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Actitudes Machistas en Mujeres

Este documento discute el origen y las actitudes del machismo. Explica que el machismo surgió de roles de género establecidos en sociedades primitivas donde los hombres cazaban y las mujeres se encargaban del hogar. Aunque estos roles son antiguos, el machismo los lleva a extremos que perjudican a las mujeres. También analiza cómo los machistas se refuerzan entre sí y cómo responden con violencia ante los cambios sociales hacia la igualdad de género, como se ve en su oposición a leyes contra la violencia de
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Actitudes Machistas en Mujeres

Este documento discute el origen y las actitudes del machismo. Explica que el machismo surgió de roles de género establecidos en sociedades primitivas donde los hombres cazaban y las mujeres se encargaban del hogar. Aunque estos roles son antiguos, el machismo los lleva a extremos que perjudican a las mujeres. También analiza cómo los machistas se refuerzan entre sí y cómo responden con violencia ante los cambios sociales hacia la igualdad de género, como se ve en su oposición a leyes contra la violencia de
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FACULTAD DE HUMANIDADES

ESCUELA ACADÉMICO PROFESIONAL DE PSICOLOGÍA

ARTÍCULO DE OPINIÓN
“10 Actitudes machistas adoptadas por las mujeres”

AUTORES:
 Cerna Gonzalez Geraldine
 Hinostroza Rodríguez Milagros
 Ramirez Apaza Lourdes

ASESORA:
SOLIS ZELADA FRESIA

HUARAZ – PERÚ
2019
I. INTRODUCCION
El machismo es una expresión derivada de la palabra macho, definido como aquella
actitud o manera de pensar de un varón, quien es el jefe de familia (quien toma las
decisiones en casa), protector y sostenedor del hogar.

Podemos encontrar las raíces del machismo en las sociedades primitivas que se
dedicaban a la caza tanto hombres como mujeres tenían designadas tareas específicas.
En la expresión “el hombre público y la mujer privada” podemos ver que se relaciona
al hombre con el exterior y a la mujer con el hogar, esto comenzó en ese momento
tribal.

Los hombres debían salir a cazar y las mujeres debían encargarse de las tareas del
hogar, pastoreo, y cuidar a la descendencia. Dando a estas últimas tareas de una
importancia inferior, que viene a coincidir con el rol pasivo que ostentaba la mujer.
Incluso el modelo religioso posiciona a las deidades de acuerdo a su género, existían de
un lado los dioses cazadores y guerreros, y por el otro las diosas de la fertilidad y el
hogar. Estos roles son comunes en casi la totalidad de las sociedades occidentales.

Entendemos así que las pautas de conducta que rigen a hombres y mujeres tienen un
origen antiguo pero eso no significa que sean correctas o igualitarias. El machismo se
encarga de hacer versiones extremas y denigrantes de estos roles primarios que
benefician al hombre y perjudican a la mujer.

En algunas civilizaciones, en momentos históricos particulares, podemos ver


sociedades que han brindado más o menos derechos a las mujeres. El caso del islam,
como sociedad fuertemente patriarcal, es un extremo y el actual caso neozelandés
como pionero en derecho femenino son las dos caras de la moneda que sirven de
ejemplo para demostrar el amplio abanico de regulaciones sociales entre los géneros.

Las regulaciones suelen construirse en un momento histórico y reproducirse de


generación a generación, es decir de padres a hijos, y en ámbitos de sociabilización
locales. Si el machismo ha permanecido vigente por tanto tiempo es porque es
autoevidente, ya que identifica obligaciones y derechos con géneros o sexualidades
evidentes e innatas; y está fundamentado por la autoridad religiosa de cada región
siendo el hombre el prototipo de ser humano y único actor político. No es incorrecto
decir que hoy en día el machismo es evidente en la poca cantidad de dirigentes
políticas femeninas.

