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Normas Internacionales contra Violencia de Género

El documento discute las obligaciones del Estado bajo el derecho internacional de proteger y garantizar los derechos humanos, incluyendo la obligación de prevenir, investigar y sancionar la violencia de género. También resume las normas y estándares establecidos por organismos internacionales para enfrentar la violencia de género, como el deber de adoptar medidas legislativas y estructurales para reconocer, respetar y garantizar los derechos de las mujeres de manera efectiva. Finalmente, destaca la necesidad de incorporar la perspectiva

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Normas Internacionales contra Violencia de Género

El documento discute las obligaciones del Estado bajo el derecho internacional de proteger y garantizar los derechos humanos, incluyendo la obligación de prevenir, investigar y sancionar la violencia de género. También resume las normas y estándares establecidos por organismos internacionales para enfrentar la violencia de género, como el deber de adoptar medidas legislativas y estructurales para reconocer, respetar y garantizar los derechos de las mujeres de manera efectiva. Finalmente, destaca la necesidad de incorporar la perspectiva

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El derecho internacional

frente a la violencia de género


Mayren Vargas Araya*

Introducción

El derecho internacional de los derechos humanos, a través de


los años ha ampliado el reconocimiento de los derechos de las
mujeres y se ha preocupado por responsabilizar a los Estados para
que asuman sus obligaciones de garantizar y respetar los derechos
humanos y, en particular, los de las mujeres. Ello implica, también,
una mirada específica hacia la violencia de género contra estas y
a los diferentes mecanismos que deben adoptar los Estados para
prevenirla, investigarla, sancionarla y erradicarla.

Los tratados internacionales así como diversos procesos de


monitoreo y seguimiento del derecho internacional junto a la
diversa jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos (en adelante la Corte Interamericana o la Corte IDH),
han establecido estándares para que los Estados los apliquen
adecuadamente en la lucha contra la violencia de género. Estos
estándares o principios son aplicables en los procedimientos
judiciales e institucionales que señalan, claramente, la obligación
de incorporar la perspectiva de género y las especificidades a
tomar en cuenta en los casos de violencia de género.

* Licenciada en Derecho por la Universidad Latinoamericana de Ciencia y


Tecnología, Costa Rica; máster en Derechos Humanos y Democratización por
la Universidad Nacional de San Martín, Buenos Aires, Argentina: abogada en
la Comisión Nacional de Mejoramiento de la Administración de Justicia, Poder
Judicial de Costa Rica.
92 Revista IIDH [Vol. 68

El presente artículo recopila esas normas y esos estándares que


el derecho internacional de los derechos humanos ha desarrollado
para enfrentar la violencia de género contra las mujeres, así como
criterios e interpretaciones que han producido órganos como el
Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer,
la Relatoría Especial de Naciones Unidas sobre la violencia de
género, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (en
adelante la Comisión Interamericana o la CIDH), la Corte IDH
y otros.

I. Deber de respetar y garantizar derechos humanos

Los derechos humanos son esenciales para el desarrollo de


cualquier sociedad y son parte elemental de cualquier Estado que
se denomine democrático. El valor primordial de estos es que son
condiciones intrínsecas al ser humano. Los derechos a la vida, a
la libertad y a la propiedad son fundamentales, no solo porque
permiten el desarrollo sino también porque suponen el cimiento
en el cual se asienta el Estado de derecho.

Según señalaba Locke, antes de que existiera el Gobierno los


hombres eran libres, independientes e iguales en el disfrute de sus
derechos inalienables; pero al unirse en comunidades políticas,
ponen bajo un Gobierno la preservación de su propiedad y de
los derechos que les pertenecen. Es decir, las personas ponen la
protección de sus derechos –que ya les corresponden al nacer–en
manos del Estado que es el encargado de ello.

Actualmente, el derecho internacional público ha dado


un papel más protagónico al Estado, estableciendo además
una serie de obligaciones que debe cumplir –como tomar
determinadas medidas o abstenerse de actuar de cierta forma–
con el fin de promover y proteger derechos humanos y libertades
2018] Revista IIDH 93

fundamentales. La Organización de Naciones Unidas (en adelante


la ONU) ha definido estos derechos como aquellos que son
inherentes a nuestra naturaleza y sin los cuales no podemos vivir
como seres humanos.

Según se afirma en el preámbulo de la Declaración Universal


de Derechos Humanos1 (en adelante la DUDH), es primordial
que en cada Estado esos bienes jurídicos fundamentales “sean
protegidos por un régimen de derecho”. Por eso es que en los
países democráticos existen normas de rango constitucional y
legal cuya finalidad es salvaguardar los derechos humanos en
caso de amenaza o de vulneración.

La posición del sistema de la ONU con respecto a la obligación


de garantía de los derechos humanos ha sido enfática. En el 68
periodo de sesiones del Comité de Derechos Humanos (2000), se
adoptó la Observación General 28 cuyo artículo 3 hace hincapié
en la igualdad entre hombres y mujeres; asimismo, en virtud
de la obligación de garantizar a todas las personas los derechos
reconocidos en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos establecida en sus artículos 2 y 3, los Estados parte
deben adoptar todas las medidas necesarias para hacer posible el
goce de derechos y que disfruten de los mismos. “Esas medidas
comprenden las de eliminar los obstáculos que se interponen en el
goce de esos derechos en condiciones de igualdad, dar instrucción
a la población y a los funcionarios del Estado en materia de
derechos humanos y ajustar la legislación interna a fin de dar
efecto a las obligaciones enunciadas en el Pacto”2.

