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Funciones y Responsabilidades de Diáconos

El documento describe el papel de los diáconos en la iglesia según el Nuevo Testamento y la Iglesia Adventista. Explica que los diáconos son elegidos para servir en asuntos prácticos como visitar a los miembros, atender a los enfermos y necesitados, y ayudar en reuniones y servicios. También deben ser ordenados y capacitados para desempeñar sus funciones de manera efectiva.
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Funciones y Responsabilidades de Diáconos

El documento describe el papel de los diáconos en la iglesia según el Nuevo Testamento y la Iglesia Adventista. Explica que los diáconos son elegidos para servir en asuntos prácticos como visitar a los miembros, atender a los enfermos y necesitados, y ayudar en reuniones y servicios. También deben ser ordenados y capacitados para desempeñar sus funciones de manera efectiva.
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Los diáconos

La obra del diaconado se describe en el Nuevo Testamento, donde se emplea el término griego
diakonos, del cual deriva la palabra «diácono». Este vocablo griego es traducido como: «servidor»,
«ministro», «asistente»; y entre los cristianos adquirió el significado especializado que ahora se le
atribuye a «diácono».

Los hombres que llegaron a ser conocidos como los siete diáconos de la iglesia apostólica fueron
elegidos y ordenados para servir en los asuntos prácticos de la iglesia (ver Hech. 6: 1-8). Los requisitos
que debían cumplir, ligeramente menos exigentes que los de los ancianos, son enumerados en 1
Timoteo 3: 8-13.

«El hecho de que estos hermanos habían sido ordenados para la obra especial de mirar por las
necesidades de los pobres, no les impedía enseñar también la fe, sino que, por el contrario, tenían
plena capacidad para instruir a otros en la verdad, lo cual hicieron con grandísimo fervor y feliz éxito»
(HAp 71).

«El nombramiento de los siete para tomar a su cargo determinada modalidad de trabajo fue muy
beneficioso a la iglesia. Estos oficiales cuidaban especialmente de las necesidades de los miembros
así como de los intereses económicos de la iglesia; y con su prudente administración y piadoso
ejemplo, prestaban importante ayuda a sus colegas para armonizar en unidad de conjunto los diversos
intereses de la iglesia» (HAp 71).

En la actualidad, la designación de diáconos mediante elección proporciona bendiciones similares para


el buen funcionamiento de la iglesia, al descargar a los pastores, a los ancianos y a otros dirigentes
de deberes que pueden ser perfectamente desempeñados por los diáconos.

«El tiempo y la fuerza de aquellos que en la Providencia de Dios han sido colocados en los principales
puestos de responsabilidad en la iglesia deben dedicarse a tratar los asuntos más graves que
demandan especial sabiduría y grandeza de ánimo. No es plan de Dios que a tales hombres se les
pida que resuelvan los asuntos menores que otros están bien capacitados para tratar» (HAp 73).

La Asociación Ministerial del campo local, en coordinación con los departamentos, promueve el
entrenamiento y la capacitación de los diáconos. Sin embargo, el pastor, junto con sus ancianos, es el
principal responsable de la capacitación de los diáconos (ver nota 3, p. 194).

Nota 3. Entrenamiento y capacitación de los diáconos y de las diaconisas. Aunque la capacitación


de los diáconos y las diaconisas es, en primer lugar, una responsabilidad del pastor, se anima a la
Asociación Ministerial del campo local a programar reuniones periódicas de instrucción para los
diáconos y las diaconisas.

La junta de diáconos. Cuando en una iglesia exista un número suficiente de diáconos, se constituirá
una junta de diáconos, con el director de diáconos como presidente y con otro diácono como secretario.
Esta junta es la encargada de la distribución de responsabilidades y de la coordinación de sus
aportaciones al bienestar de la congregación. Esta junta servirá también para capacitar e instruir en
sus deberes a los nuevos diáconos.

Los diáconos tienen que ser ordenados. Quien sea elegido diácono por primera vez no podrá
desempeñar sus funciones hasta que no haya recibido la ordenación de un pastor ordenado que tenga
sus credenciales en vigor emitidas por la asociación.

