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Textos Recreativos para Estudiantes

Este documento presenta una recopilación de diferentes tipos de textos recreativos organizados en secciones. Incluye 20 chistes populares, 20 adivinanzas populares, 40 refranes populares, 5 canciones, 5 historietas, 10 fábulas, 5 mitos, 5 leyendas, 2 epopeyas, 1 cuento, 10 sonetos y 1 obra de teatro. El objetivo es ofrecer diferentes géneros literarios y textos breves para entretener e informar al lector.
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Textos Recreativos para Estudiantes

Este documento presenta una recopilación de diferentes tipos de textos recreativos organizados en secciones. Incluye 20 chistes populares, 20 adivinanzas populares, 40 refranes populares, 5 canciones, 5 historietas, 10 fábulas, 5 mitos, 5 leyendas, 2 epopeyas, 1 cuento, 10 sonetos y 1 obra de teatro. El objetivo es ofrecer diferentes géneros literarios y textos breves para entretener e informar al lector.
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ANALOGIA DE LOS TEXTOS RECREATIVOS

NOMBRE DE LOS INTEGRANTES


VANESA CRUZ BLANCO
EVELYN GUADALUPE OCHOA CÁRDENAS
ERIKC DEL ÁNGEL CRUZ
ESCUELA
TELEBACHILLERATO COLONIA AZTECA
MAESTRA
ITZELH DEL ÁNGEL HERNÁNDEZ
MATERIAS
TALLER DE LECTURA Y REDACCIÓN
GRADO
2ER SEMESTRE
GRUPO
“A”
Índice
Populares
20 chistes populares……………………………..3
20 Adivinanzas populares…………………………………….6
40 Refranes populares…………………………………………9
5 canciones ………………………………………………………...15
5 Historietas………………………………………………………..26
Literarios
10 Fábulas …………………………………………………………..30
5 Mitos ...................................................................44
5 leyendas …...........................................................51
2 Epopeyas …………………………………………………………60
1 Cuento …………………………………………………………….63
Lírico
10 sonetos …………………………………………………………68
Dramático
Obra de teatro ……………………................................79
Chistes cortos de animales
1) Era un caballo tan vago, tan vago, pero tan vago, que
cuando le ponían la silla de montar, se sentaba en ella.
2) ¿Qué hace un pez en el mar? Nada, nada, nada…
3) ¿Cuál es el animal que más dientes tiene? El ratón
Pérez.
4) Va un zorro inglés por el desierto y se tropieza con un
camello. El zorro le dice:
-I’m sorry.
Y el camello le contesta:
-I’m camelli.
4) Hay dos piojos en la cabeza de un señor calvo, y uno le
dice al otro:
-Alfredo, vámonos de aquí que este terreno ya está
pavimentad.
6) Una oveja le pregunta a su mamá:
-¡Mamá, mamá!, ¿puedo ir a una fiesta?
Y la mamá le responde:
-Beeee, beeee.
7) Dos perros de caza van corriendo detrás de un taxi.
Cuando el taxi se para y lo alcanzan, uno le dice al otro:
-Ves, ¡te dije que decía “libre” y no “liebre”!
8) ¿Cuál es el animal que es dos en uno? El gato, porque es
gato y araña.
9) ¿Cuál es el último animal del mundo? El delfín.
10) ¿Qué le dice un gusano a otro gusano?
-Me voy a dar una vuelta a la manzana.
11) ¿Qué le dijo una pulga a otra pulga?
-¿Vamos caminando o esperamos al perro?
12) -Mamá, ¡me acaba de picar una serpiente!
-¿Cobra?
-¡No!, gratis.
13) Estaban un tomate y una pera en la parada de ómnibus.
El tomate le pregunta a la pera:
-¿Hace cuánto que espera?
Y la pera le responde:
-Desde que nací.
14) Cuál es la fruta que más se ríe? La naranja, ja, ja, ja
15) ¿Cuál es la fruta más explosiva? La granada.

16) Primer acto: pasa banana.


Segundo acto: pasa manzana.
Tercer acto: pasa pera.
¿Cómo se llama la obra?
No pasa naranja.
17)¿Qué le dice un limón policía a un limón sospechoso?
-¿Ácido tú?
18)¿Qué se dijo una cereza frente a un espejo?
-¿Seré eza yo?
19)¿Qué es lo peor que podés encontrar en una manzana
cuando la estás comiendo? Medio gusano.
20) es el baile favorito del tomate? La salsa.
20 adivinanzas fáciles para entretenerte
1. ¿Cuál es el animal que más tarda en quitarse
los zapatos? El ciempiés
2. No es cama ni es león y desaparece en
cualquier rincón. ¿Qué es? El camaleón
3. Puesto de una manera soy un número impar,
pero paso a ser otro si la vuelta me das. ¿Qué
número soy? El número 9
4. En todos los días de la semana me hallarás,
pero no así en domingo que me voy a
descansar. ¿Qué soy? La letra s
5. ¿Cuál es aquella bonita flor que gira, gira,
buscando el sol? El girasol
6. Tengo una larga melena, soy fuerte y muy
veloz; abro muy grande la boca y doy miedo
con mi voz. ¿Qué animal soy? León
7. Una señorita, muy señoreada, lleva sombrero
verde y blusa colorada. ¿Qué es? La fresa
8. Tiene ojos de gato, orejas de gato, patas de
gato, rabo de gato y no es un gato. ¿Qué es?
La gata
9. Como cuerda, yo amarro; como cadenas,
sujeto. Además, tengo un brazo y muchos
dedos enterrados por el suelo. ¿Qué soy? La
raíz
10. Parece un reloj de arena o el eslabón de
una cadena, ¿Qué es? El número 8
11. La última de todas soy; pero en zurdo y
zapato, primera voy ¿Qué soy? La letra z
12. Tiene ojos y no ve; corona y no es rey;
escamas y no es pez. ¿Qué es? La piña
13. Tul y no es tela; pan y no es de mesa. ¿Qué
será? El tulipán
14. Salió de casa y tropezó con una grada, y
cuando vio hacia atrás ya no había nada de
nada. ¿Qué es? La Granada
15. En un cuarto me arrinconan sin acordarse
de mí, pero pronto van a buscarme cuando
tienen que subir. ¿Qué soy? La escalera
16. Es venta y no se vende. Es Ana y no es
gente. ¿Qué es? La ventana
17. La A, anda; la B, besa, la C, reza. ¿Qué fruta
es? La cereza
18. Empieza como nota musical y termina como
ave de corral. ¿Qué es? El repollo
19. No soy triangular, menos un cuadrado.
Tampoco soy rectangular, pues el cuerpo
tengo curvado. ¿Qué soy? El círculo
20. Oro no es, plata no es, entonces dime ¿Qué
cosa es? El plátano
40 REFRANES

1. Piensa mal y acertarás.


A veces se tiende a malpensar sobre ciertas
situaciones, pero la suspicacia puede conducir
mucho más cerca de la verdad que de la paranoia.
2. Al que madruga, Dios lo ayuda.
Este refrán corto es de corte religiosos y muy
popular. Para obtener resultados en la vida hay que
hacer ciertos sacrificios.

3. Ojo por ojo, diente por diente.


Hoy es un refrán, pero esta frase formaba parte de
la Ley del Talión y la Bíblia, y da por lícita la
venganza proporcionada.

4. No es oro todo lo que reluce.


Este es un un refrán corto muy popular cuyo
significado es que no todo es lo que parece.

5. Tirar la piedra y esconde la mano.


Un refrán que hace referencia a las personas que se
las dan de inocentes a pesar de haber hecho alguna
cosa reprobable.

