EL JUEGO DE CAÑAS EN LA ESPAÑA MEDIEVAL Y MODERNA
EL JUEGO DE CAÑAS EN LA ESPAÑA MEDIEVAL Y MODERNA
Manuel Hernández Vázquez
Profesor Titular de la Universidad Politécnica (INEF de
Madrid)
MUSEO DEL JUEGO Manuel Hernández
EL JUEGO DE CAÑAS EN LA ESPAÑA MEDIEVAL Y MODERNA
La dinastía omeya afincada en España, heredera de una cultura
milenaria de origen por un lado greco-romano y por otro a través de
Siria y Egipto, impregnada de la cultura sasánida de Persia y
Mesopotamia, practicaron deportes muy populares en esos países y
los introdujeron en el-Andalus. Así podemos citar la montería, la
cetrería, las carreras ecuestres, el juego de polo, los baños públicos y
los juegos de cañas. Comprobamos como durante la permanencia de
los musulmanes en España hubo un influjo constante de influencias
de todo tipo, entre ellos y los reinos cristianos, haciéndose notar en
las costumbres como el juego, las diversiones y el pensamiento. El
juego de cañas evoluciona a través de estos contactos constantes
entre cristianos y moros, sobre todo en las regiones limítrofes entre
ambos bandos. Por ejemplo, es digno de señalar la coincidencia del
término "tablado" o "tablas", muy utilizado en nuestro país para
referirse a los torneos o justas, con un lugar de Granada, conocido
actualmente con el nombre de la "puerta de los siete suelos", que era
conocido entonces como "la tabla", donde se organizaban torneos y
actos solemnes como exhibiciones de la caballería ceneta, que
podrían ser muy bien los inicios del juego de cañas (Arié, 1987).
En la región de Jaén, los señores andaluces se entregaban con
entusiasmo al juego de cañas. Una embajada granadina ante la corte
del rey Juan II, tuvo un notable éxito practicando este tipo de juego.
En tiempos de Muhammad VIII, en una carta de origen nasri (fechada
el 30 de mayo de 1418) y dirigida a Alfonso V, enumera entre los
regalos destinados al rey aragonés, un equipo para el juego de cañas.
Los combatientes que se conocían de otras lides, unas veces como
compañeros y otras, enfrentados tenían entre sí, muchos de ellos,
lazos de parentesco, ya que eran frecuentes los matrimonios mixtos.
Además, existía una tácita emulación caballeresca entre cristianos y
árabes. Jerónimo Münzer nos ha transmitido una descripción del
juego de cañas al que asistió en Granada el 26 de octubre de 1494.
El conde de Tendilla, había convocado a los cien jinetes más diestros
en una explanada que hay en la Alhambra destinada a estos juegos.
"Divididos en dos cuadrillas, comenzaron los unos a acometer a los
contrarios con largas cañas, agudas como lanzas; otros simulando
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una huida, se cubrían la espalda con adargas y broqueles,
persiguiendo a otros, a su vez, y todos ellos montados a la jineta en
corceles tan vivos, tan veloces, tan dóciles al freno, que no creo que
tengan rival" (Courau, 1973). El juego aunque era peligroso servía
de entrenamiento y de simulacro de batalla entre los caballeros.
“Después con cañas más cortas, a modo de flechas, y a galope de los
caballos, hicieron tiros tan certeros como si los dispararan con
ballesta o con lombarda”. Alonso de Palencia, citado por (Arié, 1996)
nos relata la táctica del juego de cañas al evocar una justa disputada
en Jerez en honor de los Reyes Católicos. La costumbre medieval de
los desafíos lanzados por campeones de ambos bandos para
enfrentarse en combates singulares parece ser que ya se practicaba
en España a finales del califato omeya, si damos crédito al relato de
al-Turttusi. En el transcurso del episodio final de la guerra de
Granada, en la campaña de 1491, los jinetes granadinos y los nobles
castellanos midieron fuerzas en duelos celebrados al pie de las
murallas de las plazas sitiadas (Arié, 1987).
.
De la Alta Edad Media y refiriéndonos a los reinos cristianos es difícil
encontrar datos, si exceptuamos a Isidoro, que atestigüen con nitidez
las actividades o manifestaciones lúdico-deportivas que se
practicaban en esa época. Las sucesivas invasiones asumen todo el
protagonismo y crean una gran inestabilidad e incertidumbre en las
regiones conquistadas. Seguramente los primeros testimonios surgen
a través de los cantares de gesta y del Mester de Clerecía y describen
casi siempre hechos de armas que se desarrollan en los límites entre
los reinos cristianos y árabes (las marcas). Dadas las circunstancias,
no es de extrañar que las actividades más importantes estuvieran
siempre relacionadas con la guerra y que los caballeros artífices de la
misma, pasaban todo su tiempo, cuando no guerreaban, con
ejercicios y juegos bélicos como las justas y torneos que se
convirtieron con el paso de los siglos en la manifestación deportiva
más importante de la Edad Media. Los torneos y justas como
actividad se fueron gestando durante la alta Edad Media, pero cuando
alcanzan su plenitud fue durante la Baja Edad Media. En los reinos
cristianos y árabes se desarrollaron con unas características
singulares. Ya desde el principio los torneos solían ser menos
violentos, por lo que su práctica no tuvo casi limitaciones. Así cuando
los caballeros se exceden en el combate, suelen ser reprendidos,
como hemos visto en varios ejemplos. Hasta el nombre dado a las
distintas modalidades del torneo son distintas a las usadas en el resto
de Europa. Nos encontramos con nombres inusuales en otros ámbitos
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medievales europeos y que nos indican formas distintas de
realización: tablas, tablado, bofordar, alancear o cañas nos indican
las formas del torneo donde el objeto principal es romper la caña o
lanza en el escudo del contrario o de una tabla, sin que en ningún
momento se pretenda herirlo, aunque eso no siempre se consiguiera
dado el riesgo que entrañaba la propia actividad. Otra característica
que sólo se da en los reinos cristianos y árabes de la Península es
que, a partir del siglo XIII, las citas que encontramos relacionadas
con los torneos siempre van unidas al juego de alancear los toros,
siendo esta última también una actividad propia de caballeros. En las
mayorías de las fiestas reales o religiosas después de tornear los
caballeros, alancean un toro a caballo. Esta singularidad única, pues
sólo se da en la Península Ibérica, tanto en los reinos cristianos como
en los musulmanes, se mantiene como ya veremos no sólo durante
toda la Alta Edad Media sino que se siguió practicando hasta finales
del siglo XVIII.
