La Inmortalidad Del Alma
La Inmortalidad Del Alma
El cuerpo es la
cárcel del alma
inmortal.
Platón
1
ÍNDICE
PREFACIO .................................................................................................................................4
La creación ........................................................................................................................4
La inmortalidad en el Edén y el engaño satánico ..............................................................7
EL ALMA .................................................................................................................................13
Introducción .....................................................................................................................13
Definiciones .....................................................................................................................13
Nefesh en el Antiguo Tstamento ......................................................................................14
Nefesh según el Diccionario Expositivo VINE ...............................................................15
Nefesh según el Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia ..............................................16
Cuatro conclusiones .........................................................................................................16
Psyjé en el Nuevo Testamento.........................................................................................17
Resultados sobre el análisis de las palabras “nefesh” y “psyjé” ....................................19
Conclusión .......................................................................................................................20
LA RESURRECCIÓN ..............................................................................................................22
Inconsistencias de la inmortalidad del alma con la doctrina de la resurrección ..............22
La resurrección, ¿cómo es? .............................................................................................26
La resurrección de Cristo .................................................................................................28
Alentadoras y entusiastas promesas ................................................................................31
La transfiguración ............................................................................................................33
2
LA INMORTALIDAD DEL ALMA Y SUS NEFASTAS CONSECUENCIAS ....................58
Introducción .....................................................................................................................58
Falsas creencias cristianas (católicas) sustentadas en la inmortalidad del alma..............59
El más grave daño que ha hecho a la fe cristiana la inmortalidad del alma ....................74
3
PREFACIO
Para quienes creen de esa manera, este «ser» es la esencia espiritual del hombre que lo
identifica con el SER de Dios. Es el asiento de los pensamientos, los sentimientos, la
conciencia y la voluntad.
LA CREACIÓN
4
Se deduce de aquí que no hubo un «ser espiritual» preexistente, ni tampoco fue creada
un «alma» separada e independiente del cuerpo de Adán y puesta después en él como
algo distinto y adicional. El proceso es:
Gn. 1.26a: Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a
nuestra semejanza…
Por eso afirmamos que «cuerpo», «alma» y «espíritu» forman un solo ser integral (el
hombre a imagen de Dios) y por lo tanto en su desempeño son inseparables.
1 Te. 5.23: Que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser—
espíritu, alma y cuerpo— sea guardado irreprochable para la venida de nuestro Señor
Jesucristo.
Cuando se rompe esa integración con la muerte, que es la vuelta a Dios del soplo o
aliento de vida, muere la materia y deja de existir el «alma» (la semejanza de Dios) en el
ser viviente que fue el hombre. Todo queda igual que antes, cuando el «alma» de Adán
no existía por ninguna parte.
Gn. 3.19: Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra,
porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo volverás.
No hay aquí la promesa, ni tan siquiera el anuncio por parte de Dios a Adán, de un
«alma inmortal» que continuará viviendo después de la muerte. Cosa que nos parece
imprescindible si fuera así. Eso brilla por su ausencia.
5
Ec. 12.7: …antes que el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios
que lo dio.
Sal. 104.29,30: Escondes tu rostro, se turban; les quitas el hálito, dejan de ser y vuelven
al polvo. Envías tu espíritu, son creados y renuevas la faz de la tierra.
Ec. 3.19,20: Pues lo mismo les sucede a los hijos de los hombres que a las bestias: como
mueren las unas, así mueren los otros, y todos tienen un mismo aliento de vida. No es
más el hombre que la bestia, porque todo es vanidad. Todo va a un mismo lugar; todo
fue hecho del polvo, y todo al polvo volverá.
Tres palabras definen el espíritu como aliento vital: nefes, ruakh y neshamah, y
según todas este aliento lo pone Dios para el inicio de la vida. Al primer
hombre, Dios le «sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser
viviente» (Gn 2.7). Jehová es el Señor del aliento que el hombre posee (Job
27.3; 33.4). Como tal, cuando Jehová retira el aliento de la persona, regresa a Él
que lo dio y el cuerpo vuelve al polvo de la tierra (Job 34.14, 15; Sal 104.29s;
143.7; Ec 12.7).
Todo lo expuesto anteriormente es bastante como para poner en duda que exista un
«alma inmortal consciente» más allá de la tumba.
6
LA INMORTALIDAD EN EL EDÉN Y EL ENGAÑO SATÁNICO
La inmortalidad de su ser integral (espíritu, alma y cuerpo), fue uno de los atributos
suyos que el Creador le concedió a la primera pareja; y habrían de conservarla para
siempre sólo con una condición: que no pecaran. Si pecaban morirían y perderían esa
parte tan importante de la imagen de Dios.
Gn. 2.17: …pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el
día que de él comas, ciertamente morirás.
Gn. 3.3: …pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis
de él, ni lo tocaréis, para que no muráis.
El diablo los engañó haciéndoles creer que no morirían, aun cuando pecaran.
Está bien claro que Dios dispuso para el hombre la muerte y no la inmortalidad:
Gn. 2.9a: E hizo Jehová Dios nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista y bueno
para comer; también el árbol de la vida en medio del huerto...
Gn. 3.22-24: Luego dijo Jehová Dios: El hombre ha venido a ser como uno de nosotros,
conocedor del bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, tome también del
árbol de la vida, coma y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto de Edén, para
que labrara la tierra de la que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso
querubines al oriente del huerto de Edén, y una espada encendida que se revolvía por
todos lados para guardar el camino del árbol de la vida.
7
EL SER HUMANO ES UN SER INTEGRAL
INTRODUCCIÓN
Sin embargo, además de todo cuanto nos dice la Escritura, también la experiencia
iluminada por la razón nos advierte que el hombre es un ser integral. Racionalmente no
puede existir y desempeñarse el alma separada del cuerpo.
Hagamos primero una aclaración sobre el hálito (espíritu) de vida para explicarnos
mejor.
En Eclesiastés se nos dice que tanto el hombre como los animales provienen del polvo y
que el aliento de vida de ambos es el mismo (Ec. 3.18-20). Si esta afirmación la
comparamos con la creación del Génesis, nos daremos cuenta del grande y poderoso
espíritu divino que es el «aliento de vida».
Los animales fueron creados del agua (Gn. 1.20,21) y de la tierra (Gn. 1.24,25; 2.19). El
hombre fue creado también de la tierra (Gn. 2.7). Y de igual manera las plantas fueron
creadas de la tierra (Gn. 1.11,12). O sea, todo lo viviente fue creado por Dios y tiene su
origen en la materia muerta.
Es un hecho científicamente comprobado que todos los seres vivos (plantas, animales y
el ser humano) están constituidos por los mismos elementos químicos simples que puede
haber en cualquier puñado de tierra. Pero hay algo sumamente importante: Estos
elementos químicos simples que se hallan en cualquier puñado de tierra, están formados
por átomos y moléculas inertes, sin vida. Mientras que en los seres vivientes están
organizados en células vivas, con todas las características que diferencian a un ser vivo
8
(un árbol) de un ser muerto (una piedra): Nacer, alimentarse, crecer, reproducirse y
morir.
¿Cómo es posible que estos átomos y moléculas de los elementos químicos inertes se
organicen y formen células vivas con todas las maravillosas características de los seres
vivientes? Se debe al gran poder que tiene el «hálito (espíritu) de vida» que Dios
impregnó en la materia muerta, para crear plantas, animales y al hombre.
Y lo más maravilloso de todo es que esta creación mediante «el aliento o espíritu de
vida» se da de manera permanente todos los días.
Cuando una mujer concibe en su seno un nuevo ser, lo que se incrusta en las paredes de
su útero, es sólo una «criatura» microscópica, que habrá de crecer y convertirse en una
criatura humana en apenas nueve meses. Pero vale preguntarse: ¿Cómo se producirá
físicamente esa criatura? ¿De qué se formarán sus pulmones, sus ojos, su piel, sus
huesos? ¿Cómo puede llegar a alcanzar cinco o diez libras de materia una microscópica
partícula de ella?
¡Qué poder extraordinariamente maravilloso tiene el hálito (espíritu) de vida que Dios
sopló en la nariz de Adán! Él puede convertir átomos y moléculas muertas, en células
vivas, que a su vez formarán tejidos, los tejidos, órganos, y éstos formarán esa gran
maravilla de la vida que se llama «la criatura humana».
Igual prodigio ocurre con el animal que nace, o con la pequeña semilla de la cual crece
un frondoso árbol. Todos toman de la tierra los elementos químicos inertes, para
transformarlos en células, y a éstas en órganos y seres vivos.
Ese es el «hálito o espíritu de vida» que comparten plantas, animales y el hombre, y que
cuando se pierde y vuelve a Dios que lo dio, sobreviene la muerte del ser vivo. Diríamos
9
que es un poder espiritual dado a la materia, una fuerza, más modernamente, una energía
milagrosa impregnada por Dios en la materia.
El alma es otro poder, otra fuerza, otra virtud de Dios, un atributo suyo, una facultad, su
propia imagen, impregnada también por Él en la materia; pero sólo otorgada al hombre.
El «hálito (espíritu) de vida» es el poder de hacer que la materia muerta adquiera la vida.
El «alma» es el poder divino de hacer pensar, sentir, tener conciencia y voluntad a la
materia en ese ser vivo que es el hombre.
Cierto hombre se encuentra en un estado normal de salud. Sus facultades espirituales las
ejerce con normalidad: piensa, siente, juzga, actúa. Pero en un segundo sufre un golpe
fuerte en la cabeza o un trastorno cerebral que le daña las células del cerebro y se queda
como un vegetal: no piensa, no siente, no juzga, no tiene voluntad. ¿Qué se dañó: el
alma o las neuronas?
Indudablemente fueron las neuronas. Sin embargo, con el daño de ellas el hombre perdió
las facultades espirituales del alma. ¿Ella desapareció? ¿O simplemente no pueden
manifestarse las facultades de la imagen de Dios en el hombre, del alma, porque es parte
integral del cuerpo?
Otro ejemplo: El Síndrome de Down está catalogado como la causa más frecuente de
discapacidad psíquica congénita. Una clara limitación de las facultades del alma. Pero,
¿a qué se debe que una persona con este mal no pueda pensar bien, sentir plenamente, o
tener una conciencia absolutamente clara? ¿A una deficiencia espiritual del alma o a un
defecto físico del cuerpo?
Se sabe que las células del ser humano poseen cada una en su núcleo 23 pares de
cromosomas. El Síndrome de Down se debe a una alteración en el par número 21 de los
23 pares de cromosomas que tienen las células humanas.
10
¿Cómo se explica racionalmente que si el alma es un «ser» con existencia y funciones
espirituales propias, con la capacidad de existir en estado consciente pleno aun después
de la muerte del cuerpo, se vea limitada en sus funciones espirituales, no ya solamente
por un defecto de las neuronas alojadas en el cerebro, sino por un defecto de las células
que forman todo el cuerpo?