1 Preámbulo de la DUDH. Asamblea General de la ONU, París, Francia, 10 de


diciembre de 1948. .
2 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Viena, Austria. 16 de
diciembre de 1966. Asamblea General de Naciones Unidas
94 Revista IIDH [Vol. 68

El sistema regional de protección de derechos humanos no se


ha quedado atrás con esa postura al respecto. En noviembre de
1969, en San José de Costa Rica, la mayoría de los Estados parte
de la Organización de Estados Americanos (en adelante la OEA)
suscribieron la Convención Americana sobre Derechos Humanos
(en adelante la Convención Americana o la CADH)3, reafirmando
su propósito de consolidar las instituciones democráticas de
la región y su compromiso con el respeto y la garantía de los
derechos humanos. En el artículo 1 de la CADH se establece
que “los Estados parte se comprometen a respetar los derechos
y libertades reconocidos en ella y a garantizar su libre y pleno
ejercicio a toda persona que esté sujeta a su jurisdicción, sin
discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma,
religión, opiniones políticas o de cualquier otra índole, origen
nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier
otra condición social”.

Al respecto, la Corte IDH –en la Opinión Consultiva 6/864 –


señaló que la protección de los derechos humanos parte de la
afirmación de la existencia de ciertos atributos inviolables de la
persona humana que no pueden ser legítimamente menoscabados
por el ejercicio del poder público. “Se trata de esferas individuales
que el Estado no puede vulnerar o en las que solo puede penetrar
limitadamente. Así, en la protección a los derechos humanos,
está necesariamente comprendida la noción de la restricción al
ejercicio del poder estatal”.

3 OEA. Convención Americana de Derechos Humanos (Pacto de San José),


Conferencia Especializada de Derechos Humanos, del 7 al 22 de noviembre
de 1969, San José, Costa Rica, disponible en [Link]
tratados_b-32_convencion_americana_sobre_derechos_humanos.htm
4 Corte IDH. La expresión “leyes” en el artículo 30 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos, Opinión Consultiva OC-6/86, 9 de mayo de 1986, Serie
A, N° 6. Párr. 21.
2018] Revista IIDH 95

Por su parte, la obligación de garantía implica el deber estatal


de organizar todo el aparato gubernamental y –en general–todas
las estructuras a través de las cuales se manifiesta el ejercicio
del poder público, de manera tal que sean capaces de asegurar
jurídicamente el libre y pleno ejercicio de los derechos humanos.

Al respecto, la Corte IDH en su primer caso contencioso –el


de Velásquez Rodríguez contra Honduras–ha destacado que
como consecuencia de esta obligación los Estados deben prevenir,
investigar y sancionar toda violación de los derechos reconocidos
por la Convención Americana; además, deben procurar “el
restablecimiento, de ser posible, del derecho conculcado y, en su
caso, la reparación de los daños producidos por la violación de
los derechos humanos”5.

En armonía con esta disposición, el artículo 2 de la CADH


introduce una aproximación al contenido y al alcance de la
obligación de garantía, estableciendo lo siguiente: “Si el ejercicio
de los derechos y libertades mencionados en el artículo, no
estuviere ya garantizado por disposiciones legislativas o de otro
carácter, los Estados partes se comprometen a adoptar, con arreglo
a sus procedimientos constitucionales y a las disposiciones de esta
Convención, las medidas legislativas o de otro carácter que fueren
necesarias para hacer efectivos tales derechos y libertades”.

Así, pues, la obligación de garantizar el libre y pleno ejercicio


de los derechos humanos no se agota con la existencia de un
ordenamiento normativo que los recopile, sino que además debe
desarrollarse una conducta que asegure la existencia de una eficaz
garantía del libre y pleno ejercicio de los derechos humanos.

5 Corte IDH. Caso Velásquez Rodríguez Vs. Honduras. Excepciones Preliminares,


Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 29 de julio de 1988. Serie C No. 4.
Párr. 166.
96 Revista IIDH [Vol. 68

Los Estados tienen obligaciones que cumplir para que los


derechos humanos sean reconocidos, respetados y garantizados.
Estas trascienden a la adopción de marcos legislativos. Se
espera además un cambio estructural que debe transversalizar la
perspectiva de género para que las mujeres, quienes históricamente
han visto vulnerados sus derechos, cuenten con un adecuado
acceso a los mismos a partir de su reconocimiento y respeto.

En esta línea, la ilustración que realiza Fraser6 sobre las “tres


R” resume las distintas sugerencias, estándares y fallos del sistema
regional en materia de derechos de las mujeres. Reconocimiento
no solo de este grupo social sino de las asimetrías a las que está
sometido; redistribución de recursos materiales, económicos y
de poder para equiparar las brechas existentes; y, por último,
representación en los ámbitos de toma de decisiones.

No solo se espera, entonces, que los Estados garanticen un


ejercicio pleno y libre de los derechos mediante distintas medidas
sino que estas deben estar especialmente adecuadas para las
necesidades de las mujeres. Ese ejercicio de respeto y garantía se
lleva a cabo mediante la aplicación de principios y estándares que
son un medio para lograr el fin buscado.

