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Kim Mi Primita Relato Erotico

El documento narra la historia de Miguel, un adolescente de 15 años que conoce a su prima Kim de 11 años. Miguel queda atraído por el cuerpo en desarrollo de Kim y comienza a fantasear sobre ella.

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Kim Mi Primita Relato Erotico

El documento narra la historia de Miguel, un adolescente de 15 años que conoce a su prima Kim de 11 años. Miguel queda atraído por el cuerpo en desarrollo de Kim y comienza a fantasear sobre ella.

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CONTENIDO  Conócenos Ingresar

IN ICI O  KIM: DIA RI O DE UN I N C ES T O

 
Kim Saga I: Capítulo 1 – Mi
primita prueba su primera
verga
Like 1      

Contenido
La virginal boquita de mi prima Kim
Ideando un plan para hacer mía a mi tierna
primita
Por fin llega el día en que mi primita saborea
su primera verga con su boquita

Visitas: 795

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Sucesos

ocurridos:
t   
Julio 2010
Kim, 11 años Miguel, 15 años

La virginal boquita de mi prima


Kim
Era un caluroso día de verano, el día en que deje
de ser un adolescente caliente para convertirme
en un adicto al incesto.

«Claro, paso por ti el domingo», me despedí de


la chica, cerrando la conversación, levantándome
de la silla y dejando la computadora.

Era la primera semana de vacaciones de


verano y no tenía mucho por hacer. Recién
acababa de aceptar la invitación de una amiga, a
quien llamaremos J. de momento, para ir con ella a
una fiesta. Con ese pensamiento en mente me
recosté un instante en la cama.

Era casi seguro que ahí conseguiría a una


amiga, o alguna desconocida, con quién coger.
Pues desde que había terminado con mi última
novia había vuelto a mi rutina de cogerme a las
más putitas y borrachas de las fiestas.

Pero para que llegara ese día aún faltaba casi


una semana, y mientras tanto tendría que buscar
cómo desahogar mi verga.

Mi mente ya divagaba entre fantasías y planes


para el domingo. Tenía entendido que mi amiga y
su prima invitarían a todas las amigas de la
secundaria de su hermanita, cosa que
normalmente no pasaba. Generalmente sólo
habían chicas de preparatoria y alguna que otra
chica mayor. Mis planes estaban puestos en
Mirsha, la más chiquita pero también quien tenía la
fama de más putita de entre todas las amiguitas
de su hermana.

«Tengo que asegurarme de que vaya», pensé,


tomando mi teléfono para mandarle un mensaje.

Una vez enviado el mensaje dejé el teléfono de


lado, pero no tuve momento de aguardar la
respuesta pues, de pronto, escuché murmullos en
la planta baja, donde están la sala, cocina, y varias
habitaciones más. Me disponía a ver qué pasaba
abajo, cuando a lo lejos, se escuchó mi madre
alzando la voz.

—¡Hijo, baja!, ven a ver quién llegó.

«Noo… ahora quién demonios…», pensé algo


molesto, pues no me agradaba mucho tener
visitas; pero de todas formas me arreglé un poco el
cabello, me cambié la ropa por una algo más
presentable, y me dispuse a bajar.

Al ir bajando las escaleras, observé a mi madre


Al ir bajando las escaleras, observé a mi madre
a la distancia, charlaba con alguien en la cocina,
pero no logré ver con quién es que platicaba tan
animadamente.

Me acerqué más, vi que era mi tía Rose, hacía


tanto que no la veía que por uno o dos segundos
no supe quién era, pero finalmente la reconocí,
pues la había visto más de una vez en fotos
familiares.

—Hola, tía… —dije sonriendo, aunque por dentro


no me agradaba en demasía el encuentro, pues no
nos conocíamos mucho.

—Hola, ¿eres Miguel? Mira que grande estás ya,


cuando te vi la última vez aún eras un chiquillo —
dijo esbozando una sonrisa amable, con una
expresión bastante cortés en el rostro.

—Bueno, bueno —interrumpió mi mamá—. Hijo,


tu tía pasará las vacaciones aquí, así que la verás
por la casa eh… —añadió mi madre sonriéndome, a
ella siempre le había gustado tenerme al tanto de
las cosas.

—¿Cómo?… ¿Aquí en la casa? —dije intrigado y


sin entender muy bien las cosas.

—Pues… no, no precisamente —respondió mi


mamá—. Ella compró la casa en venta que está
vecina a la nuestra, ¿recuerdas?

—Claro, esa mansión… —dije riendo.

Ahora recordaba haber escuchado algo sobre


Ahora recordaba haber escuchado algo sobre
eso en una plática meses atrás, yo llegué a pensar
que nunca habitarían realmente la casa pues,
según yo, nunca habían venido a verla, ni una sola
vez. Incluso llegué a pensar que la revenderían,
rentarían, o algo así. La casa era enorme,
desentonaba un tanto con las demás casas del
lugar, que no eran muchas por cierto. Dicha casa
generalmente había estado sola, sus antiguos
dueños la ocupaban en contadas ocasiones, y
habían terminado por ponerla en venta desde
muchos meses antes de que mi tía la adquiriese.

—Aunque… eso no quiere decir que tu tía no


pase una o dos…, o quizá diez noches aquí… —
añadió sonriendo mi madre.

—Claro, okay, entonces estaré arriba —respondí


enseguida, y me dispuse a dar la vuelta con
dirección a mi habitación.

—No no, espera, aún no conoces a la otra


inquilina—replicó mi mamá provocando en mí algo
de curiosidad.

—¿Otra? —respondí confundido—, ¿qué acaso la


tía trajo una amiga? —dije riendo amistosamente
una vez más. Podría haber pensado que era mi tío,
pero claramente había dicho «inquilina», así que no
podía ser él.

—Noo… es mi pequeña…, ¡Kim!, ¡ven acá! —gritó


sonoramente mi tía, llamando a su «pequeña»;
supuse que se trataba de su hija.
supuse que se trataba de su hija.

De pronto abrió la puerta una niña de corta


edad, a simple vista era una nenita, tenía la piel
muy blanca, de tez pálida para ser más preciso.
Debía de medir alrededor de 1.50 m de altura o
probablemente menos, tenía el cabello muy negro
y lacio, su peinado era un par de coletas de niñita.