¿Cómo es posible que si el alma está limitada en su función por el hecho de que el
cuerpo esté enfermo (como es en este caso del Síndrome de Down), pueda manifestarse
plenamente aun cuando ese cuerpo esté muerto?
Por último, en las enfermedades psiquiátricas, donde a todas luces se ven afectadas las
capacidades espirituales del alma, los médicos tratan con medicamentos, electroshock y
otros recursos a partes físicas del cuerpo: el cerebro, el sistema nervioso, etc., y en
muchísimos casos obtienen buenos o completos resultados. Si el alma tiene una
existencia y función independientes y separadas del cuerpo, si no está integrada con él y
es parte de él, ¿cómo es que los médicos pueden curar “sus enfermedades” sanando las
partes físicas del cuerpo?
Aunque quizás sea un tanto burda y no del todo completa esta comparación que sigue, sí
ejemplifica un poco este asunto: el alma y el cuerpo pueden compararse al fluido
eléctrico (el alma) y a la bombilla (el cuerpo). No puede haber luz en la bombilla sin
ambas cosas a la vez y en el estado pertinente la bombilla. Así no puede existir la
manifestación espiritual del alma, sin un cuerpo físico en las condiciones correctas para
ser el soporte de su ejecutoria. No puede ni existir ni actuar el alma por sí misma sin el
cuerpo. Ni antes y mucho menos después de la muerte. El ser humano es un ser integral.
La Biblia y la razón no favorecen a la teoría de una separación del cuerpo y del alma, y
mucho menos a la inmortalidad de esta última.
Por eso afirmamos con plena seguridad, que con vida (espiritual o biológica) y actividad
en el universo, sólo existen estos seres:
11
Dios, los ángeles de Dios, los ángeles caídos, los seres humanos vivos, los animales y
las plantas.
Fuera de eso no existe nada más, a no ser la materia inerte. No existen almas inmortales
en el cielo, en el infierno, en el purgatorio o errantes por el mundo haciendo el bien o el
mal. Las almas de los muertos no se aparecen entre los vivos, porque simple y
llanamente no existen. Ya lo hemos afirmado antes, cuando se rompe la integración que
forman el aliento de vida, el alma y el cuerpo con la muerte, desaparece todo: El hálito
de vida (espíritu no consciente) vuelve a Dios que lo dio, el cuerpo vuelve al polvo de la
tierra de donde fue tomado; por lo tanto dejan de existir las facultades racionales y
espirituales, el alma, (la imagen de Dios en el hombre). Hasta el gran milagro de la
resurrección donde todo esto se recompone en el mismo ser que fuimos en vida, pero
glorificado a la imagen de Cristo.
12
EL ALMA
INTRODUCCIÓN
¿Se puede armar la doctrina de la inmortalidad del alma basada en textos bíblicos
exclusivamente, sin argumentar de antemano la especulación filosófica?
DEFINICIONES
El alma es una de las tres entidades del hombre. En el alma se hallan los
instintos, sentimientos y emociones del hombre. El alma es más sensible que el
cuerpo, ya que está en un grado mucho mayor.
Ya hemos dicho antes que, según nuestro criterio, el alma es la imagen de Dios en el ser
humano, no un «ente» o «ser» aparte y con existencia propia. El Señor dijo «hagamos al
hombre a nuestra imagen». El alma es lo que hace al hombre parecido a Dios y distinto
de los animales: son el raciocinio, los sentimientos, la conciencia, la voluntad y muchos
otros atributos morales y espirituales, de los cuales carecen los seres irracionales.
13
«Alma» según el Diccionario Ilustrado de la Biblia
Sin ir más lejos en las explicaciones, podemos entender que las palabras de los textos
originales (nefesh en el hebreo del Antiguo Testamento y psyjé en el griego del Nuevo
Testamento) de donde se traduce nuestro vocablo «alma», no tienen un solo significado,
sino muy variado.
Significa garganta, canal de la respiración o cuello: Sal. 69.1 ¡Sálvame, Dios, porque las
aguas han entrado hasta el alma! (nefesh). Jonás 2.5 Las aguas me envolvieron hasta el
alma (nefesh).
Aliento, respiración, expulsar aire de los pulmones: Job 41.21 Su aliento (nefesh)
enciende los carbones... Gn. 35.18 Ella, al salírsele el alma (nefesh) —pues murió—...
También significa vida: Lv. 17.11 ...porque la vida (nefesh) de la carne en la sangre
está... Sal. 72.13 ...salvará la vida (nefesh) de los pobres... 1 R. 17.21 Jehová, Dios mío,
te ruego que hagas volver el alma (nefesh) a este niño.
14
Un ser vivo, persona o animal: Gn. 1.20 Produzcan las aguas seres (nefesh) vivientes...
Gn. 2.7 ...y fue el hombre un ser (nefesh) viviente. Éx. 1.5 Todas las personas (nefesh)
de la descendencia de Jacob fueron setenta.
Con nefesh también se designa a un cadáver: Lv. 21.1 ...que no se contaminen por un
muerto (nefesh) en sus pueblos. Lv. 19.28 No haréis incisiones en vuestro cuerpo por un
muerto (nefesh). Nm. 6.6 Durante todo el tiempo que se aparte para Jehová, no se
acercará a persona muerta (nefesh).
Se dice que la nefesh muere (Los textos son de una edición de 1884 de la Reina-Valera):
Nm. 23.10 Muera mi alma (nefesh) de la muerte de los rectos, y mi postrimería sea
como él. Jue. 16.30: Y haciendo esto, dijo Samson: Muera mi alma (nefesh) con los
filisteos.
La nefesh no es algo distinto del cuerpo que baja al Seol (lugar de los muertos): Sal.
16.10 ...porque no dejarás mi alma (nefesh) en el seol, ni permitirás que tu santo vea
corrupción. Sal. 30.3 Jehová, hiciste subir mi alma (nefesh) del seol. Me diste vida, para
que no descendiera a la sepultura. Pr. 23.14: Castígalo con la vara y librarás su alma
(nefesh) del seol.
Se usa también para el ser de Dios: Sal. 11.5 Jehová prueba al justo; pero al malo y al
que ama la violencia, los repudia su alma (nefesh). Zac. 1.8 pues mi alma (nefesh) se
impacientó contra ellos, y su alma (nefesh) también se hastió de mí.
15
Más bien en el hebreo se contraponen dos conceptos que no se encuentran en
la tradición grecolatina: «el ser interior» y «la apariencia externa», o puesto de
otra manera: «lo que somos para nosotros mismos», en contraposición a «lo que
otros creen ver en nosotros». El ser interior es nefesh, mientras que el ser
externo, la reputación, es sem, cuya traducción más frecuente es «nombre».
La nefesh no es algo distinto del cuerpo que baja al Seol, sino el ser humano
total.
A los habitantes del Seol no se les llama «almas» ni espíritus, sino «muertos»
(refaim en Sal. 88.10; metim en Is. 26.14,19).
CUATRO CONCLUSIONES
16
¿De la religión de los israelitas, o mejor dicho, de la religión de los israelitas del Antiguo
Testamento, que no tiene ni palabras ni concepciones sobre ese asunto?
¿O de las filosofías y religiones griegas y romanas paganas, que sí contenían el concepto
de un alma distinta y separada del cuerpo?
La respuesta es obvia.
PSYJÉ EN EL NUEVO TESTAMENTO
Puede referirse tanto a un animal como a personas: Ap. 16.3 ...y murió todo ser (psyjé)
viviente que había en el mar. Ro. 13.1 Sométase toda persona (psyjé) a las autoridades
superiores... Hch. 7.14 ...en número de setenta y cinco personas (psyjé). Hch. 27.37 Y
éramos todas las personas (psyjé) en la nave doscientas setenta y seis.
En ocasiones psyjé significa «yo mismo», «mi alma»: Mt. 12.18 ...en quien se agrada mi
alma (psyjé). Jn. 12.27 Ahora está turbada mi alma (psyjé).
Pero también significa «vida física», la vida que alienta la materia: Mt. 6.25 No os
angustiéis por vuestra vida (psyjé), qué habéis de comer o qué habéis de beber... Mr.
8.35-37 Todo el que quiera salvar su vida (psyjé), la perderá; y todo el que pierda su
vida (psyjé) por causa de mí y del evangelio, la salvará, porque ¿de qué le aprovechará
al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma (psyjé)? ¿O qué recompensa dará el
hombre por su alma (psyjé)?
Como puede entenderse muy bien, si se tradujera este texto de Marcos de otra manera,
no se estaría cometiendo algún error, porque estaría en perfecta armonía con el contexto
de las palabras de Jesús. Veamos: Todo el que quiera salvar su vida (psyjé), la perderá;
y todo el que pierda su vida (psyjé) por causa de mí y del evangelio, la salvará, porque
¿de qué le aprovechará al hombre ganar todo el mundo, si pierde su vida (psyjé)? ¿O
qué recompensa dará el hombre por su vida (psyjé)?
En todo este texto psyjé significa literalmente vida física, la vida que alienta la materia.
No tiene porqué traducirse la primera parte con esa idea y la segunda de otra manera,
insinuando así la existencia de un alma espiritual, inmaterial, independiente del cuerpo e
inmortal. Quienes así la han traducido es porque tienen como premisa la doctrina de la
inmortalidad del alma. Pero el contexto no refleja realmente esa idea.
17
Mt. 10.28: No temáis a los que matan el cuerpo pero el alma (psyjé) no pueden matar;
temed más bien a aquel que puede destruir el alma (psyjé) y el cuerpo en el infierno.
Si tenemos en cuenta que psyjé de igual forma significa «vida física», la vida que alienta
la materia, este texto bien podría traducirse también de esta otra manera:
No temáis a los que matan el cuerpo pero la vida (psyjé) no pueden matar; temed más
bien a aquel que puede destruir la vida (psyjé) y el cuerpo en el infierno.
Así el texto significaría que Dios es el autor y el dueño de aquel «hálito de vida» que
sopló en el Edén en la nariz de Adán, cuando todavía éste era una figura muerta hecha
de tierra. Ese «hálito de vida» vuelve a Dios como dueño que es de él, cuando el hombre
muere. Por lo tanto, nadie lo puede destruir, aunque destruya el cuerpo, que sí es «polvo
de la tierra».
Otros textos donde psyjé significa la vida natural del cuerpo: Mt. 2.20 (Nuevo
Testamento Interlineal Griego-Español) ...han muerto los que buscaban la vida (psyjé)
del niño...
La Versión Popular Dios Habla Hoy traduce este versículo de la siguiente manera:
...porque ya han muerto los que querían matar al niño...
Según el texto griego, Herodes y sus secuaces lo que buscaban para arrebatársela, era la
psyjé del niño Jesús.