II. Evolución del derecho internacional


en materia de género

La DUDH marca un hito histórico en la positivización de los


derechos fundamentales que deben ser protegidos por todos los
Estados firmantes de la misma. Se establece como ideal común
promover la educación y respetar los derechos y las libertades,

6 Fraser, Nancy. ¿De la redistribución al reconocimiento? Dilemas en torno a la


justicia de la época postsocialista, Universidad de los Andes, Ecuador: Siglo del
Hombre Editores, 1997. P. 62.
2018] Revista IIDH 97

así como la implementación de medidas progresivas de carácter


nacional e internacional por parte de todos sus Estados firmantes.

El artículo 1 de la DUDH señala lo siguiente: “Todos los


seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y,
dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse
fraternalmente los unos con los otros”. En la misma línea,
el artículo 2 hace hincapié en el principio de igualdad y no
discriminación en los siguientes términos: “Toda persona tiene
todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración,
sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión,
opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional
o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra
condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la
condición política, jurídica o internacional del país o territorio
de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un
país independiente, como de un territorio bajo administración
fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación
de soberanía”.

En este mismo sentido, tanto la Declaración Americana de


Derechos y Deberes del Hombre7 como el Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos8 y el Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales9, establecieron el principio de
igualdad y no discriminación como deberes consagrados para
garantizar el goce de todos los derechos.

7 CIDH. Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, OEA,


IX Conferencia Americana, Bogotá, Colombia, 1948.
8 ONU. Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, Asamblea General,
Viena, Austria, 16 de diciembre de 1966.
9 ONU. Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales,
Asamblea General, Viena, Austria, 16 de diciembre de 1966.
98 Revista IIDH [Vol. 68

Sin embargo, fue hasta 1979 cuando la Asamblea General de


la ONU aprobó un instrumento jurídico internacional específico
para proteger a las mujeres: la Convención sobre la Eliminación
de todas las formas de discriminación contra la mujer10 (CEDAW
por sus siglas en inglés). Este cuerpo normativo ha sido firmado
y ratificado por 187 países; tiene como fin reafirmar la fe en los
derechos humanos fundamentales, en la dignidad y el valor de
la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y
mujeres. La CEDAW define el significado de la igualdad e indica
cómo lograrla. En tal sentido, establece no solo una declaración
internacional de derechos de la mujer sino también un programa
de acción para que los Estados parte garanticen el goce de los
mismos.

Con respecto a la violencia contra las mujeres, la CEDAW


establece en su artículo 5 que los Estados parte de la misma
“tomarán todas las medidas apropiadas para: a) Modificar los
patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, con
miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las prácticas
consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados en
la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos
o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres”.

En ese sentido, en 1989 el Comité para la Eliminación de


la Discriminación contra la Mujer (en adelante el Comité de
la CEDAW) señaló que –de acuerdo al artículo 5 de dicho
instrumento internacional–los Estados están obligados a proteger
a la mujer de cualquier tipo de violencia. Pero no fue sino hasta
1992, mediante la Recomendación General 1911, que el Comité

10 ONU. Recomendación general núm. 35 sobre la violencia por razón de género


contra la mujer, por la que se actualiza la recomendación general núm. 19,
Comité de la CEDAW, 26 de julio de 20172017, disponible en [Link]
org/fileadmin/Documentos/BDL/2017/[Link]
11 Cfr. ONU. La violencia contra la mujer, Recomendación General N° 19, Comité
2018] Revista IIDH 99

de la CEDAW analizó a fondo el tema de la violencia de género


señalando que la violencia contra las mujeres también es una
forma de discriminación. Entonces, recomendó a los Estados
parte adoptar medidas para proteger de manera adecuada la vida e
integridad de las mujeres y capacitar a funcionarios judiciales para
que apliquen esta normativa internacional. “La violencia contra la
mujer, que menoscaba o anula el goce de sus derechos humanos y
sus libertades fundamentales en virtud del derecho internacional
o de los diversos convenios de derechos humanos, constituye
discriminación, como la define el artículo 1 de la Convención”.

Esos derechos humanos señalados por el Comité de la CEDAW


comprenden los siguientes: a la vida; a no ser sometida a torturas o
a tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes; a su protección
en condiciones de igualdad, con arreglo a normas humanitarias en
tiempo de conflicto armado internacional o interno; a la libertad y
a la seguridad personales; a la igualdad ante la ley; a la igualdad
en la familia; al más alto nivel posible de salud física y mental; y
a condiciones de empleo justas y favorables.

En julio de 2017, el Comité de la CEDAW se volvió a


pronunciar sobre la materia mediante la adopción de la
Recomendación General 3512 en lo concerniente a la violencia
por razón de género contra la mujer, actualizando así la 19. “El
Comité decidió conmemorar el 25º aniversario de la aprobación
de la recomendación general número 19 ofreciendo a los Estados
parte orientación adicional para acelerar la eliminación de la
violencia por razón de género contra la mujer”. (2017).

de la CEDAW, 11° periodo de sesiones, 1992, Párr. 7. disponible en [Link]


[Link]/womenwatch/daw/cedaw/recommendations/[Link]#top
12 ONU. Violencia por razón de género contra la mujer, Recomendación General 35,
Comité CEDAW, periodo de sesiones 2017. Párr. 3. Recuperado el 13 de julio de
2018 de: [Link]
100 Revista IIDH [Vol. 68

El concepto de “violencia contra la mujer”, tal como se define


en la Recomendación General 19 así como en otros instrumentos
y documentos internacionales, hace hincapié en el hecho de que
está basada en el género. En consecuencia, en la Recomendación
General 35 se explica que la expresión “violencia por razón de
género contra la mujer” se utiliza como un término más preciso,
que pone de manifiesto las causas y los efectos relacionados
con el género de la violencia. “La expresión refuerza aún más la
noción de la violencia como problema social más que individual,
que exige respuestas integrales, más allá de aquellas relativas a
sucesos concretos, autores y víctimas y supervivientes”13.

