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Monografía

El documento resume la evolución histórica del concepto de política desde la antigua Grecia hasta la actualidad. Explica que la política surgió como un concepto introducido por Aristóteles para referirse a los asuntos de las ciudades-estado griegas. A través de la historia, la política ha estado ligada al poder y ha evolucionado junto con la forma en que se organizan las sociedades, desde las tribus primitivas hasta los estados modernos con división de poderes.
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Monografía

El documento resume la evolución histórica del concepto de política desde la antigua Grecia hasta la actualidad. Explica que la política surgió como un concepto introducido por Aristóteles para referirse a los asuntos de las ciudades-estado griegas. A través de la historia, la política ha estado ligada al poder y ha evolucionado junto con la forma en que se organizan las sociedades, desde las tribus primitivas hasta los estados modernos con división de poderes.
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Introducción:

Al hablar de política, seguro se nos viene a la mente la imagen del político tipo, en

un impoluto traje y corbata, dando discursos a las multitudes, saliendo en

televisión y comprometiéndose a cumplir una interminable lista de propuestas en

caso de que la ciudadanía les confíe su voto. Pero la política no es solo eso, es

muchísimo más que los políticos, y todos en nuestra vida cotidiana le damos

sentido a este concepto.

No existe una única manera de definir a la política, pero podemos distinguir

diferentes acepciones del concepto, basándonos en qué enfoque se le esté dando,

si son políticas sociales, gubernamentales, política partidaria, o de militancia

social, en cualquiera de estos casos encontramos la esencia de la actividad, pero

en cada uno de ellos está pensada para distintos fines, por lo que podemos

concluir que el fin que la actividad política tenga será crucial para el concepto al

que atenderemos.

Decimos entonces que es una cuestión muy versátil, con diversas aplicaciones en

la realidad social.

En el siguiente trabajo nos proponemos indagar en la historia de la política, cómo

surgió, qué opinión les merecía a los grandes pensadores de diferentes épocas y

cómo esta tiene un vínculo intrínseco con el poder.

POLÍTICA

Origen etimológico
El origen de la política como concepto surge en la antigua Grecia por parte de

Aristóteles en su obra clásica Polítika (Πολιτικά). En esta obra, Aristóteles

introduce este término como “asuntos de las ciudades”. La palabra política es

además un vocablo que proviene de “La Politeia” que era así como los griegos

llamaban a la “Teoría de las Polis”, las ciudades. Este vocablo está ligado también

a la palabra paideia que traducido del griego significa educación.

La Política a través de la historia

Si bien el concepto de política surge en la época de la antigua Grecia, este tipo de

comportamientos ya se podían percibir desde mucho antes, incluso desde la

época del hombre primitivo.

Frans de Waal, psicólogo e investigador holandés, en su libro “La política de los

chimpancés” explica que estos animales incluso hoy en día recurren a la política

como mecanismo de poder y dominación. Por supuesto que los monos no son

conscientes de qué significa la política, pero la conclusión que podemos obtener

de este comportamiento es que teniendo en cuenta que la descendencia del ser

humano es prácticamente directa con los monos se puede hablar del hombre

como ser político desde su concepción como tal. En el momento que los intereses

de dos o más seres se cruzan surge la política, una muy primitiva en el caso de los

chimpancés, pero política al fin.

En definitiva, el ser humano, aun sin saberlo, hacía uso de la política antes de

serlo. Por ejemplo, en las tribus o clanes, las cuales eran las formas más comunes

para el hombre primitivo para organizarse, existía el cacique quien era el cabecilla
del grupo. Al tener la figura de un líder en esa pequeña “sociedad” se daban

pequeños vestigios de lo que hoy en día es una de las bases de nuestra sociedad

como es la política.

Edad Media

El Estado tal como lo conocemos, se dice que nació en la Edad Media con el

feudalismo o Estado Feudal.

Ciertamente vendría de antes con las "polis" griegas junto a imperios y reinos.

Pero formalmente la concepción de Estado que coincide con pensadores

contemporáneos es la de Nicolás Maquiavelo. Esta la describe en su obra "El

Príncipe" (año 1513).

En este Estado Feudal, las personas estaban bajo el yugo de los señores

feudales, siendo el poder ejercido a través de los pactos de vasallaje.

El territorio y su población en esta era son potestad del monarca de turno.

Renacimiento

En el renacimiento aparece el Estado policial. El pueblo no está compuesto de

ciudadanos sino por súbditos, sigue habiendo una relación desigual entre el

Estado y las personas.

