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El Asuntito

Cuento costumbrista de Renán Díaz Ruiz, cuya historia discurre en Bambanarca, Chiclayo y Lima
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
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El Asuntito

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EL

ASUNTITO
EL TRÁFICO DEL OPIO DÉCADA DEL 40 AL 50

RENÁN DÍAZ
© RENÁN DÍAZ
EL ASUNTITO

Impreso en Perú
Editado por Carlos Anaximandro Cubas Mejía

Reservados todos los derechos. Salvo excepción prevista por la ley,


no se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su
incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en
cualquier forma o por cualquier medio (electrónico, mecánico,
fotocopia, grabación u otros) sin autorización previa y por escrito de
los titulares del copyright. La infracción de dichos derechos conlleva
sanciones legales y puede constituir un delito contra la propiedad
intelectual.
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El Asuntito
Dedicatoria

3
El Asuntito

ÍNDICE

I. El Encuentro

II. A Caxamaná

III. Hasta Pencasmarca

IV. El pueblo

V. La Punta: La chacrita en el Enterador

VI. Los Buenos Vecinos

VII. El Asuntito

VIII. La Ley, los Huaylulos y la muerte

IX. El Tiburcio Rojas Campos


Capítulo I: El Encuentro

F
ue la pura casualidad, la que me hizo conocer a Lin Chao.
Aquel sábado negro. Me cancelaron en la fábrica. El jefe
de personal me dijo: vamos a prescindir de sus servicios.
Lo lamento mucho.

Porque dirán, así ¿Porqué?. El que se va a lamentar, el que


va a sentir es uno. Son consecuencias de la guerra. Usted
sabe. La "Segunda Guerra Mundial", que se libra en
Europa, no sólo ha afectado al Perú, sino a toda América
Latina.

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El Asuntito

La cajera, una vieja flaca amargada, fea, con la cara


salpicada de viruelas. Me dijo:
-¿Si? ...Ah! Tú eres el Felipe Rojas Campos. Firma aquí.
Me entregó cincuenta soles. Es tu liquidación, me dijo.
Pensaba poner un negocio.

¿Pero de qué? Allí fue cuando conversaba con un amigo


en el bar "El Tufo", a la vuelta del famoso "Barrio
Huatica". El Asiático, estaba con otros paisanos. Felipe,
me dijo uno. Te presentamos al Señor Lin Chao.

Tiene un negocio entre manos, para "salir de pobres, en


menos de lo que canta un gallo". Al escuchar, comencé a
amontonarme de sueños. Hacerles un hueco a los
recuerdos y a dejar que vuelen las ilusiones, en busca de
alguna esperanza.

Así se me fue formando un mundo al lado de la


oportunidad que me ofrecía aquel asiático, llamado Lin
Chao, por eso me vine otra vez a Pencasmarca.

Llegamos a Chiclayo una noche con olor norte. En una


agencia de transportes. Los ómnibus de color azul gris,
tenían dibujado un galgo en plena carrera. Sus oficinas

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ubicadas en la "Calle Real", casi en esquina con la
Avenida Balta. Frente al parquecito de Chiclayo.

Chiclayo, en 1942 era típico pueblo Lambayecano, con


olor a "Causa Norteña", "Verde Espesado" y "Guitarra
Seca", libre de atavismos coloniales y de chapetones
personajes, como las conocidas ciudades fundadas por
españoles.

Alegre, juguetón y bullicioso. Su coquetón parquecito de


losetas venecianas, lleno de frondosos árboles y hermosos
jardines que invitan al reposo y al cabeceo, a la sombra de
ficus, cocoteros. casuarinas, poncianas y algarrobos.

Rodeado de portales y viejas casonas de dos pisos, con


grandes ventanales y balcones, que eran el fiel reflejo de
la República Nueva y del viva Balta.

Su pintoresca iglesia matriz, toda pintada de azul. Con sus


piramidales torres de barro, madera y caña. Era el lugar
obligado para la oración y el arrepentimiento de los
chiclayanos.

En la ochavada esquina de las calles Balta y San José,


estaba el distinguido hotel "Bolívar". En su primer piso

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El Asuntito

funcionaba el famoso café “Singapur", concurrido y lugar


exigido. De tertulias, de componendas, de citas.

Chiclayo, con sus angostas adoquinadas y culebreadas


calles, por donde lenta y amorradamente, rodaba la
carreta, llevando en pipas el líquido elemento. O las
caseritas de Monsefú, con sus canastas de perfumadas
flores. La lechera y la que cantaba al viento sus panquitas
de life y el higadito blando. En la esquina de San Pedro y
Balta. En la misma cruz de las calles, se ubicaba el gordo
Chinchay, vendedor de loterías y pregonero de
espectáculos artísticos y deportivos.

Chiclayo, como cajita de música, chiquito, lleno de luz y


de color que el tiempo y el "progreso" han hundido en el
recuerdo. Al oeste: Terminaba en la estación del tren a
Eten. En la Estación a Pimentel, por el sur. Por el este, el
conocido y añejo garaje de la "Nor Oeste" y por el norte
en lo que hoy es la avenida José Quiñónez Gonzáles.

En el hotel "Bolivar', nos registramos, la noche que


llegamos. Fuimos alojados en los cuartos 25 y 32
respectivamente.

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Un martes por la tarde, tocó la puerta, Luis Medina. Al
que apodábamos el "Químico", por su afición a procesar
latex de adormidera.

Tenía experiencia había estado una temporada en la "Isla


del Diablo" con el Juan Gómez, al que le decían
"Mueleconga", porque uno de sus molares se había
desplazado a ocupar el lugar de los caninos. Era muy
notorio cuando se reía, cuando abría la boca. Dejaron la
maleta ahorcada y saludaron.

- ¡Felipe! ¡Hermanito! ¡Fíjate! ¡Cuánto tiempo! ¡Oye! Ni


siquiera has escrito ¡Hombre!.

- ¡Ola Lucho! ¡Puchal, hermano, questas gordo!. Mira te


presento a nuestro amigo, Lin Chao. Viene con nosotros
pa Pencasmarca. ¿Y tú Juan?

¡Pucheste, "Mueleconga", Nada siase, sia doblao nomá


idi. Después de las presentaciones, los saludos y los
abrazos. Nos sentamos alrededor de la mesa. El Químico",
trajo cerveza. Lin Chao, sacó de su maletín de cuero viejo,
su inseparable botella de wiski y su cajetilla de cigarrillos,
"El Inka".

- ¿Ya viste el camión? ¿Lo encontraste al "Pechito"?


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El Asuntito

-¡Si! Ya todo tá arreglao. Más tarde ha de venir el


"Pechito". Creo que salimos mañana temprano pa
Pencasmarca.
- ¡Así me gusta!. Das, das. Mientras más rápido mejor.
Luego, luego sobre caliente.

Conversábamos los paisanos y el chino. En el cuarto n° 25


del hotel Bolívar, frente al parquecito de Chiclayo,
hacíamos los preparativos para el próximo viaje.

- Oye Felipe. Y el Tiburcio, puese que gustarle los libros.


Lúltima vez que se vino pa Pencasmarca, que bonito
quiablaba, el choloay. A mí no me gusta lescuela. Yo
quiero ganar mi platita, luego luego, pa’ casarme con la
Martina - dijo - entre adulón, envidioso e indiferente el
"Mueleconga". En el fondo se alegraba.

- ¡El Tiburcio, llegará lejos como siga así! Que vaser


doctor, disque. En él se esperanza el tío Clemente.
Respondió el Felipe. Muy serio. Arrugando el entrecejo.
Con la mirada perdida en el espejo. Centraron su
conversación, en el motivo de su encuentro: "El Asuntito".
Uno de ellos, parado en el ventanal, miraba a través del

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cristal el paso lento de los carros, carretas y de la gente
que apuraba el paso a su destino. De repente los cuatro nos
sorprendimos. Alguien tocaba la puerta. El que estaba en
la ventana, se volteó violentamente. Se puso alerta. Yo,
que comandaba el grupo, con gestos y movimientos de
brazos, bajando la voz, recomendé silencio, al momento
que me paraba y metía la mano al bolsillo para empuñar,
por precaución, mi vieja “treintiocho”.

- ¡Shiiist. Shilist!. Calma, calma. ¿Quién es?

.- ¡Yo!. Pechito. ¡Abrel ¡Hombre!

Todos se tranquilizaron, al reconocer la voz del dueño del


camión que les llevaría hasta Pencasmarca.

El "Mueleconga", abrió, la puerta, para que pasara el


recién llegado.

Sacando la cabeza y mirando con desconfianza para uno y


otro lado, y tras cerciorarse que, "Pechito", no había sido
seguido, cerró y puso seguro a la puerta.

-- ¿Qué pasa? ¿Están nerviosos? ¡Ni quiubieran visto al


diablo! ¡Oye. Luis!.

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El Asuntito

"Vengo po la guía. Pa recoger la carga. Sino, no


melentregan. Salimos mañana a la die de la mañana.

El dueño del camión se manifestó con sarcásticas y


burlonas expresiones, aventando su chillona voz.
Moviendo la cabeza a un lado y a otro, como muñequito
de feria. Oteando con sus ojos de sapo, a cada uno de los
presentes. Ignorante de lo que hacían y decían.

A él no le importaba. Lo que le interesaba, era la carga y


los pasajeros para el flete de su camión. Lo demás era
cuestión "deyos". Pidiendo calma dijo:
-Cálmese. ¿No se preocupen. Bueno Luis. ¿No tienes
alguito paque me des con la reparación de la máquina y el
pago a mi ayudante El negro?.

-"Patasucia". Me quedao sin plata.

- ¡Si. Tomal. Veinte libras, ¡Alcanza?

- ¡Gracias hermano. Hora si tamo firme. Mañana me


esperan en la Noroeste. A la die de la mañana. ¡Nos
vemos!. Porsiacaso dame die más.

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Los cuatros reanudamos la charla, tomando cerveza. Lin
Chao, fumaba y tomaba wiski, bebía y fumaba, arrojando
con fuerza el humo, por boca y nariz, cigarro tras cigarro.
Miraba y escuchaba en silencio de cuando en cuando,
movía la cabeza afirmativamente, dando a entender que
estaba de acuerdo con lo que se decía.

-Mire compadre, la cosa es así, dijo Luis Medina, él


"Químico". Un sujeto amorfo, chico y gordo, todo belfo
él, de abultado vientre, brazos y piernas cortas. Usaba
gruesos zapatos de cuero de chancho. Caña alta. Sin
medias y sin amarrar.

- No te digo Lin Chaol Mi compadre es hombre de


confianza y sobre todo tiene experiencia de cómo se
procesa el "Asuntito". Todo depende de que no te
desanimes a venir con nosotros y el resto es cosa nuestra.
¿No compadre?

"- ¿Y. yo? ¿Qué velenziendo puenel velorio?

Se expresó Juan Gómez "Mueleconga", tirando la sonrisa


por delante.

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El Asuntito

De talla baja, labios gruesos, morocho, zezeaba al hablar,


daba la impresión que era costeño y no serrano. Por sus
características étnicas.

- ¡Mira, primo! ¿ Tiaces, ueres? ¿Paqué crees questás


aquí? No jodas, pue primo. Cada uno tendrá su tarea, de la
cual será responsable. Cuando se trate de hacer, hacemos
todos y de todo. ¿No Lin Chao? Y si caemos ¡caemos
todos!. ¿No compadre?

Contesté, dirigiéndome al asiático. Este como siempre,


contestó afirmativamente. Moviendo la cabeza, echando
grandes boconadas de humo y tirando con la punta del
índice, desafiante, el sombrero más atrás.

- ¡Puchoy! ya son las cinco y media. Vamos a comer. Diay


nos vamos al cine, saliendo nos vamos al chongo. Al
"Siete". Pue ¿Qué dicen?

-¡Claro!. Hace cinco días que estoy metido aquí. Necesito


descargar pa viajar tranquilo. ¡Buena ideal ¿Qué dices Lin
Chao? El chino sonrió y dio una carcajada. Con gestos el
Felipe, se refería a las "Chicas del Siete" Con la boca

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abierta, miró a todos como oteándolos. Dio un golpe en la
mesa, dijo:

-- ¿ Talú? ¡Ta lica la cosa!

Todos contestaron alegres, por haber llegado a un feliz


acuerdo.
-¡Salú!

-Lin Chao!. ¡Salu!. !Así siabla chinito!

Para festejar, fuimos al chifa, "Kantones", que se


encontraba en la esquina, de las calles, Balta y San Pedro,
hoy Vicente de la Vega. A medida que servían la opipara
cena china, pregunté.

- ¡Oye, mozo!. ¿Que película, dan en el "Cine Teatro"?

- ¿En el "Cine Teatro"?. En el "Cine Teatro"… ¡Aaaah!.


Dan una película con Pedro Infante que se llama. ¿cómo
se llama? .Ya, se llama "Nosotros los Pobres"

- ¡Puchal Peroes en castellano. Aquí Lin Chao


noventender ni mierda. ¿No chino? - Aseguró Luis
Medina, “patas de loro”. Con guturales expresiones.

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El Asuntito

Continúo. Buenos, vamos al "Tropical" horita, y en noche


nos vamos al "Colonial" a ver a la "Tongolele". ¿Qué
dicen? las "Bim, Bam, Bum" y la orquesta de Pérez Prado,
"Carefoca" - A medida que hablaba, hacía movimiento
negroides, que, Lin Chao, trató de imitar, provocando la
risa del grupo.

-- ¡Ahita! De acuerdo y después de las "Bim, Bam, Bum",


Nos vamos al "Siete" sentenció el lipoide Juan Gómez,
haciendo ciertos movimientos con las manos. Sin dejar de
sonreír.

El reloj de la Matriz, de Chiclayo, marcaba las 12 y 30 de


la madrugada.

Cuando salíamos del cine "Colonial", hicimos los


comentarios respectivos. El más escandaloso, era el
"Químico Medina", que, con voz de bajo desafinado,
soltó:

- ¡Puta madre!, ¡Que rica la "Tongolele"!.

-¡¿Oiga compadre?! Viusted, esa rubia, alta, con unas


piernasasas

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- Pucha compadre?! paque, lo sacarían, al maricón ese que
bailó. Mejor luago, Yo.

-Eses, relleno, pue compadre, además, yo nueido a verla a


ese. Sino a las hembras. Sobretodo a la "Tongolele".

--¡¿Pasumacho?!. iyestoy?, mejor nos vamos corriendo al


"Siete". ¡Taxi, taxi, taxi!

Cuando entramos en uno de los ambientes. Los clientes se


arremolinaban, se apretujaban. Pugnaban por entrar. Era el
cuarto de una chica, joven, de escultural cuerpo. Alta. Un
poco feona. No tenía más de 23 años. Vestía una
brevísima truza, con los pequeños pechitos al aire.

-¿Qué dices LIn Chao? ¿La jalamos?


Lin Chao, como siempre, aseveró con la cabeza. "El
Químico' se separó momentáneamente del grupo. Volvió
con un moreno, parecía, el proxeneta.

El cabrón del "Siete". Con grave y ronca voz, tocó y llamó


a la puerta de la chica.

-¡Florzital ¡¿Acá termina la coza?! ¡Hora dir al bar! ¡Los


clientez ezperan!
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El Asuntito

Salió el último cliente. Florcita, mirando a todos,


especialmente a Lin Chao. Haciendo un mohín. Meneando
las robustas caderas, dijo:

-Me cambio y vamos a bailar, chinito. - Al momento que,


le levantaba el mentón con el índice. El asiático, se puso
más amarillo. Al rato estaban tomando cerveza en el bar.

Bailaban, hacían arreglos con Florcita. Primero fue con


Lin Chao.

--¡Yyyh! | Lin Chao! ¿Qué tal? hora me toca a mí, pue


compadre.

Bailó Felipe con florcita. A mitad del baile se resbalaron


al cuarto. En la cama ¡oh! Dilemas y ¡sorpresas de la vida!
comenzó Felipe, pero no armaba…

-Mira nena. No sé qué me pasa. Yo, tuve una vez un


accidente. No sé qué pasó. Desde aquella vez. No se me
para. Que no habré hecho. Narraba su triste condición de
impotente. Con angustia y desesperación, al borde de las
lágrimas. Disimuló y dijo:

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- Pero no te preocupes. Toma por tu trabajo. Salgamos y
no digas nada.

Florcita, en silencio, acostumbrada a estas sorpresas el


poco tiempo que estaba en el oficio más antiguo de la
mujer, recibió y guardó su pago, sin comentarios.

Cuando tenía quince años, se salió con el hombre "de sus


sueños". Un desocupado más del montón. El amor es así
"contigo pan y cebolla". Pasaron como se dice "noches
alegres y días tristes". El salía a buscar trabajo y regresaba
igual. Un día le dijo: anda tú a buscar trabajo. Ese fue el
primer aventón que tuvo. Desde allí comenzó la vida
difícil de una mujer fácil.

Terminada la jarana. Volvieron al hotel.

19
El Asuntito

Capítulo II: A Caxamaná

E
l Garaje "La Noroeste". Era en 1942 un inmenso corralón
de altas y polvorientas paredes de adobe. Semejaba
gigantesca Huaca Mochica. En el paraje "Mira lo verde",
lleno de algarrobales y callejones, a orilla de la acequia
Coix, frente a inmensos arrozales, huertas con frutales y
cocoteros. Años después, fueron convertidos en
interminables pampones de tierra y polvo. Allí se
estableció la "VIEJA PARADA". Hoy se levantan
elevados y modernos edificios, forman un conjunto
tugurizado, un complejo habitacional y comercial. Su
20
nombre se debe a su ubicación geográfica, con relación a
la ciudad de Chiclayo.

