0% encontró este documento útil (0 votos)
47 vistas5 páginas

Radiodrama Resumido

Después de ser expulsados del Edén, Adán y Eva enfrentan un entorno hostil. Inicialmente sufren hambre ya que el Edén les proporcionaba abundantes frutos. Eva decide pedir permiso al querubín de la puerta del Edén para recoger frutos y aliviar el hambre, a pesar de las dudas de Adán sobre el éxito de la empresa. Eva camina discretamente hacia el jardín cuando el sol baja y experimenta una sensación de libertad al responder a Adán sin temor.

Cargado por

legencita.12
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
47 vistas5 páginas

Radiodrama Resumido

Después de ser expulsados del Edén, Adán y Eva enfrentan un entorno hostil. Inicialmente sufren hambre ya que el Edén les proporcionaba abundantes frutos. Eva decide pedir permiso al querubín de la puerta del Edén para recoger frutos y aliviar el hambre, a pesar de las dudas de Adán sobre el éxito de la empresa. Eva camina discretamente hacia el jardín cuando el sol baja y experimenta una sensación de libertad al responder a Adán sin temor.

Cargado por

legencita.12
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Dios se enfadó al darse cuenta de que Adán y Eva, a pesar de ser perfectos físicamente, eran

incapaces de hablar. Al no tener a quién culpar en el Edén, se irritó consigo mismo. Mientras los
demás animales ya disfrutaban de sus propias voces, Dios, en un arrebato de ira, les metió la
lengua a Adán y Eva para dotarles de habla. La narración sugiere la posibilidad de que este acto
buscara conectar a los humanos con las complejidades y incomodidades del ser corporal. La
ambigüedad sobre a qué tipo de lengua se refiere, ya sea el órgano en la boca o el idioma, se
mantiene sin resolver. Como es lógico, por escrúpulos de buen artífice que sólo le favorecían, además
de compensar con la debida humildad la anterior negligencia, el señor quiso comprobar que su error
había sido corregido, y así le preguntó a adán, Tú, cómo te llamas, y el hombre respondió, Soy adán, tu
primogénito, señor. Después, el creador se dirigió a la mujer, Y tú, cómo te llamas tú, Soy eva, señor, la
primera dama, respondió ella innecesariamente, dado que no había otra. El señor se dio por satisfecho,
se despidió con un paternal Hasta luego, y se fue a su vida. Entonces, por primera vez adán le dijo a eva,
Vámonos a la cama.Set, el tercer hijo de la familia, tardó 130 años en nacer no debido a la
duración del embarazo, sino porque las gónadas de los padres, los testículos y el útero,
necesitaron más de un siglo para madurar y desarrollar suficiente capacidad generativa. Se
destaca que la concepción no es un proceso rápido y que la producción de hormonas es
compleja. Antes de Set, nacieron Caín y Abel con poca diferencia de edad. La narración resalta el
aburrimiento causado por tantos años sin vecinos ni distracciones, y cómo la llegada de visitas,
incluso las del señor, era escasa y breve, lo que llevó a los ocupantes del paraíso terrenal a
sentirse como huérfanos abandonados en la selva del universo, aunque no entendieran
completamente esos conceptos. Es verdad que día sí día no, y éste no con altísima frecuencia también
era sí, adán le decía a eva, Vámonos a la cama, pero la rutina conyugal, agravada, en el caso de estos dos,
por la nula variedad de posturas atribuible a la falta de experiencia, se demostró ya entonces tan
destructiva como una invasión de carcoma royendo las vigas de la casa. Desde afuera, el atentado
apenas se percibe, pero internamente las consecuencias son notables. El señor realizó tres visitas
a Adán y Eva: la primera para revisar la instalación doméstica, la segunda para evaluar su
experiencia en la vida campestre, y la tercera para anunciar su ausencia debido a rondas por
otros paraísos celestiales. Sin embargo, apareció mucho después para expulsar a la pareja del
Edén por comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, dando origen al
concepto del pecado original. La falta de claridad sobre la razón de prohibir el fruto, la falta de
