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Neoliberalismo y Desigualdad en Perú

La República Empresarial surgió en las elecciones de 1990 en medio de una profunda crisis económica e inestabilidad política en el Perú. Alberto Fujimori, un candidato poco conocido, ganó la presidencia de forma sorpresiva proponiendo mano dura contra la violencia y un giro hacia el libre mercado. Bajo su gobierno se inició una etapa de reducción del Estado y apertura económica, aunque pronto derivó en un régimen autoritario.

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Neoliberalismo y Desigualdad en Perú

La República Empresarial surgió en las elecciones de 1990 en medio de una profunda crisis económica e inestabilidad política en el Perú. Alberto Fujimori, un candidato poco conocido, ganó la presidencia de forma sorpresiva proponiendo mano dura contra la violencia y un giro hacia el libre mercado. Bajo su gobierno se inició una etapa de reducción del Estado y apertura económica, aunque pronto derivó en un régimen autoritario.

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,

NUEVA HIST ORIA DEL PERU


REPUBL ICANO

lA REPÚBLICA
EMPRESARIAL
NEOLIBERA LISMO, EMPREND ED URISM O Y
DESIGUALDAD
(1990-2021)

Jesús Cosamalón • Francisco


Durand
www.d errama.org.pe • • derram a magisterial
NUEVA HISTORIA DEL PERÚ REPUBLICANO/ 6
La República Empresarial
Neo/íberalísmo, emprendedurismo y desigualdad (1990-2021)

Este li bro no podrá ser reproducido total ni parcialmente sin el previo permiso escrito de la editorial.
Reservados todos los derechos de esta edición para todo el mundo.

©2021, Jesús Cosamalón, Capítulos 6, 7, 8, 9, 10, 11 y 12


© 2021, Francisco Durand, Capítulos 1, 2, 3, 4, 5 y 6
© 2021, Derrama Magisterial
1 ra edición: febrero de 2022
Tiraje: 1000 ejemplares
1ra reimpresión: julio de 2022
Tiraje: 1000 ejemplares

Im agen de cubiert a : Empori o Comercial de Gamarra, a partir de fotogra fí a s de Fran z Krajnik (2015)
y Alonso Chero (2019). Archivo El Comercio.

COLECCIÓN NUEVA HISTORIA DEL PERÚ REPUBLICANO


Comité académico: Manuel Burga (coordinador), Carlos Contreras Carranza, Maria Emma
Mannarelli y Claudia Rosas Lauro
Comité editorial: Anahí Dirección del proyecto: César
Barrionuev o, Rodrigo Rosales y Reyes y Fernando Pazos
Percy Uriarte
DERRAMA MAGISTERIAL Consejo de vigilancia: José
Directorio: Luis Héctor Espinoza Glorioso Rojas Arauja (presidente),
Tarazona (presidente), Brígido Jorge Luis Rosa Laura Caycho Flores
Pío y Cámara (vicepresidente), María (secretaria) y Dante Florentino
Elena Gómez Carbajal (secretaria), Córdova Blanco (vocal) Gerente
Clemente Eleuterio Morón Palacios y Luz general: César Reyes Valle
Bertha Rodríguez Benavides (vocales) Gerente administrativo: Femando Pazos
Cherres
Edición: Anahí Barrionuevo
Diseño de colección, cubierta y diagramación: Juan José Kanashiro
Investigación gráfica: Jorge Valverde

Proyecto Editorial: 31501132200371


IS BN Colección: (tapa dura) 978-612-4201-57-8
IS BN Titulo: 978-612-4201-64-6
Hecho el Depósito Legal en la Bibliotec a Nacional del Perú N.º 2022-06210

Editado por Derrama Magisterial


RUC 20136424867
Av. Gregario Escobedo 598, Jesús María, Lima, Perú

Impreso en Industria Gráfica Cimagraf


S.A.C. RUC 20136492277
Pj. Santa Rosa 140, Ate, Lima, Perú
Lima-Perú, julio 2022
ÍNDICE

PRESENTACIÓN .••.••••.••••••.••••.•.•.•••••..••••••••.•.•••••.••••••••.••.••••..•.••..••••••••••• 7
PRÓLOG0 •••••••••••••.••..•••••••••••••••.••••••.••.•.••.••.••••..••...•••••.•••••.•.••.••••••.•••••• 11
INTRODUCCIÓN .•••..•••••.••.••.••..•.••••.•••••.••••.••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••.• 13

CAPÍTULO 1. LA FASE AUTORITARIA:


ANTIESTATISMO Y LIBRE MERCADO (1990-1995) ••••.•••••••••••••••••••••••.••••• 15

CAPÍTULO 2. LA TRANSICIÓN INESTABLE:


CRISIS Y RETORNO (1995-2000) •••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••• 33

CAPÍTULO 3. LA PRIMAVE RA DEMOCRÁTI C A:


CONTIN UIDA D Y ACUERDO (2000-2001) .••••••••••••••••••••••••••.•••••••••••••••• 49

CAPÍTULO 4. EL BLINDAJE DEL MODELO:


EXTRACTI VIS MO Y BONANZA (2001-2016) •••••••••••••••••.••••••••••••••••••••••• 65

CAPÍTULO 5. LOS LIMITES DEL SISTEMA:


TIEMPOS RECIOS (2016-2020) ••••••••••••••••••••••••••••••••••••.•••••••••••••••••••••••• 97

� CAPÍTULO 6. EL CAMINO AL
BICENT ENA RIO:
PUGNAS , INVESTIGACIONES Y EMERGENCIA (2020-2021) •••••••••••••••• 117

CAPÍTULO 7. UNA NUEVA DEMOGRAFI A :


SOCIEDAD, DISTRIBUCIÓN Y CULTURA ••••••••••••••••••••••••••••.••••••••.••••••••• 137

CAPÍTULO 8. LAS GRANDE S MIGRACIONES:


DESARRAIGOS Y ARRAIGOS •••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••.••.••••••••.• 149

CAPÍTULO 9. LAS TRANSF O RMA CIO NE S SOCIALES:


INCLUSIONES Y EXCLUSIONES •••.••••••.•••••••••••••••.••••••••••••••.•••••••••••••••••• 169

CAPÍTULO 10. LA SITUACIÓN DE LAS MUJERES:


AVANCES Y RETROCES OS •••••••••.•••••••••••.••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••.••••• 195

CAPÍTULO 11. EL GRITO DE LAS REGIONES:


DEMANDAS Y CONFLICT OS ••••••••••••••.•••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••• 215
CAPÍTULO 12. LA CULTURA DEL NUEVO SIGLO:
PROVINCIA NA , NACIONA L E INTERNACIONA L. •••••••••••••••••••••••••••••••• 235

EPÍLOGO •..••..•••••.••••••••••..•••••...••••.•••••.••.••.•.••.•••••.••...••••••••••..••••••••••••. 255


BIBLIOGRAFÍA •••••••••.••••.•••.••.••••••••.••••••••••••••.•••••••..•••••••••.•••••••..••.••••• 263
SOBRE LOS AUTORES .•.••••••••••••••.•••••••••••.••.•••••••.•.•••.•••...•••••.•.•...•... 269
CAPÍTULO 1
LA FASE AUTORITARIA:
ANTIESTATISMO Y LIBRE
MERCADO (1990-1995)

Un nuevo régimen , aquel que redefine el rol del Estado, el mercado y


la sociedad civil, es decir, que sienta las bases de una nueva república,
tiene más probabilid ades de emerger y consolidarse en medio de una gran
crisis. Al menos eso es lo que ocurrió en el Perú en 1990.
Entre 1989 y 1990, el Perú atravesaba por una crisis econó mi ca
recesiva e inflacio naria que estalló en un momento de severo deterioro de
los partidos populistas y socialistas, y en medio de una creciente violen cia
política. En este escenario apocalíptico se inauguró, de un modo un tanto
accidental, la República Empres arial.
El nuevo régimen empezó a fraguarse en las elecciones, cuando el aún
candidato Alberto Fujimo ri propuso actuar con «mano dura» y forjó
arreglos políticos con las élites económicas nacionales e internacio na l es
para abrir el mercado y acabar con el alza de precios y las bombas . El
pueblo, golpeado brutalmente por la recesión, atemorizad o por la
violencia política, apoyó mayoritariament e esta altern at iv a.
De tal manera, el liberalis mo económico regresó con fuerza,
cancelando el periodo populista-des arro llist a que inaugurara Fema n d o
Belaunde Terry durante su primer gobierno (1963-1968 ), y que
continuaran luego Juan Ve- lasco Alvarado (1968-197 5) y Alan García
Pérez ( 1985-1990 ). De ahí en adelante, el Estado dejaba de ser el
instrumento principal de desarrollo. Era visto, en cambio, como un ogro
filantróp ico que trababa el desarrollo , obje- tivo que solo se podía log rar
promov iendo una economía de mercado y una integració n con el mu ndo .
Estos cambios, que alteraron las condiciones de vida y de trabajo de la
población, tanto en el campo como en la ciudad, se iniciaron bajo un
gobierno democráticamente elegido en 1990, pero pronto giraron en una
dirección autoritaria.

l. LA FASE AUTORITARIA j 15_


LAS ELECCIONES DE 1990
La República Empresarial nació entonces en las elecciones de 1 990 .
Fue inaugurada de forma sorpresiva porque dependía de los candidat o s ,
aunque se veía venir como una opción.
Quien debió impulsar el cambio era quien lo propuso: Mario Vargas Llo-
sa (1936). El reconocido novelista se había convertido en cabeza del
frente promercado y antiestatista al liderar un movimient o contra la
intervenció n de los bancos en 1987. Como candidato, esperaba del
electorado un manda- to liberal para hacer las reformas, acabar con el
estatismo y el populismo , e iniciar la modernidad. Cometió un erro r
táctico. En plena crisis, Vargas Llosa anunció durante la campañ a que
era hora de grandes reformas, que esas reformas causarían despidos, y
que solo el sector privado, identificad o con las grandes empres as, salvaría
al Perú. Este error fue aprovechado por sus rivales y la oposició n
populista e izquierd ista , todavía con fuerzas, para bloquear a la nueva
derecha que representaba el escritor.
A escasas tres semanas de las elecciones, Alberto Fujimo ri Fujimo r i
(1938), basta entonces un candidato desconocido, aumen tó súbitame n t e
su apoyo electoral, sobre todo en las clases bajas, alcanzando el segundo
lugar para competir por la presidencia con Varg as Llosa (Salced o ,
Tsunami).
Este cambio ocurrió así. Las percepciones de las últimas seman a s
favore- cían a Fujimori. A diferencia de su famoso rival, los electores lo
veían como un hombre del pueblo. Los independientes indecisos, y no
pocos seguidores de partidos antiguos como elApra y la Izquierda Unid a,
optaron por Fujimori.

· VOTO
PARA PRE SIDENT E Y VICE PfJ.ell;Jt!NTE S '
DE LA REPU IJ U CA - •·

-t,a
CAMBIO 90
-\l c:·�t, a
• ALtlt::R TO FW JltORl
F W IMORI

• MAXIMO SAN ROIIIAN CACl! ltEB


--..,.""'*t,,,a
•••.-
• CARLOS GARCIA GfoRC,A •.·: .t • .•

FREDEMO
-
• MARIO VARGAS LLOSA
• EDUAADO

• t;RNES'TO
.,. .
ORREGO VJLLAC ORT II
a..-.Vlc.......... .-
AI.AYZ A GRUNPY
Cédula de votación
para la segunda
vuelta de las