El Comité de la CEDAW considera que la violencia por razón


de género contra la mujer es uno de los medios sociales, políticos
y económicos fundamentales a través de los cuales se perpetúa
la posición subordinada de la mujer con respecto al hombre y sus
papeles estereotipados. Por ello, entonces, procura dejar en claro
que esa violencia constituye un grave obstáculo para el logro de
la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres, así como para
el disfrute por parte de la mujer de sus derechos humanos y
libertades que se consagran en la CEDAW.

“La violencia por razón de género contra la mujer constituye


una discriminación contra la mujer con arreglo al artículo 1 y, por
lo tanto, afecta a todas las obligaciones contraídas en virtud de
la Convención CEDAW. El artículo 2 establece que la obligación
general de los Estados partes consiste en seguir, por todos los
medios apropiados y sin dilaciones, una política encaminada a
eliminar la discriminación contra la mujer, en especial la violencia
por razón de género contra la mujer. Se trata de una obligación
de carácter inmediato; las demoras no se pueden justificar por
ningún motivo, ya sea económico, cultural o religioso”14. (2017).

13 Ibíd., párr 10.


14 Ibíd., párr. 21.
2018] Revista IIDH 101

La Recomendación General 35 insta a los Estados parte de


la CEDAW a que refuercen la aplicación de sus obligaciones en
relación con la violencia por razón de género contra la mujer, ya
sea dentro de su territorio o extraterritorialmente. “El Comité
reitera su llamamiento a los Estados partes para que ratifiquen
el Protocolo Facultativo de la Convención y examinen todas las
reservas restantes a la Convención con miras a retirarlas”15. (2017).

Otro importante hito histórico en el reconocimiento de


derechos de las mujeres se llevó a cabo en la cuidad capital de
Austria en 1993 –durante el desarrollo de la Conferencia Mundial
de Derechos Humanos– donde representantes de 171 Estados
aprobaron la Declaración y el Programa de Acción de Viena16
con la pretensión de fortalecer la labor de derechos humanos en
todo el mundo. En esta histórica ocasión se acordaron temas como
la indivisibilidad e interdependencia de los derechos humanos,
recordando así la importancia de los económicos sociales y
culturales así como su estrecha relación con los civiles y políticos,
eliminando el paradigma de las “generaciones de derechos”.

La Declaración de Viena, además, reconoce que los derechos


de las mujeres son también derechos humanos y obliga a los
Estados a intervenir pero también a adoptar medidas para
prevenir, investigar y sancionar la violencia contra las mujeres.
En su segundo artículo se estableció lo siguiente: “Se entiende
por violencia contra la mujer: todo acto de violencia basado en
la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como
resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico,
incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de
libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada”.

15 Ibíd., párr. 27.


16 ONU. Declaración y Programa de Acción de Viena, Conferencia Mundial de los
Derechos Humanos, 25 de junio de 1993, disponible en [Link]
Documents/Events/OHCHR20/VDPA_booklet_Spanish.pdf
102 Revista IIDH [Vol. 68

Seguido a estos esfuerzos de la comunidad internacional por


actuar contra la violencia de género, el 9 de junio de 1994 se
firmaba por primera vez un instrumento jurídico internacional
completamente enfocado en la violencia contra las mujeres: la
Convención Interamericana para prevenir, investigar, sancionar y
erradicar la violencia contra las mujeres, más conocida como la
Convención de Belém do Pará17. En este documento, que aplica
solo para el ámbito interamericano, se afirma que la violencia
contra la mujer constituye una violación de los derechos humanos
y las libertades fundamentales; además limita total o parcialmente
a la mujer el reconocimiento, goce y ejercicio de sus derechos y
libertades. En la CEDAW se define qué se entiende por violencia
contra las mujeres, cuáles derechos deben ser protegidos y las
obligaciones de los Estados frente a la violencia de género como la
de adoptar medidas jurídicas, disposiciones legislativas y políticas
públicas que permitan cumplir con el fin de este instrumento
jurídico regional.

El artículo 4 de la Convención de Belém do Pará señala que


todas las mujeres tienen derecho al reconocimiento, goce, ejercicio
y protección de todos los derechos y las libertades. Estos derechos
comprenden –entre otros–“el derecho a que se respete su vida; el
derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral; el
derecho a la libertad y a la seguridad personal; el derecho a no
ser sometida a torturas; el derecho a que se respete la dignidad
inherente a su persona y que se proteja a su familia; el derecho
a igualdad de protección ante la ley y de la ley; el derecho a un
recurso sencillo y rápido ante los tribunales competentes, que la
ampare contra actos que violen sus derechos; el derecho a libertad

17 OEA. Convención Interamericana para la prevención, investigación, sanción y


erradicación de la violencia contra las mujeres. Convención de Belém do Pará,
Brasil, 9 de junio de 1994, disponible en [Link]
tratados/[Link]
2018] Revista IIDH 103

de asociación; el derecho a la libertad de profesar la religión y las


creencias propias dentro de la ley; y el derecho a tener igualdad
de acceso a las funciones públicas de su país y a participar en los
asuntos públicos, incluyendo la toma de decisiones”.