Su cuerpo aún era de niña, pero dejaba ver que


en unos pocos años tendría un cuerpo de locura,
pues sus pechitos ya asomaban haciendo un poco
de volumen bajo su ajustada blusita blanca, algo
asombroso para su corta edad. Sus caderas eran
poco notorias, pero llevaba una minifalda rosa de
algodón muy pequeña que mostraba sus piernitas
blancas y hermosas en todo su esplendor.

La vi entrar y girarse para cerrar la puerta,


momento en que recorrí con la mirada su esbelta
espalda. Observé que usaba unas botas altas,
quizá eso hacía que se viese más alta de lo que
era, probablemente mi primera impresión haya
sido errónea y ciertamente fuese más bajita de lo
que a primera vista parecía.

Aunque fue sólo por un instante, pude


enfocarme en su par de nalguitas, note que eran
abultaditas para su tamaño. Tenía claramente el
físico de una niña, pero era fácil imaginar cómo se
vería al convertirse en una jovencita.

—Cierra bien la puerta —instruyó mi tía.

La nenita se giró una vez más para asegurarse


La nenita se giró una vez más para asegurarse
de hacerlo, mientras tarareaba inocente y
juguetonamente alguna canción que no logré
identificar.

Se notaba que estaba floreciendo aún, entrando


ya casi en la etapa de la pre-adolescencia, pero
todavía por su andar tierno, su voz de chiquilla
traviesa y su ropita colorida e inocente, mostraba
que no había nada de malicia en su mente «aún»,
o eso creí…

«Quizá es por la forma en que la han educado


sus padres», pensé, pues no sería la primera niña
mimada que llega a la pre-adolescencia con un
andar tan infantil.

Dejé de pensar en eso y me enfoqué más en


mirarla de arriba a abajo, ahora que estaba
mucho más cerca podía verla con detenimiento.
Su carita era hermosa, vi por primera vez ese par
de ojos brillantes color miel y su sonrisita de labios
rosados, de un color casi rojizo que contrastaba
con su blanca piel. Su boquita se mostraba tan
suave en su angelical y juguetón rostro que tuve
que tragar saliva para aliviar algún deseo semi-
inconsciente de probarlos.

—Ya vine, mami —dijo con una voz tierna y algo


tímida por mi presencia.

—Ven, princesa, mira —dijo mi tía señalando


hacia mí, al tiempo que la pequeñita volteaba a
verme tímidamente—, él es tu primo Miguel.
verme tímidamente—, él es tu primo Miguel.

—Hola, pequeña… —dije sonriendo e


inclinándome ligeramente para acariciarle
sutilmente el cabello, esta vez sin fingir mi sonrisa,
pues era una niña muy linda.

Lo de pequeña lo había dicho porque su mamá


la trataba como una niña, así que yo también traté
de hacer lo mismo; aunque su cuerpecito no era
tan precisamente el de una niña pequeña.

—Hola…, me llamo Kimberly pero mi mamá me


dice Kim… —respondió sonriendo tierna y
tímidamente.

—Mucho gusto, linda, yo soy Miguel, y… puedes


decirme Miguel, o primo —añadí sonriendo.

—Está bien… —respondió, al tiempo que en su


carita se dibujaba una sonrisa, la cual en ese
instante me pareció de lo más seductora, sobre
todo por la forma en que la nena se movía
nerviosamente al hablar.

—Muy bien, hijo, ahora sí puedes ir a tu


habitación si gustas.

—Okay, ma´ —respondí mientras me dirigía


hacia las escaleras.

Una vez en mi habitación, y sin mucho por


hacer, mi mente comenzó a volar, no dejaba de
darme vueltas en la cabeza la imagen de mi
primita en esa faldita, enseñando esas esbeltas,
blancas y tersas piernitas. Antes de darme cuenta
blancas y tersas piernitas. Antes de darme cuenta
tenía la verga durísima, y cómo no iba a estarlo si
sabía que a escasos metros de distancia tenía a
tal delicia de nenita. De haber podido hubiese ido
por ella en ese momento, y la hubiese metido
hasta mi cama para aliviar la casi dolorosa
erección que me había provocado.

Desde hacía ya un tiempo atrás había querido


romperle el culito a alguna nenita de su edad, pero
había dejado de pensar en eso porque nunca se
había dado la ocasión de tener mucho contacto
con ninguna niña pequeña, a lo mucho tenía
interacción con otras primas o las hermanas de
algunos compañeros o compañeras de la escuela,
las cuales tenían 1 o 2 años menos que yo, pero yo
quería una mucho menor. Sin embargo, si lo que
mi madre había dicho era verdad, significaría que
mi primita andaría dando vueltas por la casa muy
regularmente, con lo cual ahora sería mucho más
posible que se diese esa preciada oportunidad de
hacer mía a una niñita.

Durante toda la tarde no dejé de pensar y


fantasear con ella. En cómo sería tomar ese frágil
cuerpecito e irla sentando sobre mí, cómo sería
sentir mi verga clavándose en lo más profundo de
su virgen anito, cómo gritaría tras sentirse llena, y
cómo sería inundarle de leche su apretado culito…
Uff…, me moría de ganas… Pero, ¿cómo?… Además,
¿cuándo y dónde? No podía dejar que alguien se
enterase de mis intenciones o me metería en serios
problemas.
problemas.

Para entonces ya era tarde y me dirigí a darme


un baño, aprovecharía para bajarme la calentura
haciéndome una paja. Ya en la ducha, con el sólo
recordar las piernas de mi primita fue más que
suficiente para hacerme venir con mucha más
rapidez que de costumbre, sentí mis huevos
vaciarse sobre el suelo de la ducha. La palpitante
cabeza de mi verga escurría mis últimas gotas de
semen, derramando mi semilla hacia la nada, pero
si era prudente, pronto podría vaciarme dentro del
pequeño cuerpo de mi primita.

Terminé de bañarme, salí al pasillo y me dirigí


hacia mi habitación. Aún con la calentura a mil me
dispuse a dormir, pues me interesaba que llegase
el siguiente día. Quería dar ya el primer paso para
hacer caer a mi primita, aunque no tenía mucha
certeza de cómo podría lograrlo. Pensando e
imaginando posibles escenarios, terminé
quedándome dormido.

