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Agustín Millares: Paleografía y Diplomática

Este documento describe la carrera de José Antonio Millares como paleógrafo y diplomático, destacando su trabajo en estos campos hasta la Guerra Civil española. Resume los hitos clave de su formación, publicaciones tempranas, cátedras en Granada y Madrid, y su influencia como profesor. Millares alcanzó reconocimiento como experto en paleografía y diplomática a través de su Tratado de Paleografía Española y otros estudios.

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Agustín Millares: Paleografía y Diplomática

Este documento describe la carrera de José Antonio Millares como paleógrafo y diplomático, destacando su trabajo en estos campos hasta la Guerra Civil española. Resume los hitos clave de su formación, publicaciones tempranas, cátedras en Granada y Madrid, y su influencia como profesor. Millares alcanzó reconocimiento como experto en paleografía y diplomática a través de su Tratado de Paleografía Española y otros estudios.

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MILLARES, PALEOGRAFO Y DIPLOMATISTA

JosÉ ANTONIO
MOREIRO
GONZÁLEZ

1. LA INCLINACION CIENTIFICA MAS INTENSA.


HASTA LA GUERRA CIVIL

Sin grave riesgo de error puede asegurarse que los trabajos


llevados a cabo por don Agustín Millares Carlo en el campo de la
Paleografía y Diplomática, aun no ocupando sino una parte de su
obra completa, fueron los que le permitieron alcanzar una mayor
altura y reconocimiento científico. Entre profesores y estudiantes de
esta ciencia decir «cl palcógrafon era hacer referencia inmediata a
don Agustín. Al igual que decir «el Millares» era hacer referencia
a su Tratado d e Paleografía.
Su aficióii a a~~ilias
disciplinas le vendria por la vía domCstica,
pues siendo aún casi un niño empezó a familiarizarse con los lega-
jos del archivo de protocolos de Las Palmas, que era como una con-
tinuación de su casa, ya que su abuelo y su padre, además de his-
toriadores y literatos notables fueron, sucesivamente, notarios en la
capital canaria. El doctor Marín Martínez, en su prólogo a la edición
del citado Tratado de Paleografía Espafiola de 1983, ha apuntado
que en su entrega al cultivo de ambas materias influyó poderosa-
mente, como elemento psicológico un innato afán de erudición y
de saber, unido a una laboriosidad sin límites que fue tónica de
toda su vida y que encontró el mejor campo de aplicación y des-
arrollo en el estudio de los códices y manuscritos, en el análisis de
los documentos y en la exploración de las bibliotecas y los archivos.
Todo lo cual se puso bien de manifiesto así en su tesis doctoral
como en sus publicaciones primeras. El tema de aquélla fueron los
Documenfos ponfificios elz papiro de archivos cufalancs, a los que
rnnsagró iin profiindo «Estudio' paleográfico y diplomático». ~ u b l i -
cado en 19 18. Las segundas están representadas, como primeros
frutos, por dos breves notas (años 1917 y 1918, respectivamentc)
sobre Uiz docttmento epistógrnfo del siglo xr así comn por s u s Fs-
frtdios Paleogrrificos, referidos en «Un códice de los Libros Moralcs
de San Gregorio Magno», impresos también en el aílo 1918.
importa hacer notar que a esa teniicri~ia iri~idu buyd I i a ~ i d : m
disciplinas que comentamos, se añade, durante los años de la carrc-
ra y los siguientes, una formación en gran parte autodidáctica, pues
el profesor oficial de las asignaturas, catedrático don Juan Gualbcrto-
López Valdemoro, conde de Las Navas, no se entregó nunca al cul-
tivo intenso y específico de las mismas, influyendo poco profundamen-
te en el aventajado alumno, que estaba llamado a sucederle en la
cátedra años más tarde. Aunque fuera de la Universidad, otro paleó-
grafo de más talla, don Jesús Muñoz y Rivero ', director a la sazón
del Archivo Histórico Nacional y profesor muy notable que había
sido de ambas asignaturas en la Escuela Superior de Diplonlática,
proyectó sobre él una influencia mucho más apreciable desde el pun-
to de vista que nos interesa.
El mismo doctor Marín ha puesto de relieve cómo al terminar
su carrera y su formación universitaria se encontraba el ya doctor
Millares en disposición de enfrentarse, mediante las correspondientes
oposiciones, con tres o cuatro especialidades distintas: Latín, Biblio-
grafía, Paleografía y Diplomática; optando por estas dos últimas,
en torno a las cuales iba a montarse su carrera científico-adminis-
trativa, cuya marcha quedaría marcada por los siguientes hitos:

En 1921 le sorprendió la convocatoria a oposición, de una cátedra


de Paleografía en la Universidad de Granada, contra la cual hubo de
recurrir, pues en ia convocatoria se cometieron una serie de irregu-
laridades que le impedían opositar a una plaza convocada. Tuvo
éxito en su gestión y pudo entrar en las oposiciones, de las cuales
salió triunfante tras brillantes ejercicios. La cátedra era sólo de Ya-
leografía y estaba encuadrada en los planes de estudio de la sección

Era autor de los entonces textos básicos de aprendizaje de Paleografía


y Diplomática: Puleografírr visigodo. Milodo tknico-prcíclico porn rrprcrider (1
leer los códices y docirii1ei7tos espc~ñoles de los siglos V al X I I , Madrid, 1881
(i-eiiiiprrjG c n ! 3 ! 7 ) , y dc! h{r;;7us! (lc Pc!cografiM y nip!o!??:l!ic.a
cspi!fic!n
los siglos X I I al X V I I , Madrid, 1881 (reimpreso en 1970).
de Filología Románica. Permaneció en ella poco tiempo -desde oc-
tubre de 1922 hasta marzo de 1923- y aún éste interrumpido por
frecuentes viajes a Madrid, justificados en motivos personales, fami-
liares y profesionales. En el elenco de sus publicaciones se advierte
que no hay ni una sola correspondiente a estos tiempos granadinos.
En cambio y a sugerencia de don Ramón Menéndez Pidal, realizó
algún viaje de trabajo a varios archivos catedrales, más o menos pró-
ximos a Madrid (Toledo ', Avila, Segovia, etc.), en busca de docu-
mentos medievales interesantes desde el punto de vista lingüístico.
El fruto m á s a p r e c i a b l e y p e r m a n e n t e de su paso por la ciudad an-
daluza fue, sin duda, la preparación y promoción de quien iba a
sucederle en la cátedra de Paleografía de aquella Universidad y per-
d u r a r en ella d u r a n t e cuarenta y c i n c o años. Nos referimos a don
Antonio Marín Ocete.
Su carrera paleográfico-diplomática dio un pequeño giro a partir
del 16 de m a r z o d e 1923, e n q u e g a n ó , m e d i a n t e b r i l l a n t e oposición,
una plaza de conservador en el Archivo Municipal madrileño. La
brillantez que decimos se hizo notar especialmente en el segundo
ejercicio de las oposiciones que versaban sobre aspectos paleográ-
ficos relacionados con el citado Archivo. El giro que hemos apuntado
iba a acentuarse, en lo externo, un año después, pues parte del curso
1923-24 lo pasó en Buenos Aires como profesor, entre otras mate-
rias, de Paleografía y Diplomática en la Universidad del Estado de
dicha ciudad 3. Su producción bibliográfica se resintió un poco en
cuanto a cantidad, durante este tiempo, pues aparte los trabajos de
archivo más propiamente tales, su actividad científica se centró en
algo que por su naturaleza exigía ser más personal y silencioso que
publicitario: la preparación de sus oposiciones a la cátedra que reu-
nía sus dos especialidades en la entonces Universidad Central, y que
ganó con su habitual competencia el año 1926. Sin embargo, su
tributo a las prensas no dejó de estar dignamente representado, en
esos años anteoposicionales, con producciones tan propias como los
concienzudos estudios que dedicó a varios códices visigóticos -el
Toletanus de la Biblioteca Nacional de Madrid, el Toledano 33.2 de

"n Toledo investigó en los archivos de la Catedral, Municipal y parro-


quiales. En la parroquia de Santa Justa y Rufina enriqueció su catálogo de
códices mozárabes; estuvo preparando una Miscellanea Tuletana, con estudios
paleográficos y lingüísticos. Esla obra nunca se corifigurú deiinilivarrierik.
' Entre las actividades que AMC desarrolló en Buenos Aires destacó la di-
rección de un Seminario de Paleografía española, de contenido práctico, que
buscaba preparar a los futuros investigadores e n la lectura de documentos
de época colonial.
la Catedral Primada y el Emilianense 47 de la Academia de la His-
toria- publicados en 1925; a cuya fecha corresponde también el
que, quizá pudiera calificarse como principal producción suya de este
período: el estudio sobre La Cancillería Real de Castilla y León hasta
fines del reinado de Fernando 111, que, con todos sus posibles defec-
tos, como obra de conjunto todavía no ha sido sustituida por nin-
guna otra4. También afloró ese mismo año un trabajo suyo acerca
del desarrollo de la Diplomática en España bajo el título de El si-
glo X V I I I español y los intentos de formación de un Corpus Diplo-
mhtiro, primera priieha del interei qiie piso siempre en conocer y
rehacer la historia en la península de las dos disciplinas que daban
título a su cátedra '.
El año 1326 marca cn la vida dc nucstro personaje el principal
logro científico dentro de su carrera administrativa: la obtención, me-
diante reñidas oposiciones, de la cátedra de Madrid, que iba a ser pun-
to de arranque de nuevas y fecuiidas actividades, así en el campo de
la docencia, como en el de la investigación y las publicaciones. Sobre
el primero ha hecho notar con acierto Tomás Marín cómo a esta
etapa madrileña corresponde el grupo más cualificado de sus discí-
pulos, algunos de las cuales llegaron a catedráticos, y muchos, a
funcionarios de archivos, bibliotecas y museos; contándose, entre
otros, el primer titular de la cátedra de Paleografía y Diplomática de
la Universidad de Santiago y el primer canónigo archivero de la ca-
tedral de Madrid. En general, estos discípulos han sido y siguen siendo
pregoneros de las excelencias de su joven mentor, lo mismo como
profesor que como amigo y como maestro.
A lo largo de estos años, los correspondientes a la decena 1926-
1936, puede decirse que llegó Millares a la deseable madurez cien-
tífica que en todo sabio alcanza su punto álgido durante un período
determinado y concreto de su vida. Por lo que se refiere a Paleogra-
fía y Diplomática, las publicaciones de este decenio demuestran bien
a las claras ese momento científico sazonado y maduro a que llegó
Millarec tanto como investigador de primera mano romo reropiladnr
y comentarista de datos y noticias anteriores o nuevas. Fruto prin-

El trabajo de AMC se basó cn una documentación y una bibliografía muy


extensas. Se le objetó su analogía con los planteamientos de Barrau-Dihigo,
así Floriano Cumbreño en su Curso general de Paleografía y Diplomúticu
cspariolas. Oviedo, Sccrctariado dc i'ublicacioncs dc In Universidad, 1346,
pp. 49 y 185.
Este estudio fue el primer paso para preparar un «Manual de Diplomitica
F ~ p a ñ o l a » ,según los planes que el Centro de Estudios Históricos tenía desde
los tiempos de Millares en Granada.
cipal de sus investigaciones paleográficas vino a ser la Contribución
al Corpus de códices visigóticos, publicado como libro en 1931; y
de sus averiguaciones diplomáticas, el Cartulario del monasterio de
Ovila, cuya transcripción, muy cuidada, precedida de un buen co-
mentario, apareció en 1932 '.
Resultado de la variada y rica personalidad de Agustín Millares,
con su proyección en lo docente, en lo archivístico y en la investiga-
ción de las fuentes históricas escritas, a la vez que manifestación
de la madurez científica que hemos dicho, fueron los dos manuales
de Paleografía que alumbró en esta gran etapa madrilcíía dc su vida '.
En primero, en 1929, bajo el título de Paleografía Española, Ensayo
de una historia de la escritura en España desde el siglo V I I I al X V I I ,
publicado por editorial Labor. El seguido, e11 1932, lleva el ~ í t u l o
de Tratado de Paleografía Española y fue editado en Madrid por
Victoriano Suárez. Son elocuentes los respectivos títulos para dar a
entender la idea y los afanes del autor con relación a cada una de
las dos obras. Más modesto y menos ambicioso, el de la primera;
más comprometido y con mayor alcance, el de la segunda, ya que
el nombre del tratado vale tanto como exposición y discurso que
recoge y explica las distintas partes concernientes a una materia de-
terminada, en este caso, la Paleografía. No obstante lo cual, puede
decirse que en el fondo y en la realidad se trata de dos libros de
estructura análoga, cuya diferencia está solo en el mayor o menor
caudal de datos y doctrinas que recogen uno y otro. El mismo autor
lo da a entender así, ya que en su intención y en sus planes el En-
sayo era como un embrión del Tratado, al que consideró, y así lo
hizo constar en la portada, como nueva edición de aquél, aumentada
y corregida.
El éxito de la crítica en España y en el extranjero y de venta
fue extraordinario con relación a ambos manuales. Bnstc citar a los
principales autores de las correspondientes recensiones o notas biblio-
gráficas: Jenaro Artiles, Pedro Bohigas, Upson Clark, el Padre Lam-