La elaboración y entrada en vigor de la CEDAW constituye,


en el marco del sistema regional, una verdadera redefinición del
derecho interamericano sobre derechos humanos para aplicarlo
desde una perspectiva de género. “Se podría afirmar que existe
una voluntad entre quienes han ratificado la Convención así como
entre los actores no estatales de erradicar la violencia de género
mediante políticas y medidas específicas”18. (1998).

En 1995, un año más tarde de adoptada la Convención de


Belém do Pará, se lleva a cabo la Cuarta Conferencia Mundial
sobre la Mujer; entonces se aprueba la Declaración y Plataforma
de Acción de Beijing19. En este instrumento, los Estados
participantes acordaron una serie de medidas dirigidas a lograr la
igualdad entre hombres y mujeres, eliminar la discriminación por
razones de género y reafirmar su compromiso por defender los
derechos y la dignidad humana intrínseca de las mujeres. Además,
se asumió un compromiso explícito sobre prevenir y eliminar
la violencia contra las mujeres y las niñas. La Plataforma de
Acción de Bejing es un programa encaminado a crear condiciones
necesarias para potenciar el papel de la mujer en la sociedad.
“Tiene por objeto eliminar todos los obstáculos que dificultan
la participación activa de la mujer en todas las esferas de la vida
pública y privada mediante una participación plena y en pie de

18 CIDH (1998). Informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos


sobre la Condición de la Mujer en las Américas, Secretaría General OEA, OEA/
Ser. L/V/II.100, Washington, D.C. Párr. 3.
19 Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer. Declaración y Plataforma de
Acción de Beijing, 15 de septiembre de 1995, disponible en [Link]
womenwatch/daw/beijing/pdf/BDPfA%[Link]
104 Revista IIDH [Vol. 68

igualdad en el proceso de adopción de decisiones en las esferas


económica, social, cultural y política”20. (1995).

En la Declaración de Beijing, además, se establecen como


objetivos estratégicos de los Estados evitar que se cometan actos
de violencia contra las mujeres y tomar las medidas necesarias
para prevenir, investigar y castigar los actos de violencia contra
las mujeres, sean cometidos por el Estado o por particulares.
Asimismo, se señala que los Estados deben adoptar y aplicar
leyes pertinentes para prevenir la violencia contra las mujeres, así
como procurar el debido y eficaz acceso a la justicia para que se
investigue y enjuicie a sus responsables; también deben garantizar
los mecanismos pertinentes de reparación a la víctima.

En 2004, el Comité de la CEDAW –en su 30 periodo de


sesiones– la Recomendación General 2521 con respecto a las
medidas especiales de carácter temporal encaminadas a acelerar
la igualdad entre el hombre y la mujer; su temporalidad depende
del momento en que se alcance su objetivo. Es decir, se espera
que los Estados implementen alguna medida específica para
solucionar la violencia contra las mujeres; cuando la violencia
cese, la medida también puede terminar. La temporalidad de
la misma va a depender del tiempo que se lleve para que surta
efectos integrales en la erradicación de la violencia contra las
mujeres.

20 Ibíd., p. 7.
21 ONU. Recomendación general N° 25. Medidas especiales de carácter temporal
(párrafo 1 del artículo 4 de la Convención sobre la eliminación de todas las
formas de discriminación contra la mujer), Comité de la CEDAW, 30° período
de sesiones, 30 de enero de 2004, disponible en [Link]
SPA/Tradutek/Derechos_hum_Base/CEDAW/00_4_obs_grales_CEDAW.
html#GEN25
2018] Revista IIDH 105

El Comité de la CEDAW señaló que la situación de la mujer


no mejorará mientras las causas subyacentes de la discriminación
en su contra y de la desigualdad que la afecta no se aborden de
manera efectiva. “La vida de la mujer y la vida del hombre deben
enfocarse teniendo en cuenta su contexto y deben adoptarse
medidas para transformar realmente las oportunidades, las
instituciones y los sistemas de modo que dejen de basarse en
pautas de vida y paradigmas de poder masculinos determinados
históricamente”22. (2004).

Por ello es necesario que los Estados parte de la CEDAW


adopten determinadas medidas especiales de carácter temporal
para eliminar esas formas múltiples de discriminación contra
la mujer, así como las consecuencias negativas y complejas
que conllevan. Tomando en cuenta que previamente el mismo
Comité de la CEDAW había señalado que la violencia contra las
mujeres es una forma de discriminación, estas medidas especiales
de carácter temporal deben adoptarse también para prevenir,
investigar, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres.

III. Sistema interamericano de protección


de derechos humanos y frente a la violencia
de género

Como se mencionó anteriormente, el sistema interamericano


de protección de derechos humanos ha tenido una participación
activa en el reconocimiento y la garantía de los derechos de las
mujeres. La creación de la Comisión Interamericana de la Mujer,
la CADH, la Convención de Belém do Pará y otros mecanismos
e instrumentos jurídicos, han venido estableciendo estándares
para proteger de la violencia a las mujeres y dar seguimiento a
los Estados para que cumplan con dichos estándares.