Tenía dos puertas de entrada. Una por la calle Balta, por


ésta hacían su ingreso; automóviles y camionetas. La otra
por la que es hoy la avenida Pedro Ruiz Gallo, ingresaban:
camiones, de los cuatro puntos cardinales, de las tres
regiones naturales del Perú. Dichoso, Chiclayo, ser el
punto de convergencia del norte peruano, todos los
caminos conducen a Chiclayo.

En la entrada sin portón, de la vieja "Noroeste",


esperábamos la partida del camión "El ave sin nido" que
nos llevaría a Caxamaná y de allí hasta Pencasmarca.

Lin Chao, excesivamente nervioso fumaba, cigarro tras


cigarro, para calmar su nerviosismo, su escuálida figura,
alta, se arqueaba, con la fuerza de los vientos de la
primavera chiclayana.

Su rostro cadavérico, de pómulos prominentes, enorme,


ancha y platirrina nariz, resaltaban sus descomunales fosas
nasales. Los ojos apenas perceptibles. El fuerte sol de la
mañana le obligaba a arrugar el entrecejo como si
durmiera parado. La cabeza pequeña cubierta con
mugriento sombrero de fieltro, colocado bien atrás, dejaba
21
El Asuntito

escapar dos mechones de pelo negro y duro que le caían


sobre la estrecha frente. Vestía terno chasqui, color
blanco. Por lo menos parecía blanco. Por el uso y humo
que botaba, estaba amarillento. Llevaba puestos zapatos
americanos, de dos colores: blanco y negro. Sus huesudos
brazos cuyas manos mostraban larguísimos dedos,
terminaban en afiladas y bien cuidadas uñas. El índice, el
pulgar y el dedo mayor, manchados de un intenso color
marrón, características que identifica, a los que tienen el
eterno vicio de fumar. Del mismo modo. Los caninos y tos
incisivos, con manchas negras, totalmente amarillentos,
manchando la comisura de sus labios.

Con curiosidad miraba y observaba a la gente que entraba


y salía o se encaminaba hasta el fondo del garaje. Buscaba
el vehículo que lo conduciria a su destino. Era la hora de
mayor ajetreo, en la "Noroeste".

Casi fastidiado por el calor y el monóxido de las


máquinas, habló por segunda vez. Protestó, por la demora
del "Ave sin nido".

- ¡¿ Mucha, Caló. Demola......?!

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-Ya no demora, Chinito, trataba de calmarlo el obeso Juan
Gómez con su clásica sonrisa, a flor de labios.

- ¡No creo de siaya largao!. Yeste maldiciao…

- ¡No, No! Si lei dao treinta libras adelantadas. Tampoco


creo que sea tan pendejo, este "Pechito" conmigo se jode.

Especulaba el "Químico", Luis Medina, poniendo énfasis


en sus palabras, desafiando la osadía que hubiera tenido,
"Pechito"

-No Señor!. Ustedes juzgan muy rápido. Son muy ligeros.


Yo conozco a “Pechito". Lo que pasa es que siaido.
Después de sacar la carga de la "Casa Canal”, hasta
Tumán o Pucalá, a comprar azúcar, pa llevar. ¡Asies la
cosa!.

Terminaba de manifestarse, el Felipe, cuando El "Ave sin


Nido", el conocido Chevrolet, color azul, sin
guardafangos, ni capot, hacia sentir su conocido claxon a
medida que iba a cuadrarse, al fondo del garaje para que lo
abordarán su "distinguidos" pasajeros.

23
El Asuntito

Llamando a gritos con gestos, movimientos de brazos y


manos sin dejar de mover la cabeza, como muñequito de
feria. Vociferó "Pechito"

-- ¿ liiihhl? ¿Tamo litos, o primero almorzamos? ¿o


comemos en el camino?

-¡Vamos, Yal ¡Vamos, Ya! ¡"Pechito'! ¡Vamos, Vamos!!

-jEntonce, vamo!. ¡Oye, Negro César!. ¡César,


Césaaaaaarrr! ¡Este negroemierdal ¡¿Le pusiste agua!?

-¡Yastá todo listo "Pechito'| Te bua pedir permiso pacer lo


que tengo quiacer. Dale nomá y vamo ya. ¡Hora si
buadormir!.

-¿Quiora tiene. Amigo Lin Chao?

Preguntó, "Pechito", al momento de ingresar a la


Panamericana Sur. El reloj pulsera, oro de 18 kilates, de
Lin Chao marcaban las 9 y 45 de la mañana. Este acercó
la huesuda muñeca, estirando el brazo para que el mismo
"Pechito" se cerciorara de la hora.

24
-¡¿Un cuarto pa la die?!. Buena hora ¿amigo qué?, ¡Aaahi
Lin Chao mañana tamos a las dos o tres de la mañana en
Caxamaná!. A Pencasmarca tamo "yegando" po la tarde.
¿No conoce, amigo?

-¡No, no, no! ¡No conoce! Pero ya conocerá.

Respondió rápidamente, el Felipe mirando fijamente al


chofer con una mirada que quería decir ¡no jodas!
"Pechito" entendió muy bien, perdiendo la mirada en la
cinta negra de la pista, sin dejar de pendulear la cabeza.

En la reverberación del sol, el azulado asfalto, semejaba


larguísimo rio transparente que, producía un efecto
vibrante, en el aire caliente y pesado del arenal, a ambos
lados de la pista. Más allá una línea, dibujaba la cordillera
y todavía más allá, la más remota lejanía. Eran las 12 del
día. El sol, de noviembre caía perpendicularmente. Hería
con más intensidad el asfalto. El camión, dejaba la
Panamericana. Entraba al desvío, en el cruce de
Pacatnamú, tomaba la ruta a Caxamana, salió a la berma
paro la máquina, a gritos, llamó "Pechito".

- ¡Cesaaaaarrrr!!. ¡¡Negroooooooo!!. iNegro!

25
El Asuntito

-¡Cesaaaaarrir! ¡Ya sia dormido, otra ves este negro, "pata


sucia"! ¡Pata Suciaaaaa!

--¿iQueeeeee!. ¡¿Qué pasa?!

Contestó Cesar, más conocido en el argot de los chulillos


de camión como "Pata Sucia", con afónica y gangosa voz
de descolgó por el barandal de la carrocería del camión.
Se acercó hasta la puerta del chofer, rascándose
simultáneamente la revuelta melena con la diestra. Con la
izquierda, las costillas, dejándose marcas blanquecinas,
sobre su oscura piel.

--¿Qué pasa "Pechito'? i No me diga que nos quedamos?!

-¡No Negro! Daliuna mirada a las "yantas" nosea


quialguna, se liantoje irse porotro lao.

Ordenó. "Pechito" riendo, abriendo los ojos de buey. Sin


dejar de mover la cabeza, pacá, pallá, como muñequito de
feria.

El negro César, miraba, golpeaba las llantas, asegurándose


que todas estaban bien.

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-¡¡Yaaaal ¡Dale noma! Todostá bien.

- Oisi diaqui, horamedia a dos horas, yestamos


almorzando en Tembladera y litih! iAgárrese, amigo!

-¡Temblalela?!

Pronunció sorprendido, Lin Chao, quedándose con la boca


abierta.

-¡Si Tembladera. Tembladera, es un pueblito que queda


aquí cerquita nomá. Se llama así porque cuando
paselcarro, "Tiembla". Todo es piedra.

Todas las calles, hasta la plaza, están empedradas.

-¡[Aaahhh!

Se tranquilizo Lin Chao, volvió a cubrir su diminuta faz,


con el sombrero, para continuar dormitando, soportar la
modorra del viaje y el aburrimiento que producía la
máquina, devorando con pasmosa lentitud, kilómetro tras
kilómetro, la polvoriente trocha Tembladera - Caxamaná.

27
El Asuntito

De vez en cuando, el sol jugaba a las escondidas. Se


perdía tras lejanas y cargadas nubes, que se divisaban por
el horizonte en las serranías de Niepos, o al quedar detrás
de los cerros del "Gallito Ciego". Últimos contrafuertes,
de la Cordillera Occidental, cuyos peñascos se zambullen,
en las cálidas aguas del mar de "Pacatnamú".

Las tres de la tarde, cuando el "Ave sin Nido", Se


cuadraba en la puerta del restaurante: "El Buen Amigo".
La máquina dejó de rugir, se sintió un profundo silencio,
que se prolongó a través de las desiertas calles rebotando
en los pedregales de Tembladera.

Sólo el ladrido de unos chuscos que, alegres, meneaban la


cola interrumpieron el sueño de Lin Chao. Despertó con
torpeza, se acomodó en el asiento y preguntó:

-¿Quí pasao?

-Nada chinito, ya llegamos a Tembladera, bájate


palmorzar, pa’ luego continuar viaje.

Contestó, el Felipe, el que oficiaba de jefe de grupo. daba


tranquilidad y confianza.

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Entramos al restaurante. Fuimos al corral, nos sacudimos
el polvo de las ropas y cabellera. Pedimos agua para
lavamos. Pasamos a un salón grande que hacia de
comedor. Nos ubicamos en una mesa rectangular, con
largas y duras bancas de eucalipto que estaban a los
costados. Nos acomodamos y pedimos el menú.

-¡¡Abé Señora!! . ¡Quiay pa comer?!

-Hay caldo de "gaina". Estofao de "gaina" con ensalada.


"Poyo" frito "Poyo enceboyao” "Cabrito" y "tayarin
combenao".

Respondió el que hacía de mozo. Un serranito recién


bajado de las alturas de Porcón, al que se le había pegado
el dejo costeño. Pretendía expresarse como gran criollazo.
Bueno, bueno, traite cuatro sopas y cuatro estofados de
gallina. Primero trai gaseosas, nos morimos de sed. ¿Está
bien? ¿O que dicen ustedes?

Ordenaba y preguntaba, Luis Medina, recibiendo por


respuestas, sólo gestos y afirmaciones con movimiento de
cabeza.

29
El Asuntito

Reanudaron el viaje, Lin Chao. Encendió un cigarrillo.


Con felina mirada iba admirando la belleza del paisaje. A
ambos lados de la trocha. Preguntaba con curiosidad,
cuando observaba las grandes chacras de arroz. Los
achongados mangos rundían sus ramas al peso de la
recargada fruta. O los platanales y papayales. Se deleitaba
con las grandes plantaciones de arroz. Miraba a los
trabajadores, hombres, mujeres y niños, hundidos en lodo,
hasta más arriba de las rodillas. Cabeza y espinazo
doblados, trasplantando del almácigo a las diferentes
parcelas, para que la plantita complete su desarrollo y
cosechar el sabroso grano de arroz. Escenas que le
produjeron profunda nostalgia. Una furtiva lágrima,
asomó a sus achinados ojos.

Para disimular, dijo que el humo del tabaco, le molestaba.

-Humo fatidiao ojo.

Llegaron a Chilete "Pechito", bajó con los papeles en la


mano para hacer el rutinario control policial. Salió un
guardia civil.

30
Se acercó al camión. Comenzó a pedir documentos. Al ver
un extraño en el grupo. Ordenó:

-Habe sus papeles. Documentos ¿EI señor es peruano? Si


no su pasaporte. Está pasando, mucho contrabando, pero
ya van a caer dijo amenazador. El policía observaba los
documentos y revisaba la carga.

Devolvió los documentos, el pasaporte de Lin Chao.


Saludó e informó al sargento:

-Todosten orden Mi sargento, pueden continuar. Lin Chao


se daba cuenta, que a medida que avanzaban por la dura y
polvorienta ruta el paisaje iba cambiando. Estaban dejando
la costa.

Las ocho de la noche, cuando la máquina, rugía al iniciar


el lento ascenso por las empinadas curvas de la cordillera
del "Gavilan".

El chino, sintió el brusco cambio del clima, como afilado


estilete, le llegó la primera ráfaga de helado viento de
altura. Se posó en lo más profundo de sus alvéolos,
obligándolo a hacer un gran esfuerzo para tomar el
oxigeno del enrarecido aire serrano. Se ahogaba a
poquitos, el corazón le bombeaba con fuerza y su ritmo
31
El Asuntito

muy acelerado. Las sienes le latían y le parecía que su


cabeza estaba a punto de estallar, su color amarillento, se
perdió y se volvió transparente como diminuto farolito de
papel, pronto a desmayarse.

"Pechito", manejaba, miraba al asiático. Al verlo como


estaba dio la, voz de alarma, saeteando la mirada, con sus
ojos de huevo duro, arqueando las cejas y agrandándolos
más de lo normal, meneando la cabeza, como muñequito
de feria, le anunció al Felipe.

-¡¿Oye, Felipe?!. ¿Creo que al chinito ya le dio el


soroche? Dale una frazada paque siabrigue bien, que no
fume. Aquí en San Juan le das un café caliente con su
"punta". Acomódalo en el asiento diatras. Queseche y
tápalo bien, cúbrele la cabeza, paque le pase, nosea que se
nos vaya a morir, je, je, je.

En broma, en tono de burla y en serio, decía "Pechito" al


Felipe. En San Juan, le dieron café con una "buena punta".

El chino siguió durmiendo en el asiento de atrás. Se le


hacía difícil respirar.

32
- ¿No le pasaba el dolor de cabeza?- Un tanto asustado
preguntó

--¿Quia pasao. Aaaah?

-Tiadao soroche, chinito

-¡Soloche?!

Contestó sorprendido. Lin Chao sintió un vacío en el


estómago, una terrible sensación de náusea que le
estimulaba secreción saliva!.

-¡Sí soroche! Es el mal de altura. Tia bajao la presión. Eso


es bien jodido.

Lueguito te pasa, mañana tarás nuevito amigo y listo pa


cruzar el Coimolache.

El "Ave sin Nido", avanzaba lento, con sus luces como


gigantes luciérnagas. En cada curva de la pesada trocha
del "Gavilan". Cambiaba luces con los otros camiones que
subían a la sierra, hasta el reino del Cuismanco, tal como
se llamó Caxamana.

33
El Asuntito

--¡¿ Pucha?! Ya fregó la neblina. Yojalá no llueva, pa


avanzar más y llegar a las tres de la mañana a Caxamaná.
Pronosticaba "Pechito" Gran conocedor de la ruta, por
culpa de este fenómeno. Se había quedado varado, por
espacios de varias horas, hasta que levantara la neblina.

Conforme ascendían, se iba enrareciendo al coronar la


cima, del "Gavilan". Al llegar desapareció la neblina.
Volvió a llover. Se escuchaba el borbotear del agua y
luego se sentía una llovizna callada. El parabrisa estaba
opaco. Al otro lado las gotas resbalaban en cordeles como
lágrimas, mirábamos caer el agua iluminada por los
relámpagos.

Lin Chao cada vez que respiraba suspiraba, y cada vez que
pensaba, pensaba en su tierra.

Al fondo como multicolor nacimiento, se divisaban las


mortecinas y diminutas luces de Caxamaná, cuando el
camión se detuvo, en la puerta del "Hotel Lima". Bajaron
los pasajeros, llevaron a Lin Chao, en huindo, protegido
por gruesa frazada. Lo acostaron en crujiente y helada
cama.

34
Lin Chao, despertó de madrugada. A través de la ventana,
miraba el final del aguacero que se desgranaba gota a gota
por el canal de la calamina y se estrellaba en el empedrado
patio. Las diminutas gotas se perdían en la acequia del
desagüe. Los débiles rayos del temprano sol serrano,
anunciaban que el día sería bueno.

Siete y media de la mañana campaneaba la Mariangola de


la catedral, cuando los viajeros terminaban un sostenido
desayuno, en el "Lorito" para continuar viaje hasta
Pencasmarca, sin contratiempos.

-Así que le dio soroche, amigo Lin Chao, je, je, je ..........
ja, ja, ja............

Fue el burlón comentario, del negro "Patasucia" con


gangosa y escandalosa voz, con gestos cachacientos. La
melena revuelta, mostrando los pocos dientes que le
quedaban. Remató

- ¡Uuuuy!. ¡Eso es bien jodido!. - Fijo quialquenues


serrano le da, todostá en acostumbrarse nomá, ja, ja,
ja....... Lin Chao, sonreía, junto con los demás que se
condolían y a la vez celebraban, los malos momentos que
había pasado su amigo.

35
El Asuntito

Después de medir con prolongada mirada, la inmensidad


de la plaza de armas. Las graderías del cerro Santa
Apolonia y de admirar las sólidas y frías piedras de la
catedral y de la Iglesia San Francisco, cómplices del
genocidio español y que, marcaron una etapa de la
sangrienta historia, del Reino de Cuismanco, el "Ave sin
Nido", enrumbo hasta Pencasmarca.

36
Capítulo III: Hasta Pencasmarca

E
l negro César, desde Magdalena, había templado la carpa,
para proteger toda la carga, especialmente el azúcar.

"Pechito" llamó con su característico tono de voz. Sus


clásicos gestos y movimientos de ojos y cabeza, como
muñequito de feria.

-¡¡Césarll. jiCésarl. jiCesaaarrr!I.¡Negro!. ¡Negrooooo!,


¡¡ Pata suciaaaaa!!

-¿Queee!. Que pasa "Pechito"? ¿Otra vez...?

37
El Asuntito

-¿Cómo quiotra vez? ¡Que le pongan gasolina! ¡Mira el


agua!, ¿el aceite?

-¡Oquieres que nos quedemos en Coimolache?

Después de ordenar lo conveniente, "Pechito" se agachó


debajo del camión. Oteo el estado de muelles y llantas.
Después de cerciorarse de que todo estaba conforme. Pagó
el importe del gasto y reinició la marcha, hasta
Pencasmarca.
Largo muy largo, lento y tedioso, el viaje. La ruta que une
Pencasmarca con Caxamaná, es de pésimas condiciones.
Más todavía en esta época de lluvias. Las vías de
comunicación no son un problema, sino una necesidad de
los pueblos, que los gobiernos de turno tienen que
satisfacer. Olvidan que la cultura de los pueblos, se
muestra, se mide por sus vías de comunicación.
Denunciaba el Felipe. Esto no ha cambiado nada sólo
siguen la política del príncipe de Lampeduza.