previsión del señor y el descubrimiento de la desnudez no relacionado con la desobediencia son
aspectos destacados. La historia sigue con el nacimiento de Caín y Abel, y el tercer hijo, Set,
queda fuera de la narrativa. La longevidad de Adán se menciona para justificar la posibilidad de
tener hijos a los ciento treinta años. Además, se revela una visita secreta del señor para añadir
ombligos a Adán y Eva. El relato culmina con la llegada del señor, ahora ataviado de manera
diferente, anunciando una nueva era.. Yo soy el señor, gritó, yo soy el que soy. El jardín del edén cayó
en silencio mortal, no se oía ni el zumbido de una avispa, ni el ladrido de un perro, ni un piar de ave, ni
un barrito de elefante. Sólo una bandada de estorninos que se había acomodado en un olivo frondoso
cuyo origen se remontaba a los tiempos de la fundación del jardín levantó el vuelo en un solo impulso, y
eran centenares, por no decir millares, tantos que casi oscurecieron el cielo. Quién ha desobedecido mis
órdenes, quién se ha acercado al fruto de mi árbol, preguntó dios, dirigiéndole directamente a adán una
mirada coruscante, palabra desusada pero expresiva como la que más. Desesperado, el pobre hombre
intentó, sin resultado, tragarse el pedazo de manzana que lo delataba, pero la voz no le salía, ni para
atrás ni para adelante. Responde, insistió la voz colérica del señor, al tiempo que blandía
amenazadoramente el cetro. Haciendo de tripas corazón, consciente de lo feo que era echarle las culpas
a otro, adán dijo, La mujer que tú me diste para vivir conmigo es la que me ha dado del fruto de ese
árbol y yo lo he comido. Se volvió el señor hacia la mujer y preguntó, Qué has hecho tú, desgraciada, y
ella respondió, La serpiente me engañó y yo comí, Falsa, mentirosa, no hay serpientes en el paraíso,
Señor, yo no he dicho que haya serpientes en el paraíso, lo que sí digo es que he tenido un sueño en que
se me apareció una serpiente y me dijo, Conque el señor os ha prohibido comer el fruto de todos los
árboles del jardín, y yo respondí que no era verdad, que del único que no podíamos comer el fruto era
del árbol que está en el centro del paraíso y que moriríamos si lo tocábamos, Las serpientes no hablan,
como mucho silban, dijo el señor, La de mi sueño habló, Y qué más te dijo, si puede saberse, preguntó el
señor esforzándose por imprimir a las palabras un tono de sarcasmo nada de acuerdo con la dignidad
celestial de la indumentaria, La serpiente dijo que no tendríamos que morir, Ah, sí, la ironía del señor era
cada vez más evidente, por lo visto esa serpiente cree saber más que yo, Es lo que he soñado, señor, que
no querías que comiésemos de ese fruto porque abriríamos los ojos y acabaríamos conociendo el mal y
el bien como tú los conoces, señor, Y qué hiciste, mujer perdida, mujer liviana, cuando despertaste de
tan bonito sueño, Me acerqué al árbol, comí del fruto y le llevé a adán, que también comió, Se me quedó
aquí, dijo adán, tocándose la garganta, Muy bien, dijo el señor, ya que así lo habéis querido, así lo vais a
tener, a partir de ahora se os ha acabado la buena vida, tú, eva, además de sufrir todas las
incomodidades del embarazo, incluyendo las náuseas, también parirás con dolor, y, pese a todo, sentirás
atracción por tu hombre, y él mandará en ti, Pobre eva, comienzas mal, triste destino va a ser el tuyo,
Eva, Deberías haberlo pensado antes, y en cuanto a tu persona, adán, la tierra ha sido maldecida por tu
causa, con gran sacrificio conseguirás sacar de ella alimento durante toda tu vida, sólo producirá espinos
y cardos, y tú tendrás que comer la hierba que crece en el campo, sólo a costa de muchos sudores
conseguirás cosechar lo necesario para comer, hasta que un día te acabes transformando de nuevo en
tierra, pues de ella fuiste hecho, en verdad, mísero adán, tú eres polvo y en polvo un día te convertirás.
Dicho esto, el señor hizo aparecer unas cuantas pieles de animales para tapar la desnudez de adán y eva,
los cuales se guiñaron los ojos el uno al otro en señal de complicidad, pues desde el primer día sabían