N01'A:,..,. c:.,...(+)oun a•pa ( x j_ .,_ . .. . ,o... ,..._ elecciones generales


de 1990.
Vargas Llosa, al igual que su rival, era nuevo en política. Hab ía
fun- dado el movimiento Libertad en 1987 para rechazar la estatiza c ió n
de la banca privada que intentara el presidente Alan García (1949-2 0 1 9 ),
y luego lanzarse a la presidencia promet iend o modern izar al Perú con
reformas de mercado en democracia. Contaba con el apoyo de partid o s
tradicion ales de centro y derecha, y con ellos creó para las elecciones el
Frente Democrático (Fredemo ). Así, además de Libert ad, este frente
incluyó al Partido Popular Cristiano y a Acción Popular (Vargas Llosa,
El pez). Esta alianza provocó que el mensaje de renovación se diluyera.
En las elecciones, Fujimo ri ob- tuvo el segundo lugar con 29% en la
primera vuelta, saltando al 62% en la segunda. A partir de esa victoria, las
fuerzas conservadoras y los promoto res del libre mercado y la mano dura
se alinearon con el nuevo gobernante, el caudillo del orden que quiso, como
otros antes, quedarse en el poder.
El gobierno de Alberto Fujimo ri destacó por ser notoriamen t e
presiden- cialista y, una vez asentado en el poder, normalizado el fis co ,
asentado el crecimient o y contenido el conflicto interno, el presidente fue
propenso a un marcado clientelis mo . Como antes Augusto B. Leguía (
1863-1932) en la dé- cada de 1920-- -o Manuel A. Odría (1896-1974) en la de
1950--, se dedicó a las obras públicas y a los programas de ayuda social. En
lo económico , a pe- sar de su actitud populista en las elecciones, abrazó sin
reservas la propuesta econó mica de su rival, aliándose silenciosamen t e
con las élites económicas .
Las reformas de mercado , empezan do con las políticas de estabili za -
ción económica, eran las recomen dadas por los organis mo s
internacion ales, aceptadas a cambio de líneas de crédito. Al menú de
recomend acion es ex- ternas se le conocía como «Consenso de
Washington». El giro conservador le permit ió establecer una alian za
nacional e internacion al con las fuerzas del mercado , quienes pronto
abandonaron a Vargas Llosa, y luego sostuvie- ron por una década al
fujimo ris mo. El presidente peruano se convirtió en uno de los
gobernantes preferidos de Washington, en discípulo estrella del Fond o
Monetario Internacion al (FMI).
Fujimo ri hizo política a su manera de modo intuitivo y autoritario ,
pero planificado; una vez tomada una decisión, atacaba por sorpresa, sin
anunciar lo que venía. Se mantuvo porque armó una mesa de cuatro patas
conservado- ra. Se trataba de una estrategia de ganar aliados fuertes en
diversos campos

l. LA FASE AUTORITARIA j 17
r del poder para sostener el nuevo régimen. La primera pata la puso la
gran
/ empresa. La segunda, la tecnocracia neo liberal (encargada de introducir un
) nuevo modelo económico privatizador y de libre mercado). La tercera, lo s
militares y la policía (comandada por el ex capitán del ejército Vladi m i r o
Montesinos, su principal aliado). La cuarta, elementos conservadores de la
Iglesia católica (preocupada por el apoyo de los evangélicos que ayudaron
a elegir al presidente y donde el obispo de Ayacucho, Juan Luis Ciprian i,
vinculado con el Opus Dei, se convertiría en un soporte importante). Este
cuádruple soporte, a su vez, le generó apoyo en algunos grandes medios de
comunicación, a quienes terminó corrompiendo en gran medida. Con todos
esos soportes, se encaramó en el poder y se presentó ante las masas como
I el caudillo salvador. Fujimori articuló, de ese modo, a las masas y las élites ,
dándole estabilidad a su mandato al ponerse en la cima del sistema político.
El giro a la derecha no fue completo en un inicio. En sus primeros meses
mantuvo algunas de sus alianzas de campaña con diversos partidos y co n
personalidades independientes y de centro izquierda, que integraron el pri-
mer gabinete. Se deshizo de ellos apenas pudo, empezando por los aseso res
económicos heterodo xos.
Con el soporte secreto y efectivo de las élites, Fujimo ri pudo tomar deci-
siones difíciles en momentos críticos, utilizando al poder ejecutivo y el apo-
yo internacion al, sobre todo de Estados Unidos y Japón, y distanciándo s e
rápidamente del Legislativo, donde el fujimorismo no contaba con mayoría.
Pero pronto Fujimori y Vladimiro Montesinos (1945), que coordinaban est a
alianza, buscarían fortalecer el poder presidencial, y controlar o interven ir
en los otros dos poderes del Estado para inaugurar una etapa conservad o ra
que generara «paz, orden y progreso». Tanto el protagonismo de Fujimori, su
audacia, como la astucia de Montesinos y el tipo de alianzas de derecha que
formó en secreto, se impusieron eventualmente sobre una oposición débil.

LA SUPERACIÓN DE LA CRISIS ECONÓMICA


Para sorpresa de muchos, Alberto Fujimo ri ganó gracias al voto popular.
La crisis del país lo encumbró al poder y, una vez resuelta, lo mantuvo en
la silla presidencial durante diez años. El año 1990 marcó, de ese modo, la
hora nona de esta nueva era.

1! 1 LA REPÚBLICA EMPRES ARIA L


ALBERTO FUJiMORI
Nació registratmente en Liroa el 28 de julio de 1938. Sus padres habrían
llegado al Perú por barco en 1934. Fujimori destacó en ta Univers idad
Nacional Agraria La Malina (UNALM) como estudiante, profesor y auto-
ridad. Egresó como ingeniero en 1963 y fue becado para estudiar Física
en Francia. En 1969, como docente de la Facultad de Ciencias, siguió
una Maestría en Matemáticas en la Universidad de Wisconsin, Estados
Unidos. En ta UNALM fue decano y luego rector entre 1984 y 1989. De
1987 a 1990 dirigió el pr grama «Concertando» en la televisión estatal,
Jo que indica un interés en la cosa pública. Entró en una nueva y agitada
fase de su vida cuando ganó sorpresivamente las elecciones de 1990.
Gobernó durante diez años, siendo reelegido dos veces luego de cam-
biar la Constitución en 1993 e interpretarla a su manera. En noviembre
de 2000 fugó del país en medio de una crisis política causada por ta difu-
sión de pruebas de corrupción. De inmediato lo vacó el Congreso. Luego
de fracasar su candidatura para el senado japonés, viajó a Chile en 2005,
intentando un retorno triunfal al Perú. El gobierno peruano pidió que lo
arrestaran, y uego consiguió su extradición. Desde 2006 cumple conde-
na por casos de corrupción,
abuso de poder y violación
de derechos humanos. A
2021 continúa encarcelado.