El avance es lento. El armatoste se balanceaba en los


baches. Se hunde en las cunetas profundas. En sitios
fangosos. La máquina parecía explotar, patinaba, por esas
espinadas curvas de Porcón. Había que ganar estas faldas

38
de la cordillera de Coimolache. Coronar y seguir toda la
larga travesía, en plena jalca. Dijo el "mueleconga".
Allí todo es llano, sin abismos. Se ven las desoladas
pampas cubiertas de ichu. De cuando en cuando, unas
reses en común necesidad, con chuscos, chanchos y
carneros devoran el frio pasto de la puna, bajo la atenta
yescondida mirada de sus pastores.

El viento silbaba y taborileaba la carpa, como bombo


destemplado. El sol quemaba. A poca distancia, a la altura
del Coimolache y de las rocas, que por su caprichosa
forma el ingenio del viajero había bautizado como la
"'catedral". Se avistaban, negros y cargados nubarrones,
que, de rato en rato, sombreaban el sol, alarmando a los
viajeros, con sus truenos, rayos y lejanos relámpagos.

-¡Aitá, ña Aurora!. Ya tenía hambre. Un buen caldo de


cabeza, con su mondongo y vas a ver como te pones
chinito, soltó el Luis Medina, mirando a sus camaradas de
viaje. Que, sonrieron con tal opinión.

-¡Al fin?! de paso achicaremos ¿No quieres achicar Lin


Chao?

-¿¿Achicar?? Háblale en cristiano. Así no te ventender. No


va a saber quiacer.
39
El Asuntito

-Mira Chinito aquí a veces hablamos en jerga, asi que


achicar significa ir a mear. - ¿Me entiendes?

Se corrigió el gordo cachetón "Mueleconga" agarrándose


el sexo. Haciendo ademán de miccionar.
Lin Chao, afirmaba con la cabeza. Reía de la ocurrencia
del godo Gómez.

Doña Aurora había puesto una chingana, en plena puna,


una choza grande, de anchos adobes de barro, piedra y
paja, a dos aguas. Tenía tres ambientes: uno que hacía de
comedor. Otro de cocina, en el tercero, se divisaba una
dura cama de aliso, con revueltos ponchos y frazadas de
lana.

Medio ecológico de pulgas,' piojos y garrapatas. La parte


de atrás servía de corral y "meadero" donde hociqueaban,
la caolinada tierra de la puna, un par de marranos. Gran
cantidad de aves y varios carneros, protegidos por una
quincha de carrizos, donde colgados chorreaban, agua
helada, como húmedas banderas: pañales, ponchos, fondos
de lana de guaguas y chinas.

40
Al reiniciar el viaje, el cielo, estaba totalmente
encapotado, negras nubes amenazaban caer sobre los
viajeros, los paisanos conocedores del clima serrano,
manifestaron a una voz.

- Antes de voltear pa Hualacayo. Nos vagarrar el


aguacero. Talvez antes, es más que seguro.

No había terminado de hablar el "Químico" Luis Medina y


el "Ave sin Nido" cruzaba el Empalme. Luego de fuertes
truenos y relámpagos. Comenzó la tormenta. Cayeron
como bolitas blanquecinas de cristal. Era el agua que se
desprendia de las nubes en forma de granizo.

-¡¡Pucha Granizo!! ¡Diaqui el aguacero! juuuff! Lo menos


hasta Pencasmarca no nos deja.

La lluvia, marcaba la carretera, se desbordaba por las


pampas. El golpe de la lluvia producía un ensordecedor
estruendo cuando el agua se estrellaba en las tejasde
calamina y se deslizaba por los techos de paja, del
friolento Hualacayo. La lluvia, era fuerte y tupida,
imposibilitaba la visión "Pechito' manejaba de memoria.
La plumilla le limpiaba con rapidez el parabrisa.

41
El Asuntito

En esa bajada, hasta la "CEMSA", lo hacía con pasmosa y


medida lentitud, Con precisión evitar que las llantas del
armazón de acero y madera, patinarán, quedando muchas
veces atravesado en la carretera, atollado de barro mitoso.
Todos, dentro de la caseta del "Ave sin Nido". Alertas,
sentados al filo del asiento, tensos, temblando,
conteniendo la respiración.

Tal vez de miedo, tal vez de frío. Solo confiaban en la


pericia. En la experiencia de "Pechito".
Todos eran conscientes del peligro que corrían, del pánico
que producía, esta peligrosa bajada. Sabían perfectamente
que un resbalón de las llantas desde más de quinientos
metros de altura en medio del barro y de la lluvia, era para
no quedar vivos. Era un desafio y una lucha contra la
muerte. Era, si eso era, "un salario del miedo".

- ¡iPo la jijuna!! No seliocurra venir horita a un volquete


minero. Aisi ¿La cagada? Esos son unos granputas. No
respetan a nadie. Te meten nomél volquete, estos cerrinos
de mierda. Nos odian a los pencasmarquinos.

42
Rajó el "Muelonga". Con voz de sambo. El serrano con
pinta de costeño, hizo la señal de la cruz, para que no
sucediera lo que estaba anunciando.

Abajo en la "CEMSA", nos desinflamos. Todos nos


soltamos, nos relajamos, dando un profundo suspiro de
alivio y tranquilidad de la tensión con que estábamos,
cuando bajamos las vueltas de Hualacayo.

Pasamos lo más feo y peligroso, la lluvia aletargaba su


intensidad, ya se divisaba la escuelita de Apán. Me vino el
recuerdo de la linda "Flor de Machaypungo". Lin Chao,
notó como de repente el paisaje, se trasmutó. La carretera,
de color blanco amarillento en tierras rojizas, con sus
cercos de pencas, magueyes y amontonadas zarzamoras.
Las chacras de maices, maltones, y sus choclos, con las
humitas, se saborearán, en la fiesta de la Cruz de mayo.

43
El Asuntito

Capítulo IV: El Pueblo

M
ira Lin Chao, Pencasmarca, es un lindo pueblo, engastado
en toda la belleza y hermosura del Ande Peruano, con
características propias de los pueblos de España. Por eso
su problemática: la desocupación, el hambre, la miseria,
sin los servicios más elementales, de agua, salud,
educación.

44
Sin centros de producción que le permita captar a la
juventud. Sólo cuenta con actividades artesanales y
producciones agricola - pecuaria primitiva.

Reflejo de la España Negra. La población trata de


satisfacer sus necesidades vitales, como mejor puede, o no
puede. Como vez tal problemática es caldo de cultivo,
para que esta juventud, el campesino mismo, analfabeto,
se dedique al cultivo de la amapola. Esta es una realidad
que no se puede ocultar, no podemos, tapar el sol con un
dedo.

Esta es la problemática de todo el Perú y Latinoamérica.


Explicaba el Felipe Rojas Campos. Nosotros somos
indiferentes a la política electorera.

Al final los diputados se comen el pan de los pobres. Sólo


se acuerdan del pueblo cuando hay elecciones.
Tenemos otros proyectos, uno de ellos, es salir de pobres,
son tan buenos, tan grandes, capaces de decir la situación
política y económica de un país. Tanto que los "líderes" de
los partidos políticos, nos buscan, para luego ponerse al
servicio del otro imperio: La droga.

Pero estábamos aquí. En medio de la noche, sin ruidos,


Lin Chao. Oía caer sus pisadas en los redondos chungos
de las empedradas calles. En los charcos. En el lodo sus
pisadas huecas, repetían su sonido, en el eco, al hundirse
los bicolores zapatos, en el barro.

45
El Asuntito

Nos dieron comida calentada del almuerzo. Asentamos


con una chicha fresca, para apagar la sed.
Terminada la cena, volvimos al hotel, otra vez, amenazaba
la lluvia apuramos el paso, por la plaza de Armas. "El
Químico", Luis Medina, enfocó con su linterna, con
dirección a la iglesia, para identificar, la figura de su
primo el Rufino Medina al que apodaban, "Caraguay".

Envuelto en su poncho, con una de las puntas terciadas al


hombro. Llevaba, sombrero de ala ancha. Usaba abrigador
pantalón de bayeta color negro. Su torso cubria una rayada
camisa de tocuyo. Calzaba gruesos llanques de jebe, de
llanta de camión. El Rufino, era un mestizo,
extremadamente blanco, tirando para albino, cejas,
pestañas, ancho bigote, que le cubria las alas de su boca,
reflejaban un rubio amarillento, los ojos chiquitos como
los del cuy, chiquitos y redondos. Todo ello justificaba su
apodo de "Caraguay".

-¡¡Rufino, Rufino!!. ¡Ay. "Caraguay"!. Ven hombre pero


que cholueste.

El interpelado, apuró el paso, al encuentro del grupo,


estirando la mano para saludar, con porte chontril.

-¡¿ Quiay pue primo?!. Estaba creyido que no llegaban.


Oye habe, quioras ya pue llegaron.
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-De noche, ya casi a las siete. Pucha que lluviaza ¿ di?

-Ta lloviendo juerte y más pa llá pa Llaucán.

-Claro, claro ¿Siabrá llenao el Pomagón?

-Dejuro, Pue, sia llevao los animales de ño Conshe yun


pedazo de la chacra del tío, Clemente. Más parribita, en el
Enterador. Guayayay el aguaceral.

-Yo meido de la "Lúcuma" antiayer, yei venido hoy.

-Por Cuñacales miagarrao el aguaceral, yei llegao, sopita


pue.
-¡Oye! ¿Trajiste los caballos? ¿Habe? ¿Onde puestán?

-En la posada, pue, onde más vanestar. En el corral de ña


Rosita. Ahí bua dormir ¿Y cuando volvemos, para rriba,
pal enterador?

-Mira primo, mañana te vienes tempranito al hotel, pa


tomar desayuno, según como amanezca, salimos en la
tarde, sino el lunes.

El Rufino, miraba con curiosidad al asiático, encogido


como gusano por efecto del frio, sin dejar el cigarrillo de

47
El Asuntito

la boca, con las manos en los bolsillos y el saco sin


abotonar.
Rufino los acompañó al hotel, enfocaron al viejo reloj, en
lo alto de la única torre de la iglesia, que daba las horas
unas tras otra, como si el frio hubiera encogido el tiempo.
Se despidieron, fueron a dormir en el hotel de puertas de
eucalipto y de azulados balcones.

Revolcándose en la cama sin poder dormir, Lin Chao,


encendió un cigarrillo. Recordó la figura del Rufino,
sonreía, expulsando el humo del tabaco. Las espirales,
escapaban buscando la ventana. En la puerta se veía el
amanecer del cielo. No había estrellas, sólo un cielo
plomizo, gris, aun no limpiado por la luz del sol, una luz
parda como si no fuera aclarar el día, parecía que recién
llegaba el principio de la noche.

Vio como los blancos nubarrones, arrastrados por el


viento, dejaban un cielo azul, tachonado de estrellas.
En determinado momento, se emocionó, creyó estar en su
tierra, frente a las hermosas montañas de Yunnan. Así se
perdió su mirada, esperando el sueño que llegó muy de
madrugada.

Al día siguiente, domingo como si fuera fiesta. Amaneció


soleando. Con un limpio y claro azul cielo serrano.
Después de tomar típico desayuno, caminaron, para que

48
Lin Chao, tuviera una idea más precisa de cómo era
Pencasmarca.
El asiático, pudo valorar la belleza de sus empedradas
calles. Con su acequia de desagüe al centro. La hermosura
de sus pintorescas casas, blanqueadas de cal, de zócalo
rojo indio. La mayoría grandes casonas de un solo piso
con techo de teja colorada. Su placita cuadrada, con su
piso de ripio, sus jardines y sus gigantes y frondosos ficus.
Era a la vez
mercado de abastos.

Felipe, habló de la fundación española de Pencasmarca.


Pencasmarca, fue fundada por el obispo, Jaime Martínez
de Compañon. El 04 de Noviembre de 1783. La calle
ondestá el hotel, lleva su nombre. Esta ondestamos paraos,
le han puesto el nombre del "Patrón San Carlos". La
diabajo allen la plaza, paronde nos iremos mañana a
Llaucán, se llama Coronel Arguedas. Fué este coronel el
que trazó las calles a cordel, diai, que Pencasmarca, parece
un tablerito, Lin Chao, escuchaba atento, con su rasgada
mirada, admiraba y tomaba nota de la diferencia de
vestimenta entre la gente del pueblo y del campesino.

En la plaza de armas, un grupo de palomillas, izaban la


bandera, al compás de la banda dirigida por el maestro
Quispe, al son de la "Marcha de Banderas"

- Todos los domingos es igualito, mañana y tarde. Los


muchachos alzan y bajan la bandera. EI Gil o el

49
El Asuntito

"Bardaluzo", han destar borrachos, cuando nuestán mira,


Lin Chao, niuna autorida. Estos nuacen nada puel pueblo,
ya vez, la energia eléctrica es pésima. Eso si joden y
joden. También quieren agarrar. Aique tenerlos de nuestra
parte, porque sino tamos fregaos. No nos dejan trabajar.

-Fue el largo y tendido comentario del Felipe Rojas,


camino de la cantina.

-¡Habé don Manuel! . ¡Buenos dias! ¡Cuatro cervecitas!.


Ya salió el solazo.

¿Vuelta vallover? ¿Digaste? Fijo quen la tarde.

Lin Chao. Desde la vereda, admiraba la rectitud de las


calles. La calle Bolognesi que iba a morir, abajo en una
finca en el cerco de pencas, piedras tunas y caracashuas,
defendido por gruesos y gigantes eucaliptos.

Miraba con detenimiento el agua que, como achocolatao


gusano, se desplazaba por la recta acequia. Volteándose,
seguía con la mirada, a la gente que trepaba y bajaba, por
la cuesta de la Cruz Verde. Por sigsagueante camino.
Los "shingos" posadas en la arista de los techos a dos
aguas, abrían sus alas, largo a largo, para orearse con el
quemante sol de la mañana.

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-Mira Lin Chao, a esa buenamoza questallá, le dicen "La
Flor de Machaypungo". Lástima, ya tiene marido.
Nuimporta ya vas a conocer a otras flores de mi tierra,
desas que tiacen decir añañancito pue, ja, ja,ja,ja .......
reían y comentaban, haciendo gestos y movimientos con
las manos.

-Que limeñas ni limeñas, compadre, estas mujeres son


lindas, sobre todo buenas, bien querendonas. Les gusta el
amor serrano.

-¡¿Amol Selano?! Contestó Lin Chao. El amor serrano, se


llama así, porque cuando le damos una paliza a la china,
esta te contesta, llorando:

-"Más mi pegas, más mi trompis, más ti quiero" jia, jia,


jia, jia, jia

Le gusto el movimiento comercial, de Pencasmarca. Le


llamó la atención que las campesinas, cargaran a sus hijos,
o su quipe a las espaldas, mientras iban hilando su rueca.

Vio como los campesinos de una pequeña talega de lana,


iban escogiendo hojas de coca. Las amontonaban. Las
empuñaban con los dedos, las llevaban a la boca,
formaban un bolo que remojaban y maceraban con saliva
e inflaban el cigarrillo que brillaba como pepa de lúcuma.
De cuando en cuando, movían un pequeño calabazo, del

51
El Asuntito

que sacaban cal, con una delgada aguja de alambre,


introduciendo la cal en el bolo de coca.

Descubrió que esa era una forma conque los campesinos,


se drogaban, para "matar su hambre". Adormecer su
mísera condición de explotado, producir más para su
"Patroncito", que se hacía más rico y él indio bueno,
trabajador, siempre más pobre.

A la hora del crepúsculo, mirábamos desde el largo y azul


balcón del hotel.

La tormenta que se aproximaba por Cuñacales, que venía


de arriba de la jalca, a juntarse con la otra que se venía de
la fila de Samangay, acompañados de truenos, rayos y
relámpagos, hiriendo la vista. Llamaron al encargado del
hotel, para que fuera a traer comida al cuarto de Lin Chao.
Cuando el cielo se adueñó de la noche, arreciaba la
tormenta. El aguacero que caía sobre el encalaminado
techo obligaba a conversar a gritos.

-¡¡¡Mañana, salimos tempranito!!! ¡¡¡Ei conseguido


ponchos de agua!!!, ¡Con esos adios aguacero!!!.

-¿Poncho liagua?

-Si chinito son unos ponchos de jebe, paque no paselagua


no nos mojemos, ya lo vas a ver, Hasta mañana.
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Cuando llego Rufino la posada, la casa de doña Rosita ya
estaba alta la noche. El lamparín ardía en un rincón. Sobre
el batán. Flameaba con el aire. Comenzó a languidecer.

Sentado en el suelo, esperaba el sueño, durmió a pocos, al


despertar, todo estaba en silencio, sólo escuchaba, el caer
de las garrapatas, Tap. Tap. sobre la montura. El rumor del
silencio, el olor a bosta y a bestias amarradas en el corral.

53
El Asuntito

Capítulo V: El La Punta: La chacrita


en el Enterador

P
asamos el "Puente Corellana”, seguimos, por el
empedrado y fangoso camino de Cuñacales, al paso lento
y seguro de las bestias, avanzando en fila india, bajamos al
Pomagón.

Vadeamos con mucha dificultad, el rio bramaba como


puma enjaulado. Su caudal había crecido más de lo normal
y su corriente cortaba, como frio y filudo puñal. El vado
perdido, el fondo flojo y mitoso, fue causa para que uno

54
de los caballos se hundiera, provocando alarma en el resto
del grupo, miedo y terror en el "Mueleconga", que como
asustado gorila, se sujetaba fuertemente de las crines de la
bestia.