El problema de la violencia de género no son esos 700.000 hombres que maltratan ni


los 70 que matan, el problema de la violencia de género es el machismo que los
alimenta a todos ellos y al resto de la sociedad. Un machismo que lleva a que el 3% de
la población de la UE manifieste que la violencia de género está justificada en algunas
ocasiones, y que un 1% afirme que lo está en todas las ocasiones (Eurobarómetro,
2010).
A partir de esas referencias creadas por la cultura, cada agresor desarrolla su
estrategia de violencia de manera diferente, aunque todos persiguen lo mismo:
controlar a las mujeres para que no se salgan del guion establecido, corregirlas cuando
consideran que se han desviado de sus dictados, y castigarlas cuando la desviación
alcanza cierta gravedad. La propia dinámica de la violencia muestra claramente que
cada agresor reacciona ante el comportamiento y actitud de las mujeres, y frente a las
circunstancias que envuelven los hechos.
Y cuando el machismo y los machistas ven que la sociedad está cambiando al
incorporar y defender la Igualdad como derecho, al observar que las mujeres y el
feminismo rompen con la injusticia de la desigualdad de la que nacen sus privilegios, y
al comprobar que se incorporan con normalidad a los espacios y funciones que le
habían sido negados, interpretan que esa nueva realidad es un ataque a sus posiciones
y responden con su argumento habitual, que es la violencia.
«Ante esta realidad hay que informar y mucho, mandando un mensaje crítico a los
agresores y a su entorno»
Por eso no es casualidad que ante una norma como la Ley Integral, dirigida a abordar
globalmente el problema de la violencia de género, el machismo responda e intente
confundir con argumentos tramposos y falaces como el de las denuncias falsas (en
verdad suponen el 0,01% según la Fiscalía General del Estado y el Consejo General del
Poder Judicial), que todas las violencias son importantes, que las mujeres también
maltratan, que es una ley dirigida contra los hombres, o que que en verdad lo que se
busca es enriquecerse a través de esa violencia, como incluso llegan a escribir algunos
columnistas con total impunidad. Nunca se han preocupado de las otras violencias, ni
del maltrato que ejercen las mujeres, ni de las agresiones de los hombres por parte de
otros hombres... nunca lo han hecho hasta que no se ha hablado de violencia de
género, porque en realidad lo que les preocupa es perder un instrumento tan
necesario para ellos a la hora de mantener el orden establecido, como es la violencia
contra las mujeres. Tan necesario que, tal y como recoge la Macroencuesta de 2015, el
44% de las mujeres no denuncian por considerar que la violencia que sufren no es lo
suficientemente grave, es decir, porque piensan que esa violencia es «normal» dentro
de las relaciones de pareja. Y quien les dice que es normal no es el doble cromosoma X
ni los estrógenos circulantes en sangre, sino la cultura machista que las paraliza.
Esa reacción del machismo no es abstracta e impersonal, sino que es la reacción
coordinada de cada uno de los machistas. Y si es fácil entender que hay una respuesta
individual ante los cambios sociales que hablan de Igualdad, también debe serlo
entender que cada uno de los agresores que ya está ejerciendo la violencia, reaccione
de forma particular ante las circunstancias que envuelven su relación y el contexto
social del momento. De ahí las diferentes influencias que actúan en la construcción de
sus conductas criminales.
Los homicidios por violencia de género son la consecuencia de una historia de violencia
que los maltratadores van desarrollando en el tiempo, unas veces de forma acelerada,
otras más lenta. Se trata de un proceso en el que van integrando elementos que
refuerzan su decisión y aquellos otros que de alguna manera la cuestionan, y la
evolución final dependerá de la mayor presencia de elementos a favor del homicidio o