6. En la variedad está el gusto.


Lo que viene a decir este refrán es que hacer
siempre lo mismo puede resultar muy monótono.
7. Perro ladrador, poco mordedor.
Este refrán se dedica a quienes tratan de demostrar
algo con el habla pero no lo hacen con los hechos.

8. El que no llora no mama.


Un refrán corto que significa que hay que luchar y
no conformarse para conseguir lo que se quiere.

9. Donde manda capitán, no manda marinero.


Esta frase se usa para recordar una jerarquía y
quien tiene el poder de decisión en un grupo.

10. Quien canta, su mal espanta.


Un refrán corto y popular que significa que hay que
afrontar los miedos con atrevimiento y alegría

11. La fe mueve montañas.


Es popularmente conocido que una persona puede
llegar muy lejos siguiendo sus creencias.

12. En casa de herrero, cuchara de palo.


Ideal para designar aquellas situaciones en las que
alguien no dedica sus habilidades profesionales a
las necesidades del hogar.
13. Cría cuervos y te sacarán los ojos.
Un refrán no exento de humor que hace referencia
a lo poco agradecidos y egocéntricos que pueden
llegar a ser los hijos.

14. A caballo regalado no le mires al dentado.


Hay quienes ponen pegas incluso cuando le regalan
cosas. Este refrán viene a decir que no se puede
pretender exigir en este tipo de situaciones.

15. Hierba mala nunca muere.


Las dificultades para deshacerse de quienes no
hacen las cosas bien se expresa a través de este
refrán, aunque se utiliza a menudo con humor.

16. Barriga llena, corazón contento.


A veces la felicidad no hay que buscarla mucho más
allá de los pequeños (o grandes) placeres de la vida.

17. No hay mal que dure cien años.


En la vida seguramente la mayor constante es el
cambio, tanto para bien como para mal.
18. De tal palo, tal astilla.
Este refrán se utiliza de forma común para expresar
lo parecidos que pueden ser padres e hijos (más allá
del físico).

19. El que mucho abarca poco aprieta.


No hay duda de que no se puede hacer todo en esta
vida, y hay quienes no consiguen focalizarse en algo
porque atienden a demasiadas cosas.

20. El que calla otorga.


Una frase que advierte de que quien utiliza el
silencio como respuesta no manifiesta ninguna
objeción, lo que a la práctica significa dar
consentimiento

21. El tiempo todo lo cura, menos la vejez y la locura.


Una frase que viene a decir que todo tiene solución
en la vida menos estas dos cosas.

22. Las cosas claras y el chocolate espeso.


Así como el chocolate bueno de verdad tiene que
ser espeso, las cosas que se dicen deben ser lo
menos ambiguas posible.
23. Los toros se ven mejor desde la barrera.
Un refrán corto y popular que se utiliza para explicar
que las cosas son más fáciles si se ven desde la
distancia.

24. Del dicho al hecho hay mucho trecho.


El significado de este refrán es que de lo que se dice
a lo que se hace puede haber mucha diferencia.

25. Quien hace la ley, hace la trampa.


Un refrán que describe la situación en la que alguien
con poder burla las normas que debe seguir todo el
mundo.

26. Haz bien y no mires a quien.


Hay que actuar siempre favorablemente para todo
el mundo sin distinciones.

27. Ojos que no ven corazón que no siente.


Un refrán corto y popular aplicable a una gran
variedad de situaciones. Significa que para sentir
algo hay que verlo y tenerlo cerca.
28. Lo que no mata engorda.
Este es un refrán corto popular muy conocido, y
describe una actitud en la vida basada en la acción.

29. A palabras necias, oídos sordos.


No hay que dejar que palabras dichas desde la
ignorancia puedan llegar a herirnos.

30. El que ríe último, ríe mejor.


Este refrán se utiliza cuando alguien celebra de mala
manera algo sin que se tenga por seguro que algo
no va a cambiar

31. La música amansa las fieras.


A veces es oportuno tener en cuenta que la música
tiene la capacidad de dar tranquilidad.

32. Al pan, pan, y al vino, vino.


Este refrán corto y popular significa que las cosas
deben decirse de forma clara y por su nombre.

33. Más sabe el diablo por viejo, que por diablo.


Este dicho popular viene a decir que la experiencia
es un grado, y que en ciertas situaciones puede
saberse algo gracias a ella y no por ser un
especialista.

34. El que tiene boca se equivoca.


Es humano opinar y equivocarse, por lo que hay que
tener en cuenta que esto siempre puede pasarle a
cualquiera.

35. A falta de pan, buenas son tortas.


Hay que ser conformista en ciertas situaciones, pues
a pesar de no tener lo que se quería en realidad hay
que ser práctico.

36. Lo prometido es deuda.


Este refrán reivindica que cuando se da la palabra
sobre algo hay que ser consecuente con ello.

37. Al mal tiempo, buena cara.


La actitud no debe perderse nunca. Contra las
adversidades no hay nada mejor que la buena
predisposición para superarlas.

38. Más vale estar solo que mal acompañado.


Un refrán corto muy popular cuyo significado no
deja lugar a dudas.
39. Cree el ladrón que todos son de su condición.
Hay quien piensa que todo el mundo se comporta
de una forma reprobable, lo que a su vez tiende a
usarse como justificación.

40. Allá donde fueres haz lo que vieres.


5 Canciones infantiles
Cucú, cantaba la rana
Cucú, cucú, cantaba la rana,
Cucú, cucú, debajo del agua.

Cucú, cucú, pasó un marinero


Cucú, cucú, llevando romero.

Cucú, cucú, pasó una criada


Cucú, cucú, llevando ensalada.

Cucú, cucú, pasó un caballero,


Cucú, cucú, con capa y sombrero.

Cucú, cucú, pasó una señora,


Cucú, cucú, llevando unas moras.

Cucú, cucú, le pedí un poquito,


Cucú, cucú, no me quiso dar,
Cucú, cucú, me puse a llorar.
Que llueva, que llueva
Que llueva, que llueva
La Virgen de la Cueva
Que llueva, que llueva
La Virgen de la Cueva
Los pajaritos cantan,
Las luna se levanta.

Que llueva, que llueva


La Virgen de la Cueva
Que llueva, que llueva
La Virgen de la Cueva
Los pajaritos cantan,
Las luna se levanta.

¡Que sí, que no,


Que caiga un chaparrón!
¡Que sí, que no,
Le canta el labrador! (bis)
A mi burro le duele
A mi burro, a mi burro
Le duele la cabeza
Y el médico le ha dado
Una gorrita gruesa
Una gorrita gruesa
Mi burro enfermo está.

A mi burro, a mi burro
Le duelen las orejas
El médico le manda
Que las ponga muy tiesas
Una gorrita gruesa
Mi burro enfermo está.

A mi burro, a mi burro
Le duele la garganta
El médico le manda
Una bufanda blanca
Una bufanda blanca
Que las ponga muy tiesas
Una gorrita gruesa
Mi burro enfermo está.

A mi burro, mi burro
Le duele el corazón
El médico le manda
Jarabe de limón
Una bufanda blanca
Que las ponga muy tiesas
Una gorrita gruesa
Mi burro enfermo está.

Yo tenía 10 perritos
Yo tenía diez perritos,
Yo tenía diez perritos.

Uno se perdió en la nieve.


Nada más me quedan nueve.
De los nueve que quedaban (bis)
Uno se comió un bizcocho.
Nada más me quedan ocho.

De los ocho que quedaban (bis)


Uno se subió a un cohete.
Nada más me quedan siete.

De los siete que quedaban (bis)


Uno se tragó un ciempiés.
Nada más me quedan seis.

De los seis que quedaban (bis)


Uno se mató de un brinco.
Nada más me quedan cinco.

De los cinco que quedaban (bis)


Uno se perdió en un teatro.
Nada más me quedan cuatro.
De los cuatro que quedaban (bis)
Uno se lo llevó Andrés.
Nada más me quedan tres.

