UNLP
Facultad de Ingeniería
Departamento de Producción
Humanística A
Apoyatura de material teórico sobre Inductivismo
Tema: Corrientes epistemológicas
Autora: Cecilia Actis
Cuando se trata de legitimar el conocimiento científico hay un debate que data de varios siglos
y que intenta dar cuenta de cuál es la fuente del conocimiento. El método elegido para producir
conocimiento (científico) dependerá en buena medida de dicha fuente, por eso es importante
remitirnos a este debate antes de continuar explicando características del método (o los
métodos).
¿Conocemos a través de nuestros sentidos (gusto, olfato, tacto, vista y oído)?. Nadie negaría que
si por ejemplo quiero saber si una fruta está madura, a punto para comer, la puedo mirar, tocar
su textura y olerla; así conoceré el estado de la fruta y decidiré si la como o la dejo. Los sentidos
me proveerán la información necesaria para actuar en consecuencia.
Por otro lado, nadie negaría, mucho menos en la actualidad, que la capacidad humana de
razonar (de pensar) también nos provee conocimiento: puedo saber que si a 1 le sumo 1, voy a
tener 2 (y esto lo sé independientemente de la experiencia sensible que nos proveen los
sentidos); también puedo saber –sin verlo o tocarlo- que un triángulo tiene tres ángulos.
La primera postura, llamada empirismo1 surgió en Inglaterra a mitad del Siglo XVI, en tanto la
segunda propuesta, el racionalismo, fue fundada por René Descartes (1596-1650)
enfrentándose a la anterior2.
Revisemos algunos datos históricos sobre el empirismo, ya que eso nos permitirá entender el
método inductivo. A mediados del Siglo XVI, el monje inglés Francis Bacon (1561-1626) concibió
a la ciencia como una técnica válida para dominar la naturaleza. En tanto su preocupación era la
intervención en el mundo, rechazaba los silogismos3 por su falta de empirismo y consideraba
que la inducción permitía obtener axiomas a partir de los sentidos. Para esto Bacon proponía el
uso de tablas ordenadoras de los hechos. Se trata de tablas que presentan ordenadamente los
1
Del griego ἐμπειρικός que significa “experimentado”, o probado a través de la experiencia o la
observación.
2
El argumento más simple para comprender el racionalismo tiene que ver con la aplicación de la duda:
Descartes decía que teníamos que dudar de todo, incluso de nuestros sentidos, ya que ellos podían
engañarnos. Ponía el ejemplo de una montaña que vista de lejos cabía en la mano, pero a medida que
nos acercábamos se iba haciendo cada vez más enorme. Entonces, si los sentidos nos “engañan” la
fuente del conocimiento debe ser otra. Con estas meditaciones (y siempre anteponiendo la duda)
Descartes llega a preguntarse cómo podía estar seguro (incluso¡!) de su propia existencia: él podía
olerse, verse, escucharse, tocarse, pero los sentidos no eran lo suficientemente confiables como para
afirmar que efectivamente existía. Así, llega a la conclusión de que al dudar y meditar como lo estaba
haciendo, estaba pensando: su pensamiento (el uso de su razón) sí era algo de lo que no podía
desconfiar, constituyéndose por lo tanto en la fuente de conocimiento necesaria para no dudar de su
existencia (esto es el famoso cogito ergo sum: “pienso, luego [por lo tanto], existo”)
3
Repasar la idea de silogismo apuntada en apoyatura teórica sobre hipotético-deductivo
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descubrimientos. “Los hechos comparecen ante la inteligencia” decía el autor en su Novum
Organum (pág. 64).
Luego, a principios del Siglo XVIII el escocés David Hume (1711-1776) explicará que el ámbito de
las ideas juzga4 desde la demostración a través de razonamientos deductivos y, el ámbito de los
hechos, juzga desde la probabilidad a través de razonamientos inductivos. Según Hume estos
ámbitos5 son epistemológicamente irreductibles. Este autor agrega que la inducción6 es un
estado psicológico: nuestra mente está adaptada par abstraer y generalizar; y como las
inducciones son acerca de hechos, son contingentes (es decir no tienen certidumbre lógica,
pueden suceder o no). Para Hume, la costumbre es la guía de la vida7.