de factores críticos con la idea de matar. Se trata, pues, de un proceso dinámico que va
consolidándose conforme avanza, dificultando y limitando las posibilidades de incidir
sobre él.
"Los machistas no son hombres extraños a la realidad social que ellos mismos crean a
través del machismo. Son hombres muy integrados en ella, en su valores y en sus
ideas"
Cuando se produce un homicidio por violencia de género el impacto social de la noticia
es muy diferente. Y la valoración que hace el agresor que está pensando en matar a su
mujer no es en términos de solidaridad o compasión con la víctima y su familia, sino
que lo hace identificándose con el hombre que acaba de hacer aquello que él ya está
pensando realizar. Ésa es una de las razones que hacen que un homicidio previo en
violencia de género pueda actuar como refuerzo en la idea que manejan estos
agresores, algo que se refleja en la acumulación de casos alrededor del homicidio
cometido con anterioridad. El estudio realizado en 2011 por la Delegación del
Gobierno para la Violencia de Género y la Universidad de Granada, demostró esa
realidad al comprobar que al día siguiente de un homicidio se producía un aumento
«no justificable por azar», lo cual sitúa la asociación en el conocimiento del caso
anterior, puesto que se trata de sucesos aislados e inconexos.
Esta situación demuestra que son homicidios que nacen de la voluntad y de la decisión
de matar del agresor, quien actúa por motivaciones internas y posicionándose ante los
elementos del contexto. En ningún caso se puede interpretar esta influencia como un
acto impulsivo e incontrolado surgido del simple conocimiento del homicidio previo, ni
tampoco debe entenderse como un factor que incide en todos los homicidas. Se trata
de un factor que influye «un poco en algunos casos», no en todos, pero como tal debe
ser tenido en cuenta a la hora de valorar el riesgo y de adoptar medidas de protección.
Y tampoco debe llevar a la errónea conclusión de que ante esta realidad no se debe
informar, todo lo contrario. Lo que hay que hacer es informar, e informar mucho, pero
mandando un mensaje crítico hacia los agresores (por ejemplo, en lugar de titular
«una mujer muere a manos de...» hacerlo con «un hombre mata a...»), y a esos
entornos posmachistas que buscan generar confusión y desviar la atención sobre el
significado y la gravedad de la violencia de género.
Los machistas no son hombres extraños a la realidad social que ellos mismos crean a
través del machismo. Son hombres muy integrados en ella, en su valores y en sus
ideas, tanto que responden con la violencia que habitualmente utilizan ante lo que
interpretan como ataques, partan estos de la sociedad a través de las iniciativas
políticas o de las manifestaciones que los cuestionan y critican, o surjan de la conducta
de las mujeres a quienes están pensando asesinar. Creer que los machistas
contemplan la realidad como si miraran un paisaje o al mar es un error que se traduce
en más riesgo para las mujeres que sufren la violencia.
Los machistas se refuerzan entre ellos a través de las palabras y las conductas, lo
vemos a diario en la calle y en las redes sociales; y los machistas que están usando la
violencia se refuerzan identificándose con la violencia que utilizan otros hombres
violentos, de ahí que la violencia de género continúe y se repita.
La afirmación del machismo pasa por la negación de la realidad que él mismo crea, ésa
es la forma de hacerse invisible en una sociedad que lo señala en cada uno de sus
actos. Desde el piropo como halago y el maltrato como un tema de pareja, hasta el
homicidio por celos o alcohol, todo forma parte de lo que el machismo presenta como
verdad para así mantener su mentira. Da igual que sean 70 las mujeres asesinadas
cada año y 700.000 las maltratadas, al final, para el machismo cada uno de esos casos
es un accidente o una excusa, y todos juntos ninguno.

