María del Adviento
En el corazón del Adviento María se hace presente de una forma especial: es la mujer
nueva, llena de gracia, escogida por Dios y con un sí total en su corazón. La discípula
que acoge la Palabra, la rumia en su interior y nos enseña cómo esperar al Señor. La
madre que nos cobija y adentra en los misterios de Dios.
Cantamos: Una joven nazarena
ORAMOS CON LAS PALABRAS QUE ESCUCHÓ MARÍA
«Alégrate». ¡Qué saludo el de aquella mañana de gracia! Quedé llena, llena del amor
de un Dios que llegaba hasta mi pequeño ser de mujer.
«Alégrate». Así me dijo el ángel del Señor, y el gozo del Espíritu saltó en mi interior
como una cascada de agua fresca que brota de una profunda montaña.
«Alégrate». Y el gozo del Espíritu se plasmó en mi interior para siempre.
«Llena de gracia». Era el nuevo nombre que Dios Padre me ponía. Quería expresar
con él la fuerza de su mirar, su amor eterno y desbordante, su obra de salvación.
«El Señor está contigo». Era el aviso para la misión que me confiaba: Ser madre-
virgen. El estaría siempre en mí. Juntos andaríamos el camino de la Nueva Humanidad.
«Bendita tú entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre». Estas
palabras de Isabel sonaron en mí como buena noticia. Estaba llegando el tiempo nuevo,
el nuevo amanecer de la salvación.
«Feliz la que ha creído que se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte
de Señor». Él me invadía totalmente. Sentía ya los latidos del amor en mi fe de
peregrina. Mi Hijo se iba agrandando en mi seno. Esperaba gozosa su nacimiento.
María, por ser adoradora del don de Dios es comunicadora de los misterios de Dios.
María pertenece a un pueblo que convierte en canción y en fiesta todas las
intervenciones salvadoras de Dios. Dios llena la vida y la oración de María. Todo lo que
Dios toca, lo llena de gozo. Y la alegría, cuando es auténtica, no se puede guardar
dentro, tiende a comunicarse. Por eso corre presurosa a visitar a su prima Isabel.
Escuchamos la Palabra:
Lc 1, 39-45:
Por aquellos días, María se levantó y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de
Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando oyó Isabel el saludo de
María, el niño saltó en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando en
voz alta, dijo:
-Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí tanto
bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme? Pues en cuanto llegó tu saludo a mis
oídos, el niño saltó de gozo en mi seno; y bienaventurada tú, que has creído, porque se
cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor.
ALABANZAS A MARÍA
A cada alabanza respondemos cantando: EL SEÑOR HIZO EN MI MARAVILLAS, ¡GLORIA
AL SEÑOR!
– Mujer pobre, llena de gracia
– Esposa de José el carpintero
– Discípula abierta a la Palabra
– Servidora del reino
– Comunicadora de gozo y de vida
– Madre de todos los seres humanos