22 Ibíd., párr. 10.


106 Revista IIDH [Vol. 68

En 2001 la CIDH resolvió por primera vez un caso de violencia


de género, interpretando la Convención de Belém do Pará: el
de María Da Penha 23. En este, la Comisión Interamericana
responsabilizó al Estado de Brasil por omisión, negligencia y
tolerancia en relación con la violencia doméstica contra las mujeres
brasileñas. La CIDH consideró que se daban las condiciones
de violencia doméstica y de tolerancia estatal definidas en la
Convención de Belém do Pará; asimismo, determinó que el
Estado era responsable por la falta de cumplimiento de sus
deberes establecidos en el artículo 7 de la CEDAW en relación
con los derechos que esta protege. Además, la CIDH consideró
violados los derechos a las garantías judiciales y a la protección
judicial contemplados en los artículos 8 y 25 de la Convención
Americana, en conexión con la obligación de respetar y garantizar
los derechos, debido a la dilación injustificada y la tramitación
negligente del caso.

En el Informe temático sobre la situación de derechos


humanos de las mujeres en Ciudad Juárez, México24, la Comisión
Interamericana señaló que la Convención de Belém do Pará
dispone que sus Estados parte actúen con debida diligencia para
prevenir, investigar y sancionar la violencia contra la mujer, en
caso de que esta ocurra dentro del hogar o la comunidad –sea
perpetrada por personas individuales– o en la esfera pública por
agentes estatales.

En consecuencia, el Estado es directamente responsable por la


violencia contra la mujer ejecutada por sus agentes. Además, bien

23 CIDH. Caso María Da Penha vs. Brasil, Caso 12.051, Informe 54/01, 16 de abril
de 2001.
24 CIDH. Informe temático sobre la situación de derechos humanos de las
mujeres en Ciudad Juárez, México: el derecho a no ser objeto de violencia y
discriminación, OEA/Ser.L/V/II.117, 7 de marzo de 2003, disponible en http://
[Link]/annualrep/2002sp/[Link]
2018] Revista IIDH 107

puede surgir responsabilidad del Estado si no actúa con la debida


diligencia para prevenir esa violencia –cuando sea perpetrada por
personas particulares– y para responder a la misma.

“Los Estados partes deben disponer lo necesario para que


esas obligaciones se hagan efectivas en el sistema jurídico
interno, y para que las mujeres en situación de riesgo de sufrir
violencia, u objeto de la misma, tengan acceso a protección y
garantías judiciales eficaces. Los mecanismos de supervisión
del cumplimiento de esas normas comprenden la tramitación
de las denuncias individuales en que se aducen violaciones de
las principales obligaciones a través del sistema de peticiones
ya establecido en el contexto de la Comisión Interamericana”25.
(2003).

En 2004, por primera vez –de manera específica– la Corte


IDH abordó la violencia sexual contra las mujeres en su sentencia
sobre el caso del Penal Castro Castro contra Perú26. En la misma,
la Corte Interamericana analizó el alcance y las consecuencias de
la violencia sexual sufrida por mujeres bajo custodia del Estado.
En este sentido, encontró una violación por parte del Estado
al artículo 5 de la CADH e interpretó su alcance tomando en
consideración, como referencia de interpretación, la Convención
de Belém de Pará.

También en 2004, en el caso Fernández Ortega y otros


contra México27 la Corte IDH señala que –tal como lo expresa
la Convención de Belém do Pará–la violencia contra la mujer

25 Ibíd., párr. 103.


26 Corte IDH. Caso del Penal Miguel Castro Castro vs. Perú (Fondo, Reparaciones
y Costas), sentencia del 25 de noviembre de 2006. Serie C N° 160.
27 Corte IDH. Caso Fernández Ortega y otros vs. México (Excepciones Preliminares,
Fondo, Reparaciones y Costas), sentencia del 15 de mayo de 2011, Serie C N° 224.
Párr. 188.
108 Revista IIDH [Vol. 68

no solo constituye una violación de los derechos humanos, sino


que es “una ofensa a la dignidad humana y una manifestación de
las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres
y hombres que (…) trasciende todos los sectores de la sociedad
independientemente de su clase, raza o grupo étnico, nivel de
ingresos, cultura, nivel educacional, edad o religión y afecta
negativamente sus propias bases”. (2004).

Este análisis de la Corte en su sentencia fue seguido por


el primer fallo que aborda de forma integral los derechos de
las mujeres, dictado en el caso González y otras (“Campo
Algodonero”) contra México28. El 4 de noviembre de 2007,
la CIDH presentó una demanda ante la Corte Interamericana
alegando que el Estado mexicano había incur rido en
responsabilidad internacional por irregularidades y retrasos en
la investigación de las desapariciones y la posterior muerte de
tres mujeres en Ciudad Juárez. El 16 de noviembre de 2009, la
Corte IDH lo encontró responsable por varias violaciones a la
CADH y a la Convención de Belém do Pará, en perjuicio de las
tres víctimas y sus familiares. Concretamente, señaló violaciones
al deber general de garantizar los derechos humanos de las
víctimas directas al no actuar con la debida diligencia requerida
para proteger sus derechos a la vida, a la integridad personal, a la
libertad personal y su derecho a vivir libres de violencia; además,
lo responsabilizó por no investigar de forma adecuada y efectiva
las desapariciones y los homicidios.

