Clase de escuela dominical
Lección # 14
Apocalipsis – Las siete cartas de Apocalipsis: Éfeso
Lectura Bíblica: Apocalipsis 2:1-7
Texto para memorizar: Apocalipsis 2:8
Esta semana iniciamos nuestro estudio sobre los mensajes a las iglesias en Asia
menor (lo que hoy conocemos como Turquía). La primera iglesia en la lista es la
que se ubicaba en Éfeso. Esta iglesia, posiblemente, fue la primera congregación de
creyentes que San Pablo inicio en aquella región (cf. Hechos 19). Trabajó durante
tres años con muy buenos resultados entre judíos y griegos (cf. Hechos 19:17-20;
20:21). El apóstol Juan, también se quedó a vivir en esta ciudad e influyó
muchísimo en la iglesia. Sin embargo, la persecución que se dio a primera mitad
del año 95 d.C (aproximadamente), incrementó la presión sobre la iglesia debido al
culto al emperador Domiciano, con la consecuencia de que el apóstol fue exiliado a
la isla de Patmos [Hendricksen, 2001].
I. Su elogio de parte de Jesús.
Las cartas van dirigidas al “ángel” de la iglesia, o sea, al pastor de la iglesia. En este
caso al servidor que instruía en la Palabra del Señor, a los miembros de la iglesia
local. Él leía la carta públicamente y la iglesia escuchaba con atención.
Precisamente esto es lo que significan las palabras de la primera bienaventuranza
encontrada en el libro cuando dice: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las
palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.
(1:3). Sin embargo, Jesús se dirige a los pastores locales porque ellos son los
responsables de anunciar cual es la voluntad de Dios revelada por medio de Su
Palabra. Si el servidor de Dios no lo hace, entonces, realmente no enseña la
voluntad de Dios a la iglesia local, tapa la luz del evangelio y mantiene en
oscuridad a los miembros de la iglesia. Por esto, Jesús se identifica en este texto
como: “El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete
candeleros de oro…” Jesús desea que las iglesias locales prediquen la Palabra, que la
luz de Jesús brille en el lugar donde él las ha puesto. Por tanto, el pastor local
anuncia la Palabra de Cristo a la iglesia local. El origen de esta luz se encuentra en
Jesús mismo y pasa hasta sus servidores, quienes proclaman su palabra. No son
solo portadores de la luz, sino que, como estrellas, son trasmisores de la Luz.
Trasmite la luz a los miembros de la iglesia local, quienes a su vez disipan la
oscuridad que los rodea [Hendricksen, 2001]. Significa que la tarea del Anciano
docente o maestro de una iglesia local es solamente la de anunciar la verdad de
Dios. Ser un embajador de Jesús Cristo. La tarea del Espíritu Santo es la de
iluminar a la iglesia local, convencerla y llevarla a la obediencia de Cristo. Cautivar
la conciencia de los miembros de la iglesia local a la Palabra del Señor Dios. Esto
no es otra cosa que la espera del Esposo (Jesús Cristo) a que su esposa (la iglesia) le
permanezca fiel, honesta y pura.
Cuando el pastor local y la iglesia se mantienen firmes en guardar la Palabra de
Cristo tal y como ha sido enseñada, es común que la oposición se haga manifiesta.
Por esta razón el Señor le dice al servidor y a la iglesia local lo siguiente: “El que
tiene las siete estrellas en su diestra…” ¿Qué representan las siete estrellas en el libro
de Apocalipsis? Según lo que encontramos en el mismo libro, representan a, los
siete ángeles o pastores de las iglesias locales (ver 1:20b). Jesús Cristo sostiene en
su mano a todos sus servidores: Tanto a los que han sido llamados por él como
maestros en la iglesia local, como a los que son educados en la Palabra y, la
proclaman al mundo. Significa, entonces, que todo su pueblo está en su mano, y no
sufrirá daño alguno, a menos que él lo permita, y esto, con el fin de fortalecer la fe
de ellos. El texto nos enseña que la iglesia en Éfeso sufría de este tipo de oposición
y Jesús lo sabe: “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes
soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has
hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por
amor de mi nombre, y no has desmayado”. Notemos que Jesús reconoce el trabajo del
pastor en Éfeso de ser muy responsable por el bienestar espiritual de la iglesia,
pero a la vez (el pronombre posesivo “tú”) se dirige a cada uno de los miembros de
la iglesia local. Quiere decir, entonces, que la iglesia de Éfeso se preocupaba por la
ortodoxia doctrinal, al punto que la oposición, tanto fuera como dentro de la
iglesia, ejercitaba en ellos la paciente resistencia: “y has sufrido, y has tenido paciencia,
y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado”.