-¡Péscate juerte!!. ¡¡De la montura ¡! ¡¡De la montura! ¡No


te sueltes! ¡Deja que la corriente los lleve!.
Le llegaban como lejanísimo lamento, las precauciones,
las advertencias y recomendaciones, del Felipe que, había
llegado sin contratiempos a la otra orilla, junto con Lin
Chao. Se apeó, desató la tensa reata que traía al anca de
su caballo y la arrojó con fuerza, gritándole, otra vez al
ver que la corriente, arrastraba, irremediablemente,
hombre y bestia.

-¡¡Sujétalo a tu cintura!! ¡¡Te buajalar!!.

La yegua, bufaba dilataba las fosas de sus narices y dando


un relincha de alegría, anunciaba su triunfo, había
derrotado al cimbreante Pomagón.

Temblaba de susto y de frio, El Juan Gómez, se había


empapado hasta las orejas, despedía cierto olor
característico de entre las piernas. Ni se sabía cuál era el
color de sus ropas, de tan embarrado de todo que estaba.

55
El Asuntito

El valle Llaucano, se libraba de la neblina, mojado de


aguacero. Los nubarrones de la noche, se levantan
perezosos de la pampa y se cobijan sobre los techos de
paja de las acurrucadas chozas ansiosos del calor de las
gentes y del resuello de los animales. El sol amenaza
despuntar obligando a la neblina a huir en lenta alzada,
envolviendo sus bucles.

Dejando hilachas blanquecinas, sobre las caladas casitas,


sobre los añosos sauces y aromáticos eucaliptos. Un vapor
tenue, con olor a saúco, a pencas y zarzamoras, trepa por
las ramas y se eleva de los charcos, del rio y del fango,
atraído por las nubes. Aparece un humo negro, gris,
blanquecino del fogón que atiza, con sabor a capulí,
chispeando rebeldes alcanfores, que, hacen rodar, gruesos
lagrimones, de los verdes ojos de la Ashuca. Las bestias se
asustan, al estridente graznido de los ganzos chillones,
escandalosos, cuando trepan por la margen derecha del
Pomagón, camino del Enterrador. Llanuras verdes, ven
subir y bajar el horizonte con el viento que mueve las
ramas. El rigor de la mañana con lluvia de oro. El color
del campo, el olor a tierra mojada y a pan recién salido del
horno. Una campiña que huele a néctar esparcido. No

56
sentir otro sabor sino el de azahar de los naranjos en la
tibieza del tiempo.

En la quebrada, al filo de la empinada cuesta, verdes


sapitos, posados sobre chungos y vidriados batanes,
sonaban su pito saludando al sol de la mañana. Las ranas y
los sapos llamaban al aguacero con ronco, continuo y
monótono croar. Apagando el canto de los pájaros.

- ¡Mira, Ay! Los sapitos, puacen pit, pit, pit, que feyo que
gritan los sapos, maldiciaus anuncian la lluvia. Va llover
otra vez. En llegando noma, te bañas, primo
"Mueleconga", porquiatatay hermanito, hasta la yegua
senojao, ve ... jia, jia, jia.....se burló el Rufino,
"Caraguay". Rieron todos.

Mirando de soslayo al gordo Gómez, que con dificultad se


sentaba sobre la montura, atinando sólo a sonreír. sentía
todo el fundillo de sus pantalones, pegado a sus nalgas y
hasta él se asqueaba, de lo que soltó del susto.

-iPuchermanito! Casito pue miogo. peyor oye, no se


nadar. ¿Si me suelto de la yegua? Nuestaría aquí: Menos
mal que ya llegamos.

57
El Asuntito

Allá, más arribita, los cerros, alfombrados de verde.


Esperan ansiosos a las ovejas y a todo el ganado, vengan a
pashullar sus pastos.

Una mancha de shingos, mullushcos, Chinalindas, águilas,


gavilanes, revolotean sobre las cabezas de los viajeros y
no se sabe que rumbo tiene.
Solo zigzaguean y se asientan en la quebrada, en la pampa
del Pomagón.

Sin dejar de olfatear ni perder de vista, a las víctimas, con


la panza hinchada, tiradas a una y otra orilla del rio.
Esperan que se alejen los intrusos, viajeros para iniciar el
festín.

Bandadas de palomas, tordos, Santarrositas. Como


folckórica y entristecida quena, les llega el canto del
huanchaco, desde el fondo de la cebada. El silbido del
zorzal. Una docena de manchados perros ovejeros,
menean la cola, gruñen y ladran.

Más allá de la casa de adobe de teja y paja, con sus


paredes que muestran, como gigantes molares, las piedras
de sus cimientos, bala una vaca, como protestando, que la

58
Manuela, ordeña con apuro, recibiendo la caliente leche en
poto grande. En mutual acuerdo, dos tordos, escarmenan
la testa de la res, que rumia complacida. Más atrás las tres
hectáreas, que conforman, la chacrita del Clemente Rojas,
a la que, por su estratégica ubicación y caprichosa, forma,
habían bautizado, como la "Punta", en el Enterrador.
Los linderos lo definen altas pircas de piedra de pencas,
magueyes, matas de tunas y caracashuas. Espinozas
plantas de zarzamora, que invitan a saborear, sus morados
y maduros frutos. Bien abajo a la sombra de un
floripondio, y de una cargada berenjena, el cristalino ojo
de agua fresca y de allí la fértil tierra, va a morir al río
escondida en el carrizal.

En el fogón, en la cavidad la cayana, revienta la perlada


cancha. De la olla se escapa el sabor del chupe verde, con
aroma de yerba buena y de chiche picante.

En el portillo al que le han quitado las trancas, esperan: El


clemente, La Manuela, su mujer, el Conshe, el hijo mayor,
casado con la Felicia que lleva colgado del voluminoso
pezón, indiferente y feliz, un mamón. El José, La Rosa, La
Martina y El Daniel, hijos menores del Clemente, esperan
subidos en el poyo. Gallos y gallinas, picotean el pastito.
Los patos se zambullen en los charcos. Un gallo patea y
corteja a la tierna polla, ésta rasca, se acurruca, el
59
El Asuntito

"ajiseco" sube le brinda un instante de éxtasis de amor, se


levanta, se sacude, como si nada y sigue picoteando, el
pasto de la pampa.

-Pasen pue, lleguen pue, apéese pue, patroncito. Entrusté,


invitaba y saludaba, el Clemente, dirigiéndose a Lin Chao
que, durante todo el camino, sólo abrió la boca para coger
su cigarrillo, con los labios y echar humo como chimenea.
Estaba más encogido, por el peso del poncho.

El chino, se apeó del caballo, con dificultad, puso un


brazo en jarra: Con la diestra, hizo visera, sobre la frente y
como escruñidora máquina fotográfica, admiraba la
belleza y toda la inmensidad de la "Punta". Vió la lúcuma,
donde anidaba los hosneros y las chirocas. Sus viriles
alisos marciales eucaliptos que, como guardianes,
sombrean la casa y mecen sus ramas, con el beso del
viento.

Los sauces llorones, a la orilla de la toma, miran su añeja


y arrugada figura, en el espejo del agua. En las matas de
zarzamoras, zangolotean, moradas y malahueras
campanillas. Más allá, trepando el capuli, las trémulas
granadillas y los ácidos poporos, casi al filo del rio. Al

60
final de la "Punta” junto a la alta pirca, una mata de
carrizos, shacshean su largas, anchas y afiladas hojas,
como almidonada falda, de niña dominguera.

Casi entumecido, se siente, Lin Chao, busca el sol, para


estirar las piernas, siempre echando humo, por boca y
nariz. Ya se aclimató, respira y camina con tranquilidad.

El gordo Gómez, "Mueleconga", se desvía del grupo, al


trote, apura la cabalgadura, hasta la orilla del rio, por entre
el carrizal, casi escondido, se ha sentado con todo, en un
remanso del agua para jabonarse. Desde la lomita, le grita,
la Martina, anidando en su pecho recuerdos de niños. En
tiempo de cosecha se metían a la chacra a cazar perdices,
índios pishgos, palomas, huachacos y santarrocitas. Todos
esos recuerdos, llenan el alma, de los hoy, casi adultos y
comprometidos enamorados. La China, ya tiene dieciocho
lozanos años, sin sostén, los pechos levantados, tiemblan a
su paso.

Los rosados pezones, como botones de rosa, a punto de


reventar, piden a gritos una caricia, un beso. Sus gruesas
piernas, macizos muslos, sostienen redondeadas caderas,
escondidas, en multicolores polleras,que se balancean
como agua en batea.

61
El Asuntito

- ¡ Juaaaaannnnn!!. ilii Juaaaaannnnnn!!!. Veste cholo


zonzo que niace caso iiJuaann!!. ¡Que tuaviesta lloviendo
en la jalca! Que tengas esque cuidao con la repunta. ¡¡Que
tiapures paque tomes tu chupe iiiJuaaannn! para sus
adentros, pensaba en voz alta, la Martina, caminando,
recordando, al filo del cerco, con dirección a la casa este
cholo, siempre zonzo. Solo ha creciu nomá yo, lo
buavivar. Niabla siquiera, será que tiene vergüenza,
shucaque, liabra dao sia cagau en los calzones, disque jia,
jia, jia, jia. ...mostró, su cristalina gracia al viento,
jugueteando con su alfenicada trenza.

Sentados en los poyos que hacían de bancas. En la pieza


grande de la casa, tomaban en silencio, el sabroso chupe.
Acompañado de yucas, cancha... los recién llegados, se
atragantaban, haciendo zango con harina de cebada.

-
-¡Ay "Mueleconga"!. ¡¿Cuidao tiogues con larina?!
Ja,ja,ja. Explotó el Rufino. Reían todos, se burlaban del
Juan Gómez, que solo esbozaba una sonrisa.
La Martina lo miraba de reojo, de a pie del ala de su
sombrero, con cólera y con pena, con más alegría, sentía
que su corazón se desbordaba y que se le quería salir por

62
la boca, se aguantaba. Los verdes ojos, de la zarca
Martina, se encontraron con los de cuy de Rufino. Fue tan
fuerte, la enérgica mirada de la china, que, "El Caraguay",
Rufino, tuvo que bajar los párpados y enterrar su mirada
en su zango.

-Sírvase, pue, señor sirvaste tomiusté estas cachanguitas.


Con su lechecita, pue, alentaba la Manuela, a Lin Chao,
que, tomó su chupe verde, en mate y cuchara de palo. La
caminata le había abierto el apetito.

-Entonces nos iremos, pue, dejuro, paquel señor veya la


chacra. Pa comenzar diuna vez - promovía el tío clemente,
quería salir de pobre.

Siempre sembrando al partir, trabajando sólo para comer,


ya no quería ser un indio explotado. Quería que sus hijos,
así como el Tiburcio, se fueran a estudiar al colegio, a la
Universidad, dejar de estar socorriéndose, como esclavo.
Lo único que iba a sacar, era morirse tuberculoso, como su
hermano Feliciano, nunca más, supieran de él.

-
-Fíjate, Lin Chao, son más de tres hectáreas y la tierra es
buena. Ese pedacito de cebada quiquedao, mañana,

63
El Asuntito

tempranito, lo juntamos, si no, la papa, yastaria, pa


aporcar o talvez pa desyerbar.
Aseguraba, el Felipe, para garantizar el resultado del
negocio: "El Asuntito".
- Tuavia, nuesta lloviendo mucho, estos son los
cordonazos de San Francisco y San Andrés, conestos, se
siembra: papa, maíz, cebada, trigo, todo pue rezongo.. "El
Rufino" "Caraguay" bastó otra vez la felina mirada de la
zarca Martina. Para callarlo "Mueleconga", miraba,
sonreía y se alegraba por dentro, convencido estaba que la
china, lo quería.

Peruan de dejar un pedacito, pa mis choclos, no lo vayan


ocupar todo, sino conquiago mis humitas, diay pa la
chochoquita, pue, advertía, la tía Manuela, que con mucha
atención seguía la conversación, como repetir el mate de
chupe, que solicitaba, Luis Medina, con su gruesa voz,
que le salía desde el fondo de su voraz apetito.

-¿Qué rico, chupe, Tita!? Así me quedo pa siempre. ¿No


Felipe?, la cosa ta buena, poreso toy aquí, nuay nada
quiacer, ta buena jia, jia, jia, jia, cof, jo, jo, cof, cof Se
ahogaba con la harina de cebada.

64
Sentado en el poyo del corredor de la casa, admiraba la
plateada noche de luna. A la sombra de árboles y montes.
Acomodaba lejanos pensamientos, de cuentos de viejas,
de duendes. De sustos y de espantos, conversaban,
manifestaban el trabajo del siguiente día, Lin Chao, se
regocijaba con la hermosura del paisaje nocturno,
preguntó. Lo que así gritaba, al escuchar el graznar del
tuco.
--¡Ve!! Allenel maguey, estél tuco maldiciau. Dizqués
malaguero. Que cuando canta en el techo diuna casa,
segurito quialguno de la familia, se muere.
El Felipe y el "Mueleconga". Comenzaron a cantar, en
serio y en broma.
Haciéndole cachita al Luis Medina.

"Siel tuco, canta en tu puerta,


será señal de tu muerte,
tucurrrr, tucurrrr, tucurrr"

--Ja, Ja, Ja, Ja... reíamos todos. Alta estaba la luna, cuando
nos despedimos. La tía Manuela, se dirigió a la cocina y
desde allí, llamó. ¡¡Daniel!!. ¡¡Daniel!! Ve pueste cholo, te
vienes dacito, paque miayudes, agarra la lata yese palo,
pespantar al dañino.

65
El Asuntito

-Habé mama ¿Poronde yapue pa golpeyar?. ¿ Yanca, ya


luará?

-Por toda la casa, pue, pola chacra. Por los carrizos, los
madiciaus yapué luâcaban mis cuyes y quepué será:
huaywash, canggialuj. zorrillo el zorro aideser.
Comenzó el Daniel, en el silencio mismo de la noche, a
golpear la lata con el palo, acompañado de gritos,

-...ta, tap, tap,


hummm, humm, tap, tap, tap,
hum, hum, hum,
tap, tpa, hum, hum, ... tap, hum

Los golpes y los gritos del Daniel, de la Manuela,


asustaron a Lin Chao, se aventó de la cama. Pretendió salir
corriendo. Lo detuvieron, le explicaron, se encogió, se
durmió como tortolita.
Se levantaron con la aurora. Sus pasos se llenaron de
rocío. La tierra mojada sintió el puyaso del arado, tirado
por la yunta. Surgieron los surcos, como graves
cordilleras, para adormecerse con las amapolas.

66
-Como no llovió, la tierra, fresca y suave, terminamos los
surcos, Lin Chao, hoy sí que las chinas echas las semillas,
¡si es como sembrar maíz, tío Clemente!. ¿No Lin Chao? -
Se entusiasmó el Felipe.

-Buena chacla, tiela buena, así mucho mejol, cosa sel fácil
y lápila, negocio bueno, telmina plonto, entonces dao
semia.
-Claro, claro, así siabla, ya vez primo, sólo hay que cuidar
nomá, hasta que salgan las plantitas, yuna vez que suelten
las bellotas, a cosechar, ya manos llenas, aseveró, "El
Químico" Luis Medina.

-Pelo este si, mucho cayao, mucho secleto, no dice nadie


quedao aquí nomá. Ete asunto, peligloso, policía.
El asiático daba las recomendaciones del caso, con mucha
prudencia, muy serio.

-Si mañana comenzamos, sino quia llovido puel día de los


difuntos y de todos los santos, asies todos los años, diaqui,
ya no llueve hasta diciembre, viene los "Orines del Niño".
-Ahisi vastiaver llover. Las nubes, apelotonadas, las
arrastra el viento como gigantes vejigas, de cerro a cerro,
hasta volverse, primero granizo y luego aguita, pue,
aseguró, el Rufino.

67
El Asuntito

Completó, el Luis Medina, con su voz de contrabajo y en


tono de burla.

-Con tal que no vuelvan los orines del "Mueleconga", jia,


jia, jia. El gordo 'Mueleconga", como que no era con él.
Estaba perdido, enternecido cambiando miradas con la
Martina. Diciéndose cositas que sólo ellos entendían,
subiéndole los colores a la cara, la sonrisa a los labios, el
fuego a los ojos.

Fueron a caminar por la chacra, vieron el ojo de agua, se


hartaron de lúcumas, capulies, berenjenas, granadillas,
poro poros y de tunas. No pudo contener su curiosidad,
cuando vio los racimos de renegridos shaucos., pidió
creyendo que eras uvas.

Retrazados del grupo, venían el gordo Gómez y la zarca


Martina, caminaban dándose empellones. Ponían de
manifiesto, su verdadero amor serrano.

Cuando Lin Chao despertó con el


Chirrrrrrrrrrrrrritttttttlirrrrrrrrrrr........... de los turriches que
salían de entre las tejas del techo. El canto de los tordos,
cuculas, chilalas. El zumbido de los ushunes, el violento

68
aletea de los quindes, el asiático aprovechó que estaba
solo, para desprenderse, una especie de faja, que desde
Lima, traía adherida a su esquelético cuerpo y vaciar de
ella, las semillas de la misteriosa adormidera.

-¿¡Mira. Pue?! Si parece linaza, hermano - mostraba el


Felipe, cogiendo en sus manos las pequeñas semillas que
se le escapaban entre sus dedos y se amontonan en la copa
del sombrero.

Terminamos los surcos, echamos de trecho en trecho las


semillas, para que de allí brote la famosa papaverácea, que
nos proporcionaría el látex, para convertirlo luego en opio
obteniendo como resultado final, "EL ASUNTITO", que,
nos haría millonarios"

69
El Asuntito

Capítulo VI: Los buenos vecinos

L
a pequeña faja de tierra casi triangular, estaba
estratégicamente, ubicada entre las faldas de dos cerros.
En la parte alta como plano inclinado, moría en el rio.