que estaban desnudos y de eso bien se habían aprovechado. Dijo entonces el señor, Habiendo conocido
el bien y el mal, el hombre se ha hecho semejante a un dios, ahora sólo me faltaría que también fueses a
buscar el fruto del árbol de la vida para comer de él y vivir para siempre, no faltaría más, dos dioses en
un universo, por eso te expulso a ti y a tu mujer de este jardín del edén, en cuya puerta colocaré de
guarda a un querubín armado con una espada de fuego que nunca dejará entrar a nadie, así que fuera,
salid de aquí, no os quiero tener nunca más ante mi presenciaDespués de ser expulsados del Edén,
Adán y Eva, cubiertos con malolientes pieles, enfrentan un entorno árido y desafiante. Su
primera morada es una estrecha caverna, y para proteger sus partes delicadas, inventan faldas
con pieles finas. Inicialmente, sufren hambre ya que el Edén proporcionaba abundantes frutos.
La procedencia de las pieles es un misterio. Cerca encuentran un regato turbio, muy diferente al
río caudaloso del Edén. Eva tiene la idea de pedir al querubín permiso para recoger frutas del
Edén y aliviar el hambre. Escéptico, como cualquier hombre, en cuanto a los resultados de una
diligencia nacida en cabeza femenina, adán le dijo que fuese ella sola y que se preparase para sufrir una
decepción, Está de centinela en la puerta ese querubín con su espada de fuego, no es un ángel
cualquiera, de segunda o tercera categoría, sin peso ni autoridad, sino un querubín de los auténticos,
cómo se te puede ocurrir que vaya a desobedecer las órdenes que el señor le ha dado, fue la sensata
pregunta, No sé, y no lo voy a saber mientras no lo intente, Y si no lo consigues, Si no lo consigo, no
habré perdido nada más que los pasos de ir y de volver, y las palabras que diga, respondió ella, Pues sí,
pero tendremos problemas si el querubín nos denuncia al señor, Más problemas que los que tenemos
ahora, sin modo de ganarnos la vida, sin comida que llevarnos a la boca, sin un techo seguro ni ropas
dignas de ese nombre, no veo qué más problemas nos puede mandar, el señor ya nos ha castigado
expulsándonos del jardín del edén, peor que eso no se me ocurre qué puede hacer, Sobre lo que el señor
pueda o no pueda, no sabemos nada, Si es así, tendremos que forzarlo a que se explique y la primera
cosa que debería aclararnos es por qué razón nos ha hecho y con qué fin, Estás loca, Mejor loca que
asustada, No me faltes al respeto, gritó adán, enfurecido, yo no tengo miedo, no soy miedoso, Yo
tampoco, luego estamos empatados, no hay nada más que discutir, Sí, pero no te olvides de que quien
manda aquí soy yo, Sí, fue lo que el señor dijo, asintió eva, y puso cara de quien no ha dicho nada.
Eva, con una falda y una piel ligera, camina discretamente hacia el jardín del Edén cuando el sol
pierde intensidad. Sorprendida por su libertad al responder a Adán sin temor, experimenta una
sensación parecida a la felicidad. Cruza un arroyo disfrutando de la frescura del agua y recoge
pequeños frutos ácidos para calmar el hambre. A medida que se acerca al Edén, las copas de los
árboles altos se hacen visibles. Eva camina ahora con más lentitud que antes, y no porque se sienta
cansada. Adán, si aquí estuviera, se estaría mofando de ella, Tan valiente, tan valiente, y al final vas llena
de miedo. Sí, tenía miedo, miedo de fallar, miedo de no tener palabras suficientes para convencer al
guarda, incluso llegó a decir en voz baja, tal era su desánimo, Si yo fuese hombre sería más fácil. Ahí está
el querubín, la espada de fuego brilla con una luz maligna en su mano derecha. Eva se cubrió mejor el
pecho y avanzó. Qué quieres, preguntó el ángel, Tengo hambre, respondió la mujer, Aquí no hay nada
que puedas comer, Tengo hambre, Tú y tu marido fuisteis expulsados del jardín del edén por el señor y la
sentencia no tiene apelación, retírate, Me matarías si entrara, preguntó eva, Para eso me ha puesto el
señor de guarda, No has respondido a mi pregunta, La orden que tengo es ésa, Matarme, Sí, Por tanto,
obedecerás la orden. El querubín no respondió. Movió el brazo en cuya mano la espada de fuego silbaba