En 1144 en León, durante la boda don García de Navarra, con doña
Urruca, hija de Alfonso VII, se celebran juegos de cañas y toros y
otros juegos de placer. Uno de los primeros autores que trataron el
mundo del juego en nuestro país, fue Alfonso X el Sabio (1252-1284)
que veía en ellos un don de Dios y fue en su obra “Las Siete
Partidas” donde recoge toda la información para conocer como se
vivía en aquella época, nos relata en uno de sus capítulos, después
de recordarnos las bulas dadas por los distintos papas, recomienda el
juego de toros, siempre y cuando los toreadores sean hábiles y
diestros, tanto los de a pie como lo de a caballo, “sería e tiempo que
en esto se gastase entretenido y gustoso”, aunque al final comenta
que hay otro tipo de ejercicios más seguros y, por tanto, más
recomendables para los caballeros: “A los de a caballo es bien que se
les acuerde que hay otros ejercicios de caballeros, como son justas,
torneos con palenque o telas, donde no haya peligro, carreras,
alardes, ensayes de guerra, y si juego de cañas, que no es fuerza
que los haya de despartir el toro, sortijas, máscaras”.
Juan Guirao García, citado por Acosta, en su estudio “Ginés Pérez de
Hita y las fiestas moriscas de Purchena”, recoge la cita que García
Arenal, en su libro “Los moriscos”, hace en relación a la “Expulsión
justificada de los moriscos españoles y suma de las excelencias
cristianas de nuestro rey D. Felipe tercero de este nombre”. “Los
moriscos, nos dice “eran muy amigos de burlerías, cuentos,
berlandinas, y sobre todo amicissimos (y assí tenían comúnmente
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gaytas, sonajas, adufes) de baylas, danças solaces, cantarcillos,
alvadas, paseos de huerta y fuentes, y de todos los entretenimientos
bestiales en que con descompuesto bullicio y gritería, suelen ir los
moços villanos, vozinglando por las calles. Vanaglórianse de
baylones, jugadores de pelota y estornija, tiradores de bola y del
canto, corredores de toros, y de otros hechos semejantes de
gañanes”. Nos dice Guirao, que Pérez de Hita vio en Lorca corridas de
toros, peropalo, juegos de cañas, sortijas y alcancías, alardes,
comedias, etc. Después el mismo Pérez de Hita, fue organizador de
fiestas, solemnes autos, misterios, música y danzas, zancos, gigantes
y demonios al son de gaitas y guitarras...
Juan de Mariana (1536-1623), Es uno de los eruditos que con mayor
profundidad tocó el mundo del juego, siendo un defensor convencido,
tal como lo demuestra en su obra “Del rey y de la Institución Real
“(1559), libro II, capítulo V, que nos habla del ejercicio del cuerpo
(Mariana, 1950) y entre otros describe el juego de cañas a la manera
de los moros: “[...] digo que han de establecerse para el príncipe
todo género de luchas entre iguales, en las que ha de intervenir, no
ya sólo como espectador, sino como parte activa, procurando por de
contado que sea sin mengua de su dignidad y decoro. Elíjanse
jóvenes, ya del mismo palacio, ya del resto de la nobleza, é
invéntense simulacros a manera de luchas, donde, ya cuerpo á
cuerpo, ya divididos en bandos, combatan entre sí, ora con palos, ora
con espadas. Contiendan entre sí sobre quién ha de ser más veloz en
la carrera ó más diestro en gobernar un caballo, ora disparándole en
línea recta, ora volviéndole y revolviéndole en mil variados giros;
ténganse premios para el vencedor, á fin de encender más el
certamen, y peleen á la manera de los moros, según la cual parte de
uno de los dos bandos arremete contra el contrario, y después de
haber disparado cañas, á manera de dardos, retrocede cediendo al
empuje del enemigo, que es recibido por la parte del bando opuesto
que quedó como reserva, y se va así repitiendo la lucha hasta que se
da á uno de los bandos por vencido. Aprendan á montar además a
caballo, poniéndose con ligereza en la silla, bien vayan sin armas,
bien cubiertos de hierro, ejercicio que en las derrotas sirvió de
mucho, no ya sólo a simples soldados, sino también a príncipes y á
grandes capitanes “.