Ideando un plan para hacer


mía a mi tierna primita
Al despertar eran alrededor de las 9:30 de la
mañana, pues como en vacaciones no
acostumbraba poner el despertador ni la alarma
del teléfono, despertaba hasta que mi cuerpo lo
quería.
Una vez fuera de la cama me apresuré a darme
un baño como casi todas las mañanas. Una vez
que me duché y me cambié de ropa, sólo seguía
habiendo una cosa en mi mente, «cogerme a mi
primita». Seguía pensando y pensando en cómo
hacerme de una situación en la que pudiese hacer
caer a esa hermosa nenita, pero todo momento y
lugar imaginable parecía poco práctico para mis
fines. Seguí con mi rutina diaria normal, entablaba
conversación con mi tía de manera frecuente una
o varias veces al día, y la convivencia con mi
primita ya era más natural, aunque sólo se daba
durante cortos momentos.

Todos los días era así, siempre había gente en


casa, y no había momento para más que
acariciarle el cabello a mi primita o a lo mucho
tomarla de la mano en algunas ocasiones, y eso
sólo por breves instantes. Lo único rescatable de
esos días era que, por lo menos, ya me llevaba
más bien con mi nueva primita.

Así pasaron cinco o seis días en los que seguí


acercándome de forma natural y cariñosa a mi
primita, y me gané su confianza a tal grado que
ella pasaba casi todo el día cerca de mí y me
seguía muchas veces a donde yo fuese,
seguramente porque yo era lo más cercano a
alguien de su edad. Pasaron los días y semanas, y
nuestra interacción llegó al punto que yo la
mimaba mucho y ella se dejaba consentir.

Se volvió rutinario que a primera hora de la


Se volvió rutinario que a primera hora de la
mañana ella estuviese tocando a la puerta de mi
casa, pidiéndole a mi madre que me hiciese bajar
para que jugase con ella. Al principio mi tía la
regañaba: «No molestes tanto a tu primo», le decía.
Pero caprichosa como era, no hizo caso, y
terminamos todos acostumbrados a que se la
pasase detrás de mí.

Llegamos al punto en que las ocasiones que


salía de casa para ir con mis amigos o que, por
alguna razón, estaba fuera de casa varias horas, al
volver la primera que me recibía era mi primita,
reclamándome porque no había estado con ella
en todo el día, o simplemente mostrándose
enojada porque no la había llevado conmigo como
lo hacía en algunas pocas veces.

Seguía siendo una pequeñita tímida, aunque ya


más acostumbrada a mí y siendo más cariñosa y
afectuosa conmigo. Era un deleite verla por toda la
casa en poca ropa, vistiendo pequeños shorcitos
de licra ajustada y blusitas de fina tela casi
translúcida, comunes en las niñas. Aún siendo
pequeña, la combinación de esas diminutas
prendas entalladas sobre su cuerpecito en
desarrollo, la hacían ver buenísima.

Yo aprovechaba cada oportunidad que se daba


para, en repetidas ocasiones, cargar ente mis
brazos su liviano cuerpecito juguetonamente, para
pasar mis manos sobre sus desnudas piernitas,
para apretarle sus cálidos y suaves muslos, o
incluso para estrujarle las nalguitas o las tetitas en
incluso para estrujarle las nalguitas o las tetitas en
algunas ocasiones que la sujetaba fuertemente
para que no se soltase.

Poco a poco fui observando cómo parecía


gustarle tener mis manos encima de ella, y pronto
ella misma abusaba de sentarse encima de mí
buscando mis caricias, provocándome tremendas
erecciones que mi nenita aumentaba colocando
sus nalguitas o su conchita justo encima de mi
verga, quedando separados por sólo unas prendas
de tela. Fue de las primeras cosas que
comenzamos a hacer «en secreto».

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Cuando las ganas de clavarla me eran casi


irresistibles, la tomaba con mis manos por la
cinturita y la estrujaba contra mí por algunos
instantes. Mi primita sólo se dejaba hacer,
moviéndose hacia donde yo la guiaba.

Esto se repetía tantas ocasiones al día que tenía


la verga en unas constantes y deliciosas
erecciones que por momentos me costaba
disimular, o tratar de hacerlo, pues seguramente
disimular, o tratar de hacerlo, pues seguramente
mi nenita sentiría ese bulto que me aplastaba con
sus nalguitas. Era una tentación tenerla encima
mío, acariciándole el cabellito, haciéndole
cosquillas y pasando mis manos sobre su pequeño
vientre, moviéndola constantemente para seguir
disfrutando de su peso y de su calorcito corporal
sobre mi verga.

Mi nena sonreía casi cómplicemente cada que


la veía a los ojitos, dibujando en su rostro una
sonrisita traviesa que era como para volverse loco,
no sé como pude aguantarme las ganas de
penetrarla todas esas veces.

«Ya he dado el primer paso», pensé una tarde


estando a solas. Ahora tendría que buscar cómo
dar el siguiente paso, pero siempre había gente
cerca, me refiero a mi madre y a mi tía, así que no
sería fácil, eso pensé. Mas no tuvo que pasar
mucho tiempo después de eso, no recuerdo si
serían unos días o quizá una semana, para una
mañana escuchar a mi madre decir algo que
cambiaría la historia entre Kim y yo.

—Miguel, tu tía y yo vamos a ir a casa de Martha,


volvemos en unas dos o tres horas hijo.

—Okay, quizá vaya con unos amigos, ¿está


bien? —respondí resignado a que, una vez más, no
podría poner en marcha mi plan ese día.

—No, no, hoy sí no, necesito que te quedes y


cuides a tu prima que está enfermita de gripe y de
cuides a tu prima que está enfermita de gripe y de
su garganta, y no quiso ir.

—Pero… Mmm… Okay ma ́ ya qué —dije un poco


molesto, ya que no quería cuidarla estando
enferma, pues no podría ni siquiera «juguetear»
con ella, mucho menos intentar algo más.

—Sólo cuida que no se salga a la calle y que no


haga travesuras —dijo mi tía amablemente,
encomendándome a su pequeña.

—Okay… Yo la cuido, vayan.

—Gracias, hijo, ten cuidado, nos vemos en la


tarde —finalizó mi madre. Oí su voz y la de mi tía
alejarse poco a poco tras cerrar la puerta que da
hacia la calle. Momentos después escuché el
automóvil encenderse, y poco después lo oí
alejarse a la distancia. Me serví algo de jugo y me
senté en la sala un momento, comprendí que
pasaría el día cuidando de mi primita.

