada era como antes. Todo cambió, y ahí empezaron los
ingresos, las preocupaciones, la nostalgia y los recuerdos. En enero de 2017
después de tantos tratamientos, después de haber tenido la esperanza de que alguno
funcionara, mi abuelo falleció y me sentí como si mi corazón no diera más,
quebrada, angustiada, pareciera que no volvería a sentirme feliz, que nunca más
recuperaría lo bueno que pasamos en aquellas épocas, quería encontrarle una
respuesta a ese dolor, una explicación, algo que me tranquilizara. Y a pesar de que
todo esto es parte del duelo, hay que aprender a sanar el pasado, para seguir
adelante, para ser más fuertes y saber que todo lo que una vez disfrutamos, nunca
lo perdemos, todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros
mismos. La muerte arrebata al ser amado, pero nunca los recuerdos, esos, son
eternos. La muerte termina con la persona, pero nunca termina con la relación que
hemos tenido con ella ni con la huella que ha dejado en nosotros. Y cuando una
persona pierde a un ser querido, tiene que transformarse en historiador de esa
persona que ha partido, quedarse con los recuerdos agradables y los buenos
momentos, ellos quedan marcados en nuestra mente, pero no se repiten, somos
nosotros mismos quienes decidimos traerlos a nuestro presente.

Mi corazón está lleno de gratitud por haber compartido mi vida con alguien tan
extraordinario, y mientras siga adelante, llevaré conmigo el regalo de su amor y la
guía de sus enseñanzas. En cada esquina del camino que transite, sembraré las
semillas de las lecciones que me legó, regando con el inmenso amor que siento por
él. Aunque la tristeza de su partida sea profunda, el brillo de su espíritu
iluminará mi sendero, recordándome siempre que su amor es eterno y su influencia
imborrable en cada capítulo de mi historia.

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