18
La Versión Popular Dios Habla Hoy traduce este versículo de Apocalipsis de la
siguiente manera: …no tuvieron miedo de perder la vida (psyjé), sino que estuvieron
dispuestos a morir.
Según esta versión, que también fue traducida de los originales griegos, lo que
estuvieron dispuestos a perder los fieles con la muerte fue la psyjé (¿el alma o la vida?).
Bueno, es ahí donde se evidencia la preferencia teológica: Si crees en la inmortalidad del
alma, entonces preferirías admitir que aquí psyjé es vida, no alma.
En una visión de personas: Ap. 6.9 Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las
almas (psyjé) de los que habían muerto por causa de la palabra de Dios y del testimonio
que tenían.
¿Por qué no traduce la Reina-Valera aquí psyjé como «personas» o «seres», tal y como
lo ha hecho en otros versículos? Por lo mismo: se trata de insinuar la inmortalidad del
alma.
La Versión Popular Dios Habla Hoy lo traduce de otra manera. Veamos: Cuando el
Cordero rompió el quinto sello, vi debajo del altar a los que habían sido degollados por
haber proclamado el mensaje de Dios y haber sido fieles a su testimonio.
Hemos hecho todo este examen de los términos en algunos versículos de muestra, con el
fin de llegar a la conclusión de que para investigar si el alma es inmortal o no, no es
correcto ni confiable depender nada más que de los usos de la palabra «alma» en
nuestras traducciones españolas de la Biblia, por cuanto las palabras en los originales y
de las cuales se traduce la palabra «alma» (nefesh en el Antiguo Testamento y psyjé en
el Nuevo Testamento) tienen muy variados significados según sus contextos, y en
dependencia de la teología de los traductores y de los revisores, pues las van a traducir o
a revisar.
19
encontrar las traducciones de «nefesh» y «psyjé» como «alma», en aquellos textos que
puedan dar pie a creer en su inmortalidad; pero en los otros, donde pueda aparecer como
que muere, o que es temporal, pues no han traducido «alma», sino «aliento», «ser
viviente», «ser humano», «persona», «vida», «yo», «muerto», etc. Por eso, repetimos, no
es confiable depender nada más del uso de la palabra «alma» en las traducciones
españolas para afirmar o negar su inmortalidad.
CONCLUSIÓN
Vamos a hacer una comparación para explicarnos mejor: Otra doctrina que tampoco está
expuesta explícitamente en la Sagrada Escritura es la doctrina sobre la divinidad de
Cristo. O sea, que Cristo es Dios y hombre al mismo tiempo. Sin embargo, esta doctrina
sí cuenta con abundantes textos en la Biblia para crearla y fundamentarla. No ocurre así
con la doctrina de la inmortalidad del alma. Hay muchos versículos que afirman o
prueban clara y fehacientemente que Cristo es Dios. Con ellos se puede armar la
doctrina de la divinidad de Cristo sin ninguna duda. Pero no se puede hacer lo mismo
con la doctrina de la inmortalidad del alma. Esta doctrina no se puede armar sustentada
sólo en versículos bíblicos. Es imprescindible adquirirla de antemano como un
«concepto filosófico», para después imaginarla implícita en unos pocos versículos
bíblicos. Pero esos versículos bíblicos por sí solos, sin la especulación filosófica
previamente concebida, no son ni suficientes ni mucho menos evidentes para sustentar
consistentemente la doctrina.
¿Qué hacen los exponentes de la inmortalidad del alma? Pues toman esos poquísimos
versículos donde dicha inmortalidad parece estar implícita y de ahí sustentan la doctrina.
Tal es el caso, por ejemplo, de:
20
Lc. 23.43: Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el
paraíso.
2 Co. 5.8 Pero estamos confiados, y más aún queremos estar ausentes del cuerpo y
presentes al Señor.
Flp. 1.23 De ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con
Cristo, lo cual es muchísimo mejor.
Como decíamos, si no hubiera existido previamente el concepto metafísico de la
inmortalidad del alma en las filosofías y en las religiones grecorromanas, así como en
algunas sectas judías, ESTOS VERSÍCULOS POR SÍ SOLOS NO PODÍAN HABER
DADO LUGAR AL DESCUBRIMIENTO Y ENTENDIMIENTO DE ESTA
DOCTRINA EN LA BIBLIA. La idea ya existía en estas esferas paganas y judías, y los
teólogos cristianos de los primeros siglos la tomaron prestada de allí y la incorporaron a
la fe cristiana, usando como fundamento estos y otros exiguos versículos.
Sin embargo, lo más importante es demostrar que este credo resulta inconsistente o
contradictorio a la luz de otras doctrinas y creencias que sí están bien explicadas en la
Palabra de Dios. Veamos los próximos capítulos.
21
LA RESURRECCIÓN
Los teólogos de la inmortalidad dicen que la resurrección es del cuerpo físico nada más.
Pero eso no lo enseña la Biblia. La Sagrada Escritura dice que habrá resurrección, y
punto, sin decir que es del cuerpo nada más. ¿Cómo fue que Cristo, Pablo y los otros que
escribieron acerca de la resurrección pasaron por alto un asunto de tanta importancia y
trascendencia, como era enseñar que la resurrección se efectuaría nada más en el cuerpo,
puesto que el alma nunca moriría? El Nuevo Testamento mantiene un silencio muy
elocuente sobre este particular.
Además, la simple lógica nos indica que si después de la muerte inmediatamente las
almas de los salvados van a gozar de la vida eterna en el reino de los cielos, y las de los
perdidos van a ser castigadas en el infierno, ¿para qué hace falta la resurrección de los
cuerpos? Se hace innecesaria.
Ahora bien, ¿cómo puede representar la esencia de la salvación algo que también puede
ser innecesario?
1 Co. 15.12-18: Pero si se predica que Cristo resucitó de los muertos, ¿cómo dicen
algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?, porque si no hay
resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es
entonces nuestra predicación y vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos
testigos de Dios, porque hemos testificado que Dios resucitó a Cristo, al cual no
resucitó si en verdad los muertos no resucitan. Si los muertos no resucitan, tampoco
Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: aún estáis en vuestros
pecados. Entonces también los que murieron en Cristo perecieron.
22
Notemos como Pablo condiciona la realidad de la futura resurrección de los muertos a la
resurrección de Cristo, y establece el paralelo entre una y la otra, para afirmar clara y
categóricamente que si no hay resurrección de muertos, entonces tampoco Cristo
resucitó.
Y en el contexto de esta idea hay algunas expresiones del apóstol que suenan muy alto
en contra de la supuesta inmortalidad del alma. Dicen así estas expresiones:
Pablo pone en duda con estas cuatro frases casi que el evangelio completo: la
predicación, la fe, el perdón de los pecados y la misma salvación. ¿Por qué? Dice que si
Cristo no resucitó, todo esto está descalificado.
Y uno se pregunta: ¿Cómo es que Pablo no se percata que la resurrección del cuerpo de
Cristo no sería tan imprescindible, si la inmortalidad de su alma fuera un hecho? ¿Cómo
no comprende que aun cuando el cuerpo de Cristo no hubiera resucitado, su alma
inmortal podía estar en el cielo y hacer de igual manera la redención? ¿Por qué
condiciona todas las grandes verdades del evangelio a la resurrección de Cristo y para
nada tiene en cuenta a la inmortalidad de su alma? Nos parece que la respuesta a estas
preguntas no son tan difíciles: Es que en la mente y en la teología de Pablo no está la
inmortalidad del alma. Para él la esencia, la esperanza y la validez de la redención y de
la salvación misma, están en la resurrección total e integral del Salvador, no en una
supuesta inmortalidad de su alma.
Y aunque el asunto principal que Pablo trata de exponer aquí es la resurrección de Cristo
como el fundamento para la esperanza de la resurrección del cristiano; también vale la
lógica de pensar que Pablo habla en tales términos, como si, de no haber resurrección,
después de la muerte nada hubiera.
¿Tampoco tenía en cuenta para esto el apóstol de los gentiles a la inmortalidad del alma?
Aunque no hubiera resurrección de los cuerpos, la inmortalidad del alma garantizaría de
23
todas maneras la salvación. ¿Por qué dice entonces que, si no hay resurrección,
«perecieron los que murieron en Cristo»?
Veamos como escribe en ese mismo capítulo, pero en el versículo 32: Si como hombre
batallé en Éfeso contra fieras, ¿de qué me sirve? Si los muertos no resucitan,
«Comamos y bebamos, porque mañana moriremos».
¡¿Cómo es posible que Pablo escriba así, si supuestamente su alma habría de ir para “el
cielo” inmediatamente después de su muerte, para gozar allí de la salvación al lado de
Cristo?!
¡¿Cómo es posible que aliente ciertos goces de la vida terrena y mundana (comer y
beber) como lo más importante, de no haber resurrección?!
Queda otro asunto inconsistente con la Sagrada Escritura: Si la resurrección es nada más
que del cuerpo, porque el alma está en el cielo o en el infierno: ¿cómo se efectuará en la
práctica esta resurrección? Veamos:
24
nuestros cuerpos la vida incorruptible uniéndolos a nuestras almas,
por la virtud de la Resurrección de Jesús.
1 Te. 5.23: Que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser—
espíritu, alma y cuerpo— sea guardado irreprochable para la venida de nuestro Señor
Jesucristo.
25
Ec. 9.5,6: Porque los que viven saben que han de morir, pero los muertos nada saben, ni
tienen más recompensa. Su memoria cae en el olvido. También perecen su amor, su odio
y su envidia; y ya nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.
Sal. 6.4,5: Vuélvete, Jehová, libra mi alma. ¡Sálvame por tu misericordia!, porque en la
muerte no hay memoria de ti; en el seol, ¿quién te alabará?
Sal. 88.10-12: ¿Manifestarás tus maravillas a los muertos? ¿Se levantarán los muertos
para alabarte? ¿Será proclamada en el sepulcro tu misericordia o tu verdad en el
Abadón? ¿Serán reconocidas en las tinieblas tus maravillas y tu justicia en la tierra del
olvido?
Sal. 115.16,17: Los cielos son los cielos de Jehová, y ha dado la tierra a los hijos de los
hombres. No alabarán los muertos a Jah, ni cuantos descienden al silencio.
Is. 38.18: Pues el seol no te exaltará ni te alabará la muerte; ni los que descienden al
sepulcro esperarán en tu verdad.
Hch. 10.34,35: David NO SUBIÓ A LOS CIELOS, pero él mismo dice: Dijo el Señor a
mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
¿Qué resucitará?
¿El alma?
¿Un cuerpo espiritual creado nuevo por Dios y distinto del que tenemos ahora?
26
¿Este mismo cuerpo que tenemos ahora, pero transformado, glorificado?
1 Te. 5.23: Que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser —
espíritu, alma y cuerpo— sea guardado irreprochable para la venida de nuestro Señor
Jesucristo.