Por fin llega el día en que mi


primita saborea su primera
verga con su boquita
Pasó alrededor de media hora en la que hablé
con un amigo por teléfono y después comí algo de
almuerzo, pero tenía una labor, así que me levanté.
Tenía que ver qué estaba haciendo mi primita o si
necesitaba algo, así que salí de casa y me dirigí
hacia la de mi tía, que como ya había comentado
hacia la de mi tía, que como ya había comentado
está vecina de la nuestra, y es grandísima. Sin
esperar más entre a la casa y me detuve un
momento apenas habiendo dado un par de pasos,
pues no sabía muy bien en donde se encontraba el
cuarto de mi primita.

Habían varios corredores hacia un lado y otro,


también estaba la segunda planta, no sabía con
certeza hacia donde dirigirme. Además, en las
veces que había estado en casa de mi tía nunca
había ido al cuarto de mi primita. Hurgué en toda
la planta baja, encontré pasillos, sala, cocina y
algunas habitaciones más, pero ninguna parecía
ser la habitación de una niña.

Me dirigí a la planta alta y apenas subí las


escaleras comencé llamarla alzando la voz.

—¡Kim! ¡Kim! ¡¿Dónde andas?!

No obtuve respuesta, sino hasta que me


acerqué a una habitación más hacia el fondo.

—¡Aquí, primito! —respondió Kim después de


reconocer mi voz.

Así que me dirigí hacia donde había escuchado


aquella dulce vocecita. Abrí la puerta y la observé
desde la entrada.

—Hola, preciosa —dije viéndola envuelta en su


camita pues hacía algo de frío, incluso estaba algo
nublado el cielo.
—Holaa, primito, ¿dónde estabas?… Ya me había
asustado de estar solita —dijo con una risita
angelical e inocente que me pareció súper
atractiva.

—Pues estaba viendo TV, como estás enfermita


pensé que estarías dormida, pero ya veo que no…

—Jeje, pues no, claro que no, tonto. Sólo fingía —


respondió traviesamente.

—¡¿Ah?! ¿Cómo que fingías?, ¿no estás enferma?


—dije bastante sorprendido ante lo que decía la
que yo hasta ese momento pensaba que era mi
primita «inocente».

—Pues no, no estoy enfermita —replicó risueña,


incorporándose un poco sobre la cama, aún
envuelta con el edredón.

—¿Y para qué finges, mentirosita? —pregunté


sonriéndole, tratando de que me dijese más. Cerré
la puerta tras de mí y me acerqué más hacia su
cama.

—Pues para que te quedaras a cuidarme, yo


estoy chiquita y no quería ir con mi mamá, cuando
me lleva con sus amigas me aburro mucho, quería
quedarme aquí contigo… —agregó con esa
miradita juguetona que seguía prendiéndome.

En momentos como este me preguntaba si en


verdad era tan «inocente» como intentaba
parecerlo, o si sólo era una pequeña zorrita
aguardando a que su primo le metiese mano,
aguardando ansiosamente mi llegada para que
fuese hacia con ella y comenzásemos nuestros
jueguitos, o quizá incluso esperando a que esta vez
le hiciese algo más.

Por otra parte, si es que no estaba «enfermita»,


quizá podría poner en practica mi plan, o en otras
palabras, podría dejar aflorar mis deseos de
hacerla mía.

—Pues aquí estoy, princesa, y… ¿qué quieres


hacer? —cuestioné tratando de saber qué cosas
cruzaban por la mente de esa tierna nenita.

—Ya sé, ven, acuéstate conmigo un ratito porfa,


¿sí? —pidió con una miradita de lo más inocente
que me terminó de calentar totalmente.

Ya la verga me dolía estando aplastada dentro


del pantalón, así que ni muerto me hubiese
negado a aquella invitación tan «inocente».

—Bueno, ya voy —añadí mientras dejaba las


sandalias a un lado, me subía a la cama y me
metía junto a ella, cubriéndome con las suaves y
cálidas telas del colorido edredón de su camita.

Y en ese momento, al estarme metiendo a la


cama y levantar el edredón, me percaté de que mi
pequeñita estaba sólo con una pequeña blusita
amarilla de tirantes que le llegaba apenas hasta el
ombliguito, transparentando y marcando la piel de
su casi infantil cuerpecito. Debajo sólo tenía
su casi infantil cuerpecito. Debajo sólo tenía
puestos unos calzoncitos rosados que se
amoldaban muy ajustadamente a esas pequeñas
nalguitas tan paraditas, dejando completamente
expuestas sus blancas y hermosas piernitas.

Aquella imagen terminó de extasiarme y de


matar cualquier resquicio de cordura que pudiese
tener aún en ese momento, ahora sólo quería
gozar y hacer gozar a esa nenita preciosa.

—¿Y ahora qué hacemos? —dije impaciente,


esperando una respuesta que ayudase a mis
intenciones.

—No sé… Tengo frío, ¿por qué no me abrazas?


¿Síí? —pidió con una miradita de pequeña
colegiala coqueta.

A su muy inocente forma, pero me comenzaba


a quedar claro que era una putita.

—Muy bien, voltéate con tu espaldita hacia mí


para poder abrazarte, porque si no, no voy a
poder… —dije sabiendo que obedecería y me
dejaría todo su culito semidesnudo para mí.

—Está bien… —respondió dócilmente mientras


que se volteaba, colocando de lado su cuerpecito,
regalándome el panorama de su espaldita
semidesnuda y sus redondas nalguitas envuletas
en su ropita interior.

—Bien, princesa, sólo espera, deja me quito este


pantalón que es muy incómodo, ¿vale? —Me
desprendí no sólo de los jeans que llevaba puestos,
sino también de mi camiseta, aunque estando ella
de espaldas no supe si lo notó; quizá sólo fingió
que no.

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—… Sí… está bien…, pero apúrate tengo frío —


replicó juguetonamente, mientras se cubría hasta
el cuello con el edredón.

—Ya voy, ya casi estoy listo preciosa… Aquí voy —


dije mientras me metía nuevamente a la cama, le
pasaba mi brazo por encima de su cuerpecito y la
abrazaba atrayéndola hacia mí suave pero
firmemente.