II. ARGUMENTO:
Laura Bates es la fundadora del Proyecto Machismo Cotidiano o, en su idioma
original, Everyday Sexism. El concepto de este proyecto está sacados por testimonios
enviados por mujeres de todo el planeta en el que estos relatan episodios de
machismo vividos en primera persona.
 El comentario sexualmente ofensivo: Uno de los mensajes, enviado por Meghan,
indica cómo un hombre de avanzada edad le había señalado que “si tuviese cuarenta
años menos, estaría encima de ti”. Es seguramente el tipo de actitud más frecuente y
más desagradable, el de la proposición sexual realizada sin ninguna clase de gusto o
tacto, no digamos ya con posibilidades de llevarse a cabo. En la mayor parte de casos,
estos comentarios sugieren que la mujer es poco más que un objeto para el que los
pronuncia.
 Las referencias al cuerpo de la aludida: En el artículo publicado esta misma semana
en The Telegraph, se destacaba uno de los mensajes enviado por alguien a quien cuyo
compañero la llamaba a diario “tetas grandes” (“big boobs”). El trabajador dejó de
hacerlo cuando esta comenzó a llamarle “pito corto” (“small dick”), muestra de que en
la mayor parte de casos devolver el golpe es la mejor opción.
 Hay cosas que las mujeres no pueden hacer: Una tal “S” cuenta cómo le marcó que su
padre no le permitiera nunca jugar ni al baloncesto ni al fútbol, ya que se trataba de
“deportes para chicos”. Muchos comentarios de los que aparecen recogidos en esta
página hacen referencia a la aún consolidada idea de que hay determinadas cosas que
una mujer no puede hacer ya que “se puede hacer daño”.
 La mujer, en la cocina: Dentro de esa última categoría de comentarios que distinguen
entre lo que una mujer debe hacer y lo que no, se encuentran aquellos que encasillan
al sexo femenino en su habitual rol de ama de casa, madre y esposa, y que abundan
mucho más de lo que nos gustaría pensar en nuestra, en apariencia, igualitaria
sociedad. Uno de los testimonios indicaba que un alumno de unos doce años había
reconocido en clase que era más “económico” que las mujeres se quedasen cuidando
de la casa.
 Confusiones denigrantes: Una de las ramificaciones de la creencia de que las mujeres
no pueden aspirar más que a trabajar en el hogar o, como mucho, ser secretarias o
limpiadoras, se refleja en esa habitual broma en la que se reconoce a una mujer que ha
sido confundida con otra de menor categoría. Es lo que explica una científica a la que,
ataviada con su bata, se le acercó un compañero y le dijo extrañado que no sabía que
era una de las trabajadoras del centro, ya que pensaba que era la recepcionista.
 Diferencias a la hora de aceptar su valía: No somos conscientes de ello, pero en
muchas ocasiones, se sigue tratando de forma diferente a hombres y mujeres a la hora
de cumplir con un objetivo, entregar un trabajo o cumplir una orden. Una
tal Mary ilustra a la perfección esta circunstancia con una historia en la que detalla la
actitud que manifestaban sus profesores respecto a ella y su pareja a la hora de
estudiar su posgrado en economía. La autora explica que ambos hacían los deberes a
la vez, juntos, y en muchos casos era ella la que debía ayudar a su compañero, por lo
que los resultados eran exactamente los mismos. Pues bien, él siempre obtenía
mejores notas que ella y un “¡gran trabajo!” frente al “buen intento” que solía definir
los trabajos de ella.
 Las mujeres que han decidido trabajar no pueden quejarse: Como consecuencia de
esa cacareada inutilidad del sexo femenino en el mundo laboral, muchos hombres han
adoptado la idea de que ellas mismas se han buscado sus problemas de conciliación
laboral y que, por lo tanto, el sexo masculino no tiene ninguna responsabilidad. Es lo
que le ocurría a una de las participantes cuando desvelaba la respuesta que había
recibido de uno de sus compañeros en una conversación sobre el número de
holandesas en el mundo de la política, que aunque no era “despreciable”, aún distaba
mucho de la igualdad total. Su compañero le dijo: “No empieces con eso, es problema
de la mujer si tiene que elegir entre su carrera y sus hijos”.
 Cállate: Otro comportamiento tristemente habitual es el de despreciar la inteligencia
femenina haciendo callar a la mujer al no considerar de relevancia lo que pueda
aportar a la discusión. O ni siquiera eso, sino que muchos piensan que el rol de la
mujer ha ser pasivo y obediente. Una de las participantes en el proyecto cuenta cómo
había oído a un hombre decirle a su esposa “si tuvieses modales, habrías aprendido a
tener la boca cerrada”.
 Las mujeres no pueden disfrutar del sexo: Un prejuicio vinculado a esa concepción de
la mujer como ama de casa obediente y el hombre como macho alfa que puede decidir
lo que hacer con su pareja, familia y entorno. Hasta la liberación sexual de los sesenta
no se aceptó que la mujer podía disfrutar también de su propia sexualidad, y ni
siquiera aún se ha conseguido derribar dicho mito. Muestra de ello es el testimonio de
una mujer que firma como “PC” y que afirma que uno de sus amigos la llamó “sucia
zorra” (“filthy slut”) por reconocer que disfrutaba haciendo el amor.
 Las mujeres no pueden hacer trabajos técnicos: En una de las entradas más recientes
del proyecto, una de las participantes señalaba cómo durante una entrevista de
trabajo el seleccionador de personal le había preguntado de qué manera pensaba
hacer su trabajo, ya que “las mujeres no están dotadas para lo técnico”, y además, esta
tendría que convivir con otros ocho hombres si era contratada. Dos escollos, al
parecer, difíciles de salvar, pero que desvelan los rasgos de la mentalidad
conservadora que aún pervive en gran parte de la sociedad occidental.
OPINION:

“Yo no soy machista ni feminista, yo soy humanista”


Entendiendo que tonto es el que dice tonterías.
Vivimos en un mundo, a veces, ignorante, vacío y frío. Un mundo donde quienes
tienen privilegios o maltratan se sienten intimidados, y esa proyección la lanza en
forma de discurso cargado de falacia, odio y confusión. Un discurso que busca
despistar y minimizar una desigualdad patente. Y dentro de ese mundo también están
quienes jamás han leído nada de la Historia. Quienes creen, sean hombres o mujeres,
que las cosas han caído del cielo, que piensan que jamás se ha necesitado luchar para
obtener mejoras sociales o laborales. Esas personas incrédulas que viven del
pasotismo y la comodidad de haber nacido en democracia. Esas personas que no han
conocido la vida de las personas que fueron perseguidas, vigiladas, acosadas,
torturadas, encarceladas, asesinadas, únicamente por opinar y defender una idea.
Y es aquí cuando quiero entrar de lleno en el feminismo y en esta Huelga General, la
segunda Huelga realizada en España por el Día de la Mujer.
De entrada, la palabra Huelga produce rechazo, incredulidad. Y nadie sabe que hoy,
por ejemplo, si tenemos vacaciones es gracias a la Huelga. La Huelga es el instrumento
legal que tenemos las personas para pedir mejoras cuando quienes están en el poder
no nos las dan. Es una herramienta para luchar contra las injusticias.
¿Y qué mayor injusticia existe que la desigualdad de género?
Por eso, me apena que exista gente que tire por tierra esta batalla y que minimice con
algo tan importante como es la dignidad. Jamás acusaré a quien no se levanta, pero sí
a quien impide que yo lo haga.
Y antes de terminar contestando a quienes acusan a este movimiento de estar
politizado o con los motivos que han hecho que yo parara el 8 de marzo, conviene
refrescar la memoria.
La lucha feminista no es algo de la actualidad, sino que se remonta al principio de los
tiempos, me atrevo a decir que a la época de los Primates. Algunas sitúan el feminismo
a fines del siglo XIII, cuando Guillermine de Bohemia planteó crear una iglesia de
mujeres. Otras rescatan como parte de la lucha feminista a las predicadoras y brujas,
pero es a mediados del siglo XIX cuando comienza una lucha organizada y colectiva.
Las mujeres participaron en los grandes acontecimientos históricos de los últimos
siglos como el Renacimiento, la Revolución Francesa y las revoluciones socialistas.
De los orígenes, de la historia, y de las vidas de grandes mujeres, podría estar
escribiendo horas y horas, pero no lo voy a hacer en este artículo. Eso sí, y como
estamos hablando del Día de la Mujer, y de lo ridículo que supone tener que escuchar
y leer que para cuando el Día del Hombre, o que el Día de la Mujer se celebra
trabajando o divirtiéndose, conviene contextualuzar el Día, más que nada para tapar
algunas conciencias, ya que sé que hay vergüenzas que jamás se van a extinguir.
Fue un 8 de marzo de 1857 cuando un grupo de mujeres empezaron a revelarse. Las
trabajadoras textiles de la fábrica Lower East Side de Nueva York organizaron una
marcha en protesta de sus precariedad laboral y salarial, ya que cobraban alrededor
del 70% menos que los hombres, a pesar de suponer la casi totalidad de la plantilla
trabajadora. El acto fue boicoteado por la fuerte represión policial. Cincuenta y un
años después, en 1908 tuvo lugar uno de los acontecimientos más trágicos en la
historia reivindicativa de la mujer. En la misma ciudad, Nueva York, 40.000 costureras
industriales organizaron una huelga para manifestarse. Sus peticiones eran la igualdad
de derechos, la reducción de jornada laboral (era de 12 horas o más), la abolición de la
explotación infantil y el derecho a unirse a sindicatos. Ese día pasó a la historia no solo
por esa lucha, sino porque en una de las fábricas donde se realizaba la huelga, los
propietarios ordenaron cerrar puertas y ventanas y atrapar en su interior a las
manifestantes. Un incendio acabó con la vida de 120 mujeres que estaban allí
luchando. Pero tuvo que pasar 67 años para que la ONU proclamara el 8 de marzo
como una fecha clave para reivindicar y conmemorar la lucha de las mujeres en el
mundo.
Realmente es estremecedor. Mujeres que murieron por defender unos derechos y aún