Desaparecen los señores feudales y el rey ejerce la soberanía y la voluntad de la

nación. Sin embargo, el ejercicio de este poder está limitado por el Derecho, a

pesar de que pueda ir en contra del mismo por motivos excepcionales.


Estado Moderno

Finalmente, a partir y antes de la Revolución francesa nos encontramos con el

Estado moderno dotado de la separación de poderes, garantías y gobernantes

limitados por el Derecho.

The Japanese Police State: Tokkio in Interwar Japan de Elise K. Tipton, p14.

Habla del término de Estado policial actualmente, definiéndolo a partir de lo que

vivieron los japoneses en los años 40: "Este término ha tomado un significado

despectivo y emocional refiriéndose a un Gobierno que ejerce el poder

arbitrariamente a través de la policía".

También puede ser visto en la Prussia de Federico I y Federico II, lo que se

postula como el primer "Polizeistaat" así denominado por el jursita alemán Robert

Von Mohl. Aquí el Estado policial no tiene una denominación peyorativa en ese

momento histórico.

Podemos asumir entonces que precisamente en ese momento histórico, el

ejercicio de poder en el contexto europeo, a través de la policía, estaba legitimado

por sus habitantes. Esto debiéndose a la cultura paternalista que había hacia lo

que sería el monarca; sumándose la justificación que residía en proteger los

bienes del Estado, su seguridad y mejorar la productividad de su economía.

PODER

Partiremos por indagar en su acepción etimológica, del latín Potēre, es decir,

capacidad, y más precisamente, la capacidad de producir efectos deseados.


Pero cuando nos centramos en indagar la sustancia, el verdadero significado del

Poder, y más aún del Poder político, pues, nos encontramos frente a un marco

caótico, en el cual no existe, y jamás existirá un consenso en la definición siquiera

de tal concepto. Ya que, en el campo de la Política, como toda ciencia social, no

existen dogmas. Las certezas se hilvanan alrededor de la subjetividad, y entonces

tenemos tantos conceptos diferentes, como postulantes. No obstante, trataremos

de conceptualizarlo.

Si nos situamos en la vida en sociedad, y pensamos al Poder como la capacidad

de producir efectos sobre los demás, entones debemos preguntarnos, qué tipos de

efectos buscamos producir, y, sobre todo, cómo los producimos.

Cuando un padre busca guiar la conducta de su hijo, en base a “valores” morales

o éticos, está al menos buscando influenciar al mismo a que siga un camino que

considera, lo llevará a un mejor mañana. En ese preciso instante, está

instaurando, a nuestro entender, una relación de poder propiamente dicha. A

través de la persuasión y de la educación, busca producir un efecto deseado en su

hijo.

Pero si quitamos de la esfera la persuasión, y ese mismo padre ejerce algún tipo

de castigo (físico, psicológico, o material) contra su hijo, aún así, estará buscando

generar un efecto deseado, y se hace más evidente, una relación de superioridad

de uno frente al otro.


Pero en cuanto posamos nuestra atención en relaciones sociales más complejas,

también se torna más compleja la delimitación del poder y los caracteres que lo

conforman.

Nos surgen preguntas como, por qué buscan los hombres el Poder, y cuál es el

límite y la legitimación del mismo.

Bertrand Russell, afirma que una de las principales diferencias emocionales entre

los hombres y los demás animales, es que algunos deseos humanos son

esencialmente ilimitados, e incapaces de satisfacción completa.

Los animales centran sus deseos en satisfacciones básicas, como la

supervivencia y la reproducción, mientras que los hombres, aún asegurando sus

medios de vida, buscan seguir activos, buscan engrandecerse, y como señala

Russell, dichos deseos solo están limitados por lo que la imaginación considera

como posible.

El mismo Russell considera al Poder y la gloria como claros ejemplos de deseos

insaciables. Y ambos están relacionados entre sí.

Por similar camino ideológico transitaba Maquiavelo cuando consideraba el

mantener el estado (como señala Quentin Skinner, al analizar la obra El Príncipe,

mantener el estado se trata tanto de mantener el territorio como lugar físico del

ejercicio del poder, como mantener el status), y el buen príncipe encuentra en eso

la gloria.

Si consideramos esa amplia importancia del Poder en las relaciones sociales, y si

pensamos que aún teniendo todo lo necesario para su subsistencia, el hombre


sigue anhelando más poder, podemos concluir, coincidiendo con Russell, que el

Poder es el eje central de la Política, así como de otras ramas de las ciencias

sociales.