Rodrigo Caro en su obra “Días Geniales y lúdicros” sobre el juego de
cañas y toros, nos dice “que son las fiestas más frecuentes de que
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hoy usamos en España, por invención nuestra y me fundo en la
afición notable y propensión que todos tenemos, aunque he leído en
la Historia del Padre Juan de Mariana, de la compañía de Jesús, que
es cosa de moros o imitación de sus batallas, que tanto duraron en la
tierra. En otro apartado describe como los caballeros de Jerez
jugaban a las cañas cara a cara, que únicamente en toda España
conservan este uso, explicando después que este hecho sólo se da en
el primer lance del juego, para posteriormente arrojar siempre las
cañas contra los que se van retirando a su puesto.
Los juegos de cañas posiblemente fueron junto a los toros, la
manifestación deportiva más popular durante el siglo XVII. Aunque el
origen del juego de cañas es morisco, según algunos autores como
Mariana, Rodrigo Caro o fray Diego de Arce que en su Miscelánea,
fechada en Murcia en 1606, escribe: “Es propio de los moros el juego
que llamamos de cañas, y tan propio que sólo ellos lo usan o algunos
pueblos que lo han tomado de ellos; de donde, para jugarle, en el
traje los remedan y visten como ellos... Se entienden por cañas
lanzas, porque en realidad no era la de las fiestas aquello que
verdaderamente y en primer término entendemos por cañas, que
jugar con estas, más hubiera sido diversión de muchachos que no de
jinetes, como cosas tan flacas y quebradizas, sino de madera fuertes,
y además en su forma eran larga”. También podemos citar a
Francisco Núñez de Velasco, en sus “Diálogos de contención entre la
milicia y la ciencia, publicado en Valladolid (1614), nos dice [...] y tan
inútil como es un juego de cañas, invención de aquellos bárbaros
Mahometanos, que sólo por ser suya, la devrían los Cavalleros
Católicos aborrecer [...]. También el diccionario de Covarrubías nos
dice que “En España es muy usado el jugar las cañas, que es un
género de pelea de hombres de a cavallo. Este llama juego troyano, y
se entiende averle traydo a Italia Julio Ascanio. Descrévele Virgilio,
Lib. 5, Aeneidos tan por extenso que no quita punto del juego de
cañas nuestro. Primero desembaraçan la plaça de gente, haza la
entrada con sus cuadrillas distintas, acometen, dan vuelta, salen a
ellos los contrarios...” Lo que demuestra que ya un juego parecido se
practicaba en época romana.
El juego de cañas juego no sólo no desapareció, sino que a lo largo
de los siglos XVI y XVII, alcanzó un auge extraordinario como juego
caballeresco, limitado en su práctica solamente a la nobleza, y unido
a otros juegos como la cabalgada en sus tres modalidades, la
máscara, la encamisada y el estafermo, las corridas de toros, el
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juego de pelota de los nobles, y la caza en sus dos modalidades de
montería y cetrería. Estos juegos deportivos generaron a lo largo de
los dos siglos, una numerosa literatura especializada, donde se
explica las modalidades existentes y las técnicas y artes de la
equitación y de la esgrima, como por ejemplo: “Tratado de la
esgrima” de Francisco Roman (Sevilla, 1532); el “Tratado de la
caballería de la jineta“ Sevilla (1551), de Fernando Chacón; el
“Tratado de caballería a la gineta“ de Pedro de Aguilar (Sevilla,
1572), ”Philosofía de las armas”, de Jerónimo Carranza (Sanlucar de
Barrameda, 1582), el “Libro de la Montería“ de Gonzalo Argote de
Molina (Sevilla, 1582); el “Libro de la jineta en España,”, editado en
Sevilla (1599), de Pedro Fernández de Andrada; “Discursos, Epístolas
y Epigramas de Artemiro” de Rey de Artieda (Zaragoza, 1605)
“Exercicios de la gineta “Gregorio Tapia Salcedo (Madrid, 1643),
Alonso Martínez de Espinar, con la obra “Arte de ballestería y
montería”, editada en Madrid (1644); Andrés Dávila y Heredia con su
obra “Palestra particular de los exercicios del cavallo” (1674). En
todos ellos se observa con claridad el cambio producido en estos
juegos que pasan de ser torneos en campo abierto a juegos urbanos,
como la quintana, o la sortija; el enemigo ya no es un guerrero sino
un maniquí o un anillo que atravesar.
El juego de cañas, unido a los toros, fue la actividad festiva
más importante sobre todo, durante el reinado de Felipe IV. Fiesta
popular entre caballeros y nobles, donde incluso solía participar el
propio rey, venía a ser en su versión moderna, una evolución de los
torneos, consistente en una carrera entre varias cuadrillas de jinetes
que se asaeteaban unos a otros con lanzas. El caballero más hábil del
juego era que conseguía librarse de los golpes y a su vez golpear a
sus contendientes con sus lanzamientos, teniendo cuidado de que no
caigan sobre las ventanas donde las damas miran el juego (Salas,
1978). Según Tapia Salcedo, las adargas que se usan en el juego
“han de ser de ocho tercias de largo al menos, lisas y derechas”,
rígidas en su mitad superior y flexibles en la inferior, para que
pudieran doblarse sobre el anca del caballo. En su parte central
llevaban una embrazadora, “dos brazales, una manija y un fiador,
que venga desde el hombro, como tahalí, con su hebilla para acortar
y alargar... Doran las adargas y las platean por de dentro; parece
mejor de fuera blancas: suelen poner en ellas bandas, motes, cifras y
empresas muy curiosas...Llevaban también las cañas en medio un
palillo atravesado, para arrojarlas con más fuerza, y el nudo postrero
cortado, liso, sin punta, porque lo contrario se reputa a superchería.