Desde el camino, era difícil divisarla, para llegar a ella


necesariamente, se tenía que bordear la quebrada.
Todos los vecinos le hacían la guerra, al Clemente, para
obligarlo a vender y dejar la "punta", tal como se conocía
en el Enterador, a ese pedazo de tierra que, por años,
tenían como herencia los Rojas Campos. Los progresos

70
que habían hecho eran el fruto de su esfuerzo y del trabajo
mancomunado, de toda la familia.

-Palotru lau, están los terrenos de ño Pelancho, es pue de


la patrona Clemencia, palau diabaju, como yendo pa
Llaucán. Es de los Diez, pallalfrente. Están los terrenos
del Silverio Luna. Pa lau diabajito, del Beniamín Escobar.
Pallarribita, ya palaltura. En la jalca, allí viven los
Contreras, diaquella filita, se divisa la hacienda Llaucan,
diai parriba de la Llica y más parribaza tuavia está la
hacienda Chanta, es pues del Señor Zárate. En la hacienda
Yanacancha, viven los Castañedas, que, palotro ladito,
tiene como vecinos a los Marchenas, disque son gente
mala, oigaste como será, pue taitito, Diosito yapúe nos
proteja desos maldiciaus, nuestro patrón San Francisco,
luará pue dejuro, pa que no nos saquen y nos vayemos.
Sino fuera puel ojo diagua, ya nuestuvieramos aquí.
Dos veces mei socorrido, pa la costa, oigasté, a Cayalti y
todo lo que dicen y dijo ese señor, Espillega, crioques,
vino pa Pencasmarca, nos acabó yapue dengañar. Mentiras
y más mentiras, como los "representantes de la Patria".
Allá, oigasté. Niñito, naides pue, podía caminar po las
calles, después de las siete de la noche. Quepue, más que
volvíamos cansadísimos de trabajar la caña. Al que
luencontraban los caporales, lo llevaban a fuetazos hastel
patrón y ordenaba que lo metan al calabozo o al cepo,
71
El Asuntito

según la falta pa que sepa y se dé cuenta ondestaba, así


pue luacen en Llaucán, Chala, en todas las haciendas.

Los Caporales, son gente de confianza del patrón, solo a él


obedecen, disque, oigasté, hasta mataban y no les pasaba
nada. Nove quel patrón los protegía.

-Ese trabajo de la caña, en la costa, es fuerte hay que ser


un buen cholo mostrenco, bien macizo, sino te mueres
tuberculoso. Afirmaba el Luis Medina que se había
socorrido, varias veces a Pomalca y a Tumán.

Continuó luego el Clemente, con su parloteo que Lin


Chao. Seguía con mucho interés.

-Pa trabajar la caña en las parcelas, nos sacaban de


madrugada, de noche tuavia, oigasté, nos traían a la
rachería, cuando el sol se perdia. Yese calorazo, pue de la
costa, señorcito acacau, como dolía la espalda.

Miacabé yapue de secar. Felizmente, la Manuela, mandó


que escribieran una carta, con suijo de ña Rosita, es pue
tía de mi mujer, tan buena, ahí pue, ondiastau de posada el
Rufino. Al que le dicen "Caraguay". Nusotrus, también

72
llegamos palla, cuando nos vamos los domingos pal
pueblo, muy buena, ña Rosita, paque pue, Diosito,
yapueliade pagar.

-Pero cuente bien pue tío ......... ¿Le mandaron la carta o


no? interrumpió.

El Rufino, queriendo satisfacer su curiosidad, en su mente


se asomaba el germen de un futuro y vengativo plan.

- Perueste, maldiciau, "Caraguay", Puaydeser, dejuro, pue


que, me mandó desconté todo lo que debía a la contrata.
No ve quiavía dao como garantía, las escrituras, de la
"Punta". Me vine, yapue, oigasté, niñito. Ya hoy estoy
entrau en carnes. Cuando llegué, de flaco questaba, el
viento me tumbaba.
Ese rato, yapue, la Manuela, me daba mi chupe, mi
caldillo de huevos o de gallina, mi lechecita, pero más me
vine po los muchachos queyestán grandes. Mi Tiburcio
questén Lima, eses miesperanza. La Martina, yestá más
que maltona yojalá se logre con el Gordo Gómez. Al que
lian puesto ustedes, "Mueleconga". El que se surró en los
calzones pue, ja, ja, ja, ja,..... Eses hijo de mi compadre
que vive allalfrente en Llaucán, ha dicho dique nos va a
palabrear. Ojalá pue taitito yasi ya cambeen las cosas.

73
El Asuntito

-Dueño di chacla dilao. ¿ Tai?.

-¡No, No! ño Pelancho, vive en el pueblo, ahí tienen una


tienda, solo pa sembrar y cosechar, vienen, después se
van. Sólo quedan los peones nomá. Los que viven en su
fundo, son los Diez, los Borjas, Los Pérez, Los Contreras,
esos se van solo los sábados al pueblo y vuelven los
domingos por la tarde o los lunes tempranito, ño Pelancho,
disquestá pa venir, pa sembrar papa y maíz.

La presencia de Lin Chao, había causado revuelo en el


pueblo, en todos los vecinos del Clemente, en varias
leguas a la redonda del Enterador, no estaban
acostumbrados, a ver personajes extraños, misteriosos,
como el chino, sobre todo que hubiera venido con unos
"simples cholos". ¿Qué raro? Se preguntaban los
cogotudos de Pencasmarca, además la llegada de Lin
Chao, había sido motivo de información. Movimiento, de
parte del Gobernador, del Sargento, Comandante de
puesto de la Guardia Civil, sobré todo del jefe de la Caja
de Depósitos y Consignaciones, hoy Banco de la Nación.

El primero que quiso conocer, hacerse amigo de Lin Chao,


fue ño Pelanchito, que, con el pretexto de la siembra, llegó

74
en brioso caballo, de gran alzada, hasta la "Punta",
bordeando la quebrada, subió hasta la casa del Clemente.
Los perros, le salieron al encuentro, acribillándolo con sus
ladridos. Al olfatear y reconocer el tamboreo de los cascos
del corcel, se limitaron a menear la cola, ladrar y gruñir,
sobre todo, cuando el jinete los identificó por su nombre.
-¡Hola capitán, pintao, blanco .............. choca.

-Buenos días, ño Pelancho. Perroeste, carajo. Pase pue


patroncito. Safa perro, carajo. Llegusté, pue ¡Perro
quepue, no sabes respetar!

Si eso era lo que quería don Pelancho que le invitaran a


pasar. Desde el canto de la chacra, reconocí al “Palomo”,
le vine al encuentro, iba pensando sobre mis pasos.

-No vaya ser queste huevonazo, nos malogre el


"Asuntito". De seguro ques capaz de pedir semilla,
conmigo, sestacao, el muy cojudo. Tengo que hacerle
sentir que no soy como mi padre. El, se dejó quitar sus
tierras, por una cosecha de maíz y unos cuantos soles, en
complicidad, con las autoridades del pueblo. Esos
tiempos, ya siacabaron, por algo soy el Felipe Rojas
Campos. Hipócritamente, se miraron, los ocasionales
enemigos. Sus miradas fueron dardos envenenados que se
cruzaron en el aire a medida que se acercaban, el uno al
75
El Asuntito

otro. Sereno, sin perder la compostura. Estiré el brazo,


para estrechar la mano del diminuto, ño Pelancho, al
sentirla, le vino a la memoria, de aquella vez que,
injustamente, lo hizo meter preso, acusándolo que había
hecho daño a una de su chinas. Fue su propio hijo político
que lo desmintió. Lo soltaron. Ño Pelancho, se adueñó del
terreno de su padre, que murió de pena y tristeza.
-Buenos días, ño Pelancho que vientos lo traen puaca,
¡parece que se desvió el “Palomo” vesque nua olvidao el
camino! ¡Qué buen caballo!

Siempre le dije a mi padre que no vendiera, ni el caballo


ni la chacra, me hizo meter preso, esperó que me largará a
Lima, para comprarlo todo y al precio que se liantojó, pero
que vamos hacer, dicen que aquí todo se paga, "nadie se
va sin dar el medio vuelto". Lo hecho, hecho está. Le dije
acentuando más el tono de mi voz ........En cada frase, en
cada recuerdo, largo y seco fue mi saludo. En mis
expresiones, había un tono de advertencia y de tajante
aviso.

-¿Cómo estás Felipe? Cada vez que vengo al fundo.


Vengo a ver al Clemente. Por si se liofrece algo, tu, sabes
uno nunca sabe…

76
-Pues fíjese que no seliofrece nada, ya le dije que
paresostoy yo aquí, ¿ Verdad tío?

-Si pue Ño Pelanchito, el Felipe, ha traído al señor ques


suamigo, disque, paque conozca y cambie de clima,
disquestá muy enfermo. Ustéd sabe, el es hijo de mi
hermano, huerfanito, como si juera mi hijo, yasi luecriau.
Así nomá, pue, patroncito.

En esos momentos, aparecieron, Lin Chao, el gordo


Gómez. Luis Medina, El Rufino, ubicándose en media
luna, detrás del Felipe.
-Mire ño Pelancho, aquí le presento al señor, Lin Chao, a
ellos ya los… "Está bien, está bien......

Mucho gusto, señor, un amigo y diré, también un vecino.


No te preocupes. Dime nomá quian sembrao.

-Maiz, ño Pelancho, maicito, pue, nos hemus retrasau,


hasta la llegada de miaijao, esperándolo, pue.

-Si, ño Pelancho, maiz ¿O acaso usté no siembra maíz?

77
El Asuntito

-Mira, Felipe, en el pueblo toda la gente habla y dice,


¿Quién será ese chino? ¿paqué habrá venido y se habrá ido
al Enterador?

Las curiosas e insinuadoras palabras, de ño Pelancho,


sonaron como bolas de hielo, en las cabezas del grupo que
rodeaba, al Felipe.

-De acuerdo, ño Pelancho, Lin Chao nos ha dado semilla


de amapola y eso es lo que hemos sembrao y no creo
quiaiga ningún inconveniente, le vuelvo a recordar que yo,
no soy como mi padre. Usté me conoce.

- No, No. No. desde luego que nuay ningún inconveniente,


regáleme, un poquito de semilla, tú sabes que tengo
bastante terreno, si tú quieres lo sembramos al partir.

También sabes, las autoridades son mis amigos y


cualquier cosita, pues luarreglamos Lin Chao, miraba
receloso y a la vez comprendía que no podían hacer nada,
que tarde o temprano, las amapolas crecerían, se harían
notarias a los ojos de todos los curiosos y vecinos.

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Vecinos al fin, con el pretexto de saludar al Felipe,
llegaron todos para conocer, conversar con el asiático, de
paso pedir semillita. Así como el Felipe, la mayoría, de
sus vecinos, conocían Lima, estaban enterados, de la calle
Capón, en el barrio Chino, el famoso y conocido jirón
Huatica y de los fumaderos de opio, en la Victoria, que los
"Huaylulos", habían hecho muchas pesquisas en estos
lugares, sobre todo, estaban muy enterados que la droga la
traían del oriente. Pero que resultaba demasiado caro. Por
último, sabían que Lin Chao, había paseado por todo el
Perú, buscando tierras y lugares de clima apropiados, para
la siembra de la papaverácea y que los mejores lugares,
eran las fértiles tierras, del Enterador de Llaucán, tierras
del valle del Pomagón, en la hermosa "Perla del Ande"
Pencasmarca.

79
El Asuntito

Capítulo VII: El Asuntito

E
l sábado por la noche. El billar del "'Hotel". Era un
hervidero: de billaristas, timberos, "golpeadores" y
sobretodo de mirones. Lin Chao, quiso divertirse un poco,
antes de volver al Enterador. Cuando estaban comiendo en
la chingana. Manifestó:

-Mi quiele. Juga billa

-¡¿Claro Lin Chao?! Horita nos vamos, te advierto que hay


buenos jugadores y mejores apostadores. ¿Quieres

80
apostar? Te aseguro que juegan fuerte, son buenos, hace
buenas voladas.

Lin Chao, miró fijamente a Felipe, haciéndole entender


que no lo conocía muy bien. Manifestándole con su
sarcástica sonrisa, con una mueca de autosuficiencia y
menosprecio, se achinó y recostándose hacia atrás, sobre
las dos patas traseras de la silla, haciendo equilibrio y
tirando el sombrero más atrás, anillando la boca, dilatando
las fosas nasales, lanzó una bocanada de humo, y soltó una
tremenda carcajada. Todos los comensales, voltearon, para
informarse del motivo de tal risa. El asiático,
imperturbable continuó riendo, del interior del bolsillo del
saco, extrajo un casino, envuelto en elegante y fino papel
de celofán, con gran maestría, y habilidad de ilusionista,
comenzó a barajar las cartas, con la derecha, con la
izquierda, con una mano, con las dos .......... luego lo
envolvió y lo guardó.

Felipe quedó impresionado de tal destreza, ignoraba esta


faceta de la vida de Lin Chao, con entusiasmo, le dijo:

-¿Pucha....!? Hoy si nos vamos a divertir. Aunque no


tengo mucha plata, algo haremos.

81
El Asuntito

Cuando llegamos al billar, como dos olas, se separó la


muchachada, apiñada en la puerta, hicieron callejón, para
que entráramos los dos socios erminaban una partida de
billar.

El billarero, anunció, a voz de cuello, al ver a Felipe y al


asiático.

-Bueno señores va a jugar el señor y si alguien quiere


apostar: ¡Ahitá el taco, así que ya saben!.

Lin Chao, agradeció la atención a su persona, cogió el


taco, esperó con tranquilidad, al contendor, ninguno se
atrevía, uno de los Diez, queriendo ganarse la confianza y
la amistad del chino, se aventó, muy cortés, muy amable,
muy zalamero, se presentó y dio la mano. El asiático,
correspondió, siempre en silencio.

-Yo, juego con el amigo ¿Apostamos algo? Alguito pa


comenzar, pue hermano ¿Qué dices, Felipito? ¿Cuánto?
Paquiaya entusiasmo.
-Pue ¡Claro hermano! Cinco soles, respondi ¡Ahitán los
cinco soles!. Por fuera, alguien a mi mano o en contra, ya
vez, paqué vamos a pelear ¡Puchermano! Felipe.

82
Al ingresar, al billar nos saludamos, con todos los
parroquianos, muchos compañeros de escuela,
especialmente con los Diez, vecinos, en el Enterador.

Jugaron tres partidas, las tres ganó Lin Chao, en buena


ley. El cholo Diez, queriendo desquitarse, tentó:

-¿Doblamos la apuesta, Felipito? Claro, puermano, tienen


que darme una oportunidad.

-Abrazando y saludando a Lin Chao, por su gran habilidad


con el taco. Lin Chao volvió a ganar otras partidas, dejó el
taco.

Quería jugar "golpeao", le dieron sitió en una mesa. Al fin


la noche, estaba joven, le hizo una señal a Felipe, este
salió, fue al cuarto del hotel y volvió con una botella de
wiski, tomó con Felipe y con todos los conocidos. El
billar, era una densa nube de humo de tabaco, cual cabaret
de la mala muerte.

Sonaban las dos de la mañana, la luna y un lucero grande


estaban juntos.

83
El Asuntito

Uno de los Diez, invitaba a Felipe y a Lin Chao, a tomar


un cafecito en la "Chotana". Fue precisa la invitación, en
ese momento, se levantaba el asiático de la mesa,
agradeciendo la oportunidad que le habían brindado.

Lin Chao, salió alegre y feliz, acompañado por Felipe y


los Diez, Iban conversando y bromeando. Dos cuadras
más arriba de la chingana languidecían, las románticas y
lloronas notas musicales de una enamorada serenata.

En la "Chotana", tomaron caldo de gallina y unas


cervecitas. Cuando les llegó la aurora, reflejada en el
rocío, Pencasmarca, se despertaba soñolienta, bostezaba
acurrucada, al pie de cerro de Chalán, parchado de maíz,
cebada y pasto. Alguna puerta entreabierta, daba paso a
una "china", que, llevaba a botar, a la acequia, en
aporcelanada y despostillada vasenica, el insomnio de la
niña consentida de la casa o la "buena noche de los
patrones".

Haciendo tres en raya, madrugadores borrachitos,


ashuturrados al filo de la acequia, dejaban su trasnochada
desgracia, entre pújidos, ruidos y quejidos se escuchaba
este diálogo.

84
- Uno, dos, tres, tres en raya, compadre
"Querendequende". Puta nos jodimos.

- Si compadre, tres en raya, diallá pacá o de aqui pallá.

Si es así, compadrito, el tercero que no caga, muere je, je,


je. Seguimos nuestro camino hasta la Plaza de Armas y
nos despedimos.

Al día siguiente fuimos a la plaza y a las tiendas, a


comprar algunas cosas. Necesitábamos: copitas de vidrios
y navajitas de afeitar, para extraer el látex de las bellotas
de la papaverácea.

Que hermosa se veía la chacra, en hilera las verdes


adormideras, descolgando sus anchas hojas y sus flores
amarillas, como girasoles, cual marciales soldados, se
mecen al compás del viento. - Alguno del grupo,-
comenta, subido en el poyo.

-¡Ay, mira! Puay, que bonita está la chacra. Pronto,


comenzaremos a cosechar.

-Si parecen girasoles, mira los frutitos questán saliendo,


parecen frutos de "cotocoto", igualito mira, ni más ni
85
El Asuntito

menos quel fruto de la campanilla. Esa florcita morada


diallá. Mira dicen que malaguero, yelque la agarra, rompe
la olla y el plato de fierro. ¿Será cierto?