Heredero de esta tradición, en el Siglo XX se funda el Círculo de Berlín cuyo método va a ser el
llamado positivismo lógico (propuesto por Reichenbach 1891-1953) y que contará, entre otras,
con las adhesiones de Ayer y Wittgenstein. En el Círculo de Berlín se plantea la necesidad de un
empirismo extremo: las teorías sólo se justifican apelando a los hechos y sólo tienen [las teorías]
significado si se pueden derivar de este modo.
Desde el punto de vista gnoseológico8 el empirismo afirma que los sentidos permiten conocer
el mundo y descubrir las leyes que lo gobiernan. El empirismo nos permite comprender la fuente
de conocimiento del método inductivo.
Ahora bien, ¿qué sostiene el inductivismo? Que observando hechos se pueden descubrir leyes,
que expliquen y predigan, cómo funciona el universo. De este modo, son las observaciones
singulares el punto de partida de toda construcción científica: observo un hecho N veces y
concluyo que todos los hechos del mismo tipo se comportarán igual.
En términos lógicos no puede decirse que éste sea un razonamiento válido ya que la verdad de
las premisas9no garantiza la verdad de la conclusión o bien, la conclusión no se desprende
lógicamente de las premisas (o bien, la verdad no se transmite de las premisas a la conclusión).
Por supuesto que hay que hacer observaciones rigurosas, por eso, para llegar a una ley, el
4
“juzga” alude a “emitir juicios”; en este caso, juicios de hechos a diferencia de los juicios de valor. Un
juicio de hecho podría ser cualquier descripción de un fenómeno (por ej. decir que “al 31/3/20 había en
Argentina 26 personas fallecidas por causa del Covid-19”). Un juicio de valor, en cambio expresa
valoraciones que no necesariamente son objetivas (ej. “es muy triste que hayan fallecido 26 personas
por Covid-19”).
5
(que como ven se asocian con los objetos de estudio de las ciencias formales y de las ciencias fácticas)
6
Inducción implica llegar a leyes universales (o principios, axiomas) a partir de observaciones singulares
7
Sólo para pensar un poco más allá: es interesante reflexionar acerca de cómo las cuestiones relativas al
CC, sus fuentes y sus métodos, tienen impacto en las concepciones políticas no sólo de los autores
mencionados sino de las grandes tradiciones filosófico-políticas que serán el fundamento de los Estados
modernos (en este caso el inglés) y en las formas jurídicas que éstos adopten.
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La gnoseología estudia el origen del conocimiento, así como sus límites
9
Las premisas en el método inductivo son cada una de las observaciones singulares registradas por
las/los científicas/os.
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inductivismo nos pide que realicemos una gran cantidad de observaciones en una gran cantidad
de condiciones.
Por lo tanto, el método inductivo requiere de a) un número suficientemente grande de casos
observados, b) que en ninguno de ellos no se observe lo que se afirma y c) que las observaciones
se produzcan en una gran variedad de condiciones.
El inductivismo descansa en al menos tres supuestos: 1) el pasado es semejante al futuro, 2) las
causas semejantes producen efectos semejantes y 3) la observación cuidadosa y sin prejuicios
es una base segura para producir ciencia ya que el/la observador humano tiene acceso directo
al mundo exterior.
Ante las críticas del racionalismo, el inductivismo afina sus afirmaciones y realiza lo que se
conoce como “retirada a la probabilidad” la cual, como se menciona en el material teórico sigue
enfrentándose con dificultades lógicas: cualquier ley o generalización universal (que es infinita)
en relación (o dividido por) con un número finito de observaciones siempre dará “0”.
Fuentes consultadas
Bacon, F. : Novum Organum. Aforismos sobre la interpretación de la naturaleza y el reino del
hombre (se trabajó con la versión disponible en
https://eva.udelar.edu.uy/pluginfile.php/508835/mod_resource/content/1/Bacon_Novum_Or
ganum.pdf no se poseen más datos bibliográficos) La primera edición es inglesa de 1620.
Boido, G. y otrxs (1996): Pensamiento científico; Pro Ciencia Conicet Ministerio de Cultura y
Educación de la Nación; Buenos Aires
Burucúa, J. E. y Glatsman, G. M. (1996): Pensamiento científico. Historia de la idea de progreso;
Pro Ciencia Conicet Ministerio de Cultura y Educación de la Nación; Buenos Aires.