Volvemos a citar este texto porque es muy importante. Pablo dice aquí que es todo el
ser. Lo que de nosotros va a estar presente el día de la venida de Cristo es nuestro ser
completo. No es el alma sola o un cuerpo espiritual ajeno al que tenemos ahora, como
algunos piensan. Pablo puntualiza: espíritu, alma y cuerpo.
1 Co. 15.35-38: Pero preguntará alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué
cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no vuelve a la vida si no muere antes. Y lo
que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, sea de trigo o de
otro grano. Y Dios le da el cuerpo que él quiere, y a cada semilla su propio cuerpo.
Saber cómo será el cuerpo de la resurrección no es una inquietud exclusiva del hombre
moderno. En la época de Pablo ya había quienes se interesaban por saber esto, debido a
la fuerte y penetrante influencia del pensamiento griego, que menospreciaba el valor del
cuerpo. Por ese motivo es que el apóstol de los gentiles asume la responsabilidad
inspirada de dar una explicación. Y comienza exponiendo lo que conocemos como la
«analogía de la semilla».
27
Pues este es el ejemplo que Pablo pone para dar la respuesta a las preguntas que tal
parece alguien le hiciera en Corinto: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo
vendrán?
1 Co. 15.42-44: Así también sucede con la resurrección de los muertos. Se siembra en
corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria;
se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará
cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal y hay cuerpo espiritual.
1 Co. 15.53,54: …pues es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción y que
esto mortal se vista de inmortalidad. Cuando esto corruptible se haya vestido de
incorrupción y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la
palabra que está escrita: «Sorbida es la muerte en victoria».
Esto corruptible y mortal, o sea, el cuerpo que tenemos ahora, no otro creado aparte, se
vestirá de incorrupción e inmortalidad. A eso es a lo que Pablo llama un «cuerpo
espiritual».
LA RESURRECCIÓN DE CRISTO
Sin embargo, la clave más importante para saber cómo será el cuerpo de los resucitados
es la resurrección de Cristo. Porque la Biblia afirma, sin lugar a dudas, que los cristianos
salvados serán semejantes al Cristo resucitado.
1 Co. 15.45-47: Así también está escrito: «Fue hecho el primer hombre, Adán, alma
viviente»; el postrer Adán, espíritu que da vida. Pero lo espiritual no es primero, sino lo
animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo
hombre, que es el Señor, es del cielo.
28
Notemos como Pablo habla en estos textos que tratan sobre el cuerpo de la resurrección,
de un «Adán espiritual», que se da después de un «Adán animal». Y que ese «Adán
espiritual» es Cristo. Vale la pregunta: ¿Cristo era absolutamente espiritual o también de
carne y de huesos?
1 Co. 15.48,49: Conforme al terrenal [¿a quién? a Adán], así serán los terrenales; y
conforme al celestial [¿a quién? a Cristo], así serán los celestiales. Y así como hemos
traído la imagen del terrenal [¿de quién? de Adán], traeremos también la imagen del
celestial [¿de quién? de Cristo].
1 Jn 3.2: Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos
de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo
veremos tal como él es.
Flp. 3.20,21a: Pero nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos
al Salvador, al Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo mortal en un cuerpo
glorioso semejante al suyo…
Lc. 24.36-43: Mientras aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos y
les dijo: —¡Paz a vosotros! Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían
un espíritu. Pero él les dijo: —¿Por qué estáis turbados y vienen a vuestro corazón estos
pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy. Palpad y ved, porque un
espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las
manos y los pies. Pero como todavía ellos, de gozo, no lo creían y estaban maravillados,
les dijo: —¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron un trozo de pescado asado y
un panal de miel. Él lo tomó y comió delante de ellos.
29
Este cuerpo de Cristo que vieron los discípulos no era un espíritu. Ellos pensaban
precisamente eso y Él los contradijo. Era de carne y de huesos. Tenía boca, dientes,
esófago y estómago, como para poder comer pescado y miel.
Jn. 20.24-29: Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando
Jesús se presentó. Le dijeron, pues, los otros discípulos: —¡Hemos visto al Señor! Él les
dijo: —Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los
clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré. Ocho días después estaban otra vez
sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, se
puso en medio y les dijo: —¡Paz a vosotros! Luego dijo a Tomás: —Pon aquí tu dedo y
mira mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino
creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: —¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo:
—Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron.
Dos secciones muy importantes hay en este texto y que quisiéramos señalar de manera
particular:
Luego dijo a Tomás: —Pon aquí tu dedo y mira mis manos; acerca tu mano y métela
en mi costado...
Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, se puso en medio y les dijo: —¡Paz a
vosotros!
Este cuerpo que tocó Tomás no era espiritual, sino de carne y de huesos. El podía meter
sus dedos y manos en las heridas de la crucifixión. Sin embargo, ese mismo cuerpo
podía entrar a una habitación sin abrir puertas o ventanas.
En Lucas 24.13-35 se relatan los sucesos en el camino de Emaús. Veamos dos de los
últimos versículos:
Lc. 24.30,31: Y aconteció que, estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan, lo
bendijo, lo partió y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos y lo reconocieron; pero
él desapareció de su vista.
Este cuerpo de Jesús era visible y tangible. Un cuerpo de carne y de huesos. Él mismo lo
afirmó así. Sin embargo, también podía desaparecer a la vista de las personas que lo
miraban, como si fuera un espíritu.
30
De todo esto asumimos que el cuerpo de la resurrección de Cristo fue un cuerpo de carne
y de huesos, pero sin las necesidades ni las limitaciones de un cuerpo con esa naturaleza.
Era un cuerpo espiritualmente glorificado.
Repitamos lo escrito por Juan y por Pablo
1 Jn. 3.2: Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos
de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo
veremos tal como él es.
Flp. 3.20,21: Pero nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al
Salvador, al Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo mortal en un cuerpo
glorioso semejante al suyo, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo
todas las cosas.
1 Co. 15.45-49: Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre, Adán, alma
viviente; el postrer Adán, espíritu que da vida. Pero lo espiritual no es primero, sino lo
animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo
hombre, que es el Señor, es del cielo. Conforme al terrenal, así serán los terrenales; y
conforme al celestial, así serán los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del
terrenal, traeremos también la imagen del celestial.
¿No son promesas estas muy hermosas y alentadoras? ¿No nos proporciona conocer esto
mucho entusiasmo y deseos de que ya llegue el tiempo? ¿Quién dice que seremos almas
o cuerpos etéreos e informes, volando por el aire y con dos alas a la espalda tocando un
arpa eternamente frente a un trono en los cielos? Sólo las creencias que el catolicismo
medieval nos legó como herencia postulan tales ideas. La salvación que nos muestra la
Palabra de Dios es algo diferente. Dinámica y hecha a la medida del hombre y para el
hombre.
Nuestra identidad individual y física es lo que sirve a los demás para conocernos en la
persona que somos y distinguirnos de otros seres humanos. Esto es algo que nos
31
acompañará siempre, aun en la eternidad. Esa identidad personal y única nos la da
nuestro cuerpo, no nuestra alma. Como vimos, vamos a traer en la resurrección un
cuerpo glorificado, cambiado, diferente, como la semilla que germina; pero seremos
nosotros mismos, los que estuvimos aquí en la tierra y así seremos conocidos.
Este será un cuerpo sin limitaciones ni necesidades, sin pecado y sin defectos de ninguna
naturaleza, incorruptible, glorioso, lleno de poder, inmortal y con las características
maravillosas que pudimos conocer en los evangelios estudiados del cuerpo glorificado
de Cristo. Pero con las capacidades y posibilidades de un cuerpo físico, tangible y
visible, tan real, como hasta para gustar de la comida y la bebida a la mesa en las bodas
del Cordero.
Cristo comió pescado y miel, pero también comió y bebió con sus discípulos antes de la
ascensión. De igual manera habrá de comer y beber junto con los salvados, en el reino
que establecerá al fin de los tiempos.
Hch. 10.40,41: A este levantó Dios al tercer día e hizo que apareciera, no a todo el
pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que
comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.
Lc. 22.14-16: Cuando era la hora se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo:
—¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta Pascua antes que padezca!, porque os
digo que no la comeré más hasta que se cumpla en el reino de Dios.
Mt. 26.29: Os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid hasta aquel
día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.
d) Lc. 22.28-30: Y vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis
pruebas. Yo, pues, os asigno un Reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que
comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino y os sentéis en tronos para juzgar a las doce
tribus de Israel.
e) Lc. 13.29: Vendrán gentes del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se
sentarán a la mesa en el reino de Dios.
32
LA TRANSFIGURACIÓN
Hay en los evangelios un dato que nos confirma en esta creencia que hemos sustentado
sobre la identidad y naturaleza física de nuestro cuerpo en la resurrección. En Mateo
16.28 dice: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la
muerte hasta que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su Reino.
Los evangelios nos dicen que seis u ocho días después de estas palabras, Jesús tomó a
Pedro, a Jacobo y a Juan y los llevó a un monte y allí se transfiguró delante de ellos.
Ese fue el cumplimiento del anuncio que les había hecho algunos días antes. Quienes no
gustaron la muerte y lo vieron «viniendo en su reino», fueron Pedro, Jacobo y Juan.
Pero en este suceso hay un dato muy oportuno y ratificatorio para el tema que estamos
tratando: Delante de estos tres discípulos aparecieron, junto al Señor, Moisés y Elías.
Escribe Lucas así: Estos aparecieron rodeados de gloria; y hablaban de su partida, que
Jesús iba a cumplir en Jerusalén (Lc. 9.31).
¿Cómo fue que Pedro pudo identificar a Moisés y a Elías sin haberlos visto nunca en su
vida?
Pedro pudo identificarlos porque estos dos profetas tenían su propia identidad física que
los distinguía uno del otro. Como aquel era un suceso milagroso y representativo de lo
que será el reino de Cristo en su gloria, Pedro tuvo la capacidad sobrenatural y
espiritual, de conocerlos y llamarlos por sus nombres.
Así también seremos todos el día en que Cristo vuelva realmente. Conoceremos como
fuimos conocidos... y nos conocerán (1 Co. 13.8-12).
33
RECOMPENSAS Y CASTIGOS
INTRODUCCIÓN
34
Las almas de los malos desaparecen de la presencia de Dios, donde también
existen en un estado de conciencia. Esta condición es de sufrimiento y de
inquietud.
Como puede verse por las explicaciones de estos documentos teológicos evangélicos,
éstos creen (igual que los católicos) que las recompensas y los castigos se dan
inmediatamente después de la muerte.
Según la Palabra de Dios las recompensas y los castigos se darán en el día final, en los
postreros días, en el tiempo del fin, en la Segunda Venida de Cristo, después de la
resurrección, NO ES INMEDIATAMENTE DESPUÉS DE LA MUERTE.
La Biblia enseña sobre las recompensas o los castigos conscientes para gente resucitada
en el tiempo final. La teología explica el proceso después de la muerte para «almas
conscientes» en un estado intermedio. ¿Cuál de las dos tiene la razón?