así seguimos minimizando esta ola imparable que ha venido para recordarlas y
quedarse.
¡Ésas sí que eran auténticas feministas y me representan! Se lee en las redes. Esas
mujeres fueron asesinadas en mucho caso, otras repudiadas o criticadas por el
entorno. Se me viene a la cabeza Clara Campoamor, la mujer que consiguió que las
mujeres pudiéramos votar a pesar de ser cuestionada de la misma manera que
nosotras lo somos ahora. Ni más ni menos. Esta ola feminista no es distinta, ni
especial, ni de imitación. Esta ola feminista es la continuación de las anteriores y la
previa a las que vendrán después, pues tendrán que pasar muchos años para que
verdaderamente tengamos la igualdad. La diferencia es que ahora utilizan la coacción y
la vejación contra nosotras. Ahora no nos pueden matar legalmente, aunque el
patriarcado lo haga todos los días.
Y no, no está politizada. Las mujeres somos lo suficientemente autónomas como para
tener la capacidad individual de manifestarnos sin necesidad de estar bajo la tutela de
aquellos que se creen que lo pueden tutelar todo, hasta nuestra maternidad. ¿O acaso
aquellos partidos que rechazan estos movimientos y se desmarcaron del 8 de marzo
no están politizando la Huelga Feminista insinuandoles a sus votantes que no fueran?
Pues no lo consiguieron, pues había mujeres de todos los colores políticos en forma de
una enorme cadena de apoyo, hermandad y visualización. Ceuta se llenó, como se
llenó otros territorios sin necesidad de regalar autobuses.
Aunque hay algo que es fácil de entender. Hay unos partidos que legislan para la
igualdad y lo han demostrado con hechos, y otros que no. Hay partidos que secundan
estos movimientos porque creen en ellos, y otros que no. La igualdad se consigue con
política, algo muy distinto a pensar que la igualdad está politizada, pues lo único que
está politizado últimamente es la defensa de una falsa Patria.
Así que sí, yo ayer hice Huelga como lo hicieron muchas mujeres de todos los sectores.
La primera lagrima me cayó cuando al despertarme vi que no estaba la voz de Pepa
Bueno en la Ser.
Sobraban los motivos.
Yo paré por aquellas mujeres que lucharon para que hoy pudiera estar aquí haciendo
este artículo de opinión. Por las que lucharon para que pudiera tener una vida
independiente. Incluso, hice Huelga por todas aquellas mujeres que me insultan en las
redes cada vez que hablo de igualdad, por quienes me llaman Feminazi y por quienes
van a votar a los partidos que quieren quitar la Ley Integral contra la Violencia de
Género y humillan al feminismo.
Y lo hago porque realmente no saben lo que hacen.
Gracias a las feministas podemos trabajar, votar, abrir una cuenta en el banco, decidir,
estudiar, divorciarnos, es decir, vivir, respirar.
También hice Huelga y me concentré por las mujeres que tienen miedo, por las que no
pueden permitirse el lujo de parar y por las que ya no están por culpa del patriarcado.
Por esas mujeres asesinadas, torturadas y violadas. Debajo de una tumba no se puede
gritar.
Hice Huelga por las que cobran menos, por las que no pueden alcanzar puestos de
responsabilidad y por las que no pueden conciliar.
Por esas mujeres que son usadas sexualmente o son traficadas. Por las que cruzan con
bultos la frontera, por las empleadas de hogar que no están aseguradas.
Pero si hay algo que me hizo lanzarme a la calle fue ella, mi hija, aunque no me
entienda, porque sé que cuando sea mayor logrará comprender que no estaba tan loca
y que todo lo hacia para que ella no tuviera que sentir miedo, solamente por ser
mujer.
Paré, pero parar no significa quedarse quieta, mucho menos sin voz.
Así que únicamente pido una cosa. No me frenéis, no le quitéis las ganas a las que
tenemos fuerza, ilusión y energías para luchar. No ridiculicéis a quienes creemos en
esta batalla y sabemos que con la acción y el ruido podemos seguir cambiando el
mundo.
Porque si no te vas a poner junto a mí, junto a nosotras, al menos no me frenes, no nos
frenéis.
Y por ultimo, gracias a todos los hombres aliados del feminismo, que sois la inmensa
mayoría, porque los único que están en contra de este movimiento son los machistas.
O eres machistas o eres feministas.
El feminismo es definido por la RAE como un “principio de igualdad de derechos de la
mujer y el hombre”.
¿Alguien puede estar en contra de esto?

