Etiología
La sacralgia, también conocida como dolor sacro, es una condición médica que se
caracteriza por el dolor en el sacro, una estructura ósea situada en la base de la columna
vertebral, formada por la fusión de cinco vértebras sacras. Esta área forma la parte
posterior de la pelvis y es crucial para la transferencia de peso y las fuerzas entre la
columna vertebral superior y los miembros inferiores.
El dolor sacro puede ser agudo o crónico, y puede variar en intensidad desde una leve
molestia hasta un dolor intenso e incapacitante. Puede ser localizado en un punto
específico, o puede irradiarse hacia los glúteos, la región lumbar o incluso hacia los
miembros inferiores. Es importante mencionar que la sacralgia puede afectar
significativamente la calidad de vida de los pacientes, limitando su movilidad y
actividades diarias.
La sacralgia puede ser causada por una variedad de condiciones y factores. Uno de los
más comunes es la sobrecarga mecánica, que puede ser el resultado de actividades
físicas intensas, malas posturas o traumatismos directos en la región sacra.
Manifestaciones clinicas
Solo con el andar erguido de una persona, las vértebras y los ligamentos están
sometidos a una fuerte carga. Es importante, por eso, mantener en el ejercicio una
postura de la espalda natural y combinar carga y descarga en los movimientos.
Además, una sacralgia típica conlleva los siguientes síntomas:
Desgaste
Pérdida de sensibilidad
Reflejos debilitados
Aparición de parálisis
Parestesia
Tratamiento medicamentoso
Medicamentos: para aliviar el dolor y reducir la inflamación se pueden usar
medicamentos antiinflamatorios no esteroides (AINE), como el ibuprofeno o el
naproxeno, y en casos más graves se pueden recetar corticosteroides, como la
prednisona.
Tratamiento fisioterapéutico
La sacralgia se puede tratar en fisioterapia con ejercicios y tratamientos adyuvantes
(masaje, terapia de calor o ejercicios de la espalda)
Estos son algunos ejemplos de ejercicios típicos de rehabilitación para su afección
Estiramiento de rodillas al pecho
1. No haga el ejercicio de estiramiento de rodillas al pecho si le causa o le aumenta
el dolor en la espalda o en la pierna.
2. Acuéstese boca arriba con las rodillas flexionadas y los pies apoyados sobre el
piso. Puede poner un pequeño cojín debajo de su cabeza si así se siente más
cómodo.
3. Agárrese las manos por debajo de una rodilla y lleve la rodilla hacia el pecho
manteniendo el otro pie apoyado sobre el piso.
4. Mantenga la parte baja de la espalda presionada contra el suelo. Mantenga esta
posición por lo menos de 15 a 30 segundos.
5. Relájese y regrese la rodilla a la posición inicial. Repita el ejercicio con la otra
pierna.
6. Repita de 2 a 4 veces con cada pierna.
7. Para lograr mayor estiramiento, deje la otra pierna apoyada en el suelo mientras
se jala la rodilla hacia el pecho.
Puenteo
1. Acuéstese boca arriba con ambas rodillas flexionadas. Las rodillas deben estar
flexionadas aproximadamente a 90 grados.
2. Tense los músculos del abdomen metiendo el ombligo hacia su columna
vertebral. A continuación presione los pies contra el piso, apriete las nalgas y
levante las caderas del suelo hasta que los hombros, las caderas y las rodillas
estén todos en línea recta.
3. Mantenga la posición durante unos 6 segundos mientras sigue respirando
normalmente, y luego baje lentamente la cadera hacia el suelo y descanse un
máximo de 10 segundos.
4. Repita de 8 a 12 veces.
Extensión de la cadera
1. Apoye las manos y las rodillas en el piso.
2. Manteniendo la espalda y el cuello rectos, levante una pierna y estírela hacia
atrás de usted. Al levantar la pierna, mantenga las caderas niveladas. No gire la
espalda ni deje caer la cadera hacia el piso.
3. Mantenga la posición durante 6 segundos. Repita de 8 a 12 veces con cada
pierna.