El Poder para Foucault

Posteriormente analizaremos la perspectiva del poder para el autor Michel

Foucault.

Paul-Michel Foucault 1926-1984.

Fue un filósofo, historiador, sociólogo y psicólogo francés. Fue profesor en varias

universidades francesas y estadounidenses y catedrático de Historia de los

sistemas de pensamiento en el Collage de France

Este autor, entiende que por naturaleza el ser humano es un ser sociable, es

decir, necesita relacionarse entre sí. Pero, para prevenir ciertos conflictos producto

de esta misma relación, se instaura un sistema jerárquico, el cual permite que un

grupo de personas, disponga de cierto poder con el cual deberán hacer posible la

convivencia pacífica. Este psicólogo, y teórico social francés analiza el tema con

profundidad.

Según Foucault el poder establece relaciones entre sujetos que, de alguna

manera, conforman una asociación o grupo; y para ejercerlo, se emplean técnicas

de amaestramiento, procedimientos de dominación, y sistemas para obtener la

obediencia. Sirve como ejemplo claro, un aula de clases, desde la estructura del

edificio, hasta los roles de cada una de las personas que allí permanecen. En la

mayoría de los casos, esta aula tiene una especie de “tarima” en donde el docente
pone su escritorio, esta tarima marca o simboliza un claro nivel de superioridad

frente a los estudiantes, debido a que el profesor queda en cierta forma, un nivel

por encima de los estudiantes.

El autor francés, recalca, que no hay solo una manera de ejercer el poder, este

también se presenta de manera indirecta o como él lo menciona, encubierto.

Foucault ve esta manera de ejercer poder como una estrategia. Nos da a entender

que la mejor manera de emplear poder sobre alguien es que este alguien, no sepa

que se le está aplicando. Un ejemplo, puede ser cuando un niño finge tener un

dolor insoportable, para llamar la atención de sus padres. El padre o madre, no

sabe que este está fingiendo y pese a esto, los padres suelen ser más permisivos

con él.

El Nexo entre Política y Poder

La política como medio para conquistar el poder

La política ha sido vista como un medio, un camino para alcanzar el poder. Desde

esta arista del tema, se entiende a la política partidaria como un simple juego de

pesos en el que se miden las fuerzas políticas de diferentes candidatos y sectores

con el fin de conquistar el poder. No es relevante cuáles sean los medios que

deban emplearse, y se admiten cualquier clase de estratagemas.

Esta concepción de la actividad implica un desinterés de los candidatos por sus

comunidades, esto se refleja luego de que consiguen el fin supremo de la

conquista del poder. Cuando los gobernantes no tienen un interés legítimo por

aquellos bajo su gobierno, y ponen sus intereses personales por sobre los de
aquellos a quienes gobiernan, tienden a asumir comportamientos ilícitos que son

enormemente perjudiciales para la comunidad.

Es este el origen de la corrupción y todos sus derivados, tales como el llamado

amiguismo político, el nepotismo, o de delitos como el peculado, la concusión, el

cohecho, o el soborno, así como también de los delitos de fraude, la conjunción

del interés personal y del público y el abuso de funciones, entre otros (los

anteriores delitos se encuentran regulados en los artículos 153, 156, 157, 159,

160, 161 y 162 del Código Penal, respectivamente).

Un candidato que emplea recursos de dudosa legitimidad moral para conquistar al

voto popular, que persigue fines egoístas como el enriquecimiento personal o la

mera ostentación del poder, demuestra con todos esos actos que no lo motiva un

sentir de interés por su comunidad, y que no es esto lo que lo lleva a postularse,

sino su propio favor individual. Pero esto no solo implica un riesgo para la

sociedad, ya que este candidato no aboga por ellos, sino por sí mismo, sino que

también es este uno de los motivos del deterioro de la actividad política, ya que la

misma se vuelve un simple recurso a disposición de mentes maquiavélicas que

pretenden servirse a sí mismas empleando lo que es ideológicamente, el arte del

servicio social.

En las sociedades modernas se ha perdido la fe en la política en gran parte debido

al aumento de abordajes de la misma enfocados únicamente desde una

percepción egoísta y finalista, donde se cree que los candidatos son capaces de

decir y hacer lo que sea necesario con el fin de hacerse del poder, sin
preocuparse realmente por las necesidades de las personas a las que buscan

representar.

Por lo tanto, concluimos que esta percepción de la política constituye una actividad

paralela, a la que no llamaríamos política, sino manipulación o criminalidad.