En el supuesto de que sea la teología, habríamos de admitir la recompensa para todos los
héroes de la fe de Hebreos capítulo once desde el mismo día en que murieron. Sin
embargo, ¿qué nos dice la Biblia? Pero ninguno de ellos, aunque alcanzaron buen
testimonio mediante la fe, recibió lo prometido, porque Dios tenía reservado algo mejor
para nosotros, para que no fueran ellos perfeccionados aparte de nosotros. (He.
11.39,40).
Si lo que enseña la teología fuera cierto, entonces tendríamos que admitir las
recompensas de Isaías, Jeremías, Ezequiel y todos los profetas inmediatamente después
de que murieron. Sin embargo en el libro de Apocalipsis está escrito: Las naciones se
airaron y tu ira ha venido: el tiempo de juzgar a los muertos, de dar el galardón a tus
35
siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los
grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra (Ap. 11.18).
De ser cierta la tesis teológica, el alma del profeta Daniel estaría gozando de la
recompensa desde el mismo día en que murió durante el reinado de los persas. Sin
embargo, la promesa que el mismo Señor le dio fue muy diferente: En cuanto a ti, tú
irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días
(Dn 12.13).
Dn. 12.1,2: En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de
los hijos de tu pueblo. Será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente
hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen
inscritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán
despertados: unos para vida eterna, otros para vergüenza y confusión perpetua.
Es evidente que, según este texto, la vida eterna, o sea, la inmortalidad, la recibirán los
creyentes «en aquel tiempo», el de la resurrección.
Mal 4.1,2: Ciertamente viene el día, ardiente como un horno, y todos los soberbios y
todos los que hacen maldad serán estopa. Aquel día que vendrá, los abrasará, dice
Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama. Mas para vosotros, los que
36
teméis mi nombre, nacerá el sol de justicia y en sus alas traerá salvación. Saldréis y
saltaréis como becerros de la manada.
Mt. 25.31-33,46: Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria y todos los santos
ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él
todas las naciones; entonces apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las
ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda…
Irán estos al castigo eterno y los justos a la vida eterna.
Está bien claro aquí que recibirán las recompensas y los castigos «cuando el Hijo del
hombre venga en su gloria».
Lc. 14.14: ...y serás bienaventurado, porque ellos no te pueden recompensar, pero te
será recompensado en la resurrección de los justos.
Jn. 5.28,29: No os asombréis de esto, porque llegará la hora cuando todos los que están
en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de
vida; pero los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.
Jn. 12.48: El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue: la palabra
que he hablado, ella lo juzgará en el día final.
2 Te. 1.6-10: Es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan,
mientras que a vosotros, los que sois atribulados, daros reposo junto con nosotros,
cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama
de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios ni obedecen al evangelio
de nuestro Señor Jesucristo. Estos sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la
presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser
glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron...
2 Ti. 4.1: Te suplico encarecidamente delante de Dios y del Señor Jesucristo, que
juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su Reino...
1 Pe. 1.3-5: Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su gran
misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de
37
Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e
inmarchitable, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder
de Dios, mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser
manifestada en el tiempo final.
Ap. 22.12: ¡Vengo pronto!, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno
según sea su obra.
CONCLUSIÓN
Otros textos más pudiéramos buscar para demostrar que las recompensas y los castigos
se darán después de que Cristo aparezca en su Segunda Venida y se efectúe la
resurrección en el fin del mundo.
Así tendríamos que suponer que, por ejemplo Abel, desde los primeros años de la
creación está gozando de la vida eterna con Dios en el cielo y Caín está en el infierno
sufriendo con el diablo.
38
LA HISTORIA Y LA INMORTALIDAD DEL ALMA
INTRODUCCIÓN
Pero sí está presente en casi todas las religiones y filosofías (no reveladas por el Señor)
de pueblos y naciones (hindúes, babilonios, egipcios, griegos, romanos, celtas, etc.) que
durante milenios estuvieron bajo el dominio de ideas oscuras, hoy diríamos ocultistas.
En medio de esos pueblos sin la ciencia del Dios Verdadero, el engañador pudo haber
actuado sin las limitaciones del conocimiento sobre la verdad revelada que tuvieron los
hebreos. Pudo con plena libertad haberse manifestado espiritualmente y dirigir a los
hombres y engañarlos a título de sus antepasados muertos, pues los indujo a creer en la
inmortalidad del alma de éstos. La misma engañifa con la cual engatusó a Eva: «No
moriréis. Seréis como dioses». Así estos pueblos paganos convirtieron en dioses
inmortales a sus antepasados y les rindieron culto (Ro. 1.18-32).
LA RELIGIÓN JUDÍA
En la religión hebrea del Antiguo Testamento, tan de la antigüedad como estas otras
religiones, no ocurrió el fenómeno del culto a los muertos. Entre los hebreos no se le
rindió culto a Abraham, a Moisés, a David. ¿Por qué? Porque su religión no
contemplaba la creencia en la inmortalidad del alma de sus antepasados. Ellos no eran
poseedores de una especulación religiosa o filosófica, sino que recibieron la Revelación
de Dios.
39
Más tardíamente, en la época en que hizo auge el helenismo (la cultura griega), el
llamado período intertestamentario o los 400 años de silencio profético, los años que van
del profeta Malaquías al Nuevo Testamento, fue que esta especulación filosófica hizo
irrupción en el judaísmo.
En esta época se escribieron algunos libros que, si bien la iglesia evangélica no los
reconoce como inspirados, si constituyen una valiosa fuente de información. En algunos
de ellos hay expresiones sobre los conceptos de «cuerpo», «alma» e «inmortalidad» (no
existentes en la religión hebrea antigua) que indican la temprana influencia del
pensamiento griego en la religión judía. Veamos sólo algunos textos como ejemplos
(Cito de la Versión Popular «Dios Habla Hoy» Edición de Estudio):
2 Macabeos 15.30: Y Judas, que se había entregado todo entero, en cuerpo y alma, a
luchar en primera fila por sus conciudadanos, sin perder el afecto que desde joven
había sentido por su pueblo, ordenó que le cortaran la cabeza a Nicanor y el brazo
derecho, y que los llevaran a Jerusalén.
Sabiduría 1.13-15: Pues Dios no hizo la muerte ni se alegra destruyendo a los seres
vivientes. Todo lo creó para que existiera; lo que el mundo produce es saludable, y en
ello no hay veneno mortal; la muerte no reina en la tierra, porque la justicia es
inmortal.
Sabiduría 3.1-4: Las almas de los buenos están en las manos de Dios, y el tormento no
las alcanzará. Los insensatos creen que los buenos están muertos; consideran su muerte
como una desgracia, y como una calamidad el haberse alejado de nosotros. Pero los
buenos están en paz: aunque a los ojos de los hombres parecían castigados, abrigaban
la esperanza de no tener que morir.
40
Sabiduría 8.19,20: Yo era un niño, bueno por naturaleza, que había recibido un alma
buena, o más bien, siendo bueno, entré en un cuerpo puro.
Sabiduría 9.14-16: Débil es la inteligencia de los hombres, y falsas muchas veces sus
reflexiones; el cuerpo mortal es un peso para el alma; estando hecho de barro, oprime
la mente, en la que bullen tantos pensamientos. Con dificultad imaginamos las cosas de
la tierra, y trabajosamente hallamos lo que está a nuestro alcance. Pero, ¿quién puede
descubrir las cosas celestiales?
Sabiduría 15.11: …porque no reconoció a Dios, que lo formó a él, le infundió un alma
activa y le comunicó aliento de vida.
Más tarde aun llegó a considerarse el cuerpo como una cárcel del espíritu
pensador.
LOS FARISEOS
Se sabe que esta secta tuvo su origen en la época ya dicha; el período histórico entre los
dos testamentos durante el cual no hubo profetas que escribieran y por eso ha sido
nombrada por algunos como «los 400 años de silencio». Fue la época de la invasión de
Alejandro el Grande y el establecimiento de los reinos helenos, y por consecuencia
también de la penetración de la cultura griega en el mundo oriental
41
Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia
Esta secta, por tener su origen en la época ya mencionada y estar influenciada por el
modo de pensar de los filósofos griegos, nació infiltrada por la creencia en la
inmortalidad del alma.
LOS ESENIOS
Los esenios fueron otra secta religiosa judía contemporánea con Cristo. Pero no vivían
en las ciudades y mezclados con la sociedad como las otras sectas (fariseos y saduceos),
sino llevaban una vida monástica y compartían sus bienes en comunidad. Se ha llegado a
creer que la comunidad de Qumrán al sur del Mar Muerto, descubierta a mediados del
siglo XX, era un monasterio de los esenios. Varios historiadores creen que fueron, junto
con los fariseos y los saduceos, uno de los tres grandes movimientos religiosos judíos de
la época de Jesús.
Flavio Josefo (37-101) fue un historiador judío. Escribió sobre los esenios y su creencia
en la inmortalidad del alma. De él reproducimos algunos párrafos a continuación.
Tienen una opinión por muy verdadera, que los cuerpos son corruptibles y la
materia de ellos no se perpetúa; pero las almas quedan siempre inmortales, y
siendo de un aire muy sutil, son puestas dentro de los cuerpos como en
42
cárceles, retenidas con halagos naturales; pero cuando son libradas de estos
nudos y cárceles, libradas como de servidumbre muy grande y muy larga,
luego reciben alegría y se levantan a lo alto; y que las buenas, conformándose
en esto con la sentencia de los griegos, viven a la otra parte del mar océano,
adonde tienen su gozo y su descanso, porque aquella región no está fatigada
con calores, ni con aguas, ni con fríos, ni con nieves, pero muy fresca con el
viento occidental que sale del océano, y ventando muy suavemente está muy
deleitable. Las malas ánimas tienen otro lugar lejos de allí, muy tempestuoso y
muy frío, lleno de gemidos y dolores, adonde son atormentadas con pena sin
fin.
Paréceme a mi que con el mismo sentido los griegos han apartado a todos
aquellos que llaman héroes y semidioses en unas islas de bienaventurados, y a
los malos les han dado un lugar allí en el centro de la tierra, llamado infierno,
adonde fuesen los impíos atormentados; aquí fingieron algunos que son
atormentados los sísifos, los tántalos, los ixiones y los tirios, teniendo por cierto
al principio que las almas son inmortales, y de aquí el cuidado que tienen de
seguir la virtud y menospreciar los vicios; porque los buenos, conservando esta
vida, se hacen mejores, por la esperanza que tienen de los bienes eternos
después de esta vida, y los malos son detenidos, porque aunque estando en la
vida han estado como escondidos, serán después de la muerte atormentados
eternamente.
Esta, pues, es la filosofía de los esenios, la cual, cierto, tiene un halago, si una
vez se comienza a gustar, muy inevitable.