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Existe también un tipo de cañas, llamadas bohordos, que tienen
canutos pesados llenos de arena o yeso. El amianto con que se han
de tirar ha de ser delgado y de hasta palmo y medio de largo;
pónese en la caña con una vuelta sola, y ha de quedar muy apretado
y tirante: hanse de llevar en la mano, asido en el dedo, de en medio
o muñeca de la mano derecha, muy iguales y tanteados, porque al
tiempo de despedirlos no salgan altos ni bajos, de manera que vayan
rompiendo con igualdad el aire... A veces en el encuentro se
enfrentaban uno contra uno, otras de dos en dos y en ocasiones,
una cuadrilla contra la otra, luchando todos contra todos sin orden ni
concierto. El caballero que lanzaba la caña, lo debía hacer con toda la
fuerza posible, ayudándose con el amianto que quedaba asido en el
dedo o en la muñeca” (Deleito y Piñuela, 1954).
La entrada a la plaza era en parejas, unas tras otras, hanse de ver a
un tiempo tres parejas en ella, corriendo en esta forma: la que va a
parar o salir; otra, que ha de estar entonces en el medio, y otra
entrando, que hace muy apacible a la vista. De esta forma iban de
un lado a otro de la plaza, unas veces de frente y otras cruzándose y
todo ello a toda velocidad de sus caballos. La contienda empezaba
con una cuadrilla que comenzaba a desfilar por toda la plaza,
mientras que las otras apostadas, esperaban el momento oportuno
para atacar, hecho que se producía, lanzando los caballos a galope y
lanzando las cañas o bohordos con la intención de golpear a alguno
de los contendientes. Tapia nos relata que los contendientes “han de
tener cuidado a que no se cautive alguno (que es, por correr más el
caballo, meterse entre los contrarios), y no han de tirar las cañas
hasta el postrer tercio, lo cual así hecho, toman la vuelta sobre la
mano derecha, y, adargados, pasan por la frente de los enemigos
hasta la puerta, donde, en la forma dicha, dan la vuelta, mudan las
riendas y se adargan. Y esto mismo repitiéndolo hasta que hayan
corrido todas las cuadrillas sus cañas. Las cuadrillas realizaban cruces
y evoluciones combinadas de un efecto muy vistoso aunque de gran
peligro de choque. Para que los encuentros fueran limpios, según la
ley del juego, se habían de hacer de frente, tirándose las cañas rostro
a rostro o de lado. El dicho “las cañas se vuelven lanzas“, se refiere a
las veces en que el juego crecía en violencia provocando verdaderas
peleas, en cuyo caso las cañas se sustituían por venablos o espadas.
Cuando todas las cuadrillas han corrido sus cañas, los padrinos se
meten en medio y ponen fin a la escaramuza. Entonces suelen cerrar
las puertas y soltar un toro o más... y los caballeros que quieren
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pueden tomar rejones con lo cual acaba la fiesta (Delito y Piñuela,
1954).
Las personas de la casa real, cuando asistían a la fiesta en la Plaza
Mayor, ocupaban el balcón central de la Casa de la Panadería. Si el
rey participaba en el juego, formaba pareja con el caballerizo mayor
(Salas, 1978). El juego de cañas que había decaído en la segunda
mitad del siglo XVI, volvió a recuperarse gracias al rey Felipe IV, del
que era un gran aficionado, tomando parte en él con frecuencia. Al
ser el juego de origen moro, en muchas fiestas, sobre todo de las
antiguas, las cuadrillas se disfrazaban la mitad de moros y la otra
mitad de cristianos. La costumbre se mantuvo en la época de Felipe
IV, en muchas de las cuadrillas caballerescas o en simples
mascaradas. Quevedo en la conocida epístola al Conde Duque, se
quejaba de la pérdida en parte del decaimiento del juego de cañas,
diciéndonos (Delito y Piñuela, 1954).
Gineta y cañas son contagio moro;
Restitúyanse cañas y torneos
Y hagan paces las capas con el toro.
Todas las manifestaciones lúdicas descritas hasta el momento se
desarrollaron a lo largo del siglo XVI y XVII, y de ello hay suficientes
testimonios pero, sin embargo, nada fue comparable a las
promovidas en los primeros veinte años del reinado de Felipe IV,
donde se sucedieron sin interrupción mascaradas, cacerías, torneos,
corridas de toros, luchas de fieras, juegos de cañas, estafermos,
bailes y cabalgatas. De todas ellas las más brillantes y fastuosas eran
las fiestas organizadas por alguna conmemoración de la Casa Real o
aquellas que se celebraban en diversas poblaciones por donde pasó la
comitiva real. Una de las fiestas que en este sentido alcanzaron más
brillo fueron las que se hicieron en 1623; empezaron con una
mascarada el domingo de Carnestolendas, en la que tomaron parte
noventa caballeros, entre ellos el propio rey y el Conde-Duque de
Olivares; todos sobre magníficos caballos andaluces y ya en la Plaza
del Palacio, los jinetes distribuidos en parejas, cada una de los cuales
llevaba distintos colores y atributos, hicieron ejercicios de equitación,
cabalgando, veloces como el viento, ante los balcones del Alcázar.
