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Filosofía y Sociología del Conocimiento

El documento discute la sociología del conocimiento y su desarrollo en tres países. En Francia, Durkheim estudió las "representaciones colectivas" como categorías fundamentales compartidas. En Alemania, Max Scheler analizó las jerarquías de valores. En Estados Unidos, Thorstein Veblen examinó cómo las instituciones sociales influyen en el conocimiento y cómo la preeminencia intelectual de los judíos en Europa fue mayor cuando trataban de asimilarse a la cultura cristiana.

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Filosofía y Sociología del Conocimiento

El documento discute la sociología del conocimiento y su desarrollo en tres países. En Francia, Durkheim estudió las "representaciones colectivas" como categorías fundamentales compartidas. En Alemania, Max Scheler analizó las jerarquías de valores. En Estados Unidos, Thorstein Veblen examinó cómo las instituciones sociales influyen en el conocimiento y cómo la preeminencia intelectual de los judíos en Europa fue mayor cuando trataban de asimilarse a la cultura cristiana.

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LA CIENCIA

El mundo de la ciencia y el conocimiento científico es extraordinariamente


diverso y rico ¿Qué problemas no resuelven los sabios? ¿Qué problemas no estudian?
El concerniente a la estructura del átomo, el de si hay vida en los otros planetas, el de
la utilización de la energía atómica, las distintas situaciones de nuestra sociedad, cómo
se transforma y se desarrolla. Por infortunio, las personas que por primera vez entran
en el conocimiento de la ciencia suelen sorprenderle, tanto las cuestiones que en ella
se tratan como las soluciones que se dan.
En este sentido, la dialéctica, ciencia del desarrollo, como la filosofía en general, no
constituye una excepción. Ocurre lo contrario: lo que decimos sucede ante todo,
precisamente, al iniciarse en dicha ciencia, si es que no se tiene la base y los principios
elementales. “Una extraña sensación se apodera del simple mortal, cuando entra por
primera vez, por así decirlo, en el santuario mismo de la filosofía, cuando sin
preparación alguna y sin previo estudio de los conocimientos filosóficos elementales,
empieza a leer obras doctas o asiste a conferencias especiales sobre filosofía. Se alza
por doquier una neblina filosófica que confiere a los objetos en torno un extraño
colorido, de modo que el neófito los ve bajo un aspecto determinado, y en situación
totalmente insólitas.
En los templos de otras ciencias los no iniciados y los profanos se sienten incómodos al
principio; por ejemplo, en la estadística metodológica, en el planteamiento de un
problema, en la investigación cuantitativa, etc., la impresión es cómo la del que se
encuentra en un bosque inextricable. Pues, la primera toma de contacto con la filosofía
presenta particularidades aún más extrañas y da origen a situaciones todavía más
originales. Eso es lo que sucede también, en ocasiones, con los profanos en filosofía,
pero algunas veces la cosa es aún más divertida.
Quien lee por primera vez un libro de filosofía o escucha una charla sobre esta materia
observa que en ella los términos son (posiblemente) tantos como podía imaginarse, y
se encuentra con las mismas palabras y expresiones que figuran en cualquier libro e
incluso en el lenguaje oral: se hacen reflexiones sobre la esencia, pero el lector quizá
ha tenido ocasión de hacer miles de extractos y sumarios en los que se encontraban
todas las “esencias de las cuestiones”; se hacen reflexiones acerca del sujeto, más el
lector conoce o no pocos sujetos nerviosos y excitables, es decir, en una obra filosófica
encuentra una página entera, y quizás más aún, en las que se emplean palabras y
expresiones para él claras, de modo que los términos no le resultan sonidos vacuos,
sino que hacen aflorar en su espíritu una determinada idea, un determinado
concepto; comprende el contenido de las frases y las proposiciones, ve una conexión y
sucesión lógicas, capta el sentido de lo que se dice; por consiguiente, puede juzgar de
ese sentido, determinar su significado, el grado de probabilidad y de concordancia de
tal o cual sentido con la esencia de la cuestión y del objeto de que se trata. (Stoliarov)
Al respecto, es imprescindible saber, que la teoría del conocimiento y/o epistemología,
es una disciplina filosófica y, para ello necesitamos partir de una definición esencial de
ésta. La palabra filosofía procede de la lengua griega y vale tanto como amor a la
sabiduría, o, lo que quiere decir lo mismo, deseo de saber de conocimiento. Pero hay
en la praxis muchas más definiciones, inclusive contradictorias. Según Platón y
Aristóteles definen a la filosofía como la ciencia, pura y simplemente, no es lo mismo
con la definición de los estoicos y de los epicúreos, para quienes la filosofía es una
aspiración a la virtud o a la felicidad, respectivamente. Estas situaciones nos permiten
señalar de manera enfática, que los estudiantes y profesionales que no profesan la