El sagrado rito de la ordenación tiene que caracterizarse por la sencillez y debe realizarse en presencia
de la iglesia. El pastor puede presentar un breve resumen de la función bíblica del diaconado, de las
cualidades requeridas para el servicio y de las principales funciones que los diáconos están
autorizados a realizar. Tras presentar una breve exhortación a la fidelidad en el servicio, el pastor,
asistido por un anciano cuando ello sea aconsejable, ordena al diácono mediante la oración y la
imposición de manos (ver p. 27).

Si el diácono ha mantenido su comunión con la iglesia, una vez que ya ha sido ordenado, no es
necesario ordenarlo nuevamente, aunque haya venido trasladado de otra iglesia. Si al terminar el año
eclesiástico la iglesia desea que continúe sirviendo como diácono, deberá reelegirlo a fin de que pueda
continuar oficiando como diácono.

Si un anciano es nombrado diácono, no necesita ser ordenado al diaconado, puesto que su ordenación
como anciano cubre esta función.

Limitación de las funciones de los diáconos. Un diácono no está autorizado a presidir la Cena del
Señor, ni bautismos, ni una reunión administrativa, ni puede ser oficiante de una ceremonia
matrimonial, y tampoco puede oficiar en la admisión o el traslado de miembros.

Si una iglesia no dispone de alguien autorizado para cumplir esas funciones, el director de la iglesia
tiene que solicitar el consejo y la asistencia de la asociación.

Deberes del diácono. La obra de los diáconos abarca una amplia gama de servicios en favor de la
iglesia, como:

1.Colaborar en los servicios y las reuniones. Los diáconos son generalmente los responsables de dar
la bienvenida a los miembros y a los visitantes, y de ayudar, cuando sea preciso, a que todos los
asistentes encuentren asiento. También cooperan con el pastor y los ancianos con el fin de que las
reuniones llevadas a cabo en la iglesia se desarrollen sin contratiempos.

2.Visitar a los miembros. En muchas iglesias, la visitación se organiza agrupando a los miembros por
zonas y asignando una a cada diácono, con el objetivo de que cada hogar sea visitado al menos una
vez al trimestre.

3.Colaborar en los servicios bautismales. Los diáconos se ocupan de los preparativos necesarios para
la ceremonia bautismal (ver p. 39).

4. Colaborar en el servicio de comunión. En la ceremonia del lavamiento de los pies, los diáconos y
las diaconisas facilitan todo lo necesario: toallas, palanganas (jofainas o lebrillos), agua y baldes.
Después del servicio, se ocupan de que los recipientes y las toallas sean lavados y debidamente
guardados. Después de la Cena del Señor, los diáconos y las diaconisas han de ejercer mucho cuidado
en cuanto al destino dado a cualquier resto del pan o el vino que haya sobrado, que deberá ser
desechado con el debido respeto.

5. Atender a los enfermos, a los pobres y a los necesitados. Los diáconos y las diaconisas tienen la
misión de atender a los enfermos, a los pobres y a los necesitados, y han de mantener a la iglesia
informada de sus necesidades y recabar el auxilio de los miembros. El dinero necesario provendrá del
fondo de pobres y necesitados de la iglesia local. El tesorero, por acuerdo de la junta directiva,
entregará a los diáconos, o a las diaconisas, los recursos que se requieran para los casos de
necesidad.

6. Cuidar y mantener las propiedades de la iglesia. En las congregaciones donde el cuidado y


mantenimiento de las propiedades de la iglesia no hayan sido asignados a una comisión de
mantenimiento, los diáconos y las diaconisas asumirán dichas responsabilidades (ver nota 4, p. 194).

Nota 4. Cuidado y mantenimiento de las propiedades de la iglesia. Los diáconos y las diaconisas
tienen el deber de asegurarse de que el edificio de la iglesia se mantenga limpio y en buen estado de
conservación, y que el terreno en el cual está ubicado se conserve limpio y acogedor. Esto incluye
también la responsabilidad de velar que se haga la limpieza. En las iglesias grandes en las que es
necesario contratar a una persona con estos fines, los diáconos deben recomendar el nombre de una
persona idónea a la junta directiva de la iglesia, que aprueba la contratación, o la junta puede autorizar
que los diáconos la contraten. Los gastos de todos los trabajos de envergadura tienen que ser
previamente autorizados por la junta directiva de la iglesia. Todas las facturas generadas por
reparaciones, así como las de gastos regulares, como los servicios de agua, electricidad y combustible,
deben ser presentadas al tesorero de la iglesia para que las liquide.

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