Alber to Fuiimori Ilanque a do por


F Iip e Ost -rlin g, pre ideare de la
Cámar a de Sena dore s. y Roberto
Ramirez del Villar. president e d •
fa Cámaro de Diputado , dando
el discurso por Fi '. H<; t> tri,t,
el 28 de julio de l 991, anónimo.
Archivo Fotogrüñ c c del Congreso
de la República .
La crisis económica del periodo 1988-1990 fue una de las peores
de nuestra historia, más dura incluso que la Gran Depresión de 1929-1930
por- que afectó a toda la población, en la ciudad y el campo, en tanto
ocurría en un país más integrado a una lógica de mercado y con menos
economía de subsistencia. Los expertos la calificaron de «crisis profunda
y prolongada», diflcilmente superable, al punto que se hablaba de un
colapso.
La figura de Fujimori y sus métodos fueron claves para asegurar el trán-
sito hacia esta nueva era económica y política. El presidente empezó
de manera democrática, pero se endureció rápidamente (Vargas Llos a,
El pez). Es posible considerar que las condiciones para fundar una
República Em- presarial con componentes de arriba y abajo de la escala
social ya estuvie- ran dadas. Mientras el país veía con sorpresa la
emergencia de esta nueva clase política representada por los outsiders,
había ocurrido, en paralelo, un profundo cambio económico
proempresarial en el pueblo durante la crisis, antes de Fujimori. En
momentos en que la población no tenía trabajo, cuan- do buscaba
desesperadamente cómo obtener ingresos, cientos de miles de peruanos
y peruanas comenzaron a producir o vender productos, a desarro- llar
negocios o buscar empleos de cualquier tipo -lo que viniera-, dentro y
fuera del país. Tenían que adaptarse y arriesgar. Por lo mismo, cuando
llegaron la apertura de la economía y el énfasis en el esfuerzo privado,
una parte crecientemente mayoritaria de la población aprobó los
cambios. Al mismo tiempo, buscaban a alguien que pusiera orden no
solo en la econo- mía, sino también en la política.
Para entender estos cambios de perspectiva, debemos considerar
que, al momento de la elección de 1990, el país pasaba por una brutal
recesión económica que venía con hiperinflación, agudizada por la fuga
de capitales (Reyna, Anunciación). El Estado sufría de una aguda crisis
fiscal manifes- tada en la caída en picada de la recaudación y las reservas
internacionales, con deudas enormes, sobre todo las externas. En ese
contexto crecieron el desempleo, la anemia y la desnutrición crónica
infantil, y comenzó la prime- ra ola migratoria de peruanos hacia el
exterior.
Fujimori enfrentó esta crisis recesiva e inflacionari a siguiendo los
con- sejos de los organismos internacionales ubicados en Washington.
Este en- foque importado de «más mercado, menos Estado» lo adoptó
formalmente

20 L
LA íl.EPÚBUCA EMPRESA RIAL
en su gira por Estados Unidos y Japón acompañado de grandes empre-
sarios. Viajó hacia Nueva York para hablar con los organismos financie-
ros internacionales y con el Council of the Americas, que representa
a las multinacionales con inversiones en América Latina y, de modo
más discreto, con el FMI. La gira continuó hacia Tokio, donde el
emperador del Japón, que tuvo la cortesía de recibirlo, le prometió ayuda
si seguía las recomendaciones del Consenso de Washington. Allí se
gestó el llamado efujishock». Según Carlos Boloña (1950-2018), al
mando del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el iniciador del
cambio de rumbo, luego de las medidas de estabilizac ión, «el país es un
paciente al que tienes que operar ahora, aunque solo tienes un cuchillo
de cocina» (Bolofia, Cambio,
24). Las reformas, por lo tanto, se adoptaron rápidamente y sin mayor
con-
sideración sobre sus consecuenc ias
sociales.
La gira en la que Fujimori se convenció de adoptar la política del shock
reflejaba sus nuevas alianzas. Estuvo organizada por dos economistas
pe- ruanos con conexiones internacionales: Hernando de Soto {1941),
ligado al Banco Mundial, y Carlos Rodríguez Pastor (1934-1995), del
Wells Fargo Bank. De Soto sugirió que Fujimori «se rodeara de técnicos
y asesores de peso» (Boloña, Cambio, 21). A partir de ese momento,
abrazó sin más las ideas ortodoxas de libre mercado, se distanció de sus
asesores heterodo- xos convocados durante la campaña, opuestos a la
política de shock de los organismos internacionales, y se rodeó de
tecnócratas pro libre mercado. Las medidas para normalizar la situación
económica y cambiar de modelo, Juego de intensas negociaciones, fueron
discutidas, prácticamente escritas, en Washington, con el FMI. Una vez
puestas en marcha, fueron aceptadas por la población como duras pero
necesarias.
Inicialmente, el FMI dudaba del nuevo gobierno y este hacía esfuerzos
por convencerlo de que merecía su apoyo. En realidad, nadie sabía quién
era Fujimori, si podía realmente gobernar un país tan inestable y violento.
El gobierno comenzó a darle confianza con el nombramiento de
tecnócratas y empresarios en el MEF y, sobre todo, cuando aprobó sin
chistar las drásticas medidas recomendadas. Estaba dispuesto a operar el
país con cuchillo de cocina, pero intuía que el pueblo estaba dispuesto al
sacrificio. Elfujishock empezó con el alza de precios, el despido de
empleados públicos, la oferta de