En 2007, la CIDH comunicó –en su Informe sobre acceso a


la justicia para mujeres víctimas de violencia en las Américas–
haber observado que el derecho de las mujeres a vivir libres de
violencia y discriminación ha sido consagrado y establecido

28 Corte IDH. Caso González y otras (“Campo Algodonero”) vs. México (Excepción
Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas), sentencia del 16 de noviembre de 2009.
Serie C N° 205.
2018] Revista IIDH 109

como un desafío prioritario en los sistemas de protección de los


derechos humanos, tanto a nivel regional como internacional;
sin embargo, reconoce haber recibido información mediante
audiencias temáticas que apunta a una deficiente investigación y
sanción de actos de violencia contra las mujeres.

“En dicha información se destacan omisiones y errores en


los procedimientos de investigación, a través de negligencia,
parcialidad y falta de elementos suficientes para inculpar a los
presuntos culpables. Asimismo se mencionan la revictimización
de la víctima, cuando las autoridades muestran mayor interés
en su vida privada que en el esclarecimiento de los hechos y la
sanción de los responsables. De esta forma, algunas autoridades
administrativas y judiciales no responden con la debida
seriedad y diligencia para investigar, procesar y sancionar a los
responsables”29.

En este mismo sentido, el Mecanismo de Seguimiento de la


Convención de Belém do Pará (en adelante el MESECVI) adoptó
en 2008 la Declaración de Femicidios en la cual recuerda al
respecto que en estos crímenes y en los altos índices de violencia
contra las mujeres existe un alto grado de impunidad, ya que es
muy usual que los casos se archiven por una supuesta falta de
pruebas; pero esto responde principalmente a la persistencia de
patrones socioculturales y de los prejuicios de género durante
los procesos judiciales, policiales y fiscales30. Además, se insta a
todos los Estados parte del sistema interamericano de derechos

29 CIDH (2011). Informe: Acceso a la justicia para mujeres víctimas de violencia


sexual en Mesoamérica. OEA/Ser. L/V/II. Doc.63. Párr. 19. Recuperado el 13 de
julio de 2018 de: [Link]
2011%20ESP%[Link]
30 Comité de Expertas del Mecanismo de Seguimiento de la Convención Belem do
Pará (2008). Declaración sobre el femicidio. P. 2. Recuperado el 13 de julio de
2018 de: [Link]
110 Revista IIDH [Vol. 68

humanos a adoptar marcos normativos suficientes para tipificar la


figura del femicidio, reconociéndolo como la expresión máxima
de la violencia de género.

La Corte IDH, en la sentencia del caso Rosendo Cantú


contra México31, aborda por primera vez el concepto de tortura
sexual. Siguiendo la jurisprudencia internacional y tomando en
cuenta lo dispuesto en la Convención de Belém do Pará, la Corte
Interamericana considera que la violencia sexual se configura con
acciones de naturaleza sexual que se cometen contra una persona
sin su consentimiento y que, además de comprender la invasión
física del cuerpo humano, pueden incluir actos que no involucren
penetración o incluso contacto físico alguno.

Así, la Corte IDH “considera que una violación sexual puede


constituir tortura aun cuando consista en un solo hecho u ocurra
fuera de instalaciones estatales. Esto es así, ya que los elementos
objetivos y subjetivos que califican un hecho como tortura no se
refieren ni a la acumulación de hechos ni al lugar donde el acto
se realiza sino a la intencionalidad, a la severidad del sufrimiento
y a la finalidad del acto, requisitos que en el presente caso se
encuentran cumplidos. Con base en lo anterior, el Tribunal
concluye que la violación sexual en el presente caso implicó
una violación a la integridad personal de la señora Rosendo
Cantú, constituyendo un acto de tortura en los términos de los
artículos 5.2 de la Convención Americana y 2 de la Convención
Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura”.

En 2011, la CIDH presentó su informe sobre el caso Jessica


Lenhan y otros contra Estados Unidos32. En este recuerda que los

31 Corte IDH. Caso Rosendo Cantú vs. México (Excepciones Preliminares, Fondo,
Reparaciones y Costas), sentencia del 31 de agosto de 2010, Serie C, N° 225.
32 CIDH. Jessica Lenhan (González) y otros. Estados Unidos, Informe N° 80/11,
Caso 12.626, 21 de julio de 2011.
2018] Revista IIDH 111

sistemas internacional y regional de derechos humanos se han


pronunciado sobre la estrecha relación entre la discriminación, la
violencia y la debida diligencia, enfatizando que la falla estatal
de no actuar con debida diligencia para proteger a las mujeres
de la violencia constituye una forma de discriminación y una
negación de su derecho a la igual protección de la ley. Estos
principios también han sido aplicados para responsabilizar a los
Estados por deficiencias en la protección de las mujeres, respecto
de actos de violencia doméstica cometidos por particulares. En la
misma línea, se ha reconocido internacionalmente que la violencia
doméstica es una violación de derechos humanos y una las formas
más persistentes de discriminación que afecta a mujeres de todas
las edades, etnias, razas y clases sociales.