como una serpiente y ésa fue su respuesta. Eva dio un paso al frente. Detente, dijo el querubín, Tendrás
que matarme, no me detendré, y dio otro paso, te quedarás aquí guardando un pomar de fruta podrida
que a nadie le apetecerá, el pomar de dios, el pomar del señor, añadió. Qué quieres, preguntó otra vez el
querubín, sin darse cuenta de que la reiteración iba a ser interpretada como una señal de debilidad,
Repito, tengo hambre, Pensaba que ya estaríais lejos, Y adónde íbamos a ir nosotros, preguntó eva,
estamos en medio de un desierto que no conocemos y en el que no se ve ningún camino, un desierto
por el que durante estos días no ha pasado un alma viva, dormimos en un agujero, comemos hierba,
como el señor prometió, y tenemos diarreas, Diarreas, qué es eso, preguntó el querubín, También se
puede decir cagaleras, el vocabulario que el señor nos enseñó da para todo, tener diarrea o cagalera, si
te gusta más esta palabra, significa que no se consigue retener la mierda que llevamos dentro, No sé qué
es eso, Ventajas de ser ángel, dijo eva, y sonrió. Al querubín le gustó ver esa sonrisa. En el cielo también
se sonreía mucho, pero siempre seráficamente y con una ligera expresión de contrariedad, como quien
pide disculpas por estar contento, si es que a eso se le puede llamar contentamiento. Eva había vencido
la batalla dialéctica, ahora sólo faltaba la de la comida. Dijo el querubín, Voy a traerte algunos frutos,
pero tú no se lo digas a nadie, Mi boca no se abrirá, aunque en cualquier caso mi marido tendrá que
saberlo, Vuelve con él mañana, tenemos que conversar. Eva se quitó la piel de encima de los hombros y
dijo, Usa esto para traer la fruta. Estaba desnuda de cintura para arriba. La espada silbó con más fuerza,
como si hubiese recibido un súbito flujo de energía, la misma energía que impelió al querubín a dar un
paso hacia delante, la misma que le hizo levantar la mano izquierda y tocar el seno de la mujer. No
sucedió nada más, nada más podía suceder, los ángeles, mientras lo sean, tienen prohibido cualquier
comercio carnal, sólo los ángeles caídos son libres de juntarse con quienes quieran y con quienes los
quieran. Eva sonrió, puso su mano sobre la mano del querubín y la presionó suavemente sobre el seno.
Su cuerpo estaba cubierto de suciedad, las uñas negras como si las hubiese usado para cavar la tierra, el
pelo como un nido de anguilas entrelazadas, pero era una mujer, la única. El ángel ya estaba en el jardín,
se entretuvo allí el tiempo necesario para elegir los frutos más nutrientes, otros ricos en agua, y volvió
encorvado bajo una buena carga. Aquí tienes, dijo, y eva preguntó, Cómo te llaman, y él respondió, Mi
nombre es azael, Gracias por la fruta, azael, No podía dejar que murieran de hambre aquellos que el
señor creó, El señor te lo agradecerá, aunque será mejor que no le hables de esto. El querubín aparentó
no haber oído o no oyó de verdad, ocupado como estaba ayudando a eva a colocarse el hatillo sobre la
espalda, mientras decía, Mañana vuelves con adán, hablaremos de algo que os conviene conocer, Aquí
estaremos, respondió ella.Al día siguiente, adán acompañó a la mujer hasta el jardín del edén. Por
iniciativa de eva se lavaron lo mejor que pudieron en el riachuelo y lo mejor que pudieron fue
poquísimo, por no decir nada, porque agua sin jabón que le dé una ayuda no pasa de una pobre ilusión
de limpieza. Se sentaron en el suelo y enseguida se vio que el querubín azael no era persona de perder el
tiempo, No sois los únicos seres humanos que existen en la tierra, comenzó, Que no somos los únicos,
exclamó adán, estupefacto, No me hagas repetir lo que ya está dicho, Quién creó a esos seres, dónde
están, En todas partes, El señor los creó como nos creó a nosotros, preguntó eva, No puedo responder, y
si insistís con las preguntas nuestra conversación acaba ahora mismo, cada uno va a lo suyo, yo a guardar
el jardín del edén, vosotros a vuestra gruta y a vuestra hambre, En ese caso, en poco tiempo moriremos,
dijo adán, a mí nadie me ha enseñado a trabajar, no puedo cavar ni labrar la tierra porque me faltan la