Sin dejar de sonreír, acordándose de aquella vez que, se


cagó en los pantalones dijo:

-Ya tengo listas: las copitas y las navajas, Lin Chao.

--¿Aaah ya?! Ese tlabajo fácil, delicalo y mucha paciencia.


¿Ya tené depósito, pa cociná lâteg? Ese mucho impoltante
¡Aaaahhhh!

--No, Lin Chao, el domingo me voy al pueblo, hay una


tienda muy conocida que, vende buenos peroles.

-Faltao un me pa saca láteg, tao lita depósito, en cocina.

Conversábamos, como siempre, Lin Chao, con todos los


presentes, haciéndoles notar que, nada debería
improvisarse. El gordo Gómez, perdido como siempre con
la zarca Martina, no escuchaba ni veía nada, solo los
claros ojos, como pozos cristalinos que se abrían y
cerraban, como si estuvieran llenos de peces de colores, en

86
ellos, ahogaba sus febriles pensamientos y sus serranos
sueños el "Mueleconga".

-Tías engordado más, oye, tías hinchao, pue. Aseveró el


"Químico", Luis Medina, notando que los botones de la
camisa, estaban a punto de saltar.

-Si parece berraco cebao, pue ja, ja, ja , dejuro que lo van
a
pelar, puel dia de los difuntos, puaideser.

Se burló el Rufino, con su pesada chacota. Por dentro


sentía que le hervía la sangre, ninguno del grupo, tomó en
cuenta las palabras vertidas, por el "Caraguay". Rufino,
"El Mueleconga", con su especialísimo carácter, solo
sonreía, sin quitarle los ojos a la Martina. A su Martina de
toda la vida. Solo esperaba que le tocara su parte, en el
negocio del "Asuntito" y casarse con la china de sus
sueños.

En las chacras de todos los vecinos, también se levantaba


hermosa la adormidera, esperaban ansiosos, cosechar,
procesar el látex, hasta obtener el opio. Se llevaría a
Chiclayo, Trujillo, Lima y quizás hasta el extranjero, en
Pencasmarca, se le conocería, como el "ASUNTITO".

87
El Asuntito

Más de un año, desde que llegamos, de Chiclayo, hasta el


Enterador, en Pencasmarca, Lin Chao, se había hecho muy
conocido, desde aquel nocturno sábado, los mejores
billaristas. golpeadores, timberos, los buscaban para el
desquite, nunca pudieron ganarle.

Como asiático, gran aficionado a los gallos. Durante todo


este tiempo su mayor ocupación era la cría, preparación y
entrenamiento de buenos gallos de pelea, no faltó un
domingo a la gallera, donde unas eran de cal, otras de
arena. Los Diez, los Borjas, Pérez, se nos volvieron
inseparables, aprovechando de esta afición. Los vecinos
grandes galleros, dueños de hermosos y reconocidos
galpones, invitaban a Lin Chao, a sus fundos, fincas o
chacras, allí era motivo e agasajos, tragos y bailes, o
simples y largas tertulias, animadas con bandas típicas, o a
golpe de caja. Lo llevaron: desde Yanacancha, hasta San
Juan de La Camaca. A casi todas las estancias de
Percasmarca. A la fiesta de San Juan, San Antonio. Se
divirtió y gozó mucho en la fiesta patronal de la Virgen
del Carmen de mi pueblo.

No le gustó mucho, Hualacayo por el intenso frio. Gran


observador, Lin Chao, analizaba si era o no bueno el

88
terreno que visitaba, quedó más convencido que, las
mejores tierras y clima apropiados, estaban en el valle de
pomagón y del Korellama, en Llaucán.

Una mañana, de tibio sol, de mediana primavera, después


de saborear, Llushcas y Shaganes arrebozados con huevo,
tomar el consabido chupe verde con yucas sancochadas y
harina de cebada, Lin Chao, miró a cada uno de sus
compañeros de mesa. Se puso de pie sorpresivamente.
Todos, alarmados, dejaron de comer y levantaron la vista,
hacía donde estaba parado, siguiendo con mucha atención,
los movimientos del chino que, colocando un cigarrillo en
la boca, con pasmosa tranquilidad, lo encendió.

Aspiró profundamente, tirando la cabeza hacia atrás,


cuadrándose en jarra, soltó una bocanada que fue a
confundirse, con el tenue humo que se elevaba, del casi
apagado fogón. Sin quitarse el cigarrillo de la boca, hablo.

-Necito, copa de vidlio, navajita.

-¡¡Bravo, Lin Chao!! ¡Al fin, por fin hermanito!. ¿Cómo lo


sabes?. Todas las mañanas. Lin Chao, bajaba al rio,
atravesaba la chacra. A cada paso observaba el
crecimiento y desarrollo de la papaverácea. Fue esa
mañana, cuando ya las bellotas, estaban a punto de
89
El Asuntito

reventar, era el momento de trabajarlas, para aprovechar al


máximo, la cantidad de látex.

-Necitao mag gente, ete mucho trabajoso, pa no peldé


láteg.

-¡Claro, claro!. Tío Clemente, que los muchachos vayan a


llamar a mi mamá y a tus compadres que son gente de
confianza. Que vengan yorita, córrete, pero, das, das, pue.

Lin Chao, pidió que lo acompañaran a la chacra, hizo una


demostración práctica, para extraer el látex de la cápsula.

Tomó la bellota, con la mano izquierda, sin arrancarla de


la planta, con la navajita, le hizo un corte en cruz, colocó,
la copita de cristal debajo del fruto ¡Oooh, maravilla!, con
los ojos desorbitados, miraban como el fruto herido,
soltaba el jugo lechoso y espeso. Una vez llena la copita,
era vaciada en un balde, así se seguía recibiendo. Hasta
que la bellota, estuviera seca.

El Clemente con su hijo mayor, con tiempo, habían


cortado y apilado buena cantidad de leña de eucalipto. Las

90
gruesas y astilladas rajas, serian devoradas por el fuego,
para que sus cenizas, vuelvan como abono a la chacra.

La Manuela, había acondicionado un lugar a un costado de


su cocina, con riesgo de que a sus cuyes, los comieran, el
huahuash o el zorrillo.

Listo el fogón para ser prendido sobre enormes piedras,


donde descansaba panza abajo, un gigante perol, en espera
del famoso látex, de la misteriosa adormidera.

Luis Medina, "El Químico". Con su experiencia y las


indicaciones de Lin Chao. Confeccionó una larga espátula.
Le serviría para mover la materia prima del opio y evitar
que se queme, o se pegue, en el fondo del gigante de
cobre.

El Clemente, sus hijos, su hermano, el "Shiba", sus


compadres, todos los familiares de mucha confianza,
llenaban los baldes con lechoso líquido, extraído de las
verdes cápsulas de las adormideras. La Manuela, la
Martina, mamá e hija, atizaban el fogón, a fin de tener la
temperatura necesaria, "El Químico", controlaba la tarea,
con la larga paleta, entre las manos, bajo la atenta mirada
de Lin Chao.

91
El Asuntito

"El Químico". soltaba gruesos lagrimones y de rato en


rato, salía hacia fuera. Tomándose con el índice y el
pulgar, se sonaba la irritada nariz, luego se limpiaba con el
borde del puño de la camisa y los dedos en el pantalón.

El humo que se alzaba de los tizones de eucalipto, como


beliones de lana sin escarmenar, se levantaba rebeldes
protestando, por el poco espacio en que revoleteaban,
hasta encontrar la puerta.

Ni la Manuela, ni la zarca Martina, menos Lin Chao,


escapaban a su furia, como olas de mar embravecido,
golpeaba sus acaloradas fases. Irritando, estimulando: ojos
y nariz que se defendían con lágrimas y pegajosa
mucosidad.

El perol, llegó a su punto de temperatura, el "Químico"


Luis Medina, movía con la larga espátula, el lechoso
líquido, con mucha dificultad, pidió ayuda, las manos se le
habían ampollado, el látex, tomaba un color achocolatado,
se convertía en una acaramelada masa marrón, despedía
un fuerte olor picante, provocando picazón en la garganta.
Después, de casi cuatro horas, de ardua y paciente labor.
De mover el perol, sostener con leña, la misma

92
temperatura, Lin Chao, tomo una muestra, en un plato,
salió hacia fuera con el "Químico", Medina vació un poco
en un vaso, le echó agua.

Observó la reacción química, vio el precipitado


blanquecino, como astillitas de bórico. Entró y anunció.

- ¡Yata..! bajo pelol, hechao lata.

El látex, convertido en pasta de opio, sería envasado y


transportado, para su clandestina comercialización, "El
Asuntito", estaba listo.

El Rufino, "Caraguay". El Damián, hijo menor del


Clemente, habían acondicionado latas de kerosene, en las
que se colocó la pasta de opio.

La madrugada del jueves, el Sebastián, hermano del


Clemente, peló dos chanchos que durante un año, habían
estado cebando. Después de frita la carne y saboreados los
chicharrones, quedó la manteca, para camuflar las latas
con el "Asuntito".

Corrió la voz que, estábamos en el negocio de la


mantequita, para llevar a la costa. En el pueblo siguieron
la rutina de siempre; el billar, los gallos, en la gallera,
93
El Asuntito

continuaron con el programa de siempre para no despertar


sospechas. EI Rufino, el gordo Gómez, traerían las "latitas
de manteca", con el "ASUNTITO" en caballos y burros,
desde el Enterador, para ser embarcados como carga, en el
camión de "Pechito", que nos traería de vuelta, hasta
Chiclayo.

-¡Cuánta manteca, han comprao!!. ¡Oye, Felipe!. Ta bueno


el negocio!, ¿Las "gainas" tamien son diustedes? ¡Pucha
cuantas jabas! ¿Cuántos cajones de huevos? ¿Qué? ¡Pa su
macho! ..usted. Han dejado el pueblo sin huevos jia, jia,
ja, jia,.

-Bueno, bueno, bueno.. Eses cuestión diustedes,

Mañana, salimos a las ocho en punto de la mañana ¿Y el


chino? ¿Ya no liadao soroche? ¡¿Yastá bien?! ¿Qué?"
¿Cómo? ¡Queyasta aserranao? Ta buena la cosa, chino
serrano. Ja,ja,ja,ja........que venga el negro

"Patasucia", paquiarregle la carga, el, ya sabe. Tiene que


templar la carpa, paqué no se moje la "mantequita” Pue ¿o
me equivoco?

94
Fue el bromista discurso, de Pechito, sin sospechar lo que
traería su camión, "El Ave sin Nido" hasta Chiclayo.

95
El Asuntito

Capítulo VIII: La Ley, los Huaylulos


y la muerte

¡
¡Cabo, Villalobos!! ¡Vengal Usté va ir con Fuentes y
Pajares en comisión a Llaucán yal Enterador, van a ver
ques lo que pasen las chacras. No mia gustao nadita, la
forma como mian hablao el Juez y el Gobernador. Oigan
ustedes, hastel Jefe de la Caja de Depósitos y
consignaciones, y otros, dique, son autoridades muy
importantes en el pueblo y sobretodo ¡y sobretodo!. Los
telegramas quian llegao de Caxamaná más tuavia. Que
96
nuacemos nada pa hacer cumplir la ley, mestán calentando
¡¿Carajo?!

-Creen que mestoy rascando los huevos o questoy pintao.


Así que quiero cosas precisas y hechos efectivos.

-Van haciendo la ronda por Cuñacales, el pomagón, llegan


hasta Llaucán.

-Suben a la Llica, se vienen pal Enterador. Dan la vuelta


puel Tambo y regresan puel Cardón ¡ ¡Entendido!!.

El llamado cabo, Villalobos, se presentó con los guardias;


Juan Fuentes y Nazario Pajares, saludaron militarmente.
Recibieron las instrucciones asegurando que todo estaba
claro, sin embargo, se miraron interrogativamente, uno a
otro manifestando

-¿Habrá quihacer traer, los caballos. Esta misma tarde, mi


sargento?

-¡Yo, no se!. En caballo, en burro, a pata, elecho, esqué,


quiero un informe de loquencuentren. En setentidos horasi
¡Está claro!!

97
El Asuntito

Vociferaba, el sargento. Olvidándose de la camaradería,


que siempre había reinado, en el Puesto de la Guardia
Civil de Pencasmarca, cuyo contingente, lo conformaban:
un sargento, un cabo y tres guardias.

Luego dijo, mal humorado, poniéndose como camarón. El


sargento Pelaéz Chiquito de talla. Con voz de mando y
autoridad. Por su origen, el decían

"El Shilico". Llevaba y exigía llevar, correctamente el


uniforme, verde olivo de relucientes botones dorados, los
galones de ancho sutache.

Sus gruesos pies, calzaban toscos zapatones y sus cortas y


arqueadas piernas, protegidas por polainas, color marrón.

Habló, dando confianza y seguridad a su personal.

- Desde que llegó el chinoemierda me han venido con


indirectas, hastel curita, está metiendo su sotana y me
repica las campanas... que sian creido que soy ¡Carajo!
¡Estos jijunas! El Gobernador, dice que con nosotros hace
cumplir la ley, yalora que los chicharrones queman, no
quiere meter la mano, yo tengo que embarrarme con la

98
manteca. El Juez, dice, quelestá, sólo pacer justicia.
¿Justicia? ¿Cuál Justicia? ¡¿ Justicia, paquien?! Pal rico.
Palque tiene padrino, pero pal pobre, como quien dice, la
justicia, palque tiene plata, y el que no tiene se jode. Así
sea inocente, que tales huevones, con razón se dice que "la
ley es la sombra de la justicia". Tanto mestán jodiendo.
Hastel prefecto de Caxamaná. También quiere comer del
mismo plato. Así que ya saben, cuidadito con resbalarse.

Largas biliosas, las advertencias, del sargento, "shilico".

Al despuntar el sol, partió la comisión. Subieron por


Cuñacales llegaron hasta el fundo de los Ruices. Las
chacras estaban sembradas de: Maíz, cebada, papa. Como
faldas escocesas, tendidas al sol. Pampas vedes cubiertas
de pasto. Donde sacian su hambre, vacunos y lanares. Los
perros pastores, corretean y traen en las huishas, que se
alejan del rebaño.

Al medio día, llegaron al fundo de los Diez. En las


chacras, los peones daban vuelta a la tierra con el arado,
tirado por la yunta, las chinas iban dejando a distancia de
paso, un grano de maíz blanco, intercalado con otro grano
de maíz paccho.
-Mi cabo, buenos días, pasen, pue, apeense, paque vean
unos gallos.
99
El Asuntito

Pero que son añañauo, pue Jefecito. Pasa pue, hermano.


Mira que milagro, Puchoisi ve ¡Jacinto! Anda llama a mi
compadre Borjas. Dile que nuestro gran amigo, el cabo
Villalobos, estaquí y quiere verlo.

-¡¡Aaahhh!! Que traiga un par de gallos pa toparlos.

-Yelqueliba a reglar, al cabo. Córrete, pue. Dacito mira


quiaqui mescupo, iyaaa!.

Saludo, muy halagador, adulando al cabo y a los guardias.


El amigo Diez, como sacar una botella de "cogollo".

-Salú, pue, puel gusto de tenerlos, enesta su chocita.

Guardia Pajares, usté, señor Villalobos, con el guardia


Fuentes, somos como paisanos. Nové que descendemos de
chotanos... Y de los finos.

El cabo esperaba, prudentemente, que, el amigo Diez,


dejara de hablar, para comenzar con sus estratégicas
preguntas.

100
--Mire amigo Diez, agradecemos sus atenciones. Nosotros
estamos de comisión, averiguando algo, sobre lo del
"ASUNTITO". ¿Usté no sabe nada o no ha oido algo?
Porque desde que llegó el asiático, ese chino que para
mucho en la gallera, el billar, si no me equivoco, son muy
amigos con ustedes, no se habla de otra cosa en el pueblo,
que no sea el opio. Opio, por acá, opio por allá, hasta por
acullá, oigausté. El sargento, está que friega y friega.

Nos dice quiaél tamién lo friegan. En cuñacales, nuemos


visto nada. Aquí creo que tampoco. No hay nada ¿Qué van
a sembrar amigo Diez?

-Aquí, sembrado, papa. Un poco de alverjas, yatrás. Puel


lao de la pirca.

-¡Aive! Las chinitas están echando el maíz. Luego mi


papá, le mete frijol, zapallo y los sabrosos chibches,
yenalao diatribita, allá polos eucaliptos, en la falda del
cerro, sembramos, lentejas. Aquí eneste pedazo. Mi
mamacita ha hecho su huerta, siembra sus lechugas,
culantros, ají, apios, toronjiles, cedrón. Todo lo que
necesita pa la comidita.

101
El Asuntito

Lo del chino, mentiras mi cabo. La gente es muy


habladora, muy jodida, mi guardia, solo ven lo malo, no
ven en lo bueno.

Por ejemplo. Fijese, el señor Lin Chao, es un sabio eneso


de los gallos, en el cultivo y crianza de abejas, viustesas
colmenas diallá. Esas luaecho él dionde, pue yo, nos ha
enseñao a criar, preparar, entrenar nuestros gallos, sino.....
¿Cómo pue? ¡ve. ¡Aquí viene, mi compadre, Borjas,
masque pregunteliusté y vastiaver.

Borjas, llegaba en hermoso caballo blanco, como el látex


de la adormidera, bien aperado, brida, freno y bozal con
filetes de plata. Elegante, mentura Tacambina, estribos
con ángulos de plata, sus talones, sujetaban espuelas, del
mismo metal, con las que hacía cabriolar, a la hermosa
"Blanca Nieves".

En la cabeza, llevaba, fino sombrero de palma, cuya copa


envolvía, delicada correa de cuero negro con hebilla
dorada. En la diestra, acurrucado, de multicolor y
arqueada cola, traía un "Ají seco". Sujeto al anca de la
bestia, un no menos hermoso "Camarón". Para
obsequiarlo, al cabo Villalobos.