Por estos mismos años Millares había ideado la edición del Fuero de
Madrid, que apareció en 1931 (se reeditó en 1963). A él contribuyó Millares
solamente con la transcripción. El comentario y los estudios fueron hechos
por otros especialistas.
' La idea de realizar un manual de Paleografía debió surgir en el primer
curso de docencia de Granada. En uno de los viajes de Millares a Madrid
el editor Victoriano Suárez le propuso la confección del texto. Supuso un
primer esbozo que no maduró de momento, pero que dejó la iniciativa prendida
en la voluntad de Millares. Finalmente le instaría a escrihir el Conde de las
Navas, quien incluso se propuso a sí mismo como financiador del libro.
bert, Henry Omont, Marín Ocete, Charles Samarán, Usón Sese, Pas-
cual Galindo, Ricardo Oroz, García de Valdeavellano.
En cuanto a su contenido, puede decirse que el texto del Ensayo
sigue diacrónicamente el desenvolvimiento de las escrituras españo-
las desde los documentos visigóticos más antiguos y sus antecedentes
romanos hasta la generalización caligráfica a fines del XVII, con-
teniendo las referencias de última hora. El estudio de las clases de
letras se hace según las regiones y épocas históricas y culturales,
separando la escritura que aparece en códices de la de documentos.
Algunos capítulos se habían publicado antes monográficamente.
de tal manera que la obra aparece como una yuxtaposición de estu-
dios aislados engranados con elegancia; cada capítulo presenta una
génesis y un prqceso autónomo '. La elaboración siguió un transcurso
sistemático y moderno, del que resultó una teoría que, aunque pre-
sentando a veces pequeñas lagunas, recibió -ya lo hemos dicho-
una crítica laudatoria y copiosa.
Es opinión común la buena presentación tipográfica de la edición,
como era habitual en la colección en que fue incluida. Sin embargo,
generalinente se ha considerado escaso el número de láminas o fac-
símiles e inadecuado, por lo reducido, el tamaño de reproducción
de éstas, en octavo.
Hay que destacar finalmente, el Apéndice al texto, dedicado a re-
señar y criticar los principales cultivadores de la Paleografía, con
indicaciones acerca de la enseñanza paleográfica en España.
Pero el éxito del Ensayo, que comentamos, fue relativamente efí-
mero, simplemente porque a los tres años de su aparición iba a
quedar ensombrecido y hasta anulado por el libro grande, el Trata-
do, que no sólo lo era por su tamaño y extensión, sino por lo com-
pleto, así en la parte doctrinal y teórica como en la práctica.
La edición de éste fue calificada como «nueva» por Galindo Ro-
mero basándose en el mayor desarrollo del texto, y en que éste es-
taba dirigido hacia los ya iniciados en el mundo paleográfico, frente
a la orientación más divulgadora del Ensayo. En su opinión, Millares
se presenta como el Prou español, emparejándose los manuales de
uno y otro, así se atienda al rigor científico de la obra como a la
bibliografía abundante y selecta '.
El propio Galindo, ya el mismo año de la publicación, pensaba

imita en ello el sistema seguido por Schiaparelli en sus trabajos sueltos


y de conjunto. Millares admiraba las maneras de Schiaparelli, de ahí el pro-
yecto, luego fallido, de ir a trabajar y terminar de formarse a su lado. Para ello
había solicitado en 1922 una pensión al Centro de Estudios Históricos.
Galindo Romero reseñó el Tratado, en «Rev. BAM», 1933, X, pp. 267-269
que sería una obra definitiva por el dominio técnico y la extensión
doctrinal que presentaba el Tratado aparece desde ese momento a lo
largo de cinco décadas como el manual de base para los discentes
de paleografía española. Pero tanto y más que para los alumnos,
vino a ser libro de formación o perfeccionamiento y de consulta
obligada para todos los estudiosos de la disciplina a cualquier nivel:
profesores, investigadores, archiveros, bibliotecarios, arqueólogos. En
él iba a desembocar la anterior corriente paleográfica española que
a lo largo de dos siglos venía jalonada por la Paleografía Española
de Terreros lo, por la Escuela d e leer letras antiguas de Merino 11, por
el Manuel de Paleografía de Muñoz y Rivero y por la Paleografía
Española de García Villada 13. Todo lo bueno y aprovechable de cada
uno fue cuidadosa y elogiosamente recogido por Millares: por ejem-
plo, las aportaciones de Villada al mejor conocimiento de las escri-
turas visigóticas y con él las de otros famosos especialistas extranjeros
como Clark, Robinson, Schiaperelli y Loewe.
«Si se compara con sus similares extranjeros -dice Marín Mar-
tínez 14- el nuevo Tratado los superó a todos en cantidad de doctrina
y en proiusión de datos, por no hablar de material gráfico que es
infinitamente superior en el nuestro. Si ya no antes, pudo Millares
a partir de su publicación emparejarse con los más conocidos pa-
leógrafo~europeos, como Prou, Delisle y Boüard, en Francia; Leh-
mann, en Alemania; Lindsay, en Inglaterra; Paoli y Federici, en
Italia. El emparejamiento resulta más homogéneo con los franceses,
ya que lo mismo ingleses que alemanes enfocaron lo paleográfico
desde perspectivas más lingüísticas y textuales que historiográficas,
y los italianos se caracterizaban y siguen caracterizándose por sus
textos, casi esquemáticos, donde la claridad y sencillez privan sobre
lo erudito.»
Ese abundamiento en la doctrina y en los datos pudo contribuir
a los inevitables fallos -¿qué libros no los tiene?- que presenta el
Tratado a través de su denso contenido, pues fue, probablemente, la
causa de su lenguaje menos nítido, de su estilo poco farragoso, y
en todo caso, pesado para el lector por las largas enumeraciones de

'O h4adrid, 1755.


" Madrid, 1780.
" Madrid, 1881 (reimpreso en 1919).
" Madrid, 1923.
l4 En el Prólogo a la 3." ed. del Tratado (1983), p. XV. También Ruiz
Asencio en la Advertencia Preliminar a la 3." ed. confirma la vigencia inalte-
rable durante cincuenta años del Tratado de 1932. Así como n o diida en cali-
ficarlo como el más logrado manual de Paleografía en Europa.
a u t o r e s d e títulos, d e asignaturas, de referencias, etc. Consecuencia
de lo cual viene a ser, en todos los capítulos de la obra, un excesi-
vo predominio de lo analítico sobre lo sintético y una falta de con-
c!Usi=r,rs &finiti~;as c p scpnngm Gnl p ~ s t f i rd~~ ~ i r f i ren
a aqd!o$
puntos sobre que se dan diferentes y aun encontradas opiniones.
Otro libro importante en la carrera científica de Millares se re-
fiere a su nornbramicnto d c n u m e r a r i o p o r l a A c a d e m i a d e la His-
toria y a su toma de posesión del correspondiente sillón el año 1934.
Si el acontecimiento tiene interés, visto desde este capítulo de nuestra
tesis que se centra en ei ebiuúiu de su p ~ ~ b ü i ~ a l i Úcüiiiü a d pak6giafo
y diplomatista, se debe a que en el fondo de su elección latían una
serie de motivos relacionados precisamente con ese aspecto de su
persona. Supuesto lo cual, se comprende y se explica que su discurso
de entrada versara sobre asunto t a n paleográfico como Los códices
de la catedral de Toledo. En la docta corporación sobresalió siempre
por su saber erudito en materias muy diversas, por su espíritu de
trabajo y colaboración en cualquier tema que se le ofrecía; pero,
sin duda, lo que de él predominaba allí eran sus saberes sobre la es-
critura y el lenguaje escrito en sus diferentes plasmaciones: códices,
epígrafes, documentos, archivos, bibliotecas y libros.
La guerra española de 1936, sorprendió, pues, al profesor
Millares Carlo en el cenit de su carrera científica y en plena pro-
ducción dentro de sus especialidades predilectas, la Paleografía y la
Diplomática. La ruptura con el pasado que el acontecimiento supuso
para él en todos los órdenes -familiar, social, profesional, econó-
mico- también repercutiría en lo estrictamente científico, y bien do-
l o r o s a m e n t e p o r cierto, p u e s fue causa, e n t r e o t r a s cosas, de q u e per-
diera para siempre el magnífico materia1 que tenia reunido para un
«Católogo de manuscritos de la biblioteca-catedral de Toledo», cuya
publicación a n d a b a y a e n s u s p r i m e r o s pasos 'j.
Con este grave disgusto a cuestas y otros parecidos, o más graves
todavía, llegó a Méjico como exiliado el año 1939. Pero su voluntad
'' Importa hacer notar que en los avatares de la guerra y la postguerra
se perdieron, al parecer para siempre, materiales de trabajos que el autor tenía
más o menos avanzados en su preparación. Tal, los correspondientes al Catálogo
general d e manuscritos de la biblioteca catedralicia d e Toledo que estaban
en trance de publicación y a la Colección diplonuitica de Alfonso VIII. Más
desagradable, por lo delicado del asunto y lo poco correcto del procedimiento.
resultó el caso de su trabajo sobre uLa escritura y el libro en España durante
la demolición del pueblo visigodon que, redactado ya para el vol. 111 de la
Historia de Espaiza de Menéndez Pidal, se publicó a espaldas del autor y al
parecer por razones políticas en 1840 a nombre de Matilde López Serrano.
Nos consta que los editores y la pseudoautora dieron al verdadero autor toda
clase de explicaciones que éste aceptó con su habitual benevolencia.
indomable de no dejarse vencer por nada en la faceta de su trabajo
intelectual y científico hizo posible que muy pronto reanudara allá
su vida y orientara ésta por los mismos cauces que había corrido en
España: la enseñanza, la investigación y las publicaciones referidas
por igual a lo docente y a lo investigatorio, con predominio siem-
pre de lo paleográfico y diplomático.

2 . EL EXILIO. LA ETAPA AMERICANA

La etapa hispanoamericana, que así puede llamarse dentro del


marco biográfico de nuestro personaje, todavía puede dividirse cro-
nológica y geográficamente en las otras dos etapas parciales: la me-
jicana propiamente dicha y la venezolana. Como características de
ambas pueden darse estas tres notas: predominio de la docencia
sobre la investigación; relativa dispersión temática entre las varias
especialidades cultivadas tradicionalmente por don Agustín; no todas
sus publicaciones, ni aun la mayor parte, constituyeron trabajos de
primera mano, pues lo divulgatorio y pedagógico ocupó en su biblio-
grafía de estos años una parte muy considerable.
Como profesor y maestro, la actividad del doctor Millares duran-
te los años que ocuparon su docencia en Méjico y Venezuela pueden
resumirse en los siguientes datos: entró muy pronto, año 1940, a
enseñar diversas materias en la Universidad Autónoma de Méjico.
Entre ellas, no estaba precisamente la Paleografía, lo cual no quiere
decir que se desvinculara de la misma ni mucho menos; pues empezó
bien pronto a explicarla en otro prestigioso centro universitario, el
Colegio de Méjico, donde, a la vista del éxito alcanzado por el nue-
vo maestro, sus enseñanzas se convirtieron a partir de 1944 en cá-
tedra propiamente dicha. La fama de aquéllas corrió pronto por
otras universidades que se apresuraron a reclamar la presencia, si-
quiera esporádica, del ilustre paleógrafo madrileño. Así, la Univer-
sidad de Monterrey y la de San Luis de Potosí, en las cuales se iin-
partió, los años 1955 y 1956, sendos cursos de conferencias sobre
Paleografía de los siglos XVI y XVII.
Cumplidos sus compromisos con los centros universitarios de Mé-
jico, a los que había estado ligado sin interrupción durante casi vein-
te años, dio un salto hasta el otro lado del Caribe, a Venezuela,
donde se le venía hambreando desde hacía tiempo. Tres o cuatro ins-
tituciones del más alto rango científico se disputaron y se repartie-
ron sus enseñanzas y profesorado a partir de 1959: la Universidad
de Zulia, en Maracaibo, que fue su principal destino durante casi
otros quince años 16; el Archivo General de la Nación, la Escuela de
Biblioteconomía y el Instituto de Filología, en Caracas 17; finalmente,
la Universidad de los Andes, en Mérida. El campo de su docencia
ocupó aquí, como había ocurrido en Méjico, tres o cuatro parcelas
temáticas distintas, pero coincidiendo casi todas en el fondo paleo-
gráfico de los temas, ya se tratara de documentos y archivos, de có-
dices y bibliotecas o simplemente de la imprenta y los libros.
Por lo que a investigación se refiere, aun considerando ésta como
deficitaria si se compara con lo lleno y aun excesivo de sus activida-
des pedagógicas, no faltó en absoluto diirante esos largos años ame-
ricanos, incluso en el acotado paleográfico menos fácil que cualquier
otro para trabajos de investigación estricta y propiamente dicha.
Por ejemplo, allí dio la última mano a un excelente trabajo q u e traía
de España ya medio elaborado y que publicó en 1941 bajo el título
de Nuevos estudios d e Paleografía Española, donde junto a datos
nuevos se repasaban y refundían algunas dc sus publicaciones ante-
riores. En dichos Estudios se analiza un buen número de manuscri-
tos visigóticos españoles conservados en bibliotecas y en fondos di-
versos de Europa. De menos monta, por el tenia y la extensión, debe
considerarse otro trabajito suyo publicado también en 1941 sobre
El siglo X V I I I español y las colecciones diplomáticas. Por lo demás,
no se olvide, en abono de su condición y sus actividades investigado-
ras, que su estreno como profesional de las letras, una vez en la ca-
pital mejicana, tuvo lugar a título de investigador en Paleografía,
contratado por el Colegio de Méjico, que le asignó como campo de
trabajo el de los archivos de protocolos. En esa misma línea y como
investigador de carrera ingresó luego en la Universidad Autónoma,
y de cara también, a investigaciones y trabajos sobre archivos y bi-
bliotecas.