1. LA FASE AUTORITARIA 21
venta de empresas del Estado y la libre importación. Poco después de aplica-
da la estrategia, se frenó la espiral inflacionaria, y el gobierno empezó a reci-
bir los préstamos del FMI, necesarios para continuar con el pago de la deud a
externa y estabilizar la situación fiscal. Las inversiones vendrían después.
Los resultados comenzaron a mostrarse pronto. En 1989, el crecimien-
to del Producto Bruto Interno (PBI) fue negativo, llegando a la cifra récord
de -11, 7% anual. Mejoró un poco en 1990 con las primeras medidas de
estabilización económica, pasando a -5,4% anual. Hasta ue en .!294 el
crecimiento se dis aró hacía arriba, alcanzado una tasa réco!:_ d_de 12,2%
inual. En paralelo, la inflación comenzó a ceder. Fujimori encontró los
precios fuera de control, incrementándose a una tasa de 7649% anual, una
de las más altas del continente. Con la apertura del mercado y la Liberaci ón
de los precios, la inflación bajó finalmente a 10% en 1995, y luego se man -
tuvo en un dígito durante los añ.os siguient es.
Los pagos por el servicio de la deuda externa se reiniciaron, lo que ocu -
rrió en parte porque esa era una de las razones de los préstamos del FMI. A
partir de ese momento, los bancos internacionales respiraron tranquilos y se
prepararon para reprogramar los pagos. En paralelo, grandes inversionis t as
extranjeros y nacionales vieron la oportunidad de importar y exportar; tam-
bién de comprar empresas estatales y bonos de la deuda externa a precios ba-
jos. La Inversión Extran jera Directa empezó con la compra al mejor postor
de más de 100 empresas estatales, roceso ue se inicio en 1991. Las priv ati-
zaciones demoraron un poco, hasta que saltó con la millonaria privatizac ió n
de Telefónica del Perú en 1994.
Previa compra de terrenos a campesinos, la important e inversión aurí-
fera de Yanacocha (Cajamarca) exportó su primera barra de oro en 1992.
La desaparición de la laguna del mismo nombre quedó como testimon io de
los efectos de la minería moderna realizada a tajo abierto, o incluso subte-
rránea, sobre la agricultura tradicional y la afectación de fuentes naturales
de agua. Era un costo que no importaba.
A comienzos de la década de 1990 terminó, de ese modo, un periodo
de treinta y cinco años de paralizació n de las inversiones en grandes ya-
cimientos. Se avecinaba un b oom minero, luego vendría uno pesquero ,
seguido de otro gasífero e incluso el agrícola. También creció la economía

22 1 LA REPÚBLiCA EMPRESARIAL
urbano-fin anciera. Los préstamos privados internacio nales cornen za-
ron a fluir, al mismo tiempo que entraban bancos extranjeros al merc ad o
comprando bancos locales, ya fueran bancos estatales o pequeños ban-
cos privados. La privatización de los fondos de pensiones dio increíb les
oportunidades nuevas de inversión que atrajeron a consorcios nacionales e
internacionales, fortaleciend o el mercado de capitales. La Bolsa de Valo r es
de Lima (BVL) comenzó a activarse. Se puede decir que, en esta era, mi-
neros y banqueros se convirtieron en los nuevos dueños del Perú.
En materia de empleo e ingresos, la situación fue menos auspiciosa. Se
pagó la deuda externa pero no la deuda social. Si bien los precios se estab i-
lizaron , y se generó empleo de calidad en las grandes empresas, y con la alt a
burocracia (al crearse o fortalecerse los organismos reguladores y la ad mi -
nistración tributaria), en general el efecto fue mixto. La élite laboral y estatal
de las grandes empresas y los organismos económicos del Estado mejora r on
su situación más rápido que el resto de la burocracia y los trabajadores. Los
salarios se estabilizaron pero aumentó la precariedad laboral. Hacia 1994, un
75% de trabajadores tenía contrato temporal, contra solo un 25% de contrato
indefinido. Aquellos que no encontraban trabajo operaron en la econ o mía
informal, que alojó a la mayoría de la población laboral (alrededor de un
70%) y a cientos de miles de pequeñas y medianas empresas.
El nuevo modelo económico era, entonces, eficiente, se reducía la po-
breza --delimitada por una línea basada en ingresos mínimos-, aunque al
mismo tiempo se concentraba la riqueza (Campodónico, Proceso).

EL AUTOGOLPE Y EL APOYO
POPULAR
A poco más de un año de asumir el gobierno, Fujimori clausuró la Con -
ferencia Anual de Ejecutivos 92 (CADE). El hasta hacía poco parco
presidente se mostró decidido, incluso sarcástico, entre los grandes em-
presarios. En tono de aparente o calculada broma, afirmó que el Perú ne-
cesitaba «un emperador que gobierne diez años». Los empresarios riero n
y lo aplaudieron. La frase fue profética. Para gobernar diez años, Fujimo ri
requería concentrar el poder, cambiar las reglas del juego político, pero,
mal que bien, tenía que respetar el cronograma electoral, probarse en cad a
elección, así fuera manipulando .

