PEC3.
La comunicación es más que transmitir mensajes
Salus Corpas Molina
Profesora: Andrea Rodríguez Sanz
La comunicación va más allá de transmitir y recibir mensajes, esta se da gracias a las
relaciones que construimos y de las que participamos (Vítores, 2015). La comunicación
remite a la vida social, donde negociamos y producimos significados en nuestras
relaciones sociales (Watzlawick, Beavin, Jackson, 1985), por lo que la comunicación, se
plantea como un sistema abierto, interactuando con su entorno e intercambiando
significados. Defender lo contrario, sería considerar una pequeña porción de la
comunicación descartando todo aquello que subyace.
Para ilustrar estas características de la comunicación, el axioma de contenido y
relación defiende cómo, en una interacción, se intercambia información tanto en lo
que se dice explícitamente como en la dinámica conductual y relacional que esto
define (Watzlawick, 1981).
Digamos que, los mensajes tienen contenido, pero la interpretación del contenido
puede variar según quién emite el mensaje y según quién lo recibe, siendo este último
el que influye en el sentido del primero, por lo que la interpretación de los “datos” tiene
una repercusión en nuestra conducta de forma que la comunicación se convierte en un
agente activo tanto en la definición como en la construcción y moldeamiento del self en
el establecimiento de las relaciones con los demás.
Un jefe al ver que su empleado se reincorpora después de una baja laboral puede
decirle ¿Ya estás de vuelta? Si la relación entre jefe y empleado es de cercanía, el
trabajador lo entenderá como una mera pregunta, pero si la relación es negativa y ha
habido discrepancias en el pasado el empleado puede interpretarlo como un reproche
por su ausencia.
Otro de los conceptos que nos ayudan a ampliar la visión reduccionista de Shannon es
el axioma de la comunicación digital y analógica. Watzlawick diferencia la
comunicación digital y analógica (Watzlawick [Link]., 1981); donde la primera hace
referencia al contenido, quiere decir, el mensaje verbalizado, mientras que la segunda
es entendida como aquella relación subyacente establecida entre los miembros que
interactúan. Si consideramos la comunicación como un concepto basado en estas dos
vertientes que se dan de forma paralela, podríamos decir que la relación existente
entre los miembros es aquella que condiciona el contenido que surge de esta.
La actividad comunicativa nos permite, además de transmitir información, definir el tipo
de relaciones que establecemos con otros.
Cuando decimos “Sí, estoy de acuerdo” aquí, estamos utilizando el lenguaje verbal o
digital, pero si muevo la cabeza de arriba hacia abajo para decir “Sí…” estamos
utilizado el lenguaje no verbal o analógico, entendido como un gesto que corresponde
a la kinésica, pero además podemos decir “Si…” con un tono cálido o serio
(paralingüística) o la distancia física entre el interlocutor al decirle “Sí…” que puede ser
próxima o distante (proxémica).
Puntuación de secuencia de hechos. Cuando se produce una interacción donde la
secuencia de intercambios es extensa, en cada una de las aportaciones se irá
construyendo un ítem de la interacción que se puede considerar como estímulo,
respuesta y refuerzo (Watzlawick, 1981) por lo que puntuar una secuencia proporciona
un orden, para así poder organizar la información y que sea accesible por los sujetos,
como quién toma la iniciativa, la posición más dependiente, quién realiza acciones que
toman más espacio, etc. En principio, los sujetos puntúan la secuencia de hechos del
mismo modo, entendido como un ítem como estímulo o respuesta, aun así, se pueden
dar interpretaciones distintas por cierta incapacidad para asignar una puntuación a los
hechos para secuenciarlos en un orden con más sentido, ya que lo vital de este
axioma es que se da un proceso subjetivo, de forma que se otorga un valor de causa o
de consecuencia.
En una relación conyugal, donde la mujer le explica a su esposo sus problemas con el
alcohol como una defensa ante las constantes ausencias de su marido, este por su
parte alega que se alejó debido al alcoholismo de ella. Esta es la típica secuencia
circular de comportamientos que se retroalimentan por cada sujeto, de tal forma que
los hechos aparecen como causas o efectos según quien los perciba.
Rol y fachada.
(Goffman, 1959) hace referencia a la máscara refiriéndose al concepto de rol que
cada sujeto desempeña en la sociedad, por lo que este rol se utiliza como vehículo
para posibilitar el propio conocimiento representando la forma en la que cada persona
se forma de sí misma y pasa a ser el sí mismo más verdadero de cada uno, en la
medida que integra nuestra personalidad.
Por ejemplo, el rol de un psicólogo está definido por las normas socialmente prescritas
para la actuación en la posición de este y por las expectativas sociales que se dirigen
a esa posición, dado su estatus social y profesional, mostrarán unos modales que se
esperan para alguien de esa categoría, una apariencia determinada como su bata de
trabajo y su identificación como profesional de la salud, además de dirigirse de una
forma empática, acogedora y analítica.
Otro de los conceptos ligados a esta teoría e indisoluble al concepto de rol es el
concepto de fachada. Siguiendo con el mismo ejemplo, la fachada, podemos
analizarla como el lugar del escenario desde donde el psicólogo desempeña su rol.
Digamos que la fachada define la situación para la actuación, indicando qué tipo de
desempeño de rol tiene lugar.
Disponemos de una fachada social que sería el contexto en el que se desempeña el
rol, por ejemplo, el contexto psicoterapéutico a petición de un cliente que solicita sus
servicios por lo que la sociedad espera que sean desarrollados por un profesional con
tal fin, y la fachada personal que es la apariencia del actor y su modo de desempeñar
el rol, como es su apariencia: sexo, edad, forma de vestir, las expresiones faciales, por
lo que corresponden a los aspectos más generalizados en el desempeño de roles.
Estado emocional compartido. Según Collins (2009), para describir las RI, debe
reunir una serie de requisitos como es, la presencia física de dos o más sujetos, la
separación física respecto a otros, compartir un foco de atención y el estado emocional
compartido.
Uno de los conceptos más importantes de los RI es el estado emocional compartido,
Para ejemplificar este concepto podemos analizarlo desde la perspectiva de un partido
de fútbol, los jugadores experimentarán una emoción común, según se desarrolle el
evento, por ejemplo, si van ganando se creará una experiencia emocional de poder
hacerse con la victoria y de un sentimiento de empoderamiento entre todos los
jugadores del mismo equipo así como por parte de la afición, por lo que se verá
reforzado por los aplausos, y los ánimos en la grada, de forma que se establecerá una
consonancia y armonía de emotividad compartida.
Para finalizar, como decía Peter Drucker “Lo más importante de la comunicación es
escuchar lo que no se dice”. ya que, en mi opinión, en lo “no aparente” es donde
residen las características de una comunicación que trasgreden la simple transmisión
de mensajes entre sujetos.
Bibliografía
Collins, R. (2009). El modelo de foco común y consonancia emocional. En Randall
Collins. (Ed.) Cadenas de rituales de interacción. (pp. 71-93). Anthropos.
Goffman, E. (2001). Introducción y Actuaciones. La presentación de la persona en la
vida cotidiana (pp. 13-87). Amorrortu
Vitores, A. (2015). Comunicación y relaciones interpersonales. Barcelona: FUOC.
Watzlawick, P., Beavin, J. & Jackson, D. (1981). Teoría de la comunicación humana.
Interacciones, patologías y paradojas [Libro electrónico]. Herder.