Hablamos de manipulación cuando el candidato emplea estratagemas ilegítimas o

recurre a la demagogia con el fin de seducir a los votantes, sin interés alguno por

la comunidad a la que pretende representar y con total indiferencia de la

plataforma que promueve, la que no es un plan de gobierno al que esté

comprometido, sino que es el resultado de lo que piensa que las personas desean

oír.

Entra en juego la criminalidad cuando el antes candidato es ahora gobernante y

comete actividades delictivas provenientes de su idiosincrasia de interés personal

donde busca favorecerse a sí mismo a cualquier costo y siente que es superior a

la ley, a la cual manipula a su favor y blande a su voluntad con un sentimiento de

total impunidad.

La política como fin, el poder como medio

El modelo de político que analizaremos en esta instancia es aquel que entiende

esta actividad como un fin en sí mismo, estos individuos sienten un profundo

interés por sus comunidades y la realidad de las mismas, se interesan por el poder

únicamente en la medida en que este les permitirá amplificar el alcance que sus
propuestas e ideas tendrán, así como una serie de recursos que facilitarán la

concreción de sus proyectos.

Este candidato está a menudo vinculado desde temprana edad en actividades

sociales de su comunidad, y realiza sin darse cuenta lo que constituye en esencia

a la política. En su día a día, se preocupa por sus vecinos, y le ocupa pensar en

proyectos e ideas que aborden las problemáticas que enfrentan.

En cierto punto, puedan darse diferentes escenarios, tales como el comenzar a

toparse con situaciones que no puede resolver, y entiende que la manera de

ayudar en mayor medida será obteniendo los recursos que le otorgaría ocupar una

posición electiva, o simplemente llega a la conclusión de que magnificando el

poder que posee se magnificará también la diferencia que logra hacer en su

comunidad.

Habiéndose fomentado en él la costumbre de hacer política, la que le es nata y

practica de manera casi inconsciente, se prepara ahora para su primera elección,

momento en el que se dirigirá a su gente, por la que se ha preocupado y ha

ayudado en todo lo que ha podido, sobre las que conoce sus necesidades y

entiende su realidad. Es por esto, que se interesa legítimamente en el bienestar de

a quienes busca representar, lo que le motivará a llevar a cabo una campaña

limpia y honesta, donde dará a conocer sus propuestas y confiará en el criterio de

los electores.

En caso de ser electo, gobernará honradamente, apegándose a los compromisos

que asumió y siendo cuidadoso con los fondos públicos. Podemos decir con casi
completa certeza que no incurrirá en ilícitos como la corrupción, ya que sus

principios lo llevan a poner al pueblo primero y a priorizar lo que es mejor para

ellos, por lo que no antepondría jamás su beneficio al de la comunidad.

Este es el denominado “tipo ideal” de política, ya que al candidato lo motiva servir

a su pueblo y entiende a la política como una herramienta de servicio social.

Decimos que la política es el fin y el poder el medio porque no estamos analizando

al término política meramente como lo partidario, sino como el hecho de impactar

en la comunidad mediante proyectos e ideas que buscan cambiar las realidades

sociales. Por lo que la política no sería solo el camino que toma el candidato para

alcanzar el poder, como ocurre en otros casos, sino que es el fin que persigue.

Para lograrlo se servirá de herramientas tales como el poder, las que le permitirán

tener más recursos para hacer política.

Opinion Pública

Como ya hemos mencionado, de manera simplificada, el poder es la capacidad de

influir en otros para tener un resultado deseado. Aquellos que ejercen el poder a

partir del aparato gubernamental lo ejercen de la manera mayor. Es decir, tienen

un impacto en el pensamiento de las masas o en otras palabras afectan la opinión

pública.

Esta es uno de los pilares del Estado de Derecho. También es uno de los

principales indicadores por el cual los gobernantes y aspirantes a gobernar ven

sus resultados y la voluntad del pueblo.


Según lo que ha sucedido en la historia y en hechos recientes, es un instrumento

también y un concepto que se usa a beneficio de intereses o del mismo ejercicio

del poder.

Podemos poner ejemplos de Estados, así como de casos concretos. En los

Estados policiales como el ya mencionado imperialismo de Prusia de los

Federicos I y II, se coartaba la libertad de expresión; se manipulaban los medios

para imponer la visión de los gobernantes, se utilizaba el nacionalismo y el

patriotismo para generar obediencia, y se utilizaba la Policía secreta para tener un

respaldo coercitivo a estas medidas.