De los tres que me quedaban (bis)


Uno se murió de tos.
Nada más me quedan dos.

De los dos que me quedaban (bis)


Uno se lo llevó Bruno.
Nada más me queda uno.

De ese uno que quedaba


Lo mató una bicicleta
Y quedó el pobre aplastado debajo de la baqueta.

Aquí se acaba la historia


De los perros que perdí
Y si usted no lo ha entendido
Se la vuelvo a repetir.
La vaca lechera
Tengo una vaca lechera
No es una vaca cualquiera
Me da leche merengada
¡Ay que vaca tan salada!
Tolón tolón, tolón tolón.

Un cencerro le compraron
Y a mi vaca le ha gustado
Se pasea por el prado
Mata mosca con su rabo
Tolón tolón, tolón tolón.

Que felices viviremos


Cuando vengas a mi lado
Con sus quesos, con tus besos,
Los tres juntos, ¡que ilusión!

Tengo una vaca lechera


No es una vaca cualquiera
Me da leche merengada
¡Ay que vaca tan salada!
Tolón tolón, tolón tolón.
5 historietas
10 FABULAS
La zorra y la cigüeña
Cuenta la historia que una zorra invitó a una
cigüeña a comer en su casa, pero cuando esta
llegó, se encontró con que la zorra había servido
sopa en platos hondos. De ese modo, se
aseguraba que la cigüeña no pudiera comer.

La cigüeña se entristeció, pero no dijo nada. A la


primera oportunidad, convidó a la zorra a su
casa. Esta vez, le sirvió jigote en un recipiente de
cuello largo y estrecho, en el que la zorra no
podía meter su hocico. La zorra no pudo más que
resignarse, mientras la cigüeña decía:

—Amiga, me hiciste pasar hambre


deliberadamente cuando me invitaste a tu casa,
y hoy has sido tratada de la misma manera en
que me trataste.
2. Tío tigre y Tío conejo
En una mañana cálida, Tío Conejo recolectaba
zanahorias para preparar su comida preferida,
cuando escuchó por cerca de él un gran rugido
que lo asustó. Era Tío Tigre, que estaba buscando
algo para cazar. Tío Tigre era un felino grande y
fuerte, que atemorizaba a los animales
pequeñitos del monte, pero no al astuto Tío
Conejo, conocido en todas partes por su ingenio.

Al ver a Tío Conejo, Tío Tigre exclamó:

—¡Te encontré, Tío Conejo! No podrás escapar


de mí esta vez, y serás mi almuerzo del día.

Pero Tío Conejo no estaba dispuesto a dejarse


comer, así que comenzó a pensar en una
solución. Miró alrededor y divisó en la cima de
una colina unas grandes rocas, y tuvo una idea.
Entonces, le dijo a Tío Tigre:
—Yo soy una presa pequeña y con poca carne.
¿Para qué conformarte conmigo cuando puedes
obtener un banquete mayor y más suculento,
siendo tú tan grande y fuerte? Verás, en la colina
hay un rebaño de vacas. Puedo subir hasta allá
rápidamente y lanzarte una novilla para ti.

Tío Tigre alzó la mirada y, como la luz del sol le


daba directo en los ojos, solo pudo divisar la
sombra de unos bultos a lo lejos. Confiado en las
palabras de Tío Conejo, a quien tomaba por débil
y cobarde, aceptó la oferta.

Ni corto ni perezoso, Tío Conejo subió a la colina


y arrastró una de las pesadas rocas hasta el
borde del precipicio, y desde allí gritó a Tío Tigre:

—¡Tío Tigre, abre los brazos para que agarres a la


novilla!
Entonces el gran y feroz Tío Tigre abrió sus
brazos, y la roca le cayó encima, dejándole un
enorme chichón en su cabezota que le impidió
cazar por varios días. Y una vez mñas, a Tío
Conejo lo salvó su astucia y no la fuerza bruta.
3. El lobo con piel de oveja
Pensó un día un lobo cambiar su apariencia para
así facilitar la obtención de su comida. Se metió
entonces en una piel de oveja y se fue a pastar
con el rebaño, despistando totalmente al pastor.
Al atardecer, para su protección, fue llevado
junto con todo el rebaño a un encierro,
quedando la puerta asegurada.
Pero en la noche, buscando el pastor su
provisión de carne para el día siguiente, tomó al
lobo creyendo que era un cordero y lo sacrificó al
instante.
4. La zorra y el león
Un anciano león, incapaz ya de obtener por su
propia fuerza la comida, decidió hacerlo usando
la astucia. Para ello se dirigió a una cueva y se
tendió en el suelo, gimiendo y fingiéndo que
estaba enfermo. De este modo, cuando los otros
animales pasaban para visitarle, los atrapaba
inmediatamente para su comida.
Habían llegado y perecido ya bastantes animales,
cuando la zorra, adivinando cuál era su ardid, se
presentó también, y deteniéndose a prudente
distancia de la caverna, preguntó al león cómo le
iba con su salud.
- Mal -contestó el león, invitándole
amablemente a entrar.
- Claro que hubiera entrado –le dijo la zorra—
si no viera que todas las huellas entran, pero
no hay ninguna que llegara a salir.
Moraleja
Siempre advierte a tiempo los indicios del
peligro, y así evitarás que te dañe.

5. La rana y la gallina
Desde su charco, una parlera rana
Oyó cacarear a una gallina.
«¡Vaya! -le dijo-; no creyera, hermana,
Que fueras tan incómoda vecina.
Y con toda esa bulla, ¿qué hay de nuevo?»
«Nada, sino anunciar que pongo un huevo».
«¿Un huevo sólo? ¡Y alborotas tanto!»
«Un huevo sólo, sí, señora mía.
¿Te espantas de eso, cuando no me espanto
De oírte cómo graznas noche y día?
Yo, porque sirvo de algo, lo publico;
Tú, que de nada sirves, calla el pico».

Moraleja
Al que hace hago se le puede perdonar que lo
pregone; el que nada hace, debe callar.

El viejo, el niño y el burro.


Un viejo y un niño viajaban de pueblo en pueblo
en compañía de un burrito de carga. Cuando
pasaban por el primero de los pueblo,
comenzaron a escucharse los rumores de las
voces de la gente que decían:
—¡Vaya par de tontos! Tienen un burro y andan
a pie por el camino.
Al oírlos, el viejo se sintió mal, y decidió prestar
atención a tales palabras. Entonces, subió al niño
al borrico y continuaron el trayecto.
Al llegar al siguiente pueblo, el niño llamó la
atención de un campesino que los habitantes.
Señalando a los viajantes, un campesino
comentó:
—¡Qué niño tan desconsiderado! Siendo joven y
con energía, permite que el viejo camine y se
fatigue.
El viejo y el niño se quedaron pensando, así que
decidieron cambiar de lugar. Mientras el niño
caminaba y el viejo iba montando el burro,
llegaron al tercer pueblo. Allí, la gente empezó a
murmurar:
—¡Vaya viejo maltratador, perezoso y egoísta!
Lleva al pobre niño caminando incansablemente
bajo el sol.
Entonces el viejo y el niño decidieron montar
juntos al animal y así llegaron al cuarto pueblo.
Estando allí, un hombre se les acercó y les dijo:
—¿Es suyo ese burrito?
—Sí — respondió el viejo.
—Pues no parece, a juzgar por la forma en que lo
sobrecargan y lo agotan. Deberían ser ustedes
quienes cargaran con la pobre criatura.
El viejo y el niño se sentaron a pensar y se les
ocurrió atar las patas del burro, ensartar un palo
entre ellas y montarlo sobre sus hombros para
llevar al burro.
La gente se quedó sorprendida al ver semejante
tontería, así que siguieron al viejo y al niño.
Cuando llegaron al puente más cercano, las
voces de la multitud comenzaron a molestar al
burro que, haciendo uso de su fuerza, luchó y
luchó con las cuerdas hasta soltarse y, sin
quererlo, cayó por el puente abajo hasta caer en
el río. El burro se sobrepuso, nadó, salió del río y
huyó por los caminos del campo.
Solo entonces el viejo entendió que, por querer
dar gusto a todos, actuó sin sentido común y
perdió su bien más preciado.
Moraleja
Por más que intentes agradar a todos, nunca lo
lograrás.