Enciclopedia Judía
El relato de la creación del hombre habla de un espíritu o aliento con el cual fue
dotado por su Creador (Gen. 2.7); pero este espíritu fue concebido como
inseparablemente unido, si no completamente identificado con la sangre vital
(Gn. 9.4; Lv. 17.11). Sólo a través del contacto de los Judíos con el pensamiento
griego y persa se da la idea de un alma incorpórea, teniendo su propia
individualidad, tomando raíces en el judaísmo…
43
encontró en la interpretación alegórica de los textos bíblicos la confirmación de
su sistema psicológico.
La creencia en la inmortalidad del alma viene a los judíos por medio del
contacto con el pensamiento griego y principalmente a través de la filosofía de
Platón, su principal exponente, quien fue guiado a ella a través de los misterios
órficos y eleusinos en los cuales los puntos de vista babilonios y egipcios
fueron extrañamente mezclados...
44
Fue mérito de Moisés Mendelssohn, el filósofo más prominente de la escuela
deísta en una era de iluminación y escepticismo, revivir mediante su «Phædon»
la doctrina platónica de la inmortalidad, y afirmar la naturaleza divina del
hombre mediante la presentación de nuevos argumentos a favor de la sustancia
espiritual del alma. A partir de entonces el judaísmo, y especialmente el
judaísmo progresista o reformador, enfatizó la doctrina de la inmortalidad, en
su instrucción religiosa y su liturgia, mientras que el dogma de la resurrección
fue gradualmente descartado y, en la reforma de los rituales, eliminado de los
libros de oración. La inmortalidad del alma, al contrario de la resurrección,
vino a ser una parte integral del credo judío y la continuación lógica de la idea
de Dios, puesto que la fidelidad de Dios pareció apuntar, no al cumplimiento de
la promesa de resurrección dada a aquellos que «duermen en el polvo», como
lo establece la segunda de las Dieciocho Bendiciones, sino como la realización
de aquellas altas expectativas las cuales están sembradas, como parte de su
verdadera naturaleza, en cada alma humana.
Por estas citas podemos comprobar que la doctrina de la inmortalidad del alma vino a
formar parte del judaísmo por el contacto de los hebreos con las filosofías griegas. Esta
doctrina no existe en el Antiguo Testamento.
LA RELIGIÓN CRISTIANA
Sin lugar a dudas, es Platón, de entre todos los filósofos de la antigüedad, quien
más ha influido en el desarrollo del pensamiento cristiano. De entre sus
doctrinas, las que más nos interesan aquí son las de los dos mundos, la de la
45
inmortalidad y preexistencia del alma, la del conocimiento como reminiscencia
y la que se refiere a la Idea del Bien.
Por otra parte, la doctrina de la vida tras la muerte también era objeto de burlas
por parte de los paganos, y ante tales burlas algunos cristianos buscaban apoyo
en la doctrina platónica de la inmortalidad. Esto daba al cristianismo cierto
aspecto intelectual, pero tendía a confundir la doctrina griega de la
inmortalidad del alma con la doctrina cristiana de la resurrección de los
muertos, y a esta confusión podía seguir toda una serie de valoraciones de
carácter más platónico que cristiano. Tampoco aquí se deja llevar Justino por la
semejanza aparente entre la doctrina platónica y la cristiana, sino que afirma
que el alma es por naturaleza mortal y que la esperanza cristiana está, no en
una inmortalidad universal, sino en la resurrección de los muertos.
46
Volvamos a Filón de Alejandría. ¿Quién fue este hombre y qué hizo?
47
los teólogos alejandrinos, primero judíos como Filón, y luego cristianos como
Clemente y Orígenes.
CLEMENTE DE ALEJANDRÍA
…afirma que los filósofos y poetas griegos solo hicieron suposiciones sobre la
verdad, pero que los profetas en cambio establecieron el camino directo a la
salvación. Clemente escribió que el Logos divino se ha presentado para
despertar a todo lo bueno que existe en el alma humana y que a través de este
despertar los humanos pueden alcanzar la inmortalidad.
Clemente afirma que los filósofos conocieron la verdad por obra de Dios, de
manera semejante al modo en que los judíos recibieron la Ley.
48
Por esta razón, «el mismo Dios que proveyó ambos pactos (el de la Ley y el de
la Filosofía) fue el dador de la filosofía griega a los griegos, mediante la cual el
Todopoderoso es glorificado entre ellos».
49
ORÍGENES
Vivió entre los años 185-254. Fue discípulo de Clemente de Alejandría. El pensamiento
cristiano de Orígenes fue crucial para la formulación del pensamiento cristiano de la
iglesia en su parte oriental en los primeros siglos.
La obra literaria de Orígenes fue inmensa; tanto, que no podemos dar aquí ni
siquiera una lista de los títulos de sus obras. Debido a las vicisitudes de la
historia, la inmensa mayoría de las obras de Orígenes se han perdido, pero la
pequeña fracción que ha llegado hasta nosotros es ya un conjunto
impresionante. Aunque Epifanio afirma que las obras de Orígenes llegaban al
número de seis mil, sólo unos ochocientos títulos han llegado hasta nosotros.
Orígenes:
50
En sus obras doctrinarias (Contra Celso y Sobre los Principios), Orígenes
expone su pensamiento filosófico, en el que se muestra deudor del platonismo,
del estoicismo y del neoplatonismo.
Cree Orígenes que todas las almas provienen de un mundo preexistente: los
que hicieron uso de su libertad en contra de Dios, fueron condenados a unirse
con el cuerpo; es el caso de los hombres. Los demonios serían seres cuya
desobediencia fue mayor, y por eso cayeron más abajo. Solamente el alma de
aquel hombre que sería Jesús permaneció devota y unida al Verbo hasta
identificarse plenamente con él.
Orígenes postula una creación eterna, pero no una materia eterna. El mundo
que Dios crea en primer término no es este mundo visible, sino el mundo de los
intelectos. Estos son los recipientes primarios de la actividad creadora de Dios,
como también serán más tarde los beneficiarios de su acción salvadora. Estos
intelectos fueron creados de tal modo que su propósito se encontraba en la
contemplación de la Imagen de Dios, que es el Verbo. Pero estaban también
dotados de libertad, la cual les permitía apartarse de la contemplación de esa
Imagen y dirigir su mirada hacia la multiplicidad. Ningún ser creado es bueno o
malo por razón de su esencia, sino por razón del uso que hace o ha hecho de su
propia libertad.
Haciendo uso de su libertad, cierto número de estos intelectos que Dios había
creado se apartaron de la contemplación de la Imagen, y con ello «se
enfriaron» y se convirtieron en almas. Mas no todos se apartaron en igual
medida, y ésta es la razón de la diversidad y jerarquía de los seres racionales.
Esta jerarquía es múltiple, e incluye tronos, principados, potestades, y todos los
seres celestiales de que hablan las Escrituras. Pero básicamente esta jerarquía
se compone de tres niveles: los seres celestiales, cuyos cuerpos son etéreos;
los que hemos caído hasta este mundo, con nuestros cuerpos carnales; y los
demonios, cuyos cuerpos son aún más bastos que los nuestros.
De toda esta especulación acerca del origen de los seres racionales surge la
doctrina de la doble creación, que Orígenes toma de Filón. Según esta doctrina,
las dos narraciones paralelas de la creación que aparecen en el Génesis
corresponden a dos acciones diversas por parte de Dios. La primera es la
51
creación de los intelectos, y es de ellos que se dice que Dios los creó «varón y
hembra», es decir, sin distinciones sexuales. La segunda es la creación de este
mundo visible, que Dios plasmó a fin de que sirviese de campo de prueba a los
espíritus caídos, y en el cual Dios hizo primero el cuerpo del hombre y luego el
de la mujer.
En este mundo, cada uno de nosotros se halla a prueba a fin de que, mediante
el ejercicio de nuestra libertad, podamos regresar a la unidad y armonía de
todos los seres racionales que es el propósito de Dios. En el entretanto, y
mientras nos acercarnos a ese fin, parece probable –y aquí Orígenes no se
atreve más que a sugerir– que tengamos que pasar por toda una serie de
encarnaciones que nos lleven de escalón en escalón de la jerarquía de los
seres.
De todo lo citado hasta ahora con relación a la inmortalidad del alma y la historia de los
primeros cristianos, podemos concluir diciendo que el pensamiento cristiano de la
iglesia oriental en los siglos segundo y tercero estuvo fuertemente penetrado por la
filosofía platónica (particularmente por la filosofía de Filón de Alejandría) a través de
52
Clemente y de Orígenes, al extremo de concebir formas de pensamiento y hasta
doctrinas tan ajenas a la verdad bíblica y cristiana como lo fueron: el cristianismo
gnóstico, la eternidad del mundo, las dos creaciones (la de los intelectos y la del mundo
visible), la existencia de otros mundos en el futuro, el concepto del Logos de Filón (que
más tarde abortaría en el arrianismo), la preexistencia y las trasmigración de las almas,
etc.
Enciclopedia Encarta2005
53
parten de la Biblia y los antiguos filósofos griegos. Defensor enérgico del
cristianismo, San Agustín elaboró la mayoría de sus doctrinas resolviendo
conflictos teológicos con el donatismo y el pelagianismo, dos movimientos
heréticos cristianos.
Enciclopedia Católica
Pero Adolf Harnack es quien con más frecuencia ha hecho hincapié en el papel
señero que ha jugado el doctor de Hipona. Harnack ha estudiado el lugar de
Agustín en la historia del mundo como reformador de la piedad cristiana y su
influencia como Doctor de la Iglesia. En su estudio de las Confesiones vuelve a
lo mismo: «Ningún hombre desde Pablo es comparable a él» –con la excepción
de Lutero, y añade– «Aún hoy vivimos según San Agustín, nutridos por su
pensamiento y por su espíritu; se dice que somos hijos del Renacimiento y de la
Reforma, pero tanto aquel como ésta dependen de él.»
Es imposible dar más que una breve pincelada sobre la psicología de San
Agustín. Sus contribuciones a todas las ramas de la ciencia fueron inmensas; los
sentidos, las emociones, imaginación, memoria, la voluntad y el intelecto, los
exploró todos, y no hay casi ningún desarrollo subsiguiente de importancia que
él no anticipara. Es el fundador del método introspectivo.
54
El Neoplatonismo, a través de San Agustín contribuyó mucho a la filosofía
espiritual…
Si hay algún texto de los aquí citados que corrobore estos dos asertos, ese es el de la cita
siguiente extraída del Diccionario Teológico Ilustrado. He aquí la cita:
55
Diccionario Teológico Ilustrado
Contra todas estas filosofías, se alza la voz de todas las religiones y de los
filósofos más preclaros de la historia, desde Platón y Aristóteles de la
antigüedad, pasando por los escritores eclesiásticos de los primeros siglos de
la iglesia y los grandes filósofos de la escolástica medieval, hasta incluir, junto a
los herederos de la doctrina de Platón y Aristóteles, a los mismos racionalistas
como Descartes y Leibniz, obligando a Kant a defender como uno de los
postulados de la Razón práctica la inmortalidad del alma.