Hace más de cuatro décadas que Margo Glantz (Ciudad de México, 1930), premio FIL
Guadalajara 2010, logró que se publicara una de sus obras de ficción. Eran los años 70
y había esquivado en más de una ocasión los desprecios a su obra. “Mis primeros libros
nadie los quiso publicar. Era profesora de universidad y solo querían ensayos.
Rechazaban los de ficción y en parte se debía a que era mujer. Mi siguiente obra
también la tuve que pagar a cuenta de autor”, señala.

También sonaba extraño que Nona Fernández (Santiago de Chile, 1971) se adentrase
en la historia política chilena en sus novelas, en lugar de abarcar los temas que una
larga tradición ha adjudicado a las mujeres. “Llegué con uno de mis libros y les gustó
pero me dijeron que por qué no escribía sobre la bulimia. Entonces me di cuenta de
que estaba entrando en territorio masculino”, cuenta la escritora, galardonada en
2017 con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz.

Las tres han sobrepasado fronteras, han roto con los límites establecidos y se han
rebelado frente a los prejuicios de la industria del libro donde también está incrustado
el machismo que ha permeado todo desde tiempos remotos. “Hay un cielo [literario] y
nosotras estamos en el purgatorio o en el limbo. Se cree que la intelectualidad es para
los hombres”, añade la nicaragüense Gioconda Belli (Managua, 1948). La misoginia se
resiste a abandonar el mundo de las letras donde sin embargo han ejercido desde hace
décadas su poder un buen número de agentes literarias como la ya fallecida Carmen
Balcells (1930-2015) y de editoras - Elena Ramírez (Seix Barral), Silvia Sesé (Anagrama)
o Beatriz Moura (Tusquets)-. Y que además en este 2018 ha mirado más que nunca a la
escritoras. Todos los premios nacionales de literatura en España han sido para ellas,
con excepción del de historia. También el Cervantes recayó sobre Ida Vitale quien
además se hizo con el FIL de Lenguas romances. Un reconocimiento que otorga la Feria
Internacional del Libro de Guadalajara que en esta edición ha dado más visibilidad que
nunca a las escritoras. En el encuentro literario más importante en español se han
celebrado más de una decena de mesas para hablar de Me Too, feminismo y letras.

“No me gustaría que me diesen un premio por ser mujer, ni que me incorporen a una
mesa porque necesitan un cupo femenino. No quiero ser la figurita que les arregla la
fiesta. Pero tampoco me agradaría no aparecer porque se actúe con pereza y no se
busque a mujeres debido a que sus nombres son menos evidentes”, defiende la
argentina Leila Guerriero (Junín, Argentina, 1967).

Se ríe Restrepo de los mecanismos de algunos autores para conservar su fama. “Es la
salvación del último mohicano”, cuenta mientras sonríe. Le divierte el juego de
traspaso del prestigio en el que entran algunos escritores y del que -asegura- también
participan las editoriales. “Proliferan en los libros las carátulas [y las fajas] en las que se
dice que un autores el nuevo Franz Kafka, Thomas Mann, William Faulkner, o Ernest
Hemingway. Nunca he leído que un hombre herede la literatura de Marguerite
Yourcenar, ni que una autora escriba como Goethe”.

De hecho, el último libro de Belli, Las fiebres de la memoria, que aborda la huida de un
noble francés que tiene que crear una nueva identidad en Nicaragua, iba a quedar
resumido en la contraportada como “una novela de amor, misterio y aventura”. “Es
producto del marketing, al final pudimos cambiarlo”, señala la autora de La mujer
habitada. “Se realiza una segmentación de mercado en la que tratan de convertir
nuestros libros en un producto para las mujeres, cuando en realidad yo por ejemplo
tengo un buen número de lectores. Esto afecta a la visibilidad porque la crítica, casi
toda hecha por hombres, compra esa idea y pasa por encima de la literatura de las
mujeres”.
https://elforodeceuta.es/opinion-tu-no-eres-machista-ni-feminista-tu-eres-tonto/

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