Con todo descaro dejé mi verga, que estaba ya


durísima bajo mi bóxer, completamente pegada a
su culito, podía sentir como me palpitaba de lo
dura que estaba y seguramente ella también lo
notaba.

—¡Ay abrázame más, primito!… ¿o qué no me


quieres? —dijo mientras se hacía más hacia mí
provocando que mi verga se doblase contra su
provocando que mi verga se doblase contra su
culito y me doliese ligeramente, mas era un dolor
delicioso en ese momento—… ¿Oye, qué traes ahí
que no deja que me abraces? —agregó mi primita
refiriéndose a mi verga, habiéndola ya «notado» y
causándole «curiosidad».

Esa sutil inocencia en ella me excitaba sobre


manera, por momentos no sabía si era de verdad
una niña inocente que se dejaba guiar, disfrutando
de sus primeros roces sexuales, o si por el contrario
quizá sabía muy bien la situación en que estaba y
se hacía la tonta para ser manoseada por su
primo. Incluso su comportamiento del día a día de
niña mimada en ocasiones me parecía algo
exagerado, pero tampoco podía estar seguro de
que cosa pasaba por su mente. Mas en ese
momento no tenía tiempo como para estar
pensando en eso, tenía que concentrarme en
avanzar lo más posible en nuestros jueguitos
sexuales.

—Ah, perdón emm… Pues es mi…, mi pene… —dije


con un poco de inseguridad ante su reacción, pero
aún así me calentaba montones el solo hecho de
decírselo.

—Y… ¿qué es eso? —preguntó mientras giraba su


rostro hacia mí con una sonrisita coqueta. Al
menos por su inocente expresión, fingida o no, me
dejaba en claro que nunca había visto uno.

—Pues es un… —pronuncié mientras pensaba en


que cosa decirle, y decidí usar su «inocencia» a mi
que cosa decirle, y decidí usar su «inocencia» a mi
favor—, es un juguete sólo para niñas buenas y
lindas como tú princesa.

—¿En serio?, pues yo quiero jugar, primito, porfa,


¿déjame verlo sí? —pidió revolviéndose en la cama
y rogando que le mostrase mi verga. Ahora sí que
la tenía como quería.

—Pero las niñas buenas deben ser obedientes,


¿entendido?, y las princesas deben mantener esto
en secreto —añadí mientas le acariciaba el vientre
provocándole un poco de cosquillas, sintiendo el
roce de sus suaves y tersos muslos sobre el vello
de mis piernas.

—Síí… Como tú me digas, primito, ¡enséñame


enséñame! —repitió mi nena. A estas alturas, ya
debe ser obvio que mi pequeñita era de lo más
caprichosa.

—Bueno, pero yo te diré como lo uses, hay varias


maneras, pero hoy jugaremos de una manera, ¿sí?

—Síí, ¿puedo verlo ya? —dijo ya impaciente por


«jugar».

—De acuerdo, princesa, pero tú tienes que


sacarlo—. En ese momento yo sólo tenía puesto un
bóxer negro bastante ajustado que me presionaba
mucho la verga formando un bulto bajo la tela.

—Está bien…, deja lo saco —respondió mi prima


sonriendo, mientras sus suaves manitas
comenzaban a hurgar dentro de mi bóxer.
Sentía sus delgados deditos tocar mi glande y
la base de mi verga, pero no atinaba a agarrarla
pues estaba bastante doblada. Lo intentó un par
de veces más, hasta que por fin lo logró y la tomó
con su manita derecha. Al mismo tiempo, con su
otra manita, deslizaba nerviosamente mi bóxer
hacia abajo, buscando liberar aquello que
sujetaba con su otra mano. Mi verga se erectó
completamente, casi brincando hacia el rostro de
mi primita, al por fin ser liberada de la única
prenda que quedaba sobre mi cuerpo.

Su mirada se clavó sobre aquella cosa que


tenía entre sus pequeñas y suaves manos, lo
movía hacia los lados y lo apretaba con
curiosidad. La sentía mover mi verga entre sus
manitas de manera inexperta, pero eso no era
problema, yo la haría una experta.

La simple escena y situación en que me


encontraba me excitaba enormemente. El sólo
verme a mí mismo ahí casi totalmente desnudo,
con una pequeñita meneándome la verga de un
lado a otro, viéndola bajarme el bóxer ella misma
hasta casi las rodillas, era una experiencia
inigualable. La verga me daba saltos de la
emoción, y poco faltaba para que las piernas me
temblaran de la excitación por tener ese prohibido
manjar, mi primita, arrodillada frente a mi verga.

—Wow, primito…, es muy grande y está duro… —


pronunció mientras apretaba parte de mi verga—.
pronunció mientras apretaba parte de mi verga—.
Y está caliente, ¿no te duele, primito? —preguntó
curiosa mi prima, con las mejillas algo rojas por
alguna razón, al tiempo que me la doblaba un
poco con sus movimientos.

Chaturbate Afiliado

Qué delicia era sentir sus suaves manitas


acariciar mi verga, incluso el cálido aliento de su
boquita lograba llegar hasta mi glande,
quemándolo deliciosamente. Sus grandes ojitos
me veían desde abajo, mientras que aguardaba
mi respuesta. Nuevamente decidí jugar con su
aparente «inocencia».

—Pues sí, hermosa, la verdad sí. Y sólo una niñita


como tú puede hacer que no me duela, ¿puedes
hacer eso por mí, preciosa? —dije sonriéndole a la
chiquitina.

—Ammm… Está bien, primito… ¿Qué tengo que


hacer? —preguntó inocentemente, mirando con
aún más atención mi verga, levantándola hacia
arriba y tocando por un instante mis huevos.

—Pues primero tienes que lamerlo…, chuparlo y


—Pues primero tienes que lamerlo…, chuparlo y
jugar con «él» en tu boquita —dije sin pensármelo
demasiado, pues de eso era de lo que me moría de
ganas.

—… ¿De verdad, primito? —preguntó un poco


sorprendida y dudosa de la petición.

—Sí, bueno…, sólo si quieres que ya no me duela


—respondí tratando de convencerla, jugando un
poco con la mente de mi niña.

—Síí, eso quiero, primito. Está bien, ¿pero cómo lo


hago?… Es que no sé…

—Pues, sólo chúpalo como una paleta y trata de


meterlo lo más que puedas en tu boquita —
agregué impaciente por que me la chupara mi
primita menor.