102
Después de probar los gallos. Los comisionados,
almorzaron y subieron hasta la chacra del Clemente, que,
junto con el Rufino "Caraguay", el "Químico", Medina, el
gordo Gómez "Mueleconga", daban vuelta a la tierra, para
volver a sembrar, la semilla del "ASUNTITO"

- Buenas tardes, patroncito. Saludó a todo correr,


asesando, muy agitado, el Clemente, llegando al encuentro
de los policías, que, desde la lomita, escondido en las
higuerillas, el Daniel, los había divisado, dando la voz de
alarma.

-¡Taita, Taita.................! Pãallacito, vienen los


"'huaylulos" yestán puel callejón de las higuerillas

-Buenas tarde.... ¿ Tueres el Clemente Rojas? ¿ Yesta


chacres de ti?

¿Se llama la "Punta"?

-Si pue "Patroncito". Paluqueseliofresca, pue,


"patroncito".

103
El Asuntito

Respondió el Clemente, tomándose las manos, para


suplicar, implorar al "todopoderoso". Trabando la lengua,
en el bolo de coca.

Por las alas de sus labios, volaban, finos y verdes hilos de


saliva. En la mano, llevaba, un pequeño calabazo que
contenía la cal, para endulzar su coca, en las noches de
luna, o acompañar a los fantasmas de la oscuridad,
sentado en el poyo de la casa, rumiando su triste
condición, de indio y campesino, explotado y
menospreciado, por los que viven en el pueblo, usan
zapatos y "saben hablar bonito".

De la multicolor faja, que sujetaba sus pantalones de


bayeta. Pendía una talega negra de lana. Donde esperaban
su turno. Secas, escogidas y dulces hojas de coca.

-¡¡ Oye Cholo!! ¿Qué vas a sembrar?

--¿Qué diste Patroncito? ¡Malustoy! Miagarrau la sordera


Taitito. i¿Aaaaah?! Conque noyes ¿No? ya te voy hacer
oir indjoemierda, testas haciendo el pendejo, te digo ¿Qué,
que vas a sembrar, en tu chacra?

104
-¡Aaaah! Papa, pue patroncito, papita. Vamus a sembrar,
sólu quenus hemus retrasau, estiaño, señorcito, que, pue,
somus pobres, sembramus pa cumer. Cuando sobra un
poquito, yapue, lu vendemus. Pa cumprar, la salsita, la
coquita, pue. Los fedeyos, el kerosen, asies pue.

¿Asiesquestán sembrando recién? ¿No? ya vamos a volver


pa las cosechas, habe si llevamos unas papitas ¿Aaah?
¿ Qué dices, cholo?

--Dejuro pue, patroncito asiaiser. Hay que cumplir con


lautorida. Pue señorcito, patroncito, asiaiser, asiaiser.
Suplicando y humillándose el Clemente. Ante aquellos
representantes del aparato represor que, con el uniforme y
el fusil, defienden la putrefacta democracia y reprimen a
sus hermanos de raza, por un miserable salario, al fin
explotados también.

-Bueno, bueno ...................ya volveremos, ya


volveremos .. ¿Y entonces, Dios dirá, lo que tiene que
decir...?

Sabor amargo, tuvieron, esas expresiones, para el


Clemente.

105
El Asuntito

Las palabras dichas, por el cabo Villalobos, en tono,


burión, cachaciento y amenazador, eran exactamente:
¡Dios dirá!

El Clemente, casi no entendió, eso de Dios dirá. Lo que él


entendió para sus adentros, era que, ya estaba cansado de
trabajar, sólo para comer toda la vida al partir, siempre
pobre, mientras su "patroncito" Pelancho, cada día más
rico. Teorema, que sólo su hijo, Tiburcio, el que estudiaba
en la Universidad de San Marcos, lo iba a demostrar.

Sus hijos mayores, no terminaron la primaria. No había


dinero para mandarlos al pueblo, en la escuelita, de
Llaucán, sólo enseñaban hasta el Segundo año de
primaria.

En esas cavilaciones se encontraba, cuando la voz del


"Mueleconga", Juan Gómez, lo volvieron a la realidad.

-Ya déjese destar jodiéndose, padrino. Esta es nuestra


oportunidad.

106
Después, desta cosecha. Con lo que me toque me largo a
la costa. Allá viviremos con la Martina, claro siusté lo
permite.

Especial forma de pedir la mano. Así es el amor serrano.


Das, das, que, pa luego es tarde, el Clemente. Abrazó al
gordo Gómez, emocionado, hasta las lágrimas, le dijo.

-El casorio, siará pa la fiesta de San Francisco, en octubre,


luego, pue, invitaremos a todo el mundo, a todos los
amigos y vecinos.

-¿Gracias, Padrino. Dioselopague, estoy muy contento.


Bua decirle a la Martina, paque sialegre tamién.

Para la fiesta del patrón San Francisco, los casaron. En la


pintoresca capillita de la hacienda, Llaucan. El cura del
pueblo, ayudado por su sacristán, se contrataron los
servicios de los cantores, "Negro Meshe" y don Abrancito
Vásquez. Porque la misa, fue cantada, sí señor. No faltaba
más. Se comió y bebió, los tres días que duró la fiesta de
Llaucán. La casa, fue un jolgorio, una gran bullangueria.

Se llevó la banda de Tallamac. Se quemaron cohetes,


Castillos y se soltaron vistosos globos de papel cometa,
confeccionados por el "Misho Espino". Si hasta soltaron
107
El Asuntito

una "vacaloca", con buscapiques. Que, fue el delirio de los


mataperros y espanto de los "dañinos".

Pasaba el tiempo, hermosa otra vez la papaverácea, se


levantaba, en la "Punta". Así se hinchaba el vientre de la
Martina, que en las noches, a la hora de la intimidad y de
las cuitas, el Juan Gómez, acariciaba la comba barriga de
su china. Se llenaba de felicidad, al sentir, como el fruto
de su amor, palpitaba y se movía. Pegaba la oreja, al
expandido munggio. Oía el latir del corazoncito de su hijo.

La zarca Martina, se había puesto más buenamoza. El


"Rufino", "Caraguay", no desperdiciaba oportunidad, para
soltar sus lisonjas, sus indirectas, sus absurdas
pretensiones y enajenados pensamientos.

Una mañana, que el "Mueleconga", fue al pueblo. "El


Caraguay", quiso propasarse. La Martina, fiel a su hombre
cogió una piedra y le rompió la cabeza. Mujer, una celosa
y des pechada china, como era la Justina, pretendió hacer
rescándalo. Los hechos, la condenaron y tuvo que alejarse,
escondiendo su vergüenza y rumiando una venganza. La
Justina, fue la primera mujer del "Mueleconga". Por faltar

108
a su palabra, al honor de su hombre, El Juan Gómez, lo
dejó, se socorrió a la costa, a Tumán.

La Justina y el Rufino, se aconchabaron, para llevar a


efecto su venganza, enajenados como estaban. Ella que no
había sabido ser fiel, al hombre que le juró amor eterno y
el "Caraguay", llevado por su enfermo pasionismo, que
era tal, su lujurioso deseo, por la Martina, que no
repararon en el mal que iban a causar. No les importó
destruir, un joven hogar que estaba a la espera de un
nuevo ser. Era tal el odio, que quemaba el pecho de la
Justina, que encendía su cerebro. Tanto que cada día se
hacía más bilioso y en su soledad nocturna, lloraba su
ligereza, su desliz. Despechada, con inconfundible
cinismo, le decía, al Rufino, que nunca había engañado al
Juan.

Con el Rufino, "Caraguay". En la barbacea, tramaban y


planeaban su "dulce" venganza.

-Si luaces, te quedas con la chacra. Diuna vez te quedas a


vivir conmigo, pa siempre, o nos vamos a vivir a
Cajamarca, talvez a la Costa.

109
El Asuntito

-Yo ,crioque si, pa que le duela a la china Martina, sepa


diuna vez, el sonsaso del "Muelconga", quien soy, ya lo
van a ver.

--La semana que viene, te vas a denunciarlo a ño


Clemente, yo, lo mando llamar al Juan, pa más arriba del
Cardón. Con cualquier pretexto. Le buadecir al
"'hualmishco" Gamaniel, paque nos ayude, auque ya los
sabe.

Después, lo mandamos llamar, a la Martina, yaipuedes


hacer lo que quieras conella. Me las van a pagar, todas
juntitas, desta siqueno sescapan, estos gramputas.

Maduraban su satánico plan, la Justina y el Rufino,


querían hacerse justicia y satisfacer su venganza, no
porque le haya hecho la "trentaiuna", sino porque se supo
descubierta. El Juan Gómez, una tarde, la encontró, con el
Gamaniel, terciados, en medio del maizal.
Lo que más le dolió a la Justina, fue que el "Mueleconga",
los miró con ira, con rabia y pena. A pesar que levantó el
machete, lo devolvió a su funda, se sonrió y se dio medio
vuelta.

110
El Rufino "Caraguay", se asustaba a veces de tan dantesco
plan. Pero recordaba, el desprecio, con que lo miraba, la
zarca Martina. Los ojos se le encendían como dos tizones,
se ponían más rojos de lo que eran, semejándose más al
"caraguay".

-Si yasta decidido, diuna vez, que tanto será, una vez que
lo tenemos a los dos, en la choza del Gamaniel, bajo, yo al
pueblo. Después diacer lo que tenemos quiacer. Nos
largamos a Caxamaná. Pola jalaca, necesitamos plata.
Mañana mismo, le buacobrar a ese viejoemierda, de mi tio
Clemente.

Le digo que tengo que viajar. Así no va a sospechar, nada.


Vende la vaca y los otros animales. Necesitamos platita
que buena falta nos hace.

-Pero los carneros, liofrecido al Gamaniel y de repente, va


querer más.

Aique darle, paque todo salga bien y no nos pesquen.

Financiaban, su venganza, su fuga. Los nuevos amantes, el


Rufino y la Justina, en complicidad con el "Gualmishco*
Gamiel.

111
El Asuntito

El día, de la ejecución del plan. Fue llamado el Juan


"Mueleconga", a la choza del Gamaniel, más arriba del
Cardón. Le esperaba la muerte, a la que tantas veces,
había sorteado. El Rufino y la Justina, seguían molestando
a la Martina. El gordo Gómez, estaba muy preocupado,
por su zarca, temía que fuese a pasar algo y perdiera el
fruto que llevaba en sus entrañas.

"El Mueleconga", no se sorprendió, cuando al entrar en la


choza, se dio de cara con la Justina, que estaba shuturada,
atizando el fogón. La china, le clavó rapaz mirada y
mordiéndose los labios, con ira y con rabia le reprochó.

-Miren, pue. Quien llegó, horitita, siquepuebaser. Si hasta


bailara de puritito gusto, ha llegado este mariconazo. Aquí
hay dos que le van enseñar a cargarse en los calzones.
¡Atatai, cochino!.

Hizo gestos en la cara. Torció la boca y escupió. En


actitud de asco. ¡¿Agárrenlo, carajo?!.

El Juan Gómez, que no sospechaba una agresión, se puso


en alerta. Los dos que esperaban, "EI Caraguay" y el
"Gualmischco" le cayeron encima, con golpes de puño y

112
puntapiés. La Justina, provista de una raja de leña, le
golpeaba la cabeza, privado del sentido, bañado en sangre,
lo desnudaron y le amarraron. La china Justina, tenía el
diablo en el cuerpo, seguía, golpeando y vociferando.

-Estes paquetiacuerdes de mi, Cholo desgraciau. Oisi,


andallamar a la maldiciada de la Martina y tu, Rufino.
Anda a denunciar a ño Clemente, lo de las amapolas,
¡Correte, pue carajo!

El Gamiel, llamo a otro de sus cómplices, "El cholo chico"


para que fuera a llamar a la Martina, que, viniera un ratito,
al cardón.

-¡Martinal. ¡Martinal. Disque, dice el Juan, que te vayas,


parriba pal Cardón, llevándole un poncho, que mañana,
esque se van pa Caxamaná, con el Gamaniel y el Rufino,
que no tiolvides de lalforja y de la plata questa, onde tu
sabes.

-¿Peronde puesta ya? ¿Quepue? No sabe manejarse con


juicio, el Juan Yanca, luará. Habe vamos, pue,
nosevayenojar.

Así averiguo como es la cosa. Que dirse así nomá, hasta


Caxamaná ¡¿ Loco hayestar? Pue!.
113
El Asuntito

Cuando llegó. La Martina. A la choza del Gamaniel. Se


asustó, al ver el cuerpo del Juan, completamente desnudo,
ensangrentado, sufrió la misma agresión por parte de los
dos cobardes y de la Justina, que volvió a tomar el mando.

-¡Haura. SiL ¡Ahipue!. ¡La tienen! Hagan lo que quieran


con esta.

-Chinemierda, paquesepa loques bueno. Sácale la ropa,


déjala en cueros.

Los dos rufianes, abusaron de la Martina, más la


golpearon, cuando hacía vanos esfuerzos por protestar y
defenderse. La dejaron, moribunda.

La noche oscura, negra y cómplice de tan cruel venganza,


consumada por los despechados amantes.

Cargaron los exánimes, amoratados y ensangrentados


cuerpos, sobre caballos y los llevaron por la jalca. La
Justina tomando el machete, descuartizo el cuerpo del
Juan Gómez, "Mueleconga" dispersando las partes, en un
radio de casi trescientos metros a la redonda, tirándolas

114
por los barrancos y quebradas. Ebrios de sangre,
aguardiente y coca. enrumbaron a Cazamand.

Simultáneamente que se cometía tan horrendo crimen, os


temidos "Haylulos", calan en la chacra del Clemente, "La
Punta", La única que había sido sembrada de adormideras.

*¡Aaaah! ¡¿Conqué papas?l ¿fiooo? Indicemierda, papas


te buadar.

Le llovian los golpes, al pobre cholo, que el cabo y los


guardias le propinaban, a la vez que ordenaban. Sin
considerar las súplicas y el llanto de la Manuela y de sus
menores hijos.

.No pue lepegulusté, patroncito. No pue taítito. No pus me


lo bayastiamatar.

"¿No? ¡Que lo bua matar ¡Fuera! ichinemierda! - Al


recibir el puntapié. La Manuela rodó por entre las
amapolas.

-¡A tumbar yaquemar todol ¡carajol ¡¿Guardia Fuentes?

Échele gasolina, recoja un poco, para muestra y prueba,


desta no te salvas, cholo.
115
El Asuntito

El Clemente Rojas Medina, fue obligado, a punta de


fuetazos, a recoger y enterciar una buena cantidad de
adormideras, que, luego cargó en dos bestias, fue
amarrado de las muñecas, con los brazos por delante, con
una soga de cerdas, que le daba vuelta por el cuello y la
cintura. Un cristo, frente a los verdugos, vio arder y
convertirse en humo, sus sacrificios, sus esperanzas, sus
sueños de opio.

A la hora del ángelus, en el crepúsculo a la hora que


venus, tintinea su platinada luz. Hacia su entrada al pueblo
el cabo, un guardia que jalaba las bestias con las
amapolas, y más atrás el otro guardia, que, a rastras, traía
al pobre Clemente. El indio, jadeante y sediento, buscaba
con la perdida mirada. Una Verónica que venía al trote, o
a todo correr, según como se le antojara guiar la
cabalgadura al guardia. Todo el mundo, se asomó a su
puerta, hasta, ño Pelancho, para mofarse, de la desgracia
del Clemente, que como un condenado, avanzaba al
patíbulo, a lo largo de toda la calle, Coronel Arguedas.
Rumbo al puesto de la Guardia Civil.

116
En el puesto, el señor juez. le tomó su instructiva y sentó
el acta respectiva, se depositaron las adormideras en el
corral. Al indio Clemente le dieron otra fueteada. Lo
baldearon con agua helada, casi inconsciente, lo aventaron
en un inmundo, oscuro y fétido calabozo, quedando
incomunicado.

Después de quince días, llegó la noticia al pueblo, que en


la jalca, más arriba del Cardón, habían encontrado los
cadáveres, de un hombre y de una mujer, en completo
estado de descomposición, agusanados, devorados, por
perros, buitres, "Shingos" y otras aves de rapiña.

Cuando uno de los guardias, se acercó al cadáver, quedó


horrorizado. A punto de sufrir un desmayo, vino el otro
guardia en su ayuda, La Martina, con las órbitas vacías y
mostrando su blanquísima dentadura, tenía una botella de
gaseosa, introducida en la vagina. Al extraerla, el señor
juez, se descolgó, el bracito de la criatura que llevaba en
sus entrañas.

Hecha la autopsia de ley. identificados plenamente los


cadáveres, le comunicaron al Clemente, que se trataba de
su hija Martina y de su yerno el gordo Gómez, más
conocido, como "Mueleconga".

117
El Asuntito

El Clemente, se lamentaba de su desgracia, cogiéndose las


manos, imploraba al cielo, pedia perdón, poniendo de
manifiesto, su conciencia mágica, ingenua y fatalista.

-Diosito, pue, mia castigau, por sembrar lamapola.


Diosito, pue ¿Queyapué, será de nusotros? Patroncito
Taitito.........

-Diosito, Diosito, indio bruto, el juez tevacastigar. El


tevacastigar, como agarremos a esos asesinos, se van a
joder, de veras que se van a joder.

Inmediatamente, el sargento Pelaez, "Shilico". Llamó


porteléfono a Caxamaná pasó telegramas. Dando todos los
datos y señas de los asesinos.

Una semana después cayeron, trajeron a los tres asesinos,


se inició el juicio, en la Corte Superior de Caxamaná. El
Juez, fue benévolo con el Clemente Rojas, se tuvo en
consideración, su condición de campesino pobre,
analfabeto, era la primera vez que delinquía. Por no tener
antecedentes, fue condenado a tres años de prisión.