II. Su reproche departe de Jesús.
Recordemos que la iglesia a la cual se dirige Jesús está formada por una segunda y
tercera generación de creyentes. La primera generación se esforzó de manera
extraordinaria en la difusión del evangelio en esa parte del mundo antiguo. Prueba
de ello es la existencia de más iglesias en Asia menor, muy probablemente, por la
tarea de evangelismo de los primeros creyentes en Éfeso. Así que, estas personas
tenían un celo por guardar la ortodoxia y propagar la doctrina de los apóstoles a
los no creyentes (ver Hch. 19:18-20). El mismo apóstol San Pablo los alaba en su
carta, por su fe en el Señor Jesús y su amor por los demás hermanos (ver Ef. 1:15).
Sin embargo, los hijos y nietos de estos primeros creyentes, sí se oponían a la
herejía, se esforzaban en guardar la sana doctrina dispuestos hasta el punto de
sufrir las consecuencias que esto implicaba, demostraban que perseveraban en
satisfacer las necesidades de la iglesia, pero, habían perdido el amor por la tarea
evangelística como consecuencia de una forma conservadora de pensar. Habían
dejado la Palabra. Amaban a su Señor, pero no con todo su ser. El Señor, entonces,
les hace este reproche: “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor”. Estaban
actuando como custodios de la doctrina, pero ya no más como propagadores de
ella.
Sin embargo, el Señor no sólo les señala su pecado; les guía a la restauración:
“Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras…”
Deben, los creyentes efesios, mirar en retrospectiva lo que sus padres y abuelos
habían hecho en la iglesia local casi cuarenta años antes; y al mirar su historia,
reconocer que, en lugar de crecer, habían empeorado. El verbo: “has caído”, está
escrito en un tiempo perfecto, indicando que ha trascurrido un tiempo
considerable desde que comenzó la pérdida del “primer amor”. Por tanto, la
solución que Jesús les da es el arrepentimiento que va acompañado de la decisión
de trabajar con el mismo amor en la proclamación de la Palabra que sus padres y
abuelos. En caso, de no hacerlo, la advertencia es, “…pues si no, vendré pronto a ti, y
quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” ¿Qué significa? De no
arrepentirse: ¡dejaran de ser iglesia! Es lamentable saber, que, en esa región, en la
actualidad, domina el islam.
III. La promesa de parte de Jesús.
Aunque los creyentes efesios han recibido una dura reprimenda de parte de su
Señor y Salvador, los ánima pastoralmente a ratificar su conducta de indiferencia
por la proclamación del evangelio. Los alaba por su fidelidad a su Palabra al
oponerse a los falsos apóstoles y a la expulsión de la iglesia local a los malos (v2).
Definitivamente, estas acciones correctas, atraían la oposición, criticas, problemas,
etc. Por tanto, Jesús les hace esta promesa: “Al que venciere, le daré a comer del árbol
de la vida, al cual está en medio del paraíso de Dios”. Es una clara alusión a la relación
que en el principio el hombre tenía con Dios. Al estar por siempre ante la presencia
de un Dios santo. La victoria sobre el pecado es una gracia que viene de Dios, igual
que la perseverancia ante las diferentes dificultades que constantemente asechan a
la iglesia, por causa de la correcta exposición de la doctrina. Sin embargo, esta
perseverancia es una señal externa de la obra de regeneración efectuada por el
Espíritu Santo en el corazón del creyente. No todos han de vencer, sino, “Al que
venciere…” se le dará, por gracia, la participación de la vida eterna.