La gallina de los huevos de oro

Érase una gallina que ponía


Un huevo de oro al dueño cada día.
Aún con tanta ganancia, mal contento,
Quiso el rico avariento
Descubrir de una vez la mina de oro,
Y hallar en menos tiempo más tesoro.
Matóla; abrióla el vientre de contado;
Pero después de haberla registrado
¿qué sucedió? Que, muerta la gallina,
Perdió su huevo de oro, y no halló mina.
¡Cuántos hay que teniendo lo bastante,
Enriquecerse quieren al instante,
Abrazando proyectos
A veces de tan rápidos efectos,
Que sólo en pocos meses,
Cuando se contemplaban ya marqueses,
Contando sus millones,
Se vieron en la calle sin calzones!
Moraleja
El avaro que se desespera por la riqueza, se
arriesga a perderlo todo.
Las moscas
De un panal se derramó su deliciosa miel, y las
moscas acudieron ansiosas a devorarla. Y era tan
dulce que no podían dejarla. Pero sus patas se
fueron prendiendo en la miel y no pudieron alzar
el vuelo de nuevo. Ya a punto de ahogarse en su
tesoro, exclamaron:
- ¡Nos morimos, desgraciadas nosotras, por
quererlo tomar todo en un instante de placer
Moraleja
Toma siempre las cosas más bellas de tu vida con
serenidad, poco a poco, para que las disfrutes
plenamente. No te vayas a ahogar dentro de
ellas.

La tortuga y el águila
Una tortuga que se recreaba al sol, se quejaba a
las aves marinas de su triste destino, y de que
nadie le había querido enseñar a volar.
Un águila que paseaba a la deriva por ahí, oyó su
lamento y le preguntó con qué le pagaba si ella la
alzaba y la llevaba por los aires.
- Te daré – dijo – todas las riquezas del Mar
Rojo.
- Entonces te enseñaré a volar – replicó el
águila.
Y tomándola por los pies la llevó casi hasta las
nubes, y soltándola de pronto, la dejó ir, cayendo
la pobre tortuga en una soberbia montaña,
haciéndose añicos su coraza. Al verse
moribunda, la tortuga exclamó:
- Renegué de mi suerte natural. ¿Qué tengo
yo que ver con vientos y nubes, cuando con
dificultad apenas me muevo sobre la tierra?
Moraleja
Si fácilmente adquiriéramos todo lo que
deseamos, fácilmente llegaríamos a la desgracia.
10. El Trigo
Asomaba el sol primaveral, y bajo sus caricias iba
madurando el trigal inmenso. Los granos
hinchados, gruesos, pesados, apretados en la
espiga rellena, hacían inclinar los tallos, débiles
para tanta riqueza, y el trigal celebraba en un
murmullo suave su naciente prosperidad.
A sus pies, le contestó una vocecita llena de
admiración para sus méritos, alabándolos con
entusiasmo. Era la oruga que, para probarle su
sinceridad, atacaba con buen apetito sus tallos.
Llegó una bandada de palomas, y exclamaron
todas: «¡Qué lindo está ese trigo!» y el trigal no
podía menos que brindarles un opíparo festín, en
pago de su excelente opinión.
Y vinieron también numerosos ratones, mal
educados y brutales, pero bastante zalameros
para que el trigal no pudiera evitar
proporcionarles su parte.
Después vinieron a millares, mixtos graciosos,
pero chillones y cargosos, que iban de un lado
para otro, probando el grano y dando su
apreciación encomiástica.
Y no faltaron gorriones y chingolos que con el
pretexto de librar al trigal de sus parásitos, lo
iban saqueando.
Y cuando el trigo vio a lo lejos la espesa nube de
langosta que lo venía también a felicitar, se
apresuró en madurar y en esconder el grano.

Moraleja
La prosperidad, a veces, trae consigo tantas
amistades que se vuelven plaga.
5 Mitos populares
El quinto sol y la creación del mundo
Tecuciztecatl, un dios soberbio, se prestó
enseguida. Sin embargo, los dioses querían elegir
otro contrincante más humilde, este fue
Nanahuatzin. Ambos debían realizar una
ofrenda, el primero, ofreció elementos
grandiosos. El segundo, tenía materiales de poco
valor para ofrecer.
En el momento del sacrificio, debían saltar al
fuego. Tecuciztecatl fue el primero en intentarlo,
aunque el miedo lo dejó parado. Después fue
Nanahuatzin, quién se precipitó al fuego sin
pensarlo. Al ver su valor, Tecuciztecatl también
se lanzó al fuego.
Durante un tiempo los dioses aguardaron a que
alguno de ellos se viera en el cielo. Pronto, se
hizo la luz en el cielo y vieron surgir por el este a
Nanahuatzin como Tonatiuh, el que sería el
quinto sol.
El mito de Pandora
Cuando Prometeo enseño el uso del fuego a los
hombres, Júpiter quiso vengarse por ello. Para
eso, mandó a los dioses que crearan una mujer
dotada con todas las cualidades: la belleza, el
don de la palabra, el talento, la curiosidad, la
sabiduría. Esta sería Pandora, en cuyo corazón
también se escondía el mal y el engaño.
Pandora fue enviada como regalo de los dioses a
Epimeteo, hermano de Prometeo, quien desoyó
las advertencias de su hermano de no aceptar
nada de los dioses. Epimeteo se casó con ella y,
como regalo de boda, Júpiter les dio una caja que
nunca debían abrir.
Pandora no pudo resistirse y un día miró qué
había dentro de aquel objeto. Entonces todos los
males se escaparon, consiguiendo solo quedarse
la esperanza dentro del cofre
Rómulo y Remo y la fundación de Roma
Cuando Rea Silva, hija de Numitor, dio a luz a los
gemelos Rómulo y Remo, el tío de esta los
mandó arrojar al Río Tiber. Amulio había
destronado a Numitor y las criaturas suponían un
peligro para su reinado.
Los dos pequeños fueron recogidos y
amamantados por una loba en la orilla del río.
Después fueron rescatados por unos pastores.
Años más tarde, su abuelo los reconoció y, tras la
muerte de Amulio volvió a recuperar su reinado.
Pronto, Rómulo y Remo decidieron levantar una
ciudad cerca del lugar donde habían sido
salvados. Más tarde, los buitres decidieron que el
futuro rey tendría que ser Rómulo. Este trazó los
límites de la ciudad y advirtió que nadie debía
cruzarlos. Remo eludió la orden de Rómulo,
entonces se desató una lucha entre ambos que
saldó con su vida.
El nacimiento de Hércules
Zeus, fascinado por una mujer llamada Alcmena.
La muchacha era la esposa de Anfitrión, quien se
había marchado por un tiempo para combatir en
Tebas. Zeus decidió aprovechar la ausencia del
marido de Alcmena para bajar a la tierra,
disfrazado de Anfitrión. Pronto, la joven quedó
embarazada y dio a luz a dos niños: uno hijo de
su marido y otro era hijo de Zeus.
Hera, esposa de Zeus, se enojó tanto que cuando
nació el pequeño Hércules envió dos serpientes a
la cuna para que lo mataran. Sin embargo, el
pequeño las estranguló, dejando constancia
desde bebé de su poderosa fuerza.
En otra ocasión, Zeus ordenó a Hermes poner al
bebé en el regazo de Hera mientras esta dormía
para amamantarlo, de esta forma Hércules
ganaría la inmortalidad. Tanta fue la fuerza del
bebé al ser amamantado que, al despertar Hera,
un chorro de la leche dio lugar a la Vía Láctea.
Ícaro y Dédalo