Tal parece que el autor de este diccionario teológico no se percata que de cierta manera
también incluye al Antiguo Testamento como condenado por la voz que se alza “de
todas las religiones (es obvio que paganas) y de los filósofos más preclaros de la
historia, desde Platón y Aristóteles de la antigüedad”. Si esa “voz de los filósofos y de la
56
religiones” están en contra de quienes niegan la inmortalidad del alma, y el mismo autor
afirma que esta doctrina en el Antiguo Testamento no está clarificada; coloca a este
documento de la fe cristina entre aquellos que están en el lado opuesto de los filósofos
antiguos y las religiones paganas.
Nos parece que con este brevísimo esbozo histórico, hemos podido comprobar que la
doctrina de la inmortalidad del alma entró al cristianismo principalmente a través de la
influencia y obra de los filósofos-teólogos Clemente de Alejandría, Orígenes y Agustín
de Hipona, quienes tenían formados sus sistemas de pensamiento por la filosofía
neoplatónica, y no hicieron otra cosa que incorporar ciertos fundamentos de aquella
filosofía, adaptándolas al pensamiento cristiano.
Aunque es necesario hacer una aclaración antes de concluir este capítulo: No estamos en
desacuerdo con la doctrina de la inmortalidad del alma por el simple hecho de que sea
una especulación filosófica griega incorporada al cristianismo. Estamos en desacuerdo
por dos razones:
Simplemente estamos dando a conocer cómo fue que la inmortalidad del alma, sin un
fundamento bíblico demostrado, llegó a formar parte cardinal de la doctrina cristiana.
57
LA INMORTALIDAD DEL ALMA Y SUS NEFASTAS
CONSECUENCIAS PARA EL CRISTIANISMO
INTRODUCCIÓN
Imaginemos que en lugar de dejarse atrapar por la fuerte influencia de las filosofías y de
las religiones paganas del mundo greco-romano, los pensadores y escritores cristianos de
los primeros siglos las hubieran confrontado con la verdad de las escrituras hebreas y los
escritos apostólicos que tenían en sus manos. ¿Qué espacio hubiera quedado para la
creencia en la inmortalidad del alma? Nos parece que un espacio muy limitado.
Imaginemos el mundo de otra manera: con la misma fuerza e influencia que tienen las
iglesias Católica, Ortodoxa y Protestante, pero en su lugar el pensamiento judeocristiano
(y al decir «cristiano» nos referimos al del Nuevo Testamento, no al de las iglesias).
Muy poco espacio habría quedado para creencias sobre la virgen María, la intercesión de
los santos, la idolatría hacia ellos, el purgatorio, las misas por los muertos, etc. O para
religiones y/o prácticas oscurantistas como el espiritismo, la brujería, la magia, el
budismo, el hinduismo, la Nueva Era y otras, que tanto espacio están ganando en el
mundo moderno; siempre cobijadas y mantenidas por la creencia en la inmortalidad del
alma.
58
FALSAS CREENCIAS CRISTIANAS (CATÓLICAS) SUSTENTADAS EN LA INMORTALIDAD DEL
ALMA.
Sin embargo, algunos creen que el protestantismo fue una necesaria y dolorosa cirugía
debido a las aberrantes desviaciones de la Iglesia Católica.
Aunque el remedio no curó al cristianismo, quien ahora, además de sus muchos errores y
desviaciones de la Palabra de Dios, también sufre la enfermedad del divisionismo y la
confusión.
Quiero decir con esto, que de toda esta historia del cristianismo, ha salido algo muy
distinto de lo que Cristo quiso que fuera su iglesia. Lo que pudo haber sido el ideal de
vida para la raza humana, se ha convertido en un desacierto menospreciable para la
humanidad.
Ahora bien, si analizamos las causas más importantes y directas por las cuales se desató
la guerra del protestantismo contra el catolicismo, con su secuela de anarquía y
confusión religiosa, veríamos que todas ellas tienen que ver con la doctrina de la
inmortalidad del alma: La venta de indulgencias, el purgatorio, el culto a los muertos, la
canonización de los santos, el culto a las reliquias, etc.
59
Se añade a esto que en el mundo en este momento hay más de mil millones de católicos.
Son creyentes sinceros en falsedades, cuyos fundamentos están en la doctrina de la
inmortalidad del alma.
Claro está, estas no son ideas personales de Juan Pablo II, él sólo se hizo eco de las
declaraciones oficiales de su iglesia.
Veamos una de esas declaraciones oficiales (quizás la más importante en este tiempo)
emitida por el Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965). Se denomina "NOSTRA
AETATE“ (Nuestra Era) y versa sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no
cristianas:
Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen, puesto que
Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la faz de la tierra, y tienen
también un fin último, que es Dios, cuya providencia, manifestación de bondad
y designios de salvación se extienden a todos, hasta que se unan los elegidos
en la ciudad santa, que será iluminada por el resplandor de Dios y en la que los
pueblos caminarán bajo su luz.
60
¿Cuál es, finalmente, aquel último e inefable misterio que envuelve nuestra
existencia, del cual procedemos y hacia donde nos dirigimos?
La iglesia mira con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente
y subsistente, misericordioso y todo poderoso, creador del cielo y de la tierra...
Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios.
61
Por consiguiente, exhorta a sus hijos a que, con prudencia y caridad, mediante
el diálogo y colaboración con los adeptos de otras religiones, dando testimonio
de fe y vida cristiana, reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes
espirituales y morales, así como los valores socio-culturales que en ellos
existen.
Es obvio que entre esos “bienes espirituales” que comparte la Iglesia Católica con otras
religiones (paganas), se encuentra en primera fila la creencia en la inmortalidad del
alma.
Veamos también algunas citas extraídas de la catequesis del papa Juan Pablo II sobre
otras religiones y titulada “El Espíritu de Dios y las semillas de verdad presentes en las
religiones no cristianas”:
Ante todo, es preciso tener presente que toda búsqueda del espíritu humano en
dirección a la verdad y al bien, y, en último análisis, a Dios, es suscitada por el
Espíritu Santo.
El Espíritu Santo no sólo está presente en las demás religiones a través de las
auténticas expresiones de oración. En efecto, como escribí en la carta encíclica
Redemptoris missio, «la presencia y la actividad del Espíritu no afectan
únicamente a los individuos, sino también a la sociedad, a la historia, a los
pueblos, a las culturas y a las religiones».
62
En efecto, como enseña el concilio Vaticano II, «Cristo murió por todos y la
vocación última del hombre es realmente una sola, es decir, la vocación divina.
En consecuencia, debemos mantener que el Espíritu Santo ofrece a todos la
posibilidad de que, de un modo conocido sólo por Dios, se asocien a este
misterio pascual».
¿Por qué este exagerado apoyo de Juan Pablo II a las otras religiones no cristianas, hasta
el punto de hacerlas también salvadoras del hombre a través de Jesucristo? Ya lo hemos
dicho: Simple y sencillamente porque se parecen en ciertos aspectos a la Iglesia
Católica, y naturalmente tienen que identificarse. Una de esas creencias con las cuales se
identifica la Iglesia Romana con las otras religiones ya la hemos expresado, pero
añadiría ahora que es la más sobresaliente: la inmortalidad del alma.
954 Los tres estados de la Iglesia. Hasta que el Señor venga en su esplendor con
todos sus ángeles […] sus discípulos, unos peregrinan en la tierra; otros, ya
difuntos, se purifican; mientras otros están glorificados , contemplando
claramente a Dios mismo, uno y trino, tal cual es... Todos, sin embargo, aunque
en grado y modo diversos, participamos en el mismo amor a Dios y al prójimo y
cantamos el mismo himno de alabanza a nuestro Dios. En efecto, todos los de
Cristo, que tienen su Espíritu, forman una misma Iglesia y están unidos entre sí
en él...
955 La unión de los miembros de la Iglesia peregrina con los hermanos que
durmieron en la paz de Cristo de ninguna manera se interrumpe. Más aún,
según la constante fe de la Iglesia, se refuerza con la comunicación de los
bienes espirituales...
956 La intercesión de los santos. Por el hecho de que los del cielo están más
íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en
la santidad… no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por
medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos
63
que adquirieron en la tierra... Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a
nuestra debilidad... «No lloréis, os seré más útil después de mi muerte y os
ayudaré más eficazmente que durante mi vida» (Santo Domingo, moribundo, a
sus hermanos). «Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra» (Santa Teresa
del Niño Jesús).
957 La comunión con los santos. No veneramos el recuerdo de los del cielo tan
sólo como modelos nuestros, sino, sobre todo, para que la unión de toda la
Iglesia en el Espíritu se vea reforzada por la práctica del amor fraterno. En
efecto, así como la unión entre los cristianos todavía en camino nos lleva más
cerca de Cristo, así la comunión con los santos nos une a Cristo, del que mana,
como de Fuente y Cabeza, toda la gracia y la vida del Pueblo de Dios...
Es muy lamentable la condición de más de mil millones de cristianos, y todo por causa
de la fe puesta en la inmortalidad del alma. Los abruma la misma ignorancia de la Edad
Media. Los católicos necesitan conocer a Dios a través de su Palabra y no a través de los
catecismos o los dogmas.
Lv. 20.26,27: Habéis, pues, de serme santos, porque yo, Jehová, soy santo, y os he
apartado de entre los pueblos para que seáis míos. El hombre o la mujer que consulten
espíritus de muertos o se entreguen a la adivinación, han de morir; serán apedreados, y
su sangre caerá sobre ellos.
Dt. 18.10-12: No sea hallado en ti quien […] consulte a los muertos. Porque es
abominable para Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas cosas
abominables Jehová, tu Dios, expulsa a estas naciones de tu presencia.
Estos textos son una prueba manifiesta en la Palabra de Dios, para creer que quienes
mueren terminan totalmente, no queda nada en ningún lugar. ¿Se hubiera el Señor
pronunciado de esta manera contra la invocación de los muertos, si de verdad las almas
de sus fieles estuvieran en su presencia y fueran ayudadores en la salvación de quienes
64
todavía en la tierra sufren y luchan? ¿Se hubiera opuesto el Señor a que los judíos
invocaran la ayuda de las almas de Abraham, de Isaac, de Jacob, del valiente David,
para protegerlos en tantos momentos de crisis en que les ha tocado vivir? Pienso que no.
Si de alguna manera se aparece alguno de entre los muertos, como cuando Samuel se le
apareció a Saúl por la invocación de la pitonisa, son apariciones diabólicas, y por eso en
estos textos de Levítico y Deuteronomio el Señor previene que quien invoque a los
muertos es lo mismo que el adivino, el agorero, el sortílego, el hechicero, el encantador
y el mago; porque son abominación delante de Jehová todas estas prácticas ocultistas.