Sin embargo, hay casos concretos donde los gobernantes (generalmente en

gobiernos totalitarios) son capaces de crear hechos sociales de dudosa legitimidad

para tomar decisiones que, en tiempos no turbulentos, serían rechazadas

tajantemente.

Un ejemplo de esto sería la operación de bandera falsa que Hitler usaría para

convencer al pueblo alemán de la necesidad de atacar Polonia. La operación

consistió en un ataque por tropas alemanas con uniforme polaco a la emisora de

radio fronteriza alemana de Gleiwitz, para luego difundir un mensaje en que se

animaba a la minoría polaca del lugar a tomar las armas contra Adolf Hitler. Como

"prueba" del ataque, los nazis asesinaron y vistieron con uniformes polacos a

algunos prisioneros del campo de concentración de Dachau.

Si bien no convencieron al Reino Unido ni a Francia de no entrar en guerra, dieron

el pretexto para que su pueblo avalara completamente, o al menos en su mayoría,


la posibilidad de provocar una guerra. Este es un ejemplo de engaño que impacta

en el consciente colectivo y lo canaliza hacia los intereses de sus gobernantes.

Por ello Jiménez de Aréchaga habla de la opinión pública: "el papel y la

importancia (...) en la medida que el Gobierno no pueda dirigir la crítica".

Sin embargo, el poder hoy está limitado por el Estado de Derecho y la opinión

pública se expresa a través de otros medios que han significado un antes y un

después en la manera de hacer política y de gozar del poder.

La Reinvención de la Política

La tecnología irrumpe en la esfera pública: De la política analógica del siglo XX a

la digital del XXI

Las tecnologías de la información han transformado todos los ámbitos: de la


industria de la música a la medicina, de la forma en que nos comunicamos al
periodismo, de las finanzas a la organización de la economía. Sin embargo, uno
de los pocos reductos a los que no había llegado la revolución digital del último
cuarto de siglo era la política. Finalmente lo hizo: con la masificación de Internet a
partir de mediados de los años noventa y la sofisticación de los recursos
disponibles, la estructura y las prácticas políticas se enfrentan a un vertiginoso
cambio que redefinirá dramáticamente su funcionamiento.
La campaña de Obama se ha convertido en el referente mundial para analizar el
tema; una experiencia que sirve para sacar conclusiones y encontrar modelos
propios. Desde las redes sociales hasta la implementación de complejas
herramientas informáticas que permiten asignar recursos, realizar el mejor
marketing electoral, recaudar fondos de modo transparente y estar en
comunicación cotidiana con los ciudadanos.
La plena incorporación de los nuevos instrumentos impulsa una verdadera
reinvención de la política.

Internet revolucionó el panorama político, en palabras del expresidente de Estados


Unidos, Barack Obama, “Internet es quizá la red más abierta en la historia,
tenemos que hacer todo lo que sea necesario para que así se mantenga.” Fue
este tema tan importante para el exmandatario que lo incluyó dentro de sus
principales compromisos electorales, en este sentido quería asegurar que todo
estadounidense tuviera acceso a una conexión de banda ancha, sin importar
dónde viva o cuánto dinero tenga, así como elevar la velocidad de la red y
conectar a ella bibliotecas, escuelas y hospitales.
Para Obama las nuevas tecnologías son, ante todo, una oportunidad estratégica
para modernizar al país y extender el desarrollo a comunidades y estratos sociales
rezagados, para fortalecer sectores económicos deprimidos o ineficientes -el
automovilístico y el sanitario, por ejemplo- y sentar las bases de un crecimiento de
largo plazo cimentado en patrones de consumo sustentables, energías renovables
y la lucha contra el cambio climático. Pero, sobre todo, son una oportunidad para
impulsar un sistema político más participativo y democrático: «Si queremos
realmente aprovechar esta ocasión, tenemos que usar la tecnología para abrir
nuestra democracia. Un compromiso ambicioso y de largo aliento que exige
establecer una nueva forma de relación entre ciudadanía y gobierno. La propuesta
sobre transparencia en el gobierno y libre acceso a la información fue
especialmente aplaudida por el público. No es coincidencia que una de las
administraciones más secretas de nuestra historia haya favorecido las causas de
intereses especiales e implementado políticas marcadas por la opacidad». Y lanzó
la provocadora idea de crear lo que llamó Google for government: «Pondremos
toda la información del gobierno en línea en un formato accesible universalmente;
permitiré que los ciudadanos puedan dar seguimiento a los contratos federales, a
los contratos con los lobbies y a las subvenciones estatales; permitiré que los
ciudadanos participen en foros de gobierno en tiempo real en los que puedan
hacer preguntas y sugerencias y en los que los resultados se valoren y tomen en
cuenta antes de que las leyes se firmen».