Desde aquel lugar marcharon sucesivamente a las plazas de las
Descalzas, Plaza Mayor y Puerta de Guadalajara, donde repitieron las
caballerescas evoluciones (Delito y Piñuela, 1954).
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Con motivo de la llegada y estancia en Madrid del príncipe de Gales
Carlos Estuardo (después Carlos I de Inglaterra, que fue ejecutado
posteriormente por la justicia popular), se celebraron continuos
festejos, aunque los más celebrados fueron los de la llegada; hubo
corridas de toros, juegos de cañas, comedias, conciertos
iluminaciones y juegos artificiales. El domingo de Pascua, 16 de Abril
se celebró un torneo con mascarada festiva, convirtiéndose en
palenque las Plaza Mayor, de las Descalzas y la de Palacio,
cerrándolas con vallas. A fines de 1632, se llevó a cabo la
inauguración oficial del Buen Retiro, organizándose un juego de cañas
en que corrió y ganó el propio Felipe IV, acompañado en tal deporte
por el Conde-Duque de Olivares. Para correr las cañas se había
construido una espaciosa plaza circular, cuyas gradas ocupaban las
damas de la corte. Se corrieron en los siguientes días toros, lanzas y
sortijas y los premios consistieron en bandejas de plata. En diciembre
de 1633, se celebraron dos fiestas de toros y cañas, y así continuaron
los festejos hasta 1637, donde según los cronistas de la época se
superaron todas las fiestas anteriores. Se empezó por construir una
gran plaza de madera, en el mismo lugar donde se hizo después otra
de fábrica, que se llamó plaza de la pelota. Ya en el Palenque, las 16
cuadrillas, formadas a su vez por 13 caballeros, hicieron sus
caracoles (evoluciones giratorias con el caballo), y movimientos
representando la imagen de batallas y escaramuzas. Finalmente el
rey, y algunos caballeros corrieron el estafermo. Los siguientes días
se celebraron mojigangas, danzas al estilo aragonés, castellano y
morisco, cucañas y diversos juegos de carnestolendas, apedreándose
las damas con huevos de olor y alcancías (cañas con las que los
caballeros tiraban huevos y se defendían con escudos de madera
(Delito y Piñuela, 1954).
En aquel mismo año, dos compañías de jinetes de Andalucía, con
rumbo a Navarra, hicieron ante el rey un simulacro de combate, y
después una fiesta de sortija y estafermo. El seis de diciembre, en
honor a María Rohan-Montbazon, duquesa de Chevreuse, hubo
juegos de cañas y sortijas, toros, máscaras, y diversiones acuáticas
en el Retiro y monterías en el Pardo. Otro momento señalado por los
cronistas como de gran espectáculo, fue con motivo de la llegada a
Madrid de la nueva reina, Mariana de Austria, el 15 de noviembre de
1649. Siguieron ocho días de juegos artificiales, luminarias, una
máscara o encamisada, dispuesta por Felipe IV y formada por ocho
cuadrillas de doce caballeros cada una, dirigidas todas por el rey en
persona y que dio varias carreras en los lugares acostumbrados. Poco
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después, el 21 de diciembre, para celebrar el natalicio de la reina se
organizó una fiesta de toros y cañas. En 1651, con motivo del
nacimiento de la princesa Margarita, hubo fiesta de cañas y dos
grandes corridas de toros. En septiembre de 1657 se organizaron las
fiestas con mascarada del 12 de enero, las cañas del 28 y los toros
del 11 y 26 de febrero, corridos respectivamente en la Plaza Mayor y
en el Buen Retiro (Delito y Piñuela, 1954).
Dignos de resaltar son también los festejos que se celebraban en
diversas poblaciones por donde pasaba la comitiva Real con motivo
de los viajes del rey. El primero de esos viajes, fuera de Valladolid y
Madrid, fue para visitar Andalucía. Las paradas y los festejos donde
se celebraron juegos de cañas fueron los siguientes:
Carpio: tuvo en la plaza del pueblo, las más sazonadas fiestas de
toros y cañas que se puedan imaginar. Córdoba: tuvo la ciudad toros
y cañas, rejones y lanzadas. Los que las corrieron fueron 42
caballeros. Hubo por la noche una alegre mascarada, acompañada de
todos los caballeros cordobeses y al día siguiente estaba previsto
cañas y toros, pero se suspendieron al coincidir con la Cuaresma.
Sevilla: hubo mascarada en la que participaron 200 caballeros con
hachas blancas, efectuando su primera carrera en el patio principal
del Alcázar y después corrieron por las calles de la ciudad. Coto de
Doñana: dominios del duque de Medina Sidonia, constituía un espacio
riquísimo de caza por lo que el duque ofreció a Felipe IV unas
jornadas de cacería, donde cazaban jabalíes; hubo toros los dos
primeros días y el rey a escopetazos mató tres de ellos. Granada: el
día de Pascua se celebró en honor del soberano una brillante
mascarada.