—Bueno, ya voy, primito —respondió dudosa


mientras que la tibieza de sus manitas me seguía
haciendo palpitar continuamente la verga.

Entonces, mi primita se colocó sobre la cama,


situándose entre mis piernas, y comenzó a dirigir
mi verga hacia su boquita. Comenzó a darle
pequeñas lamidas a mi verga, tratando de sentir
su sabor. Aquella escena de mi primita hermosa
lamiéndome la verga era lo más delicioso y
excitante que había sentido, con sólo unas lamidas
y apenas mi glande metiéndose a su boquita, ya
sentía que mi verga quería estallar dentro de su
pequeña boquita e inundársela de leche. Mi verga
latía y palpitaba aún más intensamente que antes
latía y palpitaba aún más intensamente que antes
con cada lamida y roce de su lengua.

—Mmm… Eso… Muy bien, hermosa, ahora debes


metértelo lo más que puedas en tu boquita, ¿sí? —
le indiqué, gozando de sus primeros intentos de
mamar una verga.

Asintió con la cabeza y comenzó a engullirse de


nuevo la punta de mi verga en su boquita, fue
difícil pues su boca era pequeña, pero tras dos o
tres intentos ya tenía poco más que mi glande en
su boquita. Su aliento envolvía directamente mi
miembro y la tibieza del interior de su boquita
calentaba aún más mi verga. Era delicioso ver
como ya un poco de saliva salía de entre su tierno
para de labios. Parecía que le gustaba lo que
hacía, pues no se la sacaba de la boca para nada.
Estuvo así durante unos pocos minutos, que a mí
me parecieron segundos, pero finalmente paró un
momento, pues ya no podía respirar bien.

—Vamos, nena, ¿por qué te detienes?, debes


metértela toda o te castigaré… —dije tratando de
intimidarla y hacerla que volviese a deleitarme con
su primera mamada.

—Sí, primito… Pero no creo que me entre toda en


mi boquita… —respondió mi nena, quien estaba
hincada entre mis piernas con los labios
humedecidos de su propia saliva, con mi verga en
su manita igual o más de húmeda por el fluido que
brotaba de su boquita.
Comenzó a tragarse de nuevo mi verga, esta
vez casi hasta la mitad, aunque con bastante
dificultad, pues hacía muecas de estar cansada de
mantener la boca abierta. La deje mamármela a
su modo un momento más, después la tome de la
cabeza y comencé a intentar metérsela más
adentro. De primero le daban arcadas, tenía que
sacársela y volver a metérsela. Estuvimos así
durante algunos quince minutos, hasta que de un
empujón atraje toda su cabecita hacia mi verga y
esta se perdió casi por completo en su boquita.

Sentía su gargantita queriendo arrojar al intruso,


pero yo presionaba su cabeza contra mí,
manteniéndola ahí durante unos segundos
firmemente sujetada. Me deleité sintiendo mi verga
atrapada en ese pequeña, estrecha y húmeda
prisión; hasta ver que movía su cabecita con
desesperación y que sus manitas hacían esfuerzos
inútiles por quitar mis manos de su nuca pues ya
no podía respirar. Tras unos instantes liberé su
cabecita, dejando que mi verga saliese lentamente
del dulce interior de su boquita, la cual estaba
completamente inundada de sus babitas.

Mi nena respiraba agitada, con la boquita


entreabierta y llena de hilillos de saliva que
escurrían hasta su mentón, mientras tanto yo
sostenía su cabecita entre mis manos, quitando de
su carita sus desordenados cabellitos.

—Mmm… Uff… Qué delicia…, ¿te gustó, hermosa?


—pregunté extasiado, queriendo ya volver a meter
—pregunté extasiado, queriendo ya volver a meter
mi verga dentro de esa tierna y pequeña boquita
que hoy probaba su primera verga, la mía.

—… Me gusta chupar tu cosa… Sabe raro, pero al


final ya no podía respirar, eso no me gusto…

—Pronto podrás aguantar mucho más con ella


dentro, y si la quieres chupar tendrás que dejar que
yo te la meta toda en tu boquita cuando yo quiera,
¿o ya no la quieres chupar? —dije mirándola
fijamente.

—¡No, primito, no!, yo quiero chupártela mucho y


puedes metérmela hasta adentro cuando quieras
para que ya no te duela —dijo sobresaltada mi
prima, al saber que supuestamente ya no la
dejaría chupar eso que acababa de probar.

—De acuerdo, nena, ahora ven vamos a hacerlo


otra vez, esta vez tendrás que tomarte toda la
lechita que salga, no tirarás ni una gota, si no te
daré un castigo, ¿de acuerdo?

—Está bien, pero no me castigues, primito, por


favor… —dijo seriamente mi prima, con carita de no
saber muy bien a qué «lechita» me refería.

—De acuerdo ahora hazlo otro vez, princesa…

Volví a dejarla chupar a gusto durante un


momento, después comencé a forzar su gargantita
una vez más. Aún le daban arcadas, pero ya no me
importó, el mete y saca era continuo desde sus
labios hasta topar el fondo de su garganta. Yo
labios hasta topar el fondo de su garganta. Yo
apretaba los dientes tratando de no explotar aún,
aquello me estaba matando de placer, nunca
hubiese imaginado que ese momento con mi
primita fuera tan placentero, había un mundo de
diferencia entre cómo me lo había imaginado y
cómo era en realidad sentir la boca de una niña
sobre mi verga.

Mi miembro palpitaba con cada roce de su


lengüita, cada caricia de sus pequeños labios
sobre mi miembro me hacían casi acabar, incluso
el roce de sus dientitos inexpertos lacerando mi
miembro eran un delirio sublime.

Quería darle más y más en esa deliciosa


boquita, pero finalmente no pude más, sentí esa
sensación inequívoca de una eyaculación
inminente, así que con los últimos y fuertes
bombeos de mi verga, se la clavé en lo más hondo
de su gargantita. Exploté en una corrida que me
hizo temblar de pies a cabeza por la excitación. Mis
manos seguían aferradas a su cabecita
manteniéndola inmóvil con mi tranca en su
garganta, a cada espasmo un chorro más de mi
corrida golpeaba su pequeña garganta.