La relevancia de los nuevos medios no pasó desapercibida para Obama, quien


lideró la adhesión de estos temas a su agenda política, pero, ¿dónde nace el
interés del mandatario por la tecnología? La respuesta a esta interrogante la
encontramos analizando su estrategia de campaña del año 2008.
La contienda electoral del 2008 confirmó una tendencia que altera dramáticamente
la forma en la que se hace política: la televisión pierde terreno como medio
principal de información. Pierde terreno en todos los grupos de edad, pero entre
las nuevas generaciones se desploma. ¿El principal factor de disrupción? Internet
y la multiplicación de canales por los que se informan los electores; y, lo que no es
lo mismo, por los que los candidatos lanzan su mensaje. Una doble combinación
que puede enterrar la forma en la que se ha hecho política electoral desde hace al
menos cincuenta años.
Sus tiempos, formatos y limitaciones han impuesto buena parte del marco del
diálogo social y las dinámicas políticas. El auge del spot publicitario como uno de
los principales medios de comunicación, pero, sobre todo, la naturaleza
unidireccional del discurso televisivo, han determinado la calidad de ese diálogo.
La irrupción de las tecnologías de la información en los últimos veinticinco años,
sin embargo, están alterando la ecuación. Han puesto patas arriba todos los
ámbitos que han tocado, llegando hasta la política.
Del discurso de los candidatos a la forma en que se organizan las bases, se
gestionan las campañas electorales y se recauda el dinero. Todo comienza a
cambiar. Se está haciendo frente al modelo de discurso cívico que ha dominado
las últimas décadas. La organización y las prácticas políticas se enfrentan a un
vertiginoso cambio que redefinirá dramáticamente su funcionamiento. La campaña
presidencial de 2008 en Estados Unidos fue sólo el destape del fenómeno.

Las transformaciones que se avecinan son mayúsculas y no se limitan solamente


a la política electoral. De manera más amplia, la elección presidencial de Obama
anunció un cambio aún más importante: la renovación de la esfera pública. El
gobierno, la gobernanza y la forma en que interactúan administraciones públicas y
ciudadanía. Comienza a surgir la posibilidad de un nuevo tipo de diálogo.

Este cambio no solo ocurre debido a la nueva coyuntura del mundo moderno, sino
que responde también a los nuevos votantes que se estrenan en los recintos
electorales; la llamada generación del milenio.
No es casualidad que estos fenómenos políticos ocurrieran en el momento en que
lo hicieron, ya que las elecciones presidenciales de 2008 en Estados Unidos
fueron las primeras elecciones en que participaron los Millennials.
La peculiaridad de esta generación es que es la primera que creció con las
tecnologías de la información incorporadas plenamente a su vida cotidiana. Ellos
constituyen un nuevo perfil demográfico y una nueva manera de interactuar y
participar en política.
A este suceso se refieren Morley Winograd y Maichel Hais, autores del libro
Millenial Makeover: MySpace, YouTube, and the Future of American Politics; «Sin
nuevas generaciones, sin sus hábitos y creencias, sin su pasión para comunicarse
de nuevas maneras, los avances tecnológicos por sí solos hubieran tenido poco
impacto».
Si, la historia de la elección presidencial es, en parte, la historia de nuevas
tecnologías que permitieron ensayar con otras formas de comunicación novedosas
y revolucionarias; pero, también, es la historia de una nueva generación de
votantes, de una nueva generación que piensa, interactúa y se comunica de
manera distinta. El comienzo de un cambio de gran calado en la forma en que el
electorado se involucra, debate y participa. El ocaso de la política analógica del
siglo XX y el nacimiento de la digital del XXI. La transición se fraguó en 2008.

Bibliografía consultada
- Poder, pág.

Russell, Bertrand: El Poder: Un nuevo Análisis Social

De Jeuvenele, Bertrand: Sobre el Poder

Weber, Max: Economía y sociedad

- El Poder, Foucault, pág.


“EL PODER SEGÚN FOUCAULT”, Por Jorge Martija

- La Reinvención de la Política, pág.

“La Reinvención de la Política; Internet y la nueva esfera pública” Diego Beas

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