En el viaje a Aragón y Cataluña, realizado en 1626, con el fin de jurar
los fueros de estos reinos y el de Valencia, hubo los siguientes
festejos:
Valladolid: se festejaron corridas de toros, cañas, mascaradas,
comedias, mojigangas, y un despeñamiento de reses bravas en el
Pisuerga a través de una rampa de madera que descendía hasta el
río. Al día siguiente, asistió el soberano en la Plaza Mayor, a una
fiesta de toros y cañas. Asimismo, se celebró una mascarada
dispuesta por los gremios; después rejonearon en la Plaza Mayor,
nobles y caballeros principales, en presencia del monarca.
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Durante el siglo XVIII, son varios los autores que citan el juego de
caña, quejándose de su desaparición como actividad festiva de la
nobleza. Jovellanos, nos cuenta que las Maestranzas pueden ser uno
de los entretenimientos más dignos para ocupar el tiempo libre de la
nobleza. “Su gobierno, su policía, su enseñanza metódica, sus
regocijos y sus fiestas servirían para entretener a los nobles de
provincias al tiempo que se recuperaría la varonil y bizarra galantería
de los caballeros, de la que apenas ha quedado una débil sombra. Y
que combinada con las ideas de un siglo culto e ilustrado, fuera más
conforme al espíritu y a los deberes de la nobleza. Recuperar sus
antiguos manejos: juegos de cañas, de sortija, de estafermo, de
cabezas, de alcancías y semejantes” (Deleito y Piñuela, 1954).
Blanco White (1991), nos señala que además de las ceremonias
religiosas, se celebraban otras funciones más profanas. Entre ellas
estaba el juego ecuestre propio de los moros, llamado en árabe el
Jeerid y en español Cañas, por las que tiran los jinetes jabalinas, en
medio de una vistosa variedad de movimientos y evoluciones con los
caballos.
El diccionario de Autoridades describe así el juego de cañas:
“Juego ò fiefta de a caballo, que introduxeron en Efpaña los Moros,
el qual fe fuele executar por la Nobleza, en ocafiones de alguna
celebridad. Fórmafe de diferentes quadrillas, que ordinariamente fon
ocho, y cada una confta de quatro, feis ù ocho, Caballéros, fegun la
capacidad de la plaza. Caballéros, ván montàdos en fillas de ginéta, y
cada quadrilla del colór que le ha tocado por fuerte. En el brazo
izquierdo llevan los Caballéros una adarga con la divífa y mote que
elige la quadrilla, y en el derecho una manga coftofamente bordada,
la qual fe llama Sarracena, y la del brazo izquierdo es ajuftada,
porque con la adarga no fe vé. El juego fe executa divindiendofe las
ocho quadríllas, quatro de una parte y quatro de otra, y empiezan
corriendo paréjas encontradas, y defpues con las efpadas en las
manos, divididos la mitad de una parte y la mitad de otra, forman
una efcaramuza partida, de diferentes lazos y figúras. Fenecida efta,
cada quadrilla fe junta aparte, y tomando cañas de la longitud de tres
à quatro varas en la mano derecha, unida y cerrada igualmente toda
la quadrilla, la que empieza el juégo corre la diftáncia de la plaza,
tirando las cañas al áire y tomando la vuelta al galópe para donde
está otra quadrilla apoftada, la qual la carga á carréra tendída y tira
las cañas á los que ván cargados, los quales fe cubren con las
adargas, para que golpe de las cañas no les ofenda, y afsi
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fuccefsivamente fe ván cargando unas quadrillas à otras, haciendo
una agradable vifta. Antes de empezar la fiefta entran los Padrinos en
la plaza con muchos Lacáyos y ricas libréas, cada uno por diferente,
parte y fe encuentran en medio de ella, como que allí fe han citado
para defafiarfe los unos à los otros, y faliendofe de la plaza vuelven
luego à entrar en ella, figuiendoles cantidad de azémilas ricamente
enjaezadas, cargadas de cañas cubiértas con repoftéros, y dando
vuelta á la plaza, como que reconocen el campo, ocúpan fus pueftos,
y facando los pañuelos, como én feñal de que eftá feguro, empieza la
fiefta: cuya execucion fe llama correr ó jugar cañas. Algunas veces fe
hace veftídos la mitad de los Caballéros à la Morifca y la otra mitad á
la Castellana, y entonces fe llama efta fiefta Moros y Chriftianos.
En cuanto a los juegos deportivos más populares, hay que decir que
exceptuando la danza, cuya práctica se generalizó a toda la sociedad
en general, hubo una distinción clara entre los juegos practicados por
la nobleza y los practicados por el pueblo llano o los plebeyos. Los
juegos de la nobleza más importantes fueron: el juego de cañas, las
corridas de toros, las cabalgadas con sus variantes (mascarada,
encamisada y estafermo), la caza con sus dos variantes (montería y
cetrería), el juego de pelota y la danza. De todas ellas, las que
alcanzaron mayor trascendencia social fueron las dos primeras,
debido a que también participaba el pueblo aunque fuese como
auxiliares de la fiesta o como espectadores. De hecho, según cuentan
los cronistas, cuando se celebraba una fiesta de cañas y toros, pues
generalmente iban unidas, toda la ciudad se paralizaba y giraba en
torno a este acontecimiento. Especial relevancia tuvieron los festejos
que se organizaron en la Plaza Mayor de Madrid, de los que se tienen
suficiente información para conocer su desarrollo en sus más mínimos
detalles. Brunel, que estuvo presente en la corrida del 20 de mayo de
1655, escribe: “Se ve reunido a todo Madrid en la Plaza Mayor para la
fiesta de toros, que es una solemnidad de la cual se habla con tanto
encarecimiento, que se la compara a los más hermosos espectáculos
de los antiguos...”.