Sin embargo, a la Iglesia Católica le sirve como anillo al dedo la doctrina cristiana de la
inmortalidad del alma, para sostener y practicar el culto a los muertos, las apariciones
marianas, las visiones de santos, los castigos del purgatorio, las misas por los muertos y
otras tantas aberraciones más. Y de esa manera también dar vida y aprobación, como lo
han hecho el Concilio Ecuménico Vaticano II y el papa Juan Pablo II, a cuanta creencia
ocultista pueda existir relacionada con esta doctrina.
Para los griegos era un deber ineludible enterrar a los muertos, ya que las
almas de los que no recibían sepultura ni rito funerario alguno estaban
condenadas a vagar eternamente y a perseguir a sus parientes por haber
descuidado el cumplimiento de los preceptos religiosos con los difuntos.
El entierro de los difuntos era uno de los pilares fundamentales de las creencias
familiares, ya que los espíritus de los antepasados eran una especie de
divinidades a las que se debía rendir culto de forma periódica.
65
Los romanos no colocaban las tumbas en un lugar tranquilo y solitario, sino a
orillas de las calzadas a la salida de las ciudades, donde los transeúntes podían
contemplarlas y admirarlas. En Pompeya todavía podemos contemplar las
tumbas a lo largo de las calzadas que salían hacia el norte desde la Puerta de
Herculano y hacia el sur desde la de Nuceria.
Para mantener a los muertos contentos y alejar a los espíritus malos de sus
hogares, los celtas prendían hogueras y dejaban comida o dulces fuera de sus
hogares. Se creía que durante esa noche los hechizos y la magia eran más
poderosos que en cualquier otro día del año.
En un principio, las máscaras se usaban para espantar a los espíritus que les
traían el mal y los niños se vestían como fantasmas para asustar a los vecinos.
66
Cuando los romanos conquistaron a los celtas, esta celebración pasó a la Roma
cristiana bajo el nombre de All Hallow Eve. A través de los años la tradición
pasó a ser conocida como Halloween.
El Día de Todos los Santos en la Iglesia Romana, (La vigilia de esta fiesta es llamada
popularmente «Hallowe'en» o «Halloween».)
Enciclopedia Católica
Pero la Iglesia, sintiendo que cada mártir debería ser venerado, señaló un día
en común para todos. La primera muestra de ello se remonta a Antioquía en el
domingo antes de Pentecostés. También se menciona lo de un día en común en
un sermón de San Efrén el Sirio (373), y en la 74va. Homilía de San Juan
Crisóstomo (407). Al principio sólo los mártires y San Juan Bautista eran
honrados con un día especial. Otros santos se fueron asignando gradualmente,
y se incrementó cuando el proceso regular de canonización fue establecido.
67
arregló el aniversario para el 1 de Noviembre. [...] Gregorio IV (827-844)
extendió la celebración del 1 de Noviembre a toda la Iglesia. La vigilia parece
haber sido llevada a cabo antes que la misma fiesta.
La Iglesia Católica ni siquiera intenta esconder que su culto a los muertos el primero de
Noviembre, está mezclado con el mismo culto que rendía el pueblo pagano de los celtas
a los suyos.
Pero recordemos lo más importante: Todas estas fiestas tienen su razón de ser en la
doctrina de la inmortalidad del alma. Si se quitara esta doctrina, todos estos cultos a los
muertos desaparecerían por sí solos.
LAS RELIQUIAS
Las reliquias también designan a los ropajes y objetos que pudieran haber
pertenecido al santo en cuestión o haber estado en contacto con él,
considerados dignos de veneración. Eran reliquias «milagrosas» el aceite de
las lámparas que se encendían delante de los cuerpos de santos, así como las
sábanas dispuestas sobre las tumbas, incluso el polvo recogido en los «loculi» .
Ropajes y cualquier otro objeto propiedad del mártir, incluso hilos extraídos
del tejido de una prenda. [...] Las cadenas con que habían sido atados en el
calabozo los mártires y otros objetos de tortura eran reliquias muy preciadas.
La cruz y los clavos del mártir que moría crucificado eran muy venerados. San
Ambrosio (Siglo IV) recogió estos objetos después de la muerte de los santos
Vital y Agrícola en su patíbulo en Bolonia y los llevó a la iglesia de Santa Juliana
de Florencia. Agustín de Hipona, da noticia en sus escritos sobre una de las
piedras con que lapidaron a Esteban, primer mártir de la cristiandad, que fue
llevada a Ancône (Francia) y que contribuyó a extender el culto y la devoción
hacia este santo. En los Museos Vaticanos se conservan muchas reliquias de
este tipo.
68
En los principios del cristianismo, los restos de los santos fueron considerados
como una protección para la persona que los poseía y una ayuda para
conseguir aquello que resultara más inalcanzable. Poseer una reliquia
significaba poseer una fuerza especial frente a lo adverso, y esto llevó al deseo
de éstas a cualquier precio, adquiriendo gran importancia en el Siglo XVI...
Más tarde, algunos de estos cuerpos fueron trasladados a las ciudades para
depositarlos en los templos suntuosos construidos para recibirlos. Es más, el
quinto Concilio de Cartago (525-534) decretó que no sería consagrada ninguna
nueva iglesia que no tuviera una reliquia en su altar.
Por insólito que parezca, esta práctica no es cosa de un oscuro pasado, primitivo y
medieval. Ahora mismo está ocurriendo igual. Veamos la noticia que apareció el 23 de
69
enero del año 2008 en la página web https://www.aciprensa.com/noticias/roban-corazon-
incorrupto-de-fray-mamerto-esquiu-en-argentina/
Asimismo dijo que dos meses después «alguien» intentó matar a los frailes
«poniendo veneno en la sopa» y al revisar las huellas digitales en las ollas
descubrieron que «eran las mismas encontradas en la sacristía» cuando ocurrió
el robo. Las huellas pertenecían a «un muchacho de quinto de secundaria, hijo
de un médico forense», acotó.
70
La Congregación para las Causas de los Santos de la Santa Sede aprobó en
octubre de 2006 la «heroicidad de las virtudes» de Esquiú, tras atribuírsele el
milagro de la curación de un hombre que, luego de perder la vista, la recuperó
al invocar su intercesión.
Enciclopedia Católica
Se llama canonizar al acto por el que el Papa declara que una persona es digna
de culto universal. La canonización tiene el propósito de presentar a dicha
persona como modelo de conducta ante los creyentes dándole reconocimiento
por el grado de perfección alcanzado y como intercesor ante Dios.
71
Hay dos vías para llegar a la declaración de canonización, la vía de virtudes
heroicas y la vía de martirio...
Además, para llegar a la canonización se requiere uno o dos milagros.
Hay cuatro pasos en el proceso oficial de la causa de los santos: [1] Siervo de
Dios. [2] Venerable. [3] Beato. [4] Santo.
72
Los beatos son venerados públicamente por la iglesia local (en España la
provincia correspondiente), esta canonización la hace el Papa o un Cardenal en
nombre del Papa generalmente en la Basílica de San Pedro o en la Plaza de San
Pedro del Vaticano. En algunos casos, puede que la Ceremonia de
Beatificación, se efectúe en el lugar de nacimiento de la persona a beatificar.
Todo esto quiere decir que tanto el organismo llamado Congregación para las Causas de
los Santos, como el papa, son quienes, después de una exhaustiva investigación y un
decreto jurídico, ponen el alma inmortal de un muerto frente el trono de Dios para que lo
contemple, sea su amigo y, lo más significativo, interceda a favor de quienes (entre los
vivos) le pidan tal gracia mediante el culto y la veneración a su imagen. Esta imagen
puede estar pintada, esculpida, fundida, tallada ...
73
Los católicos le rinden veneración y piden la intercesión a las almas inmortales de sus
muertos, siguiendo la doctrina cristiana de que el alma es inmortal. Para los israelitas era
un abominable pecado cualquier consulta a los muertos.
Is. 18.19,20: Si os dicen: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran
hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos
por los vivos? ¡A la ley y al testimonio! Si no dicen conforme a esto, es porque no les ha
amanecido.
En cierta ocasión escuché a un pastor predicar un sermón titulado «El Dios de la Ropa y
los Zapatos». En él aludía a cómo muchos ministros cristianos de esta época han perdido
de tal manera la expectativa de la salvación, que predican solamente el poder de Dios
para dar solución a los problemas de esta vida, y por eso las personas acuden a la
iglesias, no para ser salvas y alcanzar la vida eterna, sino para buscar solución a las
complicaciones con la salud, a las contrariedades familiares o económicas y a un
sinnúmero de problemas más que nos aquejan.
Creo que esto ocurre, entre otras cosas, principalmente porque el «cristianismo» ha
oscurecido el mensaje de salvación de la Biblia. Si usted le pregunta a un cristiano de
cualquier denominación cómo imagina la salvación, lo primero que se le ocurre pensar
es en un alma inmortal o en un ser espiritual y etéreo con dos alas a la espalda, alabando
a Dios eternamente frente a un trono celestial.
74
El niño le contestó enfáticamente:
Y creo que el muchachito tenía toda la razón. Esa salvación que nos ha vendido la
tradición católica de la Edad Media basada en la inmortalidad del alma es terriblemente
aburrida.
La salvación bíblica es muy dinámica y muy del hombre. No es para extraterrestres o
para seres extraños a nosotros o sin nuestras características. Es para los hombres que
vivimos en este planeta y adecuada a nuestras condiciones y naturaleza.
En cierta ocasión hice una encuesta a numerosos creyentes de nuestra iglesia en distintos
lugares de Cuba. La primera pregunta de la encuesta era esta: ¿Qué resucitará? La
mayoría de quienes respondieron coincidieron en afirmar que resucitará el alma.
Cuando les preguntaba que si el alma tiene cabeza, tronco y extremidades, me decían
que no, que el alma es espiritual. Algunos hasta dieron respuestas un tanto graciosas. En
cierto lugar donde hice la pregunta había un ventilador encendido y alguien respondió:
«El alma es como el aire de ese ventilador». En otro lugar una hermana se puso las
manos en el pecho uniendo las puntas de sus dedos pulgares e índices y dijo: «El alma es
como una pelota». Estas respuestas nos pueden dar la medida del grado de
desinformación bíblica, de confusión y desconocimiento que hay sobre este asunto entre
nuestra gente.
75
como etéreo o incorpóreo; pero radicalmente distinto a este que tenemos ahora. Algo
parecido al alma.
La gran apatía de los cristianos modernos por las promesas genuinamente bíblicas, que
son: la Segunda Venida de Cristo, la resurrección de los muertos y la vida eterna en una
tierra nueva; y su radical centralización en poner la fe en Dios para la solución a los
problemas de esta vida, es uno de los peores daños que ha hecho al cristianismo la
doctrina de la inmortalidad del alma.
76