especialidad de filosofía, epistemología, sociología -que se han de incorporar en el
marco teórico-, entre otras vertientes de las ciencias sociales y de las ciencias
humanísticas, deben necesariamente de saber y aprender estas tres disciplinas, entre
muchas otras que les han de permitir aplicar y desarrollar en forma progresiva a su
quehacer investigativo en la disciplina jurídica.
Como una teoría de la más y mejor organizada es, la sociología del conocimiento tiene
su origen a inicios del siglo XX, entonces en su desarrollo se suscitaron no menos de
tres iniciativas que definitivamente echaron a andar en tres países diferentes, Francia,
Alemania y Estados Unidos. El hecho de que en estos tres países existiese un especial
interés por la relación entre conocimiento y sociedad, tiende a constituir en sí mismo
un interesante problema en la sociología.
En Francia, donde Augusto Comte ya había abogado por una historia social del
conocimiento, se suscita el llamado la historia sin nombres propios; Emilio Durkheim y
sus continuadores, especialmente Marcel Mauss, estudiaron el origen social de las
categorías fundamentales o ´representaciones colectivas´, tales como el espacio y
tiempo, lo sagrado y lo profano, la categoría de la persona, etc., categorías que
resultan tan fundamentales, donde las personas no se percatan de que las mantienen
en vigencia. En este orden de ideas, las novedades fueron, por un lado, el examen
sistemático de categorías primitivas, sobre las cuales habrían hecho comentarios de un
modo esporádico los viajeros y filósofos en siglos pasados, y por otra parte, la
conclusión general de que las categorías sociales representan proyecciones sobre el
mundo natural, de tal (o cual) manera que la clasificación de los objetos (cosas) tiende
a reproducir la clasificación de las personas.
Este interés durkeimiano por las representaciones colectivas dio origen a toda una
serie de importantes estudios, entre ellos varios sobre la antigua Grecia, y al libro
acerca de las categorías fundamentales del pensamiento chino, escrito por el sinólogo
francés Marcel Granet. Partiendo de un enfoque progresivo, los historiadores Marc
Bloch y Lucien Febvre desarrollaron los análisis de algunas mentalidades colectivas o
supuestos compartidos. Bloch adoptó este punto de partida en su estudio de la
creencia en los poderes curativos de los reyes de Francia e Inglaterra. Febvre lo aplicó
en el análisis del llamado problema de la increencia en el proceso del siglo XVI,
sosteniendo que el ateísmo era impensable en esa época.
En Estados Unidos, Thorstein Veblen, conocido por sus teorías del consumo ostentoso
y de la clase ociosa y desalmada, se interesó por la sociología del conocimiento. Como
correspondía a un antiguo discípulo de Charles Peirce y a un colega de John Dewey,
dos filósofos pragmatistas que habían criticado reiteradamente la supuesta
correspondencia, entre la realidad y nuestras afirmaciones acerca de la misma, Veblen
se interesó por la sociología de la verdad. Le preocupó especialmente el problema de
la relación que tienen con el conocimiento determinados grupos e instituciones
sociales. En este campo de estudio realizó tres contribuciones valiosas:
a) Reflexionaba sobre el lugar de la ciencia en la civilización moderna y sostenía
(1906) que el moderno culto a la ciencia, incluía la predilección por las
explicaciones impersonales frente a las explicaciones antropomórficas, era la
consecuencia del desarrollo de la industria y de la tecnología maquinista.
b) En un estudio del mundo académico, Veblen tuvo el atrevimiento de iluminar
con su antorcha sociológica los espacios oscuros del sistema universitario,
comparando a los académicos con otros que se limitan a tener conocimientos
esotéricos: sacerdotes, chamanes, y afines, señalando que dentro del grupo en
cuestión, este conocimiento esotérico es contemplado como una verdad
universal, pero que sigue en discusión y depende de quienes los alaban.
c) La preeminencia intelectual de los judíos en la Europa moderna, Veblen sugirió
que esta preeminencia o creatividad había sido aun mayor durante el siglo XIX,
coincidiendo justamente con el tiempo en que muchos judíos trataban de
asimilarse a la cultura cristiana. En su opinión, esta asimilación todavía era
incompleta, en el sentido de que muchos intelectuales judíos rechazaban su
propio legado cultural sin haber asimilado plenamente el de los gentiles. La
situación de estos intelectuales en la frontera de dos mundos culturales les
había hecho escépticos (El escepticismo, en un sentido amplio, es
generalmente cualquier actitud de duda hacia el conocimiento de algo, sea
esto: hechos, opiniones o creencias; pueden ser: escepticismo filosófico,
científico, religioso, pirronismo, etc.) Exige pruebas, a modo de evidencia. El
escéptico no cree en los fantasmas, al no existir los datos científicos que
puedan demostrar su existencia. (Burke, Bunge, Ramos Suyo, etc.)
Leer, estudiar y poner en práctica.

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