—¡Tómatela, princesa, agh!… ¡Tómatela! —


indiqué a mi nena con los ojos entrecerrados de
placer. Seguía sujetando su cabecita con mis
manos, haciéndola tragar leche por primera vez.

Sentía el movimiento de su garganta al tragar


todo lo que recibía para no ahogarse. De a poco fui
todo lo que recibía para no ahogarse. De a poco fui
sacándosela de la boquita, haciéndola apretar los
labios para que succionase los restos de semen
que quedaran en mi verga. Así lo hizo, y salió
finalmente mi carne erecta, ya un poco flácida
pero completamente limpia y brillante de su saliva.

Eché un vistazo a su boquita, aún quedaban


restos de semen en ella, pero no duró mucho ahí,
pues un instante después tragó todo como le
había indicado. La hice mostrarme su boquita ya
completamente limpia, para asegurarme de que
no quedase resto de mi néctar. Sacaba la lengua y
la movía de lado lado para dejarme ver que no
había ya nada. Sonreía traviesamente, cual puta
después de haberte corrido en su cara… Quizá…,
quizá ya era mi putita.

—¿Lo hice bien, primito?… —preguntó con su voz


de niña mimada, viéndome fijamente con una
mirada de auténtica zorrita.

—Estuviste muy bien, hermosa, ¿te gusto mi


leche? —pregunté limpiándole los ojitos llorosos,
sintiendo sus cachetitos algo pegajosos por la
mezcla entre mi fluido seminal y su saliva.

—Sí, estaba muy calientita y sabe saladita jeje —


respondió mi tierna nena entre risitas.

—Qué bueno que te gustó, porque de hoy en


adelante tomarás toda la que te dé.

—¿De verdad, primito?… A mí me encantaría


tomar más ahorita —sonrió, sin saber cómo me
tomar más ahorita —sonrió, sin saber cómo me
calentaban sus palabras.

—No, nena, ahora te toca a ti sentir rico.

—¡Sí, yo quiero sentir rico también! —pronunció


con sus hermosos labios rojitos.

—Muy bien, hermosa, primero quítate toda tu


ropita y acuéstate aquí boca arriba —indiqué,
mientras hacía a un lado una de las almohadas—.
Levanta las piernitas y ábrelas bien, ¿de acuerdo?
—agregué, tumbando su liviano cuerpecito sobre el
edredón.

Al instante la impaciente chiquitina se despojó


de su blusita y yo mismo le saqué sus calzoncitos,
los cuales quedaron hechos un nudo sobre la
cama. Impaciente abrió de par en par sus piernitas
tal cual le había indicado, por primera vez veía su
total desnudez de niña: sus pequeños pezoncitos
color rosa situados sobre esas pequeñas
montañitas de carne que ya asomaban a
convertirse en pequeños senos; su conchita que
era apenas una fina rayita rosada que se veía
demasiado apretada y cerradita; más abajo
estaba un pequeño puntito color rosa pálido que
era su anito.

Se veía imposible que algo pudiese entrar en


cualquiera de sus hoyitos, pero me moría de ganas
por metérsela ahí mismo aunque llorase y gritase.

Aquel panorama me tenía completamente


Aquel panorama me tenía completamente
erecto de nuevo, sentía mi glande chocar
incómodamente contra la tela del edredón. Dejé a
un lado mis pensamientos y me acerqué hasta
estar a la altura de su coñito, arrodillado sobre la
cama, iba a tratar de darle su primer orgasmo a mi
nena comiéndole su virgen coñito hasta que se
desmayase si fuese necesario.

—¿Lista, mi amor?, bien abiertas las piernitas eh,


y muéstrame tu «colita» bien levantada hacia mí—.
Mientras que la instruía, la sujetaba de las piernitas
con mis manos, abriéndoselas lo más posible,
dejando su rosado y pequeño manjar al alcance
de mi boca.

Casi babeaba de ganas de probar esa tierna


conchita, su olor a hembra me llegaba hasta la
nariz, haciéndome saltar la verga un poco.

—Sí, primito, ya hazme, quiero sentir rico —dijo


mi prima impaciente, o quizá caliente.

—… ¿Cómo sabes que sentirás rico, Kim? —


pregunté con algo de sorpresa, levantando la
mirada para verla fijamente.

—… Porque… Es que yo me toco ahí… Y se siente


rico… —respondió algo rojita de la cara la putita
chiquitina, «confesándome» que se tocaba el
coñito.

Al instante comencé a dar pequeñas lamidas


en su hoyito entre sus apretados y pequeños labios
vaginales, el olor de su cochito era delicioso y
vaginales, el olor de su cochito era delicioso y
embriagante. Comenzó a dar pequeños gemidos y
risitas, al principio apenas podía escucharlos, pero
pronto comenzaron a ser largos gemiditos y
suspiros. Sus piernitas temblaban y se movían
inquietas entre mis manos, después de varios
minutos sin darle descanso a su tierna panochita
su espalda se arqueaba anunciando su primer
orgasmo, para ser sincero nunca creí lograrlo la
primera vez, quizá tenía que ver con que ella
misma se tocaba desde no sé cuando.

—¡Ahh!… ¡Mmmm…!, primito, siento muy rico…,


siento que me voy a hacer pipí, mmm… ¡Ahh!… —
mientras tanto yo seguía deleitándome dándole
suaves y marcadas lamidas en su pequeño
botoncito.

Jugaba con su diminuto pero hinchado clítoris


succionándolo entre mis labios. Sus
descontrolados gemidos y el meneo incesante de
sus piernitas me alentaban a seguir haciéndola
gritar, castigando con mi lengua su panochita.

—¡Ayy… Me va a salir y se siente muy rico, Síííí…,


primito ayyy!… —Mi nena iba a explotar en el primer
orgasmo en su vida, aunque ella se había tocado
el coñito antes nunca había sentido que le saliese
«eso», esto lo supe al preguntárselo después, al
parecer sólo se acercaba al orgasmo tocándose
sola, pero nunca lo lograba.

Mi boca seguía mamándole su conchita, sentía


la lengua casi entumecida y ella continuaba
la lengua casi entumecida y ella continuaba
revolviéndose de gusto. Sin siquiera ella entenderlo
muy bien estaba por derramar en mi boca sus
primeros juguitos.