“Los deberes de los Estados de proteger y garantizar los


derechos de las víctimas de violencia doméstica deben también
implementarse en la práctica. Como lo ha establecido la Comisión
en el pasado, en el cumplimiento de sus deberes los Estados
deben tener en cuenta que la violencia doméstica es un problema
que afecta desproporcionadamente a las mujeres, al constituir la
mayoría de las víctimas”33.

En este mismo sentido, manteniendo la lógica del respeto y


la garantía de los derechos humanos de las mujeres, la Corte
IDH ha adoptado otras sentencias importantes en materia de
violencia de género como las de los casos Artavia Murillo contra
Costa Rica, Veliz Franco contra Guatemala, Atala Riffo contra
Chile y Espinoza Gonzáles contra Perú, entre otras. La Comisión
Interamericana y el MESECVI, por su parte, cuentan también con
otros informes temáticos y más declaraciones donde enfatizan
la necesidad de adoptar medidas específicas para prevenir,
investigar, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres.

33 Ibíd., párr. 111.


112 Revista IIDH [Vol. 68

IV. Situación actual de violencia de género


contra las mujeres

La violencia contra las mujeres continúa siendo una constante


en las sociedades. Según datos de la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (CEPAL), un total de 1,831 mujeres
de dieciséis países de la región (trece de América Latina y tres del
Caribe) fueron víctimas de femicidio solo en 2016.34 Asimismo,
según la Organización Mundial de la Salud la violencia de género
–del tipo que sea su expresión–ha afectado entre el 17 % y el 53
% de las mujeres alguna vez casadas o en unión física35.

Costa Rica no escapa a este marco de violencia de género contra


las mujeres. Según datos de la Defensoría de los Habitantes36 los
casos son alarmantes, al punto que debe considerarse y tratarse
como una emergencia nacional. Solo en 2016 se presentó un
centenar de denuncias por violencia doméstica por cada 100,000
habitantes, todas presentadas por mujeres víctimas de sus parejas
o exparejas sentimentales.

Entre el 1 de enero de 2010 y el 31 de diciembre de 2017, más


de 380,000 mujeres solicitaron medidas de protección ante los
juzgados de violencia doméstica del país; entre 2007 y 2015, se
recibieron 139,501 casos nuevos en las fiscalías penales por delitos

34 Cfr. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2015). CEPAL


advierte sobre el elevado número de femicidios en América Latina y el Caribe,
Comunicado de prensa, 24 de noviembre de 2015, disponible en [Link]
[Link]/es/comunicados/cepal-advierte-elevado-numero-femicidios-america-
latina-caribe
35 Cfr. World Health Organization. Violence Against Women: a priority health issue,
Geneva, 1997, WHO/FRH/WHD/97.8.
36 Cfr. EFE-Elpaí[Link]. Defensoría costarricense “alarmada” por violencia contra la
mujer, Universidad de Costa Rica, 22 de noviembre de 2017, disponible en https://
[Link]/2017/11/22/defensoria-costarricense-alarmada-por-violencia-
contra-la-mujer/
2018] Revista IIDH 113

contemplados en la Ley de Penalización de la Violencia contra las


Mujeres con acusaciones por delitos como maltrato, restricción a
la libertad de tránsito, conductas sexuales abusivas y femicidios,
entre otros. Lo anterior, según la Sección de Estadísticas de la
Dirección de Planificación del Poder Judicial.

En 2017 se registraron 26 femicidios; es decir, poco más de dos


por mes; a abril de 2018 se contabilizaban diez. De esa decena
de mujeres que murieron a manos de sus parejas o exparejas,
siete eran madres que dejaron huérfanas a once personas de las
cuales ocho son menores de cuatro años de edad. Esto, según el
Observatorio de Violencia de Género contra las Mujeres y Acceso
a la Justicia del Poder Judicial37.

Conclusión

Los datos anteriores demuestran que la adopción de marcos


normativos es insuficiente. Si bien es cierto, la comunidad
internacional ha realizado esfuerzos en visibilizar las formas de
violencia de género y establecer distintos mecanismos mediante
normas, persisten estereotipos y estigmatizaciones culturales
sobre las mujeres. La violencia de género es un problema estatal;
para ser solucionado se requiere entonces de medidas efectivas por
parte del Estado, el cual debe asumir un rol protagónico y tomar
medidas concretas que necesariamente incluyen la tipificación de
todo acto de violencia contra las mujeres como el femicidio, la
creación de leyes especiales de violencia contra las mujeres y el
impulso de políticas públicas enfocadas en los derechos de estas.

37 Cfr. Observatorio de Violencia de Género contra las Mujeres y Acceso a la Justicia.


Estadísticas de Ley de Penalización de Violencia contra las Mujeres, disponible
en [Link]
estadisticas/ley-de-penalizacion-de-la-violencia-contra-la-mujer/
114 Revista IIDH [Vol. 68

Pero además, los Estados deben procurar el removimiento


de patrones socioculturales que promueven y sostienen la
desigualdad de género y las relaciones de poder sobre las mujeres;
prestar atención a esta problemática; redimensionar el papel que
la educación tiene para construir y deconstruir estereotipos de
género; ir desmantelando la estructura, la ideología, la cultura
y la educación patriarcal; cuestionar la inequidad y visibilizar
el importante papel de la mujer en la construcción de nuevas
realidades.

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