118
El "Caraguay" Rufino, el "Gualmishco", Gamiel y El
"Cholo Chico". Fueron condenados a veinte años de
prisión.

A la Justina, le aplicaron todo el peso de la ley, fue


condenada a veinticinco años de prisión.

Los buenos vecinos, del Clemente, se reunieron en uno de


los fundos, para comentar y lamentarse, hipócritamente,
de la desgracia del pobre "Indio bruto", que solito se había
jodido.

-Bueno amigo, Diez, las autoridades, necesitaban


encontrar a uno, para justificar que, estaban trabajando y
que le seguían los pasos al chino y al Felipe. Desde luego,
al Clemente, así miadicho al gobernador y el Jefe de la
Caja de Depósitos y consignaciones que son mis amigos,
que fea muerte que lian dao a la zarca Martina y al gordo
Gómez, es una pena, yo liprestao, plata a la Manuela, pal
juicio, a cuenta de la. "Punta". Yusté sabe, amigo Diez.
Siempre he querido comprar ese terrenito, hoy, no les
queda más remedio que vender. Así hemos conversado,
con la mujer del Clemente, si no paga la deuda, se
embarga el terreno, con los intereses, quedan bien pagados
¿No le parece?

119
El Asuntito

-Efectivamente, ño Pelanchito, es una lástima. Pero


asiespue, justos pagan por pecadores, tenemos el campo
libre, hay quinvitar, el sargento yalas autoridades. Yasi
trabajamos tranquilos, sin que nadie nos moleste, era la
conversación, en medio de la fiesta, en honor de las
principales autoridades de Pencasmarca, se saboreaban los
ricos chicharrones y sabroso cuyes, su sancochao serrano
y su fritanguita, con su zarza de cebollita de rabo verde.

Remoiados con chicha colorada, cerveza y buen pisco de


Ica, una pareja de improvisados cantores. Al calor de los
tragos, entonaban una folklórica cashua pencasmarquina,
muy conocida.

"Me dicen que soy serrano


a mucha honra señores
si soy serrano
serrano de Pencasmarca
mi tierra es lina y preciosa y muy productiva,
donde se baila, a puro son de caja
Santisima Virgen del Carmen
Patrona de los "humildes"
No permitas que en mi tierra
Se siembre el

120
Opio y la coina

No Pelanchito, que recibía el decano diario de la capital.


Leyó una noticia, que le escarapeló el cuerpo, le
hormiguero el "huacshatullo", se le templó el cuero
cabelludo, como "carausho" y leyó:

"CAE CONOCIDA BANDA DE TRAFICANTES DE


OPIO"

"El conocido traficante de opio. Felipe Rojas Campos", a


quien la policía le seguía los pasos, cayó con otros
traficantes.

Se dió a la fuga un personaje. De nacionalidad asiática


conocido. Como Lin Chao, cuando se encontraban en los
fumadores de opio, negociando, varios kilos de "oro
negro" que representaban varios miles de soles.
121
El Asuntito

Así mismo se sabe que la droga, que, se extrae de la


adormidera, la traían camuflada en latas de manteca, desde
Pencasmarca, Distrito del Departamento de Caxámana.

Próximamente viajará un experimentado equipo de


investigadores encabezados por el teniente Pereira que,
juntamente con la Guardia Civil del lugar, entrevistará e
investigará a cognotados personajes de la sociedad
Pencasmarquina.

Se espera más de una sorpresa.

Por la noche, en la recién instalada Energía Eléctrica, ño


Pelanchito, en su famoso radio R.C.A. VICTOR y por
ondas de "Radio Nacional", junto con sus vecinos y
amigos del "ASUNTITO”, escucharon la misma noticia.

-Bueno, Amigos. Habrá que tomar las providencias del


caso, si no queremos acabar como el Felipe o el Clemente
o los quian sembrao. A darle vuelta a la tierra. A ponerle
lo de siempre: papa, maíz, lo que sea, hasta que se calme

122
la tormenta. Que, ya vendrán mejores tiempos para
trabajar con el "ASUNTITO"

Cuando otro connotado personaje Pencasmarquino


peguntó si había muchos opieros, el investigador Pereira,
ensayando una sarcástica sonrisa, dio terminante,
respuesta.

-.. Mi estimado don C...... va a llagar el día que, habrá que


meter preso, al "Patrón San Carlos" y a todos los Santos
de Pencasmarca.

123
El Asuntito

Capítulo IX: El Tiburcio Rojas


Campos

E
l domingo, por la mañana llegó mi tía Manuela, hasta la
tienda de comercio de ño Pelanchito y ña Cleme, para que
le hicieran el favor, de fiarle algunas cositas.

Necesitaba, coca y cal, para calmar la desesperación de mi


tío Clemente y hacer más llevadero, su encierro.

124
-Buenos días........ Ño Pelanchito, buenos días, patroncito.
Musitaba mi tía Manuela, juntando las manos y
entrelazando los dedos, en señal de ruego, sometimiento y
humillación, quería ser atendida en lo que iba a pedir,
poniendo como testigo a Dios todopoderoso y como
garantía, las escrituras, de la chacra del tío Clemente: "La
Punta". Pa que me fiuste, pue patroncito, ño Pelanchito,
amito, pacito, unas libritas diarroz, sal, fedeyos y coquita
con su cal, pal Clemente, pue aquiestá, viasté los papeles
del terrenito.

-Claro, claro, hombre, Manuela. No faltaba más, haber


este muchacho, Victor, pésale lo que te pida, la Manuela.
Luanotas en un papel, paluego pasarlo al libro, telas
pantalones, sacos, blusas, patí, patus hijos ¿No quieres?
Ofertaba el bueno, de Ño Pelanchito, con el pensamiento
puesto en la "Punta". revisando las escrituras que, de todas
maneras, pasaría a su poder, después de tantos años, que,
le había ofrecido, compra, al Clemente.

- Dioselopague, pue. Patroncito quepué será ya de


nusotros, siusté nuestiviera, patroncito, amito, papacito, ño
pelanchito.

-Nues nada, mujer pareso somos vecinos y además, ya me


pagarás.
125
El Asuntito

Claro que me pagarás. Los intereses, rebasarán el precio


del terreno y con él me quedaré, con la "La Punta". Pa que
no digan que soy malo, vivirán allí mismo, pero como mis
peones, como se dice, negocio completo y redondo -
pensaba y maquinaba, para sus adentros el "bueno de ño
Pelanchito" después de la comilona que los buenos
vecinos dieron a las autoridades. A los miembros de la
Guardia Civil, un gran agasajo, que se comentó por mucho
tiempo en el pueblo.

Sembraron, tranquilamente sus terrenitos, con la


adormidera, procesaron el látex, obteniendo el codiciado
"Oro Negro", más conocido, en la sierra de Caxamaná,
como "EL ASUNTITO" y que se distribuyó a nivel
nacional e intemacional, desde Pencasmarca.

Tanto fiar, la deuda llegó al tope, la Manuela se vio


obligada a asistir al remate público "No pudo comprar" ni
pagar la deuda, el terreno más conocido como "La Punta",
en el Enterador pasó a manos de Ño Pelanchito, los
antiguos dueños, quedaron como peones, tal como
estipulaba el nuevo documento notarial.

126
En su cautiverio, el Clemente, envejeció tanto, que pareció
que en seis meses, había pasado por él, "Cien años". Más
cuando se enteró de la venta de su chacra. De su querido
terrenito. De la herencia que pasaba de padres a hijos,
desde el tiempo de los Culle, su hermosa "Punta". No
pudo soportar. - Yapué, Lueivendiu la chacra. A ño
Pelanchito, tan bueno, pue nos ha fiau y mia prestau, plata.
También pue, dejuro, disque con los intereses, yapué
siapasau, el precio del terreno, nové que leidao en fianza,
las escrituras.

Le decía, le explicaba, la Manuela, divagando, como


sonámbula, con el pensamiento perdido en el infinito, sin
tiempo ni espacio.

--Así, nomá tenía quiacabar, dejuro, pue, castigo pue ha


sido, oisi, pue, no tengo nada, yano sirve pa nadita,
queyapué, será de nosotros. Diosito yapué…. sólo mi
Tiburcio, que no le digan nada ......nada, que no ...
nada. ..nada

Los ojos se le nublaron, se levantó con dificultad, de lo


que estaba, shuturado, escuchando a la Manuela. Su mujer
de toda la vida. Su compañerita. Sin decir nada, caminó
lento, las piernas le pesaban a piedra.

127
El Asuntito

Sintió un profundo calambre, en la boca del estómago,


que, le oprimía fuertemente el pecho, tembloroso, se
acostó en la barbacoa. Cerró los párpados, no despertó
más.

En la pieza principal, de la casa, en "La Punta". Velaron el


cadáver, del tio Clemente. Sobre un petate, frio,
macilento, transparente y cadavérico, estaba el cuerpo,
vestido con el único terno dominguero de grueso casimir,
color chocolate., zapatos de cuero de chancho caña alta,
obra maestra de la artesanía chotana., casi nuevos por el
poco uso, yacía el difunto, Clemente Rojas Medina.

Sus manos entrelazadas, a la altura del plexo solar. Entre


sus callosos y toscos dedos, apretaba un gastado rosario,
un desteñido escapulario, del patrón San Francisco de
Llaucán y un ramo de flores, como las amapolas.

Las amarillentas flores de muerto, marcaban el fin del


Clemente.

Todos los parientes, amigos, vecinos de la familia


llegaban a acompañar, ayudar y dar las condolencias a la

128
viuda. La Manuela, que, recién había despertado de su
letargo.

Los varones, quedaban afuera, se sentaban en el poyo. En


la lomita. Las mujeres, se shuturaban en el suelo, con el
sombrero en la diestra mientras que, con la izquierda, se
cubrían nariz y boca, con azul chal.

Como gallinas ovando, alrededor del difunto, hacían coro


a la viuda, que lloraba desconsolada, su desgracia. Cuatro
gigantes y labrados cirios de sebo, clavados en sendos
candelabros de madera, en los cuatro ángulos, del
rectángulo, que conformaba el petate, hacían guardia,
humeaban, contaminaban el ambiente, haciendo más
transparente y tétrico, el rostro del difunto.

De rato en rato, de golpe, la tía Manuela, detenía su


monótono lloriqueo.

Preguntaba y daba órdenes, recomendaciones, se dirigía,


luego al cadáver, lloriqueando, casi cantando, recitaba
estos versos:

"Esos tus ojitos: con que me mirabas, que tanto llorabas,


parecían papas, desas coloradas"

129
El Asuntito

Volvía a llorar, acompañada del run, run de las vecinas,


detenía su meloso lloriqueo, preguntaba y daba órdenes

-Habé, pue, trajeron el cajón? ¿Comadrita? Comadre.

Que, pelen las gallinas, que mi compadre, "Shiba", mate al


carnero negro, pa la gente, pue. Volteaba, miraba al
difunto, cubriéndose más con el chal, boca y nariz, volvía
a la carga.

"Esa tu boquita: quera tan bonita, con que me besabas,


parecía olla, de cocinar habas"

Y así seguía, se detenía, se olvidaba del muerto. Dejaba de


gimotear preguntando y ordenando.

-¿Liabrán avisau, al Tiburcio?, comadrita, que, pelen las


papas, que sancochen, el chibche, las ocas que muelan la
cebada, que pelen el chancho, mi compadre "Shiba", pue,
vuelta a moquear y gimotear sin lágrimas. Acompañada
por el discorde coro de plañideras, acurrucadas a su
alrededor, gritaban como mejor les acomodaba, o según
como "recordaban al difunto". La viuda, más se

130
ashuturaba, más se cuñaba con los fondos, se acercaban
más y más al difunto, para recitarle sus versos:

"Esas tus uñitas, queran tan larguitas, con que me


arañabas, parecían curvias, de labrar cucharas"

Un tropel de luciérnagas y de mariposas nocturnas,


revoleteaban indiferentes, en torno de la linterna de
kerosene, colgada del dintel de la puerta, en señal de
duelo. En el portillo, dos lamparines, alumbraban, la
llegada de los vecinos, al velorio.

Desde temprano, circulaba en verdes botellas, el fuerte


cañazo. En el fresco pasto, tendido un poncho, sobre el
que se había puesto, una "Mesa de Once", secas y
aromáticas hojas de coca, para que los acompañantes
armaran su bolo, maceraran con cal y lo remojaran con
sabroso chacayano. Se haría más dulce la despedida del
muertito, que se iría contento. Se había contratado los
servicios, de “doña Panchita Rodas” para que rece el
rosario y haga el responso, antes de que el difunto, en
estuche de madera, vaya a descansar en paz, dos metros
bajo la Pachamama. En el cementerio de Llaucán.

Al filo de la medianoche, un joven jinete, seguro y sereno,


avanzaba con dirección a la casa, pareció que, con la
131
El Asuntito

fuerza de su mirada, apagaría la luz de la linterna, le


hicieron camino todos en silencio, le siguieron con la
mirada, contenían la respiración. Escuchándose sólo el
chirriarrrrr de las chicharras y el shacsheo de las ramas
arrulladas por el viento.

El mozo fue a plantarse, frente el féretro. Le hormigueo el


espinazo, se le endureció el cuero cabelludo. Se relajó. Se
recordó niño, junto a su padre.

Se le nublaron los ojos y dos gruesas lágrimas, fueron a


humedecer, el piso de tierra.

El Tiburcio Rojas Campos, regresaba de la capital, como


el hijo pródigo. El hijo en el cual había cifrado sus
esperanzas, el Clemente.

Alto, fornido, de atlético cuerpo, pelo castaño, ondulado,


gruesos y rubios bigotes, cuyas puntas se descolgaban, por
las alas de su afilada boca, su sola presencia, inspiraba,
respeto y admiración. Clavó la mirada, en la yema roja y
amarillenta de la luz que parpadeaba, en el cirio de sebo.

132
Recordó, recordó, recordó…..recordó. Toda su vida, hasta
ese instante, siempre con su padre, con sus compañeros,
amigos de escuela, los que lo consideraban, como su
mejor amigo, guía y consejero.

-"Cuando termines, lescuela, te vas Pachota, pal colegio


pue, paquestudies la media.

...Susté, lo dice taita, asiadeser, asi, yapué, tiene que ser.

-Dejuro, pue, asiaiser, tueres miesperanza, Yo, yastoy


viejo ¿Qué será de tu mamá?, ¿De tus hermanos?"

Así había sido cuando terminó la primaria. Lo mandaron


al Colegio Nacional "'San Juan de Chota", donde terminó
la secundaria, sobresaliente.

Admirado por sus compañeros y profesores, ingresó a la


Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, allí
estudiaba, Matemáticas y Filosofía, leía, estudiaba mucho.
Su grupo, analizaba y cuestionaba el sistema imperante
que explotaba al campesino. Su ídolo era José Carlos
Mariategui. Se identificaron, como la clase explotada.
Atacaban al grupo que conformaban los llamados
"varones del azúcar". La nueva oligarquía al servicio del
imperialismo yanqui.
133
El Asuntito

Se le amontonaron una serie de cronológicos recuerdos,


con su padre en la chacra, con cuatro de sus mejores
amigos. Bañándose y pescando en el rio Llushcas y
Shaganes. En medio de la poza, cuando estaban
soleándose en la piedra grande, conversaban, discutían. Él
les explicaba, toda la problemática socioeconómica y de
cómo había devenido el Perú, en semifeudal y
semicolonial, porque Roosenvelt, nos había denominado,
lufemisticamente, subdesarrollados.

Sintió que alguien, le tomó el brazo, lo samaqueó y le


habló, se sobresaltó, y su pensamiento, se esfumó, como el
denso humo del cirio de sebo.

-¡¿Tiburcio?!. ¡¿Hijito?!. Era el Sebastián Rojas, su


querido tío "Shiba", el hermano mayor de su padre. Volteó
levantando la mirada, con violencia preguntó.

-Tio "Shiba". ¿Cómo ha sido? ¿Cómo ha sucedido? Yo tan


lejos.

- Pero tengo que cumplir, la promesa que le hice a mi


padre. Lo tengo que hacer, cueste lo que cueste. Tengo un

134
compromiso, con todos ustedes, por algo soy campesino
como todos los descendientes de Tantahuata y Martín
Quiliche. En una palabra, soy un auténtico Llaucano, un
Culle, de la guaranga de Pampamarca.

Al siguiente día, el entierro, cargaron el rústico ataúd de


cajón de kerosene, pintado de caoba. En medio de
multicolores ponchos, polleras, chales, un mar de
sombreros blancos, cuya copa envolvía un cintillo negro.
A cierta distancia, se percibía, un fuerte tufo a coca y
cañazo. Olor a indio. Fue acompañado, hasta su última
morada, el Clemente Rojas Medina.

Antes de volver a Lima, el Tiburcio, para continuar y


terminar sus estudios, se juntaron los viejos amigos,
comentaron e hicieron una dura crítica a lo del
"ASUNTITO" y a la forma, como ño Pelanchito, se había
adueñado de la "Punta".

-Yo, debo terminar y como sea mis estudios, tengo una


tarea muy importante que hacer, la fiebre del opio ya pasó.
Ha tenido su década el "oro negro". Está siendo
reemplazado por otra droga. La cocaína, tiene más arraigo
en la juventud norteamericana lo que de hecho implica,
una infiltración capitalista, en los países pobres de
América, Semifeudal y Semicolonial. Henchidos de
135
El Asuntito

alegría y entusiasmo, marchan los amigos camino del río


entonando una revolucionaria Canción:

“Cuando el pueblo se levante


Por pan, libertad y tierra
Temblaran los poderosos
en costa, montaña y sierra.”

136

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