Cuando Dédalo y su hijo Ícaro estaban


encerrados en el laberinto por órdenes de
Minos, Dédalo fabricó unas alas para él y otras
para su hijo confeccionadas con cera y plumas.
Gracias a su invento, ambos consiguieron
escapar del laberinto volando. Pero antes,
Dédalo le advirtió a su hijo que no volara
demasiado bajo para que el mar no dañara las
alas, ni demasiado alto para que la cera no se
derritiera.
Una vez en el aire, Ícaro desoyó el consejo de su
padre y se elevó cada vez más. Pronto sus alas
comenzaron a derretirse, después se precipitó al
mar Egeo y murió.
Cuando acontezca el Fimbul, uno de los inviernos
más fríos, tendrá lugar el Ragnarök. Según el
mito este invierno durará tres años y no habrá
calor en la tierra. A partir de ese momento,
tendrá lugar un invierno tras otro.

Ragnarök

Los dioses lucharán contra sus hijos y también


tendrán lugar diferentes edades: el hacha, la
espada y la muerte. El lobo Skoll, hijo de Fenrir,
se deborará al sol y el lobo Hati terminará con la
luna. En consecuencia, sucederan diferentes
terremotos y caerán las cadenas montañosas y
los árboles. Esto hará que el lobo Fenrir quede
liberado de sus cadenas, entonces devorará todo
a su paso.
Por otro lado, la serpiente Jörmungander sacará
todo el veneno que lleva dentro contaminado el
aire. El barco Náglafar, hecho con uñas de
muertos, emergerá del agua y todos los gigantes
seguirán las órdenes de Hrym el capitán de la
nave.
Cuando el cielo se rompa, descenderán los hijos
de Muspell, quienes estarán dirigidos por Surtr,
soberano del reino del fuego.
Heimdal tocará la trompeta para reunir a los
Aesir y los Vanir para el combate final. Odín
luchará contra Fenrir, y esta lo matará. Thor
enfrentará a la serpiente Jömungander, quien
después terminará con su vida.
Vidar, hijo de Odín, vengará la muerte de su
padre acabando con Fenrir. Loki y Heimdal
terminarán mutuamente con sus vidas. Surtr
destruirá a Frey y, tras esto, el océano cubrirá la
tierra y también será el fin de los dioses. Solo
sobrevivirán Líf y Lífthrasir un hombre y una
mujer que procrearán y repoblarán el nuevo
mundo, cuando este emerja de nuevo del mar.
5 leyendas populares

La llorona
A mediados del siglo XVI en la ciudad de México,
que en ese entonces fue denominada por los
españoles como la capital de la Nueva España,
existió una mujer indígena que se enamoró
perdidamente de un caballero español, con
quien ilusionada quiso formar una familia
procreando tres hijos.
Sin embargo, para el hombre las diferencias
sociales pesaron más que el amor que ella le
tenía y la abandonó para casarse con una
adinerada mujer española. La mujer indígena
llena de tristeza y enojo se ve inmersa en una
tragedia en la que pierde a sus hijos y ella muere.
Desde entonces, todas las noches su alma en
pena recorría la ciudad entre las distintas
callejuelas hasta la plaza mayor, con sus
vestiduras blancas y un velo que cubría su rostro
fúnebre, lanzando un grito angustioso que
repetía una y otra vez a lo largo de la noche,
buscando en vano a sus hijos hasta desaparecer
entre las sombras.
– ¡Aaaaaaaay mis hijos… aaaaaaaay mis hijos!
Nadie se atrevía a salir de sus casas, ni los que
presumían de ser valientes, pues el miedo se
apoderaba de cada habitante de la ciudad al
llegar la noche acompañada de los lamentos de
la mujer a la que ya todos escuchaban.
El callejón del beso
es una historia que habla del amor
verdadero… una joven era cortejada por
un joven minero; el padre de la bella
joven, no consentía ese amor; así que la
encerró y amenazó con casarla con un
anciano de la nobleza, únicamente por su
dinero.

La joven tenía una dama de compañía,


quien la apoyaba en todo momento; así,
planearon que la dama llevaría la noticia al
joven con el desafortunado suceso de todo
lo que estaba pasando.
Mil cosas pensó el joven enamorado, pero
hubo algo que le pareció más acertado,
una de las ventanas de la casa de su
amada, daba hacia un callejón angosto, tan
estrecho que era posible, desde la ventana,
tocar con la mano la pared de enfrente.
Así, compro la casa frente a la de su
amada, a precio de oro.
De balcón a balcón se encontraban los
jóvenes enamorados; pero, un día, desde
el fondo de la habitación se escucharon
frases violentas, era el padre que en un
arranque de violencia, clavó una daga en el
pecho de su hija. El joven desde el otro
balcón, sujetó la mano tierna de su amada
cada vez más fría, y finalmente la besó.
Hoy en día, esta es una leyenda muy
famosa en un callejón de la hermosa
ciudad de Guanajuato donde se dice: “la
pareja que visite este sitio y se dé un beso
desde el tercer escalón logrará su felicidad
durante 7 años.” Si en caso contrario, la
pareja no se besa, son 7 años de mala
suerte. Para las personas que no llevan
pareja, no pesa ninguna maldición, pero
recomiendan que busquen pareja rápido y
al encontrarla, visiten juntos el Callejón del
Beso.