'' Merencen mencionarse el curso de paleografía impartido en Maracaibo


en abril de 1961, y su ponencia sobre «Problemas de la paleografía en Hispano-
américa» presentada al Congreso de Archivología celebrado en Washington
en octubre del mismo año.
" Al gozar AMC desde finales de 1966 de un año sabático, fue contratado
para impartir un curso intensivo de paleografía hispanoamericana durante el
primer trimestre de 1967. Estuvo patrocinado por las fundaciones Eugenio
Mendoza, John Boulton, Shell y Greole. Ante los cincuenta alumnos asistentes,
AMC desarrolló la historia de la escritura española desde la mitad del s. XIII,
con proyección de diapositivas y constando la parte práctica de utilización
de láminas facsíiniles cuya finalidad era permitir a los alumnos la adquisición
de conocimientos necesarios para investigar en los documentos pertenecientes
a los siglos [Link] clausuró el ministro venezolano de Justicia, Aristimuño.
Paralelamente explicó AMC otro curso de paleografía a u n grupo seleccionado
de profesores del Instituto Filológico de Caracas.
Su bien f u n d a d a f a m a d e investigador concienzudo e n el campo
de los manuscritos visigodos se certifica por el hecho de que el
propio Menéndez Pida1 recurriera a él para obtener un comentario
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que había sido publicado por Dámaso Alonso y comentado por


W. Walfale en el tomo VI11 de la Romance phylology, el año 1955 18.
Sin embargo y volviendo a l a inapreciable labor docente des-
arrollada por Millares en Hispanoamérica como paleógrafo y diploma-
tista, hay que confesar que el fuerte de sus publicaciones en exten-
sión y caiiciaci hay que reiacionario especiaimente con ei campo de la
enseñanza. Prescindiendo de otros trabajos menores, como el dedica-
do a «Algunas orientaciones nuevas en el campo de la paleografía»,
aparecido el año 1943 en Cuadernos Americanos, hay que destacar
como primero y principal de entre sus frutos bibliográficos de este
período, el Album de Paleografía Hispanoamericana de los siglos XVZ
y X V I I , que publicó en Méjico el año 1955 en colaboración con
José Ignacio Mantecón, quien, a pesar de no pedirlo así el orden
alfabético, figuraba y muy razonablemente como segundo en la por-
tada del libro. Constaba éste de tres partes, cada una en su corres-
pondiente volumen: el primero, doctrinal y teórico; el segundo, de
facsímiles; el tercero, de transcripciones y comentarios. El primer vo-
lumen contiene, en plan de información y doctrina, cuanto puede
interesar al conocimiento adecuado de la escritura en Hispanoamé-
rica, pues incluso sobre las escrituras indígenas, así de la época pre-
colombina como de la siguiente, se dan noticias e información en pro-
porción adecuada y suficiente; lo mismo que sobre los orígenes y
difusión d e l a escritura latina e n E u r o p a y e n España, con la consi-
guiente propagación al Nuevo Mundo a través de su descubrimiento
y conquista por los españoleslg. Por otra parte, es natural que el
mayor espacio d e ese primer volunien esté dedicado a las escrituras
de carácter documental (cortesana, procesal y humanística) de los si-
glos xv, XVI y XVII que fueron las trasladadas y aclimatadas bien
pronto en ioa países y puebios recién descubiertos. Otro tanto pue-
de decirse de los volúmenes segundo y tercero, añadiendo con rela-

:%través ue una carta (ivíacirid, 5 de julio de lY5b), Menéndez Yidal acudió


a Millares para que hiciese el comentario. La demanda se basó en que hasta
entonces ningún español había hecho comentario alguno sobre este asunto
paleográfico.
l9 Más adelante veremos cómo en los primeros capítulos del Album recoge

Millares -y fue el primero en hacerlo-, en relación con los problemas gene-


rales paleográgicos y con los específicos de la escritura romana y la escritura
visigótica las nuevas teorías de Jean Mallon hechas públicas en 1952 a través
de su Paleographie Romaine.
ción a éste último que la principal novedad de la obra está en él
y en los comentarios que se dedican a los respectivos facsímiles, to-
cando, aunque sea brevemente, sus diversos aspectos, incluso los lin-
-:::"&:"A"
5UlDL,buD. E! Albtlx se ~ p t 6EUJ prmtc y se reniirti6 en texte
de paleografía ordinario e imprescindible en toda Sudamérica. Las
ediciones posteriores deben de andar ya por la cuarta, y siguen co-
locándose por igual en América, España y Europa 'O.
Como juicio de conjunto más acertado sobre la personalidad pa-
leográfica de Agustín Millares a lo largo de esta etapa hispanoameri-
cana, hacemos nuesrras ias palabras dei profesor ivíarín Mariínez en
el Prólogo ya citado: «Lo que la ciencia paleográfica pudo perder en
la antigua metrópoli por ausencia tan prolongada del primer culti-
vador que tenía entonces aquí, iba a repercutir ventajosamente en
Hispanoamérica, donde, sin pretenden jugar a futurible, podemos
pensar que la tal ciencia no habría llegado a las apreciables cotas
que tiene hoy alcanzadas si el profesor Millares no hubiera arribado
allí en 1939 y abierto tienda de Paleografía por emplear la expre-
sión de Nebrija cuando presumía de haber sido el primero que em-
pezó a enseñar Gramática en España. No puede decirse que Millares
fuera primero en el tiempo de empezar a impartir allá su disciplina,
pero sí en la novedad y calidad con que la impartía». A propósito del
Album de Paleografía, «no sé -dice el propio doctor Marín- que
de antes hubiera en toda América del Sur para ayudar a los estu-
diosos de la Paleografía nada publicado comparable a los tres vo-
lúmenes en cuestión.. . Precisamente seis años antes había aparecido
en Quito la Paleografía diplomática española y sus peculiaridades en
América, de Jorge A. Garcés "; pero su valor era escaso y sus fallos,
tan llamativos, que hicieron algunas plumas, la mía entre ellas, ace-
rarse para criticarla, quizá, con demasiada acribia " D .

3. EL REGRESO. LOS ULTIMOS QUEHACERES


PALEGSRAFiSGS

El regreso de Millares a España en 1952 no fue, en principio,


ni definitivo ni tatai, es decir, que no tuvo carácter permanente

Dichas ediciones que corresponden a los años 1975 y 1980, se deben a


'O

Ediciones El-Albir, de Barcelona.


" Quito, Publicaciones del Archivo de la ciudad, 1949.

'WAR~N MART~NEZ, Tomás, Prólogo a AMC, Tratado de Paleografía Espci-


nola, con la colaboracion de Jose Manuel Kuiz Asencio, 5." ed.. Macirici.
Espasa-Calpe, 1983, p. XIII.
ni le afectó mayormente en los aspectos familiares, sociales, eco-
nómicos y aun académicos y profesionales en el sentido adminis-
trativo de éstos. Pero sí repercutió muy ventajosamente en la perso-
nalidad y en la obra paleográfica de Agustín Millares. Y eso, aun
durante los siete años siguientes en que su vida profesional siguió
transcurriendo en Méjico, sin volver a España, por segunda vez, hasta
1959. No digamos a partir de esa fecha. en que sus actividades em-
pezaron a repartirse entre España y Venezuela, a donde viajó todavía
y realizó trabajos en 1979; pero basculando cada vez más hacia
Mad~idy 1 a s Palmas, sobre todo en el último decenio de su vida.
Parece como si nuestro paleógrafo hubiera querido desquitarse en
ese tiempo de las posibles consecuencias negativas que habían sido
inevitables e inherentes a la larga ausencia de 1936 1959 y que coin-
cidió, además, con sus años más lozanos y de mejores condiciones
así físicas como mentales. El balance de dichos casi treinta años so
cuenta dcsdc cl primer viaje de regreso a España hasta su mueite,
con relación al cultivo de sus dos materias predilectas, la Paleogra-
fía y la Diplomática, es altamente positivo y puede hacerse de ellos
el siguiente resumen:
Como docente de ambas disciplinas no le fue ya posible actuar
en España oficialmente. Su reincorporación a la Universidad madri-
leña tuvo lugar días antes de que cumpliera la edad reglamentaria
para jubilarse. El último encargo público que se le confió por la vía
administrativa, en relación con dichas dos asignaturas, fue el de tutor
de los alumnos que las estudiaban en el Centro Asociado de la UNED
en Las Palmas; mas la tutoría no llevaba consigo necesariamente
actividades directas de enseñanza propiamente tales. A pesar de lo
cual, su entrega al cargo de tutor y a los respectivos alumnos fue
ejemplar y eficacísima, dejando profunda huella en quienes tuvieron
la w ~ r t durante
~, los cursos 78-79 y 79-80, de beneficiarse de sus
saberes y de sus extraordinarias dotes humanas y pedagógicas.
Pero lo que no le era dado hacer en la tribuna pública, lo com-
pensó con creces e11 el vrdan privado a base de cursillos, conferen-
cias, charlas, coloquios. que muchas veces no resultaban tan priva-
dos, pues sus organizadores tenían que ver con instituciones públicas
que actuaban, al pedirle su colaboración, si no oficial, sí oficiosamen-
te. Tal, por ejemplo, el cursillo sobre «Paleografía española astur-
leonesa-castellana» que dictó en el Archivo Histórico Nacional por
octubre de 1971, cuyo éxito fue tan notable que mereció celebrarse,
a iniciativa de los cursillistas, con una cena-homenaje en Lhardy,
durante la cual el académico Pedro Sainz Rodríguez glosó magistral-
mente las manifestaciones de la personalidad sapiencia1 y erudita del
homenajeado 33; O los varios pequeños cursos que se organizaron en
el Centro de Estudios Filológicos de Las Palmas, auspiciados por la
Mancomunidad de Cabildos incluidos en el Plan Cultural de aquélla
para el curso 78-79. Fueron varias las universidades e instituciones
por que fue pasando como conferenciante extraordinario: Granada,
Sevilla, Barcelona, Valencia, Santiago, Las Palmas de Gran Canaria,
donde puede decirse que sentó cátedra en sus últimos tiempos; tan-
tas fueron sus actuaciones a todos los niveles. Viene aquí bien y mejor
que en ninguna otra etapa de su vida, aquello de Tomás Marín en
su Prólogo cuando dice, a propósito de sus tertulias científicas, que
más que organizarlas y dirigirlas, «vivía inmerso en ellas, porque su
conversación, sin dejar de ser amena y siempre grata, derivaba como
por encanto a asiintos y problemas de erudición bibliográfica, his-
tórica, diplomática, etc.».
A tono con esta actividad parlante anduvo durante esos primeros
años s u actividad gráfica, es decir, la d e su pluma, que siguió pro-
duciendo a buen ritmo títulos y trabajos en que se daban la mano
lo investigacional y lo divulgatorio. Paleográficamente siguió viva su
inclinación hacia los temas d e escritura visigótica, tal y como l o de-
muestran sus tres nuevos trabajos: El diploma del Rey Silo (1971),
Consideraciones sobre la escritura visigótica cursiva (1973) y Pro-
blemas que suscita la escritura de los Beatos (1978). En cl primcro,
alternó su estudio del famosísimo pergamino con otros de los mejo-
res especialistas de la historia de la lengua (Rafael Lapesa) y de las
instituciones medievales (García de Valdeavellano).
En este campo de lo visigótico, se centró también el gran esfuerzo
investigador de sus últimos tiempos, hasta el extremo de que la
muerte le sorprendió totalmente inmerso en la realización del pro-
yecto correspondiente. Se trata del Corpus de códices visigóticos,
que bien puede considerarse como la ilusión paleográfica de su vida.
La querencia por el asunto le venía de muy atrás, pues ya vimos
cómo en 1932 publicó el primer volumen de su Contribución a dicho
Corpus, en cuyo tema le fue imposible, por la lejanía de los mate-
riales, seguir trabajando desde América. Precisamente por eso y ape-
nas regresado a España, volvió com mayores ansias a la misma que-
rencia. que iba a desembocar, como primera nueva fase del trabajo,
en el librito de 1963 que lleva por título Manuscrifos visigóticos.
Notas bibliográficas ". Su obsesión por el tema y su inmediata reali-
" El curso habia sido organizado propiamente por la Asociación Española
de Mujeres Universitarias, pero con respaldo y colaboración del propio Ar-
chivo Histórico.
24 Dicha publicación fue posible gracias a la buena amistad y a1 inieicainbio

científico permanente que Millares venía manteniendo de siempre con cl Insti-


zación le llevaron a llamar en todas las puertas que podrían ayudarle
a sobrellevar los extraordinarios gastos de esta gran empresa cientí-
fica. Fue atendido en su llamada por las Fundación March, que le
concedió en 1958 una beca beca bastante generosa para realizar un
plan de trabajo que llevaba por título el de «Nuevos Estudios de
Paleografía Visigótica» y que no era sino la misma gran empresa
del Corpus, cuyo desarrollo fue pasando por las siguientes fases:
Primera, la correspondiente a dicho trabajo publicado, de las
Notas bibliográficas, financiado para su elaboración por dicha beca
de 1958. Sobre la buena calidad del trabajo. informó en su momento
el catedrático don Angel González Alvarez, que era ponente en la
Fundación para los temas de Humanidades ". Segunda, preparación,
a base de u n a actividad intensísima, del material del verdadero
Corpus de códice, que consistiría: l." En el registro de todos los
manuscritos conocidos de escritura visigótica, consignando su signa-
tura topográfica, a u t o r y título d e l a o b r a u o b r a s contenidas, posible
bibliografía existente sobre el texto o textos de cada manuscrito,
examen exhaustivo de sus peculiaridades gráficas y de todos los
elementos csdicológicos 26. 2.' Rcproducción íntegra en facsímil del ms.

tuto Enrique Flórez a través de los directivos del mismo, Galindo y Marín,
que eran además grandes amigos suyos. Precisamente quisieron éstos que la
nueva serie «Subsidia» de la gran colección ((Monumenta Hispaniae Sacra»
fuera inaugurada con este trabajo de su querido y admirado colega. Donosa-
mente, alguien dijo que la redacción de este trabajo había sido «mareada»,
ya que buena parte del mismo se redactó durante los veintitrés días de travesía
que su autor hizo en un carguero alemán entre Tampico y Hamburgo.
l5 AMC presentó el 11 de enero de 1959 la obra final en tres carpetas, con
cstos contcnidos: 1." carpcta: Advcrtcncia preliminar.-Opera quae saepius
laudantur (10 folios). 1. La escritura en España durante la dominación del
pueblo visigodo. 2." carpeta: Historia de los manuscritos de la Biblioteca
Capitular de Toledo (172 folios): Introducción. Noticias que acerca de los
manuscritos visigóticos se hallan en los inventarios de la librería capitular
(folios 11.17).-11. Enumeración de los manuscritos por el orden de sus signa-
turas toledanas, con indicación de lo sustancial de su contenido y de la biblio-
grafía pcrtincntc n cada uno dc cllos (folios 18-106).-111. Obscrvacioncs accrca
de la edad y procedencia de algunos de los ejemplares estudiados (fo-
lios 107-170).-Cuadro de equivalencias entre las antiguas y actuales signaturas
de los manuscritos visigóticos toledanos (folios 171-172). 3." carpeta: 1." parte:
Registro ordenado por localidades, y dentro de éstos por los centros en que los
códices se conservan, de los estudios totales o parciales de que tales códices
han sido objeto, o de otras noticias que vienen a completar los datos que
acerca de tales manuscritos se conocían. Este registro arranca de 1932, fecha
de publicación del Tratado d e Paleografía España.-2." parte: Lista de nuevos
fragmentos y códices visigóticos, también por el orden albafético de los lugares
en que hoy se encuentran.
26 Cada descripción se acompañaría de reproducción facsímil de una parte
[Link].18 de la Biblioteca de El Escorial, con su comentario corres-
pondiente. 3." Nuevo Repertorio de códices españoles datados entre los
siglos VII al XIII, cuya base sería la lista de su Tratado d e Paleografía
de 1932, a los que se añadirían los aparecidos y catalogados con
posterioridad a dicha fecha.
Para llevar adelante un plan tan ambicioso consideró el autor
imprescindible conseguir una segunda aguda de la Fundación Juan
March que, después de muchas gestiones y no pocas dificultades,
le fue concedida en 1970 ''. Su cuantía era de 600.000 pesetas y,
en principio, nhligaha al hecarin a residir en España durante el
segundo año de la beca, desde el 1 de marzo de 1971 y a entregar
los resultados de su investigación antes del 31 de julio de 1972.
El primer año, 1970-71, lo dedicó Millares a la revisión y puesta en
día del material inmenso que había ido acumulando durante tantos
años, desde 1932, pudiendo ofrecer a la Fundación un balance muy
positivo de ese primcr año dc bccario. Así lo reconocieron los ex-
pertos nombrados para informar sobre el caso ''.
Pero cuando todo parecía marchar viento en popa y estar ase-
gurada la llegada a puerlo de la anhelado trabajo sobre los códices
visigóticos empezaron a surgir las dificultades y los retrasos, parte
por exigencias de los compromisos que el becario de la mar tenía
aún en Venezuela, y parte, sobre todo, por la enfermedad grave
que empezó a aquejar a éste en 1973. Como consecuencia, se retrasó
todo y hasta 1975 Millares no pudo rendir cuentas ante la Fundación

del manuscrito. Para todo ello contaba AMC con las monografías ya publicadas
sobre el tema, así como el abundante material acumulado durante muchos años,
sería necesario adcmás dcsplazarsc a Madrid, Barcelona, El Escorial, Toledo,
León, Valladolid, Silos, París y Londres, para examinar «de visu» parte de
los manuscritos.
" Ohligadn es dejar constancia del extraordinario interés mostrado en dichas
gestiones por el embajador de España en Venezuela el ilustre canario don Ma-
tías Vega. Puede decirse que fue él quien decidió al director gerente de la
Fundación, don Alejandro Bérgamo, en favor de la beca solicitada.
2B Fueron esos expertos don Pedro Voltes y don José 'I'renchs, profesores

ambos de la Universidad de Barcelona. Creo interesante reproducir parte de la


opinión del profesor Trenchs, del Departamento de Historia Medieval de la
Universidad de Barcelona, en carta al señor Voltes el 12 de febrern d~ 1471.
«El estudio introductorio sobre los orígenes de la escritura visigótica es el
primero de su género y conjuga las opiniones tradicionales con los resultados
de los últimos estudios ya sobre epigrafía o sobre paleografía documental y
libraria ...», «el trabajo del profesor Millares marcará una pauta dentro de los
estudios paleográficos y es, en sí, en primer estudio completo de estos fondos,
que en opinión del profesor Battelli (de la Universidad de Roma), tan falta
estaba la paleografía española. Este trahajn será aceptado con enormes plácemes.
por la opinión internacional».
del final de su trabajo. Bien que, aunque con demasiado tardanza,
éste era cabal y satisfizo las exigencias de los censores que infor-
maron muy favorablemente sobre la calidad del mismo ".
Sin embargo, aquí empezó un nuevo calvario para el proyecto
y para su realizador, al declinar la Fundación March su compromiso
de publicación del Corpus por una serie de razones técnicas y por
el desmesurado coste de la impresión. Los intentos de publicación
quedaron entonces en manos del propio autor, quien tomó la ini-
ciativa de interesar a su favor al Centro San Isidoro de León y al
director del mismo, d o n José María Fernández Catón. También
entró en juego, en orden a la mejor preparación de los originales,
la profesora de la Universidad de Sevilla, doña María Asunción
Vilaplana. Finalmente, los originales del asendereado proyecto vi-
nieron a parar a seminario ((Millares Carlo)) de la UNED en Las
Palmas, y llegaron para mayor disgusto de su autor cuando él
estaba virtualmente asentado ya e n l a capital canaria, y d o n d c moriría
poco tiempo después sin haber llegado a ver la tierra prometida de
su ansiado Corpus de códices visigóticos 30.

4. LA TERCERA EDICION DEL


«TRATADO DE PALEOGRAFIA))

El presente capítulo sobre Millares paleógrafo hay que cerrarlo,


haciendo colofón del mismo, con una noticia y comentario sobre la
edición de 1983 de su Tratado de Paieografía Española. Que se
trate en buena cronología del último fruto literario de don Agustín,
se certifica con decir que es obra póstuma suya. Pero esto importa
menos frente a otra circunstancia de más fondo y trascendencia,
pues el Tratado viene a ser la culminación de su carrera de paleó-
grafo y la ejecutoria de su autoridad indiscutible en esta materia.

'' Don Miguel Artola Gallego, a quien la Fundaci6n March solicitd el juicio
de la investigación becada, reconoció su valor en carta a don José Luis Yuste
(director gerente de la Fundación) el 17 de febrero de 1975.
30 La verdad es que, al margen de su enfermedad y muerte, que fueron
en apariencia las que imposibilitaron llevar a término el proyecto del Corpus,
la obra había ido adquiriendo con el paso del tiempo tal amplitud y enver-
gadura que las solas fuerzas de una persona y menos si ésta se encontraba ya
relativamente vencida y caduca por el peso de los aiios y de los achaques,
como era el caso de don Agustín, no podían dar abasto a su realización plena y
definitiva. Por fuerza dicha realización ha de ser fruto de un equipo de trabajo
podernso y bien dirigido Ahí esta todo el material organi7ado y empe7ado
a estructurar esperando a tal equipo.
Expondremos primero el proceso externo de su elaboración y, des-
pués, su contenido interno.
Agotada prácticamente poco después de la guerra la edición
de 1932, hasta el extremo de que su escasez y la mucha demanda
del libro por parte del público estudioso pusieron al editor en trance
de hacer una edición semiclandestina del volumen de láminas, fue
el motivo de que ya en Méjico empezara el autor a rumiar las
posibilidades y conveniencias de una nueva edición. Pero la idea
no empezó a cobrar cuerpo hasta su primer viaje a Madrid en 1952
y al establecer contacto con el profesor Marín que terminó de con-
vencerle sobre la necesidad y urgencia de llegar a cabo el proyecto.
Intervinieron también en las conversaciones el catedrático de Epi-
grafía, Joaquín María de Navascués, y el paleógrafo Jean Mallon,
llegándose a la conclusión de que la nueva edición había de ser
muy retocada con relación a las dos anteriores.
Con su habitual diligencia no dejó ya Millares de dar vueltas
al asunto, barajando en su mente la ideas y empezando a reunir
con sus manos los materiales gráficos que creía más conveniente
para el nuevo libro. Pero en serio, puede decirse que el Plan no
fue por él acariciado hasta diez años más tarde, llegando incluso
a intentar llevarlo a cabo en Maracaibo y que la Universidad del
Zulia se hiciera cargo de la edición. Pero fracasó el intento, con
nuevo compás de espera hasta la década del setenta, en que decidió
por fin eficazmente emprender los trabajos para una próxima pu-
blicación. Su actividad esos años en torno al Tratado puede califi-
carse de frenética y todo cuanto hacía y publicada en el campo
paleográfico lo enfocaba ya en orden a la mejor factura de aquél.
Así las cosas, entró de por medio el decidido interés de la Editorial
Espasa-Calpe en ser ella quien hiciera la edición, viniendo a parar
a sus manos las ingentes carpetas de material (texto y láminas) que
el autor tenía más o menos dispuesto meses antes de morir. Inter-
mediario eficacísimo entre el autor que estaba en Las Palmas con
pocas posibilidades dc trasladarse a Madrid, cada vez que su pre
sencia era necesaria u oportuna, fue el profesor Félix Sagredo, quien
al ver declinar rápidamente las fuerzas físicas de don Agustín tuvo
la feliz idea de abuciar a la eIripreba de la ediciijii del Traludu al
catedrático José Manuel Ruiz Asencio, de la Universidad de Valla-
dolid, que es quien, a la postre, salvó el proyecto, convirtiéndose
en verdadero coautor de la edición. El mismo, en la Advertencia
Preliminar que va en el tomo 1, nos ha contado con gracia y detalle
sus gestiones y trabajos al respecto. La conclusión de todo fue algo
que, muerto inesperadamente el principal autor, parecía irrealizable:
haber puesto en la calle el año 1983 tres volúmenes espléndidos de
fondo y forma que pasaban a ser el manual de Paleografía más
completo y más denso de los que corren actualmente por Europa.
Entrando ya en el contenido del mismo, podemos resumirlo en
los siguientes puntos: 1 Aunque teóricamente y en la mente del
.O)

autor quisiera esta tercera edición corresponderse como tal con las
dos anteriores, de hecho se puede afirmar que es algo distinto y
muy superior a aquéllas. 2.") Sobre los aspectos prácticos, por lla-
marlos de algún modo, nada le falta al libro, ha escrito el doctor
Marín 31: «Las láminas y los dibujos triplican el número y calidad
a los de ediciones anteriores; su disposición, yuxtaponiendo en cada
caso frente por frente facsímiles y transcripciones, supone un paso
dc gigantc dcsdc cl punto dc vista didáctico; geográfica y cronoló-
gicamente, los grupos de escritura peninsulares están todos represen-
tados -algo que no ocurría antes- en adecuadas proporciones;
eri cuanto a fidelidad trariscriptoria se han alcanzado las cotas más
altas, ya que moralmente puede asegurarse que en los centenares de
textos transcritos no se ha producido un solo fallo apreciable». 3.") En
la parte doctrinal o teórica la aportación nueva es importantísima,
pues no sólo se hace eco, sino que hace suyas las nuevas teorías
paleográficas de Jean Mallon, que han revolucionado casi desde sus
cimientos esta disciplina y dado pie para la creación de nuevas es-
cuelas paleográficas en torno a sus teorías y al desarrollo de las
mismas. «Lo de menos es -dice otra vez el profesor Marín- que
los capítulos de doctrina hayan aumentado en la proporción de vein-
te a treinta, doblando o triplicando alguno la extensión que antes
tenían. Lo importante es que en todos la bibliografía, la temática,
con los datos y noticias correspondientes, podemos decir que han lle-
gado a lo exhaustivo; y que en algunos, los cinco o seis primeros,
el enunciado, la visión, el planteamiento y la solución de las respec-
tivas cuestiones se han renovado tan profunda y atinadamente que
apenas admiten ya parangón con los de 1 9 3 2 ~32.
Queremos terminar cstc brcvc comcntario con el último párrafo
del Prólogo a la edición que valoramos, en el que con tanta obje-
tividad como elogios termina el protagonista diciendo 33: «Si nuestros
colegas, los paleljgrafus espaííoles de liace ciiicueiita aiíos, pudieron
presumir de poseer el manual de Paleografía más sólido, más amplio
y más completo de los que corrían entonces por Europa, los de 1983

3L M A R ~ MART~NEZ,
N Tomás, op. cit., p. XVII.
3f Ibíd., íd., pp. XVII-XVIII.
'' Ibíd,, íd., p. XVIII.
podremos seguir presumiendo de que el que ahora sale a la luz, además
de pleno y sólido, reúne cuanto de bueno se conjunta en estas dos
personalidades científicas tan diferentes, pero que para nosotros for-
man el ya interesante binomio paleográfico Mallon-Millares. Una cir-
cunstancia puramente externa, pero apreciable desde nuestra pers-
pectiva hispana y matritense, viene a unir más a los dos autores, pues
la obra paleográfica de ambos se gestó y se llevó a cabo y salió al
público en la capital de España, a la sombra, respectivamente, de dos
instituciones tan queridas como el Consejo Superior de Investigacio-
nes Científicas y la Universidad Central o Complutense».

APENDICE

1. LIBROS Y ARTICULOS DE REVISTA DE TEMA


PALEOGRAFICO-DIPLOMATICO.

«Un documento opistógrafo del siglo XI», en FyLMa, 1917,


1111. 14-15, pp. 2-4.

En este breve artículo defiende Millares la denominación


como opistógrafo del docunlento 13-P del Cartulario de Eslon-
za, guardado en el Archivo Histórico Nacional; a la vez que
niega tal nombre a otro del monasterio de Cercito que se lee
en el tomo 1 del Cartulario de San Juan de la Peña.

«Un códice notable de los Libros Morales de San Gregorio


Magno sobre Job», en FyLMa, 1918, 111, n. 20, pp. 1-5; n. 21,
PP. 1-5, y n. 22, pp. 6-9.
Florencio, monje del monasterio de Valeria, terminó la trans-
cripción de un ejemplar de los Morales de San Gregorio Mag-
no, con una regularidad tan grande en la escritura que no se
notan incliiso lac paiisas en el trahajo.

Estudios Paleográficos: Observaciones acerca de un docurizen-


to opistógrafo del siglo X I '.-Un códice notable clc los Libros
Morales de San Gregorio Magno sobre Job ', Madrid, Imp. He-
lénica, 1918, 65 pp. + 1 h., 20 cm.
- -
' Sobre el mismo tema había publicado «Un documento opistógrafo del
siglo xr» en FyLMa, 1917, nn. 15-15, pp. 2-4.
Publicado en F y I M u , 1918, 111, n. 20, pp. 1-5; n. 21, pp. 1-5, y 11. 22,
pp. 6-9.
4. Documentos pontificios en papiro de archivos catalanes. Estu-
dio Paleográfico y Diplomático, Madrid, Imp. de Fontanet,
1918, 274 pp. +
1 h., 20 cm.

Dedicatoria.-Advertencia preliminar.-1. El Papiro en la


Antie;iiedad.-TI. El Papiro en la Edad Media.-111. El Papiro
en la Cancillería pontificia.-IV. Comienza el uso del pergami-
no en la Cancillería pontificia.-V. Privilegios en Papiro con-
servados en archivos extranjeros. Notas bibliográficas.-VI. Es-
critura curia1 o pontificia.-VII. Bulas de la Catedral de Gerona.
Preliminares.-VIII. Privilegio de Formoso.-IX. Privilegio de
Romano.-X. Bulas dc la Catcdral dc Vich. Generalidadcs.
1. Juan XIII (Regesta 3.746). 2. Juan XIII (Regesta 3.747).
3. Juan XIII (Regesta 3.750). 4. Benedicto VII. 5. Gregorio V.-
XI. Bula de la Catedral de Urge1.-XII. Bulas del monasterio
de San Cucufate del Vallés (Archivo de la Corona de Aragón).
1. Silvestre 11 (1.002). 2. Juan XVIII (1.008).-XIII. Bulas
del monasterio de Ripoll. Agapito 11 y Sergio 1V.-Bibliografía.
Correcciones y adiciones.
Res.: SAINZ,Pedro, en RCHA, 1918, IV, n. 1, pp. 25-27.
SOLALINDE,A. G., en Ecos (Las Palmas), 13 abril 1918.

5. «De Paleografía Visigótica: A propósito del Codex TuZetunus»,


en RFE, 1925, XII, pp. 252-270, 5 facs.
Tratado sobre el susodicho Códice de la Biblioteca Nacio-
nal de Madrid, criticando la fecha y opiniones que sobre el
mismo vertieron Lowe y sus seguidores. A través del estudio
palcográfico llcga a fijar fecha y posesores, así como las ca
racterísticas de la escritura del «Codex Tutelanus~.
Res.: [Link], en Rev. BAM, 1916, 111, pp. 114-115.

6. «El siglo XVIII español y los intentos de formación de un Cor-


pus diplomático),, en Rcv. BAM, 1925, 11, n. 8, pp. 515-530'.
Separata: Madrid, Imp. Municipal, 1925, 18 pp., 24,5 cm.

' Elaboró A.M.C. este artículo con los contenidos expresados en su confe-
rencia del 25 de abril de 1924, con la que inició las actividades del Ateneo
Iberoamericano de Buenos Aires bajo el títiilo de «IJn aipectn de la erudición
histórica española en el siglo XVIII».
El perfeccionamiento del método histórico se basó en la
consulta directa a las fuentes. La diplomática, recién nacida
como ciencia gracias a Mabillon creará en el siglo XVIII la ne-
cesidad de organizar colecciones diplomáticas. Siguiendo las di-
rectrices de los Borbones se organizarán los archivos de la Real
Academia de la Historia, Biblioteca Real, Simancas, Aragón,
Barcelona y Roma. De modo parcial habían aparecido se-
ries de documentos publicados a lo largo del siglo XVII, que se
continuarán en el siglo XVIII con las aportaciones destacadas
de Mayans y Sisear, el P. Marcos Burriel (de éste se hace un
extenso análisis de su obra, con noticias biográficas y cien-
tíficas), el P. Flórez (la España Sagrada), D. Pedro Rodríguez
Campomanes (Indice General Diplomático), y una serie de co-
lecciones guardadas en la Biblioteca de la Academia de la His-
toria: las de José Vargas Ponce, Juan Bautista Muñoz, Salazar
y Traggia, D. Manuel Abad y Lasierra. También la orden be-
nedictina realizó otro intento de formación de un Corpus di-
plomático e histórico (Fr. Martín Sarmiento...), así como inten-
tos de los jesuitas: P. Masdeu, y otros trabajos que siguieron
la nueva concepción del método histórico.

7. «El Códice Toledano 33.2 y el Emilianense 47» en Homenaje


a Menéndez Pidal, tomo 111, Madrid, Editorial e Imprenta Her-
nando, 1925, pp. 501-507.

Separata: Madrid, Imprenta de la Librería y Casa Editorial


Hernando (S. A.), 1925, 7 pp., 1 lám. intercalada y pagi-
nada, 26 cm.
Estudia el códice desaparecido de la biblioteca capitular de
Toledo, a través de la transcripción íntegra del P. Burriel y
de las reproducciones de Palomares, comparando las versiones
que sobre él ofrecieron Marius Férotin, Clark y De Bruyne. Del
Emilianense 47 estudia la distinta caligrafía de los amanuenses
que lo copiaron y, tras describirlo íntegramente, hace una com-
paración con el códice toledano para concluir las diferencias
entre ambos. La lámina intercalada se corresponde con un fac-
símil de la Poligraphia gothica de Palomares que también se
incluía en los fragmentos del códice 33.2.

8. «La Cancillería Real de Castilla y León hasta fines del reinado


de Fernando III», en AHDE, 1926, 11, pp. 227-306.
Separata: Madrid, Tipografía de Archivos, 1926, 82 pp., 24,5
centímetros.
Contiene:
Cancilleres, notarios, tipos de documentos fechas (pp. 227-
294) .-Apéndices: 1 (pp. 294-298); 11 (pp. 299-300); 111
(PP. 300-301); IV (PP. 301-306).
Podemos dividir el estudio en dos fases: La primera hasta
el siglo x: preceptos asturianos y leoneses; formas de las cláu-
siilas notariales. T,uego, análisis de los documentos expedidos
por la cancillería regia desde Fernando 1 hasta Alfonso X, se-
parado a su vez en dos períodos por la aparición del privilegio
rodado en tiempos de Fernando 11 de León y Alfonso VI11 de
Castilla. Del primero de estos períodos el estudio profundiza
en el formulario utilizados en los documentos (modo de fechas,
cxprcsión dcl lugar, día, mes y año, indicación de sucesos coettí-
neos); a su vez destaca del segundo el formulario usado por
los notarios en los privilegios, con especial diferenciación de
los expedidos en nombre de Enrique 1, los de Fernando 111,
y los de Alfonso X.
Los apéndices transcriben documentos que ejemplifican la
teoría antes expuesta.
Millares proyectaba elaborar un Tratado de diplomática del
cual esta publicación formaría parte. Con un trabajo bien pla-
neado y mejor desarrollado puso por primera vez en España
las bases de la crítica diplomática. Forzosamente debe partir
de esta aportación toda investigación del posterior desarrollo
de los documentos reales. Se le criticó a don Agustín el apo-
yarse excesivamente en Barrau-Dihigo ', cuando en realidad no
tenía ningún punto de referencia, ya que todo est6 por hacer.

9. «La escritura en Cataluña hasta las postrimerías del siglo XIIID,


el1 ZyP, 1928, 11, im. 7-8, pp. 49-51.

Se corresponde con el capítulo del mismo título de la Pa-


l~ngrafiaEspañola de 1929.

10. ((Contribución al Corpus de Códices Visigóticos~,en Rev. BAM,


1928, V, n. 17, pp. 35-39.

' BARRAU-DIHIGO. L., ((Etude sur les actes des rois asturiens (718-910)», en
RHi, 1919, XLVI, pp. 1-191.
Separata: Madrid, Imprenta Municipal, 1928, 27 pp. + 1 h.,
23,5 cm.
Contiene:
Introducción.-1. Fragmentos conocidos por dibujos de Pa-
lomares.-11. El códice Toledano 33.2 y el Emilianense 47 5.-
111. Otros fragmentos.-IV. Biblioteca Nacional número 822
(Olim. F. 30).
Res.: VALDEAVELLANO, L. G. de, «Dos folletos del profesor
Millares», en GL, 15 de abril de 1929.

11. Contribución a2 «Corpus» de Códices Visigóticos, Madrid, Uni-


versidad de Madrid, Publicaciones de la Facultad de Filosofía
y Letras (Tipografía de Archivos), 1931, 281 pp. 1 h., 47 1á- +
zinns, 23 c?n. '.
Contiene:
Prólogo.-l. Fragmentos conocidos por dibujos de Paloma-
res.-2. El Códice Toledano 33.2 y el Emilianense 47.-3. Ma-
drid. Biblioteca Nacional, Ms. 494.-4. Madrid. Biblioteca Na-
cional, Ms. 822.-5. A propósito del Codex Hispalensis de la
Biblia 7.-6. Nuevos manuscritos visigóticos.-Indice de ma-
nuscritos. Indice de personas citadas.
Aporta AMC algunos ejemplos de las reproducciones de Pa-
lomares sobre códices visigóticos de El Escorial y Toledo con-
tenidos en la colección del P. Burriel guardada en la Biblio-
teca Nacional.
Compara el códice Emilianense 47 con el Toletanus 33.2
y a través de algunas reproducciones de éste por Palomares
deduce AMC que ambos manuscritos son independientes, en
contra de las teorías de Ferotin.
Analiza los dos manuscritos de la Biblioteca Nacional núme-
ros 494 y 822, resultando positivo su intento de reconstrucción
de ambos.
Vuelve AMC al Codex Hispalensis de la Biblia, mejorando
Anteriormente publicado en Hon~enajea Menéndez Pidal, tomo 111, Ma-
drid, 1925, pp. 501-507.
Básicamente esta publicación se corresponde con la homónima publicada
en Rev. BAM, 1928, n. 17, pp. 35-39. Si bien ésta era de menor extensión y
desconocía los puntos del que contiene los números 3, 5 y 6 .
7 l . - . - ~ - ..
- -l-.<- f a-
ri
LUII ¿3ui~iuiit;s y aiguii i r a g i i i c i i r v X & C ~ C ! G ík i i Ü C i % Se C G ~ ~ B S ~ CCCt?
~ & ?
el estudio « A propósito del Codex Tuletanus~,en RFE, 1925, pp. 252-270.
su estudio de 1925 en RFE. Revisa ahora las tesis de Lowe y
del P. Fernández Zapico concluyendo que las particularidades
del Toletanus 2.1, llevan a fijar su escritura en la primera mi-
tad del siglo x. En su escritura intervinieron, al menos cinco
copistas.
La última parte del trabajo reúne un códice completo, el
B. N. 6.125, y varios fragmentos de códices no registrados,
destacando en ellos una carta inédita de Alcuino al Beato de
Liébana.
El mayor valor de esta ohra descansa en el «Tndice de ma-
nuscritos» que anticipa el catálogo rectificado y aumentado de
los manuscritos en letra visigótica que aparecería en la segun-
da edición del Tratado d e Paleografia Española.
Res.: A., «Libros: Paleografía Visigótica», en Madrid, 7 de
mayo de 1932.

12. Paleografía Española. Ensayo de una historia de la escritura en


España desde el siglo VIII al XVII, Barcelona, Edit. Labor,
1929, 2 v. de 371 pp. +
1 h. y VI11 pp. +
LXXXVII facs.
+ 131 pp. de transcripciones, 18 cm. (Colección Labor, Sec-
ción VI: Ciencias Históricas, nn. 192-193. Biblioteca de Inicia-
ción Cultural).
El texto se forma de estudios monográficos yuxtapuestos,
con desarrollo independiente, aunque engarzado. Concebido su
contenido con finalidad orientativa general, sus facsímiles son
pocos y de tamaño reducido, lo cual dificulta la observación
de los textos reproducidos.
Contiene:
Vol. 1. Texto: 1. Introducción (pp. 11-44).-2. Introduc-
ción al estudio de las abreviaturas medievales (pp. 45-53).-
3. Reseña de los principales trabajos de autores nacionales y
extranjeros acerca de la escritura visigóticag (pp. 54-78). -
4. La escritura visigótica (pp. 79-97).-5. Abreviaturas más
usualcs en la escritura visigótica lo (pp. 98-111).-6. Cuestio-

"asado en SCHIAPARELLI, Luigi, Avviamento allo studio delle abbreviature


latine ncl tncdiocvo, Firenze, 1926, y en LINDSAY,W. M., Notac latinac. An
Acount of abreviation in Latin Uss of the early minuscule period, Cambrid-
ge, 1915.
Monografía criticobibliográfica.
'O Este capítulo se transforma en un auténtico tratado de Braquigrafía.
Ces ncerca de 1 ~ sm i g e n e s de la escritiura l l a m a d a carolingia
(pp. 112-118).-7. Abreviaturas más usadas en los códices y
documentos latinoespañoles a partir del siglo XII (pp. 119-141).
8. Ln rscritUra & c&lices E~pfin d f iCita-
p ~ ~ p p ~ i rl_p
luña) en el siglo xr.-9. Decadencia y desaparición de la visi-
gótica libraria (pp. 159-165).-10 y 11. La escritura de docu-
mentos en Lc6a y Cas;i!!a hasta Gncs dc! siglo x:: (antes y des-
pués de Alfonso VI) (pp. 178-189).-12. La escritura de docu-
mentos reales y particulares en Navarra y Aragón con anterio-
ridad ai si& xiii (pp. iW-i9.3.j.-13. La esci-iiui-a eíi Caia~üfia
hasta las postrimerías del siglo XII.-Escritura de códices.-Es-
critura de documentos (pp. 195-206).-14 La escritura de có-
dices en España durante ei siglo ~ I (pp.I 207-Z13j.-iS. La es-
critura en España durante el siglo XIII (pp. 214-230).-16. La
escritura de códices en España durante los siglos xiv, xv y xvr
(pp. 231-252).-17. La escritura de documentos en España en-
tre los siglos xrv y XVII (pp. 253-276).-18. Numerales (pp. 277-
289) .-N. Signos auxiliares de la escritura (pp. 289-306) .-
20. Materias escriptorias (pp. 307-335).-Apéndice: Principales
cultivadores de la Paleografía en España (pp. 336-354).-Indi-
ce (pp. 355-366).-10 láms.
Vol. 11. Láminas: Advertencia.-Facsímiles (en número de
LXXXVII).-Transcripción de los facsímiles (pp. 1-131).
Res.: ARTILESRODR~GUEZ, J., «AMC: Paleografía Española»,
en El Sol (Madrid), febrero de 1929. (Reproducido
en La Luz (Las Palmas), 22 de febrero de 1929.)
BOHIGAS, P., en EUC, 1931.
BUENO,B., en AiB, 1930, XVII, pp. 481-482.
CLARK,Charles U., en Sp, 1931, n. 5, p. 454.
LAMBERT, A., en RHE, 1930, n. 26, pp. 208-209.
MAR~N OCETE,A., en BUG, 1928-29, n. 1, pp. 171-175.
M.P.F., «Letras. Prof. AMC: Paleografía Española», en
GL, febrero de 1929.
OMONT,H., en BECH, 1930.
OROZ,Ricardo, en AuCh, 1929, n. 7, pp. 437-438.
SAMARAN, Ch., en REL, 1931.
USÓN SESÉ, Mariano, en Rev. BAM, 1929, n. 6, pp. 360-
363.
VALDEAVELLANO, Luis G . de, «A propósito de la Paleo-
grafía Española de AMC», en La Epoca (Madrid.
30 de septiembre de 1929).
S.f., «Comentarios sobre un libro de AMC», en Diario
de Las Palmas, 14 de marzo de 1929, y en GL,
15 de abril de 1929.

13. Tratado de Paleografía Española, 2." ed. cor. y aum., Madrid,


Edic. Villaiz, Librería y Casa edit. Hernando, 1932, 2v.: 1. Tex-
to 535 pp., 53 figs., 23 cm.-11. Láminas CXXXI (Imp. Gón-
gora), 27,5 cm.
Premio Fastenrath de la Academia Española de la Lengua.
Los capítulos del contenido siguen con bastante fidelidad
los enunciados de la primera edición. Veintitrés ahora, en Iiigar
de los veinte anteriores, por la fragmentación en tres del prime-
ro de éstos y la adición de uno nuevo, el cap. IV: «Escritura
uncial y semiuncial». Los demás capítulos estudian los mismos
títulos que la edición antigua, si bien aportando más datos y
con un desarrollo superior, especialmente en lo referente a la
densa bibliografía que completa las cuestiones. Añadidos al
Apéndice de la primera edición aparecen dos Apéndices nuevos,
el 11: Lista de códices visigóticos, y el 111: Lista de algunos có-
dices fechados entre los siglos XI-xv.
La principal diferencia con la primera edición estriba en la
mejora de las figuras y láminas. Las transcripciones irreprochables
de las mismas se efectúan al final del capítulo al que corres-
ponden, facilitando su manejo didáctico. Dichas láminas, que
ocupan el vol. 11, tienen mayor tamaño y reproducción mejor
observable que la primera edición escogidas con intencionali-
dad significativa, se nos muestran en abundancia.
Desmerece un poco, especialmente si es comparada con la
presentación de la tercera edición, la realización gráfica del
texto, muy lejos de lo deseable para una publicación de tan
alto contenido.
Debe destacarse el tratamiento preferente de la escritura vi-
sigótica, para cuya profundización el texto es una amplísima
fuente bibliográfica y documental.
Res.: BOHIGAS,P., en EUC, 1934.
GALINDOROMEO,Pascual, en Rev. BAM, 1933, X, pá-
ginas 267-269. Reproducida en Can, 1933, XVIII,
n. 265, pp. 4 y 5; y en MCan, 1933, 1, n. 1, pp. 228-
230.
VERA, Francisco, «Paleografía Española. El Corpus de
Códices Visigóticos», en Diario de Las Palmas, 22 de
marzo de 1932 (extraido de El Liberal, Madrid).
S.f., «El premio Fastenrath a un Tratado sobre Paleo-
grafía Española», en El Debate (Madrid), 18 de mar-
zo de 1932.

14. Publicaciones del Archivo de Villa.-Fuero de Madrid. Tntro-


ducción por Pedro Rico López, alcalde de Madrid. Madrid,
Artes Gráficas Municipales, 1932, 73 pp.
., +
32 h. de reproduc-
cien e n fxsimi! 3 h., 31 cm.

Contiene:
«El Fuero de Madrid y los derechos locales castellanos»,
por Galo Sánchez. «Transcripción del Manuscrito», por AMC.
«Glosario», por Rafael Lapesa.
Consta de dos partes ciaramente diferenciadas: La prime-
ra, los estudios jurídico y filológico, además de la transcrip-
ción paleográfica; y la segunda, el facsímil del códice. El Fue-
ro había sido otorgado por Alfonso VI11 y se conserva en un
manuscrito gótico del siglo X I I I . El alcalde, en su introducción,
destaca la transcripción paleográfica realizada por AMC, que
ha superado las de anteriores ediciones (Cavanilles, Amador de
los Ríos y Palacio). Galo Sánchez estudia legalmente el texto,
mientras Rafael Lapesa realiza el estudio filológico.
- Ayuntamiento de Madrid.-El Fuero d e Madrid. Prólogo del
Conde de Mayalde, alcalde de Madrid. Madrid, Ayuntamiento
de Madrid, Archivo de Villa, 1963, 191 pp. + 2 h. + 4 1á-
minas, 2 grabados, 26,5 cm.
Contiene:
«El Fuero de Madrid y los derechos locales castellanos»,
por Galo Sánchez. «Transcripción», por AMC. «Traducción»,
por Agustín Gómez Iglesias. «El lenguaje del Fuero de Madrid»,
por Rafael Lapesa.
Res.: CANTERA,
en Sef, 1963, n. 23, pp. 57.5-375.

15. «Cartulario del monasterio de Ovila», en AUM.L, 1933, 1,


n. 1, 42 pp.
Separata: Madrid, 1933, 42 pp., 23,5 cm.
Cartulario del siglo XIII que formó parte del desintegrado
Archivo del monasterio, conteniendo diplomas de Alfonso VIII,
Enrique 1 y Fernando 111, así como otros documentos eclesiás-
ticos y particulares desconocidos o inexactamente conocidos.
Tras hacer un estudio paleográfico y diplomático comparativo,
muestra el autor el contenido del Cartulario, estudiando su es-
tructura paleográfica y haciendo un estudio diplomático com-
parativo de los veintinueve documentos contenidos en el Cartu-
lario, cuya transcripción nos transmite escrupulosamente (pá-
ginas 13-42).

16. «Nuevos fragmentos visigóticos», en BBB, 1934, 1, pp. 148-156.

7. «Discurso de D. Agustín Millares Carlo», y «Los códices visigó-


ticos en la catedral toledana. Cuestiones cronológicas y de proce-
d e n c i a ~ ,en Academia de la Historia, Discursos leidos en la re-
cepción pública de D. Agustín Millares Carlo, el día 17 de fe-
brero de 1935, Madrid (Imprenta de la librería y casa editorial
Hernando). 1935, pp. 3-11 y 14-103, 31 figs.
1. El discurso versó sobre la producción de su antecesor
Cipriano Muñoz y Manzano, Conde de la Viñaza, la cual cla-
sificó a AMC en cuatro grupos. La noticia bibliográfica de las
publicaciones más destacadas y una breve reseña biográfica
completan el discurso, al que se añade la bibliografía del Conde
de La Viñaza.
2. Una introducción que justifica la elección del tema y la
iiietoclología utilizada, abre el segundo discurso de AMC, que se
divide en: 1. Noticias que acerca de los manuscritos visigóticos
se hallan en los inventarios de la librería capitular.-11. Enu-
meración de los manuscritos por el orden de sus signaturas to-
ledanas, con indicación de lo sustancial de su contenido y de la
bibliografía pertinente a cada uno de ellos (29 manuscritos).-
111. Observaciones acerca de la edad y procedencia de algunos
de los ejemplares estudiados.

18. Los códices visigóticos de la Biblioteca Capitular de Toledo.


Cuestiones cronológicas y de procederzcia, Madrid, edit. Her-
nando (Ignacio de la Noreña, editor), 1975, 89 pp. +
7 h.,
25 cm.
Discurso de Ingreso en la Real Academia de la Historia.
19. «Notas sobre la cursiva visigótica», en Rev. BAM, 1935, XII,
PP. 157-161.
Completando la lista de códices visigóticos aportada en su
discurso de ingreso en la Academia de la Historia trae aquí la
certeza de nuevos manuscritos en visigótica cursiva conservados
en la abadía de Monte Casino (4 manuscritos con anotaciones
en cursiva), otro de la Biblioteca de la Academia de la His-
toria y otro más del Fondo de San Millán de la Cogolla. Acom-
paña al texto una lámina de figuras como ejemplo de la escri-
tura de cada uno de los códices.

20. LÓPEZ SERRANO, Matildel1, «La escritura y el libro en España


durante la dominación del pueblo visigodo~,en Historia de Es-
paña, dirigida por Ramón Menéndez Pidal. 111. España visi-
goda (414-71 1), Madrid, Espasa-Calpe, 1940, pp. 355-378.
Contiene:
Indicaciones previas.-Escritura ulfilana.-Examen dc la cs-
critura latina entre los siglos v y VIII. Diversos tipos: Capital
caligráfico. Uncial. Semiuncial. Cursivo minúsculo.-La escritu-
ra en España durante las cerilurias indicada-¿Quedan librus
visigodos?-Algunos ejemplares segura o probablemente hispa-
nos.-Grupo uncia1.-Códices del grupo semiuncial.

21. Nuevos estudios de Paleografía Española.-Méjico, Fondo de


Cultura Económica, La Casa de España, 1941, 3 h. + 175 pp.,
ils., 22 cm.
Contiene:
Observaciones acerca de la escritura y el libro en España
durante la dominación del pueblo visigodo (pp. 1-34). Los có-
dices visigóticos de la catedral toledana. Cuestiones cronológi-
cas y de procedencia (pp. 35-124).

22. «El siglo XVIII español y las colecciones diplomáticas», en


FyLMe, 1941, 1, n. 2, pp. 285-304.

l1 Aparece su nombre en lugar del autor, dada la imposibilidad de que se


publicase algo firmado por éste a causa de la situación política española.
Gracias al ofrecimiento amistoso de la señorita López Serrano, estas páginas
pudieron editarse.
La elaboración histórica del siglo XVIII descansa necesaria-
mente en la ciencia de los documentos. La aportación cientí-
fica de ésta a la historia tuvo como consecuencia la organización
de los archivos, si bien parcialmente. La ampliación se debió
en parte a la visión prospectiva de Mayans y Siscar, y tomó
cuerpo en la comisión y para la exploración de archivos, que
en 1750 encabezó el P. Marcos Burriel. Se estudian algunos
datos biográficos de éste y su labor y aportación sobre códices
y documentos en sus colecciones y Corpus diplomáticos. Por otra
parte, Luis Velá7qlie7 trataha de esclarecer la historia civil de
España en base a los documentos archivados. Reseña la España
Sagrada del P. Flórez y alguna colección inédita, como la de
Abad y Lasierra.
También analiza el Aparato Diplomático de Domingo Iba-
rreta, la Historia de España del P. Masdeu, el Viaje literario a
Archivos. .. de Manuel Abella y la obra dc Juan Páez de Castro.
e1
23. «Algunas orientaciones nuevas en el campo de la paleografía»,
en CuA, 1943, X, n. 1, pp. 137-158.
«Breve historia y valoración de la paleografía desde sus orí-
genes, observaciones sobre su moderna aplicación a nuevos cam-
pos de estudio: clasificación y nomenclatura de las escrituras
medievales, técnica del libro en la Baja Edad Media, relaciones
entre culturas» 12.
Contiene:
1. Consideraciones previas.-11. La clasificación y nomen-
clatura de las escrituras medievales.-111. La técnica del libro
en la Baja Edad Media.-IV. Cultura y escritura.-V. La pa-
leografía y la crítica textual.

24. - y MANTECÓN, José I., Album de Paleografía Hispanoarneri-


cana de los siglos XVI y XVII.-1: Infrodurri6n.-v. T I : T,á-
minas.-v. 111: Transcripciones, Méjico, Instituto Panamerica-
no de Geografía e Historia (Edit. Fournier), 1955.-v. 1: 187 pp.
1 5 h., 57 figs; v. 11: XV pp. + XCIII Iáms.; v. 111: XVI +
132 pp. + 2 h., 29 cm.
Contiene:
Vol. 1. Introducción: 1. Preliminares (pp. 3-9), 1: 1. Pa-
leografía: su definición y límites. 2. Orígenes de esta disciplina.
l2 E.M.S., en NRFH, 1948, 1, n. 2, p. 192.
3. Sus nuevas orientaciones 13.-2: Tratados y manuales de in-
terés para el estudio de la paleografía española e hispanoame-
ricana.-11. Evolución de la escritura latina y española con an-
terioridad al siglo xv (pp. 17-40).-111. La escritura española
a partir del siglo xv (pp. 41-80).-IV. La escritura colonial his-
panoamericana (pp. 81-101): Cap. VI; 1. Sumaria noticia de
la escritura en América antes de la conquista española. 2. El
papel y la tinta entre los aztecas y los mayas. 3. Habilidades
caligráficas de los indígenos mejicanos. 4. Labor de los misio-
neros. 5. Caracteres generales de la escritura documental intro-
ducida en el Nuevo Mundo por los conquistadores españoles.-
Cap. VII; Noticias sumarias acerca de los archivos y otros
centros que han proporcionado los materiales para las láminas
del presente A1bum.-Cap. VIII; Normas de transcripción y
publicación de documentos.-V. Cuadros (pp. 102-173) .-1. Le-
tras aisladas. - 11. Nexos. - 111. Signos abreviativos. -
IV. Abreviaturas.
Vol. 11. Láminas: En número de XCIII, aparecen en hojas
sueltas, que son contenidas en dos bolsas del mismo tamaño.
Contiene un índice que indica el lugar de procedencia, fecha
y clase del documento representado.
Vol. 111. Transcripciones: Cada lámina del Album aparece
identificada de nuevo, localizándose además el lugar de custo-
dia del documento y la bibliografía en que aparece citado. La
transcripción se complementa con un comentario paleográfico
y otro diplomático a las peculiaridades presentadas por el do-
cumento.
Res.: ANTELOIGLESIAS,A., en St, 1957, 1, pp. 342-343.
ARNOLDSSON, Sverker, en SHT, 1958, pp. 393-403.
BERMEJODE CAPDEVILA, María Teresa, en RHA, 1956,
n. 41, pp. 158-159.
BISHKO,C. J., en AHR, 1956, s.p.
BURRUS,Ernest J., en Brw, 1956, pp. 281-282.
DORESTEVELÁZQUEZ, V., en MCan, 1955, XVI, nn. 53-
56, PP. 124-126.
ENR~QUEZ, D. R., en REP, 1956, 1, pp. 809-812.
" Entre los nuevos orientadores de la ciencia paleográfica, AMC menciona

a Jean Mallon. Sin duda el influjo de éste en la «Introducción» del Album


comentado es manifiesto. A este respecto se dirigen las afirmaciones que Tomás
Marín hace en el «Prólogo» al Tratado d e Paleografía Española. 1983. de
Millares en las páginas XVII-XVIII.
GÓMEZ CANEDO,Lino, en Amer, 1957, pp. 413-415.
G.C.C., en IHE, 14, n. 14.106.
HILL, Roscoe R., en AAr, 1956, n. 19, p. 176.
LÓPEZ ESTRADA,Francisco, {(Teoría, técnica y práctica
de la Paleografía hispanoamericana», en AUH, 1955,
XVI, pp. 115-117.
MAR~N OCETE,Antonio, «La escritura de los siglos xvr
y XVII en Hispanoamérica», en RIB, 1957, n. 1, pá-
ginas 77-84.
MAR~N, Tomás. en HS. 1956. n. 17. pp. 235-237.
WICKI,J., en AHSI, 1957, n. 26, p. 146.
S.f., en LJ, 1957, s.p.

25. «Nota paleográfica sobre el manuscrito del Amadís», en BRAE,


1956, XXXVI, n. 148, pp. 217-218; y en El primer manus-
crito del Amudís de Guulu, Madrid, I~npreriiade Silverio Agui-
rre Torre, 1957, pp. 25-28.
La última publicación, además de la colaboración de AMC,
contiene: «Noticia bibliográfica» por Antonio Rodríguez Mo-
ñino (pp. 7-27), y «El lenguaje del Amadís manuscrito» por
Rafael Lapesa (pp. 31-37).
La nota paleográfica define las características de la letra del
manuscrito encontrándola próxima a la cursiva utilizada desde
el siglo XIV para la transcripción dc libros.

26. «Manuscritos visigóticos. Notas bibliográficas», en HS, 1961,


XIV, 28, pp. 337-444 +
13 facs. 14.
- Manuscrifos visigóticos. Notas bibliográficas, Barcelona-Madrid,
C.S.I.C., 1963, 108 pp. + 8 láms., 16 láms. facs., 25 cm (Ins-
tituto Padre Enrique Flórez. Monumenta Hispaniae Sacra. Sub-
sidiall Vol. 1).
Amplía esta publicación el registro de los manuscritos vi-
sigóticos publicados en el Tratado de Paleografía Española de
1932, aportando la bibliografía y noticias aparecidas desde en-
tonces sobre los manuscritos que incluía, se muestran éstos or-
denados por localidades y dentro de éstas por los centros en que
los códices se conservan. Describe además ciilcuenta y un nue-

l4 Fsta pithlicación se corresponde con la 3 a carpeta de la ohra final dc


la beca que la Fundación Tuan March había concedido a AMC en 1958.

153
vos manuscritos o fragmentos en escritura visigótica aparecidos
después de 1932, ordenados también alfabéticamente.
Res.: CABESTANY, Juan, en lHEB, 1967, XII, n. 66.702.
SÁNCHEZ ALONSO,B., en RFE, 1976, XLVIII, cuads. 1."-
2.", p. 198.
SÁNCHEZ, Carlos, en Rec, 1966, n. 1 , pp. 97-98.

27. El Diploma del Rey Silo, Madrid, Joyas Bibliográficas, 1971,


4 fasc., 36 h. sin numerar, facsímil del documento, 35 cm. (Tex-
tos singulares de la España Medieval, 1).
Contiene:
«Presentación», por Carlos Romero de Lecea.-«La Colec-
ción de Textos Singulares de la España Medieval», por Rafael
Lapesa Me1gar.-«La época del rey astur Silo y el documento
del año 775», por Luis G. de Valdeavellano.-«El Diploma del
Rey Silo)), por AMC:
1. Nota preliminar.-Bibliografía.-A. La escritura cursiva
en el Occidente de España entre la segunda mitad del siglo VIII
y los comienzos del x: 1. Dos tipos de cursiva.-2. Relación
de los documentos originales, reales y particulares del período
astur (775-910) que nos han conservado testimonio del primero.
3. Códices del siglo rx que nos dan a conocer el segundo.-
B: 1. Observaciones relativas a la cursiva documental del pe-
ríodo astur (775-910), con especial consideración de algunos de
sus nexos y abreviaturas.-2. Referencias a la escritura poste-
rior (siglo x).-3. Características de la cursiva mozárabe del
siglo IX.
11: 1. Transcripción del diploma.-2. Traducción.-3. Con-
sideraciones acerca de su escritura.-4. Su latinidad.-1ndice.-
Facsímil del documento.

28. Consideraciones sobre la escritura visigótica cursiva, León,


Ccntro dc Estudios e Investigaciones «San Isidoros, Archivo
Histórico y Diocesano, 1973, 103 pp. +1 h., 41 figs. facsí-
miles con transcripción.
Contiene:
Primera parte: Inscripciones, documentos y códices (pági-
nas 13-22).
Segunda parte (pp. 22-36): Características de la visigótica
cursiva.-Origen de la modalidad cursiva.-Caracteres genera-
les de la cursiva 1eonesa.-La escritura semicursiva.-La mo-
dalidad mozárabe.-A: Primer período: Documentos reales.-
Documentos particulares.-B: Segundo período: Documentos
reales.-Documentos particulares.-Láminas (pp. 37-103).

29. «Breves consideraciones sobre la documentación real castella-


no-leonesa en pergamino entre los siglos XIII y xv», en Misce-
lánea de estudios dedicados al profesor Antonio Marín Ocete.
Granada, Universidad de Granada, Caja de Ahorros y Monte de
Piedad, 1974, tomo 11, pp. 739-774, 20 figs. facs. con su trans-
cripción.
Estudio de las características de la letra, manera de sellar
y distinto modo de iniciación de los diferentes tipos de docu-
mentos, especialmente en las cartas plomadas en los reinados
de Alfonso X, Sancho IV, Fernando IV (que forman un blo-
que) y el de Alfonso XI, reinado de grandes variaciones diplo-
máticas, cuyo desarrollo analiza hasta llegar a los Reyes Ca-
tólicos. Complementan el trabajo veinte ejemplos documentales
con su transcripción.

30. - y MANTECÓN,J. I., Album de Paleografía Hispanoamerica-


na de los siglos X V I y X V I I , reproducción en offset de la pri-
mera edición, v. 1: Introducción y transcripciones; v. 11: Lá-
minas, Barcelona, Edic. El Albir, 1975; v. 1: 189 pp., 57 figs.
(iasc. 1) +XVI + 135 pp. (iasc. 2); v. 11: XVI pp. + XCIII
láminas, 32 cm. (Biblioteca de Paleografía Hispánica, n. 2).
Reproducción fotomecánica de la edición de Méjico, 1955,
de la cual los volúmenes 1 y 111 forma ahora el volumen 1 (di-
vidido en dos fascículos), mientras que las láminas, antes suel-
tas, conforman el volumen 11.
Res.: RIU RIU, Manuel, en IHEB, 1975, XXI, n. 94.249.

31. «Algunas consideraciones sobre el libro manuscrito», en Insti-


tuto de España, conmemoración de la fiesta nacional del libro
español, Madrid (Gráficas Barragán-Churruca), 1975, pp. 25-49.
Publicación sobre la exposición oral que hizo Millares Car-
lo en la Academia de la Historia acerca de las antiguas escri-
turas y de los viejos códices. La disgresión histórica se inicia
con los papiros romanos, continuándose con la escritura caro-
lina, deteniendo el estudio en la reflexión de los distintos
tipos de la misma analizados con la ayuda de láminas represen-
tutirns. L a escriti?rl gSticl cierra e! ciclo, siendo anali-rada
también con significativos ejemplos y profundizando en las hi-
pótesis sobre su origen. La exposición concluye con unas no-
ciones dc codicología.

32. «Problemas que suscita la escritura de los Beatos», en Actas


de¿ Simposiu puru el esíuúiü de los COdíces del t\C~i?ieiif~i.i~
al Apocalipsis» del Beato de Liébnna, Madrid, Joyas Bibliográ-
ficas (Gráficas Uquina), 1978, tomo 1, pp. 195-209, 28 cm.
Se editó también tirada aparte.
Publicación de la ponencia presentada por AMC en dicho
simposio, que versó sobre las dificultades paleográficas encon-
tradas en los treinta y un manuscritos del Comentario al Apo-
calipsis, por el Beato de Liébana. Profundiza en los tipos de
letra utilizados, cambio en el empleo de los mismos, aportando
datos sobre los amanuenses del códice y comparándolo crono-
lógicamente con otros escritos visjgóticos, carolinos e incluso gó-
ticos. Tras el trabajo aportado se reproduce (pp. 211-212) el
coloquio mantenido entre Yarza y AMC sobre el Beato Morgan
y el de Silos.

33. 1. De bibliografía canaria.-11. Algunus nofas sobre los estu-


dios puleognificos. Las Palmas-Madrid, U.N.E.D. (Scininario
Millares Carlo), Univ. Complutense, 1981, 14 p.
Publicación de los discursos, prólogo y epílogo pronuncia-
dos por AMC en el homenaje que se le tributó en Las Palmas,
septiembre de 1975, promovido por la Caja Insular de Ahorros
A,
"W
P-r~n
-1-1.
Pono
.Jc..LU..U.
4n

34. Tratado de Paleografía Española, con la colaboración de José


Manuei Ruiz Hsencio. Próiogo de Ton& Maríri Mariíiit-z, 3." ed.
Madrid, Espasa-Calpe, S. A., 1983, 3v.-1. Texto, 404 pp. +
2 h.-11. Láminas, XXIII pp. +
282 Iáms. con transcripción.-
111. Láminas, 364 pp., 29 cm.
Se mantiene en esta tercera edición el esquema general del
dc !a scgündo. Pnsonc!:: empem de !m XKIII caps. de
A,.-L L A : ~

ésta a los XXXII de la nueva, diferenciándose además por la


nueva concepción y desarrollo de cada capítulo, su mayor ex-
tensión y la profundidad doctrinaria de los nuevos contenidos
teóricos, que aportan los avances de la evolución científica pa-
leográfica en los años que median entre ambas ediciones, espe-
cialmente por el conocimiento que tuvo AMC de las teorías
con que Jean Mallon creó un nuevo sistema formal a partir de
su Paléographie R o m ~ i n e ' ~ .
De los treinta y dos capítulos que conforman la doctrina
del nuevo Tratado solamente nueve guardan cierto parecido con
la edición anterinr, t~niendosiempre en cuenta la adición de
las aportaciones acumuladas durante estos años. Los conteni-
dos de los distintos capítulos de la nueva obra aumentan con-
siderablemente su doctrina, aportando a la vez mayor número de
ejemplos, anotaciones y bibliografía. Muchos de ellos son de re-
dacción radicalmente nueva, si bien confeccionados sobre los
mismos títulos y subtítulos dc la anterior edición.
Tras los capítulos del texto se sitúan los Repertorios, el 1:
«Códices visigóticos~, aparece considerablemente aumentado
pues pasa de doscientas ochenta y una citas a trescientas cin-
cuenta y cuatro. El 11: «Ensayo de un repertorio de códices
peninsulares fechados (siglos X I - x v ) ~también
, con muchas co-
rrecciones y eliminaciones se relaciona con el Apéndice 111 an-
terior, por otra parte duplica los códices citados pasando de
doscientos veintiséis a cuatrocientos once lG.
Los VV. 11 y 111 se ocupan de pre'sentarnos las láminas que
ejemplifican la teoría del texto. El v. 11 está encabezado por
un capítulo teórico sobre «Normas de transcripción)). Los ejem-
plares facsímiles de las láminas representan todos los tipos de
escrituras regionales españolas, siendo su reproducción de pul-
critud insuperable y su número multiplicado por tres el de la
edición anterior (288 láms. en el v. 11 y 184 en el v. 111, siendo
muchas de las láminas dobles). Frente a cada lámina coincide
sil transcripción que se inicia con los datos de identificación del
facsímil acompañados de la bibliografía en que su texto se pu-
blicó anteriormente. Además de láminas el v. 111 incluye los
índices y bibliografía.
Es obligado destacar el esfuerzo del profesor Ruiz Asencio

" Subrt: bua ~uiiiacios L Ü I ~ cate autoi, véase. M A R ~ NMART~NEZ,


Tomás.
«Prólogo» al Tratado que nos ocupa, p. XVII.
l b Los apéndices reseñados son fruto de 105 conclusiones a que llegó AMC
en sus investigaciones referentes al uso de la beca March que le fue concedida
en 1970.
como coautor de este Tratado, sin cuya aportación científica
difícilmente hubiese nacido a la vida tipográfica.
Res.: LÓPEZ ESTRADA,Francisco, «Un importante Tratado de
Paleografía», en Insulu, marzo de 1984, n. 448, p. 15.

11. ARTICULOS DE PERIODICOS

1. ((Acerca de tres ca~álügusi~iLeresariLes»,en El Sol (Madrid), 1919,


n. 666.
Artículo en defensa de la publicación de inventario sobre
los catálogos de los códices antiguos para favorecer la labor de
los investigadores. Reseña también las publicaciones del segundo
volumen de la «Bibliotheca Patrum Latinorum Hispaniensis-, del
P. García Villada, y del mismo autor, el Catálogo de códices y
documentos de la Catedral de León.

2. «Códices visigóticos. Acerca de los manuscritos bíblicos españo-


les», en Luz (Madrid), 30 de marzo de 1934, y en El Radical (Las
Palmas), 7 de abril de 1934.
Sobre las copias de los libros sagrados difundidos en la Edad
Media por los territorios españoles, destacando los ejemplares
de mayor interés.

111. RESEÑAS SOBRE OBRAS PALEOGRAFICAS


Y DIPLOMATICAS

1. Sobre ANTOL~N, P. G., Catálogo de los códices latinos de la Real


Biblioteca de El Escorinl, Madrid, Tmp. Helénica, 1910-1916,
4v., 4." En RFE, 1917, IV, pp. 296-297.

2. Subre AKCO, Ricardü del, «El pergamino original del Fucro dc


Jaca concedido por el rey Sancho Ramírez)), en BAH, 1925,
LXXXVI, pp. 474-485. En Rev. BAM, 1925, 11, 8, p. 564.

3 . Sobre DESTRES,Jean, La pecia dans les manuscrits universitaires


du X I I I e et du XIVe siecles, París, Edit. Jacques Vautrain, 1935.
En AUM.L, 1935, IV, fasc. 2, pp. 260-267.
4. Sobre GARCÍAVILLADA,Zacarías, Paleografía Española, Madrid,
BCASS, 1923, v. 1: Texto, v. 11: álbum, 371 pp. y LXVII 1á-
minas. En Rev. BAM, 1924, 1, 1, pp. 110-112.

5. Sobre MENÉNDEZ PIDAL,J., Sellos españoles de la Edad Media,


Madrid, Archivo Histórico Nacional, Sección de Sigilografía, 1921,
336 pp., LVI láms. En RFE, 1923, X, pp. 83-84.

6. Sobre PROU,Maurice, Manuel de paléographie latine et francaise,


4." ed., refondue avec la collaboration de Alain de Boüard. Ac-
compagnée d'un album de 24 planches. París, Auguste Picard,
1924, XII +512 pp. En HuP, 1924, IX, pp. 327-328, y en
Rev. DAM, 1925, 11, 5, pp. 185-186.

7 . Sobre SCHIAPARELLI, Luigi, Raccolta di documenti latini. 1. Do-


cumenti romani. Como, Tip. editrice Ostinelli di Cesari Nani,
1923, XVI +
160 pp. En HuP, 1924, IX, pp. 328-329, y en
Rev. BAM, 1925, 11, 5, pp. 187-188.

8. Sobre SCHIAPARELLI, Luigi, ((1. Note pa1eografiche.-Sulla data e


provenienza del cod. T,XXXTX della Biblioteca Capitolare di Ve-
rona (l'orazionale Mozarabico)~,en ASI, 1924, LXXXII, pági-
nas 106-107.-41. Id. Note paleografiche e diplomatiche.-l. Un
duca longobardo a Pisa. 2. L'originaliti di una carta pisana Ion-
gobarda (dell'anno 748). Ibíd., pp. 103-117. En Rev. BAM,
1925, 11, 7, pp. 444-445.

IV. REPERTORIO DE CONFERENCIAS DEL TEMA


PALEOGRAFICO Y DIPLOMATICO

- «Consideraciones acerca de la escritura durante la dominación


visigótica». Madrid, Universidad Central, abril de 1921. Orga-
nizada por la Asociación Oficial de Estudiantes de Filosofía y
Letras. Y Madrid, Universidad Central, 14 de marzo de 1922.
Primera conferencia del curso organizado por la Facultad de Fi-
losofía y Letras.

- «Un aspecto de la erudición histórica española en el siglo XVIIID.


El 25 de abril de 1924 en e1 Ateneo Iberoamericano de Buenos
Aires.
- «Decadencia y desaparición de la minúscula visigótica». Madrid,
Universidad Central, 15 de marzo de 1922. Segunda conferencia
del curso organizado por la Facultad de Filosofía y Letras.

- «La escritura de códices desde el siglo XI al XVID. Madrid, Uni-


versidad Central, 16 de marzo de 1922. Tercera conferencia del
curso organizado por la Facultad de Filosofía y Letras.

- «Sobre la escritura nacional en la Edad Media». Santiago de Com-


postela, Universidad, 1 de cncro dc 1923.

- «El problema de la desaparición de la minúscula visigótica y cau-


sas que la explican». Santiago de Compostela, Universidad, 2 de
enero de 1923.

- «La escritura española en los códices de los siglos X I I al xv».


Buenos Aires, Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras,
16 de mayo de 1924.
Dentro de un ciclo de conferencias complemento al curso de
Paleografía dado a los alumnos del Instituto de Filología. La se-
gunda parte de la conferencia fue pronunciada el 20 de mayo.

- «Paleografía y Epigrafía como auxiliares del método filológico».


Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, 28 de octubre
de 1924.
Primera de cuatro conferencias auspiciadas por la Cultural Es-
pañola de Buenos Aires. La segunda parte de esta conferencia
tuvo lugar el 31 de octubre.

- «La evolución del manuscrito desde el siglo XID. Las Palmas, El


Museo Canario, 2 de enero de 1932.

- «Códices visigóticos de la catedral toledana. Cuestiones crono-


lógicas y de procedencia». Madrid, Academia de la Historia, 17 de
febrero de 1935.
Discurso de iiigresu de AMC en la Academia de la Historia.

- «Escritura y Notariado)). Las Palmas, Colegio Notarial, 23 de sep-


tiembre de 1971.
- «Algunas notas sobre los estudios paleográficos». Las Palmas, sep-
tiembre de 1975. Epílogo del Homenaje a AMC promovido por
la Caja Insular de Ahorros de Gran Canaria.

- «Una etapa fundamental en la historia de la escritura: De la


Edad Media al Renacimiento». Las Palmas, Universidad Laboral,
14 de mayo de 1976. En el IV Certamen Nacional Literario de
Universidades Laborales.

ABREVIATURAS DE LAS REVISTAS CITADAS

AAr: The American Archivist. Lawrence, Kansas, U.S.A.


AHDE: Anuario de Historia del Derecho Español. Madrid.
AHR: American Historical Review. New York. U.S.A.
AHSI: Archivum historicum Societatis lesu. Institutum Historicum So-
cietatis lesu. Roma.
AIB: Archivo Ibero-Americano. Madrid.
Amer: The Americas. A Quarterly Review of Interamerican Cultural
History. Academy of American Franciscan History. Washington.
U.S.A.
ASI: Archivio Storico Italiano. Roma.
AuCh: Anales de la Universidad de Chile. Santiago de Chile.
AUH: Anales de la Universidad Hispalense. Sevilla.
AUM. L: Anales de la Universidad de Madrid. Letras. Madrid.
BAH: Boletín de la Real Academia de la Historia. Madrid.
BBB: Boletín de Bibliotecas y Bibliografía. Madrid.
BECh: Bibliotlv2que de 1'Ecole des Chartres. París.
BRAE: Boletín de la Real Academia Española. Madrid.
BrW: Bibliographies and Reference Works. New York.
BUG: Boletín de la Universidad de Granada. Granada.
CAN: Canarias. Organo de la Asociación Canaria de Buenos Aires.
CuA : Cuadernos Americanos. México, n. F.
EUC: Estudis Universitaris Catalans. Barcelona.
FyLMa: Filosofía y Letras. Alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras.
Universidad Central. Madrid.
FyLMe: Filosofía y Letras. Fac. de Filosofía y Letras. UNAM. México.
GL: La Gaceta Literaria Ibérica, americana-internacional. Letras-Arte-
Ciencia. Periódico quincenal. Madrid.
NS: Hispania Sacra. Revista de Historia Eclesiástica. Instituto «En-
rique Flórez», C.S.I.C. Barcelona-Madrid.
HuP: Humanidades. Universidad de La Plata. Argentina.
IHE: Indice Histórico Español. Barcelona.
Ins: Insula. Revista Bibliográfica de Ciencias y Letras. Madrid.
LJ: Library lournal. New York.
MCan: El Museo Canario. Las Palmas-Madrid.
NRFH: Nueva Revista de Filología Hispánica. COLMEX-Harvaid Uni-
versity, México, D. F.
RCHA: Revista Crítica Hispano Americana. Madrid.
Rec: Recensiones. Centro de Investigaciones Humanísticas. LUZ. M a -
racaibo.
REP: Revista de Educación. La Plata. Argentina.
Rev. BAM: Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo (del Ayuntamiento de
Madrid). Madrid.
RFE: Revista de Filología Española. Centro de Estudios Históricos.
Madrid.
Revislu de Histor-irl de Arrz¿rica. Instituto Panamericano de Ceo-
grafía e Historia. México.
RHE: Revue d'Histoire Ecclésiastique. Louvain. Bélgica.
RHi: Rcvue Hispanique. París.
RIB: Revista Interarnericana de Bibliografía Pan American Unión.
Washington, D. C. U.S.A.
Sef: Sefarad. Madrid.
SHT: Sartryck ur Historisk tidskrift, 1957. Stockholm.
Sp: Speculum. Cambridge. Massachusets. U.S.A.
St: Studium. Universidad Nacional de Bogotá. Colombia.

OTRAS ABREVIATURAS

AMC: Agustín Millares Carlo.


UNAM: Universidad Nacional Autónoma de MCxico.

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