SIMBIOSIS
La simbiosis es una relación de estrecha convivencia entre seres vivos de distinta especie (los cuales pasan a
llamarse simbiontes), con el fin de obtener algún beneficio de esta unión. Por ejemplo: abejas y plantas, tiburones y
rémoras.
Dicha relación implica beneficios para uno o ambos seres vivos, pudiendo en algunos casos hacerse indispensable
para la vida, y sin embargo, en otros casos, ser perjudicial para alguno de los seres involucrados. (Ej. Mosquito y Ser
Humano).
De cualquier modo, la simbiosis es un importante potenciador evolutivo: permite encontrar modos de vida más
convenientes para los seres vivos que a la larga pueden modificar la conducta de la especie.
Las relaciones simbióticas han sido observadas en la naturaleza desde mucho tiempo atrás, aunque el término se
acuñó por primera vez en 1879 por el botánico alemán Heinrich Anton de Bary, pionero en el estudio de los hongos y
las algas.
Tipos de relaciones simbióticas
Existen varias clasificaciones para las relaciones simbióticas, atendiendo a criterios diferentes:
Según lugar físico. De acuerdo al lugar físico que comparten los seres involucrados. En la ectosimbiosis, uno de los
seres vive sobre el cuerpo del otro, ya sea en su pelaje, su piel o incluso el inicio de su tracto digestivo. En la
endosimbiosis, el huésped se encuentra dentro del organismo del hospedador, en el interior de sus órganos o
células.
De acuerdo con la duración de la relación. Puede hablarse de simbiosis temporal o permanente. Las segundas son
duraderas pues se han vuelto indispensables para la vida.
De acuerdo a la transmisión del huésped entre los hospedadores. Puede hablarse de simbiosis de transmisión
vertical, cuando las nuevas generaciones heredan la relación de sus propios padres; o de transmisión
horizontal cuando la adquieren del medio ambiente.
De acuerdo a la receptividad del hospedador en la relación. Podemos distinguir tres tipos de simbiosis:
el mutualismo, gracias al cual ambas especies resultan beneficiadas; el comensalismo, en el cual una especie se
beneficia sin causar ni beneficio ni perjuicio a la otra; y el parasitismo, en el que la presencia del huésped causa
daños al hospedador.
Ejemplos de simbiosis
Mutualismo
1. Las abejas o colibríes y las plantas, normalmente, han desarrollado una relación en la cual el insecto o el ave se
nutren del dulce néctar de las flores, pero en su viajar de una a otra cumplen también un rol vital como agentes
de polinización.
2. Los líquenes, unión de hongo y alga (o una cianobacteria) construyendo una estructura morfológica conjunta y
novedosa, más resistente que sus formas por separado y permitiéndoles colonizar áreas extensas.
3. El cangrejo ermitaño y ciertas anémonas de mar, quienes forman una asociación gracias a la cual el primero es
protegido por los tentáculos urticantes de la anémona, y ésta goza de la movilidad del cangrejo para mayor
disponibilidad alimenticia.
4. Algunos langostinos y crustáceos se alimentan de ectoparásitos en las escamas y cuero de los peces, ejecutando
una labor de limpieza a cambio de alimentación.
5. Las anémonas marinas y los peces payaso, cohabitan estrechamente, permitiendo al pez protegerse
de depredadores gracias a los tentáculos de la anémona, que no le hacen daño alguno, y a la par defendiendo su
territorio de otras especies que podrían devorar a la anémona.
Comensalismo
1. Las rémoras se adhieren a los tiburones para ser transportadas. Lo mismo hacen ciertos ácaros sobre insectos
himenópteros provistos de vuelo.
2. Los buitres y otros animales carroñeros como las hienas, a menudo cohabitan con depredadores de gran escala
como los grandes felinos africanos, alimentándose de los sobrantes de sus cacerías.
3. Las lombrices de tierra y diversos tipos de plantas, pues las primeras en su desplazamiento crean canales de
irrigación que benefician la absorción de las raíces.
4. Los cangrejos ermitaños, al apropiarse de la cáscara vacía de un caracol, se benefician de un animal muerto al
que obviamente es imposible hacerle ya daño.
5. Las aves y los insectos que construyen sus viviendas (nidos, panales) en las ramas de los árboles, se comportan
como comensales, beneficiándose del árbol sin causarle daño.
Parasitismo
1. Los mosquitos y otros insectos hematófagos, como la chinche, viven de extraer sangre a otros animales y a
menudo les transmiten enfermedades al hacerlo.