azada y el arado, y si los tuviese sería necesario aprender a manejarlos y no hay quien me enseñe en
este desierto, mejor sería que fuésemos el polvo que éramos antes, sin voluntad ni deseo, Has hablado
como un libro abierto, dijo el querubín, y adán se puso contento por haber hablado como un libro
abierto, él, que nunca había tenido estudios. Después eva preguntó, Si ya existían otros seres humanos,
entonces para qué nos creó el señor, Ya deberías saber que los designios del señor son inescrutables,
pero, si he entendido alguna que otra media palabra, me parece que se trata de un experimento, Un
experimento, nosotros, exclamó adán, un experimento, para qué, De lo que no conozco a ciencia cierta
no oso hablar, el señor tendrá sus razones para guardar silencio sobre el asunto, Nosotros no somos un
asunto, somos dos personas que no saben cómo podrán vivir, dijo eva, Todavía no he terminado, dijo el
querubín, Pues habla, y que de tu boca salga una buena noticia, por lo menos una, Oíd, no demasiado
lejos de aquí pasa un camino frecuentado de vez en cuando por caravanas que van a los mercados o que
regresan de ellos, mi idea es que deberíais encender una hoguera que produzca humo, mucho humo, de
modo que pueda ser visto desde lejos, No tenemos con qué encenderla, interrumpió eva, Tú no tienes,
pero yo sí, Qué tienes, Esta espada de fuego, para algo ha de servir alguna vez, basta acercarles la punta
en brasa a los cardos secos y a la paja y tendréis ahí una hoguera capaz de ser vista desde la luna, y
mucho más por una caravana que pase cerca, pero deberéis tener cuidado de no dejar que el fuego se
extienda, una cosa es una hoguera, otra un desierto entero ardiendo, el fuego acabaría por llegar al
jardín del edén y yo me quedaría sin empleo, Y si no aparece nadie, preguntó eva, Aparecerán,
aparecerán, puedes estar tranquila, respondió azael, los seres humanos son curiosos por naturaleza,
enseguida querrán saber quién atizó esa hoguera y con qué intención se hizo, Y después, preguntó adán,
Después es cosa vuestra, ahí ya no puedo hacer nada, encontrad la manera de uniros a la caravana,
pedid que os contraten a cambio de la comida, estoy convencido de que cuatro brazos por un plato de
lentejas será buen negocio para todos, tanto para la parte contratante como para la parte contratada,
cuando eso suceda que no se os olvide apagar la hoguera, así sabré que ya os habéis ido, será tu
oportunidad de aprender lo que no sabes, adán. El plan era excelente, hay querubines en el mundo que
son una auténtica providencia, mientras el señor, por lo menos en este experimento, no se preocupó
nada por el futuro de sus criaturas, azael, el guarda angélico encargado de mantenerlas apartadas del
jardín del edén, las acogió cristianamente, les garantizó la comida y, sobre todo, las habilitó para la vida
con algunas preciosas ideas prácticas, un verdadero camino de salvación para el cuerpo, y por tanto para
el alma. La pareja se deshizo en muestras de gratitud, eva llegó incluso a derramar algunas lágrimas
cuando se abrazó a azael, demostración afectiva nada del agrado del marido, que más adelante no
consiguió reprimir la pregunta que andaba saltándole en la boca, Le diste algo a cambio, Qué y a quién,
dijo eva, sabiendo muy bien a qué se refería el esposo, A quién va a ser, a él, a azael, dijo adán omitiendo
por cautela la primera parte de la cuestión, Es un querubín, un ángel, respondió eva, y no consideró
necesario decir nada más. Se cree que fue en este día cuando comenzó la guerra de los sexos. La
caravana tardó tres semanas en aparecer. Claro, que no vino toda ella a la caverna en que adán y eva
vivían, sólo una avanzadilla de tres hombres que no tenían autoridad para negociar contratos de trabajo,
pero que se apiadaron de aquellos desvalidos y les hicieron un lugar sobre los lomos de los burros en
que venían montados. El jefe de la caravana decidiría qué hacer con ellos. A pesar de esta duda, como
quien cierra una puerta de despedida, adán apagó la hoguera. Cuando el último humo se disipó en la
atmósfera, el querubín dijo, Ya han salido, buen viaje

También podría gustarte