1. LA FASE AUTORITARIA l 23
A comienzos de 1992 inició. entonces, una estudiada confrontación con
el Congreso, que no buscaba el enfrentamiento, aunque reclamaba sus fue-
ros. Desde 1990 se le había concedido facultades extraordinarias tres veces
consecutivas para legislar, incluyendo lo referido a la reforma tributaria.
El gesto no fue correspondido por el presidente, quien observó 12 proyec-
tos de ley enviados desde el Legislativo. Fujimori, usando el púlpito de la
presidencia, criticaba continuament e a los partidos, hablaba de corrupció n ,
de impedimentos, de frenos y obstáculos a sus urgentes labores (Cotler y
Grompone; Fujimorismo ). La agresividad se debía inicialmente a que no po-
día controlar el Congreso a consecuencia de los resultados electorales de la
primera vuelta en 1990. Su partido, Cambio 90, contaba con solo 32 de 1 80
diputados, y 14 de 62 senadores. Tenía que cerrarlo . Luego utilizó la mis ma
táctica para organizar y justificar el golpe.
El 5 de abril de 1992 atacó por sorpresa al anunciar el cierre del Congre-
so en un mensaje transmitido por televisión. Adujo que lo disolvía porque
los parlamentarios habían mantenido una «actitud irresponsable y negativ a
recortándole atribuciones para gobernar en aspectos tan importantes como la
política económica o la lucha antiterrorista». El golpe le permitió gobernar sin
Parlament o, e intervenir y también controlar el poder judicial. Luego, gracia s
a la popularidad ganada, cambiaría la Constitución e introduciría una cláus u la
de reelección ... Ser emperador diez añ.os. Había encontrado la fórmula para
mantenerse en el poder y sus soportes tecnocráticos, militares y empresaria l es ,
así como los organismos financieros internacionales, mantuvieron su apoyo.
Cambios más sutiles aunque igualmente importantes concentraron el po-
der en el Ejecutivo. En tomo al propio Fujimori, al volver a fundarse el Mi-
nisterio de la Presidencia -que ya babia existido en el primer gobierno de
Alan García- para realizar todo tipo de obras sociales y organizar su políti-
ca de generar clientelas, lo que elevaba su popularidad y le ganaba votos. En
lo económico, al convertir el MEF en un superrninisterio que controlaba al
resto con un manejo centralizado y discrecional del presupuesto, decidi e nd o
el rumbo de la política en este terreno. En los servicios de inteligencia, desde
los cuales Vladimiro Montesinos controlaba las fuerzas armadas y policia-
les, el poder judicial y las operaciones contra el narcotráfico. Gracias a su rol
en el golpe de 1992, Montesinos se convirtió en un factor clave de la nueva

241 LA REPUBLICA_: � PR ES ARIAL


estructura de poder, y su poder fue acrecentándose, hasta que, hacia finales
de la década, controlaba la prensa, el Congreso, el sistema de justicia y
hasta los nombramientos en el gabinete (Bowen, Espía).
El binomio Fujimori-Montes inos contó con el apoyo del influyent e
sin- dicato empresarial -la Confederación de Instituciones Empresariales
Pri- vadas (Confiep)-, de sectores políticos y religiosos conservadores
y de tecnócratas neoliberales, todos ellos interesados en organizar una
ofensiva contra los grupos sediciosos armados sin importar los métodos,
y de conti- nuar con las medidas en favor del libre mercado.
Las grandes potencias, Estados Unidos en particular, no condenaron
el golpe. Esgrimiendo un discurso oficial de apoyo a la democracia ,
apoyán- dose en la Organización de Estados Americanos (OEA), propus o
una salida negociada: llamar a una Asamblea Constituyente para legitimar
al gobierno.
De esa forma, la mesa de cuatro patas sostuvo al presidente. El apoyo
popular hizo el resto. En una encuesta realizada inmediatamente después
del golpe, el 71 % aprobaba las medidas contra el Congreso y 89%, la
inter- vención del poder judicial. Fujimori era visto como un samurái
victorioso.
Puede decirse que fue en
ese momento que nació
el fujimorismo como
proyecto político de
derecha popular de largo
plazo. Poco a poco, sin
habérselo propuesto, este
partido-movimiento
terminó asumiendo una
estructura de clan a raíz de
una crisis fami- liar. En 1994,
la primera dama, Susana
Higuchi ( 1948-202 l ),
denunció al presidente
por corrupción, provocando
una separación matrimonial.
Más tarde le llegó la
ambición y se
lanzó a la presidencia sin
éxito
Alberto Fujimori y su hija Keiko como primer a
y fue congresista. La dama. Archivo La República .
división

1. LA FASE AUTORITARI� 25
familiar no afectó a Alberto Fujimo ri, quien optó por llamar a su hija Keik o
para que ocupara el rol dejado por su madre. De a pocos, Keiko Fujimo r i
(1975) se fue afirmando en el puesto y encontrándole gusto a la política. Igual
sucedería con Kenji (1980), su hermano menor.
En este momento crítico de concentración del poder, en abril de 1992,
y luego en tomo a los conflictos familiares, seguidos por los intentos de
reelección permanente de Alberto Fujimori, cabeza del clan, empezó a ma-
nifestarse el antifujimo ris mo .

LA DERROTA DE LOS GRUPO S ARMADOS


A medida que la situación económica mejoraba y el gobierno obtenía apoy o
internacio nal, a comienzos de 1991, Alberto Fujimori desarrolló una política
para acabar con el conflicto armado interno. La estrategia combinaba opera-
ciones militare s con inteligencia, acciones extraju d iciales, y una táctica de
lograr apoyo en comunidades campesinas opuestas al movimiento armad o ,
dándoles alimentos y armas de bajo calibre. En lo legal, se aprobó la Ley de
Arrepentimiento, que permitía reconocer la comisión de un delito y contri-
buir con la justicia a cambio de reducir la pena, en caso de que lo señalado
condujera a eliminar o contrarrestar las acciones de los grupos armados.
Los dos grupos alzados, para ventaja del gobierno, no coordinaban por ser
rivales entre sí. Tenían diferent es orientaciones marxistas y desarrollaron dis-
tintas estrategias de guerra popular. En la ceja de selva, zona preferida de refu-
gio, operaron en territorios separados. En las ciudades, cada cual actuaba por
su cuenta. Tenían en común los ataques a policías y militares (sin faltar ejecu -
ciones), el sabotaje a instalaciones de energía eléctrica, la colocación de bom-
bas en bancos y el cobro de cupos de guerra (Gorriti, Sendero) . Si bien desde
la década anterior las poblaciones afectad as les habían puesto a sus integrante
-senderist as y emerretistas- el nombre genérico de terrucos, la economía de
ambos grupos también difería. En el caso de Sendero Luminoso, se cobraban
cupos modestos a pequeños comerciantes y empresarios en las zonas bajo su
control, y grandes cupos a narcotraficantes en la selva. En el caso del Movi-
miento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), conseguía millona rio s fondo
con el pago de rescates para liberar a empresarios secuestrados, entre quiene
se encontraban miembros de las grandes familias empresariales del país.

26 j LA REPÚBLICA EMPRESARI.M-
En esta etapa, gracias a la recuperación de la economía, al mayor orden ,
el conflicto interno fue llegando a su fin en 1992, luego de casi veinte año s
de enfrentamientos. Esa fue la mayor victoria del fujimorismo, la que le
permitiría prolongar su vida política y justificar su insaciable búsqueda del
poder apelando al fantasma del terrorismo. El Estado y los medios de co -
municación tuvieron éxito en definirlos a ambos grupos como terroristas, y
luego usaron con frecuencia el llamado «terruqueo» cada vez que surgier o n
protestas sociales en el periodo posfujirnorista.
El punto de quiebre del conflicto fueron las acciones del Grupo de In -
teligencia de la Policía Nacional (GEIN), fondado en 1990 por el anterio r
gobierno, el de Alan García, que pudo desenvolverse como una isla gracias
al apoyo de Estados Unidos. El 12 de septiembre de 1992, el GEIN lo-
gró capturar en Lima a Abimael Guzmán ( 1934-2021 ), cabeza de Sendero
Luminoso, junto con gran parte de sus cuadros directivos. Encarcelad o
el líder, Montesinos consiguió negociar con ventaja. Guzmán firmó un
acuerdo de paz que fue acatado por gran parte de su agrupación . Solo dos
pequeñas columnas lo rechazaron y a continuación se refugiaron en las

Gráfico 1: Cifras del conflicto armado interno según


el Registro Único de Víctimas, 1980-2000
12000
-- Fallecimien to
10000 -- Desaparición forz.ada
-- Secuestro
--
8000
Tortura
Desplaz.amient o forzoso
6000 - - - Violación sexual

4000

2000

Fuente: Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, Registro Único de Víctimas.

l. LA FASE AUTORITARIA 127


1992: ANNUS HORRIBILIS

Daños por aicntado e, n coche bomba entre: la. avenidas Rivera 1 1 0, arrete, Cana, al y
Merey ra � Juan de Arena. en San hidro. el 22 d 'junio de l 9Q 2. en fotografía de Óscar
M edrano para la revista Car. tus. Colección Yuyanapaq, M inisterio de ultura.

Entre enero y julio de 1992, el Partido Comunista del Perú-Sendero


luminoso desplegó su ofensiva más intensa sobre lima: detonaron 37
coches bomba y realizaron una serie de asesinatos selectivos, el prime-
ro de los cuales fue el de María Elena Moyano (1958-1992), dirigente de
Villa El Salvador, el 15 de febrero. Entre el 6 y el 9 de mayo, el gobier-
no preparó un operativo de traslado de reclusos desde el Penal Miguel
Castro Castro, el mismo que se transformó, el último de tales días, en
un conjunto de ejecuciones, con un total de 42 presos muertos, sin que
mediara ningún motín. «La Masacre de los Penales», como fue difundi-
da por la prensa, recibió la condena de las organizaciones defensoras de
los derechos humanos. La violencia continuó en los siguientes meses,
con atentados en diferentes puntos de la capital, como el realizado el 5
de junio contra las instalaciones del canal de televisión Frecuencia Lati-
na. El que cobró mayor número de víctimas ocurrió el 16 de julio, apro-
ximadamente a las 9:20 de la noche, cuando un comando senderista
hizo estallar un poderoso coche bomba en la segunda cuadra de la calle
Tarata, en el distrito limeño de Miraflores. El saldo fue de 25 muertos y
155 heridos. Dos días después de ese atentado, un comando de la muer-
te llamado «Grupo Colina», dirigido por el mayor del ejercito Santiago
Martín Rivas capturó a nueve estudiantes y un profesor de la Univer-
sidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle-la Cantuta. Eran
sospechosos de pertenecer a Sendero luminoso y de haber participado
en el atentado de Tarata. Un profesor y nueve estudiantes quedaron en
condición de desaparecidos. Dos meses más tarde, el 12 de septiembre,
el GEIN capturó a Abimael Guzmán sin disparar una sola bala en la vivien-
da del distrito de Surquillo, en lima, donde se escondía. Poco después,
Guzmán firmó un acuerdo de paz. Al año siguiente, en junio de 1993 se
encontraron los restos del grupo de estudiantes de la Cantuta enterrados
en fosas comunes
camino a Ciene-
guilla, en las afue-
ras de !a capital.

Daños por atent a do


con coche bomba
en la calle Tarata
en timflorcs. el 16
de j tlio de 9lJ'.!,
anúnim 1. rchiv o La
República.
zonas cocaleras -el Alto Huallaga y el valle de los ríos Apurímac, Ene
y Mantaro (Vraem}-, de las que obtuvieron ingresos propios. Estas dos
facciones rebeldes tenían capacidad de acción local únicament e.
Las cifras son elocuentes, como se observa en el Gráfico 1. El númer o
de fallecimientos, el indicador más dramático, tuvo un pico al inicio del
gobierno de Fujimori, bajando continuamente a partir de 1992. El «costo
social» fue entonces altísimo por la violencia extrema de ambos bandos del
conflicto: el Estado y los grupos armados .
Las acciones de lo s grupos armados muestran similar tendencia. Entre
1990 y 1992 ocurrió un promedio de 2800 ataques o atentados anuales, con-
centrados principalmente en la costa y la sierra. A partir de 1992 se dio una
caída gradual del número de los mismos: se pasó de 1918 en 1993, a 1195 en
1994, a 1232 en 1995, y para 1999 habían disminuido a 144. Las ejecuciones
extrajud iciales también disminuyeron: de 35 en 1993 y 39 en 1994, a una en
1995, desapareciendo prácticamente (Murakarni, Era).
En el caso del MRTA, el conflicto entró en su etapa final después, en t re
fines de 1996 y comienzos de 1997, con un incidente que le permitió al go-
bierno revertir una situación crítica e infligirle una derrota definitiva.
Un comando de 14 miembros de este grupo armado al mando del exsin -
dicalista Néstor Cerpa Cartolin i (1953-1997), último dirigente del MRTA en
libertad, asaltó la residencia del embajado r del Japón en el Perú, situada en el
distrito de San Isidro (Lima), el 17 de diciembre de 1996, cuando se desarro-
llaba una concurrida fiesta. Aprisionaron a 800 rehenes. Dados los proble m a s
logísticos que representaba esa cifra, dejaron ir a gran parte de los rehen es,
empezando por las mujere s, quedando incluso libres la madre y una hermana
de Fujimori. Retuvieron a 72 rehenes, entre los más importantes, como mi-
nistros y jefes de la policía. Empezó entonces una tensa y prolongada espera
de varios meses, que tuvo al país y al mundo en vilo. Fue la primera gran
crisis de rehenes reportada a nivel internacional con cámaras colocadas en los
techos que rodeaban la residencia, y podía seguirse los acontecimientos en
«tiempo real», transmitidos al mundo vía satélite y por cables.
Mientras el gobierno consideraba el pedido del comando del MRTA
-la liberación de todos los presos de ese grupo armad o--, Fujirnori y el
comando Chavín de Huántar del ejército preparaban un contrataque, que

30 1 LA REPÚBLíCA EMPRESARIAL
finalment e se realizó cuatro meses después de iniciado el secuestro, el 22
de abril de 1997. Irrump ieron sorpresivament e en el interior de la
residencia, accediendo a ella a través de un túnel cavado desde una casa
cercana, y tras colocar un explosiv o que sacó fuera de combate a un
número considerable de emerr etist as. En paralelo se inicio un ataque de
comandos que ingresaron en la residencia desde arriba y otros frentes. La
operación fue un éxito por su rapidez y el reducido número de bajas
causadas por el MRTA (murieron un rehén y un oficial del ejército). El
hecho, íntegramente televisado, generó un gran impacto político en fav o r
de Fujimo ri: fue su último gran éxito.
El brillante logro militar, sin embargo, resultó cuestionado al
conocerse que murieron todos los miembros del MRTA. Se sospechó de
ejecuciones. Nuevamente apareció el fantas ma de las violaciones de derechos
humanos que ya perseguía al gobierno y a las fuerzas del orden. Montesino s
apareció como el responsable; Fujimori, como el encubrido r; y los
comandos quedaron man- chados por la duda. Aun así, gran parte de la
población aplaudió la toma, y por un momento Fujimori y Montesino s
volvieron a gozar de una alta aprobación .
Un efecto no buscado de la operación Chavín de Huántar fue el estrecha-
miento de las relaciones entre el Japón y Fujimo ri. Se convirtió en un
héroe niséi. El gobierno japonés suspiró aliviado luego de recuperar a su
personal secuestrado y al poder dejar atrás el amargo recuerdo de su
terrible falla de seguridad. Este recuerdo le facilit aría a Fujimori usar su
doble pasaporte en el año 2000 para ser protegido en Japón al escapar del
Perú.
Antes, al reforzarse esta relación especial y discreta con el Japó n ,
Fuji- mori pudo utilizarla para integrar mejor la economía peruana co n
los mer- cados asiáticos. En 1999, nuestro país entró a formar parte de la
Asociación para la Cooperación Econó mica Asia-Pacífico (APEC) con
apoyo japonés. Los mercados peruanos, tradicionalment e orientados al
comercio y las inversiones hacia el norte y el este (Norteamérica y
Europa Occidenta l), ampliaron sus horizontes hacia el oeste (Asia).

LA CONSTITUCIÓN DE 1993
La popularidad del autogolpe del 5 de abril de 1992 se reforzó con la
cap- tura de Abimael Guzmán , la contención de la inflación y la
recuperación económica. El fujimorismo supo aprovechar este viento a fav o r
y competir

1. LA FASE AUTORITARIA 13 1
con éxito en las elecciones del Congreso Constituyente Democr át i co
(CCD). En noviemb re de 1992, Cambio 90 obtuvo 49% de los votos,
ganándole a una oposición desunida. El fujimo ris mo se había convert id o
en poco más de dos años en la principal fuerza política del país. El CCD
elaboró una nueva Constitución hasta 1993, aprobada mediante un
referéndu m con 52% de los votos a favor del «Sí» y 48% a favor del «No»,
indicio de una polarización en curso. El régimen contó con el apoyo de
Estados Unidos, potencia que no podía apoyar una dictadura abierta, pero
sí una encubierta.
La nueva Constitución puso énfasis en los derechos individuales y la
pro- piedad privada. Fortaleció al poder ejecutivo manteniendo la
legislación por decreto y autorizando una reelección presidencial; y al mismo
tiempo, creando un Congreso unicameral, elimin ando las cámaras de
Senadores y Diputados, y suprimiendo, con ello, los contrapesos
parlamentarios . La sección económi- ca recogió el concepto de econo mía
social de mercado y el pluralis mo eco- nómico, términos prestados de la
Constitución de 1979, aunque en realidad se orientaba hacia una polít ica
de libre mercado sin mayor contenido social. El Estado quedó relegad o
de la economía, limitándose a cumplir un papel subsidiario, e imped id o
de aprobar medidas que pudieran favorecer al capital nacional sobre el
extranjero. Los contratos con las grandes empresas eran ley y eso las ponía
a la altura del Estado, que perdió autoridad. No se toleraba el abuso de
posición de mercado, pero solo se actuaba cuando el hecho ocurría. Era una
Constitución ideal para los grandes empresarios.
El cambio constitucional fue otro elemento decisivo de consolidación
del fujimo ris mo; las elecciones de 1995 hicieron el resto. Lueg o
empezaro n los problemas, y se acumularo n hasta que el régimen cayó de
improviso al fugarse del país la dupla dirigente.

321 LA REFÚBLIC A EMPRESARIAL

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