El Silbón
“Si escuchas cerca los silbidos, el Silbón está lejos y no
hay peligro; si los escuchas lejos, no tienes
escapatoria, el Silbón está cerca y corres peligro”
En los Llanos Orientales, hace muchos años, vivía un
joven al que apodaban El Silbón porque silbaba y
silbaba todo el día mientras caminaba e iba de cantina
en cantina desperdiciando su tiempo. Este joven era
malcriado, mimado y consentido por su familia, hasta
el punto que todo capricho que quería, se lo
cumplían. Un día, enfadado porque no le gustó la
comida que sirvieron en la mesa, obligó a su padre a
buscar un venado y cazarlo para sacarle las vísceras y
cocinarlas. Su padre se fue en busca de este, pero tras
un largo día de caza no encontró nada y llegó a la casa
con las manos vacías. El joven Silbón al ver que su
padre no le cumplió su capricho, en un momento de
ira y bajo los efectos del alcohol, golpeó brutalmente
a su progenitor, luego tomó su escopeta y sin medir
las consecuencias de sus actos, lo mató de un tiro en
la cabeza, con un cuchillo le saco las vísceras y
entrañas, y las empacó en un pedazo de camisa y las
llevó a su casa.
Al llegar a su casa, entregó las asaduras a su abuela
para que las preparara; ella le preguntó que de dónde
las había sacado, y este sin remordimiento alguno
respondió: “El inepto de mi padre no logró, ¡hic!,
cazar al venado, así que yo le arranqué sus vísceras
para saciar mi hambre, ¡hic!.
Su familia, abrumada ante tan aterradora noticia, lo
ató a un árbol y lo torturó con latigazos en
reprimenda por sus malévolos actos, aplicándole sal y
ají picante en sus heridas para que su dolor fuera aún
más desesperante. Posteriormente, fue exiliado y su
abuela lo maldijo condenándolo a vivir vagando por la
llanura: “Maldito serás para toda la eternidad,
tendrás que vagar por la llanura cargando los huesos
de tu padre en tu espalda y el perro tureco te irá
mordiendo los talones a donde quiera que vayas.
Desde ese momento, el Silbón se convirtió en un alma
errante que murió en soledad. Muchos de los llaneros
que lo han visto dicen que es un temible espanto de
seis metros que camina mientras emite su
escalofriante silbido, y lleva en su espalda, dentro de
un saco viejo y harapiento, los huesos de su
desafortunado padre, mientras busca en las noches a
borrachos y mujeriegos para succionarles el ombligo e
ingerir el licor que estos hayan bebido. Cuenta la
leyenda también que suele escoger una casa y
sentarse en la esquina de la misma a contar los
huesos de su saco mientras entona su silbido, si varios
miembros de la casa logran escucharlo no pasa nada,
pero si no lo oyen, una de las personas de ese hogar
amanece muerta .
El sombreron
Era un hombre viejo que vestía de negro y se ponía un
gran sombrero del mismo color; montaba un audaz
caballo también negro que se confundía con la noche,
no hablaba con nadie y a nadie le hacía daño;
aparecía y desaparecía como por encanto.
Dicen que al anciano se le podía encontrar en las
orillas del camino, y aunque hace mucho tiempo que
murió, la gente sigue sintiendo su presencia.
Físicamente se le describe como un hombre anciano,
con un sombrero grande, bien vestido, de rostro
opaco y en actitud de observación permanente.
Las personas que lo han visto aseguran que lo
acompañan dos enormes perros negros cogidos por
gruesas cadenas. Los trasnochadores que lo han visto
o a quienes se les ha presentado, dicen ver la figura
que les sale al camino, los hace correr y les va
gritando cosas para asustarlos.
Siempre persigue a los borrachos, a los peleadores, a
los trasnochadores, los jugadores y a los tramposos.
Aprovecha los sitios solitarios. Cuentan que en noches
de luna llena es fácil confundirlo con las sombras que
proyectan las ramas y los arbustos. Llega siempre de
noche a todo galope, acompañado de un fuerte
viento helado y desaparece rápidamente.
El Sombrerón fue famoso en el departamento de
Antioquia, en la época de 1.837, cuando recorría
todas las calles. Aparecía cuatro o cinco viernes
seguidos, volvía a aparecer uno o dos meses después.
“Parece que fuera el Sombrerón, el espanto propio de
Medellín”.
También hay historias de sus andanzas en otras
regiones colombianas como el Tolima, el Huila y al
oriente del Valle del Cauca. Se le denomina como El
Jinete Negro y se le describe en forma muy similar a
como se ha descrito aquí.
Leyenda del nahual corta
Cuenta la leyenda que una noche unos hombres
salieron a las 2 am de la pulquería en Santa Ana
Chiautempan, Tlaxcala, aquella era una noche fría y
cerrada de invierno.
¡De pronto! En una vereda cercana, un amenazante y
enorme lobo negro con grandes fauces les cerró el
paso
Uno de aquellos rancheros desenfundó su pistola y le
pegó un tiro en una pata, el lobo herido alcanzó a
huir.
Espantados, volvieron a la pulquería y el encargado
les relató que ese lobo en realidad era un hombre
muy rico que vive en el pueblo.
El cual había hecho pacto con el diablo, que por las
noches se convierte en animal para robarse el
ganado, era el temido nahual.
Horrorizado les dijo que muy seguramente ese
hombre por la mañana después de curase la herida,
luego iría a echarse unos pulques ahí mismo.
Al oír esto a aquellos hombres se les bajó la
borrachera.
2 Epopeyas
La Ilíada, Homero
“1 Canta, oh diosa, la cólera del Pélida Aquiles; cólera
funesta que causó infinitos males a los aqueos y
precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes,
a quienes hizo presa de perros y pasto de aves -
cumplíase la voluntad de Zeus- desde que se
separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el
divino Aquiles.
8 ¿Cuál de los dioses promovió entre ellos la
contienda para que pelearan? El hijo de Leto y de
Zeus. Airado con el rey, suscitó en el ejército maligna
peste, y los hombres perecían por el ultraje que el
Atrida infiriera al sacerdote Crises. Éste, deseando
redimir a su hija, se había presentado en las veleras
naves aqueas con un inmenso rescate y las ínfulas de
Apolo, el que hiere de lejos, que pendían de áureo
cetro, en la mano; y a todos los aqueos, y
particularmente a los dos Atridas, caudillos de
pueblos, así les suplicaba:
17 -¡Atridas y demás aqueos de hermosas grebas! Los
dioses, que poseen olímpicos palacios, os permitan
destruir la ciudad de Príamo y regresar felizmente a la
patria! Poned en libertad a mi hija y recibid el rescate,
venerando al hijo de Zeus, a Apolo, el que hiere de
lejos.”
2. La Odisea, Homero
“Y cuando se mostró Eos, la que nace de la mañana, la
de dedos de rosa, al punto el amado hijo de Odiseo se
levantó del lecho, vistió sus vestidos, colgó de su
hombro la aguda espada y bajo sus pies, brillantes
como el aceite, calzó hermosas sandalias. Luego se
puso en marcha, salió del dormitorio semejante a un
dios en su porte y ordenó a los vocipotentes heraldos
que convocaran en asamblea a los aqueos de largo
cabello; aquéllos dieron el bando y éstos comenzaron
a reunirse con premura. Después, cuando hubieron
sido reunidos y estaban ya congregados, se puso en
camino hacia la plaza -en su mano una lanza de
bronce-; mas no solo, que le seguían dos lebreles de
veloces patas. Entonces derramó Atenea sobre él una
gracia divina y lo contemplaban admirados todos los
ciudadanos; se sentó en el trono de su padre y los
ancianos le cedieron el sitio.
A continuación comenzó a hablar entre ellos el héroe
Egiptio, quien estaba ya encorvado por la vejez y sabía
miles de cosas, pues también su hijo, el lancero
Antifo, había embarcado en las cóncavas naves en
compañía del divino Odiseo hacia Ilión de buenos
potros; lo había matado el salvaje Cíclope en su
profunda cueva y lo había preparado como último
bocado de su cena.
Aún le quedaban tres: uno estaba entre los
pretendientes y los otros dos cuidaban sin descanso
los bienes paternos. Pero ni aun así se había olvidado
de aquél, siempre lamentándose y afligiéndose.
Derramando lágrimas por su hijo levantó la voz y dijo:
«Escuchadme ahora a mí, itacenses, lo que voy a
deciros. Nunca hemos tenido asamblea ni sesión
desde que el divino Odiseo marchó en las cóncavas
naves. ¿Quién, entonces, nos convoca ahora de esta
manera? ¿A quién ha asaltado tan grande necesidad
ya sea de los jóvenes o de los ancianos? ¿Acaso ha
oído alguna noticia de que llega el ejército, noticia
que quiere revelarnos una vez que él se ha enterado?,
¿o nos va a manifestar alguna otra cosa de interés
para el pueblo? A mí me parece que es noble,
afortunado. ¡Así Zeus llevara a término lo bueno que
él revuelve en su mente!»”.
Cuento Los tres Cerditos
Había una vez tres cerditos que vivían al aire libre
cerca del bosque.
A menudo se sentían inquietos porque por allí solía
pasar un lobo malvado y peligroso que amenazaba
con comérselos.
Un día se pusieron de acuerdo en que lo más
prudente era que cada uno construyera una casa para
estar más protegidos.
El cerdito más pequeño, que era muy vago, decidió
que su casa sería de paja. Durante unas horas se
dedicó a apilar cañitas secas y en un santiamén,
construyó su nuevo hogar. Satisfecho, se fue a jugar.
¡Ya no le temo al lobo feroz! – le dijo a sus hermanos.
El cerdito mediano era un poco más decidido que el
pequeño pero tampoco tenía muchas ganas de
trabajar.
Pensó que una casa de madera sería suficiente para
estar seguro, así que se internó en el bosque y
acarreó todos los troncos que pudo para construir las
paredes y el techo. En un par de días la había
terminado y muy contento, se fue a charlar con otros
animales.
¡Qué bien! Yo tampoco le temo ya al lobo feroz –
comentó a todos aquellos con los que se iba
encontrando.
El mayor de los hermanos, en cambio, era sensato y
tenía muy buenas ideas. Quería hacer una casa
confortable pero sobre todo indestructible, así que
fue a la ciudad, compró ladrillos y cemento, y
comenzó a construir su nueva vivienda. Día tras día, el
cerdito se afanó en hacer la mejor casa posible.
Sus hermanos no entendían para qué se tomaba
tantas molestias.
¡Mira a nuestro hermano! – le decía el cerdito
pequeño al mediano – Se pasa el día trabajando en
vez de venir a jugar con nosotros.
Pues sí. ¡Vaya tontería! No sé para qué trabaja tanto
pudiendo hacerla en un periquete… Nuestras casas
han quedado fenomenal y son tan válidas como la
suya.
El cerdito mayor, les escucho
Bueno, cuando venga el lobo veremos quién ha sido el
más responsable y listo de los tres – les dijo a modo
de advertencia.
Tardó varias semanas y le resultó un trabajo agotador,
pero sin duda el esfuerzo mereció la pena. Cuando la
casa de ladrillo estuvo terminada, el mayor de los
hermanos se sintió orgulloso y se sentó a
contemplarla mientras tomaba una refrescante
limonada.
¡Qué bien ha quedado mi casa! Ni un huracán podrá
con ella.
Cada cerdito se fue a vivir a su propio hogar. Todo
parecía tranquilo hasta que una mañana, el más
pequeño que estaba jugando en un charco de barro,
vio aparecer entre los arbustos al temible lobo. El
pobre cochino empezó a correr y se refugió en su
recién estrenada casita de paja. Cerró la puerta y
respiró aliviado. Pero desde dentro oyó que el lobo
gritaba:
¡Soplaré y soplaré y la casa derribaré!
Y tal como lo dijo, comenzó a soplar y la casita de paja
se desmoronó. El cerdito, aterrorizado, salió
corriendo hacia casa de su hermano mediano y ambos
se refugiaron allí. Pero el lobo apareció al cabo de
unos segundos y gritó:
¡Soplaré y soplaré y la casa derribaré!
Sopló tan fuerte que la estructura de madera empezó
a moverse y al final todos los troncos que formaban la
casa se cayeron y comenzaron a rodar ladera abajo.
Los hermanos, desesperados, huyeron a gran
velocidad y llamaron a la puerta de su hermano
mayor, quien les abrió y les hizo pasar, cerrando la
puerta con llave.
Tranquilos, chicos, aquí estaréis bien. El lobo no podrá
destrozar mi casa.
El temible lobo llegó y por más que sopló, no pudo
mover ni un solo ladrillo de las paredes. ¡Era una casa
muy resistente! Aun así, no se dio por vencido y buscó
un hueco por el que poder entrar.
En la parte trasera de la casa había un árbol
centenario. El lobo subió por él y de un salto, se
plantó en el tejado y de ahí brincó hasta la chimenea.
Se deslizó por ella para entrar en la casa pero cayó
sobre una enorme olla de caldo que se estaba
calentado al fuego. La quemadura fue tan grande que
pegó un aullido desgarrador y salió disparado de
nuevo al tejado. Con el culo enrojecido, huyó para
nunca más volver.
¿Veis lo que ha sucedido? – regañó el cerdito mayor a
sus hermanos – ¡Os habéis salvado por los pelos de
caer en las garras del lobo! Eso os pasa por vagos e
inconscientes. Hay que pensar las cosas antes de
hacerlas. Primero está la obligación y luego la
diversión. Espero que hayáis aprendido la lección.