4. Si se siente firme y fuerte al hacer este ejercicio, puede hacerlo con mayor grado
de dificultad. Para eso, al levantar la pierna, levante también el brazo contrario
hacia adelante de usted. Por ejemplo, levante la pierna izquierda y el brazo
derecho, al mismo tiempo. Mantenga la posición 6 segundos, y repita de 8 a 12
veces en cada lado.
Fortalecimiento de la parte inferior del abdomen
1. Acuéstese boca arriba con las rodillas flexionadas y los pies apoyados sobre el
piso.
2. Tense los músculos del abdomen metiendo el ombligo hacia su columna
vertebral.
3. Levante un pie del piso y lleve su rodilla hacia el pecho, de manera que la rodilla
esté derecha por encima de su cadera y la pierna esté doblada en forma de "L".
4. Levante la otra rodilla hasta la misma posición.
5. Baje una pierna a la vez hasta la posición inicial.
6. Siga alternando las piernas hasta que haya levantado cada pierna de 8 a 12
veces.
7. Asegúrese de mantener tensos los músculos de su abdomen y la espalda inmóvil
mientras mueve las piernas. Asegúrese de respirar normalmente.
Estiramiento del músculo piriforme
1. Acuéstese boca arriba con las piernas estiradas.
2. Levante la pierna afectada y doble la rodilla. Pase la mano contraria por encima
de su cuerpo y jale suavemente la rodilla hacia el hombro opuesto.
3. Mantenga el estiramiento de 15 a 30 segundos.
4. Cambie de pierna y repita los pasos del 1 al 3.
5. Repita de 2 a 4 veces.
Resolución quirúrgica
La cirugía estándar utilizada para tratar el dolor de la articulación sacroilíaca es la
fusión de la articulación sacroilíaca. El objetivo de este procedimiento es eliminar por
completo el movimiento de la articulación sacroilíaca mediante un injerto entre el ilion
y el sacro.
La fusión sacroilíaca implica el uso de implantes de tornillos o varillas, así como un
posible injerto óseo a través de la articulación. En los últimos años, se han desarrollado
procedimientos mínimamente invasivos que mejoran los resultados en cuanto a dolor y
discapacidad, y reducen el tiempo de recuperación.
La fusión de la articulación sacroilíaca solo se recomienda una vez que se han probado
tratamientos no quirúrgicos durante al menos 8 a 12 semanas y estos, en general, no
fueron eficaces. En la mayoría de los casos, los tratamientos no quirúrgicos se prueban
durante varios meses antes de aconsejar la cirugía.
El mayor riesgo de la fusión de la articulación sacroilíaca es la posibilidad de que la
cirugía no alivie el dolor o que la fusión de la articulación no tenga éxito.
Existen dos sistemas quirúrgicos para la fusión de la articulación sacroilíaca, que
incluyen los implantes que fusionan la articulación y otras herramientas necesarias para
realizar la cirugía. Todos los procedimientos de fusión de la articulación sacroilíaca
mínimamente invasivos consisten en lo siguiente:
Bajo anestesia general, se hace una pequeña incisión en la zona lumbar y los
músculos se desplazan suavemente hacia un lado.
Se utiliza un dispositivo para perforar un pequeño orificio a través del ilion y
acceder a la articulación.
La articulación sacroilíaca se limpia de ligamentos y músculos, y se colocan un
injerto óseo e implantes quirúrgicos a lo largo de la articulación para estimular el
crecimiento óseo.
Se vuelven a colocar los músculos en su sitio y se cierra la zona quirúrgica con
suturas estándar.
Puede ser necesaria una estancia en el hospital de 1 a 2 noches después de la cirugía.
La recuperación de la fusión de la articulación sacroilíaca suele incluir una combinación
de analgésicos, fisioterapia y tratamientos domiciliarios como la aplicación de calor y
hielo. Además, puede prescribirse un corsé pélvico para estabilizar la pelvis y limitar los
movimientos dolorosos durante la curación. El período de recuperación para la fusión
de la articulación sacroilíaca suele durar entre 3 y 6 meses.