La Plaza Mayor se preparaba completamente para el espectáculo,
armando tablados con asientos para los que no tenían acomodo en
los balcones, que por supuesto estaban reservados al monarca y a
sus invitados, especialmente la casa de la Panadería y el resto de las
localidades libres se sacaban a la venta con unos precios ya
estipulados. Se calcula que los espectadores que asistían a las fiestas
de toros y cañas en la Plaza Mayor llegaban a los 50.000 en los días
más señalados, como por ejemplo en la fiesta de Santa Ana,
MUSEO DEL JUEGO Manuel Hernández
EL JUEGO DE CAÑAS EN LA ESPAÑA MEDIEVAL Y MODERNA
celebrada el 16 de agosto de 1632. Reciente aún el incendio que
había destruido parte de la plaza, alguien dio un grito de fuego y se
produjo tal estampida, aunque fue una falsa alarma, hubo varios
muertos y heridos a causa del hecho (Deleito y Piñuela, 1954).
Quevedo, en su romance Toros y Cañas que escribió con motivo de
las fiestas de toros y cañas que se celebraron el 12 de octubre de
1629, con motivo de la boda de la infanta doña María con el rey de
Hungría, nos ofrece una breve descripción de lo que eran estas
fiestas.
El juego de cañas, dado el costo elevado de esta manifestación
deportiva, sólo podían practicarla la nobleza, por lo que poco a poco
al decaer ésta, también decayó la fiesta, hasta que desapareció a
finales del siglo XVII. En el juego de cañas, donde solía participar el
rey Felipe IV y su valido el Conde-Duque de Olivares formando
pareja, participaban lo más relevante de la nobleza española de
aquella época. Algunas fiestas llegaron a participar en el juego más
de 100 caballeros a caballo, ricamente vestidos. Realmente, el juego
de cañas se convirtió a lo largo del siglo XVII en una especie de ballet
ecuestre, donde los caballeros, con el pretexto de atacarse con las
cañas, hacían todo tipo de evoluciones y cabriolas con los caballos
que, sin lugar a dudas, debió ser un gran espectáculo. Queda sin
aclarar el origen de este juego, que aunque parece una evolución del
torneo medieval, lo cierto es que no se sabe exactamente su origen.
La mayoría de los autores tratados vienen a decir que es de origen
morisco, en cuyo caso el juego se vendría practicando al menos
desde el siglo XIV.
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EL JUEGO DE CAÑAS EN LA ESPAÑA MEDIEVAL Y MODERNA
EL JUEGO DEPORTIVO EN LA EUROPA MEDIEVAL
Cuadro resumen del estudio antropológico (476-1492)
JUEGOS Y OBJETIVOS
DEPORTES CARACTERÍSTICAS
• Carreras de • La educación se • Los juegos de la
cuádrigas encierra en los nobleza tienen un
( sólo en Bizancio) monasterios y la claro objetivo: la
• Torneos y justas enseñanza preparación para la
Torneos, justas, escolástica se guerra.
Cañas, tablas consagra a la
estafermos, lógica, la • Por ello el deporte
sortijas gramática y teología medieval practicado
• Caza exclusivamente por
Montería y cetrería • Las actividades los caballeros, se
• Juegos de pelota deportivas convierte en una
La Paume, le soule, utilitarias exigen actividad utilitaria,
el calcio una gran que en sus formas
• Deportes de lucha especialización y más lúdicas,
• Lanzamientos reglas muy mantienen unas
De piedras, estrictas. reglas muy estrictas
jabalina, honda, y un ritual
troncos. • La gimnasia complejo.
• Carreras y saltos desaparece como
• Esgrima tal del sistema • Utilización de las
(Escuelas, educativo. fiestas y los
hermandades) festivales como
• Equitación • El espíritu religioso afirmación del
Carreras ecuestres limita las poder de la nobleza
(al-Andalus) posibilidades o de una ciudad.
Polo ( en Bizancio y lúdicas. El clero es
en la hostil por principio ( • Asimismo, el pueblo
España está en contra de llano, aprovechaba
musulmana) cualquier actividad las fiestas
• Juglarismo pagana, procedente religiosas, con el
Acróbatas, de las costumbres objetivo de poder
danzarines, decadentes practicar ciertas
Malabarismos romanas) actividades que
• Tiro con arco como norma
Arco tradicional, • El Imperio bizantino estaban prohibidas
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EL JUEGO DE CAÑAS EN LA ESPAÑA MEDIEVAL Y MODERNA
ballesta es una excepción, (las danzas, los
• Natación pues mantiene la juegos etc.)
de fondo, con escuela laica y las
armadura, de costumbres • Instalaciones:
salvamento, lucha romanas. (en el
en el agua, deporte alcanza una • En las ciudades está
buceo ( gran popularidad atestiguado la
particularmente en las carreras de existencia de
Alemania) cuádrigas). espacios e
• Zancos, soga-tira, instalaciones
juego de la barra • Adaptación de específicas para la
• Gimnasia de formas lúdicas a práctica deportiva,
manos libres las necesidades de como salas de
• bolos, trepa, la guerra. Aparición esgrima, campos de
diábolo, el marro, del caballero, polo, baños y
la toña. profesional de la termas.