¡Y desde luego que lo hicieron! A partir de ese día se


volvieron más responsables, construyeron una casa
de ladrillo y cemento como la de su sabio hermano
mayor y vivieron felices y tranquilos para siempre.
10 sonetos
Sor Juana Inés de la Cruz
Feliciano me adora y le aborrezco;
Lisardo me aborrece y yo le adoro;
Por quien no me apetece ingrato, lloro,
Y al que me llora tierno no apetezco.

A quien más me desdora, el alma ofrezco; 5


A quien me ofrece víctimas, desdoro;
Desprecio al que enriquece mi decoro,
Y al que le hace desprecios, enriquezco.

Si con mi ofensa al uno reconvengo,


Me reconviene el otro a mí ofendido; 10
Y a padecer de todos modos vengo,

Pues ambos atormentan mi sentido:


Aqueste con pedir lo que no tengo,
Y aquél con no tener lo que le pido.
Garcilaso de la Vega
Como la tierna madre que el doliente
Hijo le está con lágrimas pidiendo
Alguna cosa, de la cual comiendo,
Sabe que ha de doblarse el mal que siente,

Y aquel piadoso amor no le consiente 5


Que considere el daño que haciendo
Lo que le pide hace, va corriendo,
Y dobla el mal y aplaca el accidente,

Así a mi enfermo y loco pensamiento,


Que en su daño os me pide, yo querría 10
Quitar este mortal mantenimiento.

Mas pídemelo, y llora cada día


Tanto, que cuanto quiere le consiento,
Olvidando su muerte y aun la mía.
Francisco de Quevedo
Es hielo abrasador, es fuego helado,
Es herida que duele y no se siente,
Es un soñado bien, un mal presente,
Es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,


Un cobarde, con nombre de valiente,
Un andar solitario entre la gente,
Un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,


Que dura hasta el postrero parasismo,
Enfermedad que crece si es curada.

Este es el niño Amor, este es su abismo.


¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
El que en todo es contrario de sí mismo!
Rubén Darío
«De invierno»
En invernales horas, mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillón,
Envuelta en su abrigo de marta cibelina
Y no lejos del fuego que brilla en el salón.

El fino angora blanco junto a ella se reclina,


Rozando con su hocico la falda de Alençón,
No lejos de las jarras de porcelana china
Que medio oculta un biombo de seda del Japón.

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño;


Entro, sin hacer ruido; dejo mi abrigo gris;
Voy a besar su rostro, rosado y halagüeño

Como una rosa roja que fuera flor de lis.


Abre los ojos, mírame, con su mirar risueño,
Y en tanto cae la nieve del cielo de París.

Federico García Lorca


«Adán»
A Pablo Neruda, rodeado de fantasmas

Árbol de sangre riega la mañana


Por donde gime la recién parida.
Su voz deja cristales en la herida
Y un gráfico de hueso en la ventana.

Mientras la luz que viene fija y gana


Blancas metas de fábula que olvida
El tumulto de venas en la huida
Hacia el turbio frescor de la manzana

Adán sueña en la fiebre de arcilla


Un niño que se acerca galopando
Por el doble latir de su mejilla.
Pero otro Adán oscuro está soñando
Neutra luna de piedra sin semilla
Donde el niño de luz se ira quemando.

Cayetano Fernández Cabello

«Vente conmigo a admirar


Un orador elocuente;
(Díjole Juan a Clemente,
Echando los dos a andar)
Demóstenes fue un pelgar
Y Tulio un impertinente,
Comparados al torrente
De su elocuencia sin par».
—«Tendré un gusto regalado,
Clemente dijo: es asunto
Que siempre fue de mi agrado».
Y Juan le señala al punto
Un aposento enlutado
Y allí tendido un difunto.