Hundí totalmente mi boca en su conchita al


sentir cómo mi pequeñita explotaba entre grititos,
temblando descontroladamente, revolviéndose lo
poco que podía en la cama, jalando mi cabello con
sus manitas inquietas víctima de las sensaciones
experimentadas en su cuerpecito. Mi nena seguía
sin dejar de gemir, disfrutando los últimos
espasmos de su orgasmo, que claro yo había
recibido con gusto en mi boca completamente, lo
había bebido como el más delicioso néctar.

Durante algunos momentos dejé que se


repusiese de lo sucedido, estaba temblorosa sobre
la cama con la respiración agitada aún. Mi
princesa había resultado de las escandalosas a la
hora del orgasmo y a la hora de gemir como
putita. Sus nalguitas blancas y paraditas se
mostraban tentadoramente a un lado mío, se veía
tan hermosa ahí, que pensé en romperla mientras
seguía débil para que no opusiese resistencia.

Pero no, si lo pensaba hacer sería con un poco


de su consentimiento al menos, eso si es que
quería poder volver a repetirlo cuando yo quisiese,
y para no tener problemas y reducir las
posibilidades de que dijese algo.

—Primito… ¿Puedes hacérmelo otra vez? —dijo


aún débilmente mi prima mientras se volteaba
aún débilmente mi prima mientras se volteaba
hacia mí.

Sí que sería una putita de las buenas, y lo mejor


de todo, sería mía.

—No, princesita, hoy no, porque ya casi llega tu


mami y te puede regañar, además no quiero que
te canses tanto porque mañana te meteré mi
verga en tu cochito y quiero que estés bien
descansada, ¿de acuerdo? —dije pasando
ligeramente mis dedos por su rosada y pequeña
panochita la cual estaba destinada a sentir mi
verga desvirgándola, a sentirme rompiendo su
tierno himen.

—Mmm… Bueno —se notaba un poco de


desanimo en su voz—. Pero no creo que puedas
meterme tu cosa en mi hoyito, está muy chiquito
aquí —respondió consternada mi prima mientras
veía fijamente mi verga y pasaba sus deditos por
los labios de su rosada conchita.

—Ya verás que sí, Kim…, ya verás cómo te la


enterraré entera en tu apretado hoyito.

Chaturbate Afiliado
—Sí primito…, ya quiero que me la metas
mañana —respondió sonriendo y subiendo
juguetonamente sus piernitas sobre las mías,
como siempre hacía, sólo que en este momento
estábamos ambos desnudos.

Después me enteré de que, aunque nunca


había hecho nada sexual, por lo menos había
escuchado en qué consistía lo que haríamos, y
sabía que «meterlo» se sentiría «rico», por eso
aceptaba tan gustosa la propuesta. En su cabecita
de niña lista a ella supuestamente le gustaba más
«hacerse la que no sabía nada», para que yo la
guiara; aunque en verdad no sabía gran cosa, lo
único que sabía mi pequeñita era eso y sobarse la
panochita. Respecto a todo lo demás sí era
inocente mi tierna primita, pero aún así, pronto
estaría abriéndome sus piernitas para que le
rompiese el virgo.

«Sí claro, veamos si dices eso cuando estés


berreando del dolor mañana», pensé mientras me
arreglaba la ropa, si alguien llegase en ese
momento, sería más fácil explicar porque mi
primita estaba sin ropa que explicar porque yo lo
estaba.

Estuvimos un rato más en la cama,


jugueteando, haciéndonos cosquillas,
respondiendo sus siempre incesantes preguntas y
comentarios, o simplemente acariciándola. Así
transcurrió casi una hora, el tiempo se iba volando
transcurrió casi una hora, el tiempo se iba volando
con mi nena al lado mío.

—Bueno, a ver ya, Kim. Ponte tu ropita otra vez, y


recuerda, no le dirás nada de esto a tu mamá
porque te regañará, ¿de acuerdo? —le ordené,
asegurándome de que no hablase.

—No, primito, no le diré nada, pero si ya no


«juegas» conmigo mañana como dijiste, me
pondré triste… —agregó mi prima con una mirada
de niña mimada que me volvía a poner la verga a
mil.

—No te preocupes, princesa, seguro que


jugaremos.

—Primo, pero… —insistió mi nenita, mientras que


yo la ayudaba a subirse sus calzoncitos,
aprovechando para acariciarle descaradamente
las piernas y apretarle ambas nalguitas.

—¿Sí, princesa?…

—Pero, si no quieres que nadie se entere, ¿cómo


jugaremos mañana si mi mamá estará aquí? —era
una buena pregunta, era lista mi nena, pero yo
tenía una buena respuesta.

—No hay problema, princesa, mañana es día en


que mi mamá va a casa de la tía Laura y
seguramente llevará a tu mami, pero tú tienes que
hacer que tu mami no te lleve con ella, otra vez.

—Pues, le diré que sigo enfermita —dijo risueña.


—Pues, le diré que sigo enfermita —dijo risueña.

—No, no, Kim, si le dices eso pensará que de


verdad estas enferma y te llevará al doctor, tienes
que decirle algo como—: «Mami, mejor me quedo
con mi primo y que él me cuide…, además no
quiero ir, allá me aburro».

—Sííí, le diré eso, ¡te quiero! —dijo mientras me


daba un tierno beso en la mejilla.

La verdad no sabía muy bien si me había


entendido, pero quise suponer que sí.

—Bien, ahora ven, vamos abajo que ya va


llegando tu mamá —le dije escuchando el sonido
del motor fuera de la casa.

Caminé hacia la puerta, con ella delante de mí;


por mi mente pasaba todo lo ocurrido hacía sólo
unos momentos, no podía esperar para poder
repetirlo.

—¡Mami! —exclamó alegremente el angelito,


dirigiéndose apresuradamente en dirección a la
puerta.

Aún podía sentir el delicioso sabor de su virginal


coñito en mi boca.

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AUTOR
darkelxg
26 años. Me gusta el sexo duro y el gimnasio desde muy joven. Soy escritor de relatos
eróticos desde que tengo 15 años. Comencé escribiendo sobre mi relación de incesto con
mi primita menor; ahora también publico algunas historias que mis seguidores.

AUTORA

kinkynymphet (ninfatraviesa)
Soy Kim, tengo 22 años. Tengo sexo con mi primo desde los 11 añitos Estudio
fotografía y en mis redes soy modelo fitness Soy celosa y muy caliente. En mi
tiempo libre soy camgirl

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