• Regatas a remo ( guerra.
en Italia) • El feudalismo como • Prados o campos de
• Alpinismo marco de arena, en las
• Patinaje sobre referencia; las afueras de las
hielo danzas palaciegas ciudades para los
• Pesca con lanza y la caza, los juegos de pelota o
arpón torneos y las justas, para el montaje de
• Excursionismo sólo para la tablados para las
Danzas nobleza feudal. justas y torneos.
Danzas populares • El pueblo se divierte
como la sardana, la con los juegos de • Utilización, en el
danza de espadas, pelota, ejercicios caso de España, de
danzas juglarescas, Gimnásticos y las plazas de las
la tarantela, danzas danzas campesinas ciudades para la
palaciegas Tienen prohibidos práctica del juego
• Tauromaquia ( en los juegos de la de cañas y alancear
España) nobleza. toros.
• La fiesta como
aglutinante de toda
la energía reprimida
por la falta de
permisividad de la
Iglesia.
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EL JUEGO DE CAÑAS EN LA ESPAÑA MEDIEVAL Y MODERNA
EL JUEGO DEPORTIVO EN ESPAÑA. EDAD MODERNA
Cuadro resumen del estudio antropológico (siglos XVI y XVII)
JUEGOS Y OBJETIVOS
DEPORTES CARACTERÍSTICAS
Juegos Humanismo Mantener el pensamiento
caballerescos renacentista, escolástico, emanado del
Torneos y eliminado
- tras la concilio de Trento. De
Victoria de la acuerdo con ello, se
justas
contrarreforma. considera al juego en
- El juego de general como algo
La fiesta convertida
cañas pecaminoso.
- Las corridas de en el centro de la vida
social, se
toros
A caballo ceremonializa y el El juego deportivo se
juego caballeresco se
(rejoneo) utilizó como una
ritualiza, eliminando manifestación lúdica,
Toros acuáticos la agresividad de los
donde la diversión es el
- Las cabalgadas: torneos medievales. objetivo prioritario.
la máscara, La fiesta aglutina
La encamisada, gran parte de los
juegos deportivos de Entretener al pueblo con
El estafermo la época: fiestas grandes espectáculos ,
Sortija reales, fiestas para demostrar la
religiosas, fiestas grandeza y la ostentación
- La caza: de la nobleza
profanas.
la montería,
La fiesta y el juego,
la cetrería
como una
La Iglesia, mantiene el
- Juegos de manifestación objetivo de controlar el
pelota liberadora de las
juego, como fuente de
A mano, estructuras sociales. todos los males de la
con pala El juego deportivo, sociedad, tomando como
- Tiro con arco como una actividad objetivos:
- Tiro al blanco recreativa, y forma de - El control de las
con arcabuz cubrir el tiempo libre manifestaciones
- Esgrima disponible. lúdico-deportivas,
- Danzas de La Iglesia mantiene señalando las que son
cuentas lícitas y por tanto
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EL JUEGO DE CAÑAS EN LA ESPAÑA MEDIEVAL Y MODERNA
Juegos de la un criterio permisibles de las
plebe moralizante y ilícitas y condenables.
- represivo, con - a través del control de
Corridas de
toros muchos de los juegos las manifestaciones
deportivos. lúdicas, se busca
A pie (
toreadores ) Gran abundancia de eliminar todos los
males de la sociedad
literatura
La suiza (la ociosidad, las malas
especializada en
Enmaromar costumbres).
juegos deportivos.
- La Iglesia mantiene
Mojigangas Poca importancia del como objetivo,
taurinas ejercicio físico en el eliminar ciertas
Estafermos y campo de la actividades lúdicas,
dominguillos educación y de la consideradas como
salud. Excepciones en inventadas por el
- Tiro con arco Vives, Méndez y Caro. demonio: los toros y
- Honda
Clasificación de los los bailes populares.
- Saltos,
- Carreras juegos, desde un -
- Lanzamiento punto de vista Instalaciones
de barra moralizante. Las plazas de los pueblos
- Chueca Los juegos de pelota y ciudades se
- Juegos con en relación con los acondicionan y se utilizan
bastón juegos de azar. de forma generalizada
- El herrón o la para el juego de cañas y
argolla El juego deportivo, las corridas de toros.
- discrimina y
Birlos, tejo,
- Lanzamiento distingue a los - Las grandes dehesas,
distintos estamentos en manos de la
de dardos nobleza se convierten
sociales, existiendo
- Natación en cotos de caza
por un lado los juegos
- Pasear especializados: el
caballerescos, es
- Bolos, Pardo, Doñana, etc.
decir, juegos para la
- aros,
nobleza y por otro, - Los campos de pelota,
- volante, se construyen en
- voltear los juegos populares
algunas ciudades como
- Cierta caza: Algunos juegos Madrid, Valencia,
chuchería deportivos son Sevilla, Zaragoza, etc.
- Juego de trucos utilizados por los dos - Salas de esgrima
- Pesca estamentos, pero de - Escuelas de baile
- Danzas distinta forma: toros - Campo abierto para
Zarabanda a caballo, los nobles y los torneos
toros a pies los
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EL JUEGO DE CAÑAS EN LA ESPAÑA MEDIEVAL Y MODERNA
Chacona plebeyos o danzas - Calles y plazas para
Capona caballerescas y bailes los juegos de cañas.
populares. Toros, mascaradas,
etc.
- Campos de pelota.
-
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