Rubén Darío
«Caupolicán», Azul (1888)
Es algo formidable que vio la vieja raza:
Robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
Salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
Blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.

Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,


Pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
Lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
Desjarretar un toro, o estrangular un león.

Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,


Le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
Y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.
«¡El Toqui, el Toqui!» clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: «Basta»,
E irguióse la alta frente del gran Caupolicán

Bernardo Ortiz de Montellano


«V», Muerte de cielo azul (1937)
Este cuerpo sellado por la inercia,
Vivo sin voz, ausente sin sentido,
Que al grito de los hombres no despierta
Y el sueño arrastra a su secreto sino,
Este cuerpo, mi cuerpo, sometido
A la niebla más niebla de mi muerta
Soledad, sin presencia ni destino,
Perdido el aire sin saber la esencia;
Este cuerpo sin voz, metal sin fuego,
Mano sin despedida que no muevo,
Brazo, lirio de lava y de ceniza,
Aire sin soplo de ternura verde;
Este cuerpo sin voz ya no es la vida,
Pero tampoco el sueño ni la muerte.
Juan Díaz Rengifo
De Arte poética española (1592)
Amor es lazo en tierra solapado,
Ladrón disimulado,
Ponçoña entre la dulce miel metida,
Serpiente en frescas yeruas encogida,
Que da mortal herida,
Hondura en el seguro y ancho vado:
León junto al camino agaçapado,
De hambre fatigado
Centella entre las pajas escondida,
Halago, con que muere nuestra vida,
Entrada sin salida,
Castillo que debaxo está minado:
Celada de enemigos en la sierra,
Fingido lamentar de cocodrilo,
Candela sin pauilo,
Veleta de tejado varïable;
De lana por torcer delgado hilo,
Engaño manifiesto y deleytable,
Calentura incurable,
Promete paz, mas es la misma guerra.

Lope de Vega
De Pastores de Belén (1612)
Dichoso aquel que en un comprado prado,
La vida solitaria apura pura,
Y entre las mieses y verdura dura,
Sin que tenga jamás parado arado.

No va en los golfos desterrado errado,


Ni en la ciudad con voz perjura jura,
Que ni de la civil locura cura,
Ni le desvela su prestado estado.

En soledad que le entretiene, tiene,


Para blasón la disfrazada azada,
Cama en su trigo, en sus rebaños baños.

Que, como haber que le conviene viene,


Que es todo al fin de la jornada nada,
Pasa felices sin engaños años.
Personajes de la obra de teatro para niños Caperucita
Roja
Narrador
Caperucita
Madre
Abuela
Lobo
Cazador
Guión de la obra de teatro para representar con los
niños: Los tres cerditos
NARRADOR
Érase una vez una niña llamada Caperucita Roja. Se
llamaba así porque su abuelita le había hecho una
preciosa capa roja y le gustó tanto que ya no se la
quitó. Caperucita vivía con su madre y esta le
mandaba hacer recados a su abuelita que vivía en el
bosque.
MADRE
Ven, Caperucita, aquí tienes un trozo de tarta, un
caldo y unos huevos. Llévaselos a tu abuela, está
enferma y le vendrán bien. Pero ten cuidado, ya sabes
que tienes que atravesar el bosque y hay muchos
peligros. Ve directa, no te salgas del camino y no
hables con extraños.
CAPERUCITA
Sí, mamá, tendré mucho cuidado.
(Caperucita sale de la casa y va cantando por el
bosque, pero un lobo acecha tras un árbol)
LOBO
Buenos días, Caperucita Roja, ¿Adónde vas tan
temprano?
CAPERUCITA
A casa de mi abuela, voy a llevarle esta cesta con
comida. Está un poco enferma y esto le va ayudar.
LOBO
¿Dónde vive tu abuela, Caperucita Roja?
CAPERUCITA
Un poco más adelante, en un claro en el bosque. Su
casa está debajo de los tres grandes robles.
LOBO
Ah, qué bien, que tengas un buen día.
(El lobo se queda frotándose las manos mientras ve
partir a Caperucita)
Ver también: Más obras de teatro para representar
con los niños
LOBO
Qué bocado más delicioso, será mejor para comer
que la anciana, pero tengo tanta hambre que me
comeré primero a la abuela y de postre a Caperucita.
¡Tengo una idea, ya sé como voy a hacerlo!
(El lobo corre veloz, adelanta a Caperucita, llega a
casa de la abuelita y llama a la puerta)
ABUELITA
¿Quién está ahí?
LOBO
Soy Caperucita Roja, abuela, traigo pastel y sopa y
huevos. Ábreme.
ABUELITA
Entra Caperucita, está abierta, me encuentro enferma
y no puedo levantarme.
(El lobo entra corriendo y se traga de un bocado a la
abuelita)
LOBO
Mmm, esta abuelita estaba deliciosa. Ahora voy a
vestirme con su ropa y me tumbaré en su cama para
sorprender a Caperucita y tragarla de un bocado
antes de que salga corriendo.
(el lobo se viste con el camison y el gorro de la abuela,
se mete en la cama y se tapa hasta arriba)
CAPERUCITA
¡Hola abuelita! Uy, qué raro, la puerta está abierta.
¿Abuelita?
LOBO
(fingiendo la voz)
Hola hija, pasa pasa, estoy un poco pachucha.
Acércate.
CAPERUCITA

Abuelita te he traido comida y también me he


entretenido a cogerte unas flores. Pero… ¿abuelita?
¡Qué orejas más grandes tienes!
LOBO
Son para escucharte mejor, hija mía.
CAPERUCITA
Pero, abuela, qué ojos tan grandes tienes.
LOBO
Son para verte mejor, querida.
CAPERUCITA
Pero, abuela, qué manos tan grandes tienes.
LOBO
Son para abrazarte mejor.
CAPERUCITA
Ay, pero abuela, qué boca tan grande tienes.
LOBO
¡Es para mejor comerte mejor!
(El lobo da un salto y se traga a Caperucita Roja)
LOBO
Mmmm, deliciosa. Ahora estoy tan lleno que necesito
echarme una siesta.
(Aparece un cazador y ve la puerta abierta y escucha
un ronquido muy fuerte.
CAZADOR
Qué raro, la abuelita nunca se deja la puerta abierta, y
escucho un ronquido aterrador. Pero, ¡qué veo! Hay
un lobo acostado en la cama de la abuela. Eh, tú.
¿Qué has hecho?, ¿Dónde está la abuela?, ¿Y esa
barriga tan grande? ¡Ya sé!
(El cazador toma un cuchillo, abre la panza del lobo y
salen Caperucita y la Abuela)
CAPERUCITA
Ah qué miedo he tenido, qué oscuro estaba dentro
del lobo.
ABUELA
¡Gracias querido amigo! Nos has salvado.
CAZADOR
Esto no termina aquí, hay que darle un buen
escarmiento a este lobo malo. Caperucita, trae unas
piedras, le llenaremos la panza con ellas mientras
todavía está dormido.
(Le colocan piedras en la barriga y se van)
LOBO
Ohhh, qué pesado me siento todavía. Esta abuelita y
esta Caperucita sí que son indigestas. Voy a beber un
poco de agua al estanque.
(Cuando se asoma para beber, el peso de las piedras
le hace caer y se ahoga)
ABUELITA
Esta vez nos hemos salvado Caperucita, pero ¿has
aprendido la lección.
CAPERUCITA
Sí abuelita, no tengo que hablar con extraños y tengo
que hacer más caso a mi mamá.
NARRADOR
Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran
susto, pero Caperucita Roja había aprendido la
lección. Prometió no hablar con ningún desconocido
que se encontrara en el camino. De ahora en
adelante, seguiría las recomendaciones de su Abuelita
y de su Mamá.
Bibliografía
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