2. Diversas especies de hongo llevan una vida parásita, creciendo sobre el cuerpo de los peces, aves
o mamíferos (incluidos los seres humanos) y ocasionándoles daños cutáneos o incluso afecciones más graves,
como es el caso de la levadura candida albicans.
3. Diversos géneros de parásitos intestinales: nematodos, protozoos y bacterias que invaden el intestino de los
seres vivos y se reproducen allí, aprovechándose de su organismo y entorpeciendo su proceso digestivo.
4. Algunos tipos de ave parasitan los nidos de otras especies, dejándoles sus huevos para que sean criados como si
fueran parte de la camada.
5. Ciertos insectos como las avispas de la familia Braconidae o incluso de la mosca común (Muscidae), dejan sus
huevos en el interior o en la piel de otros seres vivos, y al eclosionar sus larvas actúan como parasitoides,
alimentándose del tejido del hospedador a medida que crecen.
¿Qué es la competencia biológica?
En biología, se habla de competencia, o sea, de competencia biológica, para referirse a un tipo específico de relación
entre los seres vivos, en que ambos se adaptan a la presencia del otro procurando obtener la mayor cantidad de
beneficio de los recursos disponibles, es decir, en que ambos compiten por el beneficio, en lugar de colaborar para
el mutuo bien.
Este tipo de interacciones pueden darse en materia de territorio, de alimento, agua o incluso parejas fértiles para
reproducirse, ya sea entre individuos de la misma especie (intraespecífica) o de especies diferentes (extraespecífica).
Sea del modo que sea, esta dinámica de competencia beneficia sólo a sus ganadores y sentencia a sus perdedores a
la subalternidad o, a la larga, a la extinción. Esto último es fundamental en la evolución, ya que la presión ejercida
por la selección natural se da bajo el principio de la exclusión competitiva: aquellas especies aptas sobreviven y se
reproducen, y aquellas poco o nada aptas, en cambio, se extinguen.
Así, existen distintos tipos de competencia biológica, como son:
Competencia por interferencia. Un individuo interfiere, es decir, entorpece, impide, el proceso de alimentación,
supervivencia o reproducción de otro, mediante métodos de violencia. También ocurre cuando un individuo le
niega a otro entrada a su hábitat o territorio.
Competencia por explotación. Es un tipo de competencia indirecta, que ocurre cuando un recurso limitado y
común entre dos individuos es el fruto de la competencia, causando beneficio de uno y escasez para el otro, ya
sea alimento, espacio vital o luz solar.
Competencia aparente. Ocurre cuando dos especies son presa de un predador común, y compiten por las zonas
libres de peligro.
La competencia además puede ocasionar estrategias evolutivas en las especies, como ocurre cuando una de las dos
especies cambia de nicho evolutivo ante la presencia de un competidor más fuerte, adaptándose a su presencia y
garantizando su supervivencia.
Algunos ejemplos sencillos de competencia biológica son los siguientes:
Los machos de muchas especies de pájaros llevan un plumaje de colores llamativos, del cual se sirven durante
una compleja danza de apareamiento. Y como varios machos pueden pretender a una misma hembra, deberán
competir por ella, procurando atraerla con sus colores y movimientos, y evitando así que los demás se
reproduzcan con ella.
Si sembramos varias plantas en un mismo matero, podremos observar cómo compiten día a día por el acceso
al agua del riego y a la luz solar, a pesar de que ello signifique que las demás plantas se marchiten y sequen. La
planta ganadora logrará crecer más, arrebatando a las otras los recursos para la fotosíntesis.
Los animales territoriales, como los perros, compiten a menudo por su territorio, marcándolo frecuentemente
con su orina (y su olor), y también agrediendo a otros perros, especialmente machos, que se adentren en su
territorio sin permiso. Es esa la razón más habitual para el enfrentamiento callejero de nuestros perros cuando
los sacamos a pasear.
Competencia aparente
La competencia aparente tiene lugar entre las presas de un mismo depredador, y su nombre se debe a que sus
efectos benéficos para una especie son sólo temporales. Esto se explica del siguiente modo: supongamos que un
depredador (tiburón) puede alimentarse de dos especies distintas (atún y besugo), y opta por una de ellas en un
momento determinado (besugo). Esto significaría un beneficio aparente para la otra (atún), que ha sido liberada de
su competidor y por ende podrá reproducirse en su lugar.
Sin embargo, cuando la población de esta última especie (atún) aumente, también lo hará la del depredador
(tiburón), que dispone de alimento abundante disponible, y como la población de la presa devorada inicialmente
(besugo) es menor, el depredador optará por la otra (atún), equilibrando las poblaciones. De modo que, al final del
día, la